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viernes, 4 de septiembre de 2026

Un corazoncito en tu corazón

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Comencé a trabajar en Fe y Alegría desde el pasado 18 de agosto, de modo que hoy son tres semanas dedicadas, todas ellas, a una juiciosa inducción muy bien preparada por el equipo de la sede nacional para acogerme y ponerme al tanto de lo que este movimiento de educación popular integral realiza después de 55 años de presencia en Colombia. Como aquí en Bogotá está también la sede internacional (Fe y Alegría se encuentra en 23 países en cuatro continentes), hasta allí también se ha extendido esta etapa propedéutica.

Sea la ocasión para agradecerle, desde esta tribuna semanal, a todos ustedes y a tantos otros por sus palabras de felicitación y buenos deseos con ocasión de esta nueva misión que me han confiado mis superiores. Debo decirlo con honestidad: he estado abrumado por la cantidad de mensajes, por la alegría que todos ellos expresan, así como por la grata recordación y excelente reputación que la entidad tiene en la gente. Todos me hablan de la bella labor que tendré entre manos y del enorme bien que Fe y Alegría hace al país. Pero lo que me tiene realmente sorprendido es la generosa actitud de muchos, ya en el ámbito personal, ya en el institucional: “¿qué hay que hacer?, ¿en qué podemos apoyar?”. También llegan ya propuestas de generosa colaboración y de lo que, hombro a hombro, con otros, podríamos hacer. Es maravilloso y por eso también quiero dar gracias.

Fe y Alegría es una obra muy grande, fundada hace 70 años en Venezuela por el jesuita José María Velaz. Allí donde terminaba el asfalto, comenzaba su labor; fue su lema inicial. En Colombia, ya lo dije, desde hace 55 años. Por Latinoamérica en casi todos sus países. Hace años también en España e Italia, pero más recientemente también en África y Asia –en países como Chad o Nepal tienen su corazoncito–.

Aquí en Colombia llegamos a contar con más de 80 instituciones educativas en ocho regionales. Más de 40 congregaciones religiosas colaboraban con la causa. Hoy el panorama es distinto. Hemos perdido presencia e incidencia, no porque lo hayamos querido, sino porque decidimos no hacerle el juego a las dinámicas locales de corrupción que exigen un porcentaje a cambio de la operación. Eso ha significado sacrificar años enteros de presencia en muchas ciudades. El movimiento vive al día, de las ayudas de terceros y ajustados a los presupuestos que el Estado asigna para poder prestar el servicio. Somos una entidad sin ánimo de lucro, por supuesto, sin afán de quiebra. En nuestra misión y visión es claro que somos socios de la educación pública para contribuir en la mejora de su calidad con el plus de una oferta de formación integral, sello particular de la educación ignaciana.

En la actualidad orientamos 21 colegios, 26 jardines infantiles y una veintena de centros de desarrollo comunitario. El espectro cubre educación inicial, básica y media y hoy se incursiona en la formación para el trabajo e incluso en la educación de adultos y personas en condiciones complejas. Si la frontera antes era hasta donde llegaba el asfalto, hoy hay nuevas fronteras, quizás unas visibles otras no tanto que evidencian los lugares donde otros no van o no hacen presencia. ¿Y tú? ¿también quisieras sumarte a esta causa? Transforma tu vida transformado vidas. ¡Las puertas del corazoncito están abiertas!

viernes, 27 de septiembre de 2024

Marcar la diferencia

José Leonardo Rincón, S. J.

No recuerdo si les conté alguna vez que leyendo un artículo sobre las personas y las organizaciones que prestan servicios, se hablaba de los valores higiénicos y los valores fascinantes. Los primeros aluden a lo que normal o básicamente se debe hacer para satisfacer al cliente, en tanto que los segundos se refieren al plus sorpresa que, como valor agregado, encantan al cliente porque no se lo esperaban, no estaban en la promesa de valor, se salen de lo ordinario y generan fidelización.

Hace poco tuve que hacer un viaje por avión, pero por cuestión de comodidad de horarios la ida fue en una aerolínea y el regreso por otra. Durante muchos años fui cliente fiel de una de ellas y esa inercia no me animaba a volar en otra diferente, aun a pesar de los buenos comentarios que recibía de pasajeros satisfechos que ponderaban sus bondades. La experiencia de cambiar valió la pena. En efecto, noté que esta otra aerolínea estaba pendiente de mi viaje, no solo me daba la bienvenida al vuelo, sino que previamente me ofrecía indicaciones de este, de cómo llegar al aeropuerto, etc. Hasta aquí lo higiénico. Como higiénico es que lo transporten y lo hagan puntualmente.

Lo fascinante comienza cuando no te toca hacer el checkin, sino que te lo hacen, te envían el pasabordo a tu correo y te dan la posibilidad de cambiar tu silla, obviamente en la franja de posibilidades que da el rango de tu compra. Ya abordo las sillas son cómodas y no tablas cubiertas de cuerina. El espacio entre las sillas es suficiente para sentarse y tener movimiento y no una lata de embutidos en que se convirtieron los aviones escalera de mi aerolínea porque, dicho sea de paso, resulta más cómodo un bus de flota Intermunicipal que esas cámaras de sutil tortura aeronáutica.

Durante el vuelo, la fascinación continúa: gratuitamente te ofrecen un delicioso snack y café o una bebida. En la otra, nada. Si quieres algo tienes que pagar bien caro y con tarjeta. Ya me había pasado en un vuelo internacional, donde tampoco te ofrecen ni un vaso de agua. Se dio que estaba que me moría de sed, pero decidí morirme a pagar cinco veces más lo que ya en una tienda de barrio supone una razonable utilidad. ¡Qué descarado lucro el que obtienen!

Finalmente, terminando el vuelo, veo que la azafata lleva un regalo y una tarjeta en la mano y dirigiéndose a un pasajero que está dos filas atrás de dónde estoy, le pregunta: ¿es usted fulano de tal? A lo que responde afirmativamente. Y continúa: sabemos que usted está de cumpleaños y en nombre de la aerolínea le queremos entregarle este detalle. Y yo, cuál Condorito: ¡plop! Noqueado y sin palabras.

La lección comercial es clara y aplica para todos los servicios, incluido el mío como cura: ¿Tus misas: son higiénicas o fascinantes? Porque si bien es cierto que no se trata de montar shows, sí es sabido que nuestra liturgia es variada y rica como para no caer en inercias tediosas que alejan fieles todos los días. Y esto aplica para todas nuestras demás acciones en todos los ámbitos: ¿me preocupo por ser creativo e innovar o vivo de la fama, de las glorias del pasado y estoy estancado y anquilosado en mi zona de confort y viviendo de esa renta? Interesante y práctico cuestionamiento. Ahí les dejo…

martes, 21 de noviembre de 2023

De cara al porvenir: responsabilidad

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

En el mundo de lo público, ante las frecuentes situaciones de ineficiencia, falta de productividad, corrupción o fracaso de algunos proyectos, es común decir o escuchar frases como esta: “en un país serio, ese alcalde (o ese gobernador o ese ministro) ya habría renunciado”.

No entiendo bien por qué no se hace el mismo comentario cuando situaciones similares se presentan en la órbita de lo privado. “Es que no somos accionistas y por lo tanto no podemos exigir rendición de cuentas”, diría alguien con alguna razón. Pero el asunto no admite una respuesta tan simple: no somos accionistas, pero somos clientes o proveedores o entes de vigilancia y control o, simplemente, hacemos parte de una comunidad en la cual las empresas desarrollan su actividad. En otras palabras, somos stakeholders y como tales somos destinatarios de la rendición de cuentas.

Esta introducción conduce a lo sucedido reiteradamente con la plataforma tecnológica del banco más importante del país que tiene una base de clientes de veintinueve millones (29.000.000). Sí ¡veintinueve millones de clientes! La más reciente situación se vivió en el puente del 11 de noviembre, cuando por más de veinticuatro horas la plataforma dejó de funcionar y fue imposible utilizar la APP, la página web y otros medios digitales para utilizar los servicios del banco, lo que ocasionó enormes perjuicios a muchos de esos clientes quienes no pudimos hacer una compra que necesitábamos hacer, o una pago para no quedar en mora, o una venta porque la mayoría de los clientes ya no usa efectivo e iba a pagar su cuenta con medios digitales incluso, en muchos casos, después de haber hecho el consumo, lo que ocasionó que disminuyeran las ventas o que los aprovechados que no faltan, hayan consumido prometiendo que “mañana le pago” (como bien nos lo recordaron con algunas de sus obras los admirados Carlos Mario y Cristina del Águila descalza, “mañana le pago” pertenece a los mismos productores de “no vuelvo a beber” y “la puntica no más”. Cierro paréntesis).

Y lo más grave es que no es un asunto nuevo, pues las fallas tecnológicas se iniciaron hace ya varias décadas cuando se presentaron las fusiones que originaron lo que hoy es Bancolombia. Con algún conocimiento de causa puedo referir que cuando se fusionaron el BIC, el Banco de Colombia y Conavi, se debía tomar la decisión de cuál tecnología asumiría la nueva entidad y, entre dos opciones (la del BIC o la de Conavi), se tomó la peor decisión, se optó por la del BIC a sabiendas que la de Conavi tenía mejores características. Han pasado muchos años y ese error inicial sigue presentando coletazos.

Es cierto que en organizaciones como Bancolombia existe una robusta área de sistemas y tecnología y allí está radicada una enorme responsabilidad por las fallas que suceden, pero no puede perderse de vista un principio administrativo tan tradicional como vigente: la responsabilidad no se delega y las cabezas visibles, presidente, gerente, CEO o como se le quiera llamar, debe responder por un asunto crítico de su negocio que no ha sido capaz de resolver. Lo más elemental que debe tener una empresa es la infraestructura física y tecnológica que le permita cumplir adecuadamente con su actividad y el tamaño, el número de clientes o la complejidad de las operaciones no puede ser una excusa.

La tecnología que requiere la aviación es muy compleja, el número de vuelos diarios en el planeta es innumerable, el número de pasajeros es enorme y resulta imperdonable que se caiga un avión. Así mismo y con las mismas características es imperdonable que se caiga la plataforma tecnológica de un banco y si sucede, alguien tiene que responder y no deben ser los mandos medios.

jueves, 25 de mayo de 2023

Testimonio a la juventud: el Álvaro Uribe Vélez que yo conozco

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Este es mi testimonio sobre la vida que conozco de un gran hombre. Para mí, mucho más que un verdadero amigo, es un ejemplo de vida y un líder digno de seguir y luchar a su lado. Este es mi recuento de lo que encarna una persona extraordinaria, gran ser humano, virtuoso chalán, magnífico compañero de viaje, hombre de familia, patriota y estadista de inconmensurable naturaleza.

El Uribe que yo conozco es un ser honorable y cumplidor, de mente lúcida y corazón espléndido, un noble guerrero de las causas justas e incansable defensor de la libertad, el orden y la democracia. Es un hombre íntegro, honorable y de palabra. Señor y caballero, un ser humano sencillo y bondadoso. Sin duda alguna, Uribe representa la encarnación caracterizada de los valores más puros de esa inconfundible cultura honrada, laboriosa, decente, confiada, austera, franca y sincera, tan propia del campesinado antioqueño.

En su persona confluyen los valores elementales del hombre de campo y de a caballo, transformados en un gran líder que representa la integralidad del demócrata humanista y la universalidad del gran estadista reconocido mundialmente. Su condición humana, bondadosa, compasiva y crédula y su trato en extremo respetuoso, en veces convierten en fallas sus virtudes a manos de los abusos del descaro ajeno, y en ocasiones resulta siendo envidiado por la aversión propia de los colgajos del poder político, mientras lo respetan y admiran grandes líderes y comunes, a lo largo del mundo occidental.

El Uribe que yo conozco, es la viva representación humana de lo mejor que da esta tierra. Es carácter y semblanza de la ardua geografía de este hermoso trópico infernal del que deriva una gama extraordinaria de culturas, y entre ellas, está la de los antioqueños o paisas como nos denominan en las demás regiones del país.

Antioquia es un pesebre lleno de flores y selva, de montañas que tienen en sus adentros un gran un tesoro escondido, de laderas y cañadas donde el hombre, la mujer y las bestias amanecen y terminan cada jornada desafiando la fuerza de gravedad y el poder de la naturaleza. Donde sacarle un céntimo a la tierra requiere a más de fe en el creador, una inagotable devoción al trabajo y esa determinación que apodamos, “verraquera”.

Uribe representa nuestra cultura, forjada por la tenacidad de quienes hace 500 años entraron en la montaña y, a lomo de mula, poblaron estrechos valles y crestas de cordilleras en búsqueda del valor aurífero de sus arenas y vetas rocosas, que luego invirtieron en el exquisito y virtuoso cerezo que copó nuestras laderas y conquistó con su aroma el mundo entero. Oro y café, que sirvieron de cace para iniciar el desarrollo de una cultura industriosa y de un comercio sano que llevaba por garantía la palabra empeñada del arriero que cuida con su vida la encomienda. Y así es el Uribe que conozco.

En Antioquia, las familias amén de extensas, labraron su distinción sobre el valor del reconocimiento de la honorabilidad y la honradez y los dones humanos de cada individuo, que no por aquello “del metal de vos”. En Antioquia, el respeto lo da la igualdad. Allí se mira a los ojos a todo mundo, pues sus gentes crecieron entre el trato libre, franco y respetuoso, sin odios ni distinciones, que representa un espíritu de independencia que le dio a esta la tierra marcada por la austeridad y la sencillez, su prosperidad, ajena de toda discriminación económica o social.

En 1995, siendo él gobernador y yo director de Proexport – Colombia en la Florida, hablamos en mi casa de su candidatura presidencial. Aquel gobernador activo que promovía el programa batuta para que un niño que amara un instrumento musical no empuñara jamás un fusil, y que ya entonces era objetivo militar de FARC, ELN y toda suerte de organizaciones criminales, pregonaba la sana convivencia democrática dentro de la legalidad, la libertad y el orden, y practicaba la austeridad en el manejo de la hacienda pública y la lucha contra la corrupción y el clientelismo. Ya tenía listas las premisas de su discurso de posesión. Él partió a Inglaterra, yo hice empresa, y recuerdo que me dijo “trabaje duro que en unos años voy a necesitar ayuda”.

Manejó luego mi padre sus dos campañas presidenciales en 2001, 2002 y 2006, y forjaron ambos una relación de cariño y mutua admiración extremadamente respetuosa de la cual tuve siempre el privilegio de ser testigo presencial. Ambos liberales, tenían una firme identidad de criterio sobre la necesidad de hacer un gobierno con un profundo contenido social y un juicioso manejo de la economía en función del crecimiento.

Conozco bien los principios de Uribe, pues ambos venimos de familias que han sostenido la amistad sobre los mismos valores forjados por ancestros cultos que pasaron el Cauca, abrieron el monte e hicieron trochas por las que transcurrió la colonización y el progreso del Suroeste del departamento. Sus abuelos paternos, don Luis Uribe y doña Celia Sierra se frecuentaban con los míos, don Luis Guillermo Echeverri Abad y doña Lucia Correa Arango. De Alberto Uribe Sierra, de su hermana María Elena y de sus parientes políticos, los Mesa, fue amigo mi padre; un cariño y apreció que heredé, pues nos une además de una vocación de servicio a la sociedad, una desmedida afición por el campo, el ganado y especialmente por el caballo.

A Álvaro Uribe y a sus hermanos los vi muchas veces en mi infancia al lado de su padre en las exposiciones ganaderas de Medellín en el coliseo Aurelio Mejía, el recuerdo es tan claro como las imágenes de la coqueta yegua Postal, el compás del tostado Candelazo, y la presencia del Petrarca azabache.

De cuando apenas terminaba yo la primaria, recuerdo el primer logro social y político de Uribe al conseguir la jornada continua en la educación del Departamento, para que los estudiantes pudiéramos trabajar para ayudar económicamente en la casa o empezar a formar un principal. Recuerdo también una vez que fuimos a jugar baloncesto al Colegio Jorge Robledo, ver a Uribe parado en un muro desde donde decía que sería presidente de los colombianos.

Famosos fueron sus debates, legendarios en la turbulenta Universidad de Antioquia, donde unos pocos manifestaban la rebeldía propia de los 60, llena de espíritus exaltados por la ilusión revolucionaria, toda una época donde nació la “burgués mamertería” y la altanería palurda que con piedras salía manifestante en contra de las ventanas del comercio y la policía. Entre los cargos ocupados en que más se destacó están la Dirección de Aeronáutica Civil, la Alcaldía de Medellín, la Gobernación de Antioquia, y sus dos encargos como senador y presidente. He sido testigo de muchas aclamaciones y honores con los que Uribe ha sido distinguido en decenas de países y organizaciones internacionales, de su devoción por la promoción de Colombia en el exterior y su inconmensurable trabajo en defensa de la democracia hemisférica, a lo cual se dedicó entre 2010 y 2014.

A golpe de trabajo, sencillez e inteligencia, de un trato amable a las personas, desde la secretaría general de EPM inició una brillante carrera pública administrativa. Destacada fue su militancia política en las bases liberales, desde donde fraguó una trayectoria dedicada al servicio social y a la mejora de la calidad de vida del ciudadano colombiano. Desde su actuación como liquidador de las minas de la Choco-Pacific, este hombre, aunque controvertido por algunos, es el autor de la Ley 100 que marcó un gran progreso en nuestra seguridad social y ha sido el más asiduo defensor del trabajo y los trabajadores en Colombia.

Uribe, a diferencia de la gran mayoría de los “políticos” actuales, no vive de la política, de gestiones ni intrigas clientelistas, es ante todo un empresario del campo que siempre ha pagado nómina y ha generado empleo. Su virtuosa formación y su espirito laborioso le ha permitido ir arando un principal ganadero que con los años se convirtió en un modelo social de empresa agropecuaria compartida con quienes han sido a lo largo de los años sus más importantes colaboradores en el fértil valle del Sinú.

Y es que este hombre despierto, atento, rápido en la respuesta, gentil y respetuoso de todos por igual, nunca para. Camina ligerito, no deja de observar y comentar, ni menos perder algún detalle sobre temas tan variados como la economía del país, los problemas globales, las características de la geografía, de los suelos, los árboles y los pastos, la belleza de las especies o los dolores que aquejan a cada comunidad y a cada rincón de su país o de aquellos países por los cuales ha recorrido.

Uribe es un ser único, un hombre valiente, de profundas convicciones con un propósito de servirle a Colombia y al hemisferio, que es apenas comparable a lo insultante que resulta su gran memoria. Al Uribe que conozco no se le pasa detalle, saluda a todos por su nombre, les recuerda con cariño sus menciones pasadas a dolencias y alegrías. A todo aquel con que se encuentra, le habla con cariño sobre cada registro vivido o cada conversación del pasado que almacena, no sé cómo, en su cabeza, el disco duro más grande que uno se pueda imaginar.

Uribe ha educado sus hijos con amor y con firmeza. Les ha exigido ser amables y correctos en su conducta y sus maneras, les ha dado un gran ejemplo de laboriosidad que los ha convertido en valiosos empresarios, amigos y padres de familia. Su relación con la gran mujer que es doña Lina Moreno se resume en un trato sincero, franco, dulce y amoroso, en un complemento de posiciones tan diversas en su forma como afines en su esencia, en una relación en la cual se comparten con respeto las sencillas alegrías que componen la cotidianeidad del campo, las grandes preocupaciones sobre toda la nación y las alegrías y tristezas propias de dos seres que genuinamente quieren a Colombia y a todas sus gentes sin distinción alguna.

Como hombre con devoción por la familia y como ser humano extraordinario vestido de figura pública, el corazón de Uribe está marcado por el ejemplo hacendoso, solidario y el liderazgo político de su madre, y su dinámica imparable proviene del amor por su padre, un personaje único, un enamorado de la vida, de la galantería, de la tierra y el caballo, y que gozaba del don de la alegría y la palabra, con la cual protagonizaba todo tipo de conversas.

El Uribe que yo conozco, nunca cesa de hacer preguntas. A todas las personas les hace un examen exhaustivo sobre todo aquello que pasa por su mente, sus ojos o su memoria, rebulle las ideas hasta cristalizarlas sin nunca rehusar a llegar hasta el fondo de cada asunto que se mete en su atención. Absorbe y registra todo aquello que interesa y desprecia tanto la censura a las personas como la indolencia de las quejas.

Aquello de “trabajar, trabajar y trabajar”, no es un decir. Viajar con Uribe representa soportar jornadas infinitas. Este hombre guapo, resuelto y audaz que ha sobrevivido decenas de atentados contra su vida solo le teme a la responsabilidad de no cumplir. Ya a las 4 de la mañana desde el lugar más lejano del planeta ha repasado por Skype y por teléfono el estado de los ganados, de los cercos y los pastos, luego le pasa revista a los pendientes, y repasa la seguridad de cada una de las regiones del país, y luego en medio de sus múltiples ocupaciones, no escatima esfuerzos para contestar todas los mensajes que le llegan y llamar con una voz de consuelo y amistad a todas aquellas personas que han sufrido un revés o una perdida.

He sido honrado en mi haber, con la confianza y la amistad de este gran maestro, a quien como colombiano y como padre que soy, le profeso infinita gratitud y reconocimiento. Son innumerables las anécdotas y registros que sobre este hombre llevo dentro, episodios que la vida me ha permitido presenciar al lado suyo. Sin duda el gran colombiano, como lo ha registrado ya la historia, más que nadie, representa el ADN del mejor hombre al servicio de esta patria.

viernes, 10 de junio de 2022

La calidad hace la diferencia

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Siempre he sostenido que la calidad no es un sello, ni una oficina, ni unas políticas para aplicar a procesos y procedimientos. Puede ser eso, pero sobre todo es un espíritu que anima, una actitud clave ante la vida.

Cuando por la pandemia aumentó el desempleo escandalosamente, la gente se lamentaba por ello. Muchos valoraron en ese momento lo que habían perdido. Fueron conscientes de lo que significa estar parado y con los brazos cruzados. Quedar sin trabajo, a la deriva, es una desgracia que no se le desea a nadie. Los ahorros escasean, las reservas se acaban, no hay con qué comprar nada, el hambre agobia, los pagos no dan espera, todo se afecta, pareciera la vida colapsar.

Debe ser por eso que me ofusca ver a la gente que tiene un empleo, pero le importa un bledo patear su lonchera, es decir, trabajando a media máquina, con desgano y pereza, pegados de un celular y abstraídos del entorno, haciendo las cosas con mediocridad… la queja es que es duro conseguir trabajo, que la situación está muy dura, pero cuando se tiene viene la acomodación y el apoltronamiento.

En contraste, qué satisfacción da ver a la gente con la camiseta puesta, haciendo las cosas con gusto y con pasión, trabajando juiciosamente, con responsabilidad y seriedad, ejerciendo sus profesiones plena y conscientemente, haciendo las cosas no porque toca o por rutina sino amando eso que hacen y haciéndolo bien hecho, con cariño, con calidad. ¡Ahí está la diferencia!

Hay empresas que se precian de tener sus procesos certificados en calidad, cumplen aparentemente con unos estándares, pero en realidad son pura fachada. Lo que cuenta no es tener un bello discurso sobre calidad, ni llenar puntualmente unos formatos, ni mostrar orgullosos unas estadísticas admirables. Lo que finalmente vale es que el usuario beneficiario, el cliente, esté satisfecho y se sienta bien atendido. Y, repito, eso no lo da automáticamente un reconocimiento, un certificado, un cartón. Eso se transpira en el ambiente, se contagia por ósmosis. Por eso es un espíritu, un carisma, una manera de ser y de proceder. Es una cultura organizacional que, obviamente, no se ha construido de la noche a la mañana, sino que se ha venido trabajando paso a paso, enamorando con esas actitudes que son reflejo de los principios y valores que la sustentan.

La calidad del producto para uno es muy importante, como también la calidad adelantada en los procesos que lo hicieron posible, pero lo es sobre todo la calidad humana que está detrás de todo esto y que resulta ser lo más importante, lo esencial, porque, finalmente, son las personas y no las cosas lo que realmente vale. Se podrán tener capitales relevantes, pero la calidad del capital humano es el mayor activo de cualquier empresa u organización, es su tesoro más valioso.

viernes, 25 de marzo de 2022

Y la Iglesia, ¡ahí!

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Nuestra Iglesia, entiéndase no solo la institución sino principalmente ese pueblo de Dios que la conforma, ha dado de qué hablar desde su origen. Ayer y hoy es motivo de glorias y también de vergüenzas, de aciertos y errores. Mas sumando y restando siempre está ahí, como se dice, en la jugada de los momentos cruciales de nuestra historia.

Estos tiempos no son la excepción. Tenemos en Francisco un Papa que ha sabido ganarse la admiración y el respeto de los grandes y también del pueblo sencillo. Su liderazgo es indiscutible, así muchos en la propia casa no lo entiendan por esa libertad de espíritu y apertura a los desafíos de un mundo cambiante que le son característicos. El hecho es que de cara al actual conflicto ruso-ucraniano todos los días ha expresado su inconformidad por la guerra absurda y con el envío de dos de sus cardenales quiso manifestar su cercanía a las víctimas de la guerra que no han dejado de ser acompañados por sacerdotes y religiosos que decidieron estar ahí y no salir del país.

Francisco de Roux, presidiendo la Comisión de la Verdad, está precisamente ahí por ser un hombre de paz y un referente ético, sin embargo, ha sido blanco de ataques desde diversos sectores lo que hace prever que el informe que en su momento se presente no le va a gustar a nadie porque, claro, en este país de mentiras la verdad es dura, la verdad duele, cáigale a quien le caiga. Los unos esperan que culpabilicen a los otros y resulta que todos llevan del bulto porque unos y otros le han hecho mucho daño a nuestro país.

Lo ocurrido en la Catedral el pasado domingo solo lo entiendo como un acto de provocación. Los extremos se culpan de ser los autores intelectuales, pero el tiro les salió por la culata porque el comunicado del arzobispado no pudo ser más sensato. Desde la cuestionable decisión de la Corte sobre el aborto, están toreando a la Iglesia para que tome partido sectarista. Y creo que no lo van a lograr, así no falten curas politiqueros que abiertamente y para desconcierto de sus feligreses arenguen para un lado o para otro.

Pero no todo es color de rosa. Los escándalos de pedofilia han enlodado el excelente apostolado realizado por otros muchos, muchos más, que de forma generosa y comprometida han dado lo mejor de sí mismos al servicio de la gente. Sorprende y duele que sean tantos y que den de qué hablar, y sobre todo generalizar, como si esa patología fuese inherente a la vocación sacerdotal. ¡Qué daño han hecho!

Con todo, la Iglesia, nuestra Iglesia, santa y pecadora, seguirá estando ahí, en sus templos y parroquias, en universidades, colegios, hospitales y geriátricos, asistiendo búsquedas espirituales, acogiendo migrantes y desplazados, ofreciendo luces desde centros de pensamiento e investigación, atendiendo las urgencias de los más necesitados a través de bancos de alimentos y obras de asistencia social, acompañando todas las edades y condiciones sociales. Es decir, ejerciendo su carácter católico: para toda raza, lengua, credo, orientación sexual, opción política y condición social. Y la Iglesia, siempre estará ahí.

viernes, 24 de diciembre de 2021

La Navidad rompe paradigmas

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

Este acontecimiento que la humanidad celebra anualmente desde hace más de dos milenios tiene la proverbial propiedad de ser siempre antiguo y siempre nuevo. La Navidad tiene el encanto de seducirnos cada año y sorprendernos con nuevas resignificaciones. Este año, por ejemplo, he estado pensando que la Navidad desde su mismísimo origen ha roto muchos paradigmas.

Los dioses y las deidades ordinariamente reposan en sus cielos y olimpos y desde allí observan o controlan el devenir humano, siempre inferior en capacidades y poderes, y siempre sometido a reconocer la superioridad de estos seres. En el cristianismo se rompe este paradigma: el único Dios, omnipotente creador, no se queda apoltronado en su cielo mirando con indiferencia la “pobre humanidad, agobiada y doliente”, sino que decide encarnarse, haciéndose uno como nosotros. Ese fenómeno kenótico de humillación y abajamiento es inédito, pues se trata de abajarse para suscitar lo contrario: dignificar al ser humano elevando su condición lábil y finita.

Pero sorprende aún más que ese Dios, busque insertarse en nuestra historia, en un país venido a menos, en una provincia poco importante (¿de Galilea puede salir algo bueno?), en una vereda insignificante, escogiendo como padres una pareja de humildes campesinos que a duras penas pueden vivir con lo que tienen. Y ni siquiera puede tranquilamente nacer allí pues la pareja debe migrar al sur, donde no hay posada para ellos. Una pesebrera será su cuna, rodeados de animales y gente humilde. No hay palacio, no hay corte, no hay servidumbre, no hay nada.  Eso rompe nuestros usuales paradigmas respecto de donde debe nacer un príncipe.

La humilde mujer, de forma valiente, ha aceptado ser la madre de Dios. ¿Ha presumido de algo al saberse elegida?, ¿se siente obligada a ser atendida con especiales cuidados y prebendas? Nada. Se levanta, se pone en camino, corre presurosa a servir a su prima mayor embarazada seis meses antes, a esa pobre vieja que con desprecio llamaban estéril. Y con ese gesto se adelanta a lo que su hijo dirá luego de sí: no he venido a que me sirvan, sino a servir. Otro paradigma que se rompe para quienes esperan instalarse para ser atendidos y recibir toda clase de cuidados. María nos enseña a salir de nuestro propio amor para darnos a los demás.

Finalmente, de José, el carpintero, a quien homenajeamos este año de modo especial, también podremos decir que rompe paradigmas. Porque es padre por adopción y acepta ese rol con dignidad indescriptible, tentado de repudiar a su mujer por eventual infidelidad, sujeto de dudas y burlas, sin embargo, acepta su condición con altura, sin complejos. Renunciar al ego y la buena fama, rompe paradigmas en un mundo estresado por los rankings y los ratings de popularidad.

Les deseo una feliz y bendecida Navidad. Qué bueno celebrar el nacimiento en nuestro corazón de un Dios que rompe paradigmas, nos descoloca, nos mueve el piso y nos invita a construir un mundo mejor para todos.  ¡Abrazos!

sábado, 26 de junio de 2021

Se me daño el opinadero

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

En los pocos años que llevo tirándomelas de opinador sobre temas de actualidad, opiniones que muy amablemente me publican en algunos blogs y que me hacen sentir vigente, siempre he creído que mis humildes aportes puedan ser útiles.

Hoy vengo atravesando una especie de crisis con auto cuestionamientos y lo primero que me he estado preguntando es ¿quién soy yo para andar opinando?, ¿mis opiniones sí servirán para algo?, ¿la polarización si será el camino?, ¿se podrá recuperar la confianza en las instituciones?, ¿los partidos y movimientos políticos estarán interesados y dispuestos al cambio?, ¿si le estamos parando bolas al medio ambiente?, etcétera.

Estos auto cuestionamientos me han desmotivado y por eso creo que se me dañó el opinadero. Aunque viéndolo bien, mis artículos de opinión han sido acertados; por ejemplo, insistir en el interés general sobre el particular, en la necesidad de un muy buen comportamiento de todos, de trabajar por el medio ambiente, empezando por nuestros hogares con la separación en fuente, solicitar que los sectores políticos saquen adelante los temas en que al parecer están todos de acuerdo y que con pequeños ajustes de grandeza se superarían; reiterar la necesidad urgente de austeridad y eficiencia del Estado en las tres ramas del poder público y en los órganos de vigilancia y control, alertar sobre los efectos económicos, sociales y políticos de la creciente informalidad, que va bien ligada con la ilegalidad de la coca, porque ya el tema de la marihuana va tomando su rumbo medicinal y hasta recreativo, cosa que debería seguir con la coca, sin descuidar la asistencia social de recuperación para alcoholismo, drogadicción, prostitución, juego y otra cantidad de conductas que atentan contra las familias colombianas que, de paso, debemos priorizar como núcleo natural de la sociedad.

Como abuelo y jubilado, sigo buscando dónde pueda ser útil, siendo lo más claro y prioritario mi ambiente familiar, sin estorbar ni exigir más presencia de la solicitada y requerida por ese entorno. En segundo lugar, ayudar en el entorno vecinal, que considero se debe robustecer como el segundo grupo objetivo de personas para la sana convivencia, por supuesto luego del familiar, para tratar de pasar al campo de la ayuda social que toque a los más necesitados, empezando de adentro hacia afuera.

Ya las épocas en que me creí parte de emprendimientos por haber estado durante muchos años en creación de empresas, pasaron y se olvidaron, con la entrega generacional de lo construido.

Nuestro país sigue adelante, nuestras vidas también, hasta que nuestro Señor Jesucristo lo disponga y con su ayuda superaremos todas las dificultades, si nos dejamos abrazar por la humildad, la tolerancia, la inclusión y la generosidad que implican la convivencia.

Por las experiencias en el sector público, me encanta hablar de política, pero es como arar en el desierto. Los sectores políticos de todas las tendencias siguen convencidos de que la polarización es la que les permite mantener las condiciones favorables para sus intereses particulares.

Los programas que hemos venido trabajando sobre el Pacto Global de la ONU, con sus 17 objetivos para el desarrollo sostenible, con miras al 2030, se ven de muy lejano cumplimiento y más ahora que, según dicen las malas lenguas, las ideologías de la izquierda dizque están permeando las diferentes organizaciones y mecanismos de esta importante organización, argumento que me resisto a creer; si alguien debe ser totalmente imparcial, debe ser la ONU.

Agradezco la paciencia de las pocas personas que me leen y me escuchan, a las que ofrezco disculpas por los errores, de redacción y ortografía y, por supuesto, por las ideas y comentarios entendidos en oportunidades en sentido contrario al pretendido.

Estoy tratando de superar esta crisis para poder mantenerme vigente en este ejercicio de opinión, si Dios me lo permite y con la iluminación del Espíritu Santo, tarea que implica estudio y trabajo, para que sea del interés de los lectores y no sólo para llenar espacios con contenidos.

Mil gracias por su comprensión.

martes, 16 de abril de 2019

De cara al porvenir: metamorfosis


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Resulta por lo menos curioso, confrontar las actitudes y posiciones de ciertas personas cuando ocupan un cargo, y luego cuando lo dejan.

Les insisto a mis alumnos que es la persona, el ciudadano, el profesional, quien debe darle brillo al cargo y no al contrario.

Cualquier cargo o posición es temporal y por lo tanto su nivel de poder e influencia, efímeros.

Comportamientos soberbios mientras se ocupa el cargo y opaca, inocua e intrascendente existencia, medrando los círculos de poder, para poder aspirar a nuevos aires, cuando no los ocupan, es propio de los mediocres.

Varios expresidentes hablan duro, con fuerza y razones para legalizar la droga y critican abiertamente la ineficaz política antidrogas impulsada por los Estados Unidos desde hace algunos decenios, mientras que cuando ocupaban el alto cargo, mantenían posturas sumisas y genuflexas alrededor del tema, eso sí, con rodilleras nuevas para cuando se tenían que reunir con su homólogo del norte.

Pareciera que todos los exministros se vuelven inteligentes cuando abandonan el cargo, mientras la mayoría desarrollaban ejecutorias mediocres mientras lo ocupaban.

Ni qué decir de los políticos que en su ocaso quieren fungir y aparecer como patriarcas, olvidando o haciendo olvidar que en su lejana juventud se abrían paso oficiando como “tirapiedras”.

Simpáticos los exempresarios o exaltos ejecutivos que predican lo poco necesario que es tener algunas comodidades como oficina y baño privado, secretaria y conductor, cosa que no reconocían cuando disfrutaban de las mieles de sus altos puestos.

Extraño el divorciado (a) que le reconoce puntos favorables a su expareja.

Dichosas las novias que todas se ven bonitas y los fallecidos que en la mayoría de los casos eran unos prohombres, haciendo caso al dicho de que “No hay novia fea ni muerto malo”.

Humildad y sencillez no son sinónimos, pero si son posturas y comportamientos necesarios dentro de una relación respetuosa entre los distintos grupos de humanos. Equidad, justicia, respeto, son atributos necesarios para realizar una convivencia civilizada. La promoción de estos valores es responsabilidad de la casa como primera escuela, y de la escuela como segunda casa.

No es necesario ser débil ni complaciente para poder ejercer la autoridad. Las decisiones deben ser tomadas dentro de la lógica y la racionalidad propias de los seres inteligentes. Cualquier toma de decisión toca intereses de algún tipo y para algunos grupos específicos. Sin embargo, la decisión debe ser tomada. Nadie tendría por qué recordar a los subalternos que él es quien manda. Postura mediocre que demuestra inseguridad y falta de altura con respecto a las relaciones entre humanos.

Insistimos en la conveniencia de dotar a Medellín de un adecuado centro de espectáculos, de un autódromo que cumpla con las especificaciones de la Fórmula 1 y de un velódromo cubierto. De igual manera, darle continuidad al esfuerzo de intervención de las aceras y los separadores de toda la ciudad.