José Hilario López
Señor ingeniero Gerardo Dominguez, presidente
de la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos-SAI y demás miembros de su
Junta Directiva, apreciados colegas, amigos, Carolina mi hija, aquí presente.
Nuevamente me sorprende mi querida SAI
con este homenaje a quien, como yo, que solo tengo como mérito haber tratado de
cumplir lo que me correspondía por haber tenido el privilegio de nacer en un
hogar de padres, que me inculcaron el amor por el trabajo y el estudio, lo que
se llamaba “cumplir con el deber”.
Vengo de un hogar de un obrero de la
construcción librepensador, amante de la cultura y respetuoso, como el que más,
de las ideas de los contrarios y de una madre campesina, conservadora de las
virtudes de nuestros ancestros montañeros. Ambas herencias conforman mi
sustrato ético e intelectual.
El Liceo Antioqueño de la Universidad de
Antioquia y la Escuela de Minas me abrieron las puertas, para que pudiera seguir
avanzando en el modelaje de ese bagaje intelectual y ético que traía desde mi
infancia, tarea esta que he tratado de mantener hasta hoy, ya casi al límite de
mi existencia. El cumplir con el deber aprendido de mis padres se transformó en
“Trabajo y Rectitud”, emblema de La Escuela de Minas, propuesto por el
ingeniero Juan de la Cruz Posada, uno de los fundadores y primer presidente de
la SAI y adoptado por nuestro padre fundador y primer rector, el ingeniero
Tulio Ospina.
La industria petrolera internacional, donde
inicie mi ejercicio profesional y un breve paso por el Ministerio de Minas, me
permitieron enfrentar lo que tal vez haya sido mi mayor reto profesional:
empezar a trabajar con el excelso grupo de ingenieros de la gran empresa de
ingeniería de consulta Integral en el aprovechamiento de los recursos
hidráulicos, con que Madre Naturaleza
dotó a nuestro país, en especial al Departamento de Antioquia. Con orgullo puedo decir que tal vez fui el
primer geólogo colombiano que se formó en la escuela de trabajo conjunto,
aprendiendo y haciendo, con grandes ingenieros en la nueva disciplina
profesional, que luego sería la ingeniería geológica. Aquí presente en esta
Asamblea se encuentra el ingeniero Tomás
Castrillón, mi primer jefe y maestro en Integral, también distinguido como
socio destacado de la SAI, para quien pido un caluroso aplauso.
La SAI con sus Martes de la SAI ha
sido el foro del libre examen y debate sobre aspectos técnicos y geopolíticos relativos
a nuestra profesión, así como de los problemas nacionales e internacionales, todo
lo cual nos capacitado para entender en algo el mundo en que nos ha tocado
vivir. Veo con mucha satisfacción como las nuevas generaciones de ingenieros se
integran a esta tradición y que espero sigan mejorando, como respuesta a los
acelerados cambios tecnológicos y culturales que nos están llegando con la globalización.
Recuerdo con mucha gratitud la
encomiable labor en pro de nuestra profesión del ingeniero Álvaro Villegas,
como presidente durante varias décadas de la SAI, un destacado empresario y
estadista, a quien tanto le debemos como ingenieros comprometidos con la suerte
de nuestro país. Un caluroso aplauso para el insigne ingeniero Álvaro Villegas.
Mi esposa Victoria, mi compañera desde
nuestra lejana juventud, es parte esencial en esta gratificante tarea que, sin
modestia, podría calificar mi vida, que
también veo replicada y mejorada en mis cuatro hijos.
Muchas gracias por su compañía y por
su paciencia.
Nota: Discurso leído durante la
Asamblea Ordinaria de la SAI, celebrada el pasado 16 de marzo, cuando se me otorgó
la distinción como socio destacado.
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