Mostrando las entradas con la etiqueta Acuerdo de Paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Acuerdo de Paz. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de febrero de 2025

De cara al porvenir: las cosas por su nombre

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Con “bombos” pero sin “platillos”, se ha anunciado la firma de un acuerdo de tregua, que no de paz, entre Israel y Hamás, después de casi año y medio de guerra con un saldo de más de 50.000 muertos, que en el caso de la población civil de Gaza se asemeja más a un inventario de muertos producto de un genocidio que a un saldo de muertos producto de una guerra.

Personalmente como humano, me alegro de que pare la barbarie, pero, sin ningún tipo de dudas, estoy absolutamente convencido de que hasta que Palestina no tenga su propio territorio y sea reconocido como Estado, lo único que se está haciendo es posponiendo un nuevo conflicto, que aflorará bajo cualquier otra excusa, para poner de nuevo sobre el tapete este problema milenario.

Entiendo también plenamente la posición de Israel, un Estado rodeado de enemigos pero que lamentablemente tendrá que aceptar más temprano que tarde la creación del Estado Palestino, ojalá en un solo espacio territorial y no en dos porciones o franjas con está en la actualidad, como lo son Gaza y Cisjordania.

¿Qué tipo de excusa dará origen al nuevo conflicto por venir?

Primero, la hipersensibilidad de los actores, el uno, Israel, un Estado formal y el otro, un grupo terrorista como Hamás, que se ha autoproclamado como vocero de la causa Palestina dejando claro que una cosa es el pueblo Palestino y otro el grupo Hamás.

Segundo, la desesperanza y las dificultades que enfrentará el pueblo Palestino en los próximos años ante las dificultades en las cuales van a vivir mientras se adelanta el proceso de reconstrucción de todas sus infraestructuras.

Tercero, otro acto terrorista realizado por cualquier bando en contra de los intereses de Israel y que inmediatamente será asociado con los Palestinos o con la causa Palestina.

Cuarto, el conflicto y la rivalidad que en la actualidad tienen Israel e Irán desde que se dio la Revolución Islámica y la destitución en su momento del Sha. Recordemos que de aliados se convirtieron en enemigos.

Quinto, los efectos que tengan los conflictos que se den en países como Yemen, Siria, Irak, Libia, Líbano, Jordania u otros que generen la reacción de sus aliados, quienes obviamente defenderán en primera instancia y como motivación principal sus intereses.

Sexto, la postura que asuma el presidente Trump a quien le importan poco los protocolos y parte como estrategia del pragmatismo y el uso de la presión efectiva por encima de cualquier otra consideración.

Obviamente existirán otros escenarios de variados tipos, por lo cual hay que estar sintonizado con los acontecimientos del día a día.

Otro tema que no debe ser dejado a un lado, es que alrededor de la reconstrucción de las diferentes infraestructuras de Gaza, desde el momento del inicio del conflicto (o aún antes), los grandes monstruos de la construcción ya tienen listas sus propuestas, en lo que se debería entender como un gran negocio y no como un gran negociado.

Estamos pues ante una historia sin fin, donde las evidencias han demostrado que, si no se toman decisiones de fondo, de raíz, por las buenas o por las malas, donde ninguna de las dos estrategias ha funcionado hasta la fecha, pues estaremos simplemente esperando que aparezca la noticia del inicio de un nuevo conflicto, de magnitudes, impactos y efectos colaterales obviamente insospechados.

Contra todos los pronósticos considero que el presidente Trump puede pasar a la historia, si con su particular lógica y forma de ver el mundo, se apersona del tema y convence por las buenas o por las malas a los implicados para que de una vez por todas se tomen las decisiones que se deben tomar.

Personalmente considero que, si lo anterior se da, es un buen candidato a próximo Premio Nobel de la Paz.

Igualmente considero que la postura y la posición asumida por Qatar, es de suma importancia y que con sus buenos oficios puede al menos intentar lograr que un amplio y fuerte grupo o bloque de países presionen a Israel, Irán y Turquía a que faciliten con grandeza la solución de este conflicto, antes de que se convierta en el detonante que acabe de manera directa con todos ellos y de manera indirecta y colateral, con el resto.

Incluyo a Turquía por el poder o el nivel de influencia que tiene sobre la OTAN, ya que Turquía es el país que más bases militares de la OTAN alberga en su territorio, haciendo que sus decisiones y acciones internas, con gobiernos autoritarios, y externas, por ejemplo, contra el pueblo Kurdo, no sean tenidas en cuenta en la dimensión que tienen por la comunidad internacional.

Igualmente, actores principales como China y Rusia, ambos con sus propios problemas, miran desde lejos esta situación y mantienen prudente distancia mientras sus intereses no se vean afectados.

Para colmo de males, mientras sigamos dependiendo hoy en día y por otro largo tiempo de los combustibles fósiles, el petróleo y el gas seguirán siendo los ases que motiven todas las decisiones y las acciones, así como el control o la seguridad de los lugares geográficos terrestres y marítimos que en términos logísticos se requieren para mantener su flujo normal.

Si es verdad que los actores involucrados quieren al menos hacer respetar la tregua, deberán comportarse como “gato en cristalería” o como “monje tibetano caminando sobre un delgado papel de arroz”, pues este es un acuerdo que requiere de mucha filigrana para su concepción, redacción y firma y mucho más para acatarse.

Por todo lo anterior, entre la tregua y la paz, existe un verdadero abismo.

jueves, 18 de julio de 2024

Los malos y los peores

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

El regreso a la escena de Juan Manuel Santos, reflotando a Petro con el apoyo a todas sus perversas iniciativas, presagia la consolidación de un régimen atroz, que ahora contará con la experiencia torcida de un falso Cristo.

Desde hace 716 interminables días, con sus noches, los colombianos vivimos entre la zozobra y la angustia con la única certeza de que las jornadas venideras serán peores. Los desatinos políticos y morales superan, en las amargas conversaciones actuales, los intereses que antes dominaban los amables coloquios. Los temas tradicionales, como las mujeres, el fútbol y los carros ya no animan las tertulias.

Por tanto, en la mía se suscitó la pregunta de si Santos es más malo que Petro. La disputa fue acalorada, pero terminó con el empate de ambos candidatos a la máxima execración. Sin embargo, en medio de la comparación entre los daños ocasionados por Santos y los desastres ya generados por Petro, escuchamos una observación original:

—¡Tantos malandros como hay!, dijo uno de los contertulios, y añadió: —En efecto, ya conocemos lo que ha hecho Santos, mientras que los horrores del petrismo apenas empiezan a dar su emponzoñado fruto. No nos apresuremos a contabilizar sus torpes hazañas, para lo que habrá, por desgracia, tiempo de sobra. Entre tanto no olvidemos que nuestro deber es el de impedir, cada cual dentro de sus capacidades, que este desgobierno se prolongue por incontables cuatrienios. Si Petro se queda en la casa de Nariño, alcanzará, y hasta dejará atrás, a muchos de los peores tiranos de la historia universal, porque para eso sí tiene suficientes capacidades.

Otro de los contertulios, de seguro inspirado por esas consideraciones, tomó la palabra para decirnos:

—Ni Juan Manuel ni Gustavo hubieran podido hacer lo que han hecho, ni lo que pueden hacer en el futuro, si no hubiera tantos tipos que, siendo peores que ellos, pasan desapercibidos.

—¡Imposible que los haya!, exclamamos los demás, pero nuestro amigo continuó:

—El primero contó, y el otro cuenta, con docenas de sigilosos malvados, sin cuya cooperación es imposible hacer daño. Santos es pérfido y artero manipulador, y Petro, un déspota en ascenso, que no puede ocultar su prontuario ni si ideal marxista-leninista, del que se ufana. En eso es coherente, franco y veraz (en eso solamente). En cambio, nadie recuerda los nombres de los congresistas que aprobaron lo que el pueblo rechazó en el Plebiscito, ni el de los magistrados que “legalizaron” todas las violaciones en torno a la entrega del país a las FARC, en 2016.

–Tienes razón, saltó otro, —porque ahora hay unos personajes igualmente funestos que colaboran desde las sombras, con acción solapada o por omisión deliberada. Consideremos los jueces prevaricadores, los fiscales flexibles y alcahuetas; los comunicadores fletados y mendaces; los parlamentarios costosamente sobornados, y los jefes políticos, que permanecen mudos y brazicruzados mientas sus bancadas se dejan comprar..., todos ellos, en mayor o menor medida, son peores que Petro y Santos, porque sin su hipocresía, disimulo y codicia, sin su concurso clandestino y su traición remunerada, el proceso hacia el poder totalitario no podría alcanzar su propósito.

La reunión que narro terminó concediendo a los miembros de la Comisión de Acusaciones de la “Honorable” Cámara de Representantes el primer puesto en el reconocimiento a la perversidad, porque, con la omisión del deber de poner en marcha los mecanismos para destituir, de acuerdo con el Artículo 109 de la Carta, a quienes se hicieron elegir violando con creces todos los topes, se está consolidando el régimen putrefacto que nos conduce hacia la reelección y el establecimiento de la República Soviética y “Bolivariana” de Colombia.

***

Como cada día trae nuevos escándalos, el de los inmensos latrocinios en la UNGRD se limita a ser otra banal noticia de relleno en la creciente lista de ministros y altísimos funcionarios que ordenaron entregar enormes sumas a congresistas para asegurar la aprobación del paquete legislativo de Petro, sin que nadie pregunte quién ordenó a los ministros y a los grandes alfiles del régimen, corromper congresistas, desfalcar la Tesorería y hasta preparar contratos para financiar al ELN en su filantrópica labor en pos de la paz.

***

¿No será este el momento para recordar a la incomparable Sor Juana Inés?

¿O cuál es más de culpar,

aunque cualquiera mal haga:

el que peca por la paga,

o el que paga por pecar?

***

Si las reformas sanitaria y pensional costaron $ 90.000´000.000, ¿cuánto costará la “legalización” del poder constituyente y de la nueva Carta?

***

Los agitadores que hace unos meses se peleaban por un puesto en Transmilenio, ahora se disputan un ministerio...

miércoles, 10 de julio de 2024

La masa y la soberanía

Luis Alfonso García Carmona

“La masa como tal es, en la hipótesis, el sujeto propio de la soberanía; y de hecho, la masa carece de discernimiento político, salvo en las cosas muy simples y fundamentales, donde el instinto de la naturaleza humana es más seguro que la razón.”

(Jacques Maritain)

Luis Alfonso García Carmona
Somos, en nuestro propio país testigos del comportamiento de la masa al tenor de la hipótesis traída por Maritain. Durante varias décadas su falta de discernimiento político y su excesiva confianza en quienes han detentado el poder, han permitido que nuestra democracia se haya convertido en lo que ahora es: el anhelado botín de la voraz y radical izquierda. Mientras se engolosinaban los ancestrales caciques políticos con las mieles del poder, íbamos abriendo, paso a paso, el camino al lobo populista que nos tiene acorralados.

Como anota certeramente el citado filósofo, cuando se trata de resolver las cosas más simples y fundamentales, brota el instinto de la naturaleza humana, más seguro que la razón. Se impone la necesidad primordial de la supervivencia, la natural reacción contra el peligro, como se observa hasta en los animales que carecen de discernimiento racional.

Fue, ni más ni menos, lo que ocurrió cuando se sometió a la voluntad del pueblo el apoyo o el rechazo a los pactos “de paz” adelantados en La Habana entre Juan Manuel Santos y los bandoleros de las FARC.

No atendió la masa a los cantos de sirena del Gobierno de turno, ni a las recomendaciones de los medios de comunicación, el empresariado o la jerarquía de la Iglesia, ni a las campañas publicitarias ampliamente financiadas con los presupuestos estatales. El resultado fue que en las urnas el pueblo soberano rechazó mayoritariamente el susodicho acuerdo.

Volvió la masa a bajar la guardia y permitió que, perpetrando el prevaricato más detestable de nuestros anales jurídicos, se diera vía libre al fallido pacto, mediante una proposición del Congreso avalada por una corrupta corte. Las lamentables consecuencias de tal despojo las sufre ahora la masa subyugada por la criminalidad instaurada en los cargos más altos del Estado.

Parece que la desgracia y la impotencia frente a la tiranía poseen la mágica fuerza de despertar en la masa su instinto de supervivencia, su coraje frente a la adversidad. Pocos meses después de posesionarse el régimen tiránico de Petro aparecieron espontáneamente en todo el territorio nacional manifestaciones de protesta bajo la consigna “Fuera, Petro”, las mismas que ahora se corean en estadios, conciertos y sitios de reunión de masas.

Se confirma así la hipótesis de que el instinto de la naturaleza humana se impone, en las cosas fundamentales, sobre toda razón, venga de donde viniere. Con esas premisas, podemos concluir que los días de la izquierda en el poder están contados.

jueves, 23 de mayo de 2024

El macabro experimento de Santos en el laboratorio cubano

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Bertrand Russel preguntado sobre cómo comienza el fascismo, contestó: “Primero, fascinan a los tontos. Luego, amordazan a los inteligentes”.

Los valores en una sociedad y el valor de quienes conducen las instituciones no lo destruye el miedo, sino la cobardía. Es inexplicable que el capote de los cobardes sea taparse en los burladeros, eludiendo la responsabilidad de lidiar y manejar sus encargos.

Al debido orden en la sociedad actual, lo anuló el reemplazo de la libertad por el libertinaje que genera caos. A la justicia, la mató el reemplazo de la legalidad por la ilegalidad premiada con la legitimación de la impunidad.

A la formación educativa y cultural de nuestras naciones, la aniquiló el reemplazo de la convivencia cívica por el uso engañoso de la narrativa pacifista que sólo engendra más violencia cuando se debilita la coercibilidad del derecho y se desvirtúa la esencia del Estado gendarme.

A la economía la destruyó el reemplazo de la libertad de mercados por el control central Estatal. Y a la narrativa de la verdad y la transformación positiva la mataron la falacia y el engaño del discurso populista.

Empoderar criminales de lesa humanidad y darles estatus de parlamentarios desconociendo la voluntad del constituyente primario, fue lo que hizo el perverso Santos en flagrante cohecho con algunos cabecillas de las FARC, amparados en las ideas retorcidas de asesores españoles, criollos y de sus “jevos”, en el laboratorio de la impunidad de La Habana.

Allí se experimentó con Colombia en materia de cómo desvirtuar la legitimidad del Estado y convertir todo lo ilegal en legal y el resultado lo estamos sufriendo. Gracias al mal llamado proceso de paz Santos-FARC se produjo en 2017 una corrupta inversión de valores constitucionales. Y atención, que ahora viene la extrusión institucional de la revolución mediante el pacto con el ELN; y los gremios y la sociedad civil otorgando testigos de excepción.

Produce vergüenza ajena que personajes como Enrique Santiago y el juez Baltazar, que en España trabajan tras bambalinas, importarán a la península ese sistema de impunidad acompañado de garantías políticas a las minorías criminales y a todo tipo de delincuentes.

Sin duda hay una correlación directa entre el flaqueo de las democracias, la legalización de la impunidad y la polarización extrema en los países que ya entraron en un atrincheramiento ideológico totalmente irreconciliable.

“La desconfianza genera polarización”. Lo reporta el “Edelman Trust Barometer – 2023”: Argentina, Colombia, España, Estados Unidos, Sudáfrica y Suecia, fueron considerados por sus propios líderes económicos como naciones que no cuentan con los mecanismos para hallar una unidad de propósito país homogénea y generalizada que permita solucionar de manera civilizada sus diferencias y garantizar la seguridad, el bienestar y el progreso ciudadano.

Y ojo que la polarización extrema se está ampliando a otros países, se está dando entre naciones o grupos étnicos y religiosos como en el Oriente Medio, mientras la cobardía mamerta infesta las organizaciones de justicia y los parlamentos internacionales como la ONU, la UE y la OEA.

Hoy la tendencia es el dominio mediático y digital de la narrativa populista, llena de negatividad y amparada por la imposición a las mayorías de las agendas minoritarias, con lo cual se desvirtúa el tener que cumplir obligaciones para adquirir derechos y se da al traste con el interés general y el bien común en las enfermas democracias occidentales que demandan una revisión profunda a la luz de la batalla por la defensa de la cultura de la libertad.

Inexplicablemente el Gobierno norteamericano ya no considera a Cuba como patrocinadora del terrorismo cuando allí es donde se engendró el veneno ideológico del socialismo del siglo XXI mediante el cual se deja de lado la formación de políticas públicas dentro del marco de la legalidad que es reemplazada por la insensibilidad social ante el crecimiento exponencial de los escándalos y delitos gubernamentales.

El examen y la cura de las debilidades institucionales públicas, privadas y sociales, debe empezar por enmendar el problema de los corruptos y cobardes que elegimos para manejarlas, encontrando la forma de que toda nación tenga a sus mejores profesionales y no delincuentes, al comando las instituciones.

No hace lógica que mientras el mundo tecnológico avanza y el ámbito digital aprende a pensar, el mundo real sólo demuestre la incompetencia y capacidad destructiva de las personas elegidas para administrar la sociedad y las instituciones. La democracia en Occidente está siendo víctima de la legalización de la impunidad que destruye la independencia de poderes, cuando se someten los principios fundacionales de las naciones a las directrices de quienes se valen del terror y el soborno para imponer sus demandas al resto de la sociedad.

Si queremos innovar para mejorar la democracia y volver al camino del desarrollo, hay que hacer limpieza y reorganización ética y normativa en las estructuras partidistas y la representación gremial.

jueves, 23 de noviembre de 2023

Con tiernos corazoncitos de secuestrador...

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

El triunfo de Milei le importa también un comino a Petro. Él sabe que el castro-comunismo está perdido electoralmente en toda la América Latina, y, por tanto, hay que acelerar la degradación del ejército, el reclutamiento de guardias campesinas y de cien mil “jóvenes de paz”, sin olvidar el fortalecimiento de las guerrillas, y sus “disidencias”, con el fin de lograr pronto el predominio en el balance de fuerzas.

El país lleva quince meses oyendo la monserga de las dificultades con las que tropieza la negociación de “la paz” entre Petro y el ELN, como si el Gobierno tuviese fines diferentes a los de la banda terrorista. Ni Petro representa un Estado de derecho, ni el ELN es un grupo deseoso de integrarse a un país normal. Quien no comprenda que esa tal “negociación” no es cosa distinta de un simulacro para engañar al país, está en Babia, como la mayor parte de los comentaristas, para no hablar de los jefes políticos y los congresistas, que se acomodan en vez de cumplir con su deber de destituir a Petro por la multitud de sus actuaciones dolosas e ilegales.

Ambas pretendidas partes pertenecen al espectro ideológico y político del Foro de Sao Paulo, cuyos integrantes combinan todas las formas de lucha: unos, participan en política, más o menos dentro de las normas constitucionales, mientras otros lo hacen mediante el terrorismo y las guerrillas; pero jamás los primeros desautorizan a los violentos. Aquí sí que es cierto aquello de que “Olivos y aceitunos, todos son unos”, o, como dicen otros, “Negociando yo con yo”.

En estos días, el país se ha conmovido por el enésimo secuestro del ELN este año, el del señor Luis Manuel Díaz, cuyo hijo, al parecer, tuvo que pagar tres millones de dólares para rescatarlo.

Ahora bien, con el cinismo habitual, a continuación, el ELN se presenta como una organización pobrísima y, por tanto, solicitan financiación del Gobierno nacional, para poder dejar de “retener” las gentes, que se ven obligadas a contribuir así a “la búsqueda de la paz”.

La respuesta del ministro del Interior ante tan horripilante propuesta fue de supina admisión, mientras llega el momento de convenir los montos y desembolsos, sin que por eso el ELN vaya a dejar de secuestrar, porque para eso habrá siempre “disidencias”. Tampoco, desde luego, dejarán el narcotráfico, además ya legalizado de facto por el gobierno nacional.

Entre tanto, avanzan en las más densas sombras las deliberaciones del Comité de Participación, formado mayoritariamente por docenas de organizaciones comunistas de fachada, preparando el documento vinculante para sustituir la Constitución Nacional, sin necesidad de ratificación popular ni legislativa, tan pronto se firme el acuerdo final entre Petro y los alegres muchachos del Comando Central del ELN.

Este acontecimiento no tendrá lugar antes de la elección de fiscal y procurador, pero en todo caso, desde ahora sabemos que el ELN jamás cederá en sus posiciones maximalistas de inspiración polpotiana. Absoluta razón tiene el profesor Alfonso Monsalve Solórzano en uno de sus más recientes y excelentes artículos, “Doxa, ¿y de qué van a vivir?” (https://www.lalinternaazul.info/2023/11/12/doxa-y-de-que-van-a-vivir/ :

Ya estamos informados por el propio Antonio García de que el ELN no entregará armas. Como quien dice, solo aceptará ser el ejército del Estado que surja de la negociación, y los que tendrán que deponer las armas serán las Fuerzas Armadas y de Policía de nuestras instituciones.

No nos engañemos. Mientras más claro sea el desprestigio de Petro y la animadversión popular hacia sus propuestas lunáticas y perjudiciales, con mayor razón avanzará velozmente hacia la revolución, su única y verdadera motivación.

Ninguna duda cabe de que los jefes supremos de Gobierno y ELN firmarán su macabro acuerdo, inspirados por sus tiernos corazoncitos de secuestrador...

lunes, 10 de julio de 2023

¿Qué es lo que quiere el pueblo?

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Desde que a Ortega y Gassett se le ocurrió hablar del hombre-masa, manipulado por quienes detentan el poder, se ha aceptado como dogma entre los analistas de estas materias que sólo existen dos clases de personas: las que pertenecen a las élites gobernantes, encargadas de fijar las pautas que las masas deben acatar, de un lado, y, del otro, los integrantes de esas masas ignorantes y sujetas a los dictados de sus dirigentes.

Así se ha comprobado en la historia. Fue a través de la fuerza o del dinero como el poder cayó en las manos equivocadas. Y, con el tiempo, ya no hubo necesidad del empleo de la fuerza, pues fue más eficaz la utilización del dinero para enajenar conciencias, comprar votos, implementar el fraude electrónico y poner los medios de comunicación formales o virtuales al servicio de los asaltantes del poder.

Quedan, por supuesto, marginadas de este juego por el poder, las masas de individuos carentes de recursos. Buen ejemplo de ello lo estamos viviendo en Colombia, aunque, para ser más exactos, el pueblo colombiano ha demostrado ser superior a sus dirigentes cuando está en peligro la supervivencia del país y los valores esenciales que le dieron vida.

Recordemos lo que ocurrió con el acuerdo de La Habana negociado a espaldas del pueblo por el presidente Santos. Para acallar las críticas prometió este que el Acuerdo Final se sometería a la refrendación del pueblo mediante un plebiscito, pero se aseguró de antemano –en forma tramposa– que se obtendría el triunfo del , reduciendo el umbral al irrisorio porcentaje del 13%. O sea, que solamente 4.500.000 votantes definirían la suerte del país. Contó, por supuesto, con el apoyo de las mayorías parlamentarias repletas de políticos corruptos.

Pero no contaban con la rebelión del pueblo contra el montaje publicitario orquestado por el Gobierno, la clase política, los dirigentes privados, la Iglesia Católica (con el Papa incluido) y las organizaciones internacionales manipuladas por la izquierda. 21.233.898 habilitados para votar se abstuvieron de concurrir al llamado de votar y 6.431.376 votaron por el no. En total, 27.665.274 se rebelaron contra la clase dirigente que quería a toda costa imponer un pacto infame.

Lo triste de la historia es que –a pesar de la espontánea y libre expresión de la voluntad soberana del pueblo– esta fue desconocida nuevamente por los delincuentes incrustados en la Corte Constitucional y en el Congreso, que optaron porque mediante una simple proposición se desconociera el resultado del plebiscito.

En similares circunstancias nos encontramos ahora: Una elección espuria, repleta de violaciones a las normas electorales, nos dejó en manos de la recalcitrante y totalitaria izquierda.

¿Qué es lo que quiere el pueblo en estas circunstancias?

Solución a la crisis económica y fiscal. Pretende el régimen acabar con le principal renglón de exportación, los hidrocarburos. Se ha desbordado el gasto fiscal con enormes gastos y crecimiento de la nómina estatal. La economía, bajo la amenaza de expropiaciones, endurecimiento de las normas laborales, aumento de impuestos e inseguridad del país, afronta una crisis irreversible.

Que se termine la inseguridad y el caos que reina en todo el territorio nacional. Con impunidad campean las bandas delincuenciales, los clanes de narcotraficantes, los grupos terroristas y delincuentes de toda laya. La respuesta del régimen es sentarse a dialogar con la criminalidad, conceder impunidad a los bandoleros, compensar a los narcos, corruptos y guerrilleros su apoyo a la campaña presidencial, desarticular las fuerzas armadas y de policía, y legalizar milicias bajo los remoquetes de “guardias campesinas” o “gestores de paz”.

Que se devuelva a trabajadores y pensionados los derechos a un sistema de salud catalogado como uno de los mejores del continente y que el sistema pensional no se modifique para dejar los recursos de la clase trabajadora a merced de la corrupta camarilla que nos gobierna.

Que se ejerza el Gobierno en busca del bien común de todos los colombianos y no en beneficio de los gobernantes y su cuerda de amiguetes.

Ahora, como en octubre de 2016, debemos salir a manifestar, en forma libre y espontánea, nuestro descontento con el régimen.

Acompañemos nuestra protesta con la exigencia de que se respete el Estado de Derecho dándole curso al juicio político por indignidad interpuesto por el abogado José Manuel Abuchaibe ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, contra la campaña presidencial en la que se violaron los topes de gastos determinados por la ley.

Esa movilización debe concluir en la creación de una gran fuerza pluralista e independiente de los partidos políticos, que canalice el descontento nacional y rescate los valores culturales que el régimen materialista pretende destruir para instaurar –sobre las ruinas del país– la ideología marxista fracasada en todos los confines del mundo.

lunes, 16 de mayo de 2022

Restitución de tierras

En su editorial de El Pensamiento al Aire para esta semana, el doctor Antonio Montoya analiza la razón de por qué el país, desde el momento en que se firmó el acuerdo de paz, se polarizó, conflicto que se mantiene porque aún no se ha logrado que los victimarios digan la verdad y se repare los derechos que se le han violado de las víctimas. Complementa su análisis hablándonos de la destitución del alcalde de Medellín, Daniel Quintero.


sábado, 23 de octubre de 2021

¡Patriotismo, menudencias!

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez*

¿Adónde se perdió el propósito de servirle bien al país, de quienes más obligación y compromiso moral tienen de hacerlo? Para algunos, todo eso quedó empeñado en una prendería clandestina en la tierra que Colón bautizó como Isla Juana, en honor a la que después se convertiría en “Juana La Loca”.

Mientras en ejercicio responsable, serio y comprometido con el cumplimiento de la ley, el presidente de Colombia lidera el Estado y la actividad económica con un rigor y un profesionalismo democrático ejemplar, y lo hace sin llorar por la complejidad de lo heredado, ni por la época y vicisitudes que le han correspondido sortear, ex gallipollos y avechuchos de toda suerte de plumajes afiliados o no a las agencias de empleo político partidistas, la mayoría de los medios del país y algunos de la madre patria, no le perdonan, ni le perdonaran jamás a Duque, el haber llegado al poder en total convicción y franco compromiso con las banderas de los valores democráticos con que gobernó Álvaro Uribe y le mejoró las condiciones de vida al pueblo colombiano entre 2002 y 2010.

Raro resulta que, cuando uno de estos rimbombantes pajarracos se subió al anca del caballo de Uribe para luego engañar el electorado y al país, o cuando se desconoció de tajo la voluntad democrática del pueblo expresada en las urnas en octubre de 2016, el asunto de un atropello constitucional no fue criticable, todo parecía ser algo plausible y que no acreditó reproche alguno.

Y resulta aún más inadmisible al simple entender de los mortales, la mezquindad y falta de patriotismo demostrado por esos mismos “líderes políticos e institucionales”, durante el terrorífico intento narco populista de derrocar la democracia en el pasado mes de abril, cuando nuevamente primó el silencio inexplicable de la gran prensa, sobre toda lógica, razón o consideración al sentimiento que nos obliga esa embolatada noción del patriotismo.

Observe el lector que es justo ahora, cuando al igual que en enero de 2019, nuevamente bajo el liderazgo de Duque, vemos un claro proceso de recuperación afianzado en el esfuerzo y el trabajo público y privado bajo un marco de legalidad, emprendimiento y equidad, que esos mismos egos viscerales llenos de las menudencias propias de la vanidad, la envidia individualista y la orfandad de poder, envían “propios” a criticar desde España, Brasil y los Estados Unidos, cada acción de un presidente honorable, que gústeles o no, los aventaja.

No sin razón entonces, se pregunta el ciudadano: ¿Cuáles habrán sido y a qué precio, los compromisos ocultos que se asumieron en La Habana, hipotecando nuestra carta constitucional a un gran costo social, político, económico y moral, con tal de dejar tranquilo y hasta fortalecidos la deforestación y narcotráfico?

Y es que no se entiende ni se explica, cómo es eso de que ahora, la inseguridad es asunto nuevo en esta tierra y es a cuenta de Iván Duque, ni cómo diablos quienes viven a la caza de un escándalo, callan y ocultan que hay un partido deforestador que se nutre de la ilegalidad, amparado por redes milicianas de guerrilla rural y urbana, por algunas dictadoras y gobiernos populistas, por bandas de micro y gran narcotráfico, y por una corruptela infiltrada en algunos de los círculos de control de los poderes del Estado, al cual algunos de estos patronazgos demagógicos se empeñan en proteger a cualquier costo, sin importar para nada, casos como los recientes bloqueos violentos a la movilidad y a la economía nacional, los atentados contra la vida del señor Presidente, la reincidencia criminal de Santrich o la participación en crímenes de lesa humanidad de cabecillas narcoterroristas como Granda y tantos otros, incluidos congresistas violadores y asesinos de mujeres y de niños campesinos.

lunes, 4 de octubre de 2021

Contrasentido

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Es una idea, actitud o comportamiento contrario al razonamiento lógico y llamo este articulo así, aun trascurridos ya varios días, por el ominoso fallo de la sala especial de primera instancia de la Corte Suprema de Justicia, que emitió en el proceso judicial que cursa contra el doctor Luis Alfredo Ramos Botero, desde el año 2013, por causa de unas acusaciones que se le endilgaron por unos testigos que de todo tienen menos de ser creíbles, y en el cual se condena a siete años nueve meses de prisión y a una elevadísima sanción económica. El proceso continuará porque con seguridad se apelará el fallo condenatorio.

Yo deseo expresarle a la opinión pública, que en ese fallo hay todo menos justicia. La ponderación de las pruebas no es propiamente algo que con certeza amerite la condena, pero, sí considero que nuevamente la Corte Suprema, entra a castigar a un hombre por ideas políticas, con una clara motivación persecutoria contra él y el movimiento político del cual hace parte.

Él ha sido, y seguramente lo continuará haciendo, un trabajador incansable, que antes de participar en la vida pública, se desempeñó con éxito en el sector privado. Defensor de ideas democráticas, profesional del derecho, líder público que militó en las filas del Partido Conservador, lideró su propio grupo con éxito, ocupó cargos como gobernador, alcalde, ministro, embajador y cuando tenía la opción de ser candidato a la presidencia de Colombia fue objeto de un auto de detención que lo tuvo en prisión por más de tres años. Luego salió en libertad, pero ya había pasado la oportunidad de haber sido presidente de Colombia y con el paso del tiempo se dilató la opción y aun hoy se complica por causa del mencionado fallo.

De todo lo que lo acusan, lo que generan es titulares, los testigos falsos, las verdades a media y el proceso mismo, lleva el mismo camino de muchos otros miembros del Centro Democrático, que han sido condenados a purgar años de cárcel, por casos en los que los fallos han sido más de tinte político y vengativo, que a verdaderas causas que realmente estén defendiendo el patrimonio y el interés público. No han podido con el doctor Álvaro Uribe, pero uno tras otro le dan golpes bajos que seguramente le duelen y afectan, porque son sus compañeros de lucha son los que están cayendo en manos de la justicia, no la verdadera, sino la que surge de la politización de la justicia.

Cuántos políticos en su momento no trataron de dialogar con los paramilitares, con los guerrilleros, todos pretendiendo lograr negociaciones que ayudaran a la pacificación del país, todos o casi todos continúan ejerciendo la política, pero al doctor Ramos, no le perdonaron que buscara esa opción de paz, y conllevó a que lo acusen no solo de conversar en esa reunión, sino de acordar apoyos para su movimiento, lo cual, él no necesitaba ya que tenía la fuerza y la moral, para no pactar acuerdos de ese tinte.

Más grave aún, lo que realmente es un contrasentido, es lo que ocurre hoy en el Congreso de la República, por causa del acuerdo de paz, hacen parte de ese máximo organismo de la democracia, asesinos, violadores, terroristas, extorsionadores, secuestradores, que pusieron en jaque y aún persisten en ello al Estado colombiano. No han pagado un solo día de cárcel, causaron dolor, humillación y angustia en miles de hogares colombianos y ellos, allí pavoneándose, burlándose de la justicia y de las personas de bien.

El doctor Luis Alfredo, obviamente no requiere de mi defensa, no la necesita, pero si expreso mi dolor y tristeza por ese tipo de decisiones judiciales que espero sea revocada en la apelación. Lo único cierto que ha hecho, es defender la democracia, tener un buen hogar y liderar a un nutrido grupo que lo siguen en su ideario por un mejor país y lo acompaña hoy en el Centro Democrático.

Deseo que Colombia entienda que el camino que llevamos de pérdida de confianza en las tres ramas del poder en el país, a saber, la rama judicial, la legislativa y el ejecutivo, nos indican claramente que las fuerzas de la izquierda están adueñándose, politizándolas y así será muy difícil recuperar la institucionalidad. Están diezmando a los demócratas y luchadores vigilantes de la defensa de la democracia.

martes, 18 de mayo de 2021

De cara al porvenir: el futuro siempre llega

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal*

Era el final del año 2019 y en varios países suramericanos había manifestaciones y marchas contra el estado de cosas. Uno de los países que más padeció este sacudón fue Chile, y Colombia obviamente no fue la excepción.

Los promotores del paro y el Gobierno, como casi siempre ha ocurrido, se sentaron en una “mesa de diálogo” y se firmaron varios acuerdos. Pregunto por simple curiosidad si alguno de ustedes se acuerda de lo pactado. Como la respuesta generalizada es que no, pues tampoco serán conscientes que nada de lo acordado se ha evacuado de manera completa y que la mayoría de los puntos ni se han tocado.

Como casi siempre ha sucedido, aquí jugamos a que el tiempo disipe las tormentas y adormezca las memorias, máxime cuando de por medio se atravesó una pandemia que trastocó todo tipo de prioridades. Pero una cosa es el nuevo afán, y otra muy distinta es que a la gente se le hubiera olvidado que había marchado, protestado y firmado un acuerdo y que, a la hora de las evaluaciones, muy poco se había avanzado, como ha sucedido paralelamente con el Acuerdo de Paz.

Gobiernos que pasan de agache, que incumplen acuerdos y no respetan la palabra empeñada, son parte del paisaje tradicional colombiano, situación que evidencia la fragilidad de nuestro pretencioso Estado.

En el sector privado también existen ejecutivos expertos en no hacer nada, en no comprometerse con nada, en no tomar posición, en estar enfocados y asociados a todos los lugares comunes y a no resolver los problemas que le dan origen a haber sido vinculados.

Aparece un simple detonante como lo ha sido una extemporánea, fallida, rimbombantemente bautizada y mal llamada reforma tributaria, y las aguas vuelven a buscar el cauce dejado atrás temporalmente, agravado por la pobreza y la iniquidad crecientes, digamos que por causa de la pandemia.

Nada justifica los desmanes. Nada justifica los incumplimientos. Ahora bien, habría que reflexionar bajo la teoría de la construcción de escenarios, que hubiera pasado con la reforma tributaria si la gente no sale a protestar. Personalmente, considero que ya la habrían aprobado. Perdió el Congreso colombiano una oportunidad única de manifestar un interés real por los problemas del ciudadano del común, habiéndose manifestado con firmeza y al unísono en contra de la reforma y abriendo un abanico de posibilidades alternas, pero no lo hizo. Solo se manifestaron abiertamente en contra el Partido Liberal y Cambio Radical en cabeza de sus máximos dirigentes, el expresidente Gaviria y el doctor Vargas Lleras.

Corresponde a estos dos partidos políticos ser consecuentes y no apoyar ninguna propuesta alternativa de reforma tributaria en el corto plazo, pues ambos se expresaron en contra del momento en el cual se estaba presentando, el cual, es a todas luces inoportuno, y cuyo estado de cosas en el corto y el mediano plazo, no van a cambiar.

Otro gran interrogante, y otra gran frustración, en términos de desarrollo nacional, es la triste realidad que viven los tres importantes departamentos del Sur Occidente del país, ante la imposibilidad de movilizar comida y combustibles.

Es cíclico que cada que hay un fuerte invierno o hay protestas, las carreteras de esta región quedan bloqueadas, lo que afecta naturalmente el transporte de alimentos, pero, y he aquí el gran interrogante, ¿no se le ha ocurrido al Ministerio de Minas y Energía, o a Ecopetrol, o al organismo gubernamental que le competa, construir un oleoducto que permita garantizar el suministro de combustibles y de igual manera descongestionar las vías repletas de carrotanques ante acontecimientos históricos  ya previsibles?

Mis alumnos son testigos de una sentencia que les he compartido en clase a través de los años y que dice que, en Colombia, se aplica aquello de “Para que hacer las cosas fáciles, si las podemos hacer difíciles”.

Ahora bien y ante la ineptitud demostrada por algunos miembros de nuestra clase dirigente, recordemos a Ángel Marcel cuando dice, parodiando el refrán de que “Aunque la mona se vista de seda ¡Mona se queda!”: “Aunque la gente de pieles se vista, gente se queda”.

miércoles, 13 de enero de 2021

¡Cruzando raudo el piso 40, sin novedad!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Cuando contemplo la actual situación del país, no puedo dejar de recordar la historia del ingeniero encargado de la construcción de un rascacielos. Era un profesional competente, próspero, satisfecho, calmado, optimista, enemigo de juicios apresurados. Sin embargo, descuidaba, como buen colombiano, detallitos para la prevención de riesgos, instalación de barreras, talanqueras y otras defensas frente a peligros, según él, remotos, y que por tanto podrían aplazarse.

Inspeccionando un piso muy elevado cayó al vacío, por falta de alguna baranda necesaria. Como era dado a no dejarse llevar de primeras impresiones, al pasar por el piso 40 observó:

— ¡Hasta aquí no me ha pasado nada!

Con algún eco de Rubén Darío continúo: ¿No comprendes, amigo lector, la historia que te he contado del ingeniero que cayó al abismo?

El ingeniero es la clase dirigente de un país que todavía no ha terminado de construir su democracia, pero donde se han descuidado todas las barreras necesarias para conservarla, y por tanto ha dejado de ser gobernable: todos los poderes han sido usurpados por una judicatura cooptada por los enemigos del derecho; de la educación se han apoderado los oponentes de la cultura; la legislación depende de los más ignaros cuando no de los más violentos; el campo solo produce dinero para los sembradores de veneno; los medios de comunicación sirven a la desinformación y los gobiernos locales son ejercidos por locos y por aprendices de brujo.

Y el suelo donde se va a estrellar, dentro de poco, el optimista e imprudente ingeniero, está formado en su mayor parte por una población depauperada, a la que demagogos y vendedores de ilusiones ofrecen promesas electoralmente invencibles: renta básica universal; entrega a los inquilinos de las viviendas arrendadas, por el avalúo catastral; cohabitación con quienes tengan más de 65 m2; rebaja de los servicios domiciliarios; repartición de las tierras cultivadas y la construcción del puente en el pueblo sin río… ¡y el río también!

Y a ese país, descuadernado hasta el fondo, le recetan más despilfarro público, más endeudamiento, más impuestos…

Y faltando unos pocos meses, la elite —pública y privada— se divierte con la vanidosa figuración política, los pingües contratos, la suculenta nómina, la molicie diplomática, sin que falten el amiguismo y el cvy…

Y mientras la subversión avanza siguiendo un plan estratégico bien articulado y financiado, la oronda y gárrula dirigencia se divide y subdivide detrás de vanas candidaturas y de ambiciones cortoplacistas, con la sólida tranquilidad de que “aquí no pasa nada”.

***

No es la primera vez que recuerdo al lector amigo la explicación perfecta de la caída en el abismo de la República de Weimar. A Ernst Kaltenbrunner, en el Juicio de Nuremberg se le preguntó cómo había sido posible que un gran país culto, como Alemania, hubiese terminado en manos de una pandilla de facinerosos, a lo que el lugarteniente de Hitler respondió que mientras el gobierno debía atender la crisis económica, el desempleo masivo, las reparaciones aplastantes de guerra, la hiperinflación, el desorden público y los mil y un problemas diarios, desde la salud y la educación hasta la policía y las obras públicas,  ellos solo debían ocuparse de un asunto: ¡Cómo apoderarse del gobierno!

***

Dejando de lado tantos aspectos interesantes del análisis de Alexis de Tocqueville en El antiguo régimen y la revolución (1857), que valdría reseñar, cito:

Pero la Revolución Francesa, habiendo sido abolidas las leyes religiosas al mismo tiempo que destruidas las civiles, el espíritu humano perdió por completo los estribos, ya no supo con qué contenerse ni dónde pararse, y aparecieron revolucionarios de una especie desconocida, que llevaron su audacia hasta la locura, a quienes ninguna novedad parecía sorprender ni ningún escrúpulo moderar, que no vacilaron nunca en la ejecución de un designio. Y no creamos que esos nuevos seres fueron creación aislada y efímera de un momento determinado, destinados a pasar con este, sino que forman desde entonces una raza que se ha perpetuado y extendido por todas las partes civilizadas de la Tierra, que en todas ellas ha conservado la misma fisonomía, las mismas pasiones, el mismo carácter. Nuestra generación se ha tropezado con ella al nacer y todavía la tenemos ante nosotros.

***

Juez y parte — Ante el incumplimiento de las FARC en relación con la entrega de bienes (uno de sus trece compromisos no respetados), el gobierno somete el asunto a la JEP, ¡organismo parajudicial de las FARC!

***

El Decreto que reglamenta el derecho a la protesta, que acaba de expedirse, socava el orden público, con la autorización irrestricta de la protesta y la interdicción de la respuesta eficaz por parte de una policía obligatoriamente inerme frente al motín que se estimula.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Ante vistosas candidaturas oportunistas

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

No parece posible hacer política sin proyección de futuro, en un país que desde hace años vive dentro de una bien coordinada ofensiva revolucionaria. A partir de la imposición, contra la voluntad popular, de una supraconstitución cuyo objetivo es la transición del orden demoliberal al socialismo totalitario, no es posible ignorar lo que se nos viene encima.

Por tanto, es inexcusable pensar que en Colombia nada pasará y que la política puede hacerse como toda la vida, ignorando que, si dentro de 21 meses asciende al poder la izquierda revolucionaria, todo terminará para nuestro civilizado régimen, el de las libertades individuales, el desarrollo económico dentro del marco de la libre empresa, el de la tridivisión del orden público y el de la alternancia en el gobierno.

Así sean todo lo discutible que se quiera, las encuestas indican que hay dos candidatos, que muy posiblemente ocuparán los dos primeros lugares en la primera vuelta de la elección presidencial. Quedar de 3°, 4° o 6°, de nada sirve, aparte de la vanidosa satisfacción personal.

En consecuencia, la acción política tendiente a preservar el orden democrático constituye un imperativo moral, mientras que las actuaciones que debiliten las instituciones, o fragmenten las fuerzas políticas, son gravemente inmorales, porque abren la puerta a la revolución.

El establecimiento político pretende ignorar la dimensión ética y sigue actuando con la mayor insensatez. Todos a una se aferran al cumplimiento de un acuerdo final que los dejará sin oficio a partir de 2022, si alcanza la presidencia el candidato peor, o en 2026, si llega el menos malo, que también es pésimo, porque está comprometido con los fines, aunque difiere sobre los medios. Con el uno la cosa es de golpe. El otro lo aplaza cuatro años…

Ahora bien, en las condiciones que vive el país, hay que sacudir la indiferencia y rechazar la idea de que hay que aceptar lo que se viene, porque siempre habrá manera de acomodarse con el nuevo régimen o de pactar un modus vivendi, de moderar la revolución, para que finalmente nada pase… hay muchos que así piensan, unos ya adhirieron al candidato peor, el que disfruta de licencia judicial para seguir impune; mientras otros se preparan para negociar con el triunfador.

Por eso, en vez de aparecer un aspirante con vocación de poder, empiezan a lanzarse (¿desde cuál piso?) candidatos a granel, sabedores del inevitable fracaso de sus campañas, salvo para el vanidoso disfrute de vitrina en los próximos meses, o para calcular la posibilidad de negociar alguna cuota de poder, antes de la 2ª vuelta, o después, si se tiene alguna fuerza parlamentaria.

¡Vanos cálculos!, como los que hicieron los partidos alemanes, cuyas divisiones permitieron el ascenso de Hitler al poder; o como los torpes dirigentes chilenos que pactaron con Allende el respeto a la Constitución. Unos y otros, a los pocos meses, habrían de arrepentirse amargamente. Y no solo ha sido así en ambos ejemplos, porque la revolución hace tabla rasa de todo lo preexistente, empezando por los execrados políticos “burgueses”.

Sé que esta columna, marginal y políticamente incorrecta, no tiene muchas posibilidades de conmover a nuestros políticos burgueses, pero no puedo dejar de expresar angustia frente a un establecimiento que, si en esta hora de nona no se une en defensa de la democracia, condenará a 50 millones de colombianos a un horror de tipo venezolano.

Por tanto, debemos insistir en aquello de reconstrucción o catástrofe, porque, si se sigue ignorando la incompatibilidad de la democracia con el socialismo castro-chavista y no se deroga el tal “acuerdo final”, la pesadilla será muy amarga y durará muchísimos años de hambre, opresión, miseria y muerte.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Ante la prioridad pretermitida

José Alvear Sanín

Por José Alvear Sanín*

El DRAE define la prioridad como “la anterioridad de algo respecto de otra cosa, en tiempo o en orden”.

Comúnmente se habla de “primera prioridad” y de las “prioridades”, aunque en realidad solo hay una prioridad y lo demás es la serie de asuntos importantes a los cuales se les da un orden descendente en la escala de las urgencias. La determinación de esa escala tiene mucho que ver con el buen gobierno, y este, con el alcance de ciertos fines.

No parece que actualmente en Colombia estén claros la prioridad, ni el orden de precedencia en los asuntos. Por esa razón, y a pesar de lo anterior, se me ocurre, hasta con peligro de incurrir en pleonasmo, hablar de la prioridad de prioridades, que sin duda alguna consiste en la preservación de las libertades individual, de pensamiento, de religión, etc., que asociamos con la noción de democracia liberal, dentro de un modelo productivo de economía mixta, con tanta libertad como sea posible y tanta intervención como sea necesaria.

Desafortunadamente, esa no parece ser la prioridad de los políticos. Cuando este modelo enfrenta la más severa amenaza, no solamente por la entrega de amplios sectores a sus incansables enemigos, sino también por las secuelas de miseria que deja el covid-19, no se traza (ni por el gobierno ni por los partidos) la línea roja e infranqueable entre los demócratas y los totalitarios.

A medida que se acorta el tiempo que nos separa de las elecciones más importantes y decisivas en la historia de Colombia, las fuerzas democráticas se dividen y subdividen en varias clientelas rapaces, transaccionales y dialogantes, mientras las opuestas se compactan y se hacen más agresivas e intransigentes.

En vez de percatarse de la gravedad de la situación y del riesgo inminente de caer en el abismo, la prioridad para el establecimiento parece ser la del grado de cumplimiento del “acuerdo final” entre Timo y Santos, para el cual no hay cortapisas legales, presupuestarias ni fiscales. ¡Esa es la gran discusión política!

El presupuesto nacional hace años que viene bien desequilibrado. Su principal capítulo de ingresos es el del permanente endeudamiento: y nadie en el gobierno ni en la dirigencia política considera la necesidad de imponer la austeridad que se requiere, tanto para la recuperación de la economía como para la preservación del modelo democrático.

Tal como se ven las cosas, de la pandemia saldremos para seguir con un endeudamiento inercial, hasta que llegue el batacazo al estilo de Grecia o Argentina, pero entretanto se seguirá gastando sin freno ni medida, y, además, “cumpliéndoles” a las FARC” con unos 130 billones en los próximos cuatro años, mientras se marchita el gasto militar y la policía corre el riesgo de ser emasculada y politizada, como lo exige el clamor mamerto.

El país que sale del covid-19 estará más necesitado que nunca de orden público, porque el hambre, el desempleo y la miseria, causarán mayor inseguridad.

La reforma de la policía tiene que ser en el sentido de un mayor pie de fuerza, mejor capacitación, mayores medios operativos y reafirmación del principio de autoridad y de la unidad de mando. El bobby con una pequeña porra era posible en la era victoriana, pero ya ni en Inglaterra es viable. Menos aun en la Colombia presente ni en la venidera.

Por otro lado, un país inundado de coca y de minería ilegal no puede aceptar ni la reducción de unos 60.000 efectivos en su pie de fuerza, ni el cambio de la doctrina militar para convertirla en un gaseoso equilibrio de poderes entre el Estado y la gran delincuencia, mientras las FARC, el ELN y los carteles nacionales y mexicanos siguen ampliando su control sobre vastos territorios.

También son muy preocupantes el deterioro y la obsolescencia de nuestra aviación militar, no solo por la amenaza del madurismo, sino también por el creciente rearme de las guerrillas, capaces ahora de derribar helicópteros.

Más que nunca, ahora es verdad aquello de que, si quieres la paz, prepárate para la guerra. La adecuada dotación de ejército, marina, aviación y policía, es muy costosa, pero más conducente a la paz que el “cumplimiento” (es decir, la entrega a las FARC)…

Aunque lo absolutamente prioritario es la preservación de la democracia y el estado de derecho, nada estamos haciendo en ese sentido. En cambio, privilegiar, so capa de progresismo, unos acuerdos espurios, por encima de la Constitución y de la racionalidad económica, es tan absurdo como cruzar los brazos mientras avanzan el desorden, el vandalismo, la asonada y el terror en la calle, los narcocultivos en los campos, y el clientelismo, la indecisión y la infiltración en un gobierno asediado por las cortes de la línea revolucionaria.

***

¡Triste el país donde la corte suprema de justicia se transformó en cartel de la toga!

***

“La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad”. —Thomas Mann

viernes, 28 de agosto de 2020

Decálogo para la paz en el país soñado

José Leonardo Rincón Contreras

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

El reconocido politólogo, hoy emérito profesor de la Universidad Nacional, Eduardo Pizarro Leongómez, publicó en El Tiempo en días pasados un lúcido artículo en el que esencialmente invita a la Comisión de la Verdad a que más que hacer memoria del pasado con señalamientos de culpables de lado y lado, haga una proyección de un futuro reconciliado donde las lecciones aprendidas nos convoquen a todos a construir en paz el país soñado. Por respeto con su autor y porque considero sensatas y brillantes sus propuestas, las transcribo literalmente:

“1. La izquierda jamás volverá a utilizar las armas como un recurso para intentar acceder al poder. Solo las vías constitucionales son legítimas.

2. El monopolio de las armas es un patrimonio del Estado y de sus FF. AA.: nunca más aceptarán que grupos privados, promovidos por agentes estatales o élites regionales, ejerzan funciones de orden local o regional.

3. Nunca más ningún actor armado utilizará el secuestro (incluso bajo el eufemismo de retención) como un mecanismo de financiación, siendo como es un crimen de lesa humanidad.

4. El Estado y sus FF. AA. nunca más utilizarán como criterio de evaluación de la eficacia de sus miembros o de sus unidades el número de bajas (body count).

5. La Dirección Nacional de Inteligencia no volverá a ser una rueda suelta en el andamiaje del Estado y se definirán mecanismos claros de control institucional riguroso.

6. El cuerpo de la mujer no volverá a ser jamás un botín de guerra.

7. El uso de métodos de interrogatorio fundados en presiones físicas o psicológicas ilegales (tortura) jamás volverán a ser utilizados.

8. Las niñas, niños y adolescentes nunca más volverán a ser objeto de reclutamiento forzado.

9. Jamás los atentados contra oleoductos y pozos petroleros volverán a ocurrir, debido a su inaceptable impacto ambiental.

10. El país implementará medidas de distinto orden para reducir la pobreza urbana y rural, la desigualdad en la tenencia de la tierra y en los ingresos.”

Así las cosas, si bien es importante la memoria para que nunca más haya repetición de tantas barbaridades cometidas, se haga efectiva reparación y logremos la reconciliación, será necesario poner el énfasis más que en el espejo retrovisor que solo contribuye a mantener abiertas las heridas, a mirar hacia adelante, con esperanza, poniendo en ejecución este decálogo. ¿Qué opinan?