En esta nueva entrega de Sucesos de la Semana, Antonio Montoya H. analiza los principales acontecimientos que han marcado la actualidad nacional: la magnitud de la emergencia provocada por el terremoto del 10 de agosto y los desafíos que plantea la reconstrucción, la polémica por la solicitud de ayuda internacional para atender la tragedia, y la creciente amenaza de los incendios forestales en distintas regiones del país. El programa también aborda la autorización del Senado para la salida del expresidente Gustavo Petro y el ingreso de Colombia al Escudo de las Américas, iniciativa de cooperación en seguridad liderada por Estados Unidos para combatir el narcotráfico y el crimen organizado. No dejes de verlo.
martes, 18 de agosto de 2026
Editorial: Sucesos de la Semana No. 158
En esta nueva entrega de Sucesos de la Semana, Antonio Montoya H. analiza los principales acontecimientos que han marcado la actualidad nacional: la magnitud de la emergencia provocada por el terremoto del 10 de agosto y los desafíos que plantea la reconstrucción, la polémica por la solicitud de ayuda internacional para atender la tragedia, y la creciente amenaza de los incendios forestales en distintas regiones del país. El programa también aborda la autorización del Senado para la salida del expresidente Gustavo Petro y el ingreso de Colombia al Escudo de las Américas, iniciativa de cooperación en seguridad liderada por Estados Unidos para combatir el narcotráfico y el crimen organizado. No dejes de verlo.
De cara al porvenir: la deuda histórica en infraestructura
Pedro Juan González Carvajal
A falta de una verdadera
conciencia geográfica e histórica que no nos ha permitido conocer, reconocer y
valorar la privilegiada posición geoestratégica de Colombia, es necesario que
tengamos una hoja de ruta clara y la voluntad política y el control ciudadano
para que las obras que requerimos para integrarnos al interior y al mundo se
desarrollen dentro de unos parámetros normales de calidad, tiempo y costo.
De cara al inicio de un
nuevo gobierno, es bueno recordar y proceder.
¿Cuál sería la mejor
estrategia o estrategias para potenciar y dinamizar estas características
particulares de nuestro territorio?
1. Somos uno de los pocos
países que tenemos acceso a la denominada órbita geoestacionaria.
2. Gracias a San Andrés y
Providencia estamos cerca de los 2 principales canales navegables
intercontinentales América - Europa: Yucatán y La Mona.
3. Gracias a la isla de
Malpelo, le damos cumplimiento a los requisitos que exige la Teoría de la
Defrontación, que nos da copropiedad sobre la Antártida.
4. Tenemos bahías naturales
como Bahía Cupica que es la más profunda del mundo.
5. Contamos con presencia en
los 2 grandes océanos y dos mares con la posibilidad de interconectarlos.
6. Presencia con las puntas
de crecimiento en Leticia, isla de San José y Mitú.
7. Acceso a los llamados puntos
triples con la isla de San José, Güepí y Leticia.
8. Mantener en
funcionamiento y operación el tramo construido de la carretera Panamericana e
impulsar la construcción del paso faltante en el Tapón del Darién.
9. Preservar el patrimonio
histórico de la nación.
10. Elaborar un adecuado plan
de mantenimiento y administración de fronteras.
Acciones público - privadas,
concesiones bien concebidas, asociaciones internaciones, entre otras, deberían
ser exploradas.
Así mismo tener un adecuado plan
de mantenimiento de la infraestructura actual para no dejarla deteriorar.
Colombia tiene una “deuda
histórica” en infraestructura que frena el desarrollo hace 50 - 80 años. No son
caprichos: son cuellos de botella que encarecen todo, aíslan regiones y
mantienen la pobreza. Estas son las 12 obras país que más se repiten como
estructurales, más allá de cada ciudad:
1. Las 5 vías para romper el
aislamiento
* Navegabilidad del río Magdalena: el “río padre” de
Colombia. Mover carga por río cuesta 1/3 que por camión. Se habla desde 1950.
Con puertos y dragado, bajaría 30 % el costo logístico del país.
* Red férrea nacional: Colombia tenía 3400 km de
tren en 1960, hoy operan menos de 400 km. Corredor La Dorada – Chiriguaná - Santa
Marta es la prioridad. Un tren saca 200 tractomulas de la vía.
* Vías 4G y 5G terminadas: hay 29 proyectos 4G, pero
varios llevan 8 años de atraso. Claves: Mulaló-Loboguerrero para Buenaventura,
Rumichaca-Pasto, Autopista al Mar 2 para Urabá.
* Conexión Orinoquía-Amazonía: pavimentar Puerto Gaitán -
Puerto Carreño y vía marginal de la Selva San Vicente - Neiva. El 40 % del
territorio no tiene vía pavimentada a Bogotá.
* Pacífica integral: Terminar Quibdó - Medellín,
Quibdó - Pereira y Vía al Mar Cauca. Chocó lleva 100 años desconectado. Es la
deuda moral más grande.
2. Los 3 puertos y
aeropuertos para competir:
* Dragado Buenaventura a 16.5 metros: hoy solo entran barcos medianos.
Con dragado, entran buques Post-Panamax y baja el flete 25 %. Lleva 15
años en estudios.
* Puerto Antioquia en Urabá: nueva salida al Caribe en 4 horas desde
Medellín. Inició operación en 2026. Descongestiona Cartagena.
* Sistema aeroportuario moderno: Aeropuerto del Café para el Eje,
ampliación de El Dorado I, y el José María Córdova, además de pistas 24 horas
en Leticia, Mitú, Puerto Inírida. La Amazonía depende de avionetas de día.
3. Las 4 obras para
servicios básicos y productividad
* Acueductos y alcantarillados: La Guajira, Chocó, Buenaventura y
Villavicencio llevan 30 años sin agua 24 horas. La Guajira tiene la represa del
Ranchería desde 2002: $574 000 millones y no da agua.
* Transición energética más interconexión: conectar todo el sur y
oriente a la red nacional. Guainía, Vaupés, Vichada y Guaviare aún queman
diésel. Y líneas de transmisión para renovables en La Guajira y Cesar.
* Distritos de riego: Colombia solo riega 6 % de su tierra
cultivable. Triángulo del Tolima, Ranchería y Candelaria - La Plata - Laberinto
en Huila llevan 20 años esperando. Sin agua no hay agroindustria.
* Sistema de transporte masivo en capitales: Metro de Bogotá,
Metro de la 80 en Medellín, Regiotram de Occidente, Tren de Cercanías del Valle
y Medellín. Bogotá pierde 6 % del PIB en trancones. Son obras que se
prometen desde 1942.
¿Por qué es “deuda histórica”?
1. Sobrecostos y tiempo:
El Puente de Juanchito pasó de $27 000 a $690 000 millones y lleva 10
años. Hay 1700 “elefantes blancos” por $6 billones.
2. Centralismo: el 60 %
de la inversión se queda en Bogotá – Medellín - Cali. Chocó y La Guajira tienen
los peores indicadores hace 100 años.
3. Impacto económico: según
ANIF, cerrar la brecha de infraestructura sumaría 1.5 % al PIB anual. Cada
punto son 500 000 empleos.
La diferencia entre “obra
esperada” y “deuda histórica”: la primera es local, la segunda es
país. Sin río Magdalena navegable, sin trenes, sin puertos profundos y sin agua
en La Guajira, Colombia no compite. Podemos tener 32 metros de la 80, pero si
sacar un contenedor de Bogotá a Buenaventura cuesta el doble que, de Lima al
Callao, estamos perdidos.
Nota de duelo: solidaridad
completa con los damnificados del terremoto del pasado 10 de agosto.
Anotaciones sobre el “revolcón de la justicia”
Luis Alfonso García Carmona
En buena hora el equipo
de empalme del presidente De la Espriella ha tomado la iniciativa de estudiar
una estrategia normativa que conduzca efectivamente a erradicar las falencias
que en forma endémica han impedido al Estado ejercer su primordial obligación
de brindar una proba y oportuna justicia a los ciudadanos y garantizar con sus
fallos la estabilidad de la nación.
Es deseable que, en
esta oportunidad, en la que el país se ha salvado milagrosamente del caos
constitucional y vital que nos hubiera deparado la continuidad del régimen del
narcoterrorismo, no se repitan las frustraciones que hemos vivido con
anteriores proyectos de reformas judiciales. Debemos partir de los aspectos
fundamentales que el país espera.
¿Cuáles son?
Primero.- Hay que cerrarle
el paso a la impunidad que impide al Estado ganar los enfrentamientos con
los grupos armados ilegales, erradicar el sucio negocio de la cocaína, castigar
ejemplarmente a los corruptos y proteger a los ciudadanos en sus vidas y en su
patrimonio.
Segundo.- La morosidad
en la tarea judicial y la acumulación de procesos pendientes en los
juzgados debe ser corregida de inmediato. Una justicia extemporánea no es
justicia.
Tercera.- Hay que restaurar
la credibilidad en las instituciones judiciales para que las gentes acaten
los fallos judiciales y se abstengan de obtener justicia por su propia mano.
Cuarta.- Deben ser removidos
los obstáculos que impiden al Estado cumplir a cabalidad con el deber de
implantar justicia, tales como la sesgada y antitécnica Justica Especial
para la Paz.
Para el cumplimiento de
estos objetivos habrá que adoptar drásticas pero urgentes medidas en
colaboración con la rama legislativa del poder público, a saber:
a. No es posible
administrar justicia de manera proba y eficiente sin contar con recursos
humanos idóneos y comprometidos con esta misión. Por ello es necesario que,
tanto en la rama judicial como en las demás ramas, se implante, mediante
reforma constitucional, que todo el que aspire a un cargo público deba ser
elegido mediante concurso de méritos, con excepción de los que sean elegidos
por votación popular.
b. De igual manera,
para el ascenso o promoción dentro de la rama judicial, se implementarán concursos
de méritos y se respetará la carrera judicial.
c. Como se ha
detectado, es conveniente despojar a la Procuraduría de su labor en los
procesos penales supuestamente para garantizar los procedimientos de
investigación, fallo y sanción a los responsables. En su lugar, se le debe asignar
la supervisión de los funcionarios judiciales, la investigación de
faltas disciplinarias y delitos, cuyo fallo se asignará a un tribunal
especializado e independiente de la rama judicial. El aplazamiento de
audiencias o los vencimientos de términos procesales, a menos que sean por
fuerza mayor, deberán ser penalizados;
d. Debe incorporarse el
uso de la tecnología de ingeniería de datos, inteligencia artificial y
demás adelantos informáticos, en la tramitación de los procesos, audiencias
virtuales, notificaciones, etcétera, y capacitar al recurso humano en el uso de
estas herramientas. Se economizará tiempo y dinero, y se podrá elevar a calidad
de las providencias.
e. Se debe adelantar en
el Congreso una reforma al procedimiento penal para hacerlo más expedito
y ágil, evitando audiencias de imputación de cargos, otorgando autoridad al
juez para el impulso del proceso y combinando la oralidad con el sistema
virtual en beneficio de la celeridad.
f. En materia
sustantiva deben incrementarse las penas privativas de la libertad en los
casos que causan mayor daño a la población y al orden, tales como la rebelión,
sedición, asonada, actos terroristas, narcotráfico, minería ilegal, daños al
medio ambiente, masacres, ataques a poblaciones y a infraestructura civil,
reclutamiento de menores de edad, corrupción administrativa, y violencia sexual
contra menores de edad. Los imputados de estos delitos no podrán gozar de
excarcelación provisional, casa por cárcel ni de los subrogados penales.
g. Como complemento
debe realizarse una reforma del sistema penitenciario para que los
reclusos por delitos graves sean recluidos en cárceles de seguridad, sin
derecho a contactos con el exterior presenciales o virtuales; y,
h. Implementar sistemas
eficientes de protección de testigos y fomentar los preacuerdos con
quienes ofrezcan informaciones serias contra las organizaciones criminales.
La Patria Milagro
nos debe proporcionar la justicia que por tanto tiempo se nos ha negado.
Estamos ¡firmes con la Patria!
viernes, 14 de agosto de 2026
Vulnerables
José Leonardo Rincón, S. J.
Si
algo somos como seres humanos es precisamente eso: vulnerables. Un amigo de
Cali así me describió lo que sintió en pleno terremoto: “realmente ha sido
el susto de mi vida, nunca me sentí tan vulnerable, tan frágil, tan aterrado”.
Y eso mismo sintieron miles más, simultáneamente, en medio de tan caóticos
momentos, ante la descomunal fuerza avasalladora de la naturaleza. “Dios,
por favor, no más, para esto, perdón, misericordia…”
Cuando
estamos en esos instantes límites, cuando existencialmente, que no teórica y
conceptualmente, experimentamos toda nuestra pequeñez, confesamos que no somos
nada, cual pajas que lleva el viento, “briznas de hierba en las manos de
Dios”, describió así su experiencia límite Álvaro Gómez. Literalmente
impotentes, finitos, inútiles, poca cosa. Hasta ahí llega nuestra arrogancia,
nuestra prepotencia, cuando otro más fuerte se impone.
¿Recuerdan
las románticas reflexiones que hacíamos en lo más fino de la pandemia cuando
prometíamos el oro y el moro y asegurábamos que después las cosas no serían lo
mismo, que íbamos a cambiar, a ser mejores? Los bonitos sentimientos afloraban,
se nos olvidaban colores políticos, razas, estratos sociales, equipos de
fútbol, credos religiosos… volvíamos a ser todos iguales, todos humanos… Promesas,
solo eso. Porque cuando la “normalidad” volvió todo aquello tan tierno desapareció,
se esfumó. La amnesia fue colectiva, total.
La
reflexión que me hago a modo de pregunta es: ¿cuándo aprenderemos la lección?, ¿cuándo
nos decidiremos a ser mejores seres humanos sin que haya factores externos que
nos obliguen a plantearnos el asunto de nuestra enorme vulnerabilidad? En las
lecturas de la liturgia del domingo pasado el profeta no encontró el paso de
Dios ni en el viento huracanado, ni en el fuego abrasador, ni en el terremoto
destructor, pero sí en la suave brisa. Y cuando el fuerte viento y el mar
encrespado parecían hacer zozobrar la barca y también hundir a Pedro, el Señor
increpó a todos: “no teman, hombres de poca fe, soy yo”. Lo dicho tantas
veces: si tenemos a Dios, aunque no tengamos nada lo tenemos todo, pero si no
tenemos a Dios, aunque lo tengamos todo no tenemos nada. ¿Quién podría entonces
separarnos de su amor, la tribulación,
la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Se
cuestionaba Pablo con los romanos.
Es claro que la invitación no es a ser pasivos,
sumisos, resignados y conformes, pero tampoco altaneros, arrogantes y
soberbios. Las cosas en su punto. En su sitio. En el justo lugar que nos
corresponde. De modo que cuando sobrevengan estos fenómenos, con la Santa de
Ávila podamos decir: “nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda, la
paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”.
Eso, solo eso, ante el Señor de la historia, desde nuestra condición
vulnerable.
Los desafíos que acarrea el sismo
Cuando nos aprestábamos
a comenzar la construcción de una nueva patria sobre las ruinas heredadas del
pasado régimen, nos puso a prueba la naturaleza con este desastre que nos llena
de luto y dolor, pero que ha despertado la solidaridad y la unión de los buenos
colombianos.
Bajo la certera
conducción del gobierno entrante se han atendido con celeridad las necesidades
de las víctimas, se ha priorizado la búsqueda de sobrevivientes y se ha
obtenido la oportuna ayuda de la banca multilateral y de la comunidad
internacional.
Apenas comienza la
tarea, pues habrá que restaurar múltiples servicios colapsados, reemplazar la
infraestructura dañada, y, sobre todo, brindar una real y positiva ayuda a quienes
todo lo perdieron en un instante.
Quedan vastas zonas
urbanas en algunas ciudades como Cali, Pereira, Quibdó y en centenares de
municipios y corregimientos, donde gran parte de las edificaciones colapsaron y
otras tantas deberán ser totalmente demolidas. Una disyuntiva presenta la
reconstrucción de los edificios en ruinas: Reconstruir cada uno para que sea
ocupado a la mayor brevedad, o planear una reforma urbana y una ampliación de
la oferta de vivienda en condiciones favorables para los beneficiarios.
Por fortuna cuenta el
actual gobierno del “tigre” con profesionales ampliamente capacitados para
desarrollar un programa capaz de atender a esta magna catástrofe y, a la vez,
ampliar la oferta de vivienda en las zonas afectadas, tal como otros países lo han
experimentado.
Chile, situado en el
Cinturón de Fuego del Pacífico, ha aprovechado los sucesivos terremotos para
mejorar las normas y métodos de seguridad. Sus avances en materia de vivienda
social, regulaciones antisísmicas y mejoras estructurales valen la pena ser
tenidos en cuenta.
Al final de cuentas, el
enorme costo de reparación de algunas construcciones puede contribuir de manera
definitiva, no solamente para dotar a las regiones afectadas, de unas nuevas
zonas seguras y confortables, sino, también, para mejorar la calidad de vida de
muchos compatriotas de ingresos reducidos.
jueves, 13 de agosto de 2026
La hazaña de una silleta
Al consultar los sinónimos de la palabra hazaña
en el Diccionario de la Lengua Española aparecen términos como proeza,
heroicidad, gesta, hito, logro, conquista, superación, triunfo, victoria,
alcance, realización, valentía, audacia y aventura. Catorce palabras
para intentar explicar algo que, algunas veces, resulta difícil de nombrar.
No sé cuánto utilizamos algunas de ellas en
nuestra vida cotidiana. Tal vez hablamos de triunfo con más facilidad que de
proeza. Decimos logro cuando queremos resumir años de trabajo, hablamos de
victoria cuando alguien llega primero. Pero hay historias en las que una sola
palabra parece quedarse corta.
Después de la Feria de las Flores de 2026, que
este año celebró su edición número 69, me quedé pensando precisamente en la
palabra hazaña.
El ganador absoluto del Desfile de Silleteros
de este año fue John Jairo Grajales Gómez, padre de una compañera de
trabajo y una persona que he tenido la fortuna de conocer.
Este texto es un homenaje porque lo que hizo no
quiero contarlo solamente como una victoria. Quiero contarlo como una de esas
historias en las que la palabra hazaña empieza a tener sentido.
Para entenderlo hay que regresar un poco en el
tiempo.
La historia de los silleteros se remonta a
muchos años atrás, cuando campesinos e indígenas utilizaban estructuras de
madera, conocidas como silletas, para transportar niños, familiares, víveres,
encomiendas y, en algunos casos, personas que necesitaban ser trasladadas por
motivos de salud. En Santa Elena, uno de los primeros registros relacionados
con el uso de la silleta para transportar flores hacia Medellín corresponde a Braulio
Ochoa, quien tenía una finca en la vereda El Llano y realizó esta actividad
en 1925. Después aparecerían otros apellidos que terminarían ligados para
siempre a esta tradición: Grajales, Soto, Jurado y muchos más.[1]
No son solamente apellidos. Son familias, son
generaciones, son personas que aprendieron que una flor no comienza el día del
desfile. Comienza muchos meses antes.
En el primer Desfile de Silleteros participaron
entre 40 y 50 silleteros. Se realizó el 1 de mayo de 1957, desde entonces se ha
mantenido y actualmente es uno de los símbolos culturales más reconocidos de
Medellín.
Es una tradición que parece sencilla cuando uno
la observa desde la calle, pero detrás de esa imagen existe algo que el espectador
muchas veces no alcanza a ver. Tierra, semillas, lluvia, meses de espera y una
cantidad de trabajo que no cabe en las pocas horas que dura el desfile.
Cuando hablo con John Jairo, esa parte
invisible comienza a aparecer.
Lleva más de 40 años cultivando y
aproximadamente 15 años dedicados al cultivo de flor tradicional. Ese
amor por la tierra me cuenta, lo aprendió desde siempre, acompañando a su
padre, quien también se dedicó a esta labor. Para él, la Feria de las Flores no
termina cuando termina el desfile. En realidad, vuelve a comenzar.
Desde diciembre prepara nuevamente la tierra,
hace semilleros y planea cada siembra. Lo que empieza tendrá que esperar
aproximadamente ocho meses para convertirse en flores que puedan llegar a
Medellín.
Es prácticamente un año de trabajo para unos
cuantos días. Y ahí aparece una de las primeras cosas que hacen diferente esta
historia.
John Jairo no siembra sabiendo exactamente
cuándo tendrá la flor, la naturaleza no tiene calendario, una flor puede
adelantarse, puede retrasarse, puede dañarse, puede no salir. También puede
llegar demasiado pronto o demasiado tarde para el desfile. Y cuando eso ocurre,
no existe un botón para reiniciar el proceso. Hay que volver a sembrar, volver
a esperar, volver a confiar.
Quizá por eso una de las frases que más me
llamó la atención cuando hablamos fue precisamente esa: sembrar sin tener la
certeza de que la flor estará lista el día que se necesita.
Suena sencillo decirlo. Pero imaginemos hacerlo
durante meses, cuidar una planta sin saber si llegará a tiempo, esperar, volver
a esperar. Y después cargar sobre los hombros el resultado de todo ese trabajo.
John Jairo utilizó aproximadamente 80
variedades de flores en su silleta. ¡Ochenta! Detrás de cada una había una
historia diferente, algunas necesitan aprender a convivir con el tiempo, como los
gladiolos, tulipanes, azucenas, clavelinas y agapantos que requieren cuidados
especiales para conseguir que estén en el punto adecuado.
Otras necesitan todavía más paciencia. El botón
de oro, la rosa amarilla, la pomarrosa, el tul de novia, las pascuas y algunas
clavellinas pueden tardar alrededor de siete meses en florecer. Siete meses,
para que alguien pueda verla durante unos minutos.
Eso es lo que muchas veces no vemos cuando
miramos una silleta. No vemos los siete meses, vemos la flor; no vemos la
espera, vemos el color; no vemos la incertidumbre, vemos el resultado. Y quizá
ahí comienza realmente la historia de la hazaña.
John Jairo ya había conseguido el título de Ganador
Absoluto en 2017, en 2026 volvió a hacerlo. Dos años separados por casi una
década, dos veces alcanzando el primer lugar, dos veces viendo cómo el trabajo
de meses termina convertido en reconocimiento.
Según los registros disponibles, la distinción
de Ganador Absoluto, que reúne a los mejores de las diferentes
categorías, no se entregó de manera completamente uniforme durante todas las
ediciones del desfile, su registro como galardón unificado se encuentra
documentado de manera más sistemática en los años recientes.
En esos registros aparecen, entre otros, Juan
Ernesto Ortiz Grajales, ganador en 2019 y 2024, y ahora John Jairo
Grajales Gómez, ganador en 2017 y 2026.
Pero hay una diferencia entre conocer una
estadística y conocer la historia que existe detrás de ella. Quiero decir que
John Jairo ganó dos veces toma apenas una línea, contar lo que tuvo que hacer
para conseguirlo necesita mucho más.
Su silleta de 2026 no fue una repetición de la
de 2017. Esta vez quiso asumir otro reto. En 2017 había trabajado con
ramilletes más pequeños y una selección diferente de flores, para 2026 decidió
trabajar con ramos mucho más grandes, quiso que los colores vivos fueran
protagonistas, que cada flor pudiera resaltar por sí misma, jugó con las texturas,
con las formas, con los tamaños, buscó más movimiento, más volumen, más fuerza
visual.
Y mientras me cuenta todo esto, comienzo a
entender que la silleta no es solamente una composición de flores. También es
una forma de contar quién es el silletero, es su manera de dialogar con la
tierra, de mostrar lo que aprendió, de arriesgarse, de intentar algo diferente y,
finalmente, de poner sobre sus hombros el resultado.
Quizá por eso me cuesta llamarlo simplemente
ganador, un ganador es quien obtiene una victoria. Pero una hazaña necesita
algo más. Necesita tiempo, necesita dificultad, necesita perseverancia,
necesita la posibilidad real de no conseguirlo.
Y John Jairo tuvo todas esas cosas. Tuvo que
esperar meses para saber si las flores estarían listas, tuvo que enfrentarse a
un clima que no entiende de calendarios, tuvo que cuidar cerca de 80
variedades, tuvo que volver a intentarlo y tuvo que confiar nuevamente en la
tierra. Cuando finalmente llegó el desfile, todo aquello que había comenzado
muchos meses atrás apareció frente a Medellín convertido en una silleta. El
público vio flores.
Yo, después de conocer un poco de la historia
que había detrás, empecé a ver otra cosa. Vi al niño que acompañaba a su padre,
vi los más de 40 años cultivando, vi las madrugadas, vi la tierra preparada
desde diciembre, vi las flores que podían no llegar a tiempo, vi los siete
meses de espera de algunas de ellas, vi las 80 variedades. Vi el 2017 y vi el
2026.
Tal vez una palabra no pueda cargar todo lo que
significa. Quizá por eso necesitamos catorce sinónimos para intentar
explicarla. Después de conocer la historia de John Jairo Grajales Gómez, creo
que ninguna alcanza. Porque una hazaña no está solamente en el momento en que
alguien gana. Está en todo lo que hizo cuando todavía nadie sabía si iba a
ganar: en la tierra preparada con meses de anticipación, en la semilla que
todavía no era flor, en la flor que podía no llegar, en la espera, en la
incertidumbre del clima, en las manos que cultivan, en el padre que enseñó y en
las generaciones que mantienen un apellido unido a una tradición.
Por eso, aquella silleta que a primera vista
parece cargada solamente de flores, en realidad lleva mucho más. Lleva
diciembre y la tierra preparada, las semillas, los meses de espera, las cerca
de 80 variedades, las manos que cultivaron cada una de ellas y los más de 40
años que John Jairo lleva aprendiendo de la tierra. Lleva también la memoria de
su padre, la historia de varias generaciones de silleteros y una tradición que,
cada año, vuelve a ponerse sobre los hombros de alguien.
Y este año carga algo más.
Por segunda vez, después de 2017, sobre los
hombros de John Jairo Grajales Gómez se vuelve a posar una palabra que parece
demasiado pequeña para contar todo lo que hay detrás: hazaña.
Muchas felicitaciones,
don John Jairo. Que sigan las flores. Y, sobre todo, que
sigan las hazañas.
miércoles, 12 de agosto de 2026
Conversatorio con Jorge Londoño de la Cuesta
En este conversatorio de El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. dialoga nuevamente con Jorge Londoño de la Cuesta sobre la transformación del panorama político colombiano y el papel de las encuestas como reflejo de las tendencias electorales, para luego adentrarse en el dramático relato de la contingencia de Hidroituango. Desde su experiencia como gerente de EPM, Londoño reconstruye las horas de incertidumbre, las decisiones tomadas y la carrera contra el tiempo que permitió enfrentar una emergencia que puso en riesgo a cerca de 120.000 personas. Lo(a) invitamos a ver esta primera parte.Jorge Londoño de la Cuesta es ingeniero de Sistemas de la Universidad EAFIT y realizó el programa Presidentes de Empresa de la Universidad de los Andes. Durante cerca de 27 años estuvo al frente de Invamer, firma de investigación de mercados y opinión pública, donde lideró estudios para diversos sectores de la economía y, junto con Fedesarrollo, participó en la implementación del Índice de Confianza del Consumidor. En enero de 2016 asumió la gerencia general de EPM y el liderazgo del Grupo EPM, responsabilidad que ejerció hasta diciembre de 2019. Durante su gestión enfrentó algunos de los episodios más complejos de la historia de la empresa, especialmente la contingencia de Hidroituango, además de otros incidentes en centrales hidroeléctricas; la Junta Directiva de EPM destacó al cierre de su administración su entereza, capacidad de trabajo, responsabilidad y compromiso.
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