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miércoles, 28 de junio de 2023

¿Será verdad que "Perro que ladra no muerde"?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

En vano cuidarás una serpiente lo mejor posible; en cuanto se enfade recibirás la recompensa.

Proverbio árabe

Continuamente Petro exalta la revolución y, al mismo tiempo, la paz, como si ambas pudieran coexistir. Después del sangriento caos revolucionario, se consolida el poder de quien domine con el fusil, y luego se impone una “paz”, consistente en la obediencia forzosa y la eliminación de las libertades individuales.

Así ha sido siempre, y en Hispanoamérica no va a darse la excepción, como nos lo recuerdan Allende, Chávez, Maduro y Ortega, y como lo iba a intentar el analfabeta de Castillo, con su autogolpe de Estado, y el pobre diablo de Boric con su constituyente. Este último par fracasó porque en Perú y en Chile los ejércitos no fueron emasculados.

Más hábil, y por tanto más peligroso, es Petro, quien después de demoler las Fuerzas Armadas viene preparando su autogolpe minuciosamente, con la milicianización del país a través de las guardias indígenas, cimarronas y campesinas, y con la próxima incorporación de un “colectivo” chavista de 100.000 “jóvenes de paz”. El país no presta atención a estos preparativos, distraído por la glosolalia cotidiana, cantinflesca, incontenible, gárrula, mendaz, vulgar, procaz, fronteriza con la esquizofrenia, que hace a tantos pensar que el personaje es más de lamentar que de temer.

Al lado de la inagotable catarata de grotescos trinos aparecen también las declaraciones más siniestras, a las que el país no presta la atención debida. Muchos piensan que Petro representa solo aquello de que “perro que ladra no muerde”, de tal manera que no vale la pena preocuparse por sus chifladuras.

Pero algunos pensamos que, detrás de su insoportable cháchara y de la cantidad de sandeces que expele de manera deliberada, se esconde el propósito de que el país lo oiga “como quien oye llover”, mientras él maquina en las sombras, con los mecanismos comunistas virtuales y fácticos. Por eso hay tanta gente que sigue creyendo que la Constitución sigue vigente y que es el infalible muro de contención.

Especialmente preocupante es el anuncio de que los gobiernos municipales deberán ser dirigidos por asambleas populares, es decir, por soviets (consejos). No hay necesidad de preguntarle a Petro cómo van a integrarse sus soviets o cómo van a proceder, porque su objetivo es estimular el caos previo y necesario para el golpe que se dará, so pretexto de acuerdo con el ELN, para el establecimiento de la “democracia popular” en Colombia.

Pasada una semana, hubo apenas dos o tres comentarios superficiales sobre esos exabruptos, y luego nadie volvió a hablar de ellos, pero Petro no dejará de implementarlos, porque están dentro de la fórmula dogmática e inalterable del manual leninista.

Se dirá que la Constitución no permite la creación de esas asambleas y que, por tanto, no debemos preocuparnos por otra de las afirmaciones irresponsables a las que nos tiene acostumbrados.

Respondo que de lo que se trata es de la organización del Estado hacia la cual vamos de manera inevitable, si Petro consolida su toma de los demás poderes, empezando por la inexorable de la Fiscalía, en muy pocos meses, cuando termine el periodo de su actual titular, y por la consolidación del Pacto Histórico en las grandes ciudades y departamentos, si no hay unión de las fuerzas democráticas en torno a candidatos únicos y viables.

Entre 1925 y 1933, pocos en Alemania “pararon bolas” a los despropósitos de un cabo psicópata, y, sin embargo...

Aquí nos puede pasar lo mismo, si, a pesar de estar advertidos sobre las intenciones de Petro y la ideología de su movimiento, continuamos desconociendo el inminente peligro, ilusionados con su salida en 2026. Con voto y cómputo electrónicos, bajo autoridades electorales comprometidas con el régimen, esa es una apuesta poco sólida, desafortunadamente acorde con el clima nacional de despreocupación frente a los hechos más ominosos del actual gobierno.

Pero, después de las marchas, lo que se nota es un Petro atrincherado en la nueva legislación electoral y dispuesto a burlarse de los manifestantes...

Colombia es demasiado rica para que nuestros enemigos la suelten. Pero si la judicatura, los legisladores, los medios y los partidos reaccionasen al borde del abismo, estimulados por el verdadero sentimiento nacional expresado en las multitudinarias marchas, el país, hasta ahora resignado al escándalo y al pillaje, podría encontrar el líder indispensable para su recuperación...

domingo, 13 de marzo de 2022

Una mano...

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Lava la otra y las dos juntas lavan la cara, es una frase que enmarca una realidad vigente para cualquier lugar del mundo: en donde se encuentren más de dos personas, siempre existe la posibilidad de solucionar las dificultades que se presentan de manera conjunta, porque es posible que solos no lo logren y se tenga que desistir del esfuerzo, por ello el trabajo conjunto, solidario, teniendo un mismo objetivo es el que genera frutos, resultados.

Tenemos hoy alrededor nuestro, en el país y en el mundo, serios y graves problemas de convivencia, en los que en vez de verse en el horizonte soluciones, lo que se percibe es un crecimiento exponencial de los problemas que tarde que temprano afectaran a todos los habitantes, la calidad de vida, la tranquilidad ciudadana, la economía y posiblemente la seguridad interna y la mundial. Son días difíciles que requieren mucho análisis, ponderación y gran visión de futuro, pero sobre todo una convicción profunda de estar trabajando en el beneficio colectivo, que conlleve bienestar.

Hablar de Putin, Maduro, Ortega, Petro y otros más, no conduce a nada, son lideres negativos contrarios al logro de satisfacción de las necesidades humanas, piensan y tienen como objetivo un apetito voraz por  el poder, y hacen lo que sea para tenerlo y mantenerlo, desfalcando el erario público, matando, llevando a la cárcel a los opositores, iniciando guerras sin sentido, inyectando odio de clases, incitando a la violencia y diciendo mentiras por doquier, para simplemente perpetuarse en el cargo.

Los que creemos en la democracia, en el respeto por la vida, los que tenemos principios y valores, creemos que trabajando juntos y con el ejemplo podemos lograr resultados de crecimiento. Debemos unirnos bajo un solo ideal, el de la conservación de la sociedad, el de la unidad, el respeto y la tolerancia.

Me he quedado con la lágrima en la mano, escuchando al presidente de Ucrania, hablando del dolor, la muerte, de los ataques a civiles y a la infraestructura de ese país, que ha sido sin piedad, convirtiéndose en un verdadero genocidio. En minutos extermina a personas y familias enteras, inermes, que sin entender que ocurría buscaban refugio y fracasaron en su intento de huir de la invasión, solo encontraron la muerte. Mientras tanto el presidente de Ucrania implora por la solidaridad de Occidente; eso no puede ser, tiene que pararse esa guerra y juzgar a Putin por crímenes de lesa humanidad.

En Nicaragua pasa igual, muertos y detenidos que participaron en manifestaciones contra el gobierno, candidatos en la cárcel, robo en las elecciones, en fin, un panorama similar, pero a diferencia del anterior es una guerra interna.

Venezuela, no para la persecución, el miedo, el hambre, el terror. Todos huyen mientras un solo hombre con su familia y unos pocos aliados que controlan el ejército mantienen ese sistema putrefacto. Allí sí se requiere una actuación del mundo, pero no lo hacen por miedo a un conflicto generalizado.

Colombia, en el ojo del huracán, una sociedad y sistema de gobierno en riesgo, sin un propósito común, alejado de las posiciones que permitan acuerdos, con líderes que invitan a la convulsión social, alentada por un hombre que no oye, ni ve, que solo piensa en su objetivo, que ha cometido todo tipo de barbaridades y la juventud le copia, que está acompañado por personas que emanan únicamente revanchismo y atacan el sistema y no obstante se basan en la democracia  para lograr el poder y perpetuarse.

No soy nadie para convocar e invitar a los ciudadanos colombianos, pero me siento en la obligación moral de hacerlo, a que desde esta noche después de conocer los resultados electorales piensen seriamente en lo que se viene a continuación, en las elecciones presidenciales. Los invito a que por una vez y que sea el principio de un propósito común de unidad, de trabajo solidario y diario, evitemos la intromisión en nuestro país de doctrinas ajenas a la libertad, a la libre determinación de los ciudadanos, a pensar sin miedo, a expresar nuestras ideas con respeto por las de los otros, a convivir en paz, con un gobierno fuerte, proactivo y emprendedor, en el que las regiones tengan más autonomía, que el empleo, las oportunidades y la creación de empresa sea una alegría diaria. Ese es el país que invito a que promovamos, participemos de él y disfrutemos en armonía la cotidianidad de la vida. Se puede lograr, no es una utopía, si bajamos los ánimos lo lograremos. Les pido entonces reflexión.

viernes, 11 de junio de 2021

País de intolerantes

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Cuando hablamos de tolerancia suponemos dos cualidades: respeto y aceptación. Respeto por la diferencia y aceptación de la misma. Y eso es precisamente lo que nos ha faltado desde hace rato en este país, porque quien piense distinto y así lo manifieste, automáticamente se convierte, si no en enemigo, como mínimo en adversario y amenaza.

Ha ido cobrando fuerza eso que se denomina la cultura del odio, que autores como Mario Mendoza describen muy bien. Es el rechazo a lo extraño, lo diferente, y que desde temprana edad nos ha ido infectando el alma. Si en fútbol usted es hincha de Millonarios, visceralmente es adversario de Santafé, Nacional o América. ¿Cuántos apuñalados y cuántos muertos de lado y lado por llevar la camiseta del otro equipo? Incluso, en un mismo equipo, ¿cómo así que las barras de una ciudad no aceptan los que vienen de otra?

En las conversaciones y hasta en el humor cotidiano, vemos desprecio y rechazo por quienes provienen de grupos étnicos o raciales distintos: negros e indígenas, por ejemplo, son objeto de burlas, ridiculizaciones y posturas adversas. Los consideramos seres inferiores, perezosos, sucios e ignorantes. Esos inaceptables prejuicios y esas actitudes excluyentes ya causaron 60 millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial. Es verdad que otras fueron las víctimas, pero el equívoco punto de partida fue el mismo.

Ha menguado mucho en lo religioso, pero igualmente no han faltado las descalificaciones agresivas entre protestantes y católicos. Descarriados aquellos, intransigentes estos, desubicados todos, aseguran servir al verdadero y único Señor a quien no ven y no respetan ni aceptan a su prójimo a quien sí ven.

En diferentes ámbitos LGBTI, es proverbial el maltrato y la exclusión: por la edad, el color de la piel, la apariencia física, atractivo, rol sexual, tamaño de los genitales, etcétera.

Y ¿qué decir del ámbito de lo político?: hace años, por ser liberales o conservadores, los campos y ciudades se tiñeron de sangre por el solo hecho de pertenecer a uno u otro partido. Actualmente es si usted es de derecha o izquierda, y muchas veces ni siquiera eso, sino porque el macartismo es tal que si se defienden los derechos humanos, se apoya un movimiento social o se critica el establecimiento, automáticamente se es de izquierda, y si usted defiende el orden, promueve ciertos valores éticos o religiosos, inmediatamente es puesto a la derecha. ¡Por Dios!

Cuando se es minoría o cuando se tiene la certeza de ser excluido, se reclama respeto, aceptación, tolerancia. Lo paradójico, por no decir tragicómico es que cuando las relaciones asimétricas se invierten, quienes asumen el liderazgo y el poder se vuelven tan excluyentes y crueles como aquellos que criticaron. ¿Fue mejor Castro que Batista? ¿Ortega que Somoza? ¿Chávez que Pérez? La historia parece demostrarnos que no.

Somos plurales, diversos, diferentes. Eso no es malo, ni es tara, problema u obstáculo. Ese variopinto es riqueza, cúmulo de dones, talentos o carismas. Son enfoques, perspectivas o posiciones que se ayudan y complementan. Si habláramos menos y escucháramos más, con atención y respeto, con apertura y grandeza de espíritu, esto sería otro cuento, otra la historia, porque la cosa no es simplemente blanca o negra sino multicolor y así como un pájaro o un avión necesitan dos alas para volar, también la cabeza necesita de los pies y la razón del corazón para que las cosas funcionen. ¡Elemental, mi querido Watson!

viernes, 15 de noviembre de 2019

Paro nacional en un mundo convulso


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Dos artículos, recientemente leídos, de Joseph Stiglitz y Jeffrey Sachs, confirman lo que hace 15 días escribí aquí sobre “Colapsos”. En efecto, al narrar el derrumbamiento de los sistemas fascistas y comunistas, también hablé de la inminente caída del capitalismo neoliberal. Lo que está pasando en todo el mundo, no solo acá, afirman estos connotados analistas económicos estadounidenses, es la expresión de un total agotamiento frente a un sistema que ha venido prometiendo prosperidad, pero que en sus resultados lo único que ha evidenciado es la ampliación de las brechas sociales por la pésima distribución del ingreso. Se necesitaría ser muy tonto para pensar siquiera que estos señores son de izquierda y están agitando las masas para la revolución comunista. No. Son reconocidos hombres de las ciencias económicas que objetivamente han visto con preocupación cómo, el metarrelato de la gran ideología capitalista, finalmente, ha sido decepcionante.

Cita Sachs los casos de París, Hong Kong y Santiago de Chile, ciudades tan prósperas como exitosas, donde el ingreso promedio per cápita es de los mejores del mundo, pero donde, en contraste, se sienten menos libres para adquirir lo que desean. Por eso, no parecería sensato que, por un simple aumento del pasaje del metro, en el caso chileno, se arme semejante alboroto en este país latinoamericano que, supuestamente, está mejor que todos. En realidad, el ingreso es “promedio”, pero eso no quiere decir que efectivamente todos reciban tal cual tan jugosa suma (18 mil dólares anuales, es decir, 61,2 millones de pesos colombianos al año, o sea 5,1 millones mensuales), cifra por supuesto de la que aquí estamos bastante lejos… El asunto, ya lo vemos, es que unos pocos tienen mucho y muchos tienen poco. Riqueza sí, pero mal distribuida. Eso es lo que envenena la gente.

Dice Stiglitz: “Estamos experimentando las consecuencias políticas de este enorme engaño: desconfianza en las élites, en la «ciencia» económica en la que se basó el neoliberalismo y en el sistema político corrompido por el dinero que hizo todo esto posible”.

El mundo está convulsionado eso es claro. La gente está harta de manipulaciones y mentiras, vengan de donde vinieren, derechas de Trump, Macron, Bolsonaro o Piñera, o de izquierdas de Erdogan, Maduro, Ortega o el recién caído Evo, para “ribetearlas” grosso modo. Lo que extraña y realmente sorprende es su ceguera, su terquedad y su indolencia. Viendo lo que ven, sabiendo lo que saben que pasa, se hacen los ciegos, los sordomudos y no hacen nada efectivo para que las cosas sean distintas. Tarde que temprano pagarán caro su tontería. Lo saben, la historia con decenas de ejemplos se los ha advertido y no quieren entender.

Colombia no es la excepción. Económicamente estamos mejor que los otros países de la región, pero, políticamente, no estamos mucho mejor que el resto. La paz que debería habernos catapultado, como ya se estaba avizorando al ser admitidos en la OCDE, por ejemplo, ha sido el karma que hemos tenido que padecer por la mezquindad de dos líderes tan polarizantes como nefastos. Si. Los dos. El daño que le están haciendo al país no tiene nombre. Los odios y los rencores son alimentados minuto a minuto por los no menos infames áulicos de sus cortes. Parecieran ser tan distintos, pero en el fondo son todos igual de dañinos. Cualquier evento es aprovechado por unos y otros para llevarnos irracional e irremediablemente a la debacle y al caos.

Ya lo dije el otro día aquí: que haya protestas no debe reprimirse, pero que estas sean manipuladas para generar disturbios, destrucción y, por ende, represión, falsos positivos y muerte, eso no tiene perdón. Más indignación aún causa que tan cínicos y siniestros señores de la muerte le hayan comenzado a agregar el ingrediente religioso. Eso era lo que faltaba, usar las creencias religiosas también para aumentar odios viscerales. Solo falta que añadan motivos de orden étnico, racial, de clase social y de género para llegar a lo que ellos quieren: un todos contra todos, donde todo vale. Llevar a Colombia a un nuevo desangre, para ellos erguirse como caudillos salvadores. Lo más triste: ver cómo logran convertirnos en sus sumisos seguidores con cero conciencias críticas, cero análisis. Simplemente somos dos bandos en confrontación y los que no están en nuestro bando, porque piensan diferente, hay que rechazarlos, excluirlos y odiarlos. ¡Increíble a dónde nos están llevando!

Me preocupa el paro del 21, no por encarnar una legítima protesta que debería ser contra un sistema inequitativo e injusto, sino porque los polarizadores lo están aprovechando en beneficio de sus sucios intereses. Y las masas, ciegas e irracionales, se están dejando llevar de narices al abismo. Vuelvo y pregunto, ¿será que hay todavía gente con dos dedos de frente y con autoridad moral y reconocido liderazgo para evitar el infierno que se nos avecina?, ¿estamos todavía a tiempo?

Colofón: Nuestros Obispos, a propósito del paro nacional reflexionan: “El cansancio y el descontento que están manifestando ciertas movilizaciones ciudadanas, revelan problemas graves que no hemos podido superar y que tienen su origen y su expresión en la corrupción, la inequidad social, el desempleo y la imposibilidad de amplios sectores para acceder a los servicios básicos de alimentación, salud y educación. Estas movilizaciones son un derecho democrático, cuando son expresión de libertad y responsabilidad ciudadana. Para que tengan verdadero sentido deben apuntar al bien común y no prestarse a intereses personales o de grupos, ni a la implantación de ideologías o propósitos ajenos a la vida de nuestras comunicadas” (# 2 y 3 del Comunicado 039 del 14-11-2019).

jueves, 14 de noviembre de 2019

Vigía: malos gobiernos y nuevos uniformes


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Cansada de un evismo que, a pesar de mostrar logros económicos significativos, se erigió mesiánico y tramposo en las urnas, la ciudadanía boliviana revalidó su NO a la reelección con prolongadas protestas callejeras, violencia y vandalismo. Inesperadamente, la policía se unió a las manifestaciones contra del caudillo y entonces el estamento castrense, sin personalismos —no veo ningún general o coronel boliviano encabezando un “gobierno de transición"— le “sugirió” al presidente constitucional dejar el poder. Es entendible. Serían ellos, los militares, la última instancia a la que recurriría el gobierno para restablecer el orden y saldrían probablemente a disparar, para lo cual han sido equipados y entrenados. Después, serían abandonados a su suerte por los mandatarios que les dieron la orden y cargarían con toda la responsabilidad como masacradores y asesinos.

Recordemos el caso del Palacio de Justicia en 1985 en Bogotá. Ese fatal juego lo conocen muy bien las nuevas generaciones de militares que no son tan tontos para caer en la misma trampa de irresponsables élites políticas. Sin embargo, los mandos actuales entienden el gran descontento que muestran las encuestas con las llamadas democracias, urgidas de seguridad y orden como prerrequisitos ineludibles para cualquier proyecto de progreso y desarrollo. Comprendiendo el sentimiento popular y sin ambicionar ni el poder, ni el protagonismo de sus generaciones anteriores y a contrapelo de los discursos políticos de uno y otro espectro, finalmente en sus sables reside el rumbo de los países latinoamericanos aceptando su papel estabilizador ante la incapacidad e ineficiencia políticas. Por otra parte, son también los fusiles los que sostienen contra viento y marea a dictaduras como las de Maduro, Ortega, Castro, y sus respectivas bandas.

Lo de Bolivia es ejemplarizante. El viejo modelo golpista latinoamericano está virando a una nueva función de los militares y a una nueva dimensión de la policía. México parece derivar en la misma dirección. Chile y Ecuador tienen las opciones abiertas.

En Colombia, como abrebocas al paro nacional del 21 de noviembre, un senador, impúdicamente y con torcida retórica, utilizó un bombardeo legal, legítimo y bajo los parámetros del DIH, para vender la imagen de una “masacre de niños” por cuenta de las fuerzas militares. El parlamentario abonó a la desinstitucionalización del país, recabando el negativo de los militares en las encuestas, sin mencionar el positivo, que ronda el 70%, convirtiéndolos desde hace más de una década en la institución de mayor confiabilidad en Colombia.