Luis Guillermo Echeverri Vélez
Gracias
a la oportunidad que me dio en la vida Álvaro Uribe Vélez tuve el privilegio de
ser director del Directorio del Banco Interamericano de Desarrollo por 8 años.
Allí interactúe con personas especializadas en desarrollo socio económico de 48
naciones y tuve la oportunidad de conocer las realidades y la operatividad de
26 naciones que reciben créditos y cooperaciones de esa institución, sus
economías y sus factores de desarrollo social.
Pensé,
cuando terminé mi misión llena de satisfacciones y conocimientos, que ya sabía
algo sobre desarrollo socioeconómico hasta que llegué un día con mi padre a Argentina
y me volví a encontrar con un amigo de muchos años y cuál no sería mi sorpresa
cuando supe que sus empresas nutrían de verdad casi ochocientos mil niños al
día en las provincias del norte de ese país. Luego visité sus operaciones y
conocí su equipo de trabajo y entendí que tan ignorante era yo en materia de
desarrollo social y humano, económico y de comunidades a pesar de haber ocupado
posiciones como la que tuve en el BID.
Desde
entonces comprendí que justo en este siglo en el cual la humanidad entró en era
del conocimiento, las naciones, las sociedades, las comunidades, las familias y
el ser humano no pueden desarrollar su potencial si no cuentan con una
nutrición básica que permita formar cuerpos sanos en los que vivan mentes sanas
que a la vez puedan nutrirse de ideas buenas y positivas que les permitan
alcanzar niveles de bienestar y satisfacción en la medida en que los niños
lleguen a la juventud y al desarrollo como personas adultas que cumplen un
papel en la sociedad.
Entonces
fue allí, donde gracias a José Chediack, un empresario ejemplar con una misión
de vida muy superior a lo imaginable entre todos aquellos que entienden la
importancia de contribuir a la sociedad, y a su compañero en la quimera del
grupo Phronesis de desarrollar uno de los mejores sistemas de nutrición
infantil y de la madre gestante que existen en el mundo, el doctor Esteban
Carmuenga, autoridad mundial en pediatría nutricional, que entendí el origen y
a la vez la única forma de que las naciones pobres y de ingreso medio, puedan
abordar las dos políticas de Estado que son la base esencial de todo el
desarrollo social, cultural, humano y económico de las naciones, las
comunidades las familias y las personas.
No
hay misión más importante en el mundo que darle a una personita que empieza a
vivir la posibilidad de desarrollar una mente y un cuerpo sanos para que luego
puedan alcanzar su mayor rendimiento cognitivo y físico, y llevar una vida
productiva llena de logros, alegrías y realizaciones y una convivencia
fructífera para ellos mismos, para sus familias y para la sociedad donde
crezcan y se desempeñen.
La
nutrición infantil, que debe empezar desde la gestación, y la debe secundar un
ejemplo y una educación que le permita a los niños aprender a ser buenos seres
humanos, a tener referentes positivos, a crecer como personas normales, felices
y contentos con lo que esté a su alcance sabiendo que todo demanda un esfuerzo,
dedicación, orden y buenas intenciones, para luego poder vivir sin odios ni
resentimientos, siendo seres disciplinados, orgullosos de sus propios esfuerzos
para progresar, orientados a hacer lo correcto y nunca hacer mal ni daño a
otras personas ni a la sociedad en la cual viven.
La
nutrición infantil y la educación básica, los temas de los cuales se tienen que
ocupar los padres y el Estado si se quiere tener bienestar en una sociedad y
una convivencia funcional, ordenada, próspera, trabajadora y feliz.
Qué
raro pareciera que los políticos, los gobernantes y los líderes de este país,
no les presten atención a estos dos temas. Pero así es. Por mezquindad, el
inmediatismo, el individualismo mezclado con la angurria, envidia e ideología
convertida en negocio, no les interesa y les da miedo embocarse en acciones que
demandan la formación de una cultura centrada en la nutrición optima de los
niños hasta por lo menos los 7000 días de existencia, la educación física y su
conexión con el desarrollo mental y la buena educación moral, ética, de
principios, con matemática, con multilingüismo y comprensión de la naturaleza y
las ciencias.
Hasta
que como sociedad la nutrición infantil no constituya una política de Estado
inamovible, seguiremos haciendo las veces del estúpido convirtiendo necesidades
de minorías y caprichos de algunos en derechos extruidos en la constitución y
los presupuestos, seguiremos permitiendo que el magisterio se reduzca a un
grito revolucionario destructor del futuro de la nación, y mientras sigamos
jugando a las mentiras ideológicas y mediáticas, a la politiquería, el
clientelismo, y la corrupción en materia de gestión pública y empresarial, no
tenemos derecho a preguntarnos irónicamente: ¿de dónde sale tanta violencia,
tanta drogadicción, tanto odio y tanto resentimiento como el que estamos
viviendo en este país, ni por qué nos gobierna una clase mediocre que solo piensa
en figuración personal y enriquecimiento fácil?
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