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miércoles, 3 de abril de 2024

¿Pánico económico?, ¿complicidad?

Por José Alvear Sanín

José Alvear Sanín
Quisiera que alguno de mis lectores fuese un patriótico penalista, porque este artículo se limita a hacer ciertas preguntas.

La primera sería para saber si el Código Penal está vigente, en todo o en parte, y si se aplica solo a los de ruana, en asuntos tan determinantes como el manejo de la economía nacional y el secuestro de menores.

Una información confiable, procedente de Credicorp Capital, recogida por importantes medios, indica que desde 2021 la fuga de capitales de Colombia alcanza la suma de US $ 13.500 millones, cantidad sin precedentes en nuestra historia económica.

Si el PIB colombiano es de US $ 196.260 millones, esa salida de capitales equivale al 6.8% del producto nacional. Supongo que esa cifra mucho tiene qué ver con la parálisis notoria de nuestra economía.

Ante esa enorme suma, en un país desesperanzado hay dos reacciones posibles: una, execrar a los capitalistas que han decidido poner a salvo sus haberes o parte de ellos; y dos, pensar que lo verdaderamente abominable consiste en vivir en permanente shock económico, que obliga a salvaguardar el fruto de años de trabajo, amenazado por decisiones económicas absurdas, contraproducentes y desacertadas, como las que han llevado a la miseria a tantos países que las ensayaron bajo fracasados gobiernos socialistas y comunistas.

La definición legal de pánico económico se centra, a mi juicio, en la divulgación de una información inexacta que puede afectar la confianza en el mercado de valores, conducente a la inestabilidad financiera. Esto indica que el Artículo 302 del Código Penal se queda corto frente a los efectos de las informaciones, siempre inexactas y alarmantes, que emanan diariamente del actual gobierno y producen pánico, ora en un sector, ora en otro.

Como puede verse, el Código Penal no contempla el efecto acumulativo del discurso económico de Petro, un galimatías formado por opiniones inconexas, inconsultas, fantásticas, falaces, salpimentadas de odio y tergiversación, día y noche, una y mil veces.

El resultado de veinte meses de esta cacofonía económica y social está a la vista: parálisis productiva con el horizonte de la venezolanización del país.

Como el delito de pánico económico se circunscribe a casos puntuales, la suma de 600 días de su inducción por parte del presidente es un fenómeno insólito que ninguna legislación ha sido capaz jamás de imaginar, lo que permite a quien profiere ese torrente de barbaridades escapar a toda posible sanción penal por ese concepto.

Cualquier otro gobierno, en cualquier parte del mundo, hubiera caído por uno solo de los desatinos y escándalos que se suceden en nuestro país.

Debo, entonces, reducir mi pregunta al caso de ECOPETROL, porque quiero saber si la destrucción deliberada de la empresa califica dentro del Artículo 302, porque alguna responsabilidad penal tiene que haber para quienes destruyen el mayor activo del Estado y el mayor renglón de sus ingresos.

                                                                       ***

Tengo muchas otras preguntas para el penalista ideal al que me dirijo, pero por hoy quiero saber si hay complicidad cuando las autoridades “prestan ayuda posterior a quienes siguen conductas antijurídicas”.

Pocas veces algo me ha afectado tanto como la reciente concordancia entre gobierno y ELN en lo referente a la aceptación por parte del primero para que el segundo pueda reclutar jóvenes mayores de 15 años...

Aquí no hay leva sino secuestro, y este es, con mucho, el peor delito que puede cometerse. Por tal razón, la pena del secuestro extorsivo —el que diariamente comete el ELN— va desde 320 meses (26 años), a 504 (42 años).

Algún amigo me informa que, a partir de 15 años, las Naciones Unidas toleran ese “reclutamiento” en determinados casos, que ni siquiera quiero saber cuáles sean, porque no existe nada más horroroso que apoderarse de menores para enseñarlos a matar, esclavizarlos sexualmente, enfermarlos mentalmente y privarlos de todo futuro (si es que sobreviven).

¿Cómo es posible que el gobernante, que ha jurado cumplir con la Constitución y la Ley, pueda colaborar con tamaña abyección? Suponíamos que, a pesar de haber sido secuestrador habría recapacitado, porque su diario discurso altruista es siempre dizque en defensa de los derechos humanos...

De ahí mi pregunta sobre la complicidad, porque si la hay, los señores del gobierno y sus negociadores pueden invocar rebaja de la pena, de la sexta parte (53 meses), a la mitad (252 meses).

Mucho va, pues, del deber-ser a la Realpolitik. Antes de la incorporación del actual Artículo 109 a la Constitución, el intachable fiscal Valdivieso acusó penalmente al presidente por la financiación mafiosa de su campaña. Ahora, cuando lo de Samper parece una futesa y la Carta es violada diariamente, nada podemos esperar de fiscales y de la comisión de acusaciones.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Lo que se viene

Antonio Montoya H.

Por Antonio Montoya H.*

No soy economista de formación, pero, la vida profesional, me llevó a conocer de economía, a entender los análisis complejos que utilizan los gurúes de esta disciplina, a tratar de comprender de forma sencilla y elemental todas sus aristas. Creo que analizar y opinar de economía antes de que sucedan las cosas es bastante difícil, por ello, se dan opiniones, conceptos y soluciones cuando los problemas ya están encima, obviamente, sin ofender a nadie porque doctores tiene la santa madre Iglesia.

Desde el inicio de la pandemia se han emitido pronósticos sobre la caída de la economía mundial, de las consecuencias de la crisis en América Latina y obviamente de la caída y contracción de nuestra propia economía, la colombiana. Cada día son más críticos y nefastos los indicadores ya que se dice que este año caeremos en el PIB un menos 7.8%.

Todos estos augurios son terribles, porque vamos viendo cómo la realidad es más dura que las expectativas que traíamos y que todo el país, sin excepción alguna, se verá afectado de una u otra manera. A mí particularmente lo que me duele es que la familia es la que sufrirá las consecuencias de esta pandemia; allí en el seno del hogar veremos cómo los padres perderán el empleo y las madres tendrán que ser creativas para mantener la unidad y la dignidad. Por eso cada empleo que se pierda es un desastre inminente, de consecuencias impredecibles y no recuperables en el corto plazo.

Imploro para que el sector empresarial no reduzca el número de empleados, que, aunque las utilidades sean menores, no se acaben los puestos de trabajo. Creo que será así por lo menos en Antioquia, en donde los empresarios tienen un gran sentido social y los trabajadores se sienten protegidos. Esto se evidenció con las expresiones del movimiento #POR MI EMPRESA, que probó de forma evidente que hay un trabajo conjunto y un reconocimiento de los trabajadores a los empleadores. Seguramente es así en todo el país, pero no lo han mostrado públicamente y sería valioso que también se pronuncien.

Lo que sí expreso con contundencia, es que el país no aguanta una reforma tributaria más. Sería un despropósito que aunada a los estragos del cierre de la economía se incrementen los impuestos de renta, retenciones y demás gravámenes. Más bien deben trabajar en el Ministerio de Hacienda en buscar mecanismos para que la evasión se evite y eliminar la corrupción en todos los niveles; solo con estas acciones nos evitamos por lo menos reformas tributarias en cinco años. Recuerden que lo que más afecta a los países como el nuestro es el incremento de impuestos, la reducción en el ingreso y ver cómo se roban el país.

El sector público también debe tener austeridad en el gasto, evitar crear secretarias innecesarias como en Medellín, que lo único que genera es burocracia o el incremento desmesurado de personal sin razón, como sucede en Empresas Públicas de Medellín. Seriedad en las administraciones, no malversar el ingreso porque eso se paga en años venideros.

Esta preocupación se me acrecentó al estudiar en algunas empresas los presupuestos y objetivos que se tenían previsto para los años 2021, 2022 y 2023. En ninguna de ellas se mantuvieron iguales. Es probable que los presupuestos que se manejen para el año 2021 sean los que se trabajaron en el año 2018, lo que significa una pérdida grande, de tres años, que tendrá incidencia futura. Volver a los niveles de crecimiento al 2018, o superarlos, no se logrará sino después del año 2023.

En conclusión, el manejo de la economía, la supervivencia de las empresas, el trabajo, la estabilidad familiar y la educación están en jaque. Tendremos que repensar el país que tenemos, volver a la solidaridad, al trabajo, a desarrollar el cooperativismo como fuente de unidad y esfuerzo colectivo.

No nos dé miedo y seamos serios, sin excesos, generemos confianza y si el gobierno impone disciplina y orden saldremos adelante. Acabemos con los vándalos que se apoderan de las calles porque no hay quién proteja al ciudadano de pie. Firmes en la defensa de nuestra economía y en el fortalecimiento de la democracia.