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jueves, 3 de abril de 2025

Cocaína: USA y Petro

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Entendible la actitud de los Estados Unidos frente a Petro. Con diplomática ironía, el Departamento de Estado aprecia la política antidrogas de Colombia... pero “espera resultados” ..., sabiendo que no los habrá, por parte de un gobierno que lleva 31 meses favoreciendo la producción de cocaína, su comercialización y su generación de divisas, etc. etc. etc.

Entonces, lo inevitable sería la descertificación que merece por desgracia el país. El gobierno de Biden nunca la consideró, quizá por su debilidad frente a los del Foro de Sao Paulo, para no hablar de la connivencia con Maduro, liberando a Saab y autorizando las exportaciones de crudo de Chevron.

De Trump, entonces, lo previsible era fulminar la descertificación, después de la grosería de la famosa alborada demencial del Petro. ¿Por qué no ha caído entonces todavía el golpe, si la espada de Damocles pende sobre el mayor expendedor mundial de narcóticos?

En los últimos dos o tres meses, Petro ha empezado a denostar de los narcos y celebra con frecuencia la dizque “incautación sin precedentes” de toneladas de cocaína.

Esas rimbombantes declaraciones desde el escenario no van acompañadas de acciones para combatir la siembra de la planta, ni la comercialización del alcaloide, cuya inmensa producción (esa que sí supera todos los récords), ofrece creciente excedente para inundar el mercado doméstico. 

Lo que nunca debe olvidarse es que, como el precio de la cocaína obedece en el mercado mundial a la ley de la oferta y la demanda, el incremento del expendio en Colombia no restringe la cantidad disponible para la exportación, lo que se refleja en los precios en el exterior,

Por tal razón los propios narcotraficantes, facilitando las incautaciones, han podido reducir las cantidades que salen para el extranjero. En la medida en que estas sean de mayor entidad, habrá menos oferta del alcaloide en las calles de los EEUU y Europa.

No es pues que las autoridades sean ahora más eficaces. Lo que ocurre es que reciben oportunos “soplos” sobre los lugares donde hay cantidades de coca esperando la “incautación” ...

A continuación, Petro se ufana. Es verdad que las cantidades incautadas son mayores ahora, pero lo que el gobierno no dice es que representan actualmente un porcentaje menor sobre el total de la producción de cocaína.

Nadie duda de que Marco Rubio conozca el mecanismo de “sustentación de precios” de los carteles colombo-mexicanos y de sus coproductores armados (Farc, Eln, Clan del Golfo, etc.), pero lo que ignoramos es su motivación para aplazar la descertificación.

Es bien posible que el secretario de Estado se haya percatado de la ansiedad de Petro por hacerse descertificar, lo único que le falta para completar el caos requerido por él para asumir los “plenos poderes” con el fin de “salvar” un país destruido económica y funcionalmente, sin vestigios de orden público, desempleado, hambriento, y donde acaba de eliminarse el sistema de salud.

En fin, lo que menos puede interesar al Departamento de Estado es propiciar el autogolpe para culminar la revolución colombiana dentro del eje Bogotá-Caracas, vinculado económica y militarmente a la combinación geopolítica ruso-china.

martes, 6 de agosto de 2024

Agonía o muerte de los mecanismos electorales

José Alvear Sanín

Nunca dudé ni del colosal triunfo de María Corina, ni del robo de las elecciones. Lo que me sorprendió fue la desfachatez del fraude, su magnitud, y el descaro con el que se anunció, antes de los comicios, lo que iba a ocurrir, así como el desprecio por las consecuencias del atropello. Maduro y sus cómplices no se pueden ir, porque si entregan, llega, ahí sí, el dominó de Petro: Cae Cuba (shu), cae Petro (shu), cae Ortega (shu), cae Boric (shu), y no se reeligen ni el PT (shu), ni Morena (shu)...

Maduro todavía tiene que organizar simulacros electorales, mientras llega el momento de completar su versión del estalinismo tropical, como en Cuba. Entretanto, represión, supresión de las libertades, voto electrónico y Comisión Nacional Electoral de bolsillo, y cuando aun así los resultados le son adversos, robo descarado...

Siempre que se habla de democracia y elecciones, vale la pena recordar a Ortega y Gasset cuando resume magistralmente el tema:

La salud de las democracias, cualesquiera que sea su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico, el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario. Si el régimen de comicios es acertado, si se ajusta a la realidad, todo va bien; si no, aunque el resto marche óptimamente, todo va mal. (La rebelión de las masas. Madrid: Espasa Calpe; 1961, pág. 132)

La democracia se impuso, a medida que en muchos países dejó de ser cierto aquello de que “quien escruta, elige”, con la aparición de organismos electorales imparciales y apolíticos, que infundían confianza en los resultados electorales.

En Colombia, por ejemplo, la paz entre liberales y conservadores nunca hubiera sido posible sin la confianza que inspiraban la Registraduría y el Consejo Electoral durante el Frente Nacional; respeto que duró hasta las elecciones para Congreso de marzo 2022, computadas apresurada y electrónicamente con los extraños algoritmos de Indra, contratados por un registrador ambiguo y poco confiable. Así empezamos a transitar por la senda del fraude electoral, cuya secuencia inevitable fue la posterior elección de Petro para ocupar el solio.

Dejando de lado al África y la mayor parte de Asia, los regímenes políticos de elecciones libres y cómputo confiable se limitaban a las democracias de Europa, Japón, Corea del Sur, EEUU, Canadá, Oceanía y buena parte de Iberoamérica.

Pero en los últimos tempos el avance narco-comunista en nuestro continente, y el incontenible crecimiento en Europa y Norteamérica del globalismo marxista-cultural y woke del Deep State, orientado por la nefanda agenda 2030, han contaminado gran parte de los sistemas electorales.

Mediante la combinación de voto y cómputo electrónicos, y previa indoctrinación mediática y educativa del electorado, los resultados son cada vez menos confiables en las que fueron democracias ejemplares.

Como los narco-comunistas no dejan el poder jamás, los del progresismo populista están aprendiendo la lección, si consideramos los inocultables fraudes que dejaron amplio manto de duda razonable sobre la elección de Biden, la derrota de Bolsonaro, el paso de Lula de la cárcel a La Alvorada, y la elección reciente, en México, de la candidata de AMLO (el de abrazos en vez de balazos), acusado de favorecerla con maniobras que hermanan a Morena con el antiguo PRI.

Ahora bien, si con la duplicidad infame, artera y tramposa de Petro, Lula y AMLO, y con el terror desencadenado sobre la población, Maduro logra consolidar el mayor pucherazo mundial de los tiempos recientes, ese ejemplo podrá ser tenido en cuenta en muchos países, empezando por los Estados Unidos, para completar “la elección” de la horripilante Kamala Harris, o la reelección de Petro (en propio o en ajeno cuerpo).

Al fin y al cabo, en varios estados clave de la Unión, los mecanismos electorales ya están manejados por Dominion (asociado al parecer con la chavista Smartmatic), y en Colombia viene el voto electrónico, computado por esas mismas empresas, ya conocidas en Venezuela y los EEUU.

En un mundo dividido entre grandes bloques totalitarios, tanto en el Oeste woke y abortista — guiado por los movimientos LGTBQ etc.—, como en el Oriente, cada vez más despótico, las elecciones serán apenas simulacros electrónicos, mientras llega el momento de abolirlas por completo o convertirlas en certámenes de participación obligatoria en favor del partido único.

¿Marchamos entonces hacia ese aterrador escenario, ya vislumbrado por Orwell en su profético 1984, donde el mundo se divide en imperios antagónicos igualmente perversos y totalitarios, en permanentes equilibrios inestables?

¡Parece que asistimos a la desaparición de las elecciones libres!

viernes, 26 de abril de 2024

Errores imperdonables

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Como el galeno que busca la causa del mal en lugar de detenerse solamente en los síntomas, debemos escudriñar en qué nos hemos equivocado para evitar recaídas en similares situaciones de peligro para nuestra sociedad.

Alianza FARC - Santos

Derrotada militarmente la guerrilla de las FARC y encauzado el país por el sendero de la atracción a los inversionistas y el mejoramiento social de la población más vulnerable, la desafortunada elección de Juan Manuel Santos acarreó un retroceso al país del cual no hemos podido recuperarnos.

Se desconoció la voluntad del pueblo soberano que se negó a aprobar el proyecto de acuerdo de paz tramitado por Santos con las FARC. La implementación del espurio acuerdo no garantizó paz alguna, pues las FARC, disfrazadas de disidencias, en compañía del ELN y de los carteles de la droga, continúan alterando el orden y la tranquilidad ciudadana. El costo de los beneficios y reformas derivados del humillante acuerdo han afectado seriamente las finanzas estatales, hasta el punto de obligar al Gobierno anterior a recurrir a una reforma tributaria para cumplir lo pactado.

Se suspendió la fumigación de los ilícitos cultivos de cocaína permitiendo el crecimiento exponencial de las áreas cultivadas y la expansión del ilícito negocio.

La alianza FARC-Santos garantizó la impunidad de los criminales más crueles de nuestra historia, los premió con curules en el Congreso, impidió la efectividad de la sanción de despido impuesta por la Procuraduría al entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, e implementó la JEP, tribunal conformado a la medida de las FARC, con candidatos designados por representantes del comunismo internacional. Igualmente, intervino en la Corte Constitucional a través de magistrados que designó para que legalizaran las decisiones de su gobierno. Su mandato catapultó a la izquierda para iniciar su carrera al poder.

Duque: Gobierno de transición

La pésima gestión santista generó un descontento general en la población que se manifestó en la elección de Iván Duque, candidato que supuestamente representaba al Centro Democrático y otras fuerzas de “centro - derecha” no afectas al santismo. Desde un comienzo, esas expectativas carecieron de respaldo en la gestión duquista. Desde su discurso de posesión se notó la ausencia de toda crítica a la gestión de su antecesor, la cual fue refrendada con la conservación de la burocracia leal con Santos, las designaciones de sus colaboradores con escasa representación de los partidos de Gobierno y el alejamiento de aquellos que fueron determinantes en su elección.

Su acercamiento con la izquierda y sus aliados fue notorio. Pasos iniciales después de su elección fueron sendas reuniones con la JEP, tribunal de bolsillo de las FARC, y con el CEO del grupo Soros. Acudió como invitado a las posesiones de presidentes de orientación izquierdista y se abstuvo de hacerlo con quienes no fueran afectos a tal doctrina. Invitó a Palacio a los facinerosos de las FARC pero repetidamente se negó a recibir la visita de las víctimas de esa organización criminal. Prorrogó voluntariamente los contratos suscritos con la ONU para supervisar el cumplimiento del pacto fraudulento con las FARC y presentó al Congreso el proyecto para la aplicación del tratado de Icuasú en Colombia, perniciosa injerencia en nuestra soberanía judicial.

Capítulo aparte merece su inaudita tolerancia con la “toma guerrillera de las ciudades”, protagonizada por Gustavo Petro, con la colaboración del ELN, las FARC, la Primera Línea, Fecode y otros colectivos irregulares, que causaron pérdida de vidas humanas, agresiones a la fuerza pública, daños al Transmilenio y a la infraestructura de las ciudades, bloqueos a las vías y puertos, y graves traumatismos a la economía nacional y al empleo de los colombianos. Fueron dos meses y medio de terror donde el país estuvo en las garras de sicarios y vándalos amigos del actual presidente, preludio del paraíso que ahora nos propone la constituyente de Petro. Con un grupo de compatriotas solicitamos sin resultado alguno al presidente Duque la aplicación de la conmoción interior y la investigación de los responsables de los múltiples delitos cometidos. Ignorábamos hasta entonces que el régimen de transición sólo estaba interesado en preparar la llegada del guerrillero a la presidencia.

Dirigencia política, cómplice por activa y por pasiva

Decepcionante, por decir lo menos, ha sido el papel de la dirigencia política y de los administradores de justicia en este penoso iter criminis que aquí nos hemos permitido resumir.

Sin una organización comparable a la maquinaria oficial ni con los recursos que el fisco y la empresa privada destinaron a promover el “SÍ” al inicuo acuerdo FARC - Santos, el pueblo colombiano superó a sus dirigentes y se manifestó mayoritariamente por el “NO”.

Lamentablemente, nuestra dirigencia política fue inferior a su rol en este trascendental momento. Cuando Santos fue derrotado se debió exigir su inmediata salida del poder como él mismo lo había prometido en caso de que no fuera aprobado el plebiscito. El pueblo entero hubiera secundado esa exigencia. Pero no. Nuestros jefes políticos prefirieron negociar con el tramposo presidente, quien implementó un acuerdo con el mismo contenido, corregido y aumentado a su antojo.

Acudió el tramposo Santos a sus amigos de la Corte Constitucional, quienes, incurriendo en el más protuberante prevaricato en los anales de nuestra jurisprudencia, declararon que el proceso del plebiscito no había concluido con la votación y que podía continuar en el Congreso. Seguidamente avalaron una proposición aprobada por la coalición santista del Congreso, según la cual, ellos, en representación del pueblo soberano, daban su aprobación al acuerdo de La Habana. Esa es la historia de como desapareció el Estado de derecho y la democracia en nuestro país.

 

Toma del poder sin obstáculos

Como en la novela de nuestro premio Nobel, este proceso constituye un buen material para otra crónica de una muerte anunciada: La muerte de la democracia.

Desde el Foro de Sao Paulo, esa oscura colectividad dedicada a fomentar la subversión y el caos en Iberoamérica, se ha trazado y difundido el plan para la toma del poder en Colombia y Chile. Parece que ese tema a nadie interesaba. Nuestros jefes políticos seguían pensando solo en ellos, en sus intereses, en situar a sus familiares y amigos en sitios con poder de contratación, vale decir, de enriquecimiento ilícito. Con Santos, con Duque o con Petro, el objetivo sigue siendo el mismo: llenar la barriga y las faltriqueras.

Qué tan fácil hubiera sido, conociendo la estrategia enemiga, diseñar un plan para contrarrestarla. Pues, se hizo todo lo contrario: pavimentarles la vía de acceso a los camaradas para que se tomaran el poder sin el menor riesgo. Se designaron los alfiles de confianza en la Registraduría y en el Consejo Nacional Electoral, y se contrataron las firmas expertas en la manipulación de votos por la vía de la informática, sin posibilidad de verificar los resultados.

Todavía siguen apareciendo cuantiosas donaciones en dinero y en especie a la campaña, no registradas en su contabilidad, que invalidan la elección por sobrepasar considerablemente las cifras aprobadas por la Ley. El fraude en la compra de votos, así como las irregularidades encontradas en los formularios electorales y en el conteo de votos es de un tamaño inaudito.

No pudo ser más sospechosa la actitud de todas las autoridades, el ejecutivo, las cortes, los entes de control y la propia Registraduría, que se negaron sistemáticamente a investigar las denuncias, practicar reconteos o repetir elecciones para arrojar resultados desprovistos de la menor duda sobre su transparencia. Estaba cantado que había que posesionar a Petro como fuera y todo estaba preparado para ello. No nos extrañemos ahora de que el juicio político también sea inútil, no obstante, el nutrido acervo probatorio que día a día se incrementa en contra de los encartados.

Epílogo

De esta somera narración vale la pena extraer, por el momento, algunas forzosas deducciones:

a. Es absolutamente imperativo corregir esta situación, comenzando por el derrocamiento del régimen fraudulentamente elegido;

b. Los colombianos comprometidos con la implantación del bien común para toda la población, debemos acceder al poder para iniciar la reconstrucción del país;

c. Tanto nuestro sistema electoral como la administración de justicia han tocado fondo. La reconstrucción debe comenzar por corregir las graves falencias que impiden su normal funcionamiento, y,

d. Se acabó el tiempo para la retórica insulsa de los politiqueros de oficio y para los diálogos que solo buscan el aplazamiento de las reales soluciones. Es la hora de actuar y ello solo se consigue convirtiendo esa arrolladora masa de descontentos con el régimen en un nuevo movimiento preparado para el derrocamiento del sátrapa y la restauración de los valores culturales que hacen parte de nuestra nacionalidad.

Vale la pena recordar, en tan crucial coyuntura, algunas sabias palabras:

“La retórica es el cementerio de las realidades humanas, cuando más, su hospital de inválidos.”

“La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral. todo lo demás es secundario. Si el régimen de comicios es acertado, si se ajusta a la realidad, todo va bien; si no, aunque el resto marche óptimamente, todo va mal.”

“Sin el apoyo de auténtico sufragio las instituciones democráticas están en el aire.”

(José Ortega y Gassett. La rebelión de las masas)

sábado, 12 de noviembre de 2022

Vigía: un continente candente

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda*

A poco de cumplir 100 días en el poder, Petro ha declarado la emergencia nacional que, aunque la endilga a la crisis climática de La Niña, parece que se trata en realidad de la situación económica que nos tiene a todos con los pelos de punta. A todos, menos a sus áulicos. El cambio del dólar, la incertidumbre inversionista, la nueva reforma tributaria, sus declaraciones sobre cambio climático en COP27 ante unos 200 jefes de Estado y líderes globales y la tal paz total, entre otras realidades, han revolucionado el optimismo de un país con un crecimiento superior al de sus pares vecinos. El fenómeno no es solo de Colombia, ni de ahora.

En Brasil, los militares soportan la presión de la ciudadanía que enfrenta a un expresidiario Lula, con menos del 30% de poder parlamentario. Con manifestaciones en 11 estados, el Ministerio de Defensa debe presentar un informe técnico sobre el sistema de voto electrónico utilizado en las recientes polémicas elecciones.

En Perú, Castillo que acaba de nombrar su cuarto gabinete en este semestre, ha sido repetidamente denunciado por su comportamiento gangsteril. “Traidor a la patria” le gritan los peruanos enardecidos en Lima y 10 ciudades más. Los militares en activo guardan silencio, los retirados protestan y la policía ataca con gases lacrimógenos a los manifestantes en el centro de la capital.

En Chile, Boric y sus propuestas de reformas pensional y de salud, han impulsado la inconformidad cívica que desde aquí se percibe como un hijo con un papá mucho más joven. Con menos del 25% de favorabilidad, el estudiante venido a presidente es el vivo cuadro de un advenedizo. Para dónde va Chile, es la pregunta que flota en el ambiente pues el rechazo a la nueva constitución comunista nos envió un fresco de democracia a los colombianos. En ese país, los retirados no dicen ni mu, los del servicio activo continúan con sus maniobras de manual y la policía es atacada por ciudadanos inconformes en Santiago y otras urbes.

Venezuela es una nueva posibilidad que el actual Gobierno ha abierto con la actualización de vuelos, aunque en asuntos de seguridad fronteriza la situación no cambia radicalmente, mientras el nuevo ministro de Defensa balbucea después del más reciente consejo de seguridad en Arauca. ¡Hubiera sido mejor magistrado! La ímproba tarea de bloquear las trochas de ese límite binacional es un imposible físico para la FFPP colombiana.

Juanita Goebertus, la nueva directora de la ONG Human Rights Watch, lo ha repetido claramente: hay un “crecimiento y ampliación de poderes de regímenes autoritarios tanto de derecha como de izquierda donde el eje común es una pérdida dramática de la confianza en la democracia, en los partidos, en el Estado de derecho y en las instituciones”. Como nunca, la ciudadanía latinoamericana pinta horizontes de autoritarismo tipo Bukele, lo que nos pone a todos al borde de la silente subordinación, pobreza al mayoreo o emigración forzosa a países con mejores climas económicos.

Todo el continente, en fin, renueva su tradicional convulsión que esperamos no se convierta en cotidianidad y, lo que es peor, en un giro violento hacia la derecha, hacia regímenes autoritarios.

domingo, 13 de marzo de 2022

Una mano...

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Lava la otra y las dos juntas lavan la cara, es una frase que enmarca una realidad vigente para cualquier lugar del mundo: en donde se encuentren más de dos personas, siempre existe la posibilidad de solucionar las dificultades que se presentan de manera conjunta, porque es posible que solos no lo logren y se tenga que desistir del esfuerzo, por ello el trabajo conjunto, solidario, teniendo un mismo objetivo es el que genera frutos, resultados.

Tenemos hoy alrededor nuestro, en el país y en el mundo, serios y graves problemas de convivencia, en los que en vez de verse en el horizonte soluciones, lo que se percibe es un crecimiento exponencial de los problemas que tarde que temprano afectaran a todos los habitantes, la calidad de vida, la tranquilidad ciudadana, la economía y posiblemente la seguridad interna y la mundial. Son días difíciles que requieren mucho análisis, ponderación y gran visión de futuro, pero sobre todo una convicción profunda de estar trabajando en el beneficio colectivo, que conlleve bienestar.

Hablar de Putin, Maduro, Ortega, Petro y otros más, no conduce a nada, son lideres negativos contrarios al logro de satisfacción de las necesidades humanas, piensan y tienen como objetivo un apetito voraz por  el poder, y hacen lo que sea para tenerlo y mantenerlo, desfalcando el erario público, matando, llevando a la cárcel a los opositores, iniciando guerras sin sentido, inyectando odio de clases, incitando a la violencia y diciendo mentiras por doquier, para simplemente perpetuarse en el cargo.

Los que creemos en la democracia, en el respeto por la vida, los que tenemos principios y valores, creemos que trabajando juntos y con el ejemplo podemos lograr resultados de crecimiento. Debemos unirnos bajo un solo ideal, el de la conservación de la sociedad, el de la unidad, el respeto y la tolerancia.

Me he quedado con la lágrima en la mano, escuchando al presidente de Ucrania, hablando del dolor, la muerte, de los ataques a civiles y a la infraestructura de ese país, que ha sido sin piedad, convirtiéndose en un verdadero genocidio. En minutos extermina a personas y familias enteras, inermes, que sin entender que ocurría buscaban refugio y fracasaron en su intento de huir de la invasión, solo encontraron la muerte. Mientras tanto el presidente de Ucrania implora por la solidaridad de Occidente; eso no puede ser, tiene que pararse esa guerra y juzgar a Putin por crímenes de lesa humanidad.

En Nicaragua pasa igual, muertos y detenidos que participaron en manifestaciones contra el gobierno, candidatos en la cárcel, robo en las elecciones, en fin, un panorama similar, pero a diferencia del anterior es una guerra interna.

Venezuela, no para la persecución, el miedo, el hambre, el terror. Todos huyen mientras un solo hombre con su familia y unos pocos aliados que controlan el ejército mantienen ese sistema putrefacto. Allí sí se requiere una actuación del mundo, pero no lo hacen por miedo a un conflicto generalizado.

Colombia, en el ojo del huracán, una sociedad y sistema de gobierno en riesgo, sin un propósito común, alejado de las posiciones que permitan acuerdos, con líderes que invitan a la convulsión social, alentada por un hombre que no oye, ni ve, que solo piensa en su objetivo, que ha cometido todo tipo de barbaridades y la juventud le copia, que está acompañado por personas que emanan únicamente revanchismo y atacan el sistema y no obstante se basan en la democracia  para lograr el poder y perpetuarse.

No soy nadie para convocar e invitar a los ciudadanos colombianos, pero me siento en la obligación moral de hacerlo, a que desde esta noche después de conocer los resultados electorales piensen seriamente en lo que se viene a continuación, en las elecciones presidenciales. Los invito a que por una vez y que sea el principio de un propósito común de unidad, de trabajo solidario y diario, evitemos la intromisión en nuestro país de doctrinas ajenas a la libertad, a la libre determinación de los ciudadanos, a pensar sin miedo, a expresar nuestras ideas con respeto por las de los otros, a convivir en paz, con un gobierno fuerte, proactivo y emprendedor, en el que las regiones tengan más autonomía, que el empleo, las oportunidades y la creación de empresa sea una alegría diaria. Ese es el país que invito a que promovamos, participemos de él y disfrutemos en armonía la cotidianidad de la vida. Se puede lograr, no es una utopía, si bajamos los ánimos lo lograremos. Les pido entonces reflexión.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Personería... Prevaricato... Petro

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Para entender temas fundamentales del derecho nada mejor que ciertos aforismos. Uno de ellos dice que la ley no tiene corazón y que el magistrado que le presta el suyo prevarica. En consecuencia, cuando se falla por simpatía, amistad, militancia política, obediencia, coima, etc., el juez prevarica porque tuerce, tergiversa o contradice o abusa de la ley.

En Colombia, desde hace algunos años venimos acostumbrándonos al prevaricato, porque se suceden los más escandalosos e inconcebibles fallos para favorecer a ciertos personajes y grupos políticos en su camino hacia el poder, mientras a otros se niega sistemáticamente el reconocimiento de sus derechos.

El activismo judicial ha convertido esa rama del poder público en un eficaz mecanismo al servicio de la extrema izquierda revolucionaria, porque las “altas” cortes, y muchas de las que de ellas dependen, han sido copadas por individuos comprometidos en la subversión ideológica.

La más reciente sentencia de orden político es la del pasado 17 de septiembre, de la Corte Constitucional, que falla a favor de una tutela presentada por Gustavo Petro para que su grupo, “Colombia Humana”, sea reconocido como un movimiento representativo de ciudadanos, en contra de repetidos pronunciamientos del Consejo Nacional Electoral, la entidad legalmente llamada a otorgar, o negar, dentro del ordenamiento, la personería jurídica a las formaciones políticas.

La absurda tutela presentada por Petro ya había sido negada el 29 de enero de 2019, por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, y en la apelación por el Consejo de Estado, el 14 de marzo siguiente, precisamente por dos tribunales que poco se han distinguido por su imparcialidad política.

Finalmente —¡vaya sorpresa!—, la Corte Constitucional seleccionó esa solicitud de Petro, y por ocho votos contra 1 se lleva de calle la legislación electoral, para favorecerlo con una inesperada personería jurídica, que le abre las puertas de copiosa financiación del erario y le permite repartir avales y formar listas para Congreso, sin tener en consideración otras opiniones.

En esos vitales asuntos, Petro ya no tendrá que someterse a los engorrosos, costosos y lentos procedimientos de otros grupos, esos sí “significativos”, de ciudadanos que tratan infructuosamente de superar los numerosos escollos legales que hacen bien difícil su expresión.

El voto disidente fue del magistrado Lizarazo, hasta ahora el peor de la Corte Constitucional, quien no objeta el fondo de la personería para Petro, sino la forma como le fue entregada…

El impulso que recibe Petro con esa personería es incalculable, tanto en cuanto le favorece como en lo que representa en detrimento de quienes se le enfrenten tardíamente y en condiciones de inferioridad… ¡Así, Petro arranca con todos los fierros, seis meses antes que los demás!

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Carlos Ochoa Martínez. El 22 de septiembre falleció —después de penosa enfermedad— el historiador que hacía poco, con La grandeza trágica de Bolívar, había interpretado las horas más amargas del Libertador en un texto sobrio, elegante y profundo, publicado justamente por la Sociedad Bolivariana, de la cual era miembro, así como de la Academia de Historia del Valle.

Carlos, a pesar de una larga vida fuera de su natal Tuluá —en Medellín, en el exterior y sobre todo en Bogotá—, nunca descuidó su terruño, para el que motivó iniciativas culturales, escribió biografías de coterráneos ilustres y deliciosos recuerdos de juventud. Fue siempre el mejor, más generoso y sincero amigo. Durante los larguísimos años de nuestra amistad nunca tuve queja alguna, ni supe de alguien que no lo apreciase.

Descanse en paz el buen cristiano, amoroso esposo, padre y abuelo, excelente ciudadano y trabajador incansable que acaba de dejarnos.

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Los alcaldes de Cali, Bogotá y Medellín son peores que la comida de la cárcel, pero pueden seguir tranquilos, acabando con todo lo que tocan, mientras tengamos el poder judicial que padecemos y la tolerancia del ejecutivo.