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viernes, 15 de mayo de 2026

Educadores de una nueva sociedad

José Leonardo Rincón, S. J.

Puede sonar manido, quizás demasiado obvio, pero por olvidarlo o por no ser suficientemente incisivos al hacerlo estamos como estamos. Sin exagerar.

Hoy es el día del educador: ¡felicitaciones a quienes ejercen tan noble vocación! Doy por descontado que si decidimos ser educadores no fue porque no había otro empleo, o porque no nos alcanzó el resultado de las pruebas de Estado para estudiar algo más rentable.

Ser maestro, que va mucho más allá de ser instructor, docente o profesor, implica el propósito de educar con pasión nuevas generaciones, formar hombres y mujeres que sean artífices constructores de una nueva sociedad. No nos podemos sustraer de tan tamaña responsabilidad. Claro, siempre existe el riesgo de indoctrinar movidos por ideologías y sesgos políticos. No gratuitamente quienes por turno ostentan el poder asumen el manejo de la escuela para mantener su establecimiento y una vez instalados en él sostener el status quo.

Un buen educador de ninguna manera podría prestarse para ser títere del poder político. Volverse un tonto útil, renunciar a su conciencia crítica y a la capacidad objetiva de tomar distancia sería intolerable. En cambio, buscar siempre la verdad, propiciar el diálogo constructivo, la convivencia en medio de la diversidad, el respeto a la diferencia y la formación integral de la persona ayudaría en mucho a esa búsqueda de una nueva sociedad. Descontada por supuesto la mediocridad que nos agobia, trabajar por la excelencia académica ayudaría también a reposicionar la escuela.

El educador desde la escuela es el mejor socio de la familia para formar esas personas que le han confiado. Mi experiencia positiva ha sido esa y los resultados son evidentes. Me sorprende encontrar colegas que preferirían que no existieran los padres de familia por considerárseles incómodos obstáculos, permisivos alcahuetas al extremo que no aceptan que se corrija a sus hijos; maltratadores que miran con desdén, como si fueran sus sirvientes, a quienes quieren colaborar en la formación de sus vástagos. Así no pueden ser las cosas. ¡Están trastocados los valores!

Con ocasión de esta celebración, mi invitación y mi llamado es a darle a la educación la importancia que se merece. No basta una asignación presupuestal amplia en el erario. Ha sido importante buscar mejorar las condiciones laborales de los educadores, también se ha invertido en el cuidado de la infraestructura física de escuelas y colegios. Ahora hay que cuidar la calidad y la excelencia de la educación pública en aras de elevar los resultados, no tanto para subir en los rankings de la OCDE, sino porque en una educación de calidad radica el futuro del país y no podemos seguir apoltronados en un rango medio bajo. Podrá seguir sonando a lugar común, pero conservo la esperanza de días mejores para todos porque nos hemos tomado la educación en serio y valoramos a los educadores como los artífices protagonistas de ese cambio.

Felicitaciones educadores por hacer realidad ese sueño.

lunes, 23 de febrero de 2026

Todavía hay esperanza

José Leonardo Rincón S. J.
José Leonardo Rincón S. J.

Solo fueron unas pocas horas en Medellín. Tan pocas que no hubo tiempo para reportarme con mis amigos y tener la ocasión de saludarlos personal o al menos telefónicamente. Algunos me regañarán por esto, pero su comprensivo corazón los hará entender que este silencio no es por falta de afecto sino de tiempo.

Debido a mi cargo hago “la avanzada” a la visita canónica que tendrá nuestro provincial en unos cuantos días. El formato previsto cobra distinto sabor cada vez porque las personas y también las situaciones cambian. Vine de visita a la comunidad jesuita del Colegio San Ignacio, breve pero fructífera. Aproveché para ir a nuestro Noviciado que después de 53 años deja de estar en Colombia y ahora se ubica en Quito. Solo quedan aquí cuatro muchachos muy valiosos que para julio estarán en Bogotá. Los otros 10 ya están en su nueva locación. Esta sede nuestra actual cuenta con una planta física preciosa enclavada en el camino al barrio Robledo y con el encanto de estar en medio de la ciudad y simultáneamente como si estuviera en el campo. Nos hemos preguntado qué hacer con ese inmueble, pero sobre todo cuál ha de ser nuestra presencia en Antioquia en el inmediato futuro.

De vuelta al colegio donde fui rector por seis años, en cuestión de horas tuve varios impactos emocionales al recorrer sus instalaciones, muchas de las cuales, que recuerde 42, fueron modificadas en aquellos años inolvidables. El reencuentro con educadores de aquel tiempo que siguen desgastando su vida en la noble tarea de educar resulta inspirador: definitivamente sin educación no tenemos futuro. Uno de ellos con un cáncer avanzado sigue firme en su misión: “la actitud es la clave y esto es lo que me da vida” me asegura. No lo dudo.

Un compañero jesuita que me acompaña me señala en la pista atlética a un muchacho que está en undécimo y que se prepara para ir a nuestros juegos Intercolegiados en Cali. Es un joven muy serio y disciplinado, señala. Cuando concluye su ejercicio me le acerco para felicitarlo diciéndole que me han hablado muy bien de él y que le deseo suerte en su competencia. “Exageran”, me responde. Yo le insisto: pues me dicen que es cierto, no son flores. Y me remata mirando al cielo: “eso es gracias a Dios!” ¡plop!

Tan nostálgico como emocionante paseo concluye con broche de oro: la grata sorpresa de encontrarme a unos primos que tienen allí sus dos nietos en cuarto y quinto de primaria, ella está en la banda musical, él en la selección de fútbol. Bellos y radiantes los abrazo mientras nos tomamos una foto para el recuerdo. ¡Es verdad que el panorama global y local es aciago y complejo, pero con jóvenes generaciones así, la verdad, todavía hay esperanza!

miércoles, 19 de noviembre de 2025

La solución se encuentra en lo esencial, no en lo superficial

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Buscar la cura de un enfermo simplemente mediante el tratamiento de sus síntomas, sin investigar previamente las causas de sus dolencias, no deja de ser un despropósito inútil y sin sentido.

Asimismo, pretender que un país que atraviesa una crisis integral –material y moral–, solucione su lamentable coyuntura a través de paños de agua tibia, de discusiones baladíes sobre candidaturas y jugarretas electorales o de una actitud indiferente de las mayorías, configura un suicidio colectivo.

Es exactamente a lo que nos enfrentamos, en medio de la irresponsabilidad de la clase dirigente, el desbordado egoísmo de la gran mayoría de aspirantes a la Presidencia en el próximo período y la confusión reinante entre los potenciales electores.

Aplicando nuestra propia fórmula, debemos concluir que el origen de nuestra tragedia no es la candidatura del guerrillero-presidente: que el recrudecimiento de la corrupción no se debe solamente a la designación de individuos deshonestos en posiciones claves del Estado; que la inseguridad que afronta la población no es causada exclusivamente por la disminución del pie de fuerza de los agentes del orden, y así sucesivamente en otros sectores de la gestión pública. No. La fiebre no está en las sábanas.

Las instituciones, buenas o malas, están regidas por seres humanos, y son estos los responsables de la actividad institucional. Gozan temporalmente del mandato que les confirió la democracia para que administren los recursos públicos.

Tienen los designados el libre albedrío para ejercer su cargo con arreglo a la normatividad vigente y a las necesidades de la población o, en su defecto, utilizarlos para su beneficio personal o el de sus familiares, amigos y la camarilla política que los llevó al poder.

Ahí está la cuestión fundamental que no debemos pasar por alto. La desviación en el ejercicio del poder público está originada en los valores que priman en la sociedad y se manifiestan en la conducta social o antisocial de los gobernantes.

Nos hemos conformado durante varias décadas con mantener unas instituciones formalmente democráticas, pero sustentadas en execrables prácticas como la compra de votos, el “clientelismo” en la provisión de los cargos públicos, los auxilios parlamentarios, rebautizados como “cupos indicativos” y toda clase de artimañas apara entrar a saco en los presupuestos públicos. Pero, eso sí, manteniendo el apego a unas inoperantes estructuras democráticas incapaces de conjurar el avance de la izquierda radical en Colombia.

Perdida la guerra frente a una tenaz acción de las fuerzas militares y de policía, especialmente bajo el régimen de la Seguridad Democrática que encabezó el doctor Álvaro Uribe Vélez, las guerrillas narcoterroristas dedicaron parte de su lucha a infiltrar los distintos estamentos de nuestra sociedad con su macabra ideología totalitaria basada en el odio de clases y en la destrucción de la civilización occidental.

Por miopía política, por temor a ser señalados como “fascistas” , o simplemente por soterrada claudicación, aprobó nuestra incompetente clase política la entrega del país al comunismo narcoterrorista en el Acuerdo de La Habana, punto de inflexión que precipitó la llegada del gobierno socialista del camarada presidente al poder ejecutivo.

Preguntémonos: ¿cuáles fueron las causas reales de esta catástrofe política?

La ausencia de valores en nuestra sociedad, influenciada por la violencia partidista, la tolerancia con la invasión cultural de la extrema izquierda, el adoctrinamiento de la juventud en las aulas, la persecución al núcleo familiar tradicional, la codicia por mantener acceso a las mieles del presupuesto y la falta de ética en el manejo de la cosa pública.

¿Cuáles son estos valores que hemos perdido?

La honestidad, que comienza por ser honestos con uno mismo y se expresa mediante la verdad, es decir, con coherencia entre lo que se dice y aquello que se piensa, se siente o se hace. La antítesis de esta virtud la exhibe sin sonrojarse el régimen actual que a diario miente a propios y extraños sobre todas las materias, aún a costa de convertirse en el hazmerreír mundial.

La solidaridad, que nos impulsa a entender el mandato divino de amar al prójimo, entendiendo sus necesidades, colocándose en el lugar de los más vulnerables y ayudándolos en la medida de nuestras capacidades.

El respeto por la vida, que es el bien más preciado de todo ser humano. No podemos transigir con la violencia narcoterrorista que condena a muchos compatriotas a morir por la ambición de los explotadores de la coca o por la acción depredadora de quienes buscan convertir a Colombia por la fuerza en un paraíso comunista. Tampoco podemos permanecer impávidos ante el asesinato de miles de seres en los vientres maternos, o de los menores que mueren por desnutrición mientras el Estado gasta recursos en politiquería o en proyectos inútiles, y derrocha recursos para favorecer a los corruptos.

La responsabilidad, que nos enseña el resultado de la autodisciplina, del correcto ejercicio de nuestras actividades para lograr nuestra superación y la posibilidad de ayudar a los demás. Va en contra de la actitud de quienes creen haber nacido con derecho a todo sin hacer esfuerzos para lograrlo. El ejemplo de muchos políticos que buscan el enriquecimiento fácil los alienta a seguir su pésimo ejemplo.

La justicia, que nos impone el deber de respetar los derechos de los demás y de velar porque cada uno reciba lo que merezca por sus actuaciones. Lastimosamente, nos hemos acostumbrado a una justicia ineficaz y extemporánea que estimula el ejercicio de la justicia por mano propia y dispara la impunidad y las tasas de criminalidad.

El respeto por la dignidad de la persona humana, que implica que tanto el Estado como los particulares respeten las libertades y derechos de cada uno.

El respeto a la familia, núcleo de la sociedad, cuya existencia está por encima del Estado, quien está obligado a protegerla. Se ha llegado a tal desconocimiento de este valor universal, que hasta el ministro de salud del régimen se atrevió a manifestar públicamente que los hijos pertenecen al Estado, arrebatando así la patria potestad a sus progenitores.

En su estudio sobre el psicoanálisis y el capitalismo titulado “Eros y civilización”, afirma rotundamente Herbert Marcuse, filósofo de origen alemán, que las perversiones juegan un rol central, pues expresan “la rebelión contra la subyugación de la sexualidad al orden de la procreación y contra las instituciones que garantizan ese orden”. Así lo ha entendido y practicado la izquierda radical, mediante el patrocinio de la ideología de género, el cambio de sexo desde la minoría de edad, el aborto que asesina millones de seres vulnerables en el mundo, y otras “perversiones” que puedan destruir la institución de la familia.

Finalmente, el patriotismo es un valor perdido que conviene destacar pues el desconocimiento de nuestra historia, nuestra indiferencia por los símbolos patrios y por los héroes que a diario ofrecen su vida y su integridad para mantener nuestra libertad, nuestra soberanía y la convivencia en el territorio nacional, acarrea un alejamiento de nuestros deberes ciudadanos y una inexplicable apatía por la suerte de la patria, ahora amenazada por el mayor de todos los peligros en su vida republicana.

jueves, 7 de noviembre de 2024

Recuperar la ética y la moral

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Un reflexivo análisis de nuestra crítica situación, tantas veces diagnosticada, nos conduce necesariamente a la conclusión de que detrás de cada una de nuestras desgracias encontramos la pérdida de los valores de la moral en la sociedad y de la ética en la conducta de quienes la dirigen.

Nada podemos alcanzar si nos distraemos en los síntomas superficiales de la crisis en lugar de atacar la causa eficiente de los males que nos agobian. Los instrumentos generadores de inseguridad de las personas, desprotección de la propiedad privada, destrucción de la familia, desmoronamiento de los programas de bienestar, corrupción y despilfarro de los recursos públicos, abandono de la infraestructura de uso público, deficiencia en atención a población vulnerable, etcétera, son orientados por funcionarios sin ética y sin la adecuada preparación para el desempeño de sus funciones, elegidos solamente por su cercanía con la camarilla gobernante.

Frente al abuso del poder por la camarilla reinante, la masa carece de una respuesta eficaz por ausencia de discernimiento político, a menos que recurra a las energías espirituales para elevar la fuerza natural del hombre y revestirla de unidad con sus semejantes hasta vencer la tiranía del mal. Según lo aclara el filósofo francés Jacques Maritain:

“… el mismo orden de la naturaleza y de las leyes naturales en cuestiones morales, que es la justicia natural de Dios, determina que la justicia y la rectitud política obren con miras a producir frutos que, a la larga, en lo que respecta a su propia ley de acción, asumen la forma de mejoras y perfeccionamientos en el verdadero bien común y en los valores reales de la civilización.”

Complementa Maritain su pensamiento con una idea aplicable a nuestro país que vale la pena resaltar:

“Hombres pertenecientes a credos y a familias filosóficas o religiosas diferentes, pueden y deben colaborar en la tarea común y por el bien común de la comunidad terrestre, siempre que acepten parejamente la carta constitucional o los principios fundamentales de una sociedad de hombres libres. Ninguna sociedad puede vivir sin una inspiración fundamental común y sin una fe común fundamental.”

En aras de la búsqueda de una convergencia práctica que logre superar la crisis moral y ética que nos ahoga, debemos acercarnos fraternalmente a millones de compatriotas que, al igual que nosotros, comparten la necesidad de reconstruir el imperio de la verdad y la justicia en las relaciones del Estado con sus gobernados, el respeto por la dignidad de la persona humana en todos sus aspectos, el espiritual y el material, como hijos de Dios que somos; la libertad para practicar nuestras creencias, educar a nuestros hijos, elegir la actividad laboral o económica que nos brinde un ingreso, movilizarnos por el territorio nacional y fuera del mismo; el derecho para agruparnos o asociarnos con otros; el derecho a que el Estado proteja nuestras vidas, nuestra integridad personal y nuestros bienes; el derecho a que se nos respeten nuestras decisiones en el sistema democrático mediante elecciones libres, sin maquinaciones ni fraudes; el derecho a contar con una administración de justicia imparcial, honesta y oportuna.

El regreso a un Estado donde se respeten no solamente la Constitución y la Ley, sino, también, los valores éticos en la gestión pública lo que requiere, por supuesto, de varios pasos que aquí reseñamos:

1.- La recuperación del poder ejecutivo y legislativo, hoy en poder de los agentes del mal, los destructores de la nacionalidad, los promotores de la violencia y la mentira, los patrocinadores del crimen y la impunidad. Para tal efecto, debe materializarse la gran alianza o unión de fuerzas comprometidas con el bien común de los colombianos y no con el bien particular de cada uno de ellos o de sus grupos de acción.

2.- Previamente sugerimos apoyar la separación por los medios constitucionales del guerrillero-presidente del ejercicio del cargo, para garantizar unas elecciones libres de posibilidades de fraude.

3.- La coalición que llegue al poder se debe comprometer a la restauración de la ética y la moral mediante reformas constitucionales y legales concretas en los siguientes campos:

a) Protección de la familia, eliminación de programas que difundan la ideología de género, el matrimonio, el aborto y la adopción por parejas del mismo sexo;

b) Prohibir el aborto de acuerdo con el Tratado de San José suscrito por Colombia;

c) Modificación del curriculum educativo para incluir la enseñanza de valores morales y éticos que formen nuevos ciudadanos y eliminación de enseñanzas nocivas para la convivencia como las de la ideología marxista-leninista;

d) Establecer el bono educativo para que los padres de familia escojan libremente el establecimiento educativo (primaria, bachillerato o tecnológico) para sus hijos, pagado totalmente por el Estado con cargo a los presupuestos oficiales del instituto educativo.

e) Se adelantarán por cuenta del Estado programas por los medios convencionales y virtuales para la difusión de valores espirituales, comportamientos éticos y formación moral, con cubrimiento nacional y en forma permanente.

Del ya citado Maritain traemos esta reflexión a manera de conclusión para el trabajo que se nos impone como patriotas:

“Supongamos que una comunidad humana sea pisoteada, destruida, dominada, por alguna calamidad natural o por algún poderoso enemigo; mientras aún exista, y si conserva dentro de si la justicia, la fraternidad cívica y la fe, la animará desde adentro una real esperanza de resurgir, habrá en su seno una fuerza que por sí misma tenderá a hacerla vivir, a liberarla de la opresión y del desastre, porque ninguna opresión material puede destruir esa fuerza inmaterial. Si una comunidad humana pierde estas virtudes, la muerte invadirá su principio interno de vida. Si un Estado débil se ve rodeado y amenazado por enemigos maquiavélicos, deberá aumentar desesperadamente su poder físico, pero también sus virtudes morales.

lunes, 21 de octubre de 2024

En Colombia la lucha es entre el bien y el mal

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Venimos con insistencia proponiendo a nuestros compatriotas dos reflexiones:

a. Que la lucha que se avecina para el cambio en la dirigencia del Estado no es simplemente una sustitución de personas sino una verdadera batalla cultural. Se trata de definir si queremos perpetuar un régimen tiránico, corrupto, protector de la criminalidad y enemigo de la propiedad privada y de la empresa privada, o nos decidiremos por recuperar la vigencia de nuestras tradiciones culturales, los principios democráticos, los valores cristianos y la transparencia en la gestión pública.

b. Que para alcanzar el cambio que la mayoría de los colombianos anhelamos, debemos partir de la unidad alrededor de la solución de los principales problemas que agobian al país.

Somos conscientes de que son muchos y de gran calado las desgracias que nos agobian, como lo hemos podido constatar diariamente en los últimos dos años bajo el yugo de este Gobierno mentiroso, torpe y malintencionado. Pero, en gracia a la brevedad, nos vemos obligados a reducir a 10 los problemas que requieren solución, lo que sería el comienzo del renacimiento para nuestra amada Colombia y para la esperanza de los asociados.

1.- Descomposición moral de la sociedad. Es la raíz de todos nuestros problemas. País donde no se respete la moral, las buenas costumbres, la religión, no es un país viable. Tenemos que exigir la ética a todo aquél que cumpla funciones públicas por nombramiento o por elección.

2.- Inseguridad para las personas, las empresas y sus bienes. No se puede gobernar para proteger la cocaína, el terrorismo, el vandalismo, las bandas delincuenciales, ni permitir la tolerancia al crimen por parte de la administración de justicia.

3.- Corrupción y despilfarro de recursos públicos. Se ha exacerbado esta plaga a niveles insostenibles para cualquier Estado. Hay que tomar acciones de fondo, mediante drásticas reformas en nombramientos y elecciones para cargos públicos, que garanticen que solo lleguen a la administración pública personas honestas, idóneas y con un perfil ajustado a las funciones que van a desempeñar.

4.- Recesión económica. Se requiere otorgar seguridad física y jurídica a la actividad privada, crear incentivos para la producción y el empleo, favorecer las exportaciones, construir infraestructura que apoye el crecimiento agrícola e industrial, y estimular el aumento de la formalidad en el empleo.

5.- Pobreza y desigualdad. Tanto el sector público como el privado se deben empeñar en un gran plan para derrotar la pobreza extrema y moderar la desigualdad, no mediante subsidios sino a través de múltiples oportunidades para que los más necesitados accedan a un ingreso digno y suficiente.

6.- Educación obsoleta y sin valores. En lugar del adoctrinamiento en teorías materialistas y contrarias a la verdad científica que ahora se imparten con dinero de los contribuyentes, hay que educar a la niñez y juventud en valores que los conviertan en buenos ciudadanos, con preparación en conocimientos tecnológicos e idiomas, que impulsen su crecimiento profesional en el mundo moderno.

7.- Amenazas de la izquierda internacional. Colombia es uno de los objetivos prioritarios de instituciones criminales como el Foro de Sao Paulo que pretenden debilitarla e infiltrar sus nocivas ideas para convertirla en otra esclava de las dictaduras comunistas. La defensa de nuestra soberanía exige que tengamos un plan de respuesta a semejante invasión cultural y política.

8.- Destrucción del sistema de salud. Con la complicidad de congresistas que dicen pertenecer a partidos de oposición, el régimen ha logrado aprobar en el Congreso el desmoronamiento de nuestro sistema a de salud, uno de los mejores del continente, para entregar su manejo a la clase política que ya en el pasado había dejado en bancarrota nuestro sistema de seguridad social. Es un tema que amerita ser revertido de inmediato pues así lo espera el pueblo colombiano.

9.- Reingeniería del Estado. Tenemos un aparato estatal paquidérmico, ineficiente, costoso y con afán intervencionista para impedir el desarrollo y crecimiento del país a un ritmo normal que garantice el bienestar de los asociados. Hay que hacer una reforma a fondo para reducir su tamaño, eliminar los factores que favorecen la corrupción, agilizar la marcha de la justicia y corregir las inveteradas fallas del Congreso.

10.- Impunidad y tolerancia con el delito. Contamos con una pésima administración de justicia, con tribunales como la JEP al servicio de la guerrilla, y unas Cortes sin ninguna credibilidad por escándalos como el “Cartel de la toga” o el prevaricato para avalar el espurio acuerdo de La Habana. Es una justicia infiltrada por el régimen y por el adoctrinamiento comunista en las universidades. Hay que hacer un recambio generalizado tanto en su estructura, como en la ley penal y en el régimen carcelario.

La unión de los colombianos de bien, los buenos, con una base programática de este tenor nos traerá no solamente el apoyo generalizado de las masas trabajadoras y honradas, sino que, además, encenderá esa llama de esperanza   que necesitamos para desterrar a los malos de la gestión del Estado, donde les ha ido tan mal.

miércoles, 16 de octubre de 2024

¿Cuál es nuestra peor desgracia?

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Entre las múltiples plagas que el advenimiento de la extrema izquierda al poder nos ha dejado, resulta difícil señalar cuál de todas es la que más daño viene causando a nuestra sociedad y al futuro de los colombianos.

Entendemos que mucha gente mira con alarma cómo se desmorona el sistema de salud, catalogado como uno de los más eficientes del continente; la economía, manejada más con desuetos postulados ideológicos que con ánimo de contribuir al crecimiento del país, va en caída libre a pesar de los esfuerzos de los empresarios; el sistema pensional, ahora amenazado por la voracidad de los nuevos burócratas, caerá indudablemente en la insolvencia; la inseguridad tiene en vilo a empresarios, y trabajadores, completamente impotentes para defenderse de la acción depredadora de guerrillas, narcotraficantes, bandas criminales y milicianos protegidos por la impunidad oficial; como si lo anterior fuera poco, los escándalos protagonizados por los familiares, subalternos y amigos del guerrillero-presidente, alimentan cada vez más el rechazo a la camarilla gobernante.

Podríamos –a manera de ejemplo– registrar el inusitado aumento de la corrupción, como el más dañino de los males que nos agobian, no solamente por el deterioro fiscal que genera o porque entorpece la realización de obras que podrán beneficiar a la comunidad, sino también porque acarrea desconfianza de la población en la transparencia y rectitud de sus gobernantes. Constituye, además, un pésimo antecedente para las nuevas generaciones que toman nota de cómo sus dirigentes acceden impunemente al dinero fácil con la alcahuetería del régimen.

Ante el inveterado fracaso en el control y la reducción de esta plaga, nos corresponde como ciudadanos amantes de nuestro terruño, indagar sobre las causas de la corrupción y eliminarlas de tajo.

Y, ¿cuáles son esas causas?

1. La pérdida de la ética y de la moral. La moral no es otra cosa que un conjunto de normas, principios, valores y creencias que a través de la historia ha adoptado la humanidad como modelo para distinguir el bien del mal en la conducta del ser dentro de la sociedad. Es la relación entre la moral y la conducta del ser humano dentro de la sociedad. El funcionario público debe ajustar su gestión a la ética, con el cumplimiento de planteamientos básicos como la honestidad, la responsabilidad, la transparencia o la equidad. Son varias las razones que impiden a los funcionarios mantenerse dentro de los parámetros de la ética: la falta de formación en valores éticos desde la etapa de la educación (familia, escuela, universidad); el nombramiento de personas acostumbradas a hacer mal uso del poder en cargos públicos; la ambición de llegar y mantenerse en el poder a toda costa; el poder corruptor del dinero; la ausencia de moral y ética en quienes dirigen la gestión del Estado.

2. Falta de mecanismos eficientes para garantizar la ética estatal. No son suficientes las sanciones usuales (inhabilitación, suspensión, multas, destitución, cárcel por períodos relativamente cortos, beneficios penales). Hay que implementar una solución drástica para erradicar el mal, garantizando que accedan a la administración pública en todos los niveles y todas las ramas los ciudadanos más preparados académicamente, con una trayectoria impecable y un perfil adecuado al cargo que van a desempeñar.

3. Carencia de valores en la sociedad. No es serio querer acabar con esta inveterada plaga con soluciones a corto plazo. La corrupción no se acaba por decreto ni con base en las promesas electorales de los candidatos. Si de verdad queremos reconstruir a Colombia devolvámosle la moral mediante una batalla cultural en contra de las ideologías marxistas, materialistas y ajenas a nuestra tradición. Mientras nuestra sociedad no actúe conforme a los valores y principios de la moral que nos quiere robar el régimen, no habrá futuro para Colombia ni para nuestros hijos.

viernes, 29 de septiembre de 2023

35 años del Curso-Taller

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

El suscrito era un muchacho común y corriente que tuvo la fortuna de contar con una mamá que le buscó los mejores pedagogos y educadores para su formación, ya con laicos de auténtica vocación de maestros, ya con religiosos lasallistas y jesuitas. En el hogar, recordaba estos días, me aficionó al hábito de la lectura, a escuchar música clásica pero también ritmos y sones internacionales de todo tipo, algunos franceses, italianos o alemanes, con el ánimo de acostumbrar el oído a otras lenguas, don que nunca finalmente cultivé. Eso sí, escuchaba mucho radio y me gustaba el teatro, la oratoria y la escritura. Además de la formación religiosa que desde muy niño desembocó en vocación sacerdotal.

A lo que voy es a ponderar la formación que recibimos en el hogar. La que nos inculcaron con principios y valores y la que va en los genes, como mi afición por el derecho y la música, seguramente heredados de mi padre, abogado y tolimense. O los asuntos educativos, administrativos y religiosos, de mi madre. Finalmente, somos el producto de todo esto. Así nacemos, pero también así nos hacemos. Los líderes nacen y se hacen. Todas esas potencialidades están ahí, pero hay que cultivarlas y desarrollarlas.

El Curso-Taller de Formación Integral que nació hace 35 años, es la versión jesuita del Curso de Líderes Lasallistas que viví como estudiante en Villavicencio hace 45. Una experiencia fenomenal que cambió radicalmente mi vida pues ayudó a aflorar, a sacar, a expresar los talentos recibidos, así como la irresistible decisión de multiplicarla, pues un tiempo de intensa y cualificada formación no debería ser un privilegio de una élite sino una oportunidad a la que todos podrían acceder.

Ese anhelo de que otros pudiesen vivir lo que yo viví se cumplió en 1988 cuando hacía la etapa de magisterio en Bucaramanga. 40 jóvenes de todos nuestros colegios, junto con sus respectivos asesores, nos dimos cita en Villeta, Cundinamarca, para iniciar una gesta que hoy no solo se conserva nacionalmente, sino que se ha replicado en cada una de nuestras instituciones educativas. Se hace en varias experiencias a lo largo de la vida del colegio, se ha extendido al mundo universitario y se ha “exportado” a otros países.

La llamamos de formación integral porque mediante charlas y talleres prácticos buscamos fortalecer las dimensiones de esa educación holística: espiritual, cognitiva, afectiva, estética, ética, sociopolítica, entre otras… con el ánimo de formar líderes que no busquen su éxito individual, sino que logren trabajar en equipo con otros buscando la transformación de la sociedad. Desde el cultivar su sentido trascendente, aprender a hablar en público y hacerlo con diversos medios, desarrollar artes escénicas, sensibilizarse frente a la realidad del contexto, en jornadas de 14 horas diarias de trabajo intenso, durante una semana, es una vivencia que marca para siempre y que cual levadura en la masa, en el mediano y largo plazo ha ido dando bellos y relevantes frutos, eso sí, navegando en el mar de la vida, luchando contra la adversidad de una sociedad y una cultura de las cuales también hacen parte pero que contrastan fuertemente en principios y valores y no dejan de seducir con sus cánticos de sirena, atractivas propuestas que pueden llevar al colapso y naufragio social.

Hace 35 años nació esta experiencia y lo estamos celebrando.

jueves, 14 de septiembre de 2023

Sin principios ni valores no hay futuro

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Aquí nos hallamos en presencia de ese maquiavelismo impetuoso, irracional, revolucionario, violento y demoníaco, para el que la injusticia sin límites, la violencia sin límites, la mentira y la inmoralidad sin límites, son los medios políticos normales, y que extrae una abominable fuerza de ese carácter ilimitado del mal” (Jacques Maritain)

 

En las sabias palabras de Maritain se sintetiza con precisión la magnitud de la tragedia que vive Colombia desde hace 13 meses.

No obstante, el sistemático trabajo de columnistas y destacados analistas de nuestra política, es tan abrumador el volumen de iniquidades que a diario cometen el Gobierno y sus seguidores contra la estabilidad nacional y contra la dignidad de los gobernados, que la realidad supera con creces la capacidad de diagnóstico. Pasa desapercibido el meollo del asunto, camuflado gracias a la estrategia de distracción orquestada desde la Presidencia del país.

Cabe destacar el meritorio esfuerzo de los veteranos de las fuerzas armadas, algunos representantes del empresariado y activistas independientes de las agrupaciones políticas, que han promovido masivas manifestaciones callejeras de protesta contra la elección y la gestión de quienes asaltaron fraudulentamente el poder. Contrasta esta enhiesta actitud con el servilismo de la clase política que apoya los proyectos gubernamentales a cambio del humillante soborno o se dedica a la búsqueda del poder regional en las próximas elecciones, mientras la revolución comunista se instaura a sus anchas en todo el territorio nacional.

Por fortuna la movilización ha penetrado la mayoritaria opinión de los colombianos, como lo evidencian recientes encuestas que condenan la gestión oficial, especialmente sus intenciones de modificar las normas laborales, el sistema de salud y el de pensiones. Igualmente se ha encauzado la opinión hacia la solución constitucional de que se tramite un juicio político en el Congreso de la República para destituir al elegido presidente debido a que violó protuberantemente los topes de gastos asignados por la Ley a la campaña presidencial.

Aún no comprendemos la razón por la que directivos de partidos que debieran estar en abierta oposición contra este oprobioso régimen, guardan un cómplice silencio y se abstienen de respaldar y promover esta herramienta constitucional otorgada al pueblo para destituir a quienes sean elegidos indignamente para el máximo cargo del Estado.

Hemos reiterado la necesidad de derrocar al presidente por el comprobado vicio presente en su elección. Creemos, asimismo, en la urgente tarea de conformar una gran fuerza capaz de recuperar el poder en 2026 para recatar al país de la destrucción moral y material a la que está sometido por la revolución comunista.

Para contrarrestar lo que Maritain llama la “abominable fuerza de ese carácter ilimitado del mal” no basta con tener buenas intenciones, ni con cambiar un presidente por otro, mientras en el seno de nuestra Nación siga proliferando la ponzoñosa semilla del materialismo marxista que nos desgobierna. Debemos estar revestidos de una coraza de sólidos principios, idóneos para enfrentar y vencer las falacias y engaños de la doctrina marxista-leninista que nos quieren imponer. A modo de ejemplo, y para el estudio de más avezados pensadores que este modesto garrapateador de ideas, presento este decálogo que debiera unir a nuestros compatriotas para dar la batalla cultural contra los enemigos de nuestra identidad:

Primero.- Garantizar el derecho la vida, primordial obligación de cualquier Estado. Gobernar con el propósito de brindar protección a la población en sus vidas e integridad personal. Fortalecer las fuerzas armadas y de policía. Desarticular el terrorismo, los grupos ilegales y las bandas que atentan contra la población.

Segundo.- Propósito de las autoridades debe ser la búsqueda del bien común integral. Se debe velar por el reconocimiento de los derechos primordiales de la persona humana: Que cuente con los medios necesarios para su subsistencia, respeto a su dignidad como persona, derecho a tener y disfrutar de sus bienes.

Tercero.- Implementar un sistema de justicia que decida en forma imparcial y honesta los litigios. Implica una reforma a fondo del aparato judicial para escoger por méritos a los magistrados y que su juzgamiento sea independiente de los intereses políticos. Incluye una modificación de la ley penal para que sea eficaz en la lucha contra el delito, el narcotráfico, la corrupción y el terrorismo.

Cuarto.- Responsabilidad del Estado en el desarrollo económico del país y en la generación de empleo digno para toda la fuerza laboral. Debe reducirse el tamaño y costo del Estado para aplicar sus recursos al fomento del crecimiento, especialmente en el campo y en las ciudades intermedias.

Quinto.- Defender la democracia, respetando las decisiones del pueblo, eliminando el fraude en las elecciones, corrigiendo nuestro sistema electoral para que el país sea dirigido por sus mejores hombre y mujeres. Se implantará la designación de los servidores públicos por méritos y no por recomendaciones políticas.

Sexto.- Proporcionar adecuada asistencia a la población más débil y vulnerable. Protección especial a la vejez, a la niñez, a los marginados de los sectores más olvidados del país, a los nonatos, a los indígenas esclavizados por grupos armados, a los desempleados, a las madres cabeza de familia, a los discapacitados y a quienes se encuentren en estado de extrema pobreza.

Séptimo.- Otorgar especial protección a la familia tradicional, núcleo fundamental de nuestra sociedad. Combatir todo aquello que pretende su destrucción como la ideología de género, el aborto, la difusión del materialismo ateo y marxista en la educación de los hijos.

Octavo.- Respetar el derecho de los padres en la educación de sus hijos. El Estado, como auxiliar en esa tarea, debe proporcionar los medios para que nuestros hijos puedan convertirse en buenos ciudadanos, formados en valores cívicos y espirituales, y con una idónea formación para desempeñarse con éxito en la vida laboral o empresarial.

Noveno.- El Gobierno debe respetar y hacer respetar la soberanía nacional , contra toda indebida intromisión de otros Estados o de organizaciones internacionales en los asuntos internos.

Décimo.- El Gobierno debe ser absolutamente respetuoso del Estado de derecho y actuar conforme a la Constitución y a las Leyes, así como a los preceptos contenidos en el Derecho natural y el Derecho de Gentes.

martes, 30 de mayo de 2023

Educación vs. mala educación

Santiago Cossio
Por Santiago Cossio

Así como existe la educación también existe la mala educación y lo peor es que no veo a nadie reconocerlo. Toda la información que entra por nuestros sentidos termina por afectar nuestros pensamientos. Si en la esquina de un barrio invitan a un joven a la drogadicción o a delinquir, eso es mala educación. Si un padre de familia dice a sus hijos "consiga plata como sea, pero consiga" eso es mala educación. La impunidad también es mala educación. En general veo más mala educación que educación y eso está afectando el comportamiento social.

La comunicación es la didáctica de la educación, pero también de la mala educación. También hay educación a través del ejemplo. Y peor es tener mala educación en los malos ejemplos. En Colombia le hacen telenovela a un sicario y no hay espacios para comunicar cosas positivas que mejoren la cultura. Hay una invasión de información en cosas negativas que las dan gratis, pero las cosas educativas y positivas hay que pagar por ello. Los fake news están a la orden del día desinformado todo el tiempo.

En la educación formal rajan a los estudiantes en las materias de matemáticas y cálculo, pero la cátedra de ética se la regalan abiertamente. ¿Y qué tenemos hoy? Buenos profesionales, pero personas con escasa formación moral que busquen un bienestar individual y colectivo. Eso atrasa la investigación y el desarrollo. La falta de ética traerá más pobreza y violencia.

Cómo investigador social encuentro que el atraso de Colombia proviene del atraso cultural. Y aquí es donde hay que hacer salvedades sobre la cultura. Esta debe ser el resultado de una educación para aprender a vivir la vida, de manera individual y colectiva. Es el uso de la inteligencia humana para mejorar todas las cosas. La cultura está por encima de la hoy desdibujada política. La inteligencia humana debe ser guiada por principios de bienestar y aquí es donde el arte entra como función disruptiva que apela a la cordura entre la estética y la filosofía permanente.

Llamamos educación a tener un título universitario pero realmente necesitamos también una educación para ser buenas personas (educación para la cultura). Esa disciplina social se forma con instrucción social permanente. Tópicos fundamentales como:

  • Identidad
  • Respeto
  • Responsabilidad
  • Confianza
  • Empatía social
  • Ética
  • Moral
  • Civismo
  • Urbanidad
  • Felicidad
  • Buenas costumbres

Es en lo que debemos formar a nuestra sociedad.

Todos tenemos 4 responsabilidades: la responsabilidad económica, la social, la cultural y la ambiental, pero me queda corto este escrito para hablar de cada tópico. Les queda el consejo sobre la importancia de la recuperación de la educación y la cultura.

P.D.: se viene una reforma a la cultura gestado por artistas y colectivos en todo el país. Nace de una preocupación sentida, viendo como los gobiernos de todos los tiempos siempre dejan de último a la cultura y a su Ministerio.

domingo, 16 de abril de 2023

Soñando el país que queremos

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

Es posible que muera antes de lograr convertir mi sueño recurrente de muchos años en una realidad, que no es otro que ver a Colombia, nuestro país, salir de la violencia, de la muerte, la venganza y el odio. Quiero verlo transformándose en lo contrario: amor, respeto, tolerancia y crecimiento, alejándose de ese sino trágico que nos acompaña posiblemente desde la época de la Conquista y que se fue enquistando en los genes de nuestra raza, que nos impide ver las cosas y solucionarlas de una manera diferente. Nadie escapa a esa herencia maldita, que arruga y aniquila nuestras vidas; por eso, a violencia física y moral la debemos erradicar en todas las esferas sociales de nuestra tierra.

Lo expreso frecuentemente en reuniones y en mis opiniones cotidianas, trasformar el país es imposible lograrlo desde arriba, ese proceso debe iniciarse desde el hogar, el colegio y la universidad, claustros que hoy lamentablemente tienen muchos estudiantes, que deambulan por las aulas, sin interés real por cambiar costumbres y comportamientos. También, ese cambio, debe darse en los amigos de barrio, de empresa o sociales, allí, surge la solidaridad, la amistad y posiblemente la compañía para toda la vida.

Los gobernantes en general, ya sea el mismo presidente, los ministros, gobernadores y alcaldes, si no tienen un amplio y basto sentido social cimentado en valores no lograrán nada, porque sin ellos caen en la corrupción, la ambición y el desastre. Podría poner casos específicos de gobernantes perversos desde la moral, el conocimiento y en el desarrollo de sus planes de trabajo, que al final han traído solo miseria, angustia y desesperación.

Como me diría un hombre de principios, positivo como el que más, hay que trabajar con lo que tenemos, y por ello atendiendo esa sugerencia planteo algunas soluciones simples y lógicas, pero efectivas que, si todos nos comprometiéramos a ejecutarlas desde ya, iniciaríamos el cambio, no basado en promesas si no en comportamientos, y ellos nos llevarán a la transformación social que es el objetivo mayor. Por ello diría que podemos iniciar el cambio así:

* En el hogar, padres cariñosos, respetuosos, que enseñen valores, que los inculquen, que inspiren amor, pero a la ves tengan autoridad y disciplina, que comprendan que la tarea de acompañar a los hijos es la que dará resultados posteriores, porque ellos se comportarán igual y sintiéndose queridos responderán positivamente, tendrán creatividad y desarrollarán sus aptitudes serenamente. No a los padres violentos, celosos, que convierten el hogar en un ring de boxeo, odio y muerte.

* En el colegio, disciplina, orden, respeto, tolerancia y valores, y los resultados se verán, formarán hombres y mujeres para servir sin egoísmo y con dedicación desde la profesión arte u oficio que escojan. No debemos olvidar que se requiere volver a traer a las aulas el pénsum de historia, geografía, ética, que enfocará a los estudiantes en la realidad en la que viven y en la responsabilidad de trasformar la sociedad para mejorar las condiciones de los ciudadanos. No dar cabida a los acosadores, violadores, torcidos de mente y espíritu. Entiendan que si hay control y seguimiento a los estudiantes no prosperará la maldad y de allí huirán quienes promueven el mal.

* En la universidad, se debe buscar encauzar en el proyecto de vida que quieran desarrollar, en encontrar el sentido de vida y de profesión, cualquiera que esta sea, pero que tenga pertinencia con las necesidades de la región donde viven.

* En el trabajo, respeto, solidaridad, trabajo en equipo y sentido de pertenencia.

Miren como son actividades que no requieren que el gobernante nos las enseñe, se necesita valor para actuar con honorabilidad, sin robar, sin pretender el beneficio personal y con mucho sentido social.

Dirán que esto es carreta, que no se logrará nada, pero, me aferro a pensar diferente, a entender que el problema está en la raíz, en el origen y que aún podemos encauzar el desarrollo social de este país.

Por otro lado, en cuanto a formas de obtener resultados desde abajo, creo que si empezamos por los municipios podremos ver avances sustanciales rápidamente y es una tarea que le corresponde a los gobernadores, siempre y cuando tengan capacidad de liderazgo, que se conviertan en los impulsores del cambio partiendo de:

* Construir o reparar las sedes de las escuelas o colegios, tener profesores bien formados, bien pagados, aulas de clase con internet, impartiendo clases de geografía, historia y civismo. También, enseñando desde los inicios de su formación artes u oficios que puedan aprovechar en su vida adulta.

* Construir o reformar centros de salud que permitan atender las necesidades de los habitantes, dotados de equipos adecuados, con médicos y enfermeras bien pagados.

* Cuarteles de policía bien dotados, que protejan a los ciudadanos, que inspiren respeto y que apoyen a los alcaldes en labores preventivas que eviten el robo, la violencia y la muerte.

* Alcaldes preparados, que entiendan su responsabilidad, que sean inspiradores para que los habitantes se contagien y apoyen el trabajo, que no estén aislados de los ciudadanos. Deben liderar ante los propietarios de tierras y fincas las alternativas para cultivar dando trabajo a los campesinos, evitando la miseria y el hambre.

* Medio ambiente protegido, con cuidadores de ríos y quebradas, pagados por el municipio, que limpien, siembre árboles y cuiden las cuencas.

* Empleados de la rama judicial, con sentido de pertenencia, que rápida y eficazmente cumplan con su función, que no llenen los anaqueles de expedientes, dilatando la aplicación de justicia.

* Ciudadanos, serios, empoderados de su domicilio, que trabajen y aporten al municipio, que lideren procesos de emprendimiento que generen empleo y calidad de vida.

* Promover la cultura, con bibliotecas virtuales o físicas, tener espacios para la danza, la música, el teatro y también el deporte motivando la competencia sana entre los barrios, o colegios. Así se evitan el ocio, el vicio, y en general, se cuida a la juventud, teniéndola ocupada.

Respetados lectores, todo esto no es cuento, ni algo iluso, pidamos que los gobernantes se comprometan a cumplir con su función que no es otra cosa que cuidar, proteger, incentivar y motivar a la comunidad.

martes, 14 de febrero de 2023

Colombia: patriotismo y valores

Epicteto, el opinador
Por: Epicteto, el opinador*

Hasta nuestra humilde ágora llegan múltiples peticiones de compatriotas ansiosos de aclarar sus dudas sobre el oscuro panorama que nos rodea.

Mientras gran parte de la población piensa en la necesidad de salir a la calle y organizar un paro nacional contra el tiránico régimen populista, otros aún alientan la ilusión de derrotar a los candidatos de la izquierda radical en las elecciones regionales que se avecinan. Y, mientras tanto, las clases dirigentes, pública y privada, engolosinadas con el cuidado de sus intereses empresariales y personales, actúan como si les importara una higa el porvenir del país. Unos se humillan ante el tirano en busca de las migajas del poder; otros intentan una oposición “constructiva” con quien solamente cree en la destrucción de todo lo existente para construir sobre sus ruinas el “paraíso socialista”.

Para comenzar, debemos actuar con sentido patriótico. Patriotismo no es solamente sentarse frente al televisor con una camiseta amarilla para alentar a nuestros futbolistas.

El verdadero patriotismo debe ser crítico, para denunciar lo que perjudica a la Nación y defender las soluciones que se deben implementar.

Pero también nuestro patriotismo debe ser práctico. No podemos caer en los mismos errores del pasado. Los partidos políticos fracasaron por falta de valores y principios altruistas. Se conformaron con el disfrute del presupuesto y la burocracia. Por ello ahora debe ser el pueblo, conformado por cada uno de los colombianos indignados con lo que vivimos, quien tome las riendas del país y lo salve de la hecatombe generada por el comunismo en el poder.

Por ello he creído en la utilidad de un gran paro nacional, de duración indefinida, acompañado de la paralización del transporte y de toda actividad económica hasta que caiga este gobierno de la mentira y de la infamia.

Un paro que se limite a unas simples marchas, sin un propósito distinto al de la protesta, no pasa de ser un inane gesto de impotencia.

Tampoco creo que el desmonte de un gobierno cuyo origen es espurio, pues se violentó el resultado de las urnas con el fraude, pueda lograrse mediante nuevas elecciones, mientras se mantenga el poder electoral en las manos de quienes perpetraron el robo de las elecciones presidenciales.

No nos queda otra salida que la de unirnos bajo la sombra protectora de los principios cristianos y democráticos que forman parte de nuestra nacionalidad y que este tirano formado en la escuela del crimen quiere conculcar.

Principio de la creación de una gran cruzada para restaurarlos es precisamente el paro nacional con todas sus consecuencias. De allí deben surgir los cuadros directivos, los líderes o promotores y los militantes que en forma masiva encauzarán los caminos de restauración , libertad, justicia y prosperidad que Colombia necesita.

lunes, 13 de febrero de 2023

Editorial: ética

En la editorial de la semana para El Pensamiento al Aire, el doctor Antonio Montoya H, ha escogido como tema central la ética cuyos principios fundamentales hablan del bien y del mal, y de sus relaciones con la moral y el comportamiento humano. No dejes de escucharlo.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Legitimidad, legalidad y dictaduras travesti

Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

La esencia de la problemática regional actual, radica en que vivimos una grave inversión de la escala de valores y se nos extravió el fundamento ético de la debida relación jerárquica entre legitimidad y legalidad.

La filosofía del derecho establece que lo que se denomine como legal, necesariamente primero tiene que ser legítimo. Razón por la cual no debemos justificar la legalización de aquellas conductas que son ilegitimas y nocivas para la sociedad.

Tenemos un problema grave de legitimidad cuando la legalidad es interpretada de forma ambivalente por quienes ejercen la representatividad democrática y el control en los Estados actuales mediante formas autocráticas o dictatoriales disfrazadas de democracias.

Nuestras sociedades pierden su unidad de propósito en materia de desarrollo socioeconómico, cuando un porcentaje significativo de la ciudadanía se desvía del referente que representan sus valores fundacionales: culturales, éticos, cívicos, familiares y patrios.

Actualmente nuestras sociedades y sus economías operan en un mar de contradicciones, en gran parte a cuenta de la falta de autenticidad en la información. La ciudadanía sin duda está confundida en esta época donde las comunicaciones digitales y la desinformación sumada a las carencias culturales y educativas, ponen en duda la propia escala de valores promedio de la sociedad.

Es crítico entender que el referente de legalidad con que juegan las organizaciones criminales terroristas disfrazadas ideológicamente, es totalmente opuesto al de la legitimidad que sustenta el ordenamiento legal preexistente en nuestras débiles democracias constitucionales.

El problema de ilegitimidad se torna insoluble al transgredirse la legalidad, aceptando que sean criminales los que llegan al poder en estas democracias anárquicas, pues para los delincuentes apeados de ideología, el Estado y las leyes existentes son ilegitimas.

¿Cómo esperamos que personas que se formaron y provienen de la delincuencia y el crimen organizado o que llegan al poder patrocinadas por esas fuerzas oscuras, no cometan luego abusos de poder al acomodar el concepto de legalidad a conveniencia de su propio referente de legitimidad?

Los líderes actuales se valen del populismo para imponer a la sociedad un tipo de cambio que se engendra en el concepto de la revolución destructiva en contraposición al de la transformación gradual.

Lo anterior explica la obsesión desmedida por derrumbar las estructuras institucionales existentes por parte de quienes abusan descaradamente del poder pues se sienten con derecho a estar por encima de la ley y de quienes llegan al poder después de haber vivido del crimen.

Es así como el populismo en lugar de trabajar con la escala de valores establecida, habla de la necesidad de invertir los referentes idiomáticos que sustentan los conceptos elementales por nuevas acepciones que utilizan la máscara del favorecimiento minoritario y que desconocen la naturaleza de aspectos tan básicos como el género.

Esto explica por qué la urgencia de cambiar hoy los sistemas de educación: ética, moral, cultural, religiosa, cívica, de respeto por el prójimo y amor a la patria y  la familia, y los modelos de libertad económica y de mercados, por formas ideologizadas de adoctrinamiento basadas en el odio y el resentimiento que se oculta tras lo que por moda se determina como políticamente correcto.

De ahí el apuro por cambiar los principios constitucionales, incluida la importancia de la independencia de poderes, y por debilitar o reemplazar la administración de justicia ordinaria por sistemas de justicia especiales diseñados a la medida de sus referentes parcializados en materia de legitimidad.

Así se explica la obsesión por derrumbar la estructura conceptual sobre la cual está edificada nuestra institucionalidad occidental, fundamentada en valores democráticos bien establecidos que son los que le han dado legitimidad a la legalidad hasta nuestros días.

En el caso de Colombia este problema se atenúa de forma grave, pues existe una cultura permisiva con relación a toda la problemática asociada a la droga, que está terminando con la biodiversidad y el medio ambiente, con la sana formación y desarrollo de la juventud y con la cultura de legitimidad de la legalidad y hasta con la honorabilidad personal en nuestra sociedad.

Es demasiado evidente la actual falta de carácter y entereza de los líderes de nuestras sociedades en toda la región iberoamericana. Parece que olvidamos la máxima de que “Si el balance de los países no es bueno, el balance de las empresas no podrá ser bueno”.

Esta  realidad obliga a la reflexión sobre qué tan crítico resulta que exista unidad de criterio de los líderes de la clase dirigente en todas las instancias institucionales con relación al referente de legitimidad de las acciones públicas con que se conduce un Estado, pues primero debe estar la nación que los intereses ideológicos, económicos y personales de los políticos o de algunos empresarios.

Las instituciones gremiales y asociaciones productivas, están lideradas por figurines incapaces de defender el deber ser que soporta los valores esenciales para la sana convivencia social en medio de una región donde las naciones están regidas por reconocidos delincuentes y no pasa nada.

¿Comprensible? No lo sé, pero es triste ver como algunos de los grandes empresarios regionales se acomodan y cada uno va por su cuenta. No se reúnen ni se juntan a exigir nada a los gobernantes.

Entretanto, los grandes ejecutivos buscan como cabildear al nuevo sistema, tragándose la carnada de que así solucionarán sus problemas puntuales, ignorando que van a quedar enganchados en los arpones del anzuelo atado a la cuerda que maneja el pescador.

La clase política baila la música que imponga quien controla el Estado mientras el concepto de oposición corre grave peligro de extinción. El resto de la sociedad se arruga, calla, y permite la violación de la legitimidad.

Ya no hay sociedad civil porque quienes abusaron de ese importante concepto, están en el poder, y ya no hay sanción social porque pocos cuentan con la solvencia y autoridad moral para ejercerla.

En Colombia, como ya ocurrió en Venezuela, Argentina, Chile, Bolivia, Nicaragua y en otras naciones hermanas, la legalidad se pasó de rosca en las pasadas elecciones. Una vez se aceptó como democrática la conducción de la sociedad a manos de delincuentes indultados con un referente diferente de legitimidad al que consigna el pacto social, es casi imposible que el país regrese a las formas democráticas y menos por medio de procesos electorales amañados y constituciones debilitadas o reformadas con otra escala de valores como referente de legitimidad.

Este problema es cultural y le va a costar al desarrollo de la región entera el sacrificio de varias generaciones hasta que toquemos fondo y el caos sea tal, que desde la miseria seamos capaces de reconstruir una convivencia sobre valores éticos sólidos y no fundamentados en la excusa de la inclusión de diversas formas de interpretar la legitimidad para construir legalidades amañadas.

La región en general cada día está más mal, pero Colombia, un país controlado por las fuerzas oscuras del “negocito aquel”, en pocos meses pasamos de trabajar con unos valores democráticos sólidos, a reemplazar libertad con libertinaje y nos transformamos en una autocracia o un control absoluto de lo que antes fuera la independencia de poderes.

Estamos a manos del pacto entre diversas fuerzas representadas por individuos con una escala de valores inversa a la que nos ha servido en 214 años de democracia, imperfecta pero libre, y la falta de unidad que conlleva a la indefensión de la sociedad, nos aboca a tener un nuevo referente de legitimidad al ver como se establece una dictadura travesti, es decir disfrazada de democracia.