José Alvear Sanín
Con su habitual clarividencia viene Fernando
Londoño Hoyos llamando la atención sobre el hecho de que hay docenas de
municipios donde las fuerzas armadas de la subversión obligarán a los
ciudadanos a votar por Cepeda, el candidato comunista.
El insobornable exministro considera que en
esas martirizadas poblaciones hay por lo menos dos millones de votos cautivos.
No sé qué sea más grave, si el hecho enunciado
o el silencio con el que responde la clase política. Ningún gran directorio
nacional, ningún congresista, ningún medio masivo de comunicación, se pronuncia
frente al mayor y más eficaz mecanismo para eliminar la democracia. El voto
constreñido nunca puede ser válido y su contabilización es, obviamente,
ilegítima e inmoral.
Petro sabe que con elecciones libres está
perdido. Por tanto, consecuente con el credo leninista que profesa, hará lo
posible y lo imposible para que Colombia se pierda, convertida en la colonia
que Cuba necesita ahora más que nunca antes, porque ya Venezuela le fue
arrebatada.
Basta con 15.000 votos en cada uno de los 130
municipios cuya dominación ya es indiscutible, para recoger los dos millones de
sufragios que pueden llevar a Cepeda al poder, pero como hay más de 400
municipios afectados, conviene calcular el potencial de votos que, más que
probablemente, serán constreñidos.
(¡Quien piense que 15.000 votos por municipio
es una cifra muy elevada, puede hacer cálculos con —digamos— 7.000 votos, multiplicados
por 200, 300, 400 municipios…y el resultado será siempre aterrador!)
Ahora bien: no es tolerable que ningún voto que
obedezca al constreñimiento sea validado, pero, repito, el establecimiento
político y su Consejo Nacional Electoral siguen mirando para otro lado…
Solamente hay un candidato consciente de esta
suprema amenaza, porque los otros callan de manera culpable, y el de la extrema
izquierda, obviamente sabe que buena parte de sus votos depende de la coacción
y la violencia que ejercen en favor suyo guerrillas, mingas, combos, clanes y
demás…
Es asombrosa la indolencia del sector político
frente a la estrategia (hasta ahora) vencedora, del comunismo, porque, según
como van las cosas, gran parte de los políticos tradicionales, a última hora,
van a acompañar a Cepeda, para que nadie ponga en duda su progresismo y su
rechazo de lo que llaman “la extrema derecha”.
Como los señores de este “establecimiento” nunca han hecho oposición eficaz a Petro, piensan que con Cepeda les irá igual, desconociendo que su estalinismo radical le exigirá desconocer todas las componendas y alianzas con el clientelismo burgués, es decir, con quienes nos han traído hasta aquí.
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