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martes, 1 de septiembre de 2026

Dos elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

La canción infantil se hizo como elemento didáctico para que los niños aprendiéramos los números y a contar, pero la realidad de la vida pública de nuestras democracias parece soportar el balanceo de dos elefantes burocratizados, uno de izquierda y otro de derecha que cada cuatro años salen a llamar un camarada. Será que eso nos puede durar eternamente, cuando vivimos sobre la fragilidad presupuestal que carga el incremento constante del clientelismo y el contratismo, siendo nuestra precariedad fiscal como la débil tela que teje una araña para atrapar bichos, insectos livianos y mugre en esquinas y recovecos dándole mal aspecto a las casas.

El caso es que la democracia colombiana no aguante el balanceo de ambos elefantes tentando hasta donde resiste la telaraña ante el desfalco continuo del Estado. Aquí con la llegada de cada gobierno vienen los nombramientos a dedo para llenar posiciones de responsabilidad a la verraca, ignorando el “qué, cómo y dónde”; solo importa el “quién”, basta con que sea amigo, abogado o administrador, con lo cual nos llenamos nuevamente de mediocres realizando gestiones mediocres en medio de la continuidad de la administración de un empobrecimiento continuo.

La euforia de los cambios de gobierno crea un debate mediático personalizado, mientras acrecienta la colección de los inútiles que mantenemos con nuestros impuestos como muñecos de vitrina en el manejo de la cosa pública; una actividad lucrativa correlacionada con cuánto se figura o aparece en las redes y medios, dejando de lado los hechos, que deberían determinar su calificación en función de su impacto cualitativo en el desarrollo y cuantitativo en el crecimiento.

Nada más importante para reflexionar hoy, que en las palabras de la filósofa y escritora Allisa Zinovievna (Ayn Rand) autora de “La rebelión de Atlas” que hace 75 años dijo: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos con el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario son ellos los que están protegidos conta ti; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio; entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.”

Estamos en la era de las eficiencias donde solo van a sobrevivir los que tengan conocimiento y energía. El resto es carreta porque este mundo ya no aguanta el criterio estrecho ni la mediocridad.

Si hoy no se digitaliza el Estado y se reduce el gasto público, si no se reduce la burocracia, si lo que importa son las sillas musicales entre los mismos puestos en entidades y gremios, si todo se queda en show, pachanga y likes, si todos son abogados y administradores, y no ingenieros y biólogos, pronto veremos cómo cae en picada la sociedad al decrecer en lugar de desarrollarse; al barbarizarse en lugar de culturizarse; al embrutecerse en lugar de educarse; al aceptar la miseria de la mediocridad como desmejora en la forma de vida mediante la acumulación de inútiles e indigentes que provocan la acumulación de pobreza por no construir una clase media sólida, culta, educada, laboriosa, productiva y sana a partir de una nación segura y un Estado eficiente.

El país necesita es eficiencias en la gestión pública que solo pueden resultar de una transformación educativa y cultural para poder pensar en grande sobre las bases de la legalidad y los valores democráticos. Bajémonos de los elefantes ideológicos y construyamos sobre los principios sólidos de libertad y orden, evolucionemos, que el mundo cambió. Cambiemos politiquería y clientelismo por ciencia y conocimiento, desarrollemos el gran potencial del país.

lunes, 16 de marzo de 2026

Reposición: ¿Lotería o enriquecimiento ilícito?

José Alvear Sanín

José Alvear Sanín

Del escabroso tema de las enormes sumas que se reconocen por reposición de votos casi nadie se atreve a hablar, aunque estamos ante una corruptela de la mayor gravedad.

Como durante muchísimos años la política fue financiada por los millonarios, en numerosos países fueron apareciendo leyes que autorizaban la financiación pública de los partidos, para reconocer una cierta suma por cada voto depositado, con el propósito de pasar de la plutocracia a la democracia.

A partir de entonces se institucionalizaron los partidos políticos y se les impuso la obligación de presentar cuentas auditadas por firmas responsables, para su posterior comprobación por los órganos de control, pero como en Colombia la Constitución de 1991 debilitó los partidos, en vez de depurarlos y fortalecerlos, se inventaron los movimientos personalistas y transitorios, que convirtieron al Congreso en un bazar o mercadillo donde se presenta toda suerte de combinaciones y componendas, de tal manera que cada ley es fruto de puja y regateo entre los legisladores y los ministros encargados de repartir dádivas, contratos y sobornos.

A lo anterior se suma la abundancia de candidaturas presidenciales, que ya ha obtenido para Colombia un Guinness récord de más un centenar de individuos, generalmente sin votos, prestigio ni capacidad, que van detrás de la lotería electoral gratuita que se reparte cada cuatro años.

Si la reposición de $6.485= por voto era ya excesiva en 2022, ahora, cuando cada papeleta representa $8433=, el resultado es una repartición de sumas astronómicas, donde hay un premio mayor y multitud de secos, para que ningún aspirante pierda.

El caso de Daniel Briceño es excepcional. Llegó a la Cámara con la mayor votación individual en el país, 262.402 sufragios, que le dan derecho a $2.210 millones de reposición. Él, en cambio, únicamente reclamará los $410 millones que gastó, dejando de cobrar $ 1.800 millones; pero en vez de hacerlo el vicepresidente que el país reclama, se pasa por alto su probidad.

En cambio, veamos en millones, lo que reciben “los candidatos “por amor a la patria”: Galán: 2.716; Pinzón, 2.466; Viki, 1.962; Peñalosa, 1.346; Aníbal Gaviria, 1.235; Luna, 964 Cárdenas, 623; Roy, 2.130; Pinturita, 1884 y Claudia López, 4.762[1].

Ninguno de esos individuos ha hecho gastos ni remotamente comparables con las sumas que pueden recibir por haber puesto sus nombres a la consideración de un país que justamente los ignora. ¡Y hasta ahora no parece que alguno vaya a seguir el ejemplo de Briceño!  

Hay dos casos especiales:

1.    La Sra. Paloma Valencia tiene derecho a $26.819 millones, que, suponemos, va a entregar al Centro Democrático, porque ella no hizo gastos de su bolsillo en los pocos meses que siguieron a su escogencia como candidata de ese partido, y

2.   El Sr. Oviedo, quien no debió gastar mucho en su casi clandestina campaña, podrá reclamar $10.404 millones.

La corruptela de marzo aumentará en mayo, porque entonces participará Fajardo, que cada cuatro años sale de los comicios con los bolsillos llenos; y se repetirá en junio con cifras astronómicas.

¡¿Qué es esto?, ¿lotería o enriquecimiento ilícito?!

[1] Además, hay varios avivatos cuyos nombres nadie conoce, que salen con partiditas de 200 y 300 millones.

lunes, 13 de enero de 2025

Recuperando la cultura política

Santiago Cossio
Santiago Cossio

En estos tiempos el concepto de política y su quehacer se han desdibujado completamente por diversas causas. Hace más de 2300 años Aristóteles nos recordaba que la razón debería gobernar a la no razón. Pero hoy tristemente vemos demagogias, falacias y sofismas en todo lo que huele a política. Parece que la no razón gobernará a la razón. Solo para hablar de Colombia me atrevería a decir que estamos haciendo 5 cosas mal: la planeación, la economía, la educación, la cultura y la política. Esta última dirige gran parte del camino del ser humano hacia la civilización. Hoy vemos una "política" sin ciencia social divorciada de la inteligencia moral y excluyente de los aportes de otras ciencias sociales, como antropología, sociología, derecho o psicología social. La reducción del término "política" pareciera que queda minimizado a la práctica social de cómo lograr llegar al poder; pagar 40 millones por una foto de campaña, cargar niños, comer sancocho en plaza, violar topes electorales, comprar votos, dar tamales con la masa más rica que la carne, prometer puentes donde no hay río, poner vallas, candidatos blancos en representación de la negritudes, fungir de influencer o salir mostrando todo como la Cicciolina son las estrategias de la política de hoy, pero las propuestas reales no se ven por ningún lado y es la misma sociedad la que termina eligiendo estos pseudo políticos.

Es increíble cómo se han desdibujado las ideologías políticas: el Frente Nacional era una "aberración democrática" pero era un "arreglo" a la violencia de la época. En la historia reciente se inició la pérdida ideológica cuando los partidos Liberal y Conservador se unieron para votar por el mismo (Santos), en la llamada Unidad Nacional. Y más reciente el Partido Conservador declararse partido de Gobierno de Petro es la clara muestra de cómo gusta el pan con mermelada. La Ley de Bancadas también podría decirse que coarta el pensamiento, mientras tanto, corre el tiempo como verdugo del atraso social y la única víctima siempre será el ciudadano de a pie.

P.d. 1. Este escrito fue impulsado por el evidente resultado de las últimas elecciones en Venezuela donde la dictadura simplemente desconoce lo que quiere el pueblo. Maduro llegó a la presidencia por herencia del poder de Chávez, pero por sus propios medios no había llegado ni a edil de Cúcuta. En Colombia debemos fortalecer la democracia y evitar las dictaduras. Les dejo una simple mirada al panorama en redes cerca a las elecciones en el país vecino.

P.d. 2. Para las elecciones a Congreso en el 2018 llegamos a tener más de 1 millón 300 mil votos anulados o no marcados lo que denota no solo el analfabetismo político sino la condición social que le sirve a la clase política para perpetuarse en el poder.

P.d. 3. El último debate serio en política fue entre Álvaro Gómez y Galán hace más de 40 años. Lamentablemente todos dos asesinados.

P.d. 4. Hoy en Colombia, con la atomización de pensamientos, se presentan más de 40 movimientos políticos confundiendo al elector.

Las curules deberían ser de las personas y no de los partidos por el simple motivo en que el individuo es el único responsable de su actuar y pensamiento.

P.d. 5 La cultura política debe ser el mecanismo que busca que la política tenga la esencia intrínseca de su misionalidad y quehacer, y para eso se necesita primero educar a toda la sociedad en democracia, valores cívicos y especialmente en respeto por las normas y las instituciones.

martes, 27 de agosto de 2024

El mamatoco entre la autocracia y la plutocracia

Luis Guillermo Echeverri Vélez

El sedicioso y su telaraña de bandidos no son más que el producto de nuestra propia alcahuetería anárquica y libertina, dejando la conducción del partidismo político y del Estado en manos de quienes viven de la política y sus reiterados tratos con la insurgencia.

De toda la gente tan capaz, profesional y buena que tiene este país, deben surgir otro tipo de fuerzas políticas descontaminadas que no sean partícipes del festín y el desorden que por décadas se ha dado la clase dirigente, la política tradicional y la mamertería, al vivir amancebadas con la anarquía, la burocracia y el libertinaje.

La política importa. Y no podemos caer en una trampa ideológica más profunda, resultado del nuevo concubinato romántico que ya empezamos a presenciar entre la dictadura disfrazada de autocracia y la plutocracia, representada por la clase dirigente política tradicional, la actual y la directiva gremial del país, todas caracterizadas por el inmediatismo y un protagonismo individualista, dentro del marco demagógico de lo políticamente correcto.

El sano ejercicio de la política debe brotar de una actividad orgánica y natural para bien de las comunidades, fundamentada en el cumplimiento de las obligaciones cívicas, de un trabajo social mancomunado entre los diversos actores que compiten por el mandato popular y que, al recibir la responsabilidad de administrarlo, se deben por igual a toda la nación sin que medien excusas ideológicas para no hacer lo correcto.

Un 2026 sin un rumbo predefinido es una profundización de la precaria realidad actual. La injusticia, la ilegalidad y el empobrecimiento en que estamos sumidos no aguantan “la cura de un cáncer con mejorales”. Seamos serios y no pongamos en las encuestas mediáticas a competir más payasitos a ver cuál repunta sin tener ni idea, ni estar realmente preparado para lo que demanda la conducción de una nación en llamas.

El país, después de varios estupros electorales, no se merece más “reality shows” protagonizados por viciosos, por rumberitos, libertinos, gomelos inflados, ni viejos culebreros desgastados con una carreta caduca.

Anoten bien que este país y su democracia, si no es con una mano firme en todos los poderes del Estado bien apuntalada en la legalidad y con un pulso fuerte y constante, no tiene salida del hueco en que todos, con mayor o menor responsabilidad, lo metimos.

El país requiere más ingenieros y menos abogados y reemplazar ideologías por tecnologías, y un respeto por las agendas minoritarias, pero sin que tengan que politizarse y primar sobre las libertades de las mayorías.

Por igual, ricos y pobres tenemos que trabajar y estudiar seis días a la semana, con patriotismo y con el buche lleno para podernos desatrasar en materia de producción, crecimiento y desarrollo. No más paja legislativa, no más amarillismo mediático, no más vagancia subvencionada, nomás cobardía detrás de las cuentas de X, cuando tanto el Estado como el sector privado productivo caen en la obsolescencia absoluta, por no digitalizarse y no tecnificarse.

Colombia no necesita revoluciones ni revolucionarios, ni deforestación, ni drogas ni la ilegalidad y la violencia que todo eso genera. Hay que apuntar a erradicar esa cultura.

Colombia necesita ejecutorias transformacionales, hechos reales y tangibles, y mucha atención a los problemas del día a día de la gente. A ningún puerto seguro arriba una nación sin seguridad, nutrición infantil, salud y altos niveles de productividad que demandan educación e infraestructura física y transformación tecnológica y digital.

No podemos seguir consintiendo delincuentes amparados por los mismos abusivos delfines y filipichines de siempre ni por los sobornables leguleyos que jamás han presentado una ley beneficiosa, ni en manos de las críticas del pasado propias de las mismas sabiondas vedets económicas, que nunca han pagado una nómina ni pasado una angustia financiera.

Menos podemos seguirnos tragando las mentiras de quienes sin mérito propio, han sido graduados en medios como de profesión políticos, ni del mal remedo de los anteriores, representando por el progresismo que nos asfixia con la tóxica y desgastada dialéctica del populismo barato.

Perdón si piso algún callo inflamado, pero lo que está en juego no es sólo el poder, es el futuro de todo un país.

De cara al porvenir: exabruptos

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

En este bendito país, la noria de los acontecimientos nos lleva al agotamiento y al cansancio, por no hablar de la desesperanza y de la absoluta incredulidad hacia todo y hacia todos.

El miércoles 7 de agosto se desarrolló por fin la audiencia de medida de aseguramiento en contra de Olmedo López y Sneyder Pinilla, exdirector y exsubdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, así como del contratista Luis Eduardo López.

Durante la audiencia la fiscal delegada entregó las pruebas y muy orondamente realizó una increíble denuncia: en el curso del proceso han desaparecido varios documentos esenciales para la investigación, al menos 69 cajas con pruebas han desparecido.

Recordemos el caso de computadores extraviados recientemente en la Presidencia.

¿Cómo así? ¿Dónde están y quienes son los responsables de la cadena de custodia y de la seguridad y de la integridad de las pruebas que se recopilan para el proceso?

Si este fuera un país serio, que no lo es, toda la cadena de mando del poder ejecutivo desde el presidente de la República hasta los porteros y todos los presidentes de las altas cortes y los miembros del poder judicial, deben renunciar de manera inmediata, si es que todavía recuerdan y tienen claro cuál es el verdadero significado del concepto de responsabilidad y de honorabilidad.

Ahora, después de estar cerrado el caso aparecen nuevos videos del caso del asesinato de Mauricio Leal y la fiscalía reconoce que no se había dado cuenta. ¿Qué se dice ante esto?

Se vuelve a reabrir el “caso Colmenares” que ya parece una novela mexicana, pero de las malas, entre las malas, que le da y le da vueltas al asunto sin que finalmente nada se resuelva. ¡Amanecerá y veremos!

Lamentablemente en este país de corruptos, la lucha contra la corrupción es liderada por corruptos que, ya por acción, que, ya por omisión, que, ya por ineficiencia o ya por irresponsabilidad manifiesta, no permiten que se inicien y que avancen los procesos, que se castigue a los verdaderos culpables y que se recuperen los recursos robados, teniendo como socios a aquellos abogados litigantes que haciendo uso de las normas, hacen todo tipo de maromas para buscar el vencimiento de los términos.

Otra imagen patética es la del mediocre ministro de Defensa que tenemos, que en el día del Ejército Nacional y como balance de su pobre gestión reconoce abiertamente y sin pudor que han aumentado los crímenes, que se ha perdido control del territorio por parte del Estado y que además los procesos de paz están cayendo en un verdadero limbo.

Señor ministro: renuncie y deje de dar lora.

Repite el presidente de la República, sin mucha convicción, la necesidad de llamar a un diálogo nacional sobre temas que son obvios por su importancia.

Sin embargo, como en el cuento del Pastorcito mentiroso, independientemente de los actos y de las reuniones que se realicen, ya no se le cree y en verdad estamos hastiados de tanta verborrea y tan poca concreción en aquello de trabajar juntos por los altos intereses de la Nación.

¿Hace cuánto se está hablando de un acuerdo para la reactivación económica? ¿Si este asunto que es de interés para todos no es tratado con diligencia, qué podremos esperar de otro tipo de propuestas que benefician a algunos segmentos poblacionales específicos? ¡No hay nada que hacer!

Ya con el “sol a sus espaldas” le queda un año y cerca de 350 días para terminar este periplo lleno de buenas intenciones, de muchos desaciertos y por qué no, de algunas realizaciones.

Un Gobierno bulloso, lleno de escándalos y donde la corrupción hace de las suyas como nunca.

Ya casi entramos en campañas presidenciales y creo que seremos testigos de más de lo mismo, sin sorpresas, pero sí con muchas frustraciones con respecto a aquellos que en teoría deben orientar los destinos políticos del país, mientras la corrupción, las ambiciones clientelistas, los intereses personales y el egoísmo rampante, siguen siendo sus prioridades.

Que después no aparezcan desgarrándose las vestiduras y como las vírgenes necias o los líderes impotentes, aparezcan llorando por lo que perdieron o permitieron perder y que no supieron defender como hombres.

miércoles, 31 de enero de 2024

Entrevista con Guillermo Echeverri Vélez

Antonio Montoya H.
Nuevamente el economista agrícola, empresario, abogado y rejoneador Luis Guillermo Echeverri Vélez, vuelve ser protagonista en la entrevista de El Pensamiento al Aire en la que se habla de los distintos intereses de la nación.

Hijo de fallecido empresario Fabio Echeverri Correa quien presidió por varios años la Asociación Nacional de Industriales. Se graduó como abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, y luego hizo una maestría en economía agrícola en la universidad de Cornel, en los Estados Unidos, además de varias especializaciones. Fue jefe del presidente Iván Duque en el BID y desde allí cultivaron una muy buena amistad.
Cuenta con más de 20 años de experiencia en el desarrollo, mercadeo, promoción y conducción de negocios internacionales, exportaciones e importaciones y se le reconoce su interés por promover la agricultura colombiana y en general la agricultura tropical en los mercados mundiales. Profesionalmente se ha desempeñado como empresario privado, intermediario comercial, consultor independiente en negocios internacionales, consultor del Fondo Nacional del Café y la Federación Nacional de Cafeteros, como empleado público y diplomático en calidad de agregado agrícola, comercial, como rejoneador y domador de caballos e inspector de policía, entre otras actividades. Ha vivido en Argentina, Colombia, España, Portugal y Estados Unidos.

miércoles, 17 de mayo de 2023

El circo de los payasos y los feudos clientelistas

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Si queremos progresar bajo un modelo de verdadera democracia representativa, tenemos que ser auténticos, transparentes, honestos e innovar con nuevas tecnologías, en la forma de participar y de administrar la política partidista.

Contexto y racionalidad:

La formación de buenas políticas de Estado que generen crecimiento cultural, humano y desarrollo socioeconómico, demanda profesionalismo, sensatez y seriedad, pues es el asunto más importante para la nación en la conducción del Estado y del país en general. Hoy la administración de un gobierno local o nacional no debe estar afectada por un estéril debate ideológico y menos por narrativas propias de la demagogia, con que se acuña la dialéctica y la retórica populista.

Mediciones previas a la campaña presidencial de 2018 demostraron, con un alto grado de certeza estadística, que el 85% del mercado potencial electoral no creía ni confiaba en los políticos ni en los partidos, dejando un espacio predefinido y reducido al 15% a lo que se denomina como “las maquinarias partidistas”, y convirtiendo los comicios en una especie de “programa de telerrealidad” que se presenta durante los períodos electorales en medios y redes digitales.

¿Está la formación de políticas públicas convertida en un absurdo y patético teatro mediático?

Veamos. Desde que aquí, en contra de la voluntad popular, el gobierno de turno le abrió desde Cuba la puerta principal del Congreso a las organizaciones criminales, para que participaran a partir de 2018 del presupuesto nacional y el ponqué burocrático, todo lo que era importante para el país pasó a ser una representación escénica en la que conviven abiertamente la mediocridad profesional, la laxitud ética que caracteriza la protervia que se apoderó de los partidos, y los representantes del crimen organizado.

Hoy la gestión de los grandes órganos del Estado tiene lugar en el teatro mediático que les sirve de amplificador para la difusión de todo de tipo de narrativas lisonjeras y escandalosas.

El debate parlamentario y el absurdo forcejeo por la dominancia entre los poderes del Estado actual, en los países cuyas sociedades son objeto de una polarización severa, es una triste y vergonzosa representación bufa que sólo se compara al grotesco y ordinario espectáculo que encarna la falaz y circense lucha libre moderna, presentada en grandes coliseos y en los canales de televisión de los Estados Unidos donde, por largas horas, una pila de payasos vestidos de forma ridícula, simulan una batalla en la que se insultan y golpean violentamente; pero en realidad todo es sólo una coreografía montada para llamar la atención y atraer el morbo colectivo; un juego mentiroso donde todos al final de cada función pasan a cobrar en la misma taquilla y se van juntos de rumba a meter vicio o a beber cerveza.

El grado de cultura de un parlamento es sin duda un termómetro de la media del pueblo que representa. El debate parlamentario actual en Colombia no es la versión moderna del foro democrático griego, pero sí del salvaje circo romano.

Hoy los cuerpos colegiados se convirtieron en escenarios donde todo tipo de impostores distraen a los medios y a la opinión pública, con insultos y escándalos, mientras liban del erario, y los únicos que salen perdiendo y engañados somos quienes tributamos con cargo a nuestro propio pecunio: empresarios y asalariados privados. Flaco favor le presta al desarrollo de la sociedad.

¿Está la fútil problemática partidista, entrampada y dominada por prácticas clientelistas?

La convivencia democrática asociada a la legalidad constitucional, operada por partidos serios y éticamente estructurados sobre conceptos ideológicos compatibles con los principios de libertad y orden, en lo corrido de este siglo, degeneró en feudos partidistas netamente clientelistas, lo cual a su vez redunda en un deterioro del capital humano que gestiona la cosa pública.

En un corto tiempo, un país que históricamente era bipartidista pasó a tener 15 partidos, y hoy hay 36 grupos políticos validados para participar en los comicios, todo un gran bazar clientelista.

Al volátil inmediatismo mediático, propio de la explosión digital actual, se suma una notoria irresponsabilidad por el fichaje clientelista que tiene infectados a todos los partidos, bajo el control de quienes otorgan los avales que representan una patente de corso contra el erario, sin que existan filtros, estándares éticos o de idoneidad diferentes al padrinazgo metálico de contratistas que prepagan campañas.

Hoy son los aspirantes a cargos de elección popular los que deciden a qué bando se arriman a pedir el aval. Son ellos los mismos artistas del transfuguismo que aparentan mudar de plumaje antes de los comicios, cuando en realidad, solo se cambian el disfraz y el maquillaje, y el país vuelve y paga para ver el mismo lacónico espectáculo interpretado por los mismos payasos.

No podemos seguir consintiendo como sociedad que se avalen candidatos a cualquier posición pública, por roscas o cooptación clientelista. Hay que exigir que los partidos formen y fichen sus candidatos, como se hace en los equipos profesionales de ciclismo o de fútbol, en la selección Colombia o en el mundo corporativo.

Y como no pasa nada si inflan o falsifican la hoja de vida, se debe exigir que les hagan primero todo tipo de exámenes para comprobar su salud física y mental, sus valores y principios, sus aptitudes, capacidades, su potencial, y que les hagan firmar costosos condicionamientos de rendimiento y conducta.

Aquí tristemente la selección de los jugadores de los partidos y del equipo que gobierna el país, resulta compuesta de una nómina mediocre mezclada con cafres y oportunistas.

La política local, es como en las películas de terror donde los malos nunca mueren, y siguen controlando todo los mismos actores desgastados y algunos imberbes muñecos que se presentan a las elecciones sin preparación alguna, para responder por el encargo de representación popular.

Para que la gente engañada por el populismo y el comunismo lo tanga claro: vivimos en una cleptocracia remolcada por el resentimiento y el abuso de unos pocos, en la que, la promesa de cambio consiste en que los que llegaron al poder están pasando de ser “pobres” a ser “ricos” a cuenta de los impuestos, los ahorros, las pensiones y la salud de los que trabajan por un salario digno y de los empresarios que han puesto sus capitales al servicio de la economía nacional, del desarrollo y la generación de empleo en este país.

¿Cómo crear políticas de Estado sensatas para salir del círculo vicioso del ejercicio politiquero?

Lo primero es entender que las revoluciones destruyen, las transformaciones construyen sobre lo edificado, y que pocas campañas electorales predican continuidad, muchas hablan de cambio, cuando los cambios ideológicos sólo representan la continuidad en el enriquecimiento de pocos, a cuestas del empobrecimiento de la mayoría.

No podemos seguir sin que nos importe cómo se forman las políticas de Estado. No debemos vivir resignados a que la dirigencia política legisladora siga cómoda dilapidando presupuestos con su ineficacia, y en franco retroceso frente al avance de la ciencia y las nuevas tecnologías.

Si algo está claro es que, a lo largo de la historia de nuestra civilización, no han existido cambios ni transformaciones que no se hayan originado en un avance tecnológico, y todas las revoluciones que se refieren al control del Estado sobre las libertades ciudadanas sólo han destruido tiempo, valor, familias y vidas humanas.

Por ejemplo, si le cambiamos el sistema operativo a un computador por uno no compatible, no podremos conectarnos ni comunicarnos. Pues si cambiamos el sistema de libertades y garantías sociales y económicas, compatible con la generación de capital privado dentro de la economía doméstica, el Estado deja de ser confiable, no es compatible ni les sirve a los negocios que generan el dinero y pagan los impuestos, para que la sociedad prospere y se desarrolle.

En esta era del conocimiento, el deber ser debe estar respaldado por lo cuantitativo y por el compromiso del Estado de garantizarle bienestar a los ciudadanos, por medio de políticas de Estado sostenibles, que no estén supeditadas a discusiones dialécticas e ideológicas improductivas que polarizan y encubren agendas sectarias e intereses personales, con la llegada de cada elección.

Hoy todos vemos cómo, tras la elocuencia con que se enuncia la falsa narrativa populista, se ocultan las falencias del mentiroso discurso autocrático o totalitario contra el capital, los bancos, las industrias energéticas y extractivas debidamente tecnificadas, contra los falsos terratenientes agropecuarios que aún tenemos negocios al sol y al agua en este trópico infernal, y contra quienes por generaciones hemos creído e invertido en el país, generando empleo al crear grandes empresas, pequeños y medianos emprendimientos, comercios, servicios y producción industrial.

El poder, como el licor, emborracha y todo trono burocrático tiene una válvula que le infla el ego y la vanidad, al que lo ocupa. Pero el manejo de la cosa pública es asunto delicado, que solo produce buenos resultados cuando se conduce con sensatez, conocimientos, preparación, humildad, y sabiendo seleccionar los mejores equipos profesionales en cada ramo.

Gobernar una nación es una cuestión seria, que requiere personas de principios sólidos y honorabilidad inquebrantable, no admite demencia, indolencia, arrogancia, ineptitud, payasadas, estupideces, mediocridad, ni equivocaciones, pues la factura de su costo va directo a toda la sociedad y la seguirán pagando las generaciones futuras.

En un Estado de derecho funcional, resulta totalmente inaceptable que un jefe de Estado o su gabinete, utilicen medios de comunicación digital para amenazar y amedrentar al poder judicial y a la misma libertad de expresión de manera camorrera o mafiosa, y que ignorando que se le deben a todo un pueblo por igual, se dediquen a comprar conciencias en el poder legislativo y a engañar al ciudadano mediante narrativas ideológicas falaces tras las que esconden intereses de fama y enriquecimiento.

Por último, es crítico que se comprenda que la exégesis de la Constitución, nada tiene que ver con los trastornos ideológicos enmascarados en la demagogia populista, es asunto de la rama judicial que es la que tiene el mandato de resolver en derecho. No es competencia del jefe de Estado, quien es solo un servidor público con el encargo temporal de defender la Carta, en los mismos términos en que juró hacerla cumplir.

jueves, 4 de mayo de 2023

Populismo clientelista y calanchín

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Primero de mayo, y en lugar de estar creando más oportunidades de trabajo, el Gobierno está empeñado en destruir las empresas que son las únicas que generan empleo sostenible.

Todo parece indicar que el país del Sagrado Corazón de Jesús ya no aguanta más, y está a punto de convertirse en el “Burdel Colombia”.

Hoy somos un pueblo indefenso a manos de una nueva clase política, populista, clientelista y “calanchina”, que parece empeñada en convertir nuestro hermoso país al comunismo y querer obligar a toda la nación a tener que transigir con la violencia de todo tipo de organizaciones criminales.

Nuestra sociedad está obligada a reflexionar y a no seguir ignorando la forma ilegítima en que se administra la cosa pública en una democracia que ya no es funcional, o terminaremos en un abrir y cerrar de ojos, en las mismas de Cuba, Venezuela o Nicaragua.

Es hora de darnos cuenta de que el país sí ha cambiado y ha avanzado en lo que va del siglo, pero lo que no cambia y va en reversa, es la forma en que se ejerce la actividad política.

Todos los Estados y los sistemas de gobierno presentan defectos como el clientelismo y unas minorías dedicadas a actividades ilegales que tienen que combatirse constantemente. Pero aquí, los partidos, los líderes y quienes conducen el Estado, en su avara ambición de poder, viven enfrascados en la falsa e improductiva discusión entre derecha, izquierda o centro; algo que sólo sirve como envoltura para un tamal politiquero fermentado que sólo produce una gran indigestión social.

En Colombia, parece que todo lo que antes era ilegal ha sido incorporado como parte de la ecuación de impunidad con que se gobierna y se administra justicia. Pocos líderes aportan al desarrollo de la nación, la mayoría anteponen al interés general su vanidosa ambición de figuración y poder, y conviven o son parte de esa cultura terrorista y mafiosa de la droga que está entreverada en toda nuestra sociedad.

Hasta el advenimiento electoral del narco-populismo del siglo XXI en las elecciones colombianas de 2022, fuimos la democracia de mostrar en la región, ausente de la volatilidad propia del totalitarismo fuimos la economía manejada con mayor ortodoxia, en un sistema de libertad de empresa y de mercados, y existió una administración ordenada de la cosa pública enmarcada en una institucionalidad que garantizaba ante todo el imperio de la ley, en un Estado de derecho relativamente funcional.

Como sociedad nos confiamos y permitimos que la tiranía de las ideas comunistas disfrazada de socialismo se aliara con la politiquería calanchina y con el narcoterrorismo, y se tomaron el poder por la vía democrática.

Repugna la falacia con que salió hace unos meses un alto diplomático extranjero, al aterrizar de barriga en la cultura de este trópico criollo, cuando dijo tan tranquilo que: “él veía, que el nuevo equipo que gobierna el país está compuesto por funcionarios bien intencionados y que están tratando de mejorar el país desde la política”. ¿Seguirá hoy ese míster pensando lo mismo?

Ojo, señores de la nueva ola diplomática mamerta y permisiva, que los hechos en Colombia demuestran los resultados del total desgobierno. No nos engañemos, la región entera está asechada por una minoría ladrona e insensata, obnubilada con el comunismo que ya hace varias décadas se nutre del narcotráfico y otras actividades ilegales altamente lucrativas.

En Colombia, el liderazgo oficial se encuentra empeñado sirviendo de garante a toda suerte de organizaciones criminales, mientras el resto de la política colombiana está extraviada en el bazar inmediatista de los egos encefálicos de todo tipo de ex, y en el transfuguismo partidista.

Muchos extranjeros preguntan ¿cómo fue que en Colombia permitieron un sistema autocrático que controla la aprobación de las leyes y tiene enmudecida y coartada la justicia, neutralizadas las fuerzas armadas, anestesiadas las instituciones y la tan cacareada sociedad civil?

¿Cómo es que los cargos públicos los estén llenando de personas cuestionadas y de criminales fraudulentamente indultados?

¿Por qué los gremios parecen complacidos con que imperen todas las modalidades delictivas conocidas en materia de administración pública, y con el deterioro acelerado de la seguridad ciudadana y de las condiciones sociales y económicas que debe garantizarles el Estado a las personas naturales y jurídicas que cumplen sus obligaciones?

Pero hay más. Es claro que quien se eligió con un discurso populista ofreciendo un cambio, mintió, y hoy le quiere imponer a toda la ciudadanía un Estado caótico, que moralmente en nada difiere del vergonzoso turismo del vicio y la pederastia por el cual ya estamos marcados como destino preferido de toda suerte de degenerados en el ámbito mundial.

Hoy, cuando gracias a la evolución de la información y a la tecnología se sabe a ciencia cierta qué decisiones y qué acciones son efectivas para el bien común y el interés general de la ciudadanía, hay una desconexión total de la clase política con las realidades de la gente; siguen entrampados en discusiones ideológicas caducas y contrarias a las mediciones que arroja el conocimiento.

¿De qué le vale a la sociedad la verborrea con que luchan entre una izquierda democrática enredada en las garras de un populismo corrupto y una derecha democrática acusada de fascista por una izquierda extrema que le da pena mostrar su cara comunista? Recordemos que nazismo y fascismo, fueron movimientos originados en el socialismo de comienzos del siglo pasado y que al igual que Rusia, China, Cuba, Nicaragua y Venezuela, se convirtieron en dictaduras totalitarias.

Entre tanto lo que ocurre con la mayoría de los gobiernos de la región bajo la denominación de izquierda hispanoamericana o socialismo del siglo XXI, es sólo una careta o piel de oveja que oculta los colmillos del lobo comunista totalitario que habita en quienes como lo hicieron antes el Che Guevara y los Castro, Chávez, Diosdado y Maduro, Ortega, los Kirchner, Boric y ahora Lula y Petro, traspasaron hace tiempo el lindero que hay entre el bien y el mal, al crear condiciones de impunidad para los sanguinarios que han cometido crímenes de lesa humanidad escondidos tras un disfraz ideológico.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Notas políticamente incorrectas


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
No acostumbro a recordar batallas perdidas, de las que llaman “políticamente incorrectas” con el delicioso eufemismo que condena a la impopularidad lo más conveniente, porque exige disciplina, esfuerzo y experiencia, mientras lo ligero, fácil, gregario y complaciente, seduce con fulgurante unanimismo.

Enseñado pues a las perdedoras, cuando Álvaro Gómez Hurtado se transformó en demagogo proponiendo la elección popular de alcaldes y gobernadores, desde una columna de opinión que tenía en El Tiempo empecé mi solitaria oposición a ese despropósito. Pero cuando Carlos Lleras Restrepo, primero, y luego Alfonso López Michelsen, también se opusieron a esa reforma populista y prematura, me consideré entre los vencedores.

Falsa ilusión porque las fuerzas de todos los clientelismos se impusieron en el Congreso, con el apoyo de Belisario Betancur, otro populista, para descuartizar la unidad nacional, descentralizar el chanchullo, fortalecer los cacicazgos y blindar los podridos feudos electorales.

Contrariamente a las ilusiones de Gómez Hurtado, las elecciones locales en Colombia, en lugar de despertar entusiasmo, interés y amplia participación para vencer la abstención y vigorizar la democracia, son las que menos atraen a los electores. La concurrencia a ellas es mínima, como también sucede en la mayor parte de los países.

En la generalidad de los municipios, entre 5 y 10 candidatos se pelean el voto del 20-25% del censo, de tal manera que muchas veces, con el 7-8% del potencial electoral, quien disponga de más simpatía o de dinero adelantado por buitres, se alza con la Alcaldía…

Dejando de lado la discusión sobre la proverbial impreparación y sobre la conveniencia de reemplazar los programas por las sonrientes caras en infinidad de afiches y vallas, se ve la necesidad de establecer la segunda vuelta para la elección de alcaldes y gobernadores, porque nadie está dispuesto a eliminar la elección popular de esas autoridades. Por allí debería iniciarse la reforma de los gobiernos locales. Con razón Enrique Gómez Hurtado, mucho más aterrizado que su hermano, decía que por desgracia no existe borrador en el Derecho Constitucional Colombiano…

En Bogotá las cosas no van mejor, aunque la candidata gárrula y descobalada puede ganar con apreciable votación, lo que no es propiamente garantía de nada cuando el ungido es tóxico. Pero en las otras grandes ciudades y gobernaciones, en octubre corremos el riesgo de ver pésimas figuras con escasos guarismos ocupando los gobiernos locales.

Todo esto demuestra los efectos perversos de la demagogia democratera que nadie quiere corregir.

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Como Colombia y China tienen intereses diametralmente opuestos en Venezuela, nada más desafortunado que coincidir en el repudio de toda posible intervención militar. Ese comunicado apresurado, imprudente y gratuito, favorece a Maduro (y a China) y debilita al pueblo venezolano en su lucha (y a Colombia).

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Con los “juicios de residencia”, la Corona parece haber sido más eficaz contra la corrupción que la República, desde la negociación de la deuda inglesa con Francisco Antonio Zea, hasta los inocultables sobornos de Odebrecht, si nos atenemos al documentado libro “Imperiofobia y leyenda negra” (Madrid: Siruela; 2016). Con base en los estudios de Margarita Restrepo Olano, María Elvira Roca Barea nos revela (p. 309):

“En su tiempo se dijo que el famoso virrey Solís decidió entrar en religión antes de que acabara su mandato, no por haber recibido una llamada repentina del Altísimo, ni por arrepentimiento de sus muchos pecados y disipaciones, sino por el miedo que sintió cuando se enteró de que Fernando VI, su amigo y protector, había muerto, y él, por lo tanto, tenía que enfrentarse al juicio de residencia sin la confortable protección real. Fue uno de los juicios más largos y voluminosos de la administración imperial: seis meses de investigaciones e interrogatorios en más de cuarenta ciudades y pueblos, y 20.000 folios de instrucción. La sentencia, del 5 de agosto de 1762, condenó a Solís por 22 cargos, todos relacionados con defraudación y disipación del erario real”.

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Palabras de Julián Marías que parecen escritas hoy para Colombia:

“Se intentó contentar a quien sabemos que no se va a contentar. La amabilidad deviene así debilidad. Y la debilidad conduce a la derrota (…) Tampoco es posible convencer con razones jurídicas a quien no esgrime razones jurídicas”.