viernes, 14 de agosto de 2026

Vulnerables

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Si algo somos como seres humanos es precisamente eso: vulnerables. Un amigo de Cali así me describió lo que sintió en pleno terremoto: “realmente ha sido el susto de mi vida, nunca me sentí tan vulnerable, tan frágil, tan aterrado”. Y eso mismo sintieron miles más, simultáneamente, en medio de tan caóticos momentos, ante la descomunal fuerza avasalladora de la naturaleza. “Dios, por favor, no más, para esto, perdón, misericordia…”

Cuando estamos en esos instantes límites, cuando existencialmente, que no teórica y conceptualmente, experimentamos toda nuestra pequeñez, confesamos que no somos nada, cual pajas que lleva el viento, “briznas de hierba en las manos de Dios”, describió así su experiencia límite Álvaro Gómez. Literalmente impotentes, finitos, inútiles, poca cosa. Hasta ahí llega nuestra arrogancia, nuestra prepotencia, cuando otro más fuerte se impone.

¿Recuerdan las románticas reflexiones que hacíamos en lo más fino de la pandemia cuando prometíamos el oro y el moro y asegurábamos que después las cosas no serían lo mismo, que íbamos a cambiar, a ser mejores? Los bonitos sentimientos afloraban, se nos olvidaban colores políticos, razas, estratos sociales, equipos de fútbol, credos religiosos… volvíamos a ser todos iguales, todos humanos… Promesas, solo eso. Porque cuando la “normalidad” volvió todo aquello tan tierno desapareció, se esfumó. La amnesia fue colectiva, total.

La reflexión que me hago a modo de pregunta es: ¿cuándo aprenderemos la lección?, ¿cuándo nos decidiremos a ser mejores seres humanos sin que haya factores externos que nos obliguen a plantearnos el asunto de nuestra enorme vulnerabilidad? En las lecturas de la liturgia del domingo pasado el profeta no encontró el paso de Dios ni en el viento huracanado, ni en el fuego abrasador, ni en el terremoto destructor, pero sí en la suave brisa. Y cuando el fuerte viento y el mar encrespado parecían hacer zozobrar la barca y también hundir a Pedro, el Señor increpó a todos: “no teman, hombres de poca fe, soy yo”. Lo dicho tantas veces: si tenemos a Dios, aunque no tengamos nada lo tenemos todo, pero si no tenemos a Dios, aunque lo tengamos todo no tenemos nada. ¿Quién podría entonces separarnos de su amor, la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Se cuestionaba Pablo con los romanos.

Es claro que la invitación no es a ser pasivos, sumisos, resignados y conformes, pero tampoco altaneros, arrogantes y soberbios. Las cosas en su punto. En su sitio. En el justo lugar que nos corresponde. De modo que cuando sobrevengan estos fenómenos, con la Santa de Ávila podamos decir: “nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”. Eso, solo eso, ante el Señor de la historia, desde nuestra condición vulnerable.

Los desafíos que acarrea el sismo

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Cuando nos aprestábamos a comenzar la construcción de una nueva patria sobre las ruinas heredadas del pasado régimen, nos puso a prueba la naturaleza con este desastre que nos llena de luto y dolor, pero que ha despertado la solidaridad y la unión de los buenos colombianos.

Bajo la certera conducción del gobierno entrante se han atendido con celeridad las necesidades de las víctimas, se ha priorizado la búsqueda de sobrevivientes y se ha obtenido la oportuna ayuda de la banca multilateral y de la comunidad internacional.

Apenas comienza la tarea, pues habrá que restaurar múltiples servicios colapsados, reemplazar la infraestructura dañada, y, sobre todo, brindar una real y positiva ayuda a quienes todo lo perdieron en un instante.

Quedan vastas zonas urbanas en algunas ciudades como Cali, Pereira, Quibdó y en centenares de municipios y corregimientos, donde gran parte de las edificaciones colapsaron y otras tantas deberán ser totalmente demolidas. Una disyuntiva presenta la reconstrucción de los edificios en ruinas: Reconstruir cada uno para que sea ocupado a la mayor brevedad, o planear una reforma urbana y una ampliación de la oferta de vivienda en condiciones favorables para los beneficiarios.

Por fortuna cuenta el actual gobierno del “tigre” con profesionales ampliamente capacitados para desarrollar un programa capaz de atender a esta magna catástrofe y, a la vez, ampliar la oferta de vivienda en las zonas afectadas, tal como otros países lo han experimentado.

Chile, situado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, ha aprovechado los sucesivos terremotos para mejorar las normas y métodos de seguridad. Sus avances en materia de vivienda social, regulaciones antisísmicas y mejoras estructurales valen la pena ser tenidos en cuenta.

Al final de cuentas, el enorme costo de reparación de algunas construcciones puede contribuir de manera definitiva, no solamente para dotar a las regiones afectadas, de unas nuevas zonas seguras y confortables, sino, también, para mejorar la calidad de vida de muchos compatriotas de ingresos reducidos.

jueves, 13 de agosto de 2026

La hazaña de una silleta

Fredy Angarita

Al consultar los sinónimos de la palabra hazaña en el Diccionario de la Lengua Española aparecen términos como proeza, heroicidad, gesta, hito, logro, conquista, superación, triunfo, victoria, alcance, realización, valentía, audacia y aventura. Catorce palabras para intentar explicar algo que, algunas veces, resulta difícil de nombrar.

No sé cuánto utilizamos algunas de ellas en nuestra vida cotidiana. Tal vez hablamos de triunfo con más facilidad que de proeza. Decimos logro cuando queremos resumir años de trabajo, hablamos de victoria cuando alguien llega primero. Pero hay historias en las que una sola palabra parece quedarse corta.

Después de la Feria de las Flores de 2026, que este año celebró su edición número 69, me quedé pensando precisamente en la palabra hazaña.

El ganador absoluto del Desfile de Silleteros de este año fue John Jairo Grajales Gómez, padre de una compañera de trabajo y una persona que he tenido la fortuna de conocer.

Este texto es un homenaje porque lo que hizo no quiero contarlo solamente como una victoria. Quiero contarlo como una de esas historias en las que la palabra hazaña empieza a tener sentido.

Para entenderlo hay que regresar un poco en el tiempo.

Foto: Elizabeth Grajales, 2026

La historia de los silleteros se remonta a muchos años atrás, cuando campesinos e indígenas utilizaban estructuras de madera, conocidas como silletas, para transportar niños, familiares, víveres, encomiendas y, en algunos casos, personas que necesitaban ser trasladadas por motivos de salud. En Santa Elena, uno de los primeros registros relacionados con el uso de la silleta para transportar flores hacia Medellín corresponde a Braulio Ochoa, quien tenía una finca en la vereda El Llano y realizó esta actividad en 1925. Después aparecerían otros apellidos que terminarían ligados para siempre a esta tradición: Grajales, Soto, Jurado y muchos más.[1]

No son solamente apellidos. Son familias, son generaciones, son personas que aprendieron que una flor no comienza el día del desfile. Comienza muchos meses antes.

En el primer Desfile de Silleteros participaron entre 40 y 50 silleteros. Se realizó el 1 de mayo de 1957, desde entonces se ha mantenido y actualmente es uno de los símbolos culturales más reconocidos de Medellín.

Es una tradición que parece sencilla cuando uno la observa desde la calle, pero detrás de esa imagen existe algo que el espectador muchas veces no alcanza a ver. Tierra, semillas, lluvia, meses de espera y una cantidad de trabajo que no cabe en las pocas horas que dura el desfile.

Cuando hablo con John Jairo, esa parte invisible comienza a aparecer.

Lleva más de 40 años cultivando y aproximadamente 15 años dedicados al cultivo de flor tradicional. Ese amor por la tierra me cuenta, lo aprendió desde siempre, acompañando a su padre, quien también se dedicó a esta labor. Para él, la Feria de las Flores no termina cuando termina el desfile. En realidad, vuelve a comenzar.

Desde diciembre prepara nuevamente la tierra, hace semilleros y planea cada siembra. Lo que empieza tendrá que esperar aproximadamente ocho meses para convertirse en flores que puedan llegar a Medellín.

Es prácticamente un año de trabajo para unos cuantos días. Y ahí aparece una de las primeras cosas que hacen diferente esta historia.

John Jairo no siembra sabiendo exactamente cuándo tendrá la flor, la naturaleza no tiene calendario, una flor puede adelantarse, puede retrasarse, puede dañarse, puede no salir. También puede llegar demasiado pronto o demasiado tarde para el desfile. Y cuando eso ocurre, no existe un botón para reiniciar el proceso. Hay que volver a sembrar, volver a esperar, volver a confiar.

Quizá por eso una de las frases que más me llamó la atención cuando hablamos fue precisamente esa: sembrar sin tener la certeza de que la flor estará lista el día que se necesita.

Suena sencillo decirlo. Pero imaginemos hacerlo durante meses, cuidar una planta sin saber si llegará a tiempo, esperar, volver a esperar. Y después cargar sobre los hombros el resultado de todo ese trabajo.

John Jairo utilizó aproximadamente 80 variedades de flores en su silleta. ¡Ochenta! Detrás de cada una había una historia diferente, algunas necesitan aprender a convivir con el tiempo, como los gladiolos, tulipanes, azucenas, clavelinas y agapantos que requieren cuidados especiales para conseguir que estén en el punto adecuado.

Otras necesitan todavía más paciencia. El botón de oro, la rosa amarilla, la pomarrosa, el tul de novia, las pascuas y algunas clavellinas pueden tardar alrededor de siete meses en florecer. Siete meses, para que alguien pueda verla durante unos minutos.

Eso es lo que muchas veces no vemos cuando miramos una silleta. No vemos los siete meses, vemos la flor; no vemos la espera, vemos el color; no vemos la incertidumbre, vemos el resultado. Y quizá ahí comienza realmente la historia de la hazaña.

John Jairo ya había conseguido el título de Ganador Absoluto en 2017, en 2026 volvió a hacerlo. Dos años separados por casi una década, dos veces alcanzando el primer lugar, dos veces viendo cómo el trabajo de meses termina convertido en reconocimiento.

Según los registros disponibles, la distinción de Ganador Absoluto, que reúne a los mejores de las diferentes categorías, no se entregó de manera completamente uniforme durante todas las ediciones del desfile, su registro como galardón unificado se encuentra documentado de manera más sistemática en los años recientes.

En esos registros aparecen, entre otros, Juan Ernesto Ortiz Grajales, ganador en 2019 y 2024, y ahora John Jairo Grajales Gómez, ganador en 2017 y 2026.

Pero hay una diferencia entre conocer una estadística y conocer la historia que existe detrás de ella. Quiero decir que John Jairo ganó dos veces toma apenas una línea, contar lo que tuvo que hacer para conseguirlo necesita mucho más.

Su silleta de 2026 no fue una repetición de la de 2017. Esta vez quiso asumir otro reto. En 2017 había trabajado con ramilletes más pequeños y una selección diferente de flores, para 2026 decidió trabajar con ramos mucho más grandes, quiso que los colores vivos fueran protagonistas, que cada flor pudiera resaltar por sí misma, jugó con las texturas, con las formas, con los tamaños, buscó más movimiento, más volumen, más fuerza visual.

Y mientras me cuenta todo esto, comienzo a entender que la silleta no es solamente una composición de flores. También es una forma de contar quién es el silletero, es su manera de dialogar con la tierra, de mostrar lo que aprendió, de arriesgarse, de intentar algo diferente y, finalmente, de poner sobre sus hombros el resultado.

Quizá por eso me cuesta llamarlo simplemente ganador, un ganador es quien obtiene una victoria. Pero una hazaña necesita algo más. Necesita tiempo, necesita dificultad, necesita perseverancia, necesita la posibilidad real de no conseguirlo.

Y John Jairo tuvo todas esas cosas. Tuvo que esperar meses para saber si las flores estarían listas, tuvo que enfrentarse a un clima que no entiende de calendarios, tuvo que cuidar cerca de 80 variedades, tuvo que volver a intentarlo y tuvo que confiar nuevamente en la tierra. Cuando finalmente llegó el desfile, todo aquello que había comenzado muchos meses atrás apareció frente a Medellín convertido en una silleta. El público vio flores.

Yo, después de conocer un poco de la historia que había detrás, empecé a ver otra cosa. Vi al niño que acompañaba a su padre, vi los más de 40 años cultivando, vi las madrugadas, vi la tierra preparada desde diciembre, vi las flores que podían no llegar a tiempo, vi los siete meses de espera de algunas de ellas, vi las 80 variedades. Vi el 2017 y vi el 2026.

Tal vez una palabra no pueda cargar todo lo que significa. Quizá por eso necesitamos catorce sinónimos para intentar explicarla. Después de conocer la historia de John Jairo Grajales Gómez, creo que ninguna alcanza. Porque una hazaña no está solamente en el momento en que alguien gana. Está en todo lo que hizo cuando todavía nadie sabía si iba a ganar: en la tierra preparada con meses de anticipación, en la semilla que todavía no era flor, en la flor que podía no llegar, en la espera, en la incertidumbre del clima, en las manos que cultivan, en el padre que enseñó y en las generaciones que mantienen un apellido unido a una tradición.

Por eso, aquella silleta que a primera vista parece cargada solamente de flores, en realidad lleva mucho más. Lleva diciembre y la tierra preparada, las semillas, los meses de espera, las cerca de 80 variedades, las manos que cultivaron cada una de ellas y los más de 40 años que John Jairo lleva aprendiendo de la tierra. Lleva también la memoria de su padre, la historia de varias generaciones de silleteros y una tradición que, cada año, vuelve a ponerse sobre los hombros de alguien.

Y este año carga algo más.

Por segunda vez, después de 2017, sobre los hombros de John Jairo Grajales Gómez se vuelve a posar una palabra que parece demasiado pequeña para contar todo lo que hay detrás: hazaña.

Muchas felicitaciones, don John Jairo. Que sigan las flores. Y, sobre todo, que

sigan las hazañas.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Conversatorio con Jorge Londoño de la Cuesta


En este conversatorio de El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. dialoga nuevamente con Jorge Londoño de la Cuesta sobre la transformación del panorama político colombiano y el papel de las encuestas como reflejo de las tendencias electorales, para luego adentrarse en el dramático relato de la contingencia de Hidroituango. Desde su experiencia como gerente de EPM, Londoño reconstruye las horas de incertidumbre, las decisiones tomadas y la carrera contra el tiempo que permitió enfrentar una emergencia que puso en riesgo a cerca de 120.000 personas. Lo(a) invitamos a ver esta primera parte.

Jorge Londoño de la Cuesta es ingeniero de Sistemas de la Universidad EAFIT y realizó el programa Presidentes de Empresa de la Universidad de los Andes. Durante cerca de 27 años estuvo al frente de Invamer, firma de investigación de mercados y opinión pública, donde lideró estudios para diversos sectores de la economía y, junto con Fedesarrollo, participó en la implementación del Índice de Confianza del Consumidor. En enero de 2016 asumió la gerencia general de EPM y el liderazgo del Grupo EPM, responsabilidad que ejerció hasta diciembre de 2019. Durante su gestión enfrentó algunos de los episodios más complejos de la historia de la empresa, especialmente la contingencia de Hidroituango, además de otros incidentes en centrales hidroeléctricas; la Junta Directiva de EPM destacó al cierre de su administración su entereza, capacidad de trabajo, responsabilidad y compromiso.

martes, 11 de agosto de 2026

De cara al porvenir: deudas históricas y elefantes blancos

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Es de suponer, que el Estado a través de los distintos gobiernos debe garantizar el acceso a los derechos básicos a la población: vivienda, servicios públicos domiciliarios, salud y educación, por mencionar los más elementales. Es su obligación de hacer lo que sea necesario para llegar a un cubrimiento del 100 % de la población en todo el territorio.

A continuación, de cara al inicio de un nuevo gobierno, un inventario no completo de las principales obras que cada ciudad capital lleva años esperando que se hagan realidad. Esta relación está basada en los proyectos más reclamados por gobernaciones, alcaldías y medios, como los “pendientes históricos” de cada región. Son las que aparecen en todos los planes de desarrollo, en los debates de campaña y en la memoria de la gente:

Región Andina

1. Bogotá: Metro Línea 1. Lleva 80 años en promesas. Va avanzando. Contrato por $13 billones. Es la obra más esperada del país.

2. Medellín: Metro de la 80. 13,25 km entre Aguacatala y Caribe. 35 % de avance físico en 2025, entrega entre 2028 - 2029. También Tren de Cercanías. Doble calzada vía Medellín - Bogotá.

3. Cali: Puente de Juanchito Cali - Candelaria. Desde 2015, 10 promesas de entrega. Costo pasó de $27 000 a $690 000 millones. Y Tren de Cercanías del Valle, anhelo desde los 90.

4. Bucaramanga: Conexión vial Metropolitana Norte – Sur, terminación de la vía Los Curos - Málaga. La Cámara de Comercio alertó por atrasos y falta de recursos.

5. Pereira: Terminación total vía Quibdó - Pereira. 238 km, Invías destinó $220 000 millones. Es la salida del Chocó al Eje.

6. Manizales: Aeropuerto del Café en Palestina. Más de 15 años de estudios, pleitos y sobrecostos. Estimado $1,4 billones. Es el “elefante blanco” del Eje Cafetero.

7. Armenia: Doble calzada Armenia - Aeropuerto El Edén y obras complementarias del Túnel de La Línea. El túnel se entregó, pero faltan viaductos y segundas calzadas.

8. Ibagué: Acueducto complementario y doble calzada Ibagué - Mariquita. También 4G Neiva – Espinal - Girardot con 65,78 % de avance.

9. Neiva: Distrito de riego Candelaria - La Plata - Laberinto y doble calzada Neiva-Girardot. Esperada desde 2016.

10. Tunja: terminación Transversal de Boyacá: Duitama - Pamplona. 27 km pendientes, $180 000 millones de inversión.

11. Villavicencio: acueducto desde quebrada La Honda. $65 000 millones invertidos y sin agua. Y doble calzada Bogotá - Villavicencio definitiva, sin cierres por derrumbes.

Región Caribe

12. Barranquilla: ampliación del Hospital de Barranquilla, iniciada en 2020, suspendida por problemas financieros. Y solución definitiva km 19 vía Barranquilla - Ciénaga: viaductos para que el mar no se trague la carretera.

13. Cartagena: recuperación del Canal del Dique contra inundaciones y protección costera. Más de 34 contratos inconclusos en Bolívar por $377 000 millones.

14. Santa Marta: recuperación de la Ciénaga Grande, los manglares y megacolegio de Taganga. Iniciado en 2019, aún sin terminar.

15. Montería: Vía Santa Lucía - Moñitos y recuperación de la Ciénaga Grande de Lorica.

16. Valledupar: acueducto regional y mejoramiento de vías terciarias para sacar productos agrícolas.

17. Sincelejo: infraestructura educativa para jornada única: aulas y comedores. Sucre tiene varios Puentes Nacionales. La Doctrina pendientes.

18. Riohacha: Represa del Río Ranchería. Desde 2002, $574 000 millones y no opera. También acueductos para La Guajira por Sentencia T-302.

Región pacífica

19. Quibdó: pavimentación total Quibdó - Medellín 162 km por $230 000 millones y Quibdó - Pereira 238 km. Obra esperada hace 50 años.

20. Popayán: doble calzada Popayán - Santander de Quilichao, parte del corredor Pasto - Estanquillo priorizado por Invías.

21. Pasto: doble calzada Rumichaca - Pasto. 91,12 % de avance, pero la comunidad la espera hace 50 años. Y variante San Francisco - Mocoa para evitar el “trampolín de la muerte”.

Región Orinoquía

22. Arauca: pavimentación total vía Tame - Arauca. Es el eje para romper el aislamiento con Casanare.

23. Yopal: vía del Cusiana definitiva: Sogamoso – Aguazul - Yopal. 30 años con cierres por derrumbes. Piden túneles y viaductos.

24. Puerto Carreño: puente sobre el Río Meta y pavimentación Puerto Gaitán - Puerto Carreño. Conectaría Vichada con el país.

25. San José del Guaviare: puente sobre el río Guayabero y vía San José - Calamar pavimentada.

Región Amazonía

26. Leticia: ampliación pista Aeropuerto Alfredo Vásquez Cobo y acueducto 24h. Leticia sigue aislada sin operación nocturna.

27. Mocoa:  variante San Francisco - Mocoa. Priorizada tras la avalancha de 2017. Evita 78 km de abismo.

28. Florencia: Vía Marginal de la Selva: San Vicente - Neiva. Conexión con el centro del país, parte de Vías para la Paz 2026 - 2035.

29. Mitú: interconexión eléctrica nacional y vía Mitú - Monforth. desde hace 40 años solo se llega por aire.

30. Puerto Inírida: interconexión eléctrica. Dependen de plantas diésel hace 20 años.

Región Insular

31. San Andrés: reconstrucción total de Providencia post-Iota: Aeropuerto competitivo que no dependa solo de Bogotá. Planta desalinizadora. Planta de Energía.

Patrón común: El 70 % son vías, acueductos y aeropuertos. Colombia tiene más de 700 obras “elefantes blancos” por varios billones de pesos. Bogotá lidera con gran cantidad de contratos.

Es importante que lo que está construido reciba mantenimiento y se mantenga en operación, como en el caso de muchos acueductos veredales.

Si las capitales de departamento tienen falencias, ¿qué podremos decir de los corregimientos y las veredas de cada una de ellas y de los otros municipios con sus respectivos corregimientos y veredas?

De igual manera sería de gran utilidad tener una dependencia cuyo único objetivo sea ayudar a destrabar obras que tienen algún tipo de enredo y que por esta razón se encuentran paralizadas.

lunes, 10 de agosto de 2026

Editorial: Sucesos de la Semana No. 157

 

En esta nueva entrega de Sucesos de la Semana para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. analiza los principales mensajes, propuestas y expectativas que deja la posesión del presidente Abelardo de la Espriella, con especial énfasis en los retos de seguridad, justicia, salud, educación, economía y desarrollo regional. Una reflexión marcada por el optimismo frente al inicio de una nueva etapa para Colombia y los desafíos que deberá enfrentar el nuevo gobierno. No dejes de verlo

Al viejo hospital de los muñecos, llevaron a Colombia malherida…

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Empieza un nuevo gobierno y recibe un país que está como cuando “al viejo hospital de los muñecos llevaron a Pinocho malherido, porque un espantapájaros bandido, lo sorprendió dormido y lo atacó”. Aquí el terrorista chupasangre deja varias cargas implosivas económicas activadas.

Una es la crisis financiera: inflación 6.5 %, intereses 13 %, déficit fiscal 6.5 % / PIB, 120 billones de gasto sobre el recaudo tributario, y deuda pública ± $1200 billones, el 60.5 % / PIB. Otra, la crisis sin precedentes del sistema de salud. “Drácula y sus vampiros” lo dejaron infartado, moribundo, con la yugular desangrada, ya no vale quirófano ni hada protectora que le ponga un corazón de fantasía; es preciso invocar “el primer milagro”, uno como el de Lázaro que lo reviva y lo saque de la morgue. La deuda acumulada del sistema de salud es de 50 billones, con un déficit de 20 billones y una siniestralidad de las EPS que supera 110 %. La tercera bomba del gobernarte del Cartucho es la pérdida de la institucionalidad en todas las áreas del Estado donde metió el hocico; especialmente en la salud donde en las entidades técnicas y especializadas reemplazaron galenos y profesionales por ladrones y revolucionarios ideologizados llenos de resentimiento.

¿Cuántas vidas se van a perder por el capricho ideológico de cambiar un sistema que era uno de los más eficientes en Latinoamérica y según la OMS fue líder regional y puesto doce en el mundo en el manejo y operación de la pandemia gracias a la capacidad, el valor heroico y profesional del personal médico y administrativo del país?

Se perdió la confianza en el sistema de salud y, recuperarla y estabilizarlo será cuestión de varios gobiernos pues se requiere rediseños institucionales en el Ministerio, despolitizar la superintendencia, eliminar el cabildeo entre EPS e IPS con el Congreso y Hacienda, y encontrar los responsables y ponerlos a disposición de la justicia para que respondan por el gran daño que causaron con sus ideas progresistas asociadas al SSXXI.

Presenciamos un naufragio humano multitudinario, millones de familias viviendo un drama lúgubre sin esperanza, la gente se ahoga sin salvavidas, 10 millones de casos de salud sin resolver, suspendidos y desatendidos: sin medicamentos, por tratamientos suspendidos, en espera de autorizaciones, por servicios descontinuados, por hospitales quebrados, personas con enfermedades ignoradas que se volvieron crónicas, una costosa carga adicional que va a ser muy difícil estabilizar.

Teníamos un sistema de salud imperfecto pero funcional que hoy está convertido en tragedia, una masacre genocida provocada y demandable por el efecto real del “chu-chu-chu”, la intervención a las EPS que tienen el 80 % de la deuda del sistema y que en lugar de mejorarlas fueron estatizadas, burocratizadas, saqueadas e ideologizadas, lo cual resulta más letal que la suma de las muertes violentas del crimen organizado, la violencia intrafamiliar, el alcohol, el tabaco y la drogadicción. Y de ñapa nos puso al vampiro “pinturita” a administrar el banco de sangre.

Somos una nación de ingreso medio de 52 millones que en materia de salud se ha dado el lujo de tener cobertura universal y la dualidad de un régimen contributivo propio de la formalidad (44 %) y uno subsidiado y de excepción que suman un (56 %) según SISPRO a febrero de 2026, y que comparado con 2025 presenta una contracción de medio millón de contribuyentes, lo cual sumado a los problemas previos del sistema, le propinó una herida de muerte a su sostenibilidad financiera. La cobertura universal está respaldada por el pago de la Unidad de Aporte anual del Estado (UPC) a las EPS por cada persona afiliada en materia de consultas, medicamentos y cirugías. El ADRES es la entidad que paga desde Minhacienda, y gira conforme a lo que cada EPS le diga de acuerdo con su medición de la siniestralidad, y el meollo del problema es que el valor de las UPC no alcanza para cubrir los costos del sistema.

A la crisis de los medicamentos, se le suma que entre 2022 y 2025 las tutelas se duplicaron y el gasto de bolsillo en salud se incrementó en el 57 %.

Es crítico transparentar y equilibrar las relaciones entre el régimen contributivo, el subsidiado, el Gobierno y las EPS, y que los usuarios tomadores de seguros sean empresas o personas, colaboren no abusando del sistema dual, esto es, pagando de manera solidaria de acuerdo con su capacidad económica y el número de beneficiarios, con lo cual se fortalece el régimen contributivo, se alivia al subsidiado y se mantiene la universalidad.

Se requiere un corte o punto final con decisiones de fondo a conciencia que no dan espera, en las que contribuyamos todos o la pérdida en vidas va a ser inconmensurable. Hay dos formas de atacar este cáncer terminal que causó Gustavo Petro: con aspirina y los santos óleos, o con acciones inmediatas y extraordinarias con cargo al Gobierno, las EPS y las IPS que inyecten liquidez en el sistema, acoten el plan de beneficios, que los aportes suban todos mínimo un punto porcentual, que se cree un fondo de garantías acompañado de una gran política nacional de prevención, que la DIAN cruce las cédulas para determinar evasores, y que se ayude a que los hospitales regionales de nivel de complejidad 2 y 3, estén bien dotados para que no creen más congestiones en las capitales agravando más el problema de desatención que se deprende del entuerto económico que tiene a los hospitales prácticamente quebrados por bien administrados que estén, pues su cartera llegó a niveles insostenibles.

Ninguna de estas medidas va a ser políticamente correcta, pero si hay la voluntad política del Gobierno entrante en reclamar y convertir la estabilización del sistema de salud en la principal urgencia del país y se hace un gran esfuerzo entre todas las partes del sistema para reestablecer un adecuado flujo de recursos, se cumple el fallo de la corte que reconoció la insuficiencia sincerando y conciliando deudas, y se buscan los créditos internos, externos, de la multilateral, y se utilizan regalías buscando eficiencia operativa y administrativa, aún es posible soñar con transparencia y equidad en pro de la salud de todos los colombianos.