jueves, 21 de mayo de 2026

En este barrio los sueños también pagan vacuna

Fredy Angarita

La lluvia en Medellín golpea los techos de zinc como si quisiera arrancarles confesiones a las casas. Mientras esperaba el bus, entendí que la ciudad tiene una manera extraña de criar hombres: primero les enseña a sobrevivir y después les pregunta por qué se volvieron violentos.

Había un pelado sentado junto al poste de la luz. Sudadera negra, camisa ancha, tenis viejos. En las manos sostenía un cuaderno de esos baratos, escolares, donde otros escriben tareas; él escribía rabia, alegría, vida. No tendría más de veinte años, pero hablaba como alguien que ya había enterrado demasiadas cosas.

Me contó que escribía rap desde los trece. Que empezó porque hablar en la casa era inútil. Que la mamá lloraba callada. Que el padrastro confundía autoridad con miedo. Y que en el colegio descubrió algo peor que la pobreza: la costumbre.

—Aquí todos terminan pareciéndose a lo que juraron odiar.

La frase quedó suspendida entre el humo de un cigarro barato y el olor a fritanga de la esquina. Entendí algo: el rap de barrio no nace de la música; nace de la necesidad de dejar evidencia. Como si cada verso fuera una declaración ante un tribunal invisible donde los pobres llevan siglos intentando explicar por qué les tocó vivir así.

Me contó que le gustaba mucho Canserbero. Dice que tiene letras que le llegan. Sin conocer mucho de él, le respondí:

—Me gustan algunas canciones que me ha mostrado un compañero. Hay una frase que recuerdo porque me quedó sonando: “Andábamos sin buscarnos, aunque sabiendo que andábamos para encontrarnos… Y fueron nubes las que usé de trampolines, y tiburones los que vestí de delfines”.

El pelado soltó una sonrisa leve.

—¿Si ve? Ese man decía la verdad.

También le dije que me gusta escuchar a Alcolirykoz. Me respondió:

—Soy más de la vieja guardia, pero esos manes tienen buenas rimas.

Entonces empecé a recordarle algunas frases que siempre me dejan pensando cuando los escucho:

—“No confundas el gusto personal con la superioridad moral”.

—“Si el chorro es adulterado, esto es una cita a ciegas”.

—“Vacuna pa los cerdos no hay”.

El pelado asintió con la cabeza mientras miraba la calle mojada.

—Eso es lo que me gusta del rap: hablan de sus vivencias.

Después abrió el cuaderno y me mostró una frase escrita con tinta corrida:

“En este barrio los sueños también pagan vacuna”.

Me quedé pensando. Hay frases que no necesitan rimar para doler. Esa fue una de ellas. Supe que iba a guardarla conmigo por mucho tiempo.

Mientras avanzaba por la calle mojada, entendí que los barrios también tienen memoria. Queda guardada en las paredes, en los grafitis, en las canciones que suenan desde una ventana abierta y en los cuadernos baratos donde alguien escribe lo que el resto prefiere ignorar.

Tal vez por eso el rap incomoda. Porque convierte la herida en testimonio. Y una sociedad puede acostumbrarse a la violencia, a la pobreza y al miedo… pero nunca al espejo.

La Crónica: recomendaciones en caso de disturbios

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

1. Seguridad personal y de la familia

Se prevé “un estallido social” si el candidato marxista pierde las elecciones. Estará atenta la “primera línea”, los ninis (ni estudian ni trabajan), subsidiados por el Gobierno y los “gestores de paz”, que andan como Pedro por su casa, bajo la aplicación de todas las formas de lucha, que no se oculta.

Lo fundamental es salir a votar temprano y regresar directamente a casa para estar a salvo y proteger nuestra familia. La tendencia de las elecciones irá siendo más clara después del mediodía.

2. Restaurantes, comercios y negocios

Mantener planes de cierre rápido si se reportan disturbios en la zona, asegurar extintores, salidas de emergencia y protocolos de evacuación para empleados y clientes, evitar confrontaciones con grupos violentos; la prioridad es resguardar al personal; proteger vitrinas y accesos con medidas básicas (rejas, seguros reforzados, inventario mínimo visible); mantener comunicación con vecinos y administradores de centros comerciales para alertas tempranas.

3. Tener a mano los números de emergencia:

* Policía Nacional: 123 (¿?) Si sigue siendo confiable

* Línea de emergencias de la Alcaldía: 123

* Gaula: 165

* Bomberos: 119

* Defensa Civil: 144

4. Para la ciudadanía en general

Evitar zonas donde se reporten bloqueos, marchas agresivas o presencia de encapuchados. No caer en cadenas de WhatsApp o redes sociales que llamen a la violencia; muchas son desinformación; mantener cargado el celular; tener rutas alternativas y un punto de encuentro familiar; si vive en zonas de riesgo, asegurar puertas, ventanas y vehículos. Reportar cualquier intento de intimidación, extorsión o presión para participar en disturbios.

Hay que recordar que la protesta pacífica es legítima, pero la violencia, el vandalismo y el bloqueo de servicios esenciales son delitos.

5. Para los reservistas

Este mensaje es preventivo y estrictamente institucional: mantenerse localizables y atentos a comunicaciones oficiales de las Fuerzas Militares, nunca a cadenas informales; no intervenir por cuenta propia; cualquier actuación debe ser coordinada, legal y bajo autoridad competente; apoyar a la comunidad con información verificada, calma y orientación cívica; evitar caer en provocaciones o llamados a la confrontación; hay que recordar que su rol es proteger a la población, no escalar tensiones.

6. Mensaje central

Colombia ya vivió momentos de violencia urbana donde grupos radicalizados aprovecharon el caos para atacar comercios, intimidar ciudadanos y bloquear ciudades con el propósito de tumbar un gobierno legítimo. La mejor defensa es estar preparados, mantener la calma y actuar dentro de la ley; la democracia se protege con instituciones, con ciudadanía informada y con prevención, no con violencia. Debemos estar pendientes de cualquier ataque para no caer en el caos que podría venir.

El Rincón de Dios

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” Salmo 46:1

miércoles, 20 de mayo de 2026

No demos papaya

María Cristina Isaza Mejía
María Cristina Isaza Mejía

La derecha democrática no puede seguir destruyéndose mientras Cepeda avanza.

El siguiente artículo lo escribo como una ciudadana que ha observado con atención la contienda electoral, sin involucrarse en ninguna campaña en particular.

Hay algo profundamente preocupante en esta campaña presidencial: las dos campañas que deberían estar pensando desde ya en cómo construir mayoría para segunda vuelta se están dedicando a destruirse mutuamente con una eficiencia que debería alarmarnos a todos.

Y el problema no es solo electoral: es cultural, emocional y narrativo.

Porque mientras las campañas de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella se desgastan en ataques cruzados, quien más gana es Iván Cepeda. Veo con impotencia la incapacidad histórica de ciertos sectores colombianos para construir un proyecto colectivo cuando más lo necesitamos.

Y eso tiene consecuencias.

El regalo narrativo que le están entregando a Cepeda

Aquí aparece el verdadero problema estratégico.

Mientras las campañas democráticas se destruyen mutuamente, sin darse cuenta están ayudando a construir la imagen de Cepeda como: moderado, estoico, institucional… el menos caótico.

Los activistas digitales de ambas campañas están más ocupados en atacarse entre sí que en mostrar el peligro real que representa la continuidad del gobierno Petro en cabeza de Cepeda. De esta forma, mucho votante de centro y centroizquierda puede terminar dándole su voto a Cepeda en segunda vuelta, votar en blanco o… irse a ver ballenas 🐳.

La línea ética se está moviendo peligrosamente

En 2022 el petrismo movió la línea ética con Guanumen y la lógica del “todo vale”.

Hoy preocupa ver que quienes están moviendo esa línea son sectores de la oposición democrática.

El tono se salió de control

Los ataques han escalado a niveles innecesarios:

* Acusaciones cruzadas

* Campañas digitales agresivas

* Ataques familiares

* Insinuaciones irresponsables

* Deshumanización permanente

Y eso deteriora el clima emocional del país.

Hay comentarios en redes absolutamente inaceptables: insinuaciones grotescas contra Paloma, ataques personales, teorías delirantes sobre el asesinato de Miguel Uribe Turbay, ataques al entorno familiar.

También fue desafortunado trivializar el uso de chaleco antibalas, justo cuando el país viene de hechos violentos gravísimos. Solo por mencionar algunos: el asesinato de Miguel Uribe, el asesinato de la concejal del Centro Democrático, Mileidy Yurani Villada, y el asesinato de dos personas del equipo de Abelardo en el Meta. No hay heroísmo en exponerse inútilmente.

Y tampoco ayuda que desde algunos sectores políticos y ciudadanos se diga públicamente que en segunda vuelta votarían en blanco o se abstendrían si no pasa “su” candidato.

Esto genera un mensaje peligrosísimo: que el adversario principal termina siendo el otro candidato democrático… y no el proyecto Petro-Cepeda.

De verdad, ¿no entendemos lo que está en juego?

Aquí todos deberíamos estar en un mismo barco: salvar a Colombia.

El problema del matoneo político

La estrategia de Abelardo tiene una lógica política comprensible:

* Apropiarse de la rabia antisistema

* Diferenciarse del “establecimiento”

* Mostrar a Paloma como representante de ese establecimiento.

Eso puede funcionar en primera vuelta, pero tiene un riesgo enorme hacia junio.

Porque una campaña percibida como agresiva, fuerte y matoneadora puede tener enormes dificultades para luego conquistar a moderados, votantes de centro, jóvenes, abstencionistas, etcétera.

Y esos votos son indispensables para ganar una segunda vuelta. El electorado de segunda vuelta se define, en gran medida, en el centro.

La campaña de Abelardo tiene una responsabilidad especial: tender puentes hacia sectores que hoy no votarían naturalmente por él. No hacerlo sería un error estratégico enorme.

Pero del otro lado tampoco ayudan. Desde sectores cercanos a Paloma también ha habido errores: comparaciones innecesarias, respuestas emocionales, descalificaciones y discursos que terminan profundizando fracturas.

La frase sobre “no cargar maletas” fue una salida desafortunada.

Y volver permanentemente al debate del plebiscito del Sí tampoco tiene mucho sentido cuando en ambas campañas existen figuras que apoyaron ese proceso. Seguir excavando en las heridas internas solo distrae del verdadero desafío.

La campaña que debe sumar centro + derecha ha sido más exitosa en resaltar las diferencias entre Paloma y Oviedo que los puntos de unión y las bondades de sus propuestas.

La ciudadanía también tiene responsabilidad

Muchos ciudadanos están actuando como barras bravas, como si esto fuera una guerra de hinchadas. Como si destruir al otro candidato opositor fuera más importante que impedir un segundo capítulo del proyecto Petro.

Yo me pregunto: ¿hay alguien pensando realmente en el país?

Los acuerdos mínimos que Colombia necesita

Mi crítica no es contra Paloma ni contra Abelardo como personas. Veo trayectorias valiosas en ambos sectores. Mi preocupación es otra: la incapacidad de construir acuerdos mínimos de supervivencia democrática. Acuerdos básicos como:

* Reconocer públicamente que el principal adversario es el proyecto Petro-Cepeda

* Comprometerse desde ya al apoyo mutuo en segunda vuelta

* Frenar ataques personales y familiares

* Desactivar campañas digitales tóxicas

* No destruir la legitimidad democrática del otro sector opositor

* Enfocar el debate en propuestas y riesgos país

* Construir una narrativa común de estabilidad democrática y recuperación institucional.

Porque aquí no se está definiendo solamente quién gana una elección. Aquí se define el rumbo institucional, económico y democrático de Colombia.

Una reflexión final

Confieso algo: me habría gustado ver una conversación política donde el objetivo colectivo fuera incluso sacar a Cepeda de segunda vuelta.

Tal vez suena ingenuo, pero revela algo importante: seguimos pensando más en derrotar al cercano que en construir consensos básicos. Y así es muy difícil ganar un país.

Y hay algo que tengo clarísimo: en segunda vuelta voy con todo el apoyo al contrincante de Cepeda. Mi causa es Colombia. No demos papaya.

¡Se murió mi caballito!

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez
Rejoneador de toros

Desian los arrieros viejos que “cuando partía de esta vida un caballo era porque su existencia había sido entregada al destino para que ese día no muriera un cristiano”. Con esas le salía Manuelito Londoño, un encargado del yegüerizo, a mi padre, para aliviarle el disgusto y la tristeza cuando un cólico maldito se nos llevaba un pobre animalito.

Te cuento Pablo, hermano querido, que nos dejó esta madrugada nuestro precioso amigo “Baroja”, mi caballo consentido. Se lo llevó a otra vida la negra noche como a su hermano, tu famoso Chenel. Se murió mi caballo más bonito. El más noble, el más bueno que he tenido desde que el destino me sacó a las malas de los ruedos y me aventó a las lidias mundanales de la vida.

Se murió mi caballito. Se llevó el destino a un gran artista que hizo honor a su sangre torera y bailadora consagrada por su origen al esplendor del rejoneo. Se nos fue el nieto de Cagancho que hizo grande a su jinete entre los maestros de nuestro noble oficio, se nos fue el hijo del gran Gallo, padre de la más poderosa dinastía de caballos toreros que ha existido, el de Moura y de Hermoso de Mendoza que llevaba en sus adentros la esencia del milenario arte del toreo a caballo.

Se llevó la vida el caballo de mis sueños, el majestuoso garañón que fuera mi último maestro. El que de mi alma quitaba penas, angustias, tristezas, rabias y despechos, el que galopando me llenaba de alegría el sentimiento y me sacaba de este mundo injusto que tanto maltratamos los humanos.

Se murió mi noble compañero galopante y se llevó un pedazo de mi vida con la suya. Ahora solo quedan los recuerdos de sus relinchos, de su belleza, poderío y torería. Se fue a correr por los cielos, a deleitar con sus retozos el descanso de todos los demás artistas gladiadores que me hicieron caballero y en las plazas de gloria me llenaron.

Se murió mi caballito torero, el que entregaba los pechos de frente y desde adentro, abriendo sus brazos, daba gracias a la vida matando le tiempo para juguetear con el destino. Se murió solo, en la noche, toreando ese último toro, el de la parca traicionara que no perdona y en silencio nos reclama cuando quiere para separarnos de este mundo.

Se fue mi caballito volador, el que llenó mi vida de recuerdos de aventuras y osadías. Qué solas se quedaron mis espuelas, tu bocado, tu montura, qué solo queda ese templo donde a diario juntos agradecimos a la creación por el sublime sentimiento que produce la felicidad, cabalgar.

Se ha ido al cielo donde van las almas de todos los caballos. Cuánto quisiera que me hubieras esperado y que hubiese sido un toro bravo el que nos mandara juntos a galopar por las estrellas y a torear las envestidas de luceros y centellas.

(Alegoría al Caballo Torero “Baroja” del Hierro de Pablo Hermoso de Mendoza).

Patriótico llamamiento al doctor Álvaro Uribe

José Alvear Sanín
Apreciado señor presidente:

Preocupado por el país, este ciudadano se dirige a usted con admiración y respeto:

Todos los humanos somos falibles, y el sincero reconocimiento de los errores nos engrandece. Por eso considero urgente advertir el riesgo enorme en que la señora Paloma Valencia está poniendo a Colombia, con su deplorable actuación como aspirante a la Presidencia.

No pasa un día sin que ella dé un paso en falso, aterrando a los electores, que columbran el abismo al que puede llevarnos un triunfo del candidato comunista.

En vez de atacar la izquierda revolucionaria, la señora Valencia la emprende, cada vez con mayor agresividad, contra Abelardo de la Espriella. En lugar de una confrontación amable antes de la primera vuelta, y del compromiso ineludible de apoyarlo en la segunda, su oratoria se hace más estridente, áspera y vacía, en un alarmante giro que presagia la posible aceptación de los falaces acuerdos nacionales que Cepeda ya viene proponiendo para pulverizar las fuerzas democráticas en la segunda vuelta.

No es necesario enumerar los incontables desaciertos de una candidata que no está a la altura de lo esperado, y que lo único que ha logrado es el repudio de los que siempre siguieron al Centro Democrático.

Por lo tanto, me atrevo a expresarle, doctor Uribe, lo que sus amigos de largos años sienten: es necesario desautorizarla, antes de que el daño sea irreparable, porque su incompetencia está exponiendo al país a la mayor desgracia.

Atento saludo,

José Alvear Sanín

martes, 19 de mayo de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 147


En una nueva entrega de su conversatorio semanal para el blog El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. aborda los principales acontecimientos internacionales y nacionales que hoy generan impacto económico, político y social: la crisis energética por el estrecho de Ormuz, los movimientos diplomáticos de Estados Unidos frente a Venezuela y Cuba, la situación fiscal de Colombia y la polarización de la campaña presidencial. Con su estilo directo y reflexivo, invita además a defender la democracia y a centrar el debate en las propuestas y no en las divisiones. No se pierdan este nuevo análisis y acompáñenlo en esta conversación sobre la actualidad mundial y colombiana.

Rothko en Florencia

Lucrecia Piedrahíta
Lucrecia Piedrahíta

Cuando el color volvió a ser sagrado y la cultura volvió a producir ciudad.

En Florencia está ocurriendo uno de los acontecimientos curatoriales más importantes de los últimos años en Europa. Mark Rothko ha regresado simbólicamente a la ciudad que transformó la idea occidental de belleza, y Florencia entiende nuevamente que el arte contemporáneo no es una ruptura del Renacimiento, sino una de sus continuidades más profundas.

Impacto más allá del arte

La gran retrospectiva Rothko en Palazzo Strozzi, curada por Christopher Rothko y Elena Geuna, construye una tesis visual sobre el tiempo, el silencio y la espiritualidad del color. También confirma lo que Arturo Galansino ha logrado desde Palazzo Strozzi: convertir nuevamente a Firenze en un centro internacional para el arte contemporáneo.

En una ciudad donde el peso de Michelangelo, Leonardo da Vinci, Sandro Botticelli, Giotto y Fra Angelico parecía suficiente para clausurar cualquier conversación contemporánea, Palazzo Strozzi abrió un diálogo entre siglos. Las cifras revelan la magnitud de esa transformación. Hoy la institución opera con uno de los modelos culturales más dinámicos de Italia: cerca del 40 % de sus ingresos provienen de taquilla y aproximadamente el 45 % de patrocinio privado. Gracias a ello, Florencia ha vuelto a insertarse en el mapa global del arte contemporáneo con exposiciones de Ai Weiwei, Marina Abramović, Anish Kapoor y Helen Frankenthaler. Pero Rothko ocupa otro lugar dentro de esa historia reciente.

Porque Firenze comprendió algo decisivo para las ciudades culturales del siglo XXI: el patrimonio no sobrevive repitiéndose a sí mismo, sino entrando en conversación con el presente. El Renacimiento no puede convertirse en una reliquia inmóvil. Debe seguir produciendo pensamiento contemporáneo, turismo cultural sofisticado y economía simbólica.

Rothko en Firenze tampoco funciona como una exposición construida desde el espectáculo. Su radicalidad consiste justamente en lo contrario. En una época gobernada por pantallas, velocidad y fragmentación digital, esta exposición vuelve a convocar multitudes alrededor de algo profundamente improductivo: quedarse quietos mirando color.

El valor

Y precisamente allí reside parte de su enorme valor cultural y económico. La exposición demuestra que todavía existe una economía internacional de la contemplación; una economía construida no desde el consumo rápido de imágenes, sino desde la experiencia estética profunda. Tal vez allí resida el verdadero triunfo cultural de Florencia hoy: haber entendido que el arte contemporáneo no solo produce prestigio simbólico, sino también nuevas formas de atención humana.

Porque Rothko vuelve a Firenze como si siempre hubiera pertenecido allí. La exposición despliega más de setenta obras en una línea cronológica impecable que permite comprender el espectro total de su investigación pictórica: desde las obras figurativas de los años treinta hasta las grandes atmósferas cromáticas finales. La museografía tiene la inteligencia de no acelerar esa transición. El visitante avanza lentamente desde la figura hacia la desaparición de la figura; desde el relato hacia la vibración pura.

Uno comprende entonces que Rothko nunca abandonó realmente la figura humana. Simplemente desplazó la figura hacia el interior del espectador. Los campos de color comienzan a comportarse como arquitectura emocional. Los amarillos irradian expansión y respiración. Los verdes contienen gravedad terrestre y silencio. Los azules producen profundidad metafísica. Los rojos dejan de ser color para convertirse en umbral, memoria y eternidad.

Contraste

La museografía comprende perfectamente esta condición arquitectónica de Rothko. Las salas están construidas desde la penumbra para desacelerar el cuerpo y conducir al espectador hacia la contemplación. La abstracción aquí se convierte en atmósfera espiritual. Las pinturas respiran. Expanden el muro. Alteran la percepción del espacio. La exposición alcanza una dimensión aún más conmovedora cuando se despliega hacia el Museo di San Marco y la Biblioteca Medicea Laurenziana. Allí la curaduría se convierte en manifiesto. Porque lo que esta exposición propone es que el gran arte pertenece a una intensidad espiritual compartida.

Rothko visitó Firenze en 1950, profundamente impactado por los frescos luminosos de Fra Angelico y por la atmósfera devocional de San Marco. La exposición entiende la importancia de esa revelación y construye uno de los gestos curatoriales más sofisticados de todo el recorrido: pequeñas obras de Rothko, pertenecientes a distintos períodos y realizadas en técnicas diversas, dialogan directamente con los frescos de Fra Angelico. Las relaciones no son anecdóticas. Surgen desde afinidades de color, de materia y de impulso espiritual.

Y allí aparece quizás una de las lecciones más importantes de esta exposición: tanto el convento de San Marco como la Biblioteca Laurenziana enseñan a mirar las relaciones profundas entre el arte clásico y el arte contemporáneo. Enseñan que las verdaderas obras maestras no pertenecen a una época, sino a una intensidad de experiencia humana capaz de atravesar los siglos.

Entre Fra Angelico y Rothko existen quinientos años de distancia histórica. Pero frente a las obras esa distancia desaparece. Ambos entienden el color como revelación interior. Ambos construyen silencio. Ambos producen contemplación. Ambos crean espacios para el alma. En San Marco, los campos cromáticos de Rothko parecen absorber la respiración lenta de las celdas pintadas por Fra Angelico. Y en la Laurenziana ocurre algo todavía más poderoso: la arquitectura de Michelangelo comienza a funcionar como un cuerpo emocional capaz de contener la abstracción moderna y contemporánea.

Allí uno comprende algo esencial: Rothko también era arquitecto… de estados interiores.

Hace algunos años Christopher Rothko recordó que su padre quería que las personas lloraran frente a sus pinturas del mismo modo en que lloraban frente a la música. Y en Firenze esa frase adquiere una dimensión total. Mientras recorría las salas en penumbra pensé varias veces en Lascia ch’io pianga de George Frideric Handel:

Lascia ch’io pianga e che sospiri la libertà.”

Déjame llorar y suspirar por la libertad.”

Quizás eso sea finalmente Rothko. Una forma silenciosa de libertad interior. En Florencia, el color volvió a ser sagrado. Y esa arquitectura invisible construida por Rothko —hecha de penumbra y silencio, termina por abrirnos el corazón frente a nosotros mismos.

Economía & Cultura | Rothko en Florencia: cuando el color volvió a ser sagrado y la cultura volvió a producir ciudad

Columna de Lucrecia Piedrahíta (arquitecta/curadora) para el periódico El Tiempo.