En “Sucesos de la Semana”, Antonio Montoya H. hace un recorrido por algunos de los acontecimientos que marcaron la agenda nacional e internacional: la sucesión de terremotos registrada en distintos países, el recrudecimiento de los incendios forestales en Colombia, el llamado “Libro de la Verdad” presentado por el Gobierno ante los organismos de control, la situación de Ecopetrol y la ola de calor que deja miles de muertes en Europa. También aborda las controversias por las declaraciones de la ministra de Educación, Viviane Morales, sobre la educación sexual y la llamada “ideología de género”, y analiza el revolcón en la cúpula militar anunciado por el presidente Abelardo de la Espriella. Los invitamos a escuchar la nueva edición de “Sucesos de la Semana” en El Pensamiento al Aire. No dejes de verlo.
lunes, 24 de agosto de 2026
Editorial: sucesos de la semana No. 159
En “Sucesos de la Semana”, Antonio Montoya H. hace un recorrido por algunos de los acontecimientos que marcaron la agenda nacional e internacional: la sucesión de terremotos registrada en distintos países, el recrudecimiento de los incendios forestales en Colombia, el llamado “Libro de la Verdad” presentado por el Gobierno ante los organismos de control, la situación de Ecopetrol y la ola de calor que deja miles de muertes en Europa. También aborda las controversias por las declaraciones de la ministra de Educación, Viviane Morales, sobre la educación sexual y la llamada “ideología de género”, y analiza el revolcón en la cúpula militar anunciado por el presidente Abelardo de la Espriella. Los invitamos a escuchar la nueva edición de “Sucesos de la Semana” en El Pensamiento al Aire. No dejes de verlo.
La corrupción se resiste a ser erradicada
Luis Alfonso García Carmona
El trámite de empalme
entre los gobiernos saliente y entrante no fue posible cumplirlo conforme a
nuestra tradición democrática por la negativa del régimen petrista a
reconocer la legitimidad del presidente elegido por la mayoría de los
colombianos en un proceso electoral transparente y avalado por las veedurías
internacionales.
La razón oculta detrás
de esa irracional posición era la de evitar a toda costa que se develara la
verdadera magnitud del monumental saqueo al erario protagonizado por Petro y su
banda de criminales. Hasta el último instante de su período, continuaba el petrismo
su depredadora expedición de nombramientos y celebración de contratos para
agotar las arcas –presentes y futuras– del Estado.
Con la anuencia de las
mayorías del Congreso, obtuvo el expresidente Petro permiso para ausentarse
del país durante un año, en lugar de poner la cara a las numerosas
denuncias e investigaciones por corrupción que enfrenta su gobierno. Flaco
servicio a la transparencia le prestaron los senadores que aprobaron tan
inconveniente autorización.
No conformes con
semejante desaguisado, designaron las mayorías del Congreso un nuevo contralor cuya
principal obligación consiste en perseguir toda malversación de los recursos
del Estado, pero su primer acto fue comprometerse a designar como
vicecontralor a un representante del Pacto Histórico, o sea, del partido defensor
del cuestionado gobierno vinculado a mayúsculos escándalos de corrupción en el
pasado cuatrienio.
Con semejante panorama
nos permitimos dudar de que se puedan cumplir las metas propuestas para
erradicar la corrupción y castigar a quienes participaron en el asalto a los
recursos fiscales en los últimos 4 años. Al fin de cuentas, la acción del
Estado se cumple a través de sus funcionarios. Si estos tienen otros
compromisos diferentes a los de la naturaleza de su cargo, no podrá
esperarse resultado alguno de su gestión.
Creemos desde hace
tiempo que es imprescindible una reforma de los organismos de control, tanto en
el ámbito nacional como regional, pues en la actualidad no dejan de ser un
botín burocrático aprovechado por los caciques políticos y que funciona
como un relojito: “yo te nombro contralor y tú me nombras un amigo en la
vicecontraloría”.
Pero debemos ser
realistas y, ante todo, pragmáticos. Ni el presidente está interesado en
embarcarse en una reforma constitucional pues tiene una inaplazable agenda
para este período, ni será fácil que los políticos de siempre renuncien
a sus privilegios. Propusimos en cambio una reforma más general consistente
en elevar a norma constitucional la obligación de que todos los funcionarios
públicos, salvo los que deban ser elegidos por votación popular, sean
designados por concurso de méritos. Si observamos lo que ocurre en los
países donde esta norma está vigente, concluimos que los cambios electorales no
afectan la estabilidad del aparato estatal y se obtiene una mayor eficiencia y
compromiso por parte de los servidores públicos.
Sin embargo, hay una fórmula
al alcance del señor presidente, que no requiere el engorroso e
impredecible paso por el Congreso. Tiene el primer mandatario potestad para crear
y designar consejeros presidenciales para temas específicos que actúan bajo
su directa supervisión. La sugerencia, respetuosa y comedida, por supuesto, es
que sean eliminadas la Consejería para la Reconciliación Nacional y el Alto Comisionado
para la Paz y, en su lugar, se cree la Consejería para la Lucha contra
la Corrupción. Entre sus funciones estarían las de recopilar toda la
información sobre presuntos delitos relacionados con la corrupción, sus
responsables, cómplices y auxiliadores; la persecución de activos
fraudulentamente obtenidos con la corrupción, la elaboración de proyectos de
ley y de decreto para derrotar a la corrupción, la formulación de denuncias
penales y el seguimiento de los procesos. En una palabra, sería un verdadero “zar
anticorrupción” que el país requiere sin lugar a duda.
viernes, 21 de agosto de 2026
Solidaridad ejemplar
José Leonardo Rincón, S. J.
Después
del shock por el terremoto del que todavía muchos aún no se sobreponen,
impactante a nivel global, ha sido la ejemplar solidaridad con la que nuestros
compatriotas han respondido, de manera masiva, inmediata y generosa. Eso
muestra la enorme sensibilidad que tiene nuestra gente ante el dolor y el
sufrimiento de otros. No es la primera vez que se observa este comportamiento. Ha
sido siempre así. Recuerdo similares reacciones ante las tragedias de Popayan, Armero,
Eje Cafetero, por citar solo estas, como reacción ante la sobrecogedora fuerza
de la naturaleza.
Le
tocó al nuevo gobierno en sus primeros días concentrar sus esfuerzos en atender
la catástrofe y no pudo hacerlo desde la Ungrd que es la herramienta estatal para
orientar, canalizar y atender este tipo de situaciones, después de semejante
deterioro reputacional, sino que se inventó su propia estrategia.
Quisiera
llamar la atención precisamente sobre el caos generado no solo por la sorpresiva
tragedia que desbarató en tres minutos lo que muchos habían levantado durante
años, sino también sobre el desorden que observo. Todo el mundo sale a donar en
dinero y en especie, se abren cuentas bancarias para depositar dineros, la
gente compra mercados con alimentos que considera básicos, se hacen campañas y
se acopian toneladas de ropa y utensilios de todo tipo. ¿A dónde va a parar
todo eso?, ¿Quién canaliza y distribuye esos recursos frente a qué tipo de
necesidades jerarquizadas?, ¿Se ha podido hacer un levantamiento de esas
prioridades?
Porque,
así como conmueve tanta solidaridad de gente maravillosa, me aterra la viveza
de los delincuentes de toda ralea que salieron literalmente a hacer su agosto. Los
voluntarios camuflados que saquean inmuebles y cadáveres. Los ladrones de
cuello blanco que se lucran en esta coyuntura. Las víctimas aparecidas desde
otras latitudes que aprovechan el río revuelto. Me cuestionaron los relatos de
quienes lideraron el Forec después de un terremoto similar y que denunciaron a
esos políticos carroñeros que en su momento quisieron sacar tajada. Me
impresiona el desorden y no veo que se haya nombrado un líder que públicamente
salga a hacer un inventario de necesidades y proceda a comunicar, orientar,
ordenar, administrar las donaciones en dinero y en especie para luego canalizar,
distribuir y verificar que esa solidaria avalancha de ayudas llegue a tiempo y
a quien realmente las necesite. Se habla de que se necesitan 30 billones para
reconstruir. ¿Quién o quiénes los van a administrar?, ¿quién audita o controla?,
¿quiénes serán los beneficiarios y en cuánto tiempo se ha previsto sostener
esas ayudas?
Estas
tragedias nos sorprenden literalmente con los calzones abajo. Entiendo que hay
protocolos internacionales para el manejo de estas situaciones, pero no son
conocidos. Hay que ordenar esto pronto porque ya veo, como ha pasado en
ocasiones anteriores, comida vencida que hay que echar a la basura, ropa y
chécheres, que no sirven, por ahí arrumados y perdidos, y también muchos sinvergüenzas
cuadrando sus cajas personales con el dinero sagrado que era para las víctimas.
La solidaridad ha sido realmente ejemplar. Que no lo sea también el no saber
manejarla en beneficio de quienes realmente lo necesitan.
Con el Libro de la verdad quedaron en evidencia
Andrés de Bedout Jaramillo
Los colombianos
no podemos creer que, luego de destinar billones de pesos anuales al
funcionamiento de las autoridades de vigilancia y control (Fiscalía,
Procuraduría y Contraloría), no tengamos ningún resultado tangible frente a las
violaciones que, de manera descarada, venían cometiendo Petro y sus secuaces,
dejando a nuestro país herido de muerte y sumido en una crisis que hoy se
agrava con el reciente terremoto. Ni siquiera fueron eficaces en asustar o
disuadir a los funcionarios de Petro, para evitar esa increíble seguidilla
generalizada de corrupciones a todos los niveles, hasta el último minuto de su
nefasto mandato.
No puede ser
que, de las más de 80 irregularidades denunciadas por el gobierno entrante
—irregularidades que todos los colombianos veníamos observando y denunciando—
nuestras autoridades de vigilancia y control permanecieran quietas, calladas,
como si no existieran, haciéndose las locas frente a lo que estaba sucediendo.
En el evento de
entrega del Libro de la verdad se les notaba la cara de vergüenza a la fiscal,
al procurador y al contralor. Quedaron en evidencia, pero a su vez retados
públicamente a actuar rápida y eficientemente frente a las denuncias
presentadas y documentadas. Su complicidad no podrá continuar en este gobierno:
les llegó la hora de cumplir con su deber, es hora de actuar.
Afortunadamente,
en la Comisión de Acusaciones quedó el representante Daniel Briceño. Recordemos
que es la Comisión de Investigaciones y Acusaciones de la Cámara de
Representantes la encargada de investigar y acusar, además del presidente de la
República, a la fiscal, al procurador y al contralor. En mi concepto, a estos
funcionarios se les debe abrir investigación rápidamente por el delito de
prevaricato u omisión de denuncia, amén de las consecuencias disciplinarias
correspondientes.
Si bien esta
comisión ha sido un desastre, aspiramos a que con Briceño —aunque en minoría—
se vea obligada a actuar. Estamos seguros de que estará muy por encima de sus
demás integrantes, donde el Pacto Histórico cuenta con las mayorías, que hoy,
quizá con la presión de Briceño, puedan cambiar y cumplir con sus obligaciones
constitucionales y legales.
En otras
palabras, Briceño será la piedra en el zapato que pondrá a trabajar a la
Comisión de Investigaciones y Acusaciones de la Cámara de Representantes.
El acto de
entrega del Libro de la verdad, resultante del empalme anticorrupción
—que, dicho sea de paso, terminó siendo un empalme con los delegados de la
Contraloría General de la Nación en los diferentes ministerios y entidades del
Estado, dada la negativa del gobierno saliente a entregar información,
cimentada en el no reconocimiento del triunfo del Tigre por parte de Petro y su
Pacto Histórico— se constituyó en un símbolo vinculante y delatador, con todas
las características de una denuncia penal y fiscal directa de un presidente a
las autoridades de vigilancia y control.
El Libro de
la verdad / Empalme anticorrupción
fue entregado personal y públicamente por el presidente a la Fiscal, al
Procurador y al Contralor, quienes tendrán obligatoriamente que asumir las
investigaciones correspondientes. No podrán argumentar la inexistencia de
denuncia de parte, aunque muchas de las conductas delictuosas denunciadas ya
deberían estar siendo investigadas de oficio por estas entidades. Seguramente,
sobre algunas en particular, puedan tener avances que permitan atribuir
responsabilidades fiscales, penales y disciplinarias a los funcionarios
salientes.
Que nuestro
Señor Jesucristo les dé la entereza y el valor necesarios a nuestras
autoridades de vigilancia y control para cumplir con sus deberes
constitucionales y legales.
jueves, 20 de agosto de 2026
Las fotografías que todavía preguntan
Fredy Angarita
Las
pocas imágenes que guardábamos a las miles que olvidamos
Algunos de quienes leen este artículo quizá
recuerden aquellas visitas a familiares o amigos en las que, tarde o temprano,
aparecía un álbum de fotografías. Era casi un ritual.
Alguien sacaba el álbum y comenzaba a pasar las
páginas. Las fotografías iban apareciendo una tras otra, algunas en blanco y
negro, otras con esos colores particulares de las primeras cámaras a color. Y
aunque ya las hubiéramos visto muchas veces, volvíamos a mirarlas.
Siempre había alguna pregunta o exclamación: ¿Y
este quién es?, ¿dónde fue tomada esa foto?, ¡mire cómo ha crecido!, ¿ese sí es
usted?, ¿y qué pasó con él?
Una fotografía podía convertirse entonces en
una conversación familiar, no solamente mostraba un rostro; abría una historia.
Ayer, 19 de agosto, cuando se celebró el Día
Mundial de la Fotografía, vale la pena preguntarnos qué ha pasado con esa
relación que teníamos con las fotografías.
La fecha recuerda un momento fundamental para
la historia de la imagen. El 19 de agosto de 1839, en París, se anunció
públicamente el proceso del daguerrotipo, desarrollado por el francés
Louis-Jacques-Mandé Daguerre. El invento permitía fijar una imagen mediante un
proceso químico y abrió una nueva posibilidad: conservar visualmente aquello
que hasta entonces podía permanecer solamente en la memoria, en un dibujo o en
un relato.
Es difícil imaginar que Daguerre pudiera
calcular lo que estaba poniendo en movimiento. Porque la fotografía no
solamente cambió la manera de mirar, cambió también la manera de recordar. Al
principio, hacer una fotografía no era algo cotidiano. Era un acontecimiento.
Los primeros procedimientos eran lentos y exigían largos tiempos de exposición.
En algunos de los primeros retratos, la persona debía permanecer inmóvil
durante varios minutos para que su imagen pudiera quedar registrada.
Después llegaron nuevas cámaras, nuevos
procesos, el rollo fotográfico y, con ellos, una nueva costumbre: había que
pensar antes de disparar, no existían cientos de oportunidades. Había una,
quizá dos, después había que esperar.
No sabíamos inmediatamente si habíamos salido
bien, si alguien había cerrado los ojos, si la fotografía estaba movida o si el
encuadre había quedado mal, Había que llevar el rollo a revelar y esperar para
descubrir qué habíamos conseguido capturar.
Tal vez por eso aquellas fotografías tenían
otro valor, tal vez por eso era tan importante mostrar el álbum familiar. No había
miles de fotografías almacenadas, Había unas pocas. Cada una tenía una razón
para estar allí.
Hoy ocurre exactamente lo contrario. Casi todos
llevamos una cámara en el bolsillo. Podemos fotografiar una comida, una calle,
un paisaje, una mascota, un amigo, un familiar o a nosotros mismos. Podemos
hacer diez fotografías del mismo momento y escoger una, podemos hacer veinte selfis
hasta encontrar el que nos gusta.
Y descartamos: una quedó con los ojos cerrados,
otra no tiene el ángulo que queríamos, en otra no nos gusta cómo salimos, esta
quedó torcida, la que sigue no tiene suficiente resolución, aquella está
borrosa. Esta sí. Y seguimos adelante.
El teléfono inteligente nos permitió algo que
durante mucho tiempo parecía imposible: fotografiar sin miedo a gastar el rollo.
Quizá esa facilidad también cambió nuestra relación con las imágenes.
Antes teníamos pocas fotografías y las
mirábamos muchas veces. Ahora tenemos miles y, posiblemente, muchas de ellas no
volveremos a mirarlas.
Hay fotografías que permanecen durante años en
la memoria de un teléfono sin que nadie vuelva a abrirlas; tenemos álbumes
digitales que pueden contener cientos o miles de imágenes, pero ya no
necesariamente tenemos el hábito de recorrerlos como recorríamos aquel viejo
álbum familiar.
Quizá la paradoja de la fotografía
contemporánea sea esa: nunca habíamos tenido tantas imágenes y, al mismo
tiempo, quizá nunca habíamos mirado tan pocas con detenimiento. Antes una
fotografía podía reunir a una familia alrededor de una mesa, hoy una fotografía
puede perderse entre cientos de imágenes tomadas durante el mismo día.
Pero hay algo que no ha cambiado; seguimos
fotografiando porque queremos conservar algo, un rostro. un lugar, una persona
que apreciamos, un momento que no queremos que desaparezca.
La fotografía continúa haciendo lo mismo que
hizo desde sus primeros días: detener, aunque sea por un instante, aquello que
inevitablemente se va.
Por eso, en el Día Mundial de la Fotografía,
quizá valga la pena hacer algo diferente. No tomar otra fotografía, sino volver
a mirar algunas de las que ya tienen. Buscar aquella carpeta olvidada, abrir el
álbum familiar. Preguntar quién aparece en esa fotografía antigua, recordar
dónde fue tomada, volver a escuchar las historias que nacieron alrededor de una
imagen.
Porque quizá una buena fotografía no sea
solamente la que quedó bien. Quizá sea aquella que, muchos años después, todavía tiene algo que preguntamos.
miércoles, 19 de agosto de 2026
Conversatorio con Jorge Londoño de la Cuesta parte 2
Les presentamos la segunda entrega del conversatorio en El Pensamiento al Aire, en la que Antonio Montoya H. continúa dialogando con Jorge Londoño de la Cuesta sobre los momentos más críticos de la contingencia de Hidroituango, desde las decisiones de alto riesgo para proteger la vida de las comunidades y preservar el proyecto, hasta el enorme operativo ambiental desplegado para proteger y recuperar la fauna y flora del río Cauca. Un relato sobre liderazgo, ingeniería, responsabilidad, trabajo en equipo y toma de decisiones bajo una presión extrema, que permite comprender la magnitud de una de las mayores crisis de la ingeniería colombiana. Jorge Londoño de la Cuesta es ingeniero de Sistemas de la Universidad EAFIT y realizó el programa Presidentes de Empresa de la Universidad de los Andes. Durante cerca de 27 años estuvo al frente de Invamer, firma de investigación de mercados y opinión pública, donde lideró estudios para diversos sectores de la economía y, junto con Fedesarrollo, participó en la implementación del Índice de Confianza del Consumidor. En enero de 2016 asumió la gerencia general de EPM y el liderazgo del Grupo EPM, responsabilidad que ejerció hasta diciembre de 2019. Durante su gestión enfrentó algunos de los episodios más complejos de la historia de la empresa, especialmente la contingencia de Hidroituango, además de otros incidentes en centrales hidroeléctricas; la Junta Directiva de EPM destacó al cierre de su administración su entereza, capacidad de trabajo, responsabilidad y compromiso.
Aún peor que el permiso a Petro…
José Alvear Sanín
Las gentes de bien, con escasas excepciones,
comentan aterradas el imperdonable permiso concedido al “presunto”, para
escapar del país que arruinó, degradó, saqueó y estuvo a punto de entregar
totalmente al narcotráfico y la revolución.
Esa autorización, determinada conjuntamente por
el liberalismo, el conservatismo, el Centro Democrático y la Unión Patriótica,
indica hasta dónde esos partidos menosprecian la moral, la Constitución y la
Ley, tolerando primero, y aceptando luego, la corrupción que corroe nuestro
tejido social.
Si la corrupción estuvo presente en algunos
gobiernos recientes, como mínimo se decuplicó bajo Petro y constituyó la
estrategia fundamental de su administración con el fin de precipitar al país a
la revolución comunista.
La autorización que se le dio a ese sujeto para
salir es inmoral y escandalosa, pero el “Honorable Senado”, ese mismo día, ha
enviado al país un sigiloso mensaje todavía peor, con la elección de un tal señor
Laverde como Contralor General de la República.
Nunca antes fue más urgente tener un gran
Contralor. Ese cargo exige independencia, probidad, experiencia gerencial y los
amplísimos conocimientos jurídicos, económicos y contables de los que carece
Laverde.
Para salir del pozo séptico en que dejó Petro
convertido el Estado, se necesitaba un estadista capaz de descubrir,
contabilizar y evaluar los incontables delitos contra la hacienda pública y la
economía nacional que hemos presenciado en el cuatrienio atroz del “presunto”,
galardonado además con su inclusión en la lista Clinton.
En cambio, el Senado, por unanimidad de los
partidos, eligió a Laverde, un personaje gris, tan impreparado como
insignificante, cuya experiencia ha sido la de largos y monótonos años como
secretario de alguna Comisión de esa Cámara, otro burócrata tan anodino y plegable
como el tal Eljach, actual y celestino procurador general de la nación.
Como si lo anterior fuera poco, Laverde se ha
comprometido a nombrar como vicecontralor general a un activista del Pacto
Histórico, lo que indica: 1. Que todos los hallazgos en relación con Petro
serán cubiertos por el manto del olvido, y 2. Que todas las iniciativas del
gobierno de Abelardo de la Espriella serán aviesamente escrutadas, obstaculizadas
y rechazadas…
Estos nombramientos traen a la memoria aquel popular
refrán campesino de que “Los gallinazos, de día, se pelean la carroña, pero
de noche duermen en la misma rama…”

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