lunes, 4 de mayo de 2026
Editorial: sucesos de la semana No. 145
Que queriendo ser libres no nos convirtamos en esclavos
Luis Guillermo Echeverri Vélez
Quedan
cuatro semanas para convencer al gran electorado indeciso de salir a votar por
su libertad. Dejen ya esa inconducente peleadera entre demócratas. En nuestras
manos está el futuro de toda una nación. El verdadero enemigo de Colombia es la
maldita cocaína asociada al sanguinario comunismo terrorista.
El
concepto de legalidad no puede seguir siendo relativo, ni estar secuestrado por
el resentimiento y el odio progresista que pregona el Estatismo. Las envidias y
las ambiciones de poder nublan la conciencia. Exijamos a los candidatos obrar
con grandeza de estadistas, no como indolentes politiqueros populistas. Dejen
ya de escuchar lambones de ocasión y asesores mercenarios, acudan a la sensatez
y demuestren que son dignos de liderar una nación sufrida y aguantadora.
Demuestren
que tienen la grandeza necesaria para conducir un país en el peor momento de su
historia, cuando más se necesita unida la nación en búsqueda de un propósito
común, y no en favor de un símbolo o una persona. Eviten que se pierdan el
Estado de derecho y la democracia.
Escuchemos
al pueblo que gritó fuera Petro y ahora pide libertad y unidad democrática.
Sean serios que son candidaturas presidenciales de un gran país que demanda
sensatez. Sean leales con Uribe que a todos les dio la oportunidad de llegar a
donde están. Si siguen peleando como niños entre un carro, van a distraer al
conductor, se va a salir del camino y muere la libertad de toda la familia
colombiana. Si no formamos el mejor equipo para salvar la democracia y las
campañas no cautivan electores, ya están los criminales disfrazados de ovejas,
prestos a comerse vivo a quien sea que llegue a segunda vuelta vestido de
caperucita.
Dejen
ya la rebatiña todos los politiqueros que apoyan ambas campañas y concéntrense
en darle confianza a la gran mayoría de 42 millones de personas habilitadas
para votar; recuerden que en marzo solo votó el 19 %, y que el 70 % de los
votos está en los estratos 2 y 3, y es esa mayoría la que debe salir a salvar
su libertad y a demostrarle al mundo que seguiremos siendo una democracia.
Dejen
ya señores, dueños de los medios y comunicadores su diablura, paren de atizar
peleas innecesarias que este no es el momento. Dejen ya señores asesores y
estrategas, gerentes y lambones de ocasión de hacerle daño a este país, tengan
un poco de respeto por lo que está en juego que es el destino de la nación.
Dejen ya atados a los sabuesos perdedores y a los inútiles que buscando colocas
se arriman a echarle gasolina a una candela que incendie toda una nación.
El
enemigo por vencer es la violenta y sanguinaria alianza narcocomunista entre
ilegales empoderados políticamente. Y por eso, hoy más que nunca, un país que
quisiera poder creer que hay esperanza, necesita que se unan los trabajadores y
los empresarios con esa seguridad y la confianza que Uribe le ha representado
al pueblo colombiano que hoy está asustado e indeciso.
No
descarten a Uribe, aquí no se vale la gratitud de ocasión, pues gústele o no a
quien sea, él tiene la experiencia y la virtud del corazón grande del líder
leal a unos valores y principios democráticos que fue capaz de darle confianza
y seguridad a la nación, y la mano firme que representan su autoridad moral por
ser insobornable y tener la voluntad de hierro consistente de servir a la
patria, en un mundo donde eso poco se despacha.
Sean
sensatos señores de las candidaturas de la democracia, no incendien su propio
país, pónganse de acuerdo, salven la libertad de los colombianos, no condenen
un pueblo a la miseria esclavizante del narcocomunismo, dejen de lado los egos,
la soberbia y la ambición, y verán que el pueblo los lleva a una victoria por
el bien de todos los colombianos.
Se
es amo de sí mismo, cuando se tiene conocimiento y virtud, y es esclavo aquel
que está subordinado a sus pasiones, miedos y deseos. Es el momento de
demostrar que los colombianos somos libres porque nuestra mente no está
subordinada a nada ni a nadie.
Hace un mes que no te veo...
José Leonardo Rincón, S. J.
Gracioso. Al recordar que fue hace un mes, amanecí tarareando la canción
de Los Corraleros del Majagual…
“Hace un mes que no te
miro
hace un mes que no te
abrazo
hace un mes que no te miro
hace un mes que no te
abrazo
hace un mes que no suspiro
apretado entre tus brazos
hace un mes que no suspiro
apretado entre tus brazos
hace un mes, hace un mes
hace un mes, hace un mes
que no te abrazo
hace un mes, hace un mes
hace un mes que no estoy entre tus brazos.”
A todo el mundo le digo que simultáneamente siento con certeza la alegría
de saberte feliz en el cielo y a la par la dolorosa realidad de tu vacío
físico. Y he comprobado que es verdad que tu presencia se ha hecho evidente de
otro modo tan sutil como efectivo, porque una cantidad de asuntos que estaban
pendientes se han venido resolviendo felizmente. Entonces te imagino en tu
nuevo rol de tramitadora celestial, ayudando a desempantanar casos estancados. ¡También
en el cielo se acumulan PQRS!
Mi rutina efectivamente cambió, pero me he sabido adaptar rápidamente. Como
tengo tanto por hacer eso ha ayudado a “distraerme” de modo que no ha habido
tiempo para estar triste. Recuerdo, además, que me lo decías: “en el corazón
triste el diablo asiste”.
Siento también que ha coincidido tu partida, cierre de un ciclo
existencial de mi vida, con el cierre del ciclo misional de estos ocho años y
cuatro meses como administrador de nuestra provincia. Será entonces tiempo
oportuno para hacer un alto en el camino, descansar un poco, ordenar mis cosas
y prepararme para una nueva etapa. ¿Cuál? No lo sé aún. Los tiempos de Dios son
perfectos y Él sabe cómo hace sus cosas. Estoy en sus manos y eso me hace
sentir en paz.
Si, hace un mes que no te veo, pero hace un mes que siento que, a través
de muchos, me arropas, me cuidas, me sigues dando tu amor y tus cariños. Lo
dije el domingo pasado a propósito del día del buen pastor: inédita experiencia
esa de sentir que las ovejas son las que están cuidando al pastor, las
cuidadoras del cuidador. Ha sido hermoso. Las orquídeas sobre mi escritorio
estarán juntas ahora adornando los corredores de mi comunidad. Las dos mariposas
al nacer han quedado libres en nuestro jardín, los bonsai y las coloridas
flores ocupan lugares importantes. He cumplido la promesa del rosario diario
con la misma modesta camándula que decidieras usar a diario.
¿Y tú? ¿Ya terminaste tu inducción? Al son de tu nueva choco aventura, ¿ya
adelantaste cuaderno con todos los que echabas de menos y querías volver a ver?
¡Te abrazo a la distancia y recibo tu abrazo siempre alegre y festivo!
jueves, 30 de abril de 2026
Colombianos: a combatir la violencia con votos
Hasta los más
insensibles habitantes de esta adolorida patria se sienten horrorizados con el resurgir
de la violencia en sus formas más crueles. En tan solo 72 horas los grupos
de hampones de las FARC perpetraron 28 atentados que han dejado 20 civiles
muertos y 48 heridos, la peor masacre en los últimos 20 años.
No podemos eludir
nuestra responsabilidad como ciudadanos ante tan despiadada crueldad en contra
de inocentes compatriotas, muchos de los cuales viajaban en un bus escalera por
la vía Panamericana que fue volado con poderosas cargas de explosivos.
Todos sabemos que este
lamentable hecho es una consecuencia del crecimiento del narcotráfico,
base económica de la criminalidad, y de la impunidad que el Gobierno de
Petro y la JEP otorgan a los hampones que están destruyendo a Colombia. Son
llamados “gestores paz” y prohíben su captura aún en caso de flagrancia, como
ocurrió con alias Calarcá, el mismo que está incrustado en los servicios de
inteligencia del Estado.
No podemos esperar, en
consecuencia, una severa acción de combate contra esos grupos por parte del
régimen, que negocia con ellos la paz total sin exigirles nada a cambio. La
fuerza pública, diezmada por la reducción del pie de fuerza, la decapitación de
sus más experimentados oficiales y la limitación de sus recursos operativos
está en desventaja frente a estos grupos alimentados con los monumentales
ingresos del narcotráfico.
Nos obliga lo anterior
a tomar decisiones apoyadas en la razón, no en las pasiones ni en la propaganda
política pagada. Acostumbrémonos a votar por los programas que más
benefician al país, no por los candidatos que basan sus méritos en su
capacidad de recoger adhesiones de las viejas castas politiqueras, mandadas a
recoger.
Y los programas que se
requieren para devolver a los ciudadanos la seguridad a la que tienen derecho, son
muy claros:1) Fumigar hasta la última mata de coca. 2) Recuperar, con la
asesoría de USA y con armamento y tecnología de punta, todo el territorio que
se encuentra bajo el dominio de los grupos ilegales (más de 150 municipios). 3)
Suprimir la JEP. 4) En lugar de más diálogos, aplicar rigurosamente la ley a
los bandidos, encerrarlos en verdaderas cárceles de seguridad, y 5) derogar
todos los decretos que fomentan la delincuencia (ordenar la vigencia de órdenes
de captura suspendidas, cumplir con extradiciones pendientes, aplicar
expropiación exprés a los activos de los facinerosos, restablecer el orden
urbano , impedir bloqueos de carreteras o de sistemas de transporte, suspender
subsidios a vándalos para que no delincan y a cultivadores de coca, etc.)
Por supuesto, esto nos
indica a las claras que un programa de esta naturaleza no va a ser aplicado por
el heredero de Petro y candidato de las FARC y nos corresponde encargarnos de
que no llegue a la Presidencia.
Tampoco podemos pensar
que quienes dicen llamarse “de centro” pero en su seno tienen fichas del
traidor Santos, artífice de la entrega del país a las FARC y simpatizantes de
la JEP, de los diálogos de paz y de la permisividad frente a la delincuencia,
son los llamados a dar una batalla contundente contra el terrorismo y el
crimen.
Necesitamos a quien
tiene el conocimiento, el talante y la firme voluntad para dar tranquilidad a
los colombianos: Abelardo de la Espriella. Leamos con cuidado su plan de
seguridad para devolver la tranquilidad a los habitantes de las ciudades para
que puedan salir sin temor a la calle, que sus hijos puedan disfrutar de
parques y canchas deportivas sin la presencia de jíbaros, que sus empresas no
sean extorsionadas como ocurre en todo el territorio nacional, que no sean
víctimas de los miles de atentados que vivimos.
Sabemos que tú, como
todos los colombianos de bien, queremos un mejor futuro para la patria y para
todos nuestros compatriotas. Ayúdanos en esta hora decisiva y deja por un
momento otras preocupaciones. Dios, la patria y tu familia te lo agradecerán.
miércoles, 29 de abril de 2026
Conversatorio con José Obdulio Gaviria
Nuestro "centro" y su tentación allendista
José Alvear Sanín
En la elección presidencial del próximo 31 de
mayo se presentarán tres tendencias:
1. La ideológicamente conservadora de Abelardo
de la Espriella (tergiversada dizque como “extrema derecha”).
2. La heteróclita de “centro” (donde la única
centrista es Paloma Valencia).
3. La comunista de Cepeda.
No hay duda de que, si Cepeda pasa a la segunda
vuelta, será derrotado por la suma de los partidarios del costeño y la
payanesa, salvando así a Colombia de la revolución narco-castro-estalinista.
Esta perspectiva aterra, desde luego, a la
extrema izquierda. Por tanto, el comunismo apelará a todas las formas de lucha
electoral y armada, sin olvidar la propaganda negra ni la desviación descarada
de billones del presupuesto. No les basta con lo anterior, porque también se apelará
al apoyo de los “idiotas útiles”, es decir aquellos que, posando siempre de
“demócratas progresistas”, nunca votarán por un personaje de la derecha.
Por prejuicio ideológico, unos, por
componendas, otros, muchos de nuestros “centristas” están dispuestos a votar
por el comunista, antes que, por un demócrata partidario de la legalidad, la
libertad y el orden.
Supongamos que el 31 de mayo queden Paloma de
primera y Cepeda de segundo. Ante ese posible resultado, Abelardo ha dicho que
apoyaría a la candidata para evitar el advenimiento de la revolución…
En cambio, si Abelardo supera a Cepeda, es de
esperar que Paloma vote por él en segunda vuelta.
Hasta aquí todo parece claro y el país respira
con optimismo, pero ahora empieza a aflorar lo que yo llamo “la tentación
allendista”.
Recordemos la tragedia de Chile en 1970. Como
los democristianos y los conservadores no se unieron ante el peligro comunista,
Allende superó por unos pocos votos a un personaje muy respetable, el doctor
Alessandri, conservador, y el democristiano Tomic quedó de tercero.
En esas condiciones, el Senado tenía la
facultad constitucional de escoger entre los dos primeros, y Alessandri
manifestó que, si lo elegían, a continuación renunciaría para que ambos
partidos democráticos pudieran elegir un presidente correcto, en una nueva
elección.
Pero, en la Democracia Cristiana operaron los
reflejos “progre”, “socialdemócratas”, “pluralistas” y “conciliadores”, y, por
tanto, optaron por pactar con el candidato comunista, de manera que Allende se
comprometió a respetar la Constitución y la Ley…, pero tan pronto tomó
posesión, empezó la revolución desde La Moneda, y llegaron el desastre
económico, la violencia y la hambruna…
Los “de centro” en Colombia ya saben que Galán
y Oviedo han manifestado que jamás votarán por Abelardo; y como no hay duda de
que estos dos idiotas útiles prefieren entenderse con Cepeda, es oportuno
preguntarnos qué camino tomarán los otros “centristas” después de la primera
vuelta.
Desde luego, Claudia Nayibe (que ahora dizque
es “de centro”), no puede ocultar su cepedismo, y lo mismo puede decirse de
Fajardo, eterno receptor de reposición de votos.
No me atrevo a señalar a otros de “los
centristas”, pero sospecho que muchos de ellos están dispuestos a preferir un
convenio con Cepeda, para que este prometa, hasta en notaría, respetar la
Constitución, en vez de acompañar el proyecto de recuperación económica y moral
que encarnan De la Espriella y Restrepo.
Aunque nuestros “centristas” carecen tanto de
votos como de prestigio, la tentación allendista añade una nueva incógnita al
debate presidencial, porque si se concreta, puede debilitar al candidato
correcto en la segunda vuelta, al robustecer la candidatura comunista en el
momento de máximo peligro.
martes, 28 de abril de 2026
Votar no es cambiar la Constitución, es cumplirla
Fredy Angarita
En este momento
estamos en una campaña electoral para la presidencia en Colombia. La primera
vuelta será el 31 de mayo de 2026, está generando una fuerte polarización.
Para mi gusto,
dejó de ser una campaña limpia. Es una de las campañas presidenciales más
polémicas y divisoras que me ha tocado vivir. Como dirían los abuelos: “una
pelea de perros y gatos”.
Es una campaña
que no se ha dedicado mucho a hablar de propuestas. En lugar de discutir el
futuro, se enfoca en frases como: “usted hizo…”, “ustedes dañaron…”, “ellos son
peores…”. Es una campaña basada en culpas históricas, no en soluciones.
En los debates
se repiten los mismos temas:
1. Conflictos
mediáticos (debates, reglas).
2. Escándalos y
declaraciones.
3. Ataques
personales.
4. Polarización
ideológica.
5. Narrativas
de miedo (violencia, amenazas).
Uno de los
temas que más se menciona es la “Asamblea Constituyente”. Algunos candidatos
están de acuerdo y otros no, pero en algún momento todos la nombran, así sea
para apoyarla o rechazarla.
Al ver esta
situación, recordé una columna de El Tiempo del 12 de octubre de 2021[1], escrita por Alfonso Gómez
Méndez, quien para mí es uno de los grandes juristas del país. Allí señala la
cantidad de veces que se ha hablado de cambiar la Constitución, pero hace un
llamado de atención sobre el artículo 3 de la Constitución de Cúcuta de 1821,
que dice:
“Es un deber
de la Nación proteger, por leyes sabias y equitativas, la libertad, la
seguridad, la propiedad y la igualdad de todos los colombianos”.
Y añade: “Probablemente
Colombia sería otra si se cumpliera solo el artículo 3.°”.
La invitación
es a no quedarnos solo en lo mediático. Como ciudadano, y desde la escritura,
la invitación es a votar, independientemente de sus gustos o de las campañas
polarizadas. Salir a votar. Solo hazlo.
Al salir a
votar, tenemos una decisión en nuestras manos. Así como la Constitución tiene
deberes, nosotros también.
Lo que hace
Gómez Méndez no es historia… es diagnóstico. No estamos fallando en escribir la
ley; estamos fallando en cumplirla.
1821 prometía
protección.
1991 amplió
derechos.
2026 nos
enfrenta a una evidencia incómoda: seguimos sin garantizar lo básico.
No es falta de
Constitución, es falta de voluntad.
Mientras
discutimos reformas, el país sigue esperando lo mínimo: seguridad, igualdad,
dignidad. No se trata de cambiar el texto, se trata de que el texto deje de ser
promesa.
Porque al final, votar no es solo elegir quién gobierna. Es decidir si seguimos administrando el incumplimiento… o empezamos, por fin, a exigir que la ley se vuelva realidad.
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