Luis Guillermo Echeverri Vélez
No se puede descartar la práctica sencillez y
el sentido patrio de Álvaro Uribe. Petro, Cepeda y el narcoterrorismo que los
respalda ya plantearon los términos de la batalla por el poder y sus
intenciones de estatizar el sistema de libertades al expresar que el enemigo a
vencer es Uribe.
Eso no parecen entenderlo los campamentos de la
democracia que cada que atacan a Uribe o entre ellos, le están sumando votos a
los enemigos de Colombia como república democrática fundamentada en la
legalidad y la libertad.
Por mucha bronca que le lleve la mamertería a
Uribe, sus postulados son el reflejo del espíritu del “hombre colombiano”, de
la gente del común que está cansada de la novelería de la concesión de
impunidad y la incomprensión arrogante de las diferencias sociales, convertidas
en odio de clases.
Uribe demostró con resultados tangibles en
desarrollo socioeconómico que donde existe un propósito de nación que une a
todos los que respetamos la ley, florece una esperanza en el sentir de la gente
sencilla, humilde y trabajadora.
Su corazón sigue siendo tan grande y generoso
como su lucha en favor de la verdad y la libertad de los indefensos. La
consistencia de su integralidad como demócrata solo se compara a la firmeza de
su ideario y sus actos en favor de la legalidad, hechos que lo convirtieron en
un gran líder hemisférico que sigue tan vigente como su inmensa presencia
digital.
Soy testigo de que a partir del 2010 cuando los
IPhone y los androides reemplazaron a los Black Berry, Uribe extendió su
dialogo personal permanente con las comunidades a las redes sociales formando
un urdimbre de seguidores que a la fecha supera los 10 millones y creando una
fuerza digital orgánica que no puede ser ignorada por las calenturas
triunfalistas que nublan el entendimiento de los actores políticos y fanáticos
que cada cuatro años cambian de idolatría.
Por su carisma y su disciplina personal supera
ampliamente en búsquedas a Cepeda, Abelardo y Paloma. Los únicos que lo rebosan
a golpe de bodegas y del comportamiento anómalo que registran sus redes, son
Petro y Bolívar, que generan y compran “likes” con los impuestos de todos
nosotros.
Lo dicho lo respaldan los hechos: Iván Duque y
Paloma Valencia, 47 parlamentarios cabalgaron sobre los lomos del poderío de la
presencia física y digital de Uribe en los corazones de millones de colombianos
en las consultas surtidas en 2018 y 2026.
Veinte años después de su incontestable
reelección en 2006, al igual que en 2016, en la segunda vuelta del 2026 la
“Fuerza Uribista” estará presente en la definición de la gran batalla cultural
por la libertad en contra de un narcosocialismo siglo XXI caracterizado por la
conformación de una dictadura constitucional respaldada por la conjunción de
todas las formas de lucha por el poder con que ya por décadas han oprimido
naciones enteras en Cuba, Nicaragua y Venezuela.
En cada elección unos se quieren apropiar de
sus postulados y otros solo encuentran manera de figurar denigrando de su
persona, sin comprender que es precisamente eso lo que les impide lograr
despertar por su cuenta un propósito de país genuino que una a todos los
colombianos que siempre hemos anhelado una convivencia tranquila y un país para
trabajar.
Hoy nos estamos debatiendo entre la libertad y
el Estatismo representado en la entrega de la finca llamada Colombia que Santos
le prometiera formalmente a las FARC-EP en Cuba; y seguimos en manos de los
mismos aduladores de ocasión que hacen parte de la buitrera partidista que en
Colombia degeneró en docenas de movimientos políticos sin un ideario ni unas
estructuras y una ética de trabajo social bien establecidas.
Que no nuble el entendimiento de los candidatos
de la democracia ni de sus asesores y fanáticos de ocasión el efecto
embolatador que produce la ilusión de poder y en medio de su eufórica esperanza
de triunfo ignoren el efecto del poderío de llegada digital de las redes de
Uribe, y mucho menos la credibilidad de sus postulados, su palabra de hombre
honorable y su insuperable patriotismo.
El gran colombiano sigue vigente, es un
guerrero de la libertad que lo ha dado todo por Colombia y por la construcción
un país donde la nación se transforme en una sociedad desarrollada.
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