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lunes, 20 de octubre de 2025

Indebida participación en política de Petro debe ser investigada

Luis Alfonso García Carmona

Establece de manera categórica el artículo 127 de la Constitución:

“Los servidores públicos no podrán celebrar, por sí o por interpuesta persona, o en representación de otro, contrato alguno con entidades públicas o con personas privadas que manejen o administren recursos públicos, salvo las excepciones legales. INC. 2º—Modificado. A.L. 2/2004, art. 1º. A los empleados del Estado que se desempeñen en la rama judicial, en los órganos electorales, de control y de seguridad les está prohibido tomar parte en las actividades de los partidos y movimientos y en las controversias políticas, sin perjuicio de ejercer libremente el derecho al sufragio. A los miembros de la Fuerza Pública en servicio activo se les aplican las limitaciones contempladas en el artículo 219 de la Constitución. INC. 3º—Modificado. A.L. 2/2004, art. 1º. Los empleados no contemplados en esta prohibición sólo podrán participar en dichas actividades y controversias en las condiciones que señale la ley estatutaria. INC. 4º—La utilización del empleo para presionar a los ciudadanos a respaldar una causa o campaña política constituye causal de mala conducta.”

Acostumbrados como estamos a que en este régimen fraudulento por su origen el respeto a la Constitución y a la Ley brille por su ausencia, no nos debe extrañar que también la norma aquí transcrita haya sido vulnerada por el camarada presidente y su cuadrilla. Está en su ADN, como militantes de la izquierda recalcitrante y marxista que, para la permanencia en el poder, todo medio, lícito o ilícito se puede utilizar; toda forma de lucha se justifica cuando se trata de mantener la vigencia de la revolución materialista y totalitaria que pregona el comunismo.

Afirman los expertos que el presidente es servidor público y ejerce “autoridad política” en grado máximo. Por lo tanto, la prohibición le aplica. Sin embargo, la Corte Constitucional ha reconocido que el presidente tiene un rol político natural, porque es jefe de Estado, de Gobierno y suprema autoridad administrativa (art. 188 y 189 CP).  En fallos como la Sentencia C-1153 de 2005, la Corte ha dicho que el presidente, por la naturaleza de su cargo, no está sujeto a la misma neutralidad que jueces, procuradores, contralores o fuerzas militares, y que puede expresar opiniones políticas, siempre que no implique coacción indebida sobre los ciudadanos ni uso indebido de recursos públicos. Pero, una cosa es que el presidente opine sobre asuntos nacionales o incluso sobre su visión política. Otra muy distinta es que intervenga directamente en la vida interna de un partido político, por ejemplo, en la selección de su candidato presidencial. Eso sí constituye actividad partidista y está dentro de la prohibición del artículo 127.

A nadie en Colombia se le escapa que la agenda del presidente guerrillero en los últimos días ha estado marcada por sus constantes intervenciones públicas y privadas para manipular las decisiones del Consejo Nacional Electoral en favor de las candidaturas de su preferencia. El tema de la participación del Pacto Histórico en la consulta solicitada a la Registraduría ha sido prioritario en su gestión. Por todos los medios ha presionado a los actores en conflicto y al Consejo Nacional Electoral para que se haga su omnímoda voluntad, sin lograrlo, ya que ello implicaría que los funcionarios competentes se apartaran de lo señalado por la Ley.

Esta reiterada conducta constituye evidentemente una indebida intervención en la vida interna de un partido y en las decisiones de los candidatos que deben libremente decidir si aceptan o no participar en la consulta para definir un candidato único de la colectividad. Por consiguiente, es una conducta enmarcada en la prohibición del artículo127.

Dentro de un régimen totalitario como el que nos ha correspondido soportar en los tres últimos años, pocas esperanzas abrigamos de que esta nueva vulneración del orden constitucional sea investigada y sancionada. Ocurrirá como en la violación de los topes de gastos de la campaña electoral, que durante dos años ha sido investigada por la Comisión de Acusaciones de la Cámara sorteando toda clase de retrasos, determinados por la compra de votos para que no sea tramitado y fallado el proceso antes de la terminación del período presidencial.

Refuerza esta iniquidad el rechazo de los compatriotas. a la camarilla gobernante y el propósito creciente en cada una de las personas decentes de este país de sumarse a la causa de salvación de Colombia como defensores de la Patria, listos a sacrificar lo que sea para derrotar a los enemigos de la Nación.

viernes, 13 de agosto de 2021

Tentaciones políticas

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

El artículo llamado “Al meollo del asunto” que resultó exitosamente viral sin habérmelo propuesto, sigue poniéndome en contacto con gente de muy diversas latitudes geográficas y condiciones humanas. Que desde varios países de América, Europa, África, la mismísima ONU o por estos lares, desde los Llanos y la Amazonia, el norte y sur del país andino, lo ponderen y valoren, no ha dejado de sorprenderme.

Ahora, prestantes políticos, algunos activos y otros retirados, con las banderas de quienes están hartos de polarizaciones entre los mismos con las mismas, se han puesto en contacto para invitarme a animar un movimiento de renovación política que le diga basta ya a la politiquería tradicional que nos tiene sumidos en este caos y que, con gente de todas las edades, profesiones, credos y estratos sociales cambiemos este ajedrez y transformemos a Colombia.

Es una dulce pero peligrosa tentación. La política siempre me ha gustado, no tengo porqué negarlo, convencido como soy de que todos los seres humanos somos políticos por naturaleza, así no nos gusten los colores partidistas y sus estrategias mañosas para gobernar y “repartirse la marrana” como coloquialmente afirmamos. Por mis trabajos apostólicos he tenido que encontrarme muchas veces con personajes tan diversos como interesantes: Lleras Restrepo, Belisario Betancur y Álvaro Uribe, para citar solo expresidentes, pero también gobernadores y alcaldes, como Antonio Navarro y Sergio Fajardo, por ejemplo, o congresistas y ministros. La cosa política me gusta y creo ser bastante crítico de esa “arena” circense a la que saltan muchos para luchar honesta e incansablemente, algunos otros para ser devorados por fieras hambrientas, y no pocos, para lucrarse mezquinamente a costa de un pueblo apático de la participación política y bastante ingenuo a la hora de tomar posturas propias. No pocas veces, con toda asertividad le he dicho a más de uno lo que realmente pienso a sabiendas de que puede gustarles o no. Eso que llaman lo políticamente correcto me produce náuseas. No importa. Me he sentido profundamente libre para pensar con conciencia crítica, ser auténtico y evitar mimetizarme camaleónicamente según las conveniencias. Eso me ha granjeado muchos amigos pero también enemigos.

Me han dicho, pues, que el actual momento de este país no da espera y que lo piense muy bien porque hay que buscar responder a las causas más grandes y nobles y no quedarme en mi mundillo clerical. Me sonó muy ignaciano eso del “más”, pero también me hizo recordar las tantísimas tentaciones que tuvo Jesus de Nazaret. Pareciera sentirme felizmente en Domingo de Ramos pero oteo en el horizonte la tragedia del Viernes Santo con crucifixión y sepultura incluidas. Muy interesante, muy atractivo, muy pertinente si se quiere, pero no. El galileo se escabulló de quienes querían hacerlo rey y sabemos que quienes a lo largo de la historia sucumbieron a la tentación no tuvieron finales rosa. Los curas no somos para eso. Por eso somos curas. Claro que tenemos que ser políticamente activos sin endosar nuestra libertad de conciencia a ningún movimiento en particular. Si quieren les ayudo como asesor o consejero, como formador integral de jóvenes líderes, o en las lides educativas que han sido las mías durante 35 años. Eso sí.

A estas alturas de la vida, “el palo no está pa cucharas”. Creo que como cura puedo y debo hacer mucho más en el servicio a la Iglesia y a mi patria. Además, ya lo hemos visto, no basta la buena voluntad, ser decente y buena persona. Hay que estar preparado en temas muy diversos y saberse rodear de los mejores. Es más, la experiencia en el servicio de lo público, si bien es compleja y tiene muchos vericuetos es absolutamente necesaria para una buena gestión pues siempre habrá quien quiera buscarte el pierde. Llaneros solitarios sin respaldo han terminado cooptados por sus críticos y detractores, cuando no se han frustrado traumáticamente y achicharrado para siempre. Me siento realizado en mi vocación y creo que lo mejor por ahora es quedarse quieto en primera, o ustedes, ¿qué opinan?