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viernes, 6 de octubre de 2023

Agresividad

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Por supuesto que no tengo la pretensión de incursionar en temas propios de la psicología y escribir siquiera una página sobre tan delicado tema. No. Voy a comentar coloquialmente con ustedes mis impresiones subjetivas sobre este comportamiento humano en nuestro contexto. Decidí hacerlo porque mi sensor social me indica que la adrenalina está alta y el nivel de agresividad ha venido subiendo.

Esta percepción la confirmo principalmente cuando salgo a la calle y dado que nunca, en toda mi vida, la había sentido. He tenido la hipótesis de que, culturalmente, nuestro pueblo ha sido aguantador y resiliente, incluso que hace aflorar su buen humor en medio de dolorosas situaciones y que, quizás por ello, se ha abusado de su paciencia y no se le ha dado la importancia que merece a sus necesidades y reclamos.

La inconformidad global que era evidente con marchas y protestas en varios países de diferentes latitudes contra un sistema social y político indiferente a la inequidad y la injusticia, sospechosa y abruptamente se ve frenada de tajo con la pandemia. No creo fácilmente en teorías conspiracionistas, pero sí me pareció muy rara esta coincidencia. El confinamiento tedioso y prolongado que inicialmente nos amansó hasta hacernos creer que después del festival del COVID-19 todos íbamos a ser mejores seres humanos, en realidad fue caldo de cultivo para que ciertas patologías se reprimieran y posteriormente se exacerbaran. Efectivamente fuimos distintos, estamos peor que antes en muchos aspectos, así en otros hayamos evolucionado a la brava. Lo que los educadores narran respecto del comportamiento de niños y jóvenes al volver a las aulas es realmente asombroso. Algo similar se comenta en el mundo de las empresas. No somos los mismos, no estamos bien.

Me parece percibir en muchos lo que yo también he experimentado: esa sensibilidad o hipersensibilidad que ante ciertas situaciones que en otro momento nos hubieran hecho reaccionar tranquilamente o al menos con admiración y sorpresa, aquí y ahora, con disgusto, mal genio y agresividad notorias. No sé si los canales o medios para “ex-presarnos” (dejar la presión) han sido suficientes y aprovechados, el hecho es que hay una carga emocional fuerte que se alimenta todos los días a nivel mundial con el absurdo de las guerras, desempleo, pobreza y hambre crecientes en tanto otros derrochan y desechan sin consideración alguna, gobiernos y políticos que decepcionan las expectativas que generaron, vuelta a escena de regímenes totalitarios en todas sus denominaciones, inflación económica que no para a pesar de las fuertes medidas de los bancos centrales, el frenesí del consumismo capitalista que invirtió la escala de valores a punto de dar prioridad a lo innecesario sobre lo urgente e importante, un Dios remitido al archivo histórico cual pieza de museo, entre muchos fenómenos…

Hay un malestar acumulado que puede estallar, no sé de qué manera, en tanto los señores de los diferentes poderes siguen apoltronados cómodamente sin importarles mayor cosa lo que pasa. La agresividad que no se desfoga a tiempo se convierte en una olla de presión peligrosa. Sin válvulas de escape las fuerzas de la masa son incontenibles. Lo hemos visto ya y pareciera habérsenos olvidado. En tanto, en las calles, en los hogares, en la escuela, los niveles de inseguridad y violencia se disparan. La agresividad no es un concepto teórico académico sino una realidad efervescente que está embullando y que requiere ponérsele atención.

martes, 22 de marzo de 2022

De cara al porvenir: sucesos

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Martin Wolf sostiene que “Los humanos hemos sido capaces de construir un mundo global, pero gobernado por tribus”.

Nada más serio, más cierto, ni más contundente. Parece mentira –y sé que parece ingenuo– que ni los países poderosos ni las organizaciones multilaterales de todo tipo, sociales, políticas, económicas, tecnológicas, financieras, militares, no hayan sido capaces o no hayan querido construir un mundo equitativo y justo, objetivos para los cuales, entre otras curiosidades, fueron fundadas, lo cual se demuestra en el incremento de la pobreza, la concentración desmedida de la riqueza y la iniquidad, la pobreza y la  injusticia rampantes a lo largo y ancho del planeta.

Paralelamente la anunciada mentalidad cosmopolita y el hablar de “la casa común” suena bonito, pero seguimos trabajando en medio de una institucionalidad anacrónica que no fue creada con esa perspectiva.

El ejemplo rampante y triste lo vimos y lo vivimos con la pandemia y el papel de la Organización Mundial de la Salud –OMS–, sometida al aporte de presupuesto por parte de los países ricos que tienen sus propias agendas.

Nos consolamos con la formulación y el anuncio rimbombante, primero, de los incumplidos “Objetivos del Milenio” y luego, con los “Objetivos de Desarrollo Sostenible”, que hoy nos sirven de guía, lo cual es innegable, pero que no hemos sido capaces de cumplir, por la falta de voluntad de los responsables, que son todos los Estados del mundo.

Hoy tenemos un poco más de dos docenas de conflictos militares en el planeta, aun cuando quien se lleva los titulares de prensa en estos momentos es el tema ucraniano.

No es fácil coexistir y tratar de vivir en relativa calma… ¡La paz es una quimera!

El concepto de víctimas, victimarios y salvadores son temas de discusión y los grandes poderes y los medios de comunicación como instrumentos del poder, califican y definen quien asume el papel de cada concepto, es decir, quién es el bueno y quién es el malo.

Es por eso necesario conocer la historia para medio poder contextualizar los acontecimientos y las decisiones asociadas, en el entendido de que todos tenemos intereses y algunos tienen la capacidad militar de tratar de alcanzarlos por la fuerza.

Resulta más que significativo y diciente el reconocer que en este gobierno, han sido liquidadas 13 EPS y que existen cerca de 20 que podrían ser liquidadas en 2022. Esto es una muestra inequívoca que algo no funciona como debe funcionar en el sistema de salud colombiano, sin dejar de reconocer que ha habido algunos avances.

Los recientes resultados electorales invitan a desarmar los espíritus, bajarle el tono a la emotividad, y guardar y propiciar el respeto debido entre contendores y entre seguidores.

Son de mal gusto la mayoría de los mensajes que circulan al respecto en las diferentes redes sociales. Hay personas que se ocultan detrás de estas herramientas tecnológicas para sembrar incertidumbre, permaneciendo en un cobarde anonimato.

Alguno de los candidatos será elegido como presidente, y si se cumplen los procedimientos legalmente establecidos, en términos democráticos, será nuestro presidente, el presidente de todos los colombianos, electo de manera legal y ojalá legítima.

No hay que generar heridas ni reabrir aquellas que algunos guardan como sus “muy queridos y antiguos odios”.

Exijamos propuestas serias y alcanzables y no toleremos posturas de corrupción.

Colombia se merece lo mejor, los colombianos tenemos el derecho a alcanzar el desarrollo y el bienestar en medio de un pleno ejercicio de los postulados democráticos.

NOTA: No sé cuál debería ser el procedimiento legal para establecer el cómo asegurar que personas con problemas judiciales, incluido su círculo más cercano, no puedan presentarse como candidatos a ningún tipo de elección popular, ni ser nombrados para ocupar cualquier cargo público.No hacerlo es cohonestar con la corrupción.

viernes, 17 de septiembre de 2021

Entre ingenuo e iluso

José Leonardo Rincón, S. J.*

Hay que reconocerlo con toda honestidad: fui del grupo de personas que creyeron que después de la pandemia las cosas iban a ser distintas, que serían mejores. Afectados globalmente por el letal virus que acabó con cientos de miles de personas, sobrevivir, definitivamente, no era otra cosa que una segunda oportunidad que nos daba la vida para ser mejores seres humanos. ¡Me equivoqué!

Yo sí pensé que las generalizadas protestas en las principales ciudades del mundo y que manifestaban su real y total desencanto del sistema capitalista neoliberal iban a dejar pensando a magnates y poderosos sobre la necesidad de ser más justos y equitativos.

Yo sí creí que, por estos lares, después de un mes largo de marchas y paros ocasionados por una fallida reforma tributaria, promovida por el brillante economista que no sabe cuánto vale un huevo y que salió del gobierno dando un portazo, lo iban a dejar quietico y bien lejos, pero jamás imaginé que en completa afrenta pública lo iban a reencauchar nombrándolo en la junta del Emisor, rompiendo además la ley de cuotas femeninas en cargos públicos.

Después de tan tamaño desgaste político por dilatar decisiones que debieron tomarse con celeridad (retirar la reforma, afrontar abiertamente un diálogo nacional claro y directo) con el reciente escándalo en la contratación pública del Min TIC, soñé que no se repetiría la historia, pero me sorprendió la terquedad de querer tapar el sol con un dedo, como si aquí no pasara nada. Y como que no va a pasar nada, porque los que creyeron que tumbada la ministra lograron su objetivo, lo que lograron es que el robo quede impune y nuevas cortinas de humo nos distraigan, como generar indignación nacional porque a James no lo han llamado a la selección, por ejemplo.

Tuve la ilusión de que quienes iban al confesionario público de la Comisión de la Verdad habían hecho examen de conciencia y estaban arrepentidos, pero más de uno no solo se mostró indolente con el dolor infringido, sino que, además de no contarlo todo, aprovecharon la palestra pública para montar un show y darse su baño de popularidad, creyendo dar K.O. técnico con ganchos al hígado, pero quedando en evidencia tanto sus verdades incompletas como sus mezquindades personales.

Y en medio del nuevo papayazo generado por las monedas que dejaron ver el cobre de lo que no debe hacerse en materia de cultos personales, cuando el palo no está pa cucharas, el congresista del partido de gobierno con dos acciones de libertad de conciencia y espíritu, cuestionó duramente en su momento a la ministra de marras y ahora lo hace con la presidenta de la Cámara por querer sepultar el proyecto de ley que acorta el periodo de receso del legislativo y en vez de ser felicitado por mostrar los valores que decía ostentar su partido, resulta regañado por su jefe por faltarle al respeto a tan honorable señora, cuando a todas luces el irrespeto es con la mayoría del pueblo colombiano que está mamado de un Congreso ineficiente que le ha importado un comino luchar realmente contra la corrupción y se ha negado a auto reformarse.

Y para rematar, un niñito rico, borracho e irresponsable, mata seis personas jóvenes y sus protectores jurídicos corren a auxiliarlo y protegerlo, amenazando con dejar impune el asunto gracias a normas y leyes que las hay para cada ocasión. Entre ingenuo e iluso, espero que se haga justicia. Amanecerá y veremos.

martes, 3 de agosto de 2021

De cara al porvenir: para abajo ruedan las piedras

Por Pedro Juan González Carvajal*

Esta época impactada por la pandemia, a la cual no debe ni puede llamarse por ahora post pandémica, ‒puesto que todavía no la hemos superado‒, ha servido para que los líderes de las diferentes organizaciones puedan evidenciar su real valía, su entereza y su capacidad para enfrentar grandes retos.

Es el momento del ejercicio de la verdadera gerencia por parte de verdaderos gerentes, de asumir riegos, de tener prudencia, de ser proactivo, de ser motivador, retador e inspirador. Se pondrán en evidencia los gerentes mediocres, aquellos que saben pasar de agache, que están llenos de lugares comunes y que ponen el consenso ‒que es un medio y no un fin‒ por encima de los resultados inmediatos que hoy se requieren.

Esta posibilidad es una real exigencia, pues lo que hoy se encuentra en riesgo es la factibilidad, la viabilidad, la sostenibilidad y la sustentabilidad de todas las organizaciones planetarias, en el entendido de que, en términos económicos, cuando alguien pierde, alguien puede estar ganando y viceversa.

Y es que hoy el principal objetivo a lograr por las organizaciones es la supervivencia que garantice la continuidad de la operación, el cumplimiento de los compromisos, la preservación de los puestos de trabajo, la atención a las demandas de los públicos objetivos ‒stakeholders‒ y el impacto positivo en el entorno para servir como detonantes de cadenas de reacción positivas.

La cabeza de la organización debe hacer un gran esfuerzo por mantener la cabeza fría, lo cual no es fácil, pues las decisiones deben tomarse basados en la urgencia para atender la coyuntura ‒que no da espera‒ ya que están supeditadas a decisiones de instancias superiores, a decisiones que se toman en caliente sobre otras decisiones, a la dinámica, los ritmos y el compromiso de los miembros del equipo de trabajo, que no siempre son lo que se requiere, ya por su parsimonia, ya por su incapacidad para atender varios frentes al tiempo, ya por su desorden, ya por su incompetencia, ya por su temor o ya por su falta de comprensión y dimensionamiento de lo que está en juego. Estamos evidenciando, al menos en Colombia, la lentitud con la cual se toman decisiones, se elaboran procesos, se desarrollan proyectos y se obtienen resultados, tanto en las organizaciones privadas, como en las públicas, como en las sociales.

Pasar de la teoría a la práctica, de la idea al resultado, es una verdadera epopeya.

Hay que entender que estamos en un momento del tiempo similar al de un período de guerra. Quien no lo entienda así, quien no lo enfrente así, se convertirá en un lastre y en un estorbo para la dinámica organizacional requerida para pretender salir adelante.

Hay que hacer en menos tiempo lo que antes daba espera. Hay que revisar y ajustar los presupuestos, hay que ajustar y cumplir con los cronogramas, hay que evaluar y revaluar el portafolio de productos y servicios, hay que escuchar las sugerencias de los funcionarios en caso de que sean propositivos, hay que liberar las cargas fijas y tratar de convertirlas en variables, hay que mantener o crecer los márgenes de contribución gracias a ejercicios que permitan mejorar la eficiencia y la eficacia de los procesos, hay que sacarle mayor provecho a los activos y capacidades instaladas y ante todo, ser flexibles, proactivos, creativos, innovadores, ágiles y fluidos en el implementación, es decir, hay que hacer que las cosas sucedan.

Además, es necesario saber si lo que se tiene es un negocio cuyos ingresos dependen de eventos de alta probabilidad y bajo impacto ‒bajos márgenes‒, lo cual lleva necesariamente a la exigencia de los volúmenes, o si dependen de eventos de poca probabilidad y alto impacto, ‒negocios grandes‒, lo cual nos lleva a la búsqueda de altos márgenes.

Mención aparte merece la necesidad de mantener unido y motivado al equipo o grupo de trabajo. Todos tenemos intereses particulares, presiones individuales, familiares, empresariales, académicas, compromisos económicos y proyectos en remojo y además tenemos que atender y rendir en todos los frentes. Es así de duro, pero esa es la realidad que nos ha correspondido vivir.

La forma histórica de hacer las cosas, la reverencia a lo tradicional, ante esta coyuntura, podrían convertirse en la soga que apriete nuestro cuello y nos ahogue.

Es el momento no solamente de controlar gastos, sino, paralelamente, de generar más ingresos.

Uno no puede quitarle el oxígeno a la organización recortando gastos y costos de manera indefinida: si no hay cuidado con esto, podemos terminar anulando a la organización.

También es el momento de los sacrificios, de realizar contribuciones haciendo labores marginales, redistribuyendo cargas, de buscar economías de escala, de hacer realidad las integraciones horizontales y verticales en caso de que sean aplicables a la organización en particular, de no duplicar esfuerzos, de hacer las cosas bien desde la primera vez, que no haya que repetir mucho, que no congestionemos con reuniones permanentes, que dejemos trabajar a la gente.

No es el momento de remilgos, ni de debilidades, ni de contemplaciones, ¡Es hora de actuar!

¡Buena suerte y buena mar!

Nota: como es tradicional, el nombre propuesto para la nueva mal llamada reforma tributaria, “Proyecto de Ley de Solidaridad Sostenible”, es bien intencionado y es engañoso, pues trata de desvirtuar el verdadero sentido del proyecto de ley: asegurar un recaudo adicional para solventar la caja del Gobierno.

martes, 13 de julio de 2021

De cara al porvenir: guerra anunciada

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Si tuviéramos buenos gobernantes, que no los tenemos, y si tuviéramos al menos un solo estadista, que tampoco lo tenemos, es claro que hay que reconocer que los paros, las movilizaciones, las marchas y los bloqueos a las carreteras no se van a acabar en el tiempo, y que, ante el orden de cosas y el incumplimiento por incapacidad de las obligaciones constitucionales por parte del Estado, pues tenemos que prepararnos para cuando cada cierto tiempo, sucedan acciones y eventos semejantes.

Partimos del respeto por el derecho a la protesta y el rechazo a los actos violentos de todo tipo.

Los bloqueos afectan la libre movilidad, el suministro de comida y el acceso a combustibles en algunas ciudades.

Tenemos tres enormes “talones de Aquiles” con respecto a los bloqueos. La mayor parte del transporte está concentrado por carretera, no contamos con la logística para almacenar alimentos en adecuada cantidad y calidad, y a estas alturas del partido, todavía tenemos que transportar combustibles a través de carrotanques.

Si en este país de incompetentes, ineptos y mediocres alguien al menos planificara, pues tenemos tres grandes objetivos por desarrollar en el corto plazo, independiente del gobernante de turno, para mitigar el impacto de los bloqueos.

Ponerle plazo final a la construcción y reconstrucción de nuestra red férrea nacional para tener una alternativa real, inmediata y poco costosa al transporte por carretera, lo cual permite un transporte masivo de mercancías, materias primas y comida, entre ciudades, y entre puertos y ciudades. También tener claras estrategias para poner a funcionar de manera inmediata, puentes aéreos para movilización de alimentos y productos de urgencia.

Qué pena tener que mirar al pasado, pero tenemos que volver a crear una entidad semejante al antiguo Instituto de Mercadeo Agropecuario -Idema-, no solo para justificar la existencia del actualmente débil Ministerio de Agricultura, sino para que, por fin, entremos en conciencia de trabajar por la autonomía y la soberanía alimentaria y podamos garantizarle a nuestros campesinos, herramientas concretas y prácticas de comercialización y de precios de sustentación, como requisito  estructurante para poder hablar con seriedad y con alguna posibilidad de éxito, de sustitución de cultivos ilícitos.

Aumentar la red de oleoductos y gasoductos que deben llegar como mínimo a todas las ciudades capitales y a los puertos especializados, para no depender de la posibilidad de que los carrotanques se puedan desplazar.

¿Será mucho pedir? ¿Hay que ser posgraduado para poder pensar en estas soluciones inmediatas? ¿Por qué los representantes de todos los sectores de la institucionalidad no hacen propuestas pragmáticas para solucionar problemas?

En medio de la Gran Depresión, atendiendo las recomendaciones de Keynes y para poder jalonar la economía y generar rápidamente puestos de trabajo, los Estados Unidos aceleraron el proyecto de construcción de la red interestatal de carreteras, teniendo la previsión de que donde la topografía lo permitiera, se generaran trayectos de 3 o más kilómetros en línea recta para, simultáneamente a la vía carreteable, se tuviera una red de pistas de aterrizaje de emergencia, por lo que pudiera pasar.

Eso solo lo piensa una sociedad previsiva. Ahora que Colombia ha tratado por fin de desatrasar la construcción y modernización de nuestra malla vial, gracias a las llamadas Autopistas de la Prosperidad, ¿Creen ustedes que hayamos tenido la mentalidad previsiva de aprovechar conscientemente los trayectos en línea recta para tener también algunas pistas de aterrizaje de emergencia o para uso militar? La respuesta contundente es NO. Por eso hemos sido, somos y seguiremos siendo por un largo tiempo, un país subdesarrollado.

Los colombianos no necesitamos empleos temporales para paliar la coyuntura. Necesitamos empleos dignos y estables.

Los colombianos no necesitamos programas asistenciales para que nos regalen dos semestres de matrícula. Necesitamos que la educación en todos los niveles tenga opciones de gratuidad.

Los colombianos no necesitamos sistemas de salud ineficientes y excluyentes. Necesitamos un sistema de salud preventivo y correctivo básico y equitativo.

Algunos teóricos de la economía a nivel planetario hablan de una renta básica universal. Como nosotros estamos acostumbrados es al manejo politiquero de los subsidios (con honrosas excepciones), pues no alcanzamos a dimensionar la magnitud de esta propuesta, que hace sentido.

Los colombianos necesitamos gobernantes que nos expliquen de modo Coquito, que, para poder pensar en las anteriores soluciones, pues tenemos que pagar impuestos para poder lograrlo. Y que para eso hay que pensar en refundar nuestro sistema tributario. Y para que lo anterior sea posible, pues hay que extirpar el flagelo de la corrupción.

No estoy hablando de cosas imposibles. Miremos la organización de los Estados Nórdicos. ¡Sí se puede! Pero hay que cambiar nuestro chip que hace que justifiquemos vivir al borde de la legalidad-ilegalidad y pensar en un proyecto de transformación cultural, antes que, de transformación digital, teniendo como instrumento un adecuado sistema educativo.

De no hacerlo, pues preparémonos o resignémonos para vivir el resto de nuestros días y los días de las generaciones futuras, en un país mediocre, subdesarrollado, pobre, inequitativo y corrupto.

¿Muy halagüeña esta radiografía del porvenir? ¿Cierto que no? ¡Pues trabajemos para que eso no sea así y reconozcamos y aceptemos que no por hacer más de lo mismo, podremos esperar resultados distintos!

NOTA: en medio de la actual coyuntura, socio-económico-política y pandémica, el Congreso Nacional ha evidenciado una vez más, su falta de altura. ¡Qué lástima, pero eso es lo que hay!

martes, 18 de mayo de 2021

De cara al porvenir: el futuro siempre llega

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal*

Era el final del año 2019 y en varios países suramericanos había manifestaciones y marchas contra el estado de cosas. Uno de los países que más padeció este sacudón fue Chile, y Colombia obviamente no fue la excepción.

Los promotores del paro y el Gobierno, como casi siempre ha ocurrido, se sentaron en una “mesa de diálogo” y se firmaron varios acuerdos. Pregunto por simple curiosidad si alguno de ustedes se acuerda de lo pactado. Como la respuesta generalizada es que no, pues tampoco serán conscientes que nada de lo acordado se ha evacuado de manera completa y que la mayoría de los puntos ni se han tocado.

Como casi siempre ha sucedido, aquí jugamos a que el tiempo disipe las tormentas y adormezca las memorias, máxime cuando de por medio se atravesó una pandemia que trastocó todo tipo de prioridades. Pero una cosa es el nuevo afán, y otra muy distinta es que a la gente se le hubiera olvidado que había marchado, protestado y firmado un acuerdo y que, a la hora de las evaluaciones, muy poco se había avanzado, como ha sucedido paralelamente con el Acuerdo de Paz.

Gobiernos que pasan de agache, que incumplen acuerdos y no respetan la palabra empeñada, son parte del paisaje tradicional colombiano, situación que evidencia la fragilidad de nuestro pretencioso Estado.

En el sector privado también existen ejecutivos expertos en no hacer nada, en no comprometerse con nada, en no tomar posición, en estar enfocados y asociados a todos los lugares comunes y a no resolver los problemas que le dan origen a haber sido vinculados.

Aparece un simple detonante como lo ha sido una extemporánea, fallida, rimbombantemente bautizada y mal llamada reforma tributaria, y las aguas vuelven a buscar el cauce dejado atrás temporalmente, agravado por la pobreza y la iniquidad crecientes, digamos que por causa de la pandemia.

Nada justifica los desmanes. Nada justifica los incumplimientos. Ahora bien, habría que reflexionar bajo la teoría de la construcción de escenarios, que hubiera pasado con la reforma tributaria si la gente no sale a protestar. Personalmente, considero que ya la habrían aprobado. Perdió el Congreso colombiano una oportunidad única de manifestar un interés real por los problemas del ciudadano del común, habiéndose manifestado con firmeza y al unísono en contra de la reforma y abriendo un abanico de posibilidades alternas, pero no lo hizo. Solo se manifestaron abiertamente en contra el Partido Liberal y Cambio Radical en cabeza de sus máximos dirigentes, el expresidente Gaviria y el doctor Vargas Lleras.

Corresponde a estos dos partidos políticos ser consecuentes y no apoyar ninguna propuesta alternativa de reforma tributaria en el corto plazo, pues ambos se expresaron en contra del momento en el cual se estaba presentando, el cual, es a todas luces inoportuno, y cuyo estado de cosas en el corto y el mediano plazo, no van a cambiar.

Otro gran interrogante, y otra gran frustración, en términos de desarrollo nacional, es la triste realidad que viven los tres importantes departamentos del Sur Occidente del país, ante la imposibilidad de movilizar comida y combustibles.

Es cíclico que cada que hay un fuerte invierno o hay protestas, las carreteras de esta región quedan bloqueadas, lo que afecta naturalmente el transporte de alimentos, pero, y he aquí el gran interrogante, ¿no se le ha ocurrido al Ministerio de Minas y Energía, o a Ecopetrol, o al organismo gubernamental que le competa, construir un oleoducto que permita garantizar el suministro de combustibles y de igual manera descongestionar las vías repletas de carrotanques ante acontecimientos históricos  ya previsibles?

Mis alumnos son testigos de una sentencia que les he compartido en clase a través de los años y que dice que, en Colombia, se aplica aquello de “Para que hacer las cosas fáciles, si las podemos hacer difíciles”.

Ahora bien y ante la ineptitud demostrada por algunos miembros de nuestra clase dirigente, recordemos a Ángel Marcel cuando dice, parodiando el refrán de que “Aunque la mona se vista de seda ¡Mona se queda!”: “Aunque la gente de pieles se vista, gente se queda”.

domingo, 9 de mayo de 2021

Ayuda a Colombia desde el exterior

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

- No más noticias falsas, digamos la verdad.

Pedimos ayuda a todos los colombianos y a los amigos del país que viven en el exterior, a nuestros embajadores, a los cónsules y conciudadanos.

Por favor contactemos por redes, por medio de llamadas directas, e-mails o cartas a medios, periodistas, representantes políticos locales y a influenciadores digitales para que les expliquen lo que realmente está pasando en Colombia.

Hoy una sumatoria de violentos incitados por propaganda y dineros subversivos, sube a las redes información falsa contra la policía y el gobierno de Iván Duque, nos inundan de noticias falsas e historias a medias que luego activistas en redes, corresponsales y agencias de medios, HRW y hasta la ONU, se apresuraron a difundir, sin analizar la verdad de lo que acontece, generando oleadas de enunciados sobre percepciones falsas que a la vez desencadenan violencia, brutalidad digital y multiplicidad de ciberataques.

Las protestas en Colombia son en su gran mayoría violentas y destructivas, y organizadas con el propósito de destruir valor y crear pánico y más inseguridad ciudadana. El Comité del Paro, es una fachada para encubrir actividades destructivas, terroristas y subversivas contra la sana convivencia ciudadana y el estado de derecho.

Los disturbios son financiados por el narcoterrorismo y están inspirados por el movimiento “Colombia Humana” liderado por Gustavo Petro (ver: M-19), cuyo objetivo es la toma del poder por medio de actividad política fundamentada en la protesta ciudadana, quien está acompañado de otros líderes que fueron guerrilleros y por narcoterroristas autores de crímenes impunes de lesa humanidad, que fueron llevados al parlamento por el fallido proceso de paz de Juan Manuel Santos con las FARC.

Están además infiltradas en la organización de actividades terroristas, el G-2 Cubano, pandillas conectadas con el régimen comunista venezolano, y milicianos urbanos narco-terroristas de las FARC y ELN, liderados por los prófugos de la justicia colombiana que operan todo tipo de actividades criminales desde territorio venezolano y por las llamadas disidencias de las FARC-EP, que se identifican como “Movimiento Bolivariano” y que están apoyados por el dictador venezolano Nicolás Maduro y el líder Diosdado Cabello.

Los disturbios y actos de violencia destructiva urbana y sitio estratégico para desabastecimiento e inmovilización de las grandes ciudades colombianas hoy son apoyados por los alcaldes de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Santa Marta, Zipaquirá y otras ciudades que se suman a una extrema izquierda vinculada a organizaciones crimínales que operan y actúan como guerrilla urbana.

Entre las organizaciones dedicadas a pagar jóvenes para cometer actos vandálicos y linchar y matar policías se destacan el nuevo JM-19, el sanguinario ELN y Las FARC-EP que resurge con fuerza y que, como se dijo antes, hoy cuenta con representantes, miembros activos en el parlamento, utilizando lo que siempre han pregonado como: la combinación revolucionaria de todas las formas de lucha por el poder.

Las manifestaciones que se presumen pacíficas sólo cuentan con un pequeño grupo de marchantes que protestan por un sentimiento genuino de inconformidad. Los grupos guerrilleros organizadores respaldados por dineros ilícitos amenazan líderes sindicales y líderes de gremios transportadores y de otras profesiones, obligándolos a participar o pronunciarse en favor de los paros.

La realidad es que, con dineros sucios de FARC, ELN y narcotráfico, pagan y movilizan comunidades indígenas, jóvenes pandilleros urbanos organizados en grupos de vándalos dedicados al microtráfico de estupefacientes, que con el fin de destruir la funcionalidad de las ciudades, atacan sistemáticamente objetivos estratégicos como el transporte masivo, los puntos de fácil suspensión del tráfico vehicular y la destrucción de centros de servicios comunitarios como bancos, supermercados, tiendas, centros comerciales y centros de salud.

Defendamos a Colombia y sus ciudadanos de bien, y apoyemos a un presidente y un gobierno honorable, trabajador y bien intencionado, que se ha dedicado a construir con ejemplo de sensatez y mesura, una cultura de la legalidad y a respaldar un empresariado que genera y mantiene empleos en medio de la gran crisis por la cual atraviesa en mundo debido al COVID-19.

Promover e incentivar marchas, actividades y congregaciones masivas pacíficas o violentas en medio de la emergencia pandémica por la que pasa el país no solo es un acto inhumano e irresponsable, es doloso y delictivo.

viernes, 30 de abril de 2021

País complejo el nuestro

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Desde que me conozco decimos, entre otras expresiones: estamos muy mal, vivimos los momentos más difíciles de nuestra historia, el país atraviesa una profunda crisis, hemos tocado fondo. Mejor dicho, estamos en la olla, estamos llevados, esto no lo arregla nadie, en fin… Esa realidad puede ser cierta, pero también es cierto que se volvió paisaje, es decir, nos acostumbramos a convivir con ella, nos parece natural o normal y en ese sentido somos unos conformes y resignados masoquistas sin arreglo.

Bien mal que estamos ya por los letales efectos de la pandemia, como fenómeno global de salud pública, que ha desencadenado una recesión económica sin precedentes pues ha afectado a más de medio mundo y, en vez de buscar solidariamente y en conjunto salidas a tan difícil situación, vamos en contravía equivocándonos reiteradamente, actuando como irracionales, como si realmente le apostáramos a un suicidio colectivo.

Colombia, per-se, es un país muy rico, con recursos suficientes como para competir con otros rankeados como los más ricos del mundo. Alguno decía hace tiempo que somos tan ricos, pero tan ricos, que al país se lo roban diaria y descaradamente y ahí sigue. Nuestro problema siempre ha sido de inequidad y de injusticia, caldo de cultivo para el descontento, la protesta, la inseguridad, el vandalismo, la violencia armada y la guerra civil no declarada. Por décadas hemos sembrado vientos y ahora estamos cosechando tempestades. ¿Por qué nos sorprendemos?

También, con el correr de los años, se ha desarrollado exponencialmente un virus con múltiple variedad de cepas, que ha sido peor que la más grave de todas las enfermedades: la corrupción. Un mal que ha perneado por doquier, que anda rampante y victorioso porque, cuando quisieron vacunarlo, medio país no quiso o no le importó. Y la clase politiquera y rastrera no quiso tramitar la ley anticorrupción en el Congreso, porque era ponerse el cuchillo en el pescuezo y eso nunca puede ser posible para la rapiña y voracidad insaciables que les asiste. Esa misma calaña que prefiere el negocio lucrativo de la guerra a una paz vuelta jirones. ¿Ustedes no creen que eso es un insulto y una afrenta para el pueblo?

Se plantea una necesaria reforma tributaria, pero se plantea mal. Eso ha enardecido a toda la sociedad y ha dado pie para que los agitadores y oportunistas aprovechen la ocasión y hagan su agosto. Qué cuentos de cuidarse. Salieron a contagiarse masivamente para cargarse de toda clase de males e infectar a los suyos. Y otros salieron a robar, saquear y destruir, para acabar con lo poco bueno que todavía tenemos. Insensatos y estúpidos que solo invitan a la provocación y la represión para después quejarse de que les violan los derechos.

Se trata de gente sin educación y que no piensa, producto de la decisión política de apostarle más a la guerra que a la educación y me refiero al Estado y también a un magisterio que se la pasa en marchas y protestas en vez de estar dando clase, educando, formando la conciencia crítica de las nuevas generaciones que van a dirigir este país. País complejo el nuestro, ¿no les parece?

miércoles, 28 de abril de 2021

Alternativa: prepago deuda y recorte radical

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Nadie puede negar que el gobierno hoy necesita dinero en enormes cantidades para seguir funcionando y evitar un colapso social, pero el camino escogido, el de una reforma desesperada y desesperante, constituye un recurso extremo que destruye la clase media, esteriliza la economía y pavimenta la llegada de Petro.

El ministro de Hacienda nos informa que tiene caja para cinco o seis semanas. ¿Cree que con esa insólita amenaza, el Congreso, despavorido, va a votar su proyecto? Si su Ministerio tiene centenares de funcionarios de altísima competencia, ¿cómo es posible que el titular no haya, con antelación de un año o siquiera de ocho meses, previsto lo que se venía como efecto de la pandemia?

Un ministro zahorí —aun sin los cartones del actual— podría haber adelantado oportunas negociaciones para reducir, reprogramar, refinanciar y modular la deuda externa, con el propósito de precaver el amenazante default al que estamos abocados.

No obstante, los gastos imprevistos pero necesarios debidos a la pandemia, el gobierno no recortó el enorme despilfarro estructural que caracteriza el gasto público a partir de 2008.

A diciembre 31 de 2020, la deuda pública externa llegó a US $89.699 millones, cifra superior en US $15.864 millones, registrada doce meses antes.

Por su lado, a 31 de diciembre de 2020 la deuda pública interna alcanza 390 billones de pesos.

La amortización de ambas deudas está presupuestada para 2021 en 70.5 billones de pesos.

El servicio de la deuda externa pública es del orden de US $6.000 millones (unos 22 billones de pesos), y el de la deuda interna pública es de unos $49 billones.

Si el hueco negro de la Tesorería es de unos $90 billones en el presente año, hay que actuar rápida y eficazmente. Por tanto, nadie entiende que se pueda subsanar con los $25 billones de una reforma que no le van a aprobar al gobierno.

Hay necesidad entonces de tomar medidas extremas, pero sin hacer explotar el modelo económico y social. Posiblemente ha llegado el momento de “quemar” reservas internacionales. Estas alcanzan la suma de US $52.995 millones. Si el país prepaga unos US $40.000 millones, podría reducir algo así como US $3.000 millones el servicio de su deuda externa, aliviando en cerca de diez billones de pesos la Tesorería.

Pero como este alivio no sería suficiente, el país tiene que enfrentar la realidad y tomar determinaciones como:

1.    Dejar de contraer nuevo endeudamiento diferente al requerido para mantener estable el monto y el perfil de la deuda externa pública.

2.    Rebajar los gastos del Estado siquiera en un 20-25%.

3.    Detener el explosivo crecimiento de la deuda pública interna.

Todo lo anterior es difícil. Requiere voluntad política. El imprescindible ahorro puede comenzar por los diez billones anuales que cuesta complacer a las FARC con gastos absolutamente innecesarios.

Si seguimos gastando, gastando y gastando, todavía podremos aplazar el default, cada vez más oneroso, por algún tiempo, hasta que lleguemos a una situación como la de Grecia o Argentina, con imposición de ajustes más brutales aun que los propuestos por el actual gobierno.

También es posible que el país no requiera financiación después de agosto 2022, cuando Petro cambie el modelo, repudie la deuda pública externa e interna, y nos permita disfrutar de las alegrías de la emisión incontrolada del socialismo del siglo xxi.

Estamos expuestos al peor de los aterrizajes, pero, sin embargo, hay muchos optimistas que piensan que la pandemia mundial también es económica y que, por tanto, estamos en vísperas de un nuevo y benévolo orden financiero y monetario global, para dejar atrás tanto dolor y ruinas…

Esta visión económica idílica es propia de la política - ficción en que vivimos, donde, como esto no es Venezuela… ¡aquí no pasará finalmente nada!

viernes, 23 de abril de 2021

Tras de cotudos con paperas

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Nunca, que yo recuerde, al pueblo le ha gustado pagar impuestos. Tributar a las arcas del gobierno es una práctica que ha existido siempre porque se necesita plata para costear el gasto público, pero, repito, que le toquen la bolsa a la gente no es de buen recibo, máxime cuando se sabe que los recursos se malgastan, o se derrochan o, peor aún, se los roban. Aquí y en Cafarnaúm. A Mateo, el compañero de Jesús, que era cobrador de impuestos para Roma, lo miraban mal sus coterráneos. Y en estas latitudes la caída del colonialismo español comenzó a gestarse desde 1781 con la revolución comunera que protestaba precisamente por el cobro excesivo de impuestos.

Las reformas tributarias, llámense como las quieran llamar, no son populares, para este o para el gobierno que le toque, en el país que sea. Por un lado, se sabe que el erario requiere robustecerse para afrontar tantos y tan complejos frentes que debe atender, pero por otro, su inconveniencia radica en la coyuntura en que se propone. El palo no está para cucharas. Además, lo que más molesta es que afecte fuertemente a algunos (que suelen ser los de clase media) y a otros no (que suelen ser los de clase alta). Esa inequidad resulta ofensiva y quienes conocen la propuesta a fondo, saben a qué me refiero. El momento es inapropiado por la pandemia y sus secuelas de todo tipo. La clase política criolla se está jugando en mucho su futuro y si hubiera juicio y sensatez, preocupación honesta por el bien común que no por sus propios intereses, más allá de distingos y diferencias, se construiría una propuesta mejor y más justa. Personalmente me preocupa la protesta social, no por el derecho legítimo a la protesta sino porque, en las actuales circunstancias, puede ser manipulado por agitadores del caos y la violencia.

Para colmos, cuando la cosa está caliente, veo con sorpresa en las redes sociales, la noticia de que la ministra de Educación sale a decir que los estudiantes pueden cambiar la clase de educación religiosa por otra asignatura. Tan nefasta propuesta duele, no porque yo sea cura, sino porque como educador que soy veo con espanto cómo, poco a poco, del plan de estudios se van expulsando las áreas del saber humanista, una decisión radicalmente equívoca e infeliz, que está destruyendo la formación integral de nuestros niños y jóvenes, siembra vientos para cosechar tempestades, tiro por la culata que significa un auténtico suicidio colectivo. Con desdén se han ido suprimiendo las cátedras de urbanidad, educación cívica, comportamiento y salud, redacción y ortografía, religión, geografía, historia, filosofía, ética, etcétera. Mejor dicho, esas que forman personas, ponen a pensar críticamente, pero no dan dinero, no son rentables.

Diría la abuela, “tras de cotudos, con paperas”. Bien mal que ya estamos por erróneas decisiones de todo tipo, cojeando como sociedad andamos, y ¿le pegan un tiro a la pata que está renca pero todavía funciona? ¡Por Dios! Estamos graves, muy graves. No sé en qué están pensando quienes procediendo de esta manera nos conducen derecho al abismo. Lo triste es que no hay de dónde escoger. ¿Que entre el diablo y escoja? Nooooo, qué horror. ¡Qué duro será el juicio de la historia sobre quienes pudiendo arreglar esto, lo acabaron de dañar!

viernes, 9 de abril de 2021

Vuelve la mula al trigo

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

El coloso del humorismo, como se le denominaba al artista uruguayo Hebert Castro, nos hacía reír a carcajadas cuando para narrar una tragedia contaba: “se le dijo, se le advirtió, se le recomendó… pero no hizo caso…y quedó haga de cuenta como… pero sin…”. Es lo que nos está pasando actualmente a los colombianos. Tercos a más no poder, empecinados en equivocarnos estúpidamente, estamos en el ojo del huracán con este tercer pico de la pandemia.

No contentos ni hartos con un año de encierro, cuando se abrieron las compuertas a finales del año pasado, la gente se desbocó para explotar sus represiones contenidas durante meses y dio ocasión a un segundo rebrote que por poco nos amarga el comienzo del año. Vueltos a la normalidad e iniciada la vacunación, la gente creyó que el peligro había cesado y con ocasión del puente de San José y la Semana Santa volvió a desbordarse. De nada sirvieron comerciales por los medios, ruegos y súplicas del personal de la salud. No. Había que desfogarse los reprimidos y dar rienda suelta a las necedades más absurdas: concentraciones masivas en fiestas y bacanales a puerta cerrada, paseos imprudentes sin observar las más elementales exigencias: tapabocas, distanciamiento, lavado de manos. “Ancha es Castilla” y todos se sintieron entre inmunes y autorizados por su engreimiento y arrogancia a abrazarse y besarse, confinarse en grupos estrechos para tomar licor y relajarse. ¿Resultado? El colapso de la mayoría de los centros hospitalarios del país. Miles de contagiados diarios, ucis a reventar y cantidades de muertos otra vez. No entendemos. No aprendemos.

Sinceramente no entiendo a mis congéneres. Supuestamente razonables e inteligentes, algunos dizque muy versados y preparados académicamente, hastiados de información sobre el COVID-19 y su manejo, aburridos de estar meses enteros encerrados en casa, afectados económicamente por el cierre, supuestamente impactados de ver tan dramáticas muertes incluso con personas queridas y conocidas. No fue suficiente. Y eso solo nos pasa a nosotros, porque en las especies animales cercanas a los humanos, cuando se reprende a un gato o a un perro, jamás repite el error. En cambio, nosotros sí. Nos vamos al hoyo y nueva y gozosamente repetimos. ¡Es proverbial la tontería, es grandilocuente la insensatez!

Como van las cosas, dicen algunos expertos, el fenómeno de los picos será cíclico hasta tanto no se alcance la famosa inmunidad de rebaño. Lo que pasa es que el rebaño está alborotado, por no decir desquiciado, y quiere ofrendar más vidas humanas a la parca. Las evidencias no parecen conmoverlos y muchos seguirán creyendo que todo es un invento, un auténtico cuento chino traído de Wuhan. ¡Increíble! Oye tú que me lees: ¿será muy difícil usar tapabocas, lavarse las manos y guardar distanciamiento? Bueno: se le dijo, se le advirtió, se le recomendó… ¿no hizo caso? Entonces, ¡descansa en paz!

lunes, 5 de abril de 2021

Señor presidente Iván Duque

Por Antonio Montoya H.*

Le escribo esta columna desde Medellín, donde su padre fue gobernador y desarrollo su carrera política, que es el meridiano de Colombia porque lo que aquí pase, pasará en Colombia. Con ello no quiero demeritar otras regiones, ni más faltaba, donde conozco a hombres y mujeres brillantes, preparados y con gran sentido social, que luchan y se esmeran porque su tierra sea productiva y fecunda.

Su familia y usted pertenecen a esa estirpe de hombres que se prepararon, se formaron en la adversidad y triunfaron, eso sí acompañados de otros ilustres compatriotas que dieron brillo a nuestra patria y murieron muchos de ellos en combate o asesinados por los enemigos. Es el caso José María Córdoba, Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos, Álvaro Gómez Hurtado y muchos otros, que bien los describe Julio Gonzalez Villa, en sus importantes narraciones de la historia de Colombia, William Ospina, Alfredo Iriarte, Otto Morales Benítez, Jorge Orlando Melo y demás historiadores colombianos.

Todo este preludio para decirle que a usted le ha tocado gobernar en una de las épocas más difíciles de nuestra democracia, con una honda crisis económica y social, con un país dividido por un grupo político de izquierda, que no ha contribuido al engrandecimiento de nuestra patria, que no genera ideas para ser mejores, sino que tiene como objetivo único la toma del poder para convertir a Colombia en un antro social y económico, igual a Venezuela, Nicaragua, Bolivia y posiblemente a Argentina y Chile. Sera así, si los colombianos no entendemos que como bien lo dice el mismo Gustavo Petro, su proyecto político es a 15 o 20 años, es decir el acabose.

Hemos construido en doscientos once años (211) a Colombia, una república democrática, participativa y socialmente responsable, dándole oportunidades a todos para mejorar, para darles mejores condiciones de vida de calidad, educación gratuita en el bachillerato, y en las universidades públicas, subsidios de vivienda, subsidios a las familias, empleo formal, salud con cobertura casi que al cien por ciento (100%) de la población, protección a los indigentes, mujeres en riesgo, es decir, por todos lados se busca acabar con la inequidad social y el atropello de los bandidos.

Y copiando texto de un artículo de Luis Guillermo Echeverri, agregaría lo que él dice “Colombia necesita la continuidad del camino trabajador y honesto, constructor de legalidad, que le ha marcado al país el actual presidente en medio de dificultades sin precedentes. No es criticando al gobierno que se conserva el espíritu democrático. Miremos bien en la frontera nororiental y en nuestras calles, las consecuencias de haber dejado descarrilar los valores esenciales de una democracia”

El trabajo que usted está haciendo, en época de plena pandemia, con cuarentenas incluidas, con disminución de picos de enfermedad para luego ver cómo se elevan hasta llegar a saturar el sistema de salud y usted ahí, firme, poniendo la cara, negociando vacunas con el mundo, atendiendo emergencias, gobernando con mesura, es pues un ejemplo de ecuanimidad y cordura.

Pero, todo eso señor presidente, se puede ir por la borda, si usted insiste en presentar una reforma tributaria a consideración del Congreso, aun cambiándole el nombre, porque al final es igual, más impuestos, más gravámenes y por ende más problemas a los ciudadanos y a los empresarios. No se equivoque, no se deje llevar por quienes, en plena época de crisis económica y social, pasan por ser los gurúes de la economía, estos señores no tienen alma, son pragmáticos, si hay desface y déficit pues la conclusión es más impuestos, y este asunto no es así, hoy más que nunca debemos tener un sentido humanitario en la economía, luego se lo agradecerán, dedíquese a controlar la evasión, la corrupción y así nos evitamos muchas reformas tributarias.

Todos aquellos grupos de izquierda, esperan ansiosamente que usted presente al Congreso el proyecto de reforma, para salir todos contra usted y su gobierno, tildándolo de masacrador de la clase trabajadora. Se apalancarán para la campaña y no habrá forma de derrotarlos porque ahí surgirá el populismo a su plena capacidad para acabar con la democracia y usted saldrá perdiendo y por ende el país mayoritario que cree en la democracia, en la libre empresa, la libertad de expresión y de culto, en la igualdad, la justicia y la equidad. Es el momento para que pare, piense y analice que no es oportuno impulsar reformas, por el contrario, hay que incentivar a los empresarios para que creen empleos, a los innovadores para que luchen por sus proyectos, a los campesinos para que defiendan sus parcelas y a los ciudadanos de bien para que no coman cuento, de lo contrario no habrá democracia.

martes, 16 de marzo de 2021

De cara al porvenir: hace un año

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal*

Hace un año ya que tímida y casi que ingenuamente, comenzábamos a enfrentar el primer hito histórico del presente siglo: la aparición de una pandemia.

Primeros síntomas considerados como lejanos y focalizados comenzaban a ser tenidos en cuenta en los titulares de los noticieros, hasta que la Organización Mundial de la Salud, me imagino que, superando presiones desde todos los ángulos, finalmente se atrevió a hacer el anuncio que no esperábamos: El mundo enfrenta una pandemia.

Ni siquiera el Foro Económico Mundial del 2020 en sus documentos anuales, mencionaba el asunto, ya por desconocimiento, ya por omisión consciente, a pesar de la sintomatología y las noticias que se iban propagando.

Los gobiernos del mundo comenzaban a reaccionar estupefactos ante el convencimiento de que ningún país, ni ninguna institución planetaria estaba preparada para enfrentar, ahora sí, por fin, un asunto de carácter planetario.

Aprendimos a ver como de manera formal, los gobiernos de todo el mundo comenzaban a tomar medidas, todas de buena fe, en medio de un desconocimiento total del asunto y de una completa incertidumbre. Es decir, la improvisación se convirtió en el pan nuestro de cada día y todos éramos testigos de la restricción en orden creciente de elementos básicos de la democracia: restricción a la movilidad, impedimento para trabajar, así como cuarentenas de corto plazo, invitación a los ciudadanos para que se comportaran responsablemente, entre otras varias medidas.

Apareció una nueva jerga donde palabras como coronavirus, COVID, confinamiento, UCIS (unidades de cuidados intensivos), cuarentena y autocuidado, se volvieron significativas y recurrentes.

Todos los días aparecían (y siguen apareciendo) rankings alrededor del número de contagiados, número de muertos, ocupación de UCIS y personas que superaban el contagio, los cuales mirábamos entre estupefactos e incrédulos.

Como toda situación humana, las reacciones fueron diversas con respecto, por ejemplo, al personal médico que, por su trabajo, debía exponerse al contagio: unos los miraban como un peligro por la posibilidad de irradiar contagios y otros los miraban como a unos héroes.

Se hizo evidente que la vulnerabilidad y la iniquidad eran comunes denominadores a lo largo y ancho del planeta: La figura de la democracia estaba siendo juzgada por su incapacidad de haber generado condiciones dignas para todos los ciudadanos, sin que los otros modelos mostraran nada diferente.

Se desnudó la pobreza, la desigualdad y la iniquidad planetaria. Se evidenció la incapacidad de una clase política mediocre y la incultura ciudadana sin distingo de estratos en un país como Colombia.

Politiqueros oportunistas se echaban sus discursos inconexos, sembrando zozobra e incertidumbre por todos los continentes, y, cada quien, a prueba y error, reaccionaba con medidas propias y solo el tiempo diría si resultaban efectivas o no.

Afortunadamente el aprovisionamiento de alimentos no estuvo afectado para aquellos que tenían recursos para adquirirlos y los gobiernos trataban, a punta de subsidios insostenibles en el tiempo, de paliar la emergencia con los ciudadanos más vulnerables y las empresas, que también mostraron su real capacidad y dimensión, evidenciando que tenemos más negocios que empresas, pero que esos negocios son quienes generan la más importante masa de vinculación laboral, ya sea formal o informal.

El confinamiento llevó a la transformación de las actividades laborales y educativas, lo cual dio cuenta de la capacidad de adaptación en medio de las restricciones en todos los ámbitos.

Retomando a Darwin, solo las especies que se saben adaptar son las que sobreviven. Esta especie humana tiene unos exponentes que efectivamente son capaces de reacomodarse y adaptarse y otros que no.

Para los últimos, no hay vacuna que valga.

martes, 2 de febrero de 2021

De cara al porvenir: la hora loca

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Lamentable a todas luces la muerte de cualquier ser humano por el tema de la pandemia. Sin embargo, la desaparición del ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo y la de Julio Roberto Gómez, presidente de la Confederación General del Trabajo de Colombia, coincidencialmente el mismo día, debe llamarnos la atención de que este virus no respeta ni credo ni condición. La cosa es en serio y no podemos relajarnos ni ante el uso obligatorio del tapabocas, ni ante la lavada continua de las manos, ni ante el distanciamiento social.

Ya lo aseveraba el gran pensador jesuita Pierre Teilhard de Chardin, que el árbol de la vida debía ser podado periódicamente. Sin embargo, es prudente que conscientemente no demos papaya.

Y hablando de temas filosóficos, está en el centro de la discusión en los círculos académicos interesados en el tema, si la filosofía se aprende o si la filosofía se hace. Discusión asociada hoy por hoy a la reflexión acerca de la vivencia ética por encima de la especulación teórica sobre la ética, donde el buen vivir y el buen comportamiento debe ser algo natural en la experiencia de vida, si queremos presentarnos como seres civilizados.

En medio del pandemonio noticioso, se hace evidente que una cosa es saber, y otra cosa es estar informado. La vertiginosidad de los acontecimientos, la turbulencia que desata las pasiones y la ligereza con la cual son tratados los temas, sin contar los intereses propios de los dueños de los medios de comunicación, hacen que nuestra realidad esté asombrosamente asociada a lo subrealista.

¿Quién sabe que sabe? ¿Quién cree saber? ¿Qué es lo que supuestamente se sabe? Digamos que existen las verdades oficiales de las cuales nos pegamos la mayoría de los humanos, para sentir algún tipo de seguridad ante la omnipresencia creciente de la incertidumbre.

La responsabilidad actual de los mandatarios de turno a lo largo y ancho del planeta los obliga a ser muy ágiles para visualizar, entender, comprender, analizar y evaluar el impacto de sus posibles decisiones. No es el momento de ser rigurosos en el análisis, pues se podría caer muy fácilmente en lo que algunos analistas califican y denominan como “La parálisis por análisis”. La velocidad de los acontecimientos y la necesidad de respuestas rápidas es hoy uno de los signos y las exigencias que traen nuestros tiempos actuales.

Esta pandemia nos ha puesto en evidencia, por fin, un fenómeno de carácter global, diferente a los ejemplos previos asociados únicamente a situaciones económicas.

Lo que sí es claro es que esta pandemia nos ha hecho reconocer que somos un planeta fraccionado, al cual le falta mucho camino por recorrer para que pueda ser observado y administrado como un organismo vivo, como un ente global. Hoy por hoy se requieren decisiones del orden planetario y lo que vemos es decisiones de bajísimo orden de magnitud y de poquísimo y verdadero impacto entre las unidades político administrativas nacionales y subnacionales, ante la carencia de una institucionalidad apropiada. Debería ser la Organización Mundial de la Salud la que determinara los protocolos planetarios, las medidas de implementación de encierros o de cuarentenas, la administración central de la producción y distribución de las vacunas, dando las pautas a seguir a todos los gobiernos del mundo sin distingos de ningún tipo, las cuales deberían ser acatadas por todos.

¿Qué se gana con que un país cierre sus fronteras si los otros las mantienen abiertas? ¿Cuál es el sentido real de la democracia entre países y dentro de los países cuando existen privilegios para el acceso a las vacunas? Personalmente pienso que esta situación será una estocada mortal para el sentido, la comprensión y la aceptación de la continuidad de los modelos mal llamados democráticos en el mundo.

Como sugería Daniel Bell, a las sociedades en los distintos niveles, hay que observarlas como seres vivos, como un organismo compuesto de muchas partes, o dicho más estrictamente, de muchos subsistemas.

Si el planeta no aprende a integrarse, si los países no se unen en sus respectivos interiores, pues tranquilos, este será el principio del fin de nuestra especie y nosotros seremos testigos pasivos, o mejor dicho, cómplices de tan estruendoso fracaso.

No sé cuál es el descreste por la insistencia del presidente Biden en su discurso de posesión invitando a los ciudadanos norteamericanos a que se unan, pues si no se unen, no saldrán adelante. Verdad de Perogrullo que algunos aceptan, pero no practican, comenzando por los pretendidos líderes caudillistas que hoy pululan en el mundo, como una peste paralela.

No sé ni entiendo que quieren decir las autoridades cuando ante los continuos asesinatos de líderes sociales y de reinsertados del proceso de paz, argumentan que no se trata de crímenes sistemáticos. Con el debido respeto o no conocen el concepto de sistemicidad o nos creen pendejos a todos.

sábado, 30 de enero de 2021

Audiencias en pleno pico del covid-19

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

El lunes pasado, atravesando el pico más fuerte de la pandemia, gracias a la cual ya superamos los cincuenta mil muertos, más de dos millones de contagiados y cuya tendencia de agravamiento del problema está marcado por las dificultades en poder contar con más médicos y demás personal de salud, más equipos, más medicamentos, más camas, etcétera, lo que ha implicado un trabajo adicional prioritario de todas las autoridades elegidas popularmente. Precisamente a estas autoridades se les sumó en su andar, está pandemia, con la que no contaban cuando decidieron emprender sus campañas y que concluyeron, luego de feroces y violentos comportamientos políticos, con su elección como mandatarios locales, donde se supone que es el juego democrático el que nos obliga a respetar los resultados.

A pesar de las inconformidades de los que pretenden revocar alcaldes, yo creo que el objetivo de las audiencias se cumplió y quedamos los ciudadanos enterados de los argumentos expuestos por unos y otros, directamente por los más interesados. Afortunadamente, por situaciones de bioseguridad y como medida de orden práctico y lógico, no dejaron hablar a todos los que querían hacerlo a favor y en contra; no habrían terminado todavía las audiencias.

Seguramente los promotores de las más de 40 revocatorias van a pedir camionetas blindadas y escoltas, para adquirir estatus, argumentando defenderse de la violencia que generan estos procesos; consecuencias: menos plata para el covid-19 y para los más vulnerables.

Personalmente pienso que este no es el momento oportuno para distraer administraciones, que están por todos los medios tratando de luchar contra la pandemia, que en su mayoría nos está dejando sin muchísimas personas de todos los géneros, edades y condiciones políticas y sociales; pandemia que seguirá arreciando sus picos, presumiblemente al parecer por las mutaciones del virus que se avecinan, hasta que todos estemos vacunados.

Es claro que tenemos que seguir de tapabocas, distanciamiento, aseo, cumpliendo todos los protocolos particulares establecidos para cada una de las actividades. Es clara la importancia del papel del Estado en el cuidado, vigilancia y control sobre nosotros los ciudadanos, en esta lucha tan dura e incierta contra el virus.

Lo que para mí no es claro, es la utilización de una estrategia política de un partido al que se suman derrotados de otros partidos y movimientos, estrategia orientada a sacar unos alcaldes que no son de su partido, aprovechando las difíciles circunstancias de desventaja en que se encuentran los gobernantes locales, por haberles tocado la pandemia.

Tener que utilizar recursos de tiempo, dinero y personas, en violentas peleas políticas, atenta contra las responsabilidades cívicas a que estamos obligados en estos momentos, donde deberíamos estar aprovechando para unirnos frente a la pandemia, frente a la salud, frente al ayudar y asistir a los más vulnerables, frente al enderezar los posibles errores que en su primer año de gobierno hayan podido cometer los alcaldes de otros partidos diferentes a los sectores del partido que están empeñados en recuperar las alcaldías, antes del vencimiento de los períodos constitucionales.

Ya se surtieron las audiencias en Medellín, Bogota y seguramente en otros municipios, donde extrañamente los niveles de aceptación de los alcaldes son altos, donde las relaciones con el gobierno nacional son en mi sentir, bastante buenas, porque han logrado coordinarse y obedecer, dentro de las sanas discrepancias, al presidente y sus equipos de trabajo. Donde las autoridades de vigilancia y control, no se han pronunciado sobre los presuntos desmanes denunciados, lo que evitaría estos tediosos y costosos procesos de revocatoria.

Yo sigo pensando que la unidad hace la fuerza y que el interés general debe primar, eso nos hace más cívicos, más humanos, más responsables.

De estos procesos revocatorios, lo que nos va a quedar, además de más odios, más polarización, más mentiras, más muertos, que nos dolerán mucho, y menos atención, menos plata, menos trabajos, menos infraestructura, menos acción de las autoridades de vigilancia y control contra los corruptos, y por supuesto con las autoridades distraídas en la revocatoria, podrán avanzar más rápido la delincuencia y la informalidad; los narcotraficantes están felices con tanto despelote que mantiene a las autoridades distraídas.

Respetando mucho a los amigos que están comprometidos y comprometiendo a otros en este derecho constitucional que nos da la tan criticada Constitución del 91, fruto de la paz con las guerrillas del M-19 y que 30 años después, ni siquiera ha sido reglamentada por el Congreso de la República; decirles que, en mi humilde sentir, de este proceso saldrán más cosas malas que buenas. Traten por lo menos de imprimirle al proceso mucha altura, para que el fracturamiento del país, no nos ponga en más dificultades de las que ahora tenemos.

Que nuestro señor Jesucristo ilumine a los alcaldes que pretenden revocar, que mejoren su comportamiento y les dé mucha fuerza, para que defendiéndose, puedan cumplirle a sus comunidades, asistirlas y defenderlas del covid-19 y cumplirles los planes de gobierno con los que fueron elegidos; que ilumine también a los actores de la revocatoria y su comportamiento sea impecable.

Paz en la tumba del ministro y de todos los colombianos fallecidos en esta pandemia.