miércoles, 8 de abril de 2026

Uribe, un demócrata vigente y necesario

Luis Guillermo Echeverri Vélez

Luis Guillermo Echeverri Vélez

No se puede descartar la práctica sencillez y el sentido patrio de Álvaro Uribe. Petro, Cepeda y el narcoterrorismo que los respalda ya plantearon los términos de la batalla por el poder y sus intenciones de estatizar el sistema de libertades al expresar que el enemigo a vencer es Uribe.

Eso no parecen entenderlo los campamentos de la democracia que cada que atacan a Uribe o entre ellos, le están sumando votos a los enemigos de Colombia como república democrática fundamentada en la legalidad y la libertad.

Por mucha bronca que le lleve la mamertería a Uribe, sus postulados son el reflejo del espíritu del “hombre colombiano”, de la gente del común que está cansada de la novelería de la concesión de impunidad y la incomprensión arrogante de las diferencias sociales, convertidas en odio de clases.

Uribe demostró con resultados tangibles en desarrollo socioeconómico que donde existe un propósito de nación que une a todos los que respetamos la ley, florece una esperanza en el sentir de la gente sencilla, humilde y trabajadora.

Su corazón sigue siendo tan grande y generoso como su lucha en favor de la verdad y la libertad de los indefensos. La consistencia de su integralidad como demócrata solo se compara a la firmeza de su ideario y sus actos en favor de la legalidad, hechos que lo convirtieron en un gran líder hemisférico que sigue tan vigente como su inmensa presencia digital.

Soy testigo de que a partir del 2010 cuando los IPhone y los androides reemplazaron a los Black Berry, Uribe extendió su dialogo personal permanente con las comunidades a las redes sociales formando un urdimbre de seguidores que a la fecha supera los 10 millones y creando una fuerza digital orgánica que no puede ser ignorada por las calenturas triunfalistas que nublan el entendimiento de los actores políticos y fanáticos que cada cuatro años cambian de idolatría.

Por su carisma y su disciplina personal supera ampliamente en búsquedas a Cepeda, Abelardo y Paloma. Los únicos que lo rebosan a golpe de bodegas y del comportamiento anómalo que registran sus redes, son Petro y Bolívar, que generan y compran “likes” con los impuestos de todos nosotros.

Lo dicho lo respaldan los hechos: Iván Duque y Paloma Valencia, 47 parlamentarios cabalgaron sobre los lomos del poderío de la presencia física y digital de Uribe en los corazones de millones de colombianos en las consultas surtidas en 2018 y 2026.

Veinte años después de su incontestable reelección en 2006, al igual que en 2016, en la segunda vuelta del 2026 la “Fuerza Uribista” estará presente en la definición de la gran batalla cultural por la libertad en contra de un narcosocialismo siglo XXI caracterizado por la conformación de una dictadura constitucional respaldada por la conjunción de todas las formas de lucha por el poder con que ya por décadas han oprimido naciones enteras en Cuba, Nicaragua y Venezuela.

En cada elección unos se quieren apropiar de sus postulados y otros solo encuentran manera de figurar denigrando de su persona, sin comprender que es precisamente eso lo que les impide lograr despertar por su cuenta un propósito de país genuino que una a todos los colombianos que siempre hemos anhelado una convivencia tranquila y un país para trabajar.

Hoy nos estamos debatiendo entre la libertad y el Estatismo representado en la entrega de la finca llamada Colombia que Santos le prometiera formalmente a las FARC-EP en Cuba; y seguimos en manos de los mismos aduladores de ocasión que hacen parte de la buitrera partidista que en Colombia degeneró en docenas de movimientos políticos sin un ideario ni unas estructuras y una ética de trabajo social bien establecidas.

Que no nuble el entendimiento de los candidatos de la democracia ni de sus asesores y fanáticos de ocasión el efecto embolatador que produce la ilusión de poder y en medio de su eufórica esperanza de triunfo ignoren el efecto del poderío de llegada digital de las redes de Uribe, y mucho menos la credibilidad de sus postulados, su palabra de hombre honorable y su insuperable patriotismo.

El gran colombiano sigue vigente, es un guerrero de la libertad que lo ha dado todo por Colombia y por la construcción un país donde la nación se transforme en una sociedad desarrollada.

Conversatorio con El Bagualito

 

Para esta semana en Pensamiento al Aire, presentamos una emotiva y cercana conversación con el artista boliviano Bagualito, un exponente del folclore andino cuya historia de vida refleja esfuerzo, humildad y profundo compromiso social. En diálogo con Antonio Montoya H., el cantante comparte sus orígenes en el sur de Bolivia, en la región de Cañas y Canchasmayo, donde creció en condiciones difíciles y encontró en la música una forma de hacerse escuchar y transformar su realidad.

A lo largo de la entrevista, Bagualito relata cómo su abuela fue pieza fundamental en su formación personal y artística, inculcándole valores y acercándolo a la música desde temprana edad. También narra los sacrificios y obstáculos que enfrentó en su infancia, los cuales inspiraron interpretaciones cargadas de sentimiento, como la canción que revive la lucha por salvar la vida de su ser querido en medio de la pobreza.

El artista destaca su evolución musical desde los cantos religiosos y de protesta hasta consolidarse como intérprete de la música tradicional boliviana, especialmente la cueca tarijeña, llevando su talento a distintos escenarios en Bolivia, Argentina y otros países de América Latina, incluyendo Colombia. Asimismo, resalta su labor social mediante la organización de festivales solidarios destinados a apoyar a poblaciones vulnerables.

Una entrevista que combina música, memoria y sensibilidad, y que invita a reflexionar sobre el poder del arte como herramienta de superación, identidad cultural y servicio a la comunidad.

martes, 7 de abril de 2026

El año de…

Pedro Juan González Carvajal   

Pedro Juan González Carvajal

Con nuestro convencional sistema de conteo del tiempo, cada 365 días y fracción, se termina una vuelta al sol y se inicia otra que, además del fenómeno físico, representa un nuevo ciclo al iniciar el recorrido de un nuevo año.

Los humanos, de manera totalmente contraevidente e ingenua, creemos que al cambiar el calendario viejo por el nuevo se operará el milagro: “Año nuevo, vida nueva, más alegres los días serán…” y nos llenamos de buenos propósitos en diferentes materias tales como la salud, el amor, las finanzas, los viajes, el éxito profesional, etc. y hasta decimos como los hinchas de cierto equipo: ¡Este año sí!

Incluso, en la vida personal y de la organización se define el nuevo año con una característica especial: este es “el año del servicio”, o “del crecimiento” o “de la sostenibilidad” o “de la calidad” o “de la consolidación” o “del talento humano” o “de la actualización tecnológica” o de cualquier cantidad de cosas más. Esto es válido y hasta valioso, pero contiene un enorme contrasentido: ¿si este es el año del servicio quiere decir que en los años pasados y en los próximos no nos importó ni nos importará el servicio?

El asunto es que, al correr los días, las semanas y los meses cada año se va pareciendo al anterior con aspectos buenos, regulares y malos; con triunfos y derrotas; con alegrías y tristezas como el año pasado y como el que viene, si estamos vivos.

Y a la postre, si decidimos trabajar con calidad, con un buen servicio, si deseamos cuidar nuestra salud, sostener unas buenas relaciones, debe ser una decisión que debe permanecer en el tiempo y no culminar al cerrar un ciclo.

Muy a propósito comparto este viejo tango de Gardel:

UN AÑO MÁS.

El barrio alborozado

Festeja el nuevo año

Reina la algarabía

Con todo su esplendor

Adiós, penas amargas

Adiós, los desengaños

De esperanzas risueñas

El año es portador.

Sonoras carcajadas

Bullicio y alegría

Arrullos juveniles

De vida y expansión

Del percal la silueta

Se pierde en este día

Para soñar más alto

Quizás otra ilusión.

Un cuadro pintoresco

Ofrecen los pebetes

Que en sus juegos inocentes

Entretenidos están

Medio escabiao, un goruta

Murmura indiferente:

Un año más, ¡qué importa!

Como vino se irá.

Y feliz año del caballo, según el calendario chino, mientras para nosotros el tiempo pasa galopante.

lunes, 6 de abril de 2026

Silencio cómplice

Rafael Uribe Uribe

Rafael Uribe Uribe

En Medellín presenciamos un episodio grotesco, la excarcelación de delincuentes como si la ciudad necesitara más actores para su melodrama. Estos individuos deberían rendir cuentas ante la justicia, pero vuelven a las calles con la alcahuetería oficial lo que sucede en vísperas electorales cuando la seguridad debería ser un compromiso innegociable.

Lo más inquietante es el silencio incómodo y cómplice de los gremios que hoy prefieren el mutismo selectivo, la ciudadanía que observa resignada como si la inseguridad fuese un fenómeno meteorológico inevitable, los medios y candidatos callados o débiles, excepto Juan Lozano en la FM, Abelardo de la Espriella, el gobernador de Antioquia y el alcalde de Medellín que se atreven a torear el avispero, mientras las Fuerzas Armadas acuarteladas, parecen haber olvidado que su deber principal es la defensa de la Constitución. Ese silencio, que algunos llaman prudencia, es simplemente cobardía, el mejor aliado de los abusos de la “Paz Total”.

A este panorama hay que sumar el desencuentro del Gobierno con el Banco de la República, institución independiente por mandato constitucional que cumple su deber subiendo las tasas de interés para contener la inflación; pero cada decisión técnica se interpreta como una afrenta política, cuando la inestabilidad monetaria nos llevará al abismo del desorden económico. La inflación, no se combate con reproches públicos, discursos incoherentes, ni haciéndose la víctima, sino con herramientas eficaces así no generen aplausos.

El sector agrario sigue atrapado en un romanticismo improductivo en vez de fomentar tecnología avanzada, mecanización, biotecnología y sistemas de riego inteligentes, pero persisten reglamentaciones pensadas para un país que ya, en el campo, no existe.

Nuestra patria avanza a trompicones, ciudades donde la seguridad se escurre entre los dedos, instituciones económicas sometidas a presiones indebidas y un campo que podría ser potencia, pero al que insiste en vestir con ropas del pasado; todo acompañado por el silencio de quienes deberían alzar la voz.

Las elecciones que se acercan exigen claridad, no resignación; instituciones firmes, no reproches; y, unos gremios, una ciudadanía y unos medios y candidatos que recuerden que callar es una forma de decidir; pero al revés. ¿Preferimos seguir con un gobierno comunista? eso tendremos si continuamos mudos siguiendo el camino al holocausto.

El Rincón de Dios

A mis amables lectores: Feliz Pascua de Resurrección


Editorial: sucesos de la semana No. 141


En su reflexión editorial para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. aborda el significado espiritual y social de la Semana Santa, destacando el valor de la fe, la esperanza y la renovación que representa la resurrección de Jesucristo, así como el tiempo de introspección que se extiende hasta el Pentecostés.

A partir de este contexto, centra su análisis en la situación política y social de Colombia y América Latina, señalando los desafíos de gobernabilidad, la inestabilidad institucional en varios países de la región y el clima de polarización que atraviesa el continente. En particular, advierte sobre lo que considera riesgos para la democracia en Colombia, cuestionando el rumbo del gobierno de Gustavo Petro y las propuestas del Pacto Histórico.

El editorial hace un llamado directo a la ciudadanía —especialmente a las mujeres cabeza de familia— a reflexionar sobre el futuro del país, defender los valores democráticos como la libertad, la propiedad privada y el derecho al voto, y participar activamente en las elecciones. Asimismo, enfatiza la necesidad de unidad entre sectores políticos afines para evitar divisiones internas que debiliten el sistema democrático.

Finalmente, concluye con una invitación a ejercer el voto de manera masiva y consciente, en defensa de lo que considera los principios fundamentales de la democracia, insistiendo en que el momento actual exige compromiso, reflexión y acción colectiva.

No dejes de verlo.

miércoles, 1 de abril de 2026

La gente que no me gusta

Pedro Juan González Carvajal

Pedro Juan González Carvajal

Excelentes profesionales de la administración, especialistas en temas motivacionales para el recurso humano, han escrito a través del tiempo diferentes reflexiones acerca de la gente que les gusta para que en las organizaciones exista un ambiente de armonía y de competitividad en medio del rescate de los valores y atributos positivos de los diferentes colaboradores en los distintos niveles organizacionales.

Hoy quiero coger el toro por los cachos de acuerdo con mi perspectiva y presento una serie de atributos negativos o de comportamientos que definitivamente no me gustan y que dificultan mi relacionamiento con otros humanos a nivel social y a nivel empresarial.

En términos generales y particulares no me gusta la gente que:

Es incoherente.

Es ruidosa.

Es ordinaria.

Que se emborracha.

Que habla con la boca llena.

Que grita.

Que maltrata a los animales.

Que no respeta las normas de tránsito.

Que no respeta las leyes.

Que contesta por contestar sin saber la respuesta ni de qué se está hablando.

Que opina sin saber.

Que es ostentosa.

Que es engreída.

Que es orgullosa.

Que asevera sin conocimiento.

Que es chabacana.

Que actúa como caranga resucitada.

Que pide cosas prestadas.

Que no sabe escuchar.

Que interrumpe a quien está con el uso de la palabra.

Que es mal educada.

Que no respeta los turnos.

Que es desaseada.

Que es zalamera.

Que no mira a los ojos.

Que es impuntual.

Que es desorganizada.

Que hace perder el tiempo.

Que es mentirosa.

Que es inculta.

Que es avara.

Que no es confiable.

Que es oportunista.

Que tiene vicios.

Que es habladora.

Que apuesta.

Que es desordenada.

Que considera poseer la verdad revelada.

Que es intolerante.

Que se ríe por todo.

Que es envidiosa.

Que abusa de los demás.

Que es amarrada.

Que no tiene argumentos.

Que es fanática.

Que es hipócrita.

Que es vulgar.

Que es incompetente.

Que es mal presentada.

Que no tiene iniciativa.

Que es reactiva y no proactiva.

Que no es propositiva.

Que no se compromete.

Que es entrometida.

Que tiene mal comportamiento en la mesa.

Que no es grata.

Que es estúpida.

Que deja todo para último momento.

Que es conflictiva.

Que es grosera.

Que es monotemática.

Que no concreta sus ideas.

Que no tiene posiciones propias.

Que es desleal.

Que no cumple la palabra.

Que es incumplida.

Que no tiene criterio.

Que no fija posiciones.

Que abusa de los lugares comunes.

Que pasa agachada.

Que sea tramposa.

Que se burla de los demás.

Que no tiene buen léxico.

Que …………………………………

martes, 31 de marzo de 2026

Economía & Cultura | El arte como sistema financiero paralelo

Lucrecia Piedrahita 

Lucrecia Piedrahita

El mercado global del arte mueve alrededor de 57.000 millones de dólares anuales, una magnitud comparable al PIB de países enteros.

En el siglo XXI, el arte ha dejado de ser únicamente una forma de expresión cultural para convertirse en algo mucho más poderoso y ambiguo: un sistema financiero paralelo. 

En un mundo atravesado por la inestabilidad política, las sanciones, la inflación y la vigilancia bancaria, una obra de arte funciona hoy como un activo portátil, una reserva de valor y una herramienta de circulación de riqueza que opera por fuera de muchos de los controles tradicionales. 

El mercado global del arte

Las cifras lo confirman. El mercado global del arte mueve alrededor de 57.000 millones de dólares anuales, una magnitud comparable al PIB de países enteros. Incluso en un contexto de desaceleración económica mundial, el volumen de transacciones sigue creciendo y supera los 40 millones de operaciones al año, lo que indica que el arte ya no es solo un lujo para unos pocos, sino una arquitectura compleja de intercambio, inversión y especulación. 

Una pintura de Basquiat, una escultura de Giacometti o una instalación de un artista consagrado pueden cruzar fronteras con mayor facilidad que una transferencia bancaria.

Pueden almacenarse durante años en puertos francos en Ginebra, Luxemburgo o Singapur, fuera del alcance inmediato de las autoridades fiscales. Pueden utilizarse como garantía para préstamos o como instrumentos de negociación entre grandes patrimonios. 

En muchos casos, el arte no se compra para colgarse en una pared, sino para ser guardado, transferido y valorizado. Este fenómeno ha reconfigurado por completo el ecosistema cultural. 

El precio del arte

Las grandes ferias funcionan hoy como bolsas de valores estéticas, donde los precios se fijan, se prueban y se consolidan ante un público global de compradores. Las megagalerías operan como bancos de inversión: administran portafolios de artistas, controlan la escasez, influyen en la demanda y gestionan cuidadosamente la reputación de cada nombre. 

Los museos, por su parte, se convierten en instituciones de legitimación que pueden disparar —o desplomar— el valor de una obra con una sola adquisición o exposición. No es casual que ciudades como Nueva York, Londres, Hong Kong o Miami concentren una porción desproporcionada del mercado global. 

No solo albergan artistas y coleccionistas, sino también la infraestructura financiera, legal y logística que permite que el arte circule como capital. Allí se cruzan abogados, aseguradoras, fondos de inversión, casas de subastas y asesores patrimoniales. Donde fluye el dinero, el arte encuentra su hábitat natural. 

La financiarización del arte también plantea un dilema ético. Cuando una obra se convierte ante todo en un activo, corre el riesgo de perder su potencia crítica y su vínculo con lo social. Los artistas empiezan a producir para el mercado antes que para el pensamiento. 

Las instituciones se ven presionadas por intereses privados. El público, mientras tanto, queda relegado a observar un sistema que ya no le pertenece del todo. Y, sin embargo, ignorar esta realidad sería ingenuo. 

El arte ya forma parte de las arquitecturas globales del capital, del mismo modo que lo son los bienes raíces, la tecnología o las materias primas.

La pregunta decisiva no es si debe o no estar allí, sino cómo puede operar dentro de ese sistema sin renunciar a su capacidad de incomodar, de revelar y de imaginar otros mundos posibles. 

En la economía cultural contemporánea, el museo es una bóveda, la feria es una bolsa y la obra es una acción. Entenderlo no es cinismo. Es una condición mínima para comprender el verdadero poder —y el verdadero riesgo— del arte hoy. 


Economía & Cultura | El arte como sistema financiero paralelo.
Columna de Lucrecia Piedrahita (arquitecta/curadora) para el periódico El Tiempo.