miércoles, 14 de enero de 2026
Conversatorio con Luis Guillermo Echeverri Vélez
De cara al porvenir: manejo simbólico de los conceptos
En teoría política, la soberanía
es la autoridad suprema y máxima dentro de un territorio, implicando la capacidad
de un Estado para autogobernarse y tomar decisiones fundamentales sin interferencia
externa, emanando tradicionalmente del pueblo, la nación o el Estado mismo, y manifestándose
en el poder de crear leyes y administrar su orden interno e internacional.
En teoría política, la autonomía
es la capacidad de un individuo, grupo o comunidad para gobernarse a sí mismo (autónomos),
estableciendo sus propias leyes y tomando decisiones sin control externo coercitivo,
siendo un concepto clave para la libertad, autodeterminación y la estructura de
estados modernos, como se ve en la autonomía regional o territorial. Implica no
solo la libertad de actuar, sino también la facultad de darse y seguir las propias
normas, equilibrando la independencia con la responsabilidad y los derechos fundamentales.
En teoría política, la igualdad es
el principio fundamental que señala que todos los individuos deben tener el mismo
estatus y derechos, implicando un trato justo y sin discriminación ante la ley y
en la participación pública, aunque se reconoce que no todos tienen las mismas circunstancias,
requiriendo a veces una equidad para compensar desigualdades y asegurar oportunidades
reales para todos, lo que se desglosa en igualdad ante la ley, igualdad política
(voto, representación) e igualdad de oportunidades.
Ante los hechos recientes en
Venezuela, queda claro que países como Colombia, Venezuela, Panamá, y cerca de 180
países más, en medio de la prepotencia y la elocuencia de las palabras, no somos
más que simples paisitos tercermundistas que no tenemos la real capacidad de autogobernarnos
y mucho menos de resolver nuestros problemas de seguridad internos y externos y
es por eso que ante cualquier eventualidad, se recurre a la “ayuda desinteresada”
del país que funge como Imperio y que vemos ingenuamente como padrino ya que nos
hemos acostumbrado a girar alrededor de su órbita, sacrificando el ejercicio pleno
de los conceptos antes mencionados, ya sea por temor, por incapacidad, por interés
o por supuesta conveniencia, cuando no es que se interviene de manera autónoma por
parte del Imperio y simplemente pasa por encima del país de turno.
Es muy posible que en los tires
y encoges propios de las relaciones internacionales otros poderes, otros imperios
y eventualmente algún organismo multilateral vea una coyuntura propicia para el
logro de sus objetivos o intereses y quiera por simple conveniencia intervenir ofreciendo,
de nuevo, “ayuda desinteresada”.
Una cosa dice la teoría
política, asociada al “deber ser”, y otra la geopolítica, la realpolitik alrededor
de “lo que en realidad es”.
No nos podemos engañar detrás del sentido natural y la bondad de las palabras, convirtiéndolas en conceptos a los cuales no podemos aspirar a concretar por nuestra debilidad estructural, lo que nos lleva a enunciar “conceptos simbólicos” que, por lo etéreos, no sirven sino de distractores y de consuelo.
El manejo simbólico del derecho
en teoría política se refiere a cómo el derecho, más allá de sus normas, usa y genera
símbolos (justicia, orden, igualdad) para influir en la sociedad, crear legitimidad
y lograr efectos políticos, actuando como un poder simbólico que transforma
relaciones, de fuerza en sentido y aceptación social, a veces por encima de su eficacia
literal, como se ve en el derecho penal o la constitucionalización simbólica en
contextos de crisis política. Alguien diría en términos parroquiales, que el manejo simbólico del derecho
es el ejercicio de tomar acciones o decisiones para dejar constancia de que se interviene
a pesar de que lo que se diga o haga sea inocuo y no genere ningún impacto.
Como podemos ver, en nuestro
caso, la comprensión y el ejercicio pleno de los conceptos enunciados es históricamente,
por ahora, una verdadera quimera.
Actuamos como niños chiquitos
que, ante cualquier dificultad con algún hermanito, tenemos que recurrir al papá
para que imponga el orden que nosotros somos incapaces de imponer por nosotros mismos
con nuestros propios recursos, manteniendo o generando ese cordón umbilical del
cual no nos hemos podido desprender aún hoy, en teoría, habiendo conquistado nuestra
independencia y habiéndonos autoproclamado y siendo reconocidos como repúblicas
Independientes.
Existen algunos actores del poder
a quienes les gusta el papel de papá y ante la evidente debilidad y desorden de
los países a quienes ven como hijos, se comportan como papás ante hijos revoltosos
y débiles en sí mismos aplicando la regla del premio y el castigo.
Caso aparte es la ineficacia,
el anacronismo y la extemporaneidad de las actuaciones de la casi totalidad de organismos
multilaterales como la ONU y la OEA, a quienes los poderes de turno mantienen con
vida artificial para tener escenarios donde se puedan generar “espacios simbólicos”
para que los paisitos se sientan iguales e importantes y jueguen a ser grandes.
Afortunadamente en términos históricos,
no ha habido imperios eternos en el mundo, por lo cual cada uno trata de aprovechar
su cuarto de hora. Todos los Imperios que en el mundo han sido, se originan y se
mantienen hasta el final de sus días a través del uso de la fuerza. Ningún Imperio
se ha creado o sostenido por las buenas.
Es supremamente importante que los procesos educativos generen conciencia geográfica e histórica entre los futuros ciudadanos, para cuando la rueda de la historia nos dé la posibilidad de intervenir de manera real en nuestro propio manejo y en la relación equitativa con los demás.
martes, 13 de enero de 2026
Editorial: sucesos de la semana No. 130
En su recuento de los sucesos de la semana para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H., comenta los siguientes hechos que protagonizaron los titulares de los medios: las protestas en Irán y el ataque estatal para reprimirlas; Venezuela sin la presencia de Maduro; la charla entre Donald Trump y Gustavo Petro que mejoró las relaciones; el interés de Donald Trump por anexarse Groelandia; las marchas de Petro en las que moderó su discurso contra el presidente Trump; la invitación que le hizo Petro a la presidenta interina de Venezuela para visitar a Colombia, y concluye con la consulta interpartidista que se realizará en marzo a la que se sumaron nuevos candidatos. No dejes de verlos.
¿Qué pasa con "el Cartel de los Solos"?
Luis Alfonso García Carmona
Las últimas
encuestas de la firma extranjera AtlasIntel nos arrojan la posibilidad de una
definición por foto finish en la primera vuelta presidencial entre
Abelardo de la Espriella, con el 28 % de favorabilidad y el candidato de las
FARC, Iván Cepeda, con el 26.5 %.
En otras palabras,
estamos al borde del abismo, a unos cuantos votos de caer por otro período o,
quizás, por varias décadas, en las garras del sistema totalitario y corrupto
del comunismo, como ha ocurrido en países vecinos como Venezuela, Nicaragua
o Cuba. Si bien es cierto que la captura del usurpador Maduro y la intervención
de los Estados Unidos en contra de la producción cocalera resta capacidad de
maniobra al camarada guerrillero, no olvidemos que se trata de un peligroso
aliado de los grupos narcoterroristas con presencia en el 70 % del territorio
nacional, que tiene acceso al presupuesto nacional por las buenas o por las
malas, y que está dispuesto a ejercer “todas las formas de lucha” pues
no conoce freno ético o jurídico para sus concupiscentes actuaciones.
Se han alineado las
fuerzas políticas en tres bloques muy definidos: a) La extrema izquierda, que
pretende convertir a Colombia en otra nación vasalla del castrochavismo o del
neocomunismo, representada por Cepeda y apoyada por los vergonzantes aliados
suyos disfrazados de centroizquierda como Sergio Fajardo; b) Los tibios
autodenominados “de centro”, sin otro propósito que llegar como sea a la
primera vuelta, a sabiendas de que carecen de apoyo popular. Posan de antipetristas
como medio para obtener votos pero es tan pobre su resultado en las
encuestas que ahora los llaman “el Cartel de los Solos”, y c) Los “defensores
de la patria”, movilización mayoritaria de quienes creemos que hay que
atacar el crimen, la corrupción y la inseguridad con todo el peso de la ley,
que hay que atraer inversión privada para generar empleo digno para todos y
cerrar la brecha de la desigualdad y de la pobreza, que hay que devolver el
sistema de salud a la población colombiana, que debemos proteger a la familia y
defender nuestros valores fundacionales frente a la importación de doctrinas
extrañas que han sembrado el mundo de miseria y esclavitud. Es el grupo que en
forma masiva ha colocado a Abelardo de la Espriella como el único
aspirante con capacidad y decisión para derrotar a la izquierda y salvar a
Colombia de su autodestrucción.
Nos sorprende que,
ante tan tenebrosa expectativa para Colombia insistan los del “cartel de los
solos” en atravesarse en el camino hacia la derrota del farcepedismo, a
sabiendas de su carencia de opciones en la carrera a la presidencia. Parece que
no les remuerde la conciencia poner en peligro el futuro de la patria para
satisfacer sus egoístas intereses. No pueden alegar ignorancia del peligro que
nos acecha. Basta ya de engañar a los ciudadanos con su falso antipetrismo,
Militan en ese cartel de los solos varios santistas agazapados para
seguir usufructuando las mieles del poder mientras el país se desangra. Los
invito a todos a que nos acompañen a derrotar la izquierda radical, criminal
y corrupta, en la primera vuelta, con la decidida y corajuda dirección del
“tigre”. Estamos a un paso de conseguirlo. Esa es la verdadera unión, la del
pueblo que grita por doquier “fuera, Petro”.
La Crónica: impacto de la caída de Maduro en nuestra patria
Rafel Uribe Uribe
La caída de Nicolás Maduro nos obliga
a replantear el rumbo de las relaciones bilaterales entre Colombia y Venezuela,
y desafía a ambos países a profundos retos y oportunidades.
Tras décadas de relaciones marcadas
por la influencia del chavismo se abre un periodo de incertidumbre en materia
de seguridad. La estrategia fracasada de la “Paz total” se verá aún más
comprometida ya que durante más de veinte años, el régimen venezolano brindó
refugio y apoyo logístico al ELN y las FARC, facilitando su accionar. La
pérdida de ese respaldo obligará a estos grupos a redefinir su organización lo
que aumentará la violencia en zonas fronterizas estratégicas como el Catatumbo
y Arauca, intensificando la pugna por el control de nuevas rutas del
narcotráfico y la minería ilegal tenderá a reemplazar los ingresos de la coca.
La llamada de ‘Iván Mordisco’ a una unión mafiosa de los grupos ilegales no es
gratuita, se encamina a fortalecer y defender estos negocios de los que se
nutren.
En el plano migratorio, se vaticina la
posibilidad de un retorno masivo de los tres millones de venezolanos que
actualmente residen en Colombia. No obstante, la gran incertidumbre política
asociada a la transición en Venezuela demorará el reencuentro familiar.
El panorama económico, por su parte,
se presenta ambiguo. Una eventual apertura de Venezuela al mercado
internacional tiene el potencial de dinamizar el comercio bilateral,
beneficiando a ambas economías. No obstante, la reactivación de los sectores
petrolero y gasífero del país vecino que durante un tiempo controlarán los
Estados Unidos, supone un reto para Colombia que se verá forzada a revisar a
fondo su estrategia y soberanía energética.
Por último, el cambio de régimen en
Venezuela repercute de lleno en el escenario político colombiano, sobre todo a
las puertas de las elecciones presidenciales de mayo. La relación de algunos
candidatos con el chavismo adquiere un peso decisivo y añade un nivel adicional
de polarización a la campaña electoral.
En definitiva, estamos ante una
coyuntura histórica que exige lucidez y acción. El pulso de las candidaturas
descritos en Semana ubica los dos candidatos con mayores opciones a solo el
espacio de error en las encuestas para la primera vuelta. Iván Cepeda sigue peligrosamente
cercano de quienes defienden la democracia, mientras Sergio Fajardo sin chance
alguno de llegar a la presidencia, distrae el 9,4% de los votantes.
¡O despertamos, o nos despiertan!
El Rincón de Dios
Profecía de María Esperanza de Bianchini, sierva de Dios: “El gran enfrentamiento de las potencias comenzará en Venezuela”. https://www.instagram.com/reels/DTROAH0DcOx/ Este video lo explica en detalle.
¿Elecciones bajo el asedio terrorista?
Luis Guillermo Echeverri Vélez
Se
avecina el 8 de marzo, día de elecciones al Congreso. El potencial de Colombia
es infinito, pero como un mal padre de familia tahúr empedernido, todo indica
que estamos emperrados en apostar la casa y todos los haberes en unas
elecciones bajo claro asedio terrorista.
Ningún
presidente democrático se ha elegido, ni ha conducido bien al país sin apoyo
del Congreso. Si queremos evitar el caos, Uribe debe liderar el congreso y
necesitamos una buena relación con los Estados Unidos que es nuestro principal
socio comercial.
El
Gobierno y su candidato, revolucionarios comunistas disfrazados de progresistas
y humanistas, expertos en mentir y engañar, no tienen otra alternativa que
llevar al país a una encerrona electoral que garantice su continuidad en el
poder, y están respaldados por las armas y el cabildeo de quienes manejan los
dineros ilegales del narcoterrorismo internacional.
Es
necesario entender que la verdadera usurpación de la soberanía nacional es la
ocupación territorial y las agresiones al pueblo de las organizaciones
criminales subversivas narcoterroristas, que vienen actuando en complicidad con
el gobierno y están acompañadas de la proliferación urbana de bandas milicianas
de alquiler asociadas al microtráfico.
Los
dirigentes empresariales y políticos no deben ignorar las declaraciones que
hablan de unir las FARC-EP y el ELN para defender la “patria grande”, ni el
anuncio de Cepeda de integrar las FARC-EP a las fuerzas armadas
constitucionales.
Deben
nuestros gremios y Uribe como líder de la oposición, buscar un diálogo
inmediato con Trump y Rubio, pues corremos el riesgo de que el proyecto
bolivariano Castro-Chavista se convierta en un nuevo Vietnam o de terminar en
una guerra civil entre diversas organizaciones criminales respaldadas por el
narcotráfico y la minería ilegal, dos negocios que no están en venta.
El
país perdió la seguridad democrática y el crecimiento económico formal de dos
dígitos logrado en el rebote del 2021 al quedar en manos de un gobierno
irresponsable, cleptócrata e intencionalmente destructor que ya tomó las
acciones necesarias para arruinar la hacienda pública, la salud, el ahorro
pensional y consolidar un sistema de empobrecimiento colectivo mientras las
actividades ilícitas y el crecimiento de la informalidad sobrepasan una
decadente economía formal, y el Estado ya no controla las fronteras ni 2/3 del
territorio nacional.
Nos
tambaleamos en la cuerda floja sobre un foso de tiburones, esperanzados en el
próximo paso del impredecible y audaz presidente Trump y sin saber qué va a
pasar en Venezuela, y estamos distraídos con el furor de las apuestas
electorales, mientras sufrimos los efectos de un dólar subvaluado, una alta
tasa de intereses, un salario mínimo inflacionario cuatro veces más alto que el
IPC, y la pérdida de competitividad del sector exportador y de todo el aparato
productivo real.
Este
país en términos políticos es: café con leche, monta en moto y se comunica por
Facebook; pues la mayor concentración ciudadana está en zonas cafeteras y en la
costa Atlántica, el 75 % de los votos está en los estratos 1, 2 y 3, y son 50 a
100 municipios de la zona Andina, sus valles y la costa, los que definen las
elecciones; porque en todas las zonas suburbanas y rurales de este trópico
infernal, cientos de miles de familias complementan sus ingresos de
supervivencia ordeñando una vaquita o en la economía del rebusque que atienden
la canasta familiar; porque hoy más de la mitad de la población se moviliza en
moto, y porque hasta un ordeñador tiene un teléfono inteligente y está
influenciado por la información populista que recibe continuamente.
El
país se juega su libertad, su tradición democrática y su economía en un mercado
electoral donde llega con más potencia la narrativa mentirosa y populista del
aparato propagandístico del Estado que controla la conversación en redes, la
pauta en medios e impulsa a fondo la campaña comunista de Cepeda, por si Petro
no logra postergar su mandato.
Por
lo tanto, la prioridad del país debe ser otorgar un mandato democrático claro y
confundente a partir de las elecciones parlamentarias, pues si el Congreso y la
justicia siguen comiendo nube y no se ocupan de destituir a un presidente
promotor de la ilegalidad, asociado al Castro-Chavismo y totalmente indigno de
su cargo, y si las fuerzas armadas y los gremios del sector productivo siguen
obrando como “elegantes eunucos”, nos van a capar parados a todos los que damos
empleo y pagamos los impuestos, y podemos terminar dominados por las FARC-EP,
sin libertades y oprimidos por la miseria que sabemos que genera el
narco-comunismo terrorista modelo SSXXI.
El
8 de marzo hay que votar bien para poder devolver el país al redil de la
democracia.
viernes, 9 de enero de 2026
Efectos de la caída de Maduro en la política colombiana
Luis Alfonso García Carmona
No se hicieron
esperar las reacciones del régimen petrista en contra de la magistral operación
estadounidense que culminó con la aprehensión del criminal de lesa humanidad,
Nicolás Maduro.
Y era de esperar
que así respondiera su principal aliado, que ahora debe estar recordando el
antiguo refrán español “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon
las tuyas a remojar”. No quedó a la obsoleta izquierda radical
otro camino distinto a seguir repitiendo las falacias de siempre. Que hay que
privilegiar el diálogo y los canales diplomáticos a sabiendas de que,
tanto en Colombia como en Venezuela, solo han servido para que se recrudezca la
violencia, se brinde protección a los capos de la mafia guerrillera y se
mantenga esclavizada a la población civil.
Vuelve y juega la
cantinela de que hay que proteger la vida y la dignidad humana, puestas
en peligro supuestamente por la captura del cabecilla del sucio negocio del
narcotráfico, el usurpador Maduro. ¿Por qué nunca han protestado los camaradas
que detentan ilegalmente el poder en Colombia por los miles de venezolanos
asesinados en 26 años de dictadura castrochavista? ¿Dónde están sus acciones en
defensa de la dignidad humana de los presos políticos, los torturados, los
perseguidos injustamente por la tiranía de Chávez y Maduro? Seamos coherentes,
por favor. No sigamos engañando con falacias trasnochadas en las cuales ya
nadie cree.
Para sustentar sus
estrambóticos planteamientos llegó el camarada Petro a hacer el oso, reforzando
la frontera dizque para prepararse para la crisis que sobrevendría por el
operativo estadounidense. Nada ocurrió. Se olvidó que la migración forzada de 9
000 000 venezolanos ha sido causada por la acción de los dictadores Chávez y
Maduro, no por la captura de un sanguinario delincuente. La prueba es que ninguna
migración se ha producido. Por el contrario, venezolanos radicados en todos
los confines del planeta salieron a celebrar la caída del sátrapa y esperan la
normalización que se ha iniciado, para retornar a su país.
Para
Colombia, el efecto, indudablemente, será beneficioso.
Con la caída de Maduro se ha iniciado un proceso de recuperación política y
económica de Venezuela, la cual volverá a ser el principal socio comercial
de Colombia como antaño lo fue. Lo ha vislumbrado el candidato de la Espriella:
“Sería la mejor reforma tributaria para Colombia”.
En las próximas
elecciones presidenciales, no podrá contar el candidato de las FARC, Iván
Cepeda, con las abultadas contribuciones de dineros sucios procedentes de
Venezuela que llevaron a Petro a la presidencia. Delcy Rodríguez,
recientemente posesionada como presidenta encargada, no podrá disponer de tales
ayudas, pues su mandato está sujeto a las obligaciones de cooperación
contraídas con los Estados Unidos. Esta circunstancia, unida al prudencial
retiro de aportes por parte del sector privado de Colombia que no querrá
comprometerse en tan dudosa aventura, afectará contundentemente las finanzas
del candidato apoyado por los amigos de Maduro.
Se ha notado cómo
la acción decidida de Donad Trump ha incidido en la conducta del camarada
Petro. Quien antes desafiaba al imperialismo yanqui y se negaba a seguir sus
demandas para combatir la cocaína, ahora pide su apoyo tecnológico y
estratégico para reducir los cultivos. Repetidamente sus ministros confirman
que mantienen las mejores relaciones de cooperación con las fuerzas militares
norteamericanas. No será fácil para el guerrillero camarada, en este
escenario, continuar impulsando sus locuras inconstitucionales para
mantenerse en el poder, aplazar las elecciones, o intentar la aprobación de una
nueva constitución de bolsillo, como lo acostumbran sus correligionarios de la
extrema izquierda en los países que han colocado bajo sus garras.
La polarización
entre la izquierda radical que representa Cepeda y la defensa del Estado de derecho,
la libertad, la justicia, la seguridad, la trasparencia en el manejo del Estado
y la recuperación de los valores fundacionales que promueve el candidato
mayoritario, Abelardo de la Espriella, generará un crecimiento del voto de
opinión, de quienes, sin compromiso con las vetustas castas políticas,
prefieren votar por quien tiene la capacidad y el entusiasmo para defender la
Patria, “el tigre” Abelardo de la Espriella. Cada vez más, los colombianos
comprendemos que al país no lo salva ni la abstención ni el voto por los tibios
candidatos de centro, enfocados más en derrotar a Abelardo que en combatir a
muerte contra nuestro enemigo común: la sanguinaria y corrupta izquierda
radical representada por Petro y Cepeda.
El camino a la
victoria está plagado de peligros de los cuales debemos ser conscientes. Cuenta
el sátrapa Petro con los millonarios recursos del presupuesto nacional,
alimentados ahora con el irregular crédito contratado por 23 billones de pesos,
los nuevos impuestos decretados bajo la emergencia económica, las
contribuciones de sus aliados, los grupos narcoguerrilleros, de los capos de la
mafia y de los corruptos beneficiados durante su régimen. Por otro lado, no podemos
minimizar la influencia electoral que conlleva el irracional aumento del
salario mínimo y la enorme contratación de nóminas paralelas compuestas por
vagos cuya única labor es apoyar al régimen. Serán instrumentos que
incrementará el régimen ante la pérdida de los aportes del narcomadurismo.
Se ha iniciado en
todo el espectro mediático, en el ámbito nacional e internacional, una tarea de
investigación y difusión de los crímenes del grupo criminal que ha gobernado
a Venezuela, con el soporte de abundantes testimonios de víctimas apresadas
y torturadas por sus discrepancias con el tirano. Influye notoriamente en el
debate electoral colombiano, pues aparecen comprometidos dirigentes del santismo,
enmascarados ahora como antipetristas de nuevo cuño, a la caza de votos para
sus aspiraciones a la Presidencia o al Congreso.

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