jueves, 23 de julio de 2026

Una oportunidad histórica para Urabá

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

La entrada en servicio de Puerto Antioquia y la culminación prevista para el próximo año de la vía al mar con las obras del Túnel del Toyo, convertirán a Urabá en una plataforma estratégica para fortalecer la seguridad alimentaria y ampliar la exportación de productos agropecuarios.

El banano sigue siendo el pilar productivo de la región, con 32 465 hectáreas cultivadas, el año anterior sus exportaciones alcanzaron 81,9 millones de cajas y la productividad regional creció a un ritmo superior al promedio nacional.

A este liderazgo se suman otros renglones importantes: el plátano ocupa 36 000 hectáreas y sostiene a más de 7000 familias; la palma aceitera cubre 12 000 hectáreas y las nuevas tecnologías auguran un desarrollo exitoso; el cacao alcanza 10 446 hectáreas; la región cuenta, además, con el mayor cultivo de piña del país, el segundo hato de búfalos y 15 000 hectáreas de arroz con una condición hídrica privilegiada durante todo el año.

El potencial de crecimiento es inmenso. Según el Plan de Ordenamiento Territorial Agropecuario, Urabá cuenta con cerca de 350 000 hectáreas con posibilidades de expansión, aptas para cultivos como maracuyá, limón Tahití, arroz, cúrcuma, jengibre, granadilla, pitahaya y mangostino.

La ganadería es otro eje estructural. Urabá posee el hato bovino mayor de Antioquia con más de 626 000 cabezas distribuidas en 8200 fincas. Esta base abre espacio para impulsar modelos silvopastoriles, carne certificada y cadenas de lácteos con mayor valor agregado.

A este potencial productivo se suma un factor decisivo, la logística. Urabá es una plataforma exportadora natural: Puerto Antioquia y la conexión vial con el centro del país permitirán que los productos agrícolas lleguen a los mercados internacionales con menores costos y tiempos, una ventaja que pocas regiones agrícolas de la patria reúnen en igual proporción.

El principal desafío está en el ordenamiento institucional. La actualización catastral es clave para organizar el territorio, atraer inversión y garantizar seguridad jurídica a productores y empresas, y, de especial importancia, revisar la Ley 70 relacionada con los territorios afro del Chocó y Antioquia para facilitar un desarrollo agropecuario ordenado, sostenible y compatible con las realidades sociales de esas regiones.

Urabá no es solo una región agrícola: es la puerta de entrada para que el país dé el salto hacia una agricultura moderna, exportadora y sostenible. Colombia necesita una despensa estratégica y Urabá ya cuenta con el suelo, el clima, la ubicación, la tecnología y la gente para convertirse en ella.

El Rincón de Dios

“La medida del amor es amar sin medida”. San Agustín

Nadie sospechó del hombre de la camisa planchada

Fredy Angarita

El miedo también tiene prejuicios

Antes los ladrones se hacían famosos por vestir bien. Hoy siguen vistiendo bien, pero nosotros seguimos buscando al sospechoso donde casi nunca está.

Son las cinco de la mañana. El bus baja lleno por la Avenida Oriental. Un hombre con la camisa bien planchada revisa su celular. Una mujer lee un mensaje antes de llegar a la oficina. Alguien bosteza camino al trabajo, nadie sospecha de nadie. El único pasajero que recibe miradas es el hombre que duerme en la última silla.

Lo curioso es que la historia lleva décadas diciéndonos otra cosa, la escena no es nueva. Medellín ya conoció hombres que entendieron que la elegancia también podía ser un arma. Ramón Cachaco (Ramón Antonio Aristizábal Ramírez), vestía con traje y sombrero. Antonio Medina, "Toñilas" era lector, piloto y conquistador. Ninguno se parecía al ladrón que imaginamos cuando pensamos en un delincuente.

No se trata de volverlos héroes, pero como ellos, hubo otros delincuentes que terminaron convertidos en personajes de la memoria popular.

Se trata de entender una lección que ellos aprendieron hace mucho tiempo. Los grandes ladrones del siglo pasado descubrieron que el mejor disfraz era parecer una persona respetable. La corbata abría más puertas que la pistola.

Hoy el método ha cambiado muy poco, los nuevos delincuentes también madrugan, también toman el bus, también esperan. Ya no necesariamente buscan bancos, buscan un celular distraído, un reloj costoso, un bolso abierto o una billetera mal guardada.

Esperan a quien "da papaya", una expresión que, con el paso del tiempo, terminó convirtiéndose en una forma de repartir la culpa entre la víctima y el delincuente. Decir que alguien "dio papaya" es aceptar, aunque sea de manera inconsciente, que el problema no es solamente quien roba, sino también quien confía.

"A papaya puesta, papaya partida”, "El vivo vive del bobo, y el bobo de papá y mamá"

Durante años escuché esas frases como si hicieran parte del paisaje paisa, como si fueran una expresión más de esa famosa pujanza antioqueña de la que tanto nos sentimos orgullosos, hoy confieso que me cansaron.

Medellín aprendió a mirar hacia abajo, sospechamos del hombre que duerme bajo un puente, del reciclador, del vendedor ambulante o del muchacho que camina con la ropa rota.

Mientras tanto, muchos de quienes delinquen han entendido que la mejor manera de pasar desapercibidos consiste en parecer exactamente iguales a cualquiera de nosotros.

El habitante de calle se volvió visible para nuestro miedo, pero invisible para nuestra compasión. Quizá el problema nunca fue aprender a identificar a un ladrón.

El problema fue creer que la pobreza tenía rostro de delito y que la buena apariencia tenía rostro de honestidad. Mientras seguimos mirando con desconfianza al hombre que duerme en un andén, quien busca la oportunidad para robar quizá ya pagó el pasaje, marcó la tarjeta en la oficina o nos dio los buenos días.

Las apariencias siempre han sido el mejor escondite del delito, la historia de Medellín no nos enseñó que los ladrones se vestían mal. nos enseñó que muchos de ellos entendieron que el mejor camuflaje era parecer ciudadanos ejemplares.

Nos enseñaron a no dar papaya, muy pocos nos enseñaron a no partirla.

martes, 21 de julio de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 154


En un nuevo capítulo de Sucesos de la Semana, Antonio Montoya H. analiza los principales acontecimientos que marcaron la agenda nacional e internacional: la designación de Paola Holguín como ministra de Cultura, la escalada del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, el debate sobre la política migratoria estadounidense, las tensiones políticas por la elección de la presidencia del Senado y la posesión del nuevo presidente de Colombia, además de los retos que enfrentará el gobierno entrante. El programa concluye con un balance del Mundial de Fútbol, destacando la organización del torneo, el espíritu deportivo y la emoción de la gran final. No dejes de verlo.

¡Clientelismo y manzanilla antes de 7 de agosto!

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Casi todos los columnistas repetimos el listado de horrores que deja el gobierno saliente. Nunca una nueva Presidencia ha asumido un desastre comparable, y a medida que pasen los días se descubrirán más desórdenes, chanchullos, desfalcos, peculados, despilfarro, sobornos y demás delitos asociados a la inocultable corrupción de esos cuatro años.

Colombia fue descuadernada. Cerca de 400 000 Km2 fueron entregados a guerrillas, combos, mingas y narcos. Por doquier campea el crimen. Ejército desmantelado. Policía neutralizada. Espacio aéreo en poder de los drones de la subversión…

No debo seguir con ese interminable inventario, porque considero que ha llegado el momento de dejar de escribir sobre el horror que todos de sobra conocemos, para hacer tres reconocimientos:

1. Que Petro fue un revolucionario muy exitoso. Se propuso demoler el país y lo logró. Se va frustrado porque el pan se le quemó en la boca electoral del horno.

2. Que la tarea descomunal de Abelardo exige un esfuerzo sobrehumano, hasta para un equipo excepcional como el que lo rodea.

3. Que recuperar a Colombia para que la Constitución y la Ley retornen a todo el territorio y a las administraciones ejecutiva y judicial, es una tarea que exige el concurso generoso y patriótico de todos los que aborrecemos el gobierno como ejercicio criminal al servicio de la revolución.

Como nunca ha sido más imperativo rodear al heroico y legítimo gobierno venidero, es inconcebible que pasado el susto del 21 de junio y antes del 7 de agosto, ya políticos profesionales —de la componenda, la marrulla y los “consensos”—empiecen a sabotearlo.

Quiero creer que esos tales son unos pocos, destituidos del poder por un electorado que ya los repudió, y que las mayorías del nuevo Congreso actuarán con patriotismo y honestidad…

Del éxito del nuevo gobierno depende el futuro venturoso de Colombia. Su fracaso, en cambio, nos obligaría a repetir, dentro de cuatro años, el caos preparatorio de la revolución comunista.

El 20 de enero de 1961, en su discurso inaugural, el presidente Kennedy dijo: “No pregunten por lo que el país puede hacer por ustedes; pregunten qué pueden hacer ustedes por el país”.

Ha llegado finalmente el momento en el que los políticos colombianos deben dejar de preguntar a Abelardo por los ministerios, embajadas y contratos de siempre, y en cambio ofrecerle toda la necesaria y desinteresada colaboración que requiere para salvar la patria.

Para siempre hay que dejar atrás los juegos clientelistas de los manzanillos profesionales, porque nada hay más inmoral en este momento que poner palos en la rueda a un gobierno que representa la última oportunidad para Colombia.

De cara al porvenir: acuerdo sobre lo fundamental (2 de 3)

Pedro Juan Gonzáles Carvajal
Pedro Juan Gonzalez Carvajal

Este artículo ha consultado varias fuentes entre ellas la IA.

El “acuerdo sobre lo fundamental” en el ámbito internacional: origen y evolución histórica del pacto mínimo entre Estados.

1. ¿Qué significa “acuerdo sobre lo fundamental” en el plano internacional?

Si internamente el “acuerdo sobre lo fundamental” busca pactar reglas intocables para que la política no derive en guerra civil, internacional el concepto refiere al conjunto de principios básicos que los Estados aceptan para evitar que la competencia geopolítica derive en guerra mundial.

No es un tratado específico. Es el “mínimo común denominador” del sistema internacional: aquellas normas que, incluso en medio del conflicto, la mayoría de los actores respeta porque romperlas implica poner en riesgo la existencia misma del sistema. Incluye: la soberanía Estatal, la prohibición de la conquista territorial por la fuerza, la inmunidad diplomática, la vigencia de los tratados, la protección de civiles en la guerra y la existencia de mecanismos para resolver disputas sin acudir a las armas.

El objetivo es el mismo que en lo nacional: sacar ciertos temas de la disputa diaria para que la política internacional sea “discutible” sin que el planeta sea “indiscutible”. Es el acuerdo que permite que haya rivales, pero no enemigos existenciales.

2. Origen histórico: de Westfalia a la ONU

La necesidad de un acuerdo fundamental entre potencias nace con la guerra moderna.

1. 1648, Paz de Westfalia: tras la Guerra de los Treinta Años, que mezcló religión y política, Europa estaba devastada. Westfalia no trajo paz perpetua, pero sí el primer “acuerdo fundamental”: cada Estado es soberano dentro de sus fronteras y no debe intervenir en los asuntos internos de otro. Se sacó la religión de la geopolítica. -Cuius regio, eius religio-. Fue el acta de nacimiento del Estado-nación moderno y del principio de no intervención. El sistema duró casi 300 años.

2. 1815, Congreso de Viena: después de Napoleón, las potencias europeas entendieron que las revoluciones y las conquistas ilimitadas ponían en riesgo a todas las monarquías. Pactaron un nuevo fundamental: el “equilibrio de poder” y la legitimidad dinástica. Ningún Estado debía ser tan fuerte como para dominar el continente. Se creó la Santa Alianza para intervenir si una revolución amenazaba el orden. Era un acuerdo conservador, pero evitó una guerra general en Europa por 99 años.

3. 1919, Sociedad de Naciones: la Primera Guerra Mundial rompió Westfalia y Viena. El nuevo intento de acuerdo fundamental fue el Pacto de la Sociedad de Naciones. Su núcleo: la guerra de agresión es ilegal y las disputas deben ir a arbitraje. Fracasó porque Estados Unidos no entró y porque no tenía fuerza para castigar a quien violara lo fundamental. Japón invadió Manchuria, Italia invadió Etiopía, Alemania invadió Polonia. El sistema colapsó.

4. 1945, Carta de las Naciones Unidas: tras 60 millones de muertos, el mundo reescribió lo fundamental. La Carta de la ONU es hoy el texto más cercano a un “acuerdo sobre lo fundamental” global. Sus principios intocables están en el Artículo 2:

* Igualdad soberana de los Estados.

* Prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de otro Estado.

* Arreglo pacífico de controversias.

* No intervención en asuntos internos.

* Cumplimiento de buena fe de las obligaciones.

A esto se sumaron los Convenios de Ginebra de 1949: incluso en guerra hay mínimos. No se mata a prisioneros, no se ataca hospitales, no se usan armas químicas. Se sacó a los civiles de la lógica del “todo vale”.

4. Evolución histórica: del consenso de posguerra a la crisis actual

El acuerdo sobre lo fundamental no es estático. Ha tenido tres grandes etapas desde 1945:

Etapa 1: Guerra Fría, 1947-1991. Lo fundamental como “líneas rojas”. Estados unidos y la URSS se odiaban, pero pactaron mínimos para no destruirse.

Lo fundamental fue:

a. No usar armas nucleares. Doctrina de destrucción mutua asegurada.

2. No invadir el territorio central del otro. Europa se dividió, pero se respetó.

3. Control de armas: Tratados SALT, ABM, INF.

4. Respetar esferas de influencia. La crisis de los misiles en Cuba de 1962 casi rompe el acuerdo, pero se logró porque ambas partes entendieron que había un fundamental: sobrevivir.

El sistema bipolar funcionó porque, aunque competían en todo, acordaron no jugarse la existencia.

Etapa 2: Unipolaridad, 1991-2008. La ampliación de lo fundamental. Con la caída de la URSS, Estados Unidos impulsó la idea de que “lo fundamental” incluía también democracia, derechos humanos y libre mercado. Se crearon tribunales internacionales, se intervino en Kosovo, en 1999, “por razones humanitarias”, se firmó el Estatuto de Roma y la Corte Penal Internacional. El Consejo de Seguridad autorizó misiones para proteger civiles.

El riesgo fue que al ampliar lo fundamental, se volvió discutible. China y Rusia empezaron a decir que la democracia y los derechos humanos no eran “fundamentales” sino “valores occidentales”. El acuerdo empezó a agrietarse.

Etapa 3: Multipolaridad y crisis, 2008-actual. Lo fundamental en disputa. Tres hechos rompieron el consenso de posguerra:

1. 2008, Georgia y 2014, Crimea: Rusia violó la prohibición de anexión por la fuerza, pilar de la Carta de la ONU desde 1945. Alegó “protección de minorías” y “esferas de interés”.

2. 2003, Irak: Estados Unidos. invadió sin autorización del Consejo de Seguridad, debilitando la idea de que el uso de la fuerza requiere consenso.

3. 2022, invasión a Ucrania: Se atacó directamente el principio de integridad territorial. Occidente respondió que eso sí era “lo fundamental”. El Sur Global respondió que “lo fundamental” también es no tener dobles raseros con Palestina o Yemen.

Hoy el acuerdo sobre lo fundamental está en revisión. Hay dos visiones:

* Occidente: lo fundamental es la Carta de la ONU, más democracia, más derechos humanos.

* China, Rusia y parte del Sur Global: lo fundamental es soberanía, más no intervención, más desarrollo. Los valores políticos internos no son fundamentales.

A eso se suma que nuevos temas piden entrar a “lo fundamental”: cambio climático, IA, pandemias, espacio ultraterrestre. ¿Se puede usar un ciberataque para apagar la red eléctrica de otro país? ¿Es lícito poner armas en el espacio? No hay acuerdo todavía.

5. ¿Qué queda hoy de lo fundamental?

A pesar de la crisis, tres núcleos siguen vigentes porque nadie gana rompiéndolos:

1. No guerra nuclear: 80 años sin uso. Sigue siendo la línea roja máxima.

2. Comercio global: incluso en guerra, Estados Unidos y China comercian $700 mil millones al año. La OMC y los tratados siguen operando.

3. Diplomacia: se rompen relaciones, pero se mantienen embajadas, canales de fondo y la ONU como foro. Hasta en la guerra de Ucrania, el acuerdo de granos del Mar Negro mostró que hay mínimos de cooperación.

Lo que está en disputa es si “lo fundamental” incluye el tipo de régimen interno. Ahí no hay consenso y esa es la grieta del siglo XXI.

6. Conclusión: un acuerdo en reconstrucción

El “acuerdo sobre lo dundamental” internacional nació de la catástrofe. Cada guerra mundial obligó a las potencias a pactar mínimos para no repetirse. Westfalia sacó la religión de la guerra. Viena sacó la revolución. La ONU sacó la conquista.

Hoy el desafío es si podemos pactar nuevos mínimos antes de una catástrofe: sobre IA militar, sobre clima, sobre desinformación. Si no, corremos el riesgo de volver a 1914: un mundo hiperconectado, pero sin reglas básicas compartidas.

El acuerdo sobre lo fundamental no garantiza la paz ni la justicia. Solo garantiza que la competencia no nos mate a todos. Es el piso, no el techo. Y como todo piso, si se agrieta, el edificio entero está en riesgo. La tarea de esta generación es remendarlo, no darlo por hecho.

¡Al toro por los cuernos!

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Si tuviéramos que señalar la principal motivación que movilizó a las mayorías colombianas a llevar al poder a Abelardo de la Espriella, no hay duda de que escogeríamos su propuesta de devolver la seguridad al territorio, combatir sin temor a la narcoguerrilla, castigar a los delincuentes y ponerle coto a la impunidad reinante en los últimos tiempos.

Sin tomar aún posesión de su cargo, ha comenzado declarando objetivos militares de su gobierno a los facinerosos que durante años han atemorizado a la población, asesinando civiles y militares, reclutando menores de edad, atentando contra el medio ambiente a través de la minería ilegal y dejando caos y miseria a su paso. Con contundencia y sin ambages les ha formulado un perentorio ultimátum: “tienen un mes de plazo para entregarse a la justicia o serán capturados por la fuerza; si oponen resistencia serán neutralizados por la fuerza pública” encargada de velar por el orden y la seguridad.

Como agua de mayo han recibido los colombianos de bien estas palabras que no se escuchaban de ningún mandatario desde hace 16 años.

Ha acertado por partida doble el presidente electo, identificando la necesidad más sentida y urgente del país y reconociendo que el origen de la violencia y criminalidad que ha azotado a nuestra querida patria reside principalmente en el narcotráfico. En otras palabras, no se puede garantizar seguridad ni convivencia mientras subsista el imperio de este maldito negocio.

Como prueba de nuestro aserto, vale la pena recordar algunas de las “hazañas” de este fatídico imperio:

1.- El 6 de noviembre de 1985 un grupo de militantes del M-19, financiados por el narcotraficante Pablo Escobar, asaltó el Palacio de Justicia y lo incendió con el propósito de destruir los expedientes que allí cursaban en contra del narcotraficante. El fuego se propagó y terminó con un saldo de 100 muertos, incluyendo 11 magistrados. Es lo que se conoció como el “Holocausto del Palacio de Justicia”. Convocaron los asaltantes al presidente Belisario Betancur dizque para someterlo a un juicio revolucionario en un intento por tomarse el poder. Lo impidió el Ejército retomando el control del Palacio, combatiendo a los guerrilleros y salvando la vida de civiles que permanecían atrapados durante el asalto. Como conclusión, los guerrilleros fueron premiados con indultos y han seguido ocupando altos cargos estatales, mientras los militares que salvaron al país fueron encarcelados, condición que aún afecta a un anciano general de la República.

2.- Ha sido de tal magnitud el poder del narcotráfico en Colombia, que logró en 1991 que la Asamblea Nacional Constituyente suspendiera la extradición, lo cual beneficiaba a “los extraditables”, pertenecientes a los carteles de Cali y Medellín, después de la doble presión que ejercieron sobre los constituyentes mediante recompensas de dinero y amenazas de muerte.

3 -. En 1994 los señores Rodríguez Orejuela, consiguieron con su enorme fortuna imponer a Ernesto Samper Pizano como presidente, en la segunda vuelta. Por sólo 18 439 votos, un 0,032 de la votación, fue derrotado su oponente, Andrés Pastrana. Su período estuvo marcado por el famoso proceso 8000 que, gracias al reparto masivo de auxilios parlamentarios, terminó con una absolución más política que justa. Se sentó un funesto precedente que pretendió replicar en 2026 el candidato del gobierno y de los grupos narcoguerrilleros. Pruebas de este negro capítulo de nuestra historia se pueden encontrar en la obra “La parábola del elefante”, de Fernando Londoño Hoyos[1].

4.- Entre el 2002 y el 2010 el país logró, gracias al gobierno de “Seguridad Democrática”, desmovilizar a los grupos paramilitares y diezmar a las guerrillas narcoterroristas, las cuales se refugiaron en países vecinos donde los gobiernos de izquierda les brindaron protección. Según informe de la Unodc en diciembre de 2010 Colombia tenía 62 0000 hectáreas sembradas de coca, el nivel más bajo en lo que iba corrido del siglo. No obstante, al posesionarse Juan Manuel Santos optó por darle estatus político a los más crueles malhechores de nuestra historia y firmó con las FARC el humillante “Acuerdo de Paz de La Habana”, dizque para conseguir la paz. El pacto estaría refrendado mediante un plebiscito en el cual el pueblo decidiría si ratificaba o no el acuerdo. En el plebiscito la mayoría rechazó el pacto pero Santos, aliado con su coalición de gobierno y con los narcotraficantes de las FARC, impuso el plebiscito contra la voluntad del pueblo soberano en el mayor vejamen contra la democracia del que tengamos noticia.

Diez años después seguimos padeciendo las consecuencias de la entrega del país al imperio del narcotráfico y a sus aliados de la extrema izquierda: Aumentó la criminalidad. Las hectáreas de cultivos ilícitos llegaron a 300 000, es decir un aumento del 500 % sobre lo que teníamos al comienzo del gobierno de Santos. Los grupos armados ilegales han duplicado con creces su tamaño histórico. Entre combatientes y redes de apoyo, pasaron de aproximadamente 18 000 miembros a nivel nacional en 2010 a un estimado superior a los 27 000 integrantes, un aumento impulsado principalmente por el robustecimiento del narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión.

Cuatro años de desgobierno torpe y sesgado de un alienado dominado por sus adicciones y su trasnochada ideología han colmado la paciencia de los colombianos. Nos queda, gracias a la Divina Providencia, la firme esperanza de que nos espera una Patria Milagro donde podamos prosperar con tranquilidad y oportunidades para todos. Estamos firmes con Abelardo ¡Al toro por los cuernos!

La Patria Milagro es imposible sin autonomía territorial

Félix Alfázar González Mira
Félix Alfázar González Mira

“Sin Antioquia es imposible la Patria Milagro”, decía el presidente De la Espriella durante el desfile del 20 de julio en Medellín. Posteriormente, en el Túnel del Toyo, resaltó el talante del pueblo antioqueño.

En 1863, Antioquia pasó de ser “la provincia más atrasada del reino” a convertirse en la más adelantada, como premonitoriamente lo había asegurado setenta años antes el oidor Mon y Velarde. Sin embargo, él no podía prever que sería el arreglo institucional el verdadero responsable de ese salto en el desarrollo, y no únicamente la riqueza de sus tierras o el espíritu luchador del montañero. Fue necesaria la concurrencia de lo material —la riqueza de sus recursos y sus vertientes— con lo inmaterial: el tesón, la capacidad emprendedora y el espíritu indomable de esta tierra.

También fue decisiva la Constitución Radical de Rionegro de 1863, cuyas posibilidades Antioquia, por encima de los demás Estados Soberanos, supo aprovechar para potenciar sus capacidades de desarrollo. No se enredó en conflictos internos, no se desgastó en disputas con el gobierno central, no se distrajo en asuntos menores ni consumió sus energías en lo cotidiano. Por el contrario, con la plena autonomía política, administrativa y fiscal que le otorgaba la Constitución, transformó la educación desde la enseñanza primaria hasta los talleres de artes y oficios; creó la primera Escuela de Minas de América Latina; fortaleció la Universidad de Antioquia y las facultades de Medicina y Derecho; construyó caminos y puentes para impulsar la competitividad; emprendió el histórico Camino de Occidente con el Puente de José María Villa sobre el río Cauca con el propósito de llegar al mar de Urabá; y consolidó la mayor epopeya de expansión territorial conocida en el país: la colonización antioqueña del Viejo Caldas, el norte del Valle y el Tolima.

Bastaron los 23 años de vigencia de aquella Constitución para que Antioquia tomara la delantera en el desarrollo nacional. Y la explicación es clara: gozaba de una autonomía integral. Política, porque elegía a sus gobernantes; fiscal, porque los estados soberanos administraban cerca del 46 % de los recursos públicos; y administrativa, porque podían decidir libremente en qué sectores y territorios invertir para promover el desarrollo regional y local.

Hoy, en contraste, los territorios apenas administran el 14 % de los recursos públicos, mientras el centralismo concentra el 86 % restante.

Desde Antioquia vuelve a escucharse el grito de la autonomía; el grito de la libertad; el grito de la montaña para toda la llanura colombiana; el grito emancipador de las regiones; el grito del desarrollo, de la prosperidad, de la seguridad y de la paz. Es el llamado al poder autonómico de todas las localidades y regiones de la patria, representado en la propuesta del gobernador Andrés Julián Rendón de impulsar un referendo fiscal, respaldado por los diputados de Colombia. La iniciativa busca que el impuesto sobre la renta y el impuesto al patrimonio se recauden en los departamentos, transformándose en un nuevo sistema general de participaciones territorial, con capacidad para consolidarse en arreglos de hacienda pública con la nación durante los próximos cinco años.

Esa es, a mi juicio, la verdadera garantía para avanzar hacia la “Patria Milagro”. La descentralización autonómica fortalece el crecimiento económico, profundiza la madurez democrática, amplía la participación ciudadana, empodera a las comunidades, facilita el control social sobre los recursos públicos y hace realidad el propósito de la Constitución de 1991: consolidar un verdadero Estado social de derecho.

Es darle oportunidad a la constitución de rescatar su espíritu primigenio: haber sido el gran acuerdo de la sociedad colombiana para superar violencias y avanzar hacia estadios superiores de desarrollo, y la descentralización autonómica es de los pilares fundamentales para alcanzar esos propósitos hoy visualizados en "La Patria Milagro".