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domingo, 25 de julio de 2021

¿Acaso vivimos en una sociedad amancebada con la anarquía?

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez*

Hace 211 años que celebramos unidos un grito de independencia. Como la hemos tenido, ahora no la valoramos y una minoría violenta quiere romper el equilibrio democrático entre libertad y orden, que garantiza equidad y justicia en el ejercicio de la legalidad.

Como hice parte de la directiva de entidades internacionales, no me cuesta reconocer que sus burocracias también se equivocan y son sujeto de contaminación ideológica que desvirtúa su loable propósito. Diga lo que diga la CIDH, el reconocimiento del derecho a la protesta, sin garantía ni penalidad en caso de resultar en un abuso de los derechos fundamentales de todo ciudadano, representa el camino más corto a la anarquía.

El reconocimiento constitucional del derecho a la protesta pacífica, pierde toda validez cuando está asociada a paros y bloqueos que vulneren otros derechos, afecten la libertad de movilidad y el abastecimiento de bienes y servicios, se efectúen mediante amenazas y actos terroristas, daños a la propiedad pública o privada, agresiones físicas a personas, ataques contra la fuerza pública, violencia ciudadana, vandalismo, asonadas, incendios y destrucción de infraestructura, con las consecuentes pérdidas económicas y en general cuando las protestas resultan asociadas a cualquier acto que sería punible cuando un individuo obra en solitario o por su propia cuenta.

El derecho a la protesta debe estar antecedido del cumplimiento de las obligaciones ciudadanas de acuerdo con la ley[1].(*)

En medio del lamentable silencio de gobiernos democráticos, organismos y organizaciones internacionales, las protestas en Cuba están plenamente justificadas por 60 años de opresión dictatorial comunista y represión de todas las libertades y derechos existentes. Igualmente, representan el último recurso en países como Venezuela y Nicaragua, causadas por décadas de destrucción de valor y valores, se remiten a realidades de descomposición, miseria y empobrecimiento, a manos de regímenes totalitarios disfrazados ideológicamente.

Y estas protestas en contra de las dictaduras, de ninguna forma validan las que se han vivido recientemente en Barcelona, Estados Unidos, Chile o Colombia. Por el contrario, devalúan y desvirtúan la falsa narrativa populista que se le vendió al mundo como un justiciero y loable propósito.

En el caso de las manifestaciones de protesta en Colombia y la violencia asociada a las mismas, se han ignorado todas las reglas de convivencia en pandemia, generando miles de contagios y muertes innecesarias.

El problema de los abusos a las libertades de toda una nación, no es asunto de filosofías ideológicas, ni del grado de qué tan liberal o conservadora sea la forma de pensar de quienes las expresen, son atentados contra los principios que comprenden la legalidad en la que tenemos que convivir como seres civilizados.

En democracia no se vale adoctrinar indefensos por fuera de los valores intrínsecos a la misma. Ni movilizar masas con un discurso engañoso. Menos pagar delincuentes y azuzar inconformes e ignorantes para que con violencia se encarguen de sembrar terror, desconfianza e incertidumbre, destruyan vidas, la economía, bienes e infraestructuras que mantienen las empresas privadas, los empleos y los ingresos de los que dependen los ciudadanos.

Tampoco se vale mentirle al mundo para validar los intereses cobardes del populismo, afines a un socialismo del siglo XXI, que no han podido aceptar que, ni todos podemos vivir del Estado, ni que las organizaciones criminales narco-comunistas, que se quieren tomar el poder por medio de la combinación de todas las formas de lucha, no pueden ser quienes habiendo cometido crímenes de lesa humanidad participen en el proceso legislativo y de control político democrático.

Criticar es simple. Destruir es fácil. Construir valor, sociedad, cultura y civilización, es tarea para líderes, gobernantes y comunicadores ejemplares. Honremos hoy con respeto la libertad.

Anexo. Terrorismo digital asociado a las protestas en Colombia.

Durante más de 20 días me he dedicado a hacer un análisis técnico comparativo de varias herramientas digitales cuantitativas disponibles en el mercado (SML - Escucha de Redes Sociales). En un periodo observado de abril 25 a mayo 20 de 2021, los resultados demuestran la narrativa que se construyó en más de un 95% desde Twitter, y estuvo concentrada en que el Estado, que no fue el agresor, era quien atacaba violentamente a la ciudadanía colombiana en franca violación de los Derechos Humanos.

La narrativa sobre “Violencia Estatal” estuvo asociada a sucesos en Cali, intervención de organismos internacionales (ONU), críticas de oposición política al gobierno de Duque y acusaciones a Uribe. Luego pasó de estar asociada “propuestas ciudadanas”, a actividades de Anonymus (Ciber-ataques & cierre de twitter), actuación del gobierno, asociación con Venezuela, censura en internet y apoyo a Duque.

Más del 80% de las cuentas observadas, interactuaron con los usuarios de redes de comunidades activistas supuestamente defensoras de Derechos Humanos y políticos de izquierda. Y aproximadamente el 60% de la conversación general estuvo asociada a violencia.

Unos veinte mil usuarios o el 1 % de la conversación total de la red presentaron alta actividad anómala, un promedio de 3 publicaciones por segundo pero generaron aproximadamente el 40 % de la conversación, que fue cercana a los 10 millones de comentarios, de los cuales, el 85 % acusaron al gobierno y a la fuerza pública de la violencia en las manifestaciones, amplificaron internacionalmente una narrativa de crisis socio-política validada por mensajes de apoyo de todo tipo de celebridades, mientras solo el 10 % de los comentarios favorecían al gobierno y a la ciudadanía indefensa ante bloqueos, violencia y asonadas, estratégicamente planeadas con el auspicio de organizaciones criminales.

La narrativa fue difundida principalmente por twitter.com y amplificada exponencialmente por cuentas anónimas o impersonales, Trolls y Robots fabricados con código por mercenarios mediáticos, como el caso de Yac News asociado con Anonymus (ciberataques), por sistemas masivos de distribución de información venezolanos y rusos como TeleSur, Marzo4F.com controlado por Diosdado Cabello y rt.com (RusiaTV), de los cuales se nutren rutinariamente otras agencias noticiosas y medios internacionales como El País, The New York Times, The Washington Post, CNN, BBC, etc. Las noticias y opiniones que difunden comentaristas radiales, televisivos y mediático-digitales colombianos se dedican a expandir esas versiones informativas, en muchos casos sin validar su autenticidad y veracidad.

Las herramientas analíticas registran que el origen de dicha narrativa proviene especialmente del twitter de senadores de oposición plenamente identificados, de sus grupos de trabajo digital, y de medios internacionales más distribuidos por usuarios anómalos, desde Venezuela, Colombia, Alemania, Rusia, España, Francia, USA, e Inglaterra; siendo los 10 más distribuidos: el medio Bolivariano marzo4f.com, elespectador.com, eltiempo.com, semana.com, france24.com, wradio.com.co, dw.com, cnnespanol.cnn.com, cuartodehora.com, elpais.com, y las plataformas más utilizadas fuera de Twitter, Youtube.com, Facebook.com, Instagram.com.

Las consignas o hashtags relacionas con el paro en todo el país, difunden en su mayoría videos asociados a manifestaciones y violencia policial. Los de mayor impacto inicial, fueron: #SOSColombiaDDHH y #ColombiaEnAlertaRoja. Se observaron picos incrementados por menciones de políticos y analistas como los de los días 14 y 15 de mayo creados por la noticia falsa de una supuesta agresión sexual de miembros de la policía contra la menor Allison Meléndez, #SOSpopayan, #ParoNacional, #PrimeraLínea, etc., seguidos por otros contra los escuadrones antidisturbios de la fuerza pública y contra el gobierno: #DuqueRetireLaReformaYa, #EstadoAsesino, #NosEstanMatando, #DuquePareLaMasacre, #DuqueMandoAMatarnos, #DuqueNarcoParacoYAsesino, #IvanDuqueAsesino, #IvanDuqueRenuncie, etc.

La conversación asociada a un “Golpe de Estado” dentro de una supuesta “crisis socio-política en Colombia”, #golpedeestado, se dio entre más de 50,000 usuarios que la multiplicaron más de 100,000 veces, en su mayoría cuentas de activistas de DDHH, y se originó principalmente en Twitters de Gustavo Petro, quien comparó el Gobierno de Duque con el de Pinochet en Chile, y en asociación de otras cuentas circularon la falsa idea de que Álvaro Uribe está desestabilizando la población para dar un golpe de Estado contra Iván Duque. De otra parte, algunas cuentas conservadoras hablaron de un posible golpe de Estado por parte de Petro en alianza con sectores de la izquierda y el narco-terrorismo.

En cuanto a los 10 usuarios más influyentes en la conversación general, están las cuentas de: @IvánDuque, @DiegoMolano, @ONUHumanRights, @GustavoPetro, @GustavoBolivar, @Col_Informa, @Contagioradio1, @CIDH, @IvanCepedaCast, @JMVivancoHRW.


[1] (*) Constitución Política de Colombia 1991. Artículo 2. “Son fines esenciales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación; defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo. Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares. 

viernes, 2 de julio de 2021

Basta ya de tanta violencia

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Esta locura que estamos viviendo tiene que pararse ya. Al paso que vamos, si lo que impera es la ley del talión del “ojo por ojo”, pronto vamos a ser un país de tuertos o de ciegos. No es chiste. Es dramática realidad. Recuerdo el caso de dos familias guajiras, los Cárdenas y los Valdeblanquez que literalmente se extinguieron mutuamente con esa consigna.

En toda mi existencia no he dejado de ver violencia por doquier, las de antes: la que trajeron los conquistadores arrasando la población indígena nativa; la de las guerras de independencia; la de las luchas intestinas de la patria boba que luego se volvieron civiles por el control del poder; la de los mil días entre conservadores y liberales y que siguió por décadas bañando de sangre nuestros campos y ciudades, y las de hoy: la de las guerrillas; la del Estado con su doctrina de la seguridad nacional por allá en los 70 y 80; la paramilitar; la del narcotráfico; la de la delincuencia organizada; la de los falsos positivos… Y como si no fuera suficiente: la violencia cotidiana, la que se da a nivel intrafamiliar, pero también la que se da contra las mujeres y contra los niños inocentes; la escolar con el bullying; la de la calle, todos los días, que roba y asesina; la de los vándalos que destruye por destruir todo a su paso y nos acrecienta la miseria; la del Esmad cuando excede su poder y su fuerza contra de la población civil; la de las redes sociales cargadas de odios viscerales, insultos e improperios. La lista sigue. Es tanta-tanta que he pensado si es que estamos condenados a ella para siempre, si es que se trata de un problema genético-ontológico del colombiano, si es que es un problema cultural arraigado muy difícil de superar o qué es, pues, lo que nos pasa en nuestra deteriorada alma que hizo a San Juan Pablo II definirnos como un “país moralmente enfermo”.

De lo que me voy convenciendo es que esto ya es patológico grave y no veo a nadie, ni líderes relevantes, ni instituciones creíbles que quieran y puedan detener esta locura. La violencia en su espiral devastadora se nos volvió paisaje. Es más, nos ha convertido en sedientos vampiros que más bien extrañamos el día que no haya muertos. La televisión y el cine dejaron hace rato de ser ficción y la realidad la supera cual zaga de Netflix dolorosa y cruel. En otros países, un solo muerto hubiese dado para manifestaciones multitudinarias de rechazo. Aquí no, aquí más bien hay quien no solo las justifique y se alegre, sino insensatos de lado y lado que pidan aumentarla, ya para vengarse de esa sociedad rica e indolente que por siglos le ha importado un bledo el hambre y la miseria, ya para reprimir con mano dura y como se merece esa enardecida chusma ignorante, culpable del retraso de nuestro país. Tan vergonzosa realidad hace entender mejor la frase de Jesús en la cruz: “perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen“

Lo sabemos, violencia genera violencia. Abre dolorosas heridas en el corazón y suscita traumatismos existenciales difícilmente curables en el corto plazo. El resentimiento que produce puede ser eterno. Hay quienes buscan superar esas laceraciones para no dejarse llevar por los sentimientos de venganza y de querer cobrar justicia por propia mano ante una justicia que no hace justicia. Se necesita mucho valor, mucho coraje, para pasar la página. Pocos logran superarla con una memoria no vindicativa, voluntad de no repetición y decisión de reparación.

Estamos en una coyuntura decisiva frente a la cual no podemos equivocarnos. Basta ya de extremistas polarizantes, detestables y dañinos que se culpabilizan mutuamente y con razón, porque es verdad que juntos han producido esta desgracia, han demostrado por décadas su incapacidad para reconstruir el país y cerrar las brechas sociales, han evidenciado su corrupta voracidad sin tener voluntad política para siquiera menguarla. El pueblo ya les dio la oportunidad y la desaprovecharon. Hay que optar por un camino distinto, refrescante, oxigenante, que, sin dejar de afrontar la realidad de un pueblo generalizadamente maltrecho por toda clase de males, combata las raíces estructurales de estos males agobiantes y de modo propositivo, cual ave fénix, reviva desde las cenizas humeantes, con vida y esperanza, un mejor presente para todos, más humano y digno. Ojalá haya gente que quiera hacerle eco a esta alternativa.

domingo, 27 de junio de 2021

Conclusiones sobre el Paro Nacional

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Hablar de las cosas después, con posterioridad a los hechos, no es bueno si es para pontificar sobre la forma en que se debió actuar y no creo que Colombia hoy necesite eso. Lo que se requiere es analizar de fondo qué está sucediendo en Colombia, a qué le estamos apostando y cómo los diversos actores de la vida política quieren tomar partido y beneficiarse del caos, lo cual genera desestabilización social y económica. Me permito precisar algunos puntos a saber:

Primero. El país no puede olvidar que la crisis social y económica se inicia con la pandemia, causada por el covid-19, cuando en marzo 19 de 2020, iniciamos una cuarentena prolongada que se fue extendiendo en el tiempo, para proteger la vida y no la economía. Se lograron resultados importantes en aspectos preventivos y fue así como la tasa de mortalidad se controló significativamente.

Pero, como todo en la vida, protegerla causó estragos en la economía y el empleo, se generó una crisis de hondas consecuencias, el desempleo se incrementó al 27%, la pobreza volvió a niveles del año 1998, algunas empresas quebraron o entraron en el proceso de insolvencia, y otras están esperando algo de mejoramiento, si no llegarán a ese estado también.

Segundo. A la par, y desde el inicio del mandato del presidente Iván Duque, Gustavo Petro y su Colombia Humana, expresaron públicamente que se opondrían, desde el primer día y en la calle, al gobierno, lo cual ha sido verdad y no es controvertible.

Tercero. Los promotores del paro, a pesar de la crisis, no supieron responderle a la sociedad, se sostuvieron en las marchas y de allí surgió la violencia, la cual, además, fue patrocinada por un senador de la República, Gustavo Bolívar, que financió la llamada primera línea de manifestantes.

Cuarto. El mal llamado Paro Nacional, promovido en todo el territorio, dividió aún más al país. Los marchantes no eran grandes mayorías y se diferenciaban porque algunos realizaban el ejercicio de la protesta pacíficamente, pero los otros, los que estaban pagados y financiados, tenían la orden de generar caos y vandalismo, y a fe que lo lograron y aún siguen haciéndolo.

Quinto. El Comité del Paro, que se autodenominó así, no tenía, ni tiene representatividad alguna; no se sabe quién los eligió, ni cuál es su misión. Han sido factor de distracción para el gobierno que se reúne con ellos para acordar no sabemos qué, ni por qué, solo entendemos que no representan a nadie, excepto a Fecode, y las centrales obreras.

Sexto. Responsabilidades. A los alcaldes se les salió de la mano el control del orden público, siendo ellos los directos jefes de la policía en cada ciudad. Los hechos de Cali, Bogotá y Medellín, además de Cauca, fueron indicadores del grado de violencia y odio que se presentaba en cada sitio de manifestaciones. Los daños causados no los van a pagar ellos, ni los promotores del paro… siempre sucede así, los pagamos con los impuestos los ciudadanos que a pesar de las manifestaciones tenemos que asistir a trabajar para sostener a los vándalos, bandidos, narcotraficantes, exguerrilleros y nuevos guerrilleros que no les duele los derechos de los demás, no piensan sino en la venganza y se regodean con el dolor de los que ven sus bienes, muchos o pocos, acabados y destruidos. Eso no puede ser democracia.

Séptimo. Reforma tributaria. Por todos los medios se le solicitó al presidente que se abstuviera de llevar al Congreso la reforma tributaria, aunque fuera con otro nombre, porque la reacción fue mucho mayor, no solo de los marchantes, sino de toda la ciudadanía; lástima que no hiciera caso y a los ochos días la tuvo que retirar.

Octavo. Políticos. No sabemos dónde estaban, se escondieron, no dieron la cara ni tuvieron el talante de dirigirse a los manifestantes para parar el destrozo, salvo, como siempre ocurre, que algunos para bien o para mal, opinaron, como los expresidentes Uribe y Gaviria, y como Germán Vargas, además de algunos miembros del Centro Democrático, y de Petro y Bolívar que lo hicieron para azuzar a los marchantes; de resto senadores, representantes, concejales y diputados desaparecieron del escenario público.

Noveno. El Congreso tampoco dio la talla, no acogió las peticiones públicas de control a los salarios, al número de congresistas, al pago único en época de sesiones, en fin, sí aprobaron proyectos, pero aún no entienden que el país no les tiene confianza.

Décimo. La policía y el Esmad. Duro les dan los medios de comunicación y los comités de derechos humanos, pero, nadie los felicita. Ellos salvaron las ciudades y tuvieron en sus filas más de mil hombres heridos, aporreados, masacrados. Estuvieron impávidos porque no podían defenderse ya que los acusaban de ser violadores de derechos humanos. Todos sabemos que los excesos no son buenos, pero pregunto yo ¿quién atacaba… ellos o los vándalos? La respuesta es simple los vándalos, con piedras cócteles molotov, palos, patas, puños, es decir, con rabia… qué horribles noches.

Si hubo excesos es de los dos lados.

Décimo primero. El ejército. Actuó con serenidad en los lugares en que se solicitó que actuara, de resto estuvieron quietos esperando órdenes.

En fin, señores, lo que sucedió y está ocurriendo tiene su origen no solo en la pandemia, sino en el mal acuerdo de paz, que, aunque se perdió, lo sostuvieron. Ahí están las consecuencias, fallas en la justicia, los exguerrilleros que sin remordimiento atacaron al país por décadas, que violaron, secuestraron, mataron, se tomaron ciudades y municipios, y pusieron bombas, ahora están legislando, autorizados por una paz que no generó la tranquilidad que se esperaba, que dividió y polarizó nuestra patria… qué mal trabajo el de un señor Santos, que nos engañó a todos.

En conclusión, debemos todos bajar los ánimos, pensar en la Colombia que es de todos, en la que unos pocos vándalos no pueden ganar; no se puede destruir el sueño de una gran nación con autonomía y soberanía nacional, debemos seguir luchando por una nación emprendedora, que impulse el trabajo, que genere mejor calidad de vida y que sea la mejor para bien de todos.

miércoles, 16 de junio de 2021

Gobierno apocado ante Deutsche Welle falaz e insidiosa

Por José Alvear Sanín*

Probablemente la Deutsche Welle (DW) es la mejor emisora de TV del mundo, por el altísimo nivel de su excelente y variada programación. Por su superioridad en el medio, inspira respeto y aun temor. Al parecer, esa emisora privilegiaba la objetividad e imparcialidad en la información de los sucesos diarios. Como por eso venía ganando sintonía en América Latina, amplió a 20 horas diarias su programación en español para nuestro subcontinente, pero pronto sus noticieros empezaron a mostrar el sesgo izquierdista que acostumbran los europeos frente a nuestra región.

Esa lamentable orientación se ha traducido, en los interminables 40 días de las “protestas” en Colombia, en una verdadera e incesante toma de partido a favor de las fuerzas que, a través del paro, la asonada, la subversión, la violencia, los bloqueos y sobre todo la desinformación, están llevando el país al colapso y la revolución. Ya la DW no es simplemente sesgada, sino que se ha pasado al servicio incluso de la “primera línea”, deliberadamente.

Todas las noches la DW pinta al “gobierno” colombiano como una dictadura que asesina, incendia y viola a través de sus maniatadas fuerzas de policía, a un pueblo indefenso que ha salido, inerme, a protestar pacíficamente frente a condiciones intolerables de despotismo.

El “enviado especial” Johan Ramírez es filmado con casco, visera y blindaje corporal (como un Robocop), al lado de los manifestantes, pero no ha visto un policía despedazado; otro secuestrado, torturado y su cuerpo arrojado al río; ambulancias detenidas y destrozadas, con pacientes que mueren dentro; centenares de estaciones de transporte público vandalizadas, buses y camiones quemados, carreteras bloqueadas, un puerto anulado, mercados saqueados, y los demás horrores que esas turbas cometen en medio de cantos y bailes grotescos, para celebrar “la fiesta de la guerra”.

Tampoco ha observado el Sr. Ramírez, la complicidad de los alcaldes izquierdistas con el desorden, ni la conducta timorata, omisiva y vergonzante de las autoridades, que han dejado llegar las cosas al estado de descomposición que conduce al caos. A esto se suman los frecuentes y cordiales reportajes que la DW hace a los corifeos del desorden, evitando cualquier opinión favorable a la ley y el orden en Colombia.

Ahora bien, no entendemos la razón por la cual nuestro gobierno no exige respeto al de Alemania, propietario de la DW, cuando esta desinforma, agrede y ofende a Colombia, poniéndose al servicio de los enemigos de nuestra democracia con una sesgada cobertura que incluye hasta tomas que parecen de otros lugares y tiempos. Como si esto fuera poco, algunos amigos me cuentan que la BBC sigue igual conducta.

Sabemos que protestar por la impasibilidad de la Cancillería y de los orondos embajadores de Colombia ‒con la excepción del Dr. Alejandro Ordóñez‒, es tan inútil como reclamar una información confiable a los brazos mediáticos de la República Federal y del Reino Unido, pero no podernos quedarnos callados ante la tolerancia oficial frente a organismos de propaganda de esos, dizque, “gobiernos amigos”.

viernes, 4 de junio de 2021

Reventados

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

He dicho que como país estamos atravesando la mayor crisis estructural de nuestra historia. Sabemos que afrontarla no es nada fácil y que salir de ella tomará tiempo. Igualmente, creemos que se necesitan líderes corajudos y decididos en la mesa de negociaciones para lograrlo y nos molesta no ver avances, no sé si por miopía o porque el paquidermo efectivamente no se mueve. El hecho es que llevamos 35 días de paro y todos los días sale gente de todas partes para marchar y protestar. No se cansan, inmunes al sol y a la lluvia. ¿Trabajan? No. ¿Estudian? No. Nunca han tenido nada, algunos lo habían perdido todo. Por eso no hay nada que perder. Si acaso la vida por el covid-19 pero era preferible salir a la calle y enfermarse que morir de hambre en casa. Son jóvenes, familias enteras, sin futuro.

El rector de la Javeriana escribió un twitt el pasado 21 de mayo que me gustó mucho: “No sigan dilatando el comienzo de las negociaciones añadiendo condiciones y temas. El país está reventado. Queremos trabajar, queremos estudiar, queremos movilizarnos libremente, llegar a tiempo a la casa y al trabajo”. ¡Hace 15 días y la cosa sigue igual!

Estábamos muy maltrechos por la pandemia y sus consecuencias, pero ahora sí que estamos reventados con esta tomadura de pelo. No sé a qué están jugando estos señores apoltronados en sus cómodas trincheras, sin mirar más allá de su afán de protagonismo y de ganar dividendos políticos para su botín electorero. Qué insensatez, qué falta de sentido común. Dicen las partes que aman la patria, pero les importa un bledo la economía paralizada, la infraestructura cada vez más vandalizada, que no destruida, la crisis sanitaria en aumento, la sangre de los muertos y heridos chorreando por doquier. Hace rato que el gobierno debió tomar riendas y el tal Comité de Paro descalificar la violencia y la anarquía. Cada día que pase será un año más que tendremos que tomarnos para recuperarnos. Estamos en la apoteosis de la patria boba, desgastados en luchas intestinas fratricidas y oteo revoloteando en el horizonte aves de rapiña listas a devorar lo que quede del muerto. Imperdonable.

Caída la reforma que propusiera el ministro de infeliz memoria, sabihondo de economía neoliberal pero que nunca ha comprado un huevo en una esquina, desde el ejecutivo se debieron amarrar los pantalones y coger el toro por los cuernos. Sentarse con los líderes de las ramas del poder público no para recibir florecillas perfumadas sino para afrontar la crisis y decir: Sí señores. Estamos mal. No podemos seguir evadiendo responsabilidades. Esto es grave. Vamos a conformar 10 mesas de trabajo con representantes de todos los sectores en cada una de ellas para mirar los temas neurálgicos que nos agobian. Vamos a hacer en cada una el listado de lo más urgente que hay que resolver. Vamos a hablar “a calzón quitao” para no decirnos mentiras, ni hacer promesas engañosas de cosas que no se pueden cumplir, para priorizar las acciones que realmente se deben tomar ya. Hacer un cronograma realista de fechas puntuales para trabajar en comisiones y presentar propuestas concretas de modo que se fueran viendo logros y primeros resultados. El país es lo primero y nuestros intereses mezquinos hay que dejarlos de lado. Aquí, o nos salvamos todos o nos hundimos todos. Pero no. Eso que llaman elegantemente falta de empatía, en realidad pareciera más bien soberbia, desdén y desprecio. Ribetearon fácilmente a todos por igual tildándolos de izquierdistas y siguen tercamente convencidos de que es un complot para destruir su institucionalidad venida a menos.

Sobre la crisis nacional en un principio todos estuvimos de acuerdo, pero ya estamos otra vez en desacuerdo por la forma de afrontarla. Estuvimos de acuerdo en el derecho legítimo a la protesta, pero no hemos estado de acuerdo en que había que denunciar y deslegitimar todo brote violento. Estuvimos de acuerdo con las marchas y las protestas, pero no con los bloqueos indefinidos que tienen reventados a todos los sectores de nuestra economía. Estuvimos de acuerdo en la necesidad de sentarse a dialogar, pero nos agobia el tedio de su lentitud y el ver la prepotencia de sus protagonistas que no ceden nada.

Insisto: cada día más que pase lo lamentaremos tardía e irreversiblemente, pero si es verdad aquello de que “piensa mal y acertarás”, es muy probable que quienes negocian no estén tan estresados porque tienen todo asegurado, cuentan con cómodos salarios y sus familias y propiedades ya están en el extranjero. Algunos de esos, que dizque defienden a su gremio, en vez de retornarles sus aportes descontados por derecha, gastan diariamente millones en publicidad radial, en avisos de periódico, en cazar peleas por cualquier cosa, pero no veo que propongan y construyan nada. Nefastos. El hecho es que estamos reventados: los niños en la casa sin poder vivir su vida normal de colegio, los que trabajan en casa y están hartos de reuniones virtuales, los tenderos y pequeños comerciantes que no pueden abrir sus almacenes, los empresarios promisorios que ven frustradas sus inversiones por el receso obligado, el personal de la salud sobre exigido por la crisis sanitaria, los que por culpa de los cierres se quedan sin empleo, los que pasan hambre y no tienen techo… ¿hasta cuándo?

miércoles, 2 de junio de 2021

Decreto inocuo versus revolución rampante

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Para celebrar el primer mes de la revolución colombiana, cuyo chispazo fue inducido por la presentación de una reforma tributaria imposible y agresiva en medio de la pandemia, y también con el fin de restablecer el gobierno, el pasado 28 de mayo se dictó el retórico Decreto ordinario 575, suscrito por los señores Duque y Palacio, que ha sido denunciado como “militarización” de un país levantado contra “un gobierno opresor, que masacra la población indefensa”.

La parte motiva del Decreto comprende cuatro y media páginas donde se reproducen normas y sentencias redundantes, y tres artículos, inocuos porque ratifican la inconstitucional política de que son los gobernadores y alcaldes (más o menos comprometidos con la defensa de las instituciones) quienes deben responder por el orden público, para lo cual “coordinarán”, “ordenarán”, “implementarán”, “informarán”, “decretarán”, “brindarán”, “apoyarán”, con otras autoridades incluyendo ejército y policía, y bla bla bla…, como puede el consternado ciudadano observar si lee los tres artículos del decreto que va a restablecer el orden público y salvar la democracia:

Artículo 1. Medidas para la conservación y el restablecimiento del orden público.

Ordenar a los gobernadores del Cauca, Valle del Cauca, Nariño, Huila, Norte de Santander, Putumayo, Caquetá y Risaralda, a los alcaldes del Distrito Especial, Deportivo, Cultural, Turístico, Empresarial y de Servicios de Cali, del Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico de Buenaventura, de los municipios de Pasto, Ipiales, Popayán, Yumbo, Buga, Palmira, Bucaramanga, Pereira, Madrid, Facatativá y Neiva, para que en el marco de sus funciones constitucionales y legales, adopten las siguientes medidas:

1. Coordinar con las autoridades militares y de policía del departamento la asistencia militar de que trata el artículo 170 de la Ley 1801 de 2016, de manera que el departamento, el distrito y los municipios, pongan en ejecución este instrumento legal para afrontar y superar los hechos que dan lugar a la grave alteración de la seguridad y la convivencia, en sus respectivas jurisdicciones.

2. Adoptar las medidas necesarias, en coordinación con la fuerza pública, para levantar los bloqueos internos que actualmente se presentan en las vías de sus jurisdicciones, así como también evitar la instalación de nuevos bloqueos.

3. Adoptar las medidas, e implementar los planes y acciones necesarias para reactivar la productividad y la movilidad en sus respectivas jurisdicciones, entre ellas, fortalecer los controles de seguridad en las vías y las caravanas.

4. En virtud de los principios de colaboración armónica de que trata el artículo 113 de la Constitución Política brindar el apoyo y colaboración, en el marco de sus competencias, a las autoridades pertinentes para lograr la mayor eficiencia, eficacia y celeridad en los procesos de captura y judicialización de las personas que incurren en los actos delictivos que afectan el orden público, la seguridad y la convivencia ciudadana.

5. Mantener informada a la opinión pública, nacional e internacional sobre los avances en control del orden público y las denuncias de las agresiones sistemáticas contra la población, la fuerza pública, los bienes públicos y privados.

6. Decretar toque de queda frente a cualquier alteración significativa del orden público y que, en tal virtud, resulte necesario.

Artículo 2. Inobservancia de las medidas. Los gobernadores y alcaldes que omitan el cumplimiento de lo dispuesto en este decreto, serán sujetos de las sanciones a que haya lugar.

Artículo 3. Vigencia. El presente Decreto rige a partir de la fecha de su expedición.

***

Como puede observarse, los dos peores alcaldes del país, Claudia y Pinturita, pueden continuar haciendo, diciendo u omitiendo, como les venga en gana.

viernes, 21 de mayo de 2021

Días mejores

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

A la característica incertidumbre que ha generado esta pandemia interminable con todas sus secuelas, más que conocidas, padecidas, entre las que sobresale la recesión económica y su consabida cadena de males, se ha sumado por ya casi un mes el paro nacional que no es otra cosa sino la expresión de una represión acumulada por décadas que ya no aguantó más y puso en evidencia la crisis estructural que veníamos maquillando y tratando con pañitos de agua tibia. Y como si fuera poco nos bajan la buena calificación de inversión que teníamos y hasta nos quitan la copa América. Mejor dicho, lo único que nos falta es un terremoto para quedar completicos. Tras de cotudos, con paperas.

Tan infelices situaciones, sin embargo, trato de mirarlas con una lente distinta: no la del de la vista gorda que sabe lo que está pasando y se hace el marciano; ni la del aséptico que desde su cómoda poltrona quiere posar de neutral, por no decir indiferente; tampoco la del oportunista que quiere sacarle capital político al río revuelto; ni la del extremista que en su bipolaridad no ve sino blanco o negro; ni la del vándalo que utiliza la pacífica manifestación popular para infiltrarse, agitar el caos, la anarquía, la destrucción, la violencia y la muerte. No. Después de la tempestad viene la calma, después de la noche oscura viene la mañana soleada. Y avizoro mejores días para todos, porque las crisis son oportunidades si realmente se saben afrontar como debe ser.

Lo mejor que ha pasado es sentarse a dialogar. Los mediadores resaltan el ánimo de las partes. No podría ser de otra manera si es que pensamos en grande, si nos pensamos como país. Desgracia sería hacer de estas mesas análogas batallas campales para ver quién gana el pulso, quién es el más fuerte. Solo dialogando, esto es, exponiendo razones y argumentos es como nos entendemos. Por ejemplo, estamos felices porque tumbaron las reformas, tributaria y de la salud, pero al dialogar nos estamos dando cuenta de que es necesario hacerlas, sí, quizás no así como se planteaban, pero hay que hacer ajustes.

Me parece que la mesa nacional de diálogo debe ampliarse luego, en por lo menos otras 10 mesas con temas específicos, al frente de las cuales debe haber representantes de las tres ramas del poder público, líderes gremiales y empresariales, representantes de la academia, líderes sindicales y populares, jóvenes estudiantes, como quien dice, voceros de un país que quiere recrearse, reconstruirse, siendo todos actores propositivos de ese mejor país que también queremos todos. Deben contar con una juiciosa metodología que desemboque en resultados productivos y muy realistas. No se pueden producir acuerdos para echarle un baldado de agua al fuego, cuando en realidad hay un incendio de tamañas proporciones. Farsante sería prometer puentes donde no hay ríos, esto es, mentirse de entrada, otra vez, para aumentar la represa que luego se desborde. Por eso he hablado de ceder y conceder, nunca retroceder. Hay que jugársela toda con honestidad y crudo realismo. Estamos en Macondo, no en Suiza.

Hemos visto que las masivas protestas, acompañadas de expresiones artísticas y culturales se pueden hacer pacíficamente y son realmente contundentes. Y también hemos visto la tragedia del vandalismo, el saqueo y la violencia qué es y lo que producen: más represión y más muertes. Los bloqueos indefinidos nos están acabando y en ambos casos todos resultamos perdedores y peor que antes. Si por un minuto se cayera en cuenta de que las partes enfrentadas son todas del mismo pueblo, que es el que siempre pone los muertos y padece las quiebras económicas, se dejaría de ser idiotas útiles de los extremos polarizantes que se solazan viendo cómo nos acabamos mientras ellos y sus familias en el extranjero tienen todas las comodidades. ¡Basta de ingenuidades!

“No hay mal que por bien no venga”, reza sabiamente el adagio popular. Dije, sabiamente, inteligentemente, sensatamente. Porque si no se asume así, las cosas pueden tornarse peores y eso solo les conviene a los gatos que quieren radicalizar el conflicto para quedarse con el queso y todos los ratones. ¡Pilas!

lunes, 17 de mayo de 2021

La verdad

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Creo, con razones de peso, que surgen del análisis realizado a la información de prensa, radio, redes sociales y noticieros, y a observar en forma directa a los manifestantes, que la verdad sobre lo que realmente está sucediendo en Colombia es que no hay una causal nueva, que sea diferente a la que vive cualquier país del mundo en la actualidad y que sirva para explicar de fondo la violencia con la que se están realizando las expresiones populares y las masivas actividades vandálicas que tienen en jaque a todo el territorio nacional.

Es cierto que en Colombia hemos avanzado más en la búsqueda de bienestar para los ciudadanos que en otros países del mundo. De eso no se habla, no se muestran indicadores, ni se compara con cifras de esos lugares, pero en salud la cobertura es alta, el Sisbén protege a más de cinco millones de personas, y sus beneficiarios son atendidos en los mejores hospitales y centros de salud. Además, el sistema de seguridad social integral exige la vinculación de los trabajadores y sus familias a este sistema, lo que nos permite afirmar que, si sumamos al trabajador tres miembros de su familia y son once millones (11.000.000) de personas con trabajo formal, estaríamos hablando de cuarenta y cuatro millones (44.000.000) de personas con protección en salud. Así podemos mostrar el buen resultado de la salud para los colombianos, aunque obviamente hay problemas de atención rápida y oportuna, que es y debe ser objeto de análisis para mejorarla, y de corrupción en algunos centros de asistencia, la cual se debe combatir, eliminar y sancionar.

En educación hasta el bachillerato es gratuito, y a partir de ahora será también la educación universitaria gratuita para los estratos 1,2 y 3; gran avance, esperemos que la deserción no sea alta y por ende los estudiantes deberían cesar el paro y reintegrarse a la universidad.

En el tema del trabajo, las centrales obreras, no aportan soluciones a los problemas, crean dificultades y llevan a que las empresas paren, pierdan clientes, se interrumpan los procesos y avance el desempleo. El Estado debe promover la creación de fuentes de trabajo a todos los niveles, en los municipios, en las ciudades y el agro, incentivar la creación de empresas nuevas, apoyar a los emprendedores.

En el deporte, cada vez más a través del Ministerio se promociona, incentiva y apoya lo que nos trae alegrías ya que ha generado campeones en todas las diversas modalidades. Aquí también se puede lograr avances significativos con escuelas de formación, que impidan que la juventud caiga en la droga, porque si se mantienen ocupados estudiando y haciendo deporte venceremos la pereza, la desigualdad social y podrán tener una buena calidad de vida. El deporte asegura esta posibilidad de mejoramiento económico.

En vivienda. El Ministerio ha venido realizando una gestión encaminada a dotar de vivienda digna a miles de colombianos, falta aún bastante, pero es una gestión que no para, lo hacen bien y no tengo conocimiento de signos de corrupción en esos contratos.

Estos son los principales ítems promotores del cambio social que lidera el gobierno actual y que los anteriores también los impulsaron. El Estado no ha parado de buscar soluciones mes tras mes, pero no se le puede olvidar a ningún ciudadano que venimos de un año largo de cuarentenas por la covid-19, con más de 80 mil muertos, casi tres millones de afectados y que, pese a esa adversidad, el gobierno atiende emergencias, da ayudas a los empresarios con las nóminas, extiende plazos de pago de créditos, y demás obligaciones tributarias que se tienen en el país, cumple con su deber constitucional y lo hace mejor que en otros países. Pero no basta, piden más y más, no se da apoyo a la institucionalidad y se sale a un paro nacional, sin sentido, sin razón, solo por el mandato de un señor de izquierda que quiere llevar al país al caos, para decir que será el salvador y obtener el voto ciudadano; daño inmenso el que está promoviendo y lo peor es que los ciudadanos no se dan cuenta del juego de la izquierda que promueve en América Latina el caos y el desorden.

No existen razones lógicas, ni válidas para continuar en paro, deben cesar de hacer daño a las ciudades, de incendiar, lesionar a más de 800 policías, a generar vandalismo y muerte de sus propios compañeros, más de 30 muertos y miles de heridos… si eso es un triunfo, pues los dirigentes del paro tienen un problema mental, eso es odio, rencor e incapacidad para vivir en sociedad.

Van a continuar y dicen que la única razón de la reunión con el gobierno, “es para que les den garantías para la integridad de quienes están protestando, que haya una desmilitarización y que se ordene la suspensión del uso excesivo de la fuerza y armas letales por parte del Esmad”, petición que tiene un solo objetivo, más caos y miseria, más muertos y heridos y así incentivar a la revuelta general y tumbar el gobierno.

Pues no, debemos proteger la institucionalidad, al gobierno del presidente Duque, a la democracia y derrotar a quienes solo quieren un país en llamas, envuelto en la miseria y hambre como el país vecino.

domingo, 9 de mayo de 2021

Ayuda a Colombia desde el exterior

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

- No más noticias falsas, digamos la verdad.

Pedimos ayuda a todos los colombianos y a los amigos del país que viven en el exterior, a nuestros embajadores, a los cónsules y conciudadanos.

Por favor contactemos por redes, por medio de llamadas directas, e-mails o cartas a medios, periodistas, representantes políticos locales y a influenciadores digitales para que les expliquen lo que realmente está pasando en Colombia.

Hoy una sumatoria de violentos incitados por propaganda y dineros subversivos, sube a las redes información falsa contra la policía y el gobierno de Iván Duque, nos inundan de noticias falsas e historias a medias que luego activistas en redes, corresponsales y agencias de medios, HRW y hasta la ONU, se apresuraron a difundir, sin analizar la verdad de lo que acontece, generando oleadas de enunciados sobre percepciones falsas que a la vez desencadenan violencia, brutalidad digital y multiplicidad de ciberataques.

Las protestas en Colombia son en su gran mayoría violentas y destructivas, y organizadas con el propósito de destruir valor y crear pánico y más inseguridad ciudadana. El Comité del Paro, es una fachada para encubrir actividades destructivas, terroristas y subversivas contra la sana convivencia ciudadana y el estado de derecho.

Los disturbios son financiados por el narcoterrorismo y están inspirados por el movimiento “Colombia Humana” liderado por Gustavo Petro (ver: M-19), cuyo objetivo es la toma del poder por medio de actividad política fundamentada en la protesta ciudadana, quien está acompañado de otros líderes que fueron guerrilleros y por narcoterroristas autores de crímenes impunes de lesa humanidad, que fueron llevados al parlamento por el fallido proceso de paz de Juan Manuel Santos con las FARC.

Están además infiltradas en la organización de actividades terroristas, el G-2 Cubano, pandillas conectadas con el régimen comunista venezolano, y milicianos urbanos narco-terroristas de las FARC y ELN, liderados por los prófugos de la justicia colombiana que operan todo tipo de actividades criminales desde territorio venezolano y por las llamadas disidencias de las FARC-EP, que se identifican como “Movimiento Bolivariano” y que están apoyados por el dictador venezolano Nicolás Maduro y el líder Diosdado Cabello.

Los disturbios y actos de violencia destructiva urbana y sitio estratégico para desabastecimiento e inmovilización de las grandes ciudades colombianas hoy son apoyados por los alcaldes de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Santa Marta, Zipaquirá y otras ciudades que se suman a una extrema izquierda vinculada a organizaciones crimínales que operan y actúan como guerrilla urbana.

Entre las organizaciones dedicadas a pagar jóvenes para cometer actos vandálicos y linchar y matar policías se destacan el nuevo JM-19, el sanguinario ELN y Las FARC-EP que resurge con fuerza y que, como se dijo antes, hoy cuenta con representantes, miembros activos en el parlamento, utilizando lo que siempre han pregonado como: la combinación revolucionaria de todas las formas de lucha por el poder.

Las manifestaciones que se presumen pacíficas sólo cuentan con un pequeño grupo de marchantes que protestan por un sentimiento genuino de inconformidad. Los grupos guerrilleros organizadores respaldados por dineros ilícitos amenazan líderes sindicales y líderes de gremios transportadores y de otras profesiones, obligándolos a participar o pronunciarse en favor de los paros.

La realidad es que, con dineros sucios de FARC, ELN y narcotráfico, pagan y movilizan comunidades indígenas, jóvenes pandilleros urbanos organizados en grupos de vándalos dedicados al microtráfico de estupefacientes, que con el fin de destruir la funcionalidad de las ciudades, atacan sistemáticamente objetivos estratégicos como el transporte masivo, los puntos de fácil suspensión del tráfico vehicular y la destrucción de centros de servicios comunitarios como bancos, supermercados, tiendas, centros comerciales y centros de salud.

Defendamos a Colombia y sus ciudadanos de bien, y apoyemos a un presidente y un gobierno honorable, trabajador y bien intencionado, que se ha dedicado a construir con ejemplo de sensatez y mesura, una cultura de la legalidad y a respaldar un empresariado que genera y mantiene empleos en medio de la gran crisis por la cual atraviesa en mundo debido al COVID-19.

Promover e incentivar marchas, actividades y congregaciones masivas pacíficas o violentas en medio de la emergencia pandémica por la que pasa el país no solo es un acto inhumano e irresponsable, es doloso y delictivo.

viernes, 7 de mayo de 2021

Al meollo del asunto

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

No recuerdo haber vivido un paro nacional tan prolongado, tan firme, con tantas manifestaciones por todas partes, con tantos comunicados, marchas, expresiones de todo orden en redes sociales y comunicaciones. Ni la amenaza de contagios masivos en plena pandemia, ni los fuertes aguaceros que cayeron adrede como para disuadir y espantar, han podido detener esta fuerza popular incontenible. La copa se ha rebosado y no sé si quienes están al frente del país sean conscientes de ello. Si nadie aguantaba un día más de confinamientos con sus obligados cierres que han dejado a miles desempleados, pasando hambre y en la calle, menos se iba a aguantar la afrenta de una reforma tributaria inmisericorde, descabellada y absurda. Se equivocaron de coyuntura y de destinatarios de la misma. Fueron tercos y no quisieron ni ver ni escuchar. Ahora estamos con un país caótico y en la peor crisis estructural de su historia. Y no es una frase de cajón, ni haber caído en las garras demoníacas de la izquierda comunista regional denominada castro-chavismo-madurismo con la que siempre nos asustaron, pues finalmente caímos en las garras del otro régimen, tan nefasto como aquel, porque régimen es régimen sea de izquierda o de derecha y siempre usan el poder para su provecho y en cualquier caso el pueblo siempre es el que pierde.

Este enorme reto que estamos afrontando todos, le resulta más incisivo a quienes tienen la responsabilidad de dirigirnos. Lamentablemente no veo líderes de talla, grandes en dignidad, creíbles y con autoridad moral como para convocar con fuerza y jalonar un diálogo nacional de fondo y con todos los actores. Toda la clase política está desprestigiada. Yo por lo menos estoy harto de discursos oportunistas unos, mediocres otros, polarizantes muchos, sinvergüenzas todos. Creo que todos queremos algo nuevo, algo distinto. Basta ya de los mismos con las mismas, mentirosos compulsos, farsantes engañosos que prometen descaradamente lo que saben que nunca cumplirán.

Durante décadas enteras hemos sembrado vientos, ahora estamos cosechando tempestades. Destruimos la familia, célula madre de la sociedad, cuna de la auténtica formación en valores, lo que generó que el tejido social resultara enfermo. ¿De qué nos extrañamos sobre lo que está pasando? La calidad de la escuela no ha podido caer más bajo. Se desecharon las humanidades por subversivas (la religión que nos hablaba de trascendencia, la ética que nos enseñaba valores, la cívica y la urbanidad que nos decían cómo comportarnos como ciudadanos para cuidar lo público y para saber cómo actuar con los otros; la oratoria, redacción y la ortografía para saber cómo hablarle a los otros, escribir bien y hacerlo correctamente; la geografía que nos ubicaba y contextualizaba; la historia que nos enseñaba las lecciones del pasado; la filosofía que nos ponía a pensar críticamente y a no tragar entero) y se hizo apología de lo científico-tecnico y tecnológico como si fuera la panacea. Las instituciones perdieron su norte al corromperse. La justicia se arrodilló ante el delito organizado dando vía libre al crimen y la impunidad rampantes. El dinero fácil permeó por doquier como la mejor opción para ahorrarse trabajo, esfuerzo y sacrificio. El listado de desgracias sería interminable, pero lo sabemos y lo conocemos.

Esta coyuntura puede resultar una feliz bendición si se aprovecha para ir al meollo del asunto. Vivimos en uno de los países más inequitativos del mundo donde la miseria crece ante la mirada indiferente de una élite minoritaria. Y criticar al capitalismo neoliberal no es defender el comunismo, ni el fascismo. Hay que desaparecer la pobreza absoluta y catapultar la clase media, para vivir sin ostentaciones y donde nadie pase hambre. La justicia tiene que reformarse de fondo y recuperar la impolutez que tuvo. Al Congreso, legítimo espacio de la representación del pueblo, hay que reducirlo en número y mañas, y expulsar de su recinto a los que se lucran sin hacer nada. Hay que reducir el despilfarro y el gasto público saturado de burocracia. Urge generar empleo. El campo y la agricultura deben ser estimulados. La investigación y la ciencia requieren ser apoyados. El deporte y la recreación que propicien salud corporal y mental. Hay que hacer una reforma educativa con un currículo que forme personas íntegras e integrales para la vida y la convivencia humana. La salud debe ser digna y para todos. Los comunicadores deben ser imparciales y veraces. Las instituciones necesitan volver a ser creíbles. La vida humana es sagrada y los derechos humanos no son ideología amenazante si se acompañan de los deberes humanos, elemental fundamento de una sociedad justa. La diversidad y la pluralidad son nuestra mayor riqueza.

Así las cosas, tenemos que ir al meollo de lo esencial y no distraernos en banalidades superfluas. Todo esto, tan terrible y duro, que hemos vivido y estamos viviendo, no es para buscar candidatos para las elecciones de 2022 sino para trabajar por la alborada de un nuevo amanecer para nuestra patria. Y para que no queden dudas y vacíos, categóricamente desde esta tribuna de libre pensamiento y expresión, rechazo todo acto vandálico y violento, todo daño a los bienes públicos precisamente por ser nuestros, todo atentado a la vida humana tanto de quien marcha pacíficamente como de quien cuida y defiende al pueblo. Todo desadaptado debe ser sancionado y reeducado, obligado a resarcir los daños ocasionados y trabajar en su reconstrucción. Los delincuentes del estrato social que sean deben pagar sus fechorías y sus crímenes. No más impunidad, no más indiferencia. El problema es que no veo liderazgo, otra ausencia lamentable.

domingo, 2 de mayo de 2021

Escribo con dolor

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Los hechos violentos sucedidos en el trascurso de esta semana (finales de abril) son terribles; se sabía de antemano que la protesta no sería pacifica, con cantos y alegría, porque si bien una buena cantidad de ciudadanos recorrió las calles de una manera pacífica arengando contra la reforma tributaria, las dificultades de la salud, la falta de trabajo, en fin, sobre todo lo que vivimos; muchos otros, como era de esperarse, tristemente, se aprovecharon de la situación para generar vandalismo, muerte, heridas, pérdidas económicas, daños a los bienes de los mismos trabajadores, porque parte de los saqueos, alborotos, y demás fueron contra el patrimonio de muchos de los que estaban allí ejerciendo, al igual que el resto, un derecho constitucional como lo es la protesta, y así y todo terminaron perjudicados en su propio patrimonio… ¡qué contradicción!

Es terrible verlos en las noticias, en los videos, entrando a los bancos, quebrando vidrios, tumbando barreras de protección, robando computadores, televisores y electrodomésticos, amenazando a los trabajadores, y estos, indefensos, solo gritan de pánico mientras los violentos disfrutan con sevicia y sádica complacencia del resultado de la destrucción.

Esta es la imagen que generamos no sólo en el ámbito nacional sino global, pues, es muy triste ver como una protesta contra el gobierno se ve desmaterializada por esos actos de violencia que nos perjudican a todos por igual, marchantes o no marchantes, adinerados o no, empresarios o trabajadores… todos somos víctimas de los atropellos.

¿Dónde estaba el señor alcalde de Medellín?, no lo sabemos, ni aun cinco días después de los paros lo he visto pronunciarse contra los vándalos y criminales que arrasaron la ciudad. ¿Es esté el verdadero representante de la ciudad, quien nos dirige y protege? Lo dudo, impávido, lo único que hace es pronunciarse por Twitter, contra el expresidente Uribe, porque requirió la presencia del ejército en las calles y solicitó suspenderlo de esa red social.

No olvidemos que la Constitución Política de Colombia, en la parte final del artículo segundo dice:

“Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares”.

Esto quiere decir que el gobierno debe acatar estrictamente este mandato, que no es un cuento, es una obligación de carácter constitucional y por ello sorprende que quien manda en la ciudad no proteja a los civiles ni a sus bienes de los actos de los delincuentes.

No es un derecho de un solo lado, si bien se permiten las manifestaciones populares, expresar oposición, como bien lo garantiza un modelo de Estado como el nuestro, no se puede permitir paralizar la ciudad en época de pandemia, no acatando las órdenes judiciales y violando cualquier precepto legal. Me dicen que no todos fueron vándalos, ¿qué tal que así hubiera sido?, estaríamos con las ciudades destruidas. Lo que ocurre y seguirá sucediendo es que las fuerzas desestabilizadoras del país lideradas por Petro, la izquierda, los grupos guerrilleros y la delincuencia se aprovechan de esa expresión de libertad para destruir la ciudad.

Encapuchados que no son capaces de poner la cara incitan a mujeres y niños a comportarse como ellos, que motivados por la locura de las masas, irrumpen sin miedo en los bienes ajenos, los desmantelan y salen corriendo; los vi en videos entrando a menores de edad empujados por sus hermanas o hermanos a una bodega, de allí los sacaron a bala y pudo haber una tragedia mayor con muertos y heridos, pero los que primero corrieron fueron los que desataron el caos y la violencia; cobardes es lo que son, deberían enfrentarse a los demás, pero con ideas, trabajando construyendo y no acabando con lo ajeno.

¿Por qué el SMAD no actuó? porque no lo dejan los fallos judiciales; ¿por qué se impide que se defienda a la ciudad y los ciudadanos? porque quieren acabar con la democracia; ¿cómo lo van a lograr? manteniéndose en paros constantes como lo ordenó Gustavo Petro desde el inicio del mandato del presidente Duque. ¿Van a ganar? Esperamos que no, para ellos empezaremos en Medellín, revocando al alcalde y desde Antioquia entera defenderemos la democracia.

Qué dolor ver cómo los delincuentes lanzaban patadas a los policías, y ellos callados, les tiraban cócteles molotov y ellos quietos. En un carro de la policía, adentro, indefensos, varios policías, fueron víctimas de la violencia, golpes, insultos y ellos impávidos. Esto no puede ser posible, que quienes tienen la obligación de acallar a los delincuentes tengan que bajar la cabeza y humillados salir en fuga, porque no pueden defender la institución y al país.

No sólo me detendré en hacer un análisis en contra de los grandes “lunares” que se presentaron en las protestas, pues debo ser consecuente con todo lo que siempre he predicado, y es que no es momento señor presidente de hablar de una reforma tributaria cuando todos los ciudadanos estamos sufriendo y tratando de sobrevivir al día a día, cuando el porcentaje de pobreza del país aumenta de manera significativa, al igual que el desempleo y muchos otros sectores sociales se ven igualmente deteriorados. Esto era muy previsible señor presidente, a tal punto que su propia bancada le dio la espalda en algún momento y así y todo usted pretende seguir con el proyecto de reforma como si nada estuviese ocurriendo. Considero que es momento de echarse atrás, de caer en cuenta del error, pero antes de que sea tarde. No soportamos más desmanes en lo social, pero tampoco más perjuicios en lo económico; hay mejores formas de solucionar estos problemas y usted mejor que nadie en Colombia debería propender por el bien de los ciudadanos y no perjudicarnos todavía más… esto que está sucediendo era absolutamente previsible.

Señor presidente, señores alcaldes y gobernadores, no pasen de agache, los ciudadanos estamos sufriendo por todos lados, virus, violencia, paros, no hay trabajo, y fuera de eso se destruye la ciudad, ¿qué nos quedará?, ¿qué futuro tendremos fuera de la súplica divina? No esperen a que los ciudadanos se defiendan ilegítimamente, para eso está el Estado que tiene el control de la fuerza y con base en esa facultad debe actuar en fundamento a su legitimidad.

Sí al ejercicio de los derechos y libertades, no, al abuso de la democracia al desorden, la violencia, la muerte.

viernes, 30 de abril de 2021

País complejo el nuestro

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Desde que me conozco decimos, entre otras expresiones: estamos muy mal, vivimos los momentos más difíciles de nuestra historia, el país atraviesa una profunda crisis, hemos tocado fondo. Mejor dicho, estamos en la olla, estamos llevados, esto no lo arregla nadie, en fin… Esa realidad puede ser cierta, pero también es cierto que se volvió paisaje, es decir, nos acostumbramos a convivir con ella, nos parece natural o normal y en ese sentido somos unos conformes y resignados masoquistas sin arreglo.

Bien mal que estamos ya por los letales efectos de la pandemia, como fenómeno global de salud pública, que ha desencadenado una recesión económica sin precedentes pues ha afectado a más de medio mundo y, en vez de buscar solidariamente y en conjunto salidas a tan difícil situación, vamos en contravía equivocándonos reiteradamente, actuando como irracionales, como si realmente le apostáramos a un suicidio colectivo.

Colombia, per-se, es un país muy rico, con recursos suficientes como para competir con otros rankeados como los más ricos del mundo. Alguno decía hace tiempo que somos tan ricos, pero tan ricos, que al país se lo roban diaria y descaradamente y ahí sigue. Nuestro problema siempre ha sido de inequidad y de injusticia, caldo de cultivo para el descontento, la protesta, la inseguridad, el vandalismo, la violencia armada y la guerra civil no declarada. Por décadas hemos sembrado vientos y ahora estamos cosechando tempestades. ¿Por qué nos sorprendemos?

También, con el correr de los años, se ha desarrollado exponencialmente un virus con múltiple variedad de cepas, que ha sido peor que la más grave de todas las enfermedades: la corrupción. Un mal que ha perneado por doquier, que anda rampante y victorioso porque, cuando quisieron vacunarlo, medio país no quiso o no le importó. Y la clase politiquera y rastrera no quiso tramitar la ley anticorrupción en el Congreso, porque era ponerse el cuchillo en el pescuezo y eso nunca puede ser posible para la rapiña y voracidad insaciables que les asiste. Esa misma calaña que prefiere el negocio lucrativo de la guerra a una paz vuelta jirones. ¿Ustedes no creen que eso es un insulto y una afrenta para el pueblo?

Se plantea una necesaria reforma tributaria, pero se plantea mal. Eso ha enardecido a toda la sociedad y ha dado pie para que los agitadores y oportunistas aprovechen la ocasión y hagan su agosto. Qué cuentos de cuidarse. Salieron a contagiarse masivamente para cargarse de toda clase de males e infectar a los suyos. Y otros salieron a robar, saquear y destruir, para acabar con lo poco bueno que todavía tenemos. Insensatos y estúpidos que solo invitan a la provocación y la represión para después quejarse de que les violan los derechos.

Se trata de gente sin educación y que no piensa, producto de la decisión política de apostarle más a la guerra que a la educación y me refiero al Estado y también a un magisterio que se la pasa en marchas y protestas en vez de estar dando clase, educando, formando la conciencia crítica de las nuevas generaciones que van a dirigir este país. País complejo el nuestro, ¿no les parece?

jueves, 1 de octubre de 2020

Vigía: temporada de huracanes

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

El método marxista leninista ha sido el mismo desde hace 100 años. Aprovechar o crear inestabilidad, desorden, para que la urgencia básica de seguridad lleve a la comunidad a pedir a gritos un ordenador, que suele ser uno con un discurso sencillo, lógico y vendible: tenemos guerra, yo les traigo la paz. Y con antecedentes que lo hacen creíble (exmilitar, exministro de defensa, exterrorista). La segunda parte del proceso es más dramática, pues se basa en la relación alimentación ‒lealtad al partido Estado y a su camarilla‒. Las prioridades se alternan ahora, urgen los ácidos gastrointestinales por sobre la amígdala cerebelosa. Esta dinámica, suficientemente documentada en la historia, es cruelmente pavloviana y los primeros en caer son los intelectuales e intelectualoides que justifican ante la comunidad el apoyo a la dictadura nazista, estaliniana, comunista o castrochavista. Son los seducidos de los que habla el suicida Münzenberg.

Colombia ha sufrido menos de hambre que de inseguridad, que está reapareciendo. Venezuela no experimentó ninguna de las dos, por lo menos en el último siglo y ahora sobrelleva ambas. Pero la imprevista pandemia está unificando en un solo escenario binacional el desempleo, la pobreza, el hambre, la inseguridad y la violencia. En Venezuela, el levantamiento por falta de comida, combustible y energía revienta en cada esquina. Estoy sin gas, sin agua, ahora viene el racionamiento de luz, sin gasolina (...) Salimos a protestar para desahogar esa rabia que tenemos dentro”, dice un entrevistado. “Se produjeron más de 4.000 protestas durante el primer semestre de 2020, la mayoría en reclamo de derechos básicos como alimentación o mejoras de servicios públicos. Las revueltas han dejado más de un centenar de detenidos, decenas de heridos y cuatro fallecidos”, dice el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS).

El país que malgobierna Maduro, está a punto de caramelo. El caradura y su comparsa ya no están tan seguro de que Moscú y Pekín les den su apoyo irrestricto y la probabilidad de enfrentar un juicio por violación de los derechos humanos es cada vez más real, a menos que se logre una negociación antes de que haya un estallido social mayor e incontrolable o que agentes extranjeros los arresten. En las actuales circunstancias de nada sirven sus misiles.

Con la presencia cotidiana de hambreadas y errabundas familias venezolanas, es muy difícil que los colombianos compren el paraíso del socialismo del siglo 21, ante lo cual solamente la desestabilización del país podría llevarnos a aceptar la oferta comunista salvadora. A esa desestabilización le apuntan el Foro de Sao Paulo, Miraflores y sus brazos Sebim, Dgicm, las FARC, el ELN y Cuba. El narcotráfico financia esta intentona, cuatro años después de la ahora deshilachada confección Santos – Cuba - Farc.

Curtidos en violencia, sin embargo, los colombianos si percibieran una fuerza pública débil y unas organizaciones narcoterroristas en crecimiento, pueden saltar fácilmente a la autodefensa. El caso Ordoñez, muerto en un mal empleo de la fuerza policial, logró colocar la institución en el foco de interés de la izquierda y de los politiqueros oportunistas. Esta institución, de naturaleza flexible, adaptable y versátil, soportará este nuevo intento para su politización. El ejército es otro cantar. La institución bicentenaria ha sido durante dos décadas la de mayor confiabilidad en el país, aunque algunos poderosos medios han logrado mellar un poco su imagen pública y confundir a muchos de sus miembros. El caso Juliana, muerta accidentalmente en un retén militar, es un buen ejemplo de esto.

El asunto es regional. Sin partidos políticos, sin justicia mínimamente creíble, con severas crisis económicas y unas fuerzas públicas cuestionadas, ambos países están entrando a una zona de turbulencia severa que los sumirá en un desastre o que los sacará a un aire limpio, solo si los militares venezolanos recuperan su papel histórico y los militares colombianos mantienen su posición de honor y no permiten que ningún padrino los manipule.

Entre Bogotá y Caracas se está formando una tormenta tropical que ya ha desatado algunos flatos bolivarianos. Esta temporada de huracanes en el Caribe se puede extender hasta diciembre e inclusive, según nuestros meteorólogos políticos, podría ir hasta abril del 21.