martes, 25 de enero de 2022

De cara al porvenir: somos un país subdesarrollado porque...

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Aun cuando a muchas personas el término y el concepto de “país subdesarrollado” les parece anacrónico u ofensivo, para mí sigue teniendo plena vigencia. Otra alternativa generada gracias a un esguince gramatical sería hablar de “país en vía de desarrollo”, lo cual nos permitiría entonces hablar de “países incivilizados” o de “países en proceso de civilización”.

En un país como el nuestro, el del Sagrado Corazón, nos hemos acostumbrado a que muchas acciones y decisiones hagan parte del paisaje, lo cual nos hace indolentes, irresponsables y subdesarrollados.

Veamos algunos de los múltiples ejemplos que respaldan la aseveración anterior:

Somos subdesarrollados porque ante los atentados constantes contra la vida, la honra y la integridad de las personas, no reaccionamos y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque no respetamos ni valoramos en su verdadera dimensión a los jueces, a los maestros y a los policías y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque aceptamos que las arbitrariedades que cometen los diferentes actores, calificadas como “casos aislados” se vuelvan constantes y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque nos acostumbramos a ser parte del problema y no de la solución y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque nos seguimos descrestando con títulos, rangos y cargos en cabeza de mediocres y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque hacemos de lo ilegal una apología y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque el Estado recibe obras inconclusas y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque los contratistas entregan obras incompletas y/o de mala calidad y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque en este país no se cumple ningún presupuesto ni ningún cronograma y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque creemos que teniendo muchos órganos de control solucionamos la corrupción y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque no consolidamos un verdadero sistema de justicia y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque el mal llamado sistema educativo promueve la iniquidad, entorpece la movilidad social y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque toleramos demoras inauditas en la ejecución de los distintos tipos de proyectos y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque aprendimos a coexistir con las prácticas corruptas y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque pensamos en pequeñas dimensiones y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque seguimos sin definir objetivos nacionales y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque no tenemos ni educación cívica ni educación política y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque no exigimos la realización de las grandes reformas que se requieren en temas sensibles y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque seguimos creyendo en aquellos que han desfalcado al Estado y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque aceptamos que quienes han tenido muerte política sigan actuando abiertamente a través de terceros y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque somos proclives a generar autocompasión y a considerar que tenemos derecho a tratamientos especiales y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque privilegiamos el interés particular al interés general y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque respetamos la ley, pero no la cumplimos y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque confundimos patriotismo con patrioterismo y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque consideramos que los problemas se resuelven si se tiene una norma o una ley de por medio y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque no cuidamos como propio el espacio público y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque creemos que a punta de peajes tendremos unas estupendas carreteras y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque creemos que con decisiones como el pico y placa solucionamos los problemas de movilidad y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque somos cortoplacistas y no previsivos y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque no resolvemos los problemas, sino que aplicamos paliativos y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque nos contentamos y nos resignamos con los subcampeonatos y los virreinatos y no pasa nada.

Somos subdesarrollados porque casi siempre nos queda faltando el centavo para el peso y no pasa nada.

¡Somos subdesarrollados porque tenemos mentalidad de subdesarrollados!

NOTA: A algunos de los precandidatos para el Congreso o para la Presidencia, podría aplicárseles el dicho que dice: “No rebuzna por la configuración del pescuezo”.

domingo, 23 de enero de 2022

Sí se requiere una reforma

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

El principio de la justicia es lograr la verdad, fallar en derecho, con pautas dadas a través de la jurisprudencia, la doctrina y con criterios ciertos. Esa es la justicia que nos enseñaron en las aulas universitarias, la que obedecía a la sana interpretación de los hechos para proferir un fallo justo; obviamente una de las partes podría perder, pero el desarrollo del proceso casi que cantaba ese veredicto y al juez que lo emitía lo encumbraban sus propios colegas y su imagen era respetada por la opinión pública, lo cual le permitía subir en la pirámide judicial. De esta manera muchos de auxiliares de juzgados llegaron a ser magistrados de tribunales y luego ascendieron a las altas cortes; no era un proceso corto, era lento y llegar allí era por méritos, no por politiquería como es hoy.

La Constitución del 91, politizó la justicia, a la rama judicial, y eso ha traído grandes perjuicios a la institucionalidad. Es tan cierto que existen magistrados de la corte pagando penas de prisión por corrupción en sus decisiones, ya fuese por acción o por omisión, pero siempre, de por medio, está el dinero que los corrompió. En la rama judicial nos encontramos con hechos que conllevan procesos contra jueces, fiscales y auxiliares; esto no se veía antes y es por causa directa de la Constitución del 91, ya que no se eligen por méritos se designan a dedo y por compromisos adquiridos.

De manera que aquí se requiere un cambio profundo, estructural, que le devuelva la dignidad a la justicia y para ello hay que alejarla de la política y de los políticos.

Miren un caso reciente como es el de la revocatoria: leyes claras, procesos claros, términos precisos y resulta hoy, que después de un año, se dice que se suspenda el proceso porque se dijo que se contrató a un abogado por la suma de $1.500 millones, lo cual no fue cierto. Se certificó en ese despacho que nunca se pagó ese dinero y lo expresó el abogado. Sin prueba alguna, sin soportes, quieren torpedear un proceso a través de medios judiciales. Esa decisión de cerrar la investigación desde hace un año, fue planeada, la tenían prevista esos señores para cuando se presentara la necesidad y esta surge cuando tienen que certificar la validez de los datos contables, lo que permitiría que el presidente fije fecha de ir a las urnas para votar si el alcalde continua o se va. Canallada contra Medellín y los antioqueños, pero se persistirá hasta la victoria final.

Se han interpuesto contra el alcalde de marras, demandas penales a título penal por muchas personas, se le han puesto quejas en Procuraduría, Contraloría, Fiscalía, es decir, en todas las “ías” y no pasa nada. Entiendo que hay hasta demandas por temas sexuales y no pasa nada, entonces ¿cómo creer en la pronta y eficaz justicia? Es la respuesta que los fiscales y jueces nos deberían dar. Qué remedo de justicia, para unos sí actúa rapidez sustentada en falsedades y para otros, los procesos son lentos y dilatados en el tiempo.

Las razones para revocar están, han sido expresadas por el vocero, y a los otros ciudadanos que tenían la intención de participar les impidieron hablar. Qué equidad, igualdad y justicia… me río de ellos. Precisamente este sistema judicial es el que hay que cambiar por un sistema democrático que sea válido, al que no se le permita darse el lujo de impedir procesos legítimos. Y si el alcalde se cree tan fuerte, pues demuéstrelo en las urnas y confirme que el pueblo esta con él.

Razones para un cambio en Colombia son muchas, sí existen. Simplemente las enumero porque se hablan de ellas y nunca pasa nada por lo que considero nosotros mismos debemos empoderarnos y actuar; ellas son entre otras:

a. Reforma al Congreso (disminución de congresistas, menos tiempo de vacaciones, congelar salarios por algunos años, pagar por asistencia, mayores requisitos para ser congresista) en fin cosas concretas y no pasa nada.

b. Exigencia de requisitos para contratar con el Estado y nunca aceptar contratación directa.

c. No pagar anticipos en los contratos.

d. Que se emitan fallos en procesos pendientes de corrupción, que son miles y miles, y se dan en todo el país. Un día de estos enumeraré a muchos de ellos.

e. Que no exista casa por cárcel para nadie.

f. Que se cumpla la ley, y no es un pedido, es una exigencia.

g. Que a los militares se les juzgue con el mismo rasero de la justicia especial.

h. Que los exguerrilleros se ganen el cargo en elecciones, no regalados y sin pagar condena alguna.

i. Que los jueces fallen en justicia, con base en el ordenamiento legal colombiano y no con base en sus propios criterios.

j. Que los violadores nunca vuelvan a la calle.

k. Que los feminicidas, se pudran en una prisión, sin derecho a llamadas, ni visitas.

En fin, todos tenemos opiniones diversas que enriquezcan estos prioritarios cambios y por ello los invito a que me escriban y entre todos construyamos el país que queremos.

Pero, los invito a que iniciemos el cambio con la revocatoria del alcalde de Medellín.

viernes, 21 de enero de 2022

Positivos para covid-19

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Estoy convencido de que algún día nos dirán que somos “positivos para covid-19”. El diagnóstico que hace menos de dos años se temía como una auténtica tragedia, me da la impresión de que ahora se vuelve algo común y corriente, que se toma con mayor naturalidad y que parece irreversible padecerlo si es que efectivamente queremos llegar a la así llamada inmunidad de rebaño. Sin duda alguna, la vacunación masiva con esquema completo ha ayudado sustancialmente a mitigar los devastadores efectos que vimos al comienzo de la pandemia con las víctimas de tan letal virus.

Los picos que hemos vivido se han asumido de modo distinto. Todos sabíamos, por ejemplo, que este comienzo de año dispararía los contagios, después del periodo vacacional cuando indefectiblemente nos relajamos frente a las pautas básicas: lavado de manos, uso de tapabocas y distanciamiento social. Pero lo que nunca imaginamos es que Ómicron, la última cepa conocida, fuese de expansión tan rápida. Dicen que el virus se ha debilitado, pero la verdad también es que sigue causando estragos, particularmente en los no vacunados y en quienes cuentan con un sistema inmunológico débil. Hay que seguirse cuidando.

Los aislamientos forzosos se han reducido en el número de días. De dos semanas a una. La sintomatología también varía, de caso a caso, de modo sorprendente. Como sabemos, algunos sufren de espasmos musculares, dolor de garganta, cefalea, sudoración, tos persistente, fiebre, escalofríos, diarrea, vomito… y otros, nada, o solo algunas e insignificantes manifestaciones de estos cuadros virales. Hay que estar atentos y no dar el brazo a torcer. Pero si se torciese tampoco entrar en pánico.

Lo he comprobado con muchos amigos y conocidos: estresarse lo único que contribuye es a bajar las defensas y abrir el camino para que el virus haga de las suyas. Al menos nueve casos cercanos tuvieron un desenlace fatal. El común denominador: si bien la actitud fue preventiva, lo fue exageradamente obsesiva compulsiva. Y eso no es bueno tampoco. Como el que desinfectaba hasta las cebollas, el que nunca salió de casa, el que se bañaba dos y tres veces al día, además de hacerlo en geles y alcoholes, todos muertos. Y los habitantes de la calle, los más expuestos, los supuestamente más débiles, allí siguen orondos y vitales.

Una normalidad en el ritmo cotidiano de vida, siguiendo las pautas claves, me parece de lo más responsable. Ni tanto que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre. Nuestra debilidad es nuestra fortaleza y estoy seguro de que saldremos airosos de esta coyuntura histórica. Algún día, eso espero también, se sabrá toda la verdad, tantos y mitos y leyendas dignas de una saga en Netflix se caerán. Y sumando y restando, como todo en la vida, será para bien.

Y no lo olviden: cero estrés, tres pautas básicas, buenas defensas y esquema completo de vacunación, de modo que si nos da covid-19 podamos salir airosos.

miércoles, 19 de enero de 2022

¿Alcaldes irrevocables?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Todo lo que se diga de los actuales alcaldes de Bogotá, Medellín, Cali y Manizales, es poco. Gran parte del país está en poder de individuos como ellos, sin la menor experiencia administrativa, engolosinados con un poder que les permite diarias y costosas improvisaciones, que al mismo tiempo que satisfacen sus crecientes egos deterioran las empresas y finanzas locales; además de lo odiosas que resultan las costosas emisoras municipales de tv dedicadas a la loa permanente de sus amos.

Si bien con lo anterior basta para concluir que la elección popular de alcaldes y gobernadores fue un error colosal, con sus secuelas de nepotismo, clientelismo y corrupción, todavía no hemos considerado algo quizá peor: la parcelación del poder ejecutivo, que, como lo vimos en abril y mayo de 2021, convirtió al ejecutivo nacional en un espectador impotente frente a los “pacíficos” desmanes, tolerados siempre, y en muchos casos estimulados, por las autoridades locales, en sintonía con la algazara revolucionaria.

Además, los alcaldes de las tres mayores ciudades “manejan” unos 40 billones de pesos, que no son propiamente “caja menor”, para los debates electorales de 2022.

Antes de la Constitución de 1991 urgía una reforma del régimen municipal, que requería profesionalización, tecnificación y gerencia, pero en cambio, las administraciones locales fueron politizadas y clientelizadas.

Cuando los alcaldes eran nombrados por los gobernadores era muy fácil suspenderlos y procesarlos, si se les comprobaban malos manejos, malversación o peculado. En cambio, ahora rige un mecanismo prácticamente imposible para su remoción. El sistema previsto solo puede ser eficaz en pequeñas aldeas, porque resulta muy difícil y costoso en las grandes ciudades. En primer lugar, hay que reunir una enorme cantidad de firmas, y estas deben ser revisadas por la Registraduría. Mientras el proceso avanza durante largos meses, el alcalde sigue abusando, robando o delinquiendo, sin dejar de emplear todos los recursos de la administración, empezando por financiar radio periódicos con pauta municipal, mientras advierte a centenares de juntas de acción comunal que, en el caso de ser él revocado, no habrá cancha, pavimentación, parquecito, escuelita, etcétera…

Y hablando de firmas, hay que anotar que se ha desarrollado una próspera industria recolectora de ellas, a cargo de empresas que cobran por cada rúbrica. Conseguir centenares de miles para la revocatoria de un alcalde es costoso. ¿Cuánto habrán costado los millones de firmas que exhiben los candidatos presidenciales de hoy? (La anterior pregunta indica hasta dónde es peligroso sustituir los partidos políticos por maquinarias transitorias bien financiadas, desde luego, para pagar por la recolección de firmas, tema este que merece comentario aparte).

El hermano del político que propuso y obtuvo la elección popular de alcaldes, Enrique Gómez Hurtado, dijo que “en derecho constitucional no existe borrador”, y, en consecuencia, las equivocaciones permanecen en los estatutos…

Volver entonces a recomponer la unidad del poder presidencial en materia de orden público parece imposible, por la multitud de fuerzas políticas interesadas en mantener feudos podridos, para lucrarse de la corrupción creciente, la contratación a dedo y el clientelismo, evidentes en las administraciones locales; y para alcanzar el poder, este año, en las elecciones para presidente.

¿Qué puede esperarse de tipos como Ospina, Quintero o López? En el sector privado escasamente ocuparían un cargo de salario mínimo, pero la política les entrega millones de pesos para usar y abusar, y les abre inmensas posibilidades de avance permanente y satisfacción personal, que les permite, además, soñar hasta con el sillón presidencial.

Mientras no se encuentren mecanismos para contener la arbitrariedad y rapacidad de los alcaldes, y para impedirles el manejo irresponsable de los presupuestos, la elección popular de esos funcionarios seguirá constituyendo un factor enorme de riesgo para la prevalencia de la frágil democracia colombiana.

martes, 18 de enero de 2022

De cara al porvenir: mucho que aprender

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

Personalmente soy un admirador del pueblo norteamericano. Como nación poderosa se comporta como tal, del mismo modo que lo han hecho infinidad de grupos sociales organizados a través de la historia. A algunos les producirá rabia, a mí me generan una envidia de la buena.

Si algo distingue rasgos de civilización, es la manera como se organizan las ciudades para sus habitantes y para quienes las visitan.

Para los habitantes, el instrumento de los Planes de Ordenamiento Territorial sigue siendo una muy buena herramienta, siempre y cuando se elabore con criterios adecuados y prospectivos, y que el Estado posea las herramientas, la voluntad y las condiciones para hacerlos cumplir.

En muchos países existen POTs nacionales, regionales y municipales. En Colombia, por el momento, la dimensión es solamente Municipal.

El sano equilibrio entre los espacios para la vivienda, para las actividades productivas, para los espacios públicos, para la recreación, para la movilidad y para las reservas de expansión, son elementos estructurantes de un buen POT.

Una ciudad organizada, debe estar bien señalizada, siguiendo criterios, métodos y estándares universalmente aceptados.

Usted en Norteamérica o en Europa, por hablar solo del Mundo Occidental, no se pierde, pues la señalización está elaborada para la gente del común, para el residente y para el turista.

Ubicada en lugares accesibles visualmente, bien pintadas e iluminadas, y obviamente con el adecuado mantenimiento, estas señales hacen parte del equipamiento urbano y deben ser consideradas como bien público.

En Colombia, y en nuestra querida Medellín, en este sentido, nos falta mucho pelo para el moño.

Comencemos por la ubicación y su mantenimiento. Una señal debe estar libre de obstáculos físicos que impida su completa visualización diurna y nocturna. En este sentido se requiere un plan periódico de limpieza, poda de ramas de árboles y garantía de alumbrado público, evitando la existencia de puntos ciegos en la infraestructura.

Su eficacia radica en que, sin pensar mucho, usted sepa qué camino coger.

Si usted amigo lector toma la Transversal Inferior subiendo por Las Palmas, se encontrará con una serie de intercambios viales que incluyen pasos a desnivel en el sentido norte-sur. Aquí comienza la deficiencia de la señalización empleada, ya que no es claro cómo continuar por el recorrido de la transversal, cómo tomar a las lomas hacia el oriente o hacia el occidente o cómo buscar los retornos pertinentes.

Una buena señalización casi que permite no tener que pensar, sino seguir instrucciones claras.

Con respecto al escenario geográfico, nosotros manejamos el criterio de distribución español con calles, carreras, cuadras y manzanas.

En algún momento del tiempo se nos ocurrió recurrir a la figura de las llamadas “circulares”, que, al coexistir con la disposición tradicional, genera una cierta confusión.

Se supone que en la parte superior de cada vértice de cada esquina debe estar señalado el número y / o el nombre de la calle o carrera respectiva, guardando un buen tamaño, un buen color y una buena iluminación.

Por ahora, nuestra señalización data de varios decenios y sería hora de pensar en un adecuado plan maestro de cara al futuro internacional que todos aspiramos para que de verdad nuestra ciudad sea considerada un destino cosmopolita.

Esta es una de las actividades que debemos aprender a manejar.

lunes, 17 de enero de 2022

Propósito común

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

En todo grupo social que esté unido y que además sobresale por el sentido de superación en el logro de objetivos, siempre se percibe que existe un propósito común, que es el que les da fuerza y coherencia al trabajo que se realiza. Para cada caso, para cada proyecto, el propósito común puede variar, pero siempre está presente la unidad del grupo y la perseverancia para obtener resultados.

En Colombia tenemos un sentimiento de nación, que es el que podemos diferenciar del concepto de Estado, y que entendemos por él, en un sentido simple, a “un grupo social delimitado espacialmente bajo el seno del cual se ejerce el poder político, económico y social”. Por ello aceptamos que Colombia, nuestro territorio, que linda con dos mares y las naciones de Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela y Panamá, se diferencie de ellos por el propósito, por el sentido de unidad, por la perseverancia en trabajar unidos y desarrollarnos por el apoyo de cada uno para que cada región sobresalga. Al final intentamos que cada parte del territorio prospere y logre superar las dificultades de su región y así el sentido de nación impere y mantenga su unidad.

Por ello, en mi opinión, es más importante el sentido de unidad, de propósito común, que el mismo territorio. Como ejemplo puedo decir que los palestinos y los israelitas, que son grupos humanos unidos por la historia, la tradición y sus creencias, fueron primero naciones que Estados.

Por lo tanto, hoy en Colombia debemos recuperar ese sentimiento de unidad, de propósito común, y para iniciar debemos aceptar que no hay lugar, región o sitio que sea más importante que otro y que cada conciudadano es igual, independiente de la gran ciudad que habiten o del pequeño lugar de residencia que tengan. Allí, en cada lugar, podemos tener un sentido de nación, aquello que nos hace sentir parte de algo, en este caso, de un territorio y de un Estado.

He tenido la oportunidad de recorrer nuestro territorio tanto la zona del pacifico,  como la del atlántico y desde Nariño  hasta la guajira y puedo afirmar que todas y cada una de las personas con las que comparto se sienten felices de vivir y haber nacido en Colombia, pero, todas ellas esperan y desean una mejor presencia del estado en sus territorios y con esos conceptos  podrán apreciar ustedes como el sentido de nación existe, pero imploran presencia del estado, por lo tanto en las regiones tenemos serios problemas económicos y sociales y debemos resolverlos.

Todo esto me lleva a pensar que es importante que pensemos, actuemos y cambiemos el modelo de gestión administrativo en nuestra Colombia. Debemos descentralizar, dar vida a la autonomía regional que implora la región de la costa y que también añora Antioquia, y así dividamos el país en regiones autónomas, que tengan más control y decisión de sus ingresos y de sus propios proyectos. No se trata de separaciones, seguiremos siendo un solo país más descentralizado, no dependiendo del centralismo que nos ahoga, y así las asambleas departamentales y los concejos municipales serán más importantes y valiosos en el desarrollo de cada región. Seguramente será una sola asamblea por región y se continuará con los concejos municipales.

Aprovecho la oportunidad de dar respuesta a un ciudadano, amigo mío, por cierto, que me dijo que yo prefería a los antioqueños por encima de los de las demás regiones, lo cual no es cierto. Así le respondí, porque tengo conocidos que valoro, aprecio y en general veo el esfuerzo de cada una de las personas de esas regiones por superarse y eso a mí me llena de emoción. Tienen mi apoyo, los impulso y quisiera poder hacer más por el mejoramiento de las condiciones de vida de ellos y sus familias, pero, lo que sí es cierto es que he logrado la unidad del territorio en muchos aspectos, en el respeto, la valoración de las características étnicas propias, sus tradiciones y necesidades. Reconozco la importancia de sus regiones y cómo se le aporta al folclor. Cada uno de ellos reflejan la sensación de unidad y de sentido de nación, por lo cual, al final de cuentas, no tengo sino agradecimiento y aprecio por todos ellos y sus familias.

Todo esto para reafirmar que cada región podrá superarse y crecer si sus dirigentes trabajan por la región, se crean empresa grandes o pequeñas, se respetan los dineros públicos y damos mejores condiciones de vida a nuestros hermanos colombianos.

Los invito a que ese sentimiento de nación, el querer pertenecer al Estado de Colombia, sea para mejorar, superarnos y pensar en el bienestar colectivo y no en el personal.

Un Estado autonómico, respetuoso del derecho de las otras regiones, facilitará el apoyo y trabajo conjunto entre regiones para hacer un país grande y libre, así tendremos todos un propósito común.

viernes, 14 de enero de 2022

Servir entre cargos y cargas

José Leonardo Rincón Contreras

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Como si no tuviese ya bastante con la misión que se me encomendara hace cuatro años, asumo ahora la responsabilidad de ser el “superior” (así lo llamamos en la Compañía a quien lidera un grupo de jesuitas) de la comunidad San Pedro Canisio, donde funcionan las dependencias de nuestra curia provincial. Una adicional y nueva misión. Un nuevo “cargo”, es decir, una nueva carga.

No vayan a creer que llego aquí por excelsas virtudes pues no las tengo, sino por la escasez de gente en la que nos encontramos. Tampoco se trata de un ascenso, como ordinariamente cualquier mortal imaginaría. Menos aún es una cuota de poder en la repartición que del mismo hace mi jefe, el superior mayor. Aunque suene romántico, es una ocasión propicia para servir…

En su mensaje a los discípulos que se codeaban por los primeros puestos, Jesús les dice que observen cómo los grandes de las naciones las tiranizan y las oprimen. “No ha de ser así entre ustedes”, les ordena, para luego rematar con una propuesta decepcionante: el que quiera ser el primero debe ser el último, haciéndose el servidor de todos. No se está, pues, para ser servido sino para servir.

Garrafal desinfle para un contexto donde entendemos exactamente lo contrario. O ustedes creen, para meterle política al asunto, que, si se entendiera el poder como servicio, ¿habría tantos aspirantes a la presidencia y al congreso? ¡Ni locos que estuvieran! Lo que sí parecen, masoquistas, porque alguien con buen juicio y razón, no pelearía tanto por los dolores de cabeza generados por la cantidad de chicharrones que se va a ganar en estas lides.

Se aceptan estas responsabilidades con la plena conciencia de que son exigentes, demandantes. No todo será color de rosa, ni va a ir sobre ruedas. Los seres humanos somos bastante complejos y casi nada nos satisface. Por eso es más sabroso estar desde la barrera viendo la corrida y por eso es tan fácil criticar y dar palo porque bogas o porque no bogas. Nada más cómodo que no tener estas tareas, o no tener nada qué hacer, porque no hay que rendir cuentas, ni evaluar gestiones, ni presentar informes, ni atender retos, ni solucionar problemas.

La autoridad no se da por estos nombramientos, ni se gana automáticamente en elecciones. Quien manda es quien sirve, quien está presto a escuchar y atender los clamores y necesidades, quien es capaz de sobreponerse a sus personales intereses, dispuesto a darse, entregarse sin medida. Ojalá, teniendo claro el asunto pueda llevarlo a la práctica. Les agradezco me ayuden a que eso sea posible.