viernes, 10 de julio de 2026

Hay que reconocerle al país abierta y francamente los errores cometidos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Primero. No haber sido jurídica, política y socialmente capaces como sociedad y oposición. Congreso y justicia debieron haber hecho valer el triunfo en las urnas el “NO” entre octubre de 2016 y agosto 7 de 2018.

Segundo. Que de 2018 a 2022 había una misión y un compromiso con la nación que no se cumplió, el electorado y la democracia debían retornar a la legalidad plena.

Si se sabía que el referendo no se respetó y se impuso el “SÍ” a golpe de corrupción de Santos y sus operadores delincuenciales en el Congreso y en la Corte, se instauró la JEP y la Comisión de la Verdad por encima de la voluntad popular, la tarea era volver a la legalidad y se incumplió a sabiendas de que el mandato de cumplir los acuerdos era ilegal y producto del dolo que llamaron mermelada porque se sabía que todo eso era un montaje delincuencial, y ni el nuevo Gobierno, ni el Congreso, ni los fiscales, procuradores y contralores ni las Fuerzas Armadas constitucionales hicieron nada. Mientras, el único que resultó en la casa por cárcel injustamente fue Uribe quien respaldó a Santos, a Zuluaga y a Duque.

Fallaron los tres poderes públicos y los órganos de control, y los partidos políticos al igual que los parlamentarios, el Centro Democrático y el gobierno Duque.

No cumplieron el mandato para el cual se les eligió en materia de legalidad.

Cuando no se tiene el valor de reconocer los errores cometidos en el pasado ni la voluntad de enmendarlos, se está condenado a seguir pagando las consecuencias.

¿Volverá el país algún día a la normalidad en materia de legalidad o seguiremos cuatro años locos reclamando la unidad de propósito nacional en ese sentido mientras el show político de los ilegales continúa bailando al son del dinero mal habido de toda la delincuencia pública y privada que tiene el país inundado de dólares y corrupción?

En 100 días lo veremos.

Ganar las elecciones no es suficiente

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Con el correr de los días se agiganta aún más la perspectiva de la gesta patriótica librada por Abelardo de la Espriella y los Defensores de la Patria para derrotar en las urnas al candidato del gobierno más corrupto y pernicioso de toda nuestra historia.

Atrás quedó el argumento de que la victoria fue tan solo de 250 000 votos, una vez que se ha comprobado la monumental corrupción patrocinada por el gobierno petrista, en favor del perdedor, a través de toda clase de trampas como la de reparto de dineros en vísperas electorales, la profusa celebración de contratos para aumentar la burocracia, las concesiones a guerrilleros para que colaboraran en la campaña, el constreñimiento a los votantes en zonas apartadas y la ilegal participación en política por parte del presidente en medio de la mayor impunidad.

Se abre, por supuesto, un paréntesis de esperanza para el pueblo colombiano, confirmado por los anuncios del presidente electo y de su brillante equipo sobre las medidas que adoptarán para revertir el monstruoso daño que deja como legado la extrema izquierda.

Pero dejaríamos de ser responsables si no advertimos que la corrupción que padecimos durante 4 años tiene su origen mucho antes de la época electoral. Los mismos ciudadanos que votaron en esta oportunidad volverán a hacerlo dentro de 4 años y lo harán muchos de ellos bajo las mismas presiones de la falacia comunista. Ya asoman las primeras señales de la estrategia que adelantará la oposición. Comienzan por desconocer la legitimidad de las elecciones para pasar al intento del golpe de estado que preparan con sus aliados, los facinerosos de todos los pelambres. Desarrollarán una narrativa falaz y sin pausa contra todas las actuaciones del nuevo mandato y, al final, encontrarán en la “batalla del lenguaje” los instrumentos para manipular a las masas y regresar al poder.

Paralelamente al desarrollo del completo programa de gobierno enmarcado como la “Patria Milagro”, debemos todos, el gobierno y los ciudadanos de a pie, complementar el triunfo obtenido en las urnas con la victoria en la batalla cultural.

Quienes influyen en la formación de los futuros ciudadanos, tienen en sus manos el destino del país y la solidez del sistema democrático. Me atrevería a proponer unas cuantas acciones básicas al respecto:

a. Intervención a fondo en la educación para desterrar el adoctrinamiento en la doctrina marxista y en la teoría LGTB. Intensificar la enseñanza de principios y valores espirituales sobre la honestidad, la responsabilidad, el respeto por los derechos ajenos, el progreso personal a través del esfuerzo y del mérito, el amor por la patria, la solidaridad con los necesitados, el respeto al Estado de derecho y a los principios democráticos.

b. Protección a la familia, como el punto de partida para la formación de los futuros ciudadanos. Hay que dar especial protección a las madres solteras, establecer sistemas para que obtengan ingresos suficientes como emprendedoras o madres cuidadoras, y proporcionarles facilidades para su educación. Mientas la población permanezca en la ignorancia será fácilmente manipulada por los populistas sin escrúpulos ni moral. Fortalecer la institución familiar penalizando el aborto y rodeando de ayuda a las solteras embarazadas.

c. La izquierda aprovecha el nuevo lenguaje con el cual pretende seguir instrumentalizando a las masas poco informadas. No puede caer la democracia en la ingenuidad de seguir patrocinando eventos dizque culturales o de entretenimiento que tienen un sesgo abiertamente izquierdista. Asimismo, se encuentran multitud de ONGS, corporaciones, publicaciones, centros de estudio, etcétera, con disfraz intelectual o comunitario, que reciben ayudas estatales para financiar su proselitismo. Los medios de comunicación estatales como los que tienen presencia en las redes sociales, la televisión y la radio deben asumir el papel de educadoras de la sociedad con programas acordes con la defensa del Estado de derecho, la convivencia pacífica, la búsqueda del bien común y el sistema democrático

Recientemente el escritor Pierre Claire, en su artículo titulado “La infiltración cultural que sobrevive a las derrotas electorales” expresa:

“Este mecanismo interesa directamente a una región donde la derecha encadena victorias electorales espectaculares desde hace 3 años, de Colombia a Perú o Argentina. Ganar una elección es recuperar un edificio; reconquistar el país o el lenguaje es una obra mucho más lenta y difícil que cualquier mandato presidencial.

Si las nuevas derechas latinoamericanas no libran también esa batalla cultural en las escuelas, la universidad, los medios o las administraciones, terminarán gobernando sin gobernar realmente.

Los mandatos que los ciudadanos van a considerar decepcionantes por alejarse de las promesas iniciales serán como un simple paréntesis, teniendo en cuenta que la izquierda nunca ha sido derrotada de verdad.”

jueves, 9 de julio de 2026

Lo que ocurre mientras nadie mira

Fredy Angarita
Fredy Angarita

"El tiempo también tiene rutina"

En mis pequeñas historias, por lo general los invito a observar, a detenerse un momento para mirar aquello que otros no ven o, simplemente, deciden ignorar. En lo cotidiano suelo encontrar frases sobre el tiempo que siempre terminan haciéndome pensar:

"Cinco minutos bastan para soñar toda una vida; así de relativo es el tiempo." — Mario Benedetti.

"El tiempo es el mejor autor; siempre encuentra un final perfecto." — Charles Chaplin.

"Un minuto que pasa es irrecuperable. Conociendo esto, ¿cómo podemos malgastar tantas horas?" — Mahatma Gandhi.

"Sin tiempo no hay futuro, pero con tiempo puedes perderte el presente." — Frank Sinatra.

"La ley, la democracia, el amor… nada tiene más peso sobre nuestras vidas que el tiempo." — Winston Churchill.


Seguramente se preguntarán qué tiene que ver con el tiempo observar… yo le digo, mucho más de lo que parece.

Observar también es dedicarle tiempo a aquello que la rutina vuelve invisible. Por eso quiero contarles la historia de un fotógrafo que convirtió la paciencia en su mejor herramienta.

En el 2017 publicó un libro titulado 42nd and Vanderbilt[1]. Durante nueve años, entre las 8:30 y las 9:30 de la mañana, se ubicó en la misma esquina de Nueva York para fotografiar a todas las personas que pasaban por allí. ¿Nueve años?, ¿La misma esquina?, ¿La misma hora?

El resultado es fascinante. En sus fotografías aparecen personas que vuelven a cruzar el mismo lugar años después: algunas con la misma expresión de afán, otras con la misma forma de vestir y muchas atrapadas en la misma rutina. Lo único que cambia de manera inevitable es el tiempo.

El fotógrafo, Peter Funch, no pretendía demostrar que vivimos igual todos los días. Quería invitarnos a pensar en cuánto de nuestra vida transcurre en piloto automático.

Imaginen dedicar nueve años a un proyecto sin saber con certeza cuál sería el resultado.

No cualquiera tiene esa paciencia, ni esa convicción. Mientras leía sobre su trabajo recordé una canción de Calle 13, Así de grandes son las ideas, donde dice:

"La repetición de una acción es la técnica más efectiva para la prolongación..."

Quizá por eso las grandes ideas rara vez aparecen de inmediato, se construyen a fuerza de insistir, de repetir, de equivocarse y de volver a empezar.

Más que una historia sobre fotografía, esta es una invitación a entender que no todo sale bien a la primera; a veces la repetición no es un fracaso, es el camino para perfeccionar una idea y, al mismo tiempo, es una invitación a mirar con más atención.

Porque mientras creemos que el mundo ocurre a toda velocidad frente a nuestros ojos, el verdadero mundo sigue ocurriendo dentro de nuestras cabezas.

La próxima vez que caminen por una calle, deténganse unos segundos, miren a quienes pasan. Y háganse la misma pregunta que se hizo Peter Funch durante nueve años:

“¿Qué estará pasando por sus mentes?”

Jugando a la democracia como si fuera gallina ciega

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Tiene Colombia un grave problema de ilegitimidad e ilegalidad que mantiene a la sociedad jugando a la democracia como si fuera gallina ciega. Y eso nos pasa por aceptar en el debate democrático la participación de delincuentes y promotores de la subversión, del narcoterrorismo o sistemas autoritarios como el comunismo o de totalitarismos constitucionales como el SSXXI o la narco autocracia a la que se le abrió la entrada con el desconocimiento ilegal del NO y de la voluntad del constituyente primario que es el electorado en 2016 y con la subsecuente compra del Congreso y la corte para meter los acuerdos por medio del “fast-track” a la Constitución e instaurar la JEP en 2017.

Mientras eso no se corrija aquí vamos a seguir jugando a la gallina ciega política y generando más descontento social e inequidades de todo tipo, hasta que no quede vestigio de la democracia que por más de dos siglos nos ha mantenido unidos como nación.

Desde que hice la primera comunión he venido escuchando hablar a todo el mundo de “paz y de milagros”, pero por más que estudio e investigo y trato de averiguar, no he podido entender cómo funcionan esas dos cosas, ni he logrado que nadie me convenza de que eso existe por fuera del imaginario o sea real. La vida me ha enseñado a solo creer en el trabajo con ética, honestidad, transparencia y en hacer el bien con consistencia, que genere confiabilidad, y en poder cumplir siempre con el deber y hacer las cosas pensando en el interés general y el bien común.

De modo que el problema que tiene el país en medio de tantos intereses de poder representados en una actividad política anómala y en su mayoría corrompida es simple de comprender; si una edificación no está construida sobre unos cimientes sólidos y un piso firme, se cae de un solo lapo por un temblor de tierra o de a poquitos por causa de humedades y otros problemas estructurales, y lo mismo pasa si alguien los implosiona con dinamita, hay que volver a empezar por reconstruir esas bases con solidez. Entonces para poder tener un edificio bueno y funcional en donde vivir y trabajar, se refuerzan o se vuelven a hacer unos cimientes sólidos y se cuidan y se les da mantenimiento o no tenemos edificio en donde vivir y trabajar.

Y es que los fundamentos de las democracias son las instituciones políticas, sociales y económicas; y ellas no pueden estar operadas al mismo tiempo por una mezcla de personas que representan la licitud y otras que representan la ilicitud, el delito, la corrupción, el terrorismo y el narcotráfico e ideologías revolucionarias. Las revoluciones no transforman, primero destruyen todo y luego no tienen recursos ni gente preparada para reconstruir.

Por tanto, para poder solucionar el problema de que el país y todas sus áreas de funcionamiento puedan operar con una normalización clara y dentro de legalidad y no con un sistema operativo y de gobernabilidad híbrido e incompatible entre dos ideologías y dos modos de operar que se repelen, pues uno se enmarca en la ley y el otro en la legalidad, antes de hacer ninguna otra cosa. La misión de quienes operan esa institucionalidad es ponerse de acuerdo en que hay que meter a la cárcel a todos los ilegales así sean grandes delincuentes o roba gallinas, y en que los partidos garanticen por el mismo racero de la legalidad que quienes nos representen y nos gobiernen sean los profesionales más calificados y con más conocimientos y realizaciones con que cuente el país.

Si seguimos en un modelo de gobernanza conjunta entre la legalidad y la ilegalidad en cabeza de quienes nos gobiernan y administran, quienes legislan y quienes tienen la obligación de impartir justicia, y si seguimos llamando igualdad a la equidad, libertad al libertinaje, democracia a la anarquía y a la autocracia, conflicto armado a todos los ataques de los alzados en armas contra la sociedad y a la defensa de la constitución y la ciudadanía por medio de las fuerzas armadas equiparadas a los delincuentes, si seguimos acusando inocentes e indultando impunemente criminales de lesa humanidad, y si nos negamos a la transformación cultural para convertirnos en una sociedad civilizada en la era del conocimiento, entonces, el crecimiento y el desarrollo socioeconómico no son viables y el rumbo de la nación solo apunta al atraso, al empobrecimiento, al caos y a la destrucción de la institucionalidad, y por tanto seguiremos jugando gallina ciega y creciendo pero para abajo, como la cola de las vacas.

miércoles, 8 de julio de 2026

Conversatorio con Ricardo Barreneche Gómez


Del mundo de las subastas llega a El Pensamiento al Aire un invitado excepcional. En esta edición del conversatorio de la semana, Antonio Montoya H. conversa con Ricardo Barreneche Gómez, reconocido martillero y experto en subastas, quien comparte la inspiradora historia de cómo pasó de ser zootecnista y directivo del Fondo Ganadero de Antioquia a convertirse en uno de los referentes de esta singular profesión. Un diálogo lleno de anécdotas, aprendizajes y lecciones sobre liderazgo, servicio y pasión por el trabajo que invitamos a disfrutar.

Ricardo Barreneche es uno de los martilleros y expertos en subastas más reconocidos de Colombia. Zootecnista de profesión y oriundo de Yolombó (Antioquia), inició su carrera en la década de 1970 como asistente del destacado subastador Roberto Heinsohn de Brigard, experiencia que le permitió consolidar una trayectoria de más de cuarenta años en la conducción de remates ganaderos, equinos, de arte, joyas, antigüedades y eventos benéficos. A lo largo de su vida profesional ha dirigido importantes subastas en Colombia y otros países de América Latina, destacándose por su conocimiento del mercado, su transparencia y su capacidad para dinamizar las pujas. Entre sus actuaciones más recordadas figura la subasta de la obra Misiá Felicidad, del maestro Fernando Botero, realizada en beneficio de la Fundación Matamoros, así como su participación en grandes remates agropecuarios de alcance nacional. Barreneche atribuye su éxito a la preparación rigurosa, la ética profesional y la credibilidad, valores que considera esenciales para ejercer un oficio basado en la confianza. Gracias a su experiencia y prestigio, continúa siendo una de las figuras más respetadas en el ámbito de las subastas, reconocido por su aporte al desarrollo de esta actividad en Colombia.

¡Pero si jamás han obedecido!

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

El país está justamente preocupado por el anuncio reiterado de que, si no se acatan las cinco exigencias de Cepeda, todos sus votantes se irán con él a la desobediencia civil “pacífica”.

Esta amenaza es aterradora, si se cree:

1. Que no hubo constreñimiento electoral ni votación comprada con 30 billones de contratación delictual, y

2. Que casi 13 millones de votantes son comunistas convencidos y disciplinados revolucionarios que, dóciles a las incontrovertibles órdenes de sus jefes, se dedicarán día y noche a desobedecer a las autoridades legítimas, hasta que el Gobierno caiga.

¡Aceptar que el derrotado mande al elegido es lo que Cepeda exige!

Por tanto, su amenaza es inane y no debe tenerse en cuenta, a menos que sea apenas el velado anuncio de que la oposición será tan “pacífica” como fue la de la primerea línea, que —vale la pena recordar— tampoco pudo tumbar a Duque, mucho menos afirmativo que Abelardo.

Lo verdaderamente grave es lo que Petro está haciendo antes de salir a encabezar una oposición vandálica, incendiaria y sangriente —lo único para lo cual está preparado—, contra un gobierno que encontrará la caja vacía, el déficit mas grande de nuestra historia, los recursos futuros comprometidos por largos años, para el cumplimiento de negociados corruptos, las Fuerzas Armadas desmanteladas y un Congreso adicto a la mermelada.

Pues bien: desde los trabajos de Hércules, nadie se ha enfrentado a una situación tan difícil como la que espera al nuevo gobierno. Sin embargo, estoy seguro de que Abelardo no será inferior a la tarea que tiene que cumplir, porque ya ha dado abundantes pruebas de su infatigable determinación y de su capacidad política superior.

Volvamos a Cepeda: sus amenazas han sido rechazadas por la generalidad de la opinión, pero con menor vigor del requerido porque estamos —como ha señalado el mayor constitucionalista, Jesús Vallejo Mejía— ante un flagrante acto de extorsión, y un probable concurso de delitos conexos…

¡Cómo convendría tener ahora una Fiscalía comprometida imparcialmente con el derecho penal!

Nada tiene de extraño, entonces, el reiterado pronunciamiento de Cepeda, porque los comunistas jamás obedecen ni respetar el orden jurídico de la Constitución y la ley, que para ellos representa la violenta imposición de las clases dominantes sobre el proletariado explotado y bla, bla, bla…, hasta llegar al punto fundamental de su credo político: todo es lícito para lograr el triunfo de la revolución, y todo lo que a ella se opone es inmoral, inadmisible e intolerable, y debe ser combatido con la combinación de todas las formas de lucha.

Cepeda no es el inofensivo anciano, lisiado y cabizbajo filósofo dedicado a la defensa de los derechos humanos, como nos lo pintaron los grandes medios masivos fletados durante la campaña presidencial, sino el longevo y taimado jefe histórico de la subversión comunista, las narcoguerrillas y las demás actividades criminales que durante tantas décadas han causado incontables muertes, destrucción y pobreza.

A partir del 7 de agosto regresan la Constitución y la ley para ser obedecidas por todos y garantizadas por el legítimo ejercicio de las armas del Estado contra las siniestras fuerzas criminales, que jamás han desobedecido a Cepeda, Petro y el Politburó.

martes, 7 de julio de 2026

De cara al porvenir: desobediencia civil

Pedro Juan Gonzalez Carvajal
Pedro Juan Gonzalez Carvajal

El fundamento filosófico de Thoreau para la desobediencia civil está en su ensayo “Desobediencia civil” de 1849. No es un manual político, es un manifiesto moral y se apoya en 4 pilares:

1. Trascendentalismo: El individuo por encima del Estado.

Thoreau era trascendentalista, como Emerson. Creía que el ser humano tiene una conexión directa con la “Ley moral” de la naturaleza y la conciencia, más alta que de cualquier ley escrita por el Congreso.

Su idea central era: “La única obligación que tengo derecho a asumir es hacer en todo momento lo que creo correcto”.

Para él, el Estado es un medio, no un fin. Si el Estado te obliga a hacer algo inmoral –como era en su momento financiar la esclavitud y la guerra contra México–; tu deber primero es con tu conciencia, no con la ley.

2. Gobierno mínimo: “Ese gobierno es el mejor que menos gobierna”.

Frase que él popularizó y que luego usaron los libertarios. Thoreau no era anarquista, pero despreciaba que el Estado se metiera en todo.

Argumentaba que el gobierno rara vez hace algo útil y cuando lo hace es porque la gente lo hace a pesar de él, no gracias a él. El Estado se vuelve máquina burocrática que aplasta al individuo. Por eso se fue a vivir 2 años a Walden: para probar que se puede vivir con lo mínimo y sin depender del sistema.

3. Integridad personal: no prestes tu cuerpo al mal.

Este es el punto más duro. Thoreau decía que pagar impuestos para una guerra injusta es ser cómplice.

Su lógica era: “Si sabes que tu dinero compra balas que matan esclavos, y aun así pagas, te vuelves ‘agente de la injusticia’. Es mejor ir a la cárcel que tener las manos manchadas”.

Pasó una noche en la cárcel por negarse a pagar el “poll tax”. No buscaba fama. Buscaba coherencia: “Bajo un gobierno que encarcela injustamente, el lugar verdadero para un hombre justo es también la cárcel”.

4. Acción directa pacífica como correctivo moral.

Thoreau no quería derrocar el gobierno de Estados Unidos, quería “frenarlo”. Veía la desobediencia civil como una fricción que le recuerda a la máquina del Estado que está aplastando vidas.

No proponía revolución violenta porque eso solo cambia quién manda, no el sistema de injusticia. Proponía que cada persona retire su consentimiento a la injusticia específica. Si suficientes personas lo hacen, el gobierno se queda sin legitimidad.

Para Thoreau, la desobediencia civil nace del deber moral individual de no cooperar con el mal, aunque la ley lo ordene. La ley justa debe venir de la conciencia, no de la mayoría.

Gandhi y Martin Luther King tomaron esto y le sumaron estrategia masiva y no violencia organizada. Pero el corazón filosófico sigue siendo el mismo: tu conciencia es mayor a tu obediencia ciega.

Desobediencia civil en el mundo reciente

A lo largo de la historia, la ciudadanía ha desobedecido las leyes para alcanzar cambios sociales. En algunos casos se ha conseguido derrocar regímenes opresivos y en otros se han logrado cambios políticos. Desde los movimientos prodemocráticos hasta los de justicia climática, el activismo ha asumido muchos riesgos para tratar de mejorar la sociedad. A continuación, varios ejemplos de desobediencia civil que han tenido un impacto en nuestras sociedades. Difieren en cuanto a los métodos utilizados, la ubicación geográfica y la época, así como las causas que motivaron sus actos. Los presentamos en orden cronológico.

* Henry David Thoreau y su lucha contra la esclavitud, el exterminio de nativos y la guerra entre Estados Unidos y México en 1846-1848.

* La Marcha de la Sal de Mahatma Gandhy en 1930.

* El Movimiento Sufragista Británico en 1903.

* Rosa Parks y el Boicot a los autobuses de Montgomery en 1955.

* La lucha de Nelson Mandela contra el Apartheid en 1961.

* El rechazo de Muhammad Alí de ir a la guerra de Vietnam en 1966.

* Occupy Wall Street en 2011.

* Pussy Riot contra Putin y la opresión de la Iglesia Ortodoxa en 2012.

* Edward Snowden en 2013.

* La ocupación del Parque de Hambach de 2012 a 2020.

* La Revolución Sudanesa en 2018.

* Las protestas en Irán por el asesinato de “Masha Amini” en 2022.

Desobediencia civil en Colombia

En Colombia las acciones más semejantes o parecidas a la desobediencia civil han sido clave para visibilizar causas cuando las vías formales no daban respuesta, pero lamentablemente pasando a las vías de hecho. Siempre bajo la idea de Thoreau: desobedecer una ley injusta, pero aceptando las consecuencias.

Aquí los casos más representativos:

 

1. La minga indígena y los bloqueos de vías - 1971 hasta hoy

Qué hicieron: pueblos Nasa, Misak, Yanacona y otros bloquean la Vía Panamericana que cruza el Cauca. Se sientan en la carretera, queman llantas, retienen funcionarios.

Ley que desobedecen: normas de tránsito y uso del espacio público + órdenes de desalojo del ESMAD.

Motivo: exigir cumplimiento de acuerdos de tierra, consulta previa y protección frente a actores armados.

Resultado: han logrado mesas de negociación directas con la Presidencia. El bloqueo se volvió su “tarjeta de presentación” para ser escuchados. La Corte Constitucional ha reconocido la minga como forma legítima de protesta social.

2. El Paro Nacional Estudiantil 2011 - “La mano en la cara” 

Qué hicieron: estudiantes universitarios tomaron universidades, hicieron marchas masivas y se tomaron la Plaza de Bolívar. El gesto icónico fue taparse la cara con la mano para denunciar que la reforma a la Ley 30 se hacía “a pupitrazo limpio”, sin debate.

Ley que desobedecen: Código de Policía al ocupar espacio público sin permiso y los reglamentos universitarios.

Motivo: rechazar la reforma a la educación superior del gobierno Santos que privatizaba el modelo.

Resultado: el gobierno retiró el proyecto de ley 8 días después. Es el ejemplo más claro de desobediencia civil masiva que logró tumbar una ley sin un solo muerto.

3. Las “Marchas del Silencio” y plantones de Madres de Soacha - 2008-2010

Qué hicieron: madres de jóvenes asesinados y presentados como “falsos positivos” bloquearon calles, hicieron plantones frente a juzgados y al Ministerio de Defensa.

Ley que desobedecen: normas de orden público al bloquear vías sin permiso.

Motivo: exigir verdad y justicia por la ejecución extrajudicial de sus hijos.

Resultado: forzaron la destitución de 27 militares, incluyendo 3 generales. Su desobediencia pacífica puso el tema en la agenda internacional y de la Corte Penal Internacional.

4. Campesinos cocaleros del Catatumbo y Guaviare - Paros cocaleros 1996 y 2013

Qué hicieron: miles de campesinos bloquearon carreteras, quemaron peajes y marcharon a Bogotá.

Ley que desobedecen: decretos de erradicación forzada de cultivos ilícitos. Ellos organizaban a las personas y bloqueaban a la policía antinarcóticos.

Motivo: no había sustitución real. Pedían programas de desarrollo alternativo antes de erradicar.

Resultado: se firmaron acuerdos de sustitución voluntaria. PNIS -Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de uso Ilícito- en 2017. Mostró que, sin alternativa económica, la erradicación forzada es inviable.

5. Movimientos ambientales: Santurbán y la Colosa - 2010-2017

Qué hicieron: comités cívicos en Bucaramanga y Cajamarca hicieron consultas populares municipales, marchas y bloqueos para detener proyectos mineros.

Ley que desobedecen: licencias ambientales ya otorgadas por el Ministerio. Bloquearon entrada de maquinaria.

Motivo: proteger páramos y fuentes de agua de la minería a cielo abierto.

Resultado: la Corte Constitucional falló a favor en 2016: el páramo de Santurbán se delimitó y el proyecto Angostura se frenó. En Cajamarca el 97 % votó “No” a La Colosa en consulta popular.

En Colombia la Corte Constitucional, Sentencia T-009 de 2018, dijo que la protesta social es un derecho fundamental. La desobediencia civil es legítima cuando: 1. Busca un fin constitucional, 2. Es pacífica, 3. Es el último recurso.

La diferencia con el vandalismo es esa: Gandhi bloqueaba trenes, pero no apedreaba a la gente. Por eso los casos que cambiaron leyes fueron los que mantuvieron la línea no violenta.

Fernando González, filósofo antioqueño, presentó como tesis de grado el texto “El derecho a desobedecer” en la Universidad de Antioquia para graduarse de abogado. Lo descalificaron por “inmoral y subversiva”. Hoy es un clásico del pensamiento latinoamericano.

Idea central en 3 puntos:

1. La ley sin alma es violencia

González ataca la obediencia ciega a la ley. Dice que el Derecho que se enseña en Colombia es puro “formalismo europeo”: códigos copiados sin pensar nuestra realidad. Una ley justa no es la que está escrita, es la que nace de la vida, la conciencia y el instinto del pueblo. “Desobedecer es el deber de todo hombre que se respeta” cuando la ley va contra la vida.

2. El hombre americano vs el hombre de códigos

Critica al abogado colombiano: un “repetidor de códigos” sin filosofía, sin tierra, sin pasión. Propone al “hombre americano”: visceral, auténtico, que piensa desde su experiencia. Para él, Sócrates desobedeció a Atenas y fue más legal que los jueces. Desobedecer es acto de creación, no de anarquía.

3. Derecho como arte de vivir, no como técnica

Plantea que el Derecho debe ser metafísico y vital. No sirve un código perfecto si la sociedad está muerta. El verdadero derecho nace cuando el individuo se rebela contra lo impuesto y crea sus propias normas desde la conciencia. Por eso defiende la “insurrección interior”.

La desobediencia civil requiere independencia con respecto al Gobierno de turno y al Estado para no entrar en contradicciones, incoherencias u oportunismos siendo simultáneamente juez y parte, beneficiarios del Estado y entorpecedores del funcionamiento del Estado y del Gobierno de turno.

De nuevo la figura del esquema Gobierno-Oposición se muestra como necesaria.