lunes, 28 de noviembre de 2022

Se perdieron los mecanismos de partición ciudadana (Editorial)

Uno duda de la realidad de nuestra democracia cuando una funcionaria de la Registraduría Civil desconoce los fallos de los jueces de la República que le ordenan continuar los trámites exigidos para proceso de revocatoria contra el alcalde Daniel Quintero. Sobre este tema versa el nuevo editorial para El Pensamiento al Aire del doctor Antonio Montoya H. Lo(a) invitamos a verlo.

viernes, 25 de noviembre de 2022

De todos y de nadie

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Bogotá, como capital de la República, acoge a todos, propios y extraños. Es de todos y a la hora de la verdad: ¡de nadie! Muchos han querido y han logrado ser sus alcaldes, más como trampolín político para su carrera hacia la presidencia que propiamente porque les conmueva o interese su suerte. Saben que si lo hacen bien se les despeja el camino hacia la casa de Nariño.

Pero Bogotá es una cosmópolis enorme e inmanejable que a muy pocos les duele. Rolos, rolos, de esos cachacos auténticos originarios de esta sabana, pocos, pocos. Sus habitantes son en su mayoría la resultante de una simbiosis o, si se quiere, una amalgama de culturas y tradiciones de todas partes. Aquí hay de todo como en botica. Todos quieren usufructuarla, pero pocos están decididos a cuidarla. La modélica cultura ciudadana que uno viera en antaño en otras ciudades aquí ha brillado por su ausencia. La gente despotrica de su desorden, su inseguridad, sus basuras, su caos vehicular, su inclemente clima, todo lo que quieran, pero muy pocos estarían dispuestos a contribuir para sacarla adelante y hacerla bella y grata.

La pared y la muralla son el papel de la canalla, decían los ancestros con razón, sin embargo, una gaminería que pide se les respete ha pintorroteado muros y monumentos. No hay ninguna obra de arte, no hay expresión más allá de su afán de dejar constancia del querer marcar territorios y ensuciar más la ya mugrosa cara que tiene. Se colocan canecas de costoso aluminio para que se depositen allí las basuras y si no se las roban, tiran los desechos por fuera para contribuir a hacer más grotesco el espectáculo. Las torres de señalización se vuelven el tablero de pelafustanes desocupados que borran cualquier vestigio de información. Las estaciones del Transmilenio se vandalizan descaradamente cuando la turba se enardece y sus torniquetes de acceso son ridiculos monumentos que solo utilizan unos pocos, porque todos quieren colarse gratis en sus artículados.

Me impacta ver el multimillonario gasto haciendo ciclorutas, estrechando aún más las angostas calles, colocando miles de costosos taches que las demarcan, separadores y columnas verticales, hectolitros de pintura derramados en el piso con colores diferenciados, todo eso para que los intrépidos ciclistas sigan raudos haciendo cabriolas entre los carros o asustando gente en los andenes y esas lujosas vías que les hicieron, de adorno y a merced de ladrones que se roban lo que pueden. Millones de millones para artefactos inútiles y ni un solo peso para tapar los huecos de la destrozada malla vial. En estos días decían que diariamente se accidentan y mueren motociclistas victimas de caídas en cráteres abísmales. Prefieren pagar las autoridades miles de millones en SOAT, pólizas de seguros y abarrotadas salas de urgencias con jóvenes lisiados de por vida, que gastar en mejorar las vías. Pareciera que cada funcionario quiere lucirse con sus obras, pero que no hay planeación ni coordinación a la hora de ejecutarlas.

Sepultado Carreño y sus normas básicas de urbanidad. Olvidado Mockus el único alcalde que luchó por rescatar esas elementales normas de comportamiento ciudadano. Desterrada la educación cívica de las aulas. Ignorada desde la cuna por padres de familia y desde la escuela por amedrentados educadores… La caótica vorágine capitalina está a la deriva del sálvese quien pueda. Decía el popular Gómez Bolaños en sus libretos: “Y, ahora, ¿quién podrá defendernos?” ¿Algún torpe Chapulín o alguien con coraje, tenacidad y pantalones bien puestos?

jueves, 24 de noviembre de 2022

Vigía: de Caracas, amor

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda*

Desde el pasado domingo, se han venido encontrando en reuniones preparatorias las delegaciones del Gobierno y del ELN en Caracas, escenario cargado a la izquierda, como que el Gobierno de Venezuela es afín a la ideología anti imperialista del grupo narcoterrorista, entre otras convergencias políticas.

¿Espíritu yihadista?

Al mejor estilo oriental yihadista, el ELN promueve la Teología de la Liberación, creada por monseñor Gerardo Valencia Cano en Golconda, finca de Viotá, Cundinamarca, en julio de 1968. Algo de espíritu místico debe tener esa estructura que ha resistido cinco intentos de negociación. Sacerdotes como Camilo Torres, muerto en 1966, José Antonio Jiménez en 1970, Domingo Laín Sáenz en 1974 y Manuel Pérez Martínez alias “Poliarco” en 1998, sin olvidar el activismo del jefe de la Comisión de la Verdad, el cura Francisco de Roux, que impregnan de religiosidad el movimiento, a pesar de su crueldad.

Masacres como la de Carababo en febrero de 1995, Machuca en octubre de 1998, Táchira en octubre de 2009,Tumeremo en octubre de 2018, Escuela Santander en enero de 2019 y el secuestro masivo más grande de la historia del país en la parroquia La María en Cali, Valle, en mayo de 1999, son una buena carta de presentación de la gerontocracia del Comando Central (COCE), mientras su jefe militar, alias “Pablito”, autónomo e independiente, fue responsable del fusilamiento del obispo de Arauca, monseñor Jesús Emilio Jaramillo, en octubre de 1989.

En la actualidad, en Arauca, 293 es el total de homicidios por armas de fuego, 97.2 por cada 100.000 habitantes, con un incremento el 56 % comparado con 2021, estadística agravada si se tiene en cuenta que desde el 1° de enero hasta el 8 de noviembre de este año, se han reportado 306 homicidios con arma de fuego, la gran mayoría producto de enfrentamientos entre las FARC y el ELN, a lo que se agregan durante este último mes por lo menos 12 desapariciones forzadas.

El ELN no solo reparte bolsas clap con su propaganda en los hogares pobres de Venezuela, distribuye cartillas a los niños de las escuelas de los Estados fronterizos, instala alcabalas y confronta a sus enemigos farianos con el apoyo de la FNB, sino que está en el último renglón de simpatía entre los colombianos según todas las encuestas vigentes. Simplemente nadie lo quiere en Colombia. Y, además, es considerado un grupo terrorista no solo por la Unión Europea sino también por los Estados Unidos.

Las cuadrillas elenas que delinquen en el andén Pacífico colombo-ecuatoriano como en la frontera colombo-venezolana (Catatumbo) narcotrafican con intensidad y mercadean la minería ilegal, especialmente de oro, coltán y diamantes extraídos del arco minero del Orinoco en los Estados Bolívar y Amazonas.

La sexta negociación

Venezuela “…ya no es solo un santuario. El ELN y los elementos de las disidencias de las FARC han echado raíces profundas en los Estados fronterizos de Zulia, Táchira, Apure y Amazonas. Se han adentrado en el sur de Venezuela acercándose a la frontera con Guyana y dominando gran parte de la frontera con Brasil”, nos dice un experto. El panameño alias “Nort” hacía parte de una red de grupos de delincuencia organizada transnacional, con nexos con el ELN, mientras el grueso de los miembros del ELN son jóvenes colombianos, aunque también existe un alto porcentaje de venezolanos, ecuatorianos, bolivianos y guyaneses, repartidos en ocho frentes de guerra que operan en 23 de los 32 departamentos de Colombia.

Los riesgos de la nueva causa política en Caracas giran alrededor del desgaste de los tiempos tanto del político como del que legitima el proceso, de los recursos y de la falta de una estrategia comunicacional hacia la sociedad. El gobierno tiene además que lidiar con dos métodos simultáneos: seducir a los viejos del Comando Central (COCE) para que se avengan a un sistema de consumo occidental y convencer a sus cuadrillas desplegadas a lo largo de las fronteras, inclusive las de Panamá, Perú y Brasil de reducir, y, en lo posible, parar el narcotráfico.

En una reunión informativa del alto comisionado para la paz con miembros de la Junta Directiva de Acore (*) en las instalaciones de la Asociación de Oficiales Retirados, se aclaró la necesidad de seguir con detenimiento los intereses fronterizos de Venezuela, no aceptar un cese bilateral al fuego, hacer concesiones simétricas de justicia para elenos y uniformados, no debilitar las capacidades castrenses del Estado y recuperar el fuero militar. Sin embargo, a estas alturas, podemos asegurar que ninguno de los militares en retiro nombrados para la negociación, son representativos del gremio.

Con el diálogo político que se inició con la suspensión por tres meses de las órdenes de captura de los 17 ahora negociadores, arranca una nueva posibilidad de paz para Colombia. Sobresalen la presencia, que esperamos sea equilibrante, del presidente de Fedegan, José Félix Lafaurie y de la directora de Acopi, Rosemary Quintero. En su momento, lo mismo pensamos del general Mora y las FARC en La Habana, otro escenario cargado a la izquierda.

Acore (*) Asociación Colombiana de Oficiales de las Fuerzas Militares en Retiro

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Entrevista con Gianluca Gardini

El doctor Gianluca Gardini es docente de la Universidad de Ferrara y asesor jurídico. Invitado especial al Consejo de Medellín, aprovechó el espacio para concederle esta entrevista a El Pensamiento al Aire en la que nos habla de las experiencias de autonomía en Italia y España, países que han escogido este camino para la administración de sus territorios. No dejes de verla.

Es catedrático de Derecho Administrativo en la Facultad de Derecho de la Universidad de Ferrara; subdirector del Departamento de Ciencias Jurídicas, Universidad de Ferrara, profesor permanente de Derecho de los Gobiernos Locales en la Escuela de Especialización en Estudios de Administración Pública (SP.ISA), Universidad de Bolonia; director científico de la revista "Las Instituciones del Federalismo"; presidente del Comité Regional de Comunicación (Corecom) de Emilia Romagna de 2008 a 2013; defensor del pueblo de la Región de Emilia Romagna, y actualmente fue invitado como docente por la Universidad de Barcelona durante un año.

¿Negociación o simulacro?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

La entrega parcial del país a las FARC estaba convenida, incluso desde antes de que Santos se posesionara. No hubo negociación entre gobierno y guerrilla. En cambio, el país fue sometido a un simulacro de seis interminables años, con el fin de hacer creer que había habido un difícil tira y afloje para llegar a compromisos mutuos y “lograr la paz”.

A través de esos largos años se organizó una operación para eliminar la posible resistencia de las fuerzas armadas a la entrega del país, para lo cual se decapitaron seis sucesivas cúpulas militares, hasta lograr una débil y complaciente, mientras se completaba la ocupación del poder judicial por conjurados y los medios eran amansados con copiosa mermelada. Cumplidos esos procesos no fue difícil robarse el plebiscito.

En resumen: una parte lo cedió todo y la otra lo ganó todo, porque el “acuerdo final” es una supraconstitución que somete al país al monitoreo de las FARC. Ellas disponen del sigiloso Cesivi, para autorizar o vetar las decisiones del gobierno. La impunidad la garantiza la JEP, que además ejerce vindicta contra el ejército. La Comisión de la Verdad falsifica la historia y su versión se impartirá en todas las escuelas y colegios, donde también imperará la ideología de género. Curules sin votos. Eliminación de antecedentes judiciales. Enormes partidas para el sostenimiento del Secretariado. Docenas de emisoras. Salarios y “emprendimientos” para los “exguerrilleros”. Eliminación de la erradicación aérea y del glifosato, amén de estímulos para los narcocultivos. Inhibición de la fuerza pública para intervenir. Nula reparación de las víctimas, a las que además se ignora, etcétera, etcétera, etcétera.

Es claro que el ELN entrará a gozar de todo lo ya concedido a las FARC, dentro de lo que podríamos llamar “la cláusula de la guerrilla más favorecida”. ¿Qué más pueden pedir?

Para negociar se requieren partes enfrentadas en sus posiciones y pretensiones, lo que no se dará en la pretendida confrontación Gobierno-ELN.

El Pacto Histórico se presenta públicamente como una organización de fachada formada por una coalición de matices de extrema izquierda, pero en realidad es un mecanismo político dirigido desde Cuba a través del partido comunista clandestino, cuyo “politburó” ha ejecutado metódicamente, durante largos años, el plan estratégico que ha llevado al poder a Petro con el fin de cambiar el modelo económico, jurídico y social. El ELN y las FARC son elementos primordiales dentro del engranaje que actualmente ejerce la totalidad del poder político en Colombia.

En esas condiciones es claro que entre Petro y Gabino no hay discrepancia. Con el ELN, entonces, ya todo está convenido, y por lo tanto veremos un nuevo simulacro de negociación, que avanzará sincronizadamente con el Gobierno hasta que “estalle otra paz”, no sabemos dentro de cuántos meses.

El ELN seguramente exigirá más decisión en lo del decrecimiento de la industria extractiva, del cual han sido precursores volando oleoductos y anegando en crudo tantos ríos. También reclamará mayor rapidez en la “reforma agraria integral”, presionando por un más amplio componente colectivista en ella y exigiendo tolerancia y estímulo de las invasiones de haciendas productivas, para lograr la más expedita forma de desposeer a los odiados terratenientes.

El odio del ELN por la ganadería, la inversión extranjera, las compañías petroleras y la libre empresa, es virulento, mientras en el ejecutivo es solapado, como su titular.

En el fondo, Gobierno y ELN están identificados ideológicamente, sin fisuras, y en consecuencia, a todo lo que pida esa guerrilla se accederá frente a su convidado de piedra.

La entrega será total. Esa, y no otra, será la “paz total”.

martes, 22 de noviembre de 2022

Colombianos: ¿Cómo salimos de este laberinto?

Epicteto, el opinador
Por Epicteto, el opinador*

Me llegan, como seguramente también a ustedes, mis apreciados contertulios, frecuentes preguntas sobre la manera más eficaz para enderezar el entuerto en que nos colocaron los politiqueros de siempre, y sobre cómo revertir el desastre electoral al que nos condujo el monstruoso fraude perpetrado con anuencia de los gobernantes de turno.

Tarea nada fácil, si queremos acertar en la respuesta. Ya se escuchan voces llamando a conformar una oposición unida para presentarle cara en los próximos comicios regionales al populismo socialista, ahora enquistado en el gobierno. Pretender que los políticos se unan a esta lucha es como buscar el ahogado aguas arriba. Quienes buscaron nuestros votos en las pasadas elecciones para enfrentar la amenaza de la extrema izquierda ahora son sus aliados en el Congreso, sin que se les caiga la cara de vergüenza.

Mientras tanto, en el gobierno nacional y en las alcaldías controladas por los amigos del castrochavismo, que son la mayoría, se aplican los recursos humanos y económicos del Estado a montar la aplanadora gubernamental en favor de sus propios candidatos.

No existe, pues, mis queridos y bien intencionados amigos, ninguna posibilidad de éxito por la vía democrática, con un régimen que para mantenerse en el poder utilizará todas las formas de lucha, como lo enseña su estrategia marxista-leninista y como se evidenció, para infortunio de esta sufrida Patria, en las pasadas elecciones.

Nos queda un recurso mucho más contundente: apelar directamente a los colombianos de bien, que somos la mayor parte de la población, sin intermediación de la desprestigiada clase política. Ya ha empezado a anunciar su incontrastable fuerza en las multitudinarias manifestaciones de protesta que los medios han tratado inútilmente de desconocer o minimizar. Contrastan estas espontáneas expresiones con las pobrísimas celebraciones de los primeros cien días del actual gobierno, a las que no acudieron ni sus promotores.

Si se trata, como me han preguntado, de romper el nudo gordiano que nos ahoga, no podemos desperdiciar estas marchas, plenas de coraje e indignación contra las reformas del régimen social-comunista. No nos conformemos con denunciar los daños que se están causando a los colombianos ni con pedir la renuncia al presidente, pues no lo va a hacer: su propósito es perpetuarse en el poder.

Hay que dar un sentido inteligente y productivo a las protestas. ¿Cómo lograrlo? Transformando esa masa improvisada en un movimiento organizado con una estructura que represente a sus participantes sectorizados por regiones, municipios, y actividades personales de cada uno. Con ese principio de organización, establezcamos una estrategia para derrocar el régimen de la infamia mediante un paro nacional e indefinido, una desobediencia civil y una resistencia generalizada en la que militemos colombianos sin distingos de clase o partido. Solamente dejaremos por fuera a los venales y corruptos politiqueros que nos condujeron al abismo. He allí la fórmula eficaz que requiere el país.

Una salvedad sí tengo la obligación de hacer: no esperemos resultados a la vuelta de la esquina. Esta cruzada puede prologarse mucho más allá de lo que todos deseamos. Pero no nos es permitido pensar a corto plazo, como lo han hecho nuestros dirigentes. Siempre pensaron en ganar unas elecciones, no en los intereses de las futuras generaciones. Por eso entregaron el país a los más ineptos, los más corruptos, los más malvados que pudieron encontrar. Sesenta años le tomó al comunismo llegar al poder. Podemos resistir también lo que sea necesario para recuperarlo.

De cara al porvenir: tiempos complejos

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

La educación superior en el planeta vive, después de la pandemia, uno de los momentos más complejos de su historia. Y no es que los hábitos de los humanos, especialmente de los estudiantes actuales o potenciales, haya cambiado, así como el de los docentes, sino que existe un replanteamiento con respecto a la justificación de invertir cinco años de vida para prepararse en algún área de conocimiento sin que ello asegure oportunidad laboral alguna, frente a otras alternativas lícitas como obtener rápidas certificaciones en temas puntuales que permiten un rápido y rentable acceso al mercado.

No todos tienen espíritu emprendedor y por ello buscan alternativas a través de certificaciones de “proveedores o fabricantes” como se los denomina ahora, sobre todo en las áreas de tecnología informática con todas sus aristas. Por no mencionar a reconocidos y exitosos empresarios en el ámbito mundial que se ufanan de haber obtenido el éxito, entre otras razones, por haber abandonado a tiempo la educación superior, en la cual se sentían limitados en sus aspiraciones.

Para nuestro caso colombiano, otro elemento que entra a jugar es la distinción que se hace con respecto a la universidad pública y la privada, en el entendido de que ambas prestan un servicio público regido por un maremágnum de legislaciones y normatividades a través de instituciones absolutamente pesadas como lo son el Ministerio de Educación Nacional y sus oficinas satélites.

Trámites para los trámites, plataformas no estables, procesos y procedimientos bien intencionados pero que en poco han contribuido a mejorar la calidad de la educación superior en el país y que dejan como simple enunciado aquello de lo de la “autonomía universitaria”. Por ejemplo, es dramática la manera como una institución tiene que paralizar sus procesos para atender visitas de pares académicos algunos muy profesionales y otros, cargados de subjetividades. Resulta problemático que se pretenda apalancar la calidad de las instituciones a través de un sistema de aseguramiento de dudosa calidad.

En números redondos, existen 300 instituciones de educación superior en Colombia, entre universidades e instituciones universitarias, de las cuales 50 están acreditadas en alta calidad. Para esta acreditación, que es válida y necesaria, se aplican iguales condiciones (estándares, aunque se le saque el cuerpo al uso de esta palabra), para todas las instituciones, lo cual no es del todo equitativo, ya que el aspecto económico para soportar las inversiones necesarias es un condicionante de carácter estructural, por no hablar del contexto social y hasta geográfico en el que desarrolle su actividad una institución.

Ahora bien, personalmente no acepto la denominación peyorativa de “instituciones o universidades de garaje”, pues todas, absolutamente todas son vigiladas por el Ministerio de Educación nacional, y en caso de desvíos, el propio Ministerio sería un complaciente cómplice. Además, todas las instituciones tuvieron un inicio y tienen un proceso evolutivo y algunas de las más importantes del país, nacieron en un “garaje”.

Para la clase política, el foco de la intervención en la educación superior sigue girando alrededor del tema de la cobertura. Esto no está mal del todo, pero debe entenderse que cobertura sin calidad es una simple dejada de constancia y que, en términos prácticos, la mayor cobertura se logrará de manera efectiva es a través de las otras 250 instituciones de carácter privado que despliegan su accionar en todo el territorio nacional.

La universidad pública, a la que debemos rodear y fortalecer, tiene demasiadas ataduras internas para ser ágil y poder comprometerse con temas de impacto y volumen, que impliquen aumento de cobertura.

Ahora bien, debe haber respeto y coherencia con respecto a roles, funciones y actuaciones. Partiendo del principio de buena fe, considero que ni el SENA ni las cajas de compensación tienen por qué ofrecer de manera directa programas de educación superior. Esto podría entenderse como una forma de competencia desleal y aún más, como en el caso del SENA, una desviación de su misión original desarrollada excelentemente a lo largo de décadas, como lo es la formación para el trabajo.

Hoy hay que ayudarle a las IES a salir del bache y eso requiere apoyo financiero. Existen estrategias de financiación, de matrícula cero, de subsidios (en parte forzadas por la pandemia y por el estallido social), que no han sido suficientes.

Es por eso por lo que la figura del Icetex debe mirar a todos los actores del proceso, incluyendo Instituciones, estudiantes y profesores.

Hay que mirar también de manera integral a lo que pretendidamente se la ha querido denominar sistema educativo, que cubre todos los niveles y perfeccione los intentos que se han realizado de articulación entre ellos.

Una buena educación primaria. Una buena educación secundaria que sirva de insumo para la educación superior, lo cual es defendido por los rectores de los colegios y criticada por las universidades.

Resulta por lo menos simpático ver cómo, ante la urgencia de buscar fuentes de ingreso alternativas a las matrículas, muchas universidades están montando hoy institutos técnicos para la oferta de programas de corta duración. Lo que antes se miraba por encima del hombro, hoy aparece como alternativa.

Y es que, para no utilizar la desgastada palabra “reinvención”, el sistema educativo, específicamente en la educación superior (o postsecundaria) debe repensarse: se habla de las carreras del futuro pero se siguen ofreciendo los mismos programas de siempre, con estructuras curriculares tradicionales, porque son los que generan matrículas hoy; se promueve el discurso de la movilidad y la internacionalización, pero es un martirio lograr la convalidación de un título obtenido en el exterior; se habla de flexibilidad curricular pero el sistema de aseguramiento de la calidad frena la posibilidad de que las instituciones tomen decisiones ágiles que les permita responder rápidamente a los requerimientos del entorno; se habla de desarrollar el pensamiento crítico en los estudiantes pero, con el argumento de la limitación en el número de créditos académicos, cada vez se recorta más la formación humanística y quien lo creyera, en esta formación humanística podría estar el diferencial de la formación universitaria respecto de la formación en otros niveles.

A propósito de los créditos académicos: después de más de 20 años de su instauración y de hablar sobre sus bondades pedagógicas, no ha pasado de ser un criterio numérico que se traduce de la aplicación de una fórmula para convertir horas en créditos.

En fin, la Universidad, así con mayúscula y en singular, desde Bolonia hasta nuestros días, es una institución milenaria y seguro seguirá existiendo, pero en su actual situación, debe replantearse para que su impacto siga siendo el que la sociedad requiere.