jueves, 9 de abril de 2026

¿Permitirá la clase política validar los votos constreñidos?

José Alvear Sanín

José Alvear Sanín

Con su habitual clarividencia viene Fernando Londoño Hoyos llamando la atención sobre el hecho de que hay docenas de municipios donde las fuerzas armadas de la subversión obligarán a los ciudadanos a votar por Cepeda, el candidato comunista.

El insobornable exministro considera que en esas martirizadas poblaciones hay por lo menos dos millones de votos cautivos.

No sé qué sea más grave, si el hecho enunciado o el silencio con el que responde la clase política. Ningún gran directorio nacional, ningún congresista, ningún medio masivo de comunicación, se pronuncia frente al mayor y más eficaz mecanismo para eliminar la democracia. El voto constreñido nunca puede ser válido y su contabilización es, obviamente, ilegítima e inmoral.

Petro sabe que con elecciones libres está perdido. Por tanto, consecuente con el credo leninista que profesa, hará lo posible y lo imposible para que Colombia se pierda, convertida en la colonia que Cuba necesita ahora más que nunca antes, porque ya Venezuela le fue arrebatada.

Basta con 15.000 votos en cada uno de los 130 municipios cuya dominación ya es indiscutible, para recoger los dos millones de sufragios que pueden llevar a Cepeda al poder, pero como hay más de 400 municipios afectados, conviene calcular el potencial de votos que, más que probablemente, serán constreñidos.

(¡Quien piense que 15.000 votos por municipio es una cifra muy elevada, puede hacer cálculos con —digamos— 7.000 votos, multiplicados por 200, 300, 400 municipios…y el resultado será siempre aterrador!)

Ahora bien: no es tolerable que ningún voto que obedezca al constreñimiento sea validado, pero, repito, el establecimiento político y su Consejo Nacional Electoral siguen mirando para otro lado…

Solamente hay un candidato consciente de esta suprema amenaza, porque los otros callan de manera culpable, y el de la extrema izquierda, obviamente sabe que buena parte de sus votos depende de la coacción y la violencia que ejercen en favor suyo guerrillas, mingas, combos, clanes y demás…

Es asombrosa la indolencia del sector político frente a la estrategia (hasta ahora) vencedora, del comunismo, porque, según como van las cosas, gran parte de los políticos tradicionales, a última hora, van a acompañar a Cepeda, para que nadie ponga en duda su progresismo y su rechazo de lo que llaman “la extrema derecha”.

Como los señores de este “establecimiento” nunca han hecho oposición eficaz a Petro, piensan que con Cepeda les irá igual, desconociendo que su estalinismo radical le exigirá desconocer todas las componendas y alianzas con el clientelismo burgués, es decir, con quienes nos han traído hasta aquí.

miércoles, 8 de abril de 2026

Politiquería frente a ideas constructivas

Luis Alfonso García Carmona

Luis Alfonso García Carmona

Es un hecho indiscutible el mayoritario rechazo del pueblo colombiano al régimen actual y al propósito de prolongar su vigencia en el poder a través del heredero de Petro y de las FARC, Iván Cepeda.

No obstante, el acuerdo casi unánime de los colombianos en impedir la continuidad de este catastrófico gobierno, todavía flotan algunas dudas sobre el más viable camino para impedir que tal desastre se consuma. Donde algunos ven razones de incertidumbre a la hora de elegir, la decisión resulta bien sencilla si nos preguntamos lo que en realidad queremos, no lo que nos dictan los medios prepagados o los discursos engañosos que durante décadas han utilizado los politiqueros de oficio para perpetuarse en el poder. Como diría Marco Aurelio, “…quienes no siguen con atención los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desdichados (Meditaciones).

 ¿Queremos más de lo mismo: vana palabrería, jugarretas electoreras para ganarse unos cuantos votos, cambio de ideales o de principios por respaldos políticos, ¿utilización de la calumnia y la mentira sin vergüenza alguna? O, por el contrario, ¿aspiramos a una Patria libre no sólo del populismo totalitario que nos amenaza, sino también del cáncer de la vieja politiquería que nos ha conducido hasta el borde del abismo que vivimos?

La decisión es bien clara. Después de años de padecer estos males endémicos, somos expertos en toda clase de paliativos que sólo han servido para fortalecer a los grupos ilegales, blindar el sucio negocio de la cocaína, catapultar la corrupción como la herramienta más expedita para atornillarse al poder, entregar la educación de los niños y jóvenes a la extrema izquierda y a los fanáticos del LGTBI e iniciar el desmoronamiento de todo nuestro sistema económico. Es el fruto de la entrega del país al binomio Santos-FARC mediante el espurio acuerdo de La Habana, de la elección  de Presidentes obsesionados con cumplir los compromisos acordados con los facinerosos de las FARC  sin exigir nada a cambio, de la política tibia y alcahueta con la criminalidad que ahora llaman “ de centro”  que permitió la toma guerrillera de las ciudades en lo que denominaron “estallido social” y, finalmente, pavimentó, con su falta de carácter y de valor, la llegada del narco-comunismo petrista al poder.

¿No es hora de desmontar este doble yugo, el de la izquierda radical y el de la desacreditada politiquería para empezar a construir juntos la “Patria milagro” que nos merecemos?

Dejemos de preocuparnos por la sucesión de escándalos que a diario se destapan. A los torpes seguidores del tirano nada los apartará de su fanatismo y su resentimiento.  A los opositores cada escándalo no hace sino confirmar lo que ya sabemos: que estamos bajo un régimen que nunca debió llegar al poder. Dediquémonos, en consecuencia, a convertir a Colombia en la “Patria milagro”. Colombia solamente exige de nosotros el último esfuerzo: Votar y hacer que otros voten con nosotros por Abelardo de la Espriella, artífice de esta nueva Colombia que todos soñamos, en la primera vuelta. No hay tiempo que perder. Estamos “Firmes con la Patria”.

Uribe, un demócrata vigente y necesario

Luis Guillermo Echeverri Vélez

Luis Guillermo Echeverri Vélez

No se puede descartar la práctica sencillez y el sentido patrio de Álvaro Uribe. Petro, Cepeda y el narcoterrorismo que los respalda ya plantearon los términos de la batalla por el poder y sus intenciones de estatizar el sistema de libertades al expresar que el enemigo a vencer es Uribe.

Eso no parecen entenderlo los campamentos de la democracia que cada que atacan a Uribe o entre ellos, le están sumando votos a los enemigos de Colombia como república democrática fundamentada en la legalidad y la libertad.

Por mucha bronca que le lleve la mamertería a Uribe, sus postulados son el reflejo del espíritu del “hombre colombiano”, de la gente del común que está cansada de la novelería de la concesión de impunidad y la incomprensión arrogante de las diferencias sociales, convertidas en odio de clases.

Uribe demostró con resultados tangibles en desarrollo socioeconómico que donde existe un propósito de nación que une a todos los que respetamos la ley, florece una esperanza en el sentir de la gente sencilla, humilde y trabajadora.

Su corazón sigue siendo tan grande y generoso como su lucha en favor de la verdad y la libertad de los indefensos. La consistencia de su integralidad como demócrata solo se compara a la firmeza de su ideario y sus actos en favor de la legalidad, hechos que lo convirtieron en un gran líder hemisférico que sigue tan vigente como su inmensa presencia digital.

Soy testigo de que a partir del 2010 cuando los IPhone y los androides reemplazaron a los Black Berry, Uribe extendió su dialogo personal permanente con las comunidades a las redes sociales formando un urdimbre de seguidores que a la fecha supera los 10 millones y creando una fuerza digital orgánica que no puede ser ignorada por las calenturas triunfalistas que nublan el entendimiento de los actores políticos y fanáticos que cada cuatro años cambian de idolatría.

Por su carisma y su disciplina personal supera ampliamente en búsquedas a Cepeda, Abelardo y Paloma. Los únicos que lo rebosan a golpe de bodegas y del comportamiento anómalo que registran sus redes, son Petro y Bolívar, que generan y compran “likes” con los impuestos de todos nosotros.

Lo dicho lo respaldan los hechos: Iván Duque y Paloma Valencia, 47 parlamentarios cabalgaron sobre los lomos del poderío de la presencia física y digital de Uribe en los corazones de millones de colombianos en las consultas surtidas en 2018 y 2026.

Veinte años después de su incontestable reelección en 2006, al igual que en 2016, en la segunda vuelta del 2026 la “Fuerza Uribista” estará presente en la definición de la gran batalla cultural por la libertad en contra de un narcosocialismo siglo XXI caracterizado por la conformación de una dictadura constitucional respaldada por la conjunción de todas las formas de lucha por el poder con que ya por décadas han oprimido naciones enteras en Cuba, Nicaragua y Venezuela.

En cada elección unos se quieren apropiar de sus postulados y otros solo encuentran manera de figurar denigrando de su persona, sin comprender que es precisamente eso lo que les impide lograr despertar por su cuenta un propósito de país genuino que una a todos los colombianos que siempre hemos anhelado una convivencia tranquila y un país para trabajar.

Hoy nos estamos debatiendo entre la libertad y el Estatismo representado en la entrega de la finca llamada Colombia que Santos le prometiera formalmente a las FARC-EP en Cuba; y seguimos en manos de los mismos aduladores de ocasión que hacen parte de la buitrera partidista que en Colombia degeneró en docenas de movimientos políticos sin un ideario ni unas estructuras y una ética de trabajo social bien establecidas.

Que no nuble el entendimiento de los candidatos de la democracia ni de sus asesores y fanáticos de ocasión el efecto embolatador que produce la ilusión de poder y en medio de su eufórica esperanza de triunfo ignoren el efecto del poderío de llegada digital de las redes de Uribe, y mucho menos la credibilidad de sus postulados, su palabra de hombre honorable y su insuperable patriotismo.

El gran colombiano sigue vigente, es un guerrero de la libertad que lo ha dado todo por Colombia y por la construcción un país donde la nación se transforme en una sociedad desarrollada.

Conversatorio con El Bagualito

 

Para esta semana en Pensamiento al Aire, presentamos una emotiva y cercana conversación con el artista boliviano Bagualito, un exponente del folclore andino cuya historia de vida refleja esfuerzo, humildad y profundo compromiso social. En diálogo con Antonio Montoya H., el cantante comparte sus orígenes en el sur de Bolivia, en la región de Cañas y Canchasmayo, donde creció en condiciones difíciles y encontró en la música una forma de hacerse escuchar y transformar su realidad.

A lo largo de la entrevista, Bagualito relata cómo su abuela fue pieza fundamental en su formación personal y artística, inculcándole valores y acercándolo a la música desde temprana edad. También narra los sacrificios y obstáculos que enfrentó en su infancia, los cuales inspiraron interpretaciones cargadas de sentimiento, como la canción que revive la lucha por salvar la vida de su ser querido en medio de la pobreza.

El artista destaca su evolución musical desde los cantos religiosos y de protesta hasta consolidarse como intérprete de la música tradicional boliviana, especialmente la cueca tarijeña, llevando su talento a distintos escenarios en Bolivia, Argentina y otros países de América Latina, incluyendo Colombia. Asimismo, resalta su labor social mediante la organización de festivales solidarios destinados a apoyar a poblaciones vulnerables.

Una entrevista que combina música, memoria y sensibilidad, y que invita a reflexionar sobre el poder del arte como herramienta de superación, identidad cultural y servicio a la comunidad.

martes, 7 de abril de 2026

El año de…

Pedro Juan González Carvajal   

Pedro Juan González Carvajal

Con nuestro convencional sistema de conteo del tiempo, cada 365 días y fracción, se termina una vuelta al sol y se inicia otra que, además del fenómeno físico, representa un nuevo ciclo al iniciar el recorrido de un nuevo año.

Los humanos, de manera totalmente contraevidente e ingenua, creemos que al cambiar el calendario viejo por el nuevo se operará el milagro: “Año nuevo, vida nueva, más alegres los días serán…” y nos llenamos de buenos propósitos en diferentes materias tales como la salud, el amor, las finanzas, los viajes, el éxito profesional, etc. y hasta decimos como los hinchas de cierto equipo: ¡Este año sí!

Incluso, en la vida personal y de la organización se define el nuevo año con una característica especial: este es “el año del servicio”, o “del crecimiento” o “de la sostenibilidad” o “de la calidad” o “de la consolidación” o “del talento humano” o “de la actualización tecnológica” o de cualquier cantidad de cosas más. Esto es válido y hasta valioso, pero contiene un enorme contrasentido: ¿si este es el año del servicio quiere decir que en los años pasados y en los próximos no nos importó ni nos importará el servicio?

El asunto es que, al correr los días, las semanas y los meses cada año se va pareciendo al anterior con aspectos buenos, regulares y malos; con triunfos y derrotas; con alegrías y tristezas como el año pasado y como el que viene, si estamos vivos.

Y a la postre, si decidimos trabajar con calidad, con un buen servicio, si deseamos cuidar nuestra salud, sostener unas buenas relaciones, debe ser una decisión que debe permanecer en el tiempo y no culminar al cerrar un ciclo.

Muy a propósito comparto este viejo tango de Gardel:

UN AÑO MÁS.

El barrio alborozado

Festeja el nuevo año

Reina la algarabía

Con todo su esplendor

Adiós, penas amargas

Adiós, los desengaños

De esperanzas risueñas

El año es portador.

Sonoras carcajadas

Bullicio y alegría

Arrullos juveniles

De vida y expansión

Del percal la silueta

Se pierde en este día

Para soñar más alto

Quizás otra ilusión.

Un cuadro pintoresco

Ofrecen los pebetes

Que en sus juegos inocentes

Entretenidos están

Medio escabiao, un goruta

Murmura indiferente:

Un año más, ¡qué importa!

Como vino se irá.

Y feliz año del caballo, según el calendario chino, mientras para nosotros el tiempo pasa galopante.

lunes, 6 de abril de 2026

Silencio cómplice

Rafael Uribe Uribe

Rafael Uribe Uribe

En Medellín presenciamos un episodio grotesco, la excarcelación de delincuentes como si la ciudad necesitara más actores para su melodrama. Estos individuos deberían rendir cuentas ante la justicia, pero vuelven a las calles con la alcahuetería oficial lo que sucede en vísperas electorales cuando la seguridad debería ser un compromiso innegociable.

Lo más inquietante es el silencio incómodo y cómplice de los gremios que hoy prefieren el mutismo selectivo, la ciudadanía que observa resignada como si la inseguridad fuese un fenómeno meteorológico inevitable, los medios y candidatos callados o débiles, excepto Juan Lozano en la FM, Abelardo de la Espriella, el gobernador de Antioquia y el alcalde de Medellín que se atreven a torear el avispero, mientras las Fuerzas Armadas acuarteladas, parecen haber olvidado que su deber principal es la defensa de la Constitución. Ese silencio, que algunos llaman prudencia, es simplemente cobardía, el mejor aliado de los abusos de la “Paz Total”.

A este panorama hay que sumar el desencuentro del Gobierno con el Banco de la República, institución independiente por mandato constitucional que cumple su deber subiendo las tasas de interés para contener la inflación; pero cada decisión técnica se interpreta como una afrenta política, cuando la inestabilidad monetaria nos llevará al abismo del desorden económico. La inflación, no se combate con reproches públicos, discursos incoherentes, ni haciéndose la víctima, sino con herramientas eficaces así no generen aplausos.

El sector agrario sigue atrapado en un romanticismo improductivo en vez de fomentar tecnología avanzada, mecanización, biotecnología y sistemas de riego inteligentes, pero persisten reglamentaciones pensadas para un país que ya, en el campo, no existe.

Nuestra patria avanza a trompicones, ciudades donde la seguridad se escurre entre los dedos, instituciones económicas sometidas a presiones indebidas y un campo que podría ser potencia, pero al que insiste en vestir con ropas del pasado; todo acompañado por el silencio de quienes deberían alzar la voz.

Las elecciones que se acercan exigen claridad, no resignación; instituciones firmes, no reproches; y, unos gremios, una ciudadanía y unos medios y candidatos que recuerden que callar es una forma de decidir; pero al revés. ¿Preferimos seguir con un gobierno comunista? eso tendremos si continuamos mudos siguiendo el camino al holocausto.

El Rincón de Dios

A mis amables lectores: Feliz Pascua de Resurrección


Editorial: sucesos de la semana No. 141


En su reflexión editorial para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. aborda el significado espiritual y social de la Semana Santa, destacando el valor de la fe, la esperanza y la renovación que representa la resurrección de Jesucristo, así como el tiempo de introspección que se extiende hasta el Pentecostés.

A partir de este contexto, centra su análisis en la situación política y social de Colombia y América Latina, señalando los desafíos de gobernabilidad, la inestabilidad institucional en varios países de la región y el clima de polarización que atraviesa el continente. En particular, advierte sobre lo que considera riesgos para la democracia en Colombia, cuestionando el rumbo del gobierno de Gustavo Petro y las propuestas del Pacto Histórico.

El editorial hace un llamado directo a la ciudadanía —especialmente a las mujeres cabeza de familia— a reflexionar sobre el futuro del país, defender los valores democráticos como la libertad, la propiedad privada y el derecho al voto, y participar activamente en las elecciones. Asimismo, enfatiza la necesidad de unidad entre sectores políticos afines para evitar divisiones internas que debiliten el sistema democrático.

Finalmente, concluye con una invitación a ejercer el voto de manera masiva y consciente, en defensa de lo que considera los principios fundamentales de la democracia, insistiendo en que el momento actual exige compromiso, reflexión y acción colectiva.

No dejes de verlo.