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martes, 22 de abril de 2025

El viacrucis de Colombia

Cristina Isaza
Reflexiones de Semana Santa para una nación herida que no sana

Cristina Isaza

Semana Santa no es una época cualquiera. Es un tiempo en el que muchos entramos en un estado contemplativo: revisamos, descansamos y disfrutamos de la compañía de seres amados. Es una temporada en la que hay una atmósfera de tranquilidad, de pausa e introspección, lo que da oportunidad a un análisis más tranquilo y detallado de nuestros procesos individuales y colectivos.

Así que me pregunté: y si Colombia fuera una persona, ¿qué tendría que aprender?

Estas fueron algunas de mis reflexiones y quiero compartirlas con usted, mi querido lector, para saber si compartimos algunas conclusiones y con conciencia nos ponemos en acción.

¿En Colombia qué deberíamos revisar y sanar?

Pienso que Colombia está herida y dividida, pero aún con fuerza interna para renacer. No ha “vivido de gratis” el interminable “loop” de violencia, pequeñas épocas de “paz”, para luego retornar a mayor violencia… donde simplemente los actores cambian de nombre (violencia bipartidista, guerrillas, narcoterrorismo, paramilitarismo, etcétera), pero el conflicto permanece porque no resolvemos lo esencial. Y ¿qué es lo esencial?

Vínculos rotos: una nación, en gran parte dividida por la siembra de narrativas negativas y desesperanzadoras.

Inversión de valores: exceso de relativismo moral y tergiversación de la verdad

Mesianismo y egos

Victimismo: junto con el resentimiento y la mediocridad, han hecho un gran daño colectivo. Los colombianos como niños culpando a los demás, a las circunstancias de antaño y actuales, no asumiendo su rol y esperando que el estado lo salve.

El victimismo es el combustible para la manipulación política, el resentimiento y la falta de acción con sentido.

Violencia: como respuesta a los problemas.

Facilismo: un ejemplo claro, el narcotráfico.

Corrupción: a todo nivel. Lo público, lo privado, en lo macro y en las pequeñas decisiones autónomas de individuos.

Comparación: queremos parecernos a los países nórdicos, pero sin pasar por el proceso.

Falta de visión colectiva y cortoplacismo

Algunos actores de poder político y económico que velan solo por el beneficio propio con malas prácticas como el clientelismo: falta capitalismo consciente.

Impunidad y falta de orden

Falta de ética

Hoy Colombia atraviesa un punto crítico con caos institucional, nuevamente una inseguridad creciente, fragmentación social, poca confianza inversionista y desesperanza colectiva.

Y sí, así muchos no queramos, debe “volver la mula al trigo”… el último “loop” viene de hace 9 años. En 2016 estábamos en pleno debate sobre los Acuerdos de La Habana y estoy convencida de que la oportunidad que tenemos hoy es la de revisar lo que no se hizo bien en ese entonces, para sanarlo y darnos la oportunidad, como nación, de romper el ciclo de violencia. Tenemos el poder de reconstruirnos potenciando lo bueno que tenemos (que es mucho) y mejorando lo demás.

¿Cómo rompemos el ciclo?

Lo primero es que lo que hagamos, no sea desde la venganza o la rabia, sino desde el sentido común, el “deber ser”, el amor y la responsabilidad.

Reconocer el error: el perdón requiere un acto de verdad, por parte de los líderes que impulsaron estos acuerdos. Esto no salió bien y negarlo u omitirlo a estas alturas no honra la verdad y mantiene abierta la herida.

No repetición: ese modelo de “paz” no debe ser repetido. En nuestro país, han sido una constante las negociaciones de paz llenas de impunidad y beneficios para victimarios.

Restaurar el orden: en los valores, en la narrativa, en el lenguaje, en los significados. Debe haber respeto por la ley, por la justicia no politizada y la autoridad.

Con verdad y reparación: pero no de nombre, pues no hay reparación efectiva cuando los victimarios terminan en el poder, no pagan por sus crímenes y hoy posan de “adalides de la moral” desde el Congreso.

Sanar vínculos rotos: necesitamos reconciliación sin impunidad. Además, encontrar quiénes somos y qué nos une como colombianos.

Rechazo al resentimiento: la memoria histórica debe ser usada para crecer, no para dividir y manipular. No a los discursos colectivistas y progresistas que solo dividen y ahondan heridas sin soluciones prácticas y reales, mientras destruyen al mérito.

Justicia efectiva: para construir confianza. Un país con más del 90 % de impunidad no aprende de errores, no madura y no crece. Esto deteriora la “autoestima colectiva” y se crea una “cultura de impunidad”.

Libertad responsable: el orden y la perseverancia son claves para lograr el objetivo.

Educación: asertiva, pertinente. Valores positivos, ética y nuestro propósito con impacto social.

Cultura de responsabilidad individual: el gran salto del victimismo a la responsabilidad. Una ciudadanía que entienda que el proceso no es fácil ni inmediato y que se “agencie” para ser parte de la solución con acción consciente. La participación ciudadana activa y positiva es clave en el proceso.

Inspiración: diferente a la fría manipulación maquiavélica (como “correr la línea ética”), que controla, distrae, distorsiona y/o engaña.

Volver a la esencia: tenemos talento, calidez humana, creatividad, resiliencia, riqueza natural.

Visión de nación: gracias a una visión compartida, países como la Alemania de la post II Guerra Mundial, Corea del Sur y Singapur, lograron lo impensable y hoy son ejemplos en el mundo.

Proyecto de transformación colectiva: soñemos a Colombia, pero con pies en la tierra. Con estructura, basándonos en datos y hechos. Una visión clara y conjunta del país, que no dependa de partidos ni mesías. ¡De colombianos, para colombianos!

Liderazgo transformador y constructivo: No necesitamos “mesías”, demagogos, ni liderazgos paternalistas o populistas. Se necesita decencia, firmeza, arrojo, coherencia, sentido común, disposición a hablar con la verdad sin eufemismos (así incomode), soluciones reales, tender puentes.

Visión colectiva a largo plazo de país y el despoje de egos: se necesita de carácter, generosidad, responsabilidad y altura.

Pienso que los líderes que hoy no entiendan esto y no vean al poder como instrumento para el servicio colectivo, quedarán relegados. ¡Este momento que vivimos también es una prueba para ustedes!

Para finalizar

En 2026 no solo es ganar una elección, es salvar a una democracia.

Más que 40 candidatos, necesitamos un propósito común: un “frente ético por Colombia” que se una en la defensa de unos puntos esenciales y unos proyectos comunes para la construcción de país. Unirse por amor a Colombia y responsabilidad histórica.

Colombia necesita un proyecto conjunto con alma, que nos enamore a los colombianos de nuestro país, que nos devuelva el orgullo y nos muestre el potencial que tenemos.

Estamos en el momento perfecto para sembrar una nueva identidad y propósito nacional. Esto va mucho más allá de unas elecciones, es un proyecto país con raíces firmes para que renazca una conciencia colectiva.

Necesitamos avanzar, trascender, aprender esta lección… En el año 1946 comenzaron a reportarse los enfrentamientos armados entre liberales y conservadores en zonas rurales de Colombia… qué bueno que para el 2026, cuando se cumplan 80 años de estos primeros brotes de violencia partidista, Colombia, por fin, de un viraje hacia su sanación y renazcamos… depende de todos, pues Colombia cambiará cuando los colombianos cambiemos y dejemos de normalizar el caos, justificar las injusticias, culpar a los demás y actuemos bajo sentido común y principios éticos que desde la acción individual impacten positivamente en toda nuestra sociedad.

Pd: el mal gobierno Petro es una lección común… ¿la vamos a aprender?

lunes, 27 de enero de 2025

Blindemos a Antioquia de la “toma guerrillera Petro”

Cristina Isaza
A Colombia la salvamos desde las regiones

Cristina Isaza

La negligencia de Gustavo Petro y sus graves consecuencias para la seguridad nacional

En los últimos días los municipios de Briceño y Yarumal sufrieron el drama de la crisis de seguridad que atraviesa Antioquia, la cual es un reflejo de la inoperancia y negligencia del presidente Gustavo Petro en cumplir con los deberes que la Constitución le impone.

En lugar de garantizar el orden público y proteger la soberanía nacional, el mandatario ha permitido que grupos narco terroristas consoliden su poder en amplias regiones del país, como el Catatumbo, y ha profundizado una alianza ideológica con el régimen de Nicolás Maduro, señalado internacionalmente por su colaboración con el narcotráfico.

El artículo 189 de la Constitución Política de Colombia establece que el presidente debe “conservar el orden público en todo el territorio nacional”. Sin embargo, la realidad es que vastas zonas de Colombia están bajo control de estructuras criminales que extorsionan, desplazan y asesinan a los ciudadanos sin que el Gobierno intervenga de manera efectiva. Petro prácticamente ha renunciado a su rol de comandante en jefe de la fuerza pública, debilitando su capacidad operativa, mientras cede ante intereses políticos que priorizan el caos, la polarización y la ideología.

La alianza con Maduro: una amenaza directa a la soberanía

La relación cercana de Petro con el régimen de Maduro contradice el mandato constitucional de preservar la soberanía nacional. El artículo 226 obliga al presidente a dirigir las relaciones internacionales con base en principios de independencia y respeto a los derechos humanos, pero su alianza con un régimen cómplice del narcotráfico y que comete crímenes, como la persecución política y asedio a contradictores, no solo viola estos principios, sino que también pone en peligro la seguridad del país y la estabilidad regional.

Esta alianza ha facilitado la expansión de estructuras criminales transnacionales que operan en las fronteras y dentro de nuestro territorio, sin que Petro tome medidas para contrarrestarlas. En lugar de combatir estas amenazas, su Gobierno parece más interesado en normalizar relaciones con un régimen narco dictatorial que representa un claro riesgo para Colombia.

Negligencia que debería tener consecuencias

El presidente Gustavo Petro no puede seguir ignorando las obligaciones que le impone su cargo. Su incumplimiento de los deberes constitucionales tiene consecuencias directas para el bienestar de millones de colombianos y no debería quedar impune. El Congreso y las instituciones de control deberían actuar con firmeza frente al actual panorama.

Por las omisiones y pésimas decisiones que ha tomado como gobernante frente a la preservación de la seguridad del territorio colombiano, además por el no cumplimiento del deber constitucional de simbolizar la unidad, de garantizar los derechos y libertades de los colombianos, y por hacer alianzas con regímenes narco dictatoriales, debería ser sometido a un juicio político.

¡Actuemos!

Cada día me preocupa más la inoperancia del Gobierno nacional en materia de seguridad y no me extrañaría que todo este caos esté siendo orquestado con el guiño del mismo presidente, para desestabilizar al país y dar un autogolpe.

Si el Gobierno nacional no cumple con su deber de proteger a los ciudadanos o incluso pretende con ayuda de grupos narco terroristas, perpetuar su nefasto gobierno o ahondar la crisis del país, los departamentos deben tomar medidas para garantizar su seguridad. En Antioquia, la propuesta valiente y polémica del gobernador Andrés Julián Rendón de una sobretasa a los servicios públicos para financiar la seguridad regional, es una muestra de que los líderes locales están dispuestos a buscar soluciones ante la falta de apoyo del Gobierno central. Debemos rodear a los mandatarios departamentales para que asuman un rol protagónico en la defensa de sus territorios e implementen estrategias autónomas e innovadoras para proteger a la ciudadanía.

Antioquia ha sido ejemplo de resiliencia y para contener a un Gobierno adverso a los intereses de la región debemos estar unidos la ciudadanía y el empresariado respaldando las iniciativas necesarias para proteger el territorio. Esto es una responsabilidad compartida y el distrito de Medellín también debe estar presto a brindar apoyo. Si no es la sobre tasa, pues dar solución con otra iniciativa, eso sí, que sea expedita, el tiempo no está de nuestro lado.

Los gobernadores no pueden seguir de manos atadas sin poder dar solución a las crisis provocadas por el Gobierno nacional del caos. Antioquia puede mostrar el camino, actuando con determinación y siendo bastión de libertad y progreso.

¡Salvemos a Colombia, desde las regiones!

jueves, 2 de enero de 2025

Desmontando mitos sobre el salario mínimo

Cristina Isaza
Cristina Isaza

Y otras conversaciones frente al 2026…

El aumento del salario mínimo no soluciona la pobreza en Colombia

Es refrescante ver que en el debate político frente al 2026, se empiecen a escuchar verdades incómodas, que no correspondan a cálculos políticos populistas.

Esta fue la sensación que me dejó el mensaje de Vicky Dávila, en el que pedía coherencia frente al aumento del SMMLV y las reacciones que suscita.

Si algo necesita Colombia son conversaciones incómodas y que nos unamos en una visión conjunta de largo plazo para la solución de problemas de fondo, comenzando por la pobreza y la falta de oportunidades (Tenemos 16 millones de pobres. Más que la desigualdad, este es el verdadero problema).

Frente al salario mínimo en Colombia, yo diría incluso que la fórmula puede ser inversa… a mayor salario mínimo impuesto por decreto, menos futuro para el país.

Estoy de acuerdo con Vicky cuando manifiesta que tanto el aumento para el año 2022 del Gobierno Duque, como el dictaminado para 2025 son inconvenientes. Esto debido a que se genera presión inflacionaria (la inflación, el impuesto invisible que afecta más a los pobres), ya que el productor traslada los altos costos laborales al precio final de los bienes y servicios, lo que encarece la canasta básica (con el mismo dinero, se compran menos productos). Además, también se afectan el empleo, la productividad y competitividad. Según cifras de Acopi, en 2023 cerraron 184.000 micros y este año se espera el cierre de 200.000 más.

En esta ocasión, las bodegas del Gobierno Petro decidieron justificar el aumento, comparando el SMMLV de Colombia con otros países de Latam. Para hacerlo, convierten el valor a USD, y con esta metodología, es natural que el salario de Colombia quede en los últimos lugares, gracias a la devaluación. Pero esta también ha sido causada, en parte, por malas decisiones del actual Gobierno. En el 2022, antes de que Petro ganara las elecciones, tuvimos un dólar que rondaba los $3.700. Cuando ganó el Gobierno que abrazaba teorías de decrecimiento, en un país pobre, el pánico lo hizo subir hasta los $5.000.

Hoy tenemos un dólar en $4.400, es decir que la moneda se ha devaluado en un 20 %, aproximadamente, en los últimos años… solo en noviembre de 2024 el peso colombiano fue la moneda latinoamericana más devaluada frente al dólar (un 5.4 %) ¡Tenemos menos poder adquisitivo frente al USD, somos más pobres!

Otra afectación directa de un aumento desmedido del SMMLV se da en las cifras de informalidad, y esto tiene mayor impacto, precisamente en los centros poblados y zonas rurales dispersas, donde la informalidad alcanza el 84 %. A las regiones más vulnerables del país no les es útil ese aumento del SMMLV (no les beneficia, puesto que no hacen parte de la economía formal, pero si sufren la afectación del aumento de precios de productos básicos de la canasta).

Con una cifra de informalidad del 56 %, el país debe buscar soluciones. Esta alta tasa se traduce, entre otros, en menores aportes a salud y pensión.

Es urgente que seamos más productivos, y que, como consecuencia, paguemos mejores salarios. No es a la inversa. Para lograrlo se necesita: atraer inversión, desarrollo tecnológico y de infraestructura (física y digital), seguridad (jurídica y física), acceso a crédito y mejora en educación, entre otros.

Otras medidas disruptivas e impopulares, pero que a la larga generarían mayor productividad y riqueza:

*Eliminar el SMMLV o crear uno diferenciado por regiones.

*Mayor flexibilidad laboral.

*Eliminar exceso de regulaciones laborales.

*Menos impuestos (¿Qué tal un Flat Tax como en Estonia?), principalmente para empresas y emprendedores… pero también menos aranceles.

*Facilitar el acceso al crédito e impulsar la Bolsa de Valores de Colombia: ¡esta sí es la verdadera democratización! Con una Bolsa de Valores dinámica, los colombianos podrían ser socios de las empresas que gusten y las empresas podrían obtener recursos directamente de las personas naturales que les quieran apostar. Hoy, en la BVC (Con una tradición de 95 años) solo unas 60 empresas pueden colocar acciones y ofrecerlas. ¡En contraste, un país como Polonia, en el cual el mercado de valores comenzó de cero en el año 1991 (después de la caída del comunismo), hay 790 empresas listadas!

Otras conversaciones necesarias en 2025 frente al 2026

Mayor autonomía para las regiones. Con una ley de competencias clara y un estatuto anticorrupción robusto. Creación de controles efectivos para velar por el buen uso de los recursos.

Los buenos mandatarios locales (alcaldes y gobernadores) son claves para ayudar a recuperar el país en 2026. Contamos con excelentes “gerentes” en las regiones como Andrés Julián Rendón, Dumek, Char, Fico, Pumarejo, Juvenal Díaz, Galán, Eder, etcétera.

Infraestructura y desarrollo sostenible

a) Retiro del acuerdo de Escazú

Escazú (impulsado por la ONU y la CEPAL) genera: entrega de la soberanía, duplicidad normativa, frena la inversión y el desarrollo de proyectos estratégicos para el país, entre otros.

Agrego que, por mi parte, no soy muy adepta de las ideas provenientes de la CEPAL (por ejemplo, el resultado del “Modelo Cepalino” aplicado en Colombia, Vs el del “Modelo Neoliberal” de los Chicago Boys puesto en marcha en Chile)

b) Logística

Aprovechar nuestra localización geográfica para proyectos como Hubs al estilo Dubai (Los Hubs Globales Naturales por Luis Guillermo Echeverri Vélez) puertos, puente terrestre Interoceánico, ferrocarriles y transporte fluvial.

c) Sector minero energético

Colombia es rico en los recursos necesarios para la cuarta revolución industrial: Minerales y producción de energía limpia y barata. Un solo ejemplo: en cobre, el Batolito de Mandé, ubicado entre el Chocó y Antioquia. ¿Es justo no ejecutar proyectos mineros con alto estándar internacional e impedir el desarrollo sostenible en un país con 16 millones de pobres como Colombia?

Pd: Imprescindible, recuperar a Ecopetrol.

Seguridad y orden

¡Necesarios para una sociedad libre!

Se necesita un nuevo Plan Colombia.

Erradicación de cultivos ilícitos (volver a fumigar).

a) Reforma a la justicia

Un país con más del 90 % de impunidad, es simplemente ¡inviable! Agreguemos: penas laxas, crisis carcelaria, exceso de procesos de paz con penas simbólicas. El mensaje a nuestra sociedad es que ¡delinquir, paga!

b) Valores trastocados

Neo verdad, antivalores y cambio de la historia. Narrativas progresistas divisorias que castigan el mérito y destruyen la cohesión social.

Exceso de derechos. Un solo ejemplo, ¿hasta dónde un derecho como el del “libre desarrollo de la personalidad”, nos lleva a tener grandes problemas como el aumento del microtráfico, de la delincuencia común y de la mendicidad, que a la larga permean y afectan a toda la sociedad? Necesitamos hablar más de deberes, cívica y ética.

Recorte del tamaño del Estado

El “Leviatán voraz” del Estado colombiano que cada vez aumenta más el gasto público burócrata y que pretende desde el centralismo “solucionar” la vida a 50 millones de personas.

Reforma a la salud

Sí se necesita una, pero después de estabilizar el sistema (el Gobierno Petro decididamente profundizó la desestabilización del sistema, para empujar la crisis explícita: “chu, chu, chu”). No lo que pretende el Gobierno actual, montar una reforma sobre un sistema desfinanciado.

Como me comentó un experto “hoy el Gobierno tiene control del 62 % de los colombianos a través de las EPS intervenidas. De modo que hablar hoy de EPS es hablar de la gestión de este Gobierno. El argumento del bajo incremento es la mala calidad del dato de las EPS… ¿Dónde está la responsabilidad del Gobierno en la gestión de las EPS que intervino?

¿Cuál es el sistema de salud que podemos pagar los colombianos? La realidad es que tenemos un sistema de salud excesivamente garantista, donde todo cabe, lo que lo hace insostenible para un país de ingresos medios. Una conversación muy impopular, pero necesaria.

Educación

El monopolio de la educación por parte de Fecode solo ha dejado malos resultados. El voucher educativo es una opción, también el modelo de colegios por concesión de Peñalosa.

Ajustar la educación técnica y profesional a las necesidades del mercado de hoy.

Fortalecer la educación on line.

La principal conversación: Unión para el 2026

Los demócratas del centro a la derecha, tanto de partidos tradicionales como los “outsiders”, además de unirse para conversar sobre Colombia y las soluciones para el país, deben hacerlo para que Colombia elija la fórmula a la presidencia en una gran consulta.

Aquí la importancia de dejar egos a un lado por el bien superior del país.

Por otro lado, también pensar una gran coalición para el Congreso, similar a la del Pacto Histórico. ¡Necesitamos un congreso fortalecido, con los mejores!

Estas son solo algunas de las grandes conversaciones que considero, debemos tener como país.

¿Cuáles añadirías como indispensables?

Por último: todos los colombianos reflexionemos sobre la frase célebre de John F. Kennedy:

*“No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”*