jueves, 26 de febrero de 2026

Los que nos oponemos debemos votar la consulta

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Quiero insistir,

Estamos en un momento político de mucha tensión, de mucho nerviosismo, las encuestas muestran a la izquierda con una fuerza que nos hace sentir convertidos en una Venezuela, en una Cuba, lo que nos produce escalofríos.

Desafortunadamente lo que debió ser la unión de todas las fuerzas opositoras, incluidos los petristas arrepentidos, no se dio, y se abrió el camino de la división de la oposición, lo que puso en alto riesgo el requerido proceso de reconstrucción del país, hoy ya muy deteriorado y cada vez más cercano a una desinstitucionalización.

Es real la amenaza de la destrucción de la separación de poderes, lo que nos coloca a las puertas de una dictadura comunista que no podremos superar.

Insisto, nuestra primera oportunidad electoral como opositores, es el 8 de marzo votando la consulta, mostrando que más de 5 millones de colombianos estamos opuestos al sistema, y estamos manifestándolo al votar “La Gran Consulta”.

Todos los opositores, incluidos los que seguimos a candidatos que no están en la consulta, como Fajardo y Abelardo, debemos votar la consulta. Del resultado de esta dependerá, en primer lugar, el futuro de Colombia y en segundo lugar el futuro de Fajardo y Abelardo.

Los resultados de la consulta forzarán alianzas, coaliciones que garanticen que la oposición pueda por lo menos pasar a segunda vuelta.

Yo confío en todos los candidatos de oposición como personas sensatas, dispuestas a que triunfe el objetivo principal: detener en seco este proceso destructivo, dirigido a que nos convirtamos en una Venezuela, en una Cuba.

Yo no creo que personas que lo han dado todo por nuestro país, no sean capaces de asegurarnos el paso a la segunda vuelta, siendo este el querer de los colombianos opositores y eso es lo que vamos a demostrar el 8 de marzo votando “La Gran Consulta”. Seremos más de 5 millones de opositores que les estaremos dejando en claro a nuestros dirigentes que se tienen que empeñar a fondo para garantizarnos la llegada a segunda vuelta.

No podemos escatimar esfuerzos como oposición, debemos llevar a las urnas a nuestras familias, vecinos y amigos, el 8 de marzo, es un compromiso ineludible.

Que nuestro señor Jesucristo nos aterrice en la cruda realidad en que nos encontramos. Se requiere el compromiso de todos. 

La crónica: soluciones alimenticias en zonas inundadas

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

El cambio climático ha convertido las inundaciones en una constante. Año tras año se repiten los daños: hectáreas de cultivos perdidos y familias campesinas que ven cómo el esfuerzo de meses desaparece en horas. Pero seguimos sin tomar medidas preventivas para evitarlo, jarillones y drenajes adecuados, por ejemplo. La paralización del proyecto del Canal del Dique es otro ejemplo.

¿Qué tecnologías actuales pueden garantizar la producción de alimentos cuando la tierra se inunda? La respuesta viene del uso de sistemas que no requieren tierra. Los cultivos hidropónicos -Hidropónicos AVE en Medellín es un ejemplo- aeropónicos y acuapónicos se han posicionado como aliados fundamentales en regiones propensas a inundaciones en otros países. Estas tecnologías, no son ciencia ficción, son estructuras verticales, flotantes o modulares que pueden instalarse en bodegas, escuelas, centros comunitarios o plataformas móviles. Permiten cultivar hortalizas en ciclos cortos, ocupando poco espacio y utilizan cantidades mínimas de agua. Cuando el barro permanece por meses, estas soluciones marcan la diferencia entre tener alimentos o depender de asistencia externa. Debe incrementarse la producción en zonas no inundables usando la tecnología, en el Cauca una agrónoma indígena lo ha logrado abandonando la errada teoría “ancestral”.

La agricultura de precisión ha evolucionado en grande. El uso de drones y sensores facilita el mapeo en tiempo real de las áreas afectadas por el agua, identifica zonas recuperables y ayuda a decidir dónde ubicar cultivos temporales. No se trata solo de monitorear desde el aire sino en la toma de decisiones fundamentadas en medio de la adversidad, importante cuando es crucial diariamente conocer el estado de los daños y su evolución.

La biotecnología aporta otra línea de defensa. Existen semillas seleccionadas y transgénicas para tolerar el exceso de agua que están siendo probadas en distintos países. No son una solución total, pero sí herramientas estratégicas donde la humedad extrema se presenta.

Cuando la producción vegetal se reduce drásticamente, cobran relevancia nuevas fuentes de proteína. Las microalgas ofrecen alternativas nutritivas que pueden producirse en espacios controlados y reducidos o, una más difícil de entender, los insectos consumibles tan populares en Asia. Obviamente no pretenden sustituir la agricultura, solo permitir una oferta alimentaria en momentos críticos.

La experiencia reciente demuestra que enfrentar las inundaciones con herramientas antiguas ya no es viable. La tecnología no reemplaza al campesino, le proporciona alternativas cuando la naturaleza impone sus condiciones. Debería ser una tarea prioritaria de la Agencia de Tierras y el Banco Agrario ya que la Unidad de Gestión de Riesgos descansa en paz, la enterró la corrupción.

El Rincón de Dios

“Comienza por hacer lo necesario, luego lo posible y de repente estarás haciendo lo imposible.”  San Fráncico de Asís

Cuando el pensamiento necesita apellido

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Leo constantemente un sitio web, creado en España en el 1997, especializado en video juegos, cine, cómic, series y cultura geek[1]. Además, tiene una sesión donde habla de libros. Esta pequeña introducción es para contarles que una de sus publicaciones me dio pie para escribir.

A Oscar Wilde se le atribuye la frase: “Sé tú mismo, todos los demás ya están ocupados”. La célebre frase motivacional se ha viralizado durante años, pero ninguna obra del autor respalda su autenticidad.[2]

Como la mayoría sabe, las redes sociales generan inmediatez. Por la poca validación que se hace de lo que leemos, las frases viajan ligeras, sin libro, sin contexto, se vuelven consignas, imágenes con fondo degradado, estados de WhatsApp o biografías de Instagram.

Encontré que existe un grupo muy amplio dedicado a recopilarlas y difundirlas. Cuando una frase impacta, se coloca bajo el nombre de alguien prestigioso para darle peso moral o intelectual: filósofos, escritores, políticos:

  • ¿Es un consumismo donde el pensamiento necesita apellido para ser creído?
  • ¿La cultura contemporánea necesita autoridad simbólica?
  • ¿Si no lo dijo Friedrich Nietzsche, entonces no arde?
  • ¿Si no lo afirmó Albert Einstein, entonces no parece inteligente?
  • ¿Si no lo susurró Gabriel García Márquez, entonces no parece poético?

Encontré muchas que quiero compartir:

Atribuidas a Albert

  • “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.”  Einstein
  • Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes.
  • “La definición de estupidez es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados.”

Atribuida a Mahatma Gandhi

  • “Sé el cambio que quieres ver en el mundo.”

Atribuida a Voltaire

  • “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo.”

 Atribuida a Nicolás Maquiavelo

  • “El fin justifica los medios.”

 Atribuida a Winston Churchill

  • “La historia la escriben los vencedores.”

 Atribuida a Winston Churchill

  • “La democracia es el menos malo de los sistemas.”

 Atribuida a Sigmund Freud

  • “El hombre es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla.”

 Atribuida a la Madre Teresa de Calcuta

  • “Quien no vive para servir, no sirve para vivir.”

Estas frases tienen algo en común: no aparecen en sus obras, no están documentadas en sus escritos, libros ni en ensayos conocidos. Son coherentes con su pensamiento, pero no verificadas.

Pero lo más grave no es la atribución falsa, lo más grave es la renuncia al contexto. Una frase sin contexto es un fósil, conserva la forma, pero perdió la vida.

Cuando alguien cita “la religión es el opio del pueblo” sin haber leído a Karl Marx, no está dialogando con su crítica histórica; está usando una piedra simbólica. Cuando alguien repite una consigna atribuida a George Orwell sin haber atravesado 1984, no está entendiendo la vigilancia; está decorando su postura. La viralización convierte el pensamiento en mercancía breve, lo reduce a impacto.

En el fondo, esas frases apócrifas son espejos de nuestra época: una cultura que ama el brillo rápido y desconfía del proceso lento. Pensar toma tiempo, viralizar toma segundos.

miércoles, 25 de febrero de 2026

De cara al porvenir: paseadores de perros

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

La tendencia moderna hacia la urbanización intensiva y la proliferación de apartamentos cada vez más funcionales y pequeños, ha coincidido en épocas recientes con el auge y el apogeo cultural por compartir la vida con mascotas, dentro de las cuales los perros y los gatos son los más representativos, corriente que va en aumento, ante la realidad socio demográfica de que los jóvenes no necesariamente quieren tener hijos, lo cual es una postura y una decisión de vida más que respetable.

Partiendo de la buena fe y de la legitimidad de un trabajo que responde a la necesidad sentida de que las mascotas que viven encerradas en apartamentos deben tener la posibilidad de salir a caminar para hacer ejercicio o a hacer sus necesidades biológicas, se hace cada vez más común ver, sobre todo en las horas de la mañana, a un puñado de jóvenes, hombres y mujeres que llevan en sus manos varios perros de diferentes tamaños, razas y edades (he llegado a contar hasta 14 perros en manos de un paseador), lo cual como imagen para quienes disfrutamos la presencia de los hoy denominados “peludos”, causa admiración y además, honda preocupación.

Los paseadores han tratado de manera espontánea de vestirse más o menos parecido para poder ser identificados.

Surgen algunas inquietudes mínimas y básicas, pero de profunda reflexión.

Si yo llevo por decir algo 7 perros y uno de ellos defeca, ¿si tengo la posibilidad de recoger ese popó con 7 perros encima? La respuesta es no y obviamente la suciedad se produce y se acumula, afectando a los peatones.

Si por alguna situación no deseada uno de los perros se escapa, ¿quién responde? No pensemos ingenuamente que el paseador, pues este no cuenta con los recursos para hacerlo.

¿Y si algún perro salta de la acera y es atropellado por un carro? ¿Y si algún maleante se roba alguno? ¿Y si alguno de los perros reacciona violentamente ante alguna persona y lo ataca?

Este tipo de servicios debe ser ofrecido de manera formal, alrededor, por ejemplo, de una cooperativa, de modo que exista un verdadero responsable y se pueda organizar esta actividad, que es necesaria y que presta un gran servicio pero que hoy en día es absolutamente informal y obviamente carente de capacidades reales para asumir responsabilidades.

Yo por mi parte no le entrego mis perros a nadie y si yo no hago ejercicio personalmente, pues espero la solidaridad de mis mascotas para que tampoco lo hagan.

Cada época trae su afán y hoy por hoy, en términos de convivencia, cuidado, respeto por los animales y adecuado uso del espacio público, se hace necesario que las autoridades tomen en sus manos la definición y aplicación de reglas claras para la prestación de este servicio hoy tan demandado.

Vivir en comunidad y tranquilos, no es fácil. De ahí que todos y cada uno debe aportar su granito de arena y fomentar la práctica del respeto.

Recordemos a Gandhi cuando dice: “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”.

lunes, 23 de febrero de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 136


En su análisis de los sucesos de la semana, Antonio Montoya H., reflexiona sobre los siguientes hechos que fueron noticia: las revelaciones sobre Epstein y el arresto del príncipe Andrew; los diálogos entre Estados Unidos y el Gobierno de Cuba; la destitución del presidente de Perú y la elección del presidente interino. En Colombia: el fallecimiento del niño Kevin Acosta por falta de medicamentos; las denuncias de Petro sobre fraude en las próximas elecciones; los resultados de las marchas sobre el salario mínimo, y concluye con la crisis en educación en el país. No dejes de verlo.

Todavía hay esperanza

José Leonardo Rincón S. J.
José Leonardo Rincón S. J.

Solo fueron unas pocas horas en Medellín. Tan pocas que no hubo tiempo para reportarme con mis amigos y tener la ocasión de saludarlos personal o al menos telefónicamente. Algunos me regañarán por esto, pero su comprensivo corazón los hará entender que este silencio no es por falta de afecto sino de tiempo.

Debido a mi cargo hago “la avanzada” a la visita canónica que tendrá nuestro provincial en unos cuantos días. El formato previsto cobra distinto sabor cada vez porque las personas y también las situaciones cambian. Vine de visita a la comunidad jesuita del Colegio San Ignacio, breve pero fructífera. Aproveché para ir a nuestro Noviciado que después de 53 años deja de estar en Colombia y ahora se ubica en Quito. Solo quedan aquí cuatro muchachos muy valiosos que para julio estarán en Bogotá. Los otros 10 ya están en su nueva locación. Esta sede nuestra actual cuenta con una planta física preciosa enclavada en el camino al barrio Robledo y con el encanto de estar en medio de la ciudad y simultáneamente como si estuviera en el campo. Nos hemos preguntado qué hacer con ese inmueble, pero sobre todo cuál ha de ser nuestra presencia en Antioquia en el inmediato futuro.

De vuelta al colegio donde fui rector por seis años, en cuestión de horas tuve varios impactos emocionales al recorrer sus instalaciones, muchas de las cuales, que recuerde 42, fueron modificadas en aquellos años inolvidables. El reencuentro con educadores de aquel tiempo que siguen desgastando su vida en la noble tarea de educar resulta inspirador: definitivamente sin educación no tenemos futuro. Uno de ellos con un cáncer avanzado sigue firme en su misión: “la actitud es la clave y esto es lo que me da vida” me asegura. No lo dudo.

Un compañero jesuita que me acompaña me señala en la pista atlética a un muchacho que está en undécimo y que se prepara para ir a nuestros juegos Intercolegiados en Cali. Es un joven muy serio y disciplinado, señala. Cuando concluye su ejercicio me le acerco para felicitarlo diciéndole que me han hablado muy bien de él y que le deseo suerte en su competencia. “Exageran”, me responde. Yo le insisto: pues me dicen que es cierto, no son flores. Y me remata mirando al cielo: “eso es gracias a Dios!” ¡plop!

Tan nostálgico como emocionante paseo concluye con broche de oro: la grata sorpresa de encontrarme a unos primos que tienen allí sus dos nietos en cuarto y quinto de primaria, ella está en la banda musical, él en la selección de fútbol. Bellos y radiantes los abrazo mientras nos tomamos una foto para el recuerdo. ¡Es verdad que el panorama global y local es aciago y complejo, pero con jóvenes generaciones así, la verdad, todavía hay esperanza!

Demoliendo mitos

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Nos disponemos a entrar en la recta final de unas elecciones para Congreso de la República y presidente, inmejorable coyuntura para que reflexionemos sobre su importancia, así como sobre el papel de cada uno de nosotros en esta democrática jornada.

Partamos diferenciando estos comicios de todos los que con anterioridad se han celebrado en Colombia, por la elemental razón de que nos jugamos no solamente el cambio de unos funcionarios por otros, o la supremacía de algunas facciones sobre sus rivales, sino la clase de país que deseamos para nuestro futuro y el de nuestra descendencia. Si lo entendemos así, nuestra decisión debe ajustarse a lo que más convenga para garantizar el orden, el bienestar y el progreso que anhelamos, no simplemente para satisfacer nuestros personales deseos o las interesadas opiniones de quienes manipulan el poder político y mediático.

No podemos olvidar que, en el año 2016, con el desconocimiento de la voluntad popular expresada legítimamente en un plebiscito que rechazó por mayoría la firma del Acuerdo de Paz de La Habana, y con las artimañas del Congreso y de la Corte Constitucional que avalaron el fraude a la soberana decisión del constituyente primario, comenzó el desmoronamiento de la democracia, del Estado de derecho y de la moral en nuestro país.

Durante 10 años hemos estado sometidos a un crecimiento del sucio negocio de la cocaína, al desborde de todas las manifestaciones criminales, a la exacerbación del cáncer de la corrupción, al imperio de la impunidad, al adoctrinamiento de la juventud con funestas ideologías como el marxismo o la doctrina LGTBI y, sobre todo, al abandono de nuestra fe cristiana y de los valores fundacionales, invaluable legado de nuestros ancestros.

El triunfo sobre la guerrilla que habían logrado, con sacrificio de muchas vidas, nuestros heroicos militares, no bastó para impedir la toma del poder por la extrema izquierda encabezada por el camarada Gustavo Petro. Lo demás deja de ser historia para convertirse en un horroroso presente que sufrimos a diario:

Se ha perdido la seguridad y el derecho a la vida, merced al desmoronamiento de la fuerza pública, a la presencia guerrillera en gran parte del territorio nacional y al inusitado incremento en la siembra de coca y la exportación de alucinógenos.

La política totalitaria del régimen ya ha destruido el sistema de salud, causando un genocidio de 2500 pacientes por falta de tratamiento o medicamentos en el año 2025.

Una sucesión de escándalos de corrupción protagonizados por funcionarios del régimen y sus familiares y aliados atenta contra los recursos del Estado y genera indignación y rechazo en la sociedad.

La criminalidad actúa con el beneplácito de las autoridades y con la impunidad que le brinda una normatividad permisiva y una actitud más que tolerante de fiscales y jueces.

La economía está al borde del colapso según se deduce del incremento del déficit fiscal, aumento de la deuda pública, gastos exorbitados del Estado, reducción de las exportaciones, aumento de la tributación a empresas y personas, descenso en las inversiones y afectación a la generación de empleo formal.

El abandono de nuestros valores fundacionales y del legado espiritual de nuestros ancestros desencadena toda clase de amenazas contra la vigencia de la familia como núcleo fundamental de la sociedad y contra un sistema de educación que garantice la formación de buenos ciudadanos.

Salvar a Colombia de este negro pozo de iniquidad en el que nos ha sumido el actual régimen debe ser nuestro único propósito en las elecciones. Atrás quedaron los tiempos en los que nos podíamos dar el lujo de jugar a las elecciones para sacar adelante a los amigos o al que más nos guste. Ahora es el momento de pelear por nuestra supervivencia como país independiente, con una democracia real, con una justicia honesta, con un gobierno y un congreso preocupados sólo por el bien común, no por los pequeños intereses personales.

No hay campo para las rencillas, para ver quién gana unos votos en una consulta, quién puede pasar a la primera vuelta, quien puede dejar de ser precandidato para alcanzar el estatus de candidato.

Ya la suerte está echada. El pueblo, mayoritariamente, sin permiso de los caciques de siempre, sin pedir limosna a los grandes capitalistas, sin someterse a ningún partido o ideología, ha dicho de la manera más clara que quiere votar por Abelardo de la Espriella, que quiere hacer parte de Defensores de la Patria para llevar gente honesta al Congreso, que no va a perder tiempo y esfuerzo en las tales consultas.

Ya lo dijimos. La lucha no es por puestos, ni por trasnochadas ideologías. Rompamos estos 10 años de indiferencia o de confusión, de errores o de manipulación de nuestras mentes. Seamos libres para levantarnos y decir: no más inmoralidad, no más corrupción, no más criminalidad, no más impunidad, no más desigualdad. No más humillación ante la tiranía.

Vamos a ganar el Congreso y la Presidencia. No nos quede la menor duda. Nos lo merecemos después de 10 años de padecer traición y engaños. Llamemos a las cosas por su nombre. Identifiquemos al verdadero enemigo en lugar de lanzar dardos contra quien solamente piensa en la salvación de Colombia y en derrotar contundentemente a la criminalidad y el narcoterrorismo: Abelardo de la Espriella.

Nos acompaña la certeza sobre estas palabras: ¡Dios es mi salvación! Confiaré en Él y no temeré. El Señor es mi fuerza, el Señor es mi canción; ¡Él es mi salvación! (Isaías 12:2)