martes, 28 de julio de 2026

De cara al porvenir: el acuerdo sobre lo fundamental (3 de 3)

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Este artículo ha consultado varias fuentes, entre ellas la IA.

El “Acuerdo sobre lo Fundamental”: origen, contenido y evolución de una idea para desarmar la política en Colombia.

1. ¿Qué se entiende por “Acuerdo sobre lo Fundamental”?

El “Acuerdo sobre lo Fundamental” es una tesis política planteada por Álvaro Gómez Hurtado en 1991, en medio de la Asamblea Nacional Constituyente. No es una ley ni un artículo constitucional. Es un concepto: la propuesta establece que una sociedad dividida por la violencia y la desconfianza debe pactar unos mínimos intocables para poder convivir.

“Lo fundamental” son esas reglas del juego que todos aceptan, sin importar si ganan o pierden las elecciones. Incluye: la vida, la propiedad privada, el régimen democrático, la independencia de la justicia, el monopolio de las armas en cabeza del Estado y la unidad nacional. La idea es sacar esos temas del debate electoral. Se compite por el gobierno, no por el régimen. Se discute el modelo económico, no si existe o no la propiedad. Se disputa el poder, no la existencia del Estado.

En palabras de Gómez: “Hagamos la política discutible, para que la patria sea indiscutible”. El acuerdo busca que la diferencia política no se degrade en guerra civil. Es un pacto civilizatorio previo a cualquier pacto de gobierno.

2. Origen histórico: el diagnóstico de la violencia

El concepto nace de una lectura histórica de Colombia. Gómez Hurtado, conservador y varias veces candidato presidencial, concluyó que el país no tenía guerras por hambre, sino por política. Desde el siglo XIX, liberales y conservadores no se mataban por pan, sino por el régimen: federalismo vs. centralismo, Estado laico vs. confesional, librecambio vs. protección. Cada elección era una apuesta existencial. El que perdía sentía que perdía la patria y tomaba las armas.

Esa lógica se repitió en la Violencia de los años 50, en el surgimiento de las guerrillas en los 60 y en el narcoterrorismo de los 80. Para Gómez, la raíz era la misma: no habíamos acordado lo fundamental. Todo estaba en disputa. Si el Estado mismo, la propiedad o la vida eran negociables según el resultado electoral, entonces la política era una guerra con otros medios.

Por eso, en la Constituyente de 1991, Gómez propuso el Acuerdo sobre lo Fundamental como precondición de la paz. Su argumento: no tiene sentido desarmar guerrillas si no desarmamos primero los espíritus. Y eso solo se logra si la derecha no siente que la izquierda va a abolir la propiedad, y si la izquierda no siente que la derecha va a usar el Estado para exterminarla.

3. Evolución histórica: de 1991 al proceso de paz

*1991, la Constituyente: el Acuerdo sobre lo Fundamental no quedó escrito como artículo, pero su espíritu impregnó la Carta. La Constitución del 91 es, en el fondo, un Acuerdo sobre lo Fundamental: consagra la propiedad privada con función social, Art. 58; crea la Corte Constitucional para arbitrar el régimen, no para gobernar, y establece que las Fuerzas Armadas tienen el monopolio de las armas, Art. 216. La Constituyente misma fue un ejercicio práctico del Acuerdo: guerrilleros del M-19, liberales, conservadores y movimientos sociales redactaron juntos las reglas de juego.

* Años 90 y 2000, el eclipse: La tesis perdió fuerza. El narcotráfico, el auge paramilitar y la expansión de las FARC mostraron que el Acuerdo sobre lo Fundamental no se había interiorizado. Cada actor seguía creyendo que podía refundar el país por la fuerza. El Gobierno de Uribe priorizó la “Seguridad democrática” —recuperar el monopolio de las armas— pero sin un pacto político de fondo. La oposición denunció que se estaba cerrando el régimen. El Acuerdo seguía pendiente.

* 2012-2016, La Habana: el proceso de paz con las FARC fue el mayor intento de materializar el Acuerdo sobre lo Fundamental desde 1991. Los seis puntos pactados —tierras, participación política, drogas, víctimas, fin del conflicto, implementación— eran, en la práctica, una delimitación de lo fundamental. Las FARC aceptaron dejar las armas y hacer política sin matar. El Estado aceptó que el problema agrario y la exclusión política eran reales y debían reformarse por vías democráticas. El plebiscito de 2016, aunque lo negó por poco margen, obligó a toda la sociedad a discutir qué cosas eran innegociables.

* 2018-2026, la polarización: tras el Acuerdo de Paz, el concepto volvió al debate. Sectores de derecha sienten que se cruzó la línea de “lo fundamental” al dar curules a ex-FARC y al crear la JEP. Sectores de izquierda sienten que el asesinato de líderes sociales demuestra que el derecho a la vida no es fundamental para todos. La frase de Gómez se cita hoy tanto para pedir “no tocar la propiedad” como para exigir “no matar opositores”. El Acuerdo sobre lo Fundamental sigue sin cerrarse.

4. Contenido actual del debate: ¿Qué es hoy “lo Fundamental”?

Casi 35 años después, hay consenso en algunos mínimos y disenso en otros:

Tema. Consenso. Disenso actual.

Vida: nadie defiende políticamente el homicidio. ¿El Estado protege igual a todos los líderes sociales?

Democracia: nadie propone dictadura. Se aceptan elecciones. ¿Las cortes tienen demasiado poder? ¿El “lawfare”anglicismo (contracción de law y warfare) que significa guerra jurídica o judicialización de la política y se refiere al uso indebido o abusivo de procedimientos legales, fiscales y judiciales para perseguir, desacreditar o inhabilitar a un adversario político, dándole una falsa apariencia de legalidad– reemplaza votos?

Propiedad: está en la Constitución. No hay proyecto de abolirla. ¿Hasta dónde llega la “función social”? ¿Expropiación exprés es válida?

Monopolio de armas: solo el Estado debe tenerlas. ¿Grupos armados ilegales son “actores políticos”? ¿Se negocia con ellos?

Unidad nacional: no hay separatismo fuerte. ¿Las autonomías regionales o indígenas rompen la unidad?

El Acuerdo sobre lo Fundamental, por tanto, no es estático. Es un proceso. Cada generación debe revalidarlo.

5. Conclusión: una tarea inconclusa

El “Acuerdo sobre lo Fundamental” es la vacuna de Gómez Hurtado contra la guerra civil. Su diagnóstico sigue vigente: mientras sintamos que en cada elección nos jugamos la existencia, la tentación de hacer trampa o de alzarse en armas no desaparece.

Su evolución muestra que Colombia ha avanzado. Pasamos de matarnos por la Constitución a matarnos por su interpretación. Ya no se discute si hay propiedad, sino qué tan redistributiva debe ser. Ya no se discute si hay elecciones, sino si son limpias. Eso es progreso, aunque no lo parezca.

Pero el Acuerdo no está sellado. Se rompe cada vez que un político llama “nefasto” al fallo de una Corte, cada vez que un grupo “mata para callar”, cada vez que se propone “refundar” el Estado desde cero.

Lograrlo exige entender que el adversario no es enemigo. Que se puede perder el gobierno sin perder la patria. Que hay cosas que no se tocan, para que todo lo demás se pueda discutir. Mientras no interioricemos eso, seguiremos administrando la violencia en lugar de superarla. Y el Acuerdo sobre lo Fundamental seguirá siendo una deuda, no un logro.

lunes, 27 de julio de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 155


En una nueva edición de Sucesos de la semana, Antonio Montoya H. analiza los principales acontecimientos nacionales e internacionales, entre ellos los efectos del fenómeno de El Niño y la respuesta del Gobierno colombiano; el anuncio de Daniel Ortega de eliminar las elecciones en Nicaragua y el rechazo que generó en la comunidad internacional; las críticas al discurso de despedida de Gustavo Petro ante el Congreso; y las primeras decisiones del presidente electo Abelardo de la Espriella, como la creación de sedes presidenciales alternas en Barranquilla, Medellín y Cali, su propuesta de convertir a Barranquilla en capital alterna y los desafíos logísticos, de seguridad y costos que implicaría realizar su posesión presidencial en el departamento del Cauca. Lo(a) invitamos a ver este nuevo capítulo.

El potencial del cobre en Colombia

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

El cobre es la piedra angular de la transición energética hacia las energías renovables no convencionales (solar y eólica). La producción mundial de unos 23 millones de toneladas anuales de dicho metal, que, según proyecciones, en menos de cinco años podría llegar a superar los 30 millones de toneladas, es impulsada por la creciente demanda de tecnologías como las energías eólica y solar, la electromovilidad (principalmente los carros eléctricos) y los sistemas eléctricos avanzados.

La cordillera de los Andes alberga los mayores yacimientos de cobre en el mundo. Chile lidera la producción global, con más de 5 millones de toneladas anuales; Perú le sigue con aproximadamente 2,5 millones, mientras que Ecuador comienza a posicionarse como un nuevo actor emergente.

Los estudios geológicos han evidenciado la existencia de depósitos cupríferos en la cordillera de los Andes, desde Chile hasta Colombia. De acuerdo con el mapa metalogénico elaborado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC), en nuestro país se han identificado ambientes geológicos favorables en los que podrían existir depósitos comerciales de cobre. Colombia se encuentra en la línea del cinturón del Pacífico, franja estratégica con potencial de cobre, en la que se han identificado tres cinturones de pórfidos cupríferos para la exploración y potencial explotación de cobre: Cinturón Occidental –prospectos Acandí, Murindó, Pantanos-Pegadorcito, Andágueda y Piedrancha–; Cinturón Oriental –Andes, Infierno-Chili, Dolores y Mocoa–; Cinturón Central –prospectos El Alacrán, Quebradona, El Pisno, Piedrasentada-Dominical y Mazamorras–. De ellos los más avanzados son Mocoa en el Departamento del Putumayo, Quebradora en el Departamento de Antioquia y El Alacrán en el Departamento de Córdoba.

Según información del Visor Geográfico del Sistema Integral de Gestión Minera, en Colombia se tienen registrados por lo menos 210 títulos activos de mediana y gran escala, que incluyen entre sus minerales objetivo el cobre. Ana Carolina González, directora para América Latina del Instituto de Gobernanza de los Recursos Naturales (NRGI), estima que el 37 % del potencial de cobre colombiano se superpone con reservas forestales de Ley Segunda de 1959, que no permite actividades mineras a menos que el área del título minero sea sustraída temporal o definitivamente, es decir, que se le retire su categoría de reserva. Otro 22 % se encuentra en áreas donde se prohíbe hacer minería, conocidas, en términos técnicos, como áreas excluibles[1]. En total, en cerca del 60 % del territorio nacional está prohibida y/o condicionada toda actividad minera, situación esta que limita el interés inversionista en el gran potencial del cobre colombiano, lo que merece un serio debate público, al que me referiré a continuación.

El gran reto es que en Colombia logremos efectivamente que los proyectos de cobre no se ejecuten dentro de áreas declaradas previamente como excluidas, tales como los parques nacionales, ni en áreas declaradas y delimitadas legalmente como páramos y que, cuando su desarrollo cause impactos mitigables se ejecuten con la adecuada y real participación social, y con beneficios garantizados para las comunidades locales. Además, asegurando que en las áreas donde se realicen actividades mineras se prevengan, corrijan o compensen los impactos a los ecosistemas y al entorno social, para lo cual es fundamental que el Estado colombiano logre un correcto y estricto ejercicio de autoridad ambiental, que se ciña solamente a lo técnico y descarte la ideologización, que contrapone el desarrollo al aprovechamiento racional de los bines naturales; que las empresas que exploten el mineral tengan los más altos estándares en sostenibilidad desde el punto de vista social y ambiental; que no solo se cumplan las regulaciones legales aplicables en Colombia, sino, fundamentalmente, las que globalmente promuevan el desarrollo sostenible a largo plazo, así como acciones concretas contra el cambio climático.

La minería de cobre generaría importantes ingresos para el Gobierno Nacional y las regiones (vía impuestos y regalías), amén de empleo formal en zonas que a menudo requieren mayor inversión estatal. El cobre colombiano debe llegar a generar un encadenamiento productivo: la oportunidad no es solo exportar el mineral con bajo grado de procesamiento (los llamados concentrados), sino avanzar hasta, mediante el proceso de refinación, a producir cobre metálico, creando una cadena de valor completa: transformando el metal en productos terminados como cables o componentes para la industria de la electromovilidad, lo que diversificaría la matriz exportadora del país. Ningún país del mundo se ha enriquecido exportando minerales en bruto, ya que solo la industrialización del producto minero crea desarrollo y bienestar compartido.

Colombia apenas ha tenido una participación marginal en la minería de cobre, a diferencia de sus vecinos como Chile, Perú y Ecuador, que figuran, los dos primeros, entre los mayores productores del planeta. Aunque nuestro país no tiene una tradición destacable en la minería del cobre, existe una mina, El Roble, localizada en El Carmen de Atrato (Departamento del Chocó), que produce y exporta concentrados de sulfuros de cobre, con un contenido aproximado del 18 al 20 % de cobre, que se exporta principalmente a Japón. El proceso incluye minería subterránea, trituración, molienda y concentración por flotación. Sin embargo “se trata de una excepción más que de una regla en el panorama minero colombiano”, según explica el profesor Óscar Jaime Restrepo Baena, investigador del Departamento de Materiales y Minerales de la Facultad de Minas y presidente del Congreso Cobre Colombia, celebrado en dicha Facultad en julio de 2025.

La minería del cobre y su industrialización interna, así como la explotación del gas natural mediante fracking en el Valle Medio del Magdalena, conforman la posibilidad cierta que tiene nuestro país de generar los recursos fiscales que se requieren para atender, entre otras, la crisis fiscal, la transición energética, la crisis del sector eléctrico, la seguridad nacional y la crisis del sistema de salud.



[1] https://www.elnuevosiglo.com.co/internacional/mapa-del-cobre-en-colombia-mucho-potencial-pero-grandes-limitantes. Artículo publicado en el Periódico El Nuevo Sigle el 15 de julio de 2026, con apartes de un estudio publicado por Daniela Quintero y Andrés Díaz Páez en la agencia IPS.

Compromiso con el Tigre y La Patria Milagro

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Vamos a medir el tamaño del compromiso con el Tigre y con La Patria Milagro.

Si usted está acostumbrado a navegar en la informalidad, haciendo todas sus operaciones en efectivo y por debajo de la mesa, formalícese: opere a través de la banca, pague sus impuestos y estará aportándole de verdad a La Patria Milagro. De lo contrario, no se queje si en cuatro años regresa el comunismo.

Si usted ha sacado su dinero hacia diferentes paraísos fiscales y lo tiene a nombre de sociedades fantasmas, traiga la plata, inviértala en nuestro país y así colaborará con La Patria Milagro. De lo contrario, no se queje y siga como va; cuando regrese el comunismo, sus hijos y nietos lo sufrirán por su culpa, a otro precio.

Si usted está sacando del país, en tandas de 10 000 USD, dinero para el exterior, no lo siga haciendo: inviértalo en La Patria Milagro.

Si usted se ha prestado para traer de a 9990 USD en efectivo, ganándose 990 USD, concientícese de que está ayudando al lavado de dinero del narcotráfico y que no lo debe volver a hacer, si realmente quiere contribuir con La Patria Milagro.

Si usted vive en el exterior y se ha prestado para enviar a Colombia, como remesas, dinero ilícito, pare ya de hacerlo: está perjudicando a La Patria Milagro.

Si usted está acostumbrado a comprar contrabando, recuerde que está ayudando al lavado de activos ilícitos, apoyando la informalidad y el trabajo sin respetar el mínimo legal, ni los aportes a salud, riesgos y pensiones.

Si usted, como importador, está utilizando la subfacturación, no solo está poniendo en dificultades a los negocios formales y legales, también está contribuyendo directamente con los ilegales. No lo siga haciendo; después no se queje cuando dentro de cuatro años regrese el desastre de los comunistas.

Si usted acostumbra, al vender sus propiedades, a no declararlas por el valor comercial, está atentando contra La Patria Milagro.

Si usted le inventa gastos a su empresa con facturas de dudosa procedencia y le mete gastos personales para bajar la renta, deje de hacerlo. Tribute al Estado lo que corresponde, así parezca alto: La Patria Milagro lo requiere urgentemente. Seamos coherentes si no queremos que en cuatro años regrese el comunismo con su retórica a acabar con lo poquito que quedó.

Si usted es funcionario público, trabajador oficial o pertenece a alguna corporación del orden nacional, departamental o municipal, cuide la plática del Estado. No abuse: cuide y ayude a cuidar la cosa pública, o mejor, los bienes de todos. Si no lo hace, no se queje cuando se quede sin empleo y llegue el comunismo en cuatro años.

Si usted mantiene su patrimonio escondido dentro de una maraña de sociedades de papel para evadir impuestos, párese ahí. Ponga todo sobre la mesa y contribuya con La Patria Milagro. Si no lo hace, deje de quejarse y siga contribuyendo al regreso del comunismo, que sus hijos y nietos no se lo agradecerán.

Si usted se ríe porque sus propiedades están avaluadas en el catastro municipal por debajo del 50 % de su valor comercial, sígase riendo: en cuatro años llegará el comunismo y se las quitará.

Podríamos seguir con miles de ejemplos de actuaciones de ciudadanos que sí votaron conscientemente por el Tigre, porque tienen plena conciencia de que, si en estos cuatro años no se da La Patria Milagro, regresará el comunismo con más fuerza para exterminarnos.

Son 60 billones de pesos de déficit fiscal, que solo se conseguirán si todos nos comportamos fiscalmente como nos lo demanda La Patria Milagro. El resto es carreta e hipocresía.

Que nuestro Señor Jesucristo nos ilumine y nos ayude a enderezar nuestro comportamiento fiscal, para que, en esta oportunidad de solo cuatro años, podamos alcanzar La Patria Milagro por la que votamos.

¡A las cosas, a las cosas!

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Es bien conocida esta frase del filósofo español José Ortega y Gassett, que pronunció en la ciudad de La Plata (Argentina), en 1939 y publicó en su obra Meditación del pueblo joven.

Quiso significar con ella que no vale la pena perder el tiempo en vacías especulaciones, diferencias personales o discusiones abstractas. Por el contrario, considera más útil concentrarse en obtener resultados prácticos, ocuparse de los problemas reales y trabajar por el desarrollo del país de manera eficiente y concreta.

Al repasar esta prudente admonición a la luz de los monumentales problemas que agobian al país, no nos queda otra alternativa que otorgarle toda la razón al filósofo.

Venimos de presenciar la más brillante y eficaz campaña política de toda nuestra historia republicana, en la que Abelardo de la Espriella, por fuera de los partidos políticos, sin contar con la maquinaria del establecimiento ni con los grandes poderes económicos y de la comunicación, logró convocar a las mayorías en el movimiento identificado como “Defensores de la Patria” y ganar en franca lid la Presidencia de la República. Su ventaja sobre su rival, el candidato del gobierno petrista, y de la guerrilla, no fue tan sólo de 250 000 votos, pues hay que considerar los casi 4000 votos conseguidos por su oponente mediante constreñimiento armado a los electores en las regiones dominadas por la narcoguerrilla, como recientemente se ha denunciado ante la Fiscalía General de la Nación por la Fundación Misión Colombia Transparente.

Demostró con creces que se puede construir un movimiento ganador, alcanzar el objetivo y, de paso, dar un magistral ejemplo de que todo se pudo lograr cambiando radicalmente las obsoletas prácticas de la vieja política.

Ha continuado actuando coherente con sus postulados al escoger sus inmediatos colaboradores, al rechazar la manipulación que quiso imponerle el régimen con un ficticio empalme y al proceder al diálogo directo con las regiones y con sus líderes para realizar con ellos el verdadero empalme, prescindiendo de inútiles intermediarios.

No desperdiciaron sus enemigos de la izquierda y sus aliados la oportunidad de dar rienda suelta a su revanchismo cuando pretendió el presidente electo contar con un presidente del senado que facilitara el trámite de los proyectos del gobierno, eligiendo a otro candidato. Creemos sinceramente que no era este un tema de fondo que mereciera brindar al enemigo la ocasión para ejercer su retaliación. En su pragmatismo debe considerar el Tigre que ni aquellos que le han prometido su apoyo como parte de la coalición de gobierno son confiables a la hora en que los intereses de la patria riñan con sus mezquinas aspiraciones.

Debe el presidente electo, y lo digo con el mayor respeto y consideración, escoger bien las batallas que en adelante librará en el Congreso, que sean estas únicamente las necesarias para desarrollar su completo plan para la reconstrucción del país y para la materialización del sueño de la Patria Milagro. Temas como el del cambio de sede para la posesión, la reforma constitucional para crear una capital alterna, no dejan de ser importantes, pero no son indispensables para los fines superiores, como lo expresa con sabiduría el filósofo. Y, cuando se tenga que defender los asuntos de mayor calado, como los que tienen que ver con la seguridad, la salud, el narcotráfico, la corrupción, la reforma a la justicia, la recuperación económica, la educación o el problema energético, hay que llegar a la palestra parlamentaria suficientemente seguro de obtener la victoria, como lo enseña el pragmatismo en el cual el Tigre es un maestro.

viernes, 24 de julio de 2026

Cultivando amigos

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Estos dos meses de descanso que la Compañía me ha dispensado, a modo de vacaciones acumuladas de la última década, han sido realmente reconfortantes y reparadores. Alternando con el reposo en casa, decidí que mis viajes, que siempre fueron de trabajo y a las carreras, esta vez fueran no de trabajo, no de turismo, no de paseo, sino para encontrarme con los amigos, ellas y ellos.

La vida me ha concedido la fortuna de regalarme bellas amistades en las muy diversas latitudes donde he estado trabajando apostólicamente. Son eso: regalos, dones gratuitos. Han quedado allí y ahí siguen, firmes en el tiempo. No los mueve algún interés de oportuna coyuntura, de beneficio o usufructo. Es la admiración, el afecto, la empatía, el amor. Como en toda auténtica amistad, las conversaciones detenidas en pausas de tiempo de 5, 10, 15, 20 años, se retoman “como decíamos ayer…” y los diálogos, las risas, las anécdotas, se reactivan y continúan cual película que sigue rodando después de un obligado intermedio. Durante esos años de forzoso receso, siempre estuvo la promesa del reencuentro, así que ya era hora de ser serios y cumplir la palabra.

Les he contado que estuve en España con una veintena de ellos dispersos en 12 ciudades y que he podido hacerlo también en Pasto. Esta última semana en Cali. Ya hubiese querido en Bucaramanga y Medellín, por mencionar las otras ciudades donde he trabajado o paises como Argentina, México, Ecuador o Estados Unidos, donde hay tantos otros que quisiera volver a ver. No se ha podido. Imposible siquiera pretenderlo. Ya habrá ocasión. No hay afán. Todo tiene su tiempo.

Los amigos a los que me sigo refiriendo, son especiales, únicos, cada uno genuino e irrepetible. Siguen allí, decía, porque no son de ocasión, porque han sido probados, porque no los mueve más que la gratitud de un corazón que reconoce principios y valores que subyacen en sus vidas. Por eso son tan valiosos. “El que encuentra un amigo, encuentra un tesoro” sentencia la Escritura. Por eso hay que cuidarlos, hay que cultivarlos, esto es, abonando, podando, regando… Ha sido estimulante, ha sido consolador, ha sido gozoso. Y de ello hoy le quiero dar públicamente gracias a Dios, por ser bendecido con tantos y tan bellos amigos. De cada uno conservo enseñanzas, guardo recuerdos, evoco anécdotas, hay historias de trabajos con luchas, logros, reveses, vividos en conjunto, páginas inolvidables.

La vida sigue y es más llevadera cuando se tienen amigos de verdad, con los que puedes contar en cualquier momento, porque son incondicionales, porque te hablan con la verdad. Como dice la canción: Me gusta la gente que cuando saluda te aprieta la mano con fuerza y sin dudas. Me gusta la gente que cuando te habla te mira a los ojos, te mira de frente, te dice a la cara aquello que siente y nada se calla y no tiene dobleces; me gusta esa gente”.

Los intereses superiores por encima de banales triquiñuelas

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Los resultados electorales de la segunda vuelta en las elecciones presidenciales nos dejaron algunas lecciones que no todos han acabado de asimilar.

Más allá de elegir al candidato que el país requiere en esta oscura etapa de nuestra historia, las mayorías se pronunciaron para rechazar el narcoterrorismo, el saqueo del Estado, la violencia amparada por la impunidad, la destrucción del sistema de salud, el atraso en la educación, en la explotación de nuestros recursos y en la construcción de la infraestructura requerida para el desarrollo del país.

Se decantaron las mayorías nacionales por un proyecto esperanzador conocido como la “Patria Milagro”, encaminado a brindar oportunidades de bienestar y progreso a dodos los colombianos. Y se condenó, de manera contundente, la obsoleta forma de hacer política, gobernando a través de marrullas, acuerdos debajo de la mesa y componendas para aferrarse a las mieles del poder.

No me queda la menor duda de que estamos frente a la más importante transformación de nuestras costumbres políticas. Demostrará el Tigre ante el mundo que ya pasó de moda esa vieja politiquería basada en los egoístas intereses personales o de grupo. Que, como siempre lo repitió a lo largo de su brillante campaña, los intereses superiores de la República están por encima de los partidos, los grupos de poder o los viejos cacicazgos políticos.

Pero una elección no basta para desterrar las viejas prácticas enquistadas en nuestra imperfecta democracia. Así se demuestra con el triste espectáculo protagonizado por los dirigentes del Centro Democrático, partido que manifestó su voluntad de hacer parte del gobierno, al aliarse con su enemigo ideológico, el Pacto Histórico, dizque para derrotar a Abelardo de la Espriella, designando como presidente del Senado a un candidato diferente al preferido por el presidente.

Vale la pena aclarar que el presidente no tuvo velas en ese entierro. Como es natural, prefería tener al frente del Senado a alguien que facilitara la aprobación de los proyectos que necesitará el gobierno para convertir en realidad sus propuestas de recuperar al país de los daños causados por el petrismo y reconducirlo por una senda de bienestar y de progreso. Pero nadie puede afirmar que presionó a algún congresista o negoció para conseguir la elección de un candidato en especial. No hubo ninguna conducta por su parte lesiva del principio de la separación de poderes, como algunos pretenden insinuar.

Pero el tema ha servido para que algunos miembros del Centro Democrático tomaran la elección como una venganza contra el Tigre por haberlos derrotado en franca lid. Y para los integrantes del Pacto Histórico que celebraron jubilosos al lado de sus aliados del Centro Democrático su victoria sobre el “fascismo”, aunque hasta hace poco el rey de los fascistas era para ellos el jefe del Centro Democrático.

Lo cierto es que este penoso incidente en nada beneficia al país. A la gente ajena a esas triviales artimañas politiqueras les asquea el espectáculo. Por algo el Congreso siempre gana las encuestas como la institución más desprestigiada del país.

De la Espriella sigue incólume haciendo lo que se comprometió a realizar. Comenzó su empalme en las regiones, cerca de su pueblo, para conocer sus angustias y necesidades y comenzar a planear cómo resolverlas. Y así lo hará durante todo su mandato, para bien de los colombianos.

Para poner en práctica esta noble causa de reconstruir el país y crear oportunidades para todos, se requiere poner los intereses de la República por encima de mezquinos intereses o minúsculas aspiraciones. La verdadera democracia no está compuesta de vacíos convencionalismos, tretas disfrazadas de tradición y negociaciones por debajo de la mesa. Se trata de gobernar con el pueblo, escucharlo en sus regiones sin necesidad de intermediarios, manejar con rigor los recursos del Estado y proporcionar a los gobernados todas las posibilidades que emanan de una transparente y eficaz gestión.