En una nueva entrega de Sucesos de la Semana, Antonio Montoya H. analiza los principales acontecimientos nacionales e internacionales: las protestas en Europa, el alza del petróleo, la revocación de visas a colombianos, los cambios en el Gobierno, la controversia por el Museo Nacional y las denuncias relacionadas con el llamado «pacto de Valledupar». Te invitamos a ver este análisis y conocer las reflexiones sobre los hechos que marcan la actualidad.
lunes, 26 de octubre de 2026
Editorial: Sucesos de la Semana No. 168
En una nueva entrega de Sucesos de la Semana, Antonio Montoya H. analiza los principales acontecimientos nacionales e internacionales: las protestas en Europa, el alza del petróleo, la revocación de visas a colombianos, los cambios en el Gobierno, la controversia por el Museo Nacional y las denuncias relacionadas con el llamado «pacto de Valledupar». Te invitamos a ver este análisis y conocer las reflexiones sobre los hechos que marcan la actualidad.
Lecciones de Francia
Luis Alfonso García Carmona
Es verdaderamente
deplorable presenciar cómo ha caído Francia nuevamente en el horror de un
desaforado vandalismo que tiene a la población arrinconada por el terror, más
de 500 puntos afectados por los ataques a comercios y daños a la
infraestructura urbana (incluidos monumentos de valor histórico) y multitud de
lesionados por la violencia desatada.
Todo comenzó con una
protesta estudiantil que pretendía marchar en calma para demandar más atención
a la educación y se convirtió en una conmoción generalizada por fuera del
control de las autoridades.
Cabe aquí preguntar:
¿Quiénes son los responsables de semejante desmadre?
En primer lugar, el
gobierno de Macron, que fue incapaz de reaccionar a tiempo y con la suficiente
contundencia frente al levantamiento. Una cosa es respetar el derecho a la
libre expresión y otra, muy diferente, es alcahuetear a las “chaquetas amarillas”
y a una masa de encapuchados dedicados a quemar vehículos, robar comercios y
agredir a los transeúntes y a las autoridades. Veinticuatro horas después de la
asonada dirigió un lánguido mensaje repitiendo vacías palabras, en lugar de
sacar al ejército para respaldar la acción de la policía.
Los movimientos de
izquierda, expertos en manipular las mentes de los jóvenes, extendieron la
protesta a otros sectores que nada tienen que ver con la educación, bajo el
sofisma de que el gobierno de Macron es neoliberal, enemigo de las clases
trabajadoras, que no atiende suficientemente a sus necesidades, como lo hacen
los gobiernos social-comunistas. Lo curioso del asunto es que precisamente
Francia es uno de los países con mayor gasto público en el mundo,
principalmente para financiar el bienestar de la población. El Estado gasta el
57,2 % del PIB, mientras que otros países de la órbita comunista gastan
menos: Vietnam (20 %), China (33 %), Rusia (50,6 %). Esto deja
sin piso la narrativa de la izquierda, mentirosa como siempre.
Algo me recuerda esta
situación a lo que con frecuencia nos ha tocado vivir. Marchas supuestamente
tranquilas que se convierten en escenarios de vandalismo y de agresiones a la
fuerza pública y a los ciudadanos; bloqueos a la circulación de vehículos; daños
a la infraestructura urbana; incendios a los CAI; ataques físicos a los agentes
del orden; y, en el pasado, presidentes que, como Macron, preferían mirar hacia
otro lado. Gracias a Dios ya esa época de la “patria boba” terminó con “el
tigre”.
No basta con expresar
nuestro rechazo por lo que sucede en Francia. Aprendamos de cada tragedia una
lección que sirva a nuestro futuro, como lo hace quien es práctico. Invitemos a
nuestros congresistas a que apoyen con decisión las normas proyectadas para la
regulación de las protestas y para la persecución de los grupos terroristas. No
hagamos el ridículo “papelón” del presidente de Francia, con los trasnochados
argumentos de la izquierda radical. Si queremos a Colombia de verdad, evitemos
que unos descerebrados la destruyan.
viernes, 23 de octubre de 2026
Refrescando retos
José Leonardo Rincón, S. J.
Esta semana he estado en Lima participando en
varios encuentros organizados por Fe y Alegría y que me implicaron participar
activamente: inducción a nuevos directores; 50º Congreso Internacional y junta
de directores nacionales. La verdad, todo interesante y muy necesario, aunque
queda uno de recoger con cuchara.
Hoy quiero detenerme en una reflexión que
presentó un conferencista de la Unesco, invitado para la ocasión. Afirmaba el
expositor con sobrada razón que el reto de la educación es muy grande, porque
sigue habiendo en el mundo dificultad de acceso a la misma. Además, el acceso o
lograr la cobertura no es suficiente porque algunos deben interrumpir su
proceso por múltiples factores (distancias, desmotivación, necesidad de
trabajar, problemas familiares, entre otros), entonces la deserción es
significativa. El permanecer tampoco garantiza el éxito del proceso, porque se
puede permanecer en el sistema, pero no aprender.
En efecto, la escolaridad completa de los 14 años del ciclo formal no garantiza
un buen nivel educativo. Obsérvense al respecto los resultados de las pruebas
de Estado o las que nos miden en el ámbito internacional: lamentables. Nuestros
muchachos no saben leer, escriben mal, les cuesta hablar en público, no redactan
con fluidez un texto y menos aún tienen una comprensión crítica de una lectura.
Lo
grave es que no son suficientes los contenidos, los cuales se pueden aprender
de memoria para recitar lo aprendido en el típico modelo bancario que en su
momento denunciara Paulo Freire, lo preocupante es que mucho de eso que han
aprendido no es relevante, ni sirve para la vida, la convivencia y su
supervivencia. No termina la crítica aquí: mucha gente “educada” no está
logrando transformar el mundo, en otras palabras, los “mejores” o solo se
preocupan por su propio éxito individual y en su voracidad de éxito y dinero
están acabando con el mundo, o sencillamente no les preocupa la suerte de los
otros.
Estas
ideas me han refrescado retos, removido la razón y sentido de lo que estoy
haciendo y, sobre todo, porqué y para qué lo estoy haciendo. Por si fuera poco,
dos anécdotas para cerrar hoy mi escrito:
*
En Barranquilla, la persona que me presentó leyendo mi currículum, a propósito
del tiempo de trabajo y experiencia en el mundo educativo, concluyó: “Como
pueden ver, el padre José Leonardo se ha preparado durante 35 años para
trabajar en Fe y Alegría”, una expresión que me resultó tan sugestiva como
motivante. Todo tiene su tiempo y es verdad que todo ese tiempo, más los ocho
de administrador provincial, sin duda alguna me han preparado mejor para tamaño
reto que ahora tengo.
*
Roberto, mi compañero de noviciado y también de ordenación, que ahora desde
Roma coordina todo el apostolado social, me escribió: “que disfrutes ese que
es el más importante destino que has tenido en tu vida: no hay nada más
importante que aprender y aprender educando a los pobres pobres”. Totalmente
de acuerdo. Trabajar con los pobres es una gracia de Dios. Además, siempre lo he
dicho, casi que diariamente, todos los días se aprende. Sólo hay que estar
atentos, pues la vida no hace sino darte lecciones y hay que estar como
esponjas, con los ojos abiertos, los oídos alertas, la mente dispuesta a
aprender, un proceso educativo que dura toda la vida, hasta el último minuto de
nuestra existencia.
jueves, 22 de octubre de 2026
Los símbolos que sobreviven al borrado
Fredy Angarita
Hace casi un año escribí que cada generación inventa sus
propios gritos. Que los jóvenes del siglo XXI ya no siempre alzan pancartas de
tela, ahora viralizan imágenes, comparten memes, levantan banderas nacidas del
manga y convierten un dibujo en una forma de decir lo que a veces no cabe en un
discurso. En aquel texto lo llamé Los nuevos símbolos.
Después llegó una frase que convirtió un muro en noticia: «Las
cuchas tienen razón».
En Medellín, la pintaron para acompañar la búsqueda de las
madres que todavía esperan respuestas sobre sus hijos desaparecidos. La frase
no necesitaba explicar toda la historia de la Comuna 13 ni resumir la Operación
Orión. Bastaba con nombrar a las mujeres que habían insistido en contar aquello
que durante años reclamaron que se escuchara.
En enero de 2025, el mural fue cubierto con pintura gris en
el deprimido de la Terminal del Norte, por decisión de la Alcaldía de Medellín,
que argumentó razones relacionadas con el uso del espacio y la intervención
gráfica[1]. La imagen se reprodujo en
otras ciudades. En Bogotá fue cubierta con pintura negra; en Cali, una
cuadrilla de infraestructura la borró parcialmente, una actuación que la
administración atribuyó después a un error[2].
El muro se convirtió en noticia. La frase comenzó a
circular por las pantallas. Y aquello que algunos quisieron dejar fuera de la
vista encontró otras superficies donde aparecer.
Quizá allí estaba la primera lección: borrar una imagen no
significa necesariamente borrar aquello que representa.
Del muro a la sala
Ahora la discusión se traslada a otro lugar: el museo. En
octubre de 2026 más de treinta piezas han sido retiradas de las salas del Museo
Nacional de Colombia por decisión del Gobierno de Abelardo de la Espriella[3]. Entre ellas habría
objetos relacionados con movimientos feministas, la comunidad LGBTIQ+, la
historia política de la izquierda y el proceso de paz de 2016. La medida se
enmarcaría en una crítica a lo que el mandatario denomina wokismo[4]
y en su defensa de una «contrarrevolución cultural».
Sus argumentos plantean una discusión sobre la neutralidad
de las instituciones públicas y la posibilidad de que un museo promueva una
interpretación ideológica de la historia.
Pero las preguntas no terminan con la explicación oficial.
¿Qué cuenta una bandera cuando entra a un museo? ¿Qué historia guarda un
periódico feminista? ¿Qué significa conservar un objeto relacionado con una
organización armada o con un proceso de paz? ¿Mostrarlo es defenderlo o
permitir que una sociedad examine una parte de su pasado?
Un museo no tiene que convertir cada objeto en un homenaje.
Puede exhibir las contradicciones de una época, explicar la violencia,
documentar las decisiones de sus protagonistas y señalar las consecuencias de
sus actos. También puede revisar sus exposiciones, corregir errores y abrir
espacio a otras interpretaciones.
La discusión, entonces, no debería reducirse a decidir qué
objetos gustan y cuáles incomodan. La pregunta es qué criterios se utilizan
para conservarlos, exhibirlos, retirarlos o devolverlos a la conversación
pública.
¿Quién tiene permiso para recordar?
La memoria no es una colección de objetos que nadie puede
discutir. Es una conversación entre generaciones, muchas veces incómoda, en la
que se encuentran testimonios, documentos, interpretaciones y desacuerdos. Una
sociedad puede debatir cómo presentar su pasado sin renunciar a conocerlo.
Hay símbolos que nacen para celebrar; otros, para
denunciar. Algunos representan una identidad; otros recuerdan una ausencia. Y
hay imágenes que, sin proponérselo, terminan reuniendo a personas que no
piensan igual, pero reconocen en ellas una pregunta que merece permanecer
abierta.
Porque un símbolo no siempre significa lo mismo para todo
el mundo. Para unos puede representar una lucha legítima; para otros, una
herida o una postura que cuestionan. Esa diferencia no desaparece al cubrir una
pared de pintura ni al retirar una pieza de una vitrina. A veces, por el
contrario, se hace más visible.
La memoria tampoco exige que estemos de acuerdo con todo lo
que muestra. Exige que podamos conocer, preguntar, contrastar y discutir sin
confundir la explicación con la celebración, ni el desacuerdo con el olvido.
La ciudad que mira y la
ciudad que borra
Escribo sobre los lugares que
atravesamos sin mirar dos veces. El centro, sus fachadas, los árboles que
sobreviven entre el cemento, los negocios que desaparecen, las personas que
guardan historias sin saber que algún día serán las últimas en contarlas.
Ahora pienso también en los muros que cambian de color y en
las salas donde falta un objeto.
¿Qué desaparece cuando se borra un mural? ¿Qué perdemos
cuando una pieza deja de estar al alcance de quienes visitan un museo? ¿Cuántas
historias quedan fuera de la conversación pública porque ya no tienen una
imagen que las haga visibles?
No todo puede conservarse para siempre en el mismo lugar.
Las ciudades cambian, las exposiciones se transforman y las generaciones
construyen nuevas maneras de representar sus preocupaciones. Pero cada cambio
merece una explicación, sobre todo cuando involucra recuerdos de violencia,
luchas sociales y experiencias que todavía dividen a una sociedad.
Tal vez los símbolos no sean tan frágiles como creemos.
Pueden arrancarse de una pared, retirarse de una vitrina o desaparecer de una
fotografía oficial. Pero mientras alguien pregunte por ellos, mientras alguien
busque su origen y reconstruya la historia que los hizo necesarios, todavía
queda algo por contar.
Porque a veces una imagen nos permite ver lo que estaba
delante de nosotros y no habíamos querido mirar. Y otras veces, cuando la
imagen desaparece, es su ausencia la que nos obliga a hacerlo.
¿Qué tendrá que desaparecer de nuestra vista para que empecemos a preguntarnos por qué estaba allí?
[1] https://www.infobae.com/colombia/2025/01/20/las-cuchas-tienen-razon-no-solo-fue-pintado-en-medellin-en-estas-ciudades-de-colombia-ahora-tiene-un-espacio/
[2] https://elpais.com/america-colombia/2025-01-15/la-eliminacion-de-un-grafiti-reaviva-el-debate-por-la-memoria-de-la-violencia-paramilitar-en-medellin.html
miércoles, 21 de octubre de 2026
Conversatorio con Rodolfo Correa Vargas
En el nuevo conversatorio de El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. dialoga con el abogado y empresario Rodolfo Correa Vargas sobre los desafíos de los gremios, la gestión pública y la educación frente al avance de la inteligencia artificial. Una reflexión sobre la necesidad de transformar las instituciones, mejorar la calidad educativa y formar mejores seres humanos. Te invitamos a verlo y a reflexionar sobre los cambios que Colombia necesita.
Barranquilla
Andrés de Bedout Jaramillo
Para
llegar a Barranquilla desde Cartagena se toma una vía costanera, de dos
calzadas en su mayoría, durante unas dos horas, a una velocidad máxima de 80
kilómetros por hora, siendo muy cuidadosos con las cámaras instaladas.
Es
un viaje suave, mayormente por terreno plano, por una vía bastante buena en sus
especificaciones, pavimento, obras y señalización.
Durante
todo el camino nos encontramos con muchas parcelaciones en construcción y
grandes terrenos con explanaciones gigantescas. La primera, luego de terminar
el viaducto sobre la Ciénaga de la Virgen, inmediatamente después de la
ciudadela Serena del Mar, que cuenta con universidad y hospital con helipuerto,
además de canales navegables y muchos edificios de apartamentos de diferentes
compañías constructoras, se construye un inmenso centro comercial. Luego vemos
prestigiosos colegios y universidades a lado y lado de la vía y, en todo el
trayecto, fincas que se convertirán pronto en parcelaciones, además de grandes
edificios en sitios despoblados, hasta dos enormes molinos de viento de tres
aspas para la generación eólica de energía eléctrica.
La
vía, en sus cerca de 120 kilómetros, cuenta con dos peajes de un poco más de
$20 000 cada uno.
La
doble calzada entre Puerto Colombia y Barranquilla está toda iluminada con
energía solar instalada en cada uno de sus postes; algunos paneles ya no están,
seguro la fuerza del viento los ha arrancado.
Nuestro
primer destino sería el parque ecológico Ciénaga de Mallorquín, cuyo nombre
seguramente se origina en el apellido de la familia Mallorquín, propietaria de
una gran hacienda de la que hacían parte estas 700 hectáreas de manglares de
agua salobre, resultado de la mezcla de las aguas dulces del río Magdalena con
las aguas saladas del mar Caribe.
La
llegada a ese hermoso parque natural se nos dificultó por el desplazamiento
lento de cuatro tractomulas gigantes que, por la Circunvalar de la Prosperidad,
llevaban cuatro vagones del Metro de Bogotá.
El
parque natural Ciénaga de Mallorquín está atravesado por unos siete kilómetros
de caminos construidos en madera de pino amarillo de La Florida, con sus
correspondientes barandas, todo ensamblado con tornillería galvanizada y
recuadros de madera con las fotos y la explicación correspondiente de cada una
de las aves que allí habitan.
En
una de las estaciones de madera entré al baño, muy limpio, y cuando salí me
encontré con un exdirector de Corantioquia que hace como veinte años me montó
un proceso penal en la Fiscalía, cuando trabajaba en Emvarias, y me tuvo
sufriendo como cinco años. Hacía más de veinte años no nos veíamos; nunca pensé
que, sorpresivamente, me lo encontrara en un sendero de la Ciénaga de
Mallorquín. Nos tomamos una foto y todo quedó olvidado.
Continuamos
nuestro recorrido por los senderos de Mallorquín hasta que llegamos al mar,
donde tomamos agua de coco y comimos su carnoso contenido.
La
entrada al parque es gratis. Hay mucho personal de la Alcaldía de Barranquilla
y de la Policía al cuidado de esta hermosa y muy bien tenida belleza de la
naturaleza, para el disfrute de barranquilleros y turistas nacionales y
extranjeros, bien comportados, lo que contribuye a la limpieza del lugar.
Segundo
destino: por la misma Circunvalar de la Prosperidad llegamos al Malecón del
Río, que empieza con un hermoso y muy grande centro de convenciones y va un
poco más adelante de la gigantesca rueda de Chicago, todo bordeando al gran río
Magdalena, con su puerto para el servicio de los barcos que surcan los mares,
llenos de contenedores con mercancías que llegan y salen de la gran ciudad.
El
desarrollo de Barranquilla es impresionante: miles de edificios altísimos,
industrias, centros comerciales, casas en todos los barrios rodeadas de rejas
de hierro, jardines, parques y vías arborizadas con frondosos árboles, donde es
muy notorio el predominio del verde.
Bien
merecido tiene Barranquilla el título de capital alterna de Colombia, otorgado
por el presidente; es una ciudad con todas las de la ley.
De
regreso a Cartagena entramos a Puerto Colombia y quedamos maravillados. ¿Cómo
les parece que la fundó nada más y nada menos que Francisco Javier Cisneros, el
que construyó los ferrocarriles por allá en los años 1800?
Puerto
Colombia llegó a ser el puerto más importante de Colombia y el más largo de
Suramérica, con un muelle de 2,5 kilómetros de largo mar adentro.
Reconstruyeron como un kilómetro y, a la distancia, en mar abierto, se ven las
ruinas del viejo muelle, que destruyeron los barcos y las mareas en las
operaciones de descargue y cargue de mercancías. Todo el desarrollo de nuestro
país en los siglos XIX y algo del XX entró por allí.
En
la vieja estación tejían muchas mujeres pertenecientes al club de tejedoras,
que nos contaron varias historias. Las construcciones antiguas, unas en madera
y otras en materiales sólidos, muy bien tenidas, recuperadas y pintadas,
restaurantes con todo tipo de comidas. Puerto Colombia, con su bello malecón,
es un sitio turístico digno de ser visitado por todos.
Que
nuestro Señor Jesucristo proteja a todos los pueblos de nuestra hermosa Costa
Caribe.
Catagena
Andrés de Bedout Jaramillo
Muy a pesar de
las dramáticas cifras de pobreza y desempleo que las autoridades encargadas de
llevar estas cuentas nos presentan, esta hermosa ciudad avanza a gran velocidad
para recuperar e incrementar el número de turistas felices y satisfechos,
además de inversionistas de la tercera edad que buscan una vejez plácida,
saludable, tranquila y con servicios de todo tipo y hasta de salud, buenos y
cercanos.
Vivir al nivel
del mar, contar con las propiedades medicinales del agua salada marina y poder
caminar descalzo sobre la arena, recibir los rayos del sol ricos en vitamina D,
disfrutando del ruido que producen las olas y de los sonidos de aves como los
loros, pericos, marías mulatas, pelícanos y gaviotas, no solamente es medicina
para el cuerpo, también lo es para el alma.
Pasearse por
las tardes en los nuevos coches eléctricos por la ciudad vieja, acompañado de
las interesantes historias contadas con pasión y conocimiento por los diestros
cocheros que supieron adaptarse al brusco cambio de conducir un coche tirado
por caballos a estos nuevos y silenciosos transportes, es una sensación que, a
precios muy razonables, controlados por el Distrito Turístico de Cartagena, no
podemos dejar de experimentar cuando vamos a Cartagena. Transportarse a los
años 1700 y 1800 es algo absolutamente increíble y solo se logra recorriendo en
coche las murallas que protegieron por siglos a la ciudad amurallada de los
piratas que perseguían los tesoros destinados a los reyes de España y al
desarrollo de Colombia.
Hay que
recordar que Rafael Núñez, cuatro veces presidente de Colombia, gobernó desde
Cartagena, donde se conserva intacta la casa que habitó con su familia. De dos
pisos y en madera, nos transporta por segundos a una realidad que hoy se repite
con el presidente Abelardo, gobernando desde Barranquilla.
Tres parejas de
amigos setentones, con los achaques propios de nuestra edad, encontramos
sanación física y espiritual en la playa y el mar, por las mañanas y en el
disfrute de los múltiples servicios de comercio y restaurantes, acompañados de
las presentaciones callejeras de todo tipo de artistas, bailadores y cantantes,
además de los raperos y mimos con sus trovas e imitaciones, destinadas a
divertir o, mejor, a despertar las mejores risas entre los presentes.
Definitivamente, la risa es un remedio infalible.
El malecón de
casi 12 kilómetros que se construye entre Bocagrande y La Boquilla, donde
próximamente se inaugurarán los primeros 2,5 kilómetros, y la gigantesca rueda
de Chicago que, traída desde China, girará sostenida en una plancha de cemento
soportada por pilotes enterrados en el lecho del mar, permitirá una visual de
360 grados, abarcando mar, murallas, ciudad y hasta el aterrizaje y despegue de
aviones de todas las aerolíneas con rutas a todos los destinos del mundo. Ver
al gigantesco avión azul de KLM llegar o salir para Ámsterdam en vuelo directo
causa una sensación especial de cercanía con el resto del mundo.
Ver llegar
trasatlánticos de grandes compañías navieras con miles de turistas, que se
pasean con sus gorras y frescas bermudas, o mejor, con sus mochos, como dicen
acá en la Costa, nos hace sentir orgullosos de la visita de tantos extranjeros
que quedarán enamorados. Hoy encuentran una ciudad limpia, con sus casas bien
pintadas, donde el colorido, los balcones con sus enredaderas de curazaos, de
diferentes colores, presentan unos contrastes que solo se ven en Cartagena. El
aire acondicionado para vencer el calor está en todos los almacenes, hoteles y
restaurantes para comodidad y bienestar de los visitantes, que encuentran en la
muy desarrollada gastronomía de la ciudad la satisfacción plena de sus
paladares.
Cartagena está
preparada. Colombianos y extranjeros podemos visitarla y aportar nuestro grano
de arena para que esta ciudad pueda mejorar rápidamente sus cifras de pobreza y
desempleo: turista satisfecho atrae más turistas.
Que nuestro
Señor Jesucristo ilumine a los gobernantes y empresarios de todos los tamaños
de esta ciudad.

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