Mostrando las entradas con la etiqueta FARC. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta FARC. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de mayo de 2026

Más malas que los peores nazis

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

En la interminable historia de las atrocidades disputan el primer lugar el nazismo y el comunismo. Este último presenta diferentes y aterradoras modalidades: leninismo, estalinismo, maoísmo, tan bien conocidas como equiparables; y otros movimientos aún más radicales y sangrientos —si es posible—, como los de Corea del Norte y los khmeres rojos, cuyos genocidios no han tenido el alcance global de los primeros.

Escoger el peor comunismo no es fácil, porque todos han sido atroces y conducen a los países, inexorablemente, a la opresión, la miseria y el hambre, pero como lo único que saben hacer bien es propaganda política y adoctrinamiento académico, en la percepción corriente los máximos crímenes de la historia se atribuyen únicamente a los nazis, día y noche, y año tras año, mientras de los cien y más millones de muertos del comunismo poco o nada se habla en las universidades, y nunca en los millares de libros de “historia”, que vomitan los diferentes mecanismos de “memoria histórica”, “comisiones de la verdad”, la JEP y similares, y los museos sobre la violencia, que los gobiernos marxistas dotan espléndidamente, no solo en Colombia…

Resumiendo: no podemos aceptar la narrativa de que los nazis son lo peor de la historia universal, porque los comunistas han sido iguales o peores…

Pasemos ahora a Colombia, donde se entregó el poder, desde 2016, a las guerrillas comunistas más fanáticas, sanguinarias, destructoras y rapaces.

No vale la pena escoger cuál es la más perversa: FARC y ELN, a la hora de la verdad son lo mismo, ejércitos de obediencia cubana, marxistaleninistas, terroristas al servicio, tanto del ideal revolucionario como del narcotráfico.

Lo que nadie ha considerado es que las guerrillas colombianas superan en maldad y perversidad los peores instrumentos nazis del terror, porque las Schutzstaffel, las horribles SS, nunca reclutaron niños y jamás han sido acusadas de organizar masivamente el aborto de niñas violadas. Eran máquinas de muerte tan disciplinadas y fanáticas como las FARC y el ELN, que las superan ampliamente y, por tanto, pueden reclamar para Colombia el campeonato mundial del terror.

Cuando después de diez años de comedia los comanditarios de la JEP reconocen impávidos 18.000 niños reclutados, corrompidos y abusados, ¿cómo es que un país indolente los tolera y a su principal orientador se lo recibe como a un candidato presidencial normal?

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Conversatorio con Luis Herlindo Mendieta

 


En el conversatorio de la semana hablamos con el brigadier general de la policía, Luis Herlindo Mendieta, víctima de secuestro, quien hoy goza de su merecido retiro. Aquí nos narra su historia la primera parte de su historia. No dejes de verla.

Luis Herlindo Mendieta Ovalle es uno de los símbolos más recordados del secuestro en el país. Su nombre quedó marcado en la historia durante la toma guerrillera de Mitú, en noviembre de 1998, cuando las FARC lo capturaron junto a decenas de uniformados tras un ataque masivo en el que resistió al mando de sus hombres. Mendieta permaneció en cautiverio por más de 11 años, en condiciones extremas de selva, enfermedad y aislamiento, hasta que fue liberado en junio de 2010 gracias a la Operación Camaleón. Durante su encierro, escribió extensas cartas a su familia y fue ascendido al grado de Brigadier General, convirtiéndose en el oficial de mayor rango que las FARC tuvieron en su poder. Desde su liberación, ha mantenido una voz activa en la defensa de las víctimas del conflicto y en la crítica a decisiones judiciales que, según él, no reconocen de manera suficiente la gravedad de los crímenes cometidos. Hoy, Mendieta es referente de resistencia, memoria y reclamo de justicia en Colombia.

lunes, 28 de julio de 2025

¿Cómo desmantelar la fuerza pública en 10 pasos?

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

La primera evidencia de que el verdadero propósito del régimen petrista ha sido perpetuarse en el poder en lugar de buscar el bienestar de la población y la prosperidad del país es, sin lugar a duda, el despiadado desmantelamiento de las fuerzas militares y de policía.

Nunca en la historia republicana se había presentado una demolición de las estructuras encargadas del mantenimiento del orden y de la seguridad de la población como la que hemos presenciado en los últimos 3 años.

Diez perversos pasos han bastado al régimen para cumplir su execrable cometido:

Primero. Retiro de oficiales de alta graduación. Según un análisis de El Tiempo, en el primer mes del Gobierno salieron cerca de 40 generales entre ejército y policía, y en total se removieron más de 70 generales y coroneles de la fuerza pública. En 2025 la cifra de la policía se mantiene en 18 generales, menos de la mitad de los vinculados a la llegada de Petro que eran 37. Se ha arrojado por una alcantarilla todo el esfuerzo estatal para preparar sus oficiales de alta graduación, así como la invaluable experiencia de estos al frente de la tropa durante varias décadas.

Segundo. Reducción de recursos económicos. En 2024 se registraron recortes presupuestales del 47 % para el ejército, del 30 % para la fuerza aeroespacial y del 25 % para la armada. En 2025, 921 000 millones quedaron afectados por restricciones fiscales, afectando inversión, mantenimiento y compras esenciales. 279 000 millones para defensa y policía fueron congelados en 2025, paralizando operaciones en Catatumbo y Chocó. La mayor parte del presupuesto se dedica a gastos de personal, quedando muy poco para mantenimiento e inversiones. Estas se redujeron al 1 % en la policía. Se ha debilitado el mantenimiento de la flota aérea: helicópteros en tierra, reducción de horas de vuelo y uso de municiones y partes vencidas.

Tercero. Disminución del pie de fuerza. Según la Procuraduría, la plantilla del ejército pasó de 239 618 soldados en 2021 a 167 992 en lo corrido de 2025, lo que implica una pérdida de 71 626 efectivos, que equivale a un recorte del 29,8 %. Como vivimos en el régimen de la mentira, salió el ministro de la Defensa, Iván Velásquez, a aseverar que la reducción fue sólo de 16 000 efectivos, debida a “retiros normales”. Como es natural, las demandas de alcaldes y gobernadores para una mayor presencia de la fuerza pública cada vez son más difíciles de atender.

Cuarto. Supresión de bases y operaciones estratégicas. En noviembre de 2024, se eliminaron las fuerzas de tarea conjunta, unidades integradas del ejército, armada y fuerza aérea creadas para operar de manera coordinada contra grupos como el ELN y las disidencias de las FARC. Se redujo significativamente la capacidad operativa interinstitucional, afectando la respuesta ante amenazas como las del Catatumbo.

En abril de 2025, Petro ordenó suspender operaciones militares ofensivas por parte del ejército y la policía contra disidencias de las FARC en la zona del Catatumbo por un mes, del 18 abril al 18 mayo, con el fin de priorizar un proceso de paz. Esta pausa incluyó la suspensión temporal de despliegues móviles y ofensivos planeados en zonas estratégicas afectadas por el narcotráfico.

A comienzos del Gobierno se implementaron nuevos protocolos restrictivos para bombardeos, arma fundamental utilizada contra escondites y laboratorios de la guerrilla; aunque no se eliminaron, su uso fue severamente limitado. Esto supuso un freno táctico a las unidades móviles que tradicionalmente participaban en estas operaciones, como brigadas o batallones de despliegue aéreo.

5. Deterioro de la inteligencia militar y policiva. Más de 200 oficiales especializados en inteligencia (Cede2, Caimi, Baimi, Dipol, DNI) se han retirado o han sido desplazados entre 2022 – 2024, reduciendo significativamente la experiencia del personal operativo. La Dirección Nacional de Inteligencia rotó tres directores en dos años, nombrando a líderes sin experiencia operativa (excombatientes del M-19), lo que ha mermado la credibilidad internacional y la cooperación con aliados. Unidades de inteligencia técnica y contrainteligencia, como batallones Baimi, pasaron de tener hasta 200 especialistas a solo 50, lo que supone una reducción del 75 % que acarrea una desarticulación operativa significativa. La salida de personal con experiencia ha desplazado especialistas a funciones rutinarias, dejando la inteligencia “en pañales”.

Muchos equipos técnicos cruciales (poligrafía, sensores infrarrojos, Star Safire HD-380) no cuentan con personal entrenado ni mantenimiento, lo que reduce drásticamente el poder de vigilancia y persecución.

Operativos de contrainteligencia y “objetivos de alto valor” fueron restringidos, afectando la captura de narcotraficantes y cabecillas. Cumple el Gobierno a cabalidad su compromiso con narcotraficantes y capos criminales facilitando su actividad delincuencial en compensación a su apoyo electoral y financiero. Fuentes militares reportaron a Semana que hoy la inteligencia “prende los equipos, se escucha uno que otro bandido” sin análisis profundo ni liderazgo operativo.

Recortes presupuestales. En ejército y policía, los fondos para inteligencia han sido recortados. La Dirección de Inteligencia Policial sufrió reducciones de hasta el 44 % entre 2022 y 2025; recompensas a informantes cayeron de 5000 millones a apenas 106 millones. El ejército contaba, en abril de 2025, con 0 % para iniciativas de ciberseguridad e infraestructura de inteligencia. El Ministerio de Defensa congeló 279 000 millones, lo cual limitó operativos fundamentales de inteligencia en el Catatumbo y otras regiones. La limitada inteligencia técnica y la reducida red de informantes han debilitado la capacidad de anticipación de acciones contra grupos armados, narcotráfico y terrorismo. El resultado lo evidencian las diarias informaciones de prensa que recibe con angustia la población. Expertos advierten que este debilitamiento ha permitido a grupos como el ELN, Clan del Golfo y disidencias ampliar su influencia territorial sin ser detectados a tiempo.

6. Ruptura diplomática con Israel. El 1 de mayo de 2024, Colombia formalizó la ruptura diplomática con Israel, retirando emisario y cerrando embajada. Petro ha calificado a Israel de "Estado genocida" y nombrado embajador ante Palestina. Estas decisiones incluyeron la prohibición de exportación de armas y boicot a la industria militar israelí. Israel suspendió las exportaciones de equipos de seguridad, afectando la provisión de piezas y soporte para los aviones Kfir. Como resultado, varias aeronaves se encuentran en tierra, poniendo en riesgo la defensa del espacio aéreo nacional. Aunque existían contratos para mantenimiento hasta 2024 – 2026, su cumplimiento es incierto por falta de apoyo diplomático y operativo. El exministro Velásquez mencionó que, aunque se cumplirían algunos contratos vigentes, se busca diversificar proveedores (Suecia, EE. UU., Francia). Sin embargo, la renovación de la flota Kfir requiere soporte israelí exclusivo, lo que complica cualquier transición rápida. Las defensas aéreas están debilitadas, por la falta de mantenimiento en los Kfir.

Piezas críticas como casco con sistemas de comunicación, radares, sistemas de guerra electrónica, misiles Spike, entre otros, provenían de Israel. La ruptura compromete el mantenimiento y la actualización de esos sistemas, así como la producción local de armas bajo licencia israelí (fusil Galil / Indumil).

La cooperación en inteligencia, ciberseguridad y vigilancia fronteriza era esencialmente facilitada por tecnología israelí. Esa relación incluía equipos de interceptación, análisis y formación de personal en técnicas avanzadas. La vulnerabilidad en fronteras se intensifica ante la ausencia de radares y vigilancia aérea efectiva. Se pierde acceso a sistemas de datos, inteligencia y ciberdefensa que aportaban ventaja operacional.

El impacto indirecto también puede influir en la cooperación de EE. UU. y otros aliados, ante la percepción de aislamiento diplomático. Es la consecuencia de una loca política internacional de corte anarco-comunista.

7. Acuerdos de cese al fuego y de paz total. En agosto de 2023, el Gobierno y el ELN firmaron un acuerdo bilateral de cese al fuego, inicialmente por seis meses, extendido hasta agosto de 2024. Aunque cedieron en secuestros y combates iniciales, durante la tregua el ELN recrudeció reclutamientos y expandió su control territorial. En agosto de 2024, tras un violento ataque en el Catatumbo y un atentado contra una base militar en Arauca, que dejó soldados muertos y heridos, Petro suspendió el cese alegando que “el ELN no tenía voluntad de paz”. La suspensión derivó en desplazamientos masivos (más de 50 000 personas) y alto número de víctimas civiles. El resultado era previsible, dadas las pésimas experiencias que dejó el espurio acuerdo de La Habana, y el anotado deterioro de la inteligencia militar.

Con disidencias de las FARC (Estado Mayor Central y Calarcá) también se firmó acuerdo de cese al fuego en octubre de 2023, que en julio de 2024 el Gobierno lo dio por terminado contra estructuras dirigidas por “Mordisco”, conservando la tregua solo con “Calarcá”. El cese al fuego pactado con este expiró el 15 de abril de 2025, tras lo cual se reactivaron órdenes de captura y operaciones militares. La suspensión de estas treguas desencadenó nuevos operativos militares, fortaleciendo ofensivas en la Amazonía y Cauca. Sin embargo, también escaló el riesgo de respuesta violenta de las FARC disidentes.

Se iniciaron negociaciones en Buenaventura con los grupos ‘Shottas’ y ‘Espartanos’, con treguas urbanas que tuvieron resultados de alcance limitado. A los pocos meses, surgieron efectos negativos: el ELN y las disidencias reforzaron su presencia territorial, desplazaron a rivales y utilizaron la tregua para reconfigurar estructuras criminales.

La estrategia de “Paz total” incluyó varios acuerdos de cese al fuego: con el ELN (2023 – 2024), con disidencias de las FARC (EMC y Calarcá), e incluso con bandas urbanas. Los incumplimientos y las rupturas derivaron en recrudecimiento de la violencia, desplazamientos y ataques a fuerzas estatales; utilización de la tregua por la guerrilla para desplazar a sus rivales y reconfigurar sus estructuras, y pérdida de la iniciativa operativa por parte del Estado en territorios donde prevaleció la insurgencia.

8.- Restricciones a la fuerza pública

a) Regulación del uso de la fuerza en protestas. Expidió Petro un decreto que prohíbe el uso de fuerza letal para proteger bienes materiales y establece que la fuerza solo debe utilizarse como último recurso, priorizando medios preventivos y disuasorios, como el diálogo y la proporcionalidad en la intervención. Esta medida ha permitido el incremento de agresiones a la fuerza pública y a la población civil, así como daños a la infraestructura urbana y a los sistemas de transporte, como se observa en cada marcha de protesta organizada por los aliados del régimen.

b) Prohibición del uso de animales. En agosto de 2023, se sancionó una ley que prohíbe a la fuerza pública utilizar animales, como caballos y perros, para disuadir manifestaciones, motines y asonadas. Estos animales solo podrán desempeñar funciones de vigilancia, rescate, búsqueda y detección de explosivos, entre otras actividades no relacionadas con el control de protestas.

c) Proyecto de ley sobre garantías para la protesta social. El partido de gobierno, Pacto Histórico, presentó un proyecto de ley estatutaria que busca garantizar el derecho fundamental a la protesta social. Este proyecto limita la intervención de la fuerza pública en las manifestaciones, estableciendo que solo podrá intervenir desde un puesto de mando unificado y previa advertencia a los manifestantes. Además, se promueve el uso de la fuerza como último recurso y se restringe el uso de armas letales.

d) Impunidad para los ataques a la fuerza pública. Se ha aceptado oficialmente que la tropa militar o de policía puede ser agredida y hasta secuestrada por grupos civiles que cuentan con la protección del Estado. Así ocurrió en El Plateado, San Vicente del Caguán, Cauca, en marzo de 2023. Cuando cumplían labores de vigilancia fueron secuestrados 78 agentes de policía por una denominada “guardia campesina”. Se defendieron del ataque de más de 5000 hombres que pretendían secuestrarlos para vendérselos a la guerrilla. Cuando se les agotaron las municiones pidieron apoyo del ejército que se encontraba en la misma zona, pero el ministro del Interior, Alfonso Prada, calificó el hecho como un “cerco humanitario”. El presidente Petro, como jefe de las fuerzas militares, prohibió que se les prestara ayuda. Como resultado de ello, el superintendente Ricardo Arley Montoya fue vilmente degollado ante la impotencia de sus compañeros desarmados y sin refuerzos. En cualquier país del mundo, esta actitud sería suficiente para derrocar al Gobierno y proteger a sus fuerzas armadas.

9. Designación de un enemigo de las fuerzas militares como ministro de Defensa.

Iván Velásquez fue nombrado ministro de Defensa en julio de 2022 por el presidente Gustavo Petro y permaneció en el cargo hasta presentar su renuncia irrevocable en febrero de 2025. Antes de llegar al ministerio, Velásquez fue señalado abiertamente como crítico de la policía y el ejército, mencionando públicamente casos de “impunidad”, actuaciones indebidas y masacres atribuidas a policías. El partido Centro Democrático lo calificó como una “amenaza a las fuerzas armadas”, citando un trino suyo de 2020:

“Todavía fresca la sangre derramada por las acciones criminales de la policía nacional…” El exgobernador Juan Guillermo Zuluaga afirmó que actuó como “agente liquidador de las fuerzas militares y de policía” y criticó que se removieron más de 60 generales durante su gestión. La oposición promovió múltiples mociones de censura y debates por parte de congresistas, señalando que Velásquez no avanzó en detener secuestros, ni redujo la expansión de grupos ilegales como ELN y disidencias de las FARC. Durante su mandato, el ELN pasó de operar en 183 a 231 municipios, y las disidencias crecieron de unos 5 200 a más de 7 000 integrantes; cifras respaldadas por Indepaz y la Fundación Paz y Reconciliación. Se le criticó por reorientar recursos, disminuir presupuesto, y debilitar capacidades logísticas de la fuerza pública, afectando su operatividad en zonas como Catatumbo, Cauca, Chocó y Arauca.

10. Persecución a la fuerza pública en la JEP. La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), establecida en 2017 como parte del espurio Acuerdo de Paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, tiene como objetivo investigar y juzgar los más graves crímenes cometidos durante el conflicto armado, y satisfacer los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación.

Su objetivo principal no se ha cumplido. En más de 7 años de funcionamiento no ha producido una sola sentencia condenatoria. Es como decir que los criminales más crueles de nuestra historia, los cabecillas de las FARC, no hubiesen cometido ni un solo delito. Quedan en la más absoluta impunidad las masacres, genocidios, asaltos a poblaciones, reclutamiento y violación de menores, destrucción de la infraestructura energética, desplazamiento de la población, miles de casos de secuestro y extorsión, explotación de la minería ilegal, etcétera. En cambio, sí han investigado con acuciosidad las denuncias contra militares por los llamados “falsos positivos” y acusado a numerosos oficiales y suboficiales, algunos de los cuales han aceptado participación en algún delito para evitar condenas por 20 años.

Mientras tanto, los cabecillas de los grupos terroristas de las FARC gozan de la investidura de congresistas, subsidios del Estado para hacer política, sistemas sofisticados de seguridad, cadena radial para difundir su ideología marxista, etcétera. Tampoco ha satisfecho el segundo objetivo, cumplir con los derechos de las víctimas a la Verdad, la Justicia y la Reparación, ya que las verdaderas víctimas de las FARC no son oídas en la JEP, son suplantadas por militantes de las FARC y por supuestos parientes de los desaparecidos en los “falsos positivos”. No es otra cosa que un mecanismo inventado en el tramposo acuerdo de La Habana para perseguir a las fuerzas del orden.

Epílogo

No basta con rodear retóricamente a nuestras fuerzas armadas, víctimas de esta infame maquinación dirigida a su destrucción. Es urgente impedir que Petro continúe tan execrable tarea. Y eso solamente lo conseguiremos apoyando cada uno de nosotros el juicio por indignidad que cursa en la Comisión de Acusaciones de la Cámara y que permitiría la pérdida de la investidura obtenida por Petro ilícitamente.

Con el sátrapa fuera del poder, nos corresponde aunar voluntades en el Frente Patriótico, amplio y generoso, que hemos convocado para restaurar la moral, la seguridad y el bienestar de todos los colombianos.

martes, 28 de enero de 2025

Maldita droga

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

La crisis humanitaria que está viviendo El Catatumbo y que se extiende a otras zonas del país, tiene todos los tintes de una guerra entre bandas de delincuentes dolidos por fechorías entre ellos, que ponen en entredicho la supremacía y dominio territorial de alguno de los dos bandos, en una zona, en plena frontera con Venezuela, donde se dice que hay más de cincuenta mil hectáreas de coca cultivada y laboratorios.

Los delincuentes de los dos bandos gozan de protección en ambos territorios. En Colombia, varios de ellos son gestores de paz, con paz y salvo para moverse libremente en camionetas blindadas y armamento suministrados por el Gobierno. En Venezuela, los dos bandos se mueven como Pedro por su casa, lo que les permite trabajar tranquilamente. Pero llegó el momento de las definiciones: al parecer, el Gobierno colombiano protege a las FARC y el venezolano al ELN. Yo diría que ambos protegen a los dos bandos de narcotraficantes en plena actividad.

En la mitad, una población que al parecer se constituye en la fuerza laboral al servicio de ambos bandos enfrentados.

Esa población pone los muertos; su identificación depende de para cuál de los dos bandos trabaja, haciéndose acreedores a la furia asesina de ELN y FARC, donde nadie se salva. Todos hacen parte de la fuerza laboral que mueve la economía del producto número uno de la zona: la coca.

El ejército, que tenía prohibido molestar a las FARC y ELN en la zona, llega ahora a tratar de ocuparla, con una capacidad operativa y de inteligencia menguadas por las medidas que ha venido tomando el Gobierno y que han logrado su propósito: restarle todas las capacidades a la fuerza pública.

Si el interés del Gobierno fuera el de darle duro a estos dos grupos, ELN y FARC estarían aprovechando que los habitantes de la zona abandonaron el territorio para hacer una ofensiva arrasadora contra estas estructuras, incluyendo destrucción de cultivos y laboratorios.

Pero como perro no come perro, esto no se va a dar. Las gentes seguirán desplazadas, bajo el cuidado de los colombianos que han volcado su solidaridad a su ayuda, con comida, vestido y elementos de aseo, mientras que los dos bandos se calman bajo la protección de los dos gobiernos, el colombiano y el venezolano.

Colombia terminará retirando a su menguada fuerza pública a los cuarteles y reactivando las negociaciones de paz con el ELN, suspendiendo otra vez las órdenes de captura, otorgando paz y salvos de movilidad y camionetas blindadas a los gestores de paz, que se tendrán que arreglar y juntar para que el negocio continúe y la fuerza laboral regrese a la zona y puedan convivir y trabajar en las peligrosas arenas movedizas del narcotráfico, que enriquece a unos pocos y empobrece y envilece a muchos.

Con las FARC no hay que reanudar diálogos; seguramente nombrarán más gestores de paz, más camionetas, más armas y más paz y salvos de movilización.

Colombia y Venezuela siguen empeñados en proteger, impulsar y ayudar a los delincuentes para asegurarse en el poder, incrementando la economía ilegal en sus territorios y seguramente lucrándose de ella.

La población de El Catatumbo seguirá como fuerza laboral al servicio del narcotráfico, sometida y esclavizada, atrapada entre la fuerza de las armas y el dinero que garantice su triste e incierta subsistencia.

Es impresionante la velocidad que llegamos al abismo del desastre.

Los efectos de la droga y el alcohol los estamos sufriendo todos. Nuestro primer mandatario, dominado por los vicios, destruye a su paso todo lo que toca, impunemente. Es el vicioso que destruye a Colombia y se destruye a sí mismo.

Lo sucedido con Estados Unidos en estos últimos días puso de presente el grado de irresponsabilidad, irracionalidad y locura al que ha llegado el presidente Petro.

No puede ser que en nuestro ordenamiento jurídico y en nuestras instituciones no existan normas que nos permitan salir de esta horrible situación.

Que nuestro señor Jesucristo nos ilumine para encontrar la forma de impedir a Petro seguir al frente de Colombia como primer mandatario y acepte un tratamiento que le permita salir del alcohol y las drogas.

jueves, 18 de julio de 2024

Los malos y los peores

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

El regreso a la escena de Juan Manuel Santos, reflotando a Petro con el apoyo a todas sus perversas iniciativas, presagia la consolidación de un régimen atroz, que ahora contará con la experiencia torcida de un falso Cristo.

Desde hace 716 interminables días, con sus noches, los colombianos vivimos entre la zozobra y la angustia con la única certeza de que las jornadas venideras serán peores. Los desatinos políticos y morales superan, en las amargas conversaciones actuales, los intereses que antes dominaban los amables coloquios. Los temas tradicionales, como las mujeres, el fútbol y los carros ya no animan las tertulias.

Por tanto, en la mía se suscitó la pregunta de si Santos es más malo que Petro. La disputa fue acalorada, pero terminó con el empate de ambos candidatos a la máxima execración. Sin embargo, en medio de la comparación entre los daños ocasionados por Santos y los desastres ya generados por Petro, escuchamos una observación original:

—¡Tantos malandros como hay!, dijo uno de los contertulios, y añadió: —En efecto, ya conocemos lo que ha hecho Santos, mientras que los horrores del petrismo apenas empiezan a dar su emponzoñado fruto. No nos apresuremos a contabilizar sus torpes hazañas, para lo que habrá, por desgracia, tiempo de sobra. Entre tanto no olvidemos que nuestro deber es el de impedir, cada cual dentro de sus capacidades, que este desgobierno se prolongue por incontables cuatrienios. Si Petro se queda en la casa de Nariño, alcanzará, y hasta dejará atrás, a muchos de los peores tiranos de la historia universal, porque para eso sí tiene suficientes capacidades.

Otro de los contertulios, de seguro inspirado por esas consideraciones, tomó la palabra para decirnos:

—Ni Juan Manuel ni Gustavo hubieran podido hacer lo que han hecho, ni lo que pueden hacer en el futuro, si no hubiera tantos tipos que, siendo peores que ellos, pasan desapercibidos.

—¡Imposible que los haya!, exclamamos los demás, pero nuestro amigo continuó:

—El primero contó, y el otro cuenta, con docenas de sigilosos malvados, sin cuya cooperación es imposible hacer daño. Santos es pérfido y artero manipulador, y Petro, un déspota en ascenso, que no puede ocultar su prontuario ni si ideal marxista-leninista, del que se ufana. En eso es coherente, franco y veraz (en eso solamente). En cambio, nadie recuerda los nombres de los congresistas que aprobaron lo que el pueblo rechazó en el Plebiscito, ni el de los magistrados que “legalizaron” todas las violaciones en torno a la entrega del país a las FARC, en 2016.

–Tienes razón, saltó otro, —porque ahora hay unos personajes igualmente funestos que colaboran desde las sombras, con acción solapada o por omisión deliberada. Consideremos los jueces prevaricadores, los fiscales flexibles y alcahuetas; los comunicadores fletados y mendaces; los parlamentarios costosamente sobornados, y los jefes políticos, que permanecen mudos y brazicruzados mientas sus bancadas se dejan comprar..., todos ellos, en mayor o menor medida, son peores que Petro y Santos, porque sin su hipocresía, disimulo y codicia, sin su concurso clandestino y su traición remunerada, el proceso hacia el poder totalitario no podría alcanzar su propósito.

La reunión que narro terminó concediendo a los miembros de la Comisión de Acusaciones de la “Honorable” Cámara de Representantes el primer puesto en el reconocimiento a la perversidad, porque, con la omisión del deber de poner en marcha los mecanismos para destituir, de acuerdo con el Artículo 109 de la Carta, a quienes se hicieron elegir violando con creces todos los topes, se está consolidando el régimen putrefacto que nos conduce hacia la reelección y el establecimiento de la República Soviética y “Bolivariana” de Colombia.

***

Como cada día trae nuevos escándalos, el de los inmensos latrocinios en la UNGRD se limita a ser otra banal noticia de relleno en la creciente lista de ministros y altísimos funcionarios que ordenaron entregar enormes sumas a congresistas para asegurar la aprobación del paquete legislativo de Petro, sin que nadie pregunte quién ordenó a los ministros y a los grandes alfiles del régimen, corromper congresistas, desfalcar la Tesorería y hasta preparar contratos para financiar al ELN en su filantrópica labor en pos de la paz.

***

¿No será este el momento para recordar a la incomparable Sor Juana Inés?

¿O cuál es más de culpar,

aunque cualquiera mal haga:

el que peca por la paga,

o el que paga por pecar?

***

Si las reformas sanitaria y pensional costaron $ 90.000´000.000, ¿cuánto costará la “legalización” del poder constituyente y de la nueva Carta?

***

Los agitadores que hace unos meses se peleaban por un puesto en Transmilenio, ahora se disputan un ministerio...

miércoles, 3 de julio de 2024

Rastrera, sí... ¡pero superioridad al fin y al cabo!

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

A partir de la Primera Guerra Mundial se ha tenido la superioridad aérea como medio fundamental para doblegar al enemigo. En la Segunda, la supremacía aérea conseguida finalmente por los aliados fue determinante. A partir de 1945, en todas las confrontaciones, quien domina el espacio aéreo tiene las mejores cartas.

Las guerrillas tienen más capacidad de dañar que de triunfar, porque no pueden aspirar a la superioridad aérea; a lo sumo adquieren proyectiles antiaéreos de limitado alcance, porque los aviones de combate y las flotas de helicópteros solo pueden ser adquiridos y costeados por los Estados.

La práctica eliminación de las guerrillas colombianas tuvo mucho qué ver con la supremacía aérea, que se mantuvo e incrementó a partir de los gobiernos de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. El posterior triunfo de las FARC no se debió a cosa distinta que la entrega del Gobierno a la subversión, es decir, mediante traición a la patria.

Como la capitulación bajo Santos fue parcial, con la llegada al poder de Petro empezó un proceso bilateral de entrega: el Gobierno cede y cede, y el ELN recoge. Además, esto tiene un vector militar y otro institucional. En ambos, el Gobierno renuncia a continuar la guerra: en lo militar, “la paz total” implica en realidad un cese unilateral del fuego; y en lo civil, se prepara la sustitución del orden constitucional por acuerdos “vinculantes” y obligatorios para transferir el poder del Gobierno a la guerrilla.

Llegamos así al tema del dominio del espacio aéreo. En primer lugar, no se reemplazan los obsoletos cazabombarderos Kfir, y los pocos que quedan, ni son operacionales ni repotenciables. Y privados de mantenimiento, los helicópteros que no se han caído, ya no pueden volar, a menos que sigan condenando a muerte a sus tripulaciones.

He aquí otro capítulo de traición a la patria. Con toda la aviación inoperante y en tierra, las guerrillas y los narcos son dueñas del aire, porque ya no hay ni reconocimiento, ni interdicción ni bombardeo.

Sobre nuestro espacio aéreo ya no se ejerce soberanía. Entonces aparece una superioridad aérea “rastrera”, es decir la que ejercen desde tierra las guerrillas, con proyectiles antiaéreos de 1.800 m de alcance y con la utilización de drones civiles, adaptados para porte y descarga de explosivos por parte de los intuitivos “ingenieros” de la subversión.

Hasta donde se sabe las guerrillas ya tienen algunos proyectiles modernos de cercano alcance, pero aún no tienen costosos y eficaces drones militares (UCAV= Unmaned Combat Aerial Vehicles).

Mientras no dispongan de UCAV, su superioridad aérea es rastrera y de corte amateur pero terrible, porque la defensa aérea ha sido desmantelada por el Gobierno.

Como la producción de drones militares está muy demandada por las guerras en Gaza y Ucrania, las guerrillas colombianas permanecen en la lista de espera de los fabricantes iranios, rusos y norcoreanos... ¡Pero ya les llegarán!

Sospecho que el status quo aéreo continuará favoreciendo a las guerrillas, porque el Gobierno no tiene afán de contratar el overhaul de los helicópteros (que tardaría meses), ni para adquirir cazabombarderos, sea en Francia, USA o Suecia (con entrega entre 20 y 30 meses).

Entretanto avanza rauda la “negociación” con el ELN, como indica el éxito de la guerrilla en la ronda que acaba de pasar en Caracas, para apoyar el proceso constituyente de Petro, patrocinado por ELN, FARC, Pacto Histórico y todos los idiotas útiles y los compañeros de ruta que infestan el país

***

En vez del coloquial dron (de drone: zángano, cucarrón), debemos distinguir entre RPA (Remotely Piloted Aircraft), UNV (Unmaned Aerial Vehicle) y UCAV (Unmaned Combat Aerial Vehicle).

En cuanto a los drones civiles, útiles en docenas de actividades, los hay desde $158.000= hasta $5´000.000=, de tal manera que las guerrillas pueden seguir convirtiéndolos en instrumentos para causar daño y muertes en blancos a corta distancia.

¿Cuándo les llegarán los costosos drones militares para aterrorizar las ciudades y amenazar la infraestructura con su impresionante capacidad explosiva, mientras se les sigue facilitando el predominio aéreo?

miércoles, 5 de junio de 2024

Petro, ¿polpotiano?

José Alvear Sanín

El comunismo tiene sus ismos: leninismo, estalinismo, castrismo, chavismo, tantos como los líderes, pero en el fondo todos son lo mismo. Varían en la intensidad, la represión, las matanzas y en la eficacia en la destrucción del modelo económico y social. El ideal de todos ellos es hacer tabula rasa y edificar sobre las ruinas un orden nuevo, definitivo e implacable.

Como Petro es marxista-leninista confeso y de obediencia cubana, no podemos ignorar que su hoja de ruta es hacer de Colombia otra Venezuela.

Está muy cerca de lograrlo, porque pronto llegará la firma del “acuerdo de paz” con el ELN (yo con yo), para poner en marcha las normas “vinculantes” y obligatorias (es decir, la nueva y verdadera Constitución), redactadas por el Comité Nacional de Participación, como se ratificó y convino en el primer punto del acuerdo entre Gobierno y ELN, firmado el 25 de mayo pasado.

¿Pero Petro se quedará allí?

Desde luego, lo anterior es un imposible jurídico (deber ser), pero será un hecho cumplido (Realpolitik). Ese aterrador convenio solo ha tenido la oposición de un puñado de columnistas, impotentes frente al Gobierno y los líderes políticos “democráticos”, que callan de manera culpable sobre este mecanismo de destrucción masiva del Estado de derecho.

A mí no me queda duda de que firmar ese convenio constituye un gravísimo delito, pero ambas partas signatarias están acostumbradas a actuar por fuera (y contra) la ley.

¿Y qué? Si la Fiscalía es de ellos. La Comisión de Acusaciones, también. Los directorios políticos, callados. El Congreso, pagado. Los medios de comunicación masiva, pautados. Las Fuerzas Armadas, emasculadas.

La procuradora general es valiente. Pero ¿hasta dónde puede actuar como solitaria golondrina veraniega?

***

Volvamos atrás para pensar en la respuesta al interrogante de si a Petro le basta con llevarnos a ser otra Venezuela.

En la toma cubana de Colombia hay varias líneas. Hasta hace algún tiempo las FARC llevaban la voz cantante. Siguen siendo muy influyentes y el Gobierno seguirá dialogando (cediendo) ante ellas, pero la orden al Ejército de atacar las disidencias es tan debilucha como que equivale a una palmadita en la muñeca (slap on the wrist), mientras al ELN se le autoriza todo: reclutar menores, cobrar sus “impuestos”, secuestrar, y redactar, a través del tal Comité Nacional de Participación, la Constitución de la venidera República Roja.

Por lo anterior no es de extrañar que las FARC quieran recuperar el protagonismo proponiendo a Petro un mecanismo más expedito para su Constituyente, como lo ha propuesto Leyva.

En esas condiciones, no queda duda de que, ahora, el actor principal de la revolución y partner del Gobierno es el ELN.

***

Conviene entonces considerar cuál es la verdadera orientación ideológica de Petro y hasta dónde esta coincide con la del ELN.

Al contrario de los grandes comunismos iniciales, que eran desarrollistas, el Gobierno de Petro es partidario del decrecimiento económico, que viene logrando con la demolición de Ecopetrol, el despilfarro y el desorden fiscal, la política tributaria, las determinaciones erráticas y cortoplacistas, un personal impreparado e ignorante, todo lo cual causa desestímulo de la actividad económica y la inversión.

Petro, además, ha dicho y repetido que la acumulación de capital es la causante de todos los males que ocasionan la previsible extinción próxima de la humanidad. Como los sistemas de salud, pensional y sanitario, son acumulaciones de capital, no es de extrañar su obsesión en acabarlos. Pol-pot, más avanzado en ese mismo orden de ideas, llevaba su odio a la acumulación de capital hasta el extremo de eliminar la moneda y ordenar la demolición de las ciudades.

Como el ELN es un movimiento implacable, radical e irracional, que con su ideología maximalista jamás da tregua o cuartel, no puede ocultar su parecido con los jemeres rojos en el propósito de devolver la humanidad a un estado prehistórico, primitivo, de mera naturaleza.

Para estos grupos, el ser humano es un animal como los demás, sometido al ciclo inexorable —nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte—, para el cual basta con una alimentación elemental. Para nada se requiere de religión, arte, ideales, literatura, pensamiento, ciencia y cultura. La medicina, si mucho la de hierbas e infusiones. Nada de exámenes, farmacopea, cirugía... En esa concepción de la vida sobra la odiosa medicina moderna y capitalista, bastará entonces con los “médicos” cubanos y los tratamientos “ancestrales”, acoto, previstos en los proyectos sanitarios del actual Gobierno.

El indigenista es el único sector donde Petro todavía, al parecer, es popular y donde encuentra personal para engrosar sus lánguidas manifestaciones, porque se trata de un movimiento regresivo y primitivista, negativo de todo cuanto signifique progreso, libertad individual, de corte pol-potiano sin duda alguna.

En gracia de brevedad no nos ocuparemos del derecho y la libertad individual, despreciables superestructuras burguesas...

La eliminación de los hidrocarburos, de los vehículos contaminantes (con excepción de los aviones para quien sabemos) y de las carreteras para “los ricos” es tan virtuosa como la supresión de la variedad y buen gusto en los alimentos, lujos innecesarios y superlativos en una saludable vida primitiva...

De la vivienda como aspiración familiar y paraíso doméstico ni hablar, porque basta con un jergón en la habitación colectiva...

Esa radical actitud ante la vida explica tantas cosas del actual Gobierno, único en el mundo capaz de gozar con el estrecho abrazo del régimen del vecino país, donde la cuarta parte de la población ha preferido, equivocadamente, la miseria en el extranjero a la felicidad en su afortunada tierra.

viernes, 26 de abril de 2024

Errores imperdonables

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Como el galeno que busca la causa del mal en lugar de detenerse solamente en los síntomas, debemos escudriñar en qué nos hemos equivocado para evitar recaídas en similares situaciones de peligro para nuestra sociedad.

Alianza FARC - Santos

Derrotada militarmente la guerrilla de las FARC y encauzado el país por el sendero de la atracción a los inversionistas y el mejoramiento social de la población más vulnerable, la desafortunada elección de Juan Manuel Santos acarreó un retroceso al país del cual no hemos podido recuperarnos.

Se desconoció la voluntad del pueblo soberano que se negó a aprobar el proyecto de acuerdo de paz tramitado por Santos con las FARC. La implementación del espurio acuerdo no garantizó paz alguna, pues las FARC, disfrazadas de disidencias, en compañía del ELN y de los carteles de la droga, continúan alterando el orden y la tranquilidad ciudadana. El costo de los beneficios y reformas derivados del humillante acuerdo han afectado seriamente las finanzas estatales, hasta el punto de obligar al Gobierno anterior a recurrir a una reforma tributaria para cumplir lo pactado.

Se suspendió la fumigación de los ilícitos cultivos de cocaína permitiendo el crecimiento exponencial de las áreas cultivadas y la expansión del ilícito negocio.

La alianza FARC-Santos garantizó la impunidad de los criminales más crueles de nuestra historia, los premió con curules en el Congreso, impidió la efectividad de la sanción de despido impuesta por la Procuraduría al entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, e implementó la JEP, tribunal conformado a la medida de las FARC, con candidatos designados por representantes del comunismo internacional. Igualmente, intervino en la Corte Constitucional a través de magistrados que designó para que legalizaran las decisiones de su gobierno. Su mandato catapultó a la izquierda para iniciar su carrera al poder.

Duque: Gobierno de transición

La pésima gestión santista generó un descontento general en la población que se manifestó en la elección de Iván Duque, candidato que supuestamente representaba al Centro Democrático y otras fuerzas de “centro - derecha” no afectas al santismo. Desde un comienzo, esas expectativas carecieron de respaldo en la gestión duquista. Desde su discurso de posesión se notó la ausencia de toda crítica a la gestión de su antecesor, la cual fue refrendada con la conservación de la burocracia leal con Santos, las designaciones de sus colaboradores con escasa representación de los partidos de Gobierno y el alejamiento de aquellos que fueron determinantes en su elección.

Su acercamiento con la izquierda y sus aliados fue notorio. Pasos iniciales después de su elección fueron sendas reuniones con la JEP, tribunal de bolsillo de las FARC, y con el CEO del grupo Soros. Acudió como invitado a las posesiones de presidentes de orientación izquierdista y se abstuvo de hacerlo con quienes no fueran afectos a tal doctrina. Invitó a Palacio a los facinerosos de las FARC pero repetidamente se negó a recibir la visita de las víctimas de esa organización criminal. Prorrogó voluntariamente los contratos suscritos con la ONU para supervisar el cumplimiento del pacto fraudulento con las FARC y presentó al Congreso el proyecto para la aplicación del tratado de Icuasú en Colombia, perniciosa injerencia en nuestra soberanía judicial.

Capítulo aparte merece su inaudita tolerancia con la “toma guerrillera de las ciudades”, protagonizada por Gustavo Petro, con la colaboración del ELN, las FARC, la Primera Línea, Fecode y otros colectivos irregulares, que causaron pérdida de vidas humanas, agresiones a la fuerza pública, daños al Transmilenio y a la infraestructura de las ciudades, bloqueos a las vías y puertos, y graves traumatismos a la economía nacional y al empleo de los colombianos. Fueron dos meses y medio de terror donde el país estuvo en las garras de sicarios y vándalos amigos del actual presidente, preludio del paraíso que ahora nos propone la constituyente de Petro. Con un grupo de compatriotas solicitamos sin resultado alguno al presidente Duque la aplicación de la conmoción interior y la investigación de los responsables de los múltiples delitos cometidos. Ignorábamos hasta entonces que el régimen de transición sólo estaba interesado en preparar la llegada del guerrillero a la presidencia.

Dirigencia política, cómplice por activa y por pasiva

Decepcionante, por decir lo menos, ha sido el papel de la dirigencia política y de los administradores de justicia en este penoso iter criminis que aquí nos hemos permitido resumir.

Sin una organización comparable a la maquinaria oficial ni con los recursos que el fisco y la empresa privada destinaron a promover el “SÍ” al inicuo acuerdo FARC - Santos, el pueblo colombiano superó a sus dirigentes y se manifestó mayoritariamente por el “NO”.

Lamentablemente, nuestra dirigencia política fue inferior a su rol en este trascendental momento. Cuando Santos fue derrotado se debió exigir su inmediata salida del poder como él mismo lo había prometido en caso de que no fuera aprobado el plebiscito. El pueblo entero hubiera secundado esa exigencia. Pero no. Nuestros jefes políticos prefirieron negociar con el tramposo presidente, quien implementó un acuerdo con el mismo contenido, corregido y aumentado a su antojo.

Acudió el tramposo Santos a sus amigos de la Corte Constitucional, quienes, incurriendo en el más protuberante prevaricato en los anales de nuestra jurisprudencia, declararon que el proceso del plebiscito no había concluido con la votación y que podía continuar en el Congreso. Seguidamente avalaron una proposición aprobada por la coalición santista del Congreso, según la cual, ellos, en representación del pueblo soberano, daban su aprobación al acuerdo de La Habana. Esa es la historia de como desapareció el Estado de derecho y la democracia en nuestro país.

 

Toma del poder sin obstáculos

Como en la novela de nuestro premio Nobel, este proceso constituye un buen material para otra crónica de una muerte anunciada: La muerte de la democracia.

Desde el Foro de Sao Paulo, esa oscura colectividad dedicada a fomentar la subversión y el caos en Iberoamérica, se ha trazado y difundido el plan para la toma del poder en Colombia y Chile. Parece que ese tema a nadie interesaba. Nuestros jefes políticos seguían pensando solo en ellos, en sus intereses, en situar a sus familiares y amigos en sitios con poder de contratación, vale decir, de enriquecimiento ilícito. Con Santos, con Duque o con Petro, el objetivo sigue siendo el mismo: llenar la barriga y las faltriqueras.

Qué tan fácil hubiera sido, conociendo la estrategia enemiga, diseñar un plan para contrarrestarla. Pues, se hizo todo lo contrario: pavimentarles la vía de acceso a los camaradas para que se tomaran el poder sin el menor riesgo. Se designaron los alfiles de confianza en la Registraduría y en el Consejo Nacional Electoral, y se contrataron las firmas expertas en la manipulación de votos por la vía de la informática, sin posibilidad de verificar los resultados.

Todavía siguen apareciendo cuantiosas donaciones en dinero y en especie a la campaña, no registradas en su contabilidad, que invalidan la elección por sobrepasar considerablemente las cifras aprobadas por la Ley. El fraude en la compra de votos, así como las irregularidades encontradas en los formularios electorales y en el conteo de votos es de un tamaño inaudito.

No pudo ser más sospechosa la actitud de todas las autoridades, el ejecutivo, las cortes, los entes de control y la propia Registraduría, que se negaron sistemáticamente a investigar las denuncias, practicar reconteos o repetir elecciones para arrojar resultados desprovistos de la menor duda sobre su transparencia. Estaba cantado que había que posesionar a Petro como fuera y todo estaba preparado para ello. No nos extrañemos ahora de que el juicio político también sea inútil, no obstante, el nutrido acervo probatorio que día a día se incrementa en contra de los encartados.

Epílogo

De esta somera narración vale la pena extraer, por el momento, algunas forzosas deducciones:

a. Es absolutamente imperativo corregir esta situación, comenzando por el derrocamiento del régimen fraudulentamente elegido;

b. Los colombianos comprometidos con la implantación del bien común para toda la población, debemos acceder al poder para iniciar la reconstrucción del país;

c. Tanto nuestro sistema electoral como la administración de justicia han tocado fondo. La reconstrucción debe comenzar por corregir las graves falencias que impiden su normal funcionamiento, y,

d. Se acabó el tiempo para la retórica insulsa de los politiqueros de oficio y para los diálogos que solo buscan el aplazamiento de las reales soluciones. Es la hora de actuar y ello solo se consigue convirtiendo esa arrolladora masa de descontentos con el régimen en un nuevo movimiento preparado para el derrocamiento del sátrapa y la restauración de los valores culturales que hacen parte de nuestra nacionalidad.

Vale la pena recordar, en tan crucial coyuntura, algunas sabias palabras:

“La retórica es el cementerio de las realidades humanas, cuando más, su hospital de inválidos.”

“La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral. todo lo demás es secundario. Si el régimen de comicios es acertado, si se ajusta a la realidad, todo va bien; si no, aunque el resto marche óptimamente, todo va mal.”

“Sin el apoyo de auténtico sufragio las instituciones democráticas están en el aire.”

(José Ortega y Gassett. La rebelión de las masas)

jueves, 23 de noviembre de 2023

Llegó la hora de extirpar el crimen en Colombia

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Un Estado que sea impotente para reprimir y castigar la delincuencia es un Estado inviable. Cuando los gobernantes y representantes del pueblo en las corporaciones públicas utilizan el poder en favor de los criminales y no para la protección de la población, no queda otro camino que la rebelión contra las estructuras del crimen y la remoción de quienes indignamente están ejerciendo las funciones públicas.

No olvidemos que es deber prioritario de los gobernantes proteger a los gobernados en sus vidas y en su patrimonio. Si incumplen esa obligación, no solo están faltando a sus compromisos con la Constitución y la Ley, sino que, asimismo, están atentando en materia grave contra el bien de la Patria y de la comunidad.

Hemos llegado en Colombia a dramáticos índices de inseguridad originados por el aumento de la acción delictiva de diferentes actores, por la impunidad que ampara a los responsables del delito y por la ausencia de políticas eficaces para combatir el delito en todos sus niveles y modalidades.

Según el Índice mundial del crimen organizado de la Organización de Naciones Unidas, Colombia, registra a nuestra nación en el vergonzoso segundo lugar entre los 193 países miembros. Los países con mayores índices de criminalidad son Birmania, Colombia, México y Paraguay. ¿Por qué otros países con similares o peores condiciones socioeconómicas, no alcanzan tan elevados índices delincuenciales? Hay que reconocer que probablemente sus políticas contra el crimen, normas penales y sistemas judiciales y de policía son más eficientes.

Con la mirada puesta en la búsqueda de soluciones eficaces para su definitiva supresión, invito a mis coterráneos a analizar el prioritario tema de la inseguridad y de la creciente criminalidad en Colombia.

Causas inmediatas de la criminalidad

Entre las causas inmediatas que nos han convertido en una sociedad esclavizada por el poder de la droga, gobernada por una camarilla asociada a los peores criminales de nuestra historia y en estado de absoluta indefensión por la inoperancia de las autoridades y la venalidad de los jueces, encontramos:

Corrupción
1.- Corrupción

Nuestro sistema político está basado en la corrupción, ya que al poder se llega fundamentalmente a través de la compra de votos, como se demostró ampliamente en las últimas elecciones para Congreso y Presidencia, en las que los ganadores violaron amplia –e impunemente– los topes de gastos señalados por la Ley. Por supuesto, el ejercicio del poder queda condicionado a compensar a quienes financiaron las campañas con burocracia, contratos y toda clase de prebendas non sanctas. En suma, quedan entronizadas la corrupción y la delincuencia, como pautas determinantes de la gestión pública. Tanto la compra de votos como toda maniobra de fraude electoral deben ser castigadas como otro tipo de corrupción.

Acuerdo de La Habana
2.- Acuerdo de La Habana

Con el claudicante y espurio Acuerdo de La Habana se introdujeron en forma fraudulenta en nuestra Constitución disposiciones que blindaron el execrable delito del narcotráfico, premiaron a los más crueles terroristas de nuestra historia con curules en el Congreso, otorgaron subsidios a sus organizaciones criminales, entregaron a los delincuentes emisoras para continuar propagando las tácticas subversivas, y concedieron amnistía absoluta a los narco-terroristas sin que mediara reparación a las víctimas, ni compromiso de no reincidir en sus crímenes, ni denuncia de rutas del narcotráfico. Se sentó el peor de los precedentes para fomentar la aparición de nuevos frentes de violencia y para moldear a la juventud en la cultura del dinero fácil y en el axioma de que el delito siempre paga. La aplicación de este funesto pacto choca abiertamente con los deberes principales del Estado como son la guarda del orden público y la protección de la vida, integridad personal y patrimonio de los gobernados.

3.- Aparato judicial

Nuestro sistema normativo impide contar con una administración de justicia imparcial e idónea que cumpla con su deber de resolver adecuadamente los conflictos judiciales, defender los derechos de las personas y reprimir con eficiencia las trasgresiones de la Ley.

El origen político de los nombramientos de los magistrados de las altas cortes, facilita la llegada a tan altas posiciones de individuos sin la preparación intelectual y la probidad que les permita ejercer su cargo con decoro.

La investigación y el juzgamiento de los magistrados son ineficaces y sospechosas, toda vez que están asignadas a políticos que, a su vez, son investigados y juzgados por los magistrados, lo que genera un conflicto de intereses.

La selección y la promoción de los funcionarios judiciales no corresponde a una evaluación de sus méritos sino a razones clientelistas o politiqueras, lo que contribuye al escaso nivel de la administración de justicia.

Existe una proliferación de altas cortes, con un pésimo resultado en su eficiencia, conflictos de competencia y elevado costo para el fisco. Se debería reducir el número de altas cortes creando un tribunal supremo con salas especializadas, organismo que deberá encabezar y orientar la rama jurisdiccional con la más absoluta sabiduría y sin intervención de los vaivenes de la política. La Corte Constitucional que prevaricó para permitir el desconocimiento de la voluntad popular en el plebiscito de 2016, demostró su incapacidad para custodiar la Constitución y, en consecuencia, debe desaparecer.

No existe razón alguna para permitir la vigencia de la Justicia Especial de Paz, creada contra la voluntad del pueblo soberano, violatoria de los principios universales del derecho y diseñada, como se ha demostrado en los últimos 6 años, para consagrar la impunidad de los delitos cometidos por las FARC y perseguir a los militares que han luchado por la defensa de las instituciones y a quienes se opongan a la instauración de un régimen comunista en el país.

Debe ser proscrita de la rama judicial “la dictadura de los jueces”, o sea la potestad para extralimitarse y usurpar funciones legislativas o ejecutivas. La Sala Constitucional del Tribunal Supremo deberá concretarse a decidir sobre los procesos donde se debata la exequibilidad de una norma, absteniéndose de expedir nuevas de carácter legislativo o disposiciones que corresponda adoptar al poder ejecutivo.

El atávico ritmo paquidérmico que caracteriza a los trámites judiciales no se soluciona –como hasta ahora se ha ensayado– con aumentos presupuestales a la rama judicial. Hay que establecer un sistema de vigilancia y control a los despachos judiciales para exigirles un nivel de eficiencia; igualmente, se debe exigir el estricto cumplimiento de los términos judiciales, con el acompañamiento de sanciones disciplinarias para los trasgresores de las normas.

4.- Legislación penal

Se requiere una reforma de las leyes sustantivas y procedimentales en materia penal, para imponer penas acordes con la gravedad de los delitos, privar de beneficios penales a los criminales que representan mayor peligro para la sociedad y agilizar los trámites y la duración de los procesos. Debemos abandonar la “hipocresía legislativa” y, en vez de aprobar reformas inútiles, imitemos el gran cambio experimentado por Singapur. Hasta 1960 era uno de los lugares más inseguros del mundo. Con la aplicación de la pena de muerte para criminales y corruptos, erradicaron la delincuencia y hoy es uno de los países más seguros y con mayor índice de crecimiento económico. (https://www.canal26.com/internacionales/singapur-el-pais-que-erradico-la-delincuencia-con-pena-de-muerte-y-trabajos-forzados--264339)

No puede constituirse la permisividad o laxitud de la ley en un estímulo a la proliferación del delito. La legislación penal debe ser severa y estar acorde con una política de erradicación del delito, protección de los derechos humanos de las víctimas y garantía de seguridad para la población.

Tampoco la minoría de edad puede servir para la proliferación de la actividad criminal. Los menores de edad que, a juicio de los médicos forenses, tengan capacidad para distinguir entre el bien y el mal, deben ser vinculados a la acción penal, aunque su detención se cumpla en lugares diferentes a los destinados a mayores de edad.

Los responsables de porte de armas de fuego y explosivos no podrán gozar de excarcelación provisional, casa por cárcel ni de los subrogados penales. Tampoco quienes participen como cómplices o auxiliadores en delitos catalogados como de gran impacto.

Estas reformas deben incluir al sistema penitenciario, con el objeto de garantizar la seguridad y disciplina en los establecimientos carcelarios, establecer la obligatoriedad del trabajo para los reclusos, evitar la comisión de delitos desde las cárceles como ocurre en la actualidad y buscar su readaptación.

Debilitamiento de la policía
5. Debilitamiento de policía y organismos de inteligencia

La actual coyuntura política que sigue los lineamientos marxistas y el propósito de generar caos, anarquía y desestabilización de las instituciones, ha conducido al desmoronamiento de la Policía Nacional y de las Fuerzas Militares, que han sido afectadas por la mutilación de sus cúpulas directivas, reducción de sus presupuestos, cambio de sus misiones naturales y destrucción de la capacidad de sus servicios de inteligencia. En tales condiciones, su aporte a la persecución del crimen y a la garantía de la tranquilidad ciudadana se ha visto notoriamente disminuido.

Tarea inaplazable es recuperar la dignidad y la capacidad operativa de nuestras fuerzas armadas y policiales, así como las demás agencias de investigación, como el CTI. Se debe contratar la asesoría de los más avanzados países en materia de investigación criminal e importar tecnología de punta para el control y seguimiento de la actividad subversiva y delincuencial.

Estrategia general

Presupuestos indispensables para la titánica labor de extirpar la criminalidad en nuestro país, son los siguientes:

Primero.- Reconquistar el poder legislativo y ejecutivo para adelantar las reformas normativas necesarias para desarrollar una política eficaz tendiente a erradicar la inseguridad, el terrorismo, el narcotráfico, la corrupción, el secuestro, la extorsión y el vandalismo, prácticas delictivas que cuentan con el apoyo del actual régimen de extrema izquierda, y que rechaza el pueblo colombiano, en su gran mayoría. Sin el poder presidencial y la mayoría en el Congreso, es absolutamente ingenuo aspirar a dar una lucha real contra el crimen.

Gracias a la Providencia Divina, se demostró en las urnas que existe esa fuerza democrática mayoritaria, que consignó el pasado 29 de octubre su desacuerdo con el petrismo, con sus proyectos totalitarios y con sus candidatos.

Solo resta encauzar ese movimiento patriótico a una tarea tan noble como la erradicación de la violencia, la inseguridad y el crimen de nuestro amado país, mediante la reconquista del poder y la reconstrucción de Colombia.

Ya se ha iniciado la confederación de los grupos de resistencia y oposición al régimen petrista, con las organizaciones de civiles y militares de la reserva que vienen participando en las marchas de protesta callejera y el resto de las asociaciones y colectivos opuestos a la camarilla marxista-leninista que ocupa fraudulentamente el poder.

Prospera el juicio político adelantado a partir de la denuncia por indignidad formulada por el abogado José Manuel Abuchaibe, denunciando por prevaricato a quienes se oponen a su trámite y advirtiendo a los congresistas sobre el peligro que corre su posible reelección en caso de que desoigan la voluntad de los electores que, en su mayoría, desean la salida de Petro de la silla presidencial.

Se está iniciando la labor proselitista que durará 30 meses, creando células de activistas en todo el territorio nacional, bodegas de expertos en redes sociales y comunicación virtual, comités financieros y colectivos de abogados.

Se definirán temas de atención prioritaria para el próximo gobierno, que constituirán las banderas que aglutinen el respaldo popular. En materia criminal, se propone una lucha a fondo para erradicar las variables delictivas de mayor impacto, a saber:

a. Cultivo y tráfico de estupefacientes.

b. Terrorismo, ataques a fuerza pública y población civil, daños a infraestructura pública.

c. Secuestro y extorsión.

d. Corrupción.

Vandalismo, daños al sistema de transporte y a la infraestructura urbana, bloqueos a la actividad ciudadana.

Segundo.- Reforma constitucional y legal. Tan pronto se posesione el nuevo régimen que extirpará la criminalidad y reconstruirá la Nación, se someterá a la decisión del pueblo soberano un plebiscito que, en materia de criminalidad, contendrá propuestas como las siguientes:

1. Reforma de la administración de justicia, que incluya: a) Fusión de las altas cortes en un tribunal supremo con salas especializadas; b) Designación de los funcionarios judiciales mediante concurso de méritos y aplicación rigurosa de la carrera administrativa; c) La investigación y el juzgamiento de los magistrados se cumplirá en un tribunal de aforados, compuesto por abogados elegidos por concurso; d) Las funciones de la Corte Constitucional pasarán a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo, pero se abstendrá de extralimitarse en sus funciones asumiendo funciones que corresponden al Congreso o al ejecutivo; e) Se eliminará la Justicia Especial de Paz, y, f) Asignar a la Procuraduría General de la Nación la función de fijar índices de rendimiento a los despachos judiciales, exigir el cumplimiento de los términos judiciales y aplicar sanciones por su incumplimiento o por bajo rendimiento laboral.

2. Reforma a la ley penal y a la Constitución para aprobar: a) Pena de muerte para los responsables de delitos de gran impacto, a saber: a) Cultivo y tráfico de estupefacientes; b) Terrorismo, ataques a la fuerza pública, daños a la infraestructura pública; c) Secuestro y extorsión; d) Corrupción; y, e) Vandalismo, daños a los sistemas de transporte y a la infraestructura urbana, bloqueos a la actividad ciudadana. Otras reformas: f) Agilización de los trámites en los procesos penales; g) Incorporar a los menores de edad como sujetos de la acción penal cuando, a juicio del médico forense, estén capacitados para distinguir el bien del mal; g) Privar a los responsables del delito de porte de arma de fuego y explosivos y a los cómplices o auxiliadores de delitos catalogados como de mayor impacto, de excarcelación provisional, casa por cárcel y cualquier subrogado penal, y h) Reprimir el fraude electoral y la compra de votos con la misma severidad aquí propuesta para la corrupción.

3. Modificar el sistema carcelario para eliminar la posibilidad de cometer delitos desde las cárceles y buscar la rehabilitación del preso mediante trabajo obligatorio y remunerado.

EPÍLOGO

Es natural que a muchos les asalte el escepticismo sobre la posibilidad de conseguir tan drásticas reformas en nuestra Constitución y nuestra ley penal, pero no existe otra alternativa idónea para erradicar el delito de manera efectiva.

Como es lógico, previamente hay que acceder al poder político que permita adoptar medidas tan contundentes como las que amerita el gravísimo problema de la inseguridad y la delincuencia que se han enseñoreado de nuestra sociedad.

Ha dejado de ser esta una quimera inalcanzable pues somos testigos los colombianos de la reacción en masa, sin una previa organización, para derrotar ampliamente a los candidatos del petrismo a las gobernaciones, alcaldías asambleas departamentales y concejos municipales.

Se nos antoja que, si ello fuera posible, antes de que existiera una directiva, unos programas, unos recursos humanos y físicos para adelantar una planificada campaña, alcanzar el respaldo para la propuesta de limpiar a Colombia del crimen, a través de un movimiento organizado para tal efecto, gozará de un arrollador respaldo popular.

Me atrevería a preguntar:

¿Cuántos colombianos están dispuestos a apoyar la extirpación del terrorismo, el narcotráfico, la corrupción, el secuestro o el vandalismo?

Singapur, el imperio de la ley
¿Cuántos compatriotas ansían contar con un Gobierno al estilo del de Bukele en El Salvador o el de Lee Hsien Loong, que, con la pena de muerte para los criminales, convirtió a Singapur, que era uno de los países más inseguros de la tierra, en un remanso de paz y prosperidad?

¿Cuántos colombianos en este momento apoyan los programas petristas y su intento de perpetuarse en el poder a través de las milicias armadas y de la conversión del país en un esclavo del comunismo?

ANEXOS : Tratamiento especial para los delitos de mayor impacto

A. Cultivo y tráfico de estupefacientes. Por segundo año consecutivo, los cultivos de coca alcanzaron un máximo histórico en Colombia. Según el reporte del área sembrada de coca con fecha de corte a 31 de diciembre de 2022, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la cifra llegó a 230 000 hectáreas, lo que significa un aumento del 13 % con respecto al 2021. Los cultivos de hoja de coca en Colombia han aumentado un 61%, pasando de 143.000 hectáreas sembradas en 2020 a 230.000 en 2022. Si se tienen en cuenta las cifras de 2012, el incremento es de más de cuatro veces. Colombia alcanza entre el 60% y 70% de los cultivos en el mundo. El 88% de las hectáreas están en “enclaves productivos”, lugares donde han persistido los cultivos y las demás etapas de producción de cocaína por más de 10 años. El 49% del área con coca se concentró en zonas de especial protección ambiental en Colombia. Los Parques Nacionales Naturales más afectados fueron Paramillo y La Paya. En los resguardos indígenas se registraron 23.794 hectáreas de coca, un incremento del 18% respecto al 2021 cuando hubo 20.100 hectáreas de este. (Juan Carlos Granados, Pilar Puentes , Mongabay, 12 septiembre 2023).

Coinciden estos incrementos con la presencia de los siguientes factores dignos de tener en cuenta:1) Participación de organizaciones criminales transnacionales 2) Presencia de narco-guerrillas, como las llamadas “disidencias” de las FARC, ELN y Segunda Marquetalia 3) Absoluto fracaso del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos, ya que 7 años después de la firma del claudicante Acuerdo de La Habana, en lugar de reducirse el área sembrada con coca, gracias a la erradicación manual, esta se ha incrementado sustancialmente 4) Aumento de los conflictos entre grupos ilegales armados por el control de los territorios sembrados ilícitamente 5) Ausencia total del Estado que ha abdicado de sus principales funciones, como las de preservar el orden, la salud y la integridad de los colombianos. Estas premisas nos indican a las claras que para combatir el narcotráfico hay que adoptar de una vez por todas las siguientes decisiones: a) Sustituir la erradicación manual por la fumigación aérea que tan buenos resultados produjo en el pasado; b) Perseguir el abominable delito del narcotráfico en todo el territorio nacional, incluyendo reservas naturales y resguardos indígenas utilizados con ese ilícito fin; c) Reiniciar el bombardeo aéreo de laboratorios y depósitos de la droga; d) Control de precursores con cooperación internacional; e) Seguimiento a dineros y bienes ilícitos relacionados con el tráfico de estupefacientes y expropiación mediante cooperación internacional y ágiles procesos judiciales; f) Creación de empresas de producción agrícola y agroindustrial para ofrecer alternativas de ingresos a los cultivadores de cocaína, en reemplazo de inútiles subsidios que solo estimulan la resiembra de coca; g) Pena de muerte para los responsables del cultivo, procesamiento, venta y transporte de estupefacientes y cadena perpetua para sus cómplices, auxiliadores, poseedores de bienes dedicados a esa actividad e inversionistas en el ilícito del narcotráfico.        

B. Terrorismo, ataques a fuerza pública y población civil, daños a infraestructura pública. La Ley 599 de 2000 define el terrorismo como la acción de provocar o mantener en estado de zozobra o terror a la población o a un sector de ella, mediante actos que pongan en peligro la vida, la integridad física o la libertad de las personas o las edificaciones o medios de comunicación, transporte, procesamiento o conducción de fluidos o fuerzas motrices, valiéndose de medios capaces de causar estragos. Según Indepaz, durante 2022 tuvieron lugar 94 masacres con 300 víctimas letales. En los meses de enero a octubre de 2023 se han perpetrado 73 masacres con 234 víctimas. El índice de terrorismo global cataloga a Colombia entre los 15 países con mayor índice de terrorismo en el mundo. Esta es una dantesca realidad que retrata la desidia del Estado en el cumplimiento de su principal tarea, cual es garantizar la seguridad en el territorio nacional y el derecho a la vida y a la integridad de la población. Enseñan las estadísticas que las políticas oficiales son fundamentales para el crecimiento o la reducción de los actos terroristas. Por ejemplo, gracias a la política de “Seguridad democrática”, el número de torres de energía derribadas, que en 2003 fue de 329, se redujo a 39 en 2010; las voladuras de oleoductos que en 2001 fueron 261, sólo llegaron a 31 en 2010 (una reducción del 88.1%). A partir de ese año, con la llegada de Santos al poder, dichos índices volvieron a aumentar, alcanzando 225 en 2013 (un aumento del 86,2%). La erradicación de esta plaga del terrorismo requiere mano dura por parte de las autoridades, con determinaciones como las siguientes: a) Declarar la ilegalidad de cualquier entidad o grupo que sea responsable, cómplice, financiador o inversionista en actividades terroristas; b) Pena de muerte para los responsables de actos de terrorismo y cadena perpetua a sus cómplices, auxiliadores o financiadores; c) Prohibición de protestas, marchas o manifestaciones públicas donde se presenten ataques a la población civil o a la fuerza pública, daños a la infraestructura urbana, obstáculos a la circulación de vehículos y peatones; d) Obligación de las autoridades municipales de exigir el compromiso previo de las entidades organizadoras de las manifestaciones para que estas transcurran en completo orden, so pena de incurrir en grave falta disciplinaria sin perjuicio de las consecuencias penales.

C. Secuestro y extorsión. El mismo Ministerio de Defensa publicó un preocupante informe. De acuerdo con el documento en lo corrido de 2023 (con cifras registradas de enero a agosto), este flagelo ha aumentado en un 91% en comparación al primer año del expresidente Iván Duque. Lo que significa que, hasta esa fecha, se contabilizó el secuestro de 218 personas. No solo los secuestros experimentaron un incremento, pues los robos llegaron al 24,6% y los casos de extorsión llegaron al 100%. Estamos regresando a cifras que no se veían desde el Gobierno de Santos en 2014. (Redacción El País, 21 de septiembre de 2023). Protagonistas de estas execrables prácticas resultan ser casi siempre las guerrillas del ELN, y las disidencias de las FARC, en algunos casos en complicidad con otros grupos delincuenciales. Como es natural, es esta una modalidad delictiva que requiere un alto grado de sofisticación en las labores de inteligencia, sector que ha sufrido gran deterioro en las 3 últimas administraciones. Por ello, para combatir tanto el secuestro como la extorsión, tendremos que: a) Dotar de los más adelantados recursos tecnológicos a las unidades de inteligencia militares y de policía: b) Acordar con los países más avanzados en la materia el asesoramiento y la adquisición de las tecnologías acordes con la magnitud del problema; c) Pena de muerte para responsables de secuestro y cadena perpetua para sus cómplices y auxiliadores y para quienes incurran en el delito de extorsión; d) Declarar la ilegalidad de las entidades u organizaciones que participen en los delitos de secuestro y extorsión; Corrupción. El 80% de los colombianos considera que es el mayor problema del país. La mitad de los electores ha vivido de forma directa o indirecta ofertas de compra de votos en el último año. Solo un 5% tiene una opinión favorable de los partidos. El 80% no está satisfecho con el funcionamiento de la democracia, según la encuesta de 40dB para EL PAÍS, América, ocho, de cada diez personas, nombra la corrupción como el mayor de sus problemas, por encima de la desigualdad y la pobreza. La percepción de que no se juega limpio se extiende a todas las capas de la sociedad, desde pequeños sobornos para obtener beneficios en la vida cotidiana, nepotismo hasta en las más altas instituciones del Estado o entramados a gran escala que afectan a empresas privadas o públicas. La idea de una corrupción que lo entrampa cubre a todo el sistema de poder y hunde la valoración de las instituciones políticas, del presidente a los partidos. La idea de acabar con la corrupción sale de forma intermitente de la boca de todos los candidatos. Los aspirantes de derecha a izquierda agitan la misma bandera, conscientes del rechazo que genera en una sociedad acostumbrada a los escándalos. El abuso de poder, el clientelismo y el uso indebido de fondos públicos está tan enraizado que en política se convierte en excepcional no estar involucrado en algún caso turbio. Entre todos los países de la OCDE, solo México y Turquía tienen peores niveles de corrupción que Colombia. Eso significa que las mafias de compra de voto, algunos muy sofisticados y otros extremadamente simples, alcanzaron a la mitad de la población en el último año electoral. Estas dos variables, bajos ingresos y desinterés por la política, los convierte en un objetivo fácil de las maquinarias de compra de votos. El descrédito de las instituciones políticas es absoluto. Solo un 4,8% de los encuestados tienen una opinión favorable de los partidos, apenas un 7% aprueba al Congreso y menos de un 10% tiene buena imagen de las instituciones electorales. (https://elpais.com/america-colombia/2022-05-09/la-corrupcion-el-agujero-negro-de-colombia.html?event=regonetap&event_log=regonetap&prod=REGCRARTCLB&o=cerradoclb)

Entre el 2009 y 2016 se reportaron 3.966 casos de corrupción. En Colombia, en particular, la corrupción entre 1991 y 2011 le costó al país más de $189 billones, lo que equivale al 4% del PIB. Los tipos de corrupción más frecuentes en Colombia por el número de sanciones son el soborno, la apropiación de bienes públicos, la extorsión y el nepotismo. Gómez y Gallón analizan las principales causas de corrupción en Colombia: debilidad de los sistemas de planeación y control; alta discrecionalidad en las decisiones de los funcionarios públicos; monopolio en la prestación de servicios por el Estado y falta de transparencia de información y procedimientos; débiles sanciones, que constituyen incentivos para las conductas corruptas; bajos salarios públicos; y burocracia clientelista. La práctica del soborno parece tan arraigada en Colombia que según la Cuarta encuesta nacional sobre prácticas contra el soborno en empresas colombianas el 91% de los empresarios participantes consideran que secretamente se ofrecen dádivas para obtener contratos y, según la misma encuesta, los montos pueden alcanzar en promedio el 17.3% del valor del contrato, representando la cruda realidad que el 58% de los empresarios encuestados afirman que “si no se pagan sobornos se pierden negocios”. La cultura de control observada en las entidades analizadas en este trabajo de investigación es débil. Da cuenta de ello el hecho de que 70% de las entidades seleccionadas, obtuvieron resultados en los rangos “con deficiencias” e “ineficiente”, lo cual indica que los controles implementados para la mitigación de los riesgos identificados al interior de las entidades no están cumpliendo su función. Eso significa que dichas entidades no están comprometidas con el logro del cumplimiento de sus fines como parte del Estado, y deja entrever que los sistemas de control interno han sido implementados como un mero formalismo normativo, y no por la firme y auténtica intención de aportar bienestar a la sociedad. La percepción de indignación puede crecer y ese factor deteriora la ética en las bases sociales en dos sentidos: por una parte, incentiva el arribismo y la búsqueda de dinero fácil, por otra, promueve una reacción social en contra. Ese repudio es un factor de gran oportunidad para robustecer un proceso educativo de respeto de lo público, alcanzar la transparencia, el respeto de la legalidad y la probidad como valor. (Universidad Externado de Colombia, 2018). La corrupción administrativa es la que más llama la atención. El 44% de los hallazgos de la prensa estuvieron enfocados en esta, siendo la contratación el campo donde más se registraron irregularidades (177), en circunstancias como “direccionamiento de contratos con requisitos habilitantes muy específicos y el pago del bien o servicio a pesar de no haberse cumplido en su totalidad”, según el informe. Hay abuso de poder para beneficio personal pues se “busca fortalecer un poder político particular”, lo cual afecta la consolidación democrática. (El Colombiano, 2023)

D. Vandalismo, daños al sistema de transporte y a la infraestructura urbana, bloqueos a la actividad ciudadana. Para nadie es un secreto que las organizaciones de la extrema izquierda han aprovechado la protesta social para intentar la desestabilización de los gobiernos a través del vandalismo. Se han apoyado en los espurios acuerdos de La Habana y en la cobardía o complicidad de gobiernos supuestamente “de centro”, como los presididos por Juan Manuel Santos o Iván Duque, que se han hecho “los de la vista gorda” frente a los desmanes contra la población cometidos por vándalos como los de la “Primera Línea”, patrocinados ahora por el régimen de Petro. En la “toma guerrillera” del 2021 organizada por el entonces candidato Petro en unión de las disidencias de las FARC, del ELN, y de La Nueva Marquetalia, el vandalismo castigó al país con profundos daños a la economía y al sector privado, destrucción de infraestructura urbana tanto pública como privada, homicidios y lesiones a miembros de la fuerza pública y de la población civil, destrucción de estaciones y vehículos de transporte urbano, ataques a puestos de la Policía Nacional, y agresiones de todo tipo contra la integridad y el patrimonio de los colombianos. Durante esas semanas, unas 80 personas murieron en las calles en los violentos enfrentamientos entre manifestantes y los agentes desplegados, lo que abrió un intenso debate sobre la preparación de los cuerpos policiales. Está claro que combatir con éxito la plaga del vandalismo requiere: 1) Una política severa del Gobierno para garantizar el orden. 2) El presupuesto de que una cosa es la protesta ordenada y pacífica dentro de los cauces de la Ley y otra muy diferente es la anarquía, el desorden y la comisión de delitos en nombre de la libertad de expresión.