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martes, 16 de septiembre de 2025

Manejar con seriedad la plata de los contribuyentes

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Está en manos del Congreso decidir si los dineros que el Estado recauda van a destinarse a pagar sus obligaciones primordiales y a contribuir al bienestar de los ciudadanos, o se utilizarán como un instrumento más para asegurar la reelección del régimen de la izquierda radical que nos está conduciendo a un abismo sin fondo.

No puede, por ningún motivo, ser aprobado el proyecto presentado por el Gobierno pues está desfinanciado y aumentará el déficit fiscal, que ya ha llegado a un nivel crítico. Pretende enjugar el déficit que, según el Comité Autónomo de la Regla Fiscal, asciende a 45,4 billones de pesos, con el producto de una nueva reforma tributaria que generará, a lo sumo, 26 billones de pesos.

¿De dónde saldrá el resto? Pues de otro aumento de la deuda pública. La deuda pública, que ya está en la cota más elevada de nuestra historia, limita la capacidad de respuesta del Gobierno ante nuevas presiones económicas y la necesidad de generar un crecimiento económico más fuerte. La deuda interna experimentó un aumento del 56 % entre agosto de 2022 y junio de 2025, mientras que la deuda externa creció casi un 10 % en los tres años anteriores a junio de 2025, evidenciando una fuerte presión presupuestal para la Nación. No es serio, por consiguiente, continuar la tendencia alcista de la deuda.

Tampoco resulta serio seguir gastando cada vez más en el funcionamiento de la administración y menos en ítems prioritarios como son: la fuerza pública, en un país dominado por la violencia y el crimen; la infraestructura, con numerosas obras desfinanciadas; la salud y el sistema energético, colapsados por el incumplimiento de los compromisos económicos por parte del Gobierno; y los programas de beneficio social recortados o congelados por problemas presupuestales y de tesorería.

En cambio, conocemos a diario el frenesí de gastos en inútiles viajes con costosas comitivas, apertura de embajadas innecesarias, pantagruélicos eventos políticos, vehículos oficiales, crecimiento exagerado de la burocracia, publicidad con fines políticos o personalistas, y, en general gastos de lujo que no nos podemos permitir en este lamentable estado de inopia de las finanzas públicas.

Particularmente nos llama la atención cómo se han disparado en esta época preelectoral las órdenes de prestación de servicios. En 6 meses se han vinculado 394 600 contratistas con un costo de $14,1 billones de pesos, para hacer nada. Su justificación es meramente política. Al terminar 2025 está prevista la contratación de 949 000 contratistas en la nómina paralela, gasto inconcebible en la actual emergencia financiera, que profundizará la crisis y el colapso en la atención de las necesidades de la población.

Tampoco es una opción dejar de pronunciarse sobre el proyecto de presupuesto, lo que permitiría al gobierno aprobarlo por decreto, con todos los vicios e irregularidades anotados.

Sólo queda la alternativa de realizar un juicioso análisis del proyecto, recortar todos los gastos innecesarios o con finalidad proselitista, exigir que se eliminen los gastos suntuarios o inútiles, volver a imponer la regla fiscal, y ordenar un recorte o fusión de entidades en la administración. Con estas premisas, dar aprobación a un proyecto que no ahonde nuestro déficit fiscal y que tampoco sea aprovechado para perpetuar este ominoso régimen en el poder. Como diría Cosiaca, “motilarlo” bien antes de aprobarlo.

jueves, 6 de julio de 2023

Después de las iniciales, ¿cuántas “reformas” más?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

No son de extrañar la inacción oficial ni la eliminación de estímulos para la construcción y financiación de viviendas de interés social, porque el acceso a la propiedad es un factor que contribuye a la estabilidad, al bienestar familiar, al crecimiento de la economía nacional y a la masiva generación de empleo.

Ninguno de esos propósitos anima a Petro. En primer lugar, mientras más adversas sean las condiciones de vida, mayor descontento habrá y con mayor facilidad será acogido el mensaje del resentimiento y el odio. La generación de empleo tampoco favorece la revolución. Un gobierno comprometido con el decrecimiento económico, cuya “cabeza” dice que la acumulación de capital es la mayor amenaza contra la humanidad, no puede estimular el bienestar y el progreso.

Apoyar la familia y propender por su consolidación y florecimiento está expresamente en contravía de la ideología marxista, que preconiza su abolición. Por tanto, el Gobierno actual favorece la ideología de género, la promoción del aborto y la tolerancia a la comercialización y el consumo de psicotrópicos.

¡Vale la pena recordar ahora a quienes han dicho que el progreso individual perjudica porque “la gente que deja de ser pobre se vuelve de derecha”!

Un país de propietarios de vivienda digna se dirige indudablemente hacia una sociedad más ordenada y productiva, en la que no cabe el discurso subversivo.

En vez de desarrollar, mediante la construcción de vivienda, una economía próspera, la revolución sueña con que llegue el día de trasladar la gente de los tugurios a las casas que han de compartir con los odiados burgueses.

Nunca he olvidado la propuesta preelectoral de Petro, de limitar a 65 m2 el espacio familiar en las viviendas —a pesar de haber sido desmentida por sus bodegas y granjas—, porque esa condición es esencial dentro de la ideología leninista que él profesa. Esa “reforma urbana” hizo de la vida en los países comunistas el infierno sartreano que puede llegarnos, porque ese individuo jamás olvida los delirios de su patológica mente para convertirlos en políticas de gobierno.

Petro no se limitará a las reformas iniciales —tributaria, sanitaria, laboral y pensional—, porque ya empezó a hablar de una reforma educativa. Y si salen adelante las ya presentadas, sea por un congreso embadurnado, por sucesivas declaratorias de emergencia económica y social, o por el “acuerdo” con el ELN, él no se detendrá allí.

Ese será el momento para arrancar con su encubierta reforma urbana, y con la otra —dogmática e inevitable—, la rural, para la expropiación y aniquilación de los productores agrícolas exitosos, que no conduce a nada diferente de la hambruna persistente.

La Reforma Agraria colectivista de modelo comunista pertenece a la obsesión dogmática y no negociable del ELN, que no los aleja de Petro. Al contrario, los une dentro de la común estructura mental que adoran.

lunes, 6 de marzo de 2023

Editorial: hechos de la semana

Sobre los hechos más destacados de la semana, en esta oportunidad, en su editorial para El Pensamiento al Aire, el doctor Antonio Montoya H. nos hablan de la protesta de los campesinos en el Caguán, sobre la ofensa que hizo el sacerdote Fernando Piña, en Boyacá, a los antioqueños, del nuevo escándalo en el Gobierno con el hijo y hermano de Gustavo Petro, de Daniel Quintero que en la encuesta de Invamer aparece como el peor alcalde de Medellín desde hace 30 años, de las mal preparadas reformas propuestas por el Gobierno y su crisis ministerial, y concluye con la caída en la aprobación de la gestión de Gustavo Petro, en las encuestas. No dejes de verlo.

martes, 15 de noviembre de 2022

Editorial de El Pensamiento al Aire

En su análisis de los hechos más importantes de la semana, el doctor Antonio Montoya H. inicia su editorial con los daños que sigue causando el invierno y también habla de la reforma tributaria, las elecciones en Estados Unidos, el revivir la revocatoria de Daniel Quintero, las marchas de uno y otro bando que no generan resultados, la OPA por las empresas del GEA y para terminar, el dólar con tendencia a la baja. No dejes de verlo.

miércoles, 12 de octubre de 2022

Impuntualidad y megalomanía

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

El tiempo, misterio insondable, es el más valioso de los recursos no renovables.

Los países más prósperos han sido aquellos donde mejor se lo aprovecha. La proverbial puntualidad inglesa, algo venida a menos, explica mucho de la preponderancia de ese país en el siglo xix; y en los tiempos que corren Alemania, Japón, Suiza y Francia, dan ejemplo, no siempre bien seguido, a los demás países.

En realidad, del uso del tiempo dependen en muy buena parte la prosperidad y el progreso, como podemos observar si comparamos el atraso de África en comparación con algunos países asiáticos que están alcanzando cotas envidiables de desarrollo.

Petro nunca se distinguió por la puntualidad, y en su talante se combinan otros rasgos, como la arrogancia de quien ha llegado a una altura inconcebible y la necesidad de hacer notorias su superioridad y su inflexibilidad.

Si para Luis XVIII “la puntualidad es la cortesía de los príncipes”, y para los victorianos, el alma de los negocios, en cambio para Petro la puntualidad seguramente forma parte de todas aquellas normas, comportamientos y modales del antiguo orden que la revolución está llamada a eliminar.

Las largas y obligadas esperas antes de su llegada a ciertos actos traduce el mismo triunfalismo vanidoso que lo lleva a aparecer una hora tarde a la reunión de Mr. Biden con un centenar de jefes de gobierno, con ocasión de la asamblea de la ONU. Nunca sabremos si la causa del retardo fue la mala educación habitual o un traffic jam…, pero el presidente gringo ni siquiera se enteró de tan significativa tardanza, porque ya había partido de esa reunión.

Quien se enseña a llegar tarde no se limita al desprecio por los demás. En el fondo lo que indica su hábito es el desconocimiento del valor del tiempo como inapreciable recurso intelectual y económico. No es extraña, entonces, la combinación de la impuntualidad con la ignorancia. El tiempo que no se aprovechó oportunamente para el estudio se perdió para siempre, pero puede significar lo que me atrevo a llamar impuntualidad gnoseológica.

Llegar tarde, por ejemplo, en economía, significa creer en fórmulas y teorías fracasadas, cien años o apenas medio siglo, lo que puede conducir a extremos trágicos.

Hemos dicho que la “oposición constructiva” requiere un gobierno constructivo, pero es inútil frente a un ejecutivo que no lo sea. Es pérdida de tiempo confiar en el diálogo como mecanismo de entendimiento para alcanzar necesarios consensos, si los interlocutores están separados por abismos intelectuales, ideológicos y morales.

Con razón la senadora Paloma Valencia dice que Petro no oye a Uribe, como lo demuestra su reciente aleccionadora entrevista con el expresidente Uribe. En ella, el doctor Óscar Darío Pérez —principal experto tributario del país—, expuso los absurdos de una reforma innecesaria y perjudicial. La respuesta del gobierno fue la de enviar a continuación al Congreso un mamotreto de más de 300 páginas y ordenar a sus embadurnadas bancadas aprobarlo a pupitrazo limpio.

Las objeciones de todos los expertos en economía y en hacienda pública merecían un debate juicioso y profundo, si el gobierno quisiera algo saludable para el país. En cambio, en el fondo, lo que observamos es una advertencia de que ninguna de las reformas caóticas de un gobierno obnubilado tanto por un marxismo trasnochado como por una megalomanía inocultable, será sometida a una deliberación legítima.

El gobierno no quiere oír a nadie en relación con su esterilizante reforma tributaria. Hasta una destacada figura de izquierda, el doctor Jorge Enrique Robledo, ha censurado como el colmo de la irresponsabilidad la forma en que el Congreso está tramitando ese proyecto

Convertido así el Congreso en un mecanismo servil y venal para la ratificación de las órdenes palaciegas, la democracia desaparece para que la ministra Corcho (la tapa del cóngolo), pueda celebrar por anticipado la expedita aprobación de su macabra reforma sanitaria.

***

El gobierno sordo ha tenido que reducir al silencio a la pobrecita de Irene, para sacar a la palestra a la viceministra, quien repite, con mayor énfasis, los mismos desatinos, en vísperas del nombramiento de una junta de bolsillo para Ecopetrol.

lunes, 10 de octubre de 2022

Editorial de Antonio Montoya H.

La editorial de esta semana, para El Pensamiento al Aire, inicia con un llamado a la unión de la derecha, superando los egos. También llama la atención sobre lo sucedido en el Concejo de Medellín, con respecto a la venta de las acciones de TIGO, el acuerdo no firmado de la venta de las tierras de Fedegan al gobierno, sigue su tránsito en el Congreso la reforma tributaria, no se logran acuerdos en el Congreso y hay divisiones incluso entre los partidarios del Pacto Histórico, aplaude los diálogos de paz, votaciones en Brasil, nuestra prevención contra el invierno y los huracanes, y concluye con comentarios sobre la guerra de Rusia y Ucrania. No dejes de escucharlo.

jueves, 6 de octubre de 2022

Vigía: la triada del poder político

Por John Marulanda*

En agosto de 2010, el saliente Uribe encargó al entrante Santos que cuidara su herencia, tres huevitos que definió claramente: la confianza inversionista, los avances sociales y la seguridad. Desde mayo de ese año electoral, el candidato del Polo Democrático Alternativo, Gustavo Petro, obtuvo el noveno lugar con mas de 1 millón 300 mil votos, un poco más del 9% del balotaje total. Durante su permanencia de 8 años en el Congreso, había hecho oposición durante los dos periodos de Álvaro Uribe, y terminó por promover el voto en blanco en la justa electoral de aquel entonces.

Algo debió haber asimilado ese aprendiz de brujo pues 12 años después, siendo ya presidente, reunido con sus equipo ministerial y administrativo en la hacienda Hatogrande, enfatizó que tres son los pilares de su gobierno: Justicia social (avance social de Uribe) Justicia ambiental (seguridad de Uribe) y Justicia económica (confianza inversionista). Lo anterior son solo elementos básicos de una triada que busca lograr el cambio dentro de una Paz Total, según el presidente actual. Paz Total que se intuye llena de nubarrones.

Y como si el remedo estructural a la política tradicional fuera poco, ahora la esposa del exguerrillero, Verónica Alcocer, ha viajado como embajadora especial, emulando a las exprimeras damas que representaron “los altos intereses de la patria” María Juliana de Duque (14 veces), María Clemencia de Santos (9 veces) y Lina María de Uribe (5 veces). De nuevo, la tríada mágica de la política criolla aparece en escena. En el entretanto, las masacres continúan, persiste el silencio sobre la producción mundial de alucinógenos, y más de 22 bandas criminales buscan su acceso a las propuestas para su inserción en un nuevo proyecto de ley que facilita ese procedimiento, tal y como lo hicieron los presidentes anteriores en su momento.

Al mejor estilo del político latinoamericano tradicional, Petro plantea horizontes revolucionarios prudentes, y con su propuesta de Paz Total, corre el riesgo de quemarse en su intentona de dejarle el 10 % de sus propiedades a los narcotraficantes, que incluyen al ELN y las FARC, condenarlos solamente a 10 años de prisión efectiva y enviarlos a cárceles comunitarias, algo opuesto a la propuesta del presidente Bukele, de El Salvador.

El aire de cambio aún no se percibe en el ambiente, como no sea la depreciación del peso, la más crítica del continente y la desaceleración de la dinámica económica. El plan de gobierno, más allá de la dialéctica de las tres justicias, busca un cambio fundamentado en un bloque de integración económica y política, tipo Unasur, difícilmente excluyendo a Estados Unidos, el replanteamiento de la guerra contra las drogas, causante de toda la violencia estructural de Latinoamérica y la defensa del Amazonas a través del Tratado de Escazú o un tratado de cooperación amazónica, propuesta que Blinken alabó.

Con un llamamiento a la democracia participativa, el actual presidente y sus áulicos han amenazado con una marcha popular, para contrarrestar las recientes multitudinarias protestas, algo que nos llama la atención porque si esa convocatoria se convierte en realidad, será de las masas populares del senador Bolívar, quejosas debido a la escasez y carestía a las que este gobierno está convocando para integrar un país de por sí pobre, aunque con muestras claras de recuperación en la post pandemia, que esta gobernanza está ralentizando. Nos estamos emparejando con nuestro vecino Venezuela.

Adendo: no es claro que Colombia haya jugado un papel evidente en el intercambio de detenidos entre Caracas y Washington, como le propuso el canciller al dictador nicaragüense en su momento, y dudo que pueda jugarlo en un futuro inmediato. Venezuela, sí puede, con la asesoría estratégica cubana, ayudar a que el ELN deje de disparar.

martes, 13 de septiembre de 2022

De cara al porvenir: nuevos vientos

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Recién ha pasado el primer mes del nuevo Gobierno y lo que no se puede negar es que se ha notado un cambio de dinámica.

Varios aciertos y algunos desaciertos han acompañado este período que ha marcado una línea clara de hacia dónde va el Gobierno autoproclamado como el del cambio, el mismo que entre otras curiosidades ha dado cátedra de inclusión, respeto y reconocimiento de nuestra multiculturalidad.

La experiencia como congresista le ha permitido al nuevo presidente saber que, en términos de calendario y fuerza política, proyectos de ley que no se tramiten durante el primer año de Gobierno, se puede aseverar que es muy remoto pensar en que luego se aprobarán.

Un gabinete ministerial, en un alto porcentaje con vasta experiencia, nombramientos abortados y algunos ministros un poco desubicados, dan muestra de que en términos de ejecutorias hay que dar un compás de espera.

Coincide por calendario que muchos de los congresos gremiales sectoriales y sub sectoriales se realizan durante estos meses, lo cual trae como novedad y capacidad de convocatoria que el nuevo presidente asista y de línea con respecto a los intereses propios de los asistentes, lo cual no pasa de ser un rito político - social, pues el nuevo presidente apenas está desempacando y organizando su equipo y lo que le corresponde hacer es tratar algunos datos y algunas propuestas de campaña y algunas ideas generales de futuro, salvo temas específicos y de impacto para todos como es el caso de la reforma tributaria.

Lamentablemente las transformaciones no se hacen de un día para otro y a pesar de los anuncios de paz total, el tema del orden público no mejora y los atentados contra miembros de la policía, las masacres, los asesinatos de líderes sociales, la inseguridad en las ciudades y las invasiones de predios no dan tregua. Se anuncia el reinicio de relaciones con Venezuela y se enuncian y promueven reformas y proyectos de ley alrededor de temas como la reforma rural integral, la participación política, el cese al fuego y de hostilidades, el replanteamiento de la estrategia contra las drogas, el acuerdo de víctimas, la implementación, verificación y refrendación de los acuerdos de paz y obviamente la reforma tributaria, lo que permite establecer y lo que vemos como vector direccionador es un completo compromiso con el cumplimiento del acuerdo de paz, lo cual generará obviamente, apoyos y animadversiones.

Lo que sí queda claro es lo poco que avanzó el anterior Gobierno en el cumplimiento de la implementación del acuerdo de paz, lo cual solamente la historia sabrá juzgar.

Cabe resaltar el apoyo internacional a la gran mayoría de las iniciativas planteadas, y a la inusitada cercanía y proximidad en estas primeras semanas con el Gobierno de los Estados Unidos.

El haber armado una coalición de Gobierno en dos semanas, el haber aprobado el Acuerdo de Escazú, el haber hecho nombrar un contralor del Partido de Gobierno, el haber nombrado un Consejo Nacional Electoral empleando las mayorías, entre otras maniobras típicas de la política colombiana, da por pensar que puede que el cambio se dé en otros escenarios y en otras temáticas, pero no entre la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, como ha pasado en el último siglo, lamentablemente.

El cambio no debe ser mirado ni empleado como un simple slogan, ni tampoco es el anuncio del cambio por el cambio. El cambio es la superación de las costumbres y las prácticas políticas que nos han sumido en una corruptela generalizada acompañada de pobreza, injusticia, iniquidad y violencia generalizada.

Nueva oportunidad histórica ha tenido las diferentes fuerzas, partidos y movimientos políticos para repensarse y estructurar propuestas de futuro para el país y para ellos mismos como organizaciones.

En épocas recientes solamente el presidente Barco tuvo la grandeza, la osadía y la “fuerza testicular” suficientes para proponer un esquema real de Gobierno-Oposición verdaderamente democrática.

Durante este Gobierno esta posibilidad se desperdició por el apetito insaciable de estas fuerzas, partidos y movimientos políticos, y la necesidad de configurar un ambiente de gobernabilidad tranquilo por parte del actual Gobierno, que permita seguir consolidando nuestro presidencialismo consuetudinario.

Que después, entonces, no se quejen ni critiquen ni los unos ni los otros, pues no tendrán ninguna autoridad moral para hacerlo.

¡Amanecerá y veremos!

viernes, 2 de septiembre de 2022

¡Lo que pasa es que la banda está borracha!

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Como dice la canción, aquí, lo que pasa es que la banda está borracha. Lo que nos pasa en la Colombia del tal cambio, es que el cambio ni es serio ni guarda coherencia alguna con la necesaria suma o añadidura constante de valor que demanda el manejo socioeconómico de las naciones en vía de desarrollo.

En una orquesta, en las grandes corporaciones y entre ellas los gobiernos, los congresos, las cortes, las entidades de control y los gremios como instituciones que representan la sociedad, en las empresas y en todo equipo de trabajo, para poder funcionar bien y de manera armónica, se requiere en la dirección una cabeza bien puesta, con experiencia, conocimientos, cordura, sensatez, objetividad, disciplina, honradez y sentido común.

Solo así puede comportarse quien dirija o conduzca una orquesta, un Estado, cualquier corporación pública o emprendimiento privado, de modo que funcione y progrese produciendo buenos resultados.

Hasta el circo más humilde necesita de un buen director, que, con coherencia y conocimiento, organice los artistas, trapecistas, animales y payazos y dirija sus funciones.

Esta sociedad, empezando por quien hoy la conduce y siguiendo con todos los nuevos músicos y con los líderes políticos y gremiales, tiene el mismo problema mental de negación del adicto. Está borracha y desconoce con disculpas y engañándose a sí misma, la cruda realidad.

El comunismo y los populismos están tan revaluados, como los buenos efectos en el desarrollo de la libre personalidad del consumo de sustancias adictivas que alteran la mente y el comportamiento humano.

Lo anterior lo demuestran los enunciados, las contradicciones y las nuevas medidas en todos los matices de una administración Estatal, anunciadas todas sobre variaciones de 180 grados en el rumbo que traía la nación, sean en materia económica, de seguridad ambiental, energética, alimentaria, impositivas o sobre la inestabilidad y relatividad de la propiedad privada.

Algunas ya son una realidad, como el pago de los acuerdos con el hampa con que el gobierno del tal Pacto Histórico, sin reparo alguno, dio de baja a cincuenta oficiales militares de alto rango, para cauterizar cualquier posibilidad de intento de golpe de Estado.

Hay otras medidas que están en el aire pegadas de toda suerte de anuncios mediáticos de cambio, que va uno a ver, y no se pueden o no se deben implementar sin desconocer un gran efecto destructivo y desequilibrante.

Hoy más que nunca, hay tremendo desconcierto en la sociedad, que no encuentra como poder bailar al son de una banda que está borracha.

En tan solo tres semanas de gobierno, no cabe duda, se está consolidando el concubinato social con la impunidad como negación abierta de la importancia de la legalidad, y se afianza cada vez más tangible e inmanejable, el hecho de convertirnos en una autocracia y en un narcoestado.

Entendamos que este problema no es sencillo ni fácil de conjurar sin entrar en estados de crisis absoluta, pues por la traba mental permanente que nos domina no hay pleno uso de las facultades y se distorsiona el debido entendimiento de lo que debe ser y lo que no le conviene a la sociedad.

Al adicto no se le lleva a la recuperación o a que elija definitivamente la perdición y un camino más rápido a la autodestrucción, hasta que no pierde todos los medios económicos para poder seguir pagando el vicio, así sea robando o a costa de la miseria de los demás.

Sin una aceptación sincera y cultural del problema no hay modo de salir del gran remolino en que nos metimos. Triste decirlo, a la sociedad al igual que al adicto le pasa otro tanto. Si no media tratamiento y este no es riguroso y estricto en materia de legalidad, cada vez la negación y la intoxicación es mayor.

Al narcoestado le pasa lo mismo que al socialismo del siglo xxi. Y se manifiesta en la perdición de las instituciones a cuenta de su negación al reconocimiento de la presencia de las formas corruptas, ilegales e inconstitucionales que lo dominan. De ahí la necesidad actual de cambiar constantemente las constituciones.

Duele saber que será más difícil curar esta sociedad y sacarla de su negación y adicción a la corrupción, la ilegalidad, la droga y a la violencia, mientras el consumo de cocaína, de mariguana, de pastillas alucinógenas y de alcohol sigan aumentando; y mientras la impunidad siga amparada por el apego a la permisividad social, por la complacencia de las autoridades con el crimen organizado, y mientras los efectos positivos de la recuperación económica lograda por el país en el gobierno anterior sigan generando crecimiento.

Tristemente vendrá el guayabo después de la borrachera. Que una economía sea sostenible demanda un manejo ortodoxo de las finanzas, ahorro, austeridad y sacrificios. Continuidad, confianza y estabilidad en el tiempo; de lo contrario lo que empiezan a hacer los populistas, intervencionistas y la anti economía de libre mercado, es quitarle el cuido a las vacas que más dan y terminan arruinando la productividad del establo.

En Colombia hay una gran mayoría de gentes ingenuas, buenas y trabajadoras, pero hay también un puñado de incorregibles y perniciosos sinvergüenzas, dedicados a toda suerte de actividades delictivas, a quienes hoy quiere indultar el Estado sin que se sepa a cambio de qué, pues si algo está claro aquí, es que el negocio de la droga, el crimen organizado y el abuso de las arcas del Estado, no están a la venta, mucho menos ahora que tienen tantos representantes dentro de la oficialidad.

Lo que no se puede es llevar a nuestra juventud a un próspero futuro si no obramos correctamente en el presente. Es decir, sin enseñarles con ejemplo cuál es el deber ser y como obrar con sentido común en el liderazgo de la nación, sin fomentar su cultura y su comprensión de lectura, sin civismo, sin deporte, sin disciplina, sin exigirles sacrificios, respeto a las jerarquías y a los mayores, y ante todo, a que se valoren a sí mismos.

Colombia tiene belleza en el paisaje, pobreza en los suelos y riqueza en el subsuelo. Así es el espacio geográfico tropical y andino sobre el cual asentamos nuestra unidad como nación.

Debemos producir conservando el medio ambiente e invertir en conservarlo a partir del rendimiento económico de la producción de los minerales hasta que logremos transformarnos en una sociedad culta y del conocimiento. Pensar que eso no cuesta dinero, ni demanda la utilización responsable de nuestros recursos minero-energéticos, es una estúpida utopía, apenas propia de la ignorancia que deambula diariamente en las declaraciones a los medios de comunicación.

Aquí, el ambientalismo que se quiere imponer está politizado e ideologizado. Es el que se tapa los ojos ante la explotación minera ilegal y la deforestación para sembrar coca y producir cocaína, al que la pérdida de biodiversidad sin debida mitigación solo le sirve de bandera electorera. Aquí la moda es negar la objetividad del progreso de la ciencia y las tecnologías, para de forma facilista justificase negando toda actividad extractiva legal que requiera y se comprometa a la debida mitigación ambiental.

Para dar un ejemplo práctico de nuestra incoherencia y no entrar a analizar más anuncios del Congreso, de las cortes o el nuevo administrativo, miremos que Colombia tiene la corrupción más grande del mundo en las Corporaciones Ambientales Autónomas Regionales, y a la vez una inconmensurable ignorancia propia de la teorización ideológica y la falta de criterio práctico en los ministerios tramite y las agencias reguladoras del Estado.

Eso no es nuevo, y hay casos en los que por difícil que sea una situación es sujeto de empeorarse, mucho más a la luz de las posiciones expresadas por el nuevo Gobierno que sin duda van a afectar nuestras vidas en materia de seguridad: física, social, energética y alimentaria, ambiental, jurídica y política.

Repito, el problema más grave es que aquí, al igual que buena parte de los invitados a la fiesta del cambio, “lo que pasa es que la banda está borracha”.

viernes, 17 de septiembre de 2021

Entre ingenuo e iluso

José Leonardo Rincón, S. J.*

Hay que reconocerlo con toda honestidad: fui del grupo de personas que creyeron que después de la pandemia las cosas iban a ser distintas, que serían mejores. Afectados globalmente por el letal virus que acabó con cientos de miles de personas, sobrevivir, definitivamente, no era otra cosa que una segunda oportunidad que nos daba la vida para ser mejores seres humanos. ¡Me equivoqué!

Yo sí pensé que las generalizadas protestas en las principales ciudades del mundo y que manifestaban su real y total desencanto del sistema capitalista neoliberal iban a dejar pensando a magnates y poderosos sobre la necesidad de ser más justos y equitativos.

Yo sí creí que, por estos lares, después de un mes largo de marchas y paros ocasionados por una fallida reforma tributaria, promovida por el brillante economista que no sabe cuánto vale un huevo y que salió del gobierno dando un portazo, lo iban a dejar quietico y bien lejos, pero jamás imaginé que en completa afrenta pública lo iban a reencauchar nombrándolo en la junta del Emisor, rompiendo además la ley de cuotas femeninas en cargos públicos.

Después de tan tamaño desgaste político por dilatar decisiones que debieron tomarse con celeridad (retirar la reforma, afrontar abiertamente un diálogo nacional claro y directo) con el reciente escándalo en la contratación pública del Min TIC, soñé que no se repetiría la historia, pero me sorprendió la terquedad de querer tapar el sol con un dedo, como si aquí no pasara nada. Y como que no va a pasar nada, porque los que creyeron que tumbada la ministra lograron su objetivo, lo que lograron es que el robo quede impune y nuevas cortinas de humo nos distraigan, como generar indignación nacional porque a James no lo han llamado a la selección, por ejemplo.

Tuve la ilusión de que quienes iban al confesionario público de la Comisión de la Verdad habían hecho examen de conciencia y estaban arrepentidos, pero más de uno no solo se mostró indolente con el dolor infringido, sino que, además de no contarlo todo, aprovecharon la palestra pública para montar un show y darse su baño de popularidad, creyendo dar K.O. técnico con ganchos al hígado, pero quedando en evidencia tanto sus verdades incompletas como sus mezquindades personales.

Y en medio del nuevo papayazo generado por las monedas que dejaron ver el cobre de lo que no debe hacerse en materia de cultos personales, cuando el palo no está pa cucharas, el congresista del partido de gobierno con dos acciones de libertad de conciencia y espíritu, cuestionó duramente en su momento a la ministra de marras y ahora lo hace con la presidenta de la Cámara por querer sepultar el proyecto de ley que acorta el periodo de receso del legislativo y en vez de ser felicitado por mostrar los valores que decía ostentar su partido, resulta regañado por su jefe por faltarle al respeto a tan honorable señora, cuando a todas luces el irrespeto es con la mayoría del pueblo colombiano que está mamado de un Congreso ineficiente que le ha importado un comino luchar realmente contra la corrupción y se ha negado a auto reformarse.

Y para rematar, un niñito rico, borracho e irresponsable, mata seis personas jóvenes y sus protectores jurídicos corren a auxiliarlo y protegerlo, amenazando con dejar impune el asunto gracias a normas y leyes que las hay para cada ocasión. Entre ingenuo e iluso, espero que se haga justicia. Amanecerá y veremos.

viernes, 4 de junio de 2021

Reventados

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

He dicho que como país estamos atravesando la mayor crisis estructural de nuestra historia. Sabemos que afrontarla no es nada fácil y que salir de ella tomará tiempo. Igualmente, creemos que se necesitan líderes corajudos y decididos en la mesa de negociaciones para lograrlo y nos molesta no ver avances, no sé si por miopía o porque el paquidermo efectivamente no se mueve. El hecho es que llevamos 35 días de paro y todos los días sale gente de todas partes para marchar y protestar. No se cansan, inmunes al sol y a la lluvia. ¿Trabajan? No. ¿Estudian? No. Nunca han tenido nada, algunos lo habían perdido todo. Por eso no hay nada que perder. Si acaso la vida por el covid-19 pero era preferible salir a la calle y enfermarse que morir de hambre en casa. Son jóvenes, familias enteras, sin futuro.

El rector de la Javeriana escribió un twitt el pasado 21 de mayo que me gustó mucho: “No sigan dilatando el comienzo de las negociaciones añadiendo condiciones y temas. El país está reventado. Queremos trabajar, queremos estudiar, queremos movilizarnos libremente, llegar a tiempo a la casa y al trabajo”. ¡Hace 15 días y la cosa sigue igual!

Estábamos muy maltrechos por la pandemia y sus consecuencias, pero ahora sí que estamos reventados con esta tomadura de pelo. No sé a qué están jugando estos señores apoltronados en sus cómodas trincheras, sin mirar más allá de su afán de protagonismo y de ganar dividendos políticos para su botín electorero. Qué insensatez, qué falta de sentido común. Dicen las partes que aman la patria, pero les importa un bledo la economía paralizada, la infraestructura cada vez más vandalizada, que no destruida, la crisis sanitaria en aumento, la sangre de los muertos y heridos chorreando por doquier. Hace rato que el gobierno debió tomar riendas y el tal Comité de Paro descalificar la violencia y la anarquía. Cada día que pase será un año más que tendremos que tomarnos para recuperarnos. Estamos en la apoteosis de la patria boba, desgastados en luchas intestinas fratricidas y oteo revoloteando en el horizonte aves de rapiña listas a devorar lo que quede del muerto. Imperdonable.

Caída la reforma que propusiera el ministro de infeliz memoria, sabihondo de economía neoliberal pero que nunca ha comprado un huevo en una esquina, desde el ejecutivo se debieron amarrar los pantalones y coger el toro por los cuernos. Sentarse con los líderes de las ramas del poder público no para recibir florecillas perfumadas sino para afrontar la crisis y decir: Sí señores. Estamos mal. No podemos seguir evadiendo responsabilidades. Esto es grave. Vamos a conformar 10 mesas de trabajo con representantes de todos los sectores en cada una de ellas para mirar los temas neurálgicos que nos agobian. Vamos a hacer en cada una el listado de lo más urgente que hay que resolver. Vamos a hablar “a calzón quitao” para no decirnos mentiras, ni hacer promesas engañosas de cosas que no se pueden cumplir, para priorizar las acciones que realmente se deben tomar ya. Hacer un cronograma realista de fechas puntuales para trabajar en comisiones y presentar propuestas concretas de modo que se fueran viendo logros y primeros resultados. El país es lo primero y nuestros intereses mezquinos hay que dejarlos de lado. Aquí, o nos salvamos todos o nos hundimos todos. Pero no. Eso que llaman elegantemente falta de empatía, en realidad pareciera más bien soberbia, desdén y desprecio. Ribetearon fácilmente a todos por igual tildándolos de izquierdistas y siguen tercamente convencidos de que es un complot para destruir su institucionalidad venida a menos.

Sobre la crisis nacional en un principio todos estuvimos de acuerdo, pero ya estamos otra vez en desacuerdo por la forma de afrontarla. Estuvimos de acuerdo en el derecho legítimo a la protesta, pero no hemos estado de acuerdo en que había que denunciar y deslegitimar todo brote violento. Estuvimos de acuerdo con las marchas y las protestas, pero no con los bloqueos indefinidos que tienen reventados a todos los sectores de nuestra economía. Estuvimos de acuerdo en la necesidad de sentarse a dialogar, pero nos agobia el tedio de su lentitud y el ver la prepotencia de sus protagonistas que no ceden nada.

Insisto: cada día más que pase lo lamentaremos tardía e irreversiblemente, pero si es verdad aquello de que “piensa mal y acertarás”, es muy probable que quienes negocian no estén tan estresados porque tienen todo asegurado, cuentan con cómodos salarios y sus familias y propiedades ya están en el extranjero. Algunos de esos, que dizque defienden a su gremio, en vez de retornarles sus aportes descontados por derecha, gastan diariamente millones en publicidad radial, en avisos de periódico, en cazar peleas por cualquier cosa, pero no veo que propongan y construyan nada. Nefastos. El hecho es que estamos reventados: los niños en la casa sin poder vivir su vida normal de colegio, los que trabajan en casa y están hartos de reuniones virtuales, los tenderos y pequeños comerciantes que no pueden abrir sus almacenes, los empresarios promisorios que ven frustradas sus inversiones por el receso obligado, el personal de la salud sobre exigido por la crisis sanitaria, los que por culpa de los cierres se quedan sin empleo, los que pasan hambre y no tienen techo… ¿hasta cuándo?

martes, 25 de mayo de 2021

De cara al porvenir: cumplir la Constitución

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En medio de los acontecimientos bochornosos y continuados que se han vivido con respecto al Paro Nacional, que entre otras cosas se ha tomado más tiempo del esperado, me dio por rescatar el pliego de peticiones acordado con el Gobierno Nacional en noviembre de 2019, cuyo resumen comparto con ustedes:

1. Retirar el proyecto de reforma tributaria de trámite en el Congreso.

2. Derogar el decreto que creó el Holding Financiero, la empresa que aglutina 18 entidades financieras.

3. Derogar la circular de Mintrabajo sobre cuándo las empresas pueden terminar los contratos laborales de personas en condiciones de debilidad.

4. Disolver el Esmad y depurar la Policía Nacional.

5. Que el Gobierno no presente la reforma pensional.

6. Que el Gobierno tumbe 4 artículos del Plan Nacional de Desarrollo.

7. Que el Gobierno no privatice ni enajene bienes del Estado.

8. Que el Gobierno cumpla los acuerdos firmados por el Gobierno Santos y el actual con estudiantes, organizaciones indígenas, trabajadores estatales, Fecode y los sectores campesinos y agrarios.

9. Que el Gobierno tramite con Dignidad Agropecuaria “los temas relacionados con las necesidades de los productores agropecuarios, entre estos la revisión de los tratados de libre comercio y todo lo relacionado con la producción de este sector”.

10. Que el Gobierno aborde con “Defendamos la paz” el “Proceso de cumplimiento e implementación de los acuerdos de paz”.

11. Tramitar de inmediato en el Congreso los proyectos de ley que aterrizan la consulta anticorrupción.

12. Derogar el impuesto o “tarifazo nacional” para financiar Electricaribe”.

13. Definir las políticas ambientales y la protección de páramos con “los representantes de las organizaciones ambientales que se acuerden”.

Como puede observarse, la similitud entre los reclamos pasados y presentes es asombrosa, lo cual da fe del incumplimiento tradicional a que nos tienen acostumbrados los distintos gobiernos cuando se trata de hacer cumplir lo pactado y firmado, lo cual es vergonzoso.

Aparecen redentores de oficio que llaman al diálogo nacional, a las mesas de diálogo, a las comisiones técnicas, a los diálogos regionales, al gran pacto por Colombia y cualquier otra cantidad de nombres y nomenclaturas para tratar de soliviar la avalancha que se ha venido encima.

Que hay que sentarse a negociar y no está muy claro con quién y sobre qué, no se sabe quiénes representan a quiénes y si todos estamos representados, en teoría, por el gobierno de turno.

Se cede en dos o cuatro cosas, los bloqueos continúan y todo es una escaramuza para medir fuerzas y capacidad de aguante, mientras la mayoría de la población padece las consecuencias.

Los expresidentes hablan y algunos vociferan, se rescatan del olvido los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Acuerdos de Paz que, con garantes Internacionales y todo, no han adquirido la dinámica necesaria para su implementación, lo que hace que se pierda credibilidad de la eficacia real de estos acompañamientos, lo cual es una vergüenza internacional para Colombia. (El Gobierno no respeta los Acuerdos de Paz avalados por prestantes organismos internacionales y quiere que esos mismos organismos avalen sus conversaciones con los promotores del paro). ¡Que viva la teoría del embudo!

Si tuviéramos una verdadera cultura ciudadana, la solución simple está en cumplir estrictamente los mandatos de la Constitución Política de Colombia sin más vueltas ni regodeos. Y si el gobierno de turno no es capaz, pues que se haga a un lado y deje de estorbar.

Es claro que hay que dimensionar el tamaño y las fuentes de los recursos necesarios para poder garantizar el cumplimiento de los derechos fundamentales establecidos constitucionalmente, pero para eso se eligen los gobiernos. ¿O no?

Cuando determinemos el presupuesto nacional, comencemos por garantizar los recursos necesarios para la educación, la salud y la infraestructura como asuntos de primer nivel y distribuir el resto entre los otros aspectos necesarios. Qué le vamos a hacer. Eso nos pasa por ser un país mal administrado y corroído por la corrupción.

Mientras tanto, como los perritos locos, sigamos tratando de morder nuestra propia cola.

martes, 18 de mayo de 2021

De cara al porvenir: el futuro siempre llega

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal*

Era el final del año 2019 y en varios países suramericanos había manifestaciones y marchas contra el estado de cosas. Uno de los países que más padeció este sacudón fue Chile, y Colombia obviamente no fue la excepción.

Los promotores del paro y el Gobierno, como casi siempre ha ocurrido, se sentaron en una “mesa de diálogo” y se firmaron varios acuerdos. Pregunto por simple curiosidad si alguno de ustedes se acuerda de lo pactado. Como la respuesta generalizada es que no, pues tampoco serán conscientes que nada de lo acordado se ha evacuado de manera completa y que la mayoría de los puntos ni se han tocado.

Como casi siempre ha sucedido, aquí jugamos a que el tiempo disipe las tormentas y adormezca las memorias, máxime cuando de por medio se atravesó una pandemia que trastocó todo tipo de prioridades. Pero una cosa es el nuevo afán, y otra muy distinta es que a la gente se le hubiera olvidado que había marchado, protestado y firmado un acuerdo y que, a la hora de las evaluaciones, muy poco se había avanzado, como ha sucedido paralelamente con el Acuerdo de Paz.

Gobiernos que pasan de agache, que incumplen acuerdos y no respetan la palabra empeñada, son parte del paisaje tradicional colombiano, situación que evidencia la fragilidad de nuestro pretencioso Estado.

En el sector privado también existen ejecutivos expertos en no hacer nada, en no comprometerse con nada, en no tomar posición, en estar enfocados y asociados a todos los lugares comunes y a no resolver los problemas que le dan origen a haber sido vinculados.

Aparece un simple detonante como lo ha sido una extemporánea, fallida, rimbombantemente bautizada y mal llamada reforma tributaria, y las aguas vuelven a buscar el cauce dejado atrás temporalmente, agravado por la pobreza y la iniquidad crecientes, digamos que por causa de la pandemia.

Nada justifica los desmanes. Nada justifica los incumplimientos. Ahora bien, habría que reflexionar bajo la teoría de la construcción de escenarios, que hubiera pasado con la reforma tributaria si la gente no sale a protestar. Personalmente, considero que ya la habrían aprobado. Perdió el Congreso colombiano una oportunidad única de manifestar un interés real por los problemas del ciudadano del común, habiéndose manifestado con firmeza y al unísono en contra de la reforma y abriendo un abanico de posibilidades alternas, pero no lo hizo. Solo se manifestaron abiertamente en contra el Partido Liberal y Cambio Radical en cabeza de sus máximos dirigentes, el expresidente Gaviria y el doctor Vargas Lleras.

Corresponde a estos dos partidos políticos ser consecuentes y no apoyar ninguna propuesta alternativa de reforma tributaria en el corto plazo, pues ambos se expresaron en contra del momento en el cual se estaba presentando, el cual, es a todas luces inoportuno, y cuyo estado de cosas en el corto y el mediano plazo, no van a cambiar.

Otro gran interrogante, y otra gran frustración, en términos de desarrollo nacional, es la triste realidad que viven los tres importantes departamentos del Sur Occidente del país, ante la imposibilidad de movilizar comida y combustibles.

Es cíclico que cada que hay un fuerte invierno o hay protestas, las carreteras de esta región quedan bloqueadas, lo que afecta naturalmente el transporte de alimentos, pero, y he aquí el gran interrogante, ¿no se le ha ocurrido al Ministerio de Minas y Energía, o a Ecopetrol, o al organismo gubernamental que le competa, construir un oleoducto que permita garantizar el suministro de combustibles y de igual manera descongestionar las vías repletas de carrotanques ante acontecimientos históricos  ya previsibles?

Mis alumnos son testigos de una sentencia que les he compartido en clase a través de los años y que dice que, en Colombia, se aplica aquello de “Para que hacer las cosas fáciles, si las podemos hacer difíciles”.

Ahora bien y ante la ineptitud demostrada por algunos miembros de nuestra clase dirigente, recordemos a Ángel Marcel cuando dice, parodiando el refrán de que “Aunque la mona se vista de seda ¡Mona se queda!”: “Aunque la gente de pieles se vista, gente se queda”.

martes, 11 de mayo de 2021

De cara al porvenir: estulticia o soberbia

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

El pasado domingo 2 de mayo, en las horas de la noche, el presidente anunció la decisión ‒extemporánea, por cierto‒, de retirar el proyecto de la mal denominada Reforma Tributaria que había radicado en el Congreso y que había abortado antes de dicha diligencia.

Convoca a un gran diálogo nacional y en su primera intervención anuncia que va a hablar con todos, pero llama inicialmente a los partidos políticos más cercanos, a los gremios económicos, a quienes de alguna manera pueden darle la mano, dejando a un lado, de manera preliminar, a los miembros del Comité Nacional del Paro, que son los contradictores con quienes hay que dialogar.

Pero la equivocación o la omisión no es solo del Gobierno, sino, además, de los medios de comunicación que entrevistan en primera instancia solo a los integrantes de un sector del posible diálogo. No es sino mirar los noticieros más importantes de la televisión y escuchar quienes fueron los primeros entrevistados. Recordemos que para dialogar se necesitan dos.

En mi concepto, ahí hay un error garrafal de procedimiento en términos de la teoría de la negociación, o una actitud de soberbia y exclusión rampante, como ha sido característica de nuestra clase dirigente.

Como el tema de la Reforma Tributaria era el florero de Llorente para retomar lo que había quedado en suspenso antes de la pandemia, el lunes se convocó a una movilización de los transportadores y obviamente, el país quedó bloqueado con las consecuencias nefastas que todos conocemos. Y lamentablemente, las protestas van a continuar, a no ser que el covid-19 finalmente resulte ganador.

La imagen de miles de pollitos tirados en las calles por falta de comida y miles de litros de leche arrojados por las alcantarillas es más que lamentable, triste y desesperanzador.

En la noche del lunes, entrevistan a varios dirigentes gremiales y todos al unísono le piden ayuda al gobierno, como ha sido históricamente, con las excepciones apenas normales de cualquier actividad humana. En vez de actuar como plañideras de oficio, por ejemplo, el gremio de los avicultores debería presentar un plan para llevar cuidos y concentrados a través de helicópteros privados, oficiales o militares a los galpones donde se requiera, en vez de presentarse como víctimas. ¿Será ilógico e improcedente? No lo creo.

Ahora bien, si el diálogo propuesto es para salir de la coyuntura actual y no para alcanzar un gran consenso para enfrentar las grandes reformas que el país está en mora de emprender, pues solo tendremos, como siempre, un circo mediático que apagará las llamas unos días hasta que vuelva a encenderse ante cualquier chispa que aparezca. Como mínimo hay que tratar, por fin, de sacar adelante una reforma al sistema tributario de manera estructural y no llamar al diálogo para recoger 10 o 20 billones de pesos que se requieren, pero solo sirven para aliviar un problema de caja temporal.

Reitero mi desacuerdo con la idea de vender activos productivos como Ecopetrol e ISA. Eso no lo hace un gobierno serio, sino un gobierno facilista, poco creativo y mal defensor de los altos intereses nacionales. Ante las emergencias, uno no debe enloquecerse y vender el fogón y la nevera.

Ahí está el tema de la corrupción: enfrentémoslo de manera contundente entre todos y ahí están los recursos que necesitamos.

Hagamos que RITA (La Red Interinstitucional de Transparencia y Anticorrupción), acompañada de la SAE (Sociedad de Activos Especiales), que se encarga de la administración de los bienes incautados, sean consideradas como las entidades más importantes del Estado ante la coyuntura que enfrentamos, y cuyas cabezas deberían ser las personas de más altas calidades humanas y profesionales a las cuales todos les pudiéramos reconocer agradecimiento y admiración por su eficiencia, compromiso y pulcritud, si es que las tenemos. Paralelamente hay que refundar nuestros mal llamados órganos de control, a quienes la corrupción los desbordó y se les salió de las manos hace rato, así como emprender la tan cacareada, anunciada y esperada reforma a la justicia.

NOTA: No hay que devanarse los sesos, ni inventar la rueda para pensar en las estrategias que se deben emprender para alcanzar la pretendida reactivación económica. Hay que leer y entender a Keynes y a Adenauer, quienes fueron los encargados, los artífices de sacar al mundo de la Gran Depresión de los años 30 y la reconstrucción alemana post Segunda Guerra Mundial. Sí hay mejores ejemplos con resultados concretos y contundentes, por favor me los comparten.

viernes, 7 de mayo de 2021

Al meollo del asunto

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

No recuerdo haber vivido un paro nacional tan prolongado, tan firme, con tantas manifestaciones por todas partes, con tantos comunicados, marchas, expresiones de todo orden en redes sociales y comunicaciones. Ni la amenaza de contagios masivos en plena pandemia, ni los fuertes aguaceros que cayeron adrede como para disuadir y espantar, han podido detener esta fuerza popular incontenible. La copa se ha rebosado y no sé si quienes están al frente del país sean conscientes de ello. Si nadie aguantaba un día más de confinamientos con sus obligados cierres que han dejado a miles desempleados, pasando hambre y en la calle, menos se iba a aguantar la afrenta de una reforma tributaria inmisericorde, descabellada y absurda. Se equivocaron de coyuntura y de destinatarios de la misma. Fueron tercos y no quisieron ni ver ni escuchar. Ahora estamos con un país caótico y en la peor crisis estructural de su historia. Y no es una frase de cajón, ni haber caído en las garras demoníacas de la izquierda comunista regional denominada castro-chavismo-madurismo con la que siempre nos asustaron, pues finalmente caímos en las garras del otro régimen, tan nefasto como aquel, porque régimen es régimen sea de izquierda o de derecha y siempre usan el poder para su provecho y en cualquier caso el pueblo siempre es el que pierde.

Este enorme reto que estamos afrontando todos, le resulta más incisivo a quienes tienen la responsabilidad de dirigirnos. Lamentablemente no veo líderes de talla, grandes en dignidad, creíbles y con autoridad moral como para convocar con fuerza y jalonar un diálogo nacional de fondo y con todos los actores. Toda la clase política está desprestigiada. Yo por lo menos estoy harto de discursos oportunistas unos, mediocres otros, polarizantes muchos, sinvergüenzas todos. Creo que todos queremos algo nuevo, algo distinto. Basta ya de los mismos con las mismas, mentirosos compulsos, farsantes engañosos que prometen descaradamente lo que saben que nunca cumplirán.

Durante décadas enteras hemos sembrado vientos, ahora estamos cosechando tempestades. Destruimos la familia, célula madre de la sociedad, cuna de la auténtica formación en valores, lo que generó que el tejido social resultara enfermo. ¿De qué nos extrañamos sobre lo que está pasando? La calidad de la escuela no ha podido caer más bajo. Se desecharon las humanidades por subversivas (la religión que nos hablaba de trascendencia, la ética que nos enseñaba valores, la cívica y la urbanidad que nos decían cómo comportarnos como ciudadanos para cuidar lo público y para saber cómo actuar con los otros; la oratoria, redacción y la ortografía para saber cómo hablarle a los otros, escribir bien y hacerlo correctamente; la geografía que nos ubicaba y contextualizaba; la historia que nos enseñaba las lecciones del pasado; la filosofía que nos ponía a pensar críticamente y a no tragar entero) y se hizo apología de lo científico-tecnico y tecnológico como si fuera la panacea. Las instituciones perdieron su norte al corromperse. La justicia se arrodilló ante el delito organizado dando vía libre al crimen y la impunidad rampantes. El dinero fácil permeó por doquier como la mejor opción para ahorrarse trabajo, esfuerzo y sacrificio. El listado de desgracias sería interminable, pero lo sabemos y lo conocemos.

Esta coyuntura puede resultar una feliz bendición si se aprovecha para ir al meollo del asunto. Vivimos en uno de los países más inequitativos del mundo donde la miseria crece ante la mirada indiferente de una élite minoritaria. Y criticar al capitalismo neoliberal no es defender el comunismo, ni el fascismo. Hay que desaparecer la pobreza absoluta y catapultar la clase media, para vivir sin ostentaciones y donde nadie pase hambre. La justicia tiene que reformarse de fondo y recuperar la impolutez que tuvo. Al Congreso, legítimo espacio de la representación del pueblo, hay que reducirlo en número y mañas, y expulsar de su recinto a los que se lucran sin hacer nada. Hay que reducir el despilfarro y el gasto público saturado de burocracia. Urge generar empleo. El campo y la agricultura deben ser estimulados. La investigación y la ciencia requieren ser apoyados. El deporte y la recreación que propicien salud corporal y mental. Hay que hacer una reforma educativa con un currículo que forme personas íntegras e integrales para la vida y la convivencia humana. La salud debe ser digna y para todos. Los comunicadores deben ser imparciales y veraces. Las instituciones necesitan volver a ser creíbles. La vida humana es sagrada y los derechos humanos no son ideología amenazante si se acompañan de los deberes humanos, elemental fundamento de una sociedad justa. La diversidad y la pluralidad son nuestra mayor riqueza.

Así las cosas, tenemos que ir al meollo de lo esencial y no distraernos en banalidades superfluas. Todo esto, tan terrible y duro, que hemos vivido y estamos viviendo, no es para buscar candidatos para las elecciones de 2022 sino para trabajar por la alborada de un nuevo amanecer para nuestra patria. Y para que no queden dudas y vacíos, categóricamente desde esta tribuna de libre pensamiento y expresión, rechazo todo acto vandálico y violento, todo daño a los bienes públicos precisamente por ser nuestros, todo atentado a la vida humana tanto de quien marcha pacíficamente como de quien cuida y defiende al pueblo. Todo desadaptado debe ser sancionado y reeducado, obligado a resarcir los daños ocasionados y trabajar en su reconstrucción. Los delincuentes del estrato social que sean deben pagar sus fechorías y sus crímenes. No más impunidad, no más indiferencia. El problema es que no veo liderazgo, otra ausencia lamentable.

viernes, 30 de abril de 2021

País complejo el nuestro

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Desde que me conozco decimos, entre otras expresiones: estamos muy mal, vivimos los momentos más difíciles de nuestra historia, el país atraviesa una profunda crisis, hemos tocado fondo. Mejor dicho, estamos en la olla, estamos llevados, esto no lo arregla nadie, en fin… Esa realidad puede ser cierta, pero también es cierto que se volvió paisaje, es decir, nos acostumbramos a convivir con ella, nos parece natural o normal y en ese sentido somos unos conformes y resignados masoquistas sin arreglo.

Bien mal que estamos ya por los letales efectos de la pandemia, como fenómeno global de salud pública, que ha desencadenado una recesión económica sin precedentes pues ha afectado a más de medio mundo y, en vez de buscar solidariamente y en conjunto salidas a tan difícil situación, vamos en contravía equivocándonos reiteradamente, actuando como irracionales, como si realmente le apostáramos a un suicidio colectivo.

Colombia, per-se, es un país muy rico, con recursos suficientes como para competir con otros rankeados como los más ricos del mundo. Alguno decía hace tiempo que somos tan ricos, pero tan ricos, que al país se lo roban diaria y descaradamente y ahí sigue. Nuestro problema siempre ha sido de inequidad y de injusticia, caldo de cultivo para el descontento, la protesta, la inseguridad, el vandalismo, la violencia armada y la guerra civil no declarada. Por décadas hemos sembrado vientos y ahora estamos cosechando tempestades. ¿Por qué nos sorprendemos?

También, con el correr de los años, se ha desarrollado exponencialmente un virus con múltiple variedad de cepas, que ha sido peor que la más grave de todas las enfermedades: la corrupción. Un mal que ha perneado por doquier, que anda rampante y victorioso porque, cuando quisieron vacunarlo, medio país no quiso o no le importó. Y la clase politiquera y rastrera no quiso tramitar la ley anticorrupción en el Congreso, porque era ponerse el cuchillo en el pescuezo y eso nunca puede ser posible para la rapiña y voracidad insaciables que les asiste. Esa misma calaña que prefiere el negocio lucrativo de la guerra a una paz vuelta jirones. ¿Ustedes no creen que eso es un insulto y una afrenta para el pueblo?

Se plantea una necesaria reforma tributaria, pero se plantea mal. Eso ha enardecido a toda la sociedad y ha dado pie para que los agitadores y oportunistas aprovechen la ocasión y hagan su agosto. Qué cuentos de cuidarse. Salieron a contagiarse masivamente para cargarse de toda clase de males e infectar a los suyos. Y otros salieron a robar, saquear y destruir, para acabar con lo poco bueno que todavía tenemos. Insensatos y estúpidos que solo invitan a la provocación y la represión para después quejarse de que les violan los derechos.

Se trata de gente sin educación y que no piensa, producto de la decisión política de apostarle más a la guerra que a la educación y me refiero al Estado y también a un magisterio que se la pasa en marchas y protestas en vez de estar dando clase, educando, formando la conciencia crítica de las nuevas generaciones que van a dirigir este país. País complejo el nuestro, ¿no les parece?

miércoles, 28 de abril de 2021

Alternativa: prepago deuda y recorte radical

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Nadie puede negar que el gobierno hoy necesita dinero en enormes cantidades para seguir funcionando y evitar un colapso social, pero el camino escogido, el de una reforma desesperada y desesperante, constituye un recurso extremo que destruye la clase media, esteriliza la economía y pavimenta la llegada de Petro.

El ministro de Hacienda nos informa que tiene caja para cinco o seis semanas. ¿Cree que con esa insólita amenaza, el Congreso, despavorido, va a votar su proyecto? Si su Ministerio tiene centenares de funcionarios de altísima competencia, ¿cómo es posible que el titular no haya, con antelación de un año o siquiera de ocho meses, previsto lo que se venía como efecto de la pandemia?

Un ministro zahorí —aun sin los cartones del actual— podría haber adelantado oportunas negociaciones para reducir, reprogramar, refinanciar y modular la deuda externa, con el propósito de precaver el amenazante default al que estamos abocados.

No obstante, los gastos imprevistos pero necesarios debidos a la pandemia, el gobierno no recortó el enorme despilfarro estructural que caracteriza el gasto público a partir de 2008.

A diciembre 31 de 2020, la deuda pública externa llegó a US $89.699 millones, cifra superior en US $15.864 millones, registrada doce meses antes.

Por su lado, a 31 de diciembre de 2020 la deuda pública interna alcanza 390 billones de pesos.

La amortización de ambas deudas está presupuestada para 2021 en 70.5 billones de pesos.

El servicio de la deuda externa pública es del orden de US $6.000 millones (unos 22 billones de pesos), y el de la deuda interna pública es de unos $49 billones.

Si el hueco negro de la Tesorería es de unos $90 billones en el presente año, hay que actuar rápida y eficazmente. Por tanto, nadie entiende que se pueda subsanar con los $25 billones de una reforma que no le van a aprobar al gobierno.

Hay necesidad entonces de tomar medidas extremas, pero sin hacer explotar el modelo económico y social. Posiblemente ha llegado el momento de “quemar” reservas internacionales. Estas alcanzan la suma de US $52.995 millones. Si el país prepaga unos US $40.000 millones, podría reducir algo así como US $3.000 millones el servicio de su deuda externa, aliviando en cerca de diez billones de pesos la Tesorería.

Pero como este alivio no sería suficiente, el país tiene que enfrentar la realidad y tomar determinaciones como:

1.    Dejar de contraer nuevo endeudamiento diferente al requerido para mantener estable el monto y el perfil de la deuda externa pública.

2.    Rebajar los gastos del Estado siquiera en un 20-25%.

3.    Detener el explosivo crecimiento de la deuda pública interna.

Todo lo anterior es difícil. Requiere voluntad política. El imprescindible ahorro puede comenzar por los diez billones anuales que cuesta complacer a las FARC con gastos absolutamente innecesarios.

Si seguimos gastando, gastando y gastando, todavía podremos aplazar el default, cada vez más oneroso, por algún tiempo, hasta que lleguemos a una situación como la de Grecia o Argentina, con imposición de ajustes más brutales aun que los propuestos por el actual gobierno.

También es posible que el país no requiera financiación después de agosto 2022, cuando Petro cambie el modelo, repudie la deuda pública externa e interna, y nos permita disfrutar de las alegrías de la emisión incontrolada del socialismo del siglo xxi.

Estamos expuestos al peor de los aterrizajes, pero, sin embargo, hay muchos optimistas que piensan que la pandemia mundial también es económica y que, por tanto, estamos en vísperas de un nuevo y benévolo orden financiero y monetario global, para dejar atrás tanto dolor y ruinas…

Esta visión económica idílica es propia de la política - ficción en que vivimos, donde, como esto no es Venezuela… ¡aquí no pasará finalmente nada!