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jueves, 9 de julio de 2026

Jugando a la democracia como si fuera gallina ciega

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Tiene Colombia un grave problema de ilegitimidad e ilegalidad que mantiene a la sociedad jugando a la democracia como si fuera gallina ciega. Y eso nos pasa por aceptar en el debate democrático la participación de delincuentes y promotores de la subversión, del narcoterrorismo o sistemas autoritarios como el comunismo o de totalitarismos constitucionales como el SSXXI o la narco autocracia a la que se le abrió la entrada con el desconocimiento ilegal del NO y de la voluntad del constituyente primario que es el electorado en 2016 y con la subsecuente compra del Congreso y la corte para meter los acuerdos por medio del “fast-track” a la Constitución e instaurar la JEP en 2017.

Mientras eso no se corrija aquí vamos a seguir jugando a la gallina ciega política y generando más descontento social e inequidades de todo tipo, hasta que no quede vestigio de la democracia que por más de dos siglos nos ha mantenido unidos como nación.

Desde que hice la primera comunión he venido escuchando hablar a todo el mundo de “paz y de milagros”, pero por más que estudio e investigo y trato de averiguar, no he podido entender cómo funcionan esas dos cosas, ni he logrado que nadie me convenza de que eso existe por fuera del imaginario o sea real. La vida me ha enseñado a solo creer en el trabajo con ética, honestidad, transparencia y en hacer el bien con consistencia, que genere confiabilidad, y en poder cumplir siempre con el deber y hacer las cosas pensando en el interés general y el bien común.

De modo que el problema que tiene el país en medio de tantos intereses de poder representados en una actividad política anómala y en su mayoría corrompida es simple de comprender; si una edificación no está construida sobre unos cimientes sólidos y un piso firme, se cae de un solo lapo por un temblor de tierra o de a poquitos por causa de humedades y otros problemas estructurales, y lo mismo pasa si alguien los implosiona con dinamita, hay que volver a empezar por reconstruir esas bases con solidez. Entonces para poder tener un edificio bueno y funcional en donde vivir y trabajar, se refuerzan o se vuelven a hacer unos cimientes sólidos y se cuidan y se les da mantenimiento o no tenemos edificio en donde vivir y trabajar.

Y es que los fundamentos de las democracias son las instituciones políticas, sociales y económicas; y ellas no pueden estar operadas al mismo tiempo por una mezcla de personas que representan la licitud y otras que representan la ilicitud, el delito, la corrupción, el terrorismo y el narcotráfico e ideologías revolucionarias. Las revoluciones no transforman, primero destruyen todo y luego no tienen recursos ni gente preparada para reconstruir.

Por tanto, para poder solucionar el problema de que el país y todas sus áreas de funcionamiento puedan operar con una normalización clara y dentro de legalidad y no con un sistema operativo y de gobernabilidad híbrido e incompatible entre dos ideologías y dos modos de operar que se repelen, pues uno se enmarca en la ley y el otro en la legalidad, antes de hacer ninguna otra cosa. La misión de quienes operan esa institucionalidad es ponerse de acuerdo en que hay que meter a la cárcel a todos los ilegales así sean grandes delincuentes o roba gallinas, y en que los partidos garanticen por el mismo racero de la legalidad que quienes nos representen y nos gobiernen sean los profesionales más calificados y con más conocimientos y realizaciones con que cuente el país.

Si seguimos en un modelo de gobernanza conjunta entre la legalidad y la ilegalidad en cabeza de quienes nos gobiernan y administran, quienes legislan y quienes tienen la obligación de impartir justicia, y si seguimos llamando igualdad a la equidad, libertad al libertinaje, democracia a la anarquía y a la autocracia, conflicto armado a todos los ataques de los alzados en armas contra la sociedad y a la defensa de la constitución y la ciudadanía por medio de las fuerzas armadas equiparadas a los delincuentes, si seguimos acusando inocentes e indultando impunemente criminales de lesa humanidad, y si nos negamos a la transformación cultural para convertirnos en una sociedad civilizada en la era del conocimiento, entonces, el crecimiento y el desarrollo socioeconómico no son viables y el rumbo de la nación solo apunta al atraso, al empobrecimiento, al caos y a la destrucción de la institucionalidad, y por tanto seguiremos jugando gallina ciega y creciendo pero para abajo, como la cola de las vacas.

martes, 19 de mayo de 2026

De cara al porvenir: democracia y democraterismo

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

La palabra democracia goza de un prestigio casi universal. Pocos sistemas políticos se atreven a rechazarla abiertamente. Sin embargo, ese mismo prestigio ha hecho que el término se estire, se vacíe y, a veces, se pervierta. De esa distorsión nace el democraterismo: una forma degradada que conserva la apariencia de la democracia, pero que abandona su esencia. Distinguir entre ambas no es un ejercicio académico. Es la diferencia entre un gobierno del pueblo y un gobierno que usa al pueblo.

1. La democracia como sistema de límites: la democracia no es solo votar. En su núcleo, es un sistema diseñado para limitar el poder. Tiene tres pilares inseparables:

a. Soberanía popular real: el poder emana de los ciudadanos y vuelve a ellos mediante elecciones periódicas, libres y competitivas.

b. Estado de derecho: nadie está por encima de la ley, ni siquiera la mayoría del 51 %. Existen derechos fundamentales que no se someten a voto.

c. Contrapesos institucionales: División de poderes, prensa libre, oposición activa y alternancia. El gobierno tiene dientes, pero también frenos.

La democracia acepta el conflicto y lo canaliza. Entiende que la sociedad es plural y que gobernar es negociar con el que piensa distinto. Su legitimidad no viene solo de las urnas, sino del respeto a las reglas entre elección y elección.

2. El democraterismo como simulacro: el democraterismo toma el cascarón de la democracia y lo convierte en herramienta de poder absoluto. Sus rasgos principales:

a. Reduccionismo electoral: reduce toda la democracia al voto. “Si gané la elección, puedo hacer lo que quiera”. Ignora que la democracia es también cómo se gobierna después de ganar.

b. Confusión entre mayoría y unanimidad: pretende que la mayoría electoral equivale al “pueblo” completo. Quien disiente es tachado de “enemigo del pueblo”, “traidor” o “élite”.

c. Desmantelamiento de contrapesos: ataca jueces, organismos electorales, prensa y oposición con el argumento de que “obstruyen la voluntad popular”. El objetivo es eliminar todo límite al ejecutivo.

d. Clientelismo plebiscitario: sustituye la deliberación por la consulta permanente. Se gobierna a golpe de referendo, encuesta o plaza pública, buscando aclamación más que representación.

El democraterismo es plebiscitario, no deliberativo. Es aclamatorio, no representativo. Usa el lenguaje democrático para justificar prácticas autoritarias.

3. Diferencias clave en la práctica

Las elecciones son el medio para elegir y cambiar gobernantes. Es un fin en sí mismo. Ganar justifica todo.

La oposición que es parte legítima del sistema se convierte en “enemigo del pueblo”.

La Ley le pone límite al poder, incluso de las mayorías. Se convierte en instrumento del líder si tiene votos.

Las instituciones autónomas, equilibran el poder sometidas al ejecutivo “popular”.

El disenso se protege, se debate o se criminaliza o ridiculiza.

El tiempo se piensa en largo plazo, en reglas. Se piensa en aprobación inmediata.

4. Por qué importa la distinción

El democraterismo es seductor porque simplifica. Promete que la voluntad del pueblo es una sola y que el líder solo la ejecuta. Pero las sociedades no son unánimes. Cuando se elimina la protección al que piensa distinto, la democracia muere, aunque se siga votando.

Venezuela, Nicaragua y varios casos históricos muestran la ruta: se gana limpiamente, luego se colonizan las cortes, se persigue a la prensa, se cambia la constitución “con apoyo popular”, y al final las elecciones dejan de ser competitivas. Todo en nombre de la democracia.

Como conclusión podríamos decir que la democracia es incómoda. Exige perder, negociar, aceptar fallos judiciales adversos y prensa crítica. El democraterismo es cómodo: le da al ganador licencia absoluta y convierte al ciudadano en espectador que solo aplaude cada 4 años.

Defender la democracia hoy no es solo ir a votar. Es defender los límites, las formas y las instituciones que impiden que el voto se vuelva coartada para el poder sin freno. Porque sin límites, la democracia se vuelve su propia caricatura. Y esa caricatura tiene un nombre: democraterismo.

martes, 28 de abril de 2026

Votar no es cambiar la Constitución, es cumplirla

Fredy Angarita
Fredy Angarita

En este momento estamos en una campaña electoral para la presidencia en Colombia. La primera vuelta será el 31 de mayo de 2026, está generando una fuerte polarización.

Para mi gusto, dejó de ser una campaña limpia. Es una de las campañas presidenciales más polémicas y divisoras que me ha tocado vivir. Como dirían los abuelos: “una pelea de perros y gatos”.

Es una campaña que no se ha dedicado mucho a hablar de propuestas. En lugar de discutir el futuro, se enfoca en frases como: “usted hizo…”, “ustedes dañaron…”, “ellos son peores…”. Es una campaña basada en culpas históricas, no en soluciones.

En los debates se repiten los mismos temas:

1. Conflictos mediáticos (debates, reglas).

2. Escándalos y declaraciones.

3. Ataques personales.

4. Polarización ideológica.

5. Narrativas de miedo (violencia, amenazas).

Uno de los temas que más se menciona es la “Asamblea Constituyente”. Algunos candidatos están de acuerdo y otros no, pero en algún momento todos la nombran, así sea para apoyarla o rechazarla.

Al ver esta situación, recordé una columna de El Tiempo del 12 de octubre de 2021[1], escrita por Alfonso Gómez Méndez, quien para mí es uno de los grandes juristas del país. Allí señala la cantidad de veces que se ha hablado de cambiar la Constitución, pero hace un llamado de atención sobre el artículo 3 de la Constitución de Cúcuta de 1821, que dice:

“Es un deber de la Nación proteger, por leyes sabias y equitativas, la libertad, la seguridad, la propiedad y la igualdad de todos los colombianos”.

Y añade: “Probablemente Colombia sería otra si se cumpliera solo el artículo 3.°”.

La invitación es a no quedarnos solo en lo mediático. Como ciudadano, y desde la escritura, la invitación es a votar, independientemente de sus gustos o de las campañas polarizadas. Salir a votar. Solo hazlo.

Al salir a votar, tenemos una decisión en nuestras manos. Así como la Constitución tiene deberes, nosotros también.

Lo que hace Gómez Méndez no es historia… es diagnóstico. No estamos fallando en escribir la ley; estamos fallando en cumplirla.

1821 prometía protección.

1991 amplió derechos.

2026 nos enfrenta a una evidencia incómoda: seguimos sin garantizar lo básico.

No es falta de Constitución, es falta de voluntad.

Mientras discutimos reformas, el país sigue esperando lo mínimo: seguridad, igualdad, dignidad. No se trata de cambiar el texto, se trata de que el texto deje de ser promesa.

Porque al final, votar no es solo elegir quién gobierna. Es decidir si seguimos administrando el incumplimiento… o empezamos, por fin, a exigir que la ley se vuelva realidad.

miércoles, 8 de abril de 2026

Politiquería frente a ideas constructivas

Luis Alfonso García Carmona

Luis Alfonso García Carmona

Es un hecho indiscutible el mayoritario rechazo del pueblo colombiano al régimen actual y al propósito de prolongar su vigencia en el poder a través del heredero de Petro y de las FARC, Iván Cepeda.

No obstante, el acuerdo casi unánime de los colombianos en impedir la continuidad de este catastrófico gobierno, todavía flotan algunas dudas sobre el más viable camino para impedir que tal desastre se consuma. Donde algunos ven razones de incertidumbre a la hora de elegir, la decisión resulta bien sencilla si nos preguntamos lo que en realidad queremos, no lo que nos dictan los medios prepagados o los discursos engañosos que durante décadas han utilizado los politiqueros de oficio para perpetuarse en el poder. Como diría Marco Aurelio, “…quienes no siguen con atención los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desdichados (Meditaciones).

 ¿Queremos más de lo mismo: vana palabrería, jugarretas electoreras para ganarse unos cuantos votos, cambio de ideales o de principios por respaldos políticos, ¿utilización de la calumnia y la mentira sin vergüenza alguna? O, por el contrario, ¿aspiramos a una Patria libre no sólo del populismo totalitario que nos amenaza, sino también del cáncer de la vieja politiquería que nos ha conducido hasta el borde del abismo que vivimos?

La decisión es bien clara. Después de años de padecer estos males endémicos, somos expertos en toda clase de paliativos que sólo han servido para fortalecer a los grupos ilegales, blindar el sucio negocio de la cocaína, catapultar la corrupción como la herramienta más expedita para atornillarse al poder, entregar la educación de los niños y jóvenes a la extrema izquierda y a los fanáticos del LGTBI e iniciar el desmoronamiento de todo nuestro sistema económico. Es el fruto de la entrega del país al binomio Santos-FARC mediante el espurio acuerdo de La Habana, de la elección  de Presidentes obsesionados con cumplir los compromisos acordados con los facinerosos de las FARC  sin exigir nada a cambio, de la política tibia y alcahueta con la criminalidad que ahora llaman “ de centro”  que permitió la toma guerrillera de las ciudades en lo que denominaron “estallido social” y, finalmente, pavimentó, con su falta de carácter y de valor, la llegada del narco-comunismo petrista al poder.

¿No es hora de desmontar este doble yugo, el de la izquierda radical y el de la desacreditada politiquería para empezar a construir juntos la “Patria milagro” que nos merecemos?

Dejemos de preocuparnos por la sucesión de escándalos que a diario se destapan. A los torpes seguidores del tirano nada los apartará de su fanatismo y su resentimiento.  A los opositores cada escándalo no hace sino confirmar lo que ya sabemos: que estamos bajo un régimen que nunca debió llegar al poder. Dediquémonos, en consecuencia, a convertir a Colombia en la “Patria milagro”. Colombia solamente exige de nosotros el último esfuerzo: Votar y hacer que otros voten con nosotros por Abelardo de la Espriella, artífice de esta nueva Colombia que todos soñamos, en la primera vuelta. No hay tiempo que perder. Estamos “Firmes con la Patria”.

martes, 16 de diciembre de 2025

De cara al porvenir: el populismo

Pedro Juan Gonzalez Carvajal

Pedro Juan González Carvajal

El populismo es una forma de política que se centra en la relación directa entre el líder y el pueblo, enfatizando la lucha contra la corrupción y la injusticia social. A continuación, se presentan las ventajas y desventajas del Populismo, así como sus diferencias con otras propuestas políticas.

Ventajas del Populismo

Empoderamiento del pueblo: el populismo puede dar voz y poder a las personas que se sienten marginadas o ignoradas por las élites políticas tradicionales.

Lucha contra la corrupción: el populismo puede desafiar las estructuras de poder arraigadas y promover una mayor transparencia y rendición de cuentas en el gobierno.

Promoción de la justicia social: los líderes populistas pueden implementar políticas que beneficien a los sectores más vulnerables de la sociedad, como la reforma agraria, la nacionalización de industrias clave y programas de bienestar social.

Desventajas del populismo

Concentración de poder: el populismo puede llevar a la concentración de poder en manos del líder, lo que puede socavar las instituciones democráticas y limitar los derechos y libertades de los ciudadanos.

Polarización y división: el populismo puede promover la polarización y la división en la sociedad, lo que puede dificultar la búsqueda de soluciones políticas constructivas.

Tendencias autoritarias: los líderes populistas pueden exhibir tendencias autoritarias, como el desprecio por el estado de derecho, los ataques a la libertad de prensa y el rechazo al compromiso y la negociación políticos.

Diferencias con otras propuestas políticas

Democracia representativa: el populismo se diferencia de la democracia representativa en que enfatiza la relación directa entre el líder y el pueblo, mientras que la democracia representativa se basa en la intermediación de partidos políticos y estructuras burocráticas.

Nacionalismo: el populismo se centra en la lucha por la justicia social y la redistribución de la riqueza, mientras que el nacionalismo se enfoca en la construcción de una identidad nacional y la defensa de la soberanía.

Socialismo: el populismo puede compartir algunas características con el socialismo, como la promoción de la justicia social y la redistribución de la riqueza, pero se diferencia en su enfoque en la relación directa entre el líder y el pueblo.

Instrumentación de un gobierno populista

Relación directa con el pueblo: un gobierno populista se caracteriza por la relación directa entre el líder y el pueblo, sin intermediarios.

Políticas de justicia social: un gobierno populista puede implementar políticas que beneficien a los sectores más vulnerables de la sociedad, como la reforma agraria, la nacionalización de industrias clave y programas de bienestar social.

Deslegitimación de la élite política y económica: un gobierno populista puede buscar deslegitimar a la élite política y económica tradicional, promoviendo una mayor transparencia y rendición de cuentas en el gobierno.

El populismo ha sido un tema de debate en la política contemporánea, y su impacto en la crisis de la democracia es complejo y multifacético. A continuación, se presentan algunos de los aportes del populismo a la crisis de la democracia:

Aportes positivos

1. Dar voz a los marginados: el populismo puede dar voz a los sectores de la sociedad que se sienten marginados o ignorados por las élites políticas tradicionales.

2. Promover la participación ciudadana: el populismo puede promover la participación ciudadana y la movilización política, lo que puede ayudar a fortalecer la democracia.

3. Cuestionar las estructuras de poder: el populismo puede cuestionar las estructuras de poder arraigadas y promover una mayor transparencia y rendición de cuentas en el gobierno.

Aportes negativos

1. Polarización y división: el populismo puede promover la polarización y la división en la sociedad, lo que puede dificultar la búsqueda de soluciones políticas constructivas.

2. Erosión de las instituciones democráticas: el populismo puede erosionar las instituciones democráticas y limitar los derechos y libertades de los ciudadanos.

3. Tendencias autoritarias: los líderes populistas pueden exhibir tendencias autoritarias, como el desprecio por el Estado de derecho, los ataques a la libertad de prensa y el rechazo al compromiso y la negociación políticos.

El populismo ha tenido un impacto significativo en la crisis de la democracia, y su influencia puede ser tanto positiva como negativa. Es importante considerar cuidadosamente los aportes del populismo a la crisis de la democracia para entender mejor sus implicaciones y buscar soluciones efectivas.

Entre sus principales representantes están Juan Domingo Perón, Hugo Chávez, Rafael Correa, Donald Trump, Marine Le Pen, Viktor Orbán, Getulio Vargas, Lázaro Cárdenas, Silvio Berlusconi.

Recordemos a H.L. Moncker cuando precisa: “Un demagogo es aquel que predica doctrinas que sabe que son falsas, a personas que sabe que son idiotas”.

martes, 22 de abril de 2025

El viacrucis de Colombia

Cristina Isaza
Reflexiones de Semana Santa para una nación herida que no sana

Cristina Isaza

Semana Santa no es una época cualquiera. Es un tiempo en el que muchos entramos en un estado contemplativo: revisamos, descansamos y disfrutamos de la compañía de seres amados. Es una temporada en la que hay una atmósfera de tranquilidad, de pausa e introspección, lo que da oportunidad a un análisis más tranquilo y detallado de nuestros procesos individuales y colectivos.

Así que me pregunté: y si Colombia fuera una persona, ¿qué tendría que aprender?

Estas fueron algunas de mis reflexiones y quiero compartirlas con usted, mi querido lector, para saber si compartimos algunas conclusiones y con conciencia nos ponemos en acción.

¿En Colombia qué deberíamos revisar y sanar?

Pienso que Colombia está herida y dividida, pero aún con fuerza interna para renacer. No ha “vivido de gratis” el interminable “loop” de violencia, pequeñas épocas de “paz”, para luego retornar a mayor violencia… donde simplemente los actores cambian de nombre (violencia bipartidista, guerrillas, narcoterrorismo, paramilitarismo, etcétera), pero el conflicto permanece porque no resolvemos lo esencial. Y ¿qué es lo esencial?

Vínculos rotos: una nación, en gran parte dividida por la siembra de narrativas negativas y desesperanzadoras.

Inversión de valores: exceso de relativismo moral y tergiversación de la verdad

Mesianismo y egos

Victimismo: junto con el resentimiento y la mediocridad, han hecho un gran daño colectivo. Los colombianos como niños culpando a los demás, a las circunstancias de antaño y actuales, no asumiendo su rol y esperando que el estado lo salve.

El victimismo es el combustible para la manipulación política, el resentimiento y la falta de acción con sentido.

Violencia: como respuesta a los problemas.

Facilismo: un ejemplo claro, el narcotráfico.

Corrupción: a todo nivel. Lo público, lo privado, en lo macro y en las pequeñas decisiones autónomas de individuos.

Comparación: queremos parecernos a los países nórdicos, pero sin pasar por el proceso.

Falta de visión colectiva y cortoplacismo

Algunos actores de poder político y económico que velan solo por el beneficio propio con malas prácticas como el clientelismo: falta capitalismo consciente.

Impunidad y falta de orden

Falta de ética

Hoy Colombia atraviesa un punto crítico con caos institucional, nuevamente una inseguridad creciente, fragmentación social, poca confianza inversionista y desesperanza colectiva.

Y sí, así muchos no queramos, debe “volver la mula al trigo”… el último “loop” viene de hace 9 años. En 2016 estábamos en pleno debate sobre los Acuerdos de La Habana y estoy convencida de que la oportunidad que tenemos hoy es la de revisar lo que no se hizo bien en ese entonces, para sanarlo y darnos la oportunidad, como nación, de romper el ciclo de violencia. Tenemos el poder de reconstruirnos potenciando lo bueno que tenemos (que es mucho) y mejorando lo demás.

¿Cómo rompemos el ciclo?

Lo primero es que lo que hagamos, no sea desde la venganza o la rabia, sino desde el sentido común, el “deber ser”, el amor y la responsabilidad.

Reconocer el error: el perdón requiere un acto de verdad, por parte de los líderes que impulsaron estos acuerdos. Esto no salió bien y negarlo u omitirlo a estas alturas no honra la verdad y mantiene abierta la herida.

No repetición: ese modelo de “paz” no debe ser repetido. En nuestro país, han sido una constante las negociaciones de paz llenas de impunidad y beneficios para victimarios.

Restaurar el orden: en los valores, en la narrativa, en el lenguaje, en los significados. Debe haber respeto por la ley, por la justicia no politizada y la autoridad.

Con verdad y reparación: pero no de nombre, pues no hay reparación efectiva cuando los victimarios terminan en el poder, no pagan por sus crímenes y hoy posan de “adalides de la moral” desde el Congreso.

Sanar vínculos rotos: necesitamos reconciliación sin impunidad. Además, encontrar quiénes somos y qué nos une como colombianos.

Rechazo al resentimiento: la memoria histórica debe ser usada para crecer, no para dividir y manipular. No a los discursos colectivistas y progresistas que solo dividen y ahondan heridas sin soluciones prácticas y reales, mientras destruyen al mérito.

Justicia efectiva: para construir confianza. Un país con más del 90 % de impunidad no aprende de errores, no madura y no crece. Esto deteriora la “autoestima colectiva” y se crea una “cultura de impunidad”.

Libertad responsable: el orden y la perseverancia son claves para lograr el objetivo.

Educación: asertiva, pertinente. Valores positivos, ética y nuestro propósito con impacto social.

Cultura de responsabilidad individual: el gran salto del victimismo a la responsabilidad. Una ciudadanía que entienda que el proceso no es fácil ni inmediato y que se “agencie” para ser parte de la solución con acción consciente. La participación ciudadana activa y positiva es clave en el proceso.

Inspiración: diferente a la fría manipulación maquiavélica (como “correr la línea ética”), que controla, distrae, distorsiona y/o engaña.

Volver a la esencia: tenemos talento, calidez humana, creatividad, resiliencia, riqueza natural.

Visión de nación: gracias a una visión compartida, países como la Alemania de la post II Guerra Mundial, Corea del Sur y Singapur, lograron lo impensable y hoy son ejemplos en el mundo.

Proyecto de transformación colectiva: soñemos a Colombia, pero con pies en la tierra. Con estructura, basándonos en datos y hechos. Una visión clara y conjunta del país, que no dependa de partidos ni mesías. ¡De colombianos, para colombianos!

Liderazgo transformador y constructivo: No necesitamos “mesías”, demagogos, ni liderazgos paternalistas o populistas. Se necesita decencia, firmeza, arrojo, coherencia, sentido común, disposición a hablar con la verdad sin eufemismos (así incomode), soluciones reales, tender puentes.

Visión colectiva a largo plazo de país y el despoje de egos: se necesita de carácter, generosidad, responsabilidad y altura.

Pienso que los líderes que hoy no entiendan esto y no vean al poder como instrumento para el servicio colectivo, quedarán relegados. ¡Este momento que vivimos también es una prueba para ustedes!

Para finalizar

En 2026 no solo es ganar una elección, es salvar a una democracia.

Más que 40 candidatos, necesitamos un propósito común: un “frente ético por Colombia” que se una en la defensa de unos puntos esenciales y unos proyectos comunes para la construcción de país. Unirse por amor a Colombia y responsabilidad histórica.

Colombia necesita un proyecto conjunto con alma, que nos enamore a los colombianos de nuestro país, que nos devuelva el orgullo y nos muestre el potencial que tenemos.

Estamos en el momento perfecto para sembrar una nueva identidad y propósito nacional. Esto va mucho más allá de unas elecciones, es un proyecto país con raíces firmes para que renazca una conciencia colectiva.

Necesitamos avanzar, trascender, aprender esta lección… En el año 1946 comenzaron a reportarse los enfrentamientos armados entre liberales y conservadores en zonas rurales de Colombia… qué bueno que para el 2026, cuando se cumplan 80 años de estos primeros brotes de violencia partidista, Colombia, por fin, de un viraje hacia su sanación y renazcamos… depende de todos, pues Colombia cambiará cuando los colombianos cambiemos y dejemos de normalizar el caos, justificar las injusticias, culpar a los demás y actuemos bajo sentido común y principios éticos que desde la acción individual impacten positivamente en toda nuestra sociedad.

Pd: el mal gobierno Petro es una lección común… ¿la vamos a aprender?

viernes, 17 de enero de 2025

Colombia y Venezuela guardan esperanzas

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Ambos países están encartados con sus presidentes. Los dos llegaron ilegítimamente al poder, uno sobrepasando todos los topes electorales establecidos por la constitución y el otro, ocultando las actas electorales que le dieron el triunfo a otro candidato. Los dos presidentes, el de Colombia y el de Venezuela, han venido capoteando las situaciones, aprovechando el manejo institucional que tienen, habida consideración del avance de permeación logrado en cada uno de los dos casos, siendo el de Colombia un poco inferior al de Venezuela.

Es por eso que, mientras en Colombia las esperanzas están sentadas en el proceso que por indignidad, y como consecuencia la pérdida del cargo, que se adelanta en la Cámara de Representantes y que ya cuenta con denuncia ante la Corte Suprema de Justicia contra los congresistas investigadores por dilación y no cumplimiento de la constitución y la ley, en Venezuela, las esperanzas están sentadas en que miembros del ejército, de niveles inferiores a los generales de la rosca del Gobierno, en compañía de mercenarios y caza recompensas, puedan llevar a cabo una operación que permita la captura simultánea de Maduro, Diosdado y Padrino, motivados por una recompensa ofrecida por Estados Unidos que asciende a 65 millones de dólares, lo que convertidos a pesos colombianos, son unos $286.000.000.000 millones de pesos.

Ambos presidentes están concentrados en evitar las consecuencias de sus actos, utilizando la retórica del odio, del miedo, del engaño, de la mentira y han descuidado totalmente sus obligaciones de gobernantes, afectando sensiblemente las economías de los dos países, oscureciendo más, todos los días, el futuro de colombianos y venezolanos.

Petro, en su defensa, ha acelerado sus ataques a todos los sistemas donde exista participación privada: servicios públicos como los de energía y gas, obras públicas concesionadas y APP, salud, pensiones, petróleo, café, etcétera, además de los castigos a las regiones que se le oponen, como Antioquia, con todo tipo de medidas opresoras y que obstaculizan. Mientras tanto, Maduro arreció sus ataques a los opositores, encarcelándolos, torturándolos, expidiendo órdenes de captura y ofreciendo recompensas por doquier. Detiene extranjeros en su territorio para acusarlos de milicianos caza recompensas a quienes obliga a auto incriminarse. Son más de ciento cincuenta personas detenidas, de 25 nacionalidades, incluidos colombianos.

Ambos fortalecen y protegen a fuerzas irregulares, guerrilla, paramilitares y narcotraficantes, para contar con su apoyo en caso de necesitarlos.

Siendo realistas, las esperanzas de poder prescindir de los muy malos servicios de estos dos presidentes son cada día más remotas, pero como la esperanza es lo último que se pierde, contemos con que la Corte Suprema de Justicia obligue, de alguna forma, a actuar a la Cámara de Representantes que está obligada a aplicar el artículo 109 de la Constitución Nacional, y a los mandos medios del ejército venezolano a diseñar y ejecutar un plan que dé con la captura de sus tres demonios para que puedan cobrar la jugosa recompensa ofrecida.

Seguimos en oración por estos dos pueblos sufridos y oprimidos por sus gobernantes.

miércoles, 15 de enero de 2025

De qué se queja el que le vende el alma al diablo

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

A mí me enseñaron que el que miente, roba, y el que roba siempre es un cobarde. Y aquí muchos de los que se ufanan de ser líderes, viven en el engaño propio de que se puede jugar con el bien y con el mal al mismo tiempo.

De “El diario de Frank”, de Bernardo Vélez Isaza, publicado en 1953: “¿De qué le sirven al hombre la civilización y la cultura de que alardea, si se revuelca en el fango de la infamia y la degeneración?”“Hoy el mundo está dividido en dos bandos opuestos e irreconciliables: civilización cristiana y comunismo. Colocarse en el centro equivale a tomar una posición falsa y absurda, en la que es imposible guardar el equilibrio. Hay hombres que encienden una vela a Dios y otra al diablo. Si se ven obligados a definirse, apagan la de Dios…”

Para que una democracia sea operativa y no un telón detrás del cual todo se vale, la legalidad debe estar totalmente alinderada y que enmarque todo el acontecer sociopolítico y económico de la nación.

Lo que no funciona y no se debe hacer nunca, es utilizar la democracia para encubrir delincuentes y validar la criminalidad al otorgar impunidad a organizaciones e individuos que eligen el crimen como forma de vida, y luego exigen reconocimiento legal, social, político, económico y un estatus que los presente como el ejemplo a seguir.

No se vale eso de dialogar, negociar ni validar a quienes oficialmente o de forma enmascarada representan el crimen organizado, la cleptocracia que gobierna, la cultura mafiosa y la ideología narco-comunista bajo la cual el terrorismo controla gran parte del territorio y el devenir nacional.

Consentir y acomodarse a cogobernar con criminales, es engañar y condenar a la desigualdad, la inequidad y al empobrecimiento a la gente indefensa.

Como se explica uno que haya “personajes” que por conveniencia se hacen clasificar como líderes de oposición y con tal de figurar se presten para la validación de criminales y bufones mediáticos. ¿No es eso tan contraproducente socialmente como venderle el alma al diablo?

Cuando una sociedad es cómplice de la delincuencia, pierde sus valores, la integridad y la fuerza de su institucionalidad democrática. Tiene un grave problema cultural que si no corrige está condenada a que la gobiernen y la representen criminales y sus organizaciones.

El movimiento globalista que impone las agendas minoritarias a las mayorías es propio del mal llamado progresismo, que es lo más distante al interés general de las naciones, y es lo más opuesto a la globalización del conocimiento humano que es lo que paradójicamente ha llevado nuestra civilización a avanzar más en los últimos 25 años que en los últimos tres milenios.

Lo que hoy se vive y se padece en materia de atraso y deterioro socioeconómico en nuestra región no es izquierda socialista, es terrorismo narco-comunista modelo siglo XXI, que esclaviza en la pobreza a millones de seres humanos mientras promueve la formación de capitales ilegales.

Los líderes que hoy alcahuetean y no son capaces de enfrentar al crimen organizado y a quienes lo representan, son los mismos que dejaron narcotizar las fronteras con Venezuela, Ecuador y con ambos océanos, pues de sus posiciones mamertas solo emana lo que va atado a su propia conveniencia, a sus intereses individuales, a sus ambiciones de fama, poder o riqueza.

Qué se puede esperar en un país donde el presidente ondea la bandera del M-19 y un ministro luce el uniforme político de las FARC-EP, organizaciones criminales narcoterroristas que utilizaron el engaño a la democracia para hacerse al poder y que están dedicadas a la destrucción de todos los principios y valores fundacionales de la nación.

¿No está hoy el país vendiéndole el alma al diablo al alinearse con los Estados controlados por el terrorismo y correr voluntariamente el lindero de la soberanía y legalidad democrática para fortalecer una unidad ideológica opresora con el narcoestado vecino manejado por un tirano y toda clase de maleantes?

Los problemas no se arreglan solos. Ya quedó claro en Venezuela que una elección se la roban y no pasa nada. Aquí y allí estamos en manos de una chusma criminal que lamentablemente solo comprende su propio aterrador lenguaje e instrumento: “dar chumbimba”.

La región entera no tendrá libertad de ningún tipo hasta que la ciudadanía no se vea obligada a organizarse en una resistencia que pueda combatir la tiranía y el crimen organizado, recuperar el sistema democrático y las libertades económicas, tener un sistema judicial que ofrezca garantías de legalidad y unas fuerzas armadas capaces de hacer valer la constitución y las leyes.

lunes, 21 de octubre de 2024

En Colombia la lucha es entre el bien y el mal

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Venimos con insistencia proponiendo a nuestros compatriotas dos reflexiones:

a. Que la lucha que se avecina para el cambio en la dirigencia del Estado no es simplemente una sustitución de personas sino una verdadera batalla cultural. Se trata de definir si queremos perpetuar un régimen tiránico, corrupto, protector de la criminalidad y enemigo de la propiedad privada y de la empresa privada, o nos decidiremos por recuperar la vigencia de nuestras tradiciones culturales, los principios democráticos, los valores cristianos y la transparencia en la gestión pública.

b. Que para alcanzar el cambio que la mayoría de los colombianos anhelamos, debemos partir de la unidad alrededor de la solución de los principales problemas que agobian al país.

Somos conscientes de que son muchos y de gran calado las desgracias que nos agobian, como lo hemos podido constatar diariamente en los últimos dos años bajo el yugo de este Gobierno mentiroso, torpe y malintencionado. Pero, en gracia a la brevedad, nos vemos obligados a reducir a 10 los problemas que requieren solución, lo que sería el comienzo del renacimiento para nuestra amada Colombia y para la esperanza de los asociados.

1.- Descomposición moral de la sociedad. Es la raíz de todos nuestros problemas. País donde no se respete la moral, las buenas costumbres, la religión, no es un país viable. Tenemos que exigir la ética a todo aquél que cumpla funciones públicas por nombramiento o por elección.

2.- Inseguridad para las personas, las empresas y sus bienes. No se puede gobernar para proteger la cocaína, el terrorismo, el vandalismo, las bandas delincuenciales, ni permitir la tolerancia al crimen por parte de la administración de justicia.

3.- Corrupción y despilfarro de recursos públicos. Se ha exacerbado esta plaga a niveles insostenibles para cualquier Estado. Hay que tomar acciones de fondo, mediante drásticas reformas en nombramientos y elecciones para cargos públicos, que garanticen que solo lleguen a la administración pública personas honestas, idóneas y con un perfil ajustado a las funciones que van a desempeñar.

4.- Recesión económica. Se requiere otorgar seguridad física y jurídica a la actividad privada, crear incentivos para la producción y el empleo, favorecer las exportaciones, construir infraestructura que apoye el crecimiento agrícola e industrial, y estimular el aumento de la formalidad en el empleo.

5.- Pobreza y desigualdad. Tanto el sector público como el privado se deben empeñar en un gran plan para derrotar la pobreza extrema y moderar la desigualdad, no mediante subsidios sino a través de múltiples oportunidades para que los más necesitados accedan a un ingreso digno y suficiente.

6.- Educación obsoleta y sin valores. En lugar del adoctrinamiento en teorías materialistas y contrarias a la verdad científica que ahora se imparten con dinero de los contribuyentes, hay que educar a la niñez y juventud en valores que los conviertan en buenos ciudadanos, con preparación en conocimientos tecnológicos e idiomas, que impulsen su crecimiento profesional en el mundo moderno.

7.- Amenazas de la izquierda internacional. Colombia es uno de los objetivos prioritarios de instituciones criminales como el Foro de Sao Paulo que pretenden debilitarla e infiltrar sus nocivas ideas para convertirla en otra esclava de las dictaduras comunistas. La defensa de nuestra soberanía exige que tengamos un plan de respuesta a semejante invasión cultural y política.

8.- Destrucción del sistema de salud. Con la complicidad de congresistas que dicen pertenecer a partidos de oposición, el régimen ha logrado aprobar en el Congreso el desmoronamiento de nuestro sistema a de salud, uno de los mejores del continente, para entregar su manejo a la clase política que ya en el pasado había dejado en bancarrota nuestro sistema de seguridad social. Es un tema que amerita ser revertido de inmediato pues así lo espera el pueblo colombiano.

9.- Reingeniería del Estado. Tenemos un aparato estatal paquidérmico, ineficiente, costoso y con afán intervencionista para impedir el desarrollo y crecimiento del país a un ritmo normal que garantice el bienestar de los asociados. Hay que hacer una reforma a fondo para reducir su tamaño, eliminar los factores que favorecen la corrupción, agilizar la marcha de la justicia y corregir las inveteradas fallas del Congreso.

10.- Impunidad y tolerancia con el delito. Contamos con una pésima administración de justicia, con tribunales como la JEP al servicio de la guerrilla, y unas Cortes sin ninguna credibilidad por escándalos como el “Cartel de la toga” o el prevaricato para avalar el espurio acuerdo de La Habana. Es una justicia infiltrada por el régimen y por el adoctrinamiento comunista en las universidades. Hay que hacer un recambio generalizado tanto en su estructura, como en la ley penal y en el régimen carcelario.

La unión de los colombianos de bien, los buenos, con una base programática de este tenor nos traerá no solamente el apoyo generalizado de las masas trabajadoras y honradas, sino que, además, encenderá esa llama de esperanza   que necesitamos para desterrar a los malos de la gestión del Estado, donde les ha ido tan mal.

miércoles, 9 de octubre de 2024

Petro alcanza su zenit

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Como se piensa que Petro cada día registra mayor desaprobación, que su logorrea, mendacidad y agresividad aumentan y que la creciente crisis económica le pasará cuenta de cobro, los políticos y empresarios continúan tranquilos, esperando un arrollador triunfo en ambos comicios de 2026.

Prevalece la impresión de que en dos años pasará la pesadilla, lo que autoriza para seguir haciendo aquello que De Gaulle llamaba politique politicienne, y nosotros, manzanilla y clientelismo.

Por eso, las menguadas huestes de Uribe, Gaviria, Vargas Lleras y los exconservadores no se unen, en un país donde ya más del 20% del territorio está dominado por las guerrillas petristas y el narcotráfico y la corrupción han llegado a extremos inimaginables, porque dizque “la solidez de nuestras instituciones” es suficiente garantía de democracia. Nos toca aguar la fiesta para considerar hasta dónde hay en ellas mayor debilidad que fortaleza.

Las instituciones son tan sólidas como las personas que las encarnan, para lo cual hay que ponderar su probidad, preparación, integridad, responsabilidad, antecedentes..., cada vez más escasas en los órganos permeados por la extrema izquierda y por su inevitable séquito, lumpen y woke. Y si a eso sumamos la corrupción, que con la mermelada en Colombia ha llegado a niveles astronómicos de perfección, empiezan a desvanecerse las ilusiones.

La semana pasada, contrariamente a la euforia circundante, da la impresión de que Petro ha alcanzado el zenit o pináculo de su poder, situación que le permite amacizarse e intercambiar sombreros con Mancuso, calumniar a Barbosa y pronunciar las más desvergonzadas hasta ahora de sus diatribas.

Ese atroz espectáculo solo puede darlo alguien convencido de la solidez de su poder, porque:

1. Ha emasculado y desmantelado las fuerzas armadas

2. Ha eliminado la supremacía aérea, en beneficio de guerrillas y carteles

3. Tiene Fiscalía de bolsillo, para no investigar la corrupción de funcionarios y parientes y para ejecutar sus venganzas.

4. Acaba de elegir procurador satélite y se prepara para completar su dominio de la Corte Constitucional, infiltrar la junta del Emisor y aumentar el número de sus secuaces en las otras altas cortes.

5. El Consejo Nacional Electoral seguirá dilatando la aprobación de la ponencia sobre los topes electorales, y la Comisión de Acusaciones sigue siendo suya.

6. Ya se ha iniciado la persecución judicial de sus opositores.

7. Dispone de una tesorería que eroga más de un billón diario de pesos para gastar, malgastar y corromper.

8. Los escasos medios que se oponen a la aplanadora petrista, poco pueden hacer frente a una tv neutralizada con pauta y a centenares de bodegas, a las que se les promete jugosa y creciente subvención oficial, dizque porque son “prensa alternativa”.

9. La expulsión de periodistas independientes presagia el control de la información, que será objeto, además, de una agencia digital, propuesta para censurar las redes sociales.

Por tanto, hay que insistir en que la unión no puede posponerse hasta marzo de 2026. Es urgente tener un jefe único e indiscutible, para preparar un programa, organizar la propaganda, conseguir los recursos, prevenir el fraude y establecer una logística eficaz, de modo que, con una real vocación de poder, se puedan ganar las elecciones.

Entretanto, no conviene ignorar la correlación actual de fuerzas parlamentarias. Dizque Petro no tiene mayorías en el Congreso, pero mientras este siga siendo irrigado por la mermelada, continuará aprobando los más destructores proyectos.

¡Basta considerar que, para la elección de procurador, Petro obtuvo 95 votos en el Senado, y la moción de censura al Minhacienda, apenas nueve!

***

¡Cómo es posible que la propuesta del expresidente Duque para la formación de una Alianza Nacional Republicana caiga en el vacío!

lunes, 7 de octubre de 2024

Del cepo y la mordaza, y la libertad de la democracia

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

El mundo se debate entre dos bandos irreconciliables: aquellos que trabajan y le cumplen a la sociedad al buscar el desarrollo colectivo, y quienes con su obrar irresponsable e ilegal engañan los pueblos y hacen el mal a los demás.

Justo cuando el ser humano tiene acceso universal a los beneficios de la era del conocimiento y la convergencia digital; la autenticidad, veracidad y seriedad con que se manejen la información y las comunicaciones, son la única garantía de que las naciones en lugar de autodestruirse construyan y avancen sobre principios fundacionales que las conduzcan a un desarrollo cultural y socioeconómico efectivo, justo, equilibrado y sostenible de toda nuestra civilización.

La aplicación del cepo y la mordaza a la libertad de expresión es tan perjudicial para la estabilidad de una sociedad democrática, como consentir el libertinaje, la anarquía y la imposición ideológica o monetarista de la violencia, que multiplica los actos de quienes como forma de vida eligen hacer el mal consintiendo el engaño, la injuria y la calumnia y el ejercicio del terrorismo en todas sus manifestaciones posibles.

Entendamos que la principal infamia que permite la degeneración sistemática de la conducta de los líderes políticos que tienen la responsabilidad de conducir una nación, es la utilización de la justicia con fines ideológicos para controlar el poder estatal supuestamente en beneficio del pueblo al que engañan sistemáticamente por medio de la desinformación y la aplicación del cepo y la mordaza a libertad de expresión.

La verdad es el único estandarte del que dispone la justicia, para sopesar la balanza que determina su existencia en función de la inexorable diferencia entre todas las actuaciones humanas, que en su esencia solo parten de la distinción objetiva entre el bien y el mal.

La verdad debe ser el objetivo de la comunicación cuando esta se realiza de forma ética, con sentido social, y se respeta la libertad de expresión dentro de la sensatez y la racionalidad que demanda el ejercicio democrático cuando este no traspasa al campo del libertinaje, soportando los abusos propios de la anarquía o de la autocracia, pues ambas conducen siempre al establecimiento de gobiernos totalitarios.

Hoy, el engañosamente llamado progresismo, con su discurso populista y demagógico propio de la falsedad dialéctica propagandística del socialismo del siglo XXI, al igual que el fundamentalismo extremo por mandato divino, se nutren del narcotráfico y otras fuentes ilegales para financiar la violencia y se valen del terrorismo físico o verbal para contrarrestar las fuerzas económicas y los valores cívicos, sin los cuales la política se reduce a la administración del empobrecimiento, la miseria y la desgracia colectiva.

En un mundo repleto de líderes liliputienses con egos de Gulliver, el peligro más grande de nuestra civilización occidental al entrar en este nuevo milenio es el narcoterrorismo disfrazado de democracia, destruyendo los límites de las libertades democráticas.

El progresismo promueve la impunidad para lucrarse de la ilegalidad y poder imponer agendas ideológicas minoritarias a las mayorías, a cuenta de una sociedad cobarde y constreñida por guardar las apariencias de lo políticamente correcto.

Es así como se fomenta la utilización de drogas, descartando las adicciones como efectos endémicos en salud de la población y la seguridad ciudadana, para justificar el libre desarrollo de la personalidad.

Es así como en contra de la propia naturaleza humana las agendas de género ignoran la problemática de la desnutrición infantil, llegando al tenebroso absurdo de permitir que se haga cambio de sexo durante la niñez y la adolescencia.

Es así como las mascotas son convertidas en sujetos de derecho, pero nadie explica cómo puede un juez hacerlas cumplir las obligaciones que preceden su ejercicio.

El funcionamiento del mundo entero está amenazado por el narcoterrorismo al comando del poder político. Se trata de la peor plaga social con que se quiere liderar el planeta, representa el poder del mal con el que se desnaturaliza, se suplanta y se deja, indefensas, todo tipo de sanas creencias religiosas fundamentadas en la caracterización del bien de las personas y de las naciones, sean ellas cristianas, judías, musulmanas o budistas.

Tenemos anarquías y autocracias por excesos y enfermedades desatendidas en las democracias, relacionadas con la complacencia con la ilegalidad.

Está el ejercicio del poder en manos de quienes, siendo una clase politiquera y embaucadora, de manera fraudulenta presumen de representar al pueblo, pero se relacionan y negocian con la ilegalidad bajo la excusa del apaciguamiento, para inmovilizar y silenciar el sentir de las mayorías indefensas.

Nada violento ni inhumano debería ocurrir en las naciones en manos de líderes buenos capaces de diferenciar entre la legalidad y la impunidad y donde no se produce y trafica droga abiertamente y hay controles sobre el lavado de activos y el contrabando.

Toda la civilización occidental está bajo el ataque violento de organizaciones criminales insurgentes que ejercen el terrorismo contra la población, contra el Estado y sus fuerzas armadas constitucionales, pero nuestros líderes políticos, económicos, gremiales e institucionales, no comprenden que los niveles desbordados de violencia son propios de las sociedades donde el Estado es débil o promiscuo con los criminales y con todas las manifestaciones de la ilegalidad.