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miércoles, 4 de junio de 2025

¿Fracaso...?, ¿o primer simulacro?

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

El fracaso popular del paro de los días 28 y 29 de mayo no puede, sin embargo, llenarnos de optimismo, ni justificar la desunión de las fuerzas democráticas, la ausencia de un programa único de recuperación nacional, ni la multitud de candidaturas intonsas.

Estas dos jornadas demuestran que el poder de convocatoria de Petro es cada día menor, o nulo, pero a medida que aumenta su locura crece su poder. Seguir pensando con el deseo es cada vez más peligroso porque la serpiente sigue viva y no está propiamente agonizante.

Protegido por una putrefacta Comisión de Acusaciones, él sabe que no será destituido, y que mientras las fuerzas democráticas sigan atomizadas y divididas, no tendrá oposición efectiva.

Un Congreso que oscila entre la corrupción y la pusilanimidad, hace poco le eligió procurador y un magistrado del Consejo Nacional Electoral. La semana pasada le facilitó la toma de la Corte Constitucional, con el nombramiento de su abogado personal (quien no se inmuta anunciando que decidirá “con ninguna imparcialidad”); y como si fuera poco, le revivió y amplió una reforma laboral, probablemente peor que la original[1].

Todos sabemos que Petro es obstinado, cabeciduro y empecinado. Por tanto, nada lo hará cambiar de rumbo, decidido como está a reelegirse para:

1. Seguir experimentando diariamente el placer derivado de la destrucción y el pillaje de la economía nacional.

2. Completar la revolución castro-comunista

3. Incorporarnos a la órbita china, para disfrutar de la grata compañía de Díaz-Canel, Maduro y Ortega, haciendo rabiar a Trump y los Estados Unidos,

A través de un doble proceso se lleva el país al caos: desorden público total y establecimiento del poder constituyente “popular” (soviets).

En cada municipio funcionará pues un consejo popular paralelo al Concejo, para exigir la expedición de una nueva carta populista. En el momento oportuno se organizará una manifestación monstruo en Bogotá, donde 1.100 “delegaciones” municipales (de 100 personas cada una) se unirán a mingas, empleados públicos y chusma, para escuchar el histórico discurso en el que Petro, para salvar al país, restablecer el orden público, asegurar el progreso y lograr la paz total, perpetua y definitiva, asuma todos los poderes.

A continuación, una Corte Constitucional previamente cooptada avalará la supremacía del poder popular sobre los textos escritos, dentro de la concepción de Antonio Negri —ya elogiada por Petro— sobre el poder constituyente multitudinario.

Desde luego que la ejecución de ese plan es difícil. Exige, en primer lugar, la conformación del número suficiente de “equipos” terroristas para incendiar el país, de manera que el autogolpe para “controlar” el caos se haga posible, se vea como necesario y aun parezca aceptable.

La logística para el autogolpe es una operación “militar” precisa, que exige meses de preparación, entrenamiento de sus ejecutantes en los distintos niveles y una fina operación política paralela...

Lo de esta semana no fue, pues, un fracaso. Al contrario, fue una operación preliminar con el fin de calibrar los mecanismos requeridos para el éxito del plan propuesto. En términos militares, lo que acaba de pasar fue el primer simulacro; y habrá tantos cuantos sea necesario, hasta llegar a la puesta a punto del operativo, en un país donde el autogolpe se facilita porque el comandante supremo de las fuerzas del orden es el jefe máximo del desorden.

La técnica del golpe de Estado, de Curzio Malaparte (1931), obviamente está superada en cuanto ignora los aspectos propagandísticos y tecnológicos actuales, pero no deja de guiar acerca de los mecanismos básicos para la toma del poder, como los desarrolla perfectamente un partido revolucionario profesional al estilo del concebido por Lenin.

Ignorar —como lo hacen nuestros dirigentes— la existencia, la estrategia y la operación en Colombia de un plan revolucionario profesional, explica la situación actual del país y los inmensos peligros que amenazan su modelo político, social y económico.



[1] ¡Escaso consuelo es el de pensar que, con los leves retoques “consensuados” en la Comisión 4ª del Senado, la nueva laboral, en vez de destruir 460.000 empleos, solo acabe con 400.000!

lunes, 26 de mayo de 2025

Colombia en alerta

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

El gobierno nacional, desesperado, ha arreciado su accionar orientado a generar una conmoción interior, que le permita ampliar su periodo presidencial por dos años más.

Están citando para el miércoles y jueves una huelga nacional, para presionar la consulta popular recientemente presentada, con las doce preguntas negadas y cuatro más sobre la salud; insisten en revivir los setecientos mil millones del muy deteriorado presupuesto nacional, inmerso en una delicada crisis fiscal, para destinarlo a pura politiquería, que apalanque el miedo que el presidente infunde en todas sus intervenciones, con un estallido social, de unas minorías pagadas y transportadas con nuestros impuestos, a las que la fuerza pública no puede tocar, por orden del comandante en jefe, el presidente Petro.

Parece que lo que quiere Petro, es que los ciudadanos salgamos a atajar a esa primera línea ya que la fuerza pública seguirá amarrada.

No nos podemos dejar provocar, debemos continuar con nuestras vidas normales, estudiando, trabajando, cumpliendo con nuestros deberes.

Mientras tanto, en la Comisión Cuarta del Senado, se discute la reforma laboral concertada, que pueda ser de utilidad para los colombianos, atacando el verdadero problema violatorio de los derechos de los trabajadores: la informalidad.

Este lunes tendrán las ponencias, una concertada de las mayorías y otra ceñida totalmente a la reforma negada en la Comisión Séptima; no se le permitió a los de El Pacto Histórico ninguna concertación.

Cada paso que dan confirma el interés en el odio, la confrontación, la no conciliación, que permitan una conmoción interior, con miras a extender el mandato presidencial por dos años más, cerrar el Congreso de la República y establecer las bases de una dictadura, estilo Venezuela.

Si logramos superar esta semana y el Congreso en la plenaria del Senado aprueba la ponencia de la reforma laboral concertada y logran hundir la nueva solicitud de consulta popular, estaremos mejorando sustancialmente la posición de la oposición al Gobierno Petro. Hasta de pronto las distintas fuerzas opositoras se puedan formar el frente común requerido para enfrentar a la fiera diabólica, que ya debe estar planeando su próximo paso para incendiar al país, acabarlo de destruir y someterlo a sus pies, bajo “la informalidad” de los trabajadores, donde no se respetan ni el salario mínimo, ni las vacaciones, ni los aportes a salud, pensiones y riesgos, ni extras, ni dominicales, ni festivos, ni jornada laboral, desconociendo que es a ese (más del 60 % de la población laboral) al que debe apuntar la reforma, por el bien del país.

En el mal llamado reciente Cabildo en Barranquilla, fue notorio el grado de enajenación mental al que ha llegado el presidente Petro, donde fueron muy escasos los aplausos de los presentes, llegados de varios municipios costeños, atraídos por la posibilidad de un paseo en buses Pullman, con refrigerio, comida y bolsa de mercado incluida, desvirtuando una verdadera intención de acompañar la huelga indefinida convocada por el presidente. La huelga le permita justificar la “conmoción interior” requerida para la ampliación de su periodo, evitando las elecciones del 2026, bajo el relato mentiroso de que con “la consulta popular” se lograran derechos para los trabajadores, cuando hasta los derechos actuales existentes, se violan en la informalidad, que emplea un amplio porcentaje de la fuerza laboral de nuestro país.

Al interior de El Pacto Histórico, existe un grupo grande de hombres y mujeres, que hacen parte de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, que en forma irresponsable acolitan y aplauden el caos que hoy reina en Colombia, bajo el desorden y la corrupción, de un Gobierno que no tiene para mostrar ninguna solución a los problemas que nos aquejan, por incapacidad física y mental para gobernar. Lo más preocupante, la dedicación exclusiva de recursos físicos, económicos y humanos a politiquear por el país y por el mundo, esparciendo las semillas del odio y de la conmoción interior que permita suspender las elecciones en los primeros meses del 2026.

Mientras tanto, al interior de El Pacto Histórico, un grupo importante de hombres y mujeres, víctimas del matoneo de Petro, Benedetti y los secuaces a los que muy poco importa el futuro del país, aparentan continuar fieles al proyecto del presidente, mientras les remuerde sus conciencias y les impide continuar fieles a quien los despidió, por actuar responsable y correctamente. Este sector del Pacto Histórico, con la gran cantidad de arrepentidos, que en su momento acompañaron a Petro y públicamente han dejado de hacerlo, siendo responsables con el país, se están acercando a candidatos, sin vicios, austeros, con experiencia, coherentes, decentes, sin manchas de corrupción, capaces de tender puentes, formar equipos, respetar a los contrarios, sin tener que mentirles a los colombianos, ni prometerles lo incumplible.

Lo anterior justifica la disminución, en las encuestas, del porcentaje de aceptación que venía gozando el presidente, que se acercaba al 40 % y en la última encuesta bajó al 30 %. Y seguirá bajando, porque el pueblo se está cansando de tanta mentira, tanta corrupción, tanto despilfarro, tanta politiquería, además del irrespeto con sus intervenciones en estados mentales que lo ponen a decir y hacer, lo que en sano juicio no sería capaz.

Petro quiere contrarrestar su fracaso, infundiendo miedo y odio, atacando como un loco a todo el mundo, incluidos colaboradores que se la han jugado por su fracasado proyecto político.

Mientras tanto los empresarios formales grandes, medianos y pequeños, que son los que generan el trabajo digno en Colombia, siguen trabajando sin descanso, para llevar los bienes y servicios que demandan nuestro conciudadanos de todas las clases sociales, que buscan el bienestar y crecimiento de sus familias; son empleadores que no tienen tiempo de estar pendientes de las sandeces y politiquerías del presidente, que solo los distraería de sus quehaceres, llevándoles a situaciones económicas difíciles, donde nadie vendría a salvarlos.

Hoy más que nunca debemos encomendarnos al Espíritu Santo, para que nos ilumine y nos proteja.

miércoles, 12 de abril de 2023

Colombianos: ¿cómo salimos de este laberinto?

Epicteto, el opinador
Por: Epicteto, el opinador

Me llegan, como seguramente también a ustedes, mis apreciados contertulios, frecuentes preguntas sobre la manera más eficaz para enderezar el entuerto en que nos colocaron los politiqueros de siempre, y sobre cómo revertir el desastre electoral al que nos condujo el monstruoso fraude perpetrado con anuencia de los gobernantes de turno.

Tarea nada fácil, si queremos acertar en la respuesta. Ya se escuchan voces llamando a conformar una oposición unida para presentarle cara en los próximos comicios regionales al populismo socialista, ahora enquistado en el gobierno. Pretender que los políticos se unan a esta lucha es como buscar el ahogado aguas arriba. Quienes buscaron nuestros votos en las pasadas elecciones para enfrentar la amenaza de la extrema izquierda ahora son sus aliados en el Congreso, sin que se les caiga la cara de vergüenza.

Mientras tanto, en el gobierno nacional y en las alcaldías controladas por los amigos del castrochavismo, que son la mayoría, se aplican los recursos humanos y económicos del Estado a montar la aplanadora gubernamental en favor de sus propios candidatos.

No existe, pues, mis queridos y bien intencionados amigos, ninguna posibilidad de éxito por la vía democrática, con un régimen que para mantenerse en el poder utilizará todas las formas de lucha, como lo enseña su estrategia marxista-leninista y como se evidenció, para infortunio de esta sufrida patria, en las pasadas elecciones.

Nos queda un recurso mucho más contundente: apelar directamente a los colombianos de bien, que somos la mayor parte de la población, sin intermediación de la desprestigiada clase política. Ya ha empezado a anunciar su incontrastable fuerza en las multitudinarias manifestaciones de protesta que los medios han tratado inútilmente de desconocer o minimizar. Contrastan estas espontáneas expresiones con las pobrísimas celebraciones de los primeros cien días del actual gobierno, a las que no acudieron ni sus promotores.

Si se trata, como me han preguntado, de romper el nudo gordiano que nos ahoga, no podemos desperdiciar estas marchas, plenas de coraje e indignación, contra las reformas del régimen social-comunista. No nos conformemos con denunciar los daños que se están causando a los colombianos ni con pedir la renuncia al presidente, pues no lo va a hacer: su propósito es perpetuarse en el poder.

Hay que dar un sentido inteligente y productivo a las protestas. ¿Cómo lograrlo? Transformando esa masa improvisada en un movimiento organizado con una estructura que represente a sus participantes sectorizados por regiones, municipios, y actividades personales de cada uno. Con ese principio de organización, establezcamos una estrategia para derrocar el régimen de la infamia mediante un paro nacional e indefinido, una desobediencia civil y una resistencia generalizada en la que militemos colombianos sin distingos de clase o partido. Solamente dejaremos por fuera a los venales y corruptos politiqueros que nos condujeron al abismo. He allí la fórmula eficaz que requiere el país.

Una salvedad sí tengo la obligación de hacer: no esperemos resultados a la vuelta de la esquina. Esta cruzada puede prologarse mucho más allá de lo que todos deseamos. Pero no nos es permitido pensar a corto plazo, como lo han hecho nuestros dirigentes. Siempre pensaron en ganar unas elecciones, no en los intereses de las futuras generaciones. Por eso entregaron el país a los más ineptos, los más corruptos, los más malvados que pudieron encontrar. Sesenta años le tomó al comunismo llegar al poder. Podemos resistir también lo que sea necesario para recuperarlo.

lunes, 2 de mayo de 2022

Noticias de la semana

En esta oportunidad el doctor Antonio Montoya H., en su editorial para esta semana, destaca diversos aspectos de la vida nacional que son noticia. Entre ellos, los resultados de las encuestas a la carrera presidencial, los problemas judiciales que enfrentan los líderes del Pacto Histórico, los problemas del invierno, la delincuencia desbordada, la masacre en el Putumayo, la celebración del Paro Nacional, la invasión de Rusia a Ucrania, Uribe a juicio y el espectacular concierto brindado por Maluma y con la presencia de Madonna. No dejes de escucharlo.


domingo, 13 de febrero de 2022

Sucesos de la semana

En su editorial para esta semana, el doctor Antonio Montoya H., revisa y se pronuncia sobre cinco temas que hoy son noticia: (1) la guerrilla que siempre hace presencia con sus actos terroristas cuando estamos en época de elecciones debe ser enfrentada con toda contundencia, (2) el Movimiento de Salvación Nacional que sigue los pasos del líder Álvaro Gómez Hurtado se está convirtiendo en una importante alternativa, (3) a pesar de lo que diga el alcalde Daniel Quintero, su proceso de revocatoria continúa, (4) se espera que el diario El Colombiano siga trabajando por la ciudad y el departamento a pesar del cambio de accionistas, y, (5) El mal camino que le da Fecode a la educación pública y la amenaza de un nuevo paro nacional. No dejes de escucharlo.


domingo, 25 de julio de 2021

¿Acaso vivimos en una sociedad amancebada con la anarquía?

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez*

Hace 211 años que celebramos unidos un grito de independencia. Como la hemos tenido, ahora no la valoramos y una minoría violenta quiere romper el equilibrio democrático entre libertad y orden, que garantiza equidad y justicia en el ejercicio de la legalidad.

Como hice parte de la directiva de entidades internacionales, no me cuesta reconocer que sus burocracias también se equivocan y son sujeto de contaminación ideológica que desvirtúa su loable propósito. Diga lo que diga la CIDH, el reconocimiento del derecho a la protesta, sin garantía ni penalidad en caso de resultar en un abuso de los derechos fundamentales de todo ciudadano, representa el camino más corto a la anarquía.

El reconocimiento constitucional del derecho a la protesta pacífica, pierde toda validez cuando está asociada a paros y bloqueos que vulneren otros derechos, afecten la libertad de movilidad y el abastecimiento de bienes y servicios, se efectúen mediante amenazas y actos terroristas, daños a la propiedad pública o privada, agresiones físicas a personas, ataques contra la fuerza pública, violencia ciudadana, vandalismo, asonadas, incendios y destrucción de infraestructura, con las consecuentes pérdidas económicas y en general cuando las protestas resultan asociadas a cualquier acto que sería punible cuando un individuo obra en solitario o por su propia cuenta.

El derecho a la protesta debe estar antecedido del cumplimiento de las obligaciones ciudadanas de acuerdo con la ley[1].(*)

En medio del lamentable silencio de gobiernos democráticos, organismos y organizaciones internacionales, las protestas en Cuba están plenamente justificadas por 60 años de opresión dictatorial comunista y represión de todas las libertades y derechos existentes. Igualmente, representan el último recurso en países como Venezuela y Nicaragua, causadas por décadas de destrucción de valor y valores, se remiten a realidades de descomposición, miseria y empobrecimiento, a manos de regímenes totalitarios disfrazados ideológicamente.

Y estas protestas en contra de las dictaduras, de ninguna forma validan las que se han vivido recientemente en Barcelona, Estados Unidos, Chile o Colombia. Por el contrario, devalúan y desvirtúan la falsa narrativa populista que se le vendió al mundo como un justiciero y loable propósito.

En el caso de las manifestaciones de protesta en Colombia y la violencia asociada a las mismas, se han ignorado todas las reglas de convivencia en pandemia, generando miles de contagios y muertes innecesarias.

El problema de los abusos a las libertades de toda una nación, no es asunto de filosofías ideológicas, ni del grado de qué tan liberal o conservadora sea la forma de pensar de quienes las expresen, son atentados contra los principios que comprenden la legalidad en la que tenemos que convivir como seres civilizados.

En democracia no se vale adoctrinar indefensos por fuera de los valores intrínsecos a la misma. Ni movilizar masas con un discurso engañoso. Menos pagar delincuentes y azuzar inconformes e ignorantes para que con violencia se encarguen de sembrar terror, desconfianza e incertidumbre, destruyan vidas, la economía, bienes e infraestructuras que mantienen las empresas privadas, los empleos y los ingresos de los que dependen los ciudadanos.

Tampoco se vale mentirle al mundo para validar los intereses cobardes del populismo, afines a un socialismo del siglo XXI, que no han podido aceptar que, ni todos podemos vivir del Estado, ni que las organizaciones criminales narco-comunistas, que se quieren tomar el poder por medio de la combinación de todas las formas de lucha, no pueden ser quienes habiendo cometido crímenes de lesa humanidad participen en el proceso legislativo y de control político democrático.

Criticar es simple. Destruir es fácil. Construir valor, sociedad, cultura y civilización, es tarea para líderes, gobernantes y comunicadores ejemplares. Honremos hoy con respeto la libertad.

Anexo. Terrorismo digital asociado a las protestas en Colombia.

Durante más de 20 días me he dedicado a hacer un análisis técnico comparativo de varias herramientas digitales cuantitativas disponibles en el mercado (SML - Escucha de Redes Sociales). En un periodo observado de abril 25 a mayo 20 de 2021, los resultados demuestran la narrativa que se construyó en más de un 95% desde Twitter, y estuvo concentrada en que el Estado, que no fue el agresor, era quien atacaba violentamente a la ciudadanía colombiana en franca violación de los Derechos Humanos.

La narrativa sobre “Violencia Estatal” estuvo asociada a sucesos en Cali, intervención de organismos internacionales (ONU), críticas de oposición política al gobierno de Duque y acusaciones a Uribe. Luego pasó de estar asociada “propuestas ciudadanas”, a actividades de Anonymus (Ciber-ataques & cierre de twitter), actuación del gobierno, asociación con Venezuela, censura en internet y apoyo a Duque.

Más del 80% de las cuentas observadas, interactuaron con los usuarios de redes de comunidades activistas supuestamente defensoras de Derechos Humanos y políticos de izquierda. Y aproximadamente el 60% de la conversación general estuvo asociada a violencia.

Unos veinte mil usuarios o el 1 % de la conversación total de la red presentaron alta actividad anómala, un promedio de 3 publicaciones por segundo pero generaron aproximadamente el 40 % de la conversación, que fue cercana a los 10 millones de comentarios, de los cuales, el 85 % acusaron al gobierno y a la fuerza pública de la violencia en las manifestaciones, amplificaron internacionalmente una narrativa de crisis socio-política validada por mensajes de apoyo de todo tipo de celebridades, mientras solo el 10 % de los comentarios favorecían al gobierno y a la ciudadanía indefensa ante bloqueos, violencia y asonadas, estratégicamente planeadas con el auspicio de organizaciones criminales.

La narrativa fue difundida principalmente por twitter.com y amplificada exponencialmente por cuentas anónimas o impersonales, Trolls y Robots fabricados con código por mercenarios mediáticos, como el caso de Yac News asociado con Anonymus (ciberataques), por sistemas masivos de distribución de información venezolanos y rusos como TeleSur, Marzo4F.com controlado por Diosdado Cabello y rt.com (RusiaTV), de los cuales se nutren rutinariamente otras agencias noticiosas y medios internacionales como El País, The New York Times, The Washington Post, CNN, BBC, etc. Las noticias y opiniones que difunden comentaristas radiales, televisivos y mediático-digitales colombianos se dedican a expandir esas versiones informativas, en muchos casos sin validar su autenticidad y veracidad.

Las herramientas analíticas registran que el origen de dicha narrativa proviene especialmente del twitter de senadores de oposición plenamente identificados, de sus grupos de trabajo digital, y de medios internacionales más distribuidos por usuarios anómalos, desde Venezuela, Colombia, Alemania, Rusia, España, Francia, USA, e Inglaterra; siendo los 10 más distribuidos: el medio Bolivariano marzo4f.com, elespectador.com, eltiempo.com, semana.com, france24.com, wradio.com.co, dw.com, cnnespanol.cnn.com, cuartodehora.com, elpais.com, y las plataformas más utilizadas fuera de Twitter, Youtube.com, Facebook.com, Instagram.com.

Las consignas o hashtags relacionas con el paro en todo el país, difunden en su mayoría videos asociados a manifestaciones y violencia policial. Los de mayor impacto inicial, fueron: #SOSColombiaDDHH y #ColombiaEnAlertaRoja. Se observaron picos incrementados por menciones de políticos y analistas como los de los días 14 y 15 de mayo creados por la noticia falsa de una supuesta agresión sexual de miembros de la policía contra la menor Allison Meléndez, #SOSpopayan, #ParoNacional, #PrimeraLínea, etc., seguidos por otros contra los escuadrones antidisturbios de la fuerza pública y contra el gobierno: #DuqueRetireLaReformaYa, #EstadoAsesino, #NosEstanMatando, #DuquePareLaMasacre, #DuqueMandoAMatarnos, #DuqueNarcoParacoYAsesino, #IvanDuqueAsesino, #IvanDuqueRenuncie, etc.

La conversación asociada a un “Golpe de Estado” dentro de una supuesta “crisis socio-política en Colombia”, #golpedeestado, se dio entre más de 50,000 usuarios que la multiplicaron más de 100,000 veces, en su mayoría cuentas de activistas de DDHH, y se originó principalmente en Twitters de Gustavo Petro, quien comparó el Gobierno de Duque con el de Pinochet en Chile, y en asociación de otras cuentas circularon la falsa idea de que Álvaro Uribe está desestabilizando la población para dar un golpe de Estado contra Iván Duque. De otra parte, algunas cuentas conservadoras hablaron de un posible golpe de Estado por parte de Petro en alianza con sectores de la izquierda y el narco-terrorismo.

En cuanto a los 10 usuarios más influyentes en la conversación general, están las cuentas de: @IvánDuque, @DiegoMolano, @ONUHumanRights, @GustavoPetro, @GustavoBolivar, @Col_Informa, @Contagioradio1, @CIDH, @IvanCepedaCast, @JMVivancoHRW.


[1] (*) Constitución Política de Colombia 1991. Artículo 2. “Son fines esenciales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación; defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo. Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares. 

miércoles, 14 de julio de 2021

¿Guerra avisada?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Faltando nueve días para el 20 de julio es de vital importancia recordar el refrán de que “guerra avisada no mata soldado”. Si efectivamente se dirigen ya hacia Bogotá 50.000 “pacíficos” ‒convocados por la primera línea‒, para unirse en la capital con otros tantos “inofensivos” en una protesta “legítima y espontánea”, esa manifestación puede, lógicamente, convertirse en el putsch, en la marcha hacia palacio, para apoderarse, literalmente, del país, culminando así la revolución colombiana.

Contando a partir de abril 28, esta revolución, que tantos no quieren ver, cumple 62 días; y el 20 de julio llegará al día 72, que puede ser decisivo, bien para ellos, bien para nosotros.

En medio de la calma chicha que vivimos, en el país se está extendiendo la sensación de que ya pasó el peligro y que los excesos criminales han causado una reacción saludable en la población, que ahora repudia a Petro… lo que es simplemente pensar con el deseo.

Es posible que Petro haya caído 2 o 3% en la intención de voto, pero no por ello deja de ser el candidato más opcionado, sin contendor de peso, y si seguimos como vamos, en junio del 22 se enfrentará a un pintoresco pelotón de candidatos débiles, situación que nos puede llevar a un desenlace a lo peruano…

La esperanza de que Petro haya dejado de ser peligroso se basa en la ilusión del “votante racional”. Los sufragantes de esa condición no constituyen mayoría en parte alguna del mundo. Con mucha frecuencia se impone el voto pasional, sea activado por consideraciones étnicas, religiosas, nacionalistas, regionalistas, caudillistas, etc., o por la simple motivación egoísta que lleva a votar por quien más ofrece: servicios públicos baratos o gratuitos, salud y educación sin costo, vivienda subsidiada, renta básica universal, expropiación a los ricos… y así sucesivamente.

Con propuestas absurdas e irracionales, Pedro Castillo, un analfabeta, subió del 16 al 50% de la votación, contrariando todas las expectativas sobre el voto racional en su país.

Volvamos a Colombia. El país requiere con urgencia un candidato que devuelva la esperanza, que entusiasme, que sea capaz de ganar las elecciones ampliamente, con mayoría en el Congreso, un líder…

Si este 20 de julio se repite la imprevisión del 28 de abril, el país puede hundirse irremediablemente.

La situación inestable que vivimos, agravada por la ofensiva mediática que hace coro al infame informe del CIDH, y la que quiere pintar al Ejército colombiano como una escuela de sicarios y mercenarios, dificulta la acción preventiva de las fuerzas del orden. Si estas no son desplegadas con el mayor respaldo, para que actúen con la eficacia requerida, cualquier vacilación hará que la chispa se convierta en incendio arrasador.

martes, 13 de julio de 2021

De cara al porvenir: guerra anunciada

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Si tuviéramos buenos gobernantes, que no los tenemos, y si tuviéramos al menos un solo estadista, que tampoco lo tenemos, es claro que hay que reconocer que los paros, las movilizaciones, las marchas y los bloqueos a las carreteras no se van a acabar en el tiempo, y que, ante el orden de cosas y el incumplimiento por incapacidad de las obligaciones constitucionales por parte del Estado, pues tenemos que prepararnos para cuando cada cierto tiempo, sucedan acciones y eventos semejantes.

Partimos del respeto por el derecho a la protesta y el rechazo a los actos violentos de todo tipo.

Los bloqueos afectan la libre movilidad, el suministro de comida y el acceso a combustibles en algunas ciudades.

Tenemos tres enormes “talones de Aquiles” con respecto a los bloqueos. La mayor parte del transporte está concentrado por carretera, no contamos con la logística para almacenar alimentos en adecuada cantidad y calidad, y a estas alturas del partido, todavía tenemos que transportar combustibles a través de carrotanques.

Si en este país de incompetentes, ineptos y mediocres alguien al menos planificara, pues tenemos tres grandes objetivos por desarrollar en el corto plazo, independiente del gobernante de turno, para mitigar el impacto de los bloqueos.

Ponerle plazo final a la construcción y reconstrucción de nuestra red férrea nacional para tener una alternativa real, inmediata y poco costosa al transporte por carretera, lo cual permite un transporte masivo de mercancías, materias primas y comida, entre ciudades, y entre puertos y ciudades. También tener claras estrategias para poner a funcionar de manera inmediata, puentes aéreos para movilización de alimentos y productos de urgencia.

Qué pena tener que mirar al pasado, pero tenemos que volver a crear una entidad semejante al antiguo Instituto de Mercadeo Agropecuario -Idema-, no solo para justificar la existencia del actualmente débil Ministerio de Agricultura, sino para que, por fin, entremos en conciencia de trabajar por la autonomía y la soberanía alimentaria y podamos garantizarle a nuestros campesinos, herramientas concretas y prácticas de comercialización y de precios de sustentación, como requisito  estructurante para poder hablar con seriedad y con alguna posibilidad de éxito, de sustitución de cultivos ilícitos.

Aumentar la red de oleoductos y gasoductos que deben llegar como mínimo a todas las ciudades capitales y a los puertos especializados, para no depender de la posibilidad de que los carrotanques se puedan desplazar.

¿Será mucho pedir? ¿Hay que ser posgraduado para poder pensar en estas soluciones inmediatas? ¿Por qué los representantes de todos los sectores de la institucionalidad no hacen propuestas pragmáticas para solucionar problemas?

En medio de la Gran Depresión, atendiendo las recomendaciones de Keynes y para poder jalonar la economía y generar rápidamente puestos de trabajo, los Estados Unidos aceleraron el proyecto de construcción de la red interestatal de carreteras, teniendo la previsión de que donde la topografía lo permitiera, se generaran trayectos de 3 o más kilómetros en línea recta para, simultáneamente a la vía carreteable, se tuviera una red de pistas de aterrizaje de emergencia, por lo que pudiera pasar.

Eso solo lo piensa una sociedad previsiva. Ahora que Colombia ha tratado por fin de desatrasar la construcción y modernización de nuestra malla vial, gracias a las llamadas Autopistas de la Prosperidad, ¿Creen ustedes que hayamos tenido la mentalidad previsiva de aprovechar conscientemente los trayectos en línea recta para tener también algunas pistas de aterrizaje de emergencia o para uso militar? La respuesta contundente es NO. Por eso hemos sido, somos y seguiremos siendo por un largo tiempo, un país subdesarrollado.

Los colombianos no necesitamos empleos temporales para paliar la coyuntura. Necesitamos empleos dignos y estables.

Los colombianos no necesitamos programas asistenciales para que nos regalen dos semestres de matrícula. Necesitamos que la educación en todos los niveles tenga opciones de gratuidad.

Los colombianos no necesitamos sistemas de salud ineficientes y excluyentes. Necesitamos un sistema de salud preventivo y correctivo básico y equitativo.

Algunos teóricos de la economía a nivel planetario hablan de una renta básica universal. Como nosotros estamos acostumbrados es al manejo politiquero de los subsidios (con honrosas excepciones), pues no alcanzamos a dimensionar la magnitud de esta propuesta, que hace sentido.

Los colombianos necesitamos gobernantes que nos expliquen de modo Coquito, que, para poder pensar en las anteriores soluciones, pues tenemos que pagar impuestos para poder lograrlo. Y que para eso hay que pensar en refundar nuestro sistema tributario. Y para que lo anterior sea posible, pues hay que extirpar el flagelo de la corrupción.

No estoy hablando de cosas imposibles. Miremos la organización de los Estados Nórdicos. ¡Sí se puede! Pero hay que cambiar nuestro chip que hace que justifiquemos vivir al borde de la legalidad-ilegalidad y pensar en un proyecto de transformación cultural, antes que, de transformación digital, teniendo como instrumento un adecuado sistema educativo.

De no hacerlo, pues preparémonos o resignémonos para vivir el resto de nuestros días y los días de las generaciones futuras, en un país mediocre, subdesarrollado, pobre, inequitativo y corrupto.

¿Muy halagüeña esta radiografía del porvenir? ¿Cierto que no? ¡Pues trabajemos para que eso no sea así y reconozcamos y aceptemos que no por hacer más de lo mismo, podremos esperar resultados distintos!

NOTA: en medio de la actual coyuntura, socio-económico-política y pandémica, el Congreso Nacional ha evidenciado una vez más, su falta de altura. ¡Qué lástima, pero eso es lo que hay!

domingo, 27 de junio de 2021

Conclusiones sobre el Paro Nacional

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Hablar de las cosas después, con posterioridad a los hechos, no es bueno si es para pontificar sobre la forma en que se debió actuar y no creo que Colombia hoy necesite eso. Lo que se requiere es analizar de fondo qué está sucediendo en Colombia, a qué le estamos apostando y cómo los diversos actores de la vida política quieren tomar partido y beneficiarse del caos, lo cual genera desestabilización social y económica. Me permito precisar algunos puntos a saber:

Primero. El país no puede olvidar que la crisis social y económica se inicia con la pandemia, causada por el covid-19, cuando en marzo 19 de 2020, iniciamos una cuarentena prolongada que se fue extendiendo en el tiempo, para proteger la vida y no la economía. Se lograron resultados importantes en aspectos preventivos y fue así como la tasa de mortalidad se controló significativamente.

Pero, como todo en la vida, protegerla causó estragos en la economía y el empleo, se generó una crisis de hondas consecuencias, el desempleo se incrementó al 27%, la pobreza volvió a niveles del año 1998, algunas empresas quebraron o entraron en el proceso de insolvencia, y otras están esperando algo de mejoramiento, si no llegarán a ese estado también.

Segundo. A la par, y desde el inicio del mandato del presidente Iván Duque, Gustavo Petro y su Colombia Humana, expresaron públicamente que se opondrían, desde el primer día y en la calle, al gobierno, lo cual ha sido verdad y no es controvertible.

Tercero. Los promotores del paro, a pesar de la crisis, no supieron responderle a la sociedad, se sostuvieron en las marchas y de allí surgió la violencia, la cual, además, fue patrocinada por un senador de la República, Gustavo Bolívar, que financió la llamada primera línea de manifestantes.

Cuarto. El mal llamado Paro Nacional, promovido en todo el territorio, dividió aún más al país. Los marchantes no eran grandes mayorías y se diferenciaban porque algunos realizaban el ejercicio de la protesta pacíficamente, pero los otros, los que estaban pagados y financiados, tenían la orden de generar caos y vandalismo, y a fe que lo lograron y aún siguen haciéndolo.

Quinto. El Comité del Paro, que se autodenominó así, no tenía, ni tiene representatividad alguna; no se sabe quién los eligió, ni cuál es su misión. Han sido factor de distracción para el gobierno que se reúne con ellos para acordar no sabemos qué, ni por qué, solo entendemos que no representan a nadie, excepto a Fecode, y las centrales obreras.

Sexto. Responsabilidades. A los alcaldes se les salió de la mano el control del orden público, siendo ellos los directos jefes de la policía en cada ciudad. Los hechos de Cali, Bogotá y Medellín, además de Cauca, fueron indicadores del grado de violencia y odio que se presentaba en cada sitio de manifestaciones. Los daños causados no los van a pagar ellos, ni los promotores del paro… siempre sucede así, los pagamos con los impuestos los ciudadanos que a pesar de las manifestaciones tenemos que asistir a trabajar para sostener a los vándalos, bandidos, narcotraficantes, exguerrilleros y nuevos guerrilleros que no les duele los derechos de los demás, no piensan sino en la venganza y se regodean con el dolor de los que ven sus bienes, muchos o pocos, acabados y destruidos. Eso no puede ser democracia.

Séptimo. Reforma tributaria. Por todos los medios se le solicitó al presidente que se abstuviera de llevar al Congreso la reforma tributaria, aunque fuera con otro nombre, porque la reacción fue mucho mayor, no solo de los marchantes, sino de toda la ciudadanía; lástima que no hiciera caso y a los ochos días la tuvo que retirar.

Octavo. Políticos. No sabemos dónde estaban, se escondieron, no dieron la cara ni tuvieron el talante de dirigirse a los manifestantes para parar el destrozo, salvo, como siempre ocurre, que algunos para bien o para mal, opinaron, como los expresidentes Uribe y Gaviria, y como Germán Vargas, además de algunos miembros del Centro Democrático, y de Petro y Bolívar que lo hicieron para azuzar a los marchantes; de resto senadores, representantes, concejales y diputados desaparecieron del escenario público.

Noveno. El Congreso tampoco dio la talla, no acogió las peticiones públicas de control a los salarios, al número de congresistas, al pago único en época de sesiones, en fin, sí aprobaron proyectos, pero aún no entienden que el país no les tiene confianza.

Décimo. La policía y el Esmad. Duro les dan los medios de comunicación y los comités de derechos humanos, pero, nadie los felicita. Ellos salvaron las ciudades y tuvieron en sus filas más de mil hombres heridos, aporreados, masacrados. Estuvieron impávidos porque no podían defenderse ya que los acusaban de ser violadores de derechos humanos. Todos sabemos que los excesos no son buenos, pero pregunto yo ¿quién atacaba… ellos o los vándalos? La respuesta es simple los vándalos, con piedras cócteles molotov, palos, patas, puños, es decir, con rabia… qué horribles noches.

Si hubo excesos es de los dos lados.

Décimo primero. El ejército. Actuó con serenidad en los lugares en que se solicitó que actuara, de resto estuvieron quietos esperando órdenes.

En fin, señores, lo que sucedió y está ocurriendo tiene su origen no solo en la pandemia, sino en el mal acuerdo de paz, que, aunque se perdió, lo sostuvieron. Ahí están las consecuencias, fallas en la justicia, los exguerrilleros que sin remordimiento atacaron al país por décadas, que violaron, secuestraron, mataron, se tomaron ciudades y municipios, y pusieron bombas, ahora están legislando, autorizados por una paz que no generó la tranquilidad que se esperaba, que dividió y polarizó nuestra patria… qué mal trabajo el de un señor Santos, que nos engañó a todos.

En conclusión, debemos todos bajar los ánimos, pensar en la Colombia que es de todos, en la que unos pocos vándalos no pueden ganar; no se puede destruir el sueño de una gran nación con autonomía y soberanía nacional, debemos seguir luchando por una nación emprendedora, que impulse el trabajo, que genere mejor calidad de vida y que sea la mejor para bien de todos.

miércoles, 16 de junio de 2021

Gobierno apocado ante Deutsche Welle falaz e insidiosa

Por José Alvear Sanín*

Probablemente la Deutsche Welle (DW) es la mejor emisora de TV del mundo, por el altísimo nivel de su excelente y variada programación. Por su superioridad en el medio, inspira respeto y aun temor. Al parecer, esa emisora privilegiaba la objetividad e imparcialidad en la información de los sucesos diarios. Como por eso venía ganando sintonía en América Latina, amplió a 20 horas diarias su programación en español para nuestro subcontinente, pero pronto sus noticieros empezaron a mostrar el sesgo izquierdista que acostumbran los europeos frente a nuestra región.

Esa lamentable orientación se ha traducido, en los interminables 40 días de las “protestas” en Colombia, en una verdadera e incesante toma de partido a favor de las fuerzas que, a través del paro, la asonada, la subversión, la violencia, los bloqueos y sobre todo la desinformación, están llevando el país al colapso y la revolución. Ya la DW no es simplemente sesgada, sino que se ha pasado al servicio incluso de la “primera línea”, deliberadamente.

Todas las noches la DW pinta al “gobierno” colombiano como una dictadura que asesina, incendia y viola a través de sus maniatadas fuerzas de policía, a un pueblo indefenso que ha salido, inerme, a protestar pacíficamente frente a condiciones intolerables de despotismo.

El “enviado especial” Johan Ramírez es filmado con casco, visera y blindaje corporal (como un Robocop), al lado de los manifestantes, pero no ha visto un policía despedazado; otro secuestrado, torturado y su cuerpo arrojado al río; ambulancias detenidas y destrozadas, con pacientes que mueren dentro; centenares de estaciones de transporte público vandalizadas, buses y camiones quemados, carreteras bloqueadas, un puerto anulado, mercados saqueados, y los demás horrores que esas turbas cometen en medio de cantos y bailes grotescos, para celebrar “la fiesta de la guerra”.

Tampoco ha observado el Sr. Ramírez, la complicidad de los alcaldes izquierdistas con el desorden, ni la conducta timorata, omisiva y vergonzante de las autoridades, que han dejado llegar las cosas al estado de descomposición que conduce al caos. A esto se suman los frecuentes y cordiales reportajes que la DW hace a los corifeos del desorden, evitando cualquier opinión favorable a la ley y el orden en Colombia.

Ahora bien, no entendemos la razón por la cual nuestro gobierno no exige respeto al de Alemania, propietario de la DW, cuando esta desinforma, agrede y ofende a Colombia, poniéndose al servicio de los enemigos de nuestra democracia con una sesgada cobertura que incluye hasta tomas que parecen de otros lugares y tiempos. Como si esto fuera poco, algunos amigos me cuentan que la BBC sigue igual conducta.

Sabemos que protestar por la impasibilidad de la Cancillería y de los orondos embajadores de Colombia ‒con la excepción del Dr. Alejandro Ordóñez‒, es tan inútil como reclamar una información confiable a los brazos mediáticos de la República Federal y del Reino Unido, pero no podernos quedarnos callados ante la tolerancia oficial frente a organismos de propaganda de esos, dizque, “gobiernos amigos”.

jueves, 10 de junio de 2021

Vigía: de Venezuela con amor... revolucionario

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

“Si nosotros tenemos una guerra con Colombia, se la vamos a hacer en su territorio” dijo Diosdado en un video del 2019, aunque el fiscal general en Bogotá dice, con la diplomacia característica de los burócratas, que no tiene “pruebas materiales” de la participación de Venezuela en estos días de violencia en Colombia.

El Paro Nacional convocado por los jefes de tres sindicatos que suman aproximadamente un millón 200 mil afiliados (menos del 2% de la población total colombiana) parece que ha convertido en realidad la amenaza de Cabello. Es un tipo de conflictividad que aplica viejos métodos en los que son expertos los comunistas, tales como reivindicar necesidades sociales que siempre existirán, prometer futuros mejores que nunca llegarán, crear mártires efímeros de los jóvenes caídos en la protesta y estigmatizar a la fuerza pública, que desde siempre ha sido, es y será acusada de exceso de fuerza y brutalidad. A eso le dicen ahora guerra asimétrica.

Algo nuevo en esta centenaria estrategia, es la incontenible difusión de mitos urbanos por las redes sociales. Gracias a esta tecnología, en cuestión de días, a través de millones de tuits escandalosos y vídeos manipulados, se creó una matriz de opinión global según la cual en Colombia opera un gobierno dictatorial ‒algunos titulares lo equipararon con el de Birmania‒ y la fuerza pública está masacrando inocentes civiles. Hasta las Naciones Unidas cayeron en la falacia, que se ha venido desmontando paulatinamente al conocerse las plataformas de origen de los mensajes y la realidad de los videos.

Llama la atención que, en cinco semanas de turbulencia, todas las baterías propagandísticas han sido enfocadas contra la Policía Nacional, buscando desalojarla de la calle, el teatro natural de esta nueva violencia urbana que no es exclusiva de Colombia, pues ya la aplicaron exitosamente en Chile y en Ecuador. Con todo, no se ha escuchado una sola queja contra el ejército, que ha salido a la calle a apoyar a la policía. Ni la ira de la turbamulta se ha dirigido contra las iglesias, como sí sucedió en Chile. Esto parece guardar sentido con estadísticas serias y recientes que muestran cómo las instituciones más apreciadas por la opinión pública son las Fuerzas Militares y a la Iglesia. Y si la tercera institución más aceptada es el empresariado, pues, estadísticamente al menos, estamos frente a un país conservador, en donde el futuro de la izquierda es muy complicado, mucho más cuando cotidianamente en todas las calles se atestigua la mísera condición de venezolanos limosneando algo que comer.

La situación se complica por la intervención directa de células narcoterroristas del ELN y las FARC que han llegado del monte con su armamento y con miles de millones de pesos en efectivo. Este dinero lo reparten entre cientos de jóvenes ninis ‒ni trabajan, ni estudian‒, que por 70 mil pesos diarios juegan a la destrucción, el incendio, el vandalismo y a los ataques letales a la policía. Revolucionarios de alquiler por noche. Y claro, al estar las FARC y el ELN residenciados en Venezuela, y fortalecidos con el narcotráfico y la minería ilegal, adquiere sentido esa repetición de Diosdado en su discurso: “La guerra se la vamos a hacer en territorio de ustedes”.

A la presencia de argentinos amigos de Maduro , quienes fueron grabados cuando explicaban que estaban en Colombia era para tumbar a Duque, se agrega la de activistas chilenos, ecuatorianos, y por supuesto venezolanos y cubanos, sin olvidar a los rusos, como parte del centenario argumento del internacionalismo y la solidaridad comunista, que solo sirve para justificar que agentes perturbadores y ansiosos de ver en acción el odio de clases que tienen grabado en su inconsciente, se paseen por el mundo bajo la engañosa fachada de luchadores por los DDHH. Pocos países como ese, soportan estoicamente lo que en la mayoría de las naciones tendría implicaciones penales o al menos la expulsión de los intrusos. Pero se trata, según estos mercenarios, del parto de la gran patria bolivariana, con ciudad capital en La Habana.

“Está soplando una brisa bolivariana”, “El plan va en pleno desarrollo”, “Estamos cumpliendo el Plan, Foro de Sao Paulo”, “Es absolutamente imposible que Colombia se quede tal como está”, son gritos de guerra de Maduro y Diosdado aplaudidos rabiosamente por pingüinos socialistas. Pareciera que esos lemas marcan el rumbo de los acontecimientos actuales. Falta tener en cuenta el complicado carácter del colombiano joven, un naciente ciudadano criado en un Estado con una falla de base, la educación y una fractura estructural: la justicia.

viernes, 4 de junio de 2021

Reventados

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

He dicho que como país estamos atravesando la mayor crisis estructural de nuestra historia. Sabemos que afrontarla no es nada fácil y que salir de ella tomará tiempo. Igualmente, creemos que se necesitan líderes corajudos y decididos en la mesa de negociaciones para lograrlo y nos molesta no ver avances, no sé si por miopía o porque el paquidermo efectivamente no se mueve. El hecho es que llevamos 35 días de paro y todos los días sale gente de todas partes para marchar y protestar. No se cansan, inmunes al sol y a la lluvia. ¿Trabajan? No. ¿Estudian? No. Nunca han tenido nada, algunos lo habían perdido todo. Por eso no hay nada que perder. Si acaso la vida por el covid-19 pero era preferible salir a la calle y enfermarse que morir de hambre en casa. Son jóvenes, familias enteras, sin futuro.

El rector de la Javeriana escribió un twitt el pasado 21 de mayo que me gustó mucho: “No sigan dilatando el comienzo de las negociaciones añadiendo condiciones y temas. El país está reventado. Queremos trabajar, queremos estudiar, queremos movilizarnos libremente, llegar a tiempo a la casa y al trabajo”. ¡Hace 15 días y la cosa sigue igual!

Estábamos muy maltrechos por la pandemia y sus consecuencias, pero ahora sí que estamos reventados con esta tomadura de pelo. No sé a qué están jugando estos señores apoltronados en sus cómodas trincheras, sin mirar más allá de su afán de protagonismo y de ganar dividendos políticos para su botín electorero. Qué insensatez, qué falta de sentido común. Dicen las partes que aman la patria, pero les importa un bledo la economía paralizada, la infraestructura cada vez más vandalizada, que no destruida, la crisis sanitaria en aumento, la sangre de los muertos y heridos chorreando por doquier. Hace rato que el gobierno debió tomar riendas y el tal Comité de Paro descalificar la violencia y la anarquía. Cada día que pase será un año más que tendremos que tomarnos para recuperarnos. Estamos en la apoteosis de la patria boba, desgastados en luchas intestinas fratricidas y oteo revoloteando en el horizonte aves de rapiña listas a devorar lo que quede del muerto. Imperdonable.

Caída la reforma que propusiera el ministro de infeliz memoria, sabihondo de economía neoliberal pero que nunca ha comprado un huevo en una esquina, desde el ejecutivo se debieron amarrar los pantalones y coger el toro por los cuernos. Sentarse con los líderes de las ramas del poder público no para recibir florecillas perfumadas sino para afrontar la crisis y decir: Sí señores. Estamos mal. No podemos seguir evadiendo responsabilidades. Esto es grave. Vamos a conformar 10 mesas de trabajo con representantes de todos los sectores en cada una de ellas para mirar los temas neurálgicos que nos agobian. Vamos a hacer en cada una el listado de lo más urgente que hay que resolver. Vamos a hablar “a calzón quitao” para no decirnos mentiras, ni hacer promesas engañosas de cosas que no se pueden cumplir, para priorizar las acciones que realmente se deben tomar ya. Hacer un cronograma realista de fechas puntuales para trabajar en comisiones y presentar propuestas concretas de modo que se fueran viendo logros y primeros resultados. El país es lo primero y nuestros intereses mezquinos hay que dejarlos de lado. Aquí, o nos salvamos todos o nos hundimos todos. Pero no. Eso que llaman elegantemente falta de empatía, en realidad pareciera más bien soberbia, desdén y desprecio. Ribetearon fácilmente a todos por igual tildándolos de izquierdistas y siguen tercamente convencidos de que es un complot para destruir su institucionalidad venida a menos.

Sobre la crisis nacional en un principio todos estuvimos de acuerdo, pero ya estamos otra vez en desacuerdo por la forma de afrontarla. Estuvimos de acuerdo en el derecho legítimo a la protesta, pero no hemos estado de acuerdo en que había que denunciar y deslegitimar todo brote violento. Estuvimos de acuerdo con las marchas y las protestas, pero no con los bloqueos indefinidos que tienen reventados a todos los sectores de nuestra economía. Estuvimos de acuerdo en la necesidad de sentarse a dialogar, pero nos agobia el tedio de su lentitud y el ver la prepotencia de sus protagonistas que no ceden nada.

Insisto: cada día más que pase lo lamentaremos tardía e irreversiblemente, pero si es verdad aquello de que “piensa mal y acertarás”, es muy probable que quienes negocian no estén tan estresados porque tienen todo asegurado, cuentan con cómodos salarios y sus familias y propiedades ya están en el extranjero. Algunos de esos, que dizque defienden a su gremio, en vez de retornarles sus aportes descontados por derecha, gastan diariamente millones en publicidad radial, en avisos de periódico, en cazar peleas por cualquier cosa, pero no veo que propongan y construyan nada. Nefastos. El hecho es que estamos reventados: los niños en la casa sin poder vivir su vida normal de colegio, los que trabajan en casa y están hartos de reuniones virtuales, los tenderos y pequeños comerciantes que no pueden abrir sus almacenes, los empresarios promisorios que ven frustradas sus inversiones por el receso obligado, el personal de la salud sobre exigido por la crisis sanitaria, los que por culpa de los cierres se quedan sin empleo, los que pasan hambre y no tienen techo… ¿hasta cuándo?

miércoles, 2 de junio de 2021

Decreto inocuo versus revolución rampante

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Para celebrar el primer mes de la revolución colombiana, cuyo chispazo fue inducido por la presentación de una reforma tributaria imposible y agresiva en medio de la pandemia, y también con el fin de restablecer el gobierno, el pasado 28 de mayo se dictó el retórico Decreto ordinario 575, suscrito por los señores Duque y Palacio, que ha sido denunciado como “militarización” de un país levantado contra “un gobierno opresor, que masacra la población indefensa”.

La parte motiva del Decreto comprende cuatro y media páginas donde se reproducen normas y sentencias redundantes, y tres artículos, inocuos porque ratifican la inconstitucional política de que son los gobernadores y alcaldes (más o menos comprometidos con la defensa de las instituciones) quienes deben responder por el orden público, para lo cual “coordinarán”, “ordenarán”, “implementarán”, “informarán”, “decretarán”, “brindarán”, “apoyarán”, con otras autoridades incluyendo ejército y policía, y bla bla bla…, como puede el consternado ciudadano observar si lee los tres artículos del decreto que va a restablecer el orden público y salvar la democracia:

Artículo 1. Medidas para la conservación y el restablecimiento del orden público.

Ordenar a los gobernadores del Cauca, Valle del Cauca, Nariño, Huila, Norte de Santander, Putumayo, Caquetá y Risaralda, a los alcaldes del Distrito Especial, Deportivo, Cultural, Turístico, Empresarial y de Servicios de Cali, del Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico de Buenaventura, de los municipios de Pasto, Ipiales, Popayán, Yumbo, Buga, Palmira, Bucaramanga, Pereira, Madrid, Facatativá y Neiva, para que en el marco de sus funciones constitucionales y legales, adopten las siguientes medidas:

1. Coordinar con las autoridades militares y de policía del departamento la asistencia militar de que trata el artículo 170 de la Ley 1801 de 2016, de manera que el departamento, el distrito y los municipios, pongan en ejecución este instrumento legal para afrontar y superar los hechos que dan lugar a la grave alteración de la seguridad y la convivencia, en sus respectivas jurisdicciones.

2. Adoptar las medidas necesarias, en coordinación con la fuerza pública, para levantar los bloqueos internos que actualmente se presentan en las vías de sus jurisdicciones, así como también evitar la instalación de nuevos bloqueos.

3. Adoptar las medidas, e implementar los planes y acciones necesarias para reactivar la productividad y la movilidad en sus respectivas jurisdicciones, entre ellas, fortalecer los controles de seguridad en las vías y las caravanas.

4. En virtud de los principios de colaboración armónica de que trata el artículo 113 de la Constitución Política brindar el apoyo y colaboración, en el marco de sus competencias, a las autoridades pertinentes para lograr la mayor eficiencia, eficacia y celeridad en los procesos de captura y judicialización de las personas que incurren en los actos delictivos que afectan el orden público, la seguridad y la convivencia ciudadana.

5. Mantener informada a la opinión pública, nacional e internacional sobre los avances en control del orden público y las denuncias de las agresiones sistemáticas contra la población, la fuerza pública, los bienes públicos y privados.

6. Decretar toque de queda frente a cualquier alteración significativa del orden público y que, en tal virtud, resulte necesario.

Artículo 2. Inobservancia de las medidas. Los gobernadores y alcaldes que omitan el cumplimiento de lo dispuesto en este decreto, serán sujetos de las sanciones a que haya lugar.

Artículo 3. Vigencia. El presente Decreto rige a partir de la fecha de su expedición.

***

Como puede observarse, los dos peores alcaldes del país, Claudia y Pinturita, pueden continuar haciendo, diciendo u omitiendo, como les venga en gana.

lunes, 31 de mayo de 2021

No más, paren ya

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Pensé no escribir esta semana ningún artículo, por cuanto considero que existen exceso de palabras y diagnósticos sobre lo que pasa en Colombia, escritas desde la izquierda, la derecha, el centro, en fin, desde todos aquellos grupos políticos que representan a un país polarizado, que destruye lo bueno para generar el caos y convertir a Colombia en un país socialista, empobrecido y rabioso. Está perdido de la realidad, sumado en protestas vandálicas, sin sentido, realizadas por personas pagadas que no saben qué representan, ni el daño que hacen y sus consecuencias.

Sin embargo, considero que no hablar es claudicar ante el desorden y el caos, por lo que debo, por el contrario, continuar alzando mi voz y lo mismo deben hacer muchos colombianos que desean la disciplina, el orden, y el crecimiento social para poder cubrir las necesidades de los más necesitados, lo cual no es demagogia, es la realidad. Si no hay empleo, habrá pobreza y violencia.

Comparto con quienes creen que Petro es el dirigente general de este paro, que incita en trinos a continuar las marchas y el paro general, a mantener el país paralizado para derrotar la oligarquía y quien, acompañado de su secuaz y locuaz Gustavo Bolívar, mantienen engañados a muchos grupos sociales, metiéndoles en la mente que con este paro continuado se tumbará el gobierno y ellos asumirán el poder. Nada más mentiroso, Petro nunca asumirá la presidencia de Colombia, porque ya se destapó lo que ya sabíamos que él quiere, la oscuridad para nuestro país, golpearlo, arruinarlo para el gobernar y convertirlo en un desastre social. Allí, en la impunidad, hacer lo que el odio lo ha movido desde su época de guerrillero, acabar con el empresariado, eliminar pensiones de jubilados, colapsar aún más el sistema de salud para luego anunciarse como el salvador y trasformador de Colombia.

Reitero que ya es hora de terminar el paro, por las buenas o utilizando las herramientas que el ordenamiento jurídico permiten, la fuerza pública, defendiendo la institucionalidad y la democracia. Nos asustamos porque los indígenas pagados, borrachos y enceguecidos por la droga intentan bloquear la ciudad de Cali, nos aterrorizamos porque los vándalos se aprovechan de las manifestaciones pacíficas a lo largo y ancho del país para generar pánico social, nos asustamos porque los estudiantes, a pesar de los beneficios que se les otorgaron, no quieren reiniciar clases, nos asustamos porque los que limpian carros en los semáforos se desaparecen a la hora de la turba y regresan luego a seguir pidiendo después de haber recibido dinero por generar caos, nos asustamos porque en ciudades como Medellín, se acaba con el sector comercial, con los bancos, con entidades como el Jardín Botánico, las estaciones del metro y se impide el trabajo honesto.

Eso es lo que quieren y eso no se puede aceptar en un país democrático donde la obligación constitucional es la de proteger la vida, honra y bienes de los habitantes. Por ello el presidente debe continuar actuando con firmeza, sin ceder ante los bandidos, protegiendo a los buenos que son los que trabajan día y noche sin descanso y que, para alimentar a su familia, no roban, no incendian, no ultrajan, por el contrario, luchan sin desfallecer por sí mismos, el país y su futuro. Ellos y nosotros somos más, no nos dé miedo, reaccionemos ante el vandalismo, exijamos que quien dañe un bien ajeno, así sean extranjeros que llevados por el dinero acaban con todo, lo paguen con trabajo o con sus bienes, o si son menores, sean los padres los responsables de semejante atropello contra el país. No nos dejemos, somos más y mejores.

No puedo dejar de expresar mi enojo porque los que defienden a los ciudadanos, los policías de Colombia, son lo que salen en los noticieros, en la prensa, como si fueran los responsables de los desmanes, y eso no es así. Están en el ojo del huracán y podemos ver con estupor como la turba enloquecida, llena de odio, se aprovecha cuando tiene a uno de ellos acorralado y le dan patadas, con rabia, enceguecidos, y el policía, sin defensa, recibe en su cuerpo los golpes más cruentos e inhumanos y son, además, quemados por bombas incendiarias. Hoy llegan a casi mil heridos y nadie lo que están sufriendo ni cómo la están pasando sus familias.

Solo reciben investigaciones por sus excesos, pero yo me pregunto cuáles excesos cuando los atacados son ellos. No es la fuerza pública la que está enervada y enloquecida, es la turba, incitada por… ya sabemos quiénes, que desahogan sus angustias, rabias y propios sufrimientos, en los hombres que nos cuidan y protegen.

Por último, les digo que no sé quiénes son los del denominado grupo promotor del paro y quién los designó para negociar con el gobierno, a quién representan. Que nos digan, porque no sabemos, con excepción de los mismos de siempre, es decir, de Fecode y sindicatos, quienes son y que hacen los otros, porque es increíble que un grupo de desconocidos, sin trayectoria económica, empresarial o social se endilguen el derecho de hablar por nosotros. O qué aporte le han hecho al país para convertirse en dirigentes de un paro que ponga en jaque a Colombia. Seamos serios y exijamos trasparencia, conozcamos por qué están allí.

No más, paren ya.