José Leonardo Rincón, S. J.
Esta semana he estado en Lima participando en
varios encuentros organizados por Fe y Alegría y que me implicaron participar
activamente: inducción a nuevos directores; 50º Congreso Internacional y junta
de directores nacionales. La verdad, todo interesante y muy necesario, aunque
queda uno de recoger con cuchara.
Hoy quiero detenerme en una reflexión que
presentó un conferencista de la Unesco, invitado para la ocasión. Afirmaba el
expositor con sobrada razón que el reto de la educación es muy grande, porque
sigue habiendo en el mundo dificultad de acceso a la misma. Además, el acceso o
lograr la cobertura no es suficiente porque algunos deben interrumpir su
proceso por múltiples factores (distancias, desmotivación, necesidad de
trabajar, problemas familiares, entre otros), entonces la deserción es
significativa. El permanecer tampoco garantiza el éxito del proceso, porque se
puede permanecer en el sistema, pero no aprender.
En efecto, la escolaridad completa de los 14 años del ciclo formal no garantiza
un buen nivel educativo. Obsérvense al respecto los resultados de las pruebas
de Estado o las que nos miden en el ámbito internacional: lamentables. Nuestros
muchachos no saben leer, escriben mal, les cuesta hablar en público, no redactan
con fluidez un texto y menos aún tienen una comprensión crítica de una lectura.
Lo
grave es que no son suficientes los contenidos, los cuales se pueden aprender
de memoria para recitar lo aprendido en el típico modelo bancario que en su
momento denunciara Paulo Freire, lo preocupante es que mucho de eso que han
aprendido no es relevante, ni sirve para la vida, la convivencia y su
supervivencia. No termina la crítica aquí: mucha gente “educada” no está
logrando transformar el mundo, en otras palabras, los “mejores” o solo se
preocupan por su propio éxito individual y en su voracidad de éxito y dinero
están acabando con el mundo, o sencillamente no les preocupa la suerte de los
otros.
Estas
ideas me han refrescado retos, removido la razón y sentido de lo que estoy
haciendo y, sobre todo, porqué y para qué lo estoy haciendo. Por si fuera poco,
dos anécdotas para cerrar hoy mi escrito:
*
En Barranquilla, la persona que me presentó leyendo mi currículum, a propósito
del tiempo de trabajo y experiencia en el mundo educativo, concluyó: “Como
pueden ver, el padre José Leonardo se ha preparado durante 35 años para
trabajar en Fe y Alegría”, una expresión que me resultó tan sugestiva como
motivante. Todo tiene su tiempo y es verdad que todo ese tiempo, más los ocho
de administrador provincial, sin duda alguna me han preparado mejor para tamaño
reto que ahora tengo.
*
Roberto, mi compañero de noviciado y también de ordenación, que ahora desde
Roma coordina todo el apostolado social, me escribió: “que disfrutes ese que
es el más importante destino que has tenido en tu vida: no hay nada más
importante que aprender y aprender educando a los pobres pobres”. Totalmente
de acuerdo. Trabajar con los pobres es una gracia de Dios. Además, siempre lo he
dicho, casi que diariamente, todos los días se aprende. Sólo hay que estar
atentos, pues la vida no hace sino darte lecciones y hay que estar como
esponjas, con los ojos abiertos, los oídos alertas, la mente dispuesta a
aprender, un proceso educativo que dura toda la vida, hasta el último minuto de
nuestra existencia.
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