En esta oportunidad, en Sucesos de la Semana de El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. aborda algunos de los hechos que marcan la actualidad nacional e internacional: la tragedia en el Himalaya y el impacto de los fenómenos naturales; la nueva escalada de la guerra arancelaria de Donald Trump; la ofensiva del gobierno de Abelardo de la Espriella contra las estructuras criminales y el creciente uso de drones por los grupos armados; los incendios forestales que golpean especialmente al Tolima; y la aprobación parcial de la reforma pensional. El programa también analiza el nuevo presupuesto nacional, sus fuentes de financiación y el debate sobre el déficit fiscal heredado. No dejes de ver esta mirada directa a los acontecimientos que fueron protagonistas en Colombia y el mundo.
lunes, 31 de agosto de 2026
Editorial: sucesos de la semana No. 160
En esta oportunidad, en Sucesos de la Semana de El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. aborda algunos de los hechos que marcan la actualidad nacional e internacional: la tragedia en el Himalaya y el impacto de los fenómenos naturales; la nueva escalada de la guerra arancelaria de Donald Trump; la ofensiva del gobierno de Abelardo de la Espriella contra las estructuras criminales y el creciente uso de drones por los grupos armados; los incendios forestales que golpean especialmente al Tolima; y la aprobación parcial de la reforma pensional. El programa también analiza el nuevo presupuesto nacional, sus fuentes de financiación y el debate sobre el déficit fiscal heredado. No dejes de ver esta mirada directa a los acontecimientos que fueron protagonistas en Colombia y el mundo.
Nos llegó el megasismo pensional
Luis Alfonso García Carmona
Mientras los esfuerzos aunados
del nuevo gobierno y de la inmensa mayoría de colombianos, se concentran en la ayuda
a los damnificados por el terrible terremoto sufrido por una gran parte del
territorio nacional, siguen apareciendo obstáculos en el camino hacia la
reconstrucción.
Y no me voy a referir a
la conjura de la izquierda para hacer “invivible” el país para causarle daño al
presidente electo, aunque sea incendiando vastas zonas forestales, agrícolas
y ganaderas, al estilo de los más crueles bárbaros de la historia. Tampoco
a la infame guerra decretada por los grupos terroristas contra la fuerza
pública y las inermes poblaciones, para continuar con el sucio negocio del
narcotráfico.
No se podía esperar
otra cosa de los viudos del poder que vieron frustrado su abominable propósito
de acabar con el país si no podían mantenerse ahí.
Pero surge ahora, con
la infausta decisión de la Corte Constitucional que da luz verde a la
reforma pensional petrista, un nuevo sismo, fiscalmente más
peligroso que el horrible terremoto, que nos llega justamente cuando se ha
develado la más profunda crisis económica y fiscal de nuestra historia.
Sabias advertencias se
formularon por parte de expertos en asuntos pensionales y fiscales sobre las
peligrosas implicaciones del texto aprobado a las volandas, aún sin llenar en
algunos casos los trámites legales. Ninguna fue escuchada por los integrantes
del Congreso anterior. Y, hay que decirlo con toda claridad, Petro no
contaba con mayorías parlamentarias para aprobar este engendro. No hay otra
explicación que la del soborno, bautizado eufemísticamente como “mermelada”,
que sirvió para autorizar muchas de las fechorías del pasado régimen.
Las consecuencias para
el país representan un incalculable daño que aún no alcanzamos a medir en su
real dimensión.
Tanto los planes de
reconstrucción física como los de recuperación económica y fiscal
proyectados se verán afectados.
La tasa de natalidad se
ha reducido en un 30 % en la presente década con respecto a la anterior,
lo que indica que cada vez existirán menos jóvenes en edad laboral para
sostener el sistema pensional. En lugar de resolver el problema, lo
queremos agudizar entregándole la responsabilidad al Estado sin darle los
recursos para hacerlo.
El traspaso
obligatorio de los pensionados de fondos privados a Colpensiones, genera un
enorme boquete en las finanzas públicas que deberán atender esa nueva carga
afectando de paso al mercado de capitales.
Según el analista Julio
César Iglesias (de Vélez por la mañana) apoyado en estudios de ANIF, además
del endeudamiento público que representa el 60 % del PIB, después de la
desaforada emisión de TES por arte del gobierno anterior, el traslado
obligatorio de pensionados a Colpensiones alcanza el 80,2 del PIB, o sea unas 51
veces el valor de los daños causados por el sismo, ¡Una verdadera
catástrofe!
Es este uno de los
ejemplos clásicos de cómo han gobernado “los de siempre” a este país. Aprueban
un proyecto manifiestamente nocivo para las finanzas públicas y para el futuro
de la población, a cambio de un miserable plato de lentejas. Luego es avalado
por la Corte Constitucional de la misma manera como los antecesores de esta
avalaron el acuerdo espurio de La Habana desconociendo la voluntad del pueblo
soberano.
No nos queda sino una
sola esperanza: Ya no tenemos en la Presidencia a un guerrillero aliado de los
delincuentes sino a un hombre probo, con voluntad política para acabar con
esta descomposición moral, Abelardo de la Espriella.
En su corazón, como lo
hemos constatado, lleva las necesidades y angustias de las gentes de Colombia,
sin distingo por sus tendencias políticas y sabrá dar a este espinoso asunto la
solución definitiva que merece. Si la Corte no ha podido entender las
razones jurídicas, económicas y sociales para archivar ese funesto proyecto,
será el poder constitucional con el actual congreso que cuenta con supuestas
mayorías oficialistas, quien lo archive y apruebe una norma que de verdad
atienda a nuestra realidad nacional. En las manos y el liderazgo del “tigre” seguimos
esperanzados y estamos “firmes por la Patria”.
viernes, 28 de agosto de 2026
Javier, el rebelde con causa
José Leonardo Rincón, S. J.
En
mis compañeros jesuitas observo aquello de que cuando nacieron rompieron el
molde, es decir, no hay dos iguales: únicos, genuinos, auténticos, geniales.
El
turno de hoy le corresponde a Javier Giraldo Moreno, pequeño de estatura, pero
un gigante moral. Reservado, discreto, nada amigo de protagonismos, investigador
juicioso, riguroso, objetivo. Con una salud maravillosa, no era de deportes y GYM,
pero sí caminante andariego por los campos y ciudades colombianas. Vegano en su
alimentación, desde joven, nunca consumió proteínas de origen animal. Disciplinado,
su jornada de trabajo iniciaba a las 3:30 de la mañana. A las 6, como un
relojito, bajaba a desayunar alguna fruta, algún café. Haciéndolo el pasado
lunes, intempestivamente cayó al suelo, no sabemos si por un síncope o por lo
que llamamos ACV. El fuerte golpe sumado a estar anticoagulado por su reciente
operación de corazón abierto generó la hemorragia que dañó en pocas horas su
cerebro.
Lo
conocí a finales de los 80 cuando realizando tareas propias de la Comisión
Intercongregacional Justicia y Paz, visitaba nuestro colegio en Bucaramanga.
Hacía yo mi etapa de magisterio y mi misión era coordinar la oficina de Fe y
Justicia que lideraba la implementación del FAS, bello programa de formación y
acción social de nuestra red de colegios. Conversábamos sobre los duros
momentos que vivía nuestro país, el asesinato de cuatro candidatos presidenciales,
la violencia guerrillera ahora combatida por los grupos paramilitares, la
incursión del narcotráfico permeando a todos y corrompiendo por doquier. Complejo
panorama que facilitaba la violacion de los derechos humanos. Desde entonces
aprendí que, técnicamente hablando, la violacion de esos derechos solo lo
podían cometer los infractores al interior del establecimiento, es decir,
funcionarios públicos que por obligación les correspondía estrictamente
protegerlos. De modo que un ladrón cuando roba no atenta contra el derecho a la
propiedad, simplemente es un delincuente. Y cuando algún civil mata otro, no
violó el derecho a la vida, llanamente es un asesino que debe pagar su crimen. Pero
si esas acciones las comete una persona al servicio del Estado, que a su vez
sirve a la ciudadanía, la falta es más grave precisamente porque atenta contra
aquello que es su misión.
A
Javier, desde temprana edad, le afectaba profundamente el dolor de nuestras
gentes. Tantas viudas, tantos huérfanos, absolutamente abandonados, a la
deriva, sin protección, en la miseria, sin nadie que pudiera ser su voz,
padeciendo los efectos de la impunidad, buscando a sus seres queridos
desaparecidos, asesinados, mutilados, heridos por la guerra cruel. Hace poco me
contaba el caso de una señora que buscó a su hijo desaparecido por 30 años y no
descansó literalmente hasta encontrar sus restos dispersos en el monte por los
asesinos. Murió pocos días después.
Su
causa muchos la malinterpretaron, la juzgaron duramente, injustamente. Él
simplemente seguía adelante. Sabía que su vida podía correr riesgo, como cuando
tuvo que salir del país, obligado por sus superiores, más nunca dejó de
trabajar para la causa. Era un rebelde con causa porque nunca dio el brazo a torcer
cuando tenía la certeza de querer hallar la verdad, de que los crímenes de lesa
humanidad no quedarán impunes. Sencillo, humilde, de bajo perfil, rechazó
premios y condecoraciones.
En
estos días se han escrito bellas crónicas sobre su obra y cómo impactó tantas
vidas, en personas y organizaciones. Hay un sentimiento de orfandad. Se ha ido
la voz de los sin voz, el incansable defensor de los derechos humanos, el amigo
de los más débiles y sufridos de nuestro pueblo. Mas él ha recibido la corona
de gloria y ahora descansa en paz al lado de su Señor, el mismo al que sirvió
sus 82 años, porque tuvo hambre, estaba preso, estaba desnudo, estaba enfermo y
Javier lo reconoció en todos ellos, por eso entra al gozo de su Señor. ¡Gracias
Javier!
jueves, 27 de agosto de 2026
¿El Congreso es un circo?
Fredy Angarita
Entre ratas, caballos y brazaletes
Una noticia de la semana pasada me llamó especialmente la
atención. El Colombiano lo tituló así “Un senador de la República llegó a
trabajar con un brazalete electrónico del Inpec”.[1]” Se trata de Miguel Ángel Barreto, quien está
siendo investigado por presunto tráfico de influencias y otros delitos
relacionados con el caso conocido como Marionetas 2.0. La Corte Suprema
le impuso vigilancia electrónica mientras avanza el proceso.
La primera reacción que tuve fue más de curiosidad que de
indignación. Dije: bueno, si todavía no ha sido condenado, tampoco se le puede
negar automáticamente el derecho al trabajo. Pero después me quedé mirando la
imagen. Un senador, una curul, un brazalete electrónico, el Congreso de la
República. Si esto hubiera aparecido en una película, probablemente alguien
habría dicho que el guion estaba exagerando. Pero no. ¡Era Colombia!
Como la internet tiene esa maravillosa costumbre de
llevarnos de una noticia a una similar, después me apareció una reseña anterior:
un congresista electo, Wadith Manzur, había solicitado poder
posesionarse desde el lugar donde permanecía privado de la libertad. La
petición fue estudiada y finalmente no se permitió que la posesión se realizara
desde la cárcel [2].
Ahí entendí que quizá no estaba leyendo noticias aisladas… Estaba encontrando
una colección.
Nuestro Congreso tiene algo que pocas instituciones pueden
presumir: además de producir leyes, produce escenas que parecen escritas por un
guionista con demasiado tiempo libre y por esto decidí buscar algunas.
No encontré un antecedente internacional exactamente igual
al de un congresista en ejercicio asistiendo a sesiones con vigilancia
electrónica. Pero sí encontré suficientes historias para preguntarme si
nuestros legisladores, en algún momento, decidieron competir también por el
premio al episodio más insólito.
Al parecer, en el Senado también había espacio para la
zoología. Por ejemplo, en 2004, el senador Carlos Moreno de Caro llevó
dos alacranes vivos al Senado. No era una visita turística, los utilizó como
representación de los congresistas que, según él, se oponían a la reelección de
Álvaro Uribe.
Al año siguiente volvió a hacerlo. Esta vez llevó mariposas
al Congreso durante una intervención relacionada con el secuestro y las FARC.
En 2018 aparecieron ratas blancas. Cuatro fueron lanzadas
desde las barras hacia la zona donde estaban congresistas del Centro
Democrático.
No sé qué pensaría un ciudadano extranjero si le
explicáramos que en Colombia algunos debates políticos han incluido alacranes,
mariposas y ratas.
Probablemente pensaría que estamos exagerando. Y todavía no
hemos llegado al caballo. En 2022, el senador Alirio Barrera llegó a la
Plaza de Bolívar montado en su caballo Pasaporte y pretendió ingresar al
Congreso con él, la protesta tenía relación con el anuncio de que el Congreso
sería un espacio pet friendly.
Hay que reconocer algo: no todos los políticos pueden decir
que llegaron al trabajo a caballo, aunque seguramente tampoco todos tienen un
caballo llamado Pasaporte.
Después apareció el toro. El representante Juan Carlos
Losada llegó a la Cámara disfrazado de este animal para protestar por la
falta de debate de un proyecto relacionado con la prohibición de las corridas
de toros.
Y este año, el 20 de julio, apareció el elefante. Durante
la instalación del nuevo Congreso, el senador Luis Carlos Rúa apareció
vestido como su personaje del “Elefante Blanco”, utilizado para
denunciar obras públicas inconclusas.
Si uno juntara todas estas escenas podría pensar que está
leyendo una versión colombiana de Alicia en el país de las maravillas.
Pero todavía falta una de mis favoritas. Durante las
sesiones virtuales de 2020, el representante Edward Rodríguez apareció
haciendo ejercicio mientras se desarrollaba una plenaria de la Cámara. Cuando
le llamaron la atención, explicó que ya había votado y que estaba aprovechando
el día.
También hubo congresistas acusados de quedarse dormidos
durante sesiones virtuales, aunque en algunos casos ellos mismos explicaron que
la imagen podía interpretarse de otra manera.
Una fotografía puede parecer graciosa, pero detrás de cada
imagen existe una responsabilidad pública. No estamos hablando de cualquier
oficina, estamos hablando del lugar donde se hacen las leyes, por lo que la
pregunta deja de ser si estas escenas son divertidas para pensar que nos
parecen normales.
Una investigación sobre la asistencia de congresistas
encontró, además, casos en los que algunos llegaban, registraban su asistencia
y después se ausentaban de las sesiones. En un debate sobre violencia sexual
contra niños, se encontró que solamente 16 congresistas permanecieron hasta el
final de la discusión, aunque las actas registraban muchas menos ausencias. Ahí
ya no da tanta risa.
Porque una cosa es llegar disfrazado de toro para
protestar, otra muy diferente es que el ciudadano que paga impuestos tenga que
preguntarse si el congresista que eligió realmente está trabajando.
Y cuando creía que la colección estaba completa, apareció
otra categoría: los proyectos de ley.[3]
Uno de los artículos que encontré recopilaba iniciativas
que habían sido calificadas de absurdas o extravagantes. Entre ellas aparecía
un proyecto para restringir nombres que pudieran resultar ofensivos o ridículos
para los niños. También se mencionaba una propuesta relacionada con limitar
búsquedas en internet cuando las palabras utilizadas fueran consideradas groseras
o atentaran contra el buen nombre. Y ahí volví a pensar en el brazalete.
Quizá el verdadero problema no está en que un senador
llegue al Congreso con un dispositivo electrónico en el tobillo, El problema es
que nosotros, como ciudadanos, terminamos acostumbrándonos a que todo esto sea
parte del paisaje: alacranes, mariposas, ratas, caballos, toros, elefantes,
congresistas haciendo ejercicio, congresistas que parecen dormidos y
congresistas que registran su asistencia para luego desaparecer y un senador
con brazalete electrónico entrando al lugar donde se hacen las leyes.
Además, los proyectos de ley que parecen escritos después
de una conversación entre amigos, a las dos de la mañana. Y la ñapa: este 26 de
agosto, ante un temblor de tierra, los brigadistas de emergencia ordenaron la
evacuación de las instalaciones, pero el Congreso decidió poner a votación
si era pertinente evacuar o no ¡¿?!
Uno empieza a preguntarse si el Congreso es realmente una
institución seria que ocasionalmente produce escenas cómicas, o si nosotros
hemos terminado convirtiendo lo excepcional en rutina.
No quiero que esto se convierta simplemente en una crítica
al Congreso porque también hay algo de nosotros en esta historia: nos reímos,
compartimos el video, hacemos memes, nos indignamos durante unas horas. Después
aparece otra noticia y seguimos adelante.
Quizá por eso el Congreso puede convertirse en escenario de
tantas cosas insólitas. Porque nosotros también hemos aprendido a consumir la
política como entretenimiento.
Y tal vez esa sea la parte verdaderamente peligrosa. Que
terminemos riéndonos de lo que debería preocuparnos. Después de leer todo esto
entendí que quizá el problema no es que nuestro Congreso parezca un circo. El
problema es que nosotros seguimos comprando la boleta, y lo peor es que, a
diferencia de un circo, aquí no salimos cuando termina la función.
Aquí nos quedamos a vivir con las consecuencias.
[1] https://www.elcolombiano.com/colombia/senador-asistir-congreso-brazalete-inpec-marionetas-EA40155616
[2] https://www.elcolombiano.com/colombia/politica/partido-conservador-gobierno-senado-wadith-manzur-LI39310920
[3] https://www.elcolombiano.com/colombia/politica/los-proyectos-de-ley-mas-curiosos-que-han-pasado-por-el-congreso-HD1775328
miércoles, 26 de agosto de 2026
Conversatorio con Jorge Londoño de la Cuesta, tercera parte
En esta tercera entrega del Conversatorio de la Semana para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. continúa su charla con el ingeniero Jorge Londoño de la Cuesta, uno de los protagonistas de la emergencia de Hidroituango, en la que reconstruyen, desde adentro, los momentos más críticos de esta histórica contingencia. En una charla franca y reveladora, repasan las decisiones técnicas, la presión permanente, los temores por un posible colapso de la montaña, las advertencias del Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos y el intenso trabajo que permitió controlar la crisis sin pérdida de vidas humanas.Jorge Londoño de la Cuesta es ingeniero de Sistemas de la Universidad EAFIT y realizó el programa Presidentes de Empresa de la Universidad de los Andes. Durante cerca de 27 años estuvo al frente de Invamer, firma de investigación de mercados y opinión pública, donde lideró estudios para diversos sectores de la economía y, junto con Fedesarrollo, participó en la implementación del Índice de Confianza del Consumidor. En enero de 2016 asumió la gerencia general de EPM y el liderazgo del Grupo EPM, responsabilidad que ejerció hasta diciembre de 2019. Durante su gestión enfrentó algunos de los episodios más complejos de la historia de la empresa, especialmente la contingencia de Hidroituango, además de otros incidentes en centrales hidroeléctricas; la Junta Directiva de EPM destacó al cierre de su administración su entereza, capacidad de trabajo, responsabilidad y compromiso.
Recordemos los principios esenciales de la gobernanza corporativa
Luis Guillermo Echeverri Vélez
De la esencia
de la arriería es la forma cómo se cargan las mulas, lo cual depende de si se
sabe hablarle bien a la bestia al ponerle la mulera; elegir la manta y poner
bien la enjalma, la angarilla o el aparejo; ajustar la cincha, la pechera y la
retranca; alzar, sostener y repartir bien las cargas; echar bien la lía y hacer
bien los nudos del suelo, el recibido y el chin; y luego poner correctamente la
tapa y la sobre carga. Una esencial lección para la actual administración o “management”.
Se denominan
empresas “publicas” aparte de las que son de un Estado, las que se registran en
las bolsas de valores de modo que puedan transar la totalidad o parte de sus
acciones y emitir papeles de deuda libremente en esos mercados regulados, de
los cuales depende el sistema financiero dentro del concepto de libertades
económicas en el mundo democrático.
Y los
resultados esenciales de las empresas públicas como los de las mulas en una
trocha, o los carros de carreras, dependen en primera instancia de que no se
salgan del camino o de la pista y sepan llegar a la meta, lo cual demanda un
arriero ducho o un piloto experimentado, que sepan mitigar los riesgos, no
estrellar el carro, ganar carreras y campeonatos, cuidar y guiar las mulas y
entregar la carga responsablemente en el destino.
Tan importante
para todo tipo de empresa es el gobierno corporativo, como la enseñanza del
profesor “Applin”, de Cornell University, que escribía el primer día de clases
en el tablero la respuesta a la única pregunta de su examen final: “La única
política corporativa que realmente hay que saber, es cuándo y cómo cortar las
pérdidas”.
La gobernanza y
las mejores prácticas de gestión de empresas registradas en bolsas de valores y
empresas mixtas industriales y comerciales del Estado tienen que guiarse por
conocimientos ordenados de funcionalidad, transparencia, efectividad y
eficiencia al cumplir con los principios generales del “gobierno corporativo”.
Ello depende de la adecuada estructura y conformación de las juntas directivas
o consejos directivos, del grado de importancia que se le dé a la experiencia y
especialización de los consejeros, de la voluntad de mantener la sostenibilidad
técnica del negocio, y del liderazgo que imprima esa junta y consejo directivo
representada en la elección de un presidente o CEO técnico, experto, capaz y
conocedor de la conformación de equipos de trabajo técnicos eficientes para la
administración y la operación.
Esos principios
de gobierno corporativo que nunca deben pasarse por alto son: 1. La
responsabilidad fiduciaria de los directores. 2. La independencia del consejo
directivo y sus directores de quien los nomine pues solo le reportan a la
asamblea de accionistas. 3. La responsabilidad de la sustitución idónea del
talento humano y la continua evaluación de su desempeño. 4. La elaboración y
seguimiento de la estrategia corporativa. 5. La debida asignación de capital y
la custodia del valor de la empresa y la caja. 6. La responsabilidad colectiva
y la formación de consensos. 7. El diseño, implementación, seguimiento o
revisión periódica y reporte, a la asamblea y a las autoridades competentes,
del cumplimiento de las políticas corporativas.
martes, 25 de agosto de 2026
De cara al porvenir: deudas con la Colombia insular
Pedro Juan González Carvajal
La Colombia insular es la
sexta región natural de Colombia y está compuesta por San Andrés, Providencia y
Santa Catalina, más los cayos, los islotes y las islas del Pacífico, entre las
cuales sobresale Malpelo. Es solo el 0.01 % del territorio, pero es 100 %
fronteriza y turística. La deuda histórica es brutal: llevan más de 80 años con
los mismos problemas. Para desarrollarla, se necesitan mínimo estas obras:
1. Conectividad: romper el
monopolio del avión caro
a. Ampliación aeropuerto
Gustavo Rojas Pinilla, San Andrés: la pista no da para vuelos de carga
grandes ni para operar con mal clima. Se necesita plataforma nueva, calles de
rodaje y terminal de carga. Hoy todo lo que comen llega en avión y cuesta 3
veces más que en Cartagena.
b. Aeropuerto El Embrujo,
Providencia: Reconstruido post el huracán Iota, pero sin capacidad para
vuelos nocturnos ni de carga. Urge radio ayudas, luces y ampliación de pista.
Dependen 100 % de San Andrés.
c. Muelle de cruceros y
carga en San Andrés. El puerto actual es precario. Un muelle multipropósito
bajaría el costo de vida 30 % al traer mercancía en barco, no en avión.
También traería turismo de alto gasto.
d. Cable submarino de
fibra óptica redundante: Hoy dependen de un solo cable. Cuando falla, la
isla queda incomunicada. Sin internet estable no hay teletrabajo, ni turismo
digital, ni educación virtual.
2. Agua y energía: dejar de
vivir de la emergencia
a. Planta desalinizadora
a gran escala en San Andrés: la isla no tiene ríos. El 60 % del agua
es de carrotanques. La planta actual no da abasto. Se necesita una de 100 l/s
mínimo para agua 24h. Es la obra #1 que pide la comunidad hace 50 años.
b. Reconstrucción total
del acueducto de Providencia: El Huracán Iota lo destruyó en 2020. Siguen
con soluciones temporales. Sin agua no hay turismo ni reconstrucción de casas.
c. Parque solar más
baterías para San Andrés y Providencia: Hoy se quema diésel importado. La
energía cuesta $1.400 kWh, el doble del continente. Con solar más
almacenamiento se baja 50 % el costo y se acaba el ruido de las plantas.
d. Planta de manejo de
residuos sólidos: La isla entierra basura en El Magic Garden, ya colapsado.
Se necesita planta de separación, compostaje y exportación de reciclaje. El mar
se está llenando de lixiviados.
3. Protección
y adaptación: el mar se está comiendo las islas
a. Obras de protección costera en San Andrés: Spratt Bight y
Sound Bay pierden 1 metro de playa al año. Se necesitan espolones, rompeolas y
regeneración de playa. Si no, en 20 años no hay turismo.
b. Reconstrucción
resiliente de Providencia: Tras el huracán Iota, el 98 % de la
infraestructura colapsó. Falta terminar el hospital, el colegio, las 1700
viviendas y el malecón. Debe hacerse con normas anti-huracanes, no como antes.
c. Dragado y recuperación
de corales: el coral es la barrera natural contra huracanes y tsunamis.
Está 70 % muerto por turismo y aguas residuales. Sin corales, una marejada
borra la isla. Se necesita vivero de corales y emisario submarino para aguas
tratadas.
4. Desarrollo productivo: no
vivir solo del turismo
a. Centro de
transformación pesquera en San Andrés: los pescadores venden el pescado
barato porque no hay cadena de frío. Con planta de fileteado, empaque y
congelación exportan a Estados Unidos y generan empleo raizal.
b. Distrito de innovación
y bilingüismo: aprovechar que la isla es bilingüe. Un centro de BPO, call
center y nómadas digitales con internet decente y exenciones. Es el “Canal
de Panamá” del conocimiento.
c. Hospital de tercer
nivel en San Andrés: Hoy todo lo remiten a Bogotá. Una apendicitis cuesta
$15 millones por el vuelo medicalizado. Un hospital con UCI y especialidades
salva vidas y plata.
5. ¿Por qué son “deuda
histórica”?
a. Costo de vida:
Canasta familiar vale 45 % más que en Bogotá. Todo por fletes.
b. Riesgo existencial:
Iota demostró que un huracán categoría 5 borra Providencia en 6 horas. Y no hay
obras de mitigación.
c. Pérdida de cultura:
sin agua, sin trabajo digno, el raizal emigra. La isla se está
“continentalizando” y pierde su identidad.
d. Abandono: Desde la
intendencia de 1912, la inversión per cápita es la más baja del país vs. su
aporte en turismo.
La prioridad real: agua 24 horas
más energía barata más internet estable. Con eso, el turismo despega, llega
inversión y baja el costo de vida. Sin eso, cualquier hotel o aeropuerto nuevo
es un elefante blanco.
Recordemos que por San
Andrés pasa uno de los 3 canales navegables entre América y Europa, el Canal de
La Mona. Los otros son el Canal de Barlovento y el Canal de Yucatán.
Si algún día Nicaragua hace
su Canal Interoceánico, cualquier barco que entre o salga por ese Canal, le
tendría que pagar peaje a Colombia, obviamente si somos conscientes,
conocedores y reconocedores de este hecho, y siempre y cuando tengamos
gobiernos serios que sepan defender los intereses de la nación, lo cual hasta
el presente no ha sucedido.
Hay que tener en cuenta el
riesgo permanente que tenemos con Nicaragua, quien considera tener derechos
sobre San Andrés, lo cual está protegido por el Derecho Internacional pero no
por posibles acciones de hecho.
Esta situación tiende a
empeorar, si nuestros hermanos Isleños se sienten abandonados y aislados por
parte de la Colombia continental, como efectivamente lo han estado.
Ojalá después no tengamos
que poner el grito en el cielo por negligentes e irresponsables.
Se requiere que las nuevas
generaciones sean educadas con una conciencia geográfica e histórica que
contenga la adecuada conciencia marítima que hoy no tenemos.

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