En una nueva entrega de “Sucesos de la Semana”, Antonio Montoya H. recorre los principales acontecimientos de la agenda nacional e internacional: la renovada tensión por las Malvinas y el petróleo venezolano, la visita de Marco Rubio a Colombia, la controversia por los pasaportes, la eliminación de los distritos mineros y la ofensiva militar contra los grupos armados, entre otros temas que marcan la actualidad. No dejes de verlo.
lunes, 7 de septiembre de 2026
Editorial: sucesos de la semana No. 161
En una nueva entrega de “Sucesos de la Semana”, Antonio Montoya H. recorre los principales acontecimientos de la agenda nacional e internacional: la renovada tensión por las Malvinas y el petróleo venezolano, la visita de Marco Rubio a Colombia, la controversia por los pasaportes, la eliminación de los distritos mineros y la ofensiva militar contra los grupos armados, entre otros temas que marcan la actualidad. No dejes de verlo.
Pensar en grande, hacer más y hablar menos
Luis Guillermo Echeverri Vélez
La conclusión
esencial de “La Rebelión de Atlas de la filósofa Ayn Rand”, es que la mente
humana y la libertad son el motor del progreso, y la sociedad colapsa cuando
los gobiernos y sus burocracias ideologizadas por el colectivismo explotan a
quienes producen.
Sin duda la
libertad es el motor del progreso y el desarrollo social al que se oponen los
populismos que se alimentan de las ideas progresistas y wokistas como
extensiones de la anticultura marxista y la teoría crítica de la escuela de
Frankfurt que durante más de un siglo ha embrollado las definiciones de trabajo
en equipo, lealtad y apoyo mutuo con el estatismo, y confundido las nociones
del interés general y el bien común con el control de las metas de una sociedad
en manos de una ideología revolucionaria y de los intereses individuales de
unos pocos dispuestos a todo por controlar el poder político.
Los mamertos
sínicamente se preguntan de donde sale tanta polarización extrema, mientras a
las naciones se les pierden generaciones enteras escuchando a una clase
política habladora de paja, y viendo el espectáculo grotesco y bizarro de una
multiplicación partidista de ocasión donde quienes se precian de legítimos
servidores, cohabitan y pernotan como loros en las ramas del poder público con
pájaros estafadores y cuervos que son criminales reencauchados.
Solo generando
confianza se puede evitar la polarización propia del aislamiento del ciudadano
que hoy, con toda razón, desconfía de las instituciones, los partidos
políticos, las ONG, el multilateralismo, la tecnología y de los medios de
comunicación. Las redes sociales están convertidas en guillotinas manejadas por
influenciadores prepago y los medios por pauta o activismo aniquilan
reputaciones, mientras la justicia no se percata ni se da por aludida de la
flagrancia delincuencial. La propia corte habla de un 6 % de efectividad
de la justica, entonces, la inoperatividad del sistema representa la bicoca de
un 94 % de impunidad. El delito paga, pues es menos riesgoso mangar y
mamar que tener que tomar decisiones sanas, duras, complejas e impopulares.
En una
democracia funcional el sistema judicial tiene que ser el eje que soporta la
independencia, operatividad y balance de poderes donde el ejecutivo administre,
no reine, y el legislativo mejore las leyes sin vender su conciencia en el
bazar clientelista donde se transan altas posiciones políticas en favor de los
intereses de los grandes contratistas estatales.
¿Cuál es la
esperanza de una nación, si la justicia no se ocupa con nombre propio de los
verdaderos culpables de la degeneración y la corrupción estatal, y si no se
sacan los gusanos del plato de lentejas del que medra el sector público? La
judicialización de los corruptos es la única forma para lograr la inversión de
la carga burocrática, liberando la mente humana y la sociedad entera en función
su desarrollo.
Estamos
inundados de dólares recalentados, ensangrentados, inflacionarios,
revaluadores, especuladores y exterminadores de la formación de capitales
lícitos, de la industria exportadora y la competitividad productiva. Está
funcionando a todo vapor la lavandería financiera como una nueva especie de
“ventanilla siniestra” y la insolvencia del fisco es inevitable si no se toman
medidas drásticas contra el narcotráfico, el lavado, el contrabando, el
dumping, las remesas, la llegada de capitales golondrinas y las organizaciones
criminales que financian la economía informal, mientras acrecientan las brechas
sociales, económicas y la corrupción.
Si el poder se
le sube a la cabeza a nuestros gobernantes y no se hacen las obras y la tarea
de recuperar la justicia y optimizar del funcionamiento del Estado, si no
hacemos más y dejamos de hablar tanta paja, si no neutralizamos a los
incendiarios, traquetos, lavadores, violadores, secuestradores y asesinos
empezando por los promotores del caos que a todo costo quieren mantener la
anarquía, en cuatro años se nos pierde lo que queda de esperanza en el jarro de
Pandora e iremos como ovejitas al matadero.
El salario mínimo debe ser el motor del empleo…
Luis Alfonso García Carmona
Y de la formalidad en
las relaciones laborales
La llegada del mes de
septiembre ha significado para los colombianos que estamos cerca de diciembre,
y que pronto podremos enjugar el dolor de las tragedias que vivimos con la
celebración en familia de la Natividad del Señor, disfrutar de unas merecidas vacaciones
y festejar la llegada de un nuevo año pletórico de esperanzas para nuestra
querida Patria.
Al mismo tiempo,
constituye un llamado de atención para que nos preparemos para las presiones de
toda índole encaminadas a reincidir en la peligrosa senda de decretar un
salario mínimo que nuestra economía, quebrantada por la torpe gestión del
pasado cuatrienio, no está en condiciones de soportar.
No hay que desconocer
que temas de la más apremiante urgencia demandan ahora las
preocupaciones del gobierno: la catástrofe del terremoto, los dolosos incendios
iniciados a partir del 7 de agosto para hacer “invivible” el país, la oleada
terrorista, el monumental problema de la salud, el déficit fiscal que cada vez muestra
cifras más escalofriantes, el saqueo del Estado revelado por el Libro de la
Verdad… y la noche que llega.
Sin embargo, es típico
de los líderes, no solamente enfrentar los retos con coraje, sino también convertirlos
en oportunidades para enmendar las malas prácticas políticas y
gubernamentales. Como lo ha reiterado el “tigre”: “vinimos a cambiar la
mala política para siempre”.
Que sirva este largo
exordio para proponer que, para la fijación del salario mínimo del 2027
se tengan en cuenta las siguientes reflexiones:
1. Que sea un instrumento
para motivar la generación de nuevos empleos, no para desestimularla como
tradicionalmente ha ocurrido. La caída del crecimiento económico y las
tragedias que afectan a un tercio del territorio, así lo imponen.
2. El salario mínimo
debe corresponder al nivel económico del patrón y al grado de desarrollo de
la región donde esté ubicado. No se puede comparar la capacidad de una
empresa como Bavaria en Bogotá, con una tienda de barrio en Cajibío, Cauca. Con
un salario unificado para todo el país, el salario deja de ser justo.
3. El salario no
puede ser inflacionario, porque los más perjudicados con la inflación no
son los más poderosos, ni la clase media, ni los que ganan sueldos por encima
del mínimo. Son justamente, los pocos trabajadores que ganan el salario mínimo.
4. La fijación del
salario mínimo debe depender de criterios eminentemente técnicos, no
políticos y basarse en datos estadísticos que permitan tomar la decisión
más acetada para el bienestar del trabajador y la subsistencia económica del
país.
5. Durante décadas
venimos discutiendo sobre la necesidad de formalizar las relaciones de
trabajo, sin éxito alguno. Son tan pesadas las cargas laborales,
parafiscales y tributarias que soporta el pequeño empresario, que lo obligan a
permanecer en la informalidad. Con la fijación de un salario justo, técnico,
flexible y basado en la realidad nacional, se podrá llegar a esa
formalidad, si se acompaña con rebajas en los gastos parafiscales, cargas
tributarias, etcétera, y supresión de inútiles trámites.
6. El meollo del asunto
está en que tanto empresarios como trabajadores y gobierno, estén dispuestos a
negociar un salario sobre las parámetros aquí mencionados o seguiremos con la
misma fórmula de siempre.
7. Nos queda la duda
razonable de cómo lograr que en el futuro no vuelva a ser aprovechada esta
coyuntura con fines politiqueros, y no se nos ocurre sino una sola
alternativa. Mediante una reforma normativa, señalar la fijación del salario
mínimo a una entidad que cuenta con la mejor información sobre la realidad
económica del país y es absolutamente independiente: El Banco de la
República. No sería una función extraña a sus poderes constitucionales ya
que el principal objetivo de la política monetaria es preservar la capacidad
adquisitiva de la moneda, es decir controlar la inflación, en
coordinación con la política económica general. Y, ¿qué mejor manera de
preservar el poder adquisitivo de la moneda y controlar la inflación que fijando
un salario mínimo legal que cumpla a cabalidad con tales objetivos?
viernes, 4 de septiembre de 2026
El campo, motor de crecimiento económico
Luis Alfonso García Carmona
En muchos países se ha
acudido a la reforma agraria, como instrumento para incrementar la
productividad y, de esa manera, contribuir al desarrollo del país.
Casi siempre terminan
estos intentos en rotundos fracasos, porque son manejados como simples mecanismos
ideológicos para estigmatizar el capital y profundizar el odio de clases,
partiendo de la falsa idea de que la tierra, por sí misma, genera riqueza. En
otras ocasiones se ha incurrido en el craso error de repartir títulos de
propiedad sin que existan previamente las condiciones mínimas para la
explotación agropecuaria (sistemas de riego, vías terciarias, asesoría
técnica, créditos blandos, facilidades para el mercadeo de los productos, etcétera.
Por fortuna esa etapa
de mediocridad e improvisaciones ha terminado en la era del “tigre”. No nos
preocupa enzarzarnos en inútiles discusiones sino en situar al sector
agropecuario como uno de los principales motores del desarrollo en la Patria
Milagro. Contamos con suficientes razones para ser optimistas en que lo
conseguiremos: grandes extensiones que no son explotadas como corresponde,
variedad de suelos y de climas donde podemos producir una gran oferta agropecuaria
y una población campesina dispuesta a aportar su esfuerzo de la mano del Gobierno,
en la medida en que la seguridad y la tranquilidad avancen en todo el
territorio nacional.
“Sin agua, drenajes,
energía, vías, crédito, asistencia técnica y acceso a mercados, la tierra es
apenas un activo improductivo. Por eso, repartir tierra sin infraestructura
productiva equivale, muchas veces, a repartir pobreza.” (Miguel
Ángel Laucouture Arévalo, Contexto ganadero)
La designación del doctor
Indalecio Dangond, profundo conocedor de los temas agropecuarios, como ministro
de Agricultura, es una prenda de garantía para que emprendamos la revolución
del campo sobre estas bases:
1. Implementación
de polos de desarrollo para la producción agropecuaria que satisfaga
la demanda nacional e internacional. Mediante una juiciosa planeación se
determinan los cultivos con mayor potencial, así como las zonas donde se
producirán, utilizando tecnología de punta y equipos para la mecanización de
las distintas operaciones de siembra, riego, cosecha, y el cumplimiento de
estándares exigidos por los mercados externos. El Estado, a través de sus
distintas dependencias, proporcionará los sistemas de riego y obras de
infraestructura, y pondrá al servicio de los productores la red de embajadas
para la comercialización internacional. Para los grandes proyectos se convocará
a empresas e inversionistas nacionales e internacionales, y se impulsarán las
alianzas estratégicas con productores nacionales y la transferencia tecnológica.
2. Impulso y
preparación de los pequeños productores agropecuarios para
elevar su nivel de vida y el de sus localidades. No olvidemos que ellos
producen la mayor parte de alimentos para el mercado interno y absorben gran parte
de la mano de obra en las zonas rurales. ¿Cómo hacerlo? Mediante una rigurosa
planeación, el Ministerio seleccionará las zonas donde se desarrollarán los
programas de establecimiento de pequeñas unidades de producción. Primero, se
asegurará de que cuenten con suministro de agua para el riego, vías de
penetración, créditos para su emprendimiento y asesoría técnica para el
desarrollo productivo. En lugar de títulos de propiedad se entregarán los
terrenos a título de comodato, con la condición de que se formalizará el
traspaso de la propiedad si, cumplido un plazo de 5 años, el proyecto no ha
fracasado por culpa del adjudicatario o en el caso de que este haya transferido
o cedido en usufructo sus derechos. De acuerdo con numerosos estudios
disponibles, es lo ideal que la parcela tenga de 1 a 3 hectáreas, para que se
pueda explotar con productos para el consumo familiar y quede un espacio
suficiente para la producción de otros que tengan mercado natural en la zona o
sean consignados a una cooperativa de mercadeo. La granja puede suministrar
proteínas vegetales y animales, cereales, verduras, frutas, alimento para aves,
conejos y otras especies menores y aprovechar los materiales de desecho para la
preparación de compost y ahorrar en la compra de insumos. La asesoría técnica
deberá preparar un esquema de actividades para cada productor, supervisarlo y
asesorarlo. Finalmente, el Estado, directamente o con la colaboración de
cooperativas de mercadeo, prestará el apoyo necesario para el mercadeo de la
producción destinada a su comercialización.
Con estas elementales
tareas podemos construir la verdadera revolución del agro, la de la Patria
Milagro. No requerimos de ampulosas reformas constitucionales ni crear más
burocracia, Por el contrario, debemos concentrar la planeación y la adopción de
decisiones en unos pocos.
No nos quejemos de la
pobreza, de la inflación o de que tenemos la nevera vacía cuando nuestro suelo
está a nuestra disposición para ponerlo a producir todo lo que necesitamos.
Confiemos en la Patria Milagro y en su líder, Abelardo de la
Espriella, que no descansará hasta cumplir su promesa de hacer de Colombia
un mejor país para todos.
Un corazoncito en tu corazón
José Leonardo Rincón, S. J.
Comencé
a trabajar en Fe y Alegría desde el pasado 18 de agosto, de modo que hoy son
tres semanas dedicadas, todas ellas, a una juiciosa inducción muy bien
preparada por el equipo de la sede nacional para acogerme y ponerme al tanto de
lo que este movimiento de educación popular integral realiza después de 55 años
de presencia en Colombia. Como aquí en Bogotá está también la sede internacional
(Fe y Alegría se encuentra en 23 países en cuatro continentes), hasta allí
también se ha extendido esta etapa propedéutica.
Sea
la ocasión para agradecerle, desde esta tribuna semanal, a todos ustedes y a
tantos otros por sus palabras de felicitación y buenos deseos con ocasión de
esta nueva misión que me han confiado mis superiores. Debo decirlo con
honestidad: he estado abrumado por la cantidad de mensajes, por la alegría que
todos ellos expresan, así como por la grata recordación y excelente reputación
que la entidad tiene en la gente. Todos me hablan de la bella labor que tendré
entre manos y del enorme bien que Fe y Alegría hace al país. Pero lo que me
tiene realmente sorprendido es la generosa actitud de muchos, ya en el ámbito
personal, ya en el institucional: “¿qué hay que hacer?, ¿en qué podemos
apoyar?”. También llegan ya propuestas de generosa colaboración y de lo que, hombro
a hombro, con otros, podríamos hacer. Es maravilloso y por eso también quiero
dar gracias.
Fe
y Alegría es una obra muy grande, fundada hace 70 años en Venezuela por el
jesuita José María Velaz. Allí donde terminaba el asfalto, comenzaba su labor;
fue su lema inicial. En Colombia, ya lo dije, desde hace 55 años. Por
Latinoamérica en casi todos sus países. Hace años también en España e Italia, pero
más recientemente también en África y Asia –en países como Chad o Nepal tienen
su corazoncito–.
Aquí
en Colombia llegamos a contar con más de 80 instituciones educativas en ocho
regionales. Más de 40 congregaciones religiosas colaboraban con la causa. Hoy
el panorama es distinto. Hemos perdido presencia e incidencia, no porque lo
hayamos querido, sino porque decidimos no hacerle el juego a las dinámicas locales
de corrupción que exigen un porcentaje a cambio de la operación. Eso ha
significado sacrificar años enteros de presencia en muchas ciudades. El
movimiento vive al día, de las ayudas de terceros y ajustados a los
presupuestos que el Estado asigna para poder prestar el servicio. Somos una
entidad sin ánimo de lucro, por supuesto, sin afán de quiebra. En nuestra
misión y visión es claro que somos socios de la educación pública para
contribuir en la mejora de su calidad con el plus de una oferta de formación
integral, sello particular de la educación ignaciana.
En
la actualidad orientamos 21 colegios, 26 jardines infantiles y una veintena de centros
de desarrollo comunitario. El espectro cubre educación inicial, básica y media
y hoy se incursiona en la formación para el trabajo e incluso en la educación
de adultos y personas en condiciones complejas. Si la frontera antes era hasta
donde llegaba el asfalto, hoy hay nuevas fronteras, quizás unas visibles otras
no tanto que evidencian los lugares donde otros no van o no hacen presencia. ¿Y
tú? ¿también quisieras sumarte a esta causa? Transforma tu vida transformado
vidas. ¡Las puertas del corazoncito están abiertas!
Recuperar e impulsar el sector petrolero, el gran reto nacional
José Hilario López Agudelo
Las políticas antipetroleras del
anterior Gobierno Nacional han significado un preocupante descenso en el índice
de reposición de reservas de crudo y gas natural. Durante el pasado cuatrienio el
país dejó de firmar nuevos contratos para buscar petróleo y gas, a diferencia
de otros países de la región, que continuaron impulsando el sector de
hidrocarburos mediante la adjudicación de nuevos bloques para exploración para la
reposición de reservas. A partir de 2022, la perforación de pozos exploratorios
en Colombia sufrió una drástica caída cercana al 48 %, pasando de 87 pozos
en 2022 a solo 45 en 2025, según datos consolidados de la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP). Esto ha
significado que el índice de reposición de reservas de crudo bajó al 94,5 %,
lo que significa que, por cada 100 barriles consumidos o extraídos, solo se
repusieron 94.
Un estudio presentado por Naturgas el
pasado 31 de agosto ante el Comité Intergremial de Petróleo y Gas (CIPG) -
integrado por ACGGP, ACIEM, ACIPET, ACP, Campetrol y Naturgas – alerta sobre
los riesgos para la autosuficiencia energética, el abastecimiento de gas y los
ingresos fiscales a que está abocado el país de persistir en su política antipetrolera,
advirtiendo que “las reservas probadas de hidrocarburos con que cuenta el país
se agotarán hacia 2035″.
Uno de los mayores riesgos para el
sector energético, identificados por el referido estudio corresponde al gas
natural. En el escenario denominado “Pérdida de autosuficiencia”, en
2035 las importaciones de gas tendrían que atender hasta cerca del 65 % de
la demanda nacional y alrededor del 98 % en 2045. Una mayor dependencia
externa de gas importado aumenta la exposición del país a los altos precios
internacionales causados por los conflictos geopolíticos principalmente en el
Golfo Pérsico, los costos logísticos y la volatilidad de los mercados.
Caídas registradas durante la última
década del 27 % en la producción de crudo y del 31,8 % en la de gas,
son algunas de las razones detrás del llamado del CIPG a retomar e impulsar una
política exploratoria, que permita al país recuperar la soberanía energética y
a mitigar el cuantioso déficit que soportan las finanzas públicas. La llegada del
nuevo gobierno puede significar para el sector de los hidrocarburos una
oportunidad para retomar el dinamismo que tuvo el país en los años previos al
2022.
Estimaciones
del Centro Regional de Estudios de Energía y comités gremiales señalan que, una
transición energética acelerada sin adición de nuevas reservas de hidrocarburos,
podría poner en riesgo hasta $533 billones de pesos en aportes fiscales
(regalías, impuestos y dividendos) para la nación. Esta cifra representa la
diferencia de recursos entre un escenario de transición lenta (una reducción
progresiva del consumo de hidrocarburos), que aportaría 695 billones a la
Nación y las regiones entre 2025 y 2050, y un escenario de transición rápida
(supresión acelerada del consumo de hidrocarburos), donde se alcanzarían apenas
ingresos por 162 billones.
Si
no se reactiva la exploración de hidrocarburos, el momento más crítico para el
sector energético nacional vendrá entre 2029 y 2032, que es cuando se tendrá
una mayor presión sobre las reservas. “Existe un cuello de botella
institucional, pero Colombia tiene los recursos energéticos en el subsuelo”,
añade Luz Stella Murgas, presidenta de la Asociación Colombiana de Gas Natural
(Naturgas), quien ademas agrega: “Los inversionistas necesitan estabilidad
en las reglas de juego. Necesitamos una política de estado a 30 años,
trabajamos en un régimen especial para grandes inversiones”.
La
solución al actual problema fiscal del país en gran parte depende de la
reactivación e impulso del sector de los hidrocarburos. “Retomar proyectos,
adquirir sísmica y apostarle a la exploración nos aportará $533 billones que
hoy no tenemos”, afirma Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana
de Petróleo y Gas, ACP. La política pro hidrocarburos, que proponen los gremios,
se orienta a generar un ambiente favorable para la llegada de capital (extranjero
y nacional), fortalecer los proyectos existentes y explorar nuevos campos
promisorios, tanto costa afuera como costa adentro.
El
presidente de ACP también señala que ya ha considerado la posibilidad de
implementar un régimen para grandes inversiones, similar al caso argentino,
conocido como Rigi, con el que buscan atraer inversión extranjera para el
petróleo y el gas y, en un futuro, trasladarlo a otros sectores que han
mostrado un menor dinamismo en la llegada de nuevo capital. A lo cual Luz
Stella Murgas, presidenta de Naturgas, anota que la atracción de capital
extranjero a Argentina para el proyecto Vaca Muerta le permitió a ese país
sanear un déficit fiscal cercano a los US $8.000 millones y mejorar la balanza
comercial en el mercado de hidrocarburos.
Los representantes de los gremios además agregan que los proyectos de yacimientos no convencionales son otro de los caminos que el país debería considerar, no solo para mejorar la situación fiscal, sino también para apuntarle a recuperar la soberanía energética. Como lo señalé en anterior columna[1], el potencial de yacimientos no convencionales, principalmente gas natural explotable mediante fracking, identificados en el Valle Medio del Magdalena, es la oportunidad que tiene el país de avanzar en la era de una transición energética sustentable (“la transición lenta” que se mencionó antes).
jueves, 3 de septiembre de 2026
El parque que aprendió a llamarse Periodista
Fredy Angarita
Mientras uno
recuerda, otros están construyendo.
Desde que bajé
por primera vez al centro para comenzar mi primer trabajo, conocí –o mejor
dicho, vi– lo que entonces muchos llamaban el Parque del Periodista.
Había iniciado
labores en La Fundación Médico Preventiva que había comprado su sede en La
Playa. Por esos días, comencé a recorrer unas calles que todavía no sabía qué
tan importante iban a hacer para mi vida.
En aquella
época, cuando alguien hablaba del Parque del Periodista, casi siempre lo
relacionaba con la rumba nocturna de Medellín. Era territorio de metaleros,
punkeros, músicos, estudiantes y personajes que parecían pertenecer a una
ciudad diferente a la que funcionaba durante el día. Tenía mala fama.
Se hablaba de violencia, de peleas, de alcohol y de todo aquello que suele acompañar los lugares donde la noche parece tener sus propias reglas. Durante los años que trabajé entre las sedes de La Playa, Perú y Caracas, muchas de mis noches terminaron allí.
Entonces
todavía no sabía por qué se llamaba Parque del Periodista, mucho menos sabía
que también le decían El Guanábano. Ese nombre lo entendí después,
cuando descubrí que venía de un árbol y, posteriormente, de un bar que
terminaría siendo parte fundamental de la historia reciente del lugar.
Hoy, varios
años después y luego de algunos tragos compartidos en el parque, compartiendo
con muy buenas personas, quise regresar a su historia. No solamente a la que yo
conocí, buscando la que estaba allí mucho antes de que yo llegara.
Para quienes no
viven en Medellín, el Parque del Periodista está en el centro de la ciudad, en
la comuna 10, La Candelaria. Se encuentra sobre la carrera 43, Girardot, entre
las calles 53, Maracaibo, y 54, Caracas.
Después de
leer, consultar y preguntar a varias personas, me encontré con una historia
mucho más interesante que la que yo conocía.
Antes del
parque
Una fuente
histórica[1] que registró la
transformación urbana del centro de Medellín señala que por este sector pasaba
el antiguo camino de Guarne, el lugar llegó incluso a conocerse como barrio
Guarne. Es decir, el sitio no nació como parque.
Antes de
convertirse en punto de encuentro de periodistas, músicos, estudiantes y
noctámbulos, fue un espacio de viviendas, solares, caminos y casas construidas
con las técnicas de la época.
En 1952,
el municipio realizó la rectificación de la carrera Girardot. Para hacerlo tuvo
que comprar algunos terrenos y demoler antiguas construcciones de tapia.
Después de las demoliciones quedó un espacio abierto que con el tiempo comenzó
a funcionar como zona verde.
Pero quedó algo
particularmente importante: un árbol, un guanábano. Quizá por eso
resulta curioso que muchos años después ese nombre terminara identificando
también la vida nocturna del lugar.
Durante los
años sesenta, el espacio todavía no tenía las características formales para ser
considerado el parque que conocemos hoy. En 1966 se instaló allí una
placa conmemorativa relacionada con los combatientes de la Revolución
Húngara de 1956, entonces comenzó a conocerse como Plazoleta de Hungría.[2]
Cinco años
después, en 1971, un grupo de periodistas de Medellín promovió la
instalación de un busto dedicado a Manuel del Socorro Rodríguez, el
cubano considerado uno de los pioneros del periodismo colombiano. Y allí empezó
otra historia, la del Parque del Periodista.
El nombre que
nació como homenaje al periodismo, la gente terminó haciendo algo que suele
hacer con los lugares de la ciudad: lo bautizó nuevamente…
El
Periodista se volvió otra cosa
Comenzó a
convertirse en un punto de encuentro de la bohemia, la contracultura y la vida
nocturna del centro de Medellín. El nombre oficial hablaba de
periodistas, la vida cotidiana hablaba de otra cosa. Hablaba de
personas.
Sus visitantes:
periodistas, escritores, estudiantes, músicos, artistas, fotógrafos, cineastas,
poetas, vendedores, habitantes de calle, trabajadores nocturnos y personas que
simplemente buscaban una mesa, una cerveza y alguien con quien conversar.
Algunos lugares
de una ciudad no se construyen solamente con ladrillos, se construyen con
conversaciones, con noches, con personas que regresan, con quienes llegan por
primera vez y con quienes terminan convirtiéndose en parte de su paisaje.
El Guanábano
fue fundamental en esa transformación. El bar abrió sus puertas el 17 de
abril de 1990 y terminó convirtiéndose en uno de los lugares asociados a la
identidad nocturna del parque. Alrededor de ese espacio se fueron consolidando
establecimientos y encuentros relacionados con la literatura, la poesía, el
cine, la música, el periodismo, el arte, los estudiantes y los movimientos
contraculturales.
Por eso, cuando
alguien habla del Parque del Periodista, es difícil separarlo de la noche, pero
también sería injusto reducirlo a ella, el parque tiene otra memoria, una
memoria mucho más dolorosa…
El parque
también recuerda
Allí se
encuentra el monumento Los Niños de Villatina, relacionado con la
masacre de Villatina.[3] Entonces el lugar cambia
nuevamente.
Ya no es
solamente cerveza, no son solamente bares, no son solamente jóvenes sentados
conversando hasta la madrugada. Aparecen otras palabras: memoria, violencia,
víctimas, reparación, resistencia.
Eso es lo que
más me gusta de algunos lugares de Medellín, se niegan a tener una sola
historia.
El Parque del
Periodista puede ser una esquina de rumba para quien llega de noche. Puede ser
un lugar de encuentro para un estudiante, puede ser una mesa para un escritor,
puede ser el recuerdo de una vieja conversación, puede ser el lugar donde
alguien tomó su primera cerveza y, también, puede ser un espacio que recuerda a
quienes no tuvieron la oportunidad de llegar a viejos. Quizá por eso hoy lo
miro diferente.
Cuando llegué
por primera vez al centro, yo veía un parque asociado a la noche, a los
metaleros, a los punkeros, a la cerveza y a una Medellín que muchos preferían
no mirar demasiado. Ahora, después de conocer parte de su historia, entiendo
que estaba mirando solamente una de sus capas. Los lugares también envejecen y
mientras envejecen, acumulan historias.
El Parque del
Periodista tiene las de quienes hicieron del lugar un punto de encuentro, las
de quienes encontraron allí una forma de expresarse y las de quienes
simplemente pasaron una noche conversando. También aparecen y desaparecen sus
árboles, sus monumentos, sus bares y sus recuerdos. Y tiene algo que ninguna
placa puede explicar completamente: la gente que decidió quedarse.
Quizá esa sea
la verdadera historia del Parque del Periodista. No la de cómo nació, ni
siquiera la de cómo terminó llamándose así, sino la de cómo una ciudad fue
llegando poco a poco a una misma esquina y decidió convertirla en punto de
encuentro.
También llegué
allí alguna vez, primero por trabajo, después por la noche, y hoy, muchos años
más tarde, regreso por una razón diferente: para descubrir que aquel parque que
yo creía conocer apenas estaba empezando a contarme su historia, hoy, 25 años
después de sentarme por primera vez en este lugar, vuelvo a mirar el parque con
otros ojos…
Ya no veo
solamente el lugar de la rumba, de los tragos, de los músicos, de los
estudiantes o de quienes alguna vez llegamos buscando una noche diferente. Veo
personas que, sin saberlo, están construyendo la historia que algún día alguien
contará sobre este lugar. Los lugares también cambian. Cambian sus nombres, sus
habitantes, sus noches y sus historias.
Y quizá eso sea
lo más bonito: que mientras uno cree que está sentado recordando su pasado,
alrededor hay otros construyendo su futuro.
Hace 25 años me senté aquí por primera vez. Hoy entiendo que el parque no ha dejado de escribir su historia. Simplemente, cada generación llega con una página nueva.
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