En un nuevo capítulo de «Sucesos de la Semana» para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. analiza algunos de los acontecimientos que marcaron la actualidad nacional e internacional, desde el grave incidente ocurrido en un vuelo con destino a Israel y la crisis de vivienda en España, hasta las elecciones en Brasil y la renuncia de Bruce Mac Master a la presidencia de la ANDI. También aborda la medida de aseguramiento contra Miguel Andrés Quintero y el reciente incremento de las tasas de interés por parte del Banco de la República, con una mirada a sus posibles repercusiones económicas y políticas. No dejes de verlo.
lunes, 5 de octubre de 2026
Editorial: Sucesos de la Semana No. 165
En un nuevo capítulo de «Sucesos de la Semana» para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. analiza algunos de los acontecimientos que marcaron la actualidad nacional e internacional, desde el grave incidente ocurrido en un vuelo con destino a Israel y la crisis de vivienda en España, hasta las elecciones en Brasil y la renuncia de Bruce Mac Master a la presidencia de la ANDI. También aborda la medida de aseguramiento contra Miguel Andrés Quintero y el reciente incremento de las tasas de interés por parte del Banco de la República, con una mirada a sus posibles repercusiones económicas y políticas. No dejes de verlo.
La JEP
Luis Alfonso García Carmona
Árbol que nace torcido
no se endereza jamás
Después de casi una
década, por fin se ha atrevido el pueblo colombiano a manifestar su rechazo
absoluto con el funcionamiento y las excesivas pretensiones de la Justicia
especial para la paz. El florero de Llorente fue simplemente la discusión del
proyecto de presupuesto de la Nación en el Congreso, en el cual se incluye un
modesto recorte de gastos a la JEP, comparado con las desmesuradas cifras que
su existencia han costado al erario.
Efectivamente, desde
2018 ha recibido la suma de 3 billones de pesos, cifra absolutamente
desproporcionada con los escasos resultados obtenidos. Tan solo cuatro
sentencias cuyas irrisorias condenas a los victimarios se contraen a realizar “labores
restaurativas”, sin pisar una cárcel. Pero su contribución al
esclarecimiento de la verdad, a la no repetición y al resarcimiento de
perjuicios a las víctimas ha brillado por su ausencia. Somos testigos los
colombianos del viacrucis que han recorrido las víctimas reclutadas desde su
infancia por los facinerosos de las FARC, y de los vejámenes de los que han
sido objeto por reclamar sus legítimos derechos.
No se podía esperar
otra cosa si repasamos la génesis de este engendro de la iniquidad.
Al examinar la Ley
Estatutaria 941 de 2015 que reglamentó el plebiscito convocado para refrendar
el oscuro acuerdo que negociaron las FARC con el presidente Santos, la Corte
constitucional la declaró exequible y, en uno de los apartes de la Sentencia
C-379 de 2016, estableció:
“…en caso de que el
plebiscito sea aprobado, el efecto es la activación de los diferentes
mecanismos de implementación del Acuerdo Final. En cambio, si el plebiscito no
es aprobado, bien porque no se cumple con el umbral aprobatorio, o
cumpliéndose, los ciudadanos votan mayoritariamente por el “no”, el efecto
es la imposibilidad jurídica de implementar el Acuerdo Final, comprendido
como una política pública específica” (Resaltado nuestro).
Ocurrió que el país
votó mayoritariamente “no” (6 431 376 votos equivalentes al
50,21 %). Otros 21 233 898 ciudadanos se abstuvieron de acudir
al llamado del Gobierno.
Entonces, si fue
rechazado el Acuerdo por la mayoría de los votantes, ¿Cómo diablos se pudieron
implementar normas como la creación de la cuestionada JEP?
Con la complicidad de
los calanchines de Santos, el Congreso se atrevió a aprobar el texto del
Acuerdo mediante una simple proposición, usurpando la voluntad del pueblo
soberano y modificando la Constitución de 1991 sin tener atribuciones para
ello, con clara violación del art. 3º. de la Constitución. Ni en el art. 135 ni el 150 de la Carta Magna
aparece la facultad del Congreso para aprobar proposiciones como la mencionada,
lo que tipifica la conducta delictual de los que la aprobaron.
No paró allí el golpe
de Estado contra la Democracia y el Estado de Derecho. La misma Corte que había
exigido la aprobación del pueblo para la implementación del Acuerdo, se deja
venir con la siguiente “perla”:
“...puede haber
refrendación popular con participación previa, caso en el cual se le reconoce
al pueblo poder para reordenar la readecuación de lo específicamente sometido a
su consideración, aunque tras la expresión ciudadana es legítimo que el
proceso continúe y concluya en virtud de las competencias de una o más
autoridades instituidas que le pongan fin”.
En otras palabras, la
citada Corte se inventa un procedimiento para el ejercicio de la soberanía que
consiste en consultar con el pueblo mediante plebiscito y luego, sin importar
lo que este haya decidido, aprobar en el Congreso lo que le venga en gana.
Cualquier jurista puede
calificar de nula de pleno derecho la norma que implementó a la JEP y, por lo
tanto, no es posible negar al pueblo soberano, cuya decisión fue desconocida
arbitrariamente, la potestad de cuestionar no sólo la pésima gestión de esta
cueva de impunidad y de derroche presupuestal, sino, también, su continuidad.
viernes, 2 de octubre de 2026
Suiza
Andrés de Bedout Jaramillo
Llegar a Suiza
es algo muy diferente al resto del mundo. Es llegar a un país donde sus
ciudades y cantones están construidos alrededor de siete grandes lagos que se
configuran en su geografía. Son lagos que se nutren de agua dulce y pura que
baja de sus altos glaciares y surten del vital líquido a propios y extraños.
Curiosamente, no tiene costas ni puertos sobre ningún mar.
Suiza está
configurada por 26 pequeños países o departamentos y unos 1150 municipios
llamados cantones. Cada uno tiene sus propias leyes, su propia policía, su
propio gobierno y sus propios impuestos. Esta sí que es la descentralización y
la democracia extremas. Incluso las decisiones radican en los algo más de 9 000 000
de habitantes. Por ejemplo, no hace mucho votaron negativamente la propuesta de
limitar el crecimiento a 10 000 000 de habitantes. Cada tres meses
votan para que sea el pueblo el que decida.
El aeropuerto
de Zúrich funciona a una velocidad impresionante: los equipos que mueven los
aviones, las escaleras, los túneles de desembarco, la zona de entrega de
maletas y hasta el servicio de Uber en camionetas Mercedes, cuando se trata de
cinco pasajeros, incluida nuestra nieta. En toda Europa el Uber es legal; en
muchas partes hay paraderos para ellos. Ojalá que en la patria milagro se
reglamente y se legalice este sistema en nuestro país. Podrían aprovechar ahora
que se está hablando tanto de modificaciones y actualizaciones al Código de
Tránsito. No puede ser que tengamos un servicio ilegal operando dentro de la
formalidad.
Suiza es otro
nivel. Es la ciudad más cara del mundo; por eso será por lo que tiene el
ingreso por persona más alto, cerca de 100 000 dólares al año.
Recorrer
caminando las calles de Zúrich, ver los modernos almacenes de las marcas más
afamadas —especialmente de joyas, relojes, navajas, ropa, etc.— construidos en
históricas edificaciones, te transporta a épocas que recuerdan la Segunda
Guerra Mundial. En ella Suiza conservó cierta neutralidad, criticada por su
apoyo indirecto a Alemania al comprarle el oro saqueado de las ciudades que
Hitler destruía, lo que le daba el oxígeno para mantener su afán de adueñarse
de Europa.
Todas las obras
y servicios públicos utilizan maquinaria nueva, las retroexcavadoras, grúas,
camiones de basura, repartidores, etc., son nuevos.
Es inevitable
encontrarse con bares donde se consume marihuana, en las estrechas callecitas
donde la gastronomía se desarrolla en aparentes pequeños locales, vistos desde
fuera, pero al ingresar encontramos grandes y hermosos salones llenos de mesas
perfectamente dispuestas, donde el plato más barato vale unos $160 000 y,
si compartes, te cobran $40.000. Hasta la sentada de los niños cuesta.
Inevitable la
visita a la fábrica de chocolates. La historia se remonta a 1840, cuando se
inician los experimentos de utilización del cacao de origen indígena, mezclado
con azúcar y leche de la industria ganadera suiza, más ingredientes secretos,
para producir las mejores chocolatinas del mundo.
Dicen que el
mejor cacao es el sembrado a la sombra de las matas de plátano. No sé si
nuestros bananeros sacan también cacao. Lo único cierto es que en Colombia
seguimos quedados en los procesos de valor agregado, que son los que le agregan
valor a las materias primas que producimos. Aprendimos mucho en esta visita:
comimos todo tipo de chocolates y nos permitieron tomar lo que fuéramos capaces
de llevar en nuestras manos y bolsillos.
El plan era
viajar de Zúrich a Lucerna en tren, pero en el Uber que nos llevaba a la
estación —los cinco con las maletas— resolvimos continuar el viaje hacia
Lucerna por carretera. Nos valía un poquito menos y no tendríamos que arrastrar
maletas por las estaciones.
Lucerna inicia
su historia en el año 750 después de Cristo, con la llegada de los monjes
benedictinos. Esto me llenó de emoción; yo me eduqué en colegio de monjes
benedictinos, cuando ellos manejaban directamente el colegio y nos dictaban las
clases.
Lucerna es una
ciudad pequeña, hermosa como de cuento, con su lago color turquesa surcado por
barcos de transporte perfectamente limpios, pintados de blanco impecable.
Algunos conservan máquinas de los años 1900, funcionando a la vista de todos
bajo la vigilancia estricta de viejos y cuidadosos maquinistas, que impulsan la
vieja y hermosa embarcación con gigantescas paletas que, al estilo de los
vapores, movían la pesada estructura metálica.
El transporte
público en Suiza es súper combinado y en su mayoría eléctrico: tranvías, buses,
trenes, teleféricos y barcos, sincronizados para un servicio rápido y
eficiente, hacen prescindir de la necesidad del carro y de la moto
particulares. Incluso desincentiva al taxi y hasta al Uber, que es más barato
que el taxi. La bicicleta eléctrica ha reemplazado mucho a la tradicional y su
uso obliga a tener mucho cuidado para no ser atropellado.
Esta maratón va
llegando a un ansiado fin. Cambiar de casita todos los días, como dice nuestra
nieta, implica empacar, desempacar, la ropa sucia en bolsas convive con la
limpia, los clósets son las maletas, los artículos de aseo en sus bolsas
siempre, el check-in y el check-out son el pan de cada día, sin
derecho a equivocarse. Los convertidores de los tomacorrientes de 110 a 220, en
algunos hoteles no funcionan, impidiendo conectar el CPAP al que estamos
acostumbrados para dormir mejor. Los dolores musculares, a estas alturas, ya es
mejor ni sentirlos. Estos viajes son una prueba para el cuerpo y para la mente.
Que viva el paseo para luego decir: “El paseo se acabó y la plata no se vio,
¡el chofer se la bebió!”.
Día 14:
levantada a las 5:45 a. m. Desayuno, maletas y check-out, tomar Uber y tren a
Interlaken. Los trenes en Suiza son un descreste. Hay que tener cuidado: cuando
compras segunda clase, debes mirar que el vagón sea el de segunda; si te
equivocas, te aplican tarifa de primera. El tren sale puntual. El equipaje se monta
al vagón rápidamente; luego le buscas sitio para estorbar lo menos posible.
Unos ubican sillas y otros van con las maletas por los pasillos buscando
espacio en los maleteros.
En ese ajetreo,
una niña de unos 13 años, al escuchar nuestro idioma, nos ofreció espacio para
maletas y, muy entradora, nos contó que era colombiana, además suiza y
española, que hablaba español, alemán, inglés y francés, que sus padres
trabajaban haciendo aseo, que iba en excursión del colegio a nadar en un lago y
a caminar por un bosque y que regresaría a Zúrich en la tarde. Nos contó que el
colegio es público y gratuito, que los paseos los paga el Estado, que es
obligatorio aprender alemán, inglés y francés y aprender a nadar. Nos contó que
el papá no la deja tener novio, que primero se tiene que concentrar en ella. En
fin, súper entradora. Hasta nos dijo que el calor en Suiza ha sido tan fuerte
este año que se espera una disminución en las nevadas en el invierno que inicia
ahora en noviembre y se extiende hasta febrero.
En Interlaken
bajamos maletas a gran velocidad, tomamos Uber al hotel a dejar maletas —no era
la hora del check-in—. Tomamos Uber a la estación, compramos tiquete
combinado —tren, teleférico y tren cremallera— para llegar al pico más alto de
los Alpes suizos. Corrimos a comprar unos sándwiches, agua y Coca-Cola y rápido
al tren; por segundos nos dejó. Todo es milimétrico, estricto. El transporte
combinado para llegar al pico más alto, con nieve a pesar del fuerte verano, es
carísimo, como todo en Suiza, pero a los 30 minutos salía otro tren. No hay
problema: el tiquete sirve para todo el sistema.
Todo lo que se
ve en el camino y en los Alpes suizos es de película, de postal, como decimos
los viejitos. Claro que uno toma una foto y la inteligencia artificial te
describe el lugar, geográfica e históricamente, en tiempo real. Le preguntas
qué hacer, cómo llegar, cuánto vale, etcétera, y ella todo te lo dice con
precisión y rapidez. La IA es un cuento de locos.
Las viejas
oficinas del servicio postal, que son insignia en hermosas e imponentes
construcciones en todas las ciudades del mundo, son un cuento del pasado. Hace
rato el e-mail y el WhatsApp las desplazaron y no sé qué irá a pasar con las
comunicaciones entre los humanos con los avances tecnológicos.
Hoy, tren a
Madrid y luego avión a Medellín.
Gracias por
haber soportado mis crónicas.
Abrazo y que
nuestro Señor Jesucristo nos bendiga.
José María Gaviria Vélez, el Poeta Carbonero
Félix Alfazar Gonzalez Mira
Un
monumento al poeta, la amistad y al perro
Me
acerqué a este personaje universal cuando era apenas un niño en el
corregimiento de Nutibara. Empezaba la década de los años sesenta del siglo
pasado. Las primeras letras que aprendí a leer fueron, inolvidablemente,
introducidas en mi mente infantil por la madre Catalina, de la comunidad de las
Lauritas, fundada por la Madre Laura, única santa colombiana.
Y
por una de esas coincidencias inexplicables, como suelen ser casi todas, algún
artista anónimo había plasmado una excepcional poesía en una de las paredes
interiores del bar de la localidad. La acompañaba una escena campesina: un
trapiche panelero humeante, un arriero con su poncho arreando una mula cargada
de caña y, detrás, un perro. A su lado aparecía, impecablemente escrita, la que
considero una de las poesías más universales que sobre el perro se hayan
compuesto. Eran cinco estrofas que leí muchas veces durante las tardes
posteriores a la jornada escolar.
Y
para continuar con las coincidencias, muchos años después, quien se desempeñaba
como vicegobernador de Frontino, autor de nuestro himno municipal y pariente
del poeta, Héctor Cadavid Elejalde, me contó la historia y el entorno que
dieron origen a aquella bella composición poética: “La amistad o el perro”.
Ya
durante el ejercicio de mi última alcaldía, entre 1997 y 2000, quise
entrevistar a Adán Gaviria, hijo del poeta, entonces ya anciano, para
preguntarle todo cuanto fuera posible sobre su padre. Sin embargo, los
vertiginosos avatares del ejercicio público impidieron que aquella aspiración
pudiera concretarse.
Veintiséis
años después me enteré de que aún vivía, a sus 102 años, Ulises Gaviria, el
hijo menor del poeta. Su bisnieto, Nelson Gaviria, hombre polifacético y
también poseedor de vena poética, se encargó de coordinar una conversación que
terminó convirtiéndose en una extraordinaria reconstrucción biográfica, llena
de detalles sobre la fecunda vida de José María Gaviria Vélez.
Ulises
reafirmó algunas de las creencias existentes sobre el poeta, pero también nos
obligó a revisar otras. Aquel verdadero milagro de supervivencia física, dueño
todavía de una memoria sorprendentemente precisa, nos relató la que, para él,
era la historia de la poesía emblemática de su padre: “El perro guardián de
los hogares”.
También
supimos de primera mano que el vate, en realidad, no era carbonero. Quien se
dedicaba a esa actividad era su esposa, Demetria, mientras él suministraba
combustible a las familias de la zona urbana, transportando cargas de leña en
su caballito.
De
igual manera, la historia de su muerte adquirió nuevos matices a partir del
relato familiar relacionado con una ruana novedosa e inusual. Según esta
versión, el episodio no habría ocurrido por el propósito de robársela, sino a
raíz de haberla recuperado.
Su
matrimonio con una mujer humilde tuvo un alto costo personal: el aislamiento de
su familia pudiente. José María pertenecía a una familia de reconocida posición
económica y era tío abuelo del “Negro Gaviria”, padre de los gobernadores de
Antioquia de apellido Gaviria Correa, cuya ascendencia se destacó por sus
propiedades agrícolas en el municipio.
Fue,
además, un bohemio cotidiano, al punto de mantener en su casa una tinaja de
barro siempre dispuesta a proporcionarle la chicha necesaria para alimentar su
alma atormentada. Su instrucción formal parece haber sido precaria. Sin
embargo, el doctor Juan Guillermo Hoyos Gaviria, quien ha estudiado ampliamente
su vida y su obra, señala que posiblemente fue lector asiduo de la biblioteca
de los padres carmelitas, que por aquella época hacían presencia en Frontino y
Urabá.
Si
los pueblos levantan monumentos a sus hijos creadores en las artes y las
letras, Frontino está en mora de hacerlo con José María Gaviria Vélez. Porque
fue allí, dentro de aquellos valles encerrados entre montañas, donde este poeta
logró construir un lenguaje de dimensiones universales, como si hubiese
recorrido el mundo entero en una epopeya semejante a la de “Cuento de mar”,
de su colega y vecino Jorge Robledo Ortiz.
Fui
invitado por el Centro de Historia de Frontino a la conmemoración de los 85
años de su muerte, ocurrida a “palo de astilla”. Allí tuve la oportunidad de
plantearle a la comunidad una reflexión: otros pueblos de Colombia han sabido
perpetuar en monumentos la memoria de sus poetas y compositores.
En
Neiva se recuerda al maestro Jorge Villamil Cordovez y su canto a la tierra
huilense: “Al sur, al sur, al sur del cerro del Pacandé…”. En Montería
se honra a Pablito Flórez, compositor de porros inspirados en la vida de las
sabanas del Caribe y autor de “La aventurera”, con sus versos dedicados
a Ciénaga de Oro.
Al
gran Porfirio Barba Jacob, Santa Rosa de Osos le rinde homenaje con un
monumento inspirado en su “Canción de la vida profunda”, aquella obra
inmortal en la que escribió sobre esos días en que el ser humano puede sentirse
“tan plácido”, con la serenidad de la niñez y la belleza del paisaje.
Y
al “Poeta de la Raza”, en la llamada “Cuna de la Raza”, se le recuerda al menos
con un busto, evocando aquellos versos que hicieron del antioqueño, sus
alpargatas, el carriel y la ruana montañera símbolos de identidad.
¿Por
qué, entonces, Frontino no habría de hacer lo propio con José María Gaviria
Vélez?
Un
monumento en Frontino tendría un triple propósito: rendir homenaje al poeta, a
la amistad y al perro. Y tendría hoy todavía mayor significado, cuando los
canes han dejado de ser solamente guardianes de las casas para convertirse en
verdaderos integrantes de nuestras familias.
Así
lo anticipó, de alguna manera, el poeta en sus versos:
“En esas
estaba yo y en ese instante
un ser
indiferente a mis pesares,
como
ninguno, cariñoso, amante;
me
persiguió, pero seguí adelante:
era
el perro guardián de los hogares”.
Queda,
entonces, abierta la invitación a las instituciones públicas y privadas, a las
organizaciones culturales, a los historiadores, a los artistas, a los amantes
de las letras, a los frontineños y a todos aquellos que valoran la amistad y la
nobleza de los animales:
Construyamos
en Frontino un monumento a José María Gaviria Vélez, autor de un verdadero
himno universal a la amistad y al perro.
Seis meses sin ti
José Leonardo Rincón, S. J.
Yo
sí creí que la muerte de mi madre, hoy hace seis meses, me iba a dar muy duro y
que el vacío de su partida sería dolorosamente insoportable. No ha sido así. La
certeza de que está con Dios me produjo una paz muy grande. Además, ella lo
quería pues 98 años de vida, intensamente vivida, habían sido suficientes.
También el deterioro de su salud se había aumentado y los dolores de la artrosis
se volvieron más fuertes y no había medicina que la pudiese ayudar
efectivamente.
Me
fui haciendo a la idea de que su partida sería relativamente pronto. Eso me
ayudó también para irme preparando espiritual y psicológicamente para tan
amargo momento. La muerte es una realidad ineludible que hay que aceptar sin
miedos y asumir sin dolores insuperables. El dolor y el luto son ineludibles
pero el duelo no puede ser eterno. Si ella goza de la presencia de Dios, si su
mayor felicidad era encontrarse con el Señor a quien siguió fielmente y con la
Virgen María a quien invocaba a cada instante, ¿por qué entonces deberíamos
estar tristes?
De
todas maneras, hace falta su presencia física. Claro, uno quisiera tenerla cerca
para compartirle los gozos y las penas, quisiera llamarla para reportarme,
quisiera simplemente estar a su lado… Todos lo sabemos: madre solo hay una y no
hay ni habrá ser en el mundo que lo ame a uno tanto como su propia madre. En
estos días, en sus palabras para posesionarme en la misión que me ha
encomendado, el padre provincial inició diciendo que era portador de abrazos y
el primero sería de mi madre quien se sentiría muy contenta en ese día. De
seguro que sí. Todas las madres se sienten orgullosas de sus hijos y aunque nos
equivocásemos nos amarían igual.
Seis
meses sin ti. No es mucho tiempo, pero lo siento como si hubiese sido hace
mucho tiempo. Estos meses han sido muy intensos, densos, pero se han
sobrellevado finalmente en paz. Tengo una tramitadora en el cielo muy
eficiente. Eso se mueve de aquí para allá, de allá para acá y acuyá. La siento
celosa protectora y ágil facilitadora. Es una angelita de la guarda, silenciosa
y discreta pero siempre atenta y muy pendiente.
Mi
negrita chocolatera, la niña Cexi, mi zorrito bello, la doctora, entre otros
apodos que le tenía, sigue viva en mi corazón. Se quejaba porque le apretaba
las narices entre mis dedos cual pinza, porque tras pequeña se iba a quedar sin
nada. Un sorpresivo mordisco en sus cachetes o la amenaza de convertirla en un plato
favorito la hacían reír. Esas tontas ocurrencias con las que jugábamos siendo
viejos. Era una niña viendo caricaturas, riéndose con las pilatunas de los
animalitos. Juiciosa leyendo la prensa o devorando libros edificantes. Amena
conversadora y consejera espiritual. ¡Gratos recuerdos! Las eucaristías siguen
siendo por ti. El santo rosario cotidiano es un compromiso. La acción de
gracias a Dios por tu vida se prolonga en el tiempo. Gracias Señor.
jueves, 1 de octubre de 2026
La calle donde los árboles aprendieron a despedir a los muertos
Fredy Angarita
Creo que todos los habitantes de Medellín
alguna vez tuvimos que ver, o al menos escuchar hablar, de la mal llamada “Calle
de las Funerarias”. Seguramente conocemos a alguien a quien le hicieron su
despedida en alguna de las salas de esta calle, o hemos pasado frente a ellas
sin preguntarnos por qué están allí. Para quienes no lo saben, y también para
quienes creen saberlo, me refiero a la calle Juan del Corral.
En esta historia me voy a concentrar en el
tramo comprendido entre las carreras 59 y 62, un corredor cuya principal
actividad terminó siendo el duelo… con el tiempo se convirtió en uno de los
principales sectores funerarios de Medellín, pero no siempre fue así.
Antes del boom de las funerarias, que comenzó a
hacerse evidente especialmente a partir de la década de 1950, Juan del Corral
era una calle residencial y comercial. Todavía quedan habitantes y documentos
que permiten reconstruir parte de aquella historia, cuando el sector tenía otra
vida y la muerte todavía no había convertido la calle en su territorio.[1]
Por la carrera 62, frente a la Universidad de Antioquia, aparecen las Roystonea regia (La palma real). La identificación que les da la Alcaldía de Medellin en el listado de categorías es el 95, 96 y 97. Por la carrera 59 nos recibe el “árbol 53”. Las cuatro son testigos silenciosos de una transformación que ocurrió mucho más lentamente de lo que hoy imaginamos.
“Árboles y palmas de interés cultural (históricos):
125 candidatos”
|
Fuente:
Alcaldía de Medellín |
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|
53 |
Ficus elástica |
Falso caucho |
Juan del Corral con la calle 58, separador central |
|
95 |
Roystonea regia |
Palma real |
Juan del Corral frente a la Facultad
de Medicina, entre calle 62 y 64 |
|
96 |
Roystonea regia |
Palma real |
Juan del Corral, frente al Parque de la Vida (ejemplar 1) |
|
97 |
Roystonea regia |
Palma real |
Juan del Corral, frente al Parque de
la Vida (ejemplar 2) |
De los árboles 95, 96 y 97 existen datos particularmente interesantes sobre su nacimiento: están registrados como árboles sembrados en 1930.
Pero antes de que llegaran los muertos, allí
vivían los vivos. Por entonces, alrededor de Juan del Corral se levantaban las
casas de algunas de las familias que participaron en la transformación
económica de Medellín: los Olano, los Echavarría, los Escobar, los Toro, los
Mejía, los Vásquez y los Ospina. Varias de aquellas antiguas viviendas terminaron
convirtiéndose, muchos años después, en funerarias.
La Funeraria Rendón, fundada en 1872, es
considerada una de las primeras del país. Su historia comenzó en la Plazuela
San Ignacio y posteriormente, a comienzos del siglo XX, se trasladó hacia Juan
del Corral, cerca de la avenida De Greiff, en un lugar que posteriormente
ocuparía el edificio donde estuvo la Papelería Bolívar.[2]
La Rendón no solamente fabricaba ataúdes.
También introdujo en Medellín el coche fúnebre, inicialmente una carroza de
tracción animal. La ciudad comenzaba a cambiar la manera de despedir a sus
muertos.
Después llegaría la Funeraria Betancur, fundada
en 1912, que inicialmente estuvo ubicada en Carabobo y en la década de 1930 se
trasladó a Juan del Corral.
Pero la verdadera concentración funeraria se
produjo después.
A partir de mediados del siglo XX fueron
apareciendo nuevas empresas: Fraternidad, en 1948; Metropolitana, en 1950; la Medellín
y la Moderna, en 1951; Imperial, en 1963; San Fernando, en 1964; San Luis, en
1965; la llamada San Ignacio y la Nazareno, en 1966; Campos del Recuerdo, en
1972; Ser, en 1974; San Vicente, en 1980; El Socorro, en 1983; La Esperanza, en
1985; Gómez, en 1986; San Juan Bautista, en 1991; Vivir-Los Olivos y Los
Olivos, en 1998, y Cootrafa Social, en 2002.
No fue una casualidad que terminaran
concentrándose allí. Las razones se fueron acumulando con el tiempo.
El Cementerio de San Pedro estaba relativamente
cerca y desde el siglo XIX este sector estaba relacionado con los recorridos de
los entierros.
Y había otro elemento que hoy resulta todavía
más paradójico: los hospitales. Muy cerca estaban el Hospital San Vicente, la
Facultad de Medicina, la Facultad de Odontología, la Facultad de Enfermería,
Salud Pública, la IPS Universitaria y diferentes instituciones relacionadas con
la investigación y la atención en salud.
Juan del Corral terminó concentrando, casi como
una ironía de la ciudad, los lugares donde se intenta salvar la vida y los
lugares donde se despide a los muertos. A pocos pasos se encontraba quien
luchaba por vivir y, un poco más allá, quien sería despedido.
La iglesia de Jesús Nazareno terminó
convirtiéndose en uno de los lugares importantes para las exequias. Cuando las
funerarias comenzaron a consolidarse, la iglesia ya estaba allí.
La historia comenzó en 1895, cuando doña Isabel
Echavarría impulsó la construcción de una pequeña capilla sobre la entonces
avenida Carabobo dedicada a Jesús Nazareno. La obra comenzó el 25 de febrero de
1895 y terminó el 5 de agosto de 1899. Al día siguiente fue trasladada allí la
imagen de Jesús Nazareno y se inauguró el templo. Décadas después, en 1941, se
colocó la primera piedra de la nueva iglesia. La construcción tomó
aproximadamente doce años y fue terminada e inaugurada en 1953. El proyecto fue
realizado por el sacerdote y arquitecto vasco Vicente Flumencio Galicia Arrúe,
con participación de Luis Llach. La iglesia quedó protegida por su importancia
histórica y arquitectónica. Mediante la Resolución 1792 de 2000, el Ministerio
de Cultura declaró la antigua ermita y la iglesia de Jesús Nazareno Bien de
Interés Cultural de carácter nacional.[3]
Pero hay otro nombre que aparece en esta
historia y que, curiosamente, tampoco pertenece a la muerte.
Juan Bautista del Corral y Alonso nació en Mompox el 23 de junio de 1778 y murió en Rionegro el 7 de abril de 1814. En julio de 1813, cuando existía una amenaza militar española, fue elegido presidente-dictador del Estado de Antioquia. El 11 de agosto de 1813 promulgó la declaración de independencia absoluta de Antioquia, rompiendo formalmente la relación política con la monarquía española. Y pocos días después, el 21 de agosto, elevó a Medellín de villa a ciudad. Por eso su nombre quedó ligado a la historia de Antioquia y de Medellín.
En la calle que lleva el nombre de un hombre que ayudó a convertir a Medellín en ciudad que se convirtió en uno de los principales corredores funerarios de esa misma ciudad, hoy están la Funeraria Gómez, Los Olivos, Funeraria Antioquia, San Vicente y Jardines del Renacer, San Juan Bautista, Asociación Santa Clara, Jesús Nazareno, El Socorro, Casa de Funerales Juan del Corral y Funerales Antioquia. De aquellas que nacieron durante el boom quedan pocas, y en medio de todo esto están los árboles.“Cuando pienso en mi
infancia, no pienso en una calle. Pienso en tierra. Pienso en un lugar que
todavía no había adquirido completamente la forma que ustedes conocen.
Después la ciudad
comenzó a ordenar el espacio. La avenida Juan del Corral fue tomando forma y,
con ella, llegó una idea que habría de cambiar mi vida: un paseo central
acompañado de árboles.
En 1932, el Concejo de
Medellín autorizó ese paseo arborizado, Quizá yo ya estaba aquí, quizá todavía
no. No puedo asegurarlo. Esa es una de las cosas que ustedes tendrán que
investigar por mí ya que no tengo fecha de nacimiento.
Yo solamente puedo
decir que, desde entonces, la historia de esta avenida quedó unida a la de sus
árboles. Y eso, para mí, es importante. Porque una ciudad puede cambiar de
nombre, de edificios y de vehículos. Pero mientras haya un árbol en el mismo
lugar, alguien todavía puede decir: aquí hubo una historia.
Durante un tiempo no
fui un árbol de funerarias. Eso vendría después. A mi alrededor hubo casas de
familias importantes de Medellín. Algunas tenían un piso, otras, dos, y se
adornaban con jardines, ventanas y fachadas que miraban hacia la calle.
La ciudad todavía
parecía creer que podía crecer sin destruir completamente lo que había
construido antes.
Yo veía entrar y salir familias,
empleados, hombres con sombrero, niños, mujeres, personas que probablemente
nunca imaginaron que, muchos años después, sus casas serían reemplazadas,
transformadas o utilizadas para otros propósitos, y yo seguía creciendo.
La historia del sector
funerario tenía raíces antiguas, así como las mías, pero no llegaron aquí todas
de una vez. Primero fueron unas pocas. Después fueron más. Comenzaron a
instalarse, las casas se adecuaron en Juan del Corral y la calle fue
adquiriendo una reputación que nadie había planeado cuando plantaron los
árboles.
Pero también vi cambiar
la manera de despedir a los muertos. Antes había otros rituales. Después
aparecieron los automóviles fúnebres, luego llegaron las salas de velación y
nuevas formas de entender la muerte. Y la calle aprendió a convivir con sus
ceremonias fúnebres.
Hoy la gente pasa
frente a mí con el teléfono en la mano. Algunos me miran, otros no. Hay quienes
fotografían mis ramas. Otros esperan el cambio del semáforo.
Los carros siguen pasando, las funerarias siguen haciendo parte de la historia de la avenida, los hospitales continúan recibiendo pacientes. La ciudad sigue creciendo. Y yo sigo aquí.
No sé cuánto tiempo me queda. Ustedes creen que la ciudad les pertenece porque la construyeron, nosotros sabemos que solamente están de paso”.
Y quizá por eso, cuando uno camina por Juan del
Corral, debería mirar un poco más arriba.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Conversatorio con Cristian Halaby
En el nuevo “Conversatorio de la Semana”, Antonio Montoya H. conversa con Cristian Halaby, empresario y dirigente gremial, sobre su visión de Colombia, la participación ciudadana, el futuro del sector empresarial y laboral, los retos de la industria del plástico y la necesidad de construir un país con mayores oportunidades. No dejes de verlo. Cristian Halaby Fernández es un empresario antioqueño con más de 25 años de trayectoria en los sectores químico, plástico y manufacturero. Economista y politólogo de la Universidad de Pepperdine, en California, y magíster en Liderazgo Positivo y Estrategia de IE University, en España, ha ocupado cargos directivos en empresas de productos químicos y plásticos y actualmente está vinculado a BYCSA y NEXU. Su trayectoria también se ha destacado en el ámbito gremial: ha presidido la Cámara Ambiental del Plástico, que reúne a empresas del sector, y el Comité de Químicos y Agroquímicos de Fenalco Antioquia, además de participar en juntas directivas de organizaciones empresariales. Es fundador de ECOBYC, iniciativa orientada al desarrollo de empaques sostenibles, y ha promovido temas como la economía circular, la innovación y la biodegradación de plásticos. En 2023 incursionó en la política como candidato a la Gobernación de Antioquia y, en julio de 2026, recibió de la Asamblea Departamental la Orden al Mérito Cívico y Empresarial Mariscal Jorge Robledo, Grado Plata, como reconocimiento a su trayectoria y liderazgo.

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