viernes, 19 de junio de 2026

Gaudí, fuera de serie

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Otro motivo para visitar Barcelona era conocer la Basílica de la Sagrada Familia, esa monumental obra concebida por Antonio Gaudí, que lleva más de un siglo construyéndose y a la que le faltan, según los expertos, otros 10 años de trabajos.

La presencia de León XIV en la inauguración de la Torre de Jesucristo el pasado 10 de junio, coincidió con el centenario de la muerte del arquitecto y máximo exponente del modernismo catalán, conocido también como el “arquitecto de Dios”, un hombre fuera de serie no solo por su creatividad sino por su manera de ser y proceder. Tan significativa fue su vida que se encuentra en proceso de beatificación. En efecto, Gaudí a pesar de su reconocimiento, vivió austeramente, tanto, que cuando en un trágico accidente un tranvía lo atropelló y fue llevado al hospital, no lo reconocieron pensando que era un pordiosero.

En mis visitas a iglesias en Europa es tanto el derroche de arte que he visto y admirado estéticamente que debo confesar que siento cierto “hastío”. Una comida exquisita se consume con gusto en pequeñas dosis, pero cuando le sirven a uno cantidades exorbitantes, por más rico y fino el manjar, uno se harta. Eso he sentido y ustedes me entienden el tono nada peyorativo de mi afirmación. En un mundo teocéntrico nada se escatimó para rendirle honor y gloria a Dios, edificios, torres, muros, columnas, cuadros, esculturas, frisos, artesonados, tallas, pinturas, grabados, dibujos, murales, vitrales, música, todo, absolutamente todo, es exuberante, bello, majestuoso, de un exquisito gusto estético. Con razón Antonio Banderas en su saludo al Papa, haciendo justicia, afirmó que la Iglesia ha sido la principal productora de arte en la historia de la humanidad.

Entonces, imaginaba yo, que después de esos tiempos dorados el hombre no volvería a producir algo similar. Me equivoqué. Gaudí lo ha logrado con creces. Y no lo digo por lo que se puede ver por fuera que ya es bastante fastuoso, cargado de formas, símbolos y colores, sino también por la experiencia que se vive desde dentro y que resulta majestuosa. Todo su diseño interior es novedoso y todo tiene su sentido. No es caprichoso, no es ostentoso, es sobrio y a la vez elegante. De la mano de los expertos valdrá la pena algún día enterarme a fondo de ese conjunto de significados, significantes y significaciones para tratar de comprehender la teología que encierra. Hay que ir en un día soleado como el que me tocó para gozar desde dentro sus vitrales de colores iluminando todos al tiempo y que conjugados ellos lo hacen sentir a uno en otra dimensión, en otro mundo.

En su homilia, el Papa aludió a la Iglesia como templo que se va construyendo día a día, cuya piedra angular es Cristo y nosotros piedras vivas; un proyecto que se va realizando, una obra inconclusa, lo que no ha de entenderse como defecto sino tarea permanente; templo del Espíritu Santo; no casa que le hacemos a Dios, sino una casa que Dios nos ofrece para acogernos en su corazón. La torre de Jesucristo, ahora la más alta del mundo, invita a “alzar la mirada” (lema de la visita) para reconocer en el Señor esa luz de su amor que brilla en las tinieblas y se convierte para todos en faro y guía. Antonio Gaudí, logra en esta obra de arte, ofrecernos un mensaje evangelizador fuera de serie. ¡Extraordinario!

jueves, 18 de junio de 2026

“Si me dicen algo, le aviso”

Fredy Angarita
Fredy Angarita

“Una enfermedad sin tratamiento”

Estamos discutiendo por el mal servicio de salud. Nos quejamos, levantamos la voz, decimos que Petro acabó con el sistema. Algunos aseguran que éramos la envidia de Suramérica, que antes teníamos coberturas cercanas al 90 % y que ahora apenas alcanzamos el 70 %.

Se habla de corrupción, de recursos perdidos, de acabar con las EPS, de listas de espera y de la falta de atención.

El fin de semana, del 13 al 15 de junio, acompañé un tío a urgencias. Pasé allí el sábado, el domingo y parte del lunes.

Sí comprobé algo que muchos dicen: el servicio es lento. Pero también vi algo de lo que casi nadie habla: apenas los pacientes eran atendidos, el personal de salud se mostraba amable, cordial y profundamente humano.

Lo que realmente me dejó asombrado no fue la demora, fue la soledad que encontré en esas salas.

Muchos de los pacientes llegaban solos, algunos eran recibidos por los vigilantes.

—Señor(a), debe reclamar una ficha.

—¿Me presta la cédula?

—Lo van a llamar con este número. Apenas lo llamen, yo le devuelvo el documento.

Imaginen por un momento estar enfermos y tener que enfrentarlo todo solos. Entender indicaciones, hacer filas, esperar resultados, escuchar diagnósticos.

Mientras Colombia discute sobre la salud, pocos parecen notar la cantidad de adultos mayores que esperan solos en las salas de urgencias.

Algunos recibían una llamada y, por un instante, parecía que el celular era la única compañía que tenían. Otros, con la humildad que dan los años, le decían al que está al otro lado del celular:

—Si me dicen algo, le aviso.

Y esa frase, tan simple, me produjo una tristeza difícil de explicar.

No les pregunté por qué estaban solos. No sé si sus hijos viven lejos, si ya no tienen familia o si simplemente nadie pudo acompañarlos. Pero la enfermedad es uno de esos momentos en los que uno quisiera tener a alguien al lado.

Después de este fin de semana admiro mucho más a quienes trabajan en el sector salud. No porque puedan resolver todos los problemas del sistema, sino porque, en muchos casos, eran las únicas personas que hacían sentir acompañados a quienes estaban allí.

También me di cuenta de lo poco sensibles que nos hemos vuelto. El dolor ajeno rara vez importa. Nos preocupa nuestro sufrimiento o el de nuestros familiares, pero pocas veces miramos hacia el lado para preguntarnos qué está viviendo la persona que espera en la silla de al lado.

Podemos pensar que no sabemos cómo reaccionará alguien ante un gesto de ayuda. Pero tampoco podemos acostumbrarnos a ignorar el dolor de los demás.

Muchos siguen discutiendo sobre el sistema de salud. Y tienen razones para hacerlo.

Pero mientras debatimos sobre cifras, reformas y responsables, hay personas enfermas esperando solas en una sala de urgencias.

Quizá esa sea una de las enfermedades más silenciosas de nuestra época. La soledad. Y para esa, todavía no existe una EPS que entregue tratamiento.

miércoles, 17 de junio de 2026

Conversatorio con Deimer Flórez

 


Deimer Flórez se ha consolidado como una de las figuras más reconocidas de la vida pública de Antioquia, gracias a una trayectoria que combina la educación, la gestión pública, el trabajo comunitario y la promoción cultural. Él es el invitado de la semana al nuevo conversatorio de El Pensamiento al Aire para hablar de Educación en Colombia. No dejes de verlo. Licenciado en Educación, con especialización en Cultura Política y Gestión Pública, ha orientado su vida profesional hacia la formación de las personas y el fortalecimiento de las oportunidades para las nuevas generaciones. Su vocación de servicio comenzó desde muy joven en grupos juveniles y comunitarios del municipio. En 2003 impulsó la creación de la corporación “Creo en Vos”, una iniciativa dedicada a ofrecer procesos de formación académica y artística en áreas como matemáticas, español, inglés, música, danza, teatro y manualidades, beneficiando a cientos de niños y jóvenes del sur del Valle de Aburrá. En el ámbito político y administrativo, fue elegido concejal de La Estrella durante dos períodos y posteriormente asumió la Secretaría de Educación y Cultura del municipio, cargo que desempeñó entre 2015 y 2022. Durante su gestión lideró programas orientados al fortalecimiento de la calidad educativa, la promoción de la cultura y la ampliación de oportunidades de formación para la comunidad. Uno de los logros más destacados de ese período fue la vinculación de La Estrella a la Red Mundial de Ciudades del Aprendizaje de la UNESCO, reconocimiento que posicionó al municipio dentro de una red internacional enfocada en el aprendizaje permanente y el desarrollo humano. Además de su trabajo en educación, Deimer Flórez ha promovido el arte y la cultura como herramientas de transformación social. Músico y escritor, ha defendido la importancia de los procesos culturales como complemento fundamental para el desarrollo integral de las comunidades y la construcción de ciudadanía. Su hoja de vida refleja una combinación de experiencia académica, liderazgo comunitario y gestión pública, con un énfasis permanente en la educación como motor de progreso y en el servicio como principio orientador de su actividad profesional y política.

De cara al porvenir: normalizar lo que se repite

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Hace algunos años, después de un largo tiempo de conflicto interno en Colombia, algunos analistas hablaban de que la guerrilla se había convertido en “parte del paisaje”, puesto que nos habíamos acostumbrado a coexistir con ella.

Hoy por hoy, la guerrilla crece y han aparecido nuevos actores del conflicto con distintas denominaciones y un común denominador: el narcotráfico.

Es común que se presenten diariamente actos terroristas, tomas de poblaciones, atentados permanentes contra la fuerza pública y la población civil, aumentan las extorsiones, los secuestros, el sicariato indiscriminado y el asesinato de líderes sociales, y todos tan campantes, Gobierno y ciudadanía nos limitamos con conversar y comentar sobre el “acontecimiento nefasto del día” y a comparar con las estadística o datos oficiales del año anterior o del año en curso, es decir, aprendimos a coexistir y convivir con los agentes que actúan por fuera de la ley y a tener un Estado débil conformado por gobiernos torpes y timoratos.

No es que nos contentemos o nos tranquilicemos con que el dato esté por encima o por debajo del período con el cual se compara. Es que ese dato actual debe ser CERO para el total de víctimas de cualquier tipo de agresión.

Yo ya estoy mamado de oír las declaraciones y las explicaciones insulsas y repetidas ―como si fuera un guion previamente preparado― del presidente de turno, de los ministros, de los generales, de los comandantes de ejército y policía, de la Fiscalía, de la Defensoría del Pueblo, de funcionarios de nivel alto, medio y bajo, de prelados y de simples ciudadanos que anuncian lo de siempre: consejos de seguridad extraordinarios, investigaciones exhaustivas, aumento del pie de fuerza (trasladándola de un lugar a otro como Simón el Bobito que sugiere abrir un hueco para poder echar allí un volumen de tierra que está expuesto), e invitando a la convivencia.

Ni que hablar de la inseguridad cotidiana en las distintas ciudades del país a través de la llamada delincuencia común.

Este Estado fallido debe reconocer que le quedó grande controlar el cien por ciento del territorio y lo que se requiere son medidas extremas como la solicitud de ayuda a la ONU para que mande los Cascos Azules, o solicitar de un “gobierno amigo”, ―comprometiendo la soberanía nacional― a que nos ayude a salir del problema en términos militares o de apoyo económico como ya lo hemos hecho con anterioridad, con algunos resultados temporales.

La reubicación física de los comandos del ejército trasladándolos a los epicentros del conflicto, la declaratoria de Ley Marcial en territorios y departamentos neurálgicos, el llamado de la reserva mientras se capacitan nuevos contingentes, son medidas que suenan como obvias pero que no se han ensayado, creo yo, porque de pronto resolvemos el problema.

Y para complicar más el asunto, el tema de la corrupción sigue creciendo de manera desbordada en todas las instancias y en todos los niveles. Todos los días un nuevo escándalo y nuestro aparato de justicia apenas si alcanza a judicializar, pero muy rara vez a condenar.

En estos tiempos recientes el asunto ha pasado de castaño a oscuro, se ha salido de madre y no pasa nada.

¿Nos volvimos todos cómplices de la corrupción?

¿Qué medidas se están tomando?

¿Cuáles son los ladrones de cuello negro, blanco o rosado que ya están en la cárcel?

¿Quién asume la responsabilidad?

¿Se imaginan ustedes un joven que estará pensando de tener o intentar tener un futuro en Colombia?

¡Qué cansancio!

¡Qué país miserable!

Sin embargo, tratemos de perseverar asegurando que ¡todo sea por Colombia y nada sea contra Colombia!

martes, 16 de junio de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 150

 

En esta nueva edición de Sucesos de la Semana para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. analiza los acontecimientos que marcan la actualidad nacional e internacional: el inicio del Mundial de Fútbol 2026, la incertidumbre electoral en Perú, la visita del papa León XIV a España, el repunte de la inflación en Estados Unidos, la recta final de la campaña presidencial en Colombia y las advertencias sobre la llegada del fenómeno de El Niño. Los invitamos a ver este completo análisis en y conocer una mirada crítica y reflexiva sobre los temas que hoy ocupan la atención del mundo.

Los indecisos

Julio Enrique González Villa
Julio Enrique González Villa

Alberto Lleras Camargo fue uno de los grandes presidentes de Colombia (1958-1962) cuando terminó la Dictadura de Gustavo Rojas Pinilla y dio comienzo a la colaboración patriótica entre los partidos Conservador y Liberal, el llamado Frente Nacional, diseñado por los Acuerdos de Benidorm y Sitges, para que el país retornara a la vida civilizada y democrática, y avanzara en una paz constructiva y duradera que terminara con la violencia política que amenazó la existencia republicana entre 1934 y 1957.

Lleras Camargo siempre leyó sus discursos para no dejarse llevar por la emoción de la masa. Liberal hasta la médula, y girando un poco a la Izquierda. Ese Lleras Camargo le fue leal a Alfonso López Pumarejo (1942-1946) en su segundo Gobierno, al punto de sofocar un golpe de Estado durante el cual fue detenido López en Pasto. Cuando López Pumarejo renunció en este Gobierno, Alberto Lleras Camargo terminó el mandato.

Alberto Lleras Camargo fue un gran periodista, fundador de la OEA y su primer secretario general. Escribió en noviembre de 1957: “…en el mundo hay dos grandes revoluciones industriales en marcha: la capitalista, iniciada hace ciento cincuenta años, la comunista, apenas hace unos treinta y cinco. La lucha entre esas dos revoluciones es implacable, pero los instrumentos son idénticos, y curiosamente, ciertas finalidades se aproximan cada vez más. Sólo que la capitalista produce en una atmósfera de libertad, todo género de máquinas, bienes, servicios, de los cuales deriva satisfacción y provecho tanto el que los produce como el que los consume y emplea. Y la otra, al menos hasta ahora, se parece cada vez más a las religiones bárbaras que sacrificaban continuamente seres humanos, cosechas y ganados para apaciguar la inexhausta cólera de dioses de inescrutables designios. Así, la revolución industrial capitalista tiene un aire alegre y un ritmo optimista. Una competencia frenética y estimulante ofrece todos los días nuevas máquinas y una serie de juguetes de dudoso interés práctico, que, sin embargo, no son obligatorios para nadie, ni hacen otra cosa que producir más trabajo, más salarios, más consumidores de juguetes. La vida, dentro de ese ambiente, puede hacerse pueril, menos honda y sabia que lo que fue la de ciertas castas sociales que heredaron las ventajas del ocio fecundo. Pero la gran masa tiene por primera vez estos juguetes, y no conoció otros. La revolución industrial comunista trabaja con la misma intensidad para producir, torpemente, los mismos juguetes, servicios y bienes. Pero cada una de sus fábricas tiene que apoyarse sobre millares de hombres armados, cárceles, persecuciones, violencia estatal, porque es el Estado el empresario sin competencia interna posible, y porque todo el poderío industrial no es sino uno de los resortes de un mecanismo político de dominación minoritaria.” (Alberto Lleras Camargo; Nuestra Revolución Industrial; Aedita Editores Ltda. Cromos; 1957; Pags 20 y 21)

Esta es la coyuntura en la que estamos sometidos todos los colombianos este próximo 21 de junio: capitalismo o comunismo.

Quería tener una mujer de presidenta de Colombia y por esa razón, además de estar más en el Centro Político, voté por Paloma Valencia y por Juan Daniel Oviedo. No llegaron a la segunda vuelta presidencial. Creo, en mi opinión, que las dos vueltas presidenciales tienen un objetivo: en la primera vuelta se vota por quien uno quiere; en la segunda vuelta se vota contra quien uno no quiere.

Así las cosas, siendo una persona del Centro Político, considerando los argumentos del Dr. Alberto Lleras Camargo, dos veces presidente de Colombia, quien a pesar de estar en orillas muy diferentes decidió viajar a Europa para reunirse con su enemigo político, Laureano Gómez, para pacificar el país y poner el hombro juntos, hago público mi voto en esta segunda vuelta presidencial por la fórmula Abelardo de la Espriella y su excelente vicepresidente, José Manuel Restrepo. Estos representan el capitalismo. Los otros dos representan el comunismo.

Dios, tu patria y tu familia cuentan contigo el 21 de junio

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Cuentan contigo para salvar nuestros principios espirituales que nos diferencian de la barbarie; para defender nuestras tradiciones culturales que nos legaron los fundadores de la nación; para devolver al país el pleno ejercicio de las libertades y de los derechos fundamentales de las personas conculcadas por el Estado totalitario y corrupto; para garantizar a los ciudadanos la seguridad en los campos y en los centros urbanos; para reconstruir la nación en todos los aspectos que deja destruidos la torpe y malintencionada gestión del populismo de izquierda.

El mensaje es para los creyentes en la fe católica y cristiana, cualquiera sea su rito, que ha sido nuestra salvaguardia contra la toma del poder por el comunismo materialista que ha pretendido sustituir la creencia en Dios por la enseñanza de la doctrina marxista y de la ideología del LGTBI, la promoción del aborto y del cambio de género en los menores de edad.

Para los trabajadores asalariados e independientes, que ven cada vez más reducidos sus ingresos gracias a la inflación y a los impuestos, que sufren la amenaza de la pérdida de sus fuentes de trabajo por el torpe manejo de la economía y el derroche fiscal del gobierno petrista y han perdido la esperanza de pensionarse con las reformas aprobadas por la tiranía de Petro.

Para los beneficiarios del sistema de salud colapsado por la obsesión gubernamental de intervenir indebidamente en el manejo de sus recursos, impidiendo la oportuna entrega de medicamentos y atención de los pacientes.

Para los pensionados que corren peligro de no recibir oportunamente sus mesadas en el futuro, ya que el Gobierno se ha empeñado en echar manos de los fondos de pensiones.

Para los empresarios, especialmente los pequeños y medianos, que ven en peligro sus empresas con los decretos del Gobierno que los obligan a pagar los beneficios que los sindicatos negocien con las grandes empresas, lo que conducirá a todos a la quiebra. Se añade esta desgracia a la alta tasa de tributación, la creación del impuesto al patrimonio, el aumento de los costos laborales y fiscales, la exasperante tramitología, los incrementos de los costos en servicios de energía y gas, la extorsión a todos los niveles y en todas las regiones tolerada por las autoridades, y la inseguridad física de los emprendedores, todo lo cual hace casi imposible la generación de empleos en Colombia.

Para los veteranos de la fuerza pública indignados con el injusto tratamiento judicial con sus compañeros mientras se brinda total impunidad a la narcoguerrilla.

Para las madres solteras más vulnerables que merecen una justa ayuda del Estado para levantar sus familias.

Para los ancianos que carecen de pensión y merecen se les aumente el subsidio estatal para mejorar sus condiciones.

Para los campesinos cansados de las falsas promesas de este Gobierno mentiroso y corrupto que ha abandonado los planes de desarrollo del campo, donde está el futuro de Colombia.

Para los obreros de la construcción que pierden todos los días más oportunidades de laborar por el cierre del plan de vivienda, la suspensión de inversiones de infraestructura y la quiebra del Estado, sumido en la más elevada deuda de la historia del país.

Para los transportadores agobiados por el alza en combustibles y peajes, inseguridad en las carreteras e indiferencia estatal frente a sus necesidades

Todos debemos responder ese día histórico votando masivamente por la Patria milagro que construiremos bajo la guía del “tigre” Abelardo de la Espriella, llevando a nuestros familiares, amigos y allegados a que nos acompañen con su voto por los Defensores de la Patria. Son muchas las razones por las que debemos luchar.

No olvidemos que los enemigos de la patria están preparando el más monstruoso fraude electoral que incluye: constreñimiento a los votantes en las zonas con influencia guerrillera, en las cuales ya ganó su candidato en la primera vuelta; masiva compra de votos en ciudades y pueblos, con la aquiescencia de los órganos de control: 24 000 funcionarios de la Fiscalía, Procuraduría y Contraloría, y no hay un solo detenido por esos delitos; cambio de identidad del elector pues la Registraduría no quiso poner en marcha la identificación biométrica como se lo pedimos; contratación de un grupo de hackers bajo la dirección de un oficial del ejército que trabaja para el gobierno para infiltrar los resultados; preparación de un autogolpe de Estado, en el caso de que les fallen todos los mecanismos de fraude.

Solamente con un contundente resultado en las urnas podemos abortar tan pérfidos propósitos. Está en nuestras manos pasar a la historia librando a Colombia de todos estos males para que podamos gozar de tranquilidad, bienestar y esperanza en el futuro de esta amada Patria.