La tendencia moderna hacia la
urbanización intensiva y la proliferación de apartamentos cada vez más
funcionales y pequeños, ha coincidido en épocas recientes con el auge y el
apogeo cultural por compartir la vida con mascotas, dentro de las cuales los
perros y los gatos son los más representativos, corriente que va en aumento,
ante la realidad socio demográfica de que los jóvenes no necesariamente quieren
tener hijos, lo cual es una postura y una decisión de vida más que respetable.
Partiendo de la buena fe y de la
legitimidad de un trabajo que responde a la necesidad sentida de que las
mascotas que viven encerradas en apartamentos deben tener la posibilidad de
salir a caminar para hacer ejercicio o a hacer sus necesidades biológicas, se
hace cada vez más común ver, sobre todo en las horas de la mañana, a un puñado
de jóvenes, hombres y mujeres que llevan en sus manos varios perros de
diferentes tamaños, razas y edades (he llegado a contar hasta 14 perros en
manos de un paseador), lo cual como imagen para quienes disfrutamos la
presencia de los hoy denominados “peludos”, causa admiración y además, honda preocupación.
Los paseadores han tratado de
manera espontánea de vestirse más o menos parecido para poder ser
identificados.
Surgen algunas inquietudes
mínimas y básicas, pero de profunda reflexión.
Si yo llevo por decir algo 7
perros y uno de ellos defeca, ¿si tengo la posibilidad de recoger ese popó con
7 perros encima? La respuesta es no y obviamente la suciedad se produce y se acumula,
afectando a los peatones.
Si por alguna situación no
deseada uno de los perros se escapa, ¿quién responde? No pensemos ingenuamente
que el paseador, pues este no cuenta con los recursos para hacerlo.
¿Y si algún perro salta de la
acera y es atropellado por un carro? ¿Y si algún maleante se roba alguno? ¿Y si
alguno de los perros reacciona violentamente ante alguna persona y lo ataca?
Este tipo de servicios debe ser
ofrecido de manera formal, alrededor, por ejemplo, de una cooperativa, de modo
que exista un verdadero responsable y se pueda organizar esta actividad, que es
necesaria y que presta un gran servicio pero que hoy en día es absolutamente
informal y obviamente carente de capacidades reales para asumir
responsabilidades.
Yo por mi parte no le entrego
mis perros a nadie y si yo no hago ejercicio personalmente, pues espero la
solidaridad de mis mascotas para que tampoco lo hagan.
Cada época trae su afán y hoy
por hoy, en términos de convivencia, cuidado, respeto por los animales y
adecuado uso del espacio público, se hace necesario que las autoridades tomen
en sus manos la definición y aplicación de reglas claras para la prestación de
este servicio hoy tan demandado.
Vivir en comunidad y tranquilos,
no es fácil. De ahí que todos y cada uno debe aportar su granito de arena y
fomentar la práctica del respeto.
Recordemos a Gandhi cuando dice:
“Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus
animales”.
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