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miércoles, 13 de mayo de 2026

Más malas que los peores nazis

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

En la interminable historia de las atrocidades disputan el primer lugar el nazismo y el comunismo. Este último presenta diferentes y aterradoras modalidades: leninismo, estalinismo, maoísmo, tan bien conocidas como equiparables; y otros movimientos aún más radicales y sangrientos —si es posible—, como los de Corea del Norte y los khmeres rojos, cuyos genocidios no han tenido el alcance global de los primeros.

Escoger el peor comunismo no es fácil, porque todos han sido atroces y conducen a los países, inexorablemente, a la opresión, la miseria y el hambre, pero como lo único que saben hacer bien es propaganda política y adoctrinamiento académico, en la percepción corriente los máximos crímenes de la historia se atribuyen únicamente a los nazis, día y noche, y año tras año, mientras de los cien y más millones de muertos del comunismo poco o nada se habla en las universidades, y nunca en los millares de libros de “historia”, que vomitan los diferentes mecanismos de “memoria histórica”, “comisiones de la verdad”, la JEP y similares, y los museos sobre la violencia, que los gobiernos marxistas dotan espléndidamente, no solo en Colombia…

Resumiendo: no podemos aceptar la narrativa de que los nazis son lo peor de la historia universal, porque los comunistas han sido iguales o peores…

Pasemos ahora a Colombia, donde se entregó el poder, desde 2016, a las guerrillas comunistas más fanáticas, sanguinarias, destructoras y rapaces.

No vale la pena escoger cuál es la más perversa: FARC y ELN, a la hora de la verdad son lo mismo, ejércitos de obediencia cubana, marxistaleninistas, terroristas al servicio, tanto del ideal revolucionario como del narcotráfico.

Lo que nadie ha considerado es que las guerrillas colombianas superan en maldad y perversidad los peores instrumentos nazis del terror, porque las Schutzstaffel, las horribles SS, nunca reclutaron niños y jamás han sido acusadas de organizar masivamente el aborto de niñas violadas. Eran máquinas de muerte tan disciplinadas y fanáticas como las FARC y el ELN, que las superan ampliamente y, por tanto, pueden reclamar para Colombia el campeonato mundial del terror.

Cuando después de diez años de comedia los comanditarios de la JEP reconocen impávidos 18.000 niños reclutados, corrompidos y abusados, ¿cómo es que un país indolente los tolera y a su principal orientador se lo recibe como a un candidato presidencial normal?

martes, 2 de diciembre de 2025

De cara al porvenir: el comunismo

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

El comunismo es una ideología política y económica que busca la igualdad y la justicia social a través de la propiedad colectiva de los medios de producción y la abolición de las clases sociales. A continuación, se presentan las ventajas actuales del comunismo y sus diferencias con otras propuestas políticas.

Ventajas del comunismo

1. Igualdad y justicia social: el comunismo busca la igualdad y la justicia social a través de la distribución equitativa de los recursos y la abolición de las clases sociales.

2. Propiedad colectiva: la propiedad colectiva de los medios de producción puede ayudar a reducir la desigualdad económica y a promover la cooperación y la solidaridad.

3. Planificación económica: la planificación económica centralizada puede ayudar a coordinar la producción y la distribución de recursos de manera más eficiente.

Diferencias con otras propuestas políticas

1. Capitalismo: el comunismo se diferencia del capitalismo en su enfoque en la propiedad colectiva y la planificación económica centralizada, mientras que el capitalismo se basa en la propiedad privada y la libre empresa.

2. Socialismo: el comunismo se diferencia del socialismo en su objetivo de abolir las clases sociales y establecer una sociedad sin clases, mientras que el socialismo busca reformar el capitalismo para hacerlo más justo y equitativo.

3. Liberalismo: el comunismo se diferencia del liberalismo en su enfoque en la igualdad y la justicia social, mientras que el liberalismo se enfoca en la libertad individual y la protección de los derechos humanos.

Instrumentación de un gobierno comunista

1. Propiedad colectiva: un gobierno comunista establecería la propiedad colectiva de los medios de producción y la planificación económica centralizada.

2. Distribución equitativa: un gobierno comunista buscaría distribuir los recursos de manera equitativa y justa, según las necesidades de cada persona.

3. Participación ciudadana: un gobierno comunista podría promover la participación ciudadana y la toma de decisiones colectivas a través de asambleas y consejos populares.

Críticas y desafíos

1. Ineficiencia económica: el comunismo ha sido criticado por su ineficiencia económica y la falta de incentivos para la innovación y la productividad.

2. Falta de libertad individual: el comunismo ha sido criticado por su falta de libertad individual y la restricción de los derechos humanos.

3. Dificultades en la implementación: el comunismo ha sido difícil de implementar en la práctica, especialmente en sociedades complejas y diversificadas.

La crisis de la democracia es un tema complejo y multifacético que requiere soluciones innovadoras y efectivas. Algunos argumentan que el comunismo puede ser una solución a esta crisis, mientras que otros sostienen que es precisamente el comunismo el que ha contribuido a la erosión de la democracia. A continuación, exploraremos los argumentos a favor y en contra del comunismo como solución a la crisis de la democracia.

Argumentos a favor del comunismo

1. Igualdad y justicia social: el comunismo busca la igualdad y la justicia social a través de la distribución equitativa de los recursos y la abolición de las clases sociales.

2. Participación ciudadana: el comunismo puede promover la participación ciudadana y la toma de decisiones colectivas a través de asambleas y consejos populares.

3. Redistribución de la riqueza: el comunismo puede ayudar a redistribuir la riqueza y a reducir la desigualdad económica.

Argumentos en contra del comunismo

1. Ineficiencia económica: el comunismo ha sido criticado por su ineficiencia económica y la falta de incentivos para la innovación y la productividad.

2. Falta de libertad individual: el comunismo ha sido criticado por su falta de libertad individual y la restricción de los derechos humanos.

3. Dificultades en la implementación: el comunismo ha sido difícil de implementar en la práctica, especialmente en sociedades complejas y diversificadas.

Entre sus principales representantes están Karl Marx, Friedrich Engels, Vladimir Lenin, Mao Zedong, Joseph Stalin, León Trotski, Fidel Castro, Ho Chi Minh, Kim il- Sung.

Nota: dice el titular de primera página del periódico El Tiempo, del 20 de noviembre del presente año: “Contraloría pide datos de compra de los Gripen”. Siente uno cierta desazón de que el Organismo de Control se haga visible y se haga sentir solamente después de que se destapa un posible escándalo de corrupción alrededor de la compra de los aviones de combate a Suecia por parte de los medios de comunicación. Por la cuantía involucrada su presencia debe ser permanente desde el inicio del proceso, sino será, como siempre, un convidado de piedra.

¡Qué falta de iniciativa, qué falta de cumplimiento de sus obligaciones legales! Aquí el control se hace post mortem, es decir, cuando ya no hay nada que hacer.

¡Qué pesar de mi querida Colombia!

jueves, 14 de noviembre de 2024

¿Qué es lo que no acabamos de entender?

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

En un mundo globalizado como este que nos ha correspondido compartir, no podemos soslayar lo que ocurre allende nuestras fronteras para sacar conclusiones aplicables a nuestra realidad.

El sorpresivo triunfo de Donald Trump cuando parecía que la primera democracia del mundo se había doblegado ante la ideología “woke”, el avance del materialismo, el abandono de los valores morales en aras de la ideología de género, y, en general, la pérdida de los valores espirituales surgió con ímpetu increíble –como un tsunami–, la movilización de las masas para dar la victoria a quienes defendieron ideales tan caros para el pueblo como “Dios, patria y familia”.

Es un ejemplo del que podemos extraer sólidas enseñanzas que nos ayuden a entender nuestra propia coyuntura y a actuar de conformidad.

Nos hemos quedado en un rechazo al régimen que dicen las estadísticas está cerca del 70%, y en una indignación adobada de impotencia que se traduce en el grito desesperado de las multitudes que corean “Fuera, Petro” donde quiera que se reúnen en forma multitudinaria.

Pero nos negamos a entender que estamos en presencia de una camarilla que nos quiere arrebatar nuestra identidad nacional. Pasamos de largo ante la dura realidad que nos plantea una batalla cultural, no una mera confrontación para cambiar al presidente de turno. ¿Cuándo vamos a entender que lo que nos estamos jugando es el futuro del país y el de nuestra descendencia?

Comprendamos de una vez por todas que si perdemos esta batalla caeremos en las garras del comunismo, ahora oculto bajo las banderas del “cambio” o del “progresismo”. Revisemos una por una las decisiones de la camarilla gobernante enderezadas a la pauperización del pueblo para colocarlo bajo su control, al desmoronamiento de las fuerzas del orden para impedir que podamos recuperar el orden constitucional perdido, a la destrucción de la familia para que sea el Estado totalitario quien forme o deforme a nuestra juventud, al blindaje del narcotráfico y de la criminalidad para que sirvan de aliados en la tarea de perpetuar el régimen comunista en las próximas décadas.

¿Qué es lo que no queremos entender cuando nos informan a diario sobre lo que está ocurriendo en Cuba, en Venezuela, en Nicaragua y lo que quieren reeditar en Bolivia, Ecuador, Brasil, Chile y Colombia?

¿Por qué no somos consecuentes y actuamos de manera eficaz ante la amenaza que se cierne sobre nuestras vidas y las de nuestros hijos? Si el llamado es a librar una batalla cultural, no podemos responder con la tímida convocatoria a las próximas elecciones, con un candidato vinculado a las viejas élites, para ofrecer al potencial electorado más de lo mismo.

A grandes males, grandes remedios. Es el momento para revitalizar nuestra democracia despojándola de los mecanismos que la han encadenado al clientelismo, a la compra de votos, a la corrupción, a la politización de la justicia y tantos males que ahora se convierten en las principales armas para perpetuar a los representantes del mal en el poder. Sobre el particular opina Jacques Maritain:

“Aquí nos hallamos en presencia de ese maquiavelismo impetuoso, irracional, revolucionario, violento y demoníaco, para el que la injusticia sin límites, la violencia sin límites, la mentira y la inmoralidad sin límites, son los medios políticos normales, y que extrae una abominable fuerza de ese carácter ilimitado del mal. Y bien podemos advertir qué clase de bien común es capaz de aportar a la humanidad un poder semejante, que sabe perfectamente cómo no ser bueno, y cuya hipocresía es una hipocresía consciente y feliz, una hipocresía ostentosa y gloriosamente promulgada, cuya crueldad aspira tanto a destruir las almas como los cuerpos y cuya mentira es una perversión total de la función misma del lenguaje.”

Somos testigos de excepción de numerosos eventos que evidencian la inmoralidad y la absoluta carencia de ética en la gestión de quienes nos gobiernan. Para muestra un botón: En marzo del 2023 unos encapuchados autodenominados “guardia indígena” secuestraron a 78 agentes de la Policía y degollaron al subintendente Ricardo Monroy. Los patrulleros habían sido enviados a proteger las instalaciones de la empresa Emerald Energy, amenazada por los terroristas, y la Casa de Nariño los envió sin armas de fuego letales para su protección personal. Durante varias horas fueron atacados por los secuestradores defendiéndose solamente con cartuchos de gases lacrimógenos hasta que fueron apresados y despojados de radios, instrumentos de defensa y uniformes. En medio del ataque solicitaron los agentes el apoyo del Gobierno, el cual les fue negado, a pesar de que se encontraba a poca distancia un contingente del Ejército que recibió órdenes de retirarse del lugar. Ni el ministro de Defensa, Iván Velásquez, ni el de Interior, Alfonso Prada, hicieron absolutamente nada para socorrer a los policías secuestrados. Este último calificó el secuestro como un “cerco humanitario”. Ha pasado más de un año y este concurso de delitos (concierto para delinquir, homicidio, secuestro, porte ilegal de armas) que involucra la complicidad del alto Gobierno, continúa impune. En cualquier país del mundo no solamente habría sido sancionado con las máximas penas, sino que estaría en entredicho la permanencia en el poder del presidente, los ministros y los altos mandos salpicados de coautoría o complicidad.

Ni la sociedad, ni los altos mandos de la Fuerza Pública, ni los organismos de investigación, ni nuestra pomposa administración de justicia han tenido tempo para sancionar este execrable atentado contra la ley, la autoridad y la seguridad de los colombianos. ¿Cuándo acabaremos por entender que aquí lo que se requiere es un revolcón para restablecer el Estado de Derecho, el orden constitucional, la dignidad de la persona humana y el bien común, espiritual y material de todos los colombianos?

martes, 2 de abril de 2024

¡No perdamos más el tiempo!

Por: Luis Alfonso García Carmona

Luis Alfonso García Carmona

Dilapidar tiempo y energías en estériles tareas, mientras avanza con pasmosa celeridad la difusión e implantación de las funestas doctrinas que conducen al país inexorablemente a su destrucción, es un lujo que no podemos permitirnos los colombianos.

No obstante, eso es precisamente lo que viene ocurriendo, impulsado hábilmente por un régimen centrado en el objetivo de poner en marcha una revolución en abierta contradicción con la idiosincrasia, las costumbres, creencias y principios que han modelado la nacionalidad colombiana y dejado honda huella en su devenir histórico. 

En un botafuego permanente contra quienes no comparten sus dislates se ha convertido el jefe del Estado, olvidando sus roles naturales de liderar la unidad de sus gobernados y trabajar de manera armónica con todas las ramas y niveles del poder en busca del bienestar común de los asociados.

Nos ha llevado inconscientemente a una diaria confrontación para desvirtuar sus falaces, inoportunas y dañinas intervenciones en los medios virtuales o en sus callejeras apariciones para seguir destilando odio en lugar de cumplir con los deberes derivados de su investidura.

Columnistas, dirigentes políticos, orientadores de opinión, analistas de todo género se han visto involucrados en esa vorágine de comentarios, réplicas y explicaciones sobre las descabelladas alocuciones presidenciales.

Olvidan tan distinguidos compatriotas que sus inanes esfuerzos en nada contribuyen a detener la verdadera amenaza que sobre el país se cierne con paso seguro, pero no tan lento: la conversión de Colombia en un país esclavo del sistema comunista, totalitario, materialista y criminal, cuya doctrina inspira al régimen actual y a sus aliados en el gobierno.

Para quienes necesitan refrescar la memoria y para las grandes mayorías que toda hora reciben un adoctrinamiento sutil a través de los medios, no dudo en recomendar la lectura de un resumido texto que ha reproducido el blog La Linterna Azul y pueden encontrar en el siguiente enlace: Lenin: números, datos e imágenes de los crímenes del primer dictador comunista – La Linterna Azul (wordpress.com)

No nos engañemos. Ese es el futuro que espera a los colombianos si no actuamos ya en la dirección correcta y dejamos de perder el tiempo en actividades baladíes, como la de dedicarnos a controvertir cada intervención presidencial, sin proponer acciones efectivas para salir de la crisis.

No hay otro camino, mis estimados compatriotas, que derrocar al sátrapa que ocupa indignamente la Presidencia, a través del único instrumento constitucional vigente, el proceso ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara por violación de los topes de gastos de la campaña.

Pero no termina allí nuestro compromiso para salvar a Colombia de la maldad y el crimen entronizados en la dirección del Estado: Debemos ser capaces de convertir ese espontáneo e independiente movimiento de rechazo que se ha tomado las calles y plazas de las ciudades con el lema de “Fuera, Petro” en una gran fuerza política que en 2026 llegue al poder para revertir las infames propuestas revolucionarias de la extrema izquierda y construir con las mayorías colombianas un país libre, democrático y orientado a proporcionar el Bien Común, no a favorecer a la delincuencia.

miércoles, 21 de febrero de 2024

Usted y yo tenemos la palabra

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Cerca de un año y medio llevamos los colombianos padeciendo la peor crisis política de nuestra historia. Se ha arrasado con el Estado de Derecho y con la libertad de los ciudadanos a elegir válidamente, no a través del fraude, a su presidente y a los miembros del Congreso. La gestión pública está orientada a la mutación de Colombia en un narco-estado subyugado por el comunismo internacional, a perpetuar la izquierda radical en el poder, a apoderarse de los dineros públicos y del ahorro de los trabajadores, y a desmoronar los más elementales servicios de bienestar, como lo son la salud pública y el sistema pensional.

Salvo contadas y ejemplarizantes excepciones, ha contado la camarilla gobernante con la ausencia de una eficaz oposición política, ya que el soborno ejercido a través del reparto descarado de prebendas y dinero ha superado cualquier rezago de ética por parte de los representantes de la “oposición constructiva” en el Congreso. Gracias a la generalizada falencia moral, este perverso régimen ha podido avanzar en su frenesí revolucionario y destructivo.

Expósito de una dirección capaz de detener la avalancha demoledora de nuestras instituciones, el pueblo colombiano ha tenido el coraje y la sabiduría para responder en forma espontánea a las voraces pretensiones de la extrema izquierda.

Sin que medie la actividad rectora de los partidos autodenominados “de centro” o “de centro-derecha”, observamos cómo en las encuestas de opinión continúa la curva descendente de favorabilidad del Gobierno, que ya llega al 64 %.

En los estadios, plazas de toros, salones de conciertos y lugares de concentración de masas se escucha unánimemente el grito “fuera Petro”.

Y hasta la calle, el escenario preferido por la izquierda criolla para escenificar sus “estallidos sociales”, ha sido recuperada por los movimientos cívicos y los veteranos de la fuerza pública para protestar pacíficamente contra la dictadura “castro-chavista”.

Como si faltara alguna evidencia, en las pasadas elecciones, donde se decidía el futuro de las regiones, resolvió el pueblo convertir los comicios en un verdadero plebiscito manifestando en las urnas su rotundo rechazo a los amigos del Gobierno. Allí se sentenció de la manera más clara la próxima caída del sátrapa guerrillero.

Reconozcamos que ha surgido una nueva opción en el panorama político colombiano: La oposición cívica, espontánea e independiente compuesta por hombres y mujeres de bien, comprometidos con el futuro del país y con el bienestar de todos los colombianos.

Hemos adoptado como bandera el juicio político por indignidad para derrocar a quien ejerce de manera espuria el poder ejecutivo. Y lo hacemos conscientes de que es el único camino viable dentro de nuestro ordenamiento jurídico, porque somos respetuosos de la ley.

No buscamos nada diferente a encender una luz que nos guíe hacia la reconstrucción del país y la demolición del andamiaje marxista-leninista que carcome nuestras instituciones.

¿Cómo podemos lograr el éxito en nuestra empresa? Cada uno de nosotros debe cumplir con su tarea. No esperemos que vengan mesiánicos líderes a hacerla por nosotros.

Tampoco nos es permitido cruzarnos de brazos a la espera de ser liberados mediante un golpe de Estado.

Ni es una opción probable la esperanza de que algún día abandonen los caudillos políticos sus particulares intereses para unirse con el propósito de rescatar a Colombia de la barbarie materialista y corrupta que nos asfixia.

No, queridos compatriotas. La solución está en nosotros. Usted y yo tenemos la palabra.

jueves, 25 de enero de 2024

El peligro avanza en medio del inmovilismo

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Comenzó el 2024 sin cambios en las peligrosas tendencias que conducen al abismo a la sociedad colombiana desde el arribo al poder de la izquierda radical, en asocio de sus indeseables aliados.

Entre tanto, continúa la clase dirigente evadiendo su innegable responsabilidad en la aprobación mediante el “soborno parlamentario” de los proyectos que a consideración del Congreso remite el Ejecutivo. Ese es el remedo de democracia que nos ha tocado vivir en esta aciaga hora de nuestra historia.

Por su parte, el sector privado, casualmente el sector que lleva todas las de perder en los regímenes colectivistas, escoge la política del avestruz y cree que su timorata actitud lo exonerará de las expropiaciones y ataques de todo tipo a la propiedad privada y a la libertad de empresa que el petrismo le tiene reservadas.

Por el contrario, sí existe una oposición extraparlamentaria, espontánea y mayoritaria, que no comparte la ideología socialista, ni los absurdos proyectos en que se ha empeñado el Gobierno, ni la rampante corrupción que se practica desde las altas esferas hasta los más alejados territorios, ni la inseguridad de los habitantes, ni la mediocridad de quienes son designados en altos cargos por su fanatismo o por sus aportes a la campaña electoral.

Tres aldabonazos han dado esa gran población de descontentos con el régimen: marchas multitudinarias de protesta, clamorosos llamados al “Fuera, Petro” en estadios deportivos, conciertos y ferias de Colombia, y una estruendosa derrota a los candidatos amigos del régimen en las pasadas elecciones regionales.

Vale la pena anotar que ninguna de estas manifestaciones de oposición ha sido coordinada por partidos políticos opuestos al Gobierno, pues estos dejaron de existir. Responden a una movilización de una fuerza cívica, independiente, sin caudillajes, que solo aspira al bien de Colombia.

¿Cuál debe ser el camino a seguir?

Encaucemos y organicemos de manera racional y sistemática esa gran fuerza independiente, y arbitremos los recursos económicos y tecnológicos para convertirla en el motor de cambio que requiere el país.

No nos preocupemos ahora por los elementos doctrinarios pues basta con saber que procuraremos defender nuestras raíces ideológicas contra la pretensión petrista de convertirnos en un narco estado afiliado a la órbita comunista.

Tampoco necesitamos poner el movimiento bajo la dirección de un líder, por el momento. Será un pequeño colectivo de emprendedores, líderes, administradores y activistas, quienes llevarán esta fuerza hasta el punto de registrarla como “movimiento significativo de ciudadanos” para obtener las mayorías parlamentarias y la Presidencia en el próximo período. En este largo camino que ahora emprendemos aparecerá –por sus propios méritos– el líder que todos los afiliados debemos elegir internamente.

Un feliz nuevo año deseo a quienes me honran con su acompañamiento en estas columnas, con mi encarecida invitación a participar en esta fuerza nacional para reconstruir a Colombia.

miércoles, 3 de enero de 2024

O. Figes y su historia cultural de Rusia

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

La revolución comunista que sometió a Rusia a partir de 1917, y la francesa, son sin duda alguna, acontecimientos cruciales que, por lo mismo, han producido muchísima literatura, propaganda, publicidad, defensa o impugnación.

De esa inmensa masa escrita sobresalen incontables historias, favorables o no, porque la parcialidad política determina desde luego la calificación del lector.

El historiador aspira a la narración imparcial, pero el lector pocas veces lo reconoce. Así que un siglo después de los hechos, interpretaciones admirables, que dan lugar a obras fundamentales, todavía suscitan discusiones políticas. Sin embargo, hay dos narraciones incomparables de la Revolución Rusa, que dejan pocas dudas sobre el horror, la inutilidad, la crueldad y la barbarie del comunismo.

Me refiero a “La Revolución Rusa 1899-1919”, de Richard Pipes, y a “La tragedia de un pueblo: la Revolución Rusa 1891-1924”, de Orlando Figes. De ambas hay excelentes y recomendables ediciones en español.

Hoy quiero referirme a otra obra de Orlando Figes, “El baile de Natacha, una historia cultural de Rusia” (Barcelona: Edhasa; 2010), cuyo curioso título se refiere a Natacha, la encantadora protagonista de “Guerra y paz”, aristocrática jovencita petersburguesa, que de visita al campo baila una danza rural con la mayor naturalidad, lo que da a entender hasta dónde existía una identidad profunda, constitutiva de una nación, a pesar de la inmensa distancia entre las clases sociales, la multitud de pueblos y las contradictorias influencias europeas y asiáticas que a través de los siglos se conjugan en el mayor escenario geográfico del mundo.

En realidad, como dirá el autor, “una cultura es más que una tradición (...) es algo visceral, emocional, distintivo, que forma la personalidad y une a las gentes con un pueblo y un lugar” (pag. 687).

Orlando Figes (1959-), historiador inglés, profesor del Birbeck College, ha dedicado todo su esfuerzo a los temas rusos. Al lado de su monumental historia de la revolución ha escrito esta historia cultural, y “Los que susurran, la represión en la Rusia de Stalin”.

“El baile de Natacha” es tan voluminoso como interesante: 690 páginas de texto, 70 con citas de documentos rusos especialmente, y 36 que recomiendan centenares de estudios específicos, que dan fe del enorme esfuerzo que ha significado el libro, acompañado, además, de pertinente iconografía.

En la historia cultural de Rusia se presenta una oposición fundamental entre el Occidente europeo y cristiano y el inmenso empuje asiático, tribal, primitivo y pagano. Ese contraste dará lugar a un país fascinante y único, plasmado por fuerzas de increíble potencia que siempre han exigido respuestas políticas de la mayor energía, despóticas en general.

Al leer este maravilloso libro echamos de menos los capítulos sobre ciencia, tecnología y deporte, porque los rusos han sido grandes matemáticos e insignes ajedrecistas. Lo mismo podría decirse del apasionante tema religioso, siempre presente en la literatura rusa, pero este, desde luego, exigiría otra obra.

Figes nos conduce a través de historia, folklore, música, pintura, literatura, antes de detenerse en una serie de inmensas figuras, tanto las conocidas universalmente como las que han permanecido vigentes solo en el ámbito propio del país.

Entre los numerosos temas tratados no podría faltar el horror que se vivió bajo el comunismo, de manera que el capítulo 7, “Rusia a través de la lente soviética”, es de especial relieve para quienes vivimos en un país que está siendo llevado hacia la revolución, tanto por la acción malévola del Gobierno como por la indolencia —y a veces complicidad— de una clase política tan inepta como indigna, que cifra sus esperanzas en un movimiento electoral espontáneo y pendular que la exonera del necesario esfuerzo para resistir unificada y eficazmente, mientras las instituciones, una a una, son demolidas sistemáticamente.

lunes, 31 de julio de 2023

Colombia al rescate de la identidad perdida

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

Asistimos en Colombia al desmoronamiento de una cultura vinculada a los valores judeo - cristianos, al respeto por la dignidad del hombre, su libertad y sus derechos fundamentales y a la defensa de la familia tradicional, como núcleo esencial de la sociedad.

Actúa la camarilla gobernante en consonancia con su funesta ideología marxista - leninista. Parte de la base de que es preciso destruir nuestra cultura, nuestros principios democráticos, la institución de la familia, para construir una nueva cultura sobre las ruinas de lo existente. Es, ni más ni menos, lo que el comunismo enseña y práctica.

La llegada de la camarilla de extrema izquierda al poder por medios fraudulentos ha significado la culminación de un proceso de manipulación de masas, cumplido a espaldas del pueblo, con la complicidad de una corrupta clase política, entregada al usufructo del poder, olvidando su compromiso con el bien común de los gobernados.

¿Cómo olvidar el “raponazo” del Gobierno de Santos –con la complicidad de las mayorías parlamentarias y la Corte Constitucional– al pueblo que rechazó en el plebiscito de 2016 el humillante acuerdo de La Habana? Luego vino el Gobierno “de transición” (debería llamarse “de traición”), con el que se protocolizó la entrega del país al movimiento castro-chavista que pretende convertirnos en otro país esclavo del Socialismo del siglo XXI.

Se cumple, en consecuencia, con el objetivo revolucionario, sin que la clase dirigente se dé por enterada. Si repasamos los discursos de los aspirantes a ser elegidos en las próximas elecciones regionales, no encontramos alusión alguna a la desintegración cultural que cumple a sus anchas el tiránico régimen petrista.

Como el avestruz, los dirigentes de los partidos políticos esconden sus cabezas, mientras el régimen construye, a través de la Comisión Nacional de Participación, las propuestas con carácter “vinculante” elaboradas por 74 recalcitrantes comunistas y 6 representantes de los gremios, que se convertirán en normas constitucionales sin participación del pueblo ni del Congreso. Todo, en nombre del supremo pretexto de hacer la paz con el ELN.

Tampoco reaccionan estos representantes del “centrismo” y de los discursos “políticamente correctos” ante la conformación de colectivos de sicarios armados bajo el remoquete de “gestores de paz”, o “guardias campesinas”, con los cuales se reemplazarán las legítimas fuerzas del Estado, el Ejército y la Policía Nacional.

Urge la conformación de una gran fuerza comprometida en el rescate de nuestra identidad perdida en manos de una fracasada clase política.

Debemos construir de nuevo un “nosotros”, compuesto por quienes creemos que el Estado debe garantizar a todos los ciudadanos el derecho a la vida y a la seguridad, en vez de promover la impunidad y la promoción del narcotráfico.

Un “nosotros” que propugne por el respeto a las decisiones democráticas del pueblo y proscriba para siempre el fraude electoral, la compra de votos y la coacción por medio de la fuerza a los electores.

Un “nosotros” que fomente el crecimiento económico, promueva el empleo digno, reduzca el tamaño y costo del Estado, establezca incentivos a la industria nacional y a los empresarios del campo.

Un “nosotros” que proteja nuestras familias, eliminando el adoctrinamiento en las tesis marxistas y en la ideología de género, y adoptando una legislación acorde con nuestra tradición cristiana y de respeto a la dignidad humana.

Construyamos un “nosotros” para que los gobernantes busquen el bien común, moral, intelectual y material, de los asociados y no su propio beneficio.

Seamos parte de un “nosotros” que ponga en práctica el amor fraternal con nuestro prójimo y atienda sus necesidades de salud, de bienestar y de desarrollo para atender a sus propias necesidades y las de su familia.

Es el momento de recuperar nuestra tradicional identidad que la camarilla en el poder pretende arrebatarnos mediante la degradación de las costumbres, la impunidad con el crimen, el abuso del poder, la mentira, la violencia, la inmoralidad y la destrucción de nuestro patrimonio moral.

martes, 18 de julio de 2023

Lo que nos deja el comunismo

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

La inconsciencia colectiva y la ausencia de sólidos valores en la clase dirigente llevan con frecuencia a las naciones al abismo materialista y totalitario del régimen comunista.

Fue lo que acaeció en Colombia el pasado año a pesar de las públicas amenazas del Foro de Sao Paulo, desatendidas por gobernantes y dirigentes políticos, más interesados en su perpetuación en el poder que en la suerte de sus coterráneos.

Se entregó el poder a una camarilla ajena a los más elementales principios éticos, obnubilada con la implantación de las doctrinas marxistas-leninistas, sin importar los medios que haya que utilizar ni las consecuencias de anarquía, miseria y esclavitud que sobrevendrán necesariamente a la población bajo su yugo.

Comenzó con la decapitación de la cúpula militar para devastar su capacidad operativa, mientras se arman grupos irregulares de vándalos y sicarios bajo los remoquetes de guardias campesinas e indígenas o gestores de paz, como ha ocurrido en otros pueblos que han caído bajo el dominio comunista.

Todo un programa de beneficios a los cultivadores de coca e impunidad para vándalos, terroristas, políticos corruptos y narcotraficantes que apoyaron la campaña petrista a la Presidencia se ha puesto en marcha, cobijado con el engañoso lema de la “paz total”.

Con las reformas tributaria, laboral y pensional, y los proyectos contra la explotación de hidrocarburos y a favor de la expropiación, sólo cabe esperar la destrucción del sector empresarial y el advenimiento del desempleo, la miseria y el caos social que han caracterizado los sistemas comunistas.

Pero si esto es lo que se ha podido vislumbrar en el primer año del régimen totalitario del camarada Petro, todavía nos espera lo peor. Con el pretexto de las negociaciones de paz con los narcoterroristas del ELN, se está entregando el futuro de la patria al totalitarismo comunista, a espaldas del pueblo colombiano y, lo que es más grave, con la complicidad de la clase política.

Ya Petro creó, por pedido del ELN, la Comisión Nacional de Participación, “para recoger, sistematizar y presentar las propuestas de la sociedad civil que deben ser acogidas de manera automática y vinculante por la mesa de negociación”.

Y, ¿quiénes son los que representan a la sociedad civil? Pues 70 grupos o colectivos de orientación marxista-leninista, entre los cuales se encuentran Fecode, Comando Nacional Unitario, Mesa Permanente de Concertación Indígena, dos frentes de la Primera Línea, personas privadas de la Libertad, y otras “juntanzas” por el estilo, y unos 10 representantes del Gobierno, el Congreso y los gremios que servirán de comodines para dar apariencia de neutralidad a este contubernio del “yo con yo”.

Como certeramente anota el filósofo Alfonso Monsalve Solórzano: Lo que recomienden será asumido por la mesa de negociación y convertido en ley de la república o norma constitucional, como sucedió con las FARC. El cambio de nuestro modelo de Estado impuesto por la puerta de atrás. Y un proceso de negociación con reconocimiento político es lo que también se nos viene con el Estado Mayor Central y la Segunda Marquetalia. Y reforzado con la presencia de cien mil mercenarios pagados por Petro con el dinero de los colombianos, para que «no maten»”. (http://www.lalinternaazul.info/2023/07/16/doxa-solipsismo/)

No es ahora el momento para quejarse o llorar sobre la leche derramada. Es la hora de la unión de los colombianos de bien, de los que aún creemos en la libertad y en los principios cristianos y los valores democráticos que dieron origen a nuestra nacionalidad. Debemos unirnos en una sola voluntad, dejando a un lado el egocentrismo y el afán de protagonismo para que formemos una gran fuerza pluralista, independiente de la cuestionada clase política y dispuesta a luchar por la salvación del país. Una fuerza a la que podríamos llamar “Colombianos al rescate”.

Su primer objetivo debe ser apoyar el juicio político para destituir a Petro, con fundamento en la denuncia presentada por el jurista José Manuel Abuchaibe ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, por violación de los topes financieros de la campaña electoral señalados por la ley. Cumplida esta tarea, debemos prepararnos en los próximos 3 años para recuperar el poder, archivar las funestas iniciativas del régimen comunista y rescatar nuestra cultura, nuestras tradiciones, nuestra Nación, de las garras del lobo con piel de oveja que se apropió fraudulentamente del poder.

jueves, 4 de mayo de 2023

Populismo clientelista y calanchín

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Primero de mayo, y en lugar de estar creando más oportunidades de trabajo, el Gobierno está empeñado en destruir las empresas que son las únicas que generan empleo sostenible.

Todo parece indicar que el país del Sagrado Corazón de Jesús ya no aguanta más, y está a punto de convertirse en el “Burdel Colombia”.

Hoy somos un pueblo indefenso a manos de una nueva clase política, populista, clientelista y “calanchina”, que parece empeñada en convertir nuestro hermoso país al comunismo y querer obligar a toda la nación a tener que transigir con la violencia de todo tipo de organizaciones criminales.

Nuestra sociedad está obligada a reflexionar y a no seguir ignorando la forma ilegítima en que se administra la cosa pública en una democracia que ya no es funcional, o terminaremos en un abrir y cerrar de ojos, en las mismas de Cuba, Venezuela o Nicaragua.

Es hora de darnos cuenta de que el país sí ha cambiado y ha avanzado en lo que va del siglo, pero lo que no cambia y va en reversa, es la forma en que se ejerce la actividad política.

Todos los Estados y los sistemas de gobierno presentan defectos como el clientelismo y unas minorías dedicadas a actividades ilegales que tienen que combatirse constantemente. Pero aquí, los partidos, los líderes y quienes conducen el Estado, en su avara ambición de poder, viven enfrascados en la falsa e improductiva discusión entre derecha, izquierda o centro; algo que sólo sirve como envoltura para un tamal politiquero fermentado que sólo produce una gran indigestión social.

En Colombia, parece que todo lo que antes era ilegal ha sido incorporado como parte de la ecuación de impunidad con que se gobierna y se administra justicia. Pocos líderes aportan al desarrollo de la nación, la mayoría anteponen al interés general su vanidosa ambición de figuración y poder, y conviven o son parte de esa cultura terrorista y mafiosa de la droga que está entreverada en toda nuestra sociedad.

Hasta el advenimiento electoral del narco-populismo del siglo XXI en las elecciones colombianas de 2022, fuimos la democracia de mostrar en la región, ausente de la volatilidad propia del totalitarismo fuimos la economía manejada con mayor ortodoxia, en un sistema de libertad de empresa y de mercados, y existió una administración ordenada de la cosa pública enmarcada en una institucionalidad que garantizaba ante todo el imperio de la ley, en un Estado de derecho relativamente funcional.

Como sociedad nos confiamos y permitimos que la tiranía de las ideas comunistas disfrazada de socialismo se aliara con la politiquería calanchina y con el narcoterrorismo, y se tomaron el poder por la vía democrática.

Repugna la falacia con que salió hace unos meses un alto diplomático extranjero, al aterrizar de barriga en la cultura de este trópico criollo, cuando dijo tan tranquilo que: “él veía, que el nuevo equipo que gobierna el país está compuesto por funcionarios bien intencionados y que están tratando de mejorar el país desde la política”. ¿Seguirá hoy ese míster pensando lo mismo?

Ojo, señores de la nueva ola diplomática mamerta y permisiva, que los hechos en Colombia demuestran los resultados del total desgobierno. No nos engañemos, la región entera está asechada por una minoría ladrona e insensata, obnubilada con el comunismo que ya hace varias décadas se nutre del narcotráfico y otras actividades ilegales altamente lucrativas.

En Colombia, el liderazgo oficial se encuentra empeñado sirviendo de garante a toda suerte de organizaciones criminales, mientras el resto de la política colombiana está extraviada en el bazar inmediatista de los egos encefálicos de todo tipo de ex, y en el transfuguismo partidista.

Muchos extranjeros preguntan ¿cómo fue que en Colombia permitieron un sistema autocrático que controla la aprobación de las leyes y tiene enmudecida y coartada la justicia, neutralizadas las fuerzas armadas, anestesiadas las instituciones y la tan cacareada sociedad civil?

¿Cómo es que los cargos públicos los estén llenando de personas cuestionadas y de criminales fraudulentamente indultados?

¿Por qué los gremios parecen complacidos con que imperen todas las modalidades delictivas conocidas en materia de administración pública, y con el deterioro acelerado de la seguridad ciudadana y de las condiciones sociales y económicas que debe garantizarles el Estado a las personas naturales y jurídicas que cumplen sus obligaciones?

Pero hay más. Es claro que quien se eligió con un discurso populista ofreciendo un cambio, mintió, y hoy le quiere imponer a toda la ciudadanía un Estado caótico, que moralmente en nada difiere del vergonzoso turismo del vicio y la pederastia por el cual ya estamos marcados como destino preferido de toda suerte de degenerados en el ámbito mundial.

Hoy, cuando gracias a la evolución de la información y a la tecnología se sabe a ciencia cierta qué decisiones y qué acciones son efectivas para el bien común y el interés general de la ciudadanía, hay una desconexión total de la clase política con las realidades de la gente; siguen entrampados en discusiones ideológicas caducas y contrarias a las mediciones que arroja el conocimiento.

¿De qué le vale a la sociedad la verborrea con que luchan entre una izquierda democrática enredada en las garras de un populismo corrupto y una derecha democrática acusada de fascista por una izquierda extrema que le da pena mostrar su cara comunista? Recordemos que nazismo y fascismo, fueron movimientos originados en el socialismo de comienzos del siglo pasado y que al igual que Rusia, China, Cuba, Nicaragua y Venezuela, se convirtieron en dictaduras totalitarias.

Entre tanto lo que ocurre con la mayoría de los gobiernos de la región bajo la denominación de izquierda hispanoamericana o socialismo del siglo XXI, es sólo una careta o piel de oveja que oculta los colmillos del lobo comunista totalitario que habita en quienes como lo hicieron antes el Che Guevara y los Castro, Chávez, Diosdado y Maduro, Ortega, los Kirchner, Boric y ahora Lula y Petro, traspasaron hace tiempo el lindero que hay entre el bien y el mal, al crear condiciones de impunidad para los sanguinarios que han cometido crímenes de lesa humanidad escondidos tras un disfraz ideológico.

En picada: destino a la adicción y a la miseria

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

El comunismo es el otro hijo calavera del socialismo que también parió al nazismo y al fascismo; lo ha sido a lo largo del siglo pasado y lo es en esta era del socialismo del siglo XXI.

¿A quién ha beneficiado la implantación del comunismo a lo largo de la historia? Sólo a los que manejan el partido y a los corruptos que negocian con el régimen, una nueva élite que, para ejercer el poder de manera totalitaria indefinidamente, apela a la destrucción de la riqueza cultural y económica, del derecho a la vida y a la propiedad privada de los pueblos.

¿Acaso para el pueblo los regímenes totalitarios comunistas no son lo mismo que de forma arbitraria y violenta hacían unos pocos en las épocas monárquicas, lo mismo que hacen todo tipo de dictadores en la era republicana, y lo mismo que también han hecho siempre muchos caciques en las culturas indígenas ancestrales?

Para romper ese círculo vicioso entre la demagogia que manejan los discursos de las extremas, una sociedad moderna no puede estar liderada por personas con afectaciones ideológicas que las lleven a estados mentales que oscilan entre la maldad, la perversión y la demencia.

Una nación nunca podrá progresar mientras sus líderes políticos e institucionales en lugar de facilitar el trabajo de los particulares y rendir resultados a la ciudadanía, se acomodan a convivir con una pila de individuos que se dicen gobernantes y líderes sociales, pero que, por acción u omisión, hacen parte de una corruptela mafiosa, inútil e incapaz de dar ejemplo a las nuevas generaciones y de combatir la violencia ejercida por criminales en cualquiera de sus manifestaciones.

Hoy los gobiernos tienen que estar en manos de las personas idóneas para conducir esa gran empresa que es el Estado en la era del conocimiento y la convergencia tecnológica; de lo contrario lo único que seguirán recibiendo los pueblos es una condena perpetua a la miseria.

Las democracias y, en general, todos los sistemas de gobierno tienen que poderle exigir a los servidores públicos excelencia en su condición humana, solvencia ética, profesionalismo y capacidad de producir resultados en favor del interés general.

Sólo deben aspirar a manejar las posiciones de gran responsabilidad en el sector público, quienes puedan acreditar que su experiencia sobrepasa los requisitos mínimos que cualquier empresa privada exija a sus administradores para poder ocupar posición alguna.

Una nación que quiera progresar no puede darse el lujo de estar gobernada por una casta que comulga con la degeneración demencial que brota de la cultura de la tolerancia al crimen, que se nutre y fomenta las adicciones al poder, al alcohol, a la marihuana, la cocaína, el bazuco y el tusi.

Sabemos que, con el manejo adecuado de la retórica demagógica del populismo, es fácil mentirle al pueblo en las redes sociales y por los medios de comunicación, pero ¿por qué no someten a un riguroso examen psicológico y de toxicología a todo aspirante a cargo público?

No podemos exigirles una cosa a los médicos, a los deportistas, a los pilotos, a los conductores de los buses escolares, a los gerentes y administradores de las empresas, y al mismo tiempo permitir que la política la controlen criminales, viciosos o ineptos alcahuetes de los anteriores.

lunes, 27 de febrero de 2023

¿Quién podrá recuperar el país? ¡No hay un líder!

María Cristina Isaza
Por María Cristina Isaza*

El título de este artículo es la preocupación constante que escucho a diario en todo tipo de conversaciones.

Si a mí me preguntan hoy, ¡el líder es usted!

El líder es usted cuando decide no rendirse y ¡cuando no se entrega a este Gobierno de tintes totalitarios! Los empresarios y gremios que no se acomodan por intereses particulares... recuerden que hoy se entregan ustedes, esperando beneplácito, pero después, son ustedes mismos, los que irán como cordero al matadero.

Los jóvenes que escuchan aprenden y aprecian la sabiduría de los mayores. A su vez los mayores que entienden que su papel debe ser el de guiar, formar, no “alcahuetear” a los que vienen detrás, y bajo su tutoría, los forman y apoyan, para que sean estos jóvenes los que tomen las banderas y el liderazgo. Deben ser quienes los impulsen y los ayuden a brillar, eso es verdaderamente “dejar legado”.

Somos las mujeres, indígenas, negros y homosexuales cuando defendemos la igualdad ante la ley y que no queremos que nos traten como impedidos o “pobrecitos” ... producir lástima, victimizarnos, dar más importancia a nuestra raza o género, que, al contenido del carácter y capacidades, y esperar obtener beneficios por nuestra condición, ¡no denota grandeza de espíritu!

Lo que necesitamos son oportunidades, educación de calidad, empleabilidad, acceso, interconexión, emprendimiento. Condiciones que “nivelen la cancha”.

Personas íntegras como Felipe Bayón, que deciden argumentar técnicamente desde los datos, así les cueste el puesto.

Cuando no sonreímos al dinero que sabemos que proviene de la droga y el turismo sexual.

Cuando no caemos en el mercadeo “woke”, principalmente dirigido a la juventud, que confunde, que alimenta la división, el odio y la búsqueda de placer inmediato, lejos de proponer la satisfacción de vivir una vida responsable, en valores, con el desarrollo de un proyecto de vida con propósito.

El líder es usted, cuando reconoce que el haber justificado la reversión del orden por una causa loable, como la paz, solo trajo injusticia, impunidad, guerra y opresión en los territorios... lo peor, juventudes perdidas. ¡Reconocer errores, para avanzar!

Cuando no ponemos “zancadillas” entre proyectos productivos para las regiones, y en cambio, buscamos soluciones para que converjan los diferentes proyectos productivos de diversos sectores (agricultura, ganadería, industria, minería, turismo, etc.), cuando pensamos en el bien común para traer progreso a los territorios y en crear diferentes polos de desarrollo en el departamento, para así desdensificar El Valle de Aburrá. En el suroeste, ayer, muchos estigmatizaron el proyecto minero Quebradona, planeado con los más altos estándares de la minería mundial. Hoy padecemos un Gobierno que quiere acabar hasta con la vocación agrícola de la zona, valiéndose del mismo discurso ambientalista extremo... ¡un tiro en el pie!

Cuando competimos sanamente y no impedimos la llegada o surgimiento de nuevos jugadores. Cuando no recurrimos al clientelismo. Cuando aplicamos los principios de un capitalismo consciente, tomando las mejores decisiones que beneficien a inversionistas (y ojo con el pequeño inversionista tan vilipendiado en los últimos años en el mercado de valores de Colombia), proveedores, clientes, empleados, la comunidad general, e incluso ¡competidores!

Siempre midamos las decisiones colectivas con estas tres preguntas:

1.     ¿Nos sirve para sacar a 20 millones de personas de la pobreza?

2.     ¿Nos ayudará a aumentar el PIB?

3.     ¿Traerá desarrollo y oportunidades?

Empoderar a las comunidades para que estas pidan que se hagan los proyectos que traen desarrollo, ¡que no las condenen a la pobreza! No neguemos a las regiones el desarrollo, es más: hoy, con lo que sucede en China, Colombia podría ser un excelente destino para atraer proyectos de inversión responsable con enfoque sostenible en todo tipo de sectores: ¡México lo está aprovechando! Pero nosotros, mientras tanto, con más impuestos y más trabas a la inversión...

El poder de transformar está en nosotros mismos

No necesitamos mesías, necesitamos un grupo de gente responsable que sepa que el liderazgo que necesitamos en estos momentos es aglutinar, unir. Hay personas e ideas valiosas desde diferentes frentes: ¿cómo nos unimos?, ¿cómo tendemos puentes?, ¿cómo nos abrimos a escuchar y trabajar juntos?, ¿cómo creamos un frente común?, ¿cómo limamos asperezas del pasado?... los líderes que necesita hoy Colombia, son los que hagan una unión respetuosa sobre unos puntos básicos en común. Tenemos un líder mesiánico, creo que la respuesta a este es lo contrario: una suma de voluntades de las fuerzas vivas de la sociedad, un frente plural que deje egos atrás, para afrontar la amenaza populista progresista.

Si nos rendimos, si nos vamos, si dejamos de “evangelizar”, si dejamos de hablar con nuestras familias, empleados, personas en la calle ... ese día perderemos ... pero mientras existamos colombianos dispuestos a luchar unidos por la restitución del orden, de los valores, que desenmascaremos eufemismos como “democratizar”, “progresismo” o “paz total”, que pensemos en grande, en el bien común, que nos pongamos de acuerdo en lo básico que necesita una sociedad para avanzar, más allá del bien particular, que comencemos con el desarraigo de prácticas dañinas para la democracia como el clientelismo y las maquinarias, tenemos oportunidad de hacer de Colombia ¡un gran país!

Además, para terminar, les tengo una noticia ... lo que sucede hoy, no es una cuestión exclusiva de Colombia ... igual se pueden ir a Europa o Estados Unidos y esas democracias también están bajo los retos de la ideologización: teoría crítica de la raza, ideología de género, cultura de cancelación, ambientalismo extremo, las fakes news (Claro, que no al nivel de Colombia, donde el mismo mandatario de la nación las produce y difunde).

Todos, como humanidad y miembros de una cultura occidental, estamos pasando por este reto:

Hace 80 años fue la Segunda Guerra Mundial. Mientras los nazis se preocupaban por el bienestar animal (Hitler detestaba el judaísmo y cristianismo por ser religiones que anteponen al ser humano del animal, era vegano, y practicaba el ocultismo y paganismo), por otro lado, no tenían piedad a la hora de estigmatizar a toda una colectividad étnico-religiosa y cultural (los judíos) y su labor productiva. Gracias a la propagación de la ideología nazi, sin asentamiento real en los hechos y datos, difundieron mentiras hilarantes y construyeron toda una ideología alrededor de la victimización, en la que era por “culpa de los judíos malvados usureros”, que los pobres alemanes no avanzaban. Encontrar este culpable llevó a una histeria colectiva de éxtasis. Así los alemanes justificaron, implícitamente, condenar a toda una población a los peores vejámenes y a un genocidio.

En la actualidad, veo cierta similitud: al parecer hoy, en los países occidentales, por “culpa de la igualdad ante la ley”, el hombre blanco (en el caso de latam, mestizo) heterosexual no deconstruido y productivo, es el blanco de culpas de grupos colectivistas ideológicos como ambientalistas, feministas, BLM (Black Lives Matter), indigenistas y comunidad LGBT (hago claridad: los que se identifican con la bandera. Ser homosexual no necesariamente los hace miembros de la comunidad de la bandera, así como ser mujer no nos hace a todas feministas de pañoleta de la tercera y cuarta ola, o ser negro pertenecer a BLM).

Así que poco hacemos si actuamos como el avestruz y solo escondemos nuestra cabeza en la tierra, esperando que todo pase ... ¡A actuar señores! ¡Y si estamos unidos, mejor!

“¡Y pensé, alguien debería tomar alguna acción! ¡Alguien debería hacer algo al respecto! ¡Y luego caí en cuenta, yo soy alguien!".

Frase que leí esta semana, pero no pude determinar su verdadero autor.