Luis Alfonso García Carmona
No obstante, las
expresiones de triunfalismo que pululan después de la jornada electoral del
pasado domingo, me queda una gravísima preocupación por el futuro del país.
Como lo habíamos
pronosticado, el despliegue publicitario que acompañó la convocatoria a votar en
las consultas partidistas condujo a una general confusión en las masas de
votantes acostumbradas a las dos vueltas para la elección de presidente. No
entendieron lo de las consultas como lo que verdaderamente son: un pacto
entre un grupo de ciudadanos para respaldar la aspiración del partícipe que
alcance la mayor votación. Como lo expresamos en su momento, no los unía el
interés supremo del país, o la defensa de principios o valores conculcados
por el actual régimen. No. Su objetivo primordial ha sido puramente electorero:
“si carezco de la fuerza electoral para ser presidente (o presidenta), me
uno a otros para lograrlo”. Y así ocurrió en el seno de la consulta llamada
por algunos de “derecha” o de “centroderecha”. Fueron los más votados Paloma
Valencia y Juan Daniel Oviedo.
Desde que se
conoció el resultado, ha comenzado a tomar forma la fórmula de Paloma a la
Presidencia y Oviedo a la Vicepresidencia, Se ha llegado a afirmar que la
solución para los males de Colombia es contar con una mujer en la Presidencia y
un homosexual en la Vicepresidencia. No cuentan para nada sus antecedentes
políticos, su formación ideológica, su posición frente a la destrucción de
nuestras instituciones bajo la tiranía de extrema izquierda; todo lo validan
mediante su género o sus inclinaciones sexuales.
Escuchando las
kilométricas transmisiones del recuento de votos y la interpretación que los
candidatos y periodistas hicieron de los resultados queda un gran vacío
conceptual. Se pudo constatar que los candidatos más votados fueron los beneficiarios
de las corruptas maquinarias electoreras, con honrosas excepciones como las
de Daniel Briceño y Enrique Gómez Martínez. Nunca habíamos presenciado un trasiego
de dinero efectivo en todo el territorio nacional presumiblemente para la
compra de votos.
Echamos de menos un
análisis serio sobre lo trascendental: conocidos los resultados de las urnas ¿cuál
será la suerte del país? ¿Cuál debe ser el camino por seguir si queremos
persistir en nuestro noble propósito de defender la Patria de la tiranía
neocomunista representada por Cepeda, el heredero de Petro y candidato de las
FARC?
Nuestro aciago
augurio se cumplió: la izquierda irá unida a la primera vuelta pues no
resultó ningún rival de peso que pudiera preocupar al camarada Cepeda “el
silencioso”. En cambio, los partidarios del orden, de la democracia y del Estado
de derecho, concurriremos divididos entre los partidarios de “el Tigre”
Abelardo y los de Paloma, ahora crecida con el respaldo de sus socios en la
consulta partidista.
No entendemos cómo
algunos comentaristas consideran que ese escenario favorece la derrota de
Cepeda cuando es exactamente lo contrario. Siempre que una fuerza se divide
para enfrentar un enemigo totalmente unido, la primera lleva las de perder. Así
se consigna en la historia de los pueblos y así lo hemos vivido en nuestra
reciente política. ¿Cuándo aprenderemos a aplicar la razón antes de opinar?
Seamos claros: hoy
comienza la carrera hacia la Presidencia, pero ya Abelardo cuenta con un movimiento
mayoritario, expresado en las firmas obtenidas directamente, no a través de
empresas intermediarias. La multitud de eventos con miles de adeptos así
lo confirman. Quienes a ellos asisten lo hacen con fervor patriótico, sin
recibir dinero ni refrigerios, convencidos de que Abelardo es la solución
para un país en el más absoluto desmoronamiento moral y material.
Los partidarios de
Abelardo no podemos, por principios, unirnos al grupo que eligió a Paloma como
su candidata, pues no comulgamos con la políticas de transacción, diálogo y
alcahuetería con el crimen, el narcotráfico, la corrupción que pregonan
Oviedo y sus compadres. Ahora nos hablan de unidad pero rechazaron a
Abelardo cuando quiso hacer parte de un verdadero grupo de derecha, lo
maltrataron tildándolo de “extrema derecha” e ignoraron su propuesta de escoger
desde hace varios meses un candidato único a través de una encuesta que evitara
el millonario costo de la consulta más el pago por reposiciones de votos a los
precandidatos.
Si aplicáramos la
razón en busca de lo mejor para los superiores intereses de la República, la
doctora Paloma Valencia debería unirse a Abelardo de la Espriella para
enfrentar con éxito al silencioso Cepeda y vencerlo en la primera vuelta. Pero eso
no va a suceder. Pueden más los egos y la codicia que el futuro del país.
Tendremos que conformarnos con que cada uno siga su camino: Abelardo en su patriótica
causa de defender la Patria, con coraje y sin miedo frente al más violento de
los enemigos, por un lado, y Paloma con sus nuevos amigos procedentes de
la vieja politiquería, defensores del humillante acuerdo de La Habana y
santistas mimetizados ahora de antipetristas.
No hay que temer al
fracaso ante este nuevo obstáculo. Como decía uno de los maestros del
estoicismo:
“Porque
la inteligencia derriba y desplaza todo lo que obstaculiza su actividad
encaminada al objetivo propuesto, y se convierte en acción lo que retenía esta
acción, y en camino lo que obstaculizaba ese camino”. (Marco
Aurelio, Meditaciones)

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