miércoles, 16 de septiembre de 2026

Conversatorio con Liliana Botero Van Cleff


En esta conversación con Antonio Montoya, la abogada de la Universidad de Medellín y consultora empresarial Liliana Botero Van Cleff cuenta cómo llegó al mundo del vino tras vivir cerca de diez años entre México y Francia. Allí se formó como sommelier y, en 2011, fue invitada a integrar la Confrérie des Chevaliers du Tastevin, en Borgoña, de la que afirma ser la única representante en Colombia. Aunque el vino es para ella una pasión y un hobby, comparte su conocimiento sobre catas, maridajes, aromas y las condiciones que permiten apreciar cada variedad.

Botero destaca el crecimiento de la cultura del vino en Antioquia y propone dar mayor visibilidad a los productores locales, pues su trabajo puede generar empleo y reconocimiento internacional. Como ejemplo, menciona un viñedo de Olaya que conoció en un concurso en Bruselas y que, según relata, ha recibido numerosas medallas. Su consejo para quienes empiezan a explorar este universo es sencillo: el mejor vino no es necesariamente el más costoso ni el más famoso, sino el que mejor se ajusta al gusto de cada persona.

martes, 15 de septiembre de 2026

De cara al porvenir: desarrollo fronterizo

Pedro Juan Gonzalez Carvajal
Pedro Juan Gonzalez Carvajal

1. Contexto general

Colombia tiene 6342 kms de frontera terrestre. Las ciudades fronterizas han sido tratadas como “periferia” y no como “puertas”. Resultado: informalidad mayor al 60 %, contrabando, migración desordenada y PIB per cápita 40 % menor al promedio nacional. La estrategia debe pasar de “muro” a “bisagra”: convertir cada ciudad en hub logístico, cultural y de servicios para su país vecino.

Sería más que necesario y oportuno que el nuevo gobierno acometiera lo que es apropiado para impulsar estas zonas estratégicas.

2. Frontera con Venezuela - 2219 km

Cúcuta, Norte de Santander

Vocación: hub logístico y de maquila binacional. Puente natural hacia el lago de Maracaibo. Posible interconexión con el Pacífico colombiano a través de gasoductos y oleoductos.

Obra ancla: Zona Económica Especial Binacional en el área de Ureña - Cúcuta más Centro Logístico en Cenabastos. Reabrir ferrocarril Cúcuta - Puerto Santander.

Impacto rápido 2026 - 2027: Distrito de salud para atención a migrantes más simplificación aduanera 24/7 en puentes Simón Bolívar y Atanasio Girardot.

Meta: Formalizar 30 000 empleos de comercio transfronterizo.

Arauca, Arauca

Vocación: despensa agroindustrial y puerto fluvial sobre el río Arauca.

Obra ancla: puerto multimodal de Arauca más pavimentación total vía Tame - Arauca. Dragado del río para conectar con el Orinoco.

Impacto rápido: distrito de riego para arroz y cacao más universidad técnica agropecuaria binacional.

Meta: Exportar 100 000 ton/año de alimentos al Estado Apure.

Puerto Carreño, Vichada

Vocación: puerto sobre el Orinoco y puerta a la Amazonía - Orinoquía.

Obra ancla: puente sobre el río Meta más puerto de carga Puerto Carreño. Pavimentar vía Puerto Gaitán - Puerto Carreño.

Impacto rápido: zona franca agroforestal más interconexión eléctrica desde Meta.

Meta: ser la alternativa fluvial a Buenaventura para el centro del país.

Maicao, La Guajira

Vocación: hub comercial y energético con Zulia.

Obra ancla: Parque eólico, más línea de transmisión binacional, más modernización de la aduana Paraguachón.

Impacto rápido: mercado binacional formal con moneda digital más distrito de confecciones wayúu.

Meta: reducir contrabando 50 % vía formalización.

3. Frontera con Brasil - 1645 km

Leticia, Amazonas

Vocación: capital de la triple frontera amazónica. Turismo científico, bioeconomía y seguridad.

Obra ancla: Aeropuerto 24 horas con pista ampliada más malecón trinacional Tabatinga – Leticia - Santa Rosa. Puerto de carga sobre el Amazonas.

Impacto rápido: Centro de Investigación en Biodiversidad con Brasil y Perú más visa amazónica única para turistas.

Meta: 200 000 turistas/año y 500 investigadores residentes.

4. Frontera con Perú - 1626 km

Puerto Leguízamo, Putumayo

Vocación: puerto amazónico sobre el río Putumayo y nodo de conservación.

Obra ancla: muelle de carga más carretera Puerto Leguízamo - La Tagua - Pitalito pavimentada. Conecta Putumayo con Huila sin dar la vuelta por Mocoa.

Impacto rápido: escuela taller de construcción naval artesanal más laboratorio de productos no maderables.

Meta: mover 50 000 ton/año de carga hacia Iquitos y Manaos.

5. Frontera con Ecuador - 586 km

Ipiales, Nariño

Vocación: hub logístico andino y de turismo religioso - comercial.

Obra ancla: Centro Binacional de Atención en Frontera CEBAF Rumichaca II, más doble calzada Pasto - Rumichaca terminada, más zona franca de servicios.

Impacto rápido: corredor turístico Santuario de Las Lajas - Tulcán más tren ligero Ipiales - Tulcán.

Meta: pasar de 3M a 6M de cruces/año y que 40 % sea carga de alto valor.

San Miguel, Putumayo

Vocación: puerto petrolero y agrícola sobre el río San Miguel.

Obra ancla: variante San Francisco - Mocoa terminada más puente internacional San Miguel nuevo.

Impacto rápido: clúster de derivados de chontaduro y sacha inchi para Ecuador.

Meta: ser la salida rápida de Putumayo hacia Esmeraldas.

6. Frontera con Panamá - 266 km

La principal obra conjunta pendiente es la terminación del tramo faltante de la Carretera Panamericana que tiene una extensión entre 100 y 160 Kms entre Yaviza en Panamá y Lomas Aisladas en Turbo, Colombia.

Acandí / Capurganá, Chocó

Vocación: turismo binacional de selva y playa más seguridad migratoria.

Obra ancla: muelle turístico internacional más vía Titumate – Balboa - Yaviza. Antioquia y Chocó llevan 100 años sin conectarse por tierra.

Impacto rápido: hospital de segundo nivel en Acandí más estación migratoria con USAID y Panamá.

Meta: ordenar el flujo del Darién y captar 100 000 turistas/año de alto gasto.

Juradó, Chocó

Vocación: pesca industrial y conservación del Pacífico binacional.

Obra ancla: Aeropuerto regional más muelle pesquero de aguas profundas.

Impacto rápido: planta de frío para atún y pesca blanca más acuerdo pesquero con Jaqué, Panamá.

Meta: exportar 5000 ton/año de pesca formal.

7. Frontera Insular San Andrés y Providencia

Caso especial y atención particular merecen San Andrés y Providencia junto con los Cayos que configuran el Archipiélago, ya que se encuentran a una distancia entre 720 y 775 Kms de la Colombia continental, y más cerca de Nicaragua a unos 220 Kms, país con el cual hemos tenido dificultades históricas en términos de delimitación de fronteras marinas y submarinas y con quien hoy tenemos casos abiertos ante la Corte Internacional de La Haya.

En noviembre 19 de 2012 la Corte Internacional de La Haya falló a favor de Nicaragua y Colombia perdió 75 000 kilómetros cuadrados de mar, es decir un poco más que la extensión del departamento de Antioquia que tiene 63 000 kilómetros cuadrados.

Componentes principales del archipiélago:

Islas mayores: San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Cayos e islotes principales: Serrana, Serranilla, Albuquerque, Roncador, Quitasueño, Bajo Nuevo, y Cayo del Este y Sudeste.

Extensión: El departamento abarca una pequeña superficie terrestre de unos 52,5 a 57 km², pero incluye una enorme extensión marina protegida como la Reserva de Biosfera Seaflower.

La Reserva de Biosfera Seaflower en Colombia tiene una extensión aproximada de 180 000 a 300 000 kilómetros cuadrados (18 a 30 millones de hectáreas), dependiendo de la delimitación técnica y el área marina total considerada en el mar Caribe.

La inclusión cultural, social, política y económica del Archipiélago con la Colombia continental, así como una presencia efectiva del Estado, es requisito básico para consolidar la relación inalienable e innegociable que existe entre todos los colombianos a nivel continental e insular.

Estrategia transversal para todas las ciudades:

a. Marco legal: ley de fronteras que cree “distritos especiales fronterizos” con régimen tributario 5 %, visa especial, y autoridad única de frontera.

b. Infraestructura. el 80 % del problema es conectividad. Priorizar: aeropuertos 24 horas, puertos fluviales, pasos fronterizos 4.0 y energía estable. Sin eso, no hay inversión.

c. Capital humano: SENA Binacional en cada ciudad más universidad con doble titulación. El arraigo evita que el talento emigre.

d. Seguridad: no es militarizar. Es formalizar. Donde hay empleo y Estado, no hay espacio para ilegales. CEBAF + DIAN + Migración + Policía fiscal integrados.

e. Identidad: festivales binacionales, moneda local fronteriza y TV/radio pública compartida. La frontera debe sentirse orgullosa, no olvidada.

Estrategia de financiación: 40 % Obras por Impuestos, 30 % cooperación binacional, 20 % regalías de asignación regional, 10 % APP. Costo estimado del plan: $18 billones a 10 años. Retorno: 1.8 % PIB adicional por año vía comercio y turismo.

Conclusión: La deuda histórica con las fronteras es tratarlas como orilla. El desarrollo de Colombia está en sus bordes. Cada ciudad fronteriza debe pasar de ser “patio trasero” a “sala de negocios” con sus vecinos. Si Cúcuta, Leticia e Ipiales despegan, el país entero se mueve.

Son tantas las variables comunes que compartimos, que pensar en una Zona Franca formal entre Cúcuta y San Antonio del Táchira y otra entre Ipiales y Tulcán, no es una idea traída de los cabellos, siempre y cuando los asuntos de seguridad sean resueltos por Colombia.

De igual manera el aprovechamiento de las redes fluviales conjuntas merece atención aparte.

La deforestación del bosque tropical, parte 1

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

Los bosques primarios de los trópicos húmedos son ecosistemas complejos, especialmente importantes para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y la regulación del clima regional y global.

Los principales bosques tropicales del mundo se ubican en la zona intertropical, cerca de la línea ecuatorial. Estos bosques concentran en América del Sur (La Amazonía), África Central y Occidental (La cuenca del río Congo) y Sudeste Asiático (Sondalandia y archipiélagos) y Oceanía. De ellos, la cuenca del río Amazonas es el bosque tropical más extenso y biodiverso del planeta, seguida por la cuenca del río Congo.

En mi libro Cambio climático e impacto global. Un marco viable de transición energética para Colombia (Fondo Editorial EIA, 2024) se muestra como la tala, los incendios y la degradación del bosque amazónico, son los principales causantes de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), así como de la pérdida de la biodiversidad en gran parte de Suramérica, con afectaciones extensivas a nivel global. Estas mismas causas extensivas a los bosques tropicales arriba referidos contribuyen entre el 10 % y el 33 % de las emisiones mundiales de GEI. En Brasil y Colombia, los casos más críticos, la tala, los incendios y la degradación del bosque amazónico generan entre el 40 % y el 50 % de los GEI. Sobre causas y afectaciones de la degradación del bosque, ver Nota [1].

Ahora me propongo volver sobre la tala, los incendios y la degradación del bosque tropical con dos artículos, de los cuales este es el primero de ellos, con el propósito de aportar nuevos conocimientos y perspectivas sobre este crucial asunto.

Un reciente informe de Global Forest Watch titulado “La pérdida de selva tropical se ralentizó en 2025, pero los incendios representan una amenaza creciente para los bosques de todo el mundo”[2], autoría de Elizabeth Goldman et al., se centra principalmente en la pérdida del bosque en los trópicos, ya que es allí donde se produce el 94 % de la deforestación, es decir, la eliminación de bosques causada por el ser humano.

Los incendios forestales en un 90 – 95 % de los casos son provocados por actividades antrópicas, aunque también intervienen factores naturales y climáticos. Entre las principales causas antrópicas se incluyen: 1. Acciones intencionadas: quemas para siembra de cultivos ilícitos y para minería ilegal, ampliación de la frontera agrícola y potrerización, caza o vandalismo; 2. Negligencias: fogatas mal apagadas, colillas de cigarrillos, quema de basura y quemas agropecuarias sin control, y 3. Accidentales: chispas de maquinaria, fallas en redes eléctricas o accidentes en vías.

Empecemos con los países que registran la mayor pérdida de bosque tropical.

Brasil, el país que posee la mayor parte de la selva amazónica, registra la más alta deforestación y pérdida de bosque primario en el mundo. En 2025, según lo señala Global Forest Watch[3], Brasil perdió 2,6 millones de hectáreas de cobertura arbórea en su selva tropical húmeda, por causa, en su mayor parte, de incendios, ganadería y agricultura.

Bolivia es el segundo país con mayor pérdida de bosque tropical en el mundo. En 2024, el país perdió 1,8 millones de hectáreas de bosque y el 83 % de esa destrucción corresponde a bosque primario. Esta cifra triplica la registrada en 2023, cuando perdió 490 000 hectáreas de bosque primario. En su mayoría este incremento se debe a los incendios forestales sufridos durante 2024.

La República Democrática del Congo (RDC) alberga una vasta porción de la segunda selva tropical más grande del mundo, y es el tercer país con mayor pérdida de bosques tropicales. Según los registros de Global Forest Watch, entre 2002 y 2025 la RDC perdió 8 millones de hectáreas de bosque primario húmedo, lo que equivale a una reducción del 8 % de su superficie original. Esta pérdida es atribuible a la agricultura de subsistencia, la extracción de leña y la tala comercial del bosque. El Instituto de Recursos Mundiales afirma que el crecimiento demográfico y el desplazamiento forzado, debido a los conflictos bélicos en la zona, han sido determinantes en los crecientes niveles de pérdida de la cubierta arbórea.

Camerún, parte vital de la cuenca del río Congo, desde el año 2000 ha perdido más de 2,2 millones de hectáreas de cubierta forestal. Sus bosques primarios están amenazados por redes de tala ilegal, minería, expansión de agroindustrias (caucho y aceite de palma) y cultivos de cacao.

Indonesia alberga la tercera mayor extensión de selva tropical del mundo, pero en los últimos 25 años ha perdido cerca de una cuarta parte de sus bosques, con más de11 millones de hectáreas de bosque primario húmedo talados desde 2002. La deforestación es impulsada principalmente por la industria del aceite de palma, las plantaciones de celulosa, la minería y los incendios forestales.

La deforestación en Laos genera una de las crisis ambientales más graves del mundo. Los bosques primarios desaparecen a una tasa alarmante (hasta cinco veces más rápido que en Brasil), impulsada por la agricultura industrial.

La lista continua con Perú con 160 000 hectáreas anuales arrasadas. Esta pérdida es impulsada principalmente por la agricultura migratoria, la minería ilegal de oro y la tala del bosque.

Ecuador perdió cerca de 240 000 hectáreas de bosque tropical natural entre 2020 y 2024. Las principales causas de la deforestación son la expansión agrícola y ganadera.

La deforestación en Colombia, tras dos años de descenso, experimentó un repunte significativo durante 2024, cuando perdió 113 608 hectáreas de bosque tropical, un incremento de 43 % frente al periodo anterior. La región amazónica es la más afectada por la deforestación, impulsada por economías ilícitas y los grupos armados por fuera de la ley. En 2025, la deforestación en la Amazonía colombiana alcanzó 72 409 hectáreas. Aunque entre enero y septiembre de 2025 los registros mostraron una reducción del 25 % frente al 2024, los incendios y una mayor tala de bosques en el último trimestre llevó a un incremento total en el área deforestada del 6 % anual en esta región.

En la próxima columna me referiré a la degradación del bosque amazónico por causa de la deforestación y de los incendios, así como a las políticas conservacionistas que nuestros países han puesto en acción.



[1] Nota 1. La degradación del bosque ocurre en zonas aledañas a las áreas deforestadas o devastadas por los incendios, generada por el llamado “efecto de bode” resultante de la fragmentación del hábitat, lo que conlleva la pérdida gradual de la salud, estructura y funciones vitales de la selva. Un bosque degradado, aunque sigue estando de pie, ha perdido su biodiversidad, su capacidad de regular el clima y su resiliencia frente a incendios o sequías. Para el profesor David Lapola de la Universidad de Campiñas (Brasil), la degradación del bosque amazónico puede llegar a provocar una pérdida de biodiversidad al mismo nivel de la misma deforestación.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 162


En esta nueva entrega de Sucesos de la Semana, Antonio Montoya H. comenta asuntos de interés nacional e internacional: las acusaciones por presunta corrupción de la familia del exalcalde Quintero, en Medellín, la seguridad en Colombia, el avance de la ultraderecha en Europa, los riesgos de la inteligencia artificial y la relación con Estados Unidos. También examina la preocupación por el abastecimiento de agua y energía ante el fenómeno de El Niño. No dejes de verlo.

El valor del mutuo respeto en lo asociativo

Luis Guillemo Echeverri Vélez
Luis Guillemo Echeverri Vélez

“Quien no se respeta a sí mismo honrando su palabra nunca respeta a los demás”. En todo tipo de sociedad el entendimiento entre las partes depende esencialmente del equilibrio que garantiza el mutuo respeto; en las sociedades privadas, en lo público-privado y lo institucional, lo demás termina en problemas y generación de pérdidas para todos los interesados.

Guillermo Echavarría Restrepo, el mejor agricultor que he conocido en mi vida, descendiente de hombres de la talla de héroes nacionales como el visionario e innovador empresarial don Guillermo Echavarría Misas y el expresidente Carlos Eugenio Restrepo Restrepo; fue mi primer socio en agricultura cuando aún éramos dos adolescentes y el día que resolvimos sembrar en compañía me dio la primera y más importante lección empresarial que he recibido en mi vida cuando me dijo:

“Primo, (la forma, en que por nuestra entrañable amistad desde que gateábamos juntos nos hemos tratado en la vida) cuando uno se asocia con alguien para que eso funcione bien, solo existe una manera, que cada uno sea el que cuida de los intereses del otro, usted cuida los míos y yo cuido los suyos, de lo contrario lo que estamos haciendo es crear un problema en lugar de asociarnos para generar un buen negocio”. Así convenimos y nos dimos la mano sin que mediara tinta ni papel alguno más que el honrar la palabra y jamás tuvimos una sola diferencia, nunca una desconfianza, un sí, ni un no, cada uno cumplió a rajatabla mientras la vida nos permitió vivir en el mismo pueblo, sembrar la tierra, dar empleo y generar valor en compañía.

Todas las sociedades, las que integran las naciones mediante los pactos sociales y las que fundan los particulares dentro de las reglas que establece el Estado de derecho, parten de un principio fundacional y esencial: hay asociación cuando cada socio cuida de los intereses del otro. Lo demás deja de ser una sociedad y pasa a ser un conflicto de intereses encontrados escondido tras la necesidad o conveniencia temporal de cada parte, donde no existe el espíritu asociativo y tarde o temprano florece el germen disociativo.

Como hay honradez en la sociedad entre dos jóvenes agricultores que se dan la mano bajo esa máxima asociativa de que “somos socios si tú cuidas lo mío y yo cuido lo tuyo”, hay engaño cuando se aúnan intereses encontrados disfrazados de sociedad y lo más probable es que van a terminar mal. Eso lo deben entender las juntas directivas de los gremios y los gobiernos de los Estados al reconocer que la sostenibilidad de todo pacto social que representa los principios fundacionales de una nación y en especial los que enmarcan los sistemas de las libertades democráticas en repúblicas independientes, pues deben partir del principio fundamental y hermético de que: “se da la existencia del Estado para que cuide los intereses de la sociedad, no de los individuales de los gobernantes de turno ni de los partidos políticos, y es la sociedad representada en los gremios productivos que pagan los impuestos y en todos sus entes asociativos, quien debe velar por los intereses del Estado en representación de la nación, y no por los intereses individuales de sus dirigentes, o las empresas individuales que representan”.

El valor del espíritu asociativo debe estar representado en la búsqueda conjunta del Estado y los gremios y asociaciones de un propósito común de país que nos conduzca por la vía del desarrollo social, económico y cultural, y que nos permita a todos tener una mejor calidad de vida, una buena convivencia y sin duda un mayor bienestar colectivo.

Si desconocemos el sentido y el valor del mutuo respeto asociativo e institucional entre lo público y lo privado, como se debe comprender el equilibrio y la procura del mutuo beneficio fundamentado en la plena confianza entre dos amigos que se dan la mano con el firme propósito de ayudarse uno al otro, lo que vamos a seguir generando es el caos y el empobrecimiento colectivo que siempre resulta cuando alguien abusa de la confianza conferida, algo muy común cuando el poder inevitablemente se le sube a la gente a la cabeza.

Venezuela, ¿un círculo sin salida?

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Gran parte de los espacios noticiosos son copados por el conflicto venezolano, que parece no tener fin.

Esperaban los hermanos venezolanos, así como los demócratas del mundo entero, que, con la extracción del dictador Maduro para someterlo a la justicia norteamericana, se abriría la salida democrática que ese sufrido país espera desde hace más de 25 años.

Sin embargo, cada vez la frustración se apodera con más fuerza de los millones de exiliados que vagan por el mundo en busca de iniciar un nuevo plan de vida y de quienes permanecen todavía bajo el yugo del régimen espurio y violento de la señora Rodríguez.

La administración Trump ha manifestado su satisfacción por haber logrado un acuerdo histórico para la explotación de las reservas petrolíferas venezolanas, pero, en cuanto al regreso a la democracia, advierte que Venezuela no está preparada para un proceso electoral. ¿Cuándo lo va a estar?

Por su parte, la dictadora Rodríguez repite como lora mojada la misma fórmula, sin señalar siquiera una fecha aproximada para el inicio de un proceso electoral o dar a conocer un plan para su preparación.

Siguen los dirigentes de la oposición venezolana y los voceros de los presos políticos expresando su rechazo, sin la menor posibilidad de ser oídos. Parece ser que los norteamericanos están satisfechos con el arreglo logrado pues resuelve la precariedad de sus reservas de hidrocarburos frente al creciente consumo del mercado estadounidense. Y la camarilla gobernante de Venezuela también se conforma con la situación, pues dispone del poder militar, político y económico siempre y cuando obedezca los requerimientos de la potencia americana. Guarda, además, la esperanza de que, tarde o temprano, se producirá un cambio en el gobierno de U.S.A. que favorezca sus interesas.

¿Cuál sería, entonces, la manera de salir de este pernicioso círculo? Está en manos de la oposición, para lo cual debe adelantar sin dilación los siguientes pasos:

1. Suscribir un acuerdo de unidad entre todos los grupos opuestos al régimen actual. La realidad es que María Corina Machado aparece como la líder indiscutible de la mayoría de los venezolanos que quieren un régimen democrático, pero la suscripción de un documento de esta naturaleza y su difusión internacional intensificará su importancia.

2. Los suscriptores del documento elevarán una petición al presidente de USA para que, bajo su vigilancia, se convoque un proceso electoral para la elección de presidente y Tribunal Constitucional.

3. Comenzará designando un nuevo Consejo Nacional Electoral, encargado de organizar y supervisar las elecciones para garantizar su transparencia y el respeto de la voluntad popular. Deberá estar compuesto por 3 miembros designados por el régimen actual, 3 por los grupos inscritos de oposición y 3 árbitros internacionales, con voz y voto, designados por el gobierno de USA.

4. Desde la fecha de iniciación del proceso electoral todos los candidatos inscritos podrán residir y movilizarse libremente por el territorio venezolano, bajo la protección pública o privada proporcionada por el gobierno de USA.

5. Los inscritos como aspirantes se comprometen a respetar los acuerdos petrolíferos suscritos con el actual régimen para darles un sustento jurídico permanente del cual carecen en la actualidad, por estar suscritos por un gobierno que no ha sido elegido de acuerdo con la Constitución venezolana.

6. Estarán habilitados para votar los venezolanos residentes en territorio nacional o en el exterior y los presos políticos, los cuales deberán ser liberados antes de la fecha de los comicios.

7. Para los comicios se contratará una veeduría internacional absolutamente independiente, aprobada en el CNE.

8. Se socializará ante el mundo la petición al gobierno de USA para recolectar ayudas económicas, respaldos políticos y difusión a gran escala, hasta lograr que se cuente con un cronograma serio, y un agenda detallada y digna de credibilidad por parte de la oposición.

Nos duele el calvario que han tenido que sufrir nuestros vecinos y hermanos, y esperamos que estas reflexiones ayuden a abrirles un camino de esperanza en medio de tanta iniquidad.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Mientras discutimos qué deben pensar, ¿quién les enseña a pensar?

Fredy Angarita
Fredy Angarita

El 8 de septiembre llegó una de esas fechas en las que un país mira una cifra durante unos minutos, se indigna, busca un culpable y, casi siempre, vuelve a lo mismo.

La OCDE publicó los resultados de las pruebas PISA 2025. Más de 760.000 estudiantes de 15 años, pertenecientes a 91 países y economías, se sentaron frente a una prueba que intenta medir algo bastante sencillo de decir y bastante difícil de conseguir: qué tanto saben nuestros jóvenes, qué tanto comprenden lo que leen, cómo utilizan las matemáticas y qué tan capaces son de aplicar la ciencia para resolver problemas de la vida real.

Colombia obtuvo 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias. En las tres áreas estuvimos por debajo del promedio de la OCDE, frente a 2022, matemáticas cayó dos puntos, lectura nueve y ciencias aumentó tres. Sin embargo, ninguno de esos cambios fue estadísticamente significativo. Quizá el número sea lo menos importante.

Porque detrás de ese número hay un muchacho que no pudo resolver un problema matemático, Una joven que leyó un texto y no logró encontrar su idea principal.

Otro estudiante que sabe utilizar un teléfono con una habilidad que muchos adultos envidiarían, pero que todavía puede tener dificultades para distinguir entre una opinión y un hecho. Ahí empieza la verdadera historia. En matemáticas, apenas el 29 % de los estudiantes colombianos alcanzó el nivel mínimo de competencia. En lectura lo hizo el 46 % y en ciencias, el 50 %. Dicho de otra manera: aproximadamente siete de cada diez estudiantes colombianos no alcanzaron el nivel básico de competencia matemática que PISA considera mínimo. Y eso debería dolernos más que cualquier discusión pasajera.[1]

Hay algo curioso en este resultado. Mientras el mundo educativo comienza a preguntarse cómo enseñar en la época de la inteligencia artificial, nuestros estudiantes ya llegaron a ella. Colombia aparece entre los países con mayor utilización de herramientas de inteligencia artificial para actividades escolares. El 56 % de los estudiantes reportó utilizar chatbots de IA semanalmente o con mayor frecuencia para ayudarse a aprender, frente al 46 % del promedio de la OCDE. Cerca de cuatro de cada diez dicen utilizarlos para resumir textos o redactar trabajos.

Es decir, tenemos muchachos que pueden preguntarle a una máquina cómo resolver un problema antes de intentar resolverlo ellos mismos. Y aquí aparece una paradoja que merece más reflexión que escándalo. Estamos entrando rápidamente al futuro tecnológico mientras seguimos teniendo dificultades con algunas de las herramientas más antiguas del conocimiento: leer, comprender, escribir, argumentar y calcular.

La pregunta, entonces, no debería ser si nuestros estudiantes deben utilizar inteligencia artificial. La pregunta debería ser si saben pensar antes de preguntarle a la inteligencia artificial.

Aquí es donde aparece la política. Durante años hemos discutido apasionadamente sobre la educación. Sobre los manuales de convivencia, sobre la educación sexual, sobre la identidad de género, sobre la orientación sexual, sobre los valores, sobre Dios, sobre la familia, sobre lo que una escuela debe o no debe decirle a un niño. Todas esas discusiones pueden tener un lugar.

El problema aparece cuando terminan ocupando todo el lugar porque mientras nosotros discutimos qué deben creer nuestros hijos, alguien debería estar preguntándose qué están aprendiendo. No se trata de quitar la formación humana, emocional, sexual o ciudadana. Tampoco de desconocer la dignidad, las diferencias o los derechos de los estudiantes. Se trata de poner cada cosa en su sitio.

Un niño debe aprender a respetar al otro, Pero también debe aprender a leer. Debe aprender que nadie merece ser discriminado, Pero también debe aprender a resolver una ecuación.

Debe poder construir su identidad con libertad, pero también debería poder escribir correctamente una página, comprender un argumento, interpretar una gráfica y distinguir una fuente confiable de una mentira. Porque una cosa no debería excluir a la otra.

Tal vez el problema colombiano no sea que hablemos demasiado de ciertos temas, puede que sea que hablamos muy poco de lo esencial. Preguntémonos, por ejemplo, qué sabe hacer un joven de 15 años cuando termina su jornada escolar.

¿Puede leer cinco páginas sin mirar el teléfono?, ¿puede explicar con sus propias palabras lo que acaba de leer?, ¿puede escribir una página sin copiar de internet?, ¿puede hacer una operación matemática sin preguntarle inmediatamente a una aplicación?, ¿puede cuestionar una respuesta que le entrega una inteligencia artificial?, ¿puede defender una idea sin repetir la opinión de un influencer?, ¿puede escuchar a alguien que piensa diferente sin convertir la conversación en una pelea? Esas también son preguntas sobre educación.

Hay otro asunto que llama la atención cuando uno mira quiénes han ocupado el Ministerio de Educación durante los últimos años.

Los últimos diez titulares de la cartera muestran que Colombia ha puesto al frente de la educación nacional a personas con formaciones muy diversas: economistas, ingenieros, abogados, sociólogos y profesionales de otras áreas. Y eso no necesariamente es un problema.

Un ministro necesita capacidad administrativa, política, económica y de gestión. Necesita entender el Estado, el presupuesto, las regiones, los docentes, las universidades y las necesidades de millones de estudiantes. Pero hay una pregunta legítima que sí deberíamos hacernos:

¿Cuánto pesa realmente el conocimiento especializado en educación cuando se escoge a quien dirige la educación de un país?

Porque una cosa es administrar un sistema educativo y otra muy distinta es comprender profundamente cómo aprende un niño, cómo se forma un adolescente, cómo se enseña a leer, cómo se desarrolla el pensamiento matemático o cómo se construye una política docente capaz de transformar un salón de clase.

Diferentes perfiles, diferentes maneras de mirar la educación y los estudiantes siguen sentándose en el mismo pupitre.

¿Estamos logrando que aprendan más? Para mí este puede ser el verdadero problema. Cada gobierno llega con una idea de país.

Unos hablan de calidad, otros de cobertura, otros de equidad, otros de inclusión, otros de transformación, otros de valores, otros de derechos, otros de acceso. Y todos tienen algo de razón. Pero el estudiante no necesita discursos. Vive dentro de un salón, tiene un profesor, un tablero, un cuaderno, un computador, si tiene suerte, una familia, una realidad económica y, cada vez más, una inteligencia artificial dispuesta a contestarle casi cualquier pregunta.

Ese estudiante no necesita que los adultos le entreguemos solamente nuestras batallas culturales. Necesita herramientas. El mundo que lo espera no le va a preguntar cuál era la posición política de su ministro de Educación, le va a preguntar qué sabe hacer.

Tal vez se ha cometido un error cuando hablamos de educación. La hemos convertido demasiadas veces en una batalla entre adultos.

Mientras tanto, los muchachos esperan que alguien les enseñe, que alguien les exija, que alguien les diga que sí pueden, que la escuela sea una puerta. Sí, una puerta para el muchacho de un barrio de Medellín, para la niña de una escuela rural, para el joven que no tiene computador en su casa, para quien nació en una familia con recursos y para quien tuvo que compartir el teléfono de su madre para hacer una tarea.

La educación no debería decirle a un estudiante hasta dónde puede llegar. Debería darle las herramientas para llegar más lejos. Quizá sea hora de que Colombia deje de preguntarse solamente qué deben pensar nuestros hijos y empiece a preguntarse algo mucho más difícil: ¿les estamos enseñando a pensar?

Porque las creencias pueden acompañar una vida, los valores pueden orientarla, la identidad puede ayudarnos a comprender quiénes somos, pero, para abrirse camino en un mundo cada vez más competitivo hay algo que nadie debería quitarle a un muchacho: la posibilidad de aprender.

Y esa puerta, por ahora, todavía tenemos tiempo de abrirla.