lunes, 7 de septiembre de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 161


En una nueva entrega de “Sucesos de la Semana”, Antonio Montoya H. recorre los principales acontecimientos de la agenda nacional e internacional: la renovada tensión por las Malvinas y el petróleo venezolano, la visita de Marco Rubio a Colombia, la controversia por los pasaportes, la eliminación de los distritos mineros y la ofensiva militar contra los grupos armados, entre otros temas que marcan la actualidad. No dejes de verlo.

Pensar en grande, hacer más y hablar menos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

La conclusión esencial de “La Rebelión de Atlas de la filósofa Ayn Rand”, es que la mente humana y la libertad son el motor del progreso, y la sociedad colapsa cuando los gobiernos y sus burocracias ideologizadas por el colectivismo explotan a quienes producen.

Sin duda la libertad es el motor del progreso y el desarrollo social al que se oponen los populismos que se alimentan de las ideas progresistas y wokistas como extensiones de la anticultura marxista y la teoría crítica de la escuela de Frankfurt que durante más de un siglo ha embrollado las definiciones de trabajo en equipo, lealtad y apoyo mutuo con el estatismo, y confundido las nociones del interés general y el bien común con el control de las metas de una sociedad en manos de una ideología revolucionaria y de los intereses individuales de unos pocos dispuestos a todo por controlar el poder político.

Los mamertos sínicamente se preguntan de donde sale tanta polarización extrema, mientras a las naciones se les pierden generaciones enteras escuchando a una clase política habladora de paja, y viendo el espectáculo grotesco y bizarro de una multiplicación partidista de ocasión donde quienes se precian de legítimos servidores, cohabitan y pernotan como loros en las ramas del poder público con pájaros estafadores y cuervos que son criminales reencauchados.

Solo generando confianza se puede evitar la polarización propia del aislamiento del ciudadano que hoy, con toda razón, desconfía de las instituciones, los partidos políticos, las ONG, el multilateralismo, la tecnología y de los medios de comunicación. Las redes sociales están convertidas en guillotinas manejadas por influenciadores prepago y los medios por pauta o activismo aniquilan reputaciones, mientras la justicia no se percata ni se da por aludida de la flagrancia delincuencial. La propia corte habla de un 6 % de efectividad de la justica, entonces, la inoperatividad del sistema representa la bicoca de un 94 % de impunidad. El delito paga, pues es menos riesgoso mangar y mamar que tener que tomar decisiones sanas, duras, complejas e impopulares.

En una democracia funcional el sistema judicial tiene que ser el eje que soporta la independencia, operatividad y balance de poderes donde el ejecutivo administre, no reine, y el legislativo mejore las leyes sin vender su conciencia en el bazar clientelista donde se transan altas posiciones políticas en favor de los intereses de los grandes contratistas estatales.

¿Cuál es la esperanza de una nación, si la justicia no se ocupa con nombre propio de los verdaderos culpables de la degeneración y la corrupción estatal, y si no se sacan los gusanos del plato de lentejas del que medra el sector público? La judicialización de los corruptos es la única forma para lograr la inversión de la carga burocrática, liberando la mente humana y la sociedad entera en función su desarrollo.

Estamos inundados de dólares recalentados, ensangrentados, inflacionarios, revaluadores, especuladores y exterminadores de la formación de capitales lícitos, de la industria exportadora y la competitividad productiva. Está funcionando a todo vapor la lavandería financiera como una nueva especie de “ventanilla siniestra” y la insolvencia del fisco es inevitable si no se toman medidas drásticas contra el narcotráfico, el lavado, el contrabando, el dumping, las remesas, la llegada de capitales golondrinas y las organizaciones criminales que financian la economía informal, mientras acrecientan las brechas sociales, económicas y la corrupción.

Si el poder se le sube a la cabeza a nuestros gobernantes y no se hacen las obras y la tarea de recuperar la justicia y optimizar del funcionamiento del Estado, si no hacemos más y dejamos de hablar tanta paja, si no neutralizamos a los incendiarios, traquetos, lavadores, violadores, secuestradores y asesinos empezando por los promotores del caos que a todo costo quieren mantener la anarquía, en cuatro años se nos pierde lo que queda de esperanza en el jarro de Pandora e iremos como ovejitas al matadero.

El salario mínimo debe ser el motor del empleo…

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Y de la formalidad en las relaciones laborales

La llegada del mes de septiembre ha significado para los colombianos que estamos cerca de diciembre, y que pronto podremos enjugar el dolor de las tragedias que vivimos con la celebración en familia de la Natividad del Señor, disfrutar de unas merecidas vacaciones y festejar la llegada de un nuevo año pletórico de esperanzas para nuestra querida Patria.

Al mismo tiempo, constituye un llamado de atención para que nos preparemos para las presiones de toda índole encaminadas a reincidir en la peligrosa senda de decretar un salario mínimo que nuestra economía, quebrantada por la torpe gestión del pasado cuatrienio, no está en condiciones de soportar.

No hay que desconocer que temas de la más apremiante urgencia demandan ahora las preocupaciones del gobierno: la catástrofe del terremoto, los dolosos incendios iniciados a partir del 7 de agosto para hacer “invivible” el país, la oleada terrorista, el monumental problema de la salud, el déficit fiscal que cada vez muestra cifras más escalofriantes, el saqueo del Estado revelado por el Libro de la Verdad… y la noche que llega.

Sin embargo, es típico de los líderes, no solamente enfrentar los retos con coraje, sino también convertirlos en oportunidades para enmendar las malas prácticas políticas y gubernamentales. Como lo ha reiterado el “tigre”: vinimos a cambiar la mala política para siempre”.

Que sirva este largo exordio para proponer que, para la fijación del salario mínimo del 2027 se tengan en cuenta las siguientes reflexiones:

1. Que sea un instrumento para motivar la generación de nuevos empleos, no para desestimularla como tradicionalmente ha ocurrido. La caída del crecimiento económico y las tragedias que afectan a un tercio del territorio, así lo imponen.

2. El salario mínimo debe corresponder al nivel económico del patrón y al grado de desarrollo de la región donde esté ubicado. No se puede comparar la capacidad de una empresa como Bavaria en Bogotá, con una tienda de barrio en Cajibío, Cauca. Con un salario unificado para todo el país, el salario deja de ser justo.

3. El salario no puede ser inflacionario, porque los más perjudicados con la inflación no son los más poderosos, ni la clase media, ni los que ganan sueldos por encima del mínimo. Son justamente, los pocos trabajadores que ganan el salario mínimo.

4. La fijación del salario mínimo debe depender de criterios eminentemente técnicos, no políticos y basarse en datos estadísticos que permitan tomar la decisión más acetada para el bienestar del trabajador y la subsistencia económica del país.

5. Durante décadas venimos discutiendo sobre la necesidad de formalizar las relaciones de trabajo, sin éxito alguno. Son tan pesadas las cargas laborales, parafiscales y tributarias que soporta el pequeño empresario, que lo obligan a permanecer en la informalidad. Con la fijación de un salario justo, técnico, flexible y basado en la realidad nacional, se podrá llegar a esa formalidad, si se acompaña con rebajas en los gastos parafiscales, cargas tributarias, etcétera, y supresión de inútiles trámites.

6. El meollo del asunto está en que tanto empresarios como trabajadores y gobierno, estén dispuestos a negociar un salario sobre las parámetros aquí mencionados o seguiremos con la misma fórmula de siempre.

7. Nos queda la duda razonable de cómo lograr que en el futuro no vuelva a ser aprovechada esta coyuntura con fines politiqueros, y no se nos ocurre sino una sola alternativa. Mediante una reforma normativa, señalar la fijación del salario mínimo a una entidad que cuenta con la mejor información sobre la realidad económica del país y es absolutamente independiente: El Banco de la República. No sería una función extraña a sus poderes constitucionales ya que el principal objetivo de la política monetaria es preservar la capacidad adquisitiva de la moneda, es decir controlar la inflación, en coordinación con la política económica general. Y, ¿qué mejor manera de preservar el poder adquisitivo de la moneda y controlar la inflación que fijando un salario mínimo legal que cumpla a cabalidad con tales objetivos?

viernes, 4 de septiembre de 2026

El campo, motor de crecimiento económico

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

En muchos países se ha acudido a la reforma agraria, como instrumento para incrementar la productividad y, de esa manera, contribuir al desarrollo del país.

Casi siempre terminan estos intentos en rotundos fracasos, porque son manejados como simples mecanismos ideológicos para estigmatizar el capital y profundizar el odio de clases, partiendo de la falsa idea de que la tierra, por sí misma, genera riqueza. En otras ocasiones se ha incurrido en el craso error de repartir títulos de propiedad sin que existan previamente las condiciones mínimas para la explotación agropecuaria (sistemas de riego, vías terciarias, asesoría técnica, créditos blandos, facilidades para el mercadeo de los productos, etcétera.

Por fortuna esa etapa de mediocridad e improvisaciones ha terminado en la era del “tigre”. No nos preocupa enzarzarnos en inútiles discusiones sino en situar al sector agropecuario como uno de los principales motores del desarrollo en la Patria Milagro. Contamos con suficientes razones para ser optimistas en que lo conseguiremos: grandes extensiones que no son explotadas como corresponde, variedad de suelos y de climas donde podemos producir una gran oferta agropecuaria y una población campesina dispuesta a aportar su esfuerzo de la mano del Gobierno, en la medida en que la seguridad y la tranquilidad avancen en todo el territorio nacional.

“Sin agua, drenajes, energía, vías, crédito, asistencia técnica y acceso a mercados, la tierra es apenas un activo improductivo. Por eso, repartir tierra sin infraestructura productiva equivale, muchas veces, a repartir pobreza.” (Miguel Ángel Laucouture Arévalo, Contexto ganadero)

La designación del doctor Indalecio Dangond, profundo conocedor de los temas agropecuarios, como ministro de Agricultura, es una prenda de garantía para que emprendamos la revolución del campo sobre estas bases:

1. Implementación de polos de desarrollo para la producción agropecuaria que satisfaga la demanda nacional e internacional. Mediante una juiciosa planeación se determinan los cultivos con mayor potencial, así como las zonas donde se producirán, utilizando tecnología de punta y equipos para la mecanización de las distintas operaciones de siembra, riego, cosecha, y el cumplimiento de estándares exigidos por los mercados externos. El Estado, a través de sus distintas dependencias, proporcionará los sistemas de riego y obras de infraestructura, y pondrá al servicio de los productores la red de embajadas para la comercialización internacional. Para los grandes proyectos se convocará a empresas e inversionistas nacionales e internacionales, y se impulsarán las alianzas estratégicas con productores nacionales y la transferencia tecnológica.

2. Impulso y preparación de los pequeños productores agropecuarios para elevar su nivel de vida y el de sus localidades. No olvidemos que ellos producen la mayor parte de alimentos para el mercado interno y absorben gran parte de la mano de obra en las zonas rurales. ¿Cómo hacerlo? Mediante una rigurosa planeación, el Ministerio seleccionará las zonas donde se desarrollarán los programas de establecimiento de pequeñas unidades de producción. Primero, se asegurará de que cuenten con suministro de agua para el riego, vías de penetración, créditos para su emprendimiento y asesoría técnica para el desarrollo productivo. En lugar de títulos de propiedad se entregarán los terrenos a título de comodato, con la condición de que se formalizará el traspaso de la propiedad si, cumplido un plazo de 5 años, el proyecto no ha fracasado por culpa del adjudicatario o en el caso de que este haya transferido o cedido en usufructo sus derechos. De acuerdo con numerosos estudios disponibles, es lo ideal que la parcela tenga de 1 a 3 hectáreas, para que se pueda explotar con productos para el consumo familiar y quede un espacio suficiente para la producción de otros que tengan mercado natural en la zona o sean consignados a una cooperativa de mercadeo. La granja puede suministrar proteínas vegetales y animales, cereales, verduras, frutas, alimento para aves, conejos y otras especies menores y aprovechar los materiales de desecho para la preparación de compost y ahorrar en la compra de insumos. La asesoría técnica deberá preparar un esquema de actividades para cada productor, supervisarlo y asesorarlo. Finalmente, el Estado, directamente o con la colaboración de cooperativas de mercadeo, prestará el apoyo necesario para el mercadeo de la producción destinada a su comercialización.

Con estas elementales tareas podemos construir la verdadera revolución del agro, la de la Patria Milagro. No requerimos de ampulosas reformas constitucionales ni crear más burocracia, Por el contrario, debemos concentrar la planeación y la adopción de decisiones en unos pocos.

No nos quejemos de la pobreza, de la inflación o de que tenemos la nevera vacía cuando nuestro suelo está a nuestra disposición para ponerlo a producir todo lo que necesitamos. Confiemos en la Patria Milagro y en su líder, Abelardo de la Espriella, que no descansará hasta cumplir su promesa de hacer de Colombia un mejor país para todos.

Un corazoncito en tu corazón

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Comencé a trabajar en Fe y Alegría desde el pasado 18 de agosto, de modo que hoy son tres semanas dedicadas, todas ellas, a una juiciosa inducción muy bien preparada por el equipo de la sede nacional para acogerme y ponerme al tanto de lo que este movimiento de educación popular integral realiza después de 55 años de presencia en Colombia. Como aquí en Bogotá está también la sede internacional (Fe y Alegría se encuentra en 23 países en cuatro continentes), hasta allí también se ha extendido esta etapa propedéutica.

Sea la ocasión para agradecerle, desde esta tribuna semanal, a todos ustedes y a tantos otros por sus palabras de felicitación y buenos deseos con ocasión de esta nueva misión que me han confiado mis superiores. Debo decirlo con honestidad: he estado abrumado por la cantidad de mensajes, por la alegría que todos ellos expresan, así como por la grata recordación y excelente reputación que la entidad tiene en la gente. Todos me hablan de la bella labor que tendré entre manos y del enorme bien que Fe y Alegría hace al país. Pero lo que me tiene realmente sorprendido es la generosa actitud de muchos, ya en el ámbito personal, ya en el institucional: “¿qué hay que hacer?, ¿en qué podemos apoyar?”. También llegan ya propuestas de generosa colaboración y de lo que, hombro a hombro, con otros, podríamos hacer. Es maravilloso y por eso también quiero dar gracias.

Fe y Alegría es una obra muy grande, fundada hace 70 años en Venezuela por el jesuita José María Velaz. Allí donde terminaba el asfalto, comenzaba su labor; fue su lema inicial. En Colombia, ya lo dije, desde hace 55 años. Por Latinoamérica en casi todos sus países. Hace años también en España e Italia, pero más recientemente también en África y Asia –en países como Chad o Nepal tienen su corazoncito–.

Aquí en Colombia llegamos a contar con más de 80 instituciones educativas en ocho regionales. Más de 40 congregaciones religiosas colaboraban con la causa. Hoy el panorama es distinto. Hemos perdido presencia e incidencia, no porque lo hayamos querido, sino porque decidimos no hacerle el juego a las dinámicas locales de corrupción que exigen un porcentaje a cambio de la operación. Eso ha significado sacrificar años enteros de presencia en muchas ciudades. El movimiento vive al día, de las ayudas de terceros y ajustados a los presupuestos que el Estado asigna para poder prestar el servicio. Somos una entidad sin ánimo de lucro, por supuesto, sin afán de quiebra. En nuestra misión y visión es claro que somos socios de la educación pública para contribuir en la mejora de su calidad con el plus de una oferta de formación integral, sello particular de la educación ignaciana.

En la actualidad orientamos 21 colegios, 26 jardines infantiles y una veintena de centros de desarrollo comunitario. El espectro cubre educación inicial, básica y media y hoy se incursiona en la formación para el trabajo e incluso en la educación de adultos y personas en condiciones complejas. Si la frontera antes era hasta donde llegaba el asfalto, hoy hay nuevas fronteras, quizás unas visibles otras no tanto que evidencian los lugares donde otros no van o no hacen presencia. ¿Y tú? ¿también quisieras sumarte a esta causa? Transforma tu vida transformado vidas. ¡Las puertas del corazoncito están abiertas!

Recuperar e impulsar el sector petrolero, el gran reto nacional

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

Las políticas antipetroleras del anterior Gobierno Nacional han significado un preocupante descenso en el índice de reposición de reservas de crudo y gas natural. Durante el pasado cuatrienio el país dejó de firmar nuevos contratos para buscar petróleo y gas, a diferencia de otros países de la región, que continuaron impulsando el sector de hidrocarburos mediante la adjudicación de nuevos bloques para exploración para la reposición de reservas. A partir de 2022, la perforación de pozos exploratorios en Colombia sufrió una drástica caída cercana al 48 %, pasando de 87 pozos en 2022 a solo 45 en 2025, según datos consolidados de la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas (ACP). Esto ha significado que el índice de reposición de reservas de crudo bajó al 94,5 %, lo que significa que, por cada 100 barriles consumidos o extraídos, solo se repusieron 94.

Un estudio presentado por Naturgas el pasado 31 de agosto ante el Comité Intergremial de Petróleo y Gas (CIPG) - integrado por ACGGP, ACIEM, ACIPET, ACP, Campetrol y Naturgas – alerta sobre los riesgos para la autosuficiencia energética, el abastecimiento de gas y los ingresos fiscales a que está abocado el país de persistir en su política antipetrolera, advirtiendo que “las reservas probadas de hidrocarburos con que cuenta el país se agotarán hacia 2035″.

Uno de los mayores riesgos para el sector energético, identificados por el referido estudio corresponde al gas natural. En el escenario denominado “Pérdida de autosuficiencia”, en 2035 las importaciones de gas tendrían que atender hasta cerca del 65 % de la demanda nacional y alrededor del 98 % en 2045. Una mayor dependencia externa de gas importado aumenta la exposición del país a los altos precios internacionales causados por los conflictos geopolíticos principalmente en el Golfo Pérsico, los costos logísticos y la volatilidad de los mercados.

Caídas registradas durante la última década del 27 % en la producción de crudo y del 31,8 % en la de gas, son algunas de las razones detrás del llamado del CIPG a retomar e impulsar una política exploratoria, que permita al país recuperar la soberanía energética y a mitigar el cuantioso déficit que soportan las finanzas públicas. La llegada del nuevo gobierno puede significar para el sector de los hidrocarburos una oportunidad para retomar el dinamismo que tuvo el país en los años previos al 2022.

Estimaciones del Centro Regional de Estudios de Energía y comités gremiales señalan que, una transición energética acelerada sin adición de nuevas reservas de hidrocarburos, podría poner en riesgo hasta $533 billones de pesos en aportes fiscales (regalías, impuestos y dividendos) para la nación. Esta cifra representa la diferencia de recursos entre un escenario de transición lenta (una reducción progresiva del consumo de hidrocarburos), que aportaría 695 billones a la Nación y las regiones entre 2025 y 2050, y un escenario de transición rápida (supresión acelerada del consumo de hidrocarburos), donde se alcanzarían apenas ingresos por 162 billones.

Si no se reactiva la exploración de hidrocarburos, el momento más crítico para el sector energético nacional vendrá entre 2029 y 2032, que es cuando se tendrá una mayor presión sobre las reservas. “Existe un cuello de botella institucional, pero Colombia tiene los recursos energéticos en el subsuelo”, añade Luz Stella Murgas, presidenta de la Asociación Colombiana de Gas Natural (Naturgas), quien ademas agrega: “Los inversionistas necesitan estabilidad en las reglas de juego. Necesitamos una política de estado a 30 años, trabajamos en un régimen especial para grandes inversiones”.

La solución al actual problema fiscal del país en gran parte depende de la reactivación e impulso del sector de los hidrocarburos. “Retomar proyectos, adquirir sísmica y apostarle a la exploración nos aportará $533 billones que hoy no tenemos”, afirma Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana de Petróleo y Gas, ACP. La política pro hidrocarburos, que proponen los gremios, se orienta a generar un ambiente favorable para la llegada de capital (extranjero y nacional), fortalecer los proyectos existentes y explorar nuevos campos promisorios, tanto costa afuera como costa adentro.

El presidente de ACP también señala que ya ha considerado la posibilidad de implementar un régimen para grandes inversiones, similar al caso argentino, conocido como Rigi, con el que buscan atraer inversión extranjera para el petróleo y el gas y, en un futuro, trasladarlo a otros sectores que han mostrado un menor dinamismo en la llegada de nuevo capital. A lo cual Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas, anota que la atracción de capital extranjero a Argentina para el proyecto Vaca Muerta le permitió a ese país sanear un déficit fiscal cercano a los US $8.000 millones y mejorar la balanza comercial en el mercado de hidrocarburos.

Los representantes de los gremios además agregan que los proyectos de yacimientos no convencionales son otro de los caminos que el país debería considerar, no solo para mejorar la situación fiscal, sino también para apuntarle a recuperar la soberanía energética. Como lo señalé en anterior columna[1], el potencial de yacimientos no convencionales, principalmente gas natural explotable mediante fracking, identificados en el Valle Medio del Magdalena, es la oportunidad que tiene el país de avanzar en la era de una transición energética sustentable (“la transición lenta” que se mencionó antes).

jueves, 3 de septiembre de 2026

El parque que aprendió a llamarse Periodista

Fredy Angarita

Mientras uno recuerda, otros están construyendo.

Desde que bajé por primera vez al centro para comenzar mi primer trabajo, conocí –o mejor dicho, vi– lo que entonces muchos llamaban el Parque del Periodista.

Había iniciado labores en La Fundación Médico Preventiva que había comprado su sede en La Playa. Por esos días, comencé a recorrer unas calles que todavía no sabía qué tan importante iban a hacer para mi vida.

En aquella época, cuando alguien hablaba del Parque del Periodista, casi siempre lo relacionaba con la rumba nocturna de Medellín. Era territorio de metaleros, punkeros, músicos, estudiantes y personajes que parecían pertenecer a una ciudad diferente a la que funcionaba durante el día. Tenía mala fama.

Se hablaba de violencia, de peleas, de alcohol y de todo aquello que suele acompañar los lugares donde la noche parece tener sus propias reglas. Durante los años que trabajé entre las sedes de La Playa, Perú y Caracas, muchas de mis noches terminaron allí.

Entonces todavía no sabía por qué se llamaba Parque del Periodista, mucho menos sabía que también le decían El Guanábano. Ese nombre lo entendí después, cuando descubrí que venía de un árbol y, posteriormente, de un bar que terminaría siendo parte fundamental de la historia reciente del lugar.

Hoy, varios años después y luego de algunos tragos compartidos en el parque, compartiendo con muy buenas personas, quise regresar a su historia. No solamente a la que yo conocí, buscando la que estaba allí mucho antes de que yo llegara.

Para quienes no viven en Medellín, el Parque del Periodista está en el centro de la ciudad, en la comuna 10, La Candelaria. Se encuentra sobre la carrera 43, Girardot, entre las calles 53, Maracaibo, y 54, Caracas.

Después de leer, consultar y preguntar a varias personas, me encontré con una historia mucho más interesante que la que yo conocía.

Antes del parque

Una fuente histórica[1] que registró la transformación urbana del centro de Medellín señala que por este sector pasaba el antiguo camino de Guarne, el lugar llegó incluso a conocerse como barrio Guarne. Es decir, el sitio no nació como parque.

Antes de convertirse en punto de encuentro de periodistas, músicos, estudiantes y noctámbulos, fue un espacio de viviendas, solares, caminos y casas construidas con las técnicas de la época.

En 1952, el municipio realizó la rectificación de la carrera Girardot. Para hacerlo tuvo que comprar algunos terrenos y demoler antiguas construcciones de tapia. Después de las demoliciones quedó un espacio abierto que con el tiempo comenzó a funcionar como zona verde.

Pero quedó algo particularmente importante: un árbol, un guanábano. Quizá por eso resulta curioso que muchos años después ese nombre terminara identificando también la vida nocturna del lugar.

Durante los años sesenta, el espacio todavía no tenía las características formales para ser considerado el parque que conocemos hoy. En 1966 se instaló allí una placa conmemorativa relacionada con los combatientes de la Revolución Húngara de 1956, entonces comenzó a conocerse como Plazoleta de Hungría.[2]

Cinco años después, en 1971, un grupo de periodistas de Medellín promovió la instalación de un busto dedicado a Manuel del Socorro Rodríguez, el cubano considerado uno de los pioneros del periodismo colombiano. Y allí empezó otra historia, la del Parque del Periodista.

El nombre que nació como homenaje al periodismo, la gente terminó haciendo algo que suele hacer con los lugares de la ciudad: lo bautizó nuevamente…

El Periodista se volvió otra cosa

Comenzó a convertirse en un punto de encuentro de la bohemia, la contracultura y la vida nocturna del centro de Medellín. El nombre oficial hablaba de periodistas, la vida cotidiana hablaba de otra cosa. Hablaba de personas.

Sus visitantes: periodistas, escritores, estudiantes, músicos, artistas, fotógrafos, cineastas, poetas, vendedores, habitantes de calle, trabajadores nocturnos y personas que simplemente buscaban una mesa, una cerveza y alguien con quien conversar.

Algunos lugares de una ciudad no se construyen solamente con ladrillos, se construyen con conversaciones, con noches, con personas que regresan, con quienes llegan por primera vez y con quienes terminan convirtiéndose en parte de su paisaje.

El Guanábano fue fundamental en esa transformación. El bar abrió sus puertas el 17 de abril de 1990 y terminó convirtiéndose en uno de los lugares asociados a la identidad nocturna del parque. Alrededor de ese espacio se fueron consolidando establecimientos y encuentros relacionados con la literatura, la poesía, el cine, la música, el periodismo, el arte, los estudiantes y los movimientos contraculturales.

Por eso, cuando alguien habla del Parque del Periodista, es difícil separarlo de la noche, pero también sería injusto reducirlo a ella, el parque tiene otra memoria, una memoria mucho más dolorosa…

El parque también recuerda

Allí se encuentra el monumento Los Niños de Villatina, relacionado con la masacre de Villatina.[3] Entonces el lugar cambia nuevamente.

Ya no es solamente cerveza, no son solamente bares, no son solamente jóvenes sentados conversando hasta la madrugada. Aparecen otras palabras: memoria, violencia, víctimas, reparación, resistencia.

Eso es lo que más me gusta de algunos lugares de Medellín, se niegan a tener una sola historia.

El Parque del Periodista puede ser una esquina de rumba para quien llega de noche. Puede ser un lugar de encuentro para un estudiante, puede ser una mesa para un escritor, puede ser el recuerdo de una vieja conversación, puede ser el lugar donde alguien tomó su primera cerveza y, también, puede ser un espacio que recuerda a quienes no tuvieron la oportunidad de llegar a viejos. Quizá por eso hoy lo miro diferente.

Cuando llegué por primera vez al centro, yo veía un parque asociado a la noche, a los metaleros, a los punkeros, a la cerveza y a una Medellín que muchos preferían no mirar demasiado. Ahora, después de conocer parte de su historia, entiendo que estaba mirando solamente una de sus capas. Los lugares también envejecen y mientras envejecen, acumulan historias.

El Parque del Periodista tiene las de quienes hicieron del lugar un punto de encuentro, las de quienes encontraron allí una forma de expresarse y las de quienes simplemente pasaron una noche conversando. También aparecen y desaparecen sus árboles, sus monumentos, sus bares y sus recuerdos. Y tiene algo que ninguna placa puede explicar completamente: la gente que decidió quedarse.

Quizá esa sea la verdadera historia del Parque del Periodista. No la de cómo nació, ni siquiera la de cómo terminó llamándose así, sino la de cómo una ciudad fue llegando poco a poco a una misma esquina y decidió convertirla en punto de encuentro.

También llegué allí alguna vez, primero por trabajo, después por la noche, y hoy, muchos años más tarde, regreso por una razón diferente: para descubrir que aquel parque que yo creía conocer apenas estaba empezando a contarme su historia, hoy, 25 años después de sentarme por primera vez en este lugar, vuelvo a mirar el parque con otros ojos…

Ya no veo solamente el lugar de la rumba, de los tragos, de los músicos, de los estudiantes o de quienes alguna vez llegamos buscando una noche diferente. Veo personas que, sin saberlo, están construyendo la historia que algún día alguien contará sobre este lugar. Los lugares también cambian. Cambian sus nombres, sus habitantes, sus noches y sus historias.

Y quizá eso sea lo más bonito: que mientras uno cree que está sentado recordando su pasado, alrededor hay otros construyendo su futuro.

Hace 25 años me senté aquí por primera vez. Hoy entiendo que el parque no ha dejado de escribir su historia. Simplemente, cada generación llega con una página nueva.