miércoles, 24 de junio de 2026

Conversatorio con Jorge Londoño de la Cuesta


Antonio Montoya H.
Jorge Londoño de la Cuesta, el ingeniero que transformó la investigación de mercados y lideró grandes organizaciones del país, es el invitado al conversatorio de El Pensamiento al Aire esta semana, charla en la que habla con Antonio Montoya H. sobre la creación de Invamer y sobre lo que ha significado el mundo de las encuestas para Colombia. No dejes de verlo.

Es ingeniero de sistemas de la Universidad EAFIT y uno de los empresarios más reconocidos de Colombia en el campo de la investigación de mercados y la opinión pública. Durante 27 años lideró Invamer, empresa que consolidó como una de las firmas más importantes del país en estudios de mercado, comportamiento del consumidor y análisis electoral. Entre sus aportes más destacados figura la creación, junto con Fedesarrollo, del Índice de Confianza del Consumidor, referente clave para el análisis económico nacional. Su trayectoria también incluye actividades académicas y de consultoría en prestigiosas instituciones internacionales, además de colaboraciones como columnista en importantes medios de comunicación. Gracias a su experiencia en el sector empresarial, integró juntas directivas de reconocidas compañías y se convirtió en una voz influyente en temas económicos y de gestión. En 2018 asumió la Gerencia General del Grupo EPM, donde enfrentó importantes retos institucionales y operativos, y posteriormente fue designado embajador de Colombia en Canadá. Su carrera se distingue por combinar conocimiento técnico, visión estratégica y liderazgo en sectores clave para el desarrollo económico y empresarial del país.

Desorientación y omisión

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

El impredecible aumento de la votación por Cepeda en los 20 días que separaron la segunda de la primera vuelta, de tres millones de votos, debe ser analizado rigurosamente.

A pesar de un gobierno pésimo, corrupto como ninguno en el mundo, y con el peor candidato imaginable, los del llamado “Pacto Histórico” esperaban ganar en la primera vuelta, confiando en los efectos económicos directos de la contratación espuria de 30 billones, y en los psicológicos indirectos del alza brutal del salario mínimo.

A pesar de ambos abusos monumentales, los dos aspirantes demócratas sumaron dos millones de votos más que el candidato del comunismo, las FARC, el ELN, el narcotráfico y Petro.

No es difícil, entonces, colegir que, desesperados por ese fracaso inesperado, tuvieron que emprender una segunda compra masiva de votos. La aceleración de la revaluación del peso en Colombia en ese corto lapso puede explicarse en buena parte por el ingreso inusitado de la cantidad de dólares requerida para asegurarle a la mafia la consolidación de un modelo criminal de gobernanza al servicio de una “industria” que ya representa casi el 5 % del PIB. Esa hipótesis, propuesta por un eminente exministro de Estado, está bien lejos de ser descabellada.

Dejando atrás ese sensible punto, hablemos de la desinformación, que no fue escasa antes de la primera vuelta, pero se incrementó de manera impresionante antes de la segunda, no solo por las bien financiadas bodegas de Petro, sino, también, por la mayoría de los grandes medios masivos, especialmente de radio y tv, que exageraron su “neutralidad”.

Como he expresado en un reciente artículo, la pregunta de Churchill, “¿Neutrales contra quién?”, puede resonar ahora en Colombia, porque fue inocultable la “neutralidad” contra Abelardo y la benevolencia frente a Cepeda.

En efecto, en víspera de las elecciones definitivas para salvar a Colombia de un infierno como los de Cuba y Venezuela, los grandes medios continuaron presentando al “heredero” como un candidato normal, demócrata y gran defensor de los derechos humanos, que jamás empuñó un arma ni aprobó la combinación de todas las formas de lucha. Entonces, lo pintaron como un inofensivo, bondadoso anciano, filósofo de profesión, amante de la música clásica, al que con frecuencia entrevistaban con especial dulzura…

Durante el último año, jamás se lo interrogó sobre su petrismo, ni sobre su silencio sobre los mas de 18000 niños de ambos sexos secuestrados, violados y corrompidos por las guerrillas, ni se comentó su total inexperiencia en la administración pública, ni su inopia en economía, y tampoco se comentó que su pericia en los asuntos jurídicos solo sobresale en el campo del falso testimonio…

Nadie conoce a Cepeda mejor que los informadores profesionales, lo que da la medida de su culpabilidad cuando callan sobre ese terrorífico, eterno orientador de la subversión, del cual construyeron la imagen más falsa y bondadosa.

Todos sabemos que los gobernantes corruptos aprecian los medios más por lo que omiten que por lo que informan; y no olvidemos que precio y aprecio comparten la raíz latina.

Pero si hubo una omisión generalizada en los medios masivos, hubo otra, quizá más grave moralmente, en la Iglesia colombiana.

Desde luego, esta no debe tomar partido en asuntos de mera política partidista, pero el Señor ha dicho que hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Por tanto, el impenetrable silencio de la jerarquía, durante todo el cuatrienio, frente a un gobierno comunista, revolucionario y promotor de la expansión del narcotráfico, constituye la más culpable de las omisiones.

El deber de la Iglesia no se cumple omitiendo este tema fundamental, central dentro de su doctrina, para limitarse a una breve recomendación el día de las elecciones, cuando en todas las homilías se nos dijo a los fieles que debíamos “votar en conciencia”, pero sin haber contribuido durante estos horribles cuatro años a formar esa conciencia, que jamás se ilumina con culpable silencio.

No quisiera verme obligado a preguntar a los señores obispos contra quién fueron ellos “neutrales”…

martes, 23 de junio de 2026

De Valencia a Badajoz

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Una segunda etapa del viaje me llevó a bordear el sur de España hasta su frontera con Portugal.

Valencia. Aunque tiene su autonomía política, lingüísticamente el valenciano es un dialecto de clara herencia catalana. Por allí está Gandia, sede del Duque Francisco de Borja quien además era Virrey de Cataluña. Para los que no saben la historia, Borja, renunció a todas sus riquezas y prebendas cuando observó el cadáver descompuesto de la reina y juró “nunca más servir a un señor que se pudiera morir”. Su vida terminó como tercer general de la Compañía de Jesús y canonizado santo de la Iglesia. A él le debemos la primera experiencia piloto de un colegio jesuita para externos, seguida luego por la de Goa con Javier, ambas antes de Mesina en Italia, primer colegio oficial fundado por Ignacio.

No pude conocerla porque, como les dije, mi objetivo era visitar los amigos y allí encontré dos: Saddy, sacerdote de la diócesis de Cúcuta, que hace estudios de maestría y Fanny, educadora nariñense que trabajó hasta jubilarse en nuestro colegio javeriano y quien vive con su hijo. Ellos no se conocían, pero en algún momento nos encontramos todos. Pude conocer la catedral y algo de la ciudad, así como ir al mar y caminar descalzo en la playa sintiendo por primera vez el Mediterráneo. La eucaristía de la fiesta del Sagrado Corazón fue en la parroquia de San José, donde me hospedé. Y una buena comida fue en un restaurante de tenedor libre donde recuperé los kilos que había bajado, siguiendo la estricta dieta de jamones y quesos, jajaja.

Chiclana de la Frontera. Es una población de las varias que rodean el puerto de Cádiz. Allí arribé después de un día entero en tren con transbordo en Sevilla. Andalucía es otra cosa. He tenido amigos andaluces y su hablar rápido y enredado me hace sentir en nuestra costa caribe. Anita, la prima que deseaba saludar después de ocho años, vive allí con su esposo desde que muriera su mamá, la mayor de mis primas, y la amiga y compañera de juergas de mi mamá, que me tuvo a mí, el menor de los primos de la familia. Coincidió mi estancia con las ferias y fiestas de San Antonio, su patrono. No me lo van a creer, pero nunca he visto tanta gente aglomerada, tantos autos, tantas casetas, tantas ventas, tantos juegos mecánicos, tantas mamás con los bebés en sus coches, literalmente legiones… una experiencia única. Los turrones que se me ocultaron hasta ese momento con el cuento de que son producto de invierno, brotaron de pronto en pleno verano. No se ilusionen: conservo las cajas como recuerdo.

Badajoz. Es la provincia fronteriza con Portugal y la más caliente de España. 44 grados no lograron derretirme porque me refugié en el Real Monasterio de Santa Ana donde viven, desde 1518, religiosas clarisas. Una de ellas, mi prima Martha Lucía, desde hace casi tres décadas. A pesar de su estricta clausura, la Madre abadesa permitió que en dos ocasiones me pudiese reunir con toda la comunidad para conversar y reír con ellas: hay colombianas, mexicanas, paraguayas, polacas y, por supuesto, extremeñas. También les presidí dos veces la eucaristía y las acompañé en sus oficios litúrgicos y de trabajo manual armando cajas donde empacan dulces con los cuales sobreviven. Pude conocer nuestro colegio y la parroquia que regentamos, además de almorzar con la comunidad. A casi tres horas de allí, en Cáceres, y gracias a la generosidad de Florencio, un amigo doctor en psicología, pude conocer el Real Monasterio que fue de los jerónimos, ahora de los franciscanos, donde se conserva la imagen de la Virgen de Guadalupe, talla en madera del siglo XIII. Allí hay un bajo relieve de esa imagen bordeada con rayos. Conocí entonces la relación con nuestra guadalupana que puede tener asidero histórico: Hernán Cortés era de Medellín, en Extremadura, y le acompañan muchos coterráneos en su aventura por la Nueva España, hoy Mexico. Cuando Juan Diego, el indígena, le muestra al obispo Zumárraga su tilma o ayate con la imagen, los españoles allí presentes al ver la imagen exclaman: “¡como la de Guadalupe!”, la extremeña, de modo que así se quedó. 

lunes, 22 de junio de 2026

La verdadera magnitud del triunfo de Abelardo

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

En los 64 años que han transcurrido entre la elección de Guillermo León Valencia en 1962, y la de Abelardo de la Espriella en este 2026, he vivido todas las justas electorales, lo que me permite afirmar que jamás he visto campaña mejor, más bella y difícil, y con un candidato mas convincente, enérgico y mejor comunicado con el sentimiento real de un país oprimido por la arbitrariedad, el despotismo, la corrupción y el crimen.

Nunca hubo triunfo comparable. Abelardo superó la desinformación masiva ejercida a los grandes medios enmermelados, los 30 billones para la compra oficial de votos, la coerción de mingas, guerrillas y combos sobre un tercio del territorio; el terror anunciado para disuadir de acudir a las urnas; la violación de todas las leyes y la preponderancia económica de los nuevos medios mafiosos del país. Todo lo anterior, coordinado por un gobierno comunista, dirigido por un rufián tan falaz como corrupto.

Si consideramos el evidente horrible escenario en el que se ha desarrollado la campaña, el triunfo de Abelardo y José Manuel no es exiguo, todo lo contrario, porque parecía imposible teniendo en cuenta todos los factores adversos que ha superado.

Si la noche es más oscura antes del amanecer, podemos decir que en Colombia empieza a brillar una aurora que anuncia tiempos especialmente difíciles, los de sacar al país del atroz abismo en que Petro nos ha querido sepultar para siempre.

Gracias al Señor por salvar a Colombia

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Finalizada esta trascendental y definitiva jornada electoral, los resultados permiten concluir que la mayoría de los colombianos escogió defender su libertad y su derecho a vivir bajo la democracia y no subyugados por un régimen marxista y totalitario.

Quedó atrás la amenaza de que la camarilla populista y sus cómplices del narcoterrorismo continúen amenazando la tranquilidad y utilizando los recursos del Estado para usufructo de sus aliados o para locas aventuras que nos han conducido a la bancarrota fiscal.

Que sea lo primero dar gracias infinitas al Señor, que ha escuchado las plegarias de un pueblo ansioso por regresar al seguimiento de las palabras evangélicas. Sin su protección esta espléndida victoria no habría sido posible.

Nos queda el compromiso de respaldar al gobierno de Abelardo de la Espriella, legítimamente elegido, y poner, cada uno de nosotros, nuestro granito de mostaza en la construcción de la patria milagro que anhelamos.

Colombia vive un nuevo amanecer. Ha cesado la horrible noche. Nuestra unión sobre lo fundamental, que es la salvación de Colombia, nos permitirá convertir a nuestro país en una potencia en todos los aspectos espirituales, culturales y materiales y dejar un maravilloso legado a las nuevas generaciones. ¡Firmes con la patria!

viernes, 19 de junio de 2026

Gaudí, fuera de serie

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Otro motivo para visitar Barcelona era conocer la Basílica de la Sagrada Familia, esa monumental obra concebida por Antonio Gaudí, que lleva más de un siglo construyéndose y a la que le faltan, según los expertos, otros 10 años de trabajos.

La presencia de León XIV en la inauguración de la Torre de Jesucristo el pasado 10 de junio, coincidió con el centenario de la muerte del arquitecto y máximo exponente del modernismo catalán, conocido también como el “arquitecto de Dios”, un hombre fuera de serie no solo por su creatividad sino por su manera de ser y proceder. Tan significativa fue su vida que se encuentra en proceso de beatificación. En efecto, Gaudí a pesar de su reconocimiento, vivió austeramente, tanto, que cuando en un trágico accidente un tranvía lo atropelló y fue llevado al hospital, no lo reconocieron pensando que era un pordiosero.

En mis visitas a iglesias en Europa es tanto el derroche de arte que he visto y admirado estéticamente que debo confesar que siento cierto “hastío”. Una comida exquisita se consume con gusto en pequeñas dosis, pero cuando le sirven a uno cantidades exorbitantes, por más rico y fino el manjar, uno se harta. Eso he sentido y ustedes me entienden el tono nada peyorativo de mi afirmación. En un mundo teocéntrico nada se escatimó para rendirle honor y gloria a Dios, edificios, torres, muros, columnas, cuadros, esculturas, frisos, artesonados, tallas, pinturas, grabados, dibujos, murales, vitrales, música, todo, absolutamente todo, es exuberante, bello, majestuoso, de un exquisito gusto estético. Con razón Antonio Banderas en su saludo al Papa, haciendo justicia, afirmó que la Iglesia ha sido la principal productora de arte en la historia de la humanidad.

Entonces, imaginaba yo, que después de esos tiempos dorados el hombre no volvería a producir algo similar. Me equivoqué. Gaudí lo ha logrado con creces. Y no lo digo por lo que se puede ver por fuera que ya es bastante fastuoso, cargado de formas, símbolos y colores, sino también por la experiencia que se vive desde dentro y que resulta majestuosa. Todo su diseño interior es novedoso y todo tiene su sentido. No es caprichoso, no es ostentoso, es sobrio y a la vez elegante. De la mano de los expertos valdrá la pena algún día enterarme a fondo de ese conjunto de significados, significantes y significaciones para tratar de comprehender la teología que encierra. Hay que ir en un día soleado como el que me tocó para gozar desde dentro sus vitrales de colores iluminando todos al tiempo y que conjugados ellos lo hacen sentir a uno en otra dimensión, en otro mundo.

En su homilia, el Papa aludió a la Iglesia como templo que se va construyendo día a día, cuya piedra angular es Cristo y nosotros piedras vivas; un proyecto que se va realizando, una obra inconclusa, lo que no ha de entenderse como defecto sino tarea permanente; templo del Espíritu Santo; no casa que le hacemos a Dios, sino una casa que Dios nos ofrece para acogernos en su corazón. La torre de Jesucristo, ahora la más alta del mundo, invita a “alzar la mirada” (lema de la visita) para reconocer en el Señor esa luz de su amor que brilla en las tinieblas y se convierte para todos en faro y guía. Antonio Gaudí, logra en esta obra de arte, ofrecernos un mensaje evangelizador fuera de serie. ¡Extraordinario!

jueves, 18 de junio de 2026

“Si me dicen algo, le aviso”

Fredy Angarita
Fredy Angarita

“Una enfermedad sin tratamiento”

Estamos discutiendo por el mal servicio de salud. Nos quejamos, levantamos la voz, decimos que Petro acabó con el sistema. Algunos aseguran que éramos la envidia de Suramérica, que antes teníamos coberturas cercanas al 90 % y que ahora apenas alcanzamos el 70 %.

Se habla de corrupción, de recursos perdidos, de acabar con las EPS, de listas de espera y de la falta de atención.

El fin de semana, del 13 al 15 de junio, acompañé un tío a urgencias. Pasé allí el sábado, el domingo y parte del lunes.

Sí comprobé algo que muchos dicen: el servicio es lento. Pero también vi algo de lo que casi nadie habla: apenas los pacientes eran atendidos, el personal de salud se mostraba amable, cordial y profundamente humano.

Lo que realmente me dejó asombrado no fue la demora, fue la soledad que encontré en esas salas.

Muchos de los pacientes llegaban solos, algunos eran recibidos por los vigilantes.

—Señor(a), debe reclamar una ficha.

—¿Me presta la cédula?

—Lo van a llamar con este número. Apenas lo llamen, yo le devuelvo el documento.

Imaginen por un momento estar enfermos y tener que enfrentarlo todo solos. Entender indicaciones, hacer filas, esperar resultados, escuchar diagnósticos.

Mientras Colombia discute sobre la salud, pocos parecen notar la cantidad de adultos mayores que esperan solos en las salas de urgencias.

Algunos recibían una llamada y, por un instante, parecía que el celular era la única compañía que tenían. Otros, con la humildad que dan los años, le decían al que está al otro lado del celular:

—Si me dicen algo, le aviso.

Y esa frase, tan simple, me produjo una tristeza difícil de explicar.

No les pregunté por qué estaban solos. No sé si sus hijos viven lejos, si ya no tienen familia o si simplemente nadie pudo acompañarlos. Pero la enfermedad es uno de esos momentos en los que uno quisiera tener a alguien al lado.

Después de este fin de semana admiro mucho más a quienes trabajan en el sector salud. No porque puedan resolver todos los problemas del sistema, sino porque, en muchos casos, eran las únicas personas que hacían sentir acompañados a quienes estaban allí.

También me di cuenta de lo poco sensibles que nos hemos vuelto. El dolor ajeno rara vez importa. Nos preocupa nuestro sufrimiento o el de nuestros familiares, pero pocas veces miramos hacia el lado para preguntarnos qué está viviendo la persona que espera en la silla de al lado.

Podemos pensar que no sabemos cómo reaccionará alguien ante un gesto de ayuda. Pero tampoco podemos acostumbrarnos a ignorar el dolor de los demás.

Muchos siguen discutiendo sobre el sistema de salud. Y tienen razones para hacerlo.

Pero mientras debatimos sobre cifras, reformas y responsables, hay personas enfermas esperando solas en una sala de urgencias.

Quizá esa sea una de las enfermedades más silenciosas de nuestra época. La soledad. Y para esa, todavía no existe una EPS que entregue tratamiento.