José Hilario López Agudelo
La
guerra de Irán es una típica guerra de control por parte de Estados Unidos de
las grandes reservas petroleras del estado islámico, con impactos que están
afectando la geopolítica y la economía mundiales. Es un hecho incuestionable
que el petróleo es el instrumento del poder geopolítico del gran capitalismo,
una poderosa arma para golpear adversarios en la pugna por la preeminencia por
el poder mundial, que además pone en grave riesgo la transición energética hacia
las energías renovables no convencionales, principalmente las energías solar y
eólica, el mayor reto de nuestra civilización. Los altos precios del petróleo causados
por el bloqueo a las exportaciones de Irán favorecen principalmente a EE. UU.,
el mayor productor y exportador mundial de hidrocarburos, y de paso fortalece
la economía de Rusia, otro gran productor y exportador de hidrocarburos, y
aleja la posibilidad de la paz en Ucrania.
En
esencia, el petróleo ha sido fundamental para el desarrollo del capitalismo, lo
cual, en gran parte, explica las guerras del petróleo y el fracaso de las
Conferencias de las Partes de la ONU, las denominadas COP´s, en su intento por
comprometer a las grandes potencias petroleras con la sustitución de los
combustibles fósiles.
Para
tratar de entender la relación simbiótica entre el petróleo y poder del capitalismo,
repasemos algo de la historia:
La
segunda revolución industrial iniciada a mediados del siglo XIX (la primera fue
la del carbón, iniciada en Inglaterra a finales del Siglo XVIII), empezó en EE.
UU. con la perforación en 1859 del primer pozo petrolero en Titusville - Pensilvania
para la producción masiva de queroseno y, más tarde, de gasolina.
El
desarrollo tecnológico que impulsó el petróleo dio lugar a una profunda transformación
de la sociedad y de las relaciones internacionales, a raíz de las innovaciones tecnológicas
que implicaron la utilización de nuevas fuentes de energía, como el gas o el diésel,
combustibles esenciales para la generación de electricidad. Todo esto se
combinó con la aparición de nuevos materiales y sistemas de transporte, tal
como sucedió primero con el automóvil y más tarde con el avión. Esto tuvo sus consecuencias
en la manera en que se estructuró la sociedad, y afectó tanto al factor trabajo
como al sector educativo, así como el tamaño, organización y gestión de las
empresas. El gran impulso industrial y tecnológico que brindó el uso masivo del
petróleo en EE. UU. hizo que a mediados del Siglo XX este país llegara a ser la
primera potencia mundial, liderazgo que aún conserva.
Como consecuencia de la
segunda revolución industrial se produce una escalada de las rivalidades entre países
en la esfera internacional. Esto explica el colonialismo de los europeos en África
y Asia en su afán de búsqueda de recursos minerales, en especial petróleo. A
esto cabe agregar como el acelerado desarrollo económico y social hace que
varíe la importancia geográfica de determinadas zonas. De esta forma lo que, aunque
al momento resultó ser una ventaja geográfica, en otro se convierta en
irrelevante o incluso en una desventaja. Esto es lo que ha ocurrido con
territorios en los que existen yacimientos de gas y petróleo, lo que reorganizó
las relaciones geopolíticas a escala mundial. Casos como Oriente próximo y
Venezuela ilustran la situación, que algunos califican como la maldición del
petróleo.
Un buen ejemplo de
colonialismo es la historia de Anglo-Persian Oil Company Ltd., fundada en 1909,
posteriormente renombrada como British Petroleum Co (BP). Esta multinacional es
una de las las mayores empresas de energía del mundo. La historia de BP está
asociada con la corrupción de los monarcas iraníes, quienes durante varias
décadas vendieron los recursos del país a extranjeros para financiar sus
lujosos estilos de vida. Aunque Irán (conocido anteriormente como Persia) nunca
fue formalmente una colonia o protectorado inglés en el sentido jurídico
estricto del término; sin embargo, estuvo bajo una fuerte influencia y
ocupación de facto por parte del Imperio Británico (y de Rusia) desde el siglo
XIX hasta mediados del XX.
La primera crisis
petrolera mundial comenzó en octubre de 1973, provocada por el embargo de la
OPEP a países occidentales, principalmente EE. UU., que apoyaron a Israel en la
guerra del Yom Kipur. Esto causó un
aumento del precio del barril de petróleo en más del 300 %, provocando escasez,
estanflación (inflación y recesión) en Occidente, lo que significó el fin de la
expansión económica de posguerra.
La Revolución Iraní de
1979 desencadenó la segunda crisis petrolera mundial, generando una caída
drástica en la producción de crudo de Irán (aprox. 4.8 millones de barriles
diarios menos para enero de 1979) y el pánico del mercado. Esto causó que los
precios del petróleo se duplicaran con creces, pasando de 13 a 34 dólares por
barril, así como una severa escasez energética global. La actual guerra de Irán
está generando la tercera crisis petrolera mundial.
En
conclusión, los bienes naturales, como el gas y el petróleo, adquirieron una
importancia estratégica para el sostenimiento del poder político-militar de las
principales potencias internacionales, lo que ha llevado a que su control sea
esencial en la lucha geopolítica por la hegemonía mundial. Si un país no
desarrollado es rico en hidrocarburos y/o minerales estratégicos va a estar
permanente amenazado por las grandes potencias; si no los tiene, cada crisis lo
obliga a importarlos a mayores precios, situación que hoy está sufriendo Colombia
con las importaciones de gas natural, gasolina y urea.
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