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lunes, 7 de septiembre de 2026

El salario mínimo debe ser el motor del empleo…

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Y de la formalidad en las relaciones laborales

La llegada del mes de septiembre ha significado para los colombianos que estamos cerca de diciembre, y que pronto podremos enjugar el dolor de las tragedias que vivimos con la celebración en familia de la Natividad del Señor, disfrutar de unas merecidas vacaciones y festejar la llegada de un nuevo año pletórico de esperanzas para nuestra querida Patria.

Al mismo tiempo, constituye un llamado de atención para que nos preparemos para las presiones de toda índole encaminadas a reincidir en la peligrosa senda de decretar un salario mínimo que nuestra economía, quebrantada por la torpe gestión del pasado cuatrienio, no está en condiciones de soportar.

No hay que desconocer que temas de la más apremiante urgencia demandan ahora las preocupaciones del gobierno: la catástrofe del terremoto, los dolosos incendios iniciados a partir del 7 de agosto para hacer “invivible” el país, la oleada terrorista, el monumental problema de la salud, el déficit fiscal que cada vez muestra cifras más escalofriantes, el saqueo del Estado revelado por el Libro de la Verdad… y la noche que llega.

Sin embargo, es típico de los líderes, no solamente enfrentar los retos con coraje, sino también convertirlos en oportunidades para enmendar las malas prácticas políticas y gubernamentales. Como lo ha reiterado el “tigre”: vinimos a cambiar la mala política para siempre”.

Que sirva este largo exordio para proponer que, para la fijación del salario mínimo del 2027 se tengan en cuenta las siguientes reflexiones:

1. Que sea un instrumento para motivar la generación de nuevos empleos, no para desestimularla como tradicionalmente ha ocurrido. La caída del crecimiento económico y las tragedias que afectan a un tercio del territorio, así lo imponen.

2. El salario mínimo debe corresponder al nivel económico del patrón y al grado de desarrollo de la región donde esté ubicado. No se puede comparar la capacidad de una empresa como Bavaria en Bogotá, con una tienda de barrio en Cajibío, Cauca. Con un salario unificado para todo el país, el salario deja de ser justo.

3. El salario no puede ser inflacionario, porque los más perjudicados con la inflación no son los más poderosos, ni la clase media, ni los que ganan sueldos por encima del mínimo. Son justamente, los pocos trabajadores que ganan el salario mínimo.

4. La fijación del salario mínimo debe depender de criterios eminentemente técnicos, no políticos y basarse en datos estadísticos que permitan tomar la decisión más acetada para el bienestar del trabajador y la subsistencia económica del país.

5. Durante décadas venimos discutiendo sobre la necesidad de formalizar las relaciones de trabajo, sin éxito alguno. Son tan pesadas las cargas laborales, parafiscales y tributarias que soporta el pequeño empresario, que lo obligan a permanecer en la informalidad. Con la fijación de un salario justo, técnico, flexible y basado en la realidad nacional, se podrá llegar a esa formalidad, si se acompaña con rebajas en los gastos parafiscales, cargas tributarias, etcétera, y supresión de inútiles trámites.

6. El meollo del asunto está en que tanto empresarios como trabajadores y gobierno, estén dispuestos a negociar un salario sobre las parámetros aquí mencionados o seguiremos con la misma fórmula de siempre.

7. Nos queda la duda razonable de cómo lograr que en el futuro no vuelva a ser aprovechada esta coyuntura con fines politiqueros, y no se nos ocurre sino una sola alternativa. Mediante una reforma normativa, señalar la fijación del salario mínimo a una entidad que cuenta con la mejor información sobre la realidad económica del país y es absolutamente independiente: El Banco de la República. No sería una función extraña a sus poderes constitucionales ya que el principal objetivo de la política monetaria es preservar la capacidad adquisitiva de la moneda, es decir controlar la inflación, en coordinación con la política económica general. Y, ¿qué mejor manera de preservar el poder adquisitivo de la moneda y controlar la inflación que fijando un salario mínimo legal que cumpla a cabalidad con tales objetivos?

miércoles, 26 de agosto de 2026

Recordemos los principios esenciales de la gobernanza corporativa

Luis Guillermo Echeverri Vélez

De la esencia de la arriería es la forma cómo se cargan las mulas, lo cual depende de si se sabe hablarle bien a la bestia al ponerle la mulera; elegir la manta y poner bien la enjalma, la angarilla o el aparejo; ajustar la cincha, la pechera y la retranca; alzar, sostener y repartir bien las cargas; echar bien la lía y hacer bien los nudos del suelo, el recibido y el chin; y luego poner correctamente la tapa y la sobre carga. Una esencial lección para la actual administración o “management”.

Se denominan empresas “publicas” aparte de las que son de un Estado, las que se registran en las bolsas de valores de modo que puedan transar la totalidad o parte de sus acciones y emitir papeles de deuda libremente en esos mercados regulados, de los cuales depende el sistema financiero dentro del concepto de libertades económicas en el mundo democrático.

Y los resultados esenciales de las empresas públicas como los de las mulas en una trocha, o los carros de carreras, dependen en primera instancia de que no se salgan del camino o de la pista y sepan llegar a la meta, lo cual demanda un arriero ducho o un piloto experimentado, que sepan mitigar los riesgos, no estrellar el carro, ganar carreras y campeonatos, cuidar y guiar las mulas y entregar la carga responsablemente en el destino.

Tan importante para todo tipo de empresa es el gobierno corporativo, como la enseñanza del profesor “Applin”, de Cornell University, que escribía el primer día de clases en el tablero la respuesta a la única pregunta de su examen final: “La única política corporativa que realmente hay que saber, es cuándo y cómo cortar las pérdidas”.

La gobernanza y las mejores prácticas de gestión de empresas registradas en bolsas de valores y empresas mixtas industriales y comerciales del Estado tienen que guiarse por conocimientos ordenados de funcionalidad, transparencia, efectividad y eficiencia al cumplir con los principios generales del “gobierno corporativo”. Ello depende de la adecuada estructura y conformación de las juntas directivas o consejos directivos, del grado de importancia que se le dé a la experiencia y especialización de los consejeros, de la voluntad de mantener la sostenibilidad técnica del negocio, y del liderazgo que imprima esa junta y consejo directivo representada en la elección de un presidente o CEO técnico, experto, capaz y conocedor de la conformación de equipos de trabajo técnicos eficientes para la administración y la operación.

Esos principios de gobierno corporativo que nunca deben pasarse por alto son: 1. La responsabilidad fiduciaria de los directores. 2. La independencia del consejo directivo y sus directores de quien los nomine pues solo le reportan a la asamblea de accionistas. 3. La responsabilidad de la sustitución idónea del talento humano y la continua evaluación de su desempeño. 4. La elaboración y seguimiento de la estrategia corporativa. 5. La debida asignación de capital y la custodia del valor de la empresa y la caja. 6. La responsabilidad colectiva y la formación de consensos. 7. El diseño, implementación, seguimiento o revisión periódica y reporte, a la asamblea y a las autoridades competentes, del cumplimiento de las políticas corporativas.

miércoles, 21 de enero de 2026

De cara al porvenir: partidos políticos

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Un partido político es una organización que representa y promueve diferentes ideologías, intereses y agendas políticas en una sociedad democrática. Su principal función es participar en elecciones y contribuir al Gobierno y a la toma de decisiones.

Características de los partidos políticos

* Representan y canalizan los intereses y aspiraciones de diferentes grupos y ciudadanos en el sistema político.

* Facilitan la competencia democrática y la formación de gobiernos.

* Proponen candidatos para los cargos públicos y ofrecen apoyo electoral.

* Forman y socializan políticamente a los ciudadanos.

Cómo se crea un partido político

Para formar un partido político, es necesario:

* Definir una plataforma y agenda política.

* Registrar el partido ante las autoridades electorales.

* Reclutar miembros y simpatizantes.

* Participar en elecciones y ganar representación.

Papel en la vida democrática

Los partidos políticos desempeñan un papel fundamental en la democracia, ya que:

* Representan a los ciudadanos y defienden sus intereses.

* Forman gobiernos y toman decisiones políticas.

* Fomentan la participación ciudadana y la pluralidad de ideas.

* Ejercen control sobre el gobierno a través del parlamento.

Número de partidos políticos en una democracia sólida

No hay un número específico de partidos políticos que deba existir en una democracia sólida. Sin embargo, se considera que un sistema multipartidista es más representativo y permite una mayor diversidad de opciones políticas.

Diferencia entre monopartidismos, bipartidismos y multipartidismos

* Monopartidismo: un solo partido político controla el poder y no permite la competencia política.

* Bipartidismo: dos partidos políticos dominan el sistema político y compiten por el poder.

* Multipartidismo: varios partidos políticos compiten por el poder y representan diferentes ideologías e intereses.

Origen de la crisis y debilitamiento actual

La crisis de los partidos políticos se debe a factores como:

* La desconexión entre los partidos y la ciudadanía.

* La falta de representatividad y la corrupción.

* La polarización política y la radicalización de las posturas políticas.

Cómo pueden ayudar a superar la crisis actual de la democracia

Los partidos políticos pueden ayudar a superar la crisis actual de la democracia:

* Fortaleciendo la participación ciudadana y la pluralidad de ideas.

* Mejorando la representatividad y la transparencia en la toma de decisiones.

* Fomentando el diálogo y la negociación entre las diferentes fuerzas políticas.

* Adaptándose a las nuevas tecnologías y demandas cambiantes de la sociedad.

jueves, 16 de octubre de 2025

Gobernar con los empresarios

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

"La mejor manera de predecir el futuro es crearlo" (Peter Drucker)

La llegada de la extrema izquierda al poder ha exacerbado un larvado resentimiento contra la empresa privada. Es una consecuencia de la errónea ideología marxista, que pretende eliminar las fuentes de riqueza en lugar de fomentar el crecimiento económico y la multiplicación de oportunidades para toda la población. Los resultados son categóricos, solo escasez y miseria ha producido el “paraíso comunista”.

¿Se ha preguntado usted, estimado contertulio, por qué las empresas del Estado son tan ineficientes? A la postre, la gestión pública depende en buena parte de los recursos humanos que la ejercen. Y los mejores se encuentran principalmente en el sector privado. Porque el personal es seleccionado por sus conocimientos, experiencia y honestidad, no por afiliaciones políticas; porque se tienen en cuenta sus estudios relacionados con las funciones que va a desempeñar y no su prontuario que lo capacita para esquilmar al Estado; porque su desempeño está supervisado por directivos que, a su turno, deben responder ante una junta o asamblea de propietarios; porque quien cometa graves faltas o no sea apto para la misión encomendada, es sustituido y no premiado con la impunidad como ocurre frecuentemente en el campo oficial.

Existen muchos sectores que en la actualidad el Estado maneja con desgreño, presta un servicio deficiente, son aprovechados por sus encargados para beneficiarse con la corrupción, y generan aumento injustificado de las cargas para el erario. Estos sectores pueden perfectamente ser atendidos con eficiencia por empresas privadas. Ejemplos:

1. Servicios públicos

2. Banca y seguros, fondos de ahorros, de cesantías y de pensiones

3. Empresas de transporte terrestre, aéreo, marítimo y fluvial

4. Correos

5. Salud

6. Internet

7. Medios de comunicación: televisión, radio, prensa

8. Explotaciones mineras, de gas y de hidrocarburos, distribución de sus productos

9. Generación de energía eléctrica, energías alternativas, transmisión y distribución.

10. Vías terrestres. Construcción, mantenimiento y operación.

11. Puertos marítimos. Construcción y operación.

12. Puertos fluviales: adecuación de ríos y canales, operación.

13. Construcción de vivienda social.

14. Educación: Construcción de infraestructura, operación por concesión.

15. Sistema carcelario, construcción de infraestructura, concesión para administración.

16. Servicios de auditoría a todos los entes oficiales de las diferentes ramas y todos los niveles de la administración, reportando resultados a las Contralorías y a entidades encargadas de perseguir la corrupción.

17. Organización de carrera administrativa en todas las entidades oficiales, descripción de cargos, organigramas, pruebas de selección, adelantar proceso de selección con base en requisitos de conocimientos, experiencia y honestidad, y pasar resultados a funcionarios nominadores.

18. Asesoría a entidades oficiales para estudio de cargas de trabajo, eliminación o fusión de dependencias, sistematización y simplificación de tramitología, supresión de gastos suntuarios o superfluos, ajuste de nómina a necesidades del servicio.

Según el consejo de Sócrates, "el secreto del cambio es enfocar toda tu energía no en luchar contra lo viejo, sino en construir lo nuevo". Necesitamos con urgencia elegir un Congreso que se comprometa a trabajar en este sentido para construir un mejor futuro.

Igualmente, es nuestra responsabilidad apoyar al candidato dispuesto a realizar las cambios contundentes que necesita la sociedad colombiana, y que tenga posibilidades reales de derrotar a la camarilla izquierdista instaurada fraudulentamente en el poder.

miércoles, 25 de junio de 2025

Soborno + chantaje = indignidad

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

No desconozco que entre los trescientos y pico de congresistas hay dos o tres docenas de personas decentes, preparadas y patrióticas, especialmente en las filas del Centro Democrático, de Cambio Radical y algunos conservadores que todavía siguen fieles a la ideología histórica de su partido, pero el espectáculo que ofrece el legislativo en los últimos tres años, cada día es más deplorable.

Como los parlamentos están formados por centenares de personas —triste es decirlo—, no pueden funcionar, a menos que sus bancadas obedezcan a su líder y voten en bloque. En ellos, las opiniones individuales poco cuentan. No olvidemos que, en la madre de los parlamentos, en Westminster, tanto el Gobierno como la oposición imponen la disciplina de partido a través de los whips (látigos), que es el descriptivo título oficial de los jefes de ambas bancadas; y que los miembros gobiernistas en la Cámara de los Comunes, si desobedecen al chief whip, tienen que renunciar a la curul.

Así nos duela, las bancadas, convertidas en mesnadas, aseguran el contraste Gobierno / oposición y el desarrollo del Gobierno.

En cambio, en Colombia, como los jefes políticos no hacen cumplir la ley de bancadas, cada congresista vota como le da la gana. Entonces, las mayorías son inestables. Entre los parlamentarios de la oposición declarada y los gobiernistas del Pacto Histórico hay una buena cantidad de individuos que habitualmente acaban votando favorablemente cualquier iniciativa inconstitucional, tóxica, inconveniente o inmoral, del Gobierno, llenando sus bolsillos e indiferentes al daño que causan al país.

En el léxico corriente ha sido admitida la expresión mermelada para referirse al soborno que negocia el Gobierno con la franja de congresistas que tiene que comprar en cada votación importante para asegurar la aprobación de sus proyectos. El país conoce el precio, siempre al alza, de la mermelada que hay que dispensar, en forma de contratos para obras ficticias, o en maletines repletos de billetes, que proceden de las inmensas sumas desviadas de la Tesorería Nacional.

Desde luego, los que venden el voto, luego se ven obligados a plegarse al chantaje, si tratan de cambiar de bando o volverse decentes.

Así las cosas, el Congreso se ha sometido siempre, dócilmente, al actual Gobierno. Petro, sin mayoría en el legislativo, ha alcanzado allí la aprobación de todas sus iniciativas, aunque algunas veces, estas han admitido sutiles retoques cosméticos, para dar la impresión de que han sido fruto de deliberación democrática.

Por tal razón, cuando inesperadamente uno de los proyectos peores, el de la reforma laboral, fue derrotado por dos votos, Petro, iracundo, amenazó con una tal “consulta popular”, para emascular al Congreso, operación que finalmente se produjo a través del “decretazo”, verdadero golpe de Estado, preludio del asalto definitivo contra la legitimidad.

Ante la repulsa de la mayor parte de la opinión pública, incluyendo demandas ante el Consejo de Estado, el pusilánime Congreso procedió a revivir y aprobar la laboral, para que el Gobierno retirase la arbitraria, inconstitucional y abusiva consulta espuria.

El resumen de toda esta ópera bufa en torno a la consulta popular significa que el Congreso aceptó el chantaje, se plegó al Gobierno y manifestó al país que la fórmula de soborno y chantaje que sobre él ejerce el Gobierno, se traduce en manifiesta indignidad, que lleva a los colombianos a pensar que el capitolio nacional se ha convertido en una cloaca.

Paradójicamente, este corrupto Gobierno, mientras más desacreditado, degradado y pervertido, se hace más poderoso y dictatorial.

Gracias al atroz atentado contra Miguel Uribe Turbay, ya nadie recuerda las denuncias de Leyva, ni los más recientes desfalcos de Roa, ni los maletines, ni los manejos selectivos de la Fiscalía, de tal manera que la inminente y previsible preclusión del proceso por la financiación ilegal de la campaña con la violación de los topes, solo será uno más de los escándalos diarios, pero sin consecuencias, del abominable gobierno que logra todo lo que se propone para alcanzar su meta: convertirnos en otra Venezuela.

Si para la aprobación de la reforma laboral bastó con la amenaza de la consulta popular, ¡qué no se logrará con la amenaza de una asamblea popular constituyente!

***

Y como si algo faltara, ¡la Corte Constitucional revive, por unanimidad, la reforma pensional, que es devuelta a la Cámara para que se subsane un vicio insubsanable, cuando de ella se decía que sería el baluarte heroico en defensa de la Constitución!

lunes, 14 de abril de 2025

Editorial: sucesos de la semana No. 93

 


En su editorial semanal para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. analiza el reciente fallo de tutela que prohíbe al presidente Gustavo Petro emitir los consejos de ministros en el horario tradicional. Así mismo, nos invita en esta Semana Santa a hacer una profunda reflexión sobre el proceso de la vida, nuestras relaciones familiares, el ámbito laboral y la situación del país. Recomienda también la lectura del artículo escrito por el padre José Leonardo Rincón, quien ofrece una valiosa reflexión sobre la Semana Mayor, y sugiere ver la entrevista con Antonini De Jiménez.



martes, 2 de abril de 2024

De cara al porvenir: ¿Quién es el Petro de Petro?

Por Pedro Juan González Carvajal

Pedro Juan González Carvajal

Seguiré insistiendo hasta la saciedad, que para que una democracia de verdad exista, debe estar soportada por unos verdaderos partidos políticos con filosofía, políticas, estructura de funcionamiento, propuestas y cuadros claramente determinados.

A falta de lo anterior, pues consolémonos entonces con movimientos o pichones de partidos que, al momento de la verdad, es poco lo que aportan.

Si adicionalmente habláramos de una democracia seria y robusta, tendríamos que implementar claros esquemas de relación gobierno-oposición, lo cual, en nuestro país, todavía es mirado como algo herético, ya que la política y los políticos, con sus excepciones notorias como en cualquier actividad humana, viven y sobreviven de los recursos públicos.

Qué falta hace un verdadero partido de oposición, de control político y de seguimiento y evaluación de los resultados que presenta el gobierno de turno, siendo independiente y no mendicante de las dádivas, los contratos o los cargos burocráticos que hoy se presentan como “mermelada”, “mantequilla” o “vaselina”, pero que finalmente son una forma de corruptela institucionalizada donde todos comen y donde todos se quedan callados, empezando por una ciudadanía inerme y ladina, que también fácilmente entra a jugar el juego de la anti democracia.

Es lamentable tener que reconocer que la imagen que hoy se proyecta, es que la principal función hoy por hoy y desde hace ya varios gobiernos de un ministro de Gobierno o del Interior, sea comprar votos -por diferentes vías- entre los congresistas para poder sacar adelante las propuestas del gobierno de turno.

Con poquísimas excepciones recientes, no ha existido en el Congreso Nacional un dirigente que encarne la verdadera oposición política, seria, estudiosa, respaldada en realidades, que le exija, le advierta y ponga al gobierno de turno alerta con respecto a aquellos manejos o posturas que van en contravía de lo anunciado y lo propuesto en campaña y plasmado posteriormente en el mal llamado “Plan de Desarrollo”, o en la manera como enfrenta los hechos y acontecimiento de coyuntura.

Épocas aquellas de Gaitán, Laureano, Alzate Avendaño, por mencionar solo algunos de la época dorada, contando con un Robledo o con un Petro en épocas recientes.

Sin embargo, hoy, se nota ese gran vacío en el Congreso Nacional. Obviamente hay personas bien intencionadas que defienden a sus respectivos líderes a falta de partidos políticos, y quienes, en un malentendido ejercicio del empleo del Estatuto de la Oposición, se han plegado a las estrategias mediáticas tradicionales, y a las redes sociales para decir cosas, opinar sobre cualquier cosa y muchas veces vociferando ante la falta de argumentos por falta de conocimiento y falta de estudio.

martes, 19 de marzo de 2024

De cara al porvenir: la democracia como sustantivo

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

La democracia es una forma de organización social y política presentada en el platonismo y aristotelismo que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía.

La democracia es un sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes.

Denominación que se le da a un país cuya forma de gobierno es una democracia.

Algunas ventajas que exhibe la democracia son:

·        Incentiva la participación ciudadana: las personas pueden tomar parte en las decisiones de su comunidad y país a través del voto o con la participación en actividades públicas.

·        Decreta la igualdad civil: todas las personas tienen los mismos derechos de participación y cada ciudadano conoce que su voto cuenta con el mismo peso de los demás.

·        Distribuye el poder político: en las democracias verdaderas existen balances y contrapesos en las instituciones para que ningún actor político imponga su voluntad a la población sin que haya discusión, consensos o aceptación.

Algunos valores asociados a la Democracia son:

·       Libertad.

·       Igualdad.

·       Justicia.

·       Respeto.

·       Participación.

·       Pluralismo.

·       Tolerancia

Algunas características básicas de la democracia son:

·       Estado de derecho y ley común.

·       Participación política de los ciudadanos.

·       Sufragio universal, secreto, periódico y libre.

·       Concurrencia de partidos políticos de diversas tendencias.

·       Autonomía de los poderes públicos.

·       Rendición de cuentas.

·       Auto determinación.

·       Responsabilidad ciudadana.

·       Libertad de expresión.

·       Libertad de información.

·       Debate y negociaciones para la resolución de conflictos.

·       Promoción del desarrollo humano.

·       Tendencia a la descentralización del poder.

·       Limitación del poder.

Digamos que todo lo enunciado anteriormente define y caracteriza de manera axiológica lo que debe ser la Democracia, fundada dentro de una geografía, una sociedad y una cultura particular hace varios milenios.

Como el cambio es incesante, el concepto de democracia ha tenido varios ajustes a través del tiempo y los dueños del poder, en una de sus visiones, la han considerado como la mejor forma de gobierno inventada, o la forma de gobierno menos mala.

De igual manera, otros grupos de poder con otras visiones la descalifican por inoperante.

Lo que sí es cierto es que hoy por hoy, la democracia como todos los otros relatos que fundamentan la civilización actual está en crisis y se trata por todos los medios de defenderla, de rescatarla y de repotenciar su validez y vigencia.

En este proceso, importan poco sus fundamentos filosóficos, pero sí el hecho de que es considerada por los grupos de poder planetario más visibles como el lado bueno de las distintas formas de gobierno, dejando a un lado sus conceptos y principios objetivos como sustantivo, y colocándola en la jerarquía de lo subjetivo, propio de los adjetivos, donde se es bueno si se es demócrata y se defiende la democracia, y se es malo si se atreve a mirar otras alternativas. Se ha convertido el uso del término democracia, demócrata y/o democrático como una expresión subjetivo-positiva que califica con un nivel de aceptación a algún Estado o a un gobernante o a una persona por parte de los grupos de poder planetario que hoy tienen sus cimientes en esta forma de ver el mundo.

Personalmente difiero de esas posturas y considero que hay ejemplos a través de la historia, con coyunturas, sociedades y personajes particulares, donde otras formas de gobierno han sido buenas, regulares y malas y cómo, con las otras formas de gobierno antagónicas, según la experiencia visible, han llevado a sus límites más azarosos a este casi fallido “proyecto humano”.

Ha habido papas buenos y malos, emperadores buenos y malos, reyes buenos y malos, presidentes buenos y malos, dictadores buenos y malos y así diferentes tipos de jerarquías de poder en distintas épocas y lugares.

Por ahora insistamos en buscar que la justicia, la equidad y el bienestar sean accesibles para todos los humanos independientemente su credo y su condición.

A ratos hace falta creer sin pensar, pues si se piensa, no se puede creer. 

lunes, 18 de diciembre de 2023

Aquelarre

Luis Guillermo Echeverri Velez

Por Luis Guillermo Echeverri Vélez

(- Aquelarre. Junta o reunión nocturna de brujos, con la supuesta intervención del demonio ordinariamente en figura de macho cabrío, para la práctica de las artes de esta superstición.)

¿Seguirá el país enredado en el infame aquelarre de la política delictiva, tan habilidosa en aquello de viciar, sobornar y pervertir?

¿Por qué queremos seguir en manos de delincuentes bendecidos por la impunidad? ¿Será insensatez, estupidez, masoquismo o puro y legítimo malcriado descaro, propio de egos inflamados o narcisismos cultivados en probeta que nos imponen personajes con negros pasados éticos y delictivos, retocados con Photoshop?

En lugar de una prolija formación de políticas públicas, la politiquería colombiana parece una pesadilla que enmarca un aquelarre de rituales oficiados por Chucky, el Pingüino, Drácula, Herodes, Maquiavelo, Rasputín y toda la caterva de asesinos, violadores, narcoterroristas, jíbaros, degenerados, siervos y volatines, que los corteja en medio de la horrible noche.

Aún sigo sin entender por qué en Colombia uno de cada dos hijos de su madre, quieren y creen que pueden ser presidentes de la República, sin contar con una robusta trayectoria de realizaciones importantes, ni destacarse por una verdadera y abnegada vocación de servicio o sin tener las capacidades que demanda la compleja, malagradecida y desgastante función de ser elegido como “el mejor” para conducir toda una nación.

Aquí tenemos la falsa convicción de que el puesto o posición es el que hace al personaje, y no el carácter, la ética, la calidad humana y los logros reales y demostrables de la persona lo que importa. Nos equivocamos al creer que el puesto público por el solo hecho de haber calentado el banco varios años, convierte a cualquier burócrata en personaje presidenciable.

La proliferación de candidatos emergentes sin la debida acreditación es una prueba más de la gran debilidad y degeneración partidista y democrática nacional.

Argumentar que así es la democracia, es una disculpa inútil en esta era del conocimiento y la transformación digital. Con ese hueso los partidos y movimientos políticos entretienen y engañan al electorado, dándole tratamiento de pulgoso callejero, en lugar de presentar al “programa de telerrealidad presidencial” a los mejores de la patria, tal y como ocurre en el deporte y la ciencia, y así enaltecer y servir con calidad humana el teatro de la democracia.

En honor a un concepto de democracia acomodado a la libertina cultura greco-quindiana, el país no puede soportar el costo de elegir nuevamente un “propio” de quienes entraron los ladrones por la puerta de la cocina, ni de los asociados a mafias y organizaciones criminales narcoterroristas.

Si queremos desarrollo, no podemos elegir cualquier inútil sin carácter con vocación de lustrabotas, que termine controlado por las fuerzas del mal instaladas de regalo en el parlamento, como le ocurrió a Venezuela con Maduro a quien Diosdado Cabello tiene a su servicio, atornillado al trono de Chávez.

Hoy son los contratistas del Estado los que emiten la garantía pecuniaria con la cual salen marcados los muñecos a la tarima del remate preelectoral, a ver cuál es el partido o movimiento qué más da por sus promesas de reparto contractual y clientelista.

Una gran proliferación de precandidaturas frente a las que quieren proponer continuidad del pacto diabólico demuestra que somos una sociedad enferma de egoísmos e individualismo y adicta a la insensatez y la violencia, que sólo habla de paz, cuando no hay tal y no existe posibilidad remota de conseguirla jugando con la desesperanza nacional.

Para mí es tan grave esta desunión política convertida en el tétrico aquelarre que le rinde culto a la impunidad, el clientelismo y la corrupción, como la gran cantidad de candidaturas improvisadas de un sinnúmero de mediocres, cuando el país debería estar trabajando para implantar un sistema que garantice contar con personas de probado calibre ético y conceptual para poder salvar al Estado de un gobierno suicida que se lleve con él a la tumba comunista toda la nación, al dilapidar sus sistemas de seguridad, libertades económicas, propiedad privada, justicia, salud, pensiones y laboral.

Si hay algo que los políticos sinuosos no quieren, es una institucionalidad gremial y sindical trabajando unidas en favor de la expansión del sector privado y el desarrollo socioeconómico.

Casos como el del servil “Bruce Wayne” criollo, que se cree el Batman de ciudad gótica, pero ha sido incapaz de combatir al Pingüino carranguero, tienen tanto de largo como de ancho.

Ejemplos como el de algunos y algunas gritonas, energúmenas, descriteriados, gomelos, “youtubers” y saltamontes sin realizaciones, o el de retorcidos camaleones de vieja data conocidos por su habilidad en la arena de la corrupción y su público concubinato con la criminalidad, son prueba de lo mal que está el partidismo nacional, donde no hay una estructura ética ni moral que respalde un sólido método interno de preselección de candidatos.

Aquí se necesita alguien sensato, coherente, honorable y con los huevos bien rayados, que haya tenido un buen ejemplo en la casa, que pueda presentar logros personales, capaz de garantizar el retorno a la legalidad y convocar un equipo de profesionales honrados y determinados a devolver al país al camino de la seguridad, la justicia, el crecimiento y el desarrollo.

Si una nación, cual fue el caso de Argentina, no pasa de un liderazgo cleptócrata, demente y degenerado acompañado de una manada de avezados delincuentes, a que la administre el mejor equipo profesional que tenga el país, se puede pagar caro por asumir el riesgo de perderlo todo en el casino electoral, más ahora que a la ilegalidad se le borró la “i” y nuevamente se repite la historia de que un presidente con tal de no soltar el poder, convierte como por arte de magia en legal, todo lo que en un Estado formal de derecho es ilegal.

Así son las cosas en este país del Sagrado Corazón de Jesús: pasa de todo en materia político-delictiva pero no pasa nada. La justicia y el parlamento están contaminadas y la gente nota que hay persecución política y alcahuetería con los grandes delincuentes que están libres o aforados tras las curules de la impunidad. Y en esa insólita realidad, el aquelarre parece perpetuarse.

jueves, 7 de septiembre de 2023

No se puede tomar leche y comer carne de la misma vaca

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Entendamos la sabiduría de los adagios populares. Si no se administra diligentemente un establo y no se cuidan las vacas que producen, termina el negocio vacío con las vacas flacas y colgadas en el gancho del matadero.

Si la mala administración de la política estatal funde el sector privado, se mata y se termina la economía. La evidencia histórica demuestra claramente que las economías de Estado centralizadas son incapaces de producir para mantener un sistema económico que pueda suplir las necesidades de una nación.

Es utópico subsidiar todo sin un sistema productivo privado dinámico que nutra el Estado. Las burocracias estatales sólo gastan recursos, no saben producir ni invertir, no están hechas para eso. No se puede pretender producir leche en una perrera, y sin quien compre el cuido, las perras no dan ni para amamantar los cachorros.

Un gran amigo me hizo un símil muy pertinente para el caso actual colombiano, al evocar la obra teatral “Leopolstadt” de Tom Stoppard, en la cual una familia judía en Austria, inicialmente desestimó y calificó de fantasiosas las amenazas del gobierno nazi, teniendo luego que pagar un gran costo por ello.

La indolencia propia de la degeneración partidista crea la desconfianza que genera la salida de capitales y conlleva a la destrucción del sistema de mercado y libertades económicas, algo a lo cual le apunta claramente la conducción del Estado en Colombia.

Justo en la era del conocimiento, como sociedad cometemos un grave error, circunscritos al dilema, centro, derecha e izquierda, que hoy representa la excusa de la clase política para seguir evadiendo lo que es cuantitativamente medible como eficiente y efectivo, y legal y éticamente correcto.

No podemos seguir pensando que las democracias son inmunes al virus letal del socialismo del siglo XXI, tras el cual, en el caso colombiano, se reemplazó el sistema de libertadas económicas y trabajo transformacional, dinámico e institucionalmente empoderado entre el Estado y el sector privado, y sin el cual no hay hacienda que escape a la quiebra y se crea un sistema estatal totalmente fallido, por el sistema populista que esconde autocracias y dictaduras que albergan una narco-cultura cleptócrata y sanguinaria, controlada por la relativización de los valores en el ejercicio político que permite acuerdos con el crimen organizado.

La actividad partidista abandonó el trabajo social en procura de soluciones reales a los graves problemas de la gente. Degeneró en vulgar politiquería corrupta a partir de la asignación de los avales condicionados a promisorios repagos y prebendas, propios de una indiscriminada asignación a la mediocridad que hoy se limita a una pelotillera trifulca de trinos entre pequeñas tribus y a discursos falaces y lejanos a la dura realidad de la nación.

Se reemplazó la formulación de propuestas serias y realizables y la formación de equipos profesionales capaces, éticos, trabajadores y honorables, por un bazar de egos, intereses inmediatistas, conveniencias, y abusos de los mismos con las mismas, donde sólo le venden al elector los contenidos banales y palurdos que copan espacios mediáticos y redes sociales.

Como nación y sociedad nos estamos tragando el anzuelo sin carnada, propio de la dialéctica populista que para todo encuentra una excusa, pues sólo se fundamenta en mentir como sea, incluso apelando a síndromes fantasiosos, para lograr con ello evadir el fondo de los problemas.

Hoy desde la cabeza del Estado se trata de tapar la corrupción con el discurso discriminatorio que genera y multiplica el odio de clases y confunde generalizando agendas minoritarias.

No se es bueno o malo, ni gente de bien o perversa por tener plata o ser pobre, por ser feo o bonito, por tener o no un estatus o pertenecer a una causa, una rosca, círculo o familia conocida, eso es totalmente falso. Se es buena persona si se obra bien, si se obra con respeto, si se cumplen las obligaciones cívicas antes de reclamar derechos, y eso sólo se mama no se compra, independientemente de dónde se nace o se vive.

La gente sólo es buena cuando sirve un propósito loable. Nadie es bueno o malo por ser de derecha, izquierda o centro, por ser propietario o inquilino, por tener o no título, por su orientación sexual o por su raza. No es así. La gente de bien es la que obra bien, y deja de serlo cuando obra mal. Es así de simple, y claramente no son los malandros los que están llamados a hacer esa valoración.

Estamos cediendo la razón y la real importancia de los grandes temas nacionales, ante un debate estéril contra la retórica lisonjera y en función de la vendedera de escándalos para tapar otros escándalos.

Aquí en Colombia lo grave es que ya hay una dictadura instaurada de facto, pues incluso pasa de forma descarada de lo que pueda decir quien ejerce el control público y desconoce de entrada el fallo que pueda dar el Consejo de Estado, con relación al desacato de la suspensión a los elegidos popularmente.

Desconocer por ideología o conveniencia los fallos de la Procuraduría y la constitucionalidad es un tema de gravedad mayor. Pero el asunto no para ahí. Esto no es de hoy, esto se lo birlaron ya en 2014 Santos y Petro, apelando a una corte y una norma exógena al espectro constitucional colombiano.

En resumen, qué importa a una corte internacional ideologizada, si aquí violan o secuestran infantes o personas indefensas, asesinan policías o peatones, qué importa si hay matanzas, qué importa quién controla 19 regiones aisladas, qué importa si la tierra tiene dueño o no, si son los jueces y los abogados por ideología mezclada con corrupción, los que valoran y determinan a conveniencia las circunstancias de los crímenes o las escrituras y deciden quién será el nuevo dueño de un derecho o un terruño.

El gobierno y su servil cajero están gastando a fondo blanco una herencia sustantiva que son los réditos de un crecimiento de dos dígitos en 2021 y un muy buen 2022 que se le debe a la administración de Duque, Carrasquilla y Restrepo, pero eso va a durar poco. Ya el sistema financiero bajó en un 40% su actividad, la construcción va 60% menos, este año se pagarán más impuestos, los proyectos de inversión que venían al galope pararon en seco.

A lo anterior, súmenle un costo de movilidad en ascenso y que ya es alto, pero el año entrante ya no habrá con qué pagarlo, y entre tanto el ministro de Hacienda quiere mandar al matadero al grupo empresarial Ecopetrol, la vaca que más leche le da al Estado y con la cual se ha podido mantener el costo razonable de la movilidad de la economía de la gran familia colombiana.

Aún queda por dilapidar algo de la herencia del Gobierno anterior, pero la plata como el ganado es fungible y dura poco, el 2024 será malo, y lo más grave es que en el 2025 estaremos con los costos por las nubes, un déficit tremendo en todos los sentidos, y con importantes fuentes de ingreso como el recaudo tributario, todo el sector minero energético, Ecopetrol-ISA, EPM y sus homólogos y la generación de energía muy mal heridos.

No pretendamos tomar leche y comer carne de la misma vaca. Las acciones correctivas que se tengan que tomar para que esta democracia no se derrumbe y la economía aguante, hay que tomarlas ahora. La teoría de esperar tres años es una consolación ingenua, necia y costosa, propia de la estupidez que caracteriza a tibios y excéntricos por no llamarlos mamertos.

Los gremios tienen que sacar valor patrio del comprensible miedo que diariamente les mete el tirano y cantarle la tabla al Gobierno antes de que arruinen el sistema de salud, el pensional, el financiero, la movilidad, la construcción y la infraestructura, la industria, el comercio, y se termine lo poco que caiga al suelo de la piñata de los subsidios al crimen y a la vagancia.

No quiero ni hablar de inseguridad ni de la esterilidad de la justicia, propias de la ejecución de la teoría del caos. Es triste que sea ahora la transformación social de El Salvador la que le dé ejemplo a Colombia. Es ahora o nunca. No quiera el destino que a nuestra nación la pille el próximo ciclo exógeno inverso, con los calzones abajo.

lunes, 26 de junio de 2023

Escollos en el camino de la reconquista

Por: Luis Alfonso García Carmona

Coinciden los analistas de la coyuntura política colombiana –tanto nacionales como internacionales– en que el régimen tiránico de Petro pasa por su peor momento, no solamente por su pésima gestión en todos los órdenes, sino también por las graves evidencias conocidas sobre su fraudulenta elección, compra de votos y oscuras componendas con terroristas, corruptos, narcotraficantes y dictadores de la izquierda.

No obstante tales contratiempos, el régimen sigue adelante su depredadora labor, merced a la mediocridad y corrupción de una clase política que, salvo unas contadas excepciones, ha enajenado sus conciencias al tirano a cambio de inconfesables prebendas (eufemísticamente conocidas como “la mermelada”), que no son otra cosa que claras violaciones a la ley penal.

Una luz de esperanza surgió con las multitudinarias marchas de protesta que se realizaron en las principales ciudades, en las que miles de colombianos, en forma libre y espontánea, manifestaron su inconformidad con el régimen y se unieron balo el grito de “¡Fuera, Petro!”

Desafortunadamente, aún no se cuenta con una organización seria y eficiente, con capacidad para canalizar el descontento hacia una militancia permanente, como tantas veces lo hemos propuesto.

Igualmente, se observó una dispersión en los objetivos de las marchas. Es natural que ello ocurra, pues son tantas las causas generadoras de rechazo, que se diluyen los objetivos de la protesta y termina la movilización, como efectivamente ocurrió, coreando insultos al camarada Petro, sin una consecuencia útil hacia el futuro del país.

Para el tirano ha sido fácil, contando con el respaldo mediático de la izquierda nacional e internacional, descalificar las marchas tildando de “arribistas” a sus participantes, a sabiendas de que acabarán siendo relegadas al olvido, ya que no queda ningún subproducto aprovechable de las movilizaciones, que pueda causar daño efectivo a su gobierno.

El derrocamiento del guerrillero-presidente no será posible mientras no se cuente con una gran fuerza opositora, independiente de los grupos políticos, pluralista, comprometida con el rescate de los valores conculcados por este régimen totalitario, y no interesada en objetivos electorales a corto plazo.

Los colombianos claman por esa unidad para evitar lo que han sufrido nuestros vecinos venezolanos por ausencia de un oposición seria y unificada. Pero, hay que reconocer que el egocentrismo, el afán de protagonismo, y los intereses personales, han impedido que se produzca tal unidad. Ni siquiera ahora que estamos en la más horrorosa etapa de nuestra historia política, somos capaces de renunciar a nuestro egoísmo. Todos manifiestan querer la unidad, pero siempre y cuando sea alrededor de su nombre o de su grupito de amigos.

Y no hablo solamente de los políticos, sino también de quienes manifiestan estar en la resistencia a nombre de la sociedad en general.

Por tanto, creo que debemos trabajar racionalmente para conseguir la unidad haciéndolo por etapas. Empecemos con una alianza estratégica para temas concretos (marchas, foros, firmatones, financiación de la resistencia, campañas de difusión, etc.).

Progresivamente, a medida que aprendamos a trabajar en equipo, podemos pasar a una labor de activismo político con miras a las próximas elecciones presidenciales y de Congreso, en las que quienes hayan persistido en las alianzas estratégicas, se registrarán en la Registraduría como “grupo significativo de ciudadanos” con un candidato único para la Presidencia y una sola lista para el Congreso en cada departamento.

Ese movimiento, que puede salir de las marchas, debe acometer prioritariamente las labores de obtener recursos financieros, señalar los objetivos ideológicos y programáticos que se defenderán y escoger un equipo directivo, no más de 12 personas, que coordine las tareas que se emprenderán.

Los objetivos ideológicos y programáticos no pueden convertirse en un escollo pues partimos de que el movimiento debe, además de derrocar a Petro, rescatar los valores y principios que la extrema izquierda pretende erradicar de nuestro país. Y, en cuanto a los programas de Gobierno, basta con enumerar las reformas del camarada Petro y proponer su eliminación y sustitución por programas encaminados al bien común integral de todos los colombianos.

Queda sin contestar una pregunta que a menudo se hacen los colombianos: ¿Quién va a liderar el movimiento? Dentro de la presente propuesta se encuentra la respuesta al interrogante. Los doce líderes escogidos deberán ejercer ese liderazgo. Para ello deben ser personas comprometidas ideológicamente para luchar contra las doctrinas marxistas, contar con una moral intachable, y estar dispuestos al servicio de la comunidad, no de intereses personales o de grupo.