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viernes, 3 de junio de 2022

Carnicería

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Los resultados de la jornada electoral del domingo pasado nos han dejado súpitos. Que ganara Petro en la primera vuelta no fue sorpresa, pero que Fajardo no obtuviera siquiera un millón de votos refleja que no hay perdón ni olvido por no haber tomado claramente partido hace cuatro años. Fico que se perfilaba de segundo, se desplomó al tercer lugar y, finalmente, de pronto, como volador sin palo, Hernández se convirtió en el contrincante de Petro para la segunda vuelta.

La arena política está ardiendo desde que se conocieron los resultados. Es un auténtico circo romano y los seguidores tanto del uno como del otro han salido literalmente a despedazarse en una carnicería inmisericorde. Esto está de alquilar balcón, dicen unos. Otros, prefieren saltar a la arena y contribuir al circense espectáculo. El objetivo no es ganar limpiamente y con altura. No. Se trata de destruir al contrario como sea. El poder es el poder y hay que conquistarlo a como dé lugar. Hay que escarbar el pasado y el presente, y hallar evidencias que destruyan letalmente. Las redes sociales están inundadas de mentiras, pero la gente no solo se las cree sino, que, además, las difunde para atizar los odios viscerales. El populacho está enardecido y enceguecido. Los que hasta hace pocos días eran enemigos a muerte, ahora se abrazan alineándose en las mismas filas.

La política es dinámica, se justifican. No importan las propuestas argumentadas. No. Hay que impedir que el otro gane, así después nos vayamos todos juntos al abismo. Eso se sabe, pero libre y conscientemente se elige el camino. Es increíble la inmadurez política y la nula formación de la conciencia crítica. Si sorprende el fenómeno en las masas manipulables, realmente desconcierta en las élites que se pensaba estaban formadas. El todo vale es la consigna. Yo no sé cómo va a hacer al otro día el que gane con lo que quedó del resto. Podrá tender la mano y mostrarse generoso, pero el abismo es infranqueable y se prometen cuatro años de feroz oposición. En tanto, el país sigue desangrándose ante la mirada complacida de los pescadores foráneos que recogen buena cosecha en río revuelto. Divide y vencerás. Fragmenta y fácilmente conquistarás.

Nos quedan 15 días y no estoy tan seguro de que la gente se siente a pensar responsable y sesudamente. Se trata de elegir al presidente de la República, no al payaso de turno, no al títere de intereses extranjeros. En juego está el futuro y decirlo no es un lugar común sino la escueta realidad. Si gana la izquierda no olvide que esta será su única oportunidad para mostrar que puede hacer un buen gobierno. Si lo hace no dudo que siempre estará como alternativa de poder. Si fracasa estruendosamente no tendrá ninguna opción por muchos años. Si gana el populismo de derecha, igual, o se rodea bien para gobernar no con bravuconadas e insultos sino con gestiones convincentes. Unos y otros lo saben. De lo contrario, volveremos a ver instalados en el poder a los mismos politiqueros tradicionales con las mismas mañas para quedarse otros 40 años. Se habrá desaprovechado esta ocasión única y feliz de ver un cambio real y efectivo. ¡Quedan 15 días para pensarlo bien!

miércoles, 1 de junio de 2022

Salida inesperada del túnel

Luis Alfonso García Carmona
Por Luis Alfonso García Carmona*

Los resultados de la primera vuelta presidencial produjeron, de manera sorpresiva, una salida al oscuro panorama que se cernía sobre Colombia ante un eventual triunfo de la izquierda radical en la primera vuelta.

Petro no alcanzó el triunfo en la primera vuelta, como lo había anunciado, y ahora deberá enfrentar en la segunda vuelta la cerrada unión del anticomunismo que podría llegar a más de 11.000.000 de votos, muy por encima de las reales posibilidades del petrismo.

Hay que resaltar que el motor de este revolcón político lo constituyó la desconcertante votación obtenida por el ingeniero Rodolfo Hernández, quien, a la cabeza de un movimiento independiente, pasó a la segunda vuelta con casi 6.000.000 de votos, eliminando las posibilidades de Fico Gutiérrez, posicionado en las encuestas como el más opcionado para disputar el triunfo al candidato izquierdista.

Todavía se preguntan en las campañas de Fico y de Petro cómo logró Rodolfo desbarajustar sus planes. A mi entender, supo interpretar el sentimiento nacional de un pueblo fatigado con la corrupción de la obsoleta clase política y abandonado por un macrocefálico aparato estatal cuyos recursos, destinados a alimentar la burocracia, no llegan a satisfacer las ancestrales necesidades de los menos favorecidos.

Un día después de las elecciones, ya contaba Rodolfo con el apoyo del electorado de Federico Gutiérrez que, sumado al suyo, supera ampliamente las posibilidades del candidato de la ultraizquierda. Consciente este de su inminente derrota se ha apresurado a tildar a Hernández de ser un instrumento del uribismo, manida táctica en la cual ya nadie cree. Se quedó sin banderas y ya no tendrá tiempo para improvisar.

Mientras tanto, la gente en Colombia, en forma espontánea y masiva, se está alineando con este ingeniero que ha demostrado tener carácter, independencia y un lenguaje sencillo y directo que cala profundamente en el alma de los colombianos.

No puedo dejar de comparar a nuestro país con Singapur, ese pequeño país que se debatía en medio de la violencia, la droga, la miseria, la falta de educación y el subdesarrollo hasta la llegada al poder de Lee Kuan Yew. Con fórmulas sencillas como las que ofrece Rodolfo convirtió a Singapur en una de las potencias del sudeste asiático, con uno de los niveles de vida más altos de la tierra. Educación bilingüe y orientada al desarrollo, libre mercado, atracción de inversionistas, lucha implacable contra la corrupción y mano dura contra el crimen y la droga.

Si en lugar del salto al vacío que ofrece el neo-comunismo de Petro, acompañamos al ingeniero y empresario Rodolfo Hernández con nuestro voto el próximo 19 de junio, Colombia tendrá la oportunidad de convertirse en la potencia que queremos y, mediante un manejo juicioso del Estado, ofrecer a cada colombiano una alternativa para mejorar sus condiciones de vida.

La Divina Providencia nos ha proporcionado una salida al oscuro túnel en el que nos encontrábamos. No dejemos pasar esta oportunidad. Votemos masivamente por nuestro Lee Kuan Yew, el empresario Rodolfo Hernández.

lunes, 2 de mayo de 2022

Noticias de la semana

En esta oportunidad el doctor Antonio Montoya H., en su editorial para esta semana, destaca diversos aspectos de la vida nacional que son noticia. Entre ellos, los resultados de las encuestas a la carrera presidencial, los problemas judiciales que enfrentan los líderes del Pacto Histórico, los problemas del invierno, la delincuencia desbordada, la masacre en el Putumayo, la celebración del Paro Nacional, la invasión de Rusia a Ucrania, Uribe a juicio y el espectacular concierto brindado por Maluma y con la presencia de Madonna. No dejes de escucharlo.


martes, 22 de marzo de 2022

De cara al porvenir: sucesos

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Martin Wolf sostiene que “Los humanos hemos sido capaces de construir un mundo global, pero gobernado por tribus”.

Nada más serio, más cierto, ni más contundente. Parece mentira –y sé que parece ingenuo– que ni los países poderosos ni las organizaciones multilaterales de todo tipo, sociales, políticas, económicas, tecnológicas, financieras, militares, no hayan sido capaces o no hayan querido construir un mundo equitativo y justo, objetivos para los cuales, entre otras curiosidades, fueron fundadas, lo cual se demuestra en el incremento de la pobreza, la concentración desmedida de la riqueza y la iniquidad, la pobreza y la  injusticia rampantes a lo largo y ancho del planeta.

Paralelamente la anunciada mentalidad cosmopolita y el hablar de “la casa común” suena bonito, pero seguimos trabajando en medio de una institucionalidad anacrónica que no fue creada con esa perspectiva.

El ejemplo rampante y triste lo vimos y lo vivimos con la pandemia y el papel de la Organización Mundial de la Salud –OMS–, sometida al aporte de presupuesto por parte de los países ricos que tienen sus propias agendas.

Nos consolamos con la formulación y el anuncio rimbombante, primero, de los incumplidos “Objetivos del Milenio” y luego, con los “Objetivos de Desarrollo Sostenible”, que hoy nos sirven de guía, lo cual es innegable, pero que no hemos sido capaces de cumplir, por la falta de voluntad de los responsables, que son todos los Estados del mundo.

Hoy tenemos un poco más de dos docenas de conflictos militares en el planeta, aun cuando quien se lleva los titulares de prensa en estos momentos es el tema ucraniano.

No es fácil coexistir y tratar de vivir en relativa calma… ¡La paz es una quimera!

El concepto de víctimas, victimarios y salvadores son temas de discusión y los grandes poderes y los medios de comunicación como instrumentos del poder, califican y definen quien asume el papel de cada concepto, es decir, quién es el bueno y quién es el malo.

Es por eso necesario conocer la historia para medio poder contextualizar los acontecimientos y las decisiones asociadas, en el entendido de que todos tenemos intereses y algunos tienen la capacidad militar de tratar de alcanzarlos por la fuerza.

Resulta más que significativo y diciente el reconocer que en este gobierno, han sido liquidadas 13 EPS y que existen cerca de 20 que podrían ser liquidadas en 2022. Esto es una muestra inequívoca que algo no funciona como debe funcionar en el sistema de salud colombiano, sin dejar de reconocer que ha habido algunos avances.

Los recientes resultados electorales invitan a desarmar los espíritus, bajarle el tono a la emotividad, y guardar y propiciar el respeto debido entre contendores y entre seguidores.

Son de mal gusto la mayoría de los mensajes que circulan al respecto en las diferentes redes sociales. Hay personas que se ocultan detrás de estas herramientas tecnológicas para sembrar incertidumbre, permaneciendo en un cobarde anonimato.

Alguno de los candidatos será elegido como presidente, y si se cumplen los procedimientos legalmente establecidos, en términos democráticos, será nuestro presidente, el presidente de todos los colombianos, electo de manera legal y ojalá legítima.

No hay que generar heridas ni reabrir aquellas que algunos guardan como sus “muy queridos y antiguos odios”.

Exijamos propuestas serias y alcanzables y no toleremos posturas de corrupción.

Colombia se merece lo mejor, los colombianos tenemos el derecho a alcanzar el desarrollo y el bienestar en medio de un pleno ejercicio de los postulados democráticos.

NOTA: No sé cuál debería ser el procedimiento legal para establecer el cómo asegurar que personas con problemas judiciales, incluido su círculo más cercano, no puedan presentarse como candidatos a ningún tipo de elección popular, ni ser nombrados para ocupar cualquier cargo público.No hacerlo es cohonestar con la corrupción.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Escenas de la estupidez política

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

En la bien nutrida historia universal de la estupidez política se registran pocos episodios tan lamentables como el de la oposición venezolana. Los incontables “partidos” que en debilísima coalición forman la MUD, aceptaron concurrir a elecciones, a sabiendas de que el gobierno de Maduro cometería todos los fraudes imaginables —y otros nuevos—, y aun así acudieron a unas urnas inútiles ante el cómputo electrónico, que ya estaba preparado para arrojar los datos que quería la dictadura. Esta les permitió “ganar” en dos pequeñas de las 23 tres gobernaciones. Y a cambio de estas lentejas legitimaron a Maduro. ¡Otra cosa es que hayan obtenido las probables prebendas monetarias que desde Judas acompañan la traición!

Nuestra Hispanoamérica ofrece con frecuencia capítulos de estupidez política. El reciente caso del Perú es aleccionador. Después de veinte años de una propaganda incesante que convirtió al expresidente Fujimori en un monstruo aterrador, con facilidad se impuso la consigna de “¡Primero me corto la mano que votar por ella!”, con el resultado del mamarracho del sombrerón analfabeta y estólido.

Con seguridad Fujimori cometió muchos errores, pero la verdad es que se le ha encarcelado por haber derrotado a Sendero Luminoso. Y aquí en Colombia, el doctor Uribe, que seguramente cometió también errores, no es el monstruo sangriento y criminal, que por haber derrotado a las FARC debe ser execrado, calumniado y perseguido hasta llevarlo a la cárcel —violando todas las leyes penales y procesales—, antes de las próximas elecciones, cuando muchos dirán: “¡Primero me corto la mano que votar por un uribista!”.

Con la atomización de las fuerzas democráticas, en Colombia corremos el riesgo de imitar a los peruanos y superar a los venezolanos, para conquistar así el gran premio de la estupidez política universal. Con dos o más millones de venezolanos que piden limosna en nuestras calles o que les quitan el trabajo a los colombianos más pobres, ¿cómo es que el gran consejero económico y mentor político de Chávez encabeza las encuestas, con grandes posibilidades de alcanzar la presidencia?

A él no lo afectan el abultado prontuario ni la pésima Alcaldía, la mendacidad y el cinismo inocultables, las propuestas descabelladas, los costalados de billetes filmados ni las suntuosas mansiones…

Frente al peligro inocultable, los candidatos insisten en jugar irresponsablemente a que “si de pronto llego al segundo puesto, en la segunda vuelta gano”.

Como las propuestas de Petro son alocadas los candidatos van a rebatirlas, desde luego con razón, altura y lenguaje técnico, pero otra cosa puede pensar un electorado agobiado por el desempleo, la carestía y la pandemia, motivado por los espejismos de la renta básica permanente, los servicios domiciliarios baratos, emisión en vez de impuestos, salud y pensiones no contributivas, y la expropiación de las tierras agrícolas, con el fin de repartirlas a los campesinos, en un país ecológico en el que se cambiará el negro petróleo por el verde aguacate…

Todo lo de Petro es locura electoralmente productiva. Pero para derrotarlo no hay que entrar en polémicas intelectuales con él, sino mostrarles a las gentes cómo ese individuo puede volvernos una segunda Venezuela, pero sin adónde emigrar.

Sería increíble que con ese país al lado y con sus ciudadanos mendigando en nuestros semáforos, aquí gane el castro-petrismo, pero si los políticos siguen sin unirse en una firme coalición democrática y patriótica, el pronóstico es reservado.

Antes de las elecciones, especialmente inquietante es el trato amable, respetuoso, cordial y cortés con que se trata siempre al “doctor Petro” en los medios y en todos los congresos gremiales donde se presenta como un político moderado y de centro-izquierda. Esto hace que el elector piense que ese individuo es un personaje normal, como los otros aspirantes.

***

Curioso que al iniciarse la campaña presidencial, el Departamento de Estado — ¡al parecer sin consultar con la Cancillería colombiana!—, proponga retirarle a las FARC su condición de movimiento terrorista. Ante este despropósito, contrasta el rechazo de muchos legisladores de Estados Unidos, con la ausencia de protesta oficial y partidista en Colombia.

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“La revolución la inventan románticos, la protagonizan fanáticos y la aprovechan indeseables”

—Thomas Carlyle

lunes, 22 de noviembre de 2021

Aspirantes a la Presidencia

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

En Colombia nos movemos al vaivén de los acontecimientos diarios, no trabajamos la planeación, ni menos lo hacemos por objetivos; la opinión cambia de un lado a otro de acuerdo con el comportamiento, opinión, o manifestaciones de los políticos, quienes no tienen planes de trabajo, no quieren pertenecer a los partidos tradicionales, y quieren ser ellos, sin exclusión alguna, los salvadores de la nación, creyendo que, con sus propias ideas, permitirán el avance y desarrollo de Colombia.

Están equivocados de principio a fin. Ninguno, ni el más inteligente, avezado e intelectual o el más ignorante de todos, que son varios, lograran dar unidad a Colombia si no existe un propósito común. Si no, díganme ustedes si alguien que llegue a la Presidencia de la República podrá gobernar con independencia si una mayoría no lo acompaña en el Congreso y así lograr sacar avante los proyectos y promesas que efectúa en la contienda electoral.

Hoy casi sesenta (60) candidatos están en el ruedo buscando ya sea por firmas, avales o partidos acceder a la contienda electoral. Cuánto dinero no se está moviendo entorno de ellos, porque conseguir las firmas requeridas vale dinero, y mucho, seiscientas mil firmas requieren una movilidad de personas en cada región del país para conseguirlas, una tarea no inferior a los mil doscientos millones de pesos ($1.200.000.oo), sino es más; entonces multipliquen por los que están recurriendo a ellas y son miles de millones de pesos los que se están invirtiendo en una aventura electoral, que al final tendrá, en la segunda vuelta, dos candidatos, y por ello la pregunta es ¿quién los financia, por qué y para qué?

Esa es la pregunta que nos hacemos la gente del común, los ciudadanos de a pie… qué sentido tendrá ser presidente de Colombia, por cuanto esa posición a la que se llega ya está vendida y pone en riesgo ese triunfo a la economía, la seguridad jurídica y al desarrollo del país, al tener comprometida la gestión por deber favores y dinero.

Por ende, la primera propuesta que les efectúo en el día de hoy es que las campañas presidenciales sean financiadas por el Estado, que no se admita ni un solo dinero privado, ni de empresas y menos de personas naturales; que trabajen al momento de cierre de inscripciones con dineros estatales, que no sean excesivos, que tengan el mismo acceso en tiempo a la radio, televisión y prensa, que no se vote el dinero, que no se comprometa el futuro del país con financiadores privados, sean personas naturales o jurídicas, que son las que impiden el desarrollo armónico del país.

Sabemos todos que de estos candidatos que están en la mira pública, llegarán a la primera vuelta electoral un máximo de diez (10), unos serán los que se acuerden por la Alianza Verde; otros, los de la experiencia, los de la esperanza, Centro Democrático, liberales, conservadores, los de Petro (el solo) y alguna otra facción que se me olvida en este escrito. De todos ellos llegarán a la segunda vuelta únicamente dos… entonces vuelvo y pregunto, los otros ¿qué harán para pagar las obligaciones económicas que les quedan luego de ser aspirantes, o será que ese solo hecho les genera rendimientos económicos? Vaya pregunta y la respuesta no sé quién nos la puede dar. Lo que sí les puedo decir es que el fenómeno de la corrupción es lo que más afecta la credibilidad ciudadana, nadie cae preso, nadie reintegra dineros o poco es lo que se logra, y por ello no podemos permitir que sean ellos los que financien las campañas.

Me decían en una tertulia el día de ayer que Colombia es modelo de democracia comparada con Nicaragua, Venezuela y otros países suramericanos, países en los que meten a la cárcel a los aspirantes despejando el camino para la reelección a quien gobierna. La respuesta que yo les di y reitero hoy es que eso de allá no es democracia, es una dictadura absurda, un remedo, un abuso de poder y que por ende no es posible ni viable comparar esos países con ninguno otro. Que debemos es derrocarlos y convocar a elecciones libres, que permitan prosperar esas economías y dar mejores condiciones de vida a los ciudadanos de esos países.

Digo y me reafirmo, que cuando un país tiene 60 o más candidatos presidenciales no conlleva eso a afirmar que es una democracia legitima, diría yo que es una democracia endeudada, sujeta a los que están detrás del poder, al acecho, esperando la retribución de los servicios ofrecidos a través de dadivas y auxilios; ellos son los verdaderos corruptos que acaban con las arcas públicas enriqueciendo a unos y empobreciendo a la mayoría.

En conclusión, puedo afirmar que la proliferación de candidatos no es una muestra de democracia, que lo que es cierto es que la ausencia de partidos serios, con ideología y principios conlleva al caos de nuestro país. Por consiguiente, invito a los ciudadanos a que nos pellizquemos, pensemos en una verdadera democracia con responsabilidad y que obtengamos gobiernos que sí crean en la democracia, no la utilicen y no obtengan beneficios para ellos; será la única forma de que las libertades y opiniones prosperen en Colombia.

Nunca es tarde para obtener un mejor país.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Los candidatos están biches

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

La cosecha de candidatos presidenciales es de varias docenas. Quizá sería mejor hablar de precandidatos a candidotes, porque la gran mayoría de las distinguidas personas que se han lanzado no reúne las condiciones de reconocimiento nacional y trayectoria suficiente. Todos ellos, además, carecen de partido, financiación, equipo y programa, que son los prerrequisitos de una verdadera campaña.

Conscientes de su debilidad, ninguno proyecta lo más esencial: ¡Ganas de ganar!

Como las elecciones se vienen encima –porque estamos a cuatro meses de las parlamentarias y a seis de las presidenciales–, grupos de ciudadanos preocupados, gremios, centros de pensamiento y revistas, organizan foros y paliques con aspirantes al solio de Bolívar. Los organizadores escogen algunos nombres, para que media docena de personas intercambien opiniones, que precisamente por la desmesura de la ambición a nadie convencen.

Quien haya seguido, por ejemplo, el reciente coloquio de Semana no puede ocultar su desánimo. Allí, algunos invitados coincidieron en la expresión de su opinión en el sentido de que Petro no va a ser presidente. Alguno recordó que fue un alcalde pésimo; otro hasta se atrevió a decir que ese señor es una mala persona y que haría daño al país… ¡y un tercero dijo que, si él no quedaba de segundo, votaría luego por Petro…!

La sensación que ese foro deja es que todos los participantes son buena gente, con alguna experiencia ocasional en puestos públicos, pero que ninguno es líder, estadista o jefe político.

Para dirigir cualquier país, especialmente uno aquejado por todos los males –como es ahora el nuestro– se requiere líder, estadista y jefe político. Petro, en cambio, que tampoco es líder, estadista ni jefe, sí tiene ganas, enormes ganas, financiación inagotable, equipos mediáticos, muchas “bodegas”, lamentables e influyentes apoyos internacionales, y un proyecto político coherente pero atroz, que él sabe disimular con un lenguaje melifluo, ambiguo, ladino, sinuoso, hipócrita, falaz y todo lo que usted quiera…

Pero en vez de enfrentarlo y recordarle al país sus antecedentes, su castro-chavismo, su mendacidad incontenible, su alcaldía depredadora y costosa, y su innegable capacidad de convertir a Colombia en una segunda Venezuela, en los medios masivos y las reuniones a las que asiste invitado por dirigentes pusilánimes, se le trata con exquisita cortesía y respeto.

Los pueblos son desmemoriados, y entre olvido, temor y culpable cortesía, el personaje se crece hasta la alarmante cota preelectoral que le han permitido alcanzar.

Ahora bien, si las fuerzas democráticas siguen atomizadas, la reacción empanicada después de las parlamentarias puede ser tardía e insuficiente, o no darse. No olvidemos que, ese día muchos responderán más bien a la pregunta tradicional: ¿Quiénes vamos ganando?

Con franqueza debo decir que, con una o dos excepciones, las docenas de candidatos se han madurado biches. En general son profesionales honestos, bien preparados, amables, flexibles y transaccionales. Si en lugar de aspirar a imposibles se unieran, podrían formar un gabinete ministerial de lujo para un verdadero candidato líder, estadista y jefe.

¿No será posible, a última hora y al borde del precipicio, el entendimiento patriótico de las fuerzas democráticas, para que surja un verdadero candidato nacional, apoyado por tantos señores que primero deben ser ministros, antes de soñar con cimas inalcanzables?

Bien sé que lo que acabo de anotar equivale a la creación de un nuevo Frente Nacional, y aunque tampoco ignoro los abismos que separan las formaciones democráticas y sus jefes, si este no se da a partir de diciembre, el pronóstico para Colombia es reservado…

***

La necesaria intervención de EPM no puede seguir siendo aplazada. Hay que terminar con la esa administración alocada y a golpes sobre la marcha, de Pinturita, porque es imperativo evitar el cambio de contratista, que no solo retarda y encarece la obra, sino que puede atraer la mayor coima en la historia nacional.

viernes, 1 de octubre de 2021

Mi candidato

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Aumenta el número de aspirantes presidenciales. Los hay de todas las corrientes, edades, posturas, ideologías, proyectos, partidos, formaciones, experiencias. No es fácil comprender por qué quieren llegar a la primera magistratura del Estado, cuando en realidad lo que se van a ganar es un soberano dolor de cabeza, con tantos problemas de fondo por afrontar, en un país catalogado en los últimos rankings como de los más inequitativos, más violentos, más corruptos, más antiecológicos, más feminicidas…

Se necesita, no sé, si mucho amor patrio y honesto o ingenuo deseo de servir, o masoquismo consciente porque, a no dudarlo, su cabello sin necesidad de tinturarlo se volverá blanco en cuatro años, se convertirá en el objetivo de toda clase de críticas porque sí y porque no, recibirá palo porque bogas y palo porque no bogas, querrá estar bien rodeado, pero no faltará quien le falle y lo haga quedar mal. En fin… es un honor de muy alto costo pues, aunque pueda tener la mejor voluntad, a su alrededor rondarán toda clase de intereses, desde los más nobles hasta los más perversos y tendrá que estar muy cercano, no de una corte de áulicos u obsecuentes turiferarios, sino de verdaderos amigos que lo asesoren bien, no lo dejen meter la pata, le ayuden a comunicar oportuna y verazmente lo que hace, con apertura para recibir críticas y sugerencias de modo que no haya riesgo de dormirse en los laureles y quedarse saboreando las mieles del poder.

La verdad, no me interesa mucho si es de tal o cual partido, o si no lo tiene, el hecho es que necesita contar con apoyo consistente en el Congreso para que pueda efectivamente gobernar sacando adelante su plan de gobierno y no le pase lo que a muchos que, por ser fruto de múltiples alianzas y coaliciones, a la postre se quedan sin apoyo de muchos de ellos, desencantados de que no haga lo que ellos quieren.

No tengo preferencia sobre si es hombre o si es mujer, lo importante es que tenga carácter, eso que llamamos personalidad auténtica y bien definida para sortear con reicidumbre los más duros y complejos problemas. No me estresa saber su religión, pero sí me afana que tenga principios y valores claros, respete la libertad de cultos, sea un demócrata y tenga claro que debe servir sin distingos ni preferencias a todos los colombianos, que quiera erradicar la polarización y tenga como propósito la reconciliación y la paz.

Mi candidato habrá de estar bien preparado para asumir tamaño encargo. Entre más experiencia tenga y mayor conocimiento de la realidad del país, mejor. No basta haber paseado por todas las regiones haciendo populistas campañas, tomándose fotos con todo el mundo para aparecer empático y simpático con gente que en realidad no le interesa y que cuando esté en el poder no volverá a saludar, ni querrá recibir para dialogar sobre los problemas que les aqueja.

Sinceramente no creo en promesas electoreras de esas que endulzan oídos incautos en tanto obtienen votos y después nos dejan viendo un chispero: “gobernaré con los más capaces y honestos”, “puedo esculpir sobre piedra que no subiré impuestos”, “mejores salarios y menos impuestos”, entre otras muchas mentiras. Un conocedor realista del Estado respeta la nación entera.

Por eso es importante que sea honesto, respete la separación e independencia de los poderes y concite a todo el país para sacarlo adelante frente a la peor crisis y el mayor caos y anarquía en la que se ha sumido. Sigo en búsqueda.

Sé que no puede ser Supermán o La Mujer Maravilla, pero están descartados los que han alimentado el odio y la venganza, quienes en el ejercicio de sus cargos ya han tenido la oportunidad de mostrar lo mejor de sí mismos, pero pelaron el cobre, los camaleones oportunistas y los revanchistas compulsos que se van a pasar todo el tiempo con retrovisor en mano en vez de construir futuro. Todavía estamos a tiempo de evitar la debacle. Dejemos de lado las pasiones viscerales y pensemos en grande, sin mezquindades y seudo valores rastreros y de la peor estopa.

lunes, 20 de septiembre de 2021

Firmas y más firmas

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

La ilusión, el deseo de ser presidente, senador, representante a la Cámara, diputado, concejal,  gobernador o alcalde, lo han tenido o lo hemos tenido y lo tienen muchas personas a lo largo de la vida, para servir a Colombia sin ánimo de lucro o enriquecimiento indebido, simplemente por el deseo de contribuir al desarrollo del país, para tener un mejor nivel de vida y, obviamente, para contribuir al mejoramiento y lograr un el desarrollo, en lo social, económico, en todos los ámbitos, con estabilidad y paz.

Al final de cuentas no todos participan en la contienda electoral por múltiples motivos, unos de índole económico, otros porque no tienen avales, y otros porque respetan las decisiones familiares de no participar en estas lides electorales. Sin embargo, muchos se lanzan a la batalla y buscan los avales de los partidos políticos, lo cual unos lo logran y otros no, así es la vida.

Los que han logrado llegar a estos cargos de elección popular, celebran su triunfo, pero no saben lo que les espera, y es que después del éxtasis viene el trabajo, los proyectos, los debates y las decisiones. Los que están amparados en partidos tienen mejores resultados que aquellos que se lanzaron solos creyendo que así logran vencer la maquinaria y obtener buenos resultados para sus electores.

Son muchos los casos de deportistas, empresarios, sindicalistas, curas, en fin, que después de lograr el escaño soñado no pueden hacer nada y tienen que construir alianzas con otros grupos o sectores políticos para mostrar resultados. Allí, es donde esos elegidos tienen problemas, se comprometen a votar proyectos para que les ayuden a ellos y ese es el principio del fin porque quedan amarrados y por lo tanto su independencia tan cacareada se pierde y sus electores nuevamente sufren un nuevo golpe que acaba con la credibilidad en las instituciones.

En el caso presente, cuando estamos cerca de elecciones presidenciales nos encontramos con que, al día de hoy, 20 de septiembre de 2021, se ha inscrito más de 43 candidatos para aspirar a la presidencia de la República, lo cual de por sí es una cifra increíble, alta y difícil de entender.

La razón de ello es que no son muchos los partidos políticos, los dirigentes no someten a decisión de la asamblea del partido la consideración de los candidatos, son excluyentes y por consiguiente casi que son seleccionados a pupitrazo limpio por los directores de los partidos, y eso explica en parte la razón de no someterse a sus resultados.

Esto es increíble, además de inadmisible, que se juegue con los ciudadanos en este aspecto que es de vital importancia para el país. De allí, que la primera conclusión en este artículo es que los partidos deben ser estructurados, fuertes, con afiliación, estatutos claros y reglas de juego precisas para que sus afiliados se sometan tranquilamente al proceso electoral propio y confíen en su liderazgo para obtener el apoyo del partido.

Hoy nos encontramos con una realidad que no admite discusión, dieciocho (18) de los candidatos a la Presidencia de la República, quieren inscribir su candidatura con firmas, es decir, buscan el apoyo individual de quienes desean, confían y quieren ser dirigidos por el candidato.

Es necesario contarles a ustedes respetados lectores que cada uno de ellos debe recoger por lo menos quinientas mil firmas para inscribirse como candidato, tarea que no es fácil, que requiere de apoyo no solamente ciudadano, sino el apoyo económico para sufragar los gastos de la recolección de firmas, lo cual no se obtiene de la noche a la mañana y en ese empeño muchos claudican.

Por todo ello, creo que se debe trabajar en una gran reforma electoral, obviamente constitucional, para que las personas en forma individual no puedan aspirar a ningún tipo de cargo público.

Los partidos son la base de la democracia, sobre ellos recae la institucionalidad y la preservación del sistema, los individualismos conducen al populismo y este al caos.

Invito a quienes creen en esa gran reforma, a que apoyen la democracia y los partidos, para que así y evitemos jugar al mesianismo, porque creo con convicción que con ellos nunca se logra nada, y sí se logra, es temporal y no se mantiene en el tiempo; luego vendrá el caos. En cambio, un partido fuerte, serio, con inscripciones, permite la lucha democrática y el ejercicio de la toma de decisiones coherentes y ordenadas.

No más al individualismo, sí al trabajo en equipo y al liderazgo de los partidos para bien de Colombia.

viernes, 13 de agosto de 2021

Tentaciones políticas

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

El artículo llamado “Al meollo del asunto” que resultó exitosamente viral sin habérmelo propuesto, sigue poniéndome en contacto con gente de muy diversas latitudes geográficas y condiciones humanas. Que desde varios países de América, Europa, África, la mismísima ONU o por estos lares, desde los Llanos y la Amazonia, el norte y sur del país andino, lo ponderen y valoren, no ha dejado de sorprenderme.

Ahora, prestantes políticos, algunos activos y otros retirados, con las banderas de quienes están hartos de polarizaciones entre los mismos con las mismas, se han puesto en contacto para invitarme a animar un movimiento de renovación política que le diga basta ya a la politiquería tradicional que nos tiene sumidos en este caos y que, con gente de todas las edades, profesiones, credos y estratos sociales cambiemos este ajedrez y transformemos a Colombia.

Es una dulce pero peligrosa tentación. La política siempre me ha gustado, no tengo porqué negarlo, convencido como soy de que todos los seres humanos somos políticos por naturaleza, así no nos gusten los colores partidistas y sus estrategias mañosas para gobernar y “repartirse la marrana” como coloquialmente afirmamos. Por mis trabajos apostólicos he tenido que encontrarme muchas veces con personajes tan diversos como interesantes: Lleras Restrepo, Belisario Betancur y Álvaro Uribe, para citar solo expresidentes, pero también gobernadores y alcaldes, como Antonio Navarro y Sergio Fajardo, por ejemplo, o congresistas y ministros. La cosa política me gusta y creo ser bastante crítico de esa “arena” circense a la que saltan muchos para luchar honesta e incansablemente, algunos otros para ser devorados por fieras hambrientas, y no pocos, para lucrarse mezquinamente a costa de un pueblo apático de la participación política y bastante ingenuo a la hora de tomar posturas propias. No pocas veces, con toda asertividad le he dicho a más de uno lo que realmente pienso a sabiendas de que puede gustarles o no. Eso que llaman lo políticamente correcto me produce náuseas. No importa. Me he sentido profundamente libre para pensar con conciencia crítica, ser auténtico y evitar mimetizarme camaleónicamente según las conveniencias. Eso me ha granjeado muchos amigos pero también enemigos.

Me han dicho, pues, que el actual momento de este país no da espera y que lo piense muy bien porque hay que buscar responder a las causas más grandes y nobles y no quedarme en mi mundillo clerical. Me sonó muy ignaciano eso del “más”, pero también me hizo recordar las tantísimas tentaciones que tuvo Jesus de Nazaret. Pareciera sentirme felizmente en Domingo de Ramos pero oteo en el horizonte la tragedia del Viernes Santo con crucifixión y sepultura incluidas. Muy interesante, muy atractivo, muy pertinente si se quiere, pero no. El galileo se escabulló de quienes querían hacerlo rey y sabemos que quienes a lo largo de la historia sucumbieron a la tentación no tuvieron finales rosa. Los curas no somos para eso. Por eso somos curas. Claro que tenemos que ser políticamente activos sin endosar nuestra libertad de conciencia a ningún movimiento en particular. Si quieren les ayudo como asesor o consejero, como formador integral de jóvenes líderes, o en las lides educativas que han sido las mías durante 35 años. Eso sí.

A estas alturas de la vida, “el palo no está pa cucharas”. Creo que como cura puedo y debo hacer mucho más en el servicio a la Iglesia y a mi patria. Además, ya lo hemos visto, no basta la buena voluntad, ser decente y buena persona. Hay que estar preparado en temas muy diversos y saberse rodear de los mejores. Es más, la experiencia en el servicio de lo público, si bien es compleja y tiene muchos vericuetos es absolutamente necesaria para una buena gestión pues siempre habrá quien quiera buscarte el pierde. Llaneros solitarios sin respaldo han terminado cooptados por sus críticos y detractores, cuando no se han frustrado traumáticamente y achicharrado para siempre. Me siento realizado en mi vocación y creo que lo mejor por ahora es quedarse quieto en primera, o ustedes, ¿qué opinan?

miércoles, 30 de junio de 2021

¿Muchos para figurar o uno para ganar?

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín*

Después del lanzamiento, en la semana que acaba de concluir, de otras tres candidatas para la presidencia, contabilizo como 40 nombres excelentes, con excepción del de Petro, execrable puntero (por varias cabezas) en esa carrera, y faltan datos de varios municipios.

En los íntimos pliegues de cada político está siempre agazapada la tentación presidencial, pero para que esta no lo exponga al ridículo debe operar la consideración de “lo posible”. ¡Si en Colombia hubiera siquiera 10 presidencias al mismo tiempo, sería lógico el número de aspirantes que se han presentado!

Ahora bien, por más torpezas que cometa Petro (que puede, al contrario, seguir posando de paloma), en junio del año venidero seguirá a la cabeza, y detrás de él llegará, si seguimos como vamos, un pelotón compacto de aspirantes, cada uno soñando con lograr el codiciado segundo puesto en la primera vuelta…

Arriesgada apuesta, entonces, la de los ilusos candidatos democráticos, porque existe el riesgo de que el segundo en esa fecha sea otro funesto izquierdista.

Como puede ver el amable lector, hay un candidato guiado por la estrategia, al que se oponen las docenas que apuestan por la táctica. Lo estratégico consiste en una preparación de años, una financiación inagotable y una figura conocida en todos los rincones, mientras lo táctico es soñar que “si gano el segundo lugar, el país, aterrado por el ejemplo de Venezuela, me rodeará para ganar en la segunda vuelta”.

El espejismo, la ilusión, de pasar a la segunda vuelta, nada tiene de sólido. Es un juego tan inseguro como el de la ruleta rusa, y este país no lo podemos jugar a la ruleta rusa. Si el año entrante Petro llega a la presidencia, será el fin de la patria y el principio de la revolución colombiana, para completar el dominio del subcontinente. La candidatura presidencial no puede, entonces, convertirse en un renglón adicional del curriculum vitae de ciudadanos meritorios.

La preservación de la democracia y del estado de derecho es asunto de vida o muerte, que exige perentoriamente la escogencia, desde ahora mismo, de un candidato viable, es decir, de alguien que pueda ganar las elecciones del 2022, tanto la del Congreso como la de la presidencia, y por eso tantas aspiraciones ilusorias deben retirarse de inmediato. Deponer los egos es imperativo.

Para ganar se requieren principios y suficiente financiación, con el fin de poder contar con medios masivos, equipos de trabajo, desplazamientos, grupos preparados para prevenir el fraude y otros para contrarrestar en las redes sociales las innumerables bodegas de la izquierda y las potentes emisoras que el gobierno ha construido y financia para las Farc.

Una campaña electoral moderna es una empresa que cuesta centenares de millones. Solamente un gran candidato puede obtenerlos, porque si seguimos como vamos, nadie va a financiar a tantos aspirantes porque “tanto pobre junto pierde la limosna”.

Aplazar la respuesta a la ofensiva revolucionaria para cuando se sepa quién queda de segundo en la primera vuelta equivale a suicidarse, porque el intervalo entre la primera y la segunda ronda es muy corto. Apenas alcanza para el último forcejeo.

La batalla de 2022 es la final y decisiva. Desde hoy mismo hay que prepararse para ganarla. De lo contrario nos tocará asistir a la película Colombia no-futuro.

viernes, 5 de marzo de 2021

Partidor presidencial

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Comienza a agitarse la cosa política de cara a las elecciones presidenciales en 2022 y nos corresponde como ciudadanos responsables y serios iniciar igualmente nuestro discernimiento para buscar la mejor opción, según nuestro leal saber y entender. El cuentico ese de que como en mi casa o en mi familia hemos sido todos del partido tal, por disciplina de partido se vota por el que el partido señale. No hay tal.

De madurez política es conocer muy bien a los candidatos: su plataforma ideológica y las propuestas que plantea, el equipo de trabajo que lo rodea, su experiencia de gobierno y de manejo de lo público, su comportamiento ético, la formación que tiene, los principios y valores que lo animan, los resultados de su gestión donde ha trabajado, su amor sincero por la patria y el compromiso honesto con sus gentes en aras del bien común.

Como “el palo no está pa’ cucharas”, es menester elegir un buen presidente. Creo, como la mayoría de los colombianos, que estamos cansados de los mismos con las mismas. Nos han prometido el oro y el moro, nos han engañado y defraudado tanto, porque con tal de ganar votos mienten descaradamente, que sería el colmo que nos volviera a suceder. Nuestra amnesia no puede ser tan patética. Estamos hartos de polarizaciones extremas irreconciliables. Estamos cansados de discursos veintijulieros que dicen mucho y no dicen nada. Estoy seguro de que queremos algo nuevo, alguien diferente a los mismos que han estado en la escena politiquera todos estos años.

Personalmente voy en serio por una figura alternativa en tanto nueva y distinta. No es afán de esnob, ni credulidad ingenua, es urgencia de oxígeno político para un país descuadernado. Soy consciente de que esa persona, hombre o mujer, se enfrenta a una monstruosa maquinaria que, o la deja sola gritando en el desierto o se la traga irremediablemente con apoyo a cambio de prebendas. La corrupción generalizada que cual bacteria se ha inquistado y campea oronda por la institucionalidad pública no tolera intentos transformadores. Es una lucha dramática por lo desigual, pero sigo creyendo que si se presenta alguien que valga la pena, que convoque, lidere, tenga ascendencia y credibilidad, se puede esperar una alborada de renovación y cambio.

Van apareciendo nombres interesantes. Me gustaría ver en el abanico más mujeres. Se necesita inteligencia práctica y teórica, carácter, firmeza, experiencia, respeto por los adversarios. Menos fake-news con calumnias e insultos de lenguas viperinas y más propuestas transparentes y realistas. Se necesitan candidatos auténticos e independientes y no aduladores genuflexos o perritos falderos de caciques mandados a recoger. Colombia y su gente se merece un buen presidente, pero este no puede salir del listado de los que pudiendo haber demostrado ya su talante, se quemaron por andar como veletas al viento, oportunistas que le batieron cola al mandatario de turno y que han mariposeado por doquier, haciéndole el juego a los ratings y al sol que más alumbre. El partidor presidencial está abierto y nosotros atentos.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Néstor Humberto piensa con el deseo

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

Considerando la elección presidencial dentro de 18 meses, los colombianos se debaten entre la desesperanza y la resignación. Al tenor de las encuestas y por percepción directa, pocos dudan de que los dos que se enfrentarán en la segunda vuelta serán, el uno, pésimo y el otro, aun peor. El pésimo continuaría la transición, y con el otro llegaría la república castrista.

En medio de esta angustiosa espera, a mediados de diciembre apareció un artículo de Néstor Humberto Martínez, que fue ampliamente leído por su mensaje consolador. El brillante jurista, político y fiscal aseguraba que ni Petro ni Fajardo serían candidatos en 2022.

https://www.infobae.com/america/colombia/2020/12/12/nestor-humberto-martinez-se-declara-de-centro-y-anticipa-que-ni-gustavo-petro-ni-sergio-fajardo-estaran-en-el-tarjeton-de-2022/

Del primero dice que tiene que responder ante los jueces penales por hechos muy sospechosos, y del segundo, que debe enfrentar investigaciones de la Contraloría General de la República, por su irresponsable participación en las determinaciones que causaron el desastre constructivo y financiero de Hidroituango.

Nada más tonificante que ver despejado el porvenir, porque ambos personajes son funestos, y el país, en manos del uno o del otro, iría inevitablemente al abismo. Pero por desgracia, el pronóstico de Néstor Humberto no pasa de ser wishfull thinking. La mayor parte de los colombianos agradecen esa inocentada que ha hecho menos lúgubres las Navidades, pero el exfiscal simplemente piensa con el deseo.

Mientras Petro disfrute de inmunidad judicial, que lo ampara frente a sindicaciones penales y malversación de fondos públicos, será candidato. No será fácil derrotar a quien prometa, a la salida de la pandemia, además, renta básica universal, rebaja en los servicios domiciliarios, compartir las viviendas de más de 65 m2 con extraños, la expropiación de las viviendas arrendadas para financiarlas a los inquilinos por el precio catastral, y todo lo demás que salga de la febril minerva demagógica…

En lo que dice a Fajardo, al resto del país no le interesan detalles de la actuación de un mediocre alcalde de Medellín, de tal manera que el exdocente puede seguir posando de matemático y de buen mozo, sin expresar nada concreto, siguiendo la exitosa fórmula vacía del inmortal e inútil Pacheco retratado por Eça de Queiroz.

Antes de que aparecieran los antibióticos, la escogencia entre dos enfermedades venéreas era bien difícil, porque ambas se eternizaban con los peores efectos. En política, por desgracia, no hay antibióticos, de manera que entre Petro y Fajardo es como escoger entre dos males muy similares.

Lo trágico es que los políticos saben que el acomodo con Fajardo es bien fácil; pero que con Petro también será posible… Por eso, en vez de unirse para conjurar el peligro supremo en la vida nacional, surgen diariamente candidaturas presidenciales absurdas, para fragmentar y parcelar la votación democrática.

Aparte del narcisismo y la vitrina, ¿qué buscan los “candidotes”, distinto de un puñado de votos para negociar cuotas de poder y para poder así soñar con estar en el partidor del año 2026?

Nadie quiere recordar cómo Hitler en 1932 y Allende en 1970 se montaron sobre solemnes promesas de cumplir la Constitución, burlándose a los pocos días de todas ellas para establecer sus funestas dictaduras.

Como así habrá de ocurrir con Petro, no se entiende que un país entretenido siga patinando por el plano inclinado que conduce al precipicio, en vez de exigir responsabilidad a un establecimiento político que siguiendo tristes juegos será barrido, si se resigna desde ahora a la derrota del 22, pensado que será provisional y reversible.

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Celebro vivamente la expulsión de dos “diplomáticos” rusos, después de dos años de seguimiento, porque finalmente el gobierno colombiano toma cartas en el asunto del espionaje. En la Embajada de Castro, en Bogotá, con varias docenas de funcionarios que monitorean a millares de cubanos que escudriñan todos los rincones de nuestro país, deben estar temblando…

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¡Reconstrucción o catástrofe!