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lunes, 27 de febrero de 2023

Hacia una estrategia eficaz

Epicteto, el opinador
Por: Epicteto, el opinador

Resulta especialmente difícil superar el desconcierto y la disgregación que se observan en la población colombiana, en la búsqueda de soluciones al mayor desastre del país en sus primeros 212 años de vida independiente.

Mientras unos buscan la caída del totalitario régimen comunista que preside el guerrillero Aureliano a través de marchas de protesta a las que llaman “paro nacional”, sin que exista de verdad un cese de todas las actividades, otros insisten en la peregrina idea de derrotar a los candidatos del Gobierno en las próximas elecciones regionales, a sabiendas de que se repetirá el monumental fraude con el que la izquierda radical se hizo con el poder contra la voluntad de las mayorías nacionales. Hasta la fecha ninguna autoridad judicial o administrativa se ha atrevido a hacer reconteos en las urnas ni a investigar las irregularidades denunciadas.

Repasando lo que opinan los políticos, los escritores y el público en general, nos encontramos las más variadas fórmulas para salir del desmesurado embrollo: Que esperemos un salvador “golpe militar”, quimérico y engañoso, después de la decapitación de la cúpula militar con la salida forzada de cerca de 70 generales. Que busquemos la unión de la oposición con los mismos políticos que, por acción u omisión, nos condujeron a este triste callejón sin salida. Que hagamos una oposición “constructiva” a este gobierno que sólo quiere la destrucción de todo lo existente para crear otro país a semejanza de las repúblicas bolivarianas de la persecución y la miseria.

Nos corresponde, ante todo, asumir que aquí no se cambió un partido por otro en el gobierno del país, ni se trata de una pelea entre personajes queridos u odiados por el electorado. No, mis queridos contertulios, lo que aquí ocurrió fue la imposición fraudulenta del progresismo ateo y revolucionario, la destrucción de los valores y principios que formaron el ADN de nuestra Nación, la creación de un nuevo país a merced de los narcos y sus aliados comunistas, todo ello con el propósito de perpetuarse en el poder, conforme a los mandatos del Foro de Sao Paulo.

Se impone, pues, una nueva estrategia para salir del abismo, que pasa por apelar al colombiano de bien, al ama de casa, al pensionado, al militar o policía en uso de buen retiro, al trabajador al que el Gobierno le roba sus ahorros para la pensión, al joven que vislumbra cómo se esfuman sus posibilidades con este negro porvenir, a la clase media castigada por la reforma tributaria y por la más demoledora desvalorización del peso en nuestra historia.

Debemos intensificar la protesta a través de un verdadero paro nacional e indefinido, no una simple procesión sin un preciso objetivo. De allí deben surgir los militantes, promotores y líderes del movimiento que salvará a Colombia de este gobierno de la infamia.

Precisamos desde ahora un principio de organización, de división de tareas, de captación y registro de la militancia. La tarea es ardua pero no estamos autorizados para desfallecer en el momento más crítico que ha vivido nuestra Patria. “Es vergonzoso que, en el transcurso de una vida en la que tu cuerpo no desfallece, en este desfallezca primeramente tu alma” (MARCO AURELIO, Meditaciones, Editorial Gredos S.A., 1977, pág. 120).

martes, 14 de febrero de 2023

Colombia: patriotismo y valores

Epicteto, el opinador
Por: Epicteto, el opinador*

Hasta nuestra humilde ágora llegan múltiples peticiones de compatriotas ansiosos de aclarar sus dudas sobre el oscuro panorama que nos rodea.

Mientras gran parte de la población piensa en la necesidad de salir a la calle y organizar un paro nacional contra el tiránico régimen populista, otros aún alientan la ilusión de derrotar a los candidatos de la izquierda radical en las elecciones regionales que se avecinan. Y, mientras tanto, las clases dirigentes, pública y privada, engolosinadas con el cuidado de sus intereses empresariales y personales, actúan como si les importara una higa el porvenir del país. Unos se humillan ante el tirano en busca de las migajas del poder; otros intentan una oposición “constructiva” con quien solamente cree en la destrucción de todo lo existente para construir sobre sus ruinas el “paraíso socialista”.

Para comenzar, debemos actuar con sentido patriótico. Patriotismo no es solamente sentarse frente al televisor con una camiseta amarilla para alentar a nuestros futbolistas.

El verdadero patriotismo debe ser crítico, para denunciar lo que perjudica a la Nación y defender las soluciones que se deben implementar.

Pero también nuestro patriotismo debe ser práctico. No podemos caer en los mismos errores del pasado. Los partidos políticos fracasaron por falta de valores y principios altruistas. Se conformaron con el disfrute del presupuesto y la burocracia. Por ello ahora debe ser el pueblo, conformado por cada uno de los colombianos indignados con lo que vivimos, quien tome las riendas del país y lo salve de la hecatombe generada por el comunismo en el poder.

Por ello he creído en la utilidad de un gran paro nacional, de duración indefinida, acompañado de la paralización del transporte y de toda actividad económica hasta que caiga este gobierno de la mentira y de la infamia.

Un paro que se limite a unas simples marchas, sin un propósito distinto al de la protesta, no pasa de ser un inane gesto de impotencia.

Tampoco creo que el desmonte de un gobierno cuyo origen es espurio, pues se violentó el resultado de las urnas con el fraude, pueda lograrse mediante nuevas elecciones, mientras se mantenga el poder electoral en las manos de quienes perpetraron el robo de las elecciones presidenciales.

No nos queda otra salida que la de unirnos bajo la sombra protectora de los principios cristianos y democráticos que forman parte de nuestra nacionalidad y que este tirano formado en la escuela del crimen quiere conculcar.

Principio de la creación de una gran cruzada para restaurarlos es precisamente el paro nacional con todas sus consecuencias. De allí deben surgir los cuadros directivos, los líderes o promotores y los militantes que en forma masiva encauzarán los caminos de restauración , libertad, justicia y prosperidad que Colombia necesita.

martes, 22 de noviembre de 2022

Colombianos: ¿Cómo salimos de este laberinto?

Epicteto, el opinador
Por Epicteto, el opinador*

Me llegan, como seguramente también a ustedes, mis apreciados contertulios, frecuentes preguntas sobre la manera más eficaz para enderezar el entuerto en que nos colocaron los politiqueros de siempre, y sobre cómo revertir el desastre electoral al que nos condujo el monstruoso fraude perpetrado con anuencia de los gobernantes de turno.

Tarea nada fácil, si queremos acertar en la respuesta. Ya se escuchan voces llamando a conformar una oposición unida para presentarle cara en los próximos comicios regionales al populismo socialista, ahora enquistado en el gobierno. Pretender que los políticos se unan a esta lucha es como buscar el ahogado aguas arriba. Quienes buscaron nuestros votos en las pasadas elecciones para enfrentar la amenaza de la extrema izquierda ahora son sus aliados en el Congreso, sin que se les caiga la cara de vergüenza.

Mientras tanto, en el gobierno nacional y en las alcaldías controladas por los amigos del castrochavismo, que son la mayoría, se aplican los recursos humanos y económicos del Estado a montar la aplanadora gubernamental en favor de sus propios candidatos.

No existe, pues, mis queridos y bien intencionados amigos, ninguna posibilidad de éxito por la vía democrática, con un régimen que para mantenerse en el poder utilizará todas las formas de lucha, como lo enseña su estrategia marxista-leninista y como se evidenció, para infortunio de esta sufrida Patria, en las pasadas elecciones.

Nos queda un recurso mucho más contundente: apelar directamente a los colombianos de bien, que somos la mayor parte de la población, sin intermediación de la desprestigiada clase política. Ya ha empezado a anunciar su incontrastable fuerza en las multitudinarias manifestaciones de protesta que los medios han tratado inútilmente de desconocer o minimizar. Contrastan estas espontáneas expresiones con las pobrísimas celebraciones de los primeros cien días del actual gobierno, a las que no acudieron ni sus promotores.

Si se trata, como me han preguntado, de romper el nudo gordiano que nos ahoga, no podemos desperdiciar estas marchas, plenas de coraje e indignación contra las reformas del régimen social-comunista. No nos conformemos con denunciar los daños que se están causando a los colombianos ni con pedir la renuncia al presidente, pues no lo va a hacer: su propósito es perpetuarse en el poder.

Hay que dar un sentido inteligente y productivo a las protestas. ¿Cómo lograrlo? Transformando esa masa improvisada en un movimiento organizado con una estructura que represente a sus participantes sectorizados por regiones, municipios, y actividades personales de cada uno. Con ese principio de organización, establezcamos una estrategia para derrocar el régimen de la infamia mediante un paro nacional e indefinido, una desobediencia civil y una resistencia generalizada en la que militemos colombianos sin distingos de clase o partido. Solamente dejaremos por fuera a los venales y corruptos politiqueros que nos condujeron al abismo. He allí la fórmula eficaz que requiere el país.

Una salvedad sí tengo la obligación de hacer: no esperemos resultados a la vuelta de la esquina. Esta cruzada puede prologarse mucho más allá de lo que todos deseamos. Pero no nos es permitido pensar a corto plazo, como lo han hecho nuestros dirigentes. Siempre pensaron en ganar unas elecciones, no en los intereses de las futuras generaciones. Por eso entregaron el país a los más ineptos, los más corruptos, los más malvados que pudieron encontrar. Sesenta años le tomó al comunismo llegar al poder. Podemos resistir también lo que sea necesario para recuperarlo.