viernes, 21 de agosto de 2026

Solidaridad ejemplar

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Después del shock por el terremoto del que todavía muchos aún no se sobreponen, impactante a nivel global, ha sido la ejemplar solidaridad con la que nuestros compatriotas han respondido, de manera masiva, inmediata y generosa. Eso muestra la enorme sensibilidad que tiene nuestra gente ante el dolor y el sufrimiento de otros. No es la primera vez que se observa este comportamiento. Ha sido siempre así. Recuerdo similares reacciones ante las tragedias de Popayan, Armero, Eje Cafetero, por citar solo estas, como reacción ante la sobrecogedora fuerza de la naturaleza.

Le tocó al nuevo gobierno en sus primeros días concentrar sus esfuerzos en atender la catástrofe y no pudo hacerlo desde la Ungrd que es la herramienta estatal para orientar, canalizar y atender este tipo de situaciones, después de semejante deterioro reputacional, sino que se inventó su propia estrategia.

Quisiera llamar la atención precisamente sobre el caos generado no solo por la sorpresiva tragedia que desbarató en tres minutos lo que muchos habían levantado durante años, sino también sobre el desorden que observo. Todo el mundo sale a donar en dinero y en especie, se abren cuentas bancarias para depositar dineros, la gente compra mercados con alimentos que considera básicos, se hacen campañas y se acopian toneladas de ropa y utensilios de todo tipo. ¿A dónde va a parar todo eso?, ¿Quién canaliza y distribuye esos recursos frente a qué tipo de necesidades jerarquizadas?, ¿Se ha podido hacer un levantamiento de esas prioridades?

Porque, así como conmueve tanta solidaridad de gente maravillosa, me aterra la viveza de los delincuentes de toda ralea que salieron literalmente a hacer su agosto. Los voluntarios camuflados que saquean inmuebles y cadáveres. Los ladrones de cuello blanco que se lucran en esta coyuntura. Las víctimas aparecidas desde otras latitudes que aprovechan el río revuelto. Me cuestionaron los relatos de quienes lideraron el Forec después de un terremoto similar y que denunciaron a esos políticos carroñeros que en su momento quisieron sacar tajada. Me impresiona el desorden y no veo que se haya nombrado un líder que públicamente salga a hacer un inventario de necesidades y proceda a comunicar, orientar, ordenar, administrar las donaciones en dinero y en especie para luego canalizar, distribuir y verificar que esa solidaria avalancha de ayudas llegue a tiempo y a quien realmente las necesite. Se habla de que se necesitan 30 billones para reconstruir. ¿Quién o quiénes los van a administrar?, ¿quién audita o controla?, ¿quiénes serán los beneficiarios y en cuánto tiempo se ha previsto sostener esas ayudas?

Estas tragedias nos sorprenden literalmente con los calzones abajo. Entiendo que hay protocolos internacionales para el manejo de estas situaciones, pero no son conocidos. Hay que ordenar esto pronto porque ya veo, como ha pasado en ocasiones anteriores, comida vencida que hay que echar a la basura, ropa y chécheres, que no sirven, por ahí arrumados y perdidos, y también muchos sinvergüenzas cuadrando sus cajas personales con el dinero sagrado que era para las víctimas. La solidaridad ha sido realmente ejemplar. Que no lo sea también el no saber manejarla en beneficio de quienes realmente lo necesitan.

Con el Libro de la verdad quedaron en evidencia

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Los colombianos no podemos creer que, luego de destinar billones de pesos anuales al funcionamiento de las autoridades de vigilancia y control (Fiscalía, Procuraduría y Contraloría), no tengamos ningún resultado tangible frente a las violaciones que, de manera descarada, venían cometiendo Petro y sus secuaces, dejando a nuestro país herido de muerte y sumido en una crisis que hoy se agrava con el reciente terremoto. Ni siquiera fueron eficaces en asustar o disuadir a los funcionarios de Petro, para evitar esa increíble seguidilla generalizada de corrupciones a todos los niveles, hasta el último minuto de su nefasto mandato.

No puede ser que, de las más de 80 irregularidades denunciadas por el gobierno entrante —irregularidades que todos los colombianos veníamos observando y denunciando— nuestras autoridades de vigilancia y control permanecieran quietas, calladas, como si no existieran, haciéndose las locas frente a lo que estaba sucediendo.

En el evento de entrega del Libro de la verdad se les notaba la cara de vergüenza a la fiscal, al procurador y al contralor. Quedaron en evidencia, pero a su vez retados públicamente a actuar rápida y eficientemente frente a las denuncias presentadas y documentadas. Su complicidad no podrá continuar en este gobierno: les llegó la hora de cumplir con su deber, es hora de actuar.

Afortunadamente, en la Comisión de Acusaciones quedó el representante Daniel Briceño. Recordemos que es la Comisión de Investigaciones y Acusaciones de la Cámara de Representantes la encargada de investigar y acusar, además del presidente de la República, a la fiscal, al procurador y al contralor. En mi concepto, a estos funcionarios se les debe abrir investigación rápidamente por el delito de prevaricato u omisión de denuncia, amén de las consecuencias disciplinarias correspondientes.

Si bien esta comisión ha sido un desastre, aspiramos a que con Briceño —aunque en minoría— se vea obligada a actuar. Estamos seguros de que estará muy por encima de sus demás integrantes, donde el Pacto Histórico cuenta con las mayorías, que hoy, quizá con la presión de Briceño, puedan cambiar y cumplir con sus obligaciones constitucionales y legales.

En otras palabras, Briceño será la piedra en el zapato que pondrá a trabajar a la Comisión de Investigaciones y Acusaciones de la Cámara de Representantes.

El acto de entrega del Libro de la verdad, resultante del empalme anticorrupción —que, dicho sea de paso, terminó siendo un empalme con los delegados de la Contraloría General de la Nación en los diferentes ministerios y entidades del Estado, dada la negativa del gobierno saliente a entregar información, cimentada en el no reconocimiento del triunfo del Tigre por parte de Petro y su Pacto Histórico— se constituyó en un símbolo vinculante y delatador, con todas las características de una denuncia penal y fiscal directa de un presidente a las autoridades de vigilancia y control.

El Libro de la verdad / Empalme anticorrupción fue entregado personal y públicamente por el presidente a la Fiscal, al Procurador y al Contralor, quienes tendrán obligatoriamente que asumir las investigaciones correspondientes. No podrán argumentar la inexistencia de denuncia de parte, aunque muchas de las conductas delictuosas denunciadas ya deberían estar siendo investigadas de oficio por estas entidades. Seguramente, sobre algunas en particular, puedan tener avances que permitan atribuir responsabilidades fiscales, penales y disciplinarias a los funcionarios salientes.

Que nuestro Señor Jesucristo les dé la entereza y el valor necesarios a nuestras autoridades de vigilancia y control para cumplir con sus deberes constitucionales y legales.

jueves, 20 de agosto de 2026

Las fotografías que todavía preguntan

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Las pocas imágenes que guardábamos a las miles que olvidamos

Algunos de quienes leen este artículo quizá recuerden aquellas visitas a familiares o amigos en las que, tarde o temprano, aparecía un álbum de fotografías. Era casi un ritual.

Alguien sacaba el álbum y comenzaba a pasar las páginas. Las fotografías iban apareciendo una tras otra, algunas en blanco y negro, otras con esos colores particulares de las primeras cámaras a color. Y aunque ya las hubiéramos visto muchas veces, volvíamos a mirarlas.

Siempre había alguna pregunta o exclamación: ¿Y este quién es?, ¿dónde fue tomada esa foto?, ¡mire cómo ha crecido!, ¿ese sí es usted?, ¿y qué pasó con él?

Una fotografía podía convertirse entonces en una conversación familiar, no solamente mostraba un rostro; abría una historia.

Ayer, 19 de agosto, cuando se celebró el Día Mundial de la Fotografía, vale la pena preguntarnos qué ha pasado con esa relación que teníamos con las fotografías.

La fecha recuerda un momento fundamental para la historia de la imagen. El 19 de agosto de 1839, en París, se anunció públicamente el proceso del daguerrotipo, desarrollado por el francés Louis-Jacques-Mandé Daguerre. El invento permitía fijar una imagen mediante un proceso químico y abrió una nueva posibilidad: conservar visualmente aquello que hasta entonces podía permanecer solamente en la memoria, en un dibujo o en un relato.

Es difícil imaginar que Daguerre pudiera calcular lo que estaba poniendo en movimiento. Porque la fotografía no solamente cambió la manera de mirar, cambió también la manera de recordar. Al principio, hacer una fotografía no era algo cotidiano. Era un acontecimiento. Los primeros procedimientos eran lentos y exigían largos tiempos de exposición. En algunos de los primeros retratos, la persona debía permanecer inmóvil durante varios minutos para que su imagen pudiera quedar registrada.

Después llegaron nuevas cámaras, nuevos procesos, el rollo fotográfico y, con ellos, una nueva costumbre: había que pensar antes de disparar, no existían cientos de oportunidades. Había una, quizá dos, después había que esperar.

No sabíamos inmediatamente si habíamos salido bien, si alguien había cerrado los ojos, si la fotografía estaba movida o si el encuadre había quedado mal, Había que llevar el rollo a revelar y esperar para descubrir qué habíamos conseguido capturar.

Tal vez por eso aquellas fotografías tenían otro valor, tal vez por eso era tan importante mostrar el álbum familiar. No había miles de fotografías almacenadas, Había unas pocas. Cada una tenía una razón para estar allí.

Hoy ocurre exactamente lo contrario. Casi todos llevamos una cámara en el bolsillo. Podemos fotografiar una comida, una calle, un paisaje, una mascota, un amigo, un familiar o a nosotros mismos. Podemos hacer diez fotografías del mismo momento y escoger una, podemos hacer veinte selfis hasta encontrar el que nos gusta.

Y descartamos: una quedó con los ojos cerrados, otra no tiene el ángulo que queríamos, en otra no nos gusta cómo salimos, esta quedó torcida, la que sigue no tiene suficiente resolución, aquella está borrosa. Esta sí. Y seguimos adelante.

El teléfono inteligente nos permitió algo que durante mucho tiempo parecía imposible: fotografiar sin miedo a gastar el rollo. Quizá esa facilidad también cambió nuestra relación con las imágenes.

Antes teníamos pocas fotografías y las mirábamos muchas veces. Ahora tenemos miles y, posiblemente, muchas de ellas no volveremos a mirarlas.

Hay fotografías que permanecen durante años en la memoria de un teléfono sin que nadie vuelva a abrirlas; tenemos álbumes digitales que pueden contener cientos o miles de imágenes, pero ya no necesariamente tenemos el hábito de recorrerlos como recorríamos aquel viejo álbum familiar.

Quizá la paradoja de la fotografía contemporánea sea esa: nunca habíamos tenido tantas imágenes y, al mismo tiempo, quizá nunca habíamos mirado tan pocas con detenimiento. Antes una fotografía podía reunir a una familia alrededor de una mesa, hoy una fotografía puede perderse entre cientos de imágenes tomadas durante el mismo día.

Pero hay algo que no ha cambiado; seguimos fotografiando porque queremos conservar algo, un rostro. un lugar, una persona que apreciamos, un momento que no queremos que desaparezca.

La fotografía continúa haciendo lo mismo que hizo desde sus primeros días: detener, aunque sea por un instante, aquello que inevitablemente se va.

Por eso, en el Día Mundial de la Fotografía, quizá valga la pena hacer algo diferente. No tomar otra fotografía, sino volver a mirar algunas de las que ya tienen. Buscar aquella carpeta olvidada, abrir el álbum familiar. Preguntar quién aparece en esa fotografía antigua, recordar dónde fue tomada, volver a escuchar las historias que nacieron alrededor de una imagen.

Porque quizá una buena fotografía no sea solamente la que quedó bien. Quizá sea aquella que, muchos años después, todavía tiene algo que preguntamos.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Conversatorio con Jorge Londoño de la Cuesta parte 2

 

Les presentamos la segunda entrega del conversatorio en El Pensamiento al Aire, en la que Antonio Montoya H. continúa dialogando con Jorge Londoño de la Cuesta sobre los momentos más críticos de la contingencia de Hidroituango, desde las decisiones de alto riesgo para proteger la vida de las comunidades y preservar el proyecto, hasta el enorme operativo ambiental desplegado para proteger y recuperar la fauna y flora del río Cauca. Un relato sobre liderazgo, ingeniería, responsabilidad, trabajo en equipo y toma de decisiones bajo una presión extrema, que permite comprender la magnitud de una de las mayores crisis de la ingeniería colombiana. Jorge Londoño de la Cuesta es ingeniero de Sistemas de la Universidad EAFIT y realizó el programa Presidentes de Empresa de la Universidad de los Andes. Durante cerca de 27 años estuvo al frente de Invamer, firma de investigación de mercados y opinión pública, donde lideró estudios para diversos sectores de la economía y, junto con Fedesarrollo, participó en la implementación del Índice de Confianza del Consumidor. En enero de 2016 asumió la gerencia general de EPM y el liderazgo del Grupo EPM, responsabilidad que ejerció hasta diciembre de 2019. Durante su gestión enfrentó algunos de los episodios más complejos de la historia de la empresa, especialmente la contingencia de Hidroituango, además de otros incidentes en centrales hidroeléctricas; la Junta Directiva de EPM destacó al cierre de su administración su entereza, capacidad de trabajo, responsabilidad y compromiso.

Aún peor que el permiso a Petro…

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Las gentes de bien, con escasas excepciones, comentan aterradas el imperdonable permiso concedido al “presunto”, para escapar del país que arruinó, degradó, saqueó y estuvo a punto de entregar totalmente al narcotráfico y la revolución.

Esa autorización, determinada conjuntamente por el liberalismo, el conservatismo, el Centro Democrático y la Unión Patriótica, indica hasta dónde esos partidos menosprecian la moral, la Constitución y la Ley, tolerando primero, y aceptando luego, la corrupción que corroe nuestro tejido social.

Si la corrupción estuvo presente en algunos gobiernos recientes, como mínimo se decuplicó bajo Petro y constituyó la estrategia fundamental de su administración con el fin de precipitar al país a la revolución comunista.

La autorización que se le dio a ese sujeto para salir es inmoral y escandalosa, pero el “Honorable Senado”, ese mismo día, ha enviado al país un sigiloso mensaje todavía peor, con la elección de un tal señor Laverde como Contralor General de la República.

Nunca antes fue más urgente tener un gran Contralor. Ese cargo exige independencia, probidad, experiencia gerencial y los amplísimos conocimientos jurídicos, económicos y contables de los que carece Laverde.

Para salir del pozo séptico en que dejó Petro convertido el Estado, se necesitaba un estadista capaz de descubrir, contabilizar y evaluar los incontables delitos contra la hacienda pública y la economía nacional que hemos presenciado en el cuatrienio atroz del “presunto”, galardonado además con su inclusión en la lista Clinton.

En cambio, el Senado, por unanimidad de los partidos, eligió a Laverde, un personaje gris, tan impreparado como insignificante, cuya experiencia ha sido la de largos y monótonos años como secretario de alguna Comisión de esa Cámara, otro burócrata tan anodino y plegable como el tal Eljach, actual y celestino procurador general de la nación.

Como si lo anterior fuera poco, Laverde se ha comprometido a nombrar como vicecontralor general a un activista del Pacto Histórico, lo que indica: 1. Que todos los hallazgos en relación con Petro serán cubiertos por el manto del olvido, y 2. Que todas las iniciativas del gobierno de Abelardo de la Espriella serán aviesamente escrutadas, obstaculizadas y rechazadas…

Estos nombramientos traen a la memoria aquel popular refrán campesino de que “Los gallinazos, de día, se pelean la carroña, pero de noche duermen en la misma rama…”

De cara al porvenir: terremoto, catástrofe nacional

Pedro Juan Gonzalez Carvajal

El 27 de febrero de 2010, a pocos días de terminar el período presidencial de la señora Bachelet, Chile fue sacudido por un terrible terremoto de 8.8 grados en la escala de Richter.

En medio de la ceremonia de posesión de su sucesor, Sebastián Piñera, hubo una réplica de 6.9 grados que conmocionó a todos los asistentes.

A partir de ese momento el nuevo presidente sentenció que su programa de gobierno, el triunfador en las elecciones presidenciales cambiaba de foco y que ahora el nuevo plan de desarrollo para Chile era la reconstrucción del país.

De manera gerencial y con un manejo prístino de las ayudas internacionales, el Gobierno de Piñera fue reconocido como modelo mundial en el manejo de este tipo de situaciones y uno de sus factores de éxito fue el haber presentado cuentas mensuales de dónde provenían los recursos y en qué se aplicaban.

Esta situación tiene algunas semejanzas con lo que nos acaba de pasar en Colombia. A pocos días de su posesión el presidente De La Espriella fue inaugurado con un calamitoso terremoto de 7.4 grados que sacudió varias regiones del país.

Es de reconocer la rapidez y diligencia con la que el nuevo Gobierno que aún no ha terminado de hacer los nombramientos de los primeros niveles de la administración central, hizo presencia y en coordinación con gobernadores y alcaldes, se dio a la tarea de enfrentar el problema con orden y celeridad, centralizando la coordinación de esfuerzos, dando muestras de que en Colombia la institucionalidad existe, tanto en lo público, lo privado y lo social, y que nuestro pueblo es absolutamente solidario.

Medidas como la declaratoria de “Desastre de carácter nacional” y la “Emergencia económica” dan muestra de ello.

Recuerdo las imágenes dantescas después de una tragedia en Haití donde la gente en su desesperación se abalanzaba como hordas a saquear la ayuda que iba llegando y que el gobierno no era capaz de administrar y la lenta reacción del gobierno venezolano ante su reciente tragedia sísmica, de mayores proporciones que la nuestra.

Ahora bien, la institucionalidad debe aprovechar las experiencias exitosas y las buenas prácticas aplicadas en situaciones semejantes como la que estamos viviendo, alrededor del desastre y desaparición de Armero por una erupción volcánica el 13 de noviembre de 1985 y lo ocurrido el 25 de enero de 1999 con el Eje Cafetero.

El manejo de los recursos a través del Forec (Fondo de Reconstrucción del Eje Cafetero) y la gerencia de altas personalidades empresariales como Luis Carlos Villegas y Manuel Santiago Mejía, hicieron posible un proceso lento pero respetuoso de la dignidad humana y del buen manejo de los recursos.

Ojalá en el gobierno entrante aproveche las buenas prácticas anteriores y se superen los egos y las tentaciones de actuar como nuevos “Adanes”, como si no tuviéramos historias precedentes a todas luces exitosas.

Recién nombrado el nuevo director nacional de Planeación, le corresponde tramitar ante el Congreso y elevar a la categoría de ley el programa de gobierno ganador y convertirlo en plan de desarrollo para los próximos 4 años.

También hay que aprovechar que el proyecto de presupuesto para 2027 fue devuelto por el Congreso, para realizar los ajustes de fondo pertinentes para atender la calamidad.

Respetuosamente sugiero que el plan de desarrollo 2026 - 2030 se centre en la reconstrucción y que este objetivo jale de manera marginal, las otras iniciativas, por importantes que ellas sean. Lo primero es lo primero.

Ahora bien, la reconstrucción debe hacerse bien hecha. Hay que aplicar con rigurosidad la Ley de 2010 que tiene que ver con las condiciones y normas de sismo resistencia que deben ser aplicadas a todas las construcciones según su envergadura.

Construcciones realizadas por los distintos gobiernos y en todos los niveles que hayan inaugurado obras sin cumplir con estas normas, merecen sanciones legales, políticas y económicas por irresponsables.

Todo tiene su orden y su secuencia y es apenas normal que en un primer momento conozcamos lo sucedido en las ciudades capitales, en los municipios cercanos y en los municipios lejanos, pero no nos podemos olvidar de los corregimientos y de las veredas, que configuran nuestro territorio rural, lugar de habitación de nuestros campesinos a quienes todo les llega de último y quienes día a día deben convivir con nuestra violencia endémica.

Después no nos quejemos del desplazamiento del campo a la ciudad y de que ya nadie quiera quedarse en el campo.

Otra prueba que nos pone la providencia en el camino.

Como siempre, saldremos adelante, a pesar de los sufrimientos y la tristeza profunda que nos embarga a todos.

Nota final: nuestro agradecimiento a la comunidad internacional. No podemos ser inferiores a su solidaridad y confianza. No podemos permitir que ni un centavo, ni un solo paquete de ayuda material sean manoseados por los corruptos de profesión que no faltan en nuestro país.

martes, 18 de agosto de 2026

Editorial: Sucesos de la Semana No. 158


En esta nueva entrega de Sucesos de la Semana, Antonio Montoya H. analiza los principales acontecimientos que han marcado la actualidad nacional: la magnitud de la emergencia provocada por el terremoto del 10 de agosto y los desafíos que plantea la reconstrucción, la polémica por la solicitud de ayuda internacional para atender la tragedia, y la creciente amenaza de los incendios forestales en distintas regiones del país. El programa también aborda la autorización del Senado para la salida del expresidente Gustavo Petro y el ingreso de Colombia al Escudo de las Américas, iniciativa de cooperación en seguridad liderada por Estados Unidos para combatir el narcotráfico y el crimen organizado. No dejes de verlo.