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martes, 3 de diciembre de 2024

Ligerezas, ignorancia o desinformación

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Pasaron, por fin, las elecciones en los Estados Unidos de Norte América con un resultado contundente, aceptado por todos, donde el triunfador, el presidente número 47, tiene en su mano un “póker de ases” ya que ganó en el Colegio Electoral, ganó el voto popular, consiguió la mayoría en el Senado y la Cámara y 6 de los 9 miembros de la Corte Suprema de Justicia fueron recomendados por él en su momento.

Esta situación le permite tener “alta gobernabilidad” que como una aplanadora podría sacar adelante cualquiera de sus iniciativas, en el entendido de que una cosa es lo que se promete en campaña y otra la que verdaderamente es posible realizar ya en el ejercicio del mandato.

Este Gobierno será juzgado por la historia como uno de múltiples realizaciones o como uno de muchas frustraciones y omisiones.

Unir un país polarizado no es fácil y esta debería ser la tarea principal del nuevo mandatario. En esto, los medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad.

Las campañas mostraron su lado flaco, y como en el caso de cualquier país tercermundista los términos de “delincuente”, “loco”, “loca”, comunista”, “fascista”, “mentiroso”, entre otros tantos, fueron acuñados a través de los diferentes medios y canales de comunicación empleados, evidenciando que “el todo vale”; también se aplica en aquellos que se autoproclaman como los mejores y los defensores mundiales de la democracia.

Es de anotar que mientras el candidato Trump tuvo 8 años de campaña, la candidata Harris tuvo un poco más de 3 meses.

El anuncio del entonces candidato Trump de que si perdía las elecciones era por que se las habían robado, no deja de tener cierto aire apasionado y folclórico, que afortunadamente no sucedió, pues quién sabe cómo hubiera sido la reacción de sus seguidores y de él mismo. Recordemos los acontecimientos nefastos de enero 6 de 2021.

El presidente electo es a su vez un delincuente convicto que espera sentencia de una corte de New York por el caso de pago de dinero a cambio de silencio, a no ser que sea pospuesta hasta que termine su nuevo mandato, lo cual podría permitir una figura de indulto por su sucesor.

La candidata Harris fue calificada por muchos como “izquierdosa”, lo cual refleja la ligereza, la ignorancia o la desinformación de muchos ciudadanos o el apasionamiento que las condiciones anteriores genera.

¿Les parecen muy “izquierdosos” los expresidentes Kennedy, Carter, Clinton, Obama o Biden?

Amor o desamor no quita conocimiento.

Sin embargo, en el fragor electoral por el primer cargo público del planeta, se cocinan muchas pasiones y sobre todo muchos intereses.

El presidente tiene la potestad de firmar las legislaciones para convertirlas en ley o para vetar las leyes promulgadas por el Congreso, a pesar de que el Congreso puede invalidar un veto con dos tercios del voto en ambas Cámaras. La rama ejecutiva conduce la diplomacia con otras naciones y el presidente tiene el poder de negociar y firmar tratados, los cuales ratifica el Senado. El presidente puede emitir órdenes ejecutivas, las cuales dirigen a los oficiales ejecutivos o clarifican y avanzan las leyes existentes. El presidente también tiene la potestad de extender perdones y clemencias para crímenes federales.

Con estos poderes vienen varias responsabilidades, entre ellas un requerimiento constitucional de “periódicamente […] proporcionar al Congreso informes sobre el estado de la Unión, recomendando a su consideración las medidas que estime necesarias y oportunas”. A pesar de que el presidente puede cumplir con este requerimiento de cualquier manera que él o ella decida, tradicionalmente los presidentes han presentado un discurso sobre el estado de la Unión cada enero (excepto en los años inaugurales) frente una sesión conjunta del Congreso para delinear su agenda para el año siguiente.

Durante su mandato, un presidente de los Estados Unidos puede emitir órdenes ejecutivas. Es muy posible, tal como lo hacen casi todos los presidentes, que una vez posesionado y ya en la Sala Oval, el presidente Trump firme sus primeras órdenes ejecutivas revocando algunas de las emitidas por su antecesor, tal como lo han hecho recientemente el mismo Trump y Biden, evidenciando que por más maduros que sean políticamente, allá también “Cada alcalde manda en su año”.

La democracia está soportada en partidos políticos fuertes y en la capacidad de que las leyes se apliquen para todos por igual.

Por fortuna, el presidente electo no tendrá el distractor de una posible reelección, ya que este será su segundo mandato y se podrá dedicar a gobernar.

Mucha suerte al nuevo presidente y que la mesura, la prudencia, la buena voluntad y su anunciada defensa de la democracia y sus principios de libertad, igualdad, equidad, bienestar, justicia y paz sean los faros que iluminen su camino, por el bien de los estadounidenses y de la humanidad.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

¡No es lo mismo!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Acaba de pasar la quincena trágica. A Bolivia regresó, en cuerpo ajeno, el gran cocalero. A diferencia de Chávez, que incrementó el despilfarro secular hasta el total agotamiento de un país que fue riquísimo, Evo apenas recogió la única y efímera bonanza boliviana (petrolera, gasífera y de litio), para malbaratar unos 50.000 millones de dólares en proyectos alocados y en corrupción clientelista y tribal. Ahora, un país mal acostumbrado retorna a la pobreza tradicional, bajo los postulados poco prometedores del socialismo del siglo xxi.

Luego en Chile. Como los pueblos no tienen memoria, la sombra victoriosa de Allende se pasea ahora por Santiago y nadie recuerda el hambre, la violencia y la destrucción del aparato productivo causadas por alguien que prefiguraba a Maduro como economista y a Petro como pensador. Un año de motines “pacíficos”, un metro destrozado, iglesias en llamas y la economía en ruinas, pero la prensa mamerta mundial y los optimistas despalomados de siempre celebran la constituyente gárrula, que descuadernará al país, esterilizará su economía y abrirá las puertas del Estado a la demagogia progre y socialista.

La tragedia de ambos pueblos, por dolorosa que sea, principalmente a ellos afecta, mientras la de los Estados Unidos es de orden universal. Sin embargo, se oyen voces en Colombia en el sentido de que para nosotros da lo mismo Trump o que sea Biden. ¡No, no es lo mismo!, porque con el segundo vendrá un nuevo acomodo, innecesario y vergonzante, con el castro-chavismo, como el de Obama, de consecuencias nefastas para nuestro país, amenazado de un destino similar al del vecino.

Pero ahí no para el asunto. El regreso de la camarilla gestora del nuevo orden mundial afectará a todo el mundo, porque tras del anciano decrépito y logrero y de la abortista pavorosa, se mueven fuerzas descomunales para la destrucción de la familia y la civilización. El “matrimonio igualitario”, el abortismo desenfrenado (hasta el momento mismo del alumbramiento), el feminismo radical y agresivo, la inculturación de la infancia en la ideología de género, el activismo Lgtbi, la persecución religiosa, la reescritura vengativa de la historia y la iconoclastia, son las banderas manchadas del actual partido demócrata.

Y en lo tocante a la preservación de la democracia y de los Estados nacionales, los nuevos inquilinos de 1600 Pennsylvania Ave. estarán más inclinados a resignarse que a oponerse al ascenso chino, mientras su apego por la democracia no pasa del nombre del partido.

Los episodios de fraude que dan origen a este gobierno, así escapen a la calificación judicial politizada e inmediata, no dejarán de inquietar a politólogos e historiadores. La imposible auditoría sobre millones de votos postales inseguros, los numerosos votantes muertos, el recuento sin testigos, los votos destruidos por escrutadores, entre otros acontecimientos, indican hasta dónde se llega en los estertores de la democracia.

Trump, arrogante y antipático, se enfrentó con energía descomunal al nuevo orden mundialista, globalista y masónico. En cambio, nadie sabe quiénes son los verdaderos y secretos amos políticos que regresan al poder en Washington.

Además, no es la primera vez que un anciano reblandecido e incapaz llega a la presidencia de los Estados Unidos. El primero de ellos en representar el mayor poder mundial fue Woodrow Wilson, al salir vencedor de la I Guerra Mundial. Fue reelegido en avanzado estado de demencia senil y los últimos dos años de su gobierno (1919-21) fueron ejercidos por Mrs. Wilson y el secretario de Estado Lansing.

Ahora bien, si Biden se muere o lo incapacitan, Kamala llegará a reeditar de manera aumentada y obediente a la camarilla clandestina, la horrenda presidencia de Barak Obama, para extender por todo el mundo el Nuevo Orden, dictadura debilitante de un Occidente moribundo, incapaz de enfrentarse al ascenso chino y al fundamentalismo islámico.

Con un Vaticano extraviado en la teología de la liberación y con los Estados Unidos en clave progre-globalista, la soledad de los colombianos de bien será agobiadora, pero aunque nos abandonen, no dejaremos la lucha.

***

¡Reconstrucción o catástrofe!

jueves, 13 de agosto de 2020

Uribe y la desestabilización regional

 Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda (RA)

La principal habilidad del diablo es hacernos creer que no existe, dijo el Papa en alguna oportunidad. Y esa es también la principal habilidad de los comunistas que, ahora disfrazados de benévolo socialismo o refinado progresismo, están intentando volver al poder de donde fueron desalojados después de dos décadas de pésimos gobiernos, ladronismo y represión a la libertad.

Lo de Uribe se inscribe en esa lucha. Los efectos de su encarcelamiento trascienden la ebullición de cotarro político local y sus ondas se extienden por el continente. Basta ver los titulares de prensa, los pronunciamientos y las redes sociales en todos los países latinoamericanos. El galimatías jurídico que justifica la medida de aseguramiento, procede de unas muy desprestigiadas cortes, con un 85% de la opinión pública que no confía en ellas.

Más que explicar la decisión, el farragoso auto intenta enviar un mensaje intimidatorio exhibiendo un trofeo de guerra simbólico de esta lucha entre los valores y principios de nuestra cultura occidental y los de un globalismo que nos quiere convertir en abejas para “salvar el mundo” y obligarnos a producir para unas pocas reinas en el panal. Obrerismo a fondo, miseria a la vista.

Como bien lo dijo el fiscal Nisman, “suicidado” por el régimen de la Kirchner, “el presidente Uribe es el muro de contención que separa a Colombia del comunismo”. Ese muro desbarató 60 años de una persistente intentona terrorista para apoderarse de la joya de la corona de las débiles democracias liberales en Latinoamérica. En esta misma lucha actual se inscriben Trump y Bolsonaro. La gran prensa, pervertida por ambiciones monopólicas, muy difícilmente trasmitirá alguna buena noticia sobre estos tres personajes que enfrentan un ataque inédito y a muerte. Mírese el peligroso escenario de US con Antifa, algunos de sus miembros vinculados al terrorismo sirio y con BLM, sus creadores declarados marxistas.

Por estos lares, la alianza entre narcotráfico (Samper) y comunismo (Cepeda), patente en el Grupo de Puebla, satélite del Foro de Sao Paulo, promueven el narcosocialismo mientras Caracas prohija el brazo armado de las narcofarc.

Pero en política, como en física, a toda acción corresponde una reacción en dirección opuesta y con la misma intensidad. Todo el andamiaje jurídico de utilería contra Uribe, está despertando una fuerte reacción de sus admiradores, que son mayoría y de quienes no lo admiran, pero sufren la vergüenza de magistrados venales y corruptos. El temor aquí, que por momentos parece un deseo reprimido, es similar al del ciudadano norteamericano promedio frente a los ataques sin sentido de la Antifa y el BLM: que se despierte una reacción irracional de la extrema derecha que pueda escalar a un conflicto mayor. En Estados Unidos se oyen voces advirtiendo una Guerra Civil. En Colombia, percibimos la renovación de la cruda violencia de la cual no nos hemos alejado y que el mal acuerdo de La Habana renovó.

En el tablero del juego regional, la narcocamarilla de Miraflores, siempre a punto del colapso, parece incólume a pesar del derrumbe del país; Evo tiene alborotada a Bolivia, buscando regresar a su proyecto de incanato socialista; Cuba hormiguea en Colombia planeando calculadamente sus pasos para ayudar al éxito de los comunistas en el 2022; Irán-Hezbolá, aumenta su poder desde Venezuela; Rusia, China, Turquía, calculan cualquier movimiento, cualquier pronunciamiento, cualquier “ayuda”.

En su última renovación cuatrienal del Libro Blanco de la Defensa, Brasil contempla la posibilidad de su involucramiento en “tensiones y crisis en el entorno estratégico” ante los cuales “el país podrá verse motivado a contribuir a la solución de eventuales controversias o defender sus intereses”. Este giro en la política de seguridad exterior brasileña ¿es una diplomática alerta regional?

Los veredictos electorales en US y en Bolivia, en los próximos meses, marcarán el rumbo político, económico y social de la región, un continente con vastos recursos naturales, fronteras incontrolables, altos índices de impunidad y de corrupción, y con las mayores tasas de homicidio del mundo.

En esta cancha, urge la organización de poblaciones y sectores que no quieren perder su libertad en manos de populistas de izquierda cuyo único trabajo ha sido incentivar el odio generado en la envidia del éxito del trabajo duro e inteligente.

Papel protagónico cumplirá la Reserva Activa, la misma que derrotó a los narcoterroristas con las armas legales y legítimas del Estado y que ahora deberá aplastarlos con la fuerza de los votos. Lo de Uribe, pues, no es de talla menor y se enmarca en una seria amenaza regional de desestabilización, alentada por la dictadura venezolana.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Paro nacional en un mundo convulso


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Dos artículos, recientemente leídos, de Joseph Stiglitz y Jeffrey Sachs, confirman lo que hace 15 días escribí aquí sobre “Colapsos”. En efecto, al narrar el derrumbamiento de los sistemas fascistas y comunistas, también hablé de la inminente caída del capitalismo neoliberal. Lo que está pasando en todo el mundo, no solo acá, afirman estos connotados analistas económicos estadounidenses, es la expresión de un total agotamiento frente a un sistema que ha venido prometiendo prosperidad, pero que en sus resultados lo único que ha evidenciado es la ampliación de las brechas sociales por la pésima distribución del ingreso. Se necesitaría ser muy tonto para pensar siquiera que estos señores son de izquierda y están agitando las masas para la revolución comunista. No. Son reconocidos hombres de las ciencias económicas que objetivamente han visto con preocupación cómo, el metarrelato de la gran ideología capitalista, finalmente, ha sido decepcionante.

Cita Sachs los casos de París, Hong Kong y Santiago de Chile, ciudades tan prósperas como exitosas, donde el ingreso promedio per cápita es de los mejores del mundo, pero donde, en contraste, se sienten menos libres para adquirir lo que desean. Por eso, no parecería sensato que, por un simple aumento del pasaje del metro, en el caso chileno, se arme semejante alboroto en este país latinoamericano que, supuestamente, está mejor que todos. En realidad, el ingreso es “promedio”, pero eso no quiere decir que efectivamente todos reciban tal cual tan jugosa suma (18 mil dólares anuales, es decir, 61,2 millones de pesos colombianos al año, o sea 5,1 millones mensuales), cifra por supuesto de la que aquí estamos bastante lejos… El asunto, ya lo vemos, es que unos pocos tienen mucho y muchos tienen poco. Riqueza sí, pero mal distribuida. Eso es lo que envenena la gente.

Dice Stiglitz: “Estamos experimentando las consecuencias políticas de este enorme engaño: desconfianza en las élites, en la «ciencia» económica en la que se basó el neoliberalismo y en el sistema político corrompido por el dinero que hizo todo esto posible”.

El mundo está convulsionado eso es claro. La gente está harta de manipulaciones y mentiras, vengan de donde vinieren, derechas de Trump, Macron, Bolsonaro o Piñera, o de izquierdas de Erdogan, Maduro, Ortega o el recién caído Evo, para “ribetearlas” grosso modo. Lo que extraña y realmente sorprende es su ceguera, su terquedad y su indolencia. Viendo lo que ven, sabiendo lo que saben que pasa, se hacen los ciegos, los sordomudos y no hacen nada efectivo para que las cosas sean distintas. Tarde que temprano pagarán caro su tontería. Lo saben, la historia con decenas de ejemplos se los ha advertido y no quieren entender.

Colombia no es la excepción. Económicamente estamos mejor que los otros países de la región, pero, políticamente, no estamos mucho mejor que el resto. La paz que debería habernos catapultado, como ya se estaba avizorando al ser admitidos en la OCDE, por ejemplo, ha sido el karma que hemos tenido que padecer por la mezquindad de dos líderes tan polarizantes como nefastos. Si. Los dos. El daño que le están haciendo al país no tiene nombre. Los odios y los rencores son alimentados minuto a minuto por los no menos infames áulicos de sus cortes. Parecieran ser tan distintos, pero en el fondo son todos igual de dañinos. Cualquier evento es aprovechado por unos y otros para llevarnos irracional e irremediablemente a la debacle y al caos.

Ya lo dije el otro día aquí: que haya protestas no debe reprimirse, pero que estas sean manipuladas para generar disturbios, destrucción y, por ende, represión, falsos positivos y muerte, eso no tiene perdón. Más indignación aún causa que tan cínicos y siniestros señores de la muerte le hayan comenzado a agregar el ingrediente religioso. Eso era lo que faltaba, usar las creencias religiosas también para aumentar odios viscerales. Solo falta que añadan motivos de orden étnico, racial, de clase social y de género para llegar a lo que ellos quieren: un todos contra todos, donde todo vale. Llevar a Colombia a un nuevo desangre, para ellos erguirse como caudillos salvadores. Lo más triste: ver cómo logran convertirnos en sus sumisos seguidores con cero conciencias críticas, cero análisis. Simplemente somos dos bandos en confrontación y los que no están en nuestro bando, porque piensan diferente, hay que rechazarlos, excluirlos y odiarlos. ¡Increíble a dónde nos están llevando!

Me preocupa el paro del 21, no por encarnar una legítima protesta que debería ser contra un sistema inequitativo e injusto, sino porque los polarizadores lo están aprovechando en beneficio de sus sucios intereses. Y las masas, ciegas e irracionales, se están dejando llevar de narices al abismo. Vuelvo y pregunto, ¿será que hay todavía gente con dos dedos de frente y con autoridad moral y reconocido liderazgo para evitar el infierno que se nos avecina?, ¿estamos todavía a tiempo?

Colofón: Nuestros Obispos, a propósito del paro nacional reflexionan: “El cansancio y el descontento que están manifestando ciertas movilizaciones ciudadanas, revelan problemas graves que no hemos podido superar y que tienen su origen y su expresión en la corrupción, la inequidad social, el desempleo y la imposibilidad de amplios sectores para acceder a los servicios básicos de alimentación, salud y educación. Estas movilizaciones son un derecho democrático, cuando son expresión de libertad y responsabilidad ciudadana. Para que tengan verdadero sentido deben apuntar al bien común y no prestarse a intereses personales o de grupos, ni a la implantación de ideologías o propósitos ajenos a la vida de nuestras comunicadas” (# 2 y 3 del Comunicado 039 del 14-11-2019).