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jueves, 7 de septiembre de 2023

No se puede tomar leche y comer carne de la misma vaca

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Entendamos la sabiduría de los adagios populares. Si no se administra diligentemente un establo y no se cuidan las vacas que producen, termina el negocio vacío con las vacas flacas y colgadas en el gancho del matadero.

Si la mala administración de la política estatal funde el sector privado, se mata y se termina la economía. La evidencia histórica demuestra claramente que las economías de Estado centralizadas son incapaces de producir para mantener un sistema económico que pueda suplir las necesidades de una nación.

Es utópico subsidiar todo sin un sistema productivo privado dinámico que nutra el Estado. Las burocracias estatales sólo gastan recursos, no saben producir ni invertir, no están hechas para eso. No se puede pretender producir leche en una perrera, y sin quien compre el cuido, las perras no dan ni para amamantar los cachorros.

Un gran amigo me hizo un símil muy pertinente para el caso actual colombiano, al evocar la obra teatral “Leopolstadt” de Tom Stoppard, en la cual una familia judía en Austria, inicialmente desestimó y calificó de fantasiosas las amenazas del gobierno nazi, teniendo luego que pagar un gran costo por ello.

La indolencia propia de la degeneración partidista crea la desconfianza que genera la salida de capitales y conlleva a la destrucción del sistema de mercado y libertades económicas, algo a lo cual le apunta claramente la conducción del Estado en Colombia.

Justo en la era del conocimiento, como sociedad cometemos un grave error, circunscritos al dilema, centro, derecha e izquierda, que hoy representa la excusa de la clase política para seguir evadiendo lo que es cuantitativamente medible como eficiente y efectivo, y legal y éticamente correcto.

No podemos seguir pensando que las democracias son inmunes al virus letal del socialismo del siglo XXI, tras el cual, en el caso colombiano, se reemplazó el sistema de libertadas económicas y trabajo transformacional, dinámico e institucionalmente empoderado entre el Estado y el sector privado, y sin el cual no hay hacienda que escape a la quiebra y se crea un sistema estatal totalmente fallido, por el sistema populista que esconde autocracias y dictaduras que albergan una narco-cultura cleptócrata y sanguinaria, controlada por la relativización de los valores en el ejercicio político que permite acuerdos con el crimen organizado.

La actividad partidista abandonó el trabajo social en procura de soluciones reales a los graves problemas de la gente. Degeneró en vulgar politiquería corrupta a partir de la asignación de los avales condicionados a promisorios repagos y prebendas, propios de una indiscriminada asignación a la mediocridad que hoy se limita a una pelotillera trifulca de trinos entre pequeñas tribus y a discursos falaces y lejanos a la dura realidad de la nación.

Se reemplazó la formulación de propuestas serias y realizables y la formación de equipos profesionales capaces, éticos, trabajadores y honorables, por un bazar de egos, intereses inmediatistas, conveniencias, y abusos de los mismos con las mismas, donde sólo le venden al elector los contenidos banales y palurdos que copan espacios mediáticos y redes sociales.

Como nación y sociedad nos estamos tragando el anzuelo sin carnada, propio de la dialéctica populista que para todo encuentra una excusa, pues sólo se fundamenta en mentir como sea, incluso apelando a síndromes fantasiosos, para lograr con ello evadir el fondo de los problemas.

Hoy desde la cabeza del Estado se trata de tapar la corrupción con el discurso discriminatorio que genera y multiplica el odio de clases y confunde generalizando agendas minoritarias.

No se es bueno o malo, ni gente de bien o perversa por tener plata o ser pobre, por ser feo o bonito, por tener o no un estatus o pertenecer a una causa, una rosca, círculo o familia conocida, eso es totalmente falso. Se es buena persona si se obra bien, si se obra con respeto, si se cumplen las obligaciones cívicas antes de reclamar derechos, y eso sólo se mama no se compra, independientemente de dónde se nace o se vive.

La gente sólo es buena cuando sirve un propósito loable. Nadie es bueno o malo por ser de derecha, izquierda o centro, por ser propietario o inquilino, por tener o no título, por su orientación sexual o por su raza. No es así. La gente de bien es la que obra bien, y deja de serlo cuando obra mal. Es así de simple, y claramente no son los malandros los que están llamados a hacer esa valoración.

Estamos cediendo la razón y la real importancia de los grandes temas nacionales, ante un debate estéril contra la retórica lisonjera y en función de la vendedera de escándalos para tapar otros escándalos.

Aquí en Colombia lo grave es que ya hay una dictadura instaurada de facto, pues incluso pasa de forma descarada de lo que pueda decir quien ejerce el control público y desconoce de entrada el fallo que pueda dar el Consejo de Estado, con relación al desacato de la suspensión a los elegidos popularmente.

Desconocer por ideología o conveniencia los fallos de la Procuraduría y la constitucionalidad es un tema de gravedad mayor. Pero el asunto no para ahí. Esto no es de hoy, esto se lo birlaron ya en 2014 Santos y Petro, apelando a una corte y una norma exógena al espectro constitucional colombiano.

En resumen, qué importa a una corte internacional ideologizada, si aquí violan o secuestran infantes o personas indefensas, asesinan policías o peatones, qué importa si hay matanzas, qué importa quién controla 19 regiones aisladas, qué importa si la tierra tiene dueño o no, si son los jueces y los abogados por ideología mezclada con corrupción, los que valoran y determinan a conveniencia las circunstancias de los crímenes o las escrituras y deciden quién será el nuevo dueño de un derecho o un terruño.

El gobierno y su servil cajero están gastando a fondo blanco una herencia sustantiva que son los réditos de un crecimiento de dos dígitos en 2021 y un muy buen 2022 que se le debe a la administración de Duque, Carrasquilla y Restrepo, pero eso va a durar poco. Ya el sistema financiero bajó en un 40% su actividad, la construcción va 60% menos, este año se pagarán más impuestos, los proyectos de inversión que venían al galope pararon en seco.

A lo anterior, súmenle un costo de movilidad en ascenso y que ya es alto, pero el año entrante ya no habrá con qué pagarlo, y entre tanto el ministro de Hacienda quiere mandar al matadero al grupo empresarial Ecopetrol, la vaca que más leche le da al Estado y con la cual se ha podido mantener el costo razonable de la movilidad de la economía de la gran familia colombiana.

Aún queda por dilapidar algo de la herencia del Gobierno anterior, pero la plata como el ganado es fungible y dura poco, el 2024 será malo, y lo más grave es que en el 2025 estaremos con los costos por las nubes, un déficit tremendo en todos los sentidos, y con importantes fuentes de ingreso como el recaudo tributario, todo el sector minero energético, Ecopetrol-ISA, EPM y sus homólogos y la generación de energía muy mal heridos.

No pretendamos tomar leche y comer carne de la misma vaca. Las acciones correctivas que se tengan que tomar para que esta democracia no se derrumbe y la economía aguante, hay que tomarlas ahora. La teoría de esperar tres años es una consolación ingenua, necia y costosa, propia de la estupidez que caracteriza a tibios y excéntricos por no llamarlos mamertos.

Los gremios tienen que sacar valor patrio del comprensible miedo que diariamente les mete el tirano y cantarle la tabla al Gobierno antes de que arruinen el sistema de salud, el pensional, el financiero, la movilidad, la construcción y la infraestructura, la industria, el comercio, y se termine lo poco que caiga al suelo de la piñata de los subsidios al crimen y a la vagancia.

No quiero ni hablar de inseguridad ni de la esterilidad de la justicia, propias de la ejecución de la teoría del caos. Es triste que sea ahora la transformación social de El Salvador la que le dé ejemplo a Colombia. Es ahora o nunca. No quiera el destino que a nuestra nación la pille el próximo ciclo exógeno inverso, con los calzones abajo.

martes, 19 de enero de 2021

De cara al porvenir: expectativas aterrizadas

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Es absolutamente claro que, para poder realizar análisis serios en temas económicos, hay que tener en cuenta la multitud de aristas asociadas o que se desprenden del propio análisis, en cuyo caso la mejor metodología, aun cuando hoy, escasamente empleada, es la economía política.

Con el debido respeto, algunos críticos aseguran que los economistas son especialistas en explicar por qué no se dieron o se pudieron dar los resultados que habían previsto con anterioridad, lo cual muchas veces, resulta cierto.

Ante las realidades que enfrentamos, respetuosamente discrepo de las opiniones optimistas emitidas por entidades como Fedesarrollo, Asobancaria, Planeación Nacional, Ministerio de Hacienda, gremios económicos, cámaras de comercio, Comunidad Andina de Naciones, el BID, el FMI, entre otros varios agentes, cuando se ponen a especular acerca de cuánto va a crecer la economía en este año.

Sea lo primero reconocer que a los diferentes niveles directivos tanto públicos como privados del planeta, nos corresponde irradiar optimismo, para motivar a la gente y no fomentar la caída de ánimo.

Sin embargo, este optimismo debe ser serio y responsable. Venimos de un año atípico por los efectos de la pandemia y la inestabilidad de los mercados ante la incertidumbre que ha generado el gobierno de Donald Trump. El año 2020 fue de decrecimiento económico a nivel mundial, donde se habla con claridad de la destrucción de empleos y la aniquilación de empresas débiles, sobre todo en lo que tiene que ver con la famiempresa, la micro y la pequeña empresa, sin olvidar ni mucho menos a los ejércitos de ciudadanos que componen la economía informal a lo largo y ancho del planeta.

Siendo estrictos, deberíamos enfrentar el futuro pensando en la reconstrucción económica y no en el crecimiento económico, pues lo que lograremos hacer, si nos va bien, es tratar de recuperar los niveles alcanzados previamente, para poder compensar los saldos negativos que hoy tenemos como resultados reales.

Recordemos a Covey cuando nos invita a intervenir y ocuparnos solo en aquellos procesos y tomas de decisiones sobre los cuales podemos tener alguna injerencia y entender y sobrellevar las decisiones sobre los cuales son otras instancias quienes tienen las riendas de los manejos particulares.

Nadie tiene el control sobre la pandemia, y a pesar del optimismo que genera la aparición temprana de una vacuna, todavía en proceso de evaluación real, no es posible predecir crecimientos económicos sin haber superado plenamente esta circunstancia que, a todo y a todos nos afecta. El nuevo rebrote planetario en las primeras semanas de enero, hecha por tierra los análisis optimistas y tempraneros de los agentes económicos anteriormente mencionados y obviamente, las expectativas de los mercados.

Otro hecho que genera inquietud es que por un lado las Bolsas especulativas del mundo van viento en popa, mientras la economía real depende de una ilusión. En análisis serios se podría advertir la configuración de lo que algunos analistas denominan como “burbuja”, que no se sabe cuándo explotará, acabando de complicar el asunto con una crisis financiera global y el desplome de los mercados.

Y mientras tanto, el oro y el Bitcoin por las nubes.

Dice el Evangelio que hay épocas para sembrar y épocas para cosechar. Hoy estamos ante una realidad que nos obliga a organizar y preparar un terreno destrozado para un nuevo tipo de siembra.

Es determinante la protección y el desarrollo estable del sector agropecuario, pues ante la pandemia nos hemos dado cuenta de que, sin garantizar el aprovisionamiento alimentario, es imposible manejar la situación socio política que traen las medidas que han tomado los diferentes gobiernos en el mundo, como las cuarentenas y los confinamientos voluntarios o impuestos.

Otro asunto de primer orden son las implicaciones del manejo político constitucional con respecto al ejercicio de las libertades y a la necesidad de los gobiernos de tomar medidas que pueden asociarse a esquemas propios de gobiernos autoritarios. La estabilidad económica, está íntimamente ligada a la estabilidad democrática sobre todo en Occidente.

El apoyo de la tecnología ha sido el elemento fundamental para que el planeta no se hubiera detenido abruptamente. El impacto del uso intensivo de las diferentes plataformas tecnológicas disponibles hoy y mejoradas y consolidadas durante la pandemia, traerá, enormes cambios en el funcionamiento del futuro inmediato de las estructuras sociales, políticas, económicas y empresariales.

Las instituciones de todo tipo, cuyos procesos de cambio y evolución se asocian a procesos de larga duración, deberán reacomodarse de manera rápida, asunto en el que no tienen la experiencia necesaria, lo cual llevará al colapso de algunas y a la aparición de sus reemplazos de una manera pronta.

Por ahora somos testigos de una tragedia que traerá enormes procesos de cambio y por qué no, un anticipado y apresurado cambio de época.