En este nuevo capítulo de “Sucesos de la Semana”, Antonio Montoya H. analiza los principales acontecimientos de la agenda nacional e internacional, entre ellos los debates y cuestionamientos sobre el papel de la ONU, el encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, la reunión con Delcy Rodríguez, la situación de seguridad en Colombia y la crisis de Colpensiones. Además, anticipa su análisis sobre el proyecto de ley de sometimiento de grupos criminales y las recientes decisiones de la JEP. Los invitamos a ver este nuevo capítulo de “Sucesos de la Semana” en El Pensamiento al Aire.
lunes, 28 de septiembre de 2026
Editorial: Sucesos de la Semana No. 164
En este nuevo capítulo de “Sucesos de la Semana”, Antonio Montoya H. analiza los principales acontecimientos de la agenda nacional e internacional, entre ellos los debates y cuestionamientos sobre el papel de la ONU, el encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, la reunión con Delcy Rodríguez, la situación de seguridad en Colombia y la crisis de Colpensiones. Además, anticipa su análisis sobre el proyecto de ley de sometimiento de grupos criminales y las recientes decisiones de la JEP. Los invitamos a ver este nuevo capítulo de “Sucesos de la Semana” en El Pensamiento al Aire.
Croacia 2
Andrés de Bedout Jaramillo
Seguimos en aquí.
Definitivamente,
mientras más descendemos hacia la costa del mar Adriático, más sentimos el
impacto del turismo: esa industria sin chimeneas que, además de generar miles
de empleos en hoteles, restaurantes, comercios, transporte marítimo, terrestre
y aéreo, así como en todas las actividades logísticas y de suministros que
implica, se convierte en el motor de la economía de pueblos cuya dependencia de
este sector es casi absoluta. Esa dependencia, en mi opinión, los obliga a
trabajar en diversificación.
Viajando por
carretera desde Zadar —tierra de Luka Modrić, estrella del Real Madrid y de la
selección croata— hacia Split, tierra del emperador Diocleciano, nos
encontramos con la historia de un curioso emperador que tuvo una sola esposa e
hija, y que incluso abdicó del trono, ambas situaciones inusuales en un mundo
de excesos de poder.
Diocleciano,
soldado de humilde cuna y gran valentía, fue proclamado emperador y construyó
un palacio de 30 000 metros cuadrados, con murallas y cuatro puertas: una
de oro, otra de plata, otra de bronce y otra de madera. La obra, levantada
hacia el año 300 d. C., tardó diez años en completarse. Hoy ese palacio es el
centro histórico, cultural, comercial, hotelero, gastronómico y portuario de
Split. Allí se concentra el movimiento turístico de millones de personas de
todo el mundo, en una actividad intensa durante siete meses al año. Los otros
cinco meses, en pleno invierno de fuertes vientos y temperaturas que descienden
hasta -3 °C, la economía se paraliza: quien no ahorró, se fregó.
La industria
hotelera está conformada en su mayoría por pequeños hoteles alrededor del
palacio de Diocleciano. Se reservan por plataformas como Booking, y su costo
depende de la categoría. Todo funciona con claves para ingresar a las
edificaciones y habitaciones; el pago se realiza previamente con tarjeta. No
hay botones: toca subir las maletas por escaleras y caminar, la mejor forma de
conocer. Sin embargo, tomamos un tuctuc para recorrer las afueras de la ciudad
amurallada y subir al cerro, desde donde se divisa el puerto lleno de
embarcaciones y el espectacular mar Adriático en un atardecer que solo compite
con los de Cartagena.
El conductor
del tuctuc, originario de Bosnia, contó que sus padres lo enviaron a Croacia
como niño católico abandonado para escapar del comunismo de Serbia.
A una hora de
Split, en ferry, está la famosa isla de Hvar. Pasamos el día en una playa de
piedras, donde el agua era tan salada que flotábamos boca arriba sin esfuerzo.
Las mujeres en toples se veían normales: es el Mediterráneo. Los acantilados
dominan el paisaje, pero la mano del hombre los ha vencido desde antes de
Cristo, construyendo murallas, castillos y hoy casas, hoteles y comercios para
satisfacer a turistas ansiosos de gastar sus ahorros como clase media
predominante en un mundo que ha superado al comunismo fracasado.
En la noche, el
show de los guerreros y su monarca Diocleciano nos transportó a los
primeros años de la historia después de Cristo.
Estos viajes
transcurren a gran velocidad: las jornadas inician temprano y terminan tarde,
por lo que requieren preparación física y psicológica. A nuestra edad somos más
lentos y a veces creemos que no podremos superar ciertas pruebas, pero para
sorpresa de los más jóvenes, lo logramos.
El viaje por
tierra continuó: Split–Dubrovnik, cuatro horas. En dos oportunidades, dentro de
la agreste topografía, aparecieron valles inmensos cruzados por ríos que
permiten el riego de cultivos de frutas variadas. Uvas, naranjas, duraznos y
los infaltables olivos dominan el paisaje verde y fértil. Entre los cultivos,
casas de esa clase media trabajadora que predomina en la Europa actual, nutrida
por el turismo generalizado.
Todo el mundo
habla inglés: definitivamente es el idioma universal. En Colombia debemos
fortalecer su enseñanza si queremos atraer turismo internacional. Yo medio me
defiendo; antes del viaje practiqué con Dana, mi profesora virtual.
En el turismo
exitoso hay algo clave: el aseo en los baños. Depende más de quienes los usamos
que de quienes los limpian. Incluso es mejor en los baños donde cobran por su
uso que en los gratuitos. En este aspecto nos llevan años luz; debemos mejorar
para ser más atractivos turísticamente.
La llegada a
Dubrovnik estuvo acompañada de vistas espectaculares desde un puente moderno de
dos kilómetros sobre el mar: acantilados, pueblos colgados de riscos, fincas
marítimas con cultivos de ostras, puertos y marinas llenas de embarcaciones.
Trasatlánticos desembarcan allí millones de turistas que gastan en los
atractivos de estas ciudades europeas.
viernes, 25 de septiembre de 2026
Croacia 1
Andrés de Bedout Jaramillo
Es
un país muy turístico, con unos 3 800 000 habitantes, menos que
nuestro departamento de Antioquia. Sus campos inmensos, sembrados de maíz en
terrenos planos y totalmente mecanizados, reflejan un ingreso per cápita que
convierte a Croacia en un país poco desigual, habitado por personas con gran
cultura ciudadana. En las calles se observa muy poca fuerza pública; en cambio,
abundan extensiones de bosques bien cuidados y perfectamente delimitados para
el turismo, con aforos regulados por días y horas, de modo que las
infraestructuras en madera —sobre todo los caminos— soporten el peso y el
tránsito de los visitantes. No se ve basura ni basureros en los recorridos: la
gente respeta los entornos, carga sus desechos, incluso los excrementos de sus
perros, hasta encontrar estaciones distantes unos 5 o 6 kilómetros, donde
pueden depositarlos correctamente o acudir al baño para satisfacer necesidades
fisiológicas.
Durante
el recorrido pensábamos en el Parque Arví, en Guatapé o en las playas y tantos
lugares hermosos de Colombia, donde la basura pulula aun cuando se instalan
contenedores y existen comparendos con multas por arrojar desechos.
Este
país fue azotado por las guerras mundiales y por el nefasto comunismo. Todavía
quedan huellas, como la red de túneles en Zagreb, donde se protegían de los
bombardeos. En verano, esos túneles ofrecen un frescor reconfortante. Uno
supondría que los olores a orina serían predominantes, pero no: el lugar se
mantiene limpio y sin olores, aunque sí aparecen diminutos zancudos que se
pegan a la ropa, sin picar ni molestar.
Croacia
es un país católico, como gran parte de Europa, donde predominan las antiguas
catedrales. La de Zagreb, actualmente en restauración, es imponente y hermosa,
a pesar de las estructuras que la cubren durante el proceso. Algo similar
ocurre en Colombia, donde las reconstrucciones tras el reciente terremoto
implican también restauraciones, con el consecuente doble costo.
Las
ciudades se descubren caminando. Encontramos el funicular más pequeño del
mundo: un recorrido de 66 segundos por 66 centavos de euro cada tiquete.
También visitamos el Museo de las Relaciones Rotas, con cartas que narran miles
de historias de rupturas, casi todas por esa fea costumbre de ver primero los
defectos ajenos antes de corregir los propios.
En
la soledad de las calles durante un domingo de verano, destacaban los almacenes
de calzado de cuero hecho a la medida y las corbatas. En Croacia se dice que
inventaron esta prenda, que hoy vuelve a imponerse en Colombia, otorgándole
altura e importancia a los actos gubernamentales, donde se porta con elegancia
y solemnidad.
Los
embutidos de carne asados a la parrilla, en diferentes presentaciones y
sabores, forman parte de su comida tradicional, al igual que el estofado de oso
y la trucha asada.
En
un país donde el turismo asciende a 20 000 000 de personas al año
—casi siete veces su población— el desempleo es mínimo (2 %). Más del 30 %
de los ingresos dependen del turismo, por lo que una catástrofe natural o una
pandemia pondrían a Croacia en serias dificultades.
En
Karlovac, ciudad pequeña y tranquila, estudiaron figuras como el sabio de la
electricidad Nikola Tesla. Quienes han cursado ingeniería eléctrica o
electrónica saben de quién hablamos. Aunque Tesla no inventó los vehículos que
llevan su nombre, su legado inspiró la empresa Tesla, posteriormente adquirida
por Elon Musk, quien hoy honra al gran inventor con carros eléctricos,
satélites de comunicación, robots, cohetes y próximamente hasta celulares. En
Karlovac visitamos el museo que honra su memoria.
Camino
a Rastoke, nos encontramos con la pequeña Plitvice. Allí almorzamos trucha
asada y estofado de oso, bajo un calor impresionante que nos llevó a
refrescarnos en charcos bajo un viaducto, donde los croatas de la región se
asoleaban y bañaban sus blancas y casi transparentes pieles.
Dormimos
en Plitvice, en un hotel en medio de la nada, con techos muy inclinados. Al
llegar, me golpeé la cabeza y casi pierdo el poco pelo que me queda. Madrugamos
para el recorrido más importante del paseo, con todo lo necesario para un
pícnic en el bosque, que mitigó el cansancio de los 6 kilómetros de caminata
por senderos de madera rústica, bordeando lagos de aguas azules y cascadas que
ofrecían un paisaje de paz y tranquilidad. Nuestra nieta Atenas, recién
cumplidos 3 años, recorrió todo por sus propios medios. Luego del pícnic,
subimos interminables escaleras de piedra hasta el transporte que nos regresó
al hotel. El Parque Plitvice colmó nuestras expectativas con creces.
Salimos
temprano hacia Zadar, ciudad costera sobre el mar Adriático cuya historia se
remonta al año 50 a. C., con fuerte influencia romana visible en columnas y
construcciones de la ciudad amurallada, al estilo de Cartagena. Muy codiciada,
Zadar ha pertenecido a Venecia, Viena y Francia, y ha sido bombardeada
innumerables veces. Hoy, su malecón está repleto de turistas de todas las
nacionalidades, que disfrutan los sonidos del órgano tocado por las olas del
mar y las luces de los paneles solares dispuestos en una gran brújula en el
piso. No se ve un solo policía: los turistas se manejan solos y lo hacen bien,
mientras pequeños equipos de limpieza recogen la basura.
Me imagino un malecón similar en Cartagena, con rueda de Chicago incluida, incrementando el número de turistas de todo el mundo, como ya ha sucedido en el malecón de Barranquilla y la ciénaga de Mallorquín.
jueves, 24 de septiembre de 2026
La deforestación de los bosques tropicales, segunda parte
José Hilario López Agudelo
En pasada columna concluí que los bosques tropicales están siendo afectados por la tala y los incendios, y que, en la Amazonía, el mayor bosque tropical del mundo, las bandas criminales asociadas con el narcotráfico son los principales responsables de la destrucción progresiva de este vital bioma, con impactos globales sobre todo el planeta[1].
En esta segunda y última parte me
propongo mostrar avances y retrocesos en la lucha por conservar los bosques en
los países amazónicos y en la cuenca del río Congo, la segunda selva tropical
del planeta. Asimismo, quisiera proponer que, aprovechando la adhesión de
nuestro país al Escudo de Las Américas, buscar que Estados Unidos apoye
nuestras fuerzas armadas con logistica y tecnología avanzada, para combatir las
bandas que están destruyendo el bioma amazónico.
La expansión agrícola fue la principal
causa de la pérdida de cobertura forestal en los trópicos, incluyendo tanto la
producción de productos básicos para el mercado, como la agricultura de
subsistencia. De esto se exceptúa la porción más noroccidental de la Amazonía,
caso al que nos referiremos más adelante.
Nuevos datos del laboratorio GLAD de la Universidad de
Maryland, disponibles en Global Forest Watch y Global Nature Watch del World
Resources Institute (WRI), muestran que la pérdida de selvas tropicales
primarias en 2025 se redujo en un 36 % en comparación con 2024.
Si bien la reducción es
alentadora, el mundo aún perdió 4,3 millones de hectáreas de bosque primario
tropical en 2025. La pérdida de bosque primario tropical sigue siendo un 46 %
mayor que hace una década.
Gran parte de la reducción en 2025
provino de fuertes descensos en Brasil, que experimentó una disminución del 42 %
en la pérdida de bosque primario. Sin embargo, Brasil sigue siendo el país con
la mayor superficie de selva tropical deforestada, dada la enorme extensión de
sus bosques amazónicos. Otros países con gran extensión de bosques tropicales, como
Colombia, Indonesia y Malasia, también registraron tasas de deforestación
relativamente bajas o estables en 2025, en comparación con años anteriores. La
pérdida de bosques primarios tropicales se mantuvo elevada en países como
Bolivia y la República Democrática del Congo.
Durante el cuatrienio 2022 - 2026, en
Colombia las tendencias de pérdida de bosques tropicales fueron intermitentes.
De lograr la cifra histórica más baja en 23 años de seguimiento durante 2023,
en 2024 pasamos a tener un incremento
del 43 % a nivel nacional, con un 68 % focalizado en la
Amazonia. Las señales de lo que pasó en 2025 vuelven a apuntar a una baja, con
el registro de una reducción del 25 % en la Amazonia, entre enero y
septiembre, de acuerdo con los boletines del Ideam.
Global
Forest Review, atrás
citado, destacó a Indonesia como el país que en 2024 logró la mayor reducción mundial en la pérdida
de bosques tropicales, frente al
año anterior. Sin embargo, un nuevo informe de Mongabay revela que
durante 2025 la deforestación volvió a activarse en ese país, el mayor
productor mundial de aceite de palma, principalmente en las islas de
Borneo y Papúa.
Centrémonos
en la Amazonía donde, según un estudio de la Universidad Goethe de Frankfurt, en
2020 la pérdida acumulada del bosque rondaba entre el 17 y el 18 %, advirtiendo
que si la deforestación aumenta hasta un 22 – 28 % con un
calentamiento global entre 1,5 y 1,9 °C por encima de los niveles
preindustriales, la selva amazónica cruzaría un punto de inflexión y dos
tercios de su superficie se convertirían en sabana. Este mismo sucederá si la
deforestación se mantiene en los niveles actuales, pero el cambio climático
eleva la temperatura global hasta los 3,7- 4,0 °C. A esta misma conclusión
llega un estudio del Instituto Potsdam para la Investigación sobre el Impacto
del Cambio Climático, cuyos detalles también se han
publicado en Nature. Mi columna de opinión del pasado mes de mayo se refirió a
esta preocupante advertencia, proveniente de estos dos reputados centros de
investigación[2].
Frenar
la tala y restaurar el bosque, la única salida
La
comunidad científica coincide en que detener la deforestación reforzaría
sustancialmente la resiliencia del bioma amazónico ante el calentamiento
global. Sin embargo, existe un serio obstáculo que impide avanzar en este
propósito: la presencia de múltiples grupos armados por fuera de la ley que
promueven la tala del bosque para la siembra de coca, las explotaciones mineras
(principalmente oro aluvial) y la ganadería extensiva, a lo cual se suma la
construcción de las vías de acceso, que apoyen las anteriores actividades. En
el caso colombiano se puede afirmar que la mayor parte de dichas actividades están
asociadas a las disidencias de las FARC, que en gran parte tiene el control
territorial de la Amazonia.
El
actual Gobierno Nacional empeñado en restablecer la seguridad nacional podría
aprovechar la ayuda que, como parte de su política antiterrorista espera
recibir en tecnología y logística de Estados Unidos, se haga extensiva a la
protección de nuestros bosques tropicales, empezando por someter a las bandas
criminales que están destruyendo el bosque amazónico, lo que afecta la
seguridad no sólo de nuestro país sino también los ecosistemas planetarios y de
la misma supervivencia de nuestra especie.
Existe
un antecedente exitoso con el Plan Colombia, una estrategia de cooperación
militar, económica y diplomática acordada entre los gobiernos de Colombia y los
Estados Unidos a finales de los años 90 e implementada a partir del año 2000.
El plan originalmente fue concebido como de ayuda social y económica para la
paz en nuestro país, evolucionó rápidamente hacia un fuerte componente de
seguridad antidrogas, que fortaleció la lucha contra el narcotráfico y el
debilitamiento de los grupos armados ilegales, principalmente las FARC.
Gracias
al financiamiento y la tecnología de EE.UU., las Fuerzas Militares colombianas
adquirieron capacidades avanzadas de combate, movilidad aerotransportada e
inteligencia electrónica. Las FARC fueron obligadas a replegarse desde el
centro del país hacia las fronteras y a la selva amazónica, donde la
inteligencia combinada y la precisión de los bombardeos aéreos desarrollados
bajo el Plan Colombia lograron abatir, por primera vez en la historia, a sus
máximos cabecillas, lo que obligó a esa guerrilla a sentarse a negociar con el
Gobierno Santos y a su desmovilización en 2016.
Hoy
de las FARC queda un entramado fragmentado de disidencias armadas que no se
acogieron al Acuerdo de Paz de 2016, que cuentan con miles de combatientes
concentrados principalmente en zonas selváticas y apartadas del centro del país,
como el Guaviare, Caquetá y Putumayo, así como en el Departamento del Cauca,
que se financian con economías ilícitas como el narcotráfico y la minería
ilegal.
Al menos 17 grupos operan en el 69 % la región amazónica, asociados con economías ilícitas como el narcotráfico y la minería ilegal. Estos grupos son los principales causantes de la deforestación de las fronteras compartidas entre países como Colombia, Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela.
Cambiando la política para siempre
Luis Alfonso García Carmona
Tal como lo prometió en
su campaña presidencial, “el tigre” Abelardo comenzó desde el primer día de su
mandato a demostrar que es posible cambiar la manera de gobernar a la que
nos tenían acostumbrados “los de siempre”.
Se encontró con un
monumental obstáculo el primer día hábil de su mandato; el terrible
terremoto que asoló a gran parte del territorio nacional dejando centenares de
muertos, miles de heridos y desparecidos y gran parte de la estructura urbana,
pública y privada, en ruinas en las zonas afectadas. Eso no lo arredró; por el
contrario, sacó a relucir sus condiciones de verdadero líder, que convierte
los problemas en oportunidades y, rápidamente, modificó su agenda para dar
atención prioritaria a la tragedia. No se ha había presenciado en Colombia una respuesta
más inmediata, ordenada y eficaz que la que viene aplicando con la abnegada
colaboración de todo su brillante equipo de colaboradores
Su liderazgo fue,
además, el incentivo para movilizar la generosa ayuda del sector privado y
de países amigos, y para despertar la entusiasta solidaridad de las
gentes buenas de Colombia. Todos, sin distingos de clase o afiliación
política, han aportado sus esfuerzos y sus donativos para paliar o resolver las
urgentes necesidades de los damnificados.
No obstante, la
atención prioritaria que han demandado las poblaciones destruidas y sus
habitantes ha multiplicado su actividad y la de su equipo para iniciar el cumplimiento
de los compromisos adquiridos con sus electores. En materia de seguridad,
despertó a las fuerzas militares y de policía y levantó su moral para conseguir
en un mes y medio lo que la administración Petro no consiguió en cuatro años:
captura y neutralización de capos de los grupos narcoterroristas,
multiplicación de órdenes de extradición firmadas, traslado de capos de los
sitios de privilegio que usufructuaban a sus anchas a cárceles de seguridad sin
privilegio alguno, decomiso de armamento y droga, y desmonte de organizaciones
criminales, etc. Resulta verdaderamente sorprende la contundencia de estos
resultados en tan solo un mes y medio de gestión.
Ha adoptado trascendentales
decisiones sin que le tiemble el pulso y sin descuidar el resto de sus
responsabilidades. Como la de poner punto final a la sinvergüencería
denominada “paz total” que solamente sirvió para aumentar el pie de fuerza
de los terroristas y para incrementar el cultivo de coca, la minería ilegal, el
secuestro, la extorsión y las masacres durante la funesta administración de
Petro.
Puso reglas claras a la
llamada “autonomía universitaria”, convertida en una patente de corso
para refugiar a los vándalos que atacan la fuerza pública y destruyen la
infraestructura urbana.
A los corruptos o
delincuentes de cuello blanco los envió a pagar sus cuentas con la justicia
como cualquier delincuente en cárceles comunes, no en comisarías o
instalaciones militares.
En materia económica,
este gobierno tuvo que revelar la falsedad encerrada en el proyecto de
presupuesto que dejó la pasada administración, la cual omitió deliberadamente
cuantiosas obligaciones que deben ser atendidas sin que existan los
correspondientes ingresos. Ha comenzado el recorte de gastos superfluos
mediante un minucioso estudio de todas las irregulares transacciones
halladas en casi todos los entes del Estado y la cancelación de contratos
de servicios innecesarios que aumentaron en 900 000 las nóminas paralelas
con la sola justificación de obtener adeptos para la elección del candidato de
las FARC.
Con la eficiente
participación de sus ministros encabezados por el vicepresidente, José
Manuel Restrepo, se estudian las estrategias para desencadenar las inversiones
nacionales y extranjeras que produzcan un crecimiento en las áreas
energética, de hidrocarburos, agricultura, minería, industria, turismo y
servicios tecnológicos. Ya empezó el revolcón de Ecopetrol, que había
sido conducido a la bancarrota por Roa y su combo petrista.
Se están arbitrando
recursos que no dejó la pasada administración para poner orden en la salud
con un plan inicial de choque para la atención inmediata de los pacientes de
alto riesgo.
Ni el tema indígena
ha sido olvidado. Cara a cara con los líderes comunitarios de diferentes etnias
fue muy sincero el presidente manifestando su propósito de integrarlos a la
vida nacional con todos los derechos como cualquier ciudadano, pero con
obligaciones de participar en la construcción de la Patria Milagro
poniendo a producir sus tierras y cuidando cada peso que se destine a aliviar
las necesidades de la población indígena.
En una palabra, ha roto
“el tigre” con el clientelismo, y con la cómoda posición de “los de
siempre” de mirar para otro lado mientras los criminales acababan con el
país. No se explica de otro modo la aprobación de propuestas de Petro como la
de reforma a las pensiones, plan de desarrollo, presupuesto desfinanciado,
autorización del exagerado endeudamiento, sin contar con una mayoría
parlamentaria. De igual forma obtuvo la escogencia de sus candidatos en cargos cuya
designación interviene el Congreso. ¿Cómo lo logró? Mediante el soborno o
compra de la conciencia de “los de siempre”, habituados a mamar arrodillados,
como los terneros gordos.
Gracias a la Divina
Providencia contamos con un nuevo estilo de gobierno. orientado al bien
común, no a intereses personales o de grupo. Ha seleccionado profesionales
especializados en las distintas áreas que la administración requiere,
comprometidos con el proyecto de construir la Patria Milagro, sin ambiciones
egoístas. Contra la maledicencia y el afán destructor de sus detractores, ha
actuado con estoica serenidad, dejando que sean sus realizaciones las
que respondan sin enzarzarse en estériles confrontaciones.
A quien aún tuviera
alguna duda sobre el carácter del “tigre” y su indeclinable propósito de cambiar
la desmoralización reinante en la vieja politiquería, le bastaría con repasar
la última alocución presidencial para confirmar los aires de renovación que se
respiran en el alto gobierno.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
San Antonio: buscando al santo, encontrando la ciudad
Fredy Angarita
Hasta hace poco me di cuenta de algo que, después de tantos años caminando por el centro de Medellín, resulta casi increíble: en el mismo espacio existen una plaza y un parque. Y aunque para muchos todo sea simplemente el Parque de San Antonio, la historia cuenta algo diferente.
Inicialmente fue un parque alrededor de la
iglesia de San Antonio de Padua, un lugar marcado por la devoción a un santo al
que miles de personas buscan para pedir su intercesión ante Dios. San Antonio
es conocido, sobre todo, como el santo al que se le pide ayuda para encontrar
cosas perdidas. Pero la tradición popular fue mucho más allá de los objetos.
También se le pide ayuda para encontrar aquello que se ha perdido en la vida:
una pareja, un camino, una oportunidad, una respuesta o, simplemente, un poco de
esperanza.
En la religiosidad popular también se le relaciona con
quienes buscan novio o matrimonio, con la protección de la familia y el hogar, con las necesidades económicas y materiales y con los momentos difíciles en los que uno necesita consuelo u orientación. No es extraño. San Antonio fue franciscano y dedicó buena parte de su vida a la predicación y a ayudar a personas necesitadas. Quizás por eso terminó convirtiéndose en un santo cercano a quienes buscan algo que no siempre saben cómo encontrar.
La construcción de la iglesia comenzó en 1874,
por iniciativa del franciscano Fray Benjamín Masciantonio. Durante décadas,
alrededor de ella se fue formando un sector de casas bajas, muchas de ellas
construidas en tapia, acompañado de tiendas, graneros, cafés, panaderías,
peluquerías y pequeños comercios. Era una parte viva del centro de Medellín. La
iglesia servía como referencia religiosa, pero también como punto de encuentro
y orientación para quienes habitaban o transitaban por el sector.[1]
Después llegó la modernización.
La construcción de la Avenida Oriental,
iniciada en 1973, transformó profundamente esta zona del centro. Se demolieron
edificaciones y se modificó una estructura urbana que durante décadas había
crecido alrededor de calles, casas y pequeños negocios. La intención era
modernizar y valorizar el centro de la ciudad, pero toda transformación urbana
tiene un costo que no siempre aparece en los planos: también puede romper parte
del tejido social que se construyó lentamente durante generaciones.
En los años siguientes, el sector sufrió
deterioro urbano y social. Y resulta curioso pensar que el terreno donde
posteriormente estaría el parque tuvo, durante un tiempo, un uso bastante
alejado de la imagen que hoy tenemos de San Antonio: allí funcionó un
cementerio de carros siniestrados y abandonados del Tránsito Municipal.[2]
A comienzos de los años noventa empezó a
plantearse la recuperación urbana del sector. La Alcaldía adquirió terrenos y
se promovió un proyecto para convertir este espacio en una zona pública que
ayudara a recuperar el centro de Medellín. El proyecto se desarrolló durante
los primeros años de esa década y el parque fue entregado en 1994.
Fue entonces cuando San Antonio empezó a
convertirse en algo diferente.
La calle Amador divide dos espacios que, con el
tiempo, terminaron formando parte de una misma imagen. Hacia el lado de la
iglesia está la zona más arborizada, la que muchas personas identifican
propiamente como el Parque de San Antonio. Hacia el sur está la gran explanada
conocida como Plaza San Antonio, donde se encuentran las esculturas de Fernando
Botero.
En la práctica, los nombres terminaron
mezclándose y para buena parte de los habitantes todo el conjunto se convirtió,
sencillamente, en San Antonio.
Y allí apareció El Pájaro.
Una enorme escultura de bronce que terminó
convirtiéndose en uno de los símbolos del lugar.
Pero Medellín tiene una manera particular de
escribir su historia. A veces lo hace con arte. Otras veces, con violencia.
La noche del 10 de junio de 1995, mientras se
realizaba un evento denominado “Yo soy Cartagena”, explotó una bomba colocada
junto a la escultura de Botero. Las fuentes históricas presentan diferencias en
el número exacto de víctimas según el momento y el registro consultado. El
Centro de Patrimonio de Medellín registra 22 personas muertas y al menos cien
heridas, mientras que otras fuentes de la época y posteriores manejan cifras
diferentes.[3]
Lo que sí está documentado es que el explosivo
contenía aproximadamente diez kilos de dinamita con metralla y había sido
colocado en la estructura de la escultura.
La explosión destruyó El Pájaro. Botero decidió
donar una nueva escultura, pero hizo una petición que convirtió la tragedia en
memoria: la escultura destruida debía permanecer allí, junto a la nueva.
Dos pájaros. Uno nuevo y otro herido.
Uno representando la posibilidad de continuar y
otro recordando aquello que no debía olvidarse. San Antonio no es solamente un
lugar de paso. También es un lugar que recuerda. Pero la historia de los
lugares no termina cuando se construye una plaza, se instala una escultura o se
levanta una placa.
La ciudad sigue cambiando.
Hoy, cuando uno camina por los alrededores de
San Antonio, encuentra una realidad muy diferente a la de aquella Medellín de
casas bajas, tiendas de barrio y cafés. San Antonio tiene un olor particular.
No uno solo, son muchos.
Hay momentos en los que huele a comida. Otros,
a cerveza derramada, a grasa vieja, a humedad, hay rincones donde el aire trae
el olor ácido de la orina y otros donde se mezcla con el perfume de una
peluquería, el sudor de quienes bailan, el humo de la calle o el vapor de una
olla, también están los residuos, la basura, las aguas estancadas y los lugares
donde la limpieza parece no alcanzar. El olor pertenece al lugar, a sus
residuos, a sus calles, a sus establecimientos, a su humedad, a la forma como
se ocupa el espacio, a la falta o insuficiencia de limpieza en determinados
puntos. Y quizás, incluso, a la manera como Medellín administra algunos de sus
espacios públicos. Ya no huele solamente a parque. Huele a ciudad, y mientras
el olor cambia, también cambia la ciudad. Eso es lo que más me interesa de este
lugar.
San Antonio ya no pertenece únicamente a la
Medellín que construyó la iglesia, ni a la que levantó las esculturas de
Botero, ni a la que alguna vez vio amontonar carros abandonados en este
terreno. Pertenece a quienes llegaron del Chocó. A quienes encontraron aquí un
lugar para hablar como hablan en su tierra, escuchar su música, comer sus
platos y celebrar a San Pacho cuando la fiesta ya terminó en Quibdó.
Especialmente en los alrededores de la plaza,
se ha consolidado una importante presencia de población afrocolombiana,
particularmente de personas provenientes del Chocó y de otras regiones del
Pacífico.
Hay restaurantes, bares, peluquerías, cafés y
establecimientos comerciales donde aparecen sabores, músicas, acentos y
costumbres que vienen de este territorio.
Por la carrera 49 aparecen lugares como Rincón
Chocuano #2, La Negra y su Sazón, Cocomar, Combinación, Morenas Color, Bruno
Bar, Amareto, La Colonia y otros establecimientos que forman parte de esa nueva
geografía comercial.
Por la carrera 46 aparecen también Suru's,
Motivos VIP, Punto de la Torre, Buchanas Bar, Paraitos, Mix Licores, Café El
solecito, Barra El Atrato, Yinyes y Epikós Mix.
Más allá de los nombres comerciales, lo
interesante es lo que está ocurriendo alrededor.
La propia Alcaldía de Medellín, reconoce al
Parque de San Antonio como uno de los lugares de encuentro de las comunidades
negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras que llegan a Medellín. Eso me
parece importante. Porque significa que San Antonio no solamente cambió
físicamente. También cambió culturalmente.[4]
Para muchas personas provenientes del Chocó y
del Pacífico, este lugar se convirtió en una especie de punto de encuentro con
aquello que dejaron atrás. Aquí pueden escuchar su música, encontrar su comida,
hablar con personas que comparten sus recuerdos y reproducir tradiciones que
viajaron con ellos.
Una de ellas es San Pachito.
Cuando terminan las fiestas de San Pacho en
Quibdó, parte de esa celebración continúa en Medellín. Las procesiones, los
disfraces, la música y las manifestaciones culturales se trasladan a la ciudad
para que quienes viven lejos de su territorio puedan mantener ese vínculo.
Entonces San Antonio adquiere otra dimensión,
ya no es solamente el parque que nació alrededor de una iglesia, tampoco es
únicamente la plaza de las esculturas de Botero. Es también un territorio de
encuentro para una comunidad que llegó desde otro lugar y que encontró aquí una
manera de seguir siendo, de alguna forma, parte de su tierra.
La plaza se convirtió en una pequeña frontera
donde Medellín y el Chocó se encuentran, no una frontera dibujada en un mapa,
sino una que se reconoce en los sonidos, en los cuerpos, en la comida, en los
negocios.
Quizás por eso San Antonio me resulta tan
interesante.
Porque uno puede llegar buscando a San Antonio
de Padua, esperando encontrar algo perdido, y terminar encontrando otra cosa,
un parque que nació alrededor de una iglesia y terminó convertido en punto de
encuentro de muchas historias.
Al final de la tarde, cuando la iglesia queda
en silencio y las luces comienzan a encenderse alrededor de la plaza, San
Antonio parece otra vez un lugar distinto. El santo sigue allí, Los pájaros
también. La gente conversa, alguien sirve una cerveza, desde algún negocio sale
música del Pacífico y otros siguen llegando. Y mientras Medellín sigue
cambiando alrededor de San Antonio, uno puede quedarse un momento mirando la
plaza y pensar. “uno cree que está buscando algo perdido, cuando en
realidad está buscando un lugar donde sentirse encontrado”.
martes, 22 de septiembre de 2026
De cara al porvenir: la Colombia fluvial
Pedro Juan Gonzalez Carvajal
Colombia: el país que le dio
la espalda a sus ríos
Colombia no es un país de
carreteras. Es un país de ríos. Y lo hemos olvidado. Tenemos una de las redes
fluviales más densas del planeta, y al mismo tiempo una de las más
subutilizadas. Ese es el inventario que hoy casi nadie conoce.
1. El inventario que no
conocemos
De acuerdo con el Ministerio
de Transporte, Cormagdalena y el Plan Maestro Fluvial, la red fluvial nacional
tiene una extensión de 24 725 kilómetros.
De esos:
* 18 225 km son
navegables al menos parte del año, el 74 % de la red.
* 7063 km son navegables de
forma permanente por embarcaciones mayores.
* 6500 km no son navegables.
Distribuidos en 4 grandes
intendencias fluviales:
* Orinoco: 6736 km
navegables.
* Amazonas: 5642 km
navegables.
* Atrato: 3077 km navegables.
* Magdalena: 2770 km
navegables.
Colombia tiene 22 ríos
principales y 26 ríos formalmente navegables, entre ellos el Magdalena (1538
km), Cauca (1350 km), Meta, Guaviare, Putumayo (1600 km navegables, el más
usado en la Amazonia), Caquetá, Atrato y San Juan.
Sin embargo, hoy menos del 1 %
de la carga nacional se mueve por río. En 2014 fueron 300 millones de toneladas
movidas por todos los modos en el país: eso es lo que mueve el Mississippi en
2,5 días y el Rin en 4 días. El carretero mueve el 73 %, el férreo el 26 %.
Mientras tanto, más de 2
millones de personas dependen del transporte fluvial, muchas de forma
exclusiva, y pagando una logística 5 a 10 veces más cara que en el centro del
país.
Como dijo en su momento la ministra
de Transporte en el Rivercity Global Forum 2025 en Montería: “Tradicionalmente
lo que hemos hecho es abandonar la Colombia antigua. Olvidamos que somos un
país de ríos. Los ríos siguen sin ser protagonistas de nada”.
2. El potencial
desperdiciado para conectar el centro con la periferia
El río Magdalena solo tiene
capacidad para mover 530 millones de toneladas de carga al año. Un solo convoy
fluvial de un remolcador más 6 barcazas mueven 7200 toneladas, equivalente a
240 tractomulas, con fletes 30 % a 40 % más baratos y 20 millones de
toneladas menos de CO2 al año.
Ese es el modelo que
necesitamos para romper el aislamiento estructural:
a. De autopistas de asfalto
a hidrovías:
Entender los ríos como lo
que son: autopistas naturales que requieren 5 veces menos inversión que una
carretera. El plan actual del Gobierno prevé 500 000 millones de pesos
para 105 muelles y 2,2 billones para 5 obras de mejoramiento fluvial.
b. Sistema intermodal real:
El Magdalena recorre 13
departamentos y 128 municipios, produce el 80 % del PIB, el 80 % de
la población y el 70 % de la energía del país. Conectarlo con el río Meta
es conectar Buenaventura (Pacífico) con Puerto Ordaz en Venezuela (Atlántico).
Ese proyecto, valorado en 250 000 millones, permitiría mover 5 millones de
toneladas/año entre dos océanos.
c) Tres acuapistas
nacionales:
Ya identificadas por Invías:
- Pacífico: ríos
Atrato y San Juan más los esteros del Cauca y Nariño.
- Orinoquia: ríos
Meta, Orinoco y Guaviare.
- Amazonia: ríos
Putumayo y Amazonas.
Con navegación satelital
nocturna, se ahorra 30 % del tiempo de viaje. Hoy no se puede navegar de
noche, las embarcaciones son obsoletas y la infraestructura portuaria es
pésima.
Detonar el desarrollo no es
hacer más carreteras hacia Bogotá. Es llevar Bogotá hacia los ríos.
3. Los ríos fronterizos:
nuestra frontera líquida se está muriendo
Colombia comparte más de 3000
km de ríos fronterizos y todos están en riesgo.
Con Venezuela: Orinoco, Meta, Guaviare,
Arauca, Atabapo.
La cuenca del Orinoco es la
más extensa y la más deteriorada. Los estudios de WWF (World Wide Fund for
Nature) muestran que las peores condiciones están en Alto y Medio Meta, Alto
Guaviare, Arauca y Casanare por pérdida de cobertura natural, deforestación y
minería para infraestructura petrolera. En el Vichada, la cuenca del Bita,
sitio Ramsar más grande del país con 824 500 hectáreas, se mantiene 95 %
intacto, pero ya sufre sobrepesca y tráfico ilícito.
Con Ecuador y Perú: Putumayo
y Amazonas
Aquí hay dos amenazas:
contaminación y pérdida del río.
La Procuraduría alertó en
2024 por contaminación por mercurio en 10 departamentos, incluidos Putumayo,
Amazonas y Guainía, por minería ilegal. En el Caquetá, Putumayo y Vaupés, el
mercurio y el cianuro ya se transmite por leche materna en comunidades indígenas.
Y la más grave: El Amazonas
se está yendo de Colombia. Desde 1993, el Laboratorio de Hidráulica de la UNAL
advirtió que 70 % del caudal fluía por el canal peruano y solo 30 %
por el colombiano. Hoy ese 30 % cayó a 19,5 %. Si no hay dragado
binacional y espolones sumergidos, Leticia dejará de ser ciudad ribereña. Esa
es la raíz del conflicto actual por la isla Santa Rosa / Chinería con Perú: el
río cambió, no la frontera.
La recomendación de los
investigadores es clara: “Este no es un río solo de Colombia ni de Perú,
es compartido, y toda intervención requiere diálogo y coordinación entre los
dos países”.
Con Panamá: Atrato
Declarado sujeto de derechos
por la Corte Constitucional, pero con intoxicación por mercurio comprobada en
comunidades aledañas y sin plan de restablecimiento de cauce ejecutado.
Conclusión: ¿qué hacer?
1. Declarar las hidrovías
como infraestructura nacional estratégica, igual que las 4G. Con mantenimiento
y dragado permanente.
2. Intermodalidad
obligatoria: todo puerto marítimo (Cartagena, Barranquilla, Buenaventura,
Tumaco, Puerto Antioquia) debe tener conexión fluvial y férrea. No más modelo
solo camión.
3. Gobernanza binacional
fluvial: tratados operativos con Venezuela, Perú, Ecuador y Brasil para dragado
conjunto, control de mercurio y monitoreo hidrometeorológico. Sin eso,
perderemos Leticia y el Amazonas.
4. Flota y puertos verdes: modernizar
barcazas, 32 inspecciones fluviales y navegación nocturna satelital.
Colombia tiene 24 700
km de autopistas líquidas gratuitas que ya hizo la naturaleza. Seguir dándoles
la espalda cuesta más que recuperarlas: nos cuesta la conexión entre la
Colombia andina y la Colombia profunda, y nos cuesta la soberanía misma en
nuestras fronteras.
Los ríos secundarios o afluentes en Colombia son aquellos que desembocan
en las grandes corrientes principales. Destacan importantes afluentes de las
cuencas del Magdalena, el Cauca, el Orinoco y el Amazonas y la vertiente
Pacífica. fundamentales para la red hídrica del país descrita por el Ministerio
de Ambiente.
Afluentes del Río Magdalena y Cauca
* Río Nechí: Recorre
Antioquia y desemboca en el río Cauca.
* Río La Vieja: Fluye entre Quindío y Valle del Cauca, tributario
del Cauca.
* Río San Juan de Micay: Ubicado en la región pacífica / suroccidental.
* Río Bogotá: Afluente importante del Magdalena en su alto - medio
curso.
* Río Sogamoso: Formado
por la unión del Suárez y el Chicamocha, desemboca en el Magdalena.
* Río Saldaña: Nace en la cordillera Central y alimenta al
Magdalena en el Tolima.
* Río Sinú.
* Río San Jorge.
* Río Nechí.
* Río Nare.
* Río Porce.
Afluentes de la Orinoquia y Amazonia
* Río Guaviare: uno de los
ríos más largos del país, afluente directo del Orinoco.
* Río Meta: arteria principal de los Llanos Orientales que vierte
sus aguas al Orinoco.
* Río Vichada: fluye por la Orinoquía antes de unirse al Orinoco.
* Río Apaporis: importante afluente del río Caquetá en la zona
amazónica.
* Río Caguán: recorre el Caquetá y desemboca en el río Caquetá
principal.
Afluentes de la vertiente
pacífica
* Río Patía.
* Río Mira.
* Río Baudó.
* Río San Juan.
Desde hace ya varios
decenios, el doctor Mariano Ospina Hernández propuso y diseñó la integración
fluvial de Suramérica, proyecto explorado desde Humboldt, Chandless, Paul y
Constantin Georgescu y Luis Cincinato Bollo.
Iniciativas que deberían
servir de detonante a un gran proceso de integración subcontinental.
.jpg)
.jpg)



.jpg)