viernes, 23 de octubre de 2026

Refrescando retos

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Esta semana he estado en Lima participando en varios encuentros organizados por Fe y Alegría y que me implicaron participar activamente: inducción a nuevos directores; 50º Congreso Internacional y junta de directores nacionales. La verdad, todo interesante y muy necesario, aunque queda uno de recoger con cuchara.

Hoy quiero detenerme en una reflexión que presentó un conferencista de la Unesco, invitado para la ocasión. Afirmaba el expositor con sobrada razón que el reto de la educación es muy grande, porque sigue habiendo en el mundo dificultad de acceso a la misma. Además, el acceso o lograr la cobertura no es suficiente porque algunos deben interrumpir su proceso por múltiples factores (distancias, desmotivación, necesidad de trabajar, problemas familiares, entre otros), entonces la deserción es significativa. El permanecer tampoco garantiza el éxito del proceso, porque se puede permanecer en el sistema, pero no aprender. En efecto, la escolaridad completa de los 14 años del ciclo formal no garantiza un buen nivel educativo. Obsérvense al respecto los resultados de las pruebas de Estado o las que nos miden en el ámbito internacional: lamentables. Nuestros muchachos no saben leer, escriben mal, les cuesta hablar en público, no redactan con fluidez un texto y menos aún tienen una comprensión crítica de una lectura.

Lo grave es que no son suficientes los contenidos, los cuales se pueden aprender de memoria para recitar lo aprendido en el típico modelo bancario que en su momento denunciara Paulo Freire, lo preocupante es que mucho de eso que han aprendido no es relevante, ni sirve para la vida, la convivencia y su supervivencia. No termina la crítica aquí: mucha gente “educada” no está logrando transformar el mundo, en otras palabras, los “mejores” o solo se preocupan por su propio éxito individual y en su voracidad de éxito y dinero están acabando con el mundo, o sencillamente no les preocupa la suerte de los otros.

Estas ideas me han refrescado retos, removido la razón y sentido de lo que estoy haciendo y, sobre todo, porqué y para qué lo estoy haciendo. Por si fuera poco, dos anécdotas para cerrar hoy mi escrito:

* En Barranquilla, la persona que me presentó leyendo mi currículum, a propósito del tiempo de trabajo y experiencia en el mundo educativo, concluyó: “Como pueden ver, el padre José Leonardo se ha preparado durante 35 años para trabajar en Fe y Alegría”, una expresión que me resultó tan sugestiva como motivante. Todo tiene su tiempo y es verdad que todo ese tiempo, más los ocho de administrador provincial, sin duda alguna me han preparado mejor para tamaño reto que ahora tengo.

* Roberto, mi compañero de noviciado y también de ordenación, que ahora desde Roma coordina todo el apostolado social, me escribió: “que disfrutes ese que es el más importante destino que has tenido en tu vida: no hay nada más importante que aprender y aprender educando a los pobres pobres”. Totalmente de acuerdo. Trabajar con los pobres es una gracia de Dios. Además, siempre lo he dicho, casi que diariamente, todos los días se aprende. Sólo hay que estar atentos, pues la vida no hace sino darte lecciones y hay que estar como esponjas, con los ojos abiertos, los oídos alertas, la mente dispuesta a aprender, un proceso educativo que dura toda la vida, hasta el último minuto de nuestra existencia.

jueves, 22 de octubre de 2026

Los símbolos que sobreviven al borrado

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Hace casi un año escribí que cada generación inventa sus propios gritos. Que los jóvenes del siglo XXI ya no siempre alzan pancartas de tela, ahora viralizan imágenes, comparten memes, levantan banderas nacidas del manga y convierten un dibujo en una forma de decir lo que a veces no cabe en un discurso. En aquel texto lo llamé Los nuevos símbolos.

Después llegó una frase que convirtió un muro en noticia: «Las cuchas tienen razón».

En Medellín, la pintaron para acompañar la búsqueda de las madres que todavía esperan respuestas sobre sus hijos desaparecidos. La frase no necesitaba explicar toda la historia de la Comuna 13 ni resumir la Operación Orión. Bastaba con nombrar a las mujeres que habían insistido en contar aquello que durante años reclamaron que se escuchara.

En enero de 2025, el mural fue cubierto con pintura gris en el deprimido de la Terminal del Norte, por decisión de la Alcaldía de Medellín, que argumentó razones relacionadas con el uso del espacio y la intervención gráfica[1]. La imagen se reprodujo en otras ciudades. En Bogotá fue cubierta con pintura negra; en Cali, una cuadrilla de infraestructura la borró parcialmente, una actuación que la administración atribuyó después a un error[2].

El muro se convirtió en noticia. La frase comenzó a circular por las pantallas. Y aquello que algunos quisieron dejar fuera de la vista encontró otras superficies donde aparecer.

Quizá allí estaba la primera lección: borrar una imagen no significa necesariamente borrar aquello que representa.

Del muro a la sala

Ahora la discusión se traslada a otro lugar: el museo. En octubre de 2026 más de treinta piezas han sido retiradas de las salas del Museo Nacional de Colombia por decisión del Gobierno de Abelardo de la Espriella[3]. Entre ellas habría objetos relacionados con movimientos feministas, la comunidad LGBTIQ+, la historia política de la izquierda y el proceso de paz de 2016. La medida se enmarcaría en una crítica a lo que el mandatario denomina wokismo[4] y en su defensa de una «contrarrevolución cultural».

Sus argumentos plantean una discusión sobre la neutralidad de las instituciones públicas y la posibilidad de que un museo promueva una interpretación ideológica de la historia.

Pero las preguntas no terminan con la explicación oficial. ¿Qué cuenta una bandera cuando entra a un museo? ¿Qué historia guarda un periódico feminista? ¿Qué significa conservar un objeto relacionado con una organización armada o con un proceso de paz? ¿Mostrarlo es defenderlo o permitir que una sociedad examine una parte de su pasado?

Un museo no tiene que convertir cada objeto en un homenaje. Puede exhibir las contradicciones de una época, explicar la violencia, documentar las decisiones de sus protagonistas y señalar las consecuencias de sus actos. También puede revisar sus exposiciones, corregir errores y abrir espacio a otras interpretaciones.

La discusión, entonces, no debería reducirse a decidir qué objetos gustan y cuáles incomodan. La pregunta es qué criterios se utilizan para conservarlos, exhibirlos, retirarlos o devolverlos a la conversación pública.

¿Quién tiene permiso para recordar?

La memoria no es una colección de objetos que nadie puede discutir. Es una conversación entre generaciones, muchas veces incómoda, en la que se encuentran testimonios, documentos, interpretaciones y desacuerdos. Una sociedad puede debatir cómo presentar su pasado sin renunciar a conocerlo.

Hay símbolos que nacen para celebrar; otros, para denunciar. Algunos representan una identidad; otros recuerdan una ausencia. Y hay imágenes que, sin proponérselo, terminan reuniendo a personas que no piensan igual, pero reconocen en ellas una pregunta que merece permanecer abierta.

Porque un símbolo no siempre significa lo mismo para todo el mundo. Para unos puede representar una lucha legítima; para otros, una herida o una postura que cuestionan. Esa diferencia no desaparece al cubrir una pared de pintura ni al retirar una pieza de una vitrina. A veces, por el contrario, se hace más visible.

La memoria tampoco exige que estemos de acuerdo con todo lo que muestra. Exige que podamos conocer, preguntar, contrastar y discutir sin confundir la explicación con la celebración, ni el desacuerdo con el olvido.

La ciudad que mira y la ciudad que borra

Escribo sobre los lugares que atravesamos sin mirar dos veces. El centro, sus fachadas, los árboles que sobreviven entre el cemento, los negocios que desaparecen, las personas que guardan historias sin saber que algún día serán las últimas en contarlas.

Ahora pienso también en los muros que cambian de color y en las salas donde falta un objeto.

¿Qué desaparece cuando se borra un mural? ¿Qué perdemos cuando una pieza deja de estar al alcance de quienes visitan un museo? ¿Cuántas historias quedan fuera de la conversación pública porque ya no tienen una imagen que las haga visibles?

No todo puede conservarse para siempre en el mismo lugar. Las ciudades cambian, las exposiciones se transforman y las generaciones construyen nuevas maneras de representar sus preocupaciones. Pero cada cambio merece una explicación, sobre todo cuando involucra recuerdos de violencia, luchas sociales y experiencias que todavía dividen a una sociedad.

Tal vez los símbolos no sean tan frágiles como creemos. Pueden arrancarse de una pared, retirarse de una vitrina o desaparecer de una fotografía oficial. Pero mientras alguien pregunte por ellos, mientras alguien busque su origen y reconstruya la historia que los hizo necesarios, todavía queda algo por contar.

Porque a veces una imagen nos permite ver lo que estaba delante de nosotros y no habíamos querido mirar. Y otras veces, cuando la imagen desaparece, es su ausencia la que nos obliga a hacerlo.

¿Qué tendrá que desaparecer de nuestra vista para que empecemos a preguntarnos por qué estaba allí?

miércoles, 21 de octubre de 2026

Conversatorio con Rodolfo Correa Vargas


En el nuevo conversatorio de El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. dialoga con el abogado y empresario Rodolfo Correa Vargas sobre los desafíos de los gremios, la gestión pública y la educación frente al avance de la inteligencia artificial. Una reflexión sobre la necesidad de transformar las instituciones, mejorar la calidad educativa y formar mejores seres humanos. Te invitamos a verlo y a reflexionar sobre los cambios que Colombia necesita.

Barranquilla

Andrés de Bedout Jaramillo

Para llegar a Barranquilla desde Cartagena se toma una vía costanera, de dos calzadas en su mayoría, durante unas dos horas, a una velocidad máxima de 80 kilómetros por hora, siendo muy cuidadosos con las cámaras instaladas.

Es un viaje suave, mayormente por terreno plano, por una vía bastante buena en sus especificaciones, pavimento, obras y señalización.

Durante todo el camino nos encontramos con muchas parcelaciones en construcción y grandes terrenos con explanaciones gigantescas. La primera, luego de terminar el viaducto sobre la Ciénaga de la Virgen, inmediatamente después de la ciudadela Serena del Mar, que cuenta con universidad y hospital con helipuerto, además de canales navegables y muchos edificios de apartamentos de diferentes compañías constructoras, se construye un inmenso centro comercial. Luego vemos prestigiosos colegios y universidades a lado y lado de la vía y, en todo el trayecto, fincas que se convertirán pronto en parcelaciones, además de grandes edificios en sitios despoblados, hasta dos enormes molinos de viento de tres aspas para la generación eólica de energía eléctrica.

La vía, en sus cerca de 120 kilómetros, cuenta con dos peajes de un poco más de $20 000 cada uno.

La doble calzada entre Puerto Colombia y Barranquilla está toda iluminada con energía solar instalada en cada uno de sus postes; algunos paneles ya no están, seguro la fuerza del viento los ha arrancado.

Nuestro primer destino sería el parque ecológico Ciénaga de Mallorquín, cuyo nombre seguramente se origina en el apellido de la familia Mallorquín, propietaria de una gran hacienda de la que hacían parte estas 700 hectáreas de manglares de agua salobre, resultado de la mezcla de las aguas dulces del río Magdalena con las aguas saladas del mar Caribe.

La llegada a ese hermoso parque natural se nos dificultó por el desplazamiento lento de cuatro tractomulas gigantes que, por la Circunvalar de la Prosperidad, llevaban cuatro vagones del Metro de Bogotá.

El parque natural Ciénaga de Mallorquín está atravesado por unos siete kilómetros de caminos construidos en madera de pino amarillo de La Florida, con sus correspondientes barandas, todo ensamblado con tornillería galvanizada y recuadros de madera con las fotos y la explicación correspondiente de cada una de las aves que allí habitan.

En una de las estaciones de madera entré al baño, muy limpio, y cuando salí me encontré con un exdirector de Corantioquia que hace como veinte años me montó un proceso penal en la Fiscalía, cuando trabajaba en Emvarias, y me tuvo sufriendo como cinco años. Hacía más de veinte años no nos veíamos; nunca pensé que, sorpresivamente, me lo encontrara en un sendero de la Ciénaga de Mallorquín. Nos tomamos una foto y todo quedó olvidado.

Continuamos nuestro recorrido por los senderos de Mallorquín hasta que llegamos al mar, donde tomamos agua de coco y comimos su carnoso contenido.

La entrada al parque es gratis. Hay mucho personal de la Alcaldía de Barranquilla y de la Policía al cuidado de esta hermosa y muy bien tenida belleza de la naturaleza, para el disfrute de barranquilleros y turistas nacionales y extranjeros, bien comportados, lo que contribuye a la limpieza del lugar.

Segundo destino: por la misma Circunvalar de la Prosperidad llegamos al Malecón del Río, que empieza con un hermoso y muy grande centro de convenciones y va un poco más adelante de la gigantesca rueda de Chicago, todo bordeando al gran río Magdalena, con su puerto para el servicio de los barcos que surcan los mares, llenos de contenedores con mercancías que llegan y salen de la gran ciudad.

El desarrollo de Barranquilla es impresionante: miles de edificios altísimos, industrias, centros comerciales, casas en todos los barrios rodeadas de rejas de hierro, jardines, parques y vías arborizadas con frondosos árboles, donde es muy notorio el predominio del verde.

Bien merecido tiene Barranquilla el título de capital alterna de Colombia, otorgado por el presidente; es una ciudad con todas las de la ley.

De regreso a Cartagena entramos a Puerto Colombia y quedamos maravillados. ¿Cómo les parece que la fundó nada más y nada menos que Francisco Javier Cisneros, el que construyó los ferrocarriles por allá en los años 1800?

Puerto Colombia llegó a ser el puerto más importante de Colombia y el más largo de Suramérica, con un muelle de 2,5 kilómetros de largo mar adentro. Reconstruyeron como un kilómetro y, a la distancia, en mar abierto, se ven las ruinas del viejo muelle, que destruyeron los barcos y las mareas en las operaciones de descargue y cargue de mercancías. Todo el desarrollo de nuestro país en los siglos XIX y algo del XX entró por allí.

En la vieja estación tejían muchas mujeres pertenecientes al club de tejedoras, que nos contaron varias historias. Las construcciones antiguas, unas en madera y otras en materiales sólidos, muy bien tenidas, recuperadas y pintadas, restaurantes con todo tipo de comidas. Puerto Colombia, con su bello malecón, es un sitio turístico digno de ser visitado por todos.

Que nuestro Señor Jesucristo proteja a todos los pueblos de nuestra hermosa Costa Caribe.

Catagena

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Muy a pesar de las dramáticas cifras de pobreza y desempleo que las autoridades encargadas de llevar estas cuentas nos presentan, esta hermosa ciudad avanza a gran velocidad para recuperar e incrementar el número de turistas felices y satisfechos, además de inversionistas de la tercera edad que buscan una vejez plácida, saludable, tranquila y con servicios de todo tipo y hasta de salud, buenos y cercanos.

Vivir al nivel del mar, contar con las propiedades medicinales del agua salada marina y poder caminar descalzo sobre la arena, recibir los rayos del sol ricos en vitamina D, disfrutando del ruido que producen las olas y de los sonidos de aves como los loros, pericos, marías mulatas, pelícanos y gaviotas, no solamente es medicina para el cuerpo, también lo es para el alma.

Pasearse por las tardes en los nuevos coches eléctricos por la ciudad vieja, acompañado de las interesantes historias contadas con pasión y conocimiento por los diestros cocheros que supieron adaptarse al brusco cambio de conducir un coche tirado por caballos a estos nuevos y silenciosos transportes, es una sensación que, a precios muy razonables, controlados por el Distrito Turístico de Cartagena, no podemos dejar de experimentar cuando vamos a Cartagena. Transportarse a los años 1700 y 1800 es algo absolutamente increíble y solo se logra recorriendo en coche las murallas que protegieron por siglos a la ciudad amurallada de los piratas que perseguían los tesoros destinados a los reyes de España y al desarrollo de Colombia.

Hay que recordar que Rafael Núñez, cuatro veces presidente de Colombia, gobernó desde Cartagena, donde se conserva intacta la casa que habitó con su familia. De dos pisos y en madera, nos transporta por segundos a una realidad que hoy se repite con el presidente Abelardo, gobernando desde Barranquilla.

Tres parejas de amigos setentones, con los achaques propios de nuestra edad, encontramos sanación física y espiritual en la playa y el mar, por las mañanas y en el disfrute de los múltiples servicios de comercio y restaurantes, acompañados de las presentaciones callejeras de todo tipo de artistas, bailadores y cantantes, además de los raperos y mimos con sus trovas e imitaciones, destinadas a divertir o, mejor, a despertar las mejores risas entre los presentes. Definitivamente, la risa es un remedio infalible.

El malecón de casi 12 kilómetros que se construye entre Bocagrande y La Boquilla, donde próximamente se inaugurarán los primeros 2,5 kilómetros, y la gigantesca rueda de Chicago que, traída desde China, girará sostenida en una plancha de cemento soportada por pilotes enterrados en el lecho del mar, permitirá una visual de 360 grados, abarcando mar, murallas, ciudad y hasta el aterrizaje y despegue de aviones de todas las aerolíneas con rutas a todos los destinos del mundo. Ver al gigantesco avión azul de KLM llegar o salir para Ámsterdam en vuelo directo causa una sensación especial de cercanía con el resto del mundo.

Ver llegar trasatlánticos de grandes compañías navieras con miles de turistas, que se pasean con sus gorras y frescas bermudas, o mejor, con sus mochos, como dicen acá en la Costa, nos hace sentir orgullosos de la visita de tantos extranjeros que quedarán enamorados. Hoy encuentran una ciudad limpia, con sus casas bien pintadas, donde el colorido, los balcones con sus enredaderas de curazaos, de diferentes colores, presentan unos contrastes que solo se ven en Cartagena. El aire acondicionado para vencer el calor está en todos los almacenes, hoteles y restaurantes para comodidad y bienestar de los visitantes, que encuentran en la muy desarrollada gastronomía de la ciudad la satisfacción plena de sus paladares.

Cartagena está preparada. Colombianos y extranjeros podemos visitarla y aportar nuestro grano de arena para que esta ciudad pueda mejorar rápidamente sus cifras de pobreza y desempleo: turista satisfecho atrae más turistas.

Que nuestro Señor Jesucristo ilumine a los gobernantes y empresarios de todos los tamaños de esta ciudad.

En el país de las bandas

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Aquel país que antes era llamado por ciertos humoristas poco refinados “Locombia”, ha pasado a ser conocido como “El país de las bandas”: la del señor, la de la señora, las de los clanes y las “oficinas”, la de papá Pitufo, la del Cartel de la Toga, la de los jueces mamertos obstruccionistas, y así sucesivamente. De esta manera encontramos eficientes “entornos” con los cuales emulan pequeñas bandas de efímero ascenso: la de los falsos títulos profesionales, la de las más pelilargas, la de las madres contratistas más intrigantes, la del sexo más fluido, hasta llegar a las que más cotizan…

Esa categoría superior está formada por las bandas propiamente paramilitares, que se ocupan de proteger y apoyar las grandes industrias del país —la cocaína y la minería ilegal—, porque otra gran industria, la política, hace dos meses escapó a “la banda presidencial”, que fracasó porque su titular no coronó su empeño de quedarse indefinidamente en aquel edificio de la carrera 7ª, que le parecía frío e inhóspito...

Los nuevos inquilinos de ese inmueble no han querido ocuparlo porque, con toda razón, temen encontrarse con los espantos y demonios adorados por los santeros que allí exprimían y explotaban a todo el país.

En Locombia ha caído una banda política y el ascenso de un nuevo gobierno, cuyo propósito es retornar al imperio de la Ley, ha significado para las bandas y las banditas, que les ha llegado la etapa del “Sálvese quien pueda”, con la mayor proporción posible del botín; y cuando este no alcanza para todos —porque se adelantaron los más hábiles—, entonces toca dejar el secretismo y proceder al ajuste de cuentas.

En esta fascinante etapa, que ya estamos viviendo, hace su aparición escénica la venganza. Caen las caretas y toda simulación pudorosa desaparece. Los espectadores hacemos tránsito de la ignorancia al pleno goce de los detalles más escabrosos: El mozo que se encuentra en altas horas de la noche con el tinieblo en propiedad...; la mujerzuela que empieza a revelar quiénes son los auténticos copartícipes en los negocios de la anterior “amiga del alma”; los periodistas viudos de mermelada, y las ahora esquivas multitudes ayunas de lechona…

En fin, hoy se exhiben, en toda su desvergüenza, tanto la venus burdelaria como el carrusel sórdido de las celestinas que, con el suministro de carne nueva, gobernaban en el ánimo fluctuante de quien nombraba fichas para la suscripción de contratos tan lucrativos como fugaces…

Finalmente, para calibrar el reciente tono moral de Locombia, que dejaba muy atrás el de Calígula y Nerón, no sobra repasar, entre las 91 novelas de la Comedie Humaine, la de Esplendores y miserias de las cortesanas, porque aquí estamos viendo algo parecido…

martes, 20 de octubre de 2026

De cara al porvenir: definiciones

Pedro Juan Gonzalez Carvajal
Pedro Juan Gonzalez Carvajal

Analista, comentarista, conferenciante, expositor, crítico, catedrático

En Colombia usamos “experto”, “conferencista” y “analista” como si fueran sinónimos. No lo son. Cada uno cumple un rol distinto con la información. Confundirlos es como confundir al cocinero con el crítico gastronómico: uno hace la comida, el otro dice si sabe a sal.

1. Analista

Trabaja con datos, método y contexto. Su función es descomponer un hecho para entender por qué ocurrió y qué implica. No basta con opinar: el analista usa cifras, marcos teóricos, precedentes y lógica para llegar a una conclusión verificable.

Ejemplo: un analista económico no dice “el dólar va a subir porque sí”. Muestra la balanza comercial, la tasa de la Fed, el flujo de capitales y explica el escenario probable.

Riesgo: parecer frío o técnico.

Valor: da herramientas para decidir.

2. Comentarista

Toma un hecho ya ocurrido y lo interpreta en tiempo real para que sea entendible y entretenido. No necesita datos nuevos, necesita claridad, agilidad y buen juicio. Vive del “qué significa esto que acabamos de ver”.

Ejemplo: el comentarista deportivo que explica por qué el cambio del minuto 70 influyó el partido. No inventa la jugada, da el contexto.

Riesgo: opinar sin sustento y volverse hablador.

Valor: traduce lo complejo a lenguaje común.

3. Conferenciante

Es quien da una conferencia: una charla estructurada, con objetivo claro, dirigida a un público específico por tiempo limitado. Su meta es informar, inspirar o persuadir sobre un tema que domina. No necesariamente investiga el tema ese día; lo prepara.

Ejemplo: un empresario que da una charla de 40 minutos sobre liderazgo en una universidad.

Riesgo: caer en el “motivacional sin contenido”.

Valor: concentra conocimiento denso en tiempo corto.

4. Expositor

Similar al conferenciante, pero su énfasis está en presentar información de forma ordenada y didáctica. El expositor explica, muestra, organiza. No busca tanto inspirar como dejar claro un tema. Es el rol típico en clase, ferias, paneles técnicos.

Ejemplo: el ingeniero que expone los planos de un proyecto en una audiencia pública.

Riesgo: leer diapositivas.

Valor: ordena el caos y lo hace digerible.

5. Crítico

Su labor es juzgar una obra, idea o práctica con criterios explícitos. No describe, evalúa. Un crítico de cine no cuenta la película, dice si funciona, por qué falla, y desde qué escuela estética lo mira.

Ejemplo: el crítico literario que desarma una novela y explica si el argumento es sólido o pretencioso.

Riesgo: convertirse en demoledor por ego.

Valor: eleva el estándar y obliga a hacer mejor las cosas.

6. Catedrático

Es el profesor universitario que enseña, investiga y produce conocimiento en una disciplina. Su autoridad viene de la formación académica, la publicación y la docencia sostenida. No habla de lo que leyó ayer, habla de lo que estudia hace años.

Ejemplo: el catedrático de derecho constitucional que lleva 15 años estudiando control de constitucionalidad y forma a jueces.

Riesgo: encerrarse en la torre de marfil y no bajar el conocimiento a la calle.

Valor: forma a los que forman a otros.

Regla de oro para distinguirlos

Pregúntate qué hace con la información:

* Si la produce, es catedrático o analista.

* Si la organiza para enseñarla, es expositor o conferenciante.

* Si la interpreta en caliente, es comentarista.

* Si la valora con criterios, es crítico.

Confundirlos daña el debate público. Poner a un comentarista a diseñar política pública es como poner al narrador de fútbol a dirigir al equipo. Poner a un catedrático a dar un discurso motivacional de 10 minutos es desperdiciar 20 años de estudio.

Cada rol es necesario. El problema es cuando alguien finge ser uno para ocupar el espacio del otro. En Colombia sobran micrófonos y falta claridad sobre quién habla desde el dato, quién desde la experiencia y quién solo desde la opinión.