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viernes, 30 de enero de 2026

Comentarios al cotarro

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Como cualquier ciudadano de a pie de este país; con la apreciación subjetiva de quien sabe que otros piensan diferente; con la libertad de expresión para poderlo hacer; con la convicción de que no podemos dejarnos llevar por las corrientes mediáticas de moda; con la conciencia crítica y con el mejor ánimo de no dejar de pronunciarse cuando hay que hacerlo… hago estos personales comentarios al cotarro político de estos días.

* Con el sol a sus espaldas, nuestro primer mandatario sigue siendo genio y figura. Continúo pensando que pudo ser mejor su ejercicio si hubiese tenido un equipo estable para gobernar y no una rotación tan alta de funcionarios; si no hubiese permitido tanto escándalo de corrupción, apetitosa papaya para una oposición radicalmente implacable y ávida de caerle encima por no tomar distancia y excluir a quienes le hacían y siguen haciendo daño desde dentro. Por manejar las relaciones internacionales desde sus trinos en Twitter generando innecesarios conflictos para tener luego que recular. Por su característica y patética impuntualidad que hizo sentir a muchos irrespetados. Por sus apresuradas declaraciones y comentarios que permanentemente alborotan avisperos como lo acaba de hacer volviendo a torear al tío Sam en vísperas de su viaje a Washington o generando indignación en cristianos creyentes con desacertadas afirmaciones o guardando silencio ante las descaradas creaciones de nuevos cargos en entidades estatales. Su vida privada debería ser eso, pero dio ocasión para que se hiciera comidilla de público conocimiento. Se le abona su sentida preocupación por los más necesitados, pero se cuestiona las estrategias empleadas para hacerlo y que terminaron algunas en estruendosos fracasos, como la reforma de la salud cuyo remedio ha sido peor que la enfermedad.

* Sorprendentemente, cuando creíamos que la izquierda había perdido su histórica oportunidad y no volvería al gobierno en mucho tiempo, su candidato se ha posicionado como el eventual ganador de las próximas elecciones presidenciales. Y lo va a ser y de seguro en primera vuelta porque los llamados de centro y derecha siguen enmelocotados con sus egos, corriendo fragmentados al abismo de la derrota, creyendo que podrán unirse al final… lo dudo. Ya visualizo las lágrimas y también los reproches y mutuas recriminaciones cuando sea demasiado tarde y ya nada haya que hacer.

* Del fortalecido candidato ganador de las encuestas me gusta que no esté en plan de insultos y peleas. Que un detractor suyo bien fuerte como lo es el presidente de Fedegan lo elogie como ponderado y reflexivo y asegure que sería mejor presidente que el actual, ha dejado sorprendido a medio mundo. Eso quiere decir que no es el malo que se han propuesto vender. Ojalá esté pensando ya en rodearse bien si no quiere repetir la triste historia.

* Del segundo en las encuestas me aterra su visceral radicalismo pues lejos de recomponer el polarizado ambiente político, lo va a acentuar más y esto es grave para un país marcado por odios y violencias.

* Volveré sobre el tema. Es importante sentar posición. De estos años me quedan claras muchas lecciones aprendidas. Quien no conoce la historia está condenado a repetirla.

viernes, 31 de enero de 2025

Esta es la política

José Leonardo Rincón Contreras S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

El tío lo dijo con tal certeza que, aunque yo era muy niño, sus palabras las recuerdo claramente: "mientras en los campos colombianos la gente se mataba por el solo hecho de ser liberal o conservador, los líderes de esos partidos tomaban whisky juntos en un reconocido club bogotano y sus hijos se casaban entre sí". Algo tan absurdo no podía ser. Si se mataban era porque se odiaban, porque había posiciones irreconciliables. No podían ser amigos. Y sí.

Muchos años después y sin estarlo buscando se confirmó el asunto. Sentado en la sala de su casa de un líder político sonó el timbre de la puerta. Al abrirla, hicieron su aparición sus más enconados detractores políticos. Precisamente, el día anterior, a uno de ellos le había escuchado por una emisora un virulento ataque en contra de quien era el anfitrión. Ahora, en mis narices, los dos se abrazar
on y se sentaron a tomar whisky. De no creerlo. Cuando, desconcertado, le dije "pero si este no te quiere ni poquito", dándome una palmada me respondió: "¡ay padre, esta es la política!" ¡Plop!

De modo que no creo en esos agarrones públicos de los políticos que dientes para fuera exacerban los ánimos de la gente pero que en privado conversan animada y coloquialmente.

Quizás no se pueda generalizar, pero pasa.¿O a ustedes no les llamó la atención ver a los polos opuestos públicamente encontrarse varias veces para charlar?, o ¿a uno de ellos regañar un copartidario que hablaba mal del presidente y pedirle no hacerlo por tratarse precisamente del presidente de la República?

Se sabe que el tío Sam es muy amigo del oso siberiano. ¿Estrategia, conveniencia? El hecho es que en el discurso se atacan, pero en la realidad se hacen pasito. Y por estos lares macondianos, ¿no les llamó la atención que en la grave crisis de esta semana el imprudente tuitero corriera a pedirle a su supuesto enemigo político que intercediera ante el emperador del mundo para que no cumpliera sus amenazas y genuflexo acató sus órdenes? Dijeron que los intereses comunes estaban por encima de los intereses particulares. Por eso, en agradecimiento, el uno volvió a atacar al otro. Y todos nosotros tragándonos entero el cuento.

Tenía razón el tío. Tenía razón el amigo: "¡ay padre, esta es la política!" Y el pueblo mechoneándose por no decir matándose. ¡Plop!

miércoles, 6 de marzo de 2024

Entrevista con Pedro Juan González Carvajal

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal, un hombre entregado a la cultura y a la educación, además de apasionado del fútbol, es el invitado a la entrevista de la semana en El Pensamiento al Aire. En esta charla se destaca su experiencia en lo público y en lo privado, privilegio que le permite opinar sobre diversos aspectos de la realidad regional y nacional. No dejes de verlo.

Ingeniero de Sistemas, especialista en Gerencia Logística, magíster en Ciencia Política, doctor en Filosofía, profesor de pregrado y postgrado, miembro de varias juntas directivas, columnista del periódico El Mundo, exsecretario de Hacienda del Municipio de Medellín, exdirector de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, exsecretario de productividad y competitividad, exdirector de planeación del Departamento de Antioquia, exrector de la Corporación Universitaria Remington, fue gerente general de Ilimitada y es autor de varios libros sobre el tema geopolítico. Fue rector de la Corporación Universitaria Lasalle y ahora goza de un merecido retiro.

viernes, 23 de febrero de 2024

Hay que hacer algo

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Almorcé en estos días con dos amigos del mundo de la política. Uno, veterano líder de un partido tradicional que fue concejal, senador y embajador, otro, joven promesa que ya fue cónsul en Estados Unidos. Dos generaciones distintas y una sola preocupación verdadera: nuestro país y su futuro.

La amistad y nuestras periódicas tertulias se suscitaron a propósito de una columna como estas que se volvió sorprendentemente viral: al meollo del asunto. Se me invitó entonces, en tiempos electorales, a lanzarme a la política como tantos curas lo han hecho. Agradecido, por supuesto, con tamaña propuesta, obviamente la decliné. No voy a colgar los hábitos por tan seductora tentación. Mi vocación es de cura, no de la política partidista. Otra cosa es que de lo político no podamos sustraernos. Ese es mi tema de hoy.

Tengo que reconocer que la política me gusta. Un ciudadano de la polis no puede eludir interesarse por la suerte de su pueblo. Lo que pasa es que la política tiene mala fama y se asocia automáticamente con falsas promesas, oportunismos, virajes camaleónicos, corruptelas. Y eso es lo que denominamos despectivamente como politiquería. Su verdadero sentido se ha desvirtuado y eso, en tanto a muchos espanta y los vuelve apáticos, a otros los atrae para obtener prebendas e irse por la senda equívoca. El daño está hecho, pero hay que resarcirlo, sin comerse el cuento de que muchos han sentido ser mesías para terminar siendo más de lo mismo.

Esa apatía, indiferencia, ignorancia o también el desprecio de lo político ha sido el caldo de cultivo para estar como estamos. Todos nos quejamos del estado actual de las cosas, pero amnésicamente se nos olvida que así lo hemos querido, o al menos, permitido. Esto no comenzó ayer, al menos hay que remontarse a los tiempos de la patria boba que resultaron ciertos a pesar de la oportuna advertencia del tribuno del pueblo, José de Acevedo y Gómez. Los intereses personales de los líderes populares de turno han primado sobre los colectivos en tanto las masas, cual veletas, son movidas por no decir manipuladas por esas conveniencias.

Hay que despertar, hay que sacudirse, hay que hacer algo. Se ha dicho hasta la saciedad: vamos corriendo vertiginosamente hacia el abismo. No podemos seguir así. Hay que hacer un alto y reflexionar un poco si no se quiere repetir la historia. Quisiera pensar que todavía estamos a tiempo, quisiera imaginar que hay muchos todavía que desean salir del letargo para proponer algo distinto. Hemos pensado convocar gente de todos los partidos, de todas las edades, de toda condición, eso sí con algunas primeras condiciones: que sean de mente abierta, que escuchen y hablen con respeto, es decir, que sepan dialogar sin agresiones e insultos, que no traguen entero, que quieran construir país, que no busquen sus intereses egoístas, sino que anhelen el bien de todos. ¿Eres uno de esos?

lunes, 18 de diciembre de 2023

Aquelarre

Luis Guillermo Echeverri Velez

Por Luis Guillermo Echeverri Vélez

(- Aquelarre. Junta o reunión nocturna de brujos, con la supuesta intervención del demonio ordinariamente en figura de macho cabrío, para la práctica de las artes de esta superstición.)

¿Seguirá el país enredado en el infame aquelarre de la política delictiva, tan habilidosa en aquello de viciar, sobornar y pervertir?

¿Por qué queremos seguir en manos de delincuentes bendecidos por la impunidad? ¿Será insensatez, estupidez, masoquismo o puro y legítimo malcriado descaro, propio de egos inflamados o narcisismos cultivados en probeta que nos imponen personajes con negros pasados éticos y delictivos, retocados con Photoshop?

En lugar de una prolija formación de políticas públicas, la politiquería colombiana parece una pesadilla que enmarca un aquelarre de rituales oficiados por Chucky, el Pingüino, Drácula, Herodes, Maquiavelo, Rasputín y toda la caterva de asesinos, violadores, narcoterroristas, jíbaros, degenerados, siervos y volatines, que los corteja en medio de la horrible noche.

Aún sigo sin entender por qué en Colombia uno de cada dos hijos de su madre, quieren y creen que pueden ser presidentes de la República, sin contar con una robusta trayectoria de realizaciones importantes, ni destacarse por una verdadera y abnegada vocación de servicio o sin tener las capacidades que demanda la compleja, malagradecida y desgastante función de ser elegido como “el mejor” para conducir toda una nación.

Aquí tenemos la falsa convicción de que el puesto o posición es el que hace al personaje, y no el carácter, la ética, la calidad humana y los logros reales y demostrables de la persona lo que importa. Nos equivocamos al creer que el puesto público por el solo hecho de haber calentado el banco varios años, convierte a cualquier burócrata en personaje presidenciable.

La proliferación de candidatos emergentes sin la debida acreditación es una prueba más de la gran debilidad y degeneración partidista y democrática nacional.

Argumentar que así es la democracia, es una disculpa inútil en esta era del conocimiento y la transformación digital. Con ese hueso los partidos y movimientos políticos entretienen y engañan al electorado, dándole tratamiento de pulgoso callejero, en lugar de presentar al “programa de telerrealidad presidencial” a los mejores de la patria, tal y como ocurre en el deporte y la ciencia, y así enaltecer y servir con calidad humana el teatro de la democracia.

En honor a un concepto de democracia acomodado a la libertina cultura greco-quindiana, el país no puede soportar el costo de elegir nuevamente un “propio” de quienes entraron los ladrones por la puerta de la cocina, ni de los asociados a mafias y organizaciones criminales narcoterroristas.

Si queremos desarrollo, no podemos elegir cualquier inútil sin carácter con vocación de lustrabotas, que termine controlado por las fuerzas del mal instaladas de regalo en el parlamento, como le ocurrió a Venezuela con Maduro a quien Diosdado Cabello tiene a su servicio, atornillado al trono de Chávez.

Hoy son los contratistas del Estado los que emiten la garantía pecuniaria con la cual salen marcados los muñecos a la tarima del remate preelectoral, a ver cuál es el partido o movimiento qué más da por sus promesas de reparto contractual y clientelista.

Una gran proliferación de precandidaturas frente a las que quieren proponer continuidad del pacto diabólico demuestra que somos una sociedad enferma de egoísmos e individualismo y adicta a la insensatez y la violencia, que sólo habla de paz, cuando no hay tal y no existe posibilidad remota de conseguirla jugando con la desesperanza nacional.

Para mí es tan grave esta desunión política convertida en el tétrico aquelarre que le rinde culto a la impunidad, el clientelismo y la corrupción, como la gran cantidad de candidaturas improvisadas de un sinnúmero de mediocres, cuando el país debería estar trabajando para implantar un sistema que garantice contar con personas de probado calibre ético y conceptual para poder salvar al Estado de un gobierno suicida que se lleve con él a la tumba comunista toda la nación, al dilapidar sus sistemas de seguridad, libertades económicas, propiedad privada, justicia, salud, pensiones y laboral.

Si hay algo que los políticos sinuosos no quieren, es una institucionalidad gremial y sindical trabajando unidas en favor de la expansión del sector privado y el desarrollo socioeconómico.

Casos como el del servil “Bruce Wayne” criollo, que se cree el Batman de ciudad gótica, pero ha sido incapaz de combatir al Pingüino carranguero, tienen tanto de largo como de ancho.

Ejemplos como el de algunos y algunas gritonas, energúmenas, descriteriados, gomelos, “youtubers” y saltamontes sin realizaciones, o el de retorcidos camaleones de vieja data conocidos por su habilidad en la arena de la corrupción y su público concubinato con la criminalidad, son prueba de lo mal que está el partidismo nacional, donde no hay una estructura ética ni moral que respalde un sólido método interno de preselección de candidatos.

Aquí se necesita alguien sensato, coherente, honorable y con los huevos bien rayados, que haya tenido un buen ejemplo en la casa, que pueda presentar logros personales, capaz de garantizar el retorno a la legalidad y convocar un equipo de profesionales honrados y determinados a devolver al país al camino de la seguridad, la justicia, el crecimiento y el desarrollo.

Si una nación, cual fue el caso de Argentina, no pasa de un liderazgo cleptócrata, demente y degenerado acompañado de una manada de avezados delincuentes, a que la administre el mejor equipo profesional que tenga el país, se puede pagar caro por asumir el riesgo de perderlo todo en el casino electoral, más ahora que a la ilegalidad se le borró la “i” y nuevamente se repite la historia de que un presidente con tal de no soltar el poder, convierte como por arte de magia en legal, todo lo que en un Estado formal de derecho es ilegal.

Así son las cosas en este país del Sagrado Corazón de Jesús: pasa de todo en materia político-delictiva pero no pasa nada. La justicia y el parlamento están contaminadas y la gente nota que hay persecución política y alcahuetería con los grandes delincuentes que están libres o aforados tras las curules de la impunidad. Y en esa insólita realidad, el aquelarre parece perpetuarse.

viernes, 7 de julio de 2023

Entrevista con Héctor Quintero Arredondo



En la entrevista de la semana para El Pensamiento al Aire conversamos con el prestigioso abogado Héctor Quintero Arredondo sobre política, lealtad, autonomía, guerra y paz, elecciones regionales, y de lo enfermo que está nuestro país. No dejes de verlo. El doctor Héctor Quintero Arredondo es abogado de amplia trayectoria en el sector público y privado. Ha sido senador y representante, embajador de Colombia en el Perú, presidente de Findeter, y asesor del Ministerio de Comercio. De igual manera, desempeñó importantes cargos en la Gobernación de Antioquia. En el sector privado fue gerente general de Unibán y Augura, entre otras compañías. Como docente tiene una experiencia de más de 30 años, destacándose su vinculación con Universidades Pontificia Bolivariana, en las facultades de Derecho y Ciencias Políticas, y la de Medellín, en la Escuela de Economía.
 

jueves, 20 de abril de 2023

Entrevista con Juan Gómez Martínez

Juan Gómez Martínez aceptó la invitación de El Pensamiento al Aire, para protagonizar la entrevista de esta semana. Nos habla de su vida pública y privada, su enfrentamiento con el narcotráfico en la tenebrosa época de Pablo Escobar y de otros grandes aspectos de la vida nacional. No te lo pierdas.

Juan Pablo Gómez Martínez (Medellín Antioquia; agosto 18, 1934) es un político colombiano. Estudió ingeniería eléctrica en la Universidad Pontificia Bolivariana y también cursó periodismo y alta gerencia. Fue profesor universitario, tanto de ingeniería como de comunicación. Se vinculó posteriormente al Partido Conservador, concejal de Medellín en los años 70 y luego senador de la República en el periodo 74-78 y 02-06; a su vez adquirió notoriedad como director del diario El Colombiano, propiedad de su familia. Fue elegido alcalde de Medellín, convirtiéndose en el primero en llegar al cargo por voto popular (1988 - 1990) y en 1991 hizo parte de la Asamblea Nacional Constituyente. En 1992, también el primero por voto popular, fue elegido gobernador de Antioquia. Fue nombrado ministro de Transporte y Obras Públicas y designado por el presidente Belisario Betancur en 1982 como embajador ante la Asamblea de las Naciones Unidas. En 1998 fue elegido por segunda vez como Alcalde de Medellín y en 2002 senador. En 2006 rechaza presentarse a la reelección en el Senado, y es designado por el reelecto Presidente Álvaro Uribe Vélez como Embajador ante la Santa Sede.

lunes, 27 de marzo de 2023

Editorial - Reformas

En su editorial de la semana para El Pensamiento al Aire, el doctor Antonio Montoya H. nos habla de las diferentes reformas que se adelantan en el actual gobierno, el retiro de la reforma política, las dificultades de la reforma de la salud y su posible retiro en los próximos días, el estudio de la reforma pensional y los elementos de la reforma laboral que perjudican el desarrollo empresarial y el incremento de la informalidad. No dejes de verlo.


martes, 14 de marzo de 2023

Entrevista con Luis Fernando Suárez


Candidato a la Gobernación de Antioquia

Este antioqueño, con más de 30 años al servicio del sector público, busca liderar la Gobernación de Antioquia y en esta entrevista de la semana para El Pensamiento al Aire, nos habla de su vida, cómo llegó a la política y lo que espera lograr como gobernador del departamento. No dejes de verlo.

Se graduó como odontólogo en la Universidad Autónoma de Manizales e hizo su año rural de servicio social en el municipio de Santa Rosa de Osos, en el norte de Antioquia. Es especialista en Epidemiología de la Universidad CES.

Fue funcionario de carrera administrativa en el Servicio Seccional de Salud de Antioquia, tuvo la dirección de Seguridad Social en el gobierno de Guillermo Gaviria Correa y la gerencia del Hospital Mental de Antioquia. También ocupó varios cargos de dirección en Metrosalud. Fue secretario de Inclusión y Seguridad Social de Medellín, vicealcalde de Seguridad, y en varias oportunidades alcalde encargado de esta capital. Se desempeñó como gobernador encargado de Antioquia entre junio y octubre de 2020 y entre marzo y septiembre de 2021.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Cuando manipulan el deporte

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

De entrada, se da por descontado que el deporte, en todas sus disciplinas, es una actividad humana que además de cultivar el cuidado del cuerpo a nivel personal, el trabajo en equipo y la sana emulación, es un espacio saludable para el esparcimiento y la unión de los pueblos. No en vano los aros olímpicos entrelazados simbólicamente expresan ese propósito.

Sin embargo, cuando a Teodosio le dio por suspender los Juegos Olímpicos en el siglo IV, lo hizo por motivos religiosos: no había que promover el culto a los dioses del Olimpo. Y tuvimos que esperar muchos siglos para recuperar este espacio y…, también, los afanes de muchos por meterle política y otros intereses para manipularlos.

No olvidemos que Hitler en 1936 usó las Olimpíadas con fines propagandísticos nazis y que su mayor disgusto acaeció cuando el atleta norteamericano de origen afro Jesse Owens ganó la medalla de oro mostrando su superioridad deportiva, todo un insulto para la raza aria que quería demostrar exactamente lo contrario.

Y todavía recuerdo la masacre en la Villa Olímpica de Múnich en 1972 contra un grupo de atletas israelíes. El escenario equivocado para trasladar conflictos políticos fue aquella vergüenza. No han cambiado mucho las cosas ahora que estamos en pleno campeonato mundial de fútbol. Que la justa se haya hecho en Qatar pareciera ser una decisión normal pues cualquier país legítimamente puede aspirar a ser sede de estas justas deportivas, el problema fue el escándalo suscitado por la manipulación que se tuvo en su escogencia y que desató una crisis en la FIFA.

El debate sobre Qatar ha girado en torno al respeto a los derechos humanos, las cientos de víctimas que murieron en la construcción de unos escenarios que serán desbaratados una vez concluya el evento, las prohibiciones a manifestaciones públicas de afecto o a usar la bandera LGBTI, etc. Pero hemos visto más: desproporciones como ofrecer a cada jugador árabe saudí un Rolls Royce si le ganaban a Argentina; o la amenaza de violencia y torturas del régimen iraní a sus jugadores y sus familias si expresaban su descontento como lo hicieron en el primer juego al no entonar su himno nacional.

Y los pobres deportistas rusos, vetados de todas las competencias internacionales, no por su culpa, sino por culpa de un régimen expansionista que ya nos tiene en crisis económica global y a todos en vilo con la amenaza de una guerra nuclear.

Creo que deporte y política son dos asuntos distintos que no deben mezclarse. Es un abuso que se le meta política al deporte. Si esto acontece de manera normal significará que un día un campo de juego termine convirtiéndose en un campo de batalla y que dos hinchadas diferentes resulten matándose en las tribunas como lamentablemente ya ocurre entre fanaticadas obtusas, simplemente porque somos de colores distintos en nuestras camisetas.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Entrevista con Rodolfo Correa Vargas

Conversamos con Rodolfo Correa Vargas, quien fuera candidato a la Gobernación y hoy es el Secretario de Agricultura y Desarrollo Rural del departamento. Él nos cuenta cómo Antioquia enfrentó dificultades como la pandemia, los paros y bloqueos, la crisis de contenedores, la volátil tasa de cambio o la crisis creada por la guerra de Rusia y Ucrania. También nos enseña su visión de las estrategias que nos darían desarrollo en el ámbito rural. No dejes de verlo.


miércoles, 6 de abril de 2022

El lumpen al poder

José Alvear Sanín

José Alvear Sanín

En la terminología marxista, el Lumpen Proletariat está constituido por las clases desorganizadas y apolíticas de la sociedad, desinteresadas de la revolución. Este inevitable acontecimiento, sin embargo, puede ser acelerado por la acción decisiva del partido profesional revolucionario concebido por Lenin, dirigido por intelectuales que despreciaban lo que consideraban basura, porque Lump es, por definición, “rufián, belitre, canalla, trapo, andrajo, guiñapo”.

Desde luego, eso era así en la época de las revoluciones populares, en las que turbas hambreadas e irredentas, mediante el pillaje, la revuelta, las barricadas, el incendio y el caos, asaltaban el poder para que el partido, sobre las ruinas y la sangre, creara el impoluto y perfecto “hombre nuevo”.

Antaño, los lumpen proletarios (por tener prole) eran miserables, ignorantes y ebrios, y no constituían potencial electoral porque las elecciones —si las había— estaban reservadas a los propietarios o a quienes sabían leer y escribir.

Hoy, en cambio, hay un abundante lumpen intelectual, desinteresado, desde luego, por la revolución, pero que puede votar por quienes interpretan su miseria conceptual. Este nuevo lumpen se encuentra en todas las clases sociales. Hay desde nuevos ricos hasta indigentes. Pocos tienen hijos. Muchos ostentan flamantes títulos universitarios, conducen vehículos, habitan inmuebles cómodos, viajan por el ancho mundo y pasan horas enteras ocupados en la basura electrónica.

Este lumpen constituye entonces una fuerza electoral considerable, cortejada por una legión de docentes, comunicadores, faranduleros e influencers, que los conducen a las urnas para votar por los abanderados de una revolución que no osa decir su nombre, porque se presenta como “progresismo” en lugar de comunismo.

En América Latina, desde hace largos años avanza la revolución, dirigida por un staff secreto, permanente y dedicado, de revolucionarios profesionales, que ejecuta con precisión matemática la estrategia que requiere la demolición de los factores, creencias y principios del orden social, de tal manera que se puede llegar al poder por la vía electoral, bien acompañada siempre del fraude.

Quizás, hasta ahora, el logro principal de ese estado mayor clandestino consiste en la promoción del lumpen cultural que está decidiendo el rumbo de los países.  Los secretos conductores de la revolución han creado entonces un nuevo tipo de dirigente político, un lumpen personaje, empático para electores igualmente ignaros.

Cuando uno considera la preparación intelectual y moral de Maduro-Cilia, Ortega-Murillo, Evo y Boric (que no fue capaz ni siquiera de ser abogado), y del grotesco Sombrerón, comprende el despotismo, el hambre, la miseria y la corrupción que espera a la futura Unión de Repúblicas Socialistas de América Latina (URSAL), si en Colombia llegan Petro y Francia, dos incomparables ejemplares del lumpen intelectual, “el economista” y “la jurista” —tal para cual—, adalides del resentimiento, el racismo, la falacia, la farsa, para no hablar de su supina ignorancia, y no solo en lo relativo a las profesiones en que afirman ser titulados…

¡No faltará quién me diga que esos personajes no son los verdaderos gobernantes de los países que presiden, porque, en el comunismo, el poder lo ejercen camarillas secretas todavía peores!

 

lunes, 14 de febrero de 2022

Reforma integral a nuestro sistema de justicia

Gabriel Jaime Hurtado Restrepo
Por Gabriel Jaime Hurtado Restrepo*

“Hemos llegado a una situación escandalosamente paradójica en la que nuestro sistema de justicia parece estarse pasando al bando de los criminales”

Álvaro Gómez Hurtado (1919 – 1995)

Desafortunadamente la anterior afirmación hoy está más vigente que en su momento. Veamos por qué:

La vida en sociedad genera conflictos entre las personas, son inevitables. Una de las principales funciones del Estado, a través de su aparato judicial, es solucionarlos oportunamente.

Eso no lo estamos logrando, los colombianos nos sentimos totalmente desprotegidos, indefensos, ante la descarada impunidad que se pavonea en el país. Crímenes, desfalcos, torcidos, componendas, atracos, raponazos, robos, estafas, sobornos, extorsiones, secuestros, vandalismos, etc., se han generalizado en nuestra sociedad.

Y es que, duele decirlo, tenemos ineficiencias en la fiscalía, en las cárceles, en los juzgados, en las superintendencias, en los tribunales, en las cortes; además de otros complejos asuntos como episodios de corrupción, activismo político judicial y extralimitación de funciones.

En mi opinión la inoperancia de nuestro sistema de justicia es, sin duda, la causa de los principales males de Colombia: corrupción, narcotráfico, delincuencia, incumplimiento de la ley y de los contratos.

Dentro de ese estado de cosas preocupa de manera especial el rol que han asumido las Altas Cortes, particularmente la Constitucional.

Nuestra Carta Política en su artículo 113 establece que “Son ramas del poder público, la legislativa, la ejecutiva, y la judicial”. La rama legislativa reforma la constitución y hace las leyes, la rama ejecutiva gobierna y la rama judicial aplica las leyes de manera particular a cada caso concreto.

Las Altas Cortes en ciertos eventos se han salido de su cauce. En algunas reprochables decisiones judiciales, por la forzada vía de reglas de carácter general, han ejercido funciones ajenas, la legislativa que es del Congreso y la administrativa que es del ejecutivo. Cuando las aguas se salen de su cauce, anegan, hacen estragos.

Algo adicional que pareciera de menor importancia pero que genera un inmenso y nocivo impacto, es la absurda e inexplicable práctica de dar a conocer sus decisiones por medio de comunicados o ruedas de prensa, aún antes de tener listo el texto completo y definitivo de sus sentencias.

Esta descripción nos lleva a concluir que en nuestro sistema de justicia estamos en déficit. Tenemos que reformarlo para que funcione, opere, sea eficaz, resuelva pronta y acertadamente nuestros conflictos, y sea despolitizado.

Tengo el honor y la responsabilidad de ser candidato al Senado de Colombia por Salvación Nacional. Me propongo ayudar a impulsar una reforma integral a nuestro sistema de justicia, que realmente proteja la vida, honra y bienes de todos y garantice el acceso efectivo de toda persona. Pondré mi experiencia profesional de más de 30 años en el sector privado, como abogado, docente, conciliador, secretario y árbitro, para tratar de lograrlo.

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domingo, 9 de enero de 2022

Pifiados

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Soy consciente de que criticar es muy fácil y que una cosa es ver los toros desde la barrera y otra estar en el ruedo. Creo que eso le ha pasado a la mayoría de nuestros políticos. Cuando están en campaña sus promesas colindan con la fantasía, pero cuando están en el poder chocan estruendosamente con la realidad: la cosa es a otro precio.

Son tan abiertos y democráticos para ganar electores, pero tan cerrados y dictatoriales para manejar ciudadanos. Son tan cercanos al pueblo (viajan en transporte público, comen fritanga en la plaza, visitan la gente en sus casas, saludan de mano y se toman fotos con todos) eso cuando quieren sus votos, pero ya en el poder, viajan en caravanas escoltadas, se vuelven distantes y prepotentes, poder hablar con ellos se vuelve imposible, se les ve en restaurantes costosos… Así los de derecha como los de izquierda, todos cortados con la misma tijera. Por eso se afanan hoy día por volverse de extremo centro, dizque para tomar distancia, pero en realidad son los mismos con las mismas. Solo han cambiado sus máscaras.

Es un fenómeno generalizado, pero todos resultan decepcionantes. No ha habido gobernante totalmente exitoso. Y cuando de pronto temporalmente lo han sido, el poder los enceguece y corrompe, se casan con él y cuando enviudan se vuelven insoportables.

No voy a hablar del POT porque ya bastante lora ha dado desde hace rato. Solo me llama la atención que la alcaldesa hizo exactamente lo que no dejó que otros hicieran. Parece que, al gobernar una ciudad compleja, cayó en cuenta de que la cosa no es “soplar y hacer botellas”. Pero donde se pifió del todo es en el manejo de la movilidad. Para desincentivar el uso del carro particular y promover el transporte masivo, se inventaron eso del “pico y placa”, Estruendoso fracaso, porque después de tantos años no tenemos un sistema de transporte masivo solvente y eficiente, pero tampoco la movilidad ha mejorado con las restricciones a los vehículos particulares.

El error craso fue pretender hacer una restricción más rigurosa que la de unas horas al día o unos días a la semana. Inmediatamente se duplicó el parque automotor, porque la gente decidió proveerse de un auto con placa diferente, de modo que nunca le faltase transporte. No se hizo nada. El remedio fue peor que la enfermedad. Paso hace unos años, y ahora se repetirá la historia, con más fuerza, porque más agobiante es la necesidad.

Pero la guinda de la torta se la lleva la hipócrita medida de que, si usted paga, entonces puede movilizarse. Al fin qué: ¿el problema era de movilidad o era de plata? Porque si fuera de movilidad por ningún motivo habría esguinces a tan draconianas medidas. Parece que por la plata baila el perro. Dizque impuesto solidario. No. Más plática para los bolsillos de los corruptos. Por lo pronto, acuérdense de mí, si antes esto era caótico, ahora será definitivamente infernal.

Pero ya verán que nos deparan los populistas de turno: para reír…o ¡llorar!

domingo, 14 de noviembre de 2021

Yo confieso

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Ahora, al cabo de los años, cuando el tiempo ha pasado, me preguntan lectores de El Pensamiento al Aire, algunas otras personas conocidas y muchos desconocidos que me escriben, que por qué no aspiro a ocupar un cargo público de elección popular en estos comicios que se avecinan, a lo cual les contesto que prefiero aportarle al país con alguna idea, opinión o cuestionamiento, a través de este medio, en el que llevo ya escribiendo desde 2013, en forma continua y semanal, en compañía de otros 10 columnistas que día a día aportan con su opinión a construir un mejor país.

Pero debo confesar que, desde niño, desde la época de colegio en San Ignacio, tuve siempre la ilusión de participar activamente en la vida pública y ser alcalde de Medellín o gobernador de Antioquia, e inclusive, tuve un gabinete escrito en una servilleta en el que cada uno de mis compañeros, de acuerdo con sus habilidades o creencias, en ese tiempo ocupaban una secretaria especifica. Eran las horas de conversaciones como próximos bachilleres en el que los sueños estaban a flor de piel y teníamos miedos al enfrentar el próximo paso que era la universidad, pero sentados conversábamos de Colombia y sobre lo que sucedía. Y nosotros, con nuestro pobre conocimiento, expresábamos ideas sobre ello.

Tal vez ninguno visualizó el caos que se nos vino en los siguientes años por cuenta del narcotráfico, la narcoguerrilla, las autodefensas y las bandas criminales, la corrupción, la mentira y el engaño, y por la apertura del mundo, las comunicaciones, el internet, las redes sociales, en fin, un mundo que no conocimos. Vivíamos con el conocimiento que en las conversaciones y tertulias familiares obteníamos y con el aprendizaje en el colegio, espacio en el que sí aprendimos de historia, geografía, matemáticas y sobre todo de ética y valores, y disfrutamos de la amistad que aun pasados casi 50 años perdura en el tiempo como si este no trascurriera.

También con mis padres Froilán Montoya Mazo y Marina Hoyos, comentaba de mis sueños, acrecentados por el empuje y ánimo que me daban, porque no olvido el ejemplo que me dieron, su formación en valores, la enseñanza sobre la amistad, el respeto por los demás y el valor de la familia, bagaje que son para mí las riquezas de la vida y que nadie me quita. Allí sentado, con ellos jugando ajedrez y tertuliando como ya lo dije, fui forjando mis sueños. Con el paso del tiempo fui cumpliendo cada uno, sin prisa, con constancia y persistencia y gracias al apoyo y amor de mi esposa, mis tres hijos, mis hermanas, mi sobrina, mi sobrina nieta, y los amigos que me han acompañado en este breve recorrido de la vida terrenal.

Un día cualquiera, ya profesional, opté, por decisión personal, dedicarme al ejercicio del derecho y logré ser abogado de empresas, consultor, gerente, negociador y conciliador. En cada momento aprendí a conocer a mis congéneres, a compartir el día a día, mejorando procesos o luchando en los estrados judiciales, pero nunca dejé de pensar en el bienestar de Colombia, en lo que podía hacer yo para obtener para todos mejores condiciones de vida en nuestro país, un territorio en el que pudiéramos caber sin necesidad de matarnos, respetáramos las diversas opiniones y concertáramos, para así mejorar las terribles nubes de odio, rencor y muerte que sufrimos y aún tenemos encima.

Tuve, en dos ocasiones, la opción de aspirar e inclusive encabezar una lista para concejo, pero les cuento que, reunido con el grupo de trabajo que conformé inicialmente, realicé una reunión casi qué final para darle vida al proyecto y se me vino a la mente un recuerdo de mi madre diciéndome que ella sufrió acompañando día a día a mi padre en su larga vida política. Ella le aportó ideas y sin duda alguna fue un valioso soporte que tuvo mi padre, en su extensa vida pública, en las buenas y malas. Recordé entonces que me dijo que no la hiciera sufrir nuevamente esas angustias ni las trasladara a la familia… por eso consulté con mi almohada en un momento de silencio y decidí dejar ese camino a un lado, aborté la aspiración.

Sin embargo, no he dejado de escribir, leer, prepararme, conocer en detalle este país, conversar con las personas, oír y soñar, y aportar a través de mis escritos para que en algo logre influir en los servidores públicos que hoy ejercen cargos de elección; pequeña pretensión, pero es la que me mueve, me motiva y me satisface.

Actualmente participo como ciudadano como uno de los miembros fundadores de Primero Antioquia, en el proceso de revocatoria del actual mandatario de Medellín, movimiento civil que defiende a capa y espada la institucionalidad, el respeto por la tradición, los valores y la antioqueñidad, y que hace parte del Pacto por Medellín.

Esta confesión personal, me quita un peso de encima, dejando claro que no puedo, ni quiero aspirar a cargo alguno. Y quiero agregar que quien nos represente debe tener claro que:

* Se trabaja por intereses generales, no por los propios.

* El orden y la disciplina deben ser la base de su actuar.

* El respeto, la solidaridad con los demás, la concertación, la tolerancia y ética tienen que estar por encima de cualquier otro interés.

* Es indispensable que genere condiciones de vida a través del trabajo, no del subsidio, para todos los ciudadanos, sin tener en cuenta la edad o condición.

* Debe hacer respetar la ley a toda costa.

* Hay que impedir que las manifestaciones públicas perjudiquen a la mayoría de los ciudadanos; no aceptación de paros y menos vandalismo, duro con los promotores y contra los que dañan los bienes públicos.

* A través del Ministerio del Trabajo y de Agricultura forjar una verdadera acción, constante, para recuperar el campo, protegiendo al campesino y fomentando, por medio del cooperativismo, fuentes de trabajo.

* Es prioritario darles vida económica a los 1.125 municipios, de los cuales, muchos de ellos sobreviven en condiciones de pobreza graves. Por ello, se deben dotar de buenas escuelas, profesores que no sean de Fecode, comercio activo, el ejército y la policía actuante, que sepan quién vive y qué hace en el lugar, propiciar la recreación, incentivar el deporte y dar trabajo a todos, que es fácil, no imposible; así construiremos un mejor país.

* No menos importante es la necesidad de apoyar a los empresarios y a la industria que es la que genera empleo de valor.

* Y, por último, promover y apoyar una reforma a la justicia, al Congreso, cambiar las condiciones para aspirar a cargos públicos y sobre todo evitar estar allí para obtener beneficios personales.

Hay muchas más ideas, viables, sencillas de ejecutar, para lograr un cambio en la mentalidad de los ciudadanos, que crean en la democracia, la respeten y la apoyen, de lo contrario vendrán tiempos difíciles.

Así termino hoy mi confesión, pensando que he sido coherente, que creo en la gente, la democracia, la familia, la propiedad privada, la libertad de cultos, el trabajo, la libertad de escoger arte, profesión u oficio, y sobre todo que, educando en valores y principios desde el colegio y la familia, recuperaremos el norte.

sábado, 26 de junio de 2021

Se me daño el opinadero

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

En los pocos años que llevo tirándomelas de opinador sobre temas de actualidad, opiniones que muy amablemente me publican en algunos blogs y que me hacen sentir vigente, siempre he creído que mis humildes aportes puedan ser útiles.

Hoy vengo atravesando una especie de crisis con auto cuestionamientos y lo primero que me he estado preguntando es ¿quién soy yo para andar opinando?, ¿mis opiniones sí servirán para algo?, ¿la polarización si será el camino?, ¿se podrá recuperar la confianza en las instituciones?, ¿los partidos y movimientos políticos estarán interesados y dispuestos al cambio?, ¿si le estamos parando bolas al medio ambiente?, etcétera.

Estos auto cuestionamientos me han desmotivado y por eso creo que se me dañó el opinadero. Aunque viéndolo bien, mis artículos de opinión han sido acertados; por ejemplo, insistir en el interés general sobre el particular, en la necesidad de un muy buen comportamiento de todos, de trabajar por el medio ambiente, empezando por nuestros hogares con la separación en fuente, solicitar que los sectores políticos saquen adelante los temas en que al parecer están todos de acuerdo y que con pequeños ajustes de grandeza se superarían; reiterar la necesidad urgente de austeridad y eficiencia del Estado en las tres ramas del poder público y en los órganos de vigilancia y control, alertar sobre los efectos económicos, sociales y políticos de la creciente informalidad, que va bien ligada con la ilegalidad de la coca, porque ya el tema de la marihuana va tomando su rumbo medicinal y hasta recreativo, cosa que debería seguir con la coca, sin descuidar la asistencia social de recuperación para alcoholismo, drogadicción, prostitución, juego y otra cantidad de conductas que atentan contra las familias colombianas que, de paso, debemos priorizar como núcleo natural de la sociedad.

Como abuelo y jubilado, sigo buscando dónde pueda ser útil, siendo lo más claro y prioritario mi ambiente familiar, sin estorbar ni exigir más presencia de la solicitada y requerida por ese entorno. En segundo lugar, ayudar en el entorno vecinal, que considero se debe robustecer como el segundo grupo objetivo de personas para la sana convivencia, por supuesto luego del familiar, para tratar de pasar al campo de la ayuda social que toque a los más necesitados, empezando de adentro hacia afuera.

Ya las épocas en que me creí parte de emprendimientos por haber estado durante muchos años en creación de empresas, pasaron y se olvidaron, con la entrega generacional de lo construido.

Nuestro país sigue adelante, nuestras vidas también, hasta que nuestro Señor Jesucristo lo disponga y con su ayuda superaremos todas las dificultades, si nos dejamos abrazar por la humildad, la tolerancia, la inclusión y la generosidad que implican la convivencia.

Por las experiencias en el sector público, me encanta hablar de política, pero es como arar en el desierto. Los sectores políticos de todas las tendencias siguen convencidos de que la polarización es la que les permite mantener las condiciones favorables para sus intereses particulares.

Los programas que hemos venido trabajando sobre el Pacto Global de la ONU, con sus 17 objetivos para el desarrollo sostenible, con miras al 2030, se ven de muy lejano cumplimiento y más ahora que, según dicen las malas lenguas, las ideologías de la izquierda dizque están permeando las diferentes organizaciones y mecanismos de esta importante organización, argumento que me resisto a creer; si alguien debe ser totalmente imparcial, debe ser la ONU.

Agradezco la paciencia de las pocas personas que me leen y me escuchan, a las que ofrezco disculpas por los errores, de redacción y ortografía y, por supuesto, por las ideas y comentarios entendidos en oportunidades en sentido contrario al pretendido.

Estoy tratando de superar esta crisis para poder mantenerme vigente en este ejercicio de opinión, si Dios me lo permite y con la iluminación del Espíritu Santo, tarea que implica estudio y trabajo, para que sea del interés de los lectores y no sólo para llenar espacios con contenidos.

Mil gracias por su comprensión.

viernes, 25 de junio de 2021

Política, religión, fútbol

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Se ha vuelto una costumbre colectiva vetar tres temas si se quiere vivir en paz: no hablar de política, no hablar de religión, no hablar de equipos de fútbol. Se da por descontado que estos asuntos suscitan tantas pasiones que evidenciar los mutuos desacuerdos al respecto sólo genera discusiones interminables y acaloradas, enemistades de por vida, violencia verbal que desemboca en violencia física e, incluso, guerras y muerte. En realidad, no hay ganadores, todos pierden.

Me parece que esta constatación, más que evidenciar un fenómeno humano, en realidad pone al descubierto la inmadurez humana, entendida esta como la incapacidad de ser tolerantes o la contumaz renuencia a respetar la contundente realidad de que todos somos muy diferentes y de aceptarnos como tales. Lo hemos visto estos días, otra vez, en el candente y desconcertante mundo de la política criolla, en la agresividad verbal contra miembros de la iglesia católica y en la violencia y muerte que se dio después de la final del fútbol colombiano.

Ante esa realidad uno tiene varias opciones: entrar en el juego de las polarizaciones; adoptar la posición del avestruz y no querer hablar del asunto; negar la evidencia y decir que esto no es cierto y que esa realidad no existe o, lo que sería sensato: quitarle el tabú al cuento y maduramente dialogar sobre estos asuntos sin necesidad de precipitar nuestra extinción.

El tema político es ineludible para un ciudadano serio, de conciencia crítica bien formada y que quiere un mejor futuro para su país. Es un asunto personal, pero tiene implicaciones sociales y no puede depender de tradiciones familiares. Menos aún podría mutilarle a uno la posibilidad de disentir obligándolo a ser llevado de la nariguera por una cuestión que llaman “disciplina de partido”. En cabezas de un partido no entiendo el transfuguismo de los que le baten cola al poder de turno, pero tampoco entendería, repito, el no poder renunciar, en un determinado momento, a un partido que está desdibujado, no tiene norte claro o va en contravía de principios y valores en los que uno cree.

En religión, a lo largo de la historia hemos visto las barbaridades que se han cometido en nombre de Dios, o de Alá, o de cómo quieran llamarlo. Creer que los demás son infieles, anatemas o blasfemos sencillamente porque no profesan el propio credo, en realidad ha sido una estupidez manifiesta, propia de mentalidades atrofiadas y sin un horizonte humano y espiritual amplio. Fundamentalismos, integrísimos y conservadurismos solo le han hecho gran daño a muchos y han generado resentimientos, resquemores, odios viscerales y posturas irreconciliables.

Finalmente, en el fútbol, como en la política y la religión, pareciera que optar por un equipo, una camiseta de color, unas barras con sus himnos y consignas y unas cuantas estrellas que hay que ganar, se convierten en asunto de vida o muerte. Personalmente soy hincha de fútbol y recuerdo aterrado de cuando un día me puse el uniforme completo con chaqueta y gorra, orgulloso de mi divisa deportiva y alguien me gritó antes de salir a la calle: “¡quítese eso si no quiere que en la calle le peguen una puñalada!” Increíble, inaceptable, abominable. ¿Cómo así qué hay un muerto y muchos heridos entre hinchas de Millonarios al término de la última final?, ¿cómo así que las barras bogotanas de Nacional no aceptan las barras que vienen de Medellín? ¡Oye! Esto es de locura, es decir, esto ya es enfermizo y no sé si patológico.

Me imagino a los extraterrestres mirándonos y diciéndose entre ellos: esperemos un poquito más que ya casi esa raza humana, que paró de evolucionar, está a punto de extinguirse a sí misma, sola ella.

viernes, 18 de junio de 2021

Rol político del educador

José Leonardo Rincón Contreras

José Leonardo Rincón, S. J.*

La reciente salida en falso del presidente del sindicato profesoral, cuando en entrevista radial dice que su actuar en el Comité Nacional del Paro tenía claras intenciones electorales de cara a los comicios de 2022, me obliga como educador, que lo he sido por más de 35 años, a compartir con ustedes lo que pienso al respecto.

Quienes afirmamos como válida la formación integral en el currículo, sabemos muy bien que la dimensión sociopolítica es tan importante como las otras dimensiones: ética, afectiva, cognitiva, estética, comunicativa, espiritual y corporal, y que una educación humanista y holística no puede prescindir de ninguna de ellas so pena de correr el riesgo de mutilar facetas imprescindibles. La clave está en el balanceo de todas ellas, todas son importantes, todas necesarias. Error craso sería exacerbar una de ellas en detrimento de las otras.

La educación es un acto político estratégico, de ahí que los regímenes de toda ralea, cuando asumen el poder, se apresuran a tratar de controlarla y manipularla en aras de sus particulares intereses. Y es un acto político en la medida en que forma las nuevas generaciones de ciudadanos bien para adoctrinarlas haciéndolas clones sumisos frente a un statu-quo, bien para formarlas libres, responsables, autónomas, con pensamiento auténtico y crítico, esto es, personas.

En el acto educativo, entonces, el centro del proceso es la persona del estudiante. Todos los demás actores, llámense directivas, profesores, administrativos, padres de familia, exalumnos, son “satélites” que gravitan a su alrededor. Me parece que el señor de quien hablamos y la entidad que representa desde hace muchos años tienen trastocado el eje pues quieren colocar en los profesores un protagonismo que no les corresponde. Entiéndase bien lo que digo, por favor, para que no me excomulguen del gremio sin que haya acabado de explicarme: una cosa es la necesidad de hacer valer nuestra dignidad como educadores, velar porque se nos respeten nuestros derechos, garantizar el reconocimiento que tan noble vocación merece, actitudes elementalmente justas, y otra, es olvidar a los estudiantes anteponiendo nuestros razonables intereses sobre el derecho que también ellos tienen a recibir una educación oportuna y de calidad.

Si a la pandemia que per se ha sido desastrosa por sus devastadores efectos sanitarios, físicos y emocionales en todos, sin mencionar los económicos, se suma no querer trabajar en la escuela porque hay una reforma tributaria en curso, porque hay una reforma en la salud, porque se plantea una reforma en el sistema pensional, porque no nos han vacunado contra el covid-19, porque no se han garantizado las condiciones de bioseguridad, porque vamos a hacer paro tras paro y siempre hay algún pretexto para parar, oye ¿cuándo, pues, vamos a educar a estos niños y jóvenes? Sí, esos mismos que han sido protagonistas en estos días porque los han convertido en carne de cañón, que dicen no perder nada porque nunca han sido ni tenido nada, generación no futuro y sin esperanza. Que los gobiernos indolentes de turno tengan su responsabilidad, nadie lo discute, y ¿cuál es la cuota que debemos asumir los educadores en esta debacle? Qué es mejor: ¿dejar abandonados a estos estudiantes sin hogar y sin escuela por andar en protestas y marchas, o ejercer el más revolucionario de todos los actos que es precisamente educarlos para que sean los transformadores de este caos estructural en el que nos encontramos? Ese es el verdadero rol político del educador, no estar buscando politiqueramente una curul en el Congreso, sumiso a un determinado partido político. Hablémonos honestamente y pongamos las cosas en su sitio. Si quiere hacer política callejera, hágala, está en su derecho, pero no la haga parando un gremio que ya debería estar trabajando, no a costa de una generación entera de colombianos.

martes, 5 de enero de 2021

De cara al porvenir: economía, política e inconsecuencia

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

La gran mayoría de los economistas serios coinciden en que para poder reactivar o activar la economía en un mundo capitalista, la fórmula a emplear es sencilla: mejorar las condiciones para que se incremente la demanda, lo cual servirá como detonante para generar el momentum del círculo virtuoso donde si hay ingresos hay demanda, si hay demanda hay producción, si hay producción hay utilidades y empleo, si hay utilidades mejora la reinversión o la inversión, si hay empleo mejoran los ingresos por salarios o la capacidad de crédito para seguir consumiendo, y así sucesivamente.

Hasta este punto, casi todos vemos la descripción anterior como más o menos lógica y sobre todo coherente.

Sin embargo, cuando llega el momento de fijar el salario mínimo, parece que a los empresarios se les olvida este esquema y aparece de nuevo el “coco” de que si se suben los salarios, se merma la real capacidad de mantener y generar empleo, lo cual se ha convertido en “un verdadero mito político-académico”, por no decir que en un “mito urbano”.

Con este cuentecito nos traen desde el Frente Nacional, y la capacidad de generar el empleo que se requiere no se ve por ninguna parte, a pesar de tener también a su favor un sistema tributario lleno de excepciones y gobiernos timoratos generosos en subsidios.

Luego discutiremos argumentaciones con respecto a la productividad y la eficiencia.

Si seguimos haciendo más de lo mismo, pues jamás vamos a encontrar resultados distintos.

Ojalá los altos intereses nacionales sean alguna vez considerados como prioritarios y de verdad lleguemos a tener gobernantes con el conocimiento, la voluntad, la capacidad y el carácter para tomar las decisiones que se deben tomar y no aquellas que benefician el sostenimiento de una falsa gobernabilidad.

Pasando a otro tema no menos importante, surge de nuevo la discusión si para la competencia futbolera con resultados positivos se requiere el desarrollo o no de procesos con continuidad.

Para los hinchas del Atlético Nacional es fácil hablar de la bondad de procesos que han sido exitosos como los vividos inicialmente de la mano de Zubeldía y posteriormente de la mano de Maturana y mi muy querido Bolillo Gómez, proceso último que se llevó a la Selección de Mayores también con resultados muy positivos.

Incluso, la obtención de la Copa Libertadores de 2016 fue el resultado de un proceso iniciado en 2011 por el Sachi Escobar, continuado con convicción por los directivos y el profesor Osorio, quienes no sucumbieron a la tentación de hacernos caso a los hinchas y barrer con la nómina que fracasó en la Libertadores de 2012. Y, así, llegaron los seis títulos y la final de la Sudamericana. Finalmente, cuando llegó Reinado Rueda, muy inteligente y pragmáticamente se apoya en la base existente y consolidada, la refuerza con algunos jugadores y elemento de su idea de juego y el resultado fue una Libertadores, una Supercopa Sudamericana y una final de Copa Sudamericana malograda por el triste suceso del Chapecoense.

Sin embargo, la exigencia de la competencia actual no da espera. Llega Guimaraes al América y en un semestre lo saca campeón y renuncia. Llega Juan Cruz Real, también al América y en un semestre lo saca otra vez campeón y anuncia su renuncia. Llega un técnico idóneo, querido por la hinchada, aportante de varios títulos locales, parte del patrimonio nacionalista como el profesor Juan Carlos Osorio y por falta de resultados debe hacerse a un costado.

¿Cuál proceso desarrollaron Guimaraes y Cruz? ¡Pues ninguno! Y así y todo salieron campeones.

Hoy mi muy querido Bolillo llega a dirigir al otro equipo de plaza y en su primera rueda de prensa dice palabra, más palabra menos: “quiero iniciar un proceso a 5 años. Espero que no me echen dentro de un año para poder darle continuidad al proceso”. Lo anterior suena lógico bajo la perspectiva de los procesos, pero irreal e iluso a la luz de la lógica de los resultados.

Los grandes equipos del mundo tienen altibajos y muchas veces son debidos a la salida de técnicos y cuerpos técnicos que trabajan mucho pero no entregan títulos ni campeonatos. Ejemplos como el de Sir Alex Ferguson sirven para confirmar que la excepción hace la regla.

En el caso colombiano, parecería haber una constante: para ser campeón de Colombia no es necesario ningún proceso, basta con una nómina decente y una buena racha en la instancia final, pero los fracasos rotundos de nuestros clubes en los torneos internacionales de los últimos años, sugiere que para ser competitivo en tales torneos hace falta algo más y, posiblemente ese algo sea un proyecto serio y coherente.