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viernes, 14 de agosto de 2026

Los desafíos que acarrea el sismo

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Cuando nos aprestábamos a comenzar la construcción de una nueva patria sobre las ruinas heredadas del pasado régimen, nos puso a prueba la naturaleza con este desastre que nos llena de luto y dolor, pero que ha despertado la solidaridad y la unión de los buenos colombianos.

Bajo la certera conducción del gobierno entrante se han atendido con celeridad las necesidades de las víctimas, se ha priorizado la búsqueda de sobrevivientes y se ha obtenido la oportuna ayuda de la banca multilateral y de la comunidad internacional.

Apenas comienza la tarea, pues habrá que restaurar múltiples servicios colapsados, reemplazar la infraestructura dañada, y, sobre todo, brindar una real y positiva ayuda a quienes todo lo perdieron en un instante.

Quedan vastas zonas urbanas en algunas ciudades como Cali, Pereira, Quibdó y en centenares de municipios y corregimientos, donde gran parte de las edificaciones colapsaron y otras tantas deberán ser totalmente demolidas. Una disyuntiva presenta la reconstrucción de los edificios en ruinas: Reconstruir cada uno para que sea ocupado a la mayor brevedad, o planear una reforma urbana y una ampliación de la oferta de vivienda en condiciones favorables para los beneficiarios.

Por fortuna cuenta el actual gobierno del “tigre” con profesionales ampliamente capacitados para desarrollar un programa capaz de atender a esta magna catástrofe y, a la vez, ampliar la oferta de vivienda en las zonas afectadas, tal como otros países lo han experimentado.

Chile, situado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, ha aprovechado los sucesivos terremotos para mejorar las normas y métodos de seguridad. Sus avances en materia de vivienda social, regulaciones antisísmicas y mejoras estructurales valen la pena ser tenidos en cuenta.

Al final de cuentas, el enorme costo de reparación de algunas construcciones puede contribuir de manera definitiva, no solamente para dotar a las regiones afectadas, de unas nuevas zonas seguras y confortables, sino, también, para mejorar la calidad de vida de muchos compatriotas de ingresos reducidos.

lunes, 2 de junio de 2025

A grandes males, grandes remedios

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

El alud que a diario nos ahoga con noticias sobre escándalos de corrupción, estafas narrativas con aviesos fines políticos, atentados contra la seguridad, la vida y los bienes de los ciudadanos, desbarajuste en la prestación del servicio de salud pública, derrumbamiento de los índices económicos y otras desgracias por el estilo, nos conduce a un estado de marasmo intelectual que anula la capacidad de pensar a largo plazo.

Funestas consecuencias para cualquier organización ocurren cuando, con el fin de atender una profunda crisis, se abandona el ejercicio de planear el futuro, de pensar en grande, de fijarse metas de progreso acompañadas de las estrategias necesarias para alcanzarlas.

Sobre este trascendental tema acabo de leer la columna ¿Y el futuro no importa?, del destacado consultor Ricardo Mejía Cano, a quien no tengo el gusto de conocer, pero no dudo en felicitar por los acertados conceptos allí expresados (Ver).

Nos comparte el articulista que a la propuesta que, con un grupo de profesionales, le hizo a dirigentes económicos y políticos para estructurar una visión de Colombia para el 2045, la respuesta de estos fue que “los problemas de hoy son muy graves, para perder tiempo pensando en el futuro”.

Con perdón de estos aprendices de estadistas o gerentes posiblemente alejados de la actividad política, no creo que proyectar el futuro del país sea “perder el tiempo”.

Los que estamos perdiendo el tiempo somos los colombianos que persistimos en buscar una solución a la crisis sin contar con verdaderos estadistas al frente de la batalla por la reconquista del poder, por el saneamiento ético de las instituciones, por la recuperación económica del país, por la devolución al pueblo de elementales condiciones para la convivencia y por la construcción de un país que ofrezca reales oportunidades de bienestar y progreso a todos sus habitantes.

Comprendemos que la unidad de quienes aspiran a un cambio para revertir la acción depredadora que viene cumpliendo el régimen actual es deseable. No descartamos las dificultades existentes para aglutinar los aspirantes a la presidencia, más interesados en ganarse un puesto para la segunda vuelta que pensar en los problemas del país. Por esta razón, no asoman en sus intervenciones las referencias que el pueblo espera para la solución de sus apremiantes necesidades. Mucho menos podemos esperar que se planteen planes a largo plazo que Colombia requiere para salir del círculo vicioso de la violencia, el narcotráfico y el atraso.

A las sabias orientaciones del citado columnista habría que agregar el acápite de cómo volver realidad esa visión futurista de progreso.

Propongamos a los candidatos del sector opositor que, aún sin conocer los resultados de la primera vuelta, constituyamos un acuerdo patriótico para salvar al país de la crisis y restaurar los valores universales de la civilización cristiana, la democracia, el respeto a la propiedad privada, la solidaridad con los más vulnerables, la garantía de la vida y seguridad de los habitantes y la dignidad de estos frente a cualquier abuso por parte del Estado.

Este acuerdo dará lugar a una alianza o frente para la reconstrucción de Colombia, con participación de los aspirantes a la Presidencia y directores de partidos políticos que lo suscriban; su duración será de 20 años. Los aspirantes del frente o alianza a la presidencia, en cada período, serán elegidos por todos los integrantes, previo compromiso de continuar los planes y programas adoptados de común acuerdo para la solución de la crisis y la reconstrucción moral y material de la nación.

Con participación de los integrantes de este acuerdo patriótico se conformarán listas únicas de candidatos al Congreso y demás corporaciones, con el fin de lograr la unión de las bases.

Estamos seguros de que una propuesta positiva, que aporte una esperanza real a los colombianos, con estudios serios que la respalden puede, a la larga, ser más útil, electoralmente hablando, que la insulsa palabrería que ahora se derrama a borbotones para contradecir y rechazar las torpezas y burdas amenazas del régimen. Pasemos de lo negativo a lo constructivo. Acostumbrémonos a pensar en grande y, de seguro, en el camino surgirá el líder que comprenda esta novedosa estrategia. En otras instancias hemos propuesto un proyecto para Colombia a 20 años: convertir el país en “el milagro económico de América”, fundamentándonos en parte en las asombrosas experiencias de Singapur.

El problema que afrontamos los colombianos no es de poca monta ni se resuelve solamente ganando unas elecciones. Tenemos que saber con certeza qué vamos a hacer en el Gobierno. Si ya tocamos fondo, como lo reconocen muchos analistas, es la hora de aplicar soluciones que ataquen de raíz las causas eficientes de nuestra desgracia. A grandes males, grandes remedios.

martes, 22 de abril de 2025

El viacrucis de Colombia

Cristina Isaza
Reflexiones de Semana Santa para una nación herida que no sana

Cristina Isaza

Semana Santa no es una época cualquiera. Es un tiempo en el que muchos entramos en un estado contemplativo: revisamos, descansamos y disfrutamos de la compañía de seres amados. Es una temporada en la que hay una atmósfera de tranquilidad, de pausa e introspección, lo que da oportunidad a un análisis más tranquilo y detallado de nuestros procesos individuales y colectivos.

Así que me pregunté: y si Colombia fuera una persona, ¿qué tendría que aprender?

Estas fueron algunas de mis reflexiones y quiero compartirlas con usted, mi querido lector, para saber si compartimos algunas conclusiones y con conciencia nos ponemos en acción.

¿En Colombia qué deberíamos revisar y sanar?

Pienso que Colombia está herida y dividida, pero aún con fuerza interna para renacer. No ha “vivido de gratis” el interminable “loop” de violencia, pequeñas épocas de “paz”, para luego retornar a mayor violencia… donde simplemente los actores cambian de nombre (violencia bipartidista, guerrillas, narcoterrorismo, paramilitarismo, etcétera), pero el conflicto permanece porque no resolvemos lo esencial. Y ¿qué es lo esencial?

Vínculos rotos: una nación, en gran parte dividida por la siembra de narrativas negativas y desesperanzadoras.

Inversión de valores: exceso de relativismo moral y tergiversación de la verdad

Mesianismo y egos

Victimismo: junto con el resentimiento y la mediocridad, han hecho un gran daño colectivo. Los colombianos como niños culpando a los demás, a las circunstancias de antaño y actuales, no asumiendo su rol y esperando que el estado lo salve.

El victimismo es el combustible para la manipulación política, el resentimiento y la falta de acción con sentido.

Violencia: como respuesta a los problemas.

Facilismo: un ejemplo claro, el narcotráfico.

Corrupción: a todo nivel. Lo público, lo privado, en lo macro y en las pequeñas decisiones autónomas de individuos.

Comparación: queremos parecernos a los países nórdicos, pero sin pasar por el proceso.

Falta de visión colectiva y cortoplacismo

Algunos actores de poder político y económico que velan solo por el beneficio propio con malas prácticas como el clientelismo: falta capitalismo consciente.

Impunidad y falta de orden

Falta de ética

Hoy Colombia atraviesa un punto crítico con caos institucional, nuevamente una inseguridad creciente, fragmentación social, poca confianza inversionista y desesperanza colectiva.

Y sí, así muchos no queramos, debe “volver la mula al trigo”… el último “loop” viene de hace 9 años. En 2016 estábamos en pleno debate sobre los Acuerdos de La Habana y estoy convencida de que la oportunidad que tenemos hoy es la de revisar lo que no se hizo bien en ese entonces, para sanarlo y darnos la oportunidad, como nación, de romper el ciclo de violencia. Tenemos el poder de reconstruirnos potenciando lo bueno que tenemos (que es mucho) y mejorando lo demás.

¿Cómo rompemos el ciclo?

Lo primero es que lo que hagamos, no sea desde la venganza o la rabia, sino desde el sentido común, el “deber ser”, el amor y la responsabilidad.

Reconocer el error: el perdón requiere un acto de verdad, por parte de los líderes que impulsaron estos acuerdos. Esto no salió bien y negarlo u omitirlo a estas alturas no honra la verdad y mantiene abierta la herida.

No repetición: ese modelo de “paz” no debe ser repetido. En nuestro país, han sido una constante las negociaciones de paz llenas de impunidad y beneficios para victimarios.

Restaurar el orden: en los valores, en la narrativa, en el lenguaje, en los significados. Debe haber respeto por la ley, por la justicia no politizada y la autoridad.

Con verdad y reparación: pero no de nombre, pues no hay reparación efectiva cuando los victimarios terminan en el poder, no pagan por sus crímenes y hoy posan de “adalides de la moral” desde el Congreso.

Sanar vínculos rotos: necesitamos reconciliación sin impunidad. Además, encontrar quiénes somos y qué nos une como colombianos.

Rechazo al resentimiento: la memoria histórica debe ser usada para crecer, no para dividir y manipular. No a los discursos colectivistas y progresistas que solo dividen y ahondan heridas sin soluciones prácticas y reales, mientras destruyen al mérito.

Justicia efectiva: para construir confianza. Un país con más del 90 % de impunidad no aprende de errores, no madura y no crece. Esto deteriora la “autoestima colectiva” y se crea una “cultura de impunidad”.

Libertad responsable: el orden y la perseverancia son claves para lograr el objetivo.

Educación: asertiva, pertinente. Valores positivos, ética y nuestro propósito con impacto social.

Cultura de responsabilidad individual: el gran salto del victimismo a la responsabilidad. Una ciudadanía que entienda que el proceso no es fácil ni inmediato y que se “agencie” para ser parte de la solución con acción consciente. La participación ciudadana activa y positiva es clave en el proceso.

Inspiración: diferente a la fría manipulación maquiavélica (como “correr la línea ética”), que controla, distrae, distorsiona y/o engaña.

Volver a la esencia: tenemos talento, calidez humana, creatividad, resiliencia, riqueza natural.

Visión de nación: gracias a una visión compartida, países como la Alemania de la post II Guerra Mundial, Corea del Sur y Singapur, lograron lo impensable y hoy son ejemplos en el mundo.

Proyecto de transformación colectiva: soñemos a Colombia, pero con pies en la tierra. Con estructura, basándonos en datos y hechos. Una visión clara y conjunta del país, que no dependa de partidos ni mesías. ¡De colombianos, para colombianos!

Liderazgo transformador y constructivo: No necesitamos “mesías”, demagogos, ni liderazgos paternalistas o populistas. Se necesita decencia, firmeza, arrojo, coherencia, sentido común, disposición a hablar con la verdad sin eufemismos (así incomode), soluciones reales, tender puentes.

Visión colectiva a largo plazo de país y el despoje de egos: se necesita de carácter, generosidad, responsabilidad y altura.

Pienso que los líderes que hoy no entiendan esto y no vean al poder como instrumento para el servicio colectivo, quedarán relegados. ¡Este momento que vivimos también es una prueba para ustedes!

Para finalizar

En 2026 no solo es ganar una elección, es salvar a una democracia.

Más que 40 candidatos, necesitamos un propósito común: un “frente ético por Colombia” que se una en la defensa de unos puntos esenciales y unos proyectos comunes para la construcción de país. Unirse por amor a Colombia y responsabilidad histórica.

Colombia necesita un proyecto conjunto con alma, que nos enamore a los colombianos de nuestro país, que nos devuelva el orgullo y nos muestre el potencial que tenemos.

Estamos en el momento perfecto para sembrar una nueva identidad y propósito nacional. Esto va mucho más allá de unas elecciones, es un proyecto país con raíces firmes para que renazca una conciencia colectiva.

Necesitamos avanzar, trascender, aprender esta lección… En el año 1946 comenzaron a reportarse los enfrentamientos armados entre liberales y conservadores en zonas rurales de Colombia… qué bueno que para el 2026, cuando se cumplan 80 años de estos primeros brotes de violencia partidista, Colombia, por fin, de un viraje hacia su sanación y renazcamos… depende de todos, pues Colombia cambiará cuando los colombianos cambiemos y dejemos de normalizar el caos, justificar las injusticias, culpar a los demás y actuemos bajo sentido común y principios éticos que desde la acción individual impacten positivamente en toda nuestra sociedad.

Pd: el mal gobierno Petro es una lección común… ¿la vamos a aprender?

jueves, 24 de octubre de 2024

¿Por qué ha fracasado Colombia?

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Con frecuencia se preguntan algunos compatriotas ¿cómo fue que llegamos a esta horrorosa situación que vivimos? Y la respuesta al interrogante se queda en banalidades subjetivas o en personalizadas incriminaciones contra quienes han sido nuestros rivales políticos. Somos, en general, proclives a cargar la culpa a los demás en lugar de estudiar racional y objetivamente las causas que han lanzado el país a este generalizado fracaso.

Si en algo ha sido útil el régimen actual de la extrema izquierda es que nos ha mostrado lo que sucede a las democracias cuando no cumplen a cabalidad con su deber de brindar instituciones que permitan el crecimiento económico de la mayoría de la población en lugar del enriquecimiento de las castas que por décadas han detentado el poder. Nos ha enseñado que el sistema democrático exige ajustes para evitar los abusos contra los más vulnerables. Nos ha recordado que no se puede aprovechar indefinidamente del poder sin exponer al país a caer en las garras del comunismo, maestro en el arte de prometer lo que no va a cumplir y experto en utilizar todas las formas de lucha para llegar al poder y luego perpetuarse en su ejercicio con ayuda del fraude y el terrorismo.

Ya habíamos observado con todo detalle en este mundo globalizado lo que ocurrió en Cuba, Venezuela y Nicaragua pero, muy orondos y despreocupados, nos decíamos ”eso a nosotros no nos va  suceder”. Pues sucedió y lo peor está por venir. Todavía, como en la “patria boba”, algunos compatriotas insisten en que todo se solucionará en las próximas elecciones porque nuestras instituciones no permitirán un nuevo fracaso. Tonterías. No hay la menor posibilidad de que los candidatos y sus caciques renuncien a la posibilidad de llegar a la Presidencia y no se dará esa quimera de la unión antipetro. Se presentarán por su cuenta por el sistema de firmas pues ya los partidos recibieron la extremaunción y cada uno obtendrá su cuotica de votos.

Lo de las tales instituciones no deja de ser otro embeleco. Basta con repasar quién o quiénes controlan el Congreso, las cortes, los entes de control los institutos descentralizados, las empresas que manejan los macro presupuestos.

Y nadie se atreve a hablar del fraude que se repetiría, corregido y aumentado, en caso de que peligre la candidatura de Petro o de quien este señale. Si en el Gobierno de transición se rompieron todas las reglas de la decencia y no se permitió ni recuentos de votos, ni investigaciones del fraude, ni repetición de votaciones en las mesas cuestionadas, ¿qué pasará ahora con todo el poder en la mano y sin nadie que controle?

La solución es simple pero su implementación requiere un titánico y heroico esfuerzo. Traigo a colación, del excelente libro “¿Por qué fracasan los países?”, (Daron Acemoglu y James A. Robinson):

“Las instituciones económicas dan forma a los incentivos económicos: los incentivos para recibir una educación, ahorrar e invertir, innovar y adoptar nuevas tecnologías, etcétera. Las instituciones políticas de una nación determinan la capacidad de los ciudadanos de controlar a los políticos e influir en su comportamiento. Esto, a su vez, determina si los políticos son agentes (aunque sea imperfectos) de los ciudadanos, o si son capaces de abusar del poder que se les confía o que han usurpado, para amasar sus propias fortunas y seguir sus objetivos personales en detrimento de los de los ciudadanos.”

En la práctica, si queremos pasar del fracaso al éxito, basta con implementar lo que algunos de los países más ricos (Singapur, Taiwán, Nueva Zelanda, Corea del Sur) ya han hecho y les ha permitido pasar rápidamente de la pobreza a la riqueza. Para lograrlo requieren contar con instituciones económicas abiertas al progreso de todos los ciudadanos y no al servicio de unos pocos. La conformación de estas instituciones, así como los demás planes y programas del Gobierno dependen de los políticos que conquisten el poder.

Estamos en el momento oportuno para dar el viraje de 180 grados que salvará al país. No podemos consentir que continúe la destrucción y, sobre todo, la descomposición moral, que nos viene recetando la extrema izquierda. Tampoco podemos retornar a los sempiternos vicios que nos han conducido a esta monumental crisis.

Unámonos sí, pero no para escoger otro representante de las castas políticas que hasta aquí nos trajeron. La unidad debe ser alrededor de programas, empezando por la reconstrucción nacional después del desastre de la administración petrista. No repitamos los errores del pasado, escogiendo candidatos por miedo a otros peores o por recomendación de los desacreditados caudillos de siempre. Y, lo más importante, no escojamos nombres sino programas. Lo que necesita el país no es más de lo mismo sino una fuerza renovadora de los buenos contra los malos. Por sus hechos, conoceréis a los malos, como lo enseña la palabra evangélica.

viernes, 11 de octubre de 2024

Todavía hay esperanza

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S.J.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde y no les falta razón, porque en un contexto global complejo por las guerras y uno nuestro cargado de conflictos internos e incertidumbres, que en medio de tan sombrío panorama muchos de nuestros lideres, sin perder el sentido crítico para ver las cosas como son, conscientes de los retos descomunales que tenemos, sigan creyendo en nuestro país y en sus gentes y apuesten porque juntos vamos a salir adelante, eso me resulta grandioso y me confirma que todavía hay esperanza.

Ecos del reciente Festival de las ideas como ha llamado el grupo Prisa al evento realizado en Villa de Leyva la semana pasada y a un foro al que asistí sobre las perspectivas económicas para 2025 organizado por el grupo Bolívar en esta, confirman lo dicho.

Que la gente del Gobierno y la oposición, la empresa pública y privada, los gremios y ciudadanos del común y corriente, de manera civilizada, sosegada, madura, expongan sus ideas sin agresividad y violencia, sin polarizados radicalismos, es un escenario que quisiéramos siempre, dado lo que hemos vivido hasta ahora y que solo ha dejado un país desgastado, sin mejoras mayúsculas, agotado de discursos redentores que medianamente o nunca se cumplieron. Hundidos todos en la olla, pareciera que se toma conciencia de que para no acabar de irnos todos juntos al fondo que ya palpamos, la única manera es ayudarnos todos a salir de esta debacle. Y eso solo se logra dialogando, empujando en la misma dirección.

La cosa hay que entenderla correctamente. Las diferencias, la pluralidad de pensamientos, la natural diversidad ontológica, continúan existiendo y es saludable que no desaparezcan. Lo que resulta fuera de serie es que tengamos la madurez humana y la fortaleza institucional para dialogar sin insultos, sin matarnos porque nos incomoda el que es y piensa distinto. Hacer a un lado la arrogante prepotencia de querer sabérnoslas todas y con eso que llamamos humildad tener la gallardía de parar oreja y escuchar lo que el otro dice, ponerse empáticamente en sus zapatos e incluso dejarse interpelar, eso es monumental y realmente nos augura un futuro mejor.

Me gustó el tono crudamente realista pero también sensatamente optimista de quienes intervinieron. Todavía estamos a tiempo para construir y levantarnos en medio de la ruindad de las ruinas y los ruines.  Esta Colombia nuestra está llena de gente buena, hay mucho talento, hay ganas de salir adelante y ser prósperos, no se da el brazo a torcer, todavía hay esperanza.

jueves, 20 de octubre de 2022

Conjeturas y quejidos

Epicteto, el opinador
Por Epicteto, el opinador*

Honda preocupación nos deja el repaso de las diarias columnas y mensajes de las redes sociales, pues se trata de una larga cadena de conjeturas sobre las causas del desastre nacional y de quejidos por la sucesión interminable de disposiciones absurdas o aterradores anuncios por parte de quienes ahora gobiernan. Todo dentro de la más absoluta anarquía, falta de coordinación y sin sujeción a un elemental plan de respuesta a la adversidad.

Es la mejor demostración de la falta de liderazgo, de la ausencia de objetivos claros y de eficaces estrategias que nos permitan superar algún día la postración a la que ha sido conducido nuestro amado país.

Conviene regresar a la serenidad que nos brinda nuestra paz interior. Cuando cada uno de nosotros piense y obre de acuerdo con la razón, con el deseo de hacer el bien y con el desprendimiento que exige la crisis de valores que nos agobia, podremos contribuir a la convivencia y al bien común.

No busquemos la solución fuera, si somos cada uno de nosotros el dueño de su propio destino.

Me escribía un gran profesional y patriota que existen soluciones para la hecatombe que comienza a desarrollarse frente a nuestros ojos. Claro que sí existen. Pero hay que regresar a los principios fundamentales: garantizar el derecho a la vida a todos los compatriotas, velar por la adecuada educación de los jóvenes, eliminar las causas de violencia como el narcotráfico, castigar efectivamente la corrupción y el crimen en general, devolver al país la soberanía entregada en el acuerdo con los terroristas en La Habana. Es mucho lo que hay por hacer. En el blog “forumchristi” leí la síntesis de un programa para Colombia: salvación, reconstrucción y crecimiento.

“En lugar de los quejidos y las conjeturas que a nada conducen, con la tranquilidad que impone la hora actual me permito convocar a los colombianos a que trabajemos cada uno para devolver a nuestra sociedad los valores universales que hemos abandonado.

Conformemos una gran unidad partiendo de aquello que de verdad nos une: Nuestra patria chica y nuestra ocupación u oficio. A partir de las marchas periódicas de protesta, creemos células municipales de empresarios en las diferentes ramas, estudiantes, empleados, amas de casa, etc. Con esas células comencemos la creación de comités departamentales y estos, a su turno, darán lugar a una federación nacional representativa de todas las fuerzas vivas del país, sin participación de la política que ha conducido el país al mayor fracaso de su historia. Una democracia orgánica, desprovista de intereses burocráticos, no contaminada por la corrupción y fundamentada en los principios de la civilización cristiana.

Me pidieron algunos una propuesta para el país y creo que no hay otra que la que sale de la recta razón. Como diría Marco Aurelio: “…no es lícito oponer al bien de la razón y de la convivencia otro bien de distinto género, como, por ejemplo, el elogio de la muchedumbre, cargos públicos, riqueza o disfrute de placeres.”[1]



[1] MARCO AURELIO, Meditaciones, Editorial Gredos, 1977, pag. 74

martes, 9 de junio de 2020

De cara al porvenir: reactivación o reconstrucción

Pedro Juan González Carvajal*

En una sesuda entrevista, Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen y Premio Nobel de la Paz, hace una seria reflexión acerca de lo que debería ser un plan social y ambiental de la pospandemia.

Inicialmente nos invita a recordar que antes de la pandemia, existían serias críticas al mundo que estábamos viviendo: la catástrofe climática, el deterioro ambiental, el desempleo masivo, la concentración inusitada de la riqueza, la deslegitimación del Estado, entre otras varias situaciones de gran complejidad que afectaban la vida digna de miles de millones de personas.

Sostiene el doctor Yunus que la contingencia sanitaria nos ha dado la oportunidad de repensar la manera como vamos a enfrentar esta nueva y fresca etapa que nos da la vida.

Invita a que decidamos antes de reiniciar o reactivar la economía, qué tipo de economía queremos, en el entendido que la economía es una herramienta creada por el hombre, lo cual permite ajustarla o cambiarla en cualquier momento, de acuerdo con lo que esperemos obtener a través de ella.

Propone también no hablar de recuperación sino de reconstrucción de la economía, donde el punto de partida sea la conciencia social y ambiental que exige y permite construir la nueva realidad.

Insiste en la recomendación que los gobiernos no deben aportar recursos a nadie que no garantice el máximo retorno social y ambiental para la sociedad, entre las múltiples opciones posibles que se presenten.

Aboga por la creación de “negocios sociales” cuyo objetivo no es el lucro sino la resolución de los problemas de las personas y de la sociedad.

Expresa la preocupación acerca de que mientras la economía siga siendo una ciencia para la maximización de ganancias, no se puede confiar en ella para el programa de reconstrucción social y ambiental que el planeta necesita y reclama.

Ante esta coyuntura planetaria es claro que son múltiples las miradas y múltiples las propuestas para recuperar la inercia productiva del planeta. Ojalá todas esas miradas sean conscientes que de todas maneras como íbamos no íbamos bien y que esta coyuntura nos da la irrepetible oportunidad de hacer los ajustes a que haya menester.

Recordemos finalmente como humanos y como humanidad, que el humanismo es el bien preciado de esta especie, lo que nos vuelve seres superiores cuando lo ejercemos o nos convierte en seres rastreros cuando lo violentamos. Por lo tanto, es el momento en que aparezca la grandeza del alma y no la grandilocuencia.


sábado, 9 de mayo de 2020

Ni derecha, ni centro, ni izquierda


Por Santiago Cossio*

Santiago Cossio
A veces proponer algo que no esté establecido es visto como amenaza para los paradigmas ideológicos tomados como ciertos. Este articulo va más allá de los fanatismos partidistas y busca ayudar a salir del embrollo sobre la construcción colectiva de riqueza, paz y felicidad, pero seguramente también será objeto de críticas de todos los frentes.

Primero veamos la norma de normas que en su artículo 334 dice “La dirección general de la economía estará a cargo del Estado. Este intervendrá, por mandato de la ley, en la explotación de los recursos naturales, en el uso del suelo, en la producción, distribución, utilización y consumo de los bienes, y en los servicios públicos y privados…”

Los economistas aún no hallamos las fórmulas mágicas para solucionar los problemas de abundancia y riqueza colectiva. Seguimos indagando, investigando y opinando sobre esta compleja ciencia sombría. Para la dirección desde gobierno público lo que se tiene a la mano son los modelos de derecha, centro e izquierda. No analizaremos otros sistemas.

Hace algún tiempo viendo como pelea el ser humano por sus convicciones y donde muchas personas abrazan ideologías de estos tres sistemas político-económicos me hice a la tarea de analizar cada uno buscando una respuesta a los problemas colectivos y encontré algo más revelador aún: no funciona ni la derecha, ni el centro, ni la izquierda.

Para que un sistema político-económico funcione bien, necesita varios tópicos fundamentales los cuales aún no se cumplen en Colombia. Esto es lo que tenemos:

1). Atraso cultural. A los colombianos lo que les falta es ética, moral, cívica, urbanidad y buenas costumbres. Faltan los pilares de la educación para la cultura como la identidad, el respeto, la responsabilidad y la felicidad. Como ejemplo del desarreglo, la cátedra de ética en la educación superior es percibida como un relleno que le falta forma y fondo. También hay un desconocimiento general de las normas y las leyes.

2). Atraso comunicacional. La comunicación debe ser la didáctica de la educación. En Colombia tenemos es programas de chismes, narconovelas y prostinovelas. Increíble que le hagamos una telenovela a un sicario con toda la maleducación a que eso puede conllevar. Pasaron una novela llamada “La prepago” que es más una invitación a la prostitución. con esos malos contenidos nunca podremos salir de la pobreza humana.

3). Atraso en la relación educación-economía. Colombia no sabe qué produce ni qué debería producir. Falta aptitud vocacional y aplicación económica. También debemos encontrar nichos de mercado internacional para nuestros productos. Muchas veces nuestros agricultores siembran según su “corazonada” pero no hay una dirección científica y técnica desde gobierno público. Lo mismo pasa en el tejido empresarial colombiano.

4) Atraso en las formas coeconómicas. La estrategia nacional de economía circular debe convertirse en ley nacional. En el reciclaje hay puntos adicionales del producto además de la consecuente mejora del medio ambiente. La producción real debe acompañarse de modelos de economía de préstamo e intercambio, la economía de la felicidad, cooperativismo y generación de confianza interpersonal para una mayor confianza inversionista y societaria.

Antes que ondear las banderas partidistas de la derecha, el centro o la izquierda debemos construir estas bases para el buen funcionamiento de los sistemas político- económicos. Si analizamos bien, estos preceptos no se cumplen en Colombia. El atraso cultural genera atraso económico y debemos procurar primero, salir de la pobreza humana. Ya vemos entonces que como están las cosas, no funciona, ni la derecha, ni el centro, ni la izquierda.