Luis
Alfonso García Carmona
Desde el inicio de
la recta final en la competencia por alcanzar el solio de Bolívar, se perfilan
tres perfiles o siluetas de las tres campañas con opción real de alcanzar la
meta.
De un lado, Iván
Cepeda, el candidato del régimen y de los grupos violentos de las FARC y del ELN, se limita a seguir sembrando
odio contra quienes no compartimos la prolongación del régimen de extrema
izquierda, que ha condenado al país a la miseria, al déficit fiscal y a un
general deterioro moral e institucional. Sabe que su discurso de lucha de
clases, de victimización de sus partidarios y de tergiversación
de la historia para focalizar el resentimiento en los supuestos enemigos
del pueblo creados desde su perspectiva comunista, afianzará el respaldo de
unas colectividades fanatizadas. Al fin de cuentas, la campaña se la está haciendo
el propio gobierno mediante la destinación de billones de pesos del
presupuesto, la utilización de la todopoderosa maquinaria del Estado, y la
fuerza coercitiva de los grupos criminales en las zonas donde mantienen su
nociva influencia.
No se puede ignorar
que medida eminentemente populistas como el alza desmesurada del salario mínimo
influye en la decisión final de quienes se benefician de ella, aunque sabemos
de antemano que el crecimiento de la inflación y la reducción de
empleos formales harán desparecer muy pronto el espejismo fugaz del
aumento.
Ha optado el
candidato de la guerrilla por no someterse a debates públicos con otros
candidatos, entre otras razones, por la dificultad para defender un gobierno
tan dañino y torpe como el de su padrino Petro. No tiene otra propuesta
distinta a las de gobernar de acuerdo con su formación comunista y profundizar
en las reformas iniciadas por su camarada. El comunismo, como se sabe, no
ha producido beneficio alguno en los
países donde ha ejercido el poder: en cambio sí es responsable de la muerte,
por violencia o por hambrunas, de más 100 millones de habitantes, más que cualquier
otro movimiento político en la historia de la humanidad. En Colombia, donde
apenas hace menos de 4 años se viene intentando implantar el sistema comunista
ya ha roto todos los récords de corrupción, déficit fiscal, crecimiento de la
deuda pública, reducción de las exportaciones, disminución de las inversiones
nacionales y extranjeras, aumento del gasto público, elevación de los
impuestos. ¿Cómo defender un gobierno con semejante palmarés?
Pasando a Paloma
Valencia, candidata del partido Centro Democrático, quien decidió
unirse a la consulta organizada por varios personajes de la vieja politiquería
con escaso respaldo electoral, encontramos el siguiente panorama: Su afiliación
a la consulta representó un crecimiento inusitado de sus opciones que,
prácticamente, no eran significativas. Ahora cuenta con un respaldo mayor que
la colocan a las puertas de pasar a la segunda vuelta.
Pagó un precio muy
alto por esta jugada electoral. Eligió como candidato a la Vicepresidencia a
un miembro de la consulta de orientación izquierdista, partidario de la JEP y
del espurio acuerdo de La Habana, defensor de la ideología de género y de su
enseñanza a los menores de edad, abortista, enemigo de castigar a los vándalos
de la Primera Línea porque considera que no son delincuentes y amigo de
continuar con los diálogos de paz en lugar de la aplicación rigurosa de la
Justicia para los delincuentes.
Su discurso se
basa, en consecuencia, en la unión de quienes piensan diferente tales
como los santistas, que promovieron la consulta, los amigos vergonzantes
del petrismo, los politiqueros de vieja data que quieren conservar su
porción en el pastel del presupuesto, los del LGTBIQ+ que quieren imponer por ley
sus tendencias personales al resto de colombianos, etc. Por supuesto, esta profunda diferencia de
principios con los que hasta ahora ha defendido el Centro Democrático, partido
de la candidata, ha generado una fractura interna que ésta se ha visto
obligada a explicar antes de que se vuelva un alud de nieve que ahogue su
propia candidatura. Ese es, pues, el objetivo de su campaña: Apagar el incendio
originado en la renuncia a unos valores tradicionales a cambio del apoyo de su
candidato a la vicepresidencia.
Finalmente, Abelardo
de la Espriella, abogado y empresario, en forma independiente de todos los
partidos decidió lanzar el movimiento “Defensores por la Patria”. Muchos
creían que era una tarea imposible, pero, su mensaje concreto, apelando al
patriotismo de lls colombianos y ofreciendo trabajar para la solución de los
principales problemas que agobian a la población colombiana, caló rápidamente
en los potenciales electores.
Sin contar con
aportes de los grandes capitalistas, sin maquinarias de los caciques políticos
de siempre y contra la sucia campaña de sus gratuitos enemigos, recogió más
de 5.000.000 de firmas. Su presencia en las distintas regiones ha sido
acompañada de grandes multitudes que a veces quedan por fuera del evento por
falta de cupo para entrar. Las redes sociales se ocupan de sus propuestas
diariamente y las más serias encuestas
internacionales lo colocan en segundo lugar en la carrera por la Presidencia.
Es indudable que
esta postura tiene mayores posibilidades que la de Cepeda, la cual causa
terror en la mayoría de los colombianos que rechazan con todas sus fuerzas
al comunismo. Las multitudinarias marchas que se cumplieron contra las
FARC en el 2008 y las que de forma
espontánea han tenido lugar para gritar “FUERA PETRO”, así lo constatan.
Si persiste el
“tigre” en su tarea de mostrar a los colombianos cómo su gobierno se encargará
de resolver cada uno de los entuertos que recibiremos del régimen petrista,
consolidará su opción triunfadora. Tiene el talante y la voluntad que se
requieren, cuenta con un equipo ampliamente capacitado, ha captado el fervor y
la pasión de millones de colombianos y puede tomar las decisiones que más
convengan al país sin tener que pedir permiso a nadie ni pactar con sus propios
colaboradores el camino a seguir.
Solo podría ganar
Cepeda si nos dejamos influenciar por las malas artes de los medios fletados
por la politiquería de siempre para atajar a Abelardo en su arrolladora carrera
hacia la Presidencia. Hagamos parte de ese ejército de colombianos que no nos
rendimos ni ante la maldad del comunismo ni ante la mentira de las
viejas estructuras políticas que quieren seguir atornilladas al poder del
Estado.