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viernes, 6 de octubre de 2023

Agresividad

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Por supuesto que no tengo la pretensión de incursionar en temas propios de la psicología y escribir siquiera una página sobre tan delicado tema. No. Voy a comentar coloquialmente con ustedes mis impresiones subjetivas sobre este comportamiento humano en nuestro contexto. Decidí hacerlo porque mi sensor social me indica que la adrenalina está alta y el nivel de agresividad ha venido subiendo.

Esta percepción la confirmo principalmente cuando salgo a la calle y dado que nunca, en toda mi vida, la había sentido. He tenido la hipótesis de que, culturalmente, nuestro pueblo ha sido aguantador y resiliente, incluso que hace aflorar su buen humor en medio de dolorosas situaciones y que, quizás por ello, se ha abusado de su paciencia y no se le ha dado la importancia que merece a sus necesidades y reclamos.

La inconformidad global que era evidente con marchas y protestas en varios países de diferentes latitudes contra un sistema social y político indiferente a la inequidad y la injusticia, sospechosa y abruptamente se ve frenada de tajo con la pandemia. No creo fácilmente en teorías conspiracionistas, pero sí me pareció muy rara esta coincidencia. El confinamiento tedioso y prolongado que inicialmente nos amansó hasta hacernos creer que después del festival del COVID-19 todos íbamos a ser mejores seres humanos, en realidad fue caldo de cultivo para que ciertas patologías se reprimieran y posteriormente se exacerbaran. Efectivamente fuimos distintos, estamos peor que antes en muchos aspectos, así en otros hayamos evolucionado a la brava. Lo que los educadores narran respecto del comportamiento de niños y jóvenes al volver a las aulas es realmente asombroso. Algo similar se comenta en el mundo de las empresas. No somos los mismos, no estamos bien.

Me parece percibir en muchos lo que yo también he experimentado: esa sensibilidad o hipersensibilidad que ante ciertas situaciones que en otro momento nos hubieran hecho reaccionar tranquilamente o al menos con admiración y sorpresa, aquí y ahora, con disgusto, mal genio y agresividad notorias. No sé si los canales o medios para “ex-presarnos” (dejar la presión) han sido suficientes y aprovechados, el hecho es que hay una carga emocional fuerte que se alimenta todos los días a nivel mundial con el absurdo de las guerras, desempleo, pobreza y hambre crecientes en tanto otros derrochan y desechan sin consideración alguna, gobiernos y políticos que decepcionan las expectativas que generaron, vuelta a escena de regímenes totalitarios en todas sus denominaciones, inflación económica que no para a pesar de las fuertes medidas de los bancos centrales, el frenesí del consumismo capitalista que invirtió la escala de valores a punto de dar prioridad a lo innecesario sobre lo urgente e importante, un Dios remitido al archivo histórico cual pieza de museo, entre muchos fenómenos…

Hay un malestar acumulado que puede estallar, no sé de qué manera, en tanto los señores de los diferentes poderes siguen apoltronados cómodamente sin importarles mayor cosa lo que pasa. La agresividad que no se desfoga a tiempo se convierte en una olla de presión peligrosa. Sin válvulas de escape las fuerzas de la masa son incontenibles. Lo hemos visto ya y pareciera habérsenos olvidado. En tanto, en las calles, en los hogares, en la escuela, los niveles de inseguridad y violencia se disparan. La agresividad no es un concepto teórico académico sino una realidad efervescente que está embullando y que requiere ponérsele atención.

martes, 27 de septiembre de 2022

De cara al porvenir: la guerra de turno

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Hablar de que en este momento estamos presenciando una sola guerra, es no solo inexacto, sino irresponsable.

Se habla a través de la historia que luego de una peste, inevitablemente viene el hambre y luego a guerra. Lamentablemente en el estado actual de cosas, el orden de los factores es cambiante dependiendo la latitud donde nos ubiquemos y de las causas generadoras de los conflictos que analicemos.

Obviamente los titulares de los diferentes medios de comunicación se concentran en el episodio bélico más atractivo y que más rating produce, que es el conflicto entre Rusia y Ucrania.

Personalmente estoy de acuerdo con la aseveración expresada recientemente por el papa Francisco en entrevista de principios de mayo a El Corriere della Sera para señalar al responsable de que se hayan precipitado los acontecimientos. Dice el Papa que “es posible que el origen de la invasión de Putin a Ucrania se deba a los ladridos de la OTAN a las puertas de Rusia” y es claro que Rusia reaccionó.

Pero no nos quedemos ahí. Es muy llamativo que una indiscutible potencia militar como Rusia no haya podido conquistar un país relativamente débil al cual las otras potencias han ayudado de manera tímida, y que un conflicto calculado para 3 meses ya vaya para 9 meses y que territorios en teoría conquistados por Rusia estén ahora siendo recuperados por Ucrania, a cuya dirigencia y población hay que reconocer su fortaleza de espíritu y su amor por la patria.

¿Qué es lo que pasa? Mi teoría es que países que tienen armamento militar atómico y armas de última tecnología no las pueden usar sino para maniobras de disuasión, pues a estas alturas del partido y asumiendo que tienen dirigentes medianamente inteligentes, responsables y sensatos, pues su uso efectivo estaría dando inicio a una hecatombe que no tendría reversa, razón por la cual por ahora –y afortunadamente– solo les permite emplear armamento convencional, lo cual les resta capacidades y ventajas competitivas efectivas contra enemigos en teoría más pequeños. Lo anterior lleva al uso intensivo de sanciones económicas por parte de los amigos del otro bando y de ayudas por parte quien apoya a la contraparte.

Norteamérica pierde la guerra con Vietnam y con Corea. Norteamérica y la Unión Soviética salen con el rabo entre las patas de Afganistán. Norteamérica arma el despelote y sale a hurtadillas de Irak, Siria y Libia en una estruendosa derrota de su denominada “guerra preventiva”, la Unión Soviética implosiona y se genera una diáspora alrededor del Pacto de Varsovia, cuyos países miembros, en su mayoría, poseen arsenales atómicos. Rusia trata de reconstituirse como potencia, pero ve amenazada su seguridad con el coqueteo de la OTAN a varios de sus vecinos, antes aliados a la fuerza.

Mientras tanto China crece, crece y crece en todos los sentidos y su presencia planetaria cada vez es más significativa. Apoya a Corea del Norte, quiere asegurar su propiedad sobre la antigua Formosa hoy más conocida como Taiwán, incrementa la construcción de islas artificiales alrededor de Japón, reconstruye la histórica “Ruta de la seda” empleando los más modernos ferrocarriles de alta velocidad, compra enormes extensiones de tierra en África, financia y construye proyectos de infraestructura en todas partes del planeta y tiene aproximaciones cada vez más cercanas y frecuentes con Rusia. Es quien mejor supo aprovechar las distracciones internas en Norteamérica, su desacomodo institucional y la incertidumbre y debilitamiento externo que ocasionó el gobierno de Trump.

China sabe que es potencia y que requiere comportarse y atender sus requerimientos y exigencias como potencia, pero sabe también de sus debilidades, entre las cuales se encuentran su excesiva población, el riesgo de una hambruna o de una peste como las tantas que han tenido y que pende sobre su cabeza como la Espada de Damocles –hoy más que nunca con el COVID-19–, el riesgo de sequias extremas debidas al cambio climático que hoy padecen al secarse el gran río Yangtsé, el más importante y extenso del país, el tercero del mundo, que atiende a casi un tercio de la población. Sabe también que tiene un vecino incómodo y desconcertante como la India y que su rica cultura y sus tradiciones, en un mundo signado por los desarrollos tecnológicos pueden ser o potencializadores o lastres para sus desarrollos.

Por ahora habrá que esperar a que los jugadores muevan sus fichas y a que los peones caigan como ha sucedido casi siempre a través de la historia.

jueves, 15 de septiembre de 2022

¡Lo que pasó... pasó!

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

El manejo acertado de la economía colombiana durante la pandemia y postpandemia.

No me trago la denominación de manejo irresponsable de la hacienda pública que ahora el populismo en el poder le quiere endilgar al Gobierno anterior. Eso no fue lo que pasó con la economía y con la delicadeza de las finanzas públicas en el período anterior.

Están igualitos al cura terrorista con el cuento de la posverdad que ignora todo el registro oficial, el histórico noticioso y los testimonios de las víctimas. El descaro siempre está bien respaldado por la ignorancia y la alteración mental ideológica en materia económica y por la mezquindad que caracteriza y nubla el entendimiento de quienes obran con odio y resentimiento.

Muchas gracias a algunos conocedores por mencionar la importancia de la participación del Grupo Empresarial Ecopetrol y del Gobierno Duque con su buena voluntad en alcanzar un acuerdo y un corte contable y ajuste de cuentas sobre el Fepec antes de terminar el Gobierno Duque. No fue fácil llegar al final a un acuerdo de cuentas pendientes, pero se hizo lo legal y lo responsable de parte y parte.

(Fepec: Fondo de Estabilización de los Precios del Petróleo – mediante el cual el Gobierno regula los precios internos y la diferencia entre el precio de mercado internacional del crudo y los que se pagan por este en el país se arbitra y liquida en este fondo).

Tengamos claro que el Gobierno es el dueño de la mayoría de las acciones de Ecopetrol, pero no es el único de la empresa que reporta en bolsa y hasta hoy, gracias a su Gobierno corporativo la junta es totalmente independiente y autónoma en sus decisiones. Ahí no se sientan ni dan órdenes ministros ni viceministros. Todo director obra independientemente de quien lo nomina, y si ve conflicto de intereses se abstiene de participar en las decisiones, que son colegiadas.

Me correspondió trabajar en el tema de la deuda acumulada del Gobierno en el Fepec directamente con el equipo directivo de ECP en nombre de la junta directiva y honrando la responsabilidad fiduciaria que tengo con el grupo como presidente.

Debo reconocer que el presidente Duque, el ministro Restrepo y los equipos de Presidencia y Hacienda obraron profesional y responsablemente honrando una deuda que históricamente nunca se había reconocido formalmente. Esto dejó un precedente sano, pues antes se iba saldando la cuenta a conveniencia, pero claro, no era responsable y no existía la presión acumulativa de los precios altos que hemos vivido en esta época postpandemia.

Y esa voluntad responsable se abona al buen criterio y a la responsabilidad, seriedad y conocimientos de Duque, al haber dejado un camino de arreglo limpio y transparente para el Fepec, sin desconocer la complejidad recursiva del asunto. Que no fue el caso de lo que Duque recibió de Santos pues la deuda no estaba formalmente presupuestada en las cuentas nacionales.

Para entender; antes, en el Fepec, se dejaba para descontar de lo que diera la vaca petrolera después del ordeño. Pero dice un adagio: “Nadie puede tomar leche y comer carne de la misma vaca al mismo tiempo”.

Debo anotar que se les olvida a muchos de los que ahora analizan el tema Fepec, y el manejo de los precios de los combustibles, que el mundo paso recientemente por una depresión económica y social debido al COVID-19 y que los fondos de estabilización son una fiducia con reglas establecidas por ley.

¿Qué pasó? - Se paró la economía global tanto en lo financiero como en la movilidad. Se le pincharon las dos llantas a la bicicleta. Se dieron choques adversos simultáneos de oferta y demanda. No fue una simple recesión ni una crisis financiera cíclica, pasamos gracias a la ciencia y la tecnología rápidamente por una depresión global que no sucedía desde principios del siglo pasado. Consideremos que todo en la vida tiene un costo, y que la recesión inflacionaria que vive el mundo y porque no decirlo la guerra fría entre súper poderes, es el costo o pago obligado de esa depresión.

En el entretanto, económicamente, ¿cómo nos explicamos qué pasó en Colombia? Pues primero, que teníamos un recurso humano y un sistema de salud el berraco, que dio la pela por el país día y noche, y fueron los héroes que le ganaron la vuelta a la parca.  Dios lo guarde.

Segundo, que estábamos bien gobernados. El Estado compró kits de test, respiradores, amplio el número de camas y se dedicó a atender la salud de todos los ciudadanos sin descanso. El presidente, al frente, todos los días dándole reporte y animo al país, administrando la crisis con tino, entereza y disciplina.

Y después, llegó la vacuna al mundo y a Colombia, y recortó a tan sólo año y medio, los tiempos de la pandemia y de la depresión económica asociada, algo que históricamente significaba 10 a 15 años de miseria para la economía del mundo. Pues bien. La vacuna salvó muchas vidas. La segunda dosis disminuyó el riesgo de muerte. Aprendimos a vivir con el COVID-19 y lo bajamos de peste a enfermedad en solo 20 meses, en promedio.

En cada país, según el manejo del Estado y la velocidad de la vacunación, el asunto fue diferente y eso se correlacionó con la velocidad de la recuperación económica. Aprendimos rápido porque teníamos los mejores del país al frente de la batalla.

Ahí Duque, su ministro Ruiz del sector Salud colombino y el Doctor Muñoz, digan lo que digan, fueron los héroes colombianos. Eso no se los quita nadie. Colombia reportó entre los mejores del mundo en el manejo físico de la peste y luego en la recuperación económica.

Y entonces, gracias al reconocimiento y a la confianza en el buen manejo del Gobierno, la inversión reactivó los mercados y la economía volvió a moverse, a dar vueltas o transar, pero no sin un costo global mucho mayor de la energía que es la que alimenta esa movilidad como el dinero alimenta los mercados financieros.

Razón por la cual el Gobierno del presidente se dio el palo de mantener mediante el Fepec un costo subsidiado a la movilidad económica, lo cual no es “alimentar carros y no personas”, como quieren decir hoy los populistas ignorantemente. Entendamos que movilizar a bajo costo una economía es poder alimentar a toda una nación a un menor costo especialmente en épocas de vacas flacas.

Y ¿cuál era la prevención y la vacuna para la depresión económica? - Buen manejo asociado a medidas coherentes, austeridad, ahorro, ayudas del Estado y transparencia. Colombia entera le dio muy buen manejo económico a la crisis. Desde el Gobierno, desde Ecopetrol y desde la berraquera, aguante y austeridad de los empresarios de los sectores productivos y de servicios, incluidos los financieros.

Gracias a que los particulares confiaron en Duque y su Gobierno, el presidente respondió con firmeza a pesar de la canalla oposición política del terrorista y su libretista, Fecode y su pacto con la criminalidad y el dinero mal habido, que resolvieron financiar el desorden y el vandalismo justo en el momento más crítico para la nación, parar el país productivo, y descalificar a la brava la consecución de los recursos para una reforma social absolutamente necesaria, que incluyó la gratuidad educativa para los más necesitados.

He incendiaron y taponaron las vías justo cuando se iniciaba la recuperación, invitando e incitando la violencia, y satanizando al Estado, al presidente, al ministro de Hacienda y a la Policía. Según lo expresaron ellos mismos, para derrocar el Gobierno de Duque por medio de violencia e insubordinación ciudadana. Acciones que están completamente documentadas en la evidencia digital existente, algo que no podría contradecir ni la Comisión de la Verdad.

Irónicamente, son los mismos que ahora plantean la impunidad anárquica que llaman Paz Total.

Sigamos. El país trabajador y emprendedor nunca se rindió, el presidente tampoco. Subieron los precios del crudo de forma exponencial en el mundo. En ese momento Ecopetrol fue líder en salud y nunca dejó al país sin suministro de energía combustible (petróleo y gas), además se amarró el cinturón, bajo gastos, racionalizó costos y no dejó de invertir. Ello le valió ser una de las únicas dos petroleras del mundo en pasar el 2020 con los números en negro. Gracias a lo anterior pudo tener luego con qué adquirir la mayoría en ISA S. A., y transferir al Estado, en estos tres años, más de 65 billones de pesos entre utilidades y pagos.

Y claro por eso hubo recursos o dinero con que mantener bajo el precio de la movilidad del país, mucho más bajo que el promedio en el mundo cuando se dispararon los precios del petróleo; todo para contribuir muy significativamente a que la economía se pudiera recuperar rápido y con fuerza, como ocurrió gracias a las ayudas y los esfuerzos económicos del Gobierno para mantener empleos y negocios vivos y no dejar que el sistema financiero y los mercados se desplomaran.

El resultado de las medidas y las ayudas de Duque, a quien toda la clase política y los gremios del país dejaron solo cuando Colombia más los necesitaba, fueron finalmente acompañadas por el Congreso que autorizó el fondeo económico con destinación netamente social, y gracias la adecuada preparación del terreno y la ortodoxa siembra de Carrasquilla, y al buen manejo político, diligente y austero de la cosecha que administró Restrepo, acompañados de la resiliencia y berraquera del emprendedor colombiano.

Eso pasó; así floreció el crecimiento y se reactivó la economía, aunque no estén aún satisfechas todas las dolencias ni las necesidades de las gentes en un país en vía de desarrollo. Estemos claros que si no fuera porque se mantuvieron los precios de los combustibles bajos a $9.000 pesos durante la crisis, Colombia jamás hubiese presentado el crecimiento económico que presentó en recuperación, ni el actual, que heredó el nuevo Gobierno.

Duque entregó el país con un crecimiento histórico, no escatimó en vitaminas para la economía, y es que a los países en desarrollo les pasa como a la gente, puede que un viejo grande y gordo ya no necesite crecer más, pero si un niño no crece la cosa es grave, hay que llevarlo al doctor.

Duque nunca dejó de invertir ni en la gente, ni en el país y su infraestructura.  Por eso hoy estamos dentro de las economías que más han crecido en el mundo. Algo nunca imaginable. Por eso llegó inversión a Colombia en el primer semestre del 2022. Gracias al presidente Duque y a la tenacidad del empresariado, legalidad más emprendimiento resultaron en mayor equidad cuando más se necesitó.

Gracias a todo lo anterior la propia dificultad acumulativa de deuda permitió que la mejor vaca del establo (El Grupo Empresarial Ecopetrol), con buen pasto y buen cuido diera más leche y por tanto se le pudieron entregar utilidades a los accionistas privados y al Gobierno que ayudaron al pago responsable del monto causado por el Gobierno en el Fepec a Ecopetrol al corte contable del semestre anterior.

El resultado: No hubo que matar la vaca. La leche que produjo dio para vender, para dejar para el ternero y la gente de la finca, para mantequilla y quesito, y sobró para salir a comprar carne fiada en el mercado.

¿Que el problema del Fepec es recurrente? Sí claro. ¿Que requiere manejo austero y juicioso? Evidente. No es asunto de culpas, es materia de reconocer el costo de las cosas y decir la verdad con transparencia para encontrar soluciones en el futuro. Dios no permita que ahora a los teóricos anti-mercado, les dé por matar la vaca de hambre quitándole el cuido o mandándola al manadero, porque ahí si quedamos sin leche, sin vaca y sin carne.

El qué entendió… entendió.

martes, 31 de mayo de 2022

De cara al porvenir: prudente optimismo

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

De cara a los acontecimientos que por estos días nos entretienen, tengamos en cuenta algunos aspectos que nos obligan a no tirar la toalla, a persistir, insistir y nunca desistir, pero manteniendo siempre un prudente optimismo.

Acaba de concluir la cumbre de Davos que volvió a ser presencial y los analistas muestran preocupación por una probable recesión económica mundial. No hemos terminado de dominar al COVID-19 y ya vamos por la cuarta de “N” dosis y están apareciendo nuevas variantes. Una de las principales ciudades chinas, Shanghái, continúa encerrada por cuarentena. Crece de nuevo el nivel de contagios a nivel mundial, aparecen nuevas variantes y para colmo, aparece la llamada “Viruela del Mono”. Continúan los tropiezos en los flujos logísticos de aprovisionamiento a nivel planetario y la guerra entre Rusia y Ucrania va para largo. Y sin que podamos pasarlo por alto, el cambio climático comienza a mostrar pequeños pero graves anticipos de lo que serán sus impactos y repercusiones a nivel mundial.

En lo local, hay un revolcón a nivel político, pues los poderes tradicionales han sufrido un descalabro electoral sin precedentes, ante lo cual tendrán que hacer un análisis de conciencia y sobre todo un gran propósito de enmienda que les permita no solamente ejercer una oposición adecuada, sino irse preparando como alternativa real para los comicios del 2026.

Los resultados de la primera vuelta son una bofetada enorme al establecimiento.

No se puede seguir pensando que temas como el mal gobierno, el deterioro de la imagen del expresidente Uribe, la corrupción, la impunidad y los permanentes escándalos se pueden seguir tapando con las manos, pues ante la evidencia de las urnas, pues no es así.

No podemos dejar a un lado ni la iniquidad, ni la pobreza, ni los impactos del narcotráfico, ni la crisis del campo, ni la informalidad de la economía, ni la problemática de la tenencia y la propiedad de la tierra, entre otros temas álgidos, que son todos asuntos estructurales, que deben ser enfrentados con creatividad, compromiso, continuidad y sobre todo con una verdadera voluntad política, así como comprometerse en serio, de una vez por todas, con el tema de la paz.

Ojalá se tuviera la claridad conceptual en términos políticos y la entereza moral y organizacional para enfrentar estos cuatro años que vienen bajo un verdadero esquema de gobierno-oposición, para comenzar a dar síntomas de que por el lado de los perdedores se está pensando en algo serio y diferente a lo tradicional.

Habrá que fortalecer a los partidos políticos y entender, por fin, que sin partidos políticos no hay democracia y que los llamados movimientos políticos son figuras temporales y de coyuntura.

Se ha criticado y se critica con enorme acidez a los dos candidatos que pasan a la segunda vuelta, pero ¿se esperará de manera oportunista y descarada hacer parte de la burocracia del próximo gobierno?

¡Amanecerá y veremos!

Es el momento de poner los ojos sobre la sindéresis, la coherencia y la consecuencia de ganadores y de perdedores… Es lo malo de hacer campañas ofensivas y descalificadoras, pues finalmente, alguno tendrá que ganar y los perdedores querrán al menos sobrevivir en términos políticos.

Tengamos en cuenta que ninguno de los dos candidatos que pasan a la segunda vuelta tiene mayorías en el Congreso de la República. Ojalá quien resulte electo como presidente de los colombianos y los Congresistas recientemente elegidos no nos salgan con más de lo mismo y que la mermelada, la mantequilla, la grasa, los ungüentos o la pomada no aparezcan de nuevo tratando de conseguir por parte del gobierno entrante, la gobernabilidad que se requiere para sacar adelante sus principales proyectos bajo el ejercicio democrático, contando con la coalición que le permita obtener las mayorías necesarias. ¡No más corruptela a la luz del día y ante los ojos de todos!

El sol seguirá saliendo, nacerán y morirán colombianos, tendremos que seguir trabajando, la Selección Colombiana de Fútbol sigue sin técnico y como dice la protagonista de la película “Lo que el viento se llevó”, Scarlett O’Hara en su última e histórica frase, “Mañana será otro día”.

domingo, 20 de marzo de 2022

Eventos de la semana

Por Antonio Montoya H.

En este nuevo editorial el doctor Antonio Montoya nos da sus apreciaciones sobre los principales hechos que hicieron noticia en esta semana, empezando por las elecciones al Congreso de la República y las consultas a la presidencia. Además habla de las pensiones, el rebrote del covid-19 en Asia, y Francia Márquez. No dejes de escucharlo.

sábado, 12 de marzo de 2022

Vidas, destrucción de valor, carestía y agitación social

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por Luis Guillermo Echeverri Vélez*

Cuando más deberían los líderes mundiales estar dedicados a unir fortalezas en materia política, que permitan al mundo capitalizar igualitariamente los impresionantes avances en materia de conocimiento científico y tecnológico y poniendo al servicio del planeta todos los esfuerzos necesarios para contrarrestar el cambio climático y el calentamiento global, entra el mundo en un ciclo negativo anticipado, que no sabemos aún dónde puede ir a parar.

Si alguna lección tenemos que aprender de la depresión, por cuenta del COVID-19, de la cual apenas el mundo empezaba a recuperarse, es que el problema más grave en un mundo globalizado e interconectado cualquier cosa que salga mal, en cualquier parte, representa un problema de marca mayor en todas partes.

Rusia y Ucrania están en guerra. No existe razón alguna para excusar al poder totalitario comunista soviético por poner al mundo al borde de una hecatombe nuclear, cuando la realidad incuestionable es que se trata de un ataque invasor que quiere mantener a cualquier costo una condición imperialista al ocupar una nación libre y un país independiente que luchaba por progresar como democracia.

Rusia siembra terror y odio totalmente innecesarios, envía un mensaje de amenaza esclavizante a todo el sistema global de libertades y garantías sociales, desencadenando una recesión, una depresión o una parálisis global que sin duda tendrá, como ya se puede prever, efectos globales negativos de magnitud hasta hoy nunca vistos contemporáneamente. Asunto injustificable que solo cabe en la mente enferma, dictatorial e inhumana de un líder como Putin.

Todo en la vida tiene un costo y esta guerra es de todos. Mientras el resto de los países observamos en televisión, internet y desde nuestros móviles pensando que el asunto no es con nosotros, la mala noticia es que sí lo es, y que ya nos afecta y nos hace sangrar a todos en un mundo global que está social y económicamente interconectado como el actual.

La desestabilización económica global genera incertidumbre política regional y dentro de las naciones, a consecuencia de toda destrucción innecesaria de valor. Ello representa el caldo de cultivo óptimo para que el populismo se apodere del descontento social y destruya el sistema de libertades individuales y económicas.

Lo demuestra en primer lugar el incremento del precio mundial de los combustibles. Sean para cocinar, lavar o refrigerar, para producir o para calentar los hogares, para el transporte, la distribución o la movilidad colectiva y personal, sea que tengamos una moto, un carro o que utilicemos transporte público, todo aquello que demanda petróleo, carbón o gas.

¿Qué pasa cuando debido a las sanciones este petróleo deja de entrar a los mercados globales? Se alteran de inmediato las fuerzas de oferta y demanda y el mercado empieza a reaccionar ante señales complejas. Antes de la agresión ya el crudo estaba alrededor de $100 UDS el barril. A los tres días el precio subió $10 dólares rompiendo un récord de 8 años. Hoy las ventas futuras de crudo están rayando los $125 USD/Barril.

El 12 % del petróleo del mundo viene de Rusia, uno de los tres principales jugadores globales en el mundo de hidrocarburos. En un día normal, Rusia exporta 5 millones de barriles de crudo. Claro, las personas naturales no compramos crudos, pero, cuando las refinerías empiezan a pagar más por cada barril de crudo ente $100 y $140 dólares, le empiezan a pasar ese sobrecosto a los distribuidores mayoristas, que a la vez le cobran más a las estaciones minoristas y estas a los consumidores.

Viene entonces un efecto cascada que todo lo encarece. Esas proporciones incrementales se correlacionan directamente con alzas de precios en todo el sistema energético que a la vez incrementan las tarifas del gas, de todo tipo de transporte, enfriamiento, calefacciones y plantas productivas, encarecen el costo de las meterías primas, de los alimentos y de todo aquello elemental que necesitan las personas para vivir y las economías para funcionar.

Cuando el petróleo se encarece, todo inmediatamente es más costoso. ¿Qué tan costoso? Un ejemplo: el banco de la reserva de India, un país importador del 80 % del petróleo que consume, dice que cada $10 USD que se incrementa el precio del petróleo a ellos les significa un incremento inflacionario de 0.5 %.

Esta guerra así parezca un asunto regional dentro de la antigua Unión Soviética, ya causó una gran disrupción negativa en el mercando energético europeo y global. Aproximadamente 40 % del gas de Europa viene de Rusia. Por otro lado, Ucrania tiene las segundas reservas petroleras de Europa, algo muy significativo para los países libres y democráticos.

Veamos ahora qué están tratando de hacer los gobiernos para proteger sus economías y por ende a los ciudadanos en medio de una nueva crisis inminente y de dimensiones aún desconocidas.

Es impredecible cuál va a ser el comportamiento de los otros países productores que no hacen parte de la OPEP, y como afecta toda esta problemática las tendencias de transición energética, descarbonización y electrificación diversificada a las que el mundo viene aportando soluciones.

Los Estados Unidos, según lo anunció Biden, planea llevar a los mercados reservas estratégicas. India ya anunció total soporte a este tipo de iniciativas tendientes a ganar estabilidad, reduciendo volatilidad de precios energéticos. Europa y NATO comprenden la gravedad de la trampa de osos tendida por Putin. Las Naciones Unidas demuestran la inoperancia de las grandes burocracias globales afectadas por la falta de efectividad propia de teóricas tendencias ideológicas.

Occidente cerró el acceso de los bancos rusos al Sistema de Seguridad de Telecomunicaciones Interbancarias de la Sociedad Mundial Financiera (SWIFT). Esto sin que aún se sancione directamente el mercado energético ruso, afecta dramáticamente al mercado global energético pues las compañías globales están suspendiendo su participación en ese 12 % de la oferta mundial que se origina allí, agregando a la incertidumbre que ha encarecido sustancialmente los precios globales de los combustibles.

Cada bala que se dispara en Ucrania representa carestía para cada ciudadano en el mundo entero pues incide directamente en el precio del crudo ya que el mercado tiene incertidumbre sobre qué tan devastadora y qué tan larga y qué puede terminar desencadenando esta innecesaria e incongruente guerra.

Todo aquello que afecta la movilidad mundial, de inmediato se refleja en inseguridad en los mercados bursátiles y financieros globales.

Cada bala que se dispara, cada bomba que destruye vidas e infraestructura incrementa las sanciones y afecta el sistema financiero de Rusia. Los activos de los bancos han sido congelados, un número creciente de compañías globales dejaron ya de hacer negocios con Rusia y con una Ucrania que está siendo devastada.

Hoy tiemblan todas las naciones que después de la caída de la cortina de hierro optaron por llevar una vida libre y tener un sistema democrático. El daño humanitario es tremendo en vidas, desplazamientos forzosos y desmembración de familias. Igualmente, en materia de la seguridad física y alimentaria de las naciones.

Cada bala que se dispara afecta la seguridad alimentaria de los países importadores y las exportaciones de aquellos que se verán obligados a reducir sus ventas a otras naciones.

El problema de encarecimiento de los aceites comestibles ya afecta la economía y los costos de todas las cocinas del mundo y de todas las proveedurías. Rusia y Ucrania son grandes exportadores globales de alimentos básicos. Ucrania aporta el 50 % del aceite de girasol que consume el mundo y para entender la magnitud del problema digamos que la India, importa el 70 % del aceite de Girasol que consume.

La gran despensa Ucraniana, que históricamente alimentó a Rusia y luego a la Unión Soviética todo el siglo pasado, es hoy el quinto exportador mundial de maíz. En 2019 Ucrania exportó al mundo casi 36 millones de toneladas métricas de maíz. Rusia y Ucrania juntos, le reportan al mundo el 20 % de la producción de maíz. En consecuencia, se encarecerán muchos alimentos y bebidas de consumo humano, los concentrados para animales y sin duda toda la producción agropecuaria. Ucrania es el mayor proveedor de maíz de la China, lo cual representa un 30 % de las importaciones actuales del gran poder emergente.

Pasando a los demás granos, Ucrania produce el 10 % del trigo que se exporta a todo el mundo; y Rusia es el mayor exportador de trigo del mundo, con una participación del 20 % del comercio mundial. En 2021 el 70 % del trigo ruso se vendió en su mayoría para el Oeste asiático y el África, lo cual quiere decir que estas regiones ahora van a tener que pagar mucho más caro todos los derivados del trigo, siendo ellos gran parte de su base alimenticia. En materia de cebada y arroz, Europa depende principalmente de Ucrania, mientras los mercados mundiales de estos granos necesariamente van a tener disrupciones enormes.

Esta guerra pone a tambalear los mercados y el debido equilibrio o balance entre oferta y demanda de energía, alimentos, fertilizantes, minerales y metales incluidos, el oro, las piedras preciosas y otros artículos que preservan valor en las crisis.

Ucrania está catalogado entre los países con grandes reservas de carbón, de petróleo, de hierro, manganeso, titanio, circonio, caolín, sulfato de potasio y de sodio, y por tanto es un gran productor y exportador de fertilizantes. Para dar un dato, el 42 % de la urea que consume nuestra agricultura provenía de Ucrania.

Esta guerra sin duda ya afectó todo el funcionamiento global de movilidad, encareciendo el transporte aéreo y de carga naviera. Actualmente están suspendidas las operaciones portuarias del Mar Negro, lo cual se suma al problema logístico que ya venía experimentando el transporte global en materia de costos, disponibilidad y demoras.

Esta guerra significa para todas las naciones, una drástica importación inflacionaria. Lo cual sin duda creará descontento social asociado a una menor discrecionalidad de ingreso disponible y una merma en el ingreso real, un factor tan determinante para la estabilidad democrática, especialmente en épocas electorales. Las monedas perderán mucho valor y el mundo parece ir en reversa cuando más herramientas tiene la civilización para transformarse en lugar de autodestruirse.

Fuentes: Escrito fundamentado en información pública en la www y en apartes de traducción comentada del reporte de “Gravitas Plus, de Palki Sharma del 7 de marzo de 2022”.

lunes, 17 de mayo de 2021

La verdad

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Creo, con razones de peso, que surgen del análisis realizado a la información de prensa, radio, redes sociales y noticieros, y a observar en forma directa a los manifestantes, que la verdad sobre lo que realmente está sucediendo en Colombia es que no hay una causal nueva, que sea diferente a la que vive cualquier país del mundo en la actualidad y que sirva para explicar de fondo la violencia con la que se están realizando las expresiones populares y las masivas actividades vandálicas que tienen en jaque a todo el territorio nacional.

Es cierto que en Colombia hemos avanzado más en la búsqueda de bienestar para los ciudadanos que en otros países del mundo. De eso no se habla, no se muestran indicadores, ni se compara con cifras de esos lugares, pero en salud la cobertura es alta, el Sisbén protege a más de cinco millones de personas, y sus beneficiarios son atendidos en los mejores hospitales y centros de salud. Además, el sistema de seguridad social integral exige la vinculación de los trabajadores y sus familias a este sistema, lo que nos permite afirmar que, si sumamos al trabajador tres miembros de su familia y son once millones (11.000.000) de personas con trabajo formal, estaríamos hablando de cuarenta y cuatro millones (44.000.000) de personas con protección en salud. Así podemos mostrar el buen resultado de la salud para los colombianos, aunque obviamente hay problemas de atención rápida y oportuna, que es y debe ser objeto de análisis para mejorarla, y de corrupción en algunos centros de asistencia, la cual se debe combatir, eliminar y sancionar.

En educación hasta el bachillerato es gratuito, y a partir de ahora será también la educación universitaria gratuita para los estratos 1,2 y 3; gran avance, esperemos que la deserción no sea alta y por ende los estudiantes deberían cesar el paro y reintegrarse a la universidad.

En el tema del trabajo, las centrales obreras, no aportan soluciones a los problemas, crean dificultades y llevan a que las empresas paren, pierdan clientes, se interrumpan los procesos y avance el desempleo. El Estado debe promover la creación de fuentes de trabajo a todos los niveles, en los municipios, en las ciudades y el agro, incentivar la creación de empresas nuevas, apoyar a los emprendedores.

En el deporte, cada vez más a través del Ministerio se promociona, incentiva y apoya lo que nos trae alegrías ya que ha generado campeones en todas las diversas modalidades. Aquí también se puede lograr avances significativos con escuelas de formación, que impidan que la juventud caiga en la droga, porque si se mantienen ocupados estudiando y haciendo deporte venceremos la pereza, la desigualdad social y podrán tener una buena calidad de vida. El deporte asegura esta posibilidad de mejoramiento económico.

En vivienda. El Ministerio ha venido realizando una gestión encaminada a dotar de vivienda digna a miles de colombianos, falta aún bastante, pero es una gestión que no para, lo hacen bien y no tengo conocimiento de signos de corrupción en esos contratos.

Estos son los principales ítems promotores del cambio social que lidera el gobierno actual y que los anteriores también los impulsaron. El Estado no ha parado de buscar soluciones mes tras mes, pero no se le puede olvidar a ningún ciudadano que venimos de un año largo de cuarentenas por la covid-19, con más de 80 mil muertos, casi tres millones de afectados y que, pese a esa adversidad, el gobierno atiende emergencias, da ayudas a los empresarios con las nóminas, extiende plazos de pago de créditos, y demás obligaciones tributarias que se tienen en el país, cumple con su deber constitucional y lo hace mejor que en otros países. Pero no basta, piden más y más, no se da apoyo a la institucionalidad y se sale a un paro nacional, sin sentido, sin razón, solo por el mandato de un señor de izquierda que quiere llevar al país al caos, para decir que será el salvador y obtener el voto ciudadano; daño inmenso el que está promoviendo y lo peor es que los ciudadanos no se dan cuenta del juego de la izquierda que promueve en América Latina el caos y el desorden.

No existen razones lógicas, ni válidas para continuar en paro, deben cesar de hacer daño a las ciudades, de incendiar, lesionar a más de 800 policías, a generar vandalismo y muerte de sus propios compañeros, más de 30 muertos y miles de heridos… si eso es un triunfo, pues los dirigentes del paro tienen un problema mental, eso es odio, rencor e incapacidad para vivir en sociedad.

Van a continuar y dicen que la única razón de la reunión con el gobierno, “es para que les den garantías para la integridad de quienes están protestando, que haya una desmilitarización y que se ordene la suspensión del uso excesivo de la fuerza y armas letales por parte del Esmad”, petición que tiene un solo objetivo, más caos y miseria, más muertos y heridos y así incentivar a la revuelta general y tumbar el gobierno.

Pues no, debemos proteger la institucionalidad, al gobierno del presidente Duque, a la democracia y derrotar a quienes solo quieren un país en llamas, envuelto en la miseria y hambre como el país vecino.

viernes, 9 de abril de 2021

Vuelve la mula al trigo

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

El coloso del humorismo, como se le denominaba al artista uruguayo Hebert Castro, nos hacía reír a carcajadas cuando para narrar una tragedia contaba: “se le dijo, se le advirtió, se le recomendó… pero no hizo caso…y quedó haga de cuenta como… pero sin…”. Es lo que nos está pasando actualmente a los colombianos. Tercos a más no poder, empecinados en equivocarnos estúpidamente, estamos en el ojo del huracán con este tercer pico de la pandemia.

No contentos ni hartos con un año de encierro, cuando se abrieron las compuertas a finales del año pasado, la gente se desbocó para explotar sus represiones contenidas durante meses y dio ocasión a un segundo rebrote que por poco nos amarga el comienzo del año. Vueltos a la normalidad e iniciada la vacunación, la gente creyó que el peligro había cesado y con ocasión del puente de San José y la Semana Santa volvió a desbordarse. De nada sirvieron comerciales por los medios, ruegos y súplicas del personal de la salud. No. Había que desfogarse los reprimidos y dar rienda suelta a las necedades más absurdas: concentraciones masivas en fiestas y bacanales a puerta cerrada, paseos imprudentes sin observar las más elementales exigencias: tapabocas, distanciamiento, lavado de manos. “Ancha es Castilla” y todos se sintieron entre inmunes y autorizados por su engreimiento y arrogancia a abrazarse y besarse, confinarse en grupos estrechos para tomar licor y relajarse. ¿Resultado? El colapso de la mayoría de los centros hospitalarios del país. Miles de contagiados diarios, ucis a reventar y cantidades de muertos otra vez. No entendemos. No aprendemos.

Sinceramente no entiendo a mis congéneres. Supuestamente razonables e inteligentes, algunos dizque muy versados y preparados académicamente, hastiados de información sobre el COVID-19 y su manejo, aburridos de estar meses enteros encerrados en casa, afectados económicamente por el cierre, supuestamente impactados de ver tan dramáticas muertes incluso con personas queridas y conocidas. No fue suficiente. Y eso solo nos pasa a nosotros, porque en las especies animales cercanas a los humanos, cuando se reprende a un gato o a un perro, jamás repite el error. En cambio, nosotros sí. Nos vamos al hoyo y nueva y gozosamente repetimos. ¡Es proverbial la tontería, es grandilocuente la insensatez!

Como van las cosas, dicen algunos expertos, el fenómeno de los picos será cíclico hasta tanto no se alcance la famosa inmunidad de rebaño. Lo que pasa es que el rebaño está alborotado, por no decir desquiciado, y quiere ofrendar más vidas humanas a la parca. Las evidencias no parecen conmoverlos y muchos seguirán creyendo que todo es un invento, un auténtico cuento chino traído de Wuhan. ¡Increíble! Oye tú que me lees: ¿será muy difícil usar tapabocas, lavarse las manos y guardar distanciamiento? Bueno: se le dijo, se le advirtió, se le recomendó… ¿no hizo caso? Entonces, ¡descansa en paz!

martes, 16 de marzo de 2021

De cara al porvenir: hace un año

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal*

Hace un año ya que tímida y casi que ingenuamente, comenzábamos a enfrentar el primer hito histórico del presente siglo: la aparición de una pandemia.

Primeros síntomas considerados como lejanos y focalizados comenzaban a ser tenidos en cuenta en los titulares de los noticieros, hasta que la Organización Mundial de la Salud, me imagino que, superando presiones desde todos los ángulos, finalmente se atrevió a hacer el anuncio que no esperábamos: El mundo enfrenta una pandemia.

Ni siquiera el Foro Económico Mundial del 2020 en sus documentos anuales, mencionaba el asunto, ya por desconocimiento, ya por omisión consciente, a pesar de la sintomatología y las noticias que se iban propagando.

Los gobiernos del mundo comenzaban a reaccionar estupefactos ante el convencimiento de que ningún país, ni ninguna institución planetaria estaba preparada para enfrentar, ahora sí, por fin, un asunto de carácter planetario.

Aprendimos a ver como de manera formal, los gobiernos de todo el mundo comenzaban a tomar medidas, todas de buena fe, en medio de un desconocimiento total del asunto y de una completa incertidumbre. Es decir, la improvisación se convirtió en el pan nuestro de cada día y todos éramos testigos de la restricción en orden creciente de elementos básicos de la democracia: restricción a la movilidad, impedimento para trabajar, así como cuarentenas de corto plazo, invitación a los ciudadanos para que se comportaran responsablemente, entre otras varias medidas.

Apareció una nueva jerga donde palabras como coronavirus, COVID, confinamiento, UCIS (unidades de cuidados intensivos), cuarentena y autocuidado, se volvieron significativas y recurrentes.

Todos los días aparecían (y siguen apareciendo) rankings alrededor del número de contagiados, número de muertos, ocupación de UCIS y personas que superaban el contagio, los cuales mirábamos entre estupefactos e incrédulos.

Como toda situación humana, las reacciones fueron diversas con respecto, por ejemplo, al personal médico que, por su trabajo, debía exponerse al contagio: unos los miraban como un peligro por la posibilidad de irradiar contagios y otros los miraban como a unos héroes.

Se hizo evidente que la vulnerabilidad y la iniquidad eran comunes denominadores a lo largo y ancho del planeta: La figura de la democracia estaba siendo juzgada por su incapacidad de haber generado condiciones dignas para todos los ciudadanos, sin que los otros modelos mostraran nada diferente.

Se desnudó la pobreza, la desigualdad y la iniquidad planetaria. Se evidenció la incapacidad de una clase política mediocre y la incultura ciudadana sin distingo de estratos en un país como Colombia.

Politiqueros oportunistas se echaban sus discursos inconexos, sembrando zozobra e incertidumbre por todos los continentes, y, cada quien, a prueba y error, reaccionaba con medidas propias y solo el tiempo diría si resultaban efectivas o no.

Afortunadamente el aprovisionamiento de alimentos no estuvo afectado para aquellos que tenían recursos para adquirirlos y los gobiernos trataban, a punta de subsidios insostenibles en el tiempo, de paliar la emergencia con los ciudadanos más vulnerables y las empresas, que también mostraron su real capacidad y dimensión, evidenciando que tenemos más negocios que empresas, pero que esos negocios son quienes generan la más importante masa de vinculación laboral, ya sea formal o informal.

El confinamiento llevó a la transformación de las actividades laborales y educativas, lo cual dio cuenta de la capacidad de adaptación en medio de las restricciones en todos los ámbitos.

Retomando a Darwin, solo las especies que se saben adaptar son las que sobreviven. Esta especie humana tiene unos exponentes que efectivamente son capaces de reacomodarse y adaptarse y otros que no.

Para los últimos, no hay vacuna que valga.

martes, 2 de febrero de 2021

De cara al porvenir: la hora loca

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Lamentable a todas luces la muerte de cualquier ser humano por el tema de la pandemia. Sin embargo, la desaparición del ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo y la de Julio Roberto Gómez, presidente de la Confederación General del Trabajo de Colombia, coincidencialmente el mismo día, debe llamarnos la atención de que este virus no respeta ni credo ni condición. La cosa es en serio y no podemos relajarnos ni ante el uso obligatorio del tapabocas, ni ante la lavada continua de las manos, ni ante el distanciamiento social.

Ya lo aseveraba el gran pensador jesuita Pierre Teilhard de Chardin, que el árbol de la vida debía ser podado periódicamente. Sin embargo, es prudente que conscientemente no demos papaya.

Y hablando de temas filosóficos, está en el centro de la discusión en los círculos académicos interesados en el tema, si la filosofía se aprende o si la filosofía se hace. Discusión asociada hoy por hoy a la reflexión acerca de la vivencia ética por encima de la especulación teórica sobre la ética, donde el buen vivir y el buen comportamiento debe ser algo natural en la experiencia de vida, si queremos presentarnos como seres civilizados.

En medio del pandemonio noticioso, se hace evidente que una cosa es saber, y otra cosa es estar informado. La vertiginosidad de los acontecimientos, la turbulencia que desata las pasiones y la ligereza con la cual son tratados los temas, sin contar los intereses propios de los dueños de los medios de comunicación, hacen que nuestra realidad esté asombrosamente asociada a lo subrealista.

¿Quién sabe que sabe? ¿Quién cree saber? ¿Qué es lo que supuestamente se sabe? Digamos que existen las verdades oficiales de las cuales nos pegamos la mayoría de los humanos, para sentir algún tipo de seguridad ante la omnipresencia creciente de la incertidumbre.

La responsabilidad actual de los mandatarios de turno a lo largo y ancho del planeta los obliga a ser muy ágiles para visualizar, entender, comprender, analizar y evaluar el impacto de sus posibles decisiones. No es el momento de ser rigurosos en el análisis, pues se podría caer muy fácilmente en lo que algunos analistas califican y denominan como “La parálisis por análisis”. La velocidad de los acontecimientos y la necesidad de respuestas rápidas es hoy uno de los signos y las exigencias que traen nuestros tiempos actuales.

Esta pandemia nos ha puesto en evidencia, por fin, un fenómeno de carácter global, diferente a los ejemplos previos asociados únicamente a situaciones económicas.

Lo que sí es claro es que esta pandemia nos ha hecho reconocer que somos un planeta fraccionado, al cual le falta mucho camino por recorrer para que pueda ser observado y administrado como un organismo vivo, como un ente global. Hoy por hoy se requieren decisiones del orden planetario y lo que vemos es decisiones de bajísimo orden de magnitud y de poquísimo y verdadero impacto entre las unidades político administrativas nacionales y subnacionales, ante la carencia de una institucionalidad apropiada. Debería ser la Organización Mundial de la Salud la que determinara los protocolos planetarios, las medidas de implementación de encierros o de cuarentenas, la administración central de la producción y distribución de las vacunas, dando las pautas a seguir a todos los gobiernos del mundo sin distingos de ningún tipo, las cuales deberían ser acatadas por todos.

¿Qué se gana con que un país cierre sus fronteras si los otros las mantienen abiertas? ¿Cuál es el sentido real de la democracia entre países y dentro de los países cuando existen privilegios para el acceso a las vacunas? Personalmente pienso que esta situación será una estocada mortal para el sentido, la comprensión y la aceptación de la continuidad de los modelos mal llamados democráticos en el mundo.

Como sugería Daniel Bell, a las sociedades en los distintos niveles, hay que observarlas como seres vivos, como un organismo compuesto de muchas partes, o dicho más estrictamente, de muchos subsistemas.

Si el planeta no aprende a integrarse, si los países no se unen en sus respectivos interiores, pues tranquilos, este será el principio del fin de nuestra especie y nosotros seremos testigos pasivos, o mejor dicho, cómplices de tan estruendoso fracaso.

No sé cuál es el descreste por la insistencia del presidente Biden en su discurso de posesión invitando a los ciudadanos norteamericanos a que se unan, pues si no se unen, no saldrán adelante. Verdad de Perogrullo que algunos aceptan, pero no practican, comenzando por los pretendidos líderes caudillistas que hoy pululan en el mundo, como una peste paralela.

No sé ni entiendo que quieren decir las autoridades cuando ante los continuos asesinatos de líderes sociales y de reinsertados del proceso de paz, argumentan que no se trata de crímenes sistemáticos. Con el debido respeto o no conocen el concepto de sistemicidad o nos creen pendejos a todos.

sábado, 30 de enero de 2021

Audiencias en pleno pico del covid-19

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

El lunes pasado, atravesando el pico más fuerte de la pandemia, gracias a la cual ya superamos los cincuenta mil muertos, más de dos millones de contagiados y cuya tendencia de agravamiento del problema está marcado por las dificultades en poder contar con más médicos y demás personal de salud, más equipos, más medicamentos, más camas, etcétera, lo que ha implicado un trabajo adicional prioritario de todas las autoridades elegidas popularmente. Precisamente a estas autoridades se les sumó en su andar, está pandemia, con la que no contaban cuando decidieron emprender sus campañas y que concluyeron, luego de feroces y violentos comportamientos políticos, con su elección como mandatarios locales, donde se supone que es el juego democrático el que nos obliga a respetar los resultados.

A pesar de las inconformidades de los que pretenden revocar alcaldes, yo creo que el objetivo de las audiencias se cumplió y quedamos los ciudadanos enterados de los argumentos expuestos por unos y otros, directamente por los más interesados. Afortunadamente, por situaciones de bioseguridad y como medida de orden práctico y lógico, no dejaron hablar a todos los que querían hacerlo a favor y en contra; no habrían terminado todavía las audiencias.

Seguramente los promotores de las más de 40 revocatorias van a pedir camionetas blindadas y escoltas, para adquirir estatus, argumentando defenderse de la violencia que generan estos procesos; consecuencias: menos plata para el covid-19 y para los más vulnerables.

Personalmente pienso que este no es el momento oportuno para distraer administraciones, que están por todos los medios tratando de luchar contra la pandemia, que en su mayoría nos está dejando sin muchísimas personas de todos los géneros, edades y condiciones políticas y sociales; pandemia que seguirá arreciando sus picos, presumiblemente al parecer por las mutaciones del virus que se avecinan, hasta que todos estemos vacunados.

Es claro que tenemos que seguir de tapabocas, distanciamiento, aseo, cumpliendo todos los protocolos particulares establecidos para cada una de las actividades. Es clara la importancia del papel del Estado en el cuidado, vigilancia y control sobre nosotros los ciudadanos, en esta lucha tan dura e incierta contra el virus.

Lo que para mí no es claro, es la utilización de una estrategia política de un partido al que se suman derrotados de otros partidos y movimientos, estrategia orientada a sacar unos alcaldes que no son de su partido, aprovechando las difíciles circunstancias de desventaja en que se encuentran los gobernantes locales, por haberles tocado la pandemia.

Tener que utilizar recursos de tiempo, dinero y personas, en violentas peleas políticas, atenta contra las responsabilidades cívicas a que estamos obligados en estos momentos, donde deberíamos estar aprovechando para unirnos frente a la pandemia, frente a la salud, frente al ayudar y asistir a los más vulnerables, frente al enderezar los posibles errores que en su primer año de gobierno hayan podido cometer los alcaldes de otros partidos diferentes a los sectores del partido que están empeñados en recuperar las alcaldías, antes del vencimiento de los períodos constitucionales.

Ya se surtieron las audiencias en Medellín, Bogota y seguramente en otros municipios, donde extrañamente los niveles de aceptación de los alcaldes son altos, donde las relaciones con el gobierno nacional son en mi sentir, bastante buenas, porque han logrado coordinarse y obedecer, dentro de las sanas discrepancias, al presidente y sus equipos de trabajo. Donde las autoridades de vigilancia y control, no se han pronunciado sobre los presuntos desmanes denunciados, lo que evitaría estos tediosos y costosos procesos de revocatoria.

Yo sigo pensando que la unidad hace la fuerza y que el interés general debe primar, eso nos hace más cívicos, más humanos, más responsables.

De estos procesos revocatorios, lo que nos va a quedar, además de más odios, más polarización, más mentiras, más muertos, que nos dolerán mucho, y menos atención, menos plata, menos trabajos, menos infraestructura, menos acción de las autoridades de vigilancia y control contra los corruptos, y por supuesto con las autoridades distraídas en la revocatoria, podrán avanzar más rápido la delincuencia y la informalidad; los narcotraficantes están felices con tanto despelote que mantiene a las autoridades distraídas.

Respetando mucho a los amigos que están comprometidos y comprometiendo a otros en este derecho constitucional que nos da la tan criticada Constitución del 91, fruto de la paz con las guerrillas del M-19 y que 30 años después, ni siquiera ha sido reglamentada por el Congreso de la República; decirles que, en mi humilde sentir, de este proceso saldrán más cosas malas que buenas. Traten por lo menos de imprimirle al proceso mucha altura, para que el fracturamiento del país, no nos ponga en más dificultades de las que ahora tenemos.

Que nuestro señor Jesucristo ilumine a los alcaldes que pretenden revocar, que mejoren su comportamiento y les dé mucha fuerza, para que defendiéndose, puedan cumplirle a sus comunidades, asistirlas y defenderlas del covid-19 y cumplirles los planes de gobierno con los que fueron elegidos; que ilumine también a los actores de la revocatoria y su comportamiento sea impecable.

Paz en la tumba del ministro y de todos los colombianos fallecidos en esta pandemia.

sábado, 23 de enero de 2021

Una carpa en la playa

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

En este pico de pandemia, en un país como el nuestro, el turismo se ha convertido en una de las fuentes de empleo más importantes y el rebusque informal, en todo tipo de actividades, pone en nuestras playas un espectáculo dantesco, donde se hace demasiado notorio el sufrimiento de nuestros congéneres.

Una forma de colaborar es la de arrendar una carpa en la playa para pasar el día frente al mar disfrutando del sol, el agua salada y de la brisa, permitiendo observar todo lo que pasa en la playa, porque todos sus actores se hacen sentir ofreciendo sus productos y servicios. En la medida que pasa el tiempo, sus caras y todo su cuerpo manifiestan el cansancio; con solo mirarles en sus zapatos uno se da cuenta de la cantidad de kilómetros recorridos y de lo difícil que les está quedando subsistir, de la vulnerabilidad del ser humano en la informalidad y en esta pandemia. El distanciamiento, el tapabocas y las buenas prácticas de aseo, ayudan a defendernos del virus evitando el posible contagio y todos somos sospechosos, pero los más vulnerables son más sospechosos aún, sus condiciones de vida, desafortunadamente son muy bajas en la satisfacción de necesidades básicas.

El conjunto vallenato, el vendedor de cócteles, el vendedor de ceviches de camarones, el vendedor de pulseras, de adornos marinos, de coco, mango, confites y cigarrillos, de servicios de tatuaje, de arriendo de parlantes de música, de trovas personalizadas improvisadas, de deportes y diversiones acuáticas, los recicladores de vidrio y latas de cerveza, los vendedores de frutas y dulces nativos, las masajistas, los que imploran la caridad pública, etcétera, se convierten en un desfile interminable, donde el común denominador está dado por el miedo a un contagio por el mal uso del tapabocas, el rompimiento de la distancia mínima, por el contacto físico con las mercaderías ofrecidas, por el alcohol desinfectante, por las caras de tristeza de los vendedores y las caras de arrepentimiento de los posibles compradores, por la actitud que tienen que asumir frente a un posible contagio de los que le tienen miedo al contagio, que es distinta a la actitud de los que no le tienen miedo al contagio, porque prefieren la diversión extrema y los que tienen como prioridad conseguir algún centavo para comprar algo de agua y comida para aguantar la jornada que incluye caminada bajo el inclemente sol y el poder conseguir algún peso para llevar a casa; estos no tienen ni posibilidades ni tiempo para tener miedo al contagio.

Estos vendedores informales de bienes y servicios, son más del 50% de la población trabajadora colombiana, lo están pasando muy mal y requieren tener al día sus mercados básicos para poder hacer una o dos comidas diarias, su Sisben y demás auxilios que los gobiernos nacionales, departamentales y municipales, les puedan dar, después de descontar lo que los corruptos se puedan robar, aprovechando las circunstancias de emergencia de la pandemia, además de los bienes y servicios que los turistas les podamos comprar.

Ya no sabemos cómo más implorarle a los congresistas, a los altos dignatarios del gobierno, que necesitamos que ahorren el dinero de los colombianos, para poder ayudar a los más vulnerables.

Yo no sé qué pueda sentir un senador de la República en estos momentos, lo que si estoy seguro es que el dolor, el cansancio y el desespero de la gente, está llegando a unos límites insospechables.

La política, que es el arte de servir al bien común, debe establecer mecanismos que les permita ponerse de acuerdo, por lo menos, en los temas que permitan la satisfacción de las necesidades más importantes de los más vulnerables.

Yo les recomiendo como guía en su actuar, revisar los Objetivos para el desarrollo sostenible que a continuación enumero, objetivos a los que han adherido casi todos los países del mundo y que debemos lograr con miras al 2030.

1.    Fin a la pobreza,

2.    El hambre cero,

3.    La salud y bienestar,

4.    Educación de calidad,

5.    Igualdad de género,

6.    Agua limpia y saneamiento,

7.    Energía accequible y no contaminante,

8.    Trabajo decente y crecimiento económico,

9.    Industria, innovación e infraestructura,

10. Reducción de las desigualdades,

11. Ciudades y comunidades sostenibles,

12. Producción y consumo responsable,

13. Acción por el clima,

14. Vida submarina,

15. Vida de ecosistemas terrestres,

16. Paz, justicia e instituciones sólidas,

17. Alianzas para lograr los objetivos

Porque para hacer alianzas debemos conocer los temas y cuando los temas son sobre los más vulnerables, mucho tenemos que hacer, como nos lo enseña nuestro señor Jesucristo en el libro más importante y leído en el mundo, “la Biblia”.