Pedro Juan González Carvajal
Este artículo ha consultado
varias fuentes, entre ellas la IA.
El “Acuerdo sobre lo
Fundamental”: origen, contenido y evolución de una idea para desarmar la
política en Colombia.
1. ¿Qué se entiende por “Acuerdo
sobre lo Fundamental”?
El “Acuerdo sobre lo
Fundamental” es una tesis política planteada por Álvaro Gómez Hurtado en
1991, en medio de la Asamblea Nacional Constituyente. No es una ley ni un
artículo constitucional. Es un concepto: la propuesta establece que una
sociedad dividida por la violencia y la desconfianza debe pactar unos mínimos
intocables para poder convivir.
“Lo fundamental” son esas reglas del juego
que todos aceptan, sin importar si ganan o pierden las elecciones. Incluye: la
vida, la propiedad privada, el régimen democrático, la independencia de la
justicia, el monopolio de las armas en cabeza del Estado y la unidad nacional.
La idea es sacar esos temas del debate electoral. Se compite por el gobierno,
no por el régimen. Se discute el modelo económico, no si existe o no la
propiedad. Se disputa el poder, no la existencia del Estado.
En palabras de Gómez: “Hagamos
la política discutible, para que la patria sea indiscutible”. El acuerdo
busca que la diferencia política no se degrade en guerra civil. Es un pacto
civilizatorio previo a cualquier pacto de gobierno.
2. Origen histórico: el
diagnóstico de la violencia
El concepto nace de una
lectura histórica de Colombia. Gómez Hurtado, conservador y varias veces
candidato presidencial, concluyó que el país no tenía guerras por hambre, sino
por política. Desde el siglo XIX, liberales y conservadores no se mataban por pan,
sino por el régimen: federalismo vs. centralismo, Estado laico vs. confesional,
librecambio vs. protección. Cada elección era una apuesta existencial. El que
perdía sentía que perdía la patria y tomaba las armas.
Esa lógica se repitió en la
Violencia de los años 50, en el surgimiento de las guerrillas en los 60 y en el
narcoterrorismo de los 80. Para Gómez, la raíz era la misma: no habíamos
acordado lo fundamental. Todo estaba en disputa. Si el Estado mismo, la
propiedad o la vida eran negociables según el resultado electoral, entonces la
política era una guerra con otros medios.
Por eso, en la Constituyente
de 1991, Gómez propuso el Acuerdo sobre lo Fundamental como precondición
de la paz. Su argumento: no tiene sentido desarmar guerrillas si no desarmamos
primero los espíritus. Y eso solo se logra si la derecha no siente que la
izquierda va a abolir la propiedad, y si la izquierda no siente que la derecha
va a usar el Estado para exterminarla.
3. Evolución histórica: de 1991 al proceso de paz
*1991, la Constituyente: el Acuerdo sobre lo Fundamental no
quedó escrito como artículo, pero su espíritu impregnó la Carta. La
Constitución del 91 es, en el fondo, un Acuerdo sobre lo Fundamental: consagra
la propiedad privada con función social, Art. 58; crea la Corte Constitucional
para arbitrar el régimen, no para gobernar, y establece que las Fuerzas Armadas
tienen el monopolio de las armas, Art. 216. La Constituyente misma fue un
ejercicio práctico del Acuerdo: guerrilleros del M-19, liberales, conservadores
y movimientos sociales redactaron juntos las reglas de juego.
* Años 90 y 2000, el
eclipse: La tesis perdió fuerza. El narcotráfico, el auge paramilitar y la
expansión de las FARC mostraron que el Acuerdo sobre lo Fundamental no
se había interiorizado. Cada actor seguía creyendo que podía refundar el país
por la fuerza. El Gobierno de Uribe priorizó la “Seguridad democrática”
—recuperar el monopolio de las armas— pero sin un pacto político de fondo. La
oposición denunció que se estaba cerrando el régimen. El Acuerdo seguía
pendiente.
* 2012-2016, La Habana:
el proceso de paz con las FARC fue el mayor intento de materializar el Acuerdo
sobre lo Fundamental desde 1991. Los seis puntos pactados —tierras,
participación política, drogas, víctimas, fin del conflicto, implementación—
eran, en la práctica, una delimitación de lo fundamental. Las FARC
aceptaron dejar las armas y hacer política sin matar. El Estado aceptó que el
problema agrario y la exclusión política eran reales y debían reformarse por
vías democráticas. El plebiscito de 2016, aunque lo negó por poco margen,
obligó a toda la sociedad a discutir qué cosas eran innegociables.
* 2018-2026, la
polarización: tras el Acuerdo de Paz, el concepto volvió al debate.
Sectores de derecha sienten que se cruzó la línea de “lo fundamental” al
dar curules a ex-FARC y al crear la JEP. Sectores de izquierda sienten que el
asesinato de líderes sociales demuestra que el derecho a la vida no es
fundamental para todos. La frase de Gómez se cita hoy tanto para pedir “no
tocar la propiedad” como para exigir “no matar opositores”.
El Acuerdo sobre lo Fundamental sigue sin cerrarse.
4. Contenido actual del
debate: ¿Qué es hoy “lo Fundamental”?
Casi 35 años después, hay
consenso en algunos mínimos y disenso en otros:
Tema. Consenso. Disenso
actual.
Vida: nadie defiende
políticamente el homicidio. ¿El Estado protege igual a todos los líderes
sociales?
Democracia: nadie propone dictadura. Se
aceptan elecciones. ¿Las cortes tienen demasiado poder? ¿El “lawfare” –anglicismo (contracción de law y warfare) que significa guerra jurídica o
judicialización de la política y se refiere al uso indebido o abusivo de
procedimientos legales, fiscales y judiciales para perseguir, desacreditar o
inhabilitar a un adversario político, dándole una falsa apariencia de legalidad–
reemplaza votos?
Propiedad: está en la Constitución. No
hay proyecto de abolirla. ¿Hasta dónde llega la “función social”? ¿Expropiación
exprés es válida?
Monopolio de armas: solo el Estado debe
tenerlas. ¿Grupos armados ilegales son “actores políticos”? ¿Se negocia con
ellos?
Unidad nacional: no hay separatismo fuerte.
¿Las autonomías regionales o indígenas rompen la unidad?
El Acuerdo sobre lo
Fundamental, por tanto, no es estático. Es un proceso. Cada generación debe
revalidarlo.
5. Conclusión: una tarea
inconclusa
El “Acuerdo sobre lo
Fundamental” es la vacuna de Gómez Hurtado contra la guerra civil. Su
diagnóstico sigue vigente: mientras sintamos que en cada elección nos jugamos
la existencia, la tentación de hacer trampa o de alzarse en armas no
desaparece.
Su evolución muestra que
Colombia ha avanzado. Pasamos de matarnos por la Constitución a matarnos por su
interpretación. Ya no se discute si hay propiedad, sino qué tan redistributiva
debe ser. Ya no se discute si hay elecciones, sino si son limpias. Eso es
progreso, aunque no lo parezca.
Pero el Acuerdo no está
sellado. Se rompe cada vez que un político llama “nefasto” al fallo de
una Corte, cada vez que un grupo “mata para callar”, cada vez que se
propone “refundar” el Estado desde cero.
Lograrlo exige entender que
el adversario no es enemigo. Que se puede perder el gobierno sin perder la
patria. Que hay cosas que no se tocan, para que todo lo demás se pueda
discutir. Mientras no interioricemos eso, seguiremos administrando la violencia
en lugar de superarla. Y el Acuerdo sobre lo Fundamental seguirá siendo una
deuda, no un logro.
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