lunes, 5 de octubre de 2026

Editorial: Sucesos de la Semana No. 165


En un nuevo capítulo de «Sucesos de la Semana» para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. analiza algunos de los acontecimientos que marcaron la actualidad nacional e internacional, desde el grave incidente ocurrido en un vuelo con destino a Israel y la crisis de vivienda en España, hasta las elecciones en Brasil y la renuncia de Bruce Mac Master a la presidencia de la ANDI. También aborda la medida de aseguramiento contra Miguel Andrés Quintero y el reciente incremento de las tasas de interés por parte del Banco de la República, con una mirada a sus posibles repercusiones económicas y políticas. No dejes de verlo.

La JEP

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Árbol que nace torcido no se endereza jamás

Después de casi una década, por fin se ha atrevido el pueblo colombiano a manifestar su rechazo absoluto con el funcionamiento y las excesivas pretensiones de la Justicia especial para la paz. El florero de Llorente fue simplemente la discusión del proyecto de presupuesto de la Nación en el Congreso, en el cual se incluye un modesto recorte de gastos a la JEP, comparado con las desmesuradas cifras que su existencia han costado al erario.

Efectivamente, desde 2018 ha recibido la suma de 3 billones de pesos, cifra absolutamente desproporcionada con los escasos resultados obtenidos. Tan solo cuatro sentencias cuyas irrisorias condenas a los victimarios se contraen a realizar “labores restaurativas”, sin pisar una cárcel. Pero su contribución al esclarecimiento de la verdad, a la no repetición y al resarcimiento de perjuicios a las víctimas ha brillado por su ausencia. Somos testigos los colombianos del viacrucis que han recorrido las víctimas reclutadas desde su infancia por los facinerosos de las FARC, y de los vejámenes de los que han sido objeto por reclamar sus legítimos derechos.

No se podía esperar otra cosa si repasamos la génesis de este engendro de la iniquidad.

Al examinar la Ley Estatutaria 941 de 2015 que reglamentó el plebiscito convocado para refrendar el oscuro acuerdo que negociaron las FARC con el presidente Santos, la Corte constitucional la declaró exequible y, en uno de los apartes de la Sentencia C-379 de 2016, estableció:

“…en caso de que el plebiscito sea aprobado, el efecto es la activación de los diferentes mecanismos de implementación del Acuerdo Final. En cambio, si el plebiscito no es aprobado, bien porque no se cumple con el umbral aprobatorio, o cumpliéndose, los ciudadanos votan mayoritariamente por el “no”, el efecto es la imposibilidad jurídica de implementar el Acuerdo Final, comprendido como una política pública específica” (Resaltado nuestro).

Ocurrió que el país votó mayoritariamente “no” (6 431 376 votos equivalentes al 50,21 %). Otros 21 233 898 ciudadanos se abstuvieron de acudir al llamado del Gobierno.

Entonces, si fue rechazado el Acuerdo por la mayoría de los votantes, ¿Cómo diablos se pudieron implementar normas como la creación de la cuestionada JEP?

Con la complicidad de los calanchines de Santos, el Congreso se atrevió a aprobar el texto del Acuerdo mediante una simple proposición, usurpando la voluntad del pueblo soberano y modificando la Constitución de 1991 sin tener atribuciones para ello, con clara violación del art. 3º. de la Constitución.  Ni en el art. 135 ni el 150 de la Carta Magna aparece la facultad del Congreso para aprobar proposiciones como la mencionada, lo que tipifica la conducta delictual de los que la aprobaron.

No paró allí el golpe de Estado contra la Democracia y el Estado de Derecho. La misma Corte que había exigido la aprobación del pueblo para la implementación del Acuerdo, se deja venir con la siguiente “perla”:

“...puede haber refrendación popular con participación previa, caso en el cual se le reconoce al pueblo poder para reordenar la readecuación de lo específicamente sometido a su consideración, aunque tras la expresión ciudadana es legítimo que el proceso continúe y concluya en virtud de las competencias de una o más autoridades instituidas que le pongan fin”.

En otras palabras, la citada Corte se inventa un procedimiento para el ejercicio de la soberanía que consiste en consultar con el pueblo mediante plebiscito y luego, sin importar lo que este haya decidido, aprobar en el Congreso lo que le venga en gana.

Cualquier jurista puede calificar de nula de pleno derecho la norma que implementó a la JEP y, por lo tanto, no es posible negar al pueblo soberano, cuya decisión fue desconocida arbitrariamente, la potestad de cuestionar no sólo la pésima gestión de esta cueva de impunidad y de derroche presupuestal, sino, también, su continuidad.

viernes, 2 de octubre de 2026

Suiza

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Llegar a Suiza es algo muy diferente al resto del mundo. Es llegar a un país donde sus ciudades y cantones están construidos alrededor de siete grandes lagos que se configuran en su geografía. Son lagos que se nutren de agua dulce y pura que baja de sus altos glaciares y surten del vital líquido a propios y extraños. Curiosamente, no tiene costas ni puertos sobre ningún mar.

Suiza está configurada por 26 pequeños países o departamentos y unos 1150 municipios llamados cantones. Cada uno tiene sus propias leyes, su propia policía, su propio gobierno y sus propios impuestos. Esta sí que es la descentralización y la democracia extremas. Incluso las decisiones radican en los algo más de 9 000 000 de habitantes. Por ejemplo, no hace mucho votaron negativamente la propuesta de limitar el crecimiento a 10 000 000 de habitantes. Cada tres meses votan para que sea el pueblo el que decida.

El aeropuerto de Zúrich funciona a una velocidad impresionante: los equipos que mueven los aviones, las escaleras, los túneles de desembarco, la zona de entrega de maletas y hasta el servicio de Uber en camionetas Mercedes, cuando se trata de cinco pasajeros, incluida nuestra nieta. En toda Europa el Uber es legal; en muchas partes hay paraderos para ellos. Ojalá que en la patria milagro se reglamente y se legalice este sistema en nuestro país. Podrían aprovechar ahora que se está hablando tanto de modificaciones y actualizaciones al Código de Tránsito. No puede ser que tengamos un servicio ilegal operando dentro de la formalidad.

Suiza es otro nivel. Es la ciudad más cara del mundo; por eso será por lo que tiene el ingreso por persona más alto, cerca de 100 000 dólares al año.

Recorrer caminando las calles de Zúrich, ver los modernos almacenes de las marcas más afamadas —especialmente de joyas, relojes, navajas, ropa, etc.— construidos en históricas edificaciones, te transporta a épocas que recuerdan la Segunda Guerra Mundial. En ella Suiza conservó cierta neutralidad, criticada por su apoyo indirecto a Alemania al comprarle el oro saqueado de las ciudades que Hitler destruía, lo que le daba el oxígeno para mantener su afán de adueñarse de Europa.

Todas las obras y servicios públicos utilizan maquinaria nueva, las retroexcavadoras, grúas, camiones de basura, repartidores, etc., son nuevos.

Es inevitable encontrarse con bares donde se consume marihuana, en las estrechas callecitas donde la gastronomía se desarrolla en aparentes pequeños locales, vistos desde fuera, pero al ingresar encontramos grandes y hermosos salones llenos de mesas perfectamente dispuestas, donde el plato más barato vale unos $160 000 y, si compartes, te cobran $40.000. Hasta la sentada de los niños cuesta.

Inevitable la visita a la fábrica de chocolates. La historia se remonta a 1840, cuando se inician los experimentos de utilización del cacao de origen indígena, mezclado con azúcar y leche de la industria ganadera suiza, más ingredientes secretos, para producir las mejores chocolatinas del mundo.

Dicen que el mejor cacao es el sembrado a la sombra de las matas de plátano. No sé si nuestros bananeros sacan también cacao. Lo único cierto es que en Colombia seguimos quedados en los procesos de valor agregado, que son los que le agregan valor a las materias primas que producimos. Aprendimos mucho en esta visita: comimos todo tipo de chocolates y nos permitieron tomar lo que fuéramos capaces de llevar en nuestras manos y bolsillos.

El plan era viajar de Zúrich a Lucerna en tren, pero en el Uber que nos llevaba a la estación —los cinco con las maletas— resolvimos continuar el viaje hacia Lucerna por carretera. Nos valía un poquito menos y no tendríamos que arrastrar maletas por las estaciones.

Lucerna inicia su historia en el año 750 después de Cristo, con la llegada de los monjes benedictinos. Esto me llenó de emoción; yo me eduqué en colegio de monjes benedictinos, cuando ellos manejaban directamente el colegio y nos dictaban las clases.

Lucerna es una ciudad pequeña, hermosa como de cuento, con su lago color turquesa surcado por barcos de transporte perfectamente limpios, pintados de blanco impecable. Algunos conservan máquinas de los años 1900, funcionando a la vista de todos bajo la vigilancia estricta de viejos y cuidadosos maquinistas, que impulsan la vieja y hermosa embarcación con gigantescas paletas que, al estilo de los vapores, movían la pesada estructura metálica.

El transporte público en Suiza es súper combinado y en su mayoría eléctrico: tranvías, buses, trenes, teleféricos y barcos, sincronizados para un servicio rápido y eficiente, hacen prescindir de la necesidad del carro y de la moto particulares. Incluso desincentiva al taxi y hasta al Uber, que es más barato que el taxi. La bicicleta eléctrica ha reemplazado mucho a la tradicional y su uso obliga a tener mucho cuidado para no ser atropellado.

Esta maratón va llegando a un ansiado fin. Cambiar de casita todos los días, como dice nuestra nieta, implica empacar, desempacar, la ropa sucia en bolsas convive con la limpia, los clósets son las maletas, los artículos de aseo en sus bolsas siempre, el check-in y el check-out son el pan de cada día, sin derecho a equivocarse. Los convertidores de los tomacorrientes de 110 a 220, en algunos hoteles no funcionan, impidiendo conectar el CPAP al que estamos acostumbrados para dormir mejor. Los dolores musculares, a estas alturas, ya es mejor ni sentirlos. Estos viajes son una prueba para el cuerpo y para la mente. Que viva el paseo para luego decir: “El paseo se acabó y la plata no se vio, ¡el chofer se la bebió!”.

Día 14: levantada a las 5:45 a. m. Desayuno, maletas y check-out, tomar Uber y tren a Interlaken. Los trenes en Suiza son un descreste. Hay que tener cuidado: cuando compras segunda clase, debes mirar que el vagón sea el de segunda; si te equivocas, te aplican tarifa de primera. El tren sale puntual. El equipaje se monta al vagón rápidamente; luego le buscas sitio para estorbar lo menos posible. Unos ubican sillas y otros van con las maletas por los pasillos buscando espacio en los maleteros.

En ese ajetreo, una niña de unos 13 años, al escuchar nuestro idioma, nos ofreció espacio para maletas y, muy entradora, nos contó que era colombiana, además suiza y española, que hablaba español, alemán, inglés y francés, que sus padres trabajaban haciendo aseo, que iba en excursión del colegio a nadar en un lago y a caminar por un bosque y que regresaría a Zúrich en la tarde. Nos contó que el colegio es público y gratuito, que los paseos los paga el Estado, que es obligatorio aprender alemán, inglés y francés y aprender a nadar. Nos contó que el papá no la deja tener novio, que primero se tiene que concentrar en ella. En fin, súper entradora. Hasta nos dijo que el calor en Suiza ha sido tan fuerte este año que se espera una disminución en las nevadas en el invierno que inicia ahora en noviembre y se extiende hasta febrero.

En Interlaken bajamos maletas a gran velocidad, tomamos Uber al hotel a dejar maletas —no era la hora del check-in—. Tomamos Uber a la estación, compramos tiquete combinado —tren, teleférico y tren cremallera— para llegar al pico más alto de los Alpes suizos. Corrimos a comprar unos sándwiches, agua y Coca-Cola y rápido al tren; por segundos nos dejó. Todo es milimétrico, estricto. El transporte combinado para llegar al pico más alto, con nieve a pesar del fuerte verano, es carísimo, como todo en Suiza, pero a los 30 minutos salía otro tren. No hay problema: el tiquete sirve para todo el sistema.

Todo lo que se ve en el camino y en los Alpes suizos es de película, de postal, como decimos los viejitos. Claro que uno toma una foto y la inteligencia artificial te describe el lugar, geográfica e históricamente, en tiempo real. Le preguntas qué hacer, cómo llegar, cuánto vale, etcétera, y ella todo te lo dice con precisión y rapidez. La IA es un cuento de locos.

Las viejas oficinas del servicio postal, que son insignia en hermosas e imponentes construcciones en todas las ciudades del mundo, son un cuento del pasado. Hace rato el e-mail y el WhatsApp las desplazaron y no sé qué irá a pasar con las comunicaciones entre los humanos con los avances tecnológicos.

Hoy, tren a Madrid y luego avión a Medellín.

Gracias por haber soportado mis crónicas.

Abrazo y que nuestro Señor Jesucristo nos bendiga.

José María Gaviria Vélez, el Poeta Carbonero

Félix Alfazar Gonzalez Mira

Un monumento al poeta, la amistad y al perro

Me acerqué a este personaje universal cuando era apenas un niño en el corregimiento de Nutibara. Empezaba la década de los años sesenta del siglo pasado. Las primeras letras que aprendí a leer fueron, inolvidablemente, introducidas en mi mente infantil por la madre Catalina, de la comunidad de las Lauritas, fundada por la Madre Laura, única santa colombiana.

Y por una de esas coincidencias inexplicables, como suelen ser casi todas, algún artista anónimo había plasmado una excepcional poesía en una de las paredes interiores del bar de la localidad. La acompañaba una escena campesina: un trapiche panelero humeante, un arriero con su poncho arreando una mula cargada de caña y, detrás, un perro. A su lado aparecía, impecablemente escrita, la que considero una de las poesías más universales que sobre el perro se hayan compuesto. Eran cinco estrofas que leí muchas veces durante las tardes posteriores a la jornada escolar.

Y para continuar con las coincidencias, muchos años después, quien se desempeñaba como vicegobernador de Frontino, autor de nuestro himno municipal y pariente del poeta, Héctor Cadavid Elejalde, me contó la historia y el entorno que dieron origen a aquella bella composición poética: “La amistad o el perro”.

Ya durante el ejercicio de mi última alcaldía, entre 1997 y 2000, quise entrevistar a Adán Gaviria, hijo del poeta, entonces ya anciano, para preguntarle todo cuanto fuera posible sobre su padre. Sin embargo, los vertiginosos avatares del ejercicio público impidieron que aquella aspiración pudiera concretarse.

Veintiséis años después me enteré de que aún vivía, a sus 102 años, Ulises Gaviria, el hijo menor del poeta. Su bisnieto, Nelson Gaviria, hombre polifacético y también poseedor de vena poética, se encargó de coordinar una conversación que terminó convirtiéndose en una extraordinaria reconstrucción biográfica, llena de detalles sobre la fecunda vida de José María Gaviria Vélez.

Ulises reafirmó algunas de las creencias existentes sobre el poeta, pero también nos obligó a revisar otras. Aquel verdadero milagro de supervivencia física, dueño todavía de una memoria sorprendentemente precisa, nos relató la que, para él, era la historia de la poesía emblemática de su padre: “El perro guardián de los hogares”.

También supimos de primera mano que el vate, en realidad, no era carbonero. Quien se dedicaba a esa actividad era su esposa, Demetria, mientras él suministraba combustible a las familias de la zona urbana, transportando cargas de leña en su caballito.

De igual manera, la historia de su muerte adquirió nuevos matices a partir del relato familiar relacionado con una ruana novedosa e inusual. Según esta versión, el episodio no habría ocurrido por el propósito de robársela, sino a raíz de haberla recuperado.

Su matrimonio con una mujer humilde tuvo un alto costo personal: el aislamiento de su familia pudiente. José María pertenecía a una familia de reconocida posición económica y era tío abuelo del “Negro Gaviria”, padre de los gobernadores de Antioquia de apellido Gaviria Correa, cuya ascendencia se destacó por sus propiedades agrícolas en el municipio.

Fue, además, un bohemio cotidiano, al punto de mantener en su casa una tinaja de barro siempre dispuesta a proporcionarle la chicha necesaria para alimentar su alma atormentada. Su instrucción formal parece haber sido precaria. Sin embargo, el doctor Juan Guillermo Hoyos Gaviria, quien ha estudiado ampliamente su vida y su obra, señala que posiblemente fue lector asiduo de la biblioteca de los padres carmelitas, que por aquella época hacían presencia en Frontino y Urabá.

Si los pueblos levantan monumentos a sus hijos creadores en las artes y las letras, Frontino está en mora de hacerlo con José María Gaviria Vélez. Porque fue allí, dentro de aquellos valles encerrados entre montañas, donde este poeta logró construir un lenguaje de dimensiones universales, como si hubiese recorrido el mundo entero en una epopeya semejante a la de “Cuento de mar”, de su colega y vecino Jorge Robledo Ortiz.

Fui invitado por el Centro de Historia de Frontino a la conmemoración de los 85 años de su muerte, ocurrida a “palo de astilla”. Allí tuve la oportunidad de plantearle a la comunidad una reflexión: otros pueblos de Colombia han sabido perpetuar en monumentos la memoria de sus poetas y compositores.

En Neiva se recuerda al maestro Jorge Villamil Cordovez y su canto a la tierra huilense: “Al sur, al sur, al sur del cerro del Pacandé…”. En Montería se honra a Pablito Flórez, compositor de porros inspirados en la vida de las sabanas del Caribe y autor de “La aventurera”, con sus versos dedicados a Ciénaga de Oro.

Al gran Porfirio Barba Jacob, Santa Rosa de Osos le rinde homenaje con un monumento inspirado en su “Canción de la vida profunda”, aquella obra inmortal en la que escribió sobre esos días en que el ser humano puede sentirse “tan plácido”, con la serenidad de la niñez y la belleza del paisaje.

Y al “Poeta de la Raza”, en la llamada “Cuna de la Raza”, se le recuerda al menos con un busto, evocando aquellos versos que hicieron del antioqueño, sus alpargatas, el carriel y la ruana montañera símbolos de identidad.

¿Por qué, entonces, Frontino no habría de hacer lo propio con José María Gaviria Vélez?

Un monumento en Frontino tendría un triple propósito: rendir homenaje al poeta, a la amistad y al perro. Y tendría hoy todavía mayor significado, cuando los canes han dejado de ser solamente guardianes de las casas para convertirse en verdaderos integrantes de nuestras familias.

Así lo anticipó, de alguna manera, el poeta en sus versos:

“En esas estaba yo y en ese instante

un ser indiferente a mis pesares,

como ninguno, cariñoso, amante;

me persiguió, pero seguí adelante:
era el perro guardián de los hogares”.

Queda, entonces, abierta la invitación a las instituciones públicas y privadas, a las organizaciones culturales, a los historiadores, a los artistas, a los amantes de las letras, a los frontineños y a todos aquellos que valoran la amistad y la nobleza de los animales:

Construyamos en Frontino un monumento a José María Gaviria Vélez, autor de un verdadero himno universal a la amistad y al perro.

Seis meses sin ti

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Yo sí creí que la muerte de mi madre, hoy hace seis meses, me iba a dar muy duro y que el vacío de su partida sería dolorosamente insoportable. No ha sido así. La certeza de que está con Dios me produjo una paz muy grande. Además, ella lo quería pues 98 años de vida, intensamente vivida, habían sido suficientes. También el deterioro de su salud se había aumentado y los dolores de la artrosis se volvieron más fuertes y no había medicina que la pudiese ayudar efectivamente.

Me fui haciendo a la idea de que su partida sería relativamente pronto. Eso me ayudó también para irme preparando espiritual y psicológicamente para tan amargo momento. La muerte es una realidad ineludible que hay que aceptar sin miedos y asumir sin dolores insuperables. El dolor y el luto son ineludibles pero el duelo no puede ser eterno. Si ella goza de la presencia de Dios, si su mayor felicidad era encontrarse con el Señor a quien siguió fielmente y con la Virgen María a quien invocaba a cada instante, ¿por qué entonces deberíamos estar tristes?

De todas maneras, hace falta su presencia física. Claro, uno quisiera tenerla cerca para compartirle los gozos y las penas, quisiera llamarla para reportarme, quisiera simplemente estar a su lado… Todos lo sabemos: madre solo hay una y no hay ni habrá ser en el mundo que lo ame a uno tanto como su propia madre. En estos días, en sus palabras para posesionarme en la misión que me ha encomendado, el padre provincial inició diciendo que era portador de abrazos y el primero sería de mi madre quien se sentiría muy contenta en ese día. De seguro que sí. Todas las madres se sienten orgullosas de sus hijos y aunque nos equivocásemos nos amarían igual.

Seis meses sin ti. No es mucho tiempo, pero lo siento como si hubiese sido hace mucho tiempo. Estos meses han sido muy intensos, densos, pero se han sobrellevado finalmente en paz. Tengo una tramitadora en el cielo muy eficiente. Eso se mueve de aquí para allá, de allá para acá y acuyá. La siento celosa protectora y ágil facilitadora. Es una angelita de la guarda, silenciosa y discreta pero siempre atenta y muy pendiente.

Mi negrita chocolatera, la niña Cexi, mi zorrito bello, la doctora, entre otros apodos que le tenía, sigue viva en mi corazón. Se quejaba porque le apretaba las narices entre mis dedos cual pinza, porque tras pequeña se iba a quedar sin nada. Un sorpresivo mordisco en sus cachetes o la amenaza de convertirla en un plato favorito la hacían reír. Esas tontas ocurrencias con las que jugábamos siendo viejos. Era una niña viendo caricaturas, riéndose con las pilatunas de los animalitos. Juiciosa leyendo la prensa o devorando libros edificantes. Amena conversadora y consejera espiritual. ¡Gratos recuerdos! Las eucaristías siguen siendo por ti. El santo rosario cotidiano es un compromiso. La acción de gracias a Dios por tu vida se prolonga en el tiempo. Gracias Señor.

jueves, 1 de octubre de 2026

La calle donde los árboles aprendieron a despedir a los muertos

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Creo que todos los habitantes de Medellín alguna vez tuvimos que ver, o al menos escuchar hablar, de la mal llamada “Calle de las Funerarias”. Seguramente conocemos a alguien a quien le hicieron su despedida en alguna de las salas de esta calle, o hemos pasado frente a ellas sin preguntarnos por qué están allí. Para quienes no lo saben, y también para quienes creen saberlo, me refiero a la calle Juan del Corral.

En esta historia me voy a concentrar en el tramo comprendido entre las carreras 59 y 62, un corredor cuya principal actividad terminó siendo el duelo… con el tiempo se convirtió en uno de los principales sectores funerarios de Medellín, pero no siempre fue así.

Antes del boom de las funerarias, que comenzó a hacerse evidente especialmente a partir de la década de 1950, Juan del Corral era una calle residencial y comercial. Todavía quedan habitantes y documentos que permiten reconstruir parte de aquella historia, cuando el sector tenía otra vida y la muerte todavía no había convertido la calle en su territorio.[1]


Por la carrera 62, frente a la Universidad de Antioquia, aparecen las Roystonea regia (La palma real). La identificación que les da la Alcaldía de Medellin en el listado de categorías es el 95, 96 y 97. Por la carrera 59 nos recibe el “árbol 53”. Las cuatro son testigos silenciosos de una transformación que ocurrió mucho más lentamente de lo que hoy imaginamos.

“Árboles y palmas de interés cultural (históricos): 125 candidatos”

Fuente: Alcaldía de Medellín

53

Ficus elástica

Falso caucho

Juan del Corral con la calle 58, separador central

95

Roystonea regia

Palma real

Juan del Corral frente a la Facultad de Medicina, entre calle 62 y 64

96

Roystonea regia

Palma real

Juan del Corral, frente al Parque de la Vida (ejemplar 1)

97

Roystonea regia

Palma real

Juan del Corral, frente al Parque de la Vida (ejemplar 2)

De los árboles 95, 96 y 97 existen datos particularmente interesantes sobre su nacimiento: están registrados como árboles sembrados en 1930.

Pero antes de que llegaran los muertos, allí vivían los vivos. Por entonces, alrededor de Juan del Corral se levantaban las casas de algunas de las familias que participaron en la transformación económica de Medellín: los Olano, los Echavarría, los Escobar, los Toro, los Mejía, los Vásquez y los Ospina. Varias de aquellas antiguas viviendas terminaron convirtiéndose, muchos años después, en funerarias.

La Funeraria Rendón, fundada en 1872, es considerada una de las primeras del país. Su historia comenzó en la Plazuela San Ignacio y posteriormente, a comienzos del siglo XX, se trasladó hacia Juan del Corral, cerca de la avenida De Greiff, en un lugar que posteriormente ocuparía el edificio donde estuvo la Papelería Bolívar.[2]

La Rendón no solamente fabricaba ataúdes. También introdujo en Medellín el coche fúnebre, inicialmente una carroza de tracción animal. La ciudad comenzaba a cambiar la manera de despedir a sus muertos.

Después llegaría la Funeraria Betancur, fundada en 1912, que inicialmente estuvo ubicada en Carabobo y en la década de 1930 se trasladó a Juan del Corral.

Pero la verdadera concentración funeraria se produjo después.

A partir de mediados del siglo XX fueron apareciendo nuevas empresas: Fraternidad, en 1948; Metropolitana, en 1950; la Medellín y la Moderna, en 1951; Imperial, en 1963; San Fernando, en 1964; San Luis, en 1965; la llamada San Ignacio y la Nazareno, en 1966; Campos del Recuerdo, en 1972; Ser, en 1974; San Vicente, en 1980; El Socorro, en 1983; La Esperanza, en 1985; Gómez, en 1986; San Juan Bautista, en 1991; Vivir-Los Olivos y Los Olivos, en 1998, y Cootrafa Social, en 2002.

No fue una casualidad que terminaran concentrándose allí. Las razones se fueron acumulando con el tiempo.

El Cementerio de San Pedro estaba relativamente cerca y desde el siglo XIX este sector estaba relacionado con los recorridos de los entierros.

Y había otro elemento que hoy resulta todavía más paradójico: los hospitales. Muy cerca estaban el Hospital San Vicente, la Facultad de Medicina, la Facultad de Odontología, la Facultad de Enfermería, Salud Pública, la IPS Universitaria y diferentes instituciones relacionadas con la investigación y la atención en salud.

Juan del Corral terminó concentrando, casi como una ironía de la ciudad, los lugares donde se intenta salvar la vida y los lugares donde se despide a los muertos. A pocos pasos se encontraba quien luchaba por vivir y, un poco más allá, quien sería despedido.

La iglesia de Jesús Nazareno terminó convirtiéndose en uno de los lugares importantes para las exequias. Cuando las funerarias comenzaron a consolidarse, la iglesia ya estaba allí.

La historia comenzó en 1895, cuando doña Isabel Echavarría impulsó la construcción de una pequeña capilla sobre la entonces avenida Carabobo dedicada a Jesús Nazareno. La obra comenzó el 25 de febrero de 1895 y terminó el 5 de agosto de 1899. Al día siguiente fue trasladada allí la imagen de Jesús Nazareno y se inauguró el templo. Décadas después, en 1941, se colocó la primera piedra de la nueva iglesia. La construcción tomó aproximadamente doce años y fue terminada e inaugurada en 1953. El proyecto fue realizado por el sacerdote y arquitecto vasco Vicente Flumencio Galicia Arrúe, con participación de Luis Llach. La iglesia quedó protegida por su importancia histórica y arquitectónica. Mediante la Resolución 1792 de 2000, el Ministerio de Cultura declaró la antigua ermita y la iglesia de Jesús Nazareno Bien de Interés Cultural de carácter nacional.[3]

Pero hay otro nombre que aparece en esta historia y que, curiosamente, tampoco pertenece a la muerte.

Juan Bautista del Corral y Alonso nació en Mompox el 23 de junio de 1778 y murió en Rionegro el 7 de abril de 1814. En julio de 1813, cuando existía una amenaza militar española, fue elegido presidente-dictador del Estado de Antioquia. El 11 de agosto de 1813 promulgó la declaración de independencia absoluta de Antioquia, rompiendo formalmente la relación política con la monarquía española. Y pocos días después, el 21 de agosto, elevó a Medellín de villa a ciudad. Por eso su nombre quedó ligado a la historia de Antioquia y de Medellín.

En la calle que lleva el nombre de un hombre que ayudó a convertir a Medellín en ciudad que se convirtió en uno de los principales corredores funerarios de esa misma ciudad, hoy están la Funeraria Gómez, Los Olivos, Funeraria Antioquia, San Vicente y Jardines del Renacer, San Juan Bautista, Asociación Santa Clara, Jesús Nazareno, El Socorro, Casa de Funerales Juan del Corral y Funerales Antioquia. De aquellas que nacieron durante el boom quedan pocas, y en medio de todo esto están los árboles.

Hace poco conocí al árbol 53, un Ficus elástico que ha visto pasar buena parte de esta transformación. Y decidí imaginar que me contaba su historia:

“Cuando pienso en mi infancia, no pienso en una calle. Pienso en tierra. Pienso en un lugar que todavía no había adquirido completamente la forma que ustedes conocen.

Después la ciudad comenzó a ordenar el espacio. La avenida Juan del Corral fue tomando forma y, con ella, llegó una idea que habría de cambiar mi vida: un paseo central acompañado de árboles.

En 1932, el Concejo de Medellín autorizó ese paseo arborizado, Quizá yo ya estaba aquí, quizá todavía no. No puedo asegurarlo. Esa es una de las cosas que ustedes tendrán que investigar por mí ya que no tengo fecha de nacimiento.

Yo solamente puedo decir que, desde entonces, la historia de esta avenida quedó unida a la de sus árboles. Y eso, para mí, es importante. Porque una ciudad puede cambiar de nombre, de edificios y de vehículos. Pero mientras haya un árbol en el mismo lugar, alguien todavía puede decir: aquí hubo una historia.

Durante un tiempo no fui un árbol de funerarias. Eso vendría después. A mi alrededor hubo casas de familias importantes de Medellín. Algunas tenían un piso, otras, dos, y se adornaban con jardines, ventanas y fachadas que miraban hacia la calle.

La ciudad todavía parecía creer que podía crecer sin destruir completamente lo que había construido antes.

Yo veía entrar y salir familias, empleados, hombres con sombrero, niños, mujeres, personas que probablemente nunca imaginaron que, muchos años después, sus casas serían reemplazadas, transformadas o utilizadas para otros propósitos, y yo seguía creciendo.

La historia del sector funerario tenía raíces antiguas, así como las mías, pero no llegaron aquí todas de una vez. Primero fueron unas pocas. Después fueron más. Comenzaron a instalarse, las casas se adecuaron en Juan del Corral y la calle fue adquiriendo una reputación que nadie había planeado cuando plantaron los árboles.

Pero también vi cambiar la manera de despedir a los muertos. Antes había otros rituales. Después aparecieron los automóviles fúnebres, luego llegaron las salas de velación y nuevas formas de entender la muerte. Y la calle aprendió a convivir con sus ceremonias fúnebres.

Hoy la gente pasa frente a mí con el teléfono en la mano. Algunos me miran, otros no. Hay quienes fotografían mis ramas. Otros esperan el cambio del semáforo.

Los carros siguen pasando, las funerarias siguen haciendo parte de la historia de la avenida, los hospitales continúan recibiendo pacientes. La ciudad sigue creciendo. Y yo sigo aquí.

No sé cuánto tiempo me queda. Ustedes creen que la ciudad les pertenece porque la construyeron, nosotros sabemos que solamente están de paso”.

Y quizá por eso, cuando uno camina por Juan del Corral, debería mirar un poco más arriba.

Porque mientras nosotros vemos una calle de funerarias, los árboles todavía pueden estar viendo otra cosa. La ciudad que alguna vez estuvo aquí, la ciudad que pasó, y la ciudad que, sin darse cuenta, todavía sigue pasando.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Conversatorio con Cristian Halaby

 

En el nuevo “Conversatorio de la Semana”, Antonio Montoya H. conversa con Cristian Halaby, empresario y dirigente gremial, sobre su visión de Colombia, la participación ciudadana, el futuro del sector empresarial y laboral, los retos de la industria del plástico y la necesidad de construir un país con mayores oportunidades. No dejes de verlo. Cristian Halaby Fernández es un empresario antioqueño con más de 25 años de trayectoria en los sectores químico, plástico y manufacturero. Economista y politólogo de la Universidad de Pepperdine, en California, y magíster en Liderazgo Positivo y Estrategia de IE University, en España, ha ocupado cargos directivos en empresas de productos químicos y plásticos y actualmente está vinculado a BYCSA y NEXU. Su trayectoria también se ha destacado en el ámbito gremial: ha presidido la Cámara Ambiental del Plástico, que reúne a empresas del sector, y el Comité de Químicos y Agroquímicos de Fenalco Antioquia, además de participar en juntas directivas de organizaciones empresariales. Es fundador de ECOBYC, iniciativa orientada al desarrollo de empaques sostenibles, y ha promovido temas como la economía circular, la innovación y la biodegradación de plásticos. En 2023 incursionó en la política como candidato a la Gobernación de Antioquia y, en julio de 2026, recibió de la Asamblea Departamental la Orden al Mérito Cívico y Empresarial Mariscal Jorge Robledo, Grado Plata, como reconocimiento a su trayectoria y liderazgo.