viernes, 26 de junio de 2026

Por tierras gallegas

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Por estos lares los amigos, con sus respectivas familias, son muchos: Agustín y Olga, Chema y Maricarmen, varios Manolos, y Julio César y Adriana, por citar algunos.

La cosa comenzó en A Coruña, costa norte de España. Aquí la temperatura estuvo fresca respecto del resto del país. Saludar a Julio César y su familia era el propósito. Él hizo un trabajo muy bueno como primer director de tecnología en nuestra administración y quería agradecerle correspondiendo su invitación. Fue muy grato ir a visitar nuestra renovada iglesia del Sagrado Corazón y saludar allí al único jesuita presente en ese momento. Los otros estaban en su último día de colegio, en Santa María del Mar. Luego, pasear por sus playas y la ciudad antigua, así como admirar a María Pita, la heroína que defendió este puerto del asedio de la Armada Invencible, comandada por Sir Francis Drake, y que logró hacerlos huir… me hizo imaginar una mujer con los pantalones bien puestos, cuya memoria se honra en la plaza mayor.

En coche (no carro), por esas excelentes autovías (las autopistas son de pago), Julio me llevó hasta San Martín de Noia, un poblado bien antiguo, al sur de Santiago, sobre las famosas rías gallegas.

Aprovecho aquí para hacer un comentario pertinente: allí había estado hace doce años celebrando una misa en domingo con un panorama bastante desolador: unas quince personas. Recuerdo que Agustín me decía que había muchas casas abandonadas en la región y que a ellos les gustaría que viniese gente de Latinoamérica. España se estaba envejeciendo y despoblando. La reconquista mora venía dándose y la vieja Europa necesitaba recuperarse; igual nos había dicho Benedicto XVI en Santiago de Compostela el día anterior, citando a Juan Pablo II. Pues les cuento que lo que he encontrado en España hoy día es un país muy diferente, renovado, remozado, con mucha gente joven, muchos niños, más participación en la Iglesia y, por supuesto, abundante migración latinoamericana. Florece la esperanza cual nueva primavera. El reciente paso de León XIV ha sido renovador.

Volvamos a Noia, traducción gallega de Noelia, la hija de Noé, el mismísimo del arca, quien parece que estuvo por aquí, cerca de Finisterrae, donde una paloma le trajo la rama de olivo. Los paisajes, preciosos; y el pueblo medieval, encantador. Don José, el párroco, me pidió presidir la celebración eucarística dominical y, esta vez, la iglesia estaba completamente llena, con muchos jóvenes y niños. Dos de ellos, Brais y Alma, hicieron su primera comunión. Fenomenal. Luego, el partido España-Arabia Saudita, lamentable. Eso de llevar cuarenta y ocho equipos (y están pensando en aumentar a sesenta y cuatro) es puro negocio, porque la calidad, muy regulimbis.

Al día siguiente tomamos el camino de Lugo. "¡Para comer, Lugo!", es el dicho. Dicen que el mejor pulpo a la gallega lo hacen aquí. Pude constatarlo. Y unos langostinos apanados… no se diga más. Me pusieron guía turística y con ella pude recorrer la ciudad antigua y sus murallas romanas, que aún se conservan. Esa tarde había una fiesta popular donde todo el mundo se disfraza de ciudadanos o soldados romanos para recordar a Lucus Augustus, el lugar de Augusto. El director del museo de la Catedral me regaló un tour por su interior. Ya les conté que la gula estética existe y que aquí también quedé harto, en el buen sentido, de tanto gusto, tanta cosa bella. Me enteré de que aquí quisieron mucho a los jesuitas; tanto, que cuando Carlitos III, de infeliz memoria para nosotros, nos expulsó, la orden era acabar con todo vestigio jesuítico. Iban a descabezar las estatuas de San Ignacio y Francisco Javier, y el pueblo se opuso. ¡Gracias, Lugo!

Fuimos a descansar a Santiago de Compostela. Me hospedé en San Martín Pinario, el antiguo seminario. Una vez ubicado, pasé a la catedral a visitar al apóstol. Pude darle el tradicional abrazo y orar un rato. Al día siguiente me fui a visitar el templo de San Agustín, donde los jesuitas también tenemos un Colegio Mayor. Había que darles vuelta a los hermanos antes de ir a la abarrotada Catedral, llena de peregrinos de todas las naciones, donde me dieron el privilegio de ser el segundo concelebrante en la eucaristía y, al final, echarle el incienso al famoso botafumeiro. ¡Qué espectáculo aquello! Ya había estado, pero, recordando a mi madre, que sigue haciendo gestiones celestiales, se me fueron las lágrimas.

Mi estancia en tierras gallegas, de la mano de Chema y su esposa Maricarmen, concluyó en la tarde con un suculento almuerzo en restaurante y cena en su casa, con un intermedio visitando el mercado local y la Ciudad de la Cultura, un moderno y monumental, por no decir faraónico, proyecto del Ayuntamiento, todo en piedra, donde pude disfrutar de Los rostros del Pacífico, una bella muestra artística denominada Las cuatro estaciones, y de lo que significa la innovación tecnológica: IA, metaverso, realidad virtual… realmente descrestante. Ya había estado yo en Santiago, pero estos lugares no los conocía.

Bueno, dejemos por aquí. Me quedan dos crónicas antes de volver a casa en pocos días: Madrid y Alicante.

jueves, 25 de junio de 2026

Los hombres que no terminaron de irse

Fredy Angarita
Fredy Angarita

“Más allá del mar”

La historia nos enseña que los cementerios comenzaron a trasladarse a las afueras de los pueblos para evitar enfermedades y problemas de salud pública. Esto no ocurrió únicamente en Medellín. También sucedió con el Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, en el Viejo San Juan, Puerto Rico.

Mientras investigaba sobre este lugar, encontré una definición que me gustó más que cualquier dato histórico. La dio Rafael Rodríguez, capellán y director de Servicios Pastorales de la Universidad del Sagrado Corazón de Santurce:

"La localización del cementerio muestra la creencia en Puerto Rico en la separación entre la vida y la muerte. El Gobierno de España decidió construir el cementerio fuera de las murallas y de cara al Océano Atlántico para simbolizar el viaje del espíritu al cruzar al más allá."

Al ingresar a este lugar se entiende perfectamente lo que quiso decir.

El blanco domina el paisaje. Pero no es el blanco de las nubes. Es el blanco del mármol con el que fueron construidos los mausoleos. Al fondo aparece un horizonte donde el azul del mar se encuentra con el cielo. La mayoría de las tumbas parecen mirar hacia ese infinito.

Si la idea del más allá pudiera contemplarse todos los días, probablemente se vería así.

Es un lugar encantador. Mágico.

Llegué allí para rendir un pequeño homenaje a mi cantante favorito, un gusto heredado de mi padre: Daniel Santos. También quería visitar a uno de los hombres que más he admirado por su manera de escribir: Catalino Curet Alonso, más conocido como "Tite" Curet Alonso.

Pensé que difícilmente podrían haber encontrado un mejor lugar para descansar.

Mientras observaba sus tumbas, tuve la sensación de que seguían mirando el horizonte. Como si todavía estuvieran atentos a algo que nosotros no alcanzamos a comprender. Los sentí eternos. Por momentos, incluso, me pareció escucharlos.

Frente a la tumba de Daniel Santos comenzaron a aparecer en mi memoria muchas de las canciones que han acompañado distintas etapas de mi vida: “Fichas negras”, “Toma jabón pa que lave”, “Despedida”, “Perdón”, “Obsesión”, “El sofá”, y, por supuesto, “En el juego de la vida”.

Con Tite Curet Alonso ocurre algo parecido. Existen mitos que afirman que compuso más de dos mil canciones. Sus biógrafos y coleccionistas consideran que fueron menos, aunque igualmente superó el millar de composiciones.

Más allá de la cifra exacta, pocas personas han dejado una huella tan profunda en la historia de la salsa.

Tal vez su nombre no sea tan conocido para todos. Pero basta mencionar algunas de sus obras para comprender la dimensión de su legado: “Periódico de ayer” (Héctor Lavoe), “Anacaona” (Cheo Feliciano), “Plantación adentro” (Willie Colón y Rubén Blades), “La cura” (Frankie Ruiz), “Juan Albañil” (Cheo Feliciano), “Temes” (Vitín Avilés), “Las caras lindas” (Ismael Rivera) y “Juanito Alimaña” (Héctor Lavoe).

Cuando salí del cementerio, Daniel Santos y Tite Curet seguían mirando el horizonte. Yo, en cambio, me fui pensando en algo distinto.

Hay hombres que heredan fortunas, hay hombres que heredan apellidos y hay otros que heredan canciones. Mi padre me dejó a Daniel Santos, Tite Curet me dejó palabras.

Ambos me enseñaron que algunas voces envejecen, algunos cuerpos desaparecen y algunos cementerios se llenan de silencio. Pero una buena canción siempre encuentra la manera de seguir respirando.

Gracias, maestros.

Por semejante repertorio.

 



 

 


miércoles, 24 de junio de 2026

Conversatorio con Jorge Londoño de la Cuesta


Antonio Montoya H.
Jorge Londoño de la Cuesta, el ingeniero que transformó la investigación de mercados y lideró grandes organizaciones del país, es el invitado al conversatorio de El Pensamiento al Aire esta semana, charla en la que habla con Antonio Montoya H. sobre la creación de Invamer y sobre lo que ha significado el mundo de las encuestas para Colombia. No dejes de verlo.

Es ingeniero de sistemas de la Universidad EAFIT y uno de los empresarios más reconocidos de Colombia en el campo de la investigación de mercados y la opinión pública. Durante 27 años lideró Invamer, empresa que consolidó como una de las firmas más importantes del país en estudios de mercado, comportamiento del consumidor y análisis electoral. Entre sus aportes más destacados figura la creación, junto con Fedesarrollo, del Índice de Confianza del Consumidor, referente clave para el análisis económico nacional. Su trayectoria también incluye actividades académicas y de consultoría en prestigiosas instituciones internacionales, además de colaboraciones como columnista en importantes medios de comunicación. Gracias a su experiencia en el sector empresarial, integró juntas directivas de reconocidas compañías y se convirtió en una voz influyente en temas económicos y de gestión. En 2018 asumió la Gerencia General del Grupo EPM, donde enfrentó importantes retos institucionales y operativos, y posteriormente fue designado embajador de Colombia en Canadá. Su carrera se distingue por combinar conocimiento técnico, visión estratégica y liderazgo en sectores clave para el desarrollo económico y empresarial del país.

Desorientación y omisión

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

El impredecible aumento de la votación por Cepeda en los 20 días que separaron la segunda de la primera vuelta, de tres millones de votos, debe ser analizado rigurosamente.

A pesar de un gobierno pésimo, corrupto como ninguno en el mundo, y con el peor candidato imaginable, los del llamado “Pacto Histórico” esperaban ganar en la primera vuelta, confiando en los efectos económicos directos de la contratación espuria de 30 billones, y en los psicológicos indirectos del alza brutal del salario mínimo.

A pesar de ambos abusos monumentales, los dos aspirantes demócratas sumaron dos millones de votos más que el candidato del comunismo, las FARC, el ELN, el narcotráfico y Petro.

No es difícil, entonces, colegir que, desesperados por ese fracaso inesperado, tuvieron que emprender una segunda compra masiva de votos. La aceleración de la revaluación del peso en Colombia en ese corto lapso puede explicarse en buena parte por el ingreso inusitado de la cantidad de dólares requerida para asegurarle a la mafia la consolidación de un modelo criminal de gobernanza al servicio de una “industria” que ya representa casi el 5 % del PIB. Esa hipótesis, propuesta por un eminente exministro de Estado, está bien lejos de ser descabellada.

Dejando atrás ese sensible punto, hablemos de la desinformación, que no fue escasa antes de la primera vuelta, pero se incrementó de manera impresionante antes de la segunda, no solo por las bien financiadas bodegas de Petro, sino, también, por la mayoría de los grandes medios masivos, especialmente de radio y tv, que exageraron su “neutralidad”.

Como he expresado en un reciente artículo, la pregunta de Churchill, “¿Neutrales contra quién?”, puede resonar ahora en Colombia, porque fue inocultable la “neutralidad” contra Abelardo y la benevolencia frente a Cepeda.

En efecto, en víspera de las elecciones definitivas para salvar a Colombia de un infierno como los de Cuba y Venezuela, los grandes medios continuaron presentando al “heredero” como un candidato normal, demócrata y gran defensor de los derechos humanos, que jamás empuñó un arma ni aprobó la combinación de todas las formas de lucha. Entonces, lo pintaron como un inofensivo, bondadoso anciano, filósofo de profesión, amante de la música clásica, al que con frecuencia entrevistaban con especial dulzura…

Durante el último año, jamás se lo interrogó sobre su petrismo, ni sobre su silencio sobre los mas de 18000 niños de ambos sexos secuestrados, violados y corrompidos por las guerrillas, ni se comentó su total inexperiencia en la administración pública, ni su inopia en economía, y tampoco se comentó que su pericia en los asuntos jurídicos solo sobresale en el campo del falso testimonio…

Nadie conoce a Cepeda mejor que los informadores profesionales, lo que da la medida de su culpabilidad cuando callan sobre ese terrorífico, eterno orientador de la subversión, del cual construyeron la imagen más falsa y bondadosa.

Todos sabemos que los gobernantes corruptos aprecian los medios más por lo que omiten que por lo que informan; y no olvidemos que precio y aprecio comparten la raíz latina.

Pero si hubo una omisión generalizada en los medios masivos, hubo otra, quizá más grave moralmente, en la Iglesia colombiana.

Desde luego, esta no debe tomar partido en asuntos de mera política partidista, pero el Señor ha dicho que hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Por tanto, el impenetrable silencio de la jerarquía, durante todo el cuatrienio, frente a un gobierno comunista, revolucionario y promotor de la expansión del narcotráfico, constituye la más culpable de las omisiones.

El deber de la Iglesia no se cumple omitiendo este tema fundamental, central dentro de su doctrina, para limitarse a una breve recomendación el día de las elecciones, cuando en todas las homilías se nos dijo a los fieles que debíamos “votar en conciencia”, pero sin haber contribuido durante estos horribles cuatro años a formar esa conciencia, que jamás se ilumina con culpable silencio.

No quisiera verme obligado a preguntar a los señores obispos contra quién fueron ellos “neutrales”…

martes, 23 de junio de 2026

De Valencia a Badajoz

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Una segunda etapa del viaje me llevó a bordear el sur de España hasta su frontera con Portugal.

Valencia. Aunque tiene su autonomía política, lingüísticamente el valenciano es un dialecto de clara herencia catalana. Por allí está Gandia, sede del Duque Francisco de Borja quien además era Virrey de Cataluña. Para los que no saben la historia, Borja, renunció a todas sus riquezas y prebendas cuando observó el cadáver descompuesto de la reina y juró “nunca más servir a un señor que se pudiera morir”. Su vida terminó como tercer general de la Compañía de Jesús y canonizado santo de la Iglesia. A él le debemos la primera experiencia piloto de un colegio jesuita para externos, seguida luego por la de Goa con Javier, ambas antes de Mesina en Italia, primer colegio oficial fundado por Ignacio.

No pude conocerla porque, como les dije, mi objetivo era visitar los amigos y allí encontré dos: Saddy, sacerdote de la diócesis de Cúcuta, que hace estudios de maestría y Fanny, educadora nariñense que trabajó hasta jubilarse en nuestro colegio javeriano y quien vive con su hijo. Ellos no se conocían, pero en algún momento nos encontramos todos. Pude conocer la catedral y algo de la ciudad, así como ir al mar y caminar descalzo en la playa sintiendo por primera vez el Mediterráneo. La eucaristía de la fiesta del Sagrado Corazón fue en la parroquia de San José, donde me hospedé. Y una buena comida fue en un restaurante de tenedor libre donde recuperé los kilos que había bajado, siguiendo la estricta dieta de jamones y quesos, jajaja.

Chiclana de la Frontera. Es una población de las varias que rodean el puerto de Cádiz. Allí arribé después de un día entero en tren con transbordo en Sevilla. Andalucía es otra cosa. He tenido amigos andaluces y su hablar rápido y enredado me hace sentir en nuestra costa caribe. Anita, la prima que deseaba saludar después de ocho años, vive allí con su esposo desde que muriera su mamá, la mayor de mis primas, y la amiga y compañera de juergas de mi mamá, que me tuvo a mí, el menor de los primos de la familia. Coincidió mi estancia con las ferias y fiestas de San Antonio, su patrono. No me lo van a creer, pero nunca he visto tanta gente aglomerada, tantos autos, tantas casetas, tantas ventas, tantos juegos mecánicos, tantas mamás con los bebés en sus coches, literalmente legiones… una experiencia única. Los turrones que se me ocultaron hasta ese momento con el cuento de que son producto de invierno, brotaron de pronto en pleno verano. No se ilusionen: conservo las cajas como recuerdo.

Badajoz. Es la provincia fronteriza con Portugal y la más caliente de España. 44 grados no lograron derretirme porque me refugié en el Real Monasterio de Santa Ana donde viven, desde 1518, religiosas clarisas. Una de ellas, mi prima Martha Lucía, desde hace casi tres décadas. A pesar de su estricta clausura, la Madre abadesa permitió que en dos ocasiones me pudiese reunir con toda la comunidad para conversar y reír con ellas: hay colombianas, mexicanas, paraguayas, polacas y, por supuesto, extremeñas. También les presidí dos veces la eucaristía y las acompañé en sus oficios litúrgicos y de trabajo manual armando cajas donde empacan dulces con los cuales sobreviven. Pude conocer nuestro colegio y la parroquia que regentamos, además de almorzar con la comunidad. A casi tres horas de allí, en Cáceres, y gracias a la generosidad de Florencio, un amigo doctor en psicología, pude conocer el Real Monasterio que fue de los jerónimos, ahora de los franciscanos, donde se conserva la imagen de la Virgen de Guadalupe, talla en madera del siglo XIII. Allí hay un bajo relieve de esa imagen bordeada con rayos. Conocí entonces la relación con nuestra guadalupana que puede tener asidero histórico: Hernán Cortés era de Medellín, en Extremadura, y le acompañan muchos coterráneos en su aventura por la Nueva España, hoy Mexico. Cuando Juan Diego, el indígena, le muestra al obispo Zumárraga su tilma o ayate con la imagen, los españoles allí presentes al ver la imagen exclaman: “¡como la de Guadalupe!”, la extremeña, de modo que así se quedó. 

lunes, 22 de junio de 2026

La verdadera magnitud del triunfo de Abelardo

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

En los 64 años que han transcurrido entre la elección de Guillermo León Valencia en 1962, y la de Abelardo de la Espriella en este 2026, he vivido todas las justas electorales, lo que me permite afirmar que jamás he visto campaña mejor, más bella y difícil, y con un candidato mas convincente, enérgico y mejor comunicado con el sentimiento real de un país oprimido por la arbitrariedad, el despotismo, la corrupción y el crimen.

Nunca hubo triunfo comparable. Abelardo superó la desinformación masiva ejercida a los grandes medios enmermelados, los 30 billones para la compra oficial de votos, la coerción de mingas, guerrillas y combos sobre un tercio del territorio; el terror anunciado para disuadir de acudir a las urnas; la violación de todas las leyes y la preponderancia económica de los nuevos medios mafiosos del país. Todo lo anterior, coordinado por un gobierno comunista, dirigido por un rufián tan falaz como corrupto.

Si consideramos el evidente horrible escenario en el que se ha desarrollado la campaña, el triunfo de Abelardo y José Manuel no es exiguo, todo lo contrario, porque parecía imposible teniendo en cuenta todos los factores adversos que ha superado.

Si la noche es más oscura antes del amanecer, podemos decir que en Colombia empieza a brillar una aurora que anuncia tiempos especialmente difíciles, los de sacar al país del atroz abismo en que Petro nos ha querido sepultar para siempre.

Gracias al Señor por salvar a Colombia

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Finalizada esta trascendental y definitiva jornada electoral, los resultados permiten concluir que la mayoría de los colombianos escogió defender su libertad y su derecho a vivir bajo la democracia y no subyugados por un régimen marxista y totalitario.

Quedó atrás la amenaza de que la camarilla populista y sus cómplices del narcoterrorismo continúen amenazando la tranquilidad y utilizando los recursos del Estado para usufructo de sus aliados o para locas aventuras que nos han conducido a la bancarrota fiscal.

Que sea lo primero dar gracias infinitas al Señor, que ha escuchado las plegarias de un pueblo ansioso por regresar al seguimiento de las palabras evangélicas. Sin su protección esta espléndida victoria no habría sido posible.

Nos queda el compromiso de respaldar al gobierno de Abelardo de la Espriella, legítimamente elegido, y poner, cada uno de nosotros, nuestro granito de mostaza en la construcción de la patria milagro que anhelamos.

Colombia vive un nuevo amanecer. Ha cesado la horrible noche. Nuestra unión sobre lo fundamental, que es la salvación de Colombia, nos permitirá convertir a nuestro país en una potencia en todos los aspectos espirituales, culturales y materiales y dejar un maravilloso legado a las nuevas generaciones. ¡Firmes con la patria!