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lunes, 14 de julio de 2025

Reflexión: dónde está la estrategia de país del sector privado?

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Convengamos que, para avanzar positivamente y cumplir unos objetivos, en todo lo que se haga profesionalmente en una empresa, una institución o un Estado, se necesita una buena estrategia.

Quedó demostrado en 2021 que para crecer no necesitamos reformar la Constitución. Pero como vamos hoy, estamos en la verraca olla pues el sector privado se acomoda a que sean las falaces promesas de campaña y lo que les dé la gana de hacer a los políticos desde el poder, lo que determine el rumbo del país y su estrategia de crecimiento y desarrollo.

Hoy la clase política se lucra de la inoperancia de quienes representan el sector privado contributivo, gremios y centros de pensamiento, que no se unen para plantear una estrategia que determine cuál es la conducción que necesita seguir el país para lograr un crecimiento dinámico de su economía formal.

Durante décadas la subversión se propuso conquistar el poder ejecutando una estrategia que contó con la complacencia de quienes vendieron libertad y justicia por fama y metálico. Hoy están enfocados en la generación de caos que conlleva a la pérdida de libertades personales y socioeconómicas y a la destrucción de la institucionalidad democrática. El control de 2/3 del territorio, el número de milicianos infiltrados y el incremento en un 50 % de las organizaciones criminales en tan solo tres años, indican que todas las fuerzas del mal, empezando por el Gobierno que controla todo el Estado, siguen una estrategia que vienen ejecutando a la perfección.

El Gobierno actual tiene como objetivo inmediato para preservar el poder, auspiciar la impunidad, cogobernar con el crimen organizado e instaurar un nuevo orden constitucional basado en el totalitarismo y soportado por la impunidad. Y eso se logra fácil al destruir la economía formal y contributiva para poder controlar una sociedad empobrecida donde solo quienes están en el poder gozan de privilegios, cual es el caso de Venezuela.

Estamos divididos bajo el sofisma de la maldad de la izquierda o de la derecha, que encubre la distinción entre lo legal y lo ilícito, entre comunismo y generación de riqueza, y entre desatender una mayoría honrada y trabajadora y subsidiar una población creciente de “ninis”. No se puede seguir consintiendo que el único objetivo de quienes se distinguen como “de profesión político” sea mantenerse en el poder a toda costa. Es así como el clientelismo medra de un Estado anárquico y los funcionarios olvidan que están ahí para representar y servir a los particulares y no para suplir sus propios intereses.

Es una gran vergüenza tener un ámbito político lleno de incertidumbres, donde todo personaje que figura en los medios está enceguecido por la delusión de ser presidente. Tenemos más de 70 candidatos quiméricos a quienes nadie les confiaría manejar una estrategia empresarial.

Si seguimos así, aumentará la miseria social que genera la combinación de narcotráfico, violencia, terrorismo, inseguridad, injusticia y corrupción política.

Es menester que los privados pasemos del rebusque individualista a consolidar una unidad de criterio que nos permita liberarnos de un liderazgo mediocre, para poder llegar a confeccionar y exigir a los políticos que implementen una estrategia que demande decisión política, trabajo en equipo y estar de acuerdo en las siguientes premisas esenciales:

1. Garantía de la seguridad a quienes cumplan las obligaciones cívicas. Para que haya justicia y se genere una cultura de legalidad y obediencia a la ley, se garantice el castigo ejemplarizante al delito y al delincuente, y exijamos que no se consienta ni se negocie más con el terrorismo.

2. Erradicación de todo lo relacionado con la cultura de la cocaína y la minería ilegal. Se requiere una política de Estado multidimensional de mediano plazo que acometa contra su nefasta influencia en las personas, la sociedad y el medio ambiente.

3. Un Estado dedicado solo a sus funciones esenciales. El Estado en lugar de ser percibido como un negocio para el beneficio de los políticos, tiene que ser entendido como el simple garante de las libertades económicas y de mercado; respetar la independencia de poderes y su funcionalidad, especialización y efectividad.

4. Rebajar la corrupción a su mínima expresión de manera que se pueda detectar y castigar. Los funcionarios que cobran sueldo de los impuestos de quienes generan actividad económica contributiva, deben entender que su función es servir eficientemente al ciudadano, no lo contrario.

5. Digitalización y reducción del Estado al mínimo operativo posible sin perder eficiencia. Ofrecer conectividad y trámites en línea y servicios públicos competitivos, y promover la educación y la continua capacitación de todo el capital humano como garantía de sostenibilidad de crecimiento económico fundamentado en la realización del gran potencial de desarrollo que tiene el país.

6. La generación de confianza económica, estabilidad de las políticas de Estado y reglas claras. Es la única forma de lograr más actividad y velocidad económica que generen crecimiento, preservando la ortodoxia en el manejo de la hacienda pública para lograr salir de situaciones deficitarias y combatir el enriquecimiento fácil que solo beneficia la formación de capitales ilícitos.

7. No podemos olvidar que el socialismo, el comunismo o la convivencia con fuerzas criminales y narcoterroristas no son alternativas viables. Para que haya justicia social tiene que haber generación de riqueza. A partir del empobrecimiento no hay nada que se pueda repartir.

Por tanto, Colombia necesita que el sector privado trabaje en construir y exigir a quienes se quieran elegir, una estrategia país comprometida con la seguridad ciudadana como un derecho y que propenda por la generación de oportunidades, por la confianza en las libertad de mercados que atraen inversión, generan empleo y fortalecen una clase media sin la cual es imposible volver a la vía del desarrollo.

martes, 7 de noviembre de 2023

De cara al porvenir: empleo y solidaridad

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

En épocas de alto desempleo y de comportamientos inestables de la economía, es donde se hace imprescindible ser creativos y solidarios para garantizar la existencia de oportunidades laborales y de generación de ingresos  para que la gente subsista y no estemos incubando de manera creciente la figura perversa y perniciosa de los subsidios, figura que es necesaria de carácter temporal ante ciertas circunstancias y emergencias, pero nunca de manera permanente y menos como forma de vida, pues esto es absolutamente insostenible e inmoral.

Depende de los Gobiernos sentar las bases para establecer confianza y estabilidad para que los inversionistas se la jueguen dentro del país, así como establecer mecanismos que permitan en el ámbito macroeconómico dinamizar la economía, ya buscando la generación rápida de empleo apostándole a la construcción y al agro y de manera mediata, a la industria, al comercio y a los servicios.

El Estado sigue siendo el principal consumidor de productos, bienes y servicios en el planeta, así como el principal inversor, sobre todo en prestación de servicios y en obras de infraestructura pública y de mantenimiento del espacio público. Por eso el manejo de los recursos –que son de todos– debe ser impoluto y transparente.

Sin embargo, nosotros también podemos aportar nuestro grano de arena en el ámbito microeconómico, cada uno, con sus reales posibilidades, pero atendiendo los principios de colaboración y de solidaridad. Lo anterior no es solo un buen propósito o un acto de caridad, es un acto de civilidad y de pragmatismo, ya que, si mejoramos las condiciones de nuestro entorno, más seguros estaremos.

Veamos algunos ejemplos que podrían ser vistos como ir en contravía de las facilidades que nos ofrece la tecnología o de la búsqueda permanente y continua de racionalizar los costos y los gastos o de la preeminencia de criterios como eficiencia y eficacia, de productividad y de competitividad, pero es que el momento histórico que estamos viviendo, merece, requiere y necesita una mirada distinta, una mirada llena de generosidad y de justicia, ahora que todavía tenemos alguna posibilidad de maniobrar y de tener la iniciativa.

¿Qué tal si en nuestras unidades residenciales garantizamos el empleo de los 3 turnos de vigilancia y de servicios varios todos los días de la semana?

¿Qué tal si contratamos a las personas del servicio doméstico cumpliendo plenamente con los mandatos le ley?

¿Qué tal si en los edificios públicos y privados volvemos a tener la figura de los ascensoristas aún en ascensores inteligentes?

¿Qué tal si el Estado coloca turnos de 24 horas para la prestación de todos los servicios fundamentales y de trámites entre el ciudadano y el Estado?

¿Qué tal si las empresas –a conciencia– vuelven a realizar de manera manual algunos de los procesos o actividades previamente automatizadas?

¿Qué tal si hacemos un inventario de todas las cosas que tenemos por hacer, construir o reparar en nuestros hogares y oficinas y comenzamos paulatinamente a realizarlos?

Construir o ampliar nuestra casa, pintar y embellecer los espacios, reparar y forrar los muebles, arreglar los jardines, hacerles mantenimiento a los techos, reparar y hacer mantenimiento de los electro y los gasodomésticos, cambiar las cortinas, arreglar los zapatos y las prendas que lo ameritan, ir al peluquero y al manicurista, lavar el carro, regalar y donar lo que no usamos, apoyar económicamente orfanatos, ancianatos y entidades que desarrollan actividades de atención y protección a los más vulnerables, incluyendo animales.

Apoyar a quienes desarrollan artes y oficios y que nos pueden ayudar a resolver problemas como los ebanistas, los carpinteros, los pintores, los electricistas, los plomeros, los mecánicos, los albañiles, entre otros tantos y apoyar y promover a personas que trabajan con el arte en cualquiera de sus expresiones y el deporte y que pueden orientar, potenciar y darle clases a nuestros hijos y a nosotros mismos para que nos ayuden a desarrollar destrezas particulares.

Si vamos a celebrar, pues contratemos algunas de las cosas que vamos a necesitar como comida, bebida, recreación, meseros, aseo, entre otras actividades.

Una invitación a que no seamos cositeros, tacaños, mentecatos, amarrados, avaros y mucho menos inhumanos.

Llamémoslo solidaridad, caridad, colaboración, apoyo, altruismo, fraternidad, filantropía, como sea, pero hagámoslo.

¡Hoy por ti, mañana por mí!

El problema es grande y grave, y todos tenemos la obligación, por nuestra conveniencia y por razones de justicia y equidad, de aportar y contribuir proporcionalmente en su mitigación.

Superar el déficit de vivienda que para el caso de Colomba es de 5.3 millones, para Antioquia, 400.000 y para Medellín, 40.000 en números redondos, es otra forma de generar impacto positivo en la generación de empleo.

Según VIVA (Empresa de Vivienda de Antioquia), la construcción de 1 vivienda asocia 4 empleos directos y el mejoramiento de viviendas, 2 empleos directos. El impacto en generación de empleo sería más que notable.

¡No es hora de que nos vaya a quedar grande la grandeza!

lunes, 27 de marzo de 2023

Editorial - Reformas

En su editorial de la semana para El Pensamiento al Aire, el doctor Antonio Montoya H. nos habla de las diferentes reformas que se adelantan en el actual gobierno, el retiro de la reforma política, las dificultades de la reforma de la salud y su posible retiro en los próximos días, el estudio de la reforma pensional y los elementos de la reforma laboral que perjudican el desarrollo empresarial y el incremento de la informalidad. No dejes de verlo.


lunes, 23 de noviembre de 2020

Lo que se viene

Antonio Montoya H.

Por Antonio Montoya H.*

No soy economista de formación, pero, la vida profesional, me llevó a conocer de economía, a entender los análisis complejos que utilizan los gurúes de esta disciplina, a tratar de comprender de forma sencilla y elemental todas sus aristas. Creo que analizar y opinar de economía antes de que sucedan las cosas es bastante difícil, por ello, se dan opiniones, conceptos y soluciones cuando los problemas ya están encima, obviamente, sin ofender a nadie porque doctores tiene la santa madre Iglesia.

Desde el inicio de la pandemia se han emitido pronósticos sobre la caída de la economía mundial, de las consecuencias de la crisis en América Latina y obviamente de la caída y contracción de nuestra propia economía, la colombiana. Cada día son más críticos y nefastos los indicadores ya que se dice que este año caeremos en el PIB un menos 7.8%.

Todos estos augurios son terribles, porque vamos viendo cómo la realidad es más dura que las expectativas que traíamos y que todo el país, sin excepción alguna, se verá afectado de una u otra manera. A mí particularmente lo que me duele es que la familia es la que sufrirá las consecuencias de esta pandemia; allí en el seno del hogar veremos cómo los padres perderán el empleo y las madres tendrán que ser creativas para mantener la unidad y la dignidad. Por eso cada empleo que se pierda es un desastre inminente, de consecuencias impredecibles y no recuperables en el corto plazo.

Imploro para que el sector empresarial no reduzca el número de empleados, que, aunque las utilidades sean menores, no se acaben los puestos de trabajo. Creo que será así por lo menos en Antioquia, en donde los empresarios tienen un gran sentido social y los trabajadores se sienten protegidos. Esto se evidenció con las expresiones del movimiento #POR MI EMPRESA, que probó de forma evidente que hay un trabajo conjunto y un reconocimiento de los trabajadores a los empleadores. Seguramente es así en todo el país, pero no lo han mostrado públicamente y sería valioso que también se pronuncien.

Lo que sí expreso con contundencia, es que el país no aguanta una reforma tributaria más. Sería un despropósito que aunada a los estragos del cierre de la economía se incrementen los impuestos de renta, retenciones y demás gravámenes. Más bien deben trabajar en el Ministerio de Hacienda en buscar mecanismos para que la evasión se evite y eliminar la corrupción en todos los niveles; solo con estas acciones nos evitamos por lo menos reformas tributarias en cinco años. Recuerden que lo que más afecta a los países como el nuestro es el incremento de impuestos, la reducción en el ingreso y ver cómo se roban el país.

El sector público también debe tener austeridad en el gasto, evitar crear secretarias innecesarias como en Medellín, que lo único que genera es burocracia o el incremento desmesurado de personal sin razón, como sucede en Empresas Públicas de Medellín. Seriedad en las administraciones, no malversar el ingreso porque eso se paga en años venideros.

Esta preocupación se me acrecentó al estudiar en algunas empresas los presupuestos y objetivos que se tenían previsto para los años 2021, 2022 y 2023. En ninguna de ellas se mantuvieron iguales. Es probable que los presupuestos que se manejen para el año 2021 sean los que se trabajaron en el año 2018, lo que significa una pérdida grande, de tres años, que tendrá incidencia futura. Volver a los niveles de crecimiento al 2018, o superarlos, no se logrará sino después del año 2023.

En conclusión, el manejo de la economía, la supervivencia de las empresas, el trabajo, la estabilidad familiar y la educación están en jaque. Tendremos que repensar el país que tenemos, volver a la solidaridad, al trabajo, a desarrollar el cooperativismo como fuente de unidad y esfuerzo colectivo.

No nos dé miedo y seamos serios, sin excesos, generemos confianza y si el gobierno impone disciplina y orden saldremos adelante. Acabemos con los vándalos que se apoderan de las calles porque no hay quién proteja al ciudadano de pie. Firmes en la defensa de nuestra economía y en el fortalecimiento de la democracia.

lunes, 5 de octubre de 2020

#Por mi empresa

Antonio Montoya H.

Por Antonio Montoya H.

Algo está ocurriendo en Colombia, y específicamente en Medellín, Antioquia, ya que la ciudadanía se está preocupando por el rumbo que se le quiere dar a nuestro sistema democrático, en el que la institucionalidad no está funcionando, los jueces y las cortes se apoderan del legislativo, revocan los decretos del ejecutivo, no se respeta la tradición jurídica, ni la jurisprudencia, y creen que, bajo otro sistema de gobierno, habrá más empleo y desarrollo. En esto se equivocan de cabo a rabo, porque realmente son los ciudadanos los que crean empleo a través de empresas constituidas legalmente o con negocios personales, el Estado lo que hace es regular la iniciativa privada e incentivar la creatividad y la productividad.

Si desconocemos los avances, mejoras y ordenamiento jurídico, el camino de deterioro de nuestro país será igual al de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Argentina, donde no hay sino pobreza y destrucción del conglomerado social.

Por ello, y en hora buena, se presenta una iniciativa promovida por Libertank y #Por mi empresa, con un claro objetivo de mostrar, de hacer visible la importancia de las empresas privadas en la generación de bienestar de los colombianos, mostrar con la expresión de los trabajadores lo que se hace al interior de cada una de ellas en la parte motivacional, de beneficios sociales, sentido de pertenencia, orgullo por su empresa y por encima de cualquier cosa, la generación de empleo como única forma de demostrar que en Colombia las empresas privadas son necesarias para el éxito de la sociedad, sean estas de cualquier lugar del territorio.

En el Pensamiento al Aire, como sociedad, nos unimos al #Por mi empresa y estaremos el miércoles mostrando a Colombia que apoyamos la iniciativa y creemos en ella.

En Antioquia empresarios de más de 800 empresas y en otras ciudades, invitan a que el miércoles 7 de octubre, a las 9 a.m., día simbólico, salgamos a la puerta de cada empresa y cada sede para mostrar con pancartas, vallas la gran solidaridad de los empresarios y trabajadores colombianos.

No quiero desconocer a ninguno de los empresarios colombianos que están trabajando y promoviendo esta idea, que son muchos, líderes de todo tipo que unieron intereses y se empeñaron en este trabajo de mostrar el bienestar, progreso y desarrollo del país a través de la empresa privada.

Debemos apoyarla todos, digno de elogio el trabajo de estos dirigentes, que motivan, crean empresa, y con la ayuda de los trabajadores mejoran los sistemas productivos, disfrutan el éxito y sufren en las dificultades.

Uno de los objetivos es mostrar que “somos más los que queremos proteger las empresas en Colombia”.

He visto muchos comentarios de trabajadores que seguramente saldrán el día miércoles a la puerta, que agradecen todo lo que se han podido desarrollar al interior de la empresa, como su familia y ellos mismos han crecido en bienestar, y valoran el trabajo, conocen la solidaridad y respetan al compañero, y tienen confianza en el futuro y eso no se puede dejar a un lado. La iniciativa privada, el valor de una idea, la creación material o intelectual merecen apoyo, respeto y garantía, y eso se pretende al visualizar las empresas que son muchas, es inmenso el trabajo y oportunidades que generan.

Esto no es de oportunidad, es un momento crucial para mantener viva la marcha y crecimiento del país.

Por todo esto acompañemos el miércoles esta idea #Por mi empresa. Invito a que nos manifestemos todos, aunque sea solitos, parados en la puerta de la oficina, almacén, o lugar de trabajo. Los empleados de las empresas saldrán pacíficamente a la puerta de su propia empresa para ser parte de este bello acto simbólico de unidad.

viernes, 3 de abril de 2020

Entre la salud y la economía


José Leonardo Rincón, S. J.*


José Leonardo Rincón Contreras
Gústenos o no la cuarentena ha salvado miles de vidas. La ascendente curva que estadísticamente muestra la exponencial propagación del COVID19, en nuestro caso ha sido menor por las medidas tomadas. Que se prolongue hasta el 13 de abril, ayudará a evidenciar los casos latentes que no se habían manifestado y nos dará una idea más exacta del panorama que tendremos que afrontar en los próximos meses.

Para decirlo de una vez, vamos a tener que acostumbrarnos a convivir con el virus hasta que entre el 60 o 70 por cierto de la población se haya hecho inmune, lo cual implicará mantener una disciplina social si no queremos colapsar más allá de lo que ya estamos. Una cuarentena sanitaria férrea hubiera sido ideal, pero para garantizar las diversas cadenas de sobrevivencia en un país como el nuestro, tan complejo y sin infraestructuras sólidas en varios campos, no es realmente posible. El Estado (entiéndase a nivel nacional o regional), por más buena voluntad que tenga, no puede soportar por mucho más tiempo el encierro de su gente hasta mayo o junio. Ideal lo sería para evitar el contagio viral, fatal para la salud mental y para la economía en todos sus niveles. Correríamos el riesgo de una explosión social sin precedentes, porque todo aguante tiene su límite.

La economía global colapsada y en recesión se convierte también en un problema pandémico de salud pública. Para quienes manejan estos hilos de la macroeconomía no ha sido fácil ver desmoronarse sus portafolios de inversiones y los optimistas escenarios que preveían para sus capitales. El mal ya no es de muchos, ni el consuelo es de tontos, porque el fenómeno ha afectado a todo el mundo por igual. Se requiere ser cuerdos y ponderados para conservarse sanos mentalmente frente a la debacle.

La economía local y la doméstica no puede paralizarse del todo. De nada servirá tener supermercados, plazas de abastecimiento y tiendas de barrio abiertas si no hay plata para que un miembro por familia salga de compras. A nivel micro (que en realidad es macro por el volumen de gente) nuestra economía es informal y de rebusque en el día a día y no tiene un soporte contractual laboral estable que le permita sobrevivir el trimestre adicional de aislamiento al que se nos pretende someter. Ahí el problema se convierte en una olla de presión impredecible, porque el aislamiento, por no decir hacinamiento, con el correr de los días se hace insoportable y aunque es cierto que somos resilientes, que le hacemos chiste a todo y que aguantamos bastante, las autoridades no pueden jugar con el hambre de un pueblo que preferirá correr el riesgo de morirse infectado que de inanición por falta de comida. Ojo con esto. Por lo menos el 50% de la gente depende de unos ingresos que en este momento no se están teniendo.

El Papa Francisco acaba de decir que la salud de la población está por encima de los intereses económicos. Eso es cierto, como también es cierto el análisis que acabamos de hacer, pues la realidad no es la misma en todas las latitudes y lo que se desea es un justo balance entre estos dos asuntos que nunca antes habían estado tan estrechamente relacionados e interdependientes. Que hay que cuidar la salud: es un deber moral. Que la economía no puede colapsar: es un reto ético. El sabio equilibrio entre las dos es el desafío para los economistas, porque están aprendiendo que el dinero no lo es todo y que de nada sirve tener plata si no se tiene salud para disfrutarla y que uno puede estar sano, pero si no tiene poder adquisitivo, la economía no se mueve. Es hora de ser justos.

En tanto, desde el confinamiento que vivimos, seguimos aprendiendo todos los días. La naturaleza se ha hecho sentir enérgicamente para recordarnos a los seres humanos que esta casa común hay que cuidarla. Los pájaros han vuelto a cantar, leones marinos se toman Galápagos, jabalíes deambulan por calles italianas, un zorro sale a pasear por el norte bogotano y los perros desconcertados se preguntan qué hacemos los humanos con bozal y castigados en nuestro propio zoo casero. Muchas lecciones de vida estamos viviendo todos los días. Ojalá, como dice el meme que circula por redes sociales, no volvamos a la “normalidad” porque la “normalidad” era el problema.

domingo, 29 de marzo de 2020

El nuevo contrato social del equilibrio y la solidaridad


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Definitivamente el equilibrio y la solidaridad son la solución. Una sociedad, tan desequilibrada, tan insolidaria, no puede prosperar, ni subsistir, ni sobrevivir, ni soportar, y menos, hacerle frente al sin número de problemas que la aquejan a nivel mundial (pandemias, guerras, desastres naturales, hambre, desempleo, informalidad, drogas, alcohol y todo tipo de adicciones, etcétera).

Debemos partir de la satisfacción de las necesidades básicas insatisfechas, superemos el hambre y la salud, que hoy, con la pandemia, requieren de todos los recursos disponibles; de no poderlo hacer, la guerra por la comida saturará aún más los servicios insuficientes de salud y los muertos, los servicios funerarios.

Estados Unidos y Arabia Saudita, tienen que buscar un arreglo equilibrado, con Rusia y China, y a la inversa, ambos tienen que ceder, no pueden seguir destruyendo las economías y los empleos del mundo, tienen que compartir sus riquezas y ser más solidarios, de no ser así, esto se les va a devolver, ya está declarada la recesión mundial.

El mundo necesita urgente comida, pruebas que detecten con certeza y oportunidad los virus, servicios médicos y hospitalarios para manejar los aislamientos de los infectados, drogas y vacunas para su recuperación y mucha capacitación y elementos (tapabocas, desinfectantes, guantes, etcétera) que permitan comportamientos sociales que impidan el contagio, sin paralizar las actividades productivas de bienes y servicios, que eviten la quiebra, por parálisis, de las grandes, medianas y pequeñas empresas, públicas, privadas y mixtas.

El esfuerzo que tenemos que hacer todos para cambiar las costumbres de saludar, de toser, estornudar y escupir, de lavarnos las manos, de desinfectar y desinfectarnos, de hacer fila, de auto cuidarnos para cuidar a los demás, de respetar para que nos respeten, de ceder el turno, el puesto, la silla, en fin, de comportarnos como nuestro Señor Jesucristo nos enseñó, tiene que ser un compromiso solidario, donde con mucho equilibrio y tranquilidad, nos podamos exigir su cumplimiento, los unos a los otros y los otros a los unos.

Llegó el momento en que no deben existir salarios superiores a los $15.000.000 mensuales, ni en el sector público, ni en el privado; que arranquen con el ejemplo nuestros congresistas, para que en su primera sesión virtual se disminuyan el sueldo y en las grandes y medianas empresas en sus primeras asambleas y juntas virtuales, acuerden la disminución.

Las altas cortes, que siguen creciendo en número de cortes y magistrados, deben sin dilaciones ni disculpas, ajustar sus salarios al máximo permitido de $15.000.000.

Las cámaras de comercio, las entidades gremiales y las cajas de compensación familiar, también quedarían sujetas a este máximo salarial.

Ya nos están dando ejemplo los grandes talentos y clubes deportivos del mundo, donde sus deportistas y ejecutivos, ya se bajaron el sueldo, para garantizar el de los que ganan menos y la supervivencia propia y de sus clubes deportivos de las diferentes especialidades.

Todas las entidades públicas y privadas, que sobrevivan a la crisis y desde este preciso instante deben entrar en austeridad total y absoluta; se deben acabar los carros de representación, los esquemas de seguridad innecesarios, los viajes en primera clase, etcétera, con el dinero de los contribuyentes, de los accionistas y de sus clientes.

Hay que frenar el crecimiento desmesurado del Estado, en sectores no prioritarios, replantear los planes de inversión, de desarrollo, los flujos de caja y por ende los presupuestos.

Increíble que ya están producidos el alcohol, los ventiladores, las máscaras, etcétera, y las autoridades de salud del gobierno, no han sido capaces de priorizar las licencias correspondientes.

Queda demostrado que todas las reuniones se pueden hacer virtualmente y creo que los únicos que ni eso han podido son nuestros congresistas. Queda demostrado que son muchas las actividades que responsablemente se pueden realizar desde los hogares, virtualmente, hasta el estudio virtual.

Queda demostrado que las actividades de las cadenas alimentaria y de salud, entre otras, requieren de mucho personal expuesto en las calles, obligados a costumbres de auto cuidado extremo, para protegerse y proteger a los demás.

Lo anterior exige diferentes regímenes laborales, más justos y adecuados a la satisfacción de las necesidades básicas y al interés general.

Lo mejor, se acabó el espacio para los polarizadores de extrema derecha y extrema izquierda; afortunadamente, están entretenidos en estas vacaciones obligadas y pagadas.

Esperemos que nuestro comportamiento permita que el temporal pase pronto y llegue la calma, con todos los cambios que necesitamos, para que el equilibro y la solidaridad, se impongan.

Pongámonos en las manos de nuestro Señor Jesucristo.

domingo, 8 de marzo de 2020

La salud, el empleo y la migración


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
La coyuntura actual nos puso a escoger entre la salud y el empleo, ganó la salud y terminaremos migrando, lo que no sabemos es para dónde.

El grado de contaminación del aire afecta directamente nuestra salud, causando enfermedades respiratorias, se trata del aire que respiramos y sin aire para respirar no es posible la vida.

Yo no sé cuántos empleos se están destruyendo con las medidas extremas requeridas para conservar la vida, protegiendo el aire que respiramos, lo cierto es que todos los negocios del sector formal y del informal también están afectados, y como no producen ni bienes ni servicios, les toca tomar medidas tristes y extremas, despedir personal.

El coronavirus, tiene en estado de semiparálisis las industrias más poderosas del mundo, el sector de la producción de automotores, el sector turístico, el transporte aéreo, en fin, todas las cadenas productivas se suspenden cuando algunos de los suministros, elementos o componentes no pueden llegar a la cadena productiva.

Hoy hay gran preocupación con la producción de medicamentos, si algunos esenciales por falta de un componente, no puede salir al mercado a satisfacer las necesidades de quienes lo requieren para su vida, se puede agravar el tema de salud.

La cantidad de empleos en el mundo que se han destruido por la llegada de este virus, como que son impresionantes; prueba de todo esto la darán los resultados de las empresas formales y no formales y la caída de las bolsas a nivel nacional e internacional.

Escuché que los negocios del hueco están desabastecidos, consecuencia de la semiparálisis que vive China.

Definitivamente, primero está la salud que el empleo; lo que pasa es que, si no hay empleo, tampoco va a haber salud; ¿cómo vamos a satisfacer las necesidades elementales para vivir? ¿Los Estados, estarán en la capacidad económica y logística para alimentar, vestir, atender la salud de sus habitantes? No creo, el efecto será el de más causales de desplazamiento en busca de oportunidades de vida; ya no solo la gente migra por la violencia, por la sequía, por el invierno, ya también va a migrar por los virus, por el aire, por el desabastecimiento, por la falta de empleo.

La vaina es que los emigrantes generan más problemas, más carencias, más virus, más violencia, más contaminación, más gente para los Estados sostener y oír eso es que nadie los quiere en sus territorios.
A lo anterior tocaría agregarle, como si fuera poco, los problemas de corrupción, drogas, alcohol, sexo, degeneramiento, egoísmo, falta de solidaridad y otros males que azotan a nuestras sociedades.

Definitivamente, todos los días se confirman más las frases de que el hombre es un lobo para el hombre y sálvese quien pueda.

Yo creo que todo lo que está sucediendo, obliga a repensar el mundo, vamos demasiado rápido, olvidando que nuestros planes cambian en un segundo.

El calentamiento global, la sociedad de consumo, la globalización, el crecimiento económico, tendrán que regresar a un mundo para la gente, que defina territorios auto sostenibles, autosuficientes, donde las personas se comporten bien, se sientan satisfechas con lo necesario, se cuiden entre sí, cuiden el aire, el agua, los bosques, sean felices con lo que tienen.

Como vamos, vamos mal, no vamos a ser sostenibles, no vamos a ser autosuficientes, no vamos a dejar la corrupción, ni el egoísmo, no vamos a cuidar el medio ambiente, no vamos a dejar de deforestar, los fenómenos naturales, los virus y las pestes nos van a seguir atacando, nuestra salud se va a seguir deteriorando, los empleos se van a seguir destruyendo, por qué seguimos pensando que somos seres superiores, carentes de humildad, de sencillez, carentes de la que debe ser la principal ambición: la satisfacción del interés general sobre el interés particular.

O nos repensamos como personas, como familias, como sociedad, o seguimos trabajando para auto desaparecernos, auto destruirnos.

Es que ni sabemos si el coronavirus fue creado por el hombre o por la naturaleza.

Si lo creó el hombre para enriquecerse, ahí si estamos jodidos.

Lo cierto si es que la polución en Medellín y su área metropolitana la generamos nosotros sus habitantes, imposible que no seamos capaces de aportar, todos, nuestro granito de arena para mejorar el aire que respiramos.

Yo, insisto, practiquemos las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo y oremos para que nos proteja y nos ilumine o atengámonos a las consecuencias.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Obras y más obras



Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Lo han dicho por todos los medios, radio, prensa, televisión, que la forma de desarrollar un país es mediante la ejecución de obras civiles, por cuanto abre las posibilidades al desarrollo agrario, al turismo, genera desarrollo económico y además facilita el trasporte disminuyendo los costos de este y por lo tanto incentiva la productividad.

Las regiones están mejorando las vías, unas con doble calzada otras ampliando las que tienen. Los gobernantes y el gobierno nacional han permitido que el país se integre vialmente y ello conducirá a mejores condiciones para los pueblos que están cerca de las vías.

Todo eso está bien, pero es necesario que las regiones del sur del país también hagan parte de esa estrategia de construir vías importantes y con buenas dimensiones, porque esa zona de Colombia después del conflicto armado está ávida de desarrollo y de integración con el centro del país. Si no se hace se mantendrá la desigualdad, la pobreza y los focos de violencia que surgen por la falta de trabajo, seguridad y salud.

No obstante lo anterior, debo decir que me sigue pareciendo que las obras civiles de construcción de vías nacionales y locales, es de corto plazo, y de pequeñas especificaciones, no pensamos en grande, todas las obras terminan siendo pequeñas y con necesidades inmediatas de realizar obras nuevas.

Una mirada a otros países desarrollados puede ayudar a constatar lo que digo: las vías son anchas con cuatro carriles a lado y lado, puentes por encima, deprimidos, avisos claros, largas avenidas, en fink son obras con proyección al tiempo, no sometidas a la pequeña mente que no nos deja ver más allá. Requerimos dar un salto, pensar en grande, trabajar en grande, aunque nuestra actividad sea pequeña, lo único que ayudará a que disminuyamos las desigualdades es así, creyendo que podemos ser mejores.

Me dirán que construir vías anchas no es posible en Antioquia y yo diría que están equivocados. Los viaductos ayudan, pero también tenemos sitios que favorecen ese tipo de construcción; miren por ejemplo por qué apenas ahora inician construcción de una doble calzada al aeropuerto de Rionegro, cuando desde el principio se debió haber construido así, pensando en grande. No me dirán que esta obra extraordinaria del túnel de Oriente, o el túnel de Santa fe de Antioquia, o las obras de la Avenida Oriental, pudieron desde el principio ser más grandes, más amplias, sí, claro que sí. Pero las mentes no lo dejaron, que era mejor poco a poco y esto no es verdad, hay que hacerlas de una vez y pensando en el futuro.

Así, de esta forma en la que estoy hablando de la infraestructura vial, puedo referirme al agro, al sector industrial, al comercio y sobre todo a temas de importancia suprema como el empleo y la educación. Si no pensamos con mente abierta, cambiando lo actual, llegaremos a un colapso social y todo será diferente.

Señores gobernantes e industriales, a dejar a un lado la miopía, a trabajar con sentido social y de proyección. Podemos ser muy inteligentes, pero sin integración social, sin generar fuentes de desarrollo nos quedaremos en la teoría y no daremos el salto que nos permita ser verdaderos constructores sociales donde quepamos todos y tengamos beneficio para todos. Pensando en grande habrá campo para los 45 millones de habitantes, por ello a construir, generar empleo con innovadoras propuestas, a copar el campo con agricultura sin descuidar la ganadería, y abriendo caminos de prosperidad, los días venideros serán mejores.