Mostrando las entradas con la etiqueta Terremoto Colombia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Terremoto Colombia. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de septiembre de 2026

Crónica: cuando tembló, la patria respondió

Rafael Uribe Uribe

El nuevo Gobierno recibió un país descuadernado: el mayor déficit –del 7,8 % y el mayor endeudamiento de nuestra historia y, como si fuera poco, un dólar fortalecido por este déficit, el ingreso de divisas provenientes del endeudamiento, la coca, la minería ilegal y las altas tasas de interés que termina restándole competitividad a muchas de nuestras exportaciones.

Apenas dos días después de la posesión presidencial, ocurrió lo impensable, el terremoto más fuerte del siglo, golpe sísmico que no distinguió regiones ni estratos, un desastre con daños estimados en al menos treinta billones de pesos.

Pero ahí no paró la cosa: grandes incendios forestales afectaron varios departamentos, muchos de ellos provocados por grupos terroristas con el propósito de desestabilizar el Gobierno, como lo anunciaron organismos de inteligencia locales y extranjeros. El Gobierno no se quedó quieto: anunció que presentará al Congreso un estatuto antiterrorista que incluye la posibilidad de encarcelar a los narcoterroristas en barcos en altamar.

Con el terremoto emergió algo más profundo: un Gobierno comprometido y la solidaridad inmediata y espontánea de los compatriotas de bien, no de grupos políticos, de millones de ciudadanos que, ante la tragedia, eligieron actuar con generosidad y un sentido que parecía dormido.

Las primeras horas después del terremoto fueron retrato fiel de lo que somos cuando dejamos de lado nuestras diferencias: familias que abrieron sus puertas a desconocidos, jóvenes que se organizaron para llevar agua, medicinas y alimentos, grupos de rescate de las víctimas, empresas que movilizaron recursos sin esperar protocolos, instituciones que respondieron con profesionalismo y humanidad. En medio del dolor, la patria recordó que sabe unirse cuando la vida lo exige.

Ese gesto colectivo no borró la crisis fiscal, ni la deuda, ni la complejidad política que enfrenta el país; pero reveló una verdad: la nación conserva una reserva moral capaz de sostener la reconstrucción que viene y que no depende solo del gobierno sino de la cultura que nos ha permitido superar guerras, pandemias, desastres y hasta gobiernos obscuros.

El nuevo Gobierno, enfrentado a una tragedia sin precedentes, recibió también una oportunidad inesperada: gobernar un país que dejó de pelear, que se reconoció como comunidad, que entendió que la reconstrucción no será solo de infraestructura, también de confianza.

La tarea institucional ahora es clara: transformar esta solidaridad en una política de Estado, convertir la empatía en estrategia, la unión en narrativa nacional y el dolor en el punto de partida.

Porque si algo demostró el terremoto es que la patria en crisis, endeudada, dividida, todavía sabe responder y levantarse con grandeza lo que será clave en la reconstrucción moral y material que el país hoy necesita.

El Rincón de Dios

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” Gálatas 6:2

viernes, 21 de agosto de 2026

Solidaridad ejemplar

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Después del shock por el terremoto del que todavía muchos aún no se sobreponen, impactante a nivel global, ha sido la ejemplar solidaridad con la que nuestros compatriotas han respondido, de manera masiva, inmediata y generosa. Eso muestra la enorme sensibilidad que tiene nuestra gente ante el dolor y el sufrimiento de otros. No es la primera vez que se observa este comportamiento. Ha sido siempre así. Recuerdo similares reacciones ante las tragedias de Popayan, Armero, Eje Cafetero, por citar solo estas, como reacción ante la sobrecogedora fuerza de la naturaleza.

Le tocó al nuevo gobierno en sus primeros días concentrar sus esfuerzos en atender la catástrofe y no pudo hacerlo desde la Ungrd que es la herramienta estatal para orientar, canalizar y atender este tipo de situaciones, después de semejante deterioro reputacional, sino que se inventó su propia estrategia.

Quisiera llamar la atención precisamente sobre el caos generado no solo por la sorpresiva tragedia que desbarató en tres minutos lo que muchos habían levantado durante años, sino también sobre el desorden que observo. Todo el mundo sale a donar en dinero y en especie, se abren cuentas bancarias para depositar dineros, la gente compra mercados con alimentos que considera básicos, se hacen campañas y se acopian toneladas de ropa y utensilios de todo tipo. ¿A dónde va a parar todo eso?, ¿Quién canaliza y distribuye esos recursos frente a qué tipo de necesidades jerarquizadas?, ¿Se ha podido hacer un levantamiento de esas prioridades?

Porque, así como conmueve tanta solidaridad de gente maravillosa, me aterra la viveza de los delincuentes de toda ralea que salieron literalmente a hacer su agosto. Los voluntarios camuflados que saquean inmuebles y cadáveres. Los ladrones de cuello blanco que se lucran en esta coyuntura. Las víctimas aparecidas desde otras latitudes que aprovechan el río revuelto. Me cuestionaron los relatos de quienes lideraron el Forec después de un terremoto similar y que denunciaron a esos políticos carroñeros que en su momento quisieron sacar tajada. Me impresiona el desorden y no veo que se haya nombrado un líder que públicamente salga a hacer un inventario de necesidades y proceda a comunicar, orientar, ordenar, administrar las donaciones en dinero y en especie para luego canalizar, distribuir y verificar que esa solidaria avalancha de ayudas llegue a tiempo y a quien realmente las necesite. Se habla de que se necesitan 30 billones para reconstruir. ¿Quién o quiénes los van a administrar?, ¿quién audita o controla?, ¿quiénes serán los beneficiarios y en cuánto tiempo se ha previsto sostener esas ayudas?

Estas tragedias nos sorprenden literalmente con los calzones abajo. Entiendo que hay protocolos internacionales para el manejo de estas situaciones, pero no son conocidos. Hay que ordenar esto pronto porque ya veo, como ha pasado en ocasiones anteriores, comida vencida que hay que echar a la basura, ropa y chécheres, que no sirven, por ahí arrumados y perdidos, y también muchos sinvergüenzas cuadrando sus cajas personales con el dinero sagrado que era para las víctimas. La solidaridad ha sido realmente ejemplar. Que no lo sea también el no saber manejarla en beneficio de quienes realmente lo necesitan.

miércoles, 19 de agosto de 2026

De cara al porvenir: terremoto, catástrofe nacional

Pedro Juan Gonzalez Carvajal

El 27 de febrero de 2010, a pocos días de terminar el período presidencial de la señora Bachelet, Chile fue sacudido por un terrible terremoto de 8.8 grados en la escala de Richter.

En medio de la ceremonia de posesión de su sucesor, Sebastián Piñera, hubo una réplica de 6.9 grados que conmocionó a todos los asistentes.

A partir de ese momento el nuevo presidente sentenció que su programa de gobierno, el triunfador en las elecciones presidenciales cambiaba de foco y que ahora el nuevo plan de desarrollo para Chile era la reconstrucción del país.

De manera gerencial y con un manejo prístino de las ayudas internacionales, el Gobierno de Piñera fue reconocido como modelo mundial en el manejo de este tipo de situaciones y uno de sus factores de éxito fue el haber presentado cuentas mensuales de dónde provenían los recursos y en qué se aplicaban.

Esta situación tiene algunas semejanzas con lo que nos acaba de pasar en Colombia. A pocos días de su posesión el presidente De La Espriella fue inaugurado con un calamitoso terremoto de 7.4 grados que sacudió varias regiones del país.

Es de reconocer la rapidez y diligencia con la que el nuevo Gobierno que aún no ha terminado de hacer los nombramientos de los primeros niveles de la administración central, hizo presencia y en coordinación con gobernadores y alcaldes, se dio a la tarea de enfrentar el problema con orden y celeridad, centralizando la coordinación de esfuerzos, dando muestras de que en Colombia la institucionalidad existe, tanto en lo público, lo privado y lo social, y que nuestro pueblo es absolutamente solidario.

Medidas como la declaratoria de “Desastre de carácter nacional” y la “Emergencia económica” dan muestra de ello.

Recuerdo las imágenes dantescas después de una tragedia en Haití donde la gente en su desesperación se abalanzaba como hordas a saquear la ayuda que iba llegando y que el gobierno no era capaz de administrar y la lenta reacción del gobierno venezolano ante su reciente tragedia sísmica, de mayores proporciones que la nuestra.

Ahora bien, la institucionalidad debe aprovechar las experiencias exitosas y las buenas prácticas aplicadas en situaciones semejantes como la que estamos viviendo, alrededor del desastre y desaparición de Armero por una erupción volcánica el 13 de noviembre de 1985 y lo ocurrido el 25 de enero de 1999 con el Eje Cafetero.

El manejo de los recursos a través del Forec (Fondo de Reconstrucción del Eje Cafetero) y la gerencia de altas personalidades empresariales como Luis Carlos Villegas y Manuel Santiago Mejía, hicieron posible un proceso lento pero respetuoso de la dignidad humana y del buen manejo de los recursos.

Ojalá en el gobierno entrante aproveche las buenas prácticas anteriores y se superen los egos y las tentaciones de actuar como nuevos “Adanes”, como si no tuviéramos historias precedentes a todas luces exitosas.

Recién nombrado el nuevo director nacional de Planeación, le corresponde tramitar ante el Congreso y elevar a la categoría de ley el programa de gobierno ganador y convertirlo en plan de desarrollo para los próximos 4 años.

También hay que aprovechar que el proyecto de presupuesto para 2027 fue devuelto por el Congreso, para realizar los ajustes de fondo pertinentes para atender la calamidad.

Respetuosamente sugiero que el plan de desarrollo 2026 - 2030 se centre en la reconstrucción y que este objetivo jale de manera marginal, las otras iniciativas, por importantes que ellas sean. Lo primero es lo primero.

Ahora bien, la reconstrucción debe hacerse bien hecha. Hay que aplicar con rigurosidad la Ley de 2010 que tiene que ver con las condiciones y normas de sismo resistencia que deben ser aplicadas a todas las construcciones según su envergadura.

Construcciones realizadas por los distintos gobiernos y en todos los niveles que hayan inaugurado obras sin cumplir con estas normas, merecen sanciones legales, políticas y económicas por irresponsables.

Todo tiene su orden y su secuencia y es apenas normal que en un primer momento conozcamos lo sucedido en las ciudades capitales, en los municipios cercanos y en los municipios lejanos, pero no nos podemos olvidar de los corregimientos y de las veredas, que configuran nuestro territorio rural, lugar de habitación de nuestros campesinos a quienes todo les llega de último y quienes día a día deben convivir con nuestra violencia endémica.

Después no nos quejemos del desplazamiento del campo a la ciudad y de que ya nadie quiera quedarse en el campo.

Otra prueba que nos pone la providencia en el camino.

Como siempre, saldremos adelante, a pesar de los sufrimientos y la tristeza profunda que nos embarga a todos.

Nota final: nuestro agradecimiento a la comunidad internacional. No podemos ser inferiores a su solidaridad y confianza. No podemos permitir que ni un centavo, ni un solo paquete de ayuda material sean manoseados por los corruptos de profesión que no faltan en nuestro país.

viernes, 14 de agosto de 2026

Vulnerables

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Si algo somos como seres humanos es precisamente eso: vulnerables. Un amigo de Cali así me describió lo que sintió en pleno terremoto: “realmente ha sido el susto de mi vida, nunca me sentí tan vulnerable, tan frágil, tan aterrado”. Y eso mismo sintieron miles más, simultáneamente, en medio de tan caóticos momentos, ante la descomunal fuerza avasalladora de la naturaleza. “Dios, por favor, no más, para esto, perdón, misericordia…”

Cuando estamos en esos instantes límites, cuando existencialmente, que no teórica y conceptualmente, experimentamos toda nuestra pequeñez, confesamos que no somos nada, cual pajas que lleva el viento, “briznas de hierba en las manos de Dios”, describió así su experiencia límite Álvaro Gómez. Literalmente impotentes, finitos, inútiles, poca cosa. Hasta ahí llega nuestra arrogancia, nuestra prepotencia, cuando otro más fuerte se impone.

¿Recuerdan las románticas reflexiones que hacíamos en lo más fino de la pandemia cuando prometíamos el oro y el moro y asegurábamos que después las cosas no serían lo mismo, que íbamos a cambiar, a ser mejores? Los bonitos sentimientos afloraban, se nos olvidaban colores políticos, razas, estratos sociales, equipos de fútbol, credos religiosos… volvíamos a ser todos iguales, todos humanos… Promesas, solo eso. Porque cuando la “normalidad” volvió todo aquello tan tierno desapareció, se esfumó. La amnesia fue colectiva, total.

La reflexión que me hago a modo de pregunta es: ¿cuándo aprenderemos la lección?, ¿cuándo nos decidiremos a ser mejores seres humanos sin que haya factores externos que nos obliguen a plantearnos el asunto de nuestra enorme vulnerabilidad? En las lecturas de la liturgia del domingo pasado el profeta no encontró el paso de Dios ni en el viento huracanado, ni en el fuego abrasador, ni en el terremoto destructor, pero sí en la suave brisa. Y cuando el fuerte viento y el mar encrespado parecían hacer zozobrar la barca y también hundir a Pedro, el Señor increpó a todos: “no teman, hombres de poca fe, soy yo”. Lo dicho tantas veces: si tenemos a Dios, aunque no tengamos nada lo tenemos todo, pero si no tenemos a Dios, aunque lo tengamos todo no tenemos nada. ¿Quién podría entonces separarnos de su amor, la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Se cuestionaba Pablo con los romanos.

Es claro que la invitación no es a ser pasivos, sumisos, resignados y conformes, pero tampoco altaneros, arrogantes y soberbios. Las cosas en su punto. En su sitio. En el justo lugar que nos corresponde. De modo que cuando sobrevengan estos fenómenos, con la Santa de Ávila podamos decir: “nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”. Eso, solo eso, ante el Señor de la historia, desde nuestra condición vulnerable.

Los desafíos que acarrea el sismo

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Cuando nos aprestábamos a comenzar la construcción de una nueva patria sobre las ruinas heredadas del pasado régimen, nos puso a prueba la naturaleza con este desastre que nos llena de luto y dolor, pero que ha despertado la solidaridad y la unión de los buenos colombianos.

Bajo la certera conducción del gobierno entrante se han atendido con celeridad las necesidades de las víctimas, se ha priorizado la búsqueda de sobrevivientes y se ha obtenido la oportuna ayuda de la banca multilateral y de la comunidad internacional.

Apenas comienza la tarea, pues habrá que restaurar múltiples servicios colapsados, reemplazar la infraestructura dañada, y, sobre todo, brindar una real y positiva ayuda a quienes todo lo perdieron en un instante.

Quedan vastas zonas urbanas en algunas ciudades como Cali, Pereira, Quibdó y en centenares de municipios y corregimientos, donde gran parte de las edificaciones colapsaron y otras tantas deberán ser totalmente demolidas. Una disyuntiva presenta la reconstrucción de los edificios en ruinas: Reconstruir cada uno para que sea ocupado a la mayor brevedad, o planear una reforma urbana y una ampliación de la oferta de vivienda en condiciones favorables para los beneficiarios.

Por fortuna cuenta el actual gobierno del “tigre” con profesionales ampliamente capacitados para desarrollar un programa capaz de atender a esta magna catástrofe y, a la vez, ampliar la oferta de vivienda en las zonas afectadas, tal como otros países lo han experimentado.

Chile, situado en el Cinturón de Fuego del Pacífico, ha aprovechado los sucesivos terremotos para mejorar las normas y métodos de seguridad. Sus avances en materia de vivienda social, regulaciones antisísmicas y mejoras estructurales valen la pena ser tenidos en cuenta.

Al final de cuentas, el enorme costo de reparación de algunas construcciones puede contribuir de manera definitiva, no solamente para dotar a las regiones afectadas, de unas nuevas zonas seguras y confortables, sino, también, para mejorar la calidad de vida de muchos compatriotas de ingresos reducidos.