martes, 27 de julio de 2021

De cara al porvenir: noticias

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En un planeta con siete mil y pico de habitantes, y un país con cerca a los 50 millones de habitantes, no es de extrañar que todos los días sucedan cosas, hechos, acontecimientos, que finalmente se vuelven titulares de prensa y de noticieros y que rápidamente son reemplazados por otros acontecimientos, en un tropel vertiginoso y continuado de ires y venires históricos, azuzados por unos medios de comunicación ávidos de lo que en la jerga periodística se llaman “chivas” o noticias frescas y ojalá exclusivas.

Veamos algunos ejemplos:

Recientemente vemos como el mar se incendiaba ante una fuga de hidrocarburos en una plataforma marítima en el Golfo de México.

Estados Unidos anuncia con bajo perfil, –ya que sale con el rabo entre las patas– que se retira de Afganistán, después de haber armado el despelote universal.

La revolución está de revolución –se corrompe la sal– y en Cuba hay protestas callejeras por el mal estado de las cosas, sin que se tenga mucha información al respecto.

El empresario Richard Branson inaugura, a nivel de prueba, el turismo espacial.

El Gobierno de Biden estudia la posibilidad de hacer emisión monetaria.

Reaparece el expresidente Donald Trump, abriendo espacios para su posible nueva candidatura, antes de que de pronto sea condenado por defraudar al fisco.

Lamentablemente se quebranta la salud del Papa Francisco y debe ser intervenido quirúrgicamente.

Colombia recibe el informe de la Comisión Internacional de Derechos Humanos con respecto al manejo de las recientes protestas y como era obvio, llama la atención sobre lo que todos vimos, pero, además, como es obvio, se tiene una reacción, como mínimo pueril e inmadura, por parte del Gobierno, negando lo innegable y quedando mal de nuevo, ante el concierto internacional por el manejo torpe de los asuntos internacionales.

Para que no digan que no tenemos presencia internacional, ahora resulta que hay un grupo de colombianos presuntamente implicados en el asesinato del presidente de Haití, dentro de los cuales hay algunos exmilitares. ¡Qué pena!

De manera inesperada, el Gobierno Departamental anuncia que le quiere vender a EPM su participación en Hidroituango, tratando de allanar caminos entre las dos entidades, ante los líos jurídicos que hoy se tienen, lo cual es válido, bajo el entendido de que una cosa es lo que piensa el potencial vendedor y otros los intereses del potencial comprador.

Personalmente considero que el Departamento debe defender y cuidar esta inversión, que es la única que le garantiza ingresos futuros, teniendo en cuenta una estructura fiscal anacrónica heredada desde la colonia y que es la que hoy tienen los Departamentos en Colombia.

Se anuncia que dentro de unos 2 meses se entregará la primera vía perteneciente a la generación 4G que unirá a Medellín con Buenaventura y reducirá el tiempo de viaje de un camión de 15 a 10 horas. ¡Enhorabuena! Es una obra que varias generaciones hemos estado esperando. Lamentablemente en términos logísticos, 10 horas sigue siendo demasiado tiempo para pensar en ser competitivos. Además, estas grandes obras de infraestructura vial deben estar acompañadas de manera paralela de grandes obras de infraestructuras férreas que permitan la continuidad en el flujo de personas y mercancías.

Pronto alcanzaremos la cifra récord de casi medio centenar de precandidatos presidenciales sin que nadie por ahora, y como será más adelante, haga ningún tipo de propuesta para enfrentar las situaciones estructurales y de coyuntura que hoy vive el país. ¡Bendita democracia!

Y para rematar, nuestra amada Selección Colombiana de fútbol vuelve a quedar de Primera Princesa.

¡Amanecerá y veremos!

lunes, 26 de julio de 2021

Mantengamos la democracia

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Cualquier sistema de gobierno se soporta en valores, principios y normas jurídicas que le permiten funcionar, desarrollarse y construir una comunidad con identidad propia. La democracia es una de esas formas de gobernar, se nutre de lo anteriormente expuesto, y se mantendrá en el tiempo siempre y cuando sus ciudadanos compartan los valores y los principios que le dieron origen, por ello, la misma democracia labra su propia caída y llega a su destrucción, si no logra mantener en alto los ideales que enarbolan su bandera. Así evidenciamos con nuestros propios ojos cómo las democracias caen una a una en las garras de las dictaduras mentirosas y falsas de la izquierda.

Para lograr que un proceso democrático se consolide en el tiempo, debe regirse por principios estrictos, que ya son conocidos por todos pero que lamentablemente no se practican y por ello vamos en barrena. Vale recordar: honestidad, solidaridad, responsabilidad, pluralismo, libertad, justicia social, tolerancia, igualdad, respeto, bien común, legalidad, participación ciudadana, respeto por la vida, por el derecho del otro, respeto por la propiedad privada, límites a sus propias libertades, y otros más que hacen parte del ideal democrático.

Quisiera que cada uno de nosotros hiciera un autoanálisis a estas descripciones que acabó de hacer, y casi que podría concluir que en el momento en que concluyan la evaluación, llegaríamos a la misma conclusión, somos laxos, y no cumplimos con ninguno, no tenemos disciplina, ni respeto por la norma, somos un país lleno de leyes por todos lados y no acatamos ninguna, y por ende, vamos para el estanco como borregos sin reaccionar, y quienes nos deberían dar ejemplo  no lo dan y ellos son el sustento de la democracia las tres ramas del poder, ejecutivo, legislativo y judicial.

La justicia. La verdadera, seria y justa, como su nombre lo indica, no la que hoy aplican los jueces de la república, la de sus propias razones, porque cada uno hace lo que quiera en sus fallos, se emiten no con base en el ordenamiento jurídico, sino en su propia interpretación, no se respeta la norma, ni la jurisprudencia y menos la doctrina. Además, se entrometen en el ámbito de las otras ramas del poder y lo pruebo con un hecho sucedido el viernes anterior cuando el Consejo de Estado, suspendió el decreto del ejecutivo, sobre la asistencia militar en las zonas del país que se requiera su presencia. Esto hace pensar que estamos en manos de la rama judicial que se excede en sus funciones y administra el país, lo cual no se entiende y menos cuando se está impidiendo la protección y convivencia ciudadana, dejando a las ciudades al arbitrio de los vándalos, los desestabilizadores comunistas e izquierdistas, esos son pues los defensores de la juridicidad y del orden. Risa me da.

Otro ejemplo, es el que ha venido sucediendo con las revocatorias del mandato a los alcaldes de Colombia, que es torpedeada por todos los medios y los jueces aceptan tutelas y las fallan en contra de la realidad jurídica y probatoria, y se tiene que llegar a instancias superiores como tuvo que ocurrir en Medellín, donde el abogado Julio Enrique González Villa, apeló una decisión de un juez y el tribunal administrativo, en una decisión ponderada, revocó esa primera decisión que dilató el proceso. Y así, sucesivamente, observamos que los jueces paralizan desarrollos viales, con decisiones absurdas que después los superiores revocan, lo cual indica claramente que están actuando con criterios políticos y no jurídicos. Por supuesto que podría extenderme y poner ejemplos de decisiones judiciales que afectan a los ciudadanos a lo largo y ancho del país.

La legislativa. Qué pena decirlo, está integrada por asesinos, violadores, secuestradores y terroristas, por un lado, que obtuvieron su curul con un acuerdo de paz espurio; por otros que no dan ejemplo, atacan la democracia en su propio seno, incitan al odio y a la violencia, como Gustavo Bolívar y Petro, que han mantenido en paros al país en los dos últimos años generando con ello pobreza y malestar social; por otros que sí están preparados, formados académicamente, que participan en los debates, tanto en plenaria como en comisiones, y que, aunque tienen ideas contrarias, las debaten con altura y respeto. Y por último otros muchos que pasan por allí sin mancharla ni romperla, son inexistentes, calientan sillas y no aportan nada. Todos ellos, no han sido capaces de cumplirle al pueblo colombiano y realizar la reforma que tanto se pide: disminuir el número de senadores y representantes, poner control a los salarios, pagar por sesiones como en épocas anteriores, y, además, evitar la perpetuidad en el cargo. Por lo tanto, se puede concluir que allí, en el Congreso, no contamos con un verdadero soporte y aporte a la construcción de una democracia activa, renovadora y eficaz.

Ejecutivo. Puede tener la mejor de las intenciones, pero le toca luchar muy solo contra las adversidades que le ha correspondido asumir: pandemia, que además del inagotable problema de salud y muerte, llevo al país a la crisis económica, a los paros y a la desestabilización promovida por grupos de izquierda que pone en juego la democracia.

Como ven no está fácil prosperar con tantas dificultades que afrontar; la única forma es contando con personas preparadas, luchadoras, que enfrente sin miedo a los que desean destruir el sistema democrático, líderes que se unten de pueblo, que salgan a defender cuerpo a cuerpo la estabilidad de la nación, que hagan comprender a la juventud que han sido engañados miserablemente por quienes los han educado, que trastocaron sus principios y valores, y los llevan a enfrentar el único sistema que les puede dar prosperidad; que sean hombres con mística, que muevan las masas al norte del desarrollo, al crecimiento, a la solidaridad, disciplina y orden.

Le sugiero al Gobierno, que contando con las pocas normas constitucionales que se pueden utilizar, estudien, acepten y promuevan la discusión para fomentar las autonomías regionales como forma de darle mayor desarrollo al país, eso sí manteniendo la soberanía, las relaciones internacionales, y algunos impuestos nacionales, pero, de lograrse darle vía a las regiones, la democracia se fortalecería sin duda alguna y tendríamos más bienestar y desarrollo.

En conclusión, puedo expresar con contundencia que la democracia debe subsistir, trabajemos para ello, creemos empleo, demos seguridad y fortalezcamos la disciplina y el orden, con seguridad pasaremos este tramo de pesimismo y miedo por el que atravesamos.

Viva la democracia, la libertad y el orden.

domingo, 25 de julio de 2021

¿Acaso vivimos en una sociedad amancebada con la anarquía?

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez*

Hace 211 años que celebramos unidos un grito de independencia. Como la hemos tenido, ahora no la valoramos y una minoría violenta quiere romper el equilibrio democrático entre libertad y orden, que garantiza equidad y justicia en el ejercicio de la legalidad.

Como hice parte de la directiva de entidades internacionales, no me cuesta reconocer que sus burocracias también se equivocan y son sujeto de contaminación ideológica que desvirtúa su loable propósito. Diga lo que diga la CIDH, el reconocimiento del derecho a la protesta, sin garantía ni penalidad en caso de resultar en un abuso de los derechos fundamentales de todo ciudadano, representa el camino más corto a la anarquía.

El reconocimiento constitucional del derecho a la protesta pacífica, pierde toda validez cuando está asociada a paros y bloqueos que vulneren otros derechos, afecten la libertad de movilidad y el abastecimiento de bienes y servicios, se efectúen mediante amenazas y actos terroristas, daños a la propiedad pública o privada, agresiones físicas a personas, ataques contra la fuerza pública, violencia ciudadana, vandalismo, asonadas, incendios y destrucción de infraestructura, con las consecuentes pérdidas económicas y en general cuando las protestas resultan asociadas a cualquier acto que sería punible cuando un individuo obra en solitario o por su propia cuenta.

El derecho a la protesta debe estar antecedido del cumplimiento de las obligaciones ciudadanas de acuerdo con la ley[1].(*)

En medio del lamentable silencio de gobiernos democráticos, organismos y organizaciones internacionales, las protestas en Cuba están plenamente justificadas por 60 años de opresión dictatorial comunista y represión de todas las libertades y derechos existentes. Igualmente, representan el último recurso en países como Venezuela y Nicaragua, causadas por décadas de destrucción de valor y valores, se remiten a realidades de descomposición, miseria y empobrecimiento, a manos de regímenes totalitarios disfrazados ideológicamente.

Y estas protestas en contra de las dictaduras, de ninguna forma validan las que se han vivido recientemente en Barcelona, Estados Unidos, Chile o Colombia. Por el contrario, devalúan y desvirtúan la falsa narrativa populista que se le vendió al mundo como un justiciero y loable propósito.

En el caso de las manifestaciones de protesta en Colombia y la violencia asociada a las mismas, se han ignorado todas las reglas de convivencia en pandemia, generando miles de contagios y muertes innecesarias.

El problema de los abusos a las libertades de toda una nación, no es asunto de filosofías ideológicas, ni del grado de qué tan liberal o conservadora sea la forma de pensar de quienes las expresen, son atentados contra los principios que comprenden la legalidad en la que tenemos que convivir como seres civilizados.

En democracia no se vale adoctrinar indefensos por fuera de los valores intrínsecos a la misma. Ni movilizar masas con un discurso engañoso. Menos pagar delincuentes y azuzar inconformes e ignorantes para que con violencia se encarguen de sembrar terror, desconfianza e incertidumbre, destruyan vidas, la economía, bienes e infraestructuras que mantienen las empresas privadas, los empleos y los ingresos de los que dependen los ciudadanos.

Tampoco se vale mentirle al mundo para validar los intereses cobardes del populismo, afines a un socialismo del siglo XXI, que no han podido aceptar que, ni todos podemos vivir del Estado, ni que las organizaciones criminales narco-comunistas, que se quieren tomar el poder por medio de la combinación de todas las formas de lucha, no pueden ser quienes habiendo cometido crímenes de lesa humanidad participen en el proceso legislativo y de control político democrático.

Criticar es simple. Destruir es fácil. Construir valor, sociedad, cultura y civilización, es tarea para líderes, gobernantes y comunicadores ejemplares. Honremos hoy con respeto la libertad.

Anexo. Terrorismo digital asociado a las protestas en Colombia.

Durante más de 20 días me he dedicado a hacer un análisis técnico comparativo de varias herramientas digitales cuantitativas disponibles en el mercado (SML - Escucha de Redes Sociales). En un periodo observado de abril 25 a mayo 20 de 2021, los resultados demuestran la narrativa que se construyó en más de un 95% desde Twitter, y estuvo concentrada en que el Estado, que no fue el agresor, era quien atacaba violentamente a la ciudadanía colombiana en franca violación de los Derechos Humanos.

La narrativa sobre “Violencia Estatal” estuvo asociada a sucesos en Cali, intervención de organismos internacionales (ONU), críticas de oposición política al gobierno de Duque y acusaciones a Uribe. Luego pasó de estar asociada “propuestas ciudadanas”, a actividades de Anonymus (Ciber-ataques & cierre de twitter), actuación del gobierno, asociación con Venezuela, censura en internet y apoyo a Duque.

Más del 80% de las cuentas observadas, interactuaron con los usuarios de redes de comunidades activistas supuestamente defensoras de Derechos Humanos y políticos de izquierda. Y aproximadamente el 60% de la conversación general estuvo asociada a violencia.

Unos veinte mil usuarios o el 1 % de la conversación total de la red presentaron alta actividad anómala, un promedio de 3 publicaciones por segundo pero generaron aproximadamente el 40 % de la conversación, que fue cercana a los 10 millones de comentarios, de los cuales, el 85 % acusaron al gobierno y a la fuerza pública de la violencia en las manifestaciones, amplificaron internacionalmente una narrativa de crisis socio-política validada por mensajes de apoyo de todo tipo de celebridades, mientras solo el 10 % de los comentarios favorecían al gobierno y a la ciudadanía indefensa ante bloqueos, violencia y asonadas, estratégicamente planeadas con el auspicio de organizaciones criminales.

La narrativa fue difundida principalmente por twitter.com y amplificada exponencialmente por cuentas anónimas o impersonales, Trolls y Robots fabricados con código por mercenarios mediáticos, como el caso de Yac News asociado con Anonymus (ciberataques), por sistemas masivos de distribución de información venezolanos y rusos como TeleSur, Marzo4F.com controlado por Diosdado Cabello y rt.com (RusiaTV), de los cuales se nutren rutinariamente otras agencias noticiosas y medios internacionales como El País, The New York Times, The Washington Post, CNN, BBC, etc. Las noticias y opiniones que difunden comentaristas radiales, televisivos y mediático-digitales colombianos se dedican a expandir esas versiones informativas, en muchos casos sin validar su autenticidad y veracidad.

Las herramientas analíticas registran que el origen de dicha narrativa proviene especialmente del twitter de senadores de oposición plenamente identificados, de sus grupos de trabajo digital, y de medios internacionales más distribuidos por usuarios anómalos, desde Venezuela, Colombia, Alemania, Rusia, España, Francia, USA, e Inglaterra; siendo los 10 más distribuidos: el medio Bolivariano marzo4f.com, elespectador.com, eltiempo.com, semana.com, france24.com, wradio.com.co, dw.com, cnnespanol.cnn.com, cuartodehora.com, elpais.com, y las plataformas más utilizadas fuera de Twitter, Youtube.com, Facebook.com, Instagram.com.

Las consignas o hashtags relacionas con el paro en todo el país, difunden en su mayoría videos asociados a manifestaciones y violencia policial. Los de mayor impacto inicial, fueron: #SOSColombiaDDHH y #ColombiaEnAlertaRoja. Se observaron picos incrementados por menciones de políticos y analistas como los de los días 14 y 15 de mayo creados por la noticia falsa de una supuesta agresión sexual de miembros de la policía contra la menor Allison Meléndez, #SOSpopayan, #ParoNacional, #PrimeraLínea, etc., seguidos por otros contra los escuadrones antidisturbios de la fuerza pública y contra el gobierno: #DuqueRetireLaReformaYa, #EstadoAsesino, #NosEstanMatando, #DuquePareLaMasacre, #DuqueMandoAMatarnos, #DuqueNarcoParacoYAsesino, #IvanDuqueAsesino, #IvanDuqueRenuncie, etc.

La conversación asociada a un “Golpe de Estado” dentro de una supuesta “crisis socio-política en Colombia”, #golpedeestado, se dio entre más de 50,000 usuarios que la multiplicaron más de 100,000 veces, en su mayoría cuentas de activistas de DDHH, y se originó principalmente en Twitters de Gustavo Petro, quien comparó el Gobierno de Duque con el de Pinochet en Chile, y en asociación de otras cuentas circularon la falsa idea de que Álvaro Uribe está desestabilizando la población para dar un golpe de Estado contra Iván Duque. De otra parte, algunas cuentas conservadoras hablaron de un posible golpe de Estado por parte de Petro en alianza con sectores de la izquierda y el narco-terrorismo.

En cuanto a los 10 usuarios más influyentes en la conversación general, están las cuentas de: @IvánDuque, @DiegoMolano, @ONUHumanRights, @GustavoPetro, @GustavoBolivar, @Col_Informa, @Contagioradio1, @CIDH, @IvanCepedaCast, @JMVivancoHRW.


[1] (*) Constitución Política de Colombia 1991. Artículo 2. “Son fines esenciales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación; defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo. Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares. 

viernes, 23 de julio de 2021

Banderas al revés en un país al revés

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

De niño aprendí a respetar y valorar los símbolos patrios. Mi mamá me hacía poner de pies cuando sonaba el himno nacional y en una lámina grande que pendía de una pared de la casa podía leer sus 11 estrofas, algunas de las cuales rimaban frases abstrusas; la bandera tricolor se izaba en las fiestas patrias y se reprochaba socialmente la casa de familia o edificio público que no lo hiciera; el escudo, en cambio, aunque bonito, nos hablaba simbólicamente de asuntos inexistentes: un cóndor casi extinto, unas cornucopias rebosantes de oro en un país mayoritariamente pobre; un gorro frigio que nunca he visto ni como gorro ni como la libertad que dice proclamar, el istmo de Panamá que ya no es nuestro, la granada, una fruta nada común, en fin… en las clases de educación cívica nos hacían aprender sus significados sin que dejara de llamarnos la atención estas exóticas realidades.

Muchos años después, en alguna de mis visitas a Argentina, me impactaba ver en el altar mayor de las iglesias, la bandera nacional. Se erguía siempre limpia y elegante, no podría nunca tocar el piso y el día que tuviese que cambiarse, en un ritual solemne se quemaba. No era un trapo para envolverse ni para jugar con él, se profesaba un respeto profundo y se nos decía que muchos héroes de la patria austral habían ofrendado su vida defendiéndola. Esta veneración casi sagrada me impactó hondamente.

Con la pérdida paulatina de ese fervor patriótico, alimentado por generaciones de padres y educadores insulsos y desteñidos que nunca irradiaron ese amor por los símbolos patrios, que nunca entonaron bien las notas marciales del himno y tampoco lo cantaron con entusiasmo, si no es que se quedaban callados como si fueran de un país en la antípoda, en mis rectorados escolares obligaba a mis estudiantes a cantarlo duro y con respeto. Todavía me lo recuerdan con agradecimiento así en ese momento me odiaran por ello. Lástima que por impuesto decreto se volvió cual canción comercial que suena puntualmente en las emisoras cada doce horas, a las seis.

La bandera, por su parte, se volvió un trapo arrugado, feo y raído que dice mucho y no dice nada. En estos días de paro la han resucitado para ondearla al revés queriendo simbolizar efectivamente que estamos en un país al revés. El rojo pasó a la parte superior y a ocupar medio campo porque es verdad que después de simbolizar a quienes derramaron su sangre por conquistar nuestra libertad hoy simboliza los ríos de sangre que bañan todos los días nuestros campos y ciudades ante la mirada indiferente e indolente de quienes por mandato no podrían tolerarlo. El azul del cielo, de nuestros ríos y mares, permanece incolume cual mudo testigo del caos. El amarillo que simbolizaba nuestras riquezas y valores está en la parte inferior para expresar lo mezquinos y rastreros que nos hemos vuelto y cómo nuestros principios y valores se fueron abajo y están por el suelo.

Lo que en principio me causó indignación y rabia por irrespetuoso frente a un símbolo patrio, hoy lo comprendo y entiendo. Estamos en un país patas arriba que hipócritamente censura una bandera al revés, pero aplaude la pobreza, la injusticia y la corrupción y le importa un bledo la miseria y el caos en el que nos encontramos. Ese país que exporta asesinos cualificados, el país del poderoso chofer de tractomula que acosa un indefenso niño ciclista para aplastarlo y luego quedar libre porque no hay de qué acusarlo. El país de los jóvenes sin futuro cuyo único programa es salir a robar, vandalizar, destruir y matar. El país político que en su vergonzoso Congreso sigue haciendo jugaditas y trampas en medio de mentiras y traiciones. Ese país que no toma en serio la protesta social y rápidamente la macartiza de terrorista con el afán electorero de aumentar botines políticos en vísperas de elecciones.

Ordenar las cosas no es volver a izar la bandera correctamente o cambiar de color el uniforme de sus policías. Es promover reformas estructurales antes de que esto acabe de empeorarse. Necesitamos renovar nuestros liderazgos con gente joven, sana y honesta, que de verdad quiera su patria. Esos son los nuevos héroes con los que queremos celebrar estas festividades del 20 de julio y el 7 de agosto, entre el 1 de enero y el 31 de diciembre, todos los días de todos los años. Lo demás es moralina cargada de lamentos políticamente correctos.

jueves, 22 de julio de 2021

Vigía: nuevo Gobierno en Perú, ¿riesgo regional?

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

El Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla están de plácemes. Si bien en palabras de su vocero, el expresidente Samper, habían “recuperado” a Bolivia, también habían “perdido” Ecuador, pero ahora “ganaron” a Perú, en otro de los vaivenes de la geopolítica regional que no encuentra un rumbo grupal, cierto y de progreso. En medio de esas oscilaciones, un riesgo mayor de inestabilidad crece peligrosamente: el narcotráfico y sus consecuentes e incontrolables corrupción y violencia.

Perú y la coca

El ascenso al poder del “candidato del lápiz”, el gremialista Pedro Castillo, plantea serios problemas de seguridad para toda la región y particularmente para Bogotá. Sus propuestas claramente de corte marxista leninista, como él mismo las define, no es asunto que políticamente incumba a sus vecinos. Cada país tiene derecho a escoger la opción de gobierno que considere mejor. Pero siendo Perú el segundo productor de cocaína en el mundo, después de Colombia, las políticas de Castillo previenen un horizonte complicado en asuntos de seguridad.

En la última medición de Washington, Perú incrementó en 16 mil hectáreas sus cultivos ilícitos de coca en el periodo 2019-2020, lejos de Colombia, que en el mismo periodo aumentó en más de 30 mil hectáreas tales cultivos. La producción potencial de cocaína en el Perú para el 2020 fue de 810 toneladas métricas, mientras en el caso colombiano picó en 1010, según el mismo informe. Resultados muy conservadores para nuestro análisis, que incorpora un consumo histórico del narcótico en Europa y una creciente demanda en Australia y otras regiones del Pacífico.

Las implicaciones de este ensanchamiento en los cultivos peruanos de coca se pueden apreciar en el deterioro de las estadísticas de seguridad, especialmente en la región fronteriza peruano-boliviana de El Puno, que ha llevado a varias comunidades a organizar sus propias autodefensas, ante la incapacidad del Gobierno para lidiar con asaltos, robos, homicidios, extorsiones. Huallaga y el Vraem siguen siendo los principales focos de atención de las autoridades peruanas para la erradicación, al tiempo que mantienen un combate permanente contra reductos de Sendero Luminoso.

Si bien la cocaína peruana se ha movido especialmente para Bolivia y Argentina vía aérea, ahora se incrementarán las rutas terrestres a través de cargadores o porteadores, y con ellos el reclutamiento de jóvenes que con la narco chequera y las banderas elenas y farianas, ayudarán a acrecentar el poder armado transnacional de esas organizaciones.

Castillo y la seguridad regional

La exigua agrupación terrorista maoísta Sendero Luminoso, puede repetir la historia del ELN que, reducido a su mínima expresión por la acción de las Fuerzas Militares colombianas, creció y es hoy la más riesgosa amenaza regional, gracias al cobijo que desde Caracas le dio el Gobierno chavista-madurista y debido a los recursos del narcotráfico y la minería ilegal.

La preocupación viene de un Gobierno que probablemente siga la dinámica de Miraflores pues, aun antes de ser proclamado presidente, Castillo recordó sus principales “novedosas” ofertas: una asamblea nacional constituyente, nacionalización de las industrias extractivas, muchas de ellas en manos chinas, mercados populares y control a los medios de comunicación, fórmula ya conocida en la región y que tiene sumida en la miseria a países como Venezuela, que ya no produce petróleo, Cuba, que hace rato dejó de producir azúcar y Argentina que escasamente tiene carne. Además, para nuestra preocupación, anunció el retiro de la DEA de su país, fórmula adoptada por Bolivia y Venezuela, con las consecuencias conocidas.

Para Colombia, una política de Estado como la propuesta por Castillo, abre el espacio para que estructuras narcotraficantes como el ELN, en alianza con carteles mexicanos y la mafia internacional, aumenten su presencia al paso del incremento de los cultivos ilícitos en la región amazónica, afectando países como Brasil, y a Colombia, en la provincia de Loreto, limítrofe con el Putumayo, parte del área con los mayores cultivos ilícitos de coca en el mundo. Es probable que, por diferencias ideológicas, se dificulte un acuerdo binacional que permita operaciones policiales y militares entre ambos países, algo similar a la relación colombo-ecuatoriana en la época de Correa-Uribe. Mucho más si se tiene en cuenta el interés venezolano en apoyar a un gobierno de su cuño, mientras ataca a uno demócrata como el colombiano, desafortunadamente primer productor mundial de cocaína. Con Castillo en el Perú, se complicarán mayormente los serios problemas de seguridad por los que atraviesa la región.

miércoles, 21 de julio de 2021

La sala de los precandidatos

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Desde hace siglos, en la política, es determinante el signo pesos ($), que se originó como una M a la cual se sobrepuso una S, abreviatura de Medici, que en la tipografía moderna se desdibuja en la forma habitual que conocemos. Sin embargo, otros le atribuyen un origen español, que en nada demerita la eterna importancia del dinero en la política, que tanto se notó en la era de los Medici, cuando esa familia de médicos se volvió de riquísimos banqueros que dominaron, directamente o mediante dependientes, el poder en Florencia.

Traigo esto a cuento porque debo recordar la influencia de los comanditarios en las empresas políticas, que no han desaparecido, a pesar de la abundancia y complejidad de las legislaciones sobre financiación electoral.

La verdad, lamentable desde luego, es que aquí y allá, por encima de las sumas que el Estado reconoce en función de los votos de las distintas corrientes, escrutados, los candidatos solicitan considerables “avances” extracontables porque las campañas se han convertido en empresas de costo exorbitante.

Podríamos debatir horas enteras acerca de las reformas estructurales deseables y convenientes para la financiación de campañas, pero de momento tenemos que alejarnos del deber ser para ubicarnos dentro de la Realpolitik.

Dejando de lado al candidato Petro, cuyas abundantes fuentes de financiación obviamente desconozco, considero que para derrotarlo hay que desarrollar desde ahora una campaña con vocación de triunfo (no 40 campañas). Esa invitación al electorado exige un esfuerzo programático, incesante, coherente, inteligente, llamativo y técnico, a través de tv, radio y redes sociales, especialmente. Ese esfuerzo demanda centenares o miles de millones de pesos y ninguno de los 40 precandidatos democráticos dispone de esas sumas, ni puede conseguirlas, a menos que alguno de (o algunos) de los magnates que en Colombia llamamos “cacaos” les facilite(n) buena parte de sus requerimientos en calidad de préstamo, mientras llega la reposición después de las elecciones.

El problema consiste en que 40 señoras y señores, patrióticos y respetables, aspiran a la presidencia de la república al mismo tiempo, pero ninguno dispone de fondos para adelantar una campaña que permita alcanzar el segundo puesto en la primera vuelta.

Quien quede de placé en la primera ronda, seguramente tendrá apoyo considerable, in extremis, para disputar la segunda vuelta. Por eso, de momento, es urgente pensar en la financiación, antes de hacer el ridículo y lanzarse apenas para figurar. Ya van, repito, como 40, y cada día aparecen más aspirantes.

Si las cosas siguen así, en toda solicitud de empleo se preguntará: “¿Ha sido usted candidato presidencial?”

Hace algunas noches tuve una agradable ensoñación, de aquellas de las burlas veras. En la antesala de cada cacao habían tenido que habilitar una sala de espera para candidatos, con tinto, gaseosas, prensa, tv, música ambiental y amables relacionistas, para hacer menos tediosa la interminable espera de los solicitantes, porque ningún potentado puede atender tantos aspirantes. El sueño terminó cuando en la sala resonó el refrán de “tanto pobre junto pierde la limosna”…

martes, 20 de julio de 2021

De cara al porvenir: el enemigo externo

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En su lúcido libro sobre aprendizaje organizacional, “La quinta disciplina”, Peter Sengue precisó como una de las barreras para ese aprendizaje, lo que denominó “el enemigo externo”. Se refiere a la práctica generalizada de echar la culpa de los errores a los demás y no reconocer nunca los propios errores. Esto, como él lo afirma, imposibilita la corrección de los errores, así como el cuestionamiento de las premisas en las que se fundamentan las propias acciones, lo cual impide, el aprendizaje.

Es usual en nuestro medio empresarial atribuir la culpa de los malos resultados a ese enemigo externo: hicimos todo lo posible, pero…, el clima…, el dólar…, el petróleo…, el virus…, etcétera. En el mundo deportivo, perdemos los partidos por culpa del árbitro, lo cual casi nunca es cierto, excepto si el árbitro es Pitana. Y en la faceta política no podría ocurrir nada diferente.

Desde la expedición de la Constitución de 1886, por definir un hito importante, en Colombia se ha presentado la siguiente pendulación en el ejercicio del poder ejecutivo: de 1886 a 1930 hubo una hegemonía conservadora; de 1930 a 1946, una hegemonía liberal; de 1946 a 1953 regresaron los conservadores; de 1953 a 1958 hubo gobierno militar; de 1958 a 1974 se presentó la alternancia pactada en el Frente Nacional; de 1974 a 1982, dos gobiernos liberales; en 1982, gobierno conservador; de 1986 a 1998, dos gobiernos liberales; de 1998 a 2002, gobierno conservador y de ahí en adelante, ante la dilución de los partidos tradicionales, habría que decir que han existido tres períodos Uribistas y dos Santistas.

En otras palabras: desde 1886 a la fecha (136 años), nos han gobernado los mismos con las mismas, con algunas diferencias, sobre todo, en materia de estilo. Pero como no puede faltar el enemigo externo, ahora resulta que todos los males de nuestro país son culpa de la izquierda, sector político que jamás ha ejercido el gobierno en el orden nacional.

Es posible que de haber gobernado la izquierda las cosas fueran peores, pero eso, que solo representa una hipótesis imposible de demostrar, no puede hacernos perder de vista que todo lo bueno, lo malo o lo feo que pueda pasar en nuestra sociedad es atribuible solo a quienes nos han gobernado o, mejor, desgobernado.

La situación de movilización social vivida desde 2019, interrumpida por la pandemia y retomada con toda la fuerza desde hace algunos meses, representa el cansancio generalizado con la clase política que ha ejercido el poder en Colombia sin el más mínimo interés en el bien general y, entonces, frente a la posibilidad de que ese cansancio se refleje en las urnas, salen las voces agoreras a gritar: “Ojo con el 2022”. Pues bien, el grito no debería ser ese, sino: “Ojo con lo que hemos hecho con el país, ojo con la desesperanza que hemos sembrado en la juventud, ojo con la corrupción generalizada que fomentamos…ojo con la viabilidad de Colombia”.

NOTA: A mí personalmente me parece que somos poco serios con nuestra relación con Cuba. Cuando los necesitamos, les buscamos el lado y cuando no, los acusamos de todo.