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viernes, 4 de septiembre de 2026

Un corazoncito en tu corazón

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Comencé a trabajar en Fe y Alegría desde el pasado 18 de agosto, de modo que hoy son tres semanas dedicadas, todas ellas, a una juiciosa inducción muy bien preparada por el equipo de la sede nacional para acogerme y ponerme al tanto de lo que este movimiento de educación popular integral realiza después de 55 años de presencia en Colombia. Como aquí en Bogotá está también la sede internacional (Fe y Alegría se encuentra en 23 países en cuatro continentes), hasta allí también se ha extendido esta etapa propedéutica.

Sea la ocasión para agradecerle, desde esta tribuna semanal, a todos ustedes y a tantos otros por sus palabras de felicitación y buenos deseos con ocasión de esta nueva misión que me han confiado mis superiores. Debo decirlo con honestidad: he estado abrumado por la cantidad de mensajes, por la alegría que todos ellos expresan, así como por la grata recordación y excelente reputación que la entidad tiene en la gente. Todos me hablan de la bella labor que tendré entre manos y del enorme bien que Fe y Alegría hace al país. Pero lo que me tiene realmente sorprendido es la generosa actitud de muchos, ya en el ámbito personal, ya en el institucional: “¿qué hay que hacer?, ¿en qué podemos apoyar?”. También llegan ya propuestas de generosa colaboración y de lo que, hombro a hombro, con otros, podríamos hacer. Es maravilloso y por eso también quiero dar gracias.

Fe y Alegría es una obra muy grande, fundada hace 70 años en Venezuela por el jesuita José María Velaz. Allí donde terminaba el asfalto, comenzaba su labor; fue su lema inicial. En Colombia, ya lo dije, desde hace 55 años. Por Latinoamérica en casi todos sus países. Hace años también en España e Italia, pero más recientemente también en África y Asia –en países como Chad o Nepal tienen su corazoncito–.

Aquí en Colombia llegamos a contar con más de 80 instituciones educativas en ocho regionales. Más de 40 congregaciones religiosas colaboraban con la causa. Hoy el panorama es distinto. Hemos perdido presencia e incidencia, no porque lo hayamos querido, sino porque decidimos no hacerle el juego a las dinámicas locales de corrupción que exigen un porcentaje a cambio de la operación. Eso ha significado sacrificar años enteros de presencia en muchas ciudades. El movimiento vive al día, de las ayudas de terceros y ajustados a los presupuestos que el Estado asigna para poder prestar el servicio. Somos una entidad sin ánimo de lucro, por supuesto, sin afán de quiebra. En nuestra misión y visión es claro que somos socios de la educación pública para contribuir en la mejora de su calidad con el plus de una oferta de formación integral, sello particular de la educación ignaciana.

En la actualidad orientamos 21 colegios, 26 jardines infantiles y una veintena de centros de desarrollo comunitario. El espectro cubre educación inicial, básica y media y hoy se incursiona en la formación para el trabajo e incluso en la educación de adultos y personas en condiciones complejas. Si la frontera antes era hasta donde llegaba el asfalto, hoy hay nuevas fronteras, quizás unas visibles otras no tanto que evidencian los lugares donde otros no van o no hacen presencia. ¿Y tú? ¿también quisieras sumarte a esta causa? Transforma tu vida transformado vidas. ¡Las puertas del corazoncito están abiertas!

viernes, 28 de agosto de 2026

Javier, el rebelde con causa

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

En mis compañeros jesuitas observo aquello de que cuando nacieron rompieron el molde, es decir, no hay dos iguales: únicos, genuinos, auténticos, geniales.

El turno de hoy le corresponde a Javier Giraldo Moreno, pequeño de estatura, pero un gigante moral. Reservado, discreto, nada amigo de protagonismos, investigador juicioso, riguroso, objetivo. Con una salud maravillosa, no era de deportes y GYM, pero sí caminante andariego por los campos y ciudades colombianas. Vegano en su alimentación, desde joven, nunca consumió proteínas de origen animal. Disciplinado, su jornada de trabajo iniciaba a las 3:30 de la mañana. A las 6, como un relojito, bajaba a desayunar alguna fruta, algún café. Haciéndolo el pasado lunes, intempestivamente cayó al suelo, no sabemos si por un síncope o por lo que llamamos ACV. El fuerte golpe sumado a estar anticoagulado por su reciente operación de corazón abierto generó la hemorragia que dañó en pocas horas su cerebro.

Lo conocí a finales de los 80 cuando realizando tareas propias de la Comisión Intercongregacional Justicia y Paz, visitaba nuestro colegio en Bucaramanga. Hacía yo mi etapa de magisterio y mi misión era coordinar la oficina de Fe y Justicia que lideraba la implementación del FAS, bello programa de formación y acción social de nuestra red de colegios. Conversábamos sobre los duros momentos que vivía nuestro país, el asesinato de cuatro candidatos presidenciales, la violencia guerrillera ahora combatida por los grupos paramilitares, la incursión del narcotráfico permeando a todos y corrompiendo por doquier. Complejo panorama que facilitaba la violacion de los derechos humanos. Desde entonces aprendí que, técnicamente hablando, la violacion de esos derechos solo lo podían cometer los infractores al interior del establecimiento, es decir, funcionarios públicos que por obligación les correspondía estrictamente protegerlos. De modo que un ladrón cuando roba no atenta contra el derecho a la propiedad, simplemente es un delincuente. Y cuando algún civil mata otro, no violó el derecho a la vida, llanamente es un asesino que debe pagar su crimen. Pero si esas acciones las comete una persona al servicio del Estado, que a su vez sirve a la ciudadanía, la falta es más grave precisamente porque atenta contra aquello que es su misión.

A Javier, desde temprana edad, le afectaba profundamente el dolor de nuestras gentes. Tantas viudas, tantos huérfanos, absolutamente abandonados, a la deriva, sin protección, en la miseria, sin nadie que pudiera ser su voz, padeciendo los efectos de la impunidad, buscando a sus seres queridos desaparecidos, asesinados, mutilados, heridos por la guerra cruel. Hace poco me contaba el caso de una señora que buscó a su hijo desaparecido por 30 años y no descansó literalmente hasta encontrar sus restos dispersos en el monte por los asesinos. Murió pocos días después.

Su causa muchos la malinterpretaron, la juzgaron duramente, injustamente. Él simplemente seguía adelante. Sabía que su vida podía correr riesgo, como cuando tuvo que salir del país, obligado por sus superiores, más nunca dejó de trabajar para la causa. Era un rebelde con causa porque nunca dio el brazo a torcer cuando tenía la certeza de querer hallar la verdad, de que los crímenes de lesa humanidad no quedarán impunes. Sencillo, humilde, de bajo perfil, rechazó premios y condecoraciones.

En estos días se han escrito bellas crónicas sobre su obra y cómo impactó tantas vidas, en personas y organizaciones. Hay un sentimiento de orfandad. Se ha ido la voz de los sin voz, el incansable defensor de los derechos humanos, el amigo de los más débiles y sufridos de nuestro pueblo. Mas él ha recibido la corona de gloria y ahora descansa en paz al lado de su Señor, el mismo al que sirvió sus 82 años, porque tuvo hambre, estaba preso, estaba desnudo, estaba enfermo y Javier lo reconoció en todos ellos, por eso entra al gozo de su Señor. ¡Gracias Javier!

viernes, 14 de agosto de 2026

Vulnerables

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Si algo somos como seres humanos es precisamente eso: vulnerables. Un amigo de Cali así me describió lo que sintió en pleno terremoto: “realmente ha sido el susto de mi vida, nunca me sentí tan vulnerable, tan frágil, tan aterrado”. Y eso mismo sintieron miles más, simultáneamente, en medio de tan caóticos momentos, ante la descomunal fuerza avasalladora de la naturaleza. “Dios, por favor, no más, para esto, perdón, misericordia…”

Cuando estamos en esos instantes límites, cuando existencialmente, que no teórica y conceptualmente, experimentamos toda nuestra pequeñez, confesamos que no somos nada, cual pajas que lleva el viento, “briznas de hierba en las manos de Dios”, describió así su experiencia límite Álvaro Gómez. Literalmente impotentes, finitos, inútiles, poca cosa. Hasta ahí llega nuestra arrogancia, nuestra prepotencia, cuando otro más fuerte se impone.

¿Recuerdan las románticas reflexiones que hacíamos en lo más fino de la pandemia cuando prometíamos el oro y el moro y asegurábamos que después las cosas no serían lo mismo, que íbamos a cambiar, a ser mejores? Los bonitos sentimientos afloraban, se nos olvidaban colores políticos, razas, estratos sociales, equipos de fútbol, credos religiosos… volvíamos a ser todos iguales, todos humanos… Promesas, solo eso. Porque cuando la “normalidad” volvió todo aquello tan tierno desapareció, se esfumó. La amnesia fue colectiva, total.

La reflexión que me hago a modo de pregunta es: ¿cuándo aprenderemos la lección?, ¿cuándo nos decidiremos a ser mejores seres humanos sin que haya factores externos que nos obliguen a plantearnos el asunto de nuestra enorme vulnerabilidad? En las lecturas de la liturgia del domingo pasado el profeta no encontró el paso de Dios ni en el viento huracanado, ni en el fuego abrasador, ni en el terremoto destructor, pero sí en la suave brisa. Y cuando el fuerte viento y el mar encrespado parecían hacer zozobrar la barca y también hundir a Pedro, el Señor increpó a todos: “no teman, hombres de poca fe, soy yo”. Lo dicho tantas veces: si tenemos a Dios, aunque no tengamos nada lo tenemos todo, pero si no tenemos a Dios, aunque lo tengamos todo no tenemos nada. ¿Quién podría entonces separarnos de su amor, la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Se cuestionaba Pablo con los romanos.

Es claro que la invitación no es a ser pasivos, sumisos, resignados y conformes, pero tampoco altaneros, arrogantes y soberbios. Las cosas en su punto. En su sitio. En el justo lugar que nos corresponde. De modo que cuando sobrevengan estos fenómenos, con la Santa de Ávila podamos decir: “nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”. Eso, solo eso, ante el Señor de la historia, desde nuestra condición vulnerable.

viernes, 31 de julio de 2026

El peregrino de fiesta

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Hoy celebra la Iglesia la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, es decir, los jesuitas estamos de celebración especial y lo vamos a hacer esta vez encontrándonos para acompañar a dos hermanos que serán ordenados presbíteros.

No se ama lo que no se conoce, decimos. Como jesuita, en la medida que he ido conociendo a mi padre fundador, lo admiro más, lo quiero más. Y la razón es muy sencilla: me fascina de su personalidad, la de un ser humano común y corriente que creció, maduró, evolucionó todo el tiempo, como él mismo se definió en la autobiografía: “hombre de grandes deseos”, asunto que irá demostrando en el cambio de la búsqueda de sí mismo a la búsqueda de la “mayor gloria de Dios”. 

El magis (más) es un superlativo y también toda una dinámica. El bien, entre más universal, más divino. Ir allí donde haya mayor necesidad, por ejemplo.  Es no contentarse con lo básico, lo mediocre.  Para grandes cosas nos ha creado Dios, de modo que la respuesta no puede ser mezquina, apocada.  Por eso, muchos hermanos que me han precedido desde hace casi cinco siglos han sido realmente unos colosos apostólicos:  Francisco Javier, Mateo Ricci, Roberto de Nóbili, Theilhard de Chardin, Karl Rahner, Tony de Mello, Pedro Arrupe, Francisco, por citar algunos… la lista es larga y motivo de sano orgullo de familia.   

Ignacio nunca se estancó, siempre estuvo en movimiento. Se autodenomina también “el peregrino”; su advocación: la Señora del Camino; su historia: un permanente discurrir por diversas latitudes; su dinámica existencial “buscar y hallar la voluntad de Dios” a través del discernimiento espiritual; su escuela: los Ejercicios Espirituales.

He podido seguir algunas de las etapas de su vida más impactantes: por supuesto, Loyola: la solariega casa en Azpeitia, su niñez, su juventud, su familia numerosa;  Madrid: donde las seducciones de la vana gloria lo animaban a grandes conquistas humanas, las del servicio a la Corte y el galanteo a la hija del Emperador; Barcelona: donde sienta cabeza, reflexiona, se deja ayudar, ve la importancia de prepararse bien, ora, discierne; Roma: donde ejerce su gobierno como General y se dedica a pensar estratégicamente la Orden fundada, escribe las constituciones y lidera la naciente empresa apostólica hasta el final de sus días.  Me falta París: no he estado en esos sitios claves donde se formó académicamente, donde conoció a los amigos claves para fundar la Compañía, donde se emitieron los votos… Lo cierto es que por donde estuvo dejó huellas, dejó amigos y también detractores. No podía pasar desapercibido alguien auténtico, único, irrepetible. Un “loco por Cristo” (otra de sus definiciones), visionario, emprendedor, apasionado, cerebral y a la vez pletórico de afectos que debió ordenar.

Felicitaciones mi carismático padre Iñigo, Ignacio, Nacho. Nos inspiras, nos alientas, tu espiritualidad está más fresca y lozana que nunca. Te dejaste permear, invadir, transformar, por la Divinidad y con ello nos has evidenciado que cuando eso sucede, alrededor nuestro suceden grandes cosas. Quiero, aunque sea modestamente, seguir esos pasos como peregrino. Y tú que ahora me lees, ayúdame a que eso sea posible. ¡Así sea!

viernes, 24 de julio de 2026

Cultivando amigos

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Estos dos meses de descanso que la Compañía me ha dispensado, a modo de vacaciones acumuladas de la última década, han sido realmente reconfortantes y reparadores. Alternando con el reposo en casa, decidí que mis viajes, que siempre fueron de trabajo y a las carreras, esta vez fueran no de trabajo, no de turismo, no de paseo, sino para encontrarme con los amigos, ellas y ellos.

La vida me ha concedido la fortuna de regalarme bellas amistades en las muy diversas latitudes donde he estado trabajando apostólicamente. Son eso: regalos, dones gratuitos. Han quedado allí y ahí siguen, firmes en el tiempo. No los mueve algún interés de oportuna coyuntura, de beneficio o usufructo. Es la admiración, el afecto, la empatía, el amor. Como en toda auténtica amistad, las conversaciones detenidas en pausas de tiempo de 5, 10, 15, 20 años, se retoman “como decíamos ayer…” y los diálogos, las risas, las anécdotas, se reactivan y continúan cual película que sigue rodando después de un obligado intermedio. Durante esos años de forzoso receso, siempre estuvo la promesa del reencuentro, así que ya era hora de ser serios y cumplir la palabra.

Les he contado que estuve en España con una veintena de ellos dispersos en 12 ciudades y que he podido hacerlo también en Pasto. Esta última semana en Cali. Ya hubiese querido en Bucaramanga y Medellín, por mencionar las otras ciudades donde he trabajado o paises como Argentina, México, Ecuador o Estados Unidos, donde hay tantos otros que quisiera volver a ver. No se ha podido. Imposible siquiera pretenderlo. Ya habrá ocasión. No hay afán. Todo tiene su tiempo.

Los amigos a los que me sigo refiriendo, son especiales, únicos, cada uno genuino e irrepetible. Siguen allí, decía, porque no son de ocasión, porque han sido probados, porque no los mueve más que la gratitud de un corazón que reconoce principios y valores que subyacen en sus vidas. Por eso son tan valiosos. “El que encuentra un amigo, encuentra un tesoro” sentencia la Escritura. Por eso hay que cuidarlos, hay que cultivarlos, esto es, abonando, podando, regando… Ha sido estimulante, ha sido consolador, ha sido gozoso. Y de ello hoy le quiero dar públicamente gracias a Dios, por ser bendecido con tantos y tan bellos amigos. De cada uno conservo enseñanzas, guardo recuerdos, evoco anécdotas, hay historias de trabajos con luchas, logros, reveses, vividos en conjunto, páginas inolvidables.

La vida sigue y es más llevadera cuando se tienen amigos de verdad, con los que puedes contar en cualquier momento, porque son incondicionales, porque te hablan con la verdad. Como dice la canción: Me gusta la gente que cuando saluda te aprieta la mano con fuerza y sin dudas. Me gusta la gente que cuando te habla te mira a los ojos, te mira de frente, te dice a la cara aquello que siente y nada se calla y no tiene dobleces; me gusta esa gente”.

martes, 14 de julio de 2026

¡Y ahora, Pasto!

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Solo estuve dos años como rector en el colegio Javeriano de Pasto, a finales de los años 90, pero los vínculos profundos que se crearon con estos amigos del sur equivaldrían a haber estado por lo menos 20. Hubo sintonía, química, feeling, empatía, simpatía …

Ya desde mis años de colegio en San Bartolomé y por correspondencia me hice amigo de un estudiante del Javeriano a quien vine a conocer solo 5 años después, cuando siendo novicio fui a Pasto a mi experiencia de trabajo en el hospital San Pedro. Alberto era hijo de Antonio Erlinto Eraso, médico cirujano, quien me invitó a presenciar en vivo y en directo en un quirófano una laparotomía de un paciente con cáncer estomacal.

Después supe que Luis Díaz del Castillo, el director, era hermano de dos que fueron estimados amigos: Emiliano, académico, historiador y también exgobernador del departamento, y Alfredo que me acompañaría en la administración del colegio. Las raíces de estas amistades tienen entonces más de 40 años.

La lista de pastusos amigos de aquellos años se hizo larga. En el noviciado Manuel, sobrino de Francisco Revelo, también exgobernador, y de Nury Unigarro, presidenta de la Cruz Roja. Julio Jiménez, entonces director de pastoral en San Ignacio fue mi mentor en la noble tarea de dar ejercicios ignacianos. Luego sería mi rector en la etapa de magisterio en Bucaramanga y después mi padrino de ordenación.

Repito, la lista es interminable y si me pongo a nombrar a todos de seguro que se me escapa algún nombre y no quiero perder esos amigos. Otro día les iré contando otros detalles.

El hecho es que ese don gratuito de la amistad cultivada por décadas, en este tiempo de receso vacacional me ha permitido volver al Valle de Atriz a gozarme una semana celebrando los 30 años de mi primera promoción de bachilleres, bautizando a María Valeria, hija de Mario y Cata, exalumnos; peregrinando a Las Lajas para celebrar la eucaristía a los pies de Nuestra Señora en compañía de Juan Carlos y Charo, pareja cuyo matrimonio presencié hace años; paseando a La Cocha para almorzar una deliciosa trucha, precedída de un buen hervido, en el puerto de El Encano, nuestra Venecia nariñense, con una veintena de amigos entre padres de familia, profesores y administrativos de mi tiempo; encuentros con amigos como Monseñor Enrique, obispo emérito… en fin.

Ya pasado de kilos, y sin remordimientos ni muchos detalles que generen perversas envidias, les cuento que saboreé otras delicias gastronómicas las cuales me tocó sufrir y padecer estos días: pastel de queso, aplanchados, quimbolitos, frito, hornado, lapingachos, empanadas de añejo, ají de maní y una que otra copita de aguardiente Nariño, versión rebajada del tradicional Galeras.

Todo eso muy rico, pero lo mejor: los amigos. Su afecto, su lealtad probada, sus detalles.

¡Gracias amigos de Pasto por tanto amor! ¡Los llevo en el corazón! ¡Gracias y bendiciones!

viernes, 3 de julio de 2026

Merecido

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

Esta secuencia de narraciones sobre mi vuelta a España concluyó con dos broches de oro: una cena exquisita en Madrid con mi ahijada María Mónica y su esposo Rodrigo, y el día siguiente, ya de regreso en la T4 de Barajas con Luis Miguel, exalumno ignaciano, quien con afecto me reconoció y saludó. ¿A dónde va padre? Regreso a Colombia. ¿En qué vuelo? En el de las 11.00. ¡Entonces yo lo llevo! Y fue así, piloto de Avianca, ahora del Boing 787, ya en el aire me invitó a la cabina y durante media hora pude conocer cómo es eso de manejar un aparato con 260 pasajeros a 38 mil pies de altura. Fin de la zaga. ¿Qué más puedo pedir?

Vox populi, vox Dei. Lo han dicho ustedes y yo lo acepto con humildad, o sea con verdad, como enseña Teresa, la doctora de Ávila. Ni más ni menos.

Unánimemente, en estas semanas, ustedes, en algún momento de nuestros contactos me lo han dicho: muy merecido, te lo mereces, merecidas vacaciones, descanso merecido, etcétera.

Y al ver la definición del término, ya como adjetivo, ya como sustantivo, se dice de algo que “resulta justo y ganado como consecuencia lógica de los esfuerzos, acciones o conductas de una persona”. Entonces sí, tienen razón, este tiempo corresponde a un merecido descanso. Arduos años sin vacaciones, sin mayores descansos o recesos, estrés natural propio de una exigente responsabilidad, acumulación de funciones y tareas, muchas de ellas indelegables, madrugones y trasnochos, sábados y domingos con tareas múltiples, en fin…

De ello no me arrepiento, tampoco hago alarde. Mi madre me enseñó a trabajar, a ganarme el pan con esfuerzo, a hacer las cosas bien. Y el Señor me dice ahora: “ven a descansar un poco”. Quienes somos “workaholicos” necesitamos descansar. El que no descansa, cansa. Hay, pues, que parar, hacer un alto, recuperarse. Recuerdo que estando en Medellín de rector, un domingo sobre las 10 de la noche una madre de familia me llamó para decirme que acababa de pasar por la avenida frente al colegio y había visto la luz de mi oficina encendida. Me informaba para que la fuera a apagar. Le dije, no, es que estoy aquí trabajando. Y lo que me gané fue un soberano regaño. El domingo es para descansar y mire las horas que son. Tenía razón, no lo volví a hacer hasta las 10, solo hasta las nueve, jajaja.

Por eso, al concluir esos ciclos de los que les hablé el otro día, he recordado a San Pablo cuando le escribió a Timoteo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mi, sino a todos los que aman su venida” (2 Tim 4,7-8)

Doy gracias a Dios por haberme permitido hacerlo durante el mes de junio en España. También a la Compañía por invitarme a hacerlo. Desde aquí hoy quiero agradecerles a todos aquellos que me han acogido en sus casas, me han invitado a pasear, a comer y sobre todo a descansar, jesuitas, amigos y familiares, a todos los llevo en el corazón con gratitud. Todos se esforzaron no solo por hacerme sentir bien sino por darme lo mejor. Un regalo de Dios. Un regalo de mi madre quien días antes de morir me dijo que quería morirse para que yo pudiera descansar y pudiese pasear. Por eso a ella la tuve presente todo el tiempo y sentí que gozaba paso a paso mi vuelta a España: ¡gracias, mamá!

Es duro decirlo, pero hay gente que nunca descansa, ya por el compromiso que tienen con su misión y que no les da ocasión para hacerlo, ya porque no se pueden dar ese “lujo” … ¿lujo? No. Necesidad. También el maestro se escapaba a estar con sus amigos en Betania.  Lo justo es que, así como el que trabaja merece su sustento, también el que trabaja merece su descanso. Pronto vendrá una nueva misión y hay que estar frescos, renovados, con baterías recargadas. Es necesario descansar, es saludable. Es merecido.

viernes, 26 de junio de 2026

Por tierras gallegas

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Por estos lares los amigos, con sus respectivas familias, son muchos: Agustín y Olga, Chema y Maricarmen, varios Manolos, y Julio César y Adriana, por citar algunos.

La cosa comenzó en A Coruña, costa norte de España. Aquí la temperatura estuvo fresca respecto del resto del país. Saludar a Julio César y su familia era el propósito. Él hizo un trabajo muy bueno como primer director de tecnología en nuestra administración y quería agradecerle correspondiendo su invitación. Fue muy grato ir a visitar nuestra renovada iglesia del Sagrado Corazón y saludar allí al único jesuita presente en ese momento. Los otros estaban en su último día de colegio, en Santa María del Mar. Luego, pasear por sus playas y la ciudad antigua, así como admirar a María Pita, la heroína que defendió este puerto del asedio de la Armada Invencible, comandada por Sir Francis Drake, y que logró hacerlos huir… me hizo imaginar una mujer con los pantalones bien puestos, cuya memoria se honra en la plaza mayor.

En coche (no carro), por esas excelentes autovías (las autopistas son de pago), Julio me llevó hasta San Martín de Noia, un poblado bien antiguo, al sur de Santiago, sobre las famosas rías gallegas.

Aprovecho aquí para hacer un comentario pertinente: allí había estado hace doce años celebrando una misa en domingo con un panorama bastante desolador: unas quince personas. Recuerdo que Agustín me decía que había muchas casas abandonadas en la región y que a ellos les gustaría que viniese gente de Latinoamérica. España se estaba envejeciendo y despoblando. La reconquista mora venía dándose y la vieja Europa necesitaba recuperarse; igual nos había dicho Benedicto XVI en Santiago de Compostela el día anterior, citando a Juan Pablo II. Pues les cuento que lo que he encontrado en España hoy día es un país muy diferente, renovado, remozado, con mucha gente joven, muchos niños, más participación en la Iglesia y, por supuesto, abundante migración latinoamericana. Florece la esperanza cual nueva primavera. El reciente paso de León XIV ha sido renovador.

Volvamos a Noia, traducción gallega de Noelia, la hija de Noé, el mismísimo del arca, quien parece que estuvo por aquí, cerca de Finisterrae, donde una paloma le trajo la rama de olivo. Los paisajes, preciosos; y el pueblo medieval, encantador. Don José, el párroco, me pidió presidir la celebración eucarística dominical y, esta vez, la iglesia estaba completamente llena, con muchos jóvenes y niños. Dos de ellos, Brais y Alma, hicieron su primera comunión. Fenomenal. Luego, el partido España-Arabia Saudita, lamentable. Eso de llevar cuarenta y ocho equipos (y están pensando en aumentar a sesenta y cuatro) es puro negocio, porque la calidad, muy regulimbis.

Al día siguiente tomamos el camino de Lugo. "¡Para comer, Lugo!", es el dicho. Dicen que el mejor pulpo a la gallega lo hacen aquí. Pude constatarlo. Y unos langostinos apanados… no se diga más. Me pusieron guía turística y con ella pude recorrer la ciudad antigua y sus murallas romanas, que aún se conservan. Esa tarde había una fiesta popular donde todo el mundo se disfraza de ciudadanos o soldados romanos para recordar a Lucus Augustus, el lugar de Augusto. El director del museo de la Catedral me regaló un tour por su interior. Ya les conté que la gula estética existe y que aquí también quedé harto, en el buen sentido, de tanto gusto, tanta cosa bella. Me enteré de que aquí quisieron mucho a los jesuitas; tanto, que cuando Carlitos III, de infeliz memoria para nosotros, nos expulsó, la orden era acabar con todo vestigio jesuítico. Iban a descabezar las estatuas de San Ignacio y Francisco Javier, y el pueblo se opuso. ¡Gracias, Lugo!

Fuimos a descansar a Santiago de Compostela. Me hospedé en San Martín Pinario, el antiguo seminario. Una vez ubicado, pasé a la catedral a visitar al apóstol. Pude darle el tradicional abrazo y orar un rato. Al día siguiente me fui a visitar el templo de San Agustín, donde los jesuitas también tenemos un Colegio Mayor. Había que darles vuelta a los hermanos antes de ir a la abarrotada Catedral, llena de peregrinos de todas las naciones, donde me dieron el privilegio de ser el segundo concelebrante en la eucaristía y, al final, echarle el incienso al famoso botafumeiro. ¡Qué espectáculo aquello! Ya había estado, pero, recordando a mi madre, que sigue haciendo gestiones celestiales, se me fueron las lágrimas.

Mi estancia en tierras gallegas, de la mano de Chema y su esposa Maricarmen, concluyó en la tarde con un suculento almuerzo en restaurante y cena en su casa, con un intermedio visitando el mercado local y la Ciudad de la Cultura, un moderno y monumental, por no decir faraónico, proyecto del Ayuntamiento, todo en piedra, donde pude disfrutar de Los rostros del Pacífico, una bella muestra artística denominada Las cuatro estaciones, y de lo que significa la innovación tecnológica: IA, metaverso, realidad virtual… realmente descrestante. Ya había estado yo en Santiago, pero estos lugares no los conocía.

Bueno, dejemos por aquí. Me quedan dos crónicas antes de volver a casa en pocos días: Madrid y Alicante.

martes, 23 de junio de 2026

De Valencia a Badajoz

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Una segunda etapa del viaje me llevó a bordear el sur de España hasta su frontera con Portugal.

Valencia. Aunque tiene su autonomía política, lingüísticamente el valenciano es un dialecto de clara herencia catalana. Por allí está Gandia, sede del Duque Francisco de Borja quien además era Virrey de Cataluña. Para los que no saben la historia, Borja, renunció a todas sus riquezas y prebendas cuando observó el cadáver descompuesto de la reina y juró “nunca más servir a un señor que se pudiera morir”. Su vida terminó como tercer general de la Compañía de Jesús y canonizado santo de la Iglesia. A él le debemos la primera experiencia piloto de un colegio jesuita para externos, seguida luego por la de Goa con Javier, ambas antes de Mesina en Italia, primer colegio oficial fundado por Ignacio.

No pude conocerla porque, como les dije, mi objetivo era visitar los amigos y allí encontré dos: Saddy, sacerdote de la diócesis de Cúcuta, que hace estudios de maestría y Fanny, educadora nariñense que trabajó hasta jubilarse en nuestro colegio javeriano y quien vive con su hijo. Ellos no se conocían, pero en algún momento nos encontramos todos. Pude conocer la catedral y algo de la ciudad, así como ir al mar y caminar descalzo en la playa sintiendo por primera vez el Mediterráneo. La eucaristía de la fiesta del Sagrado Corazón fue en la parroquia de San José, donde me hospedé. Y una buena comida fue en un restaurante de tenedor libre donde recuperé los kilos que había bajado, siguiendo la estricta dieta de jamones y quesos, jajaja.

Chiclana de la Frontera. Es una población de las varias que rodean el puerto de Cádiz. Allí arribé después de un día entero en tren con transbordo en Sevilla. Andalucía es otra cosa. He tenido amigos andaluces y su hablar rápido y enredado me hace sentir en nuestra costa caribe. Anita, la prima que deseaba saludar después de ocho años, vive allí con su esposo desde que muriera su mamá, la mayor de mis primas, y la amiga y compañera de juergas de mi mamá, que me tuvo a mí, el menor de los primos de la familia. Coincidió mi estancia con las ferias y fiestas de San Antonio, su patrono. No me lo van a creer, pero nunca he visto tanta gente aglomerada, tantos autos, tantas casetas, tantas ventas, tantos juegos mecánicos, tantas mamás con los bebés en sus coches, literalmente legiones… una experiencia única. Los turrones que se me ocultaron hasta ese momento con el cuento de que son producto de invierno, brotaron de pronto en pleno verano. No se ilusionen: conservo las cajas como recuerdo.

Badajoz. Es la provincia fronteriza con Portugal y la más caliente de España. 44 grados no lograron derretirme porque me refugié en el Real Monasterio de Santa Ana donde viven, desde 1518, religiosas clarisas. Una de ellas, mi prima Martha Lucía, desde hace casi tres décadas. A pesar de su estricta clausura, la Madre abadesa permitió que en dos ocasiones me pudiese reunir con toda la comunidad para conversar y reír con ellas: hay colombianas, mexicanas, paraguayas, polacas y, por supuesto, extremeñas. También les presidí dos veces la eucaristía y las acompañé en sus oficios litúrgicos y de trabajo manual armando cajas donde empacan dulces con los cuales sobreviven. Pude conocer nuestro colegio y la parroquia que regentamos, además de almorzar con la comunidad. A casi tres horas de allí, en Cáceres, y gracias a la generosidad de Florencio, un amigo doctor en psicología, pude conocer el Real Monasterio que fue de los jerónimos, ahora de los franciscanos, donde se conserva la imagen de la Virgen de Guadalupe, talla en madera del siglo XIII. Allí hay un bajo relieve de esa imagen bordeada con rayos. Conocí entonces la relación con nuestra guadalupana que puede tener asidero histórico: Hernán Cortés era de Medellín, en Extremadura, y le acompañan muchos coterráneos en su aventura por la Nueva España, hoy Mexico. Cuando Juan Diego, el indígena, le muestra al obispo Zumárraga su tilma o ayate con la imagen, los españoles allí presentes al ver la imagen exclaman: “¡como la de Guadalupe!”, la extremeña, de modo que así se quedó. 

viernes, 19 de junio de 2026

Gaudí, fuera de serie

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Otro motivo para visitar Barcelona era conocer la Basílica de la Sagrada Familia, esa monumental obra concebida por Antonio Gaudí, que lleva más de un siglo construyéndose y a la que le faltan, según los expertos, otros 10 años de trabajos.

La presencia de León XIV en la inauguración de la Torre de Jesucristo el pasado 10 de junio, coincidió con el centenario de la muerte del arquitecto y máximo exponente del modernismo catalán, conocido también como el “arquitecto de Dios”, un hombre fuera de serie no solo por su creatividad sino por su manera de ser y proceder. Tan significativa fue su vida que se encuentra en proceso de beatificación. En efecto, Gaudí a pesar de su reconocimiento, vivió austeramente, tanto, que cuando en un trágico accidente un tranvía lo atropelló y fue llevado al hospital, no lo reconocieron pensando que era un pordiosero.

En mis visitas a iglesias en Europa es tanto el derroche de arte que he visto y admirado estéticamente que debo confesar que siento cierto “hastío”. Una comida exquisita se consume con gusto en pequeñas dosis, pero cuando le sirven a uno cantidades exorbitantes, por más rico y fino el manjar, uno se harta. Eso he sentido y ustedes me entienden el tono nada peyorativo de mi afirmación. En un mundo teocéntrico nada se escatimó para rendirle honor y gloria a Dios, edificios, torres, muros, columnas, cuadros, esculturas, frisos, artesonados, tallas, pinturas, grabados, dibujos, murales, vitrales, música, todo, absolutamente todo, es exuberante, bello, majestuoso, de un exquisito gusto estético. Con razón Antonio Banderas en su saludo al Papa, haciendo justicia, afirmó que la Iglesia ha sido la principal productora de arte en la historia de la humanidad.

Entonces, imaginaba yo, que después de esos tiempos dorados el hombre no volvería a producir algo similar. Me equivoqué. Gaudí lo ha logrado con creces. Y no lo digo por lo que se puede ver por fuera que ya es bastante fastuoso, cargado de formas, símbolos y colores, sino también por la experiencia que se vive desde dentro y que resulta majestuosa. Todo su diseño interior es novedoso y todo tiene su sentido. No es caprichoso, no es ostentoso, es sobrio y a la vez elegante. De la mano de los expertos valdrá la pena algún día enterarme a fondo de ese conjunto de significados, significantes y significaciones para tratar de comprehender la teología que encierra. Hay que ir en un día soleado como el que me tocó para gozar desde dentro sus vitrales de colores iluminando todos al tiempo y que conjugados ellos lo hacen sentir a uno en otra dimensión, en otro mundo.

En su homilia, el Papa aludió a la Iglesia como templo que se va construyendo día a día, cuya piedra angular es Cristo y nosotros piedras vivas; un proyecto que se va realizando, una obra inconclusa, lo que no ha de entenderse como defecto sino tarea permanente; templo del Espíritu Santo; no casa que le hacemos a Dios, sino una casa que Dios nos ofrece para acogernos en su corazón. La torre de Jesucristo, ahora la más alta del mundo, invita a “alzar la mirada” (lema de la visita) para reconocer en el Señor esa luz de su amor que brilla en las tinieblas y se convierte para todos en faro y guía. Antonio Gaudí, logra en esta obra de arte, ofrecernos un mensaje evangelizador fuera de serie. ¡Extraordinario!

martes, 16 de junio de 2026

Baño de ignacianidad

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Cuando planeé el viaje a Barcelona, mi intención principal fue visitar a mi amigo José María Rambla, S. J., de quien les conté fue mi instructor de Tercera Probación, una especie de segundo noviciado que ya adultos como jesuitas y antes de los últimos votos o profesión solemne hacemos por espacio de varios meses.

A José María no lo había vuelto a ver desde hace 25 años. Es un hombre muy reconocido por ser una autoridad en materia de espiritualidad ignaciana: teólogo espiritual ha sido maestro de novicios, escritor y varias veces instructor de tercera probacion. La idea era visitarlo y compartir con él, pero nunca imaginé que me tenía reservado un regalo de marca mayor: peregrinar por los lugares que recorrió Ignacio de Loyola, nuestro fundador, por esta región. Así que por espacio de día y medio anduvimos de visita en el monasterio de Monserrat, la cueva de Manresa y la Barcelona antigua. Como si fuera poco me ha regalado dos de sus últimas publicaciones: El arte de la amistad en San Ignacio y Barcelona en la vida de San Ignacio. Con este “baño” quedó evidenciado entonces que he actualizado mi sistema con la versión Ignatius2026.

Monserrat o monte aserrado, queda a más de una hora en tren de Barcelona. Equivocado yo pensaba que ese Monserrat era como nuestro Monserrate con la ciudad ahí pegada. Es una formación montañosa de imponente altura. Los monjes benedictinos qué acaban de cumplir 1000 años allí, en su momento fueron auténticos caprinos para escalar aquello y asentarse frente a semejantes abismos. Hoy se accede en carro, funicular o teleférico. La abadía es majestuosa en su construcción y acabados, de exquisito gusto estético, armonía y orden en sus formas. Viven poco más de 30 monjes y su abad es bastante joven. El santuario alberga a La Moreneta, Nuestra Señora de Monserrat, esa imagen ante la cual Ignacio decidió abandonar su vida pasada y comenzar una nueva. El Papa León estuvo al día siguiente.

Manresa. También confieso que estaba pifiado respecto de su ubicación. Creía yo que la cueva estaba enclavada en aquellas montañas y no. Está media hora más adelante en tren. Es un pueblo grande y la cueva, entonces al aire libre con el río Cardoner al fondo, abajo, ahora queda encerrada en el subsuelo de un precioso edificio que tiene Iglesia y habitaciones, antes casa de formación de jesuitas, hoy centro de espiritualidad. Emocionante estar allí, palpar esas rocas que fueron testigos de la iluminación que tuvo Ignacio y que le hizo ver claras las cosas y entender todo como nunca pensó podría llegar a vivirlo.

Barcelona antigua. Aprendí que la perfecta cuadrícula de la nueva se ubica en las afueras de la amurallada antigua, de la cual quedan algunos vestigios. Sus calles angostas y tortuosas conservan edificaciones de mil años o más. De seguro Ignacio las recorrió más de una vez. Impactante Santa María del Mar, donde en una puerta lateral se conserva el escalón donde Ignacio pedía limosna para luego compartir lo recibido con los pobres y después ir a clase en una casa al frente donde habitaba su tutor. Aquí Loyola entendió que debería prepararse, senda académica que luego lo llevó a Alcalá y París, las mejores universidades de su tiempo. Interesante enterarse de las amistades que aquí cultivó, varias de ellas mujeres prestantes y ricas que lo patrocinaron e incluso quisieron formar la rama femenina de la naciente Orden. Una de ellas lo logró y consta que fue la primera y última también en ser jesuitina.

No los canso más. Como les dije, hay mucho que contar. Esto apenas es un aperitivo para animarse a venir y vivirlo directamente, como toda experiencia, única, con sabor y coloridos propios.

viernes, 12 de junio de 2026

De Madrid a Barcelona

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Mucho es lo que uno puede contar, así que me voy a detener en lo que más me ha impactado.

Toda esta primera semana ha estado enmarcada por la visita de León XIV a España. Hemos coincidido los primeros seis días, tanto en Madrid como en Barcelona. La afluencia de gente ha sido multitudinaria a todos los eventos programados. Lo he visto a través de la tele en su total sobriedad y sencillez, pero calando con su mensaje. Inéditos los 7 minutos de aplausos en el parlamento español donde hubo para dar y convidar a unos y a otros, y todos quedaron contentos. He visitado los mismos sitios por dónde iba a pasar o ya había pasado. Me ha admirado la organización y pulcritud en todo. Finalmente, he estado cerca suyo en la Sagrada Familia, esa majestuosa obra de arte diseñada por Gaudí y que se ha tomado cien años en concluirse. Escribiré capítulo aparte.

Les decía que me he movido en trenes todo el tiempo. Trenes de alta velocidad, los normales y los metros. Excelente la red ferroviaria, precios razonables y distancias largas que se acortan. Maravilloso.

En Zaragoza me encontré con dos amigos de vieja data, Delvys, colombiano, que me acogió en su apartamento y José Luis, aragonés. Ambos de mis tiempos de trabajos en escuela católica. Ya había estado allí hace años, pero fue bueno ir de nuevo al Pilar y concelebrar la eucaristía en tan bello santuario mariano. Tarde me enteré de que la hija de Luis Guillermo trabaja allí. ¡A pocos metros y no sabía! Conocer el edificio del antiguo seminario y enterarme de que fue regentado por la Compañía hasta la supresión. Dos figuras que pasaron por allí me emocionaron: Baltasar Gracian, reconocido hasta hoy por las escuelas de administración del mundo entero y José Pignatelli el santo que ayudó a la restauración de la Compañía. En su iglesia contigua supe que se ordenó José María Escrivá y pude constatar el enorme influjo que la Obra tiene en Aragón y en derredores. Admiré las instalaciones de nuestro colegio del Salvador y quedé fascinado por la belleza de la ciudad. Mis dos desayunos fueron los tradicionales chocolates con churros y volvería feliz al restaurante de sushi donde pude degustar todo lo que quise gracias al “tenedor libre” (mensaje subliminal para ir con Félix).

En Barcelona, en la estación de Sants, me esperaba mi maestro José Ma. Rambla, jesuita catalán que fue mi instructor de Tercera Probación, a quien encontré intacto en su apariencia y con admirable agilidad para los 92 primaveras que tiene encima. Sobre la estadía con él también escribiré líneas aparte pues tuve una “actualización” Ignaciana en mi sistema, que jocosamente llamamos Cuarta Probación. Fue grato encontrarme con Diana Constanza, prima que reside y labora allí desde hace dos años.

Así las cosas, antes del capítulo de Valencia a Badajoz, les contaré entonces dos apartados del primero: Baño de Ignacianidad / Gaudí fuera de serie. Lo haré en estos días, de modo que no habrá que esperar hasta el viernes. ¡Hasta pronto!

viernes, 5 de junio de 2026

Vuelta a España

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

No propiamente en bicicleta. Será en tren que, por cierto, aquí funcionan maravillosamente en una verdadera red ferroviaria que incluye máquinas de ritmo tradicional pero también los de alta velocidad. A propósito, me dio nostalgia del tren colombiano que alcancé a disfrutar varias veces (el Expreso del Sol o en el que uno bajaba a Girardot) y que los transportadores de carga erradicaron. “¡Que su carga vaya en tren!” Fue la postrera invitación que nos hicieron y que no funcionó ante tamaña ofensiva de tractomulas y camiones.

Ya estoy en Madrid. Aquí todo luce y media ciudad está bloqueada porque ya llega León XIV. Se esperan muchedumbres colmando el paseo de la Castellana y el Santiago Bernabéu. Para que no hubiera colapso total decidimos que él llegaría mañana. Luego nos veremos en Barcelona, pero de eso ya les contaré en ocho días.

Aquí estoy, pues, en mi primera estación. Disfrutando de mis vacaciones, de este país hermoso, de su capital tranquila y cada vez más grande y, por supuesto, de la compañía de mis familiares y amigos, porque como lo dejé bien claro, no vengo a hacer turismo sino a conversar con esos seres queridos que hacía tiempo no veía. Ya hoy cumplí ese propósito al encontrarme con Pablo, exalumno ignaciano y hoy día financiero en importantes entidades y luego con Andrea, amiga que participaba en mis eucaristías de La Soledad. Por cierto, me estoy quedando donde Álvaro, compañero de clases en mis tiempos de filosofía, hoy doctor de la Complutense y presidente de una ONG que apoya a inmigrantes. Mañana será un día con él para “adelantar cuaderno” y ver qué se puede hacer frente al cierre que mi tocayo Leo ha generado y que se suma a la que hiciera el conejito malo con sus conciertos y el suscrito con su periplo de vacancia (¡ojo! que no vagancia).

En nuestro próximo capítulo les hablaré de la ruta: Zaragoza – Barcelona – Valencia, donde les contaré de la iglesia del Pilar, la misma que fue primero sinagoga y luego mezquita antes de ser catedral. También de mi encuentro con Leo, las ordenaciones presbiterales, la inauguración de la Torre de Jesús en la Sagrada Familia y la estancia en tierras valencianas, las mismas de las deliciosas naranjas y exquisitos arroces y paellas. ¡Hasta pronto!

viernes, 29 de mayo de 2026

A votar se dijo

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Nunca tuvimos tantos candidatos para la Presidencia de la República. No me quedó claro si es porque tenemos líderes de sobra o porque cualquiera se sintió apto para suceder al actual mandatario. Preferiría pensar lo primero. Y es verdad, entre ese abanico había gente muy buena e interesante pero bastante desconocida para muchos.

Mal parado como ha estado el primer mandatario parecía estar condenado a ser la gran decepción y el fracaso de la izquierda en el poder. Pero se le apareció la Virgen, como decimos coloquialmente. Cepeda se catapultó solito dejando lejos y por mucho a sus copartidarios después de su conocido choque de años con Uribe. Su peculiar estilo reflexivo, sus discursos escritos para garantizar precisión, su sofrosine, su decisión de no ir a debates con los otros candidatos, lo tienen de primero en las encuestas y con alta posibilidad de ganar en primera vuelta. Pude conocerlo de cerca y escucharlo. Sorprendente, como sorprendente que José Félix Lafaurie, esposo de la Cabal y opositor radical de su proyecto político, lo cubrió de frases elogiosas y alcanzó a decir que si fuera presidente lo haría muy bien. Veamos cómo le va el domingo.

Azul de metileno, a la derecha de la extrema derecha está De la Espriella. Folclórico con su theriana imagen del tigre, sin experiencia alguna en el manejo de Estado, logra concitar a todos los que están aburridos con el actual Gobierno y todo lo que se le parezca. Su controvertido pasado como abogado defensor de personas de dudosa ortografía pareciera hacerse a un lado para afirmarse firme por la patria. Lo mejor de su mediática campaña es su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, académico reconocido, exministro, todo un señor, que nos sorprendió con su decisión de apoyar este proyecto. Ha cogido fuerza a pesar de sus varias equivocaciones.

Paloma, por su parte, descendiente de la rancia aristocracia payaneja, nieta de expresidente y perteneciente a la casta política tradicional caucana sorprendió a todos ganando la consulta Interna de su partido cuando todos esperaban que lo fuera María Fernanda Cabal. No era la más popular, era la que dijera Uribe. Y sorpréndanse: Clara López, líder de izquierda, profesora de Paloma, la elogia con creces por su inteligencia y otras capacidades. Su alianza con Oviedo como fórmula quiso posar de abierta y resultó espantando a los más conservadores.

El amigo Fajardo en su nuevo intento, llegó a puntear las encuestas y cuando parecía saborear las mieles del poder, en realidad le significó su nueva perdida, porque se comió el cuento de ser el eventual ganador de la contienda y por eso no quiso someterse a la consulta. Decisión fatal porque bajó al cuarto o quinto lugar a pesar de ser una buena opción. Dirán que a la quinta es la vencida, pero ya anunció que hasta ahí llegaba. Faltó humildad.

Quedan Claudia, Roy, Lizcano, Miguel Uribe y todos los que juran que tienen alguna opción. No fue esta vez. Y esa fragmentación, ese río revuelto, es lo que han aprovechado otros para unir fuerzas y potencialmente ganar. Esto está de alquilar balcón. Así que vote por quien quiera y en conciencia vea que es su mejor opción, pero vote por favor. No vote su voto. Elija bien. ¡A votar se dijo!

viernes, 15 de mayo de 2026

Educadores de una nueva sociedad

José Leonardo Rincón, S. J.

Puede sonar manido, quizás demasiado obvio, pero por olvidarlo o por no ser suficientemente incisivos al hacerlo estamos como estamos. Sin exagerar.

Hoy es el día del educador: ¡felicitaciones a quienes ejercen tan noble vocación! Doy por descontado que si decidimos ser educadores no fue porque no había otro empleo, o porque no nos alcanzó el resultado de las pruebas de Estado para estudiar algo más rentable.

Ser maestro, que va mucho más allá de ser instructor, docente o profesor, implica el propósito de educar con pasión nuevas generaciones, formar hombres y mujeres que sean artífices constructores de una nueva sociedad. No nos podemos sustraer de tan tamaña responsabilidad. Claro, siempre existe el riesgo de indoctrinar movidos por ideologías y sesgos políticos. No gratuitamente quienes por turno ostentan el poder asumen el manejo de la escuela para mantener su establecimiento y una vez instalados en él sostener el status quo.

Un buen educador de ninguna manera podría prestarse para ser títere del poder político. Volverse un tonto útil, renunciar a su conciencia crítica y a la capacidad objetiva de tomar distancia sería intolerable. En cambio, buscar siempre la verdad, propiciar el diálogo constructivo, la convivencia en medio de la diversidad, el respeto a la diferencia y la formación integral de la persona ayudaría en mucho a esa búsqueda de una nueva sociedad. Descontada por supuesto la mediocridad que nos agobia, trabajar por la excelencia académica ayudaría también a reposicionar la escuela.

El educador desde la escuela es el mejor socio de la familia para formar esas personas que le han confiado. Mi experiencia positiva ha sido esa y los resultados son evidentes. Me sorprende encontrar colegas que preferirían que no existieran los padres de familia por considerárseles incómodos obstáculos, permisivos alcahuetas al extremo que no aceptan que se corrija a sus hijos; maltratadores que miran con desdén, como si fueran sus sirvientes, a quienes quieren colaborar en la formación de sus vástagos. Así no pueden ser las cosas. ¡Están trastocados los valores!

Con ocasión de esta celebración, mi invitación y mi llamado es a darle a la educación la importancia que se merece. No basta una asignación presupuestal amplia en el erario. Ha sido importante buscar mejorar las condiciones laborales de los educadores, también se ha invertido en el cuidado de la infraestructura física de escuelas y colegios. Ahora hay que cuidar la calidad y la excelencia de la educación pública en aras de elevar los resultados, no tanto para subir en los rankings de la OCDE, sino porque en una educación de calidad radica el futuro del país y no podemos seguir apoltronados en un rango medio bajo. Podrá seguir sonando a lugar común, pero conservo la esperanza de días mejores para todos porque nos hemos tomado la educación en serio y valoramos a los educadores como los artífices protagonistas de ese cambio.

Felicitaciones educadores por hacer realidad ese sueño.

viernes, 8 de mayo de 2026

Terminar etapas, cerrar ciclos

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Así vivamos muchos años, a la hora de la verdad la vida es corta, por eso nos han enseñado que hay que vivirla a plenitud disfrutando cada instante. El famoso “¡carpe diem!” que tantas veces he mencionado aquí.

Esa vida, si se puede decir de esta manera, está dividida por etapas: la niñez, la adolescencia, la juventud… cuando hablamos a nivel etareo, o por épocas: de formación, laboral, jubilación… Todo tiene un comienzo y tiene un fin. Cada una de esas etapas también tiene sus propios momentos, fragmentos de tiempo, ciclos. Como alguna vez me lo dijo Alba Liliana, una amiga, psicóloga ella, esos ciclos hay que abrirlos, pero también hay que cerrarlos bien. O como nos lo dijera tantas veces el maestro Julio Jiménez, a propósito del arte de orar: hay que saber comenzar y saber terminar. Las cosas hay que hacerlas, saberlas hacer y hacerlas bien. Nada más satisfactorio que concluir una misión con alegría, con la frente en alto y con la satisfacción del deber cumplido.

A propósito, por estos días, siento que están concluyendo dos ciclos muy importantes en mi vida: la pascua de mi madre cerró el ciclo de su vida física y abrió el de su incursión en la vida eterna, dos planos existenciales cualitativamente valiosos ambos, también muy diferentes pues cambia nuestra manera de relacionarnos sin que se pierda la esencia. Y en estas dos últimas semanas he estado realizando el empalme en el que ha sido mi trabajo estos ocho años y cuatro meses como administrador provincial. Tiempo laboral, tiempo de servicio, tareas retadoras en múltiples frentes, problemas por resolver todos los días, por suerte rodeado de un muy buen equipo.

Coincidieron cronológicamente los dos. Y ya sabemos que los tiempos de Dios son perfectos. Él sabe cómo hace sus cosas y en qué momento las presenta. Así lo he sentido y vivido como hombre de fe. Viene ahora un breve receso para el descanso, necesaria ocasión para rehacerse, poner al día asuntos pendientes, reencaucharse espiritualmente, ordenar la casa interior… y en medio de la expectativa por lo que pueda venir, ponerse en las manos de Dios, disponerse con apertura y generosidad frente a la nueva misión, con sus nuevos retos.

Me siento bendecido en esta coyuntura. Muy rodeado, arropado, apoyado, querido, por muchos. Alguien me lo dijo con afecto y firmeza: se cosecha de lo que se ha sembrado. Entonces me sereno y acepto que he querido hacer las cosas honestamente buscando lo mejor para todos, con sincero afecto, tratando de hacerlas con la excelencia que inspira nuestro magis ignaciano. “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Solo hay gratitud humilde. Lo que Dios quiera. Siempre será lo mejor y más conveniente no solo para uno sino para todos. Esa convicción vuelve a tranquilizarme. Estamos en las manos de Dios, ese es nuestro consuelo y también nuestra esperanza.

lunes, 4 de mayo de 2026

Hace un mes que no te veo...

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Gracioso. Al recordar que fue hace un mes, amanecí tarareando la canción de Los Corraleros del Majagual…

“Hace un mes que no te miro
hace un mes que no te abrazo
hace un mes que no te miro
hace un mes que no te abrazo
hace un mes que no suspiro
apretado entre tus brazos
hace un mes que no suspiro
apretado entre tus brazos
hace un mes, hace un mes
hace un mes, hace un mes que no te abrazo
hace un mes, hace un mes
hace un mes que no estoy entre tus brazos.”

A todo el mundo le digo que simultáneamente siento con certeza la alegría de saberte feliz en el cielo y a la par la dolorosa realidad de tu vacío físico. Y he comprobado que es verdad que tu presencia se ha hecho evidente de otro modo tan sutil como efectivo, porque una cantidad de asuntos que estaban pendientes se han venido resolviendo felizmente. Entonces te imagino en tu nuevo rol de tramitadora celestial, ayudando a desempantanar casos estancados. ¡También en el cielo se acumulan PQRS!

Mi rutina efectivamente cambió, pero me he sabido adaptar rápidamente. Como tengo tanto por hacer eso ha ayudado a “distraerme” de modo que no ha habido tiempo para estar triste. Recuerdo, además, que me lo decías: “en el corazón triste el diablo asiste”.

Siento también que ha coincidido tu partida, cierre de un ciclo existencial de mi vida, con el cierre del ciclo misional de estos ocho años y cuatro meses como administrador de nuestra provincia. Será entonces tiempo oportuno para hacer un alto en el camino, descansar un poco, ordenar mis cosas y prepararme para una nueva etapa. ¿Cuál? No lo sé aún. Los tiempos de Dios son perfectos y Él sabe cómo hace sus cosas. Estoy en sus manos y eso me hace sentir en paz.

Si, hace un mes que no te veo, pero hace un mes que siento que, a través de muchos, me arropas, me cuidas, me sigues dando tu amor y tus cariños. Lo dije el domingo pasado a propósito del día del buen pastor: inédita experiencia esa de sentir que las ovejas son las que están cuidando al pastor, las cuidadoras del cuidador. Ha sido hermoso. Las orquídeas sobre mi escritorio estarán juntas ahora adornando los corredores de mi comunidad. Las dos mariposas al nacer han quedado libres en nuestro jardín, los bonsai y las coloridas flores ocupan lugares importantes. He cumplido la promesa del rosario diario con la misma modesta camándula que decidieras usar a diario.

¿Y tú? ¿Ya terminaste tu inducción? Al son de tu nueva choco aventura, ¿ya adelantaste cuaderno con todos los que echabas de menos y querías volver a ver?

¡Te abrazo a la distancia y recibo tu abrazo siempre alegre y festivo!

viernes, 17 de abril de 2026

Gratitud por siempre

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Guardaré gratitud por siempre, por todo el amor que he recibido a lo largo de mi existencia y particularmente en estos días una vez ha pasado la pascua de mi madre Blanca Cecilia.

Gratitud con Dios porque me regaló una madre que me reveló en persona lo que era su rostro misericordioso. Por auténtica ósmosis asimilé la fe, los principios y los valores. No hubo cátedras, no hubo discursos, menos cantaletas, sólo testimonio vivo. Para complementar su existencial sabiduría me prodigó los mejores educadores laicos y religiosos. Con los Ballesteros, los Valencia y los Sastres, con La Salle y Loyola, no pudo ponerme en mejores manos.

Gratitud con todos mis tíos y primos. Me acogieron con afecto, me enseñaron a trabajar en diferentes y nobles labores, fueron también en vacaciones los hermanos que no tuve. Cuando poco a poco fueron faltando, el vacío que dejaron en ella fue enorme. No pasaron en vano.

Gratitud con mi amada Compañía de Jesús. Los días más felices de mi realización personal fueron cuando fui aceptado en sus filas, me ordenaron presbítero y recibí la profesión solemne. La Compañía ha sido otra madre maravillosa que no ha escatimado conmigo lo mejor de sí misma: me ha formado, me ha confiado desde muy pronto misiones delicadas, me ha respaldado, me ha sostenido. Con mi mamá no ha podido ser más comprensiva y exquisita.

En estos días en los que se amalgaman paradójicos sentimientos: la alegre y muy feliz certeza de que mi madre está con Dios y su amada Virgen María y la humana sensación de vacío y tristeza por no poderla tener a mi lado, un tsunami de amigas y amigos, prestantes y humildes, provenientes de tantos lugares, me hacen sentir que no estoy solo. No han sido los pésames de protocolo social, han sido genuinas muestras de ternura y amor que me han conmovido hasta el extremo. Eso es lo que me ha hecho llorar con lágrimas que mezclan la tristeza de su ausencia y la alegría de ese cariño sincero que me han hecho sentir. Las palabras escritas y pronunciadas desde el corazón, las flores que quieren quedarse para siempre, las oraciones y eucaristías que confortan el alma, la masiva presencia física y también virtual con ocasión de las exequias con sus cenizas, los silencios que no se atreven a musitar palabras pero que lo dicen todo, los monitoreos periódicos de algunos para saber cómo voy, la preciosa eucaristía que mis amigos de Pasto bellamente organizaron, las velitas cuyas llamas al arder expanden luz y calor, las mariposas que nacen, la invitación a un café o el obsequio de un dulce, en fin, con tantas muestras de amor no puedo menos que tener gratitud.

Se los digo de corazón: guardaré con todos ustedes gratitud por siempre. “Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”, las palabras siempre se quedan cortas y resultan insuficientes. Gracias, gracias, gracias. Solo el buen Dios les recompensará con creces tanta bondad, tanto amor. Los llevo en mi ser y nunca olvidaré lo que hicieron por mi mamá, en vida regalándole tantos momentos felices y ahora, para que tenga vida eterna y resucitada, goce de la presencia de ese Dios que amó y de esa Santísima Virgen que la protegió hasta el final y para siempre. ¡Amén!