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lunes, 23 de febrero de 2026

Todavía hay esperanza

José Leonardo Rincón S. J.
José Leonardo Rincón S. J.

Solo fueron unas pocas horas en Medellín. Tan pocas que no hubo tiempo para reportarme con mis amigos y tener la ocasión de saludarlos personal o al menos telefónicamente. Algunos me regañarán por esto, pero su comprensivo corazón los hará entender que este silencio no es por falta de afecto sino de tiempo.

Debido a mi cargo hago “la avanzada” a la visita canónica que tendrá nuestro provincial en unos cuantos días. El formato previsto cobra distinto sabor cada vez porque las personas y también las situaciones cambian. Vine de visita a la comunidad jesuita del Colegio San Ignacio, breve pero fructífera. Aproveché para ir a nuestro Noviciado que después de 53 años deja de estar en Colombia y ahora se ubica en Quito. Solo quedan aquí cuatro muchachos muy valiosos que para julio estarán en Bogotá. Los otros 10 ya están en su nueva locación. Esta sede nuestra actual cuenta con una planta física preciosa enclavada en el camino al barrio Robledo y con el encanto de estar en medio de la ciudad y simultáneamente como si estuviera en el campo. Nos hemos preguntado qué hacer con ese inmueble, pero sobre todo cuál ha de ser nuestra presencia en Antioquia en el inmediato futuro.

De vuelta al colegio donde fui rector por seis años, en cuestión de horas tuve varios impactos emocionales al recorrer sus instalaciones, muchas de las cuales, que recuerde 42, fueron modificadas en aquellos años inolvidables. El reencuentro con educadores de aquel tiempo que siguen desgastando su vida en la noble tarea de educar resulta inspirador: definitivamente sin educación no tenemos futuro. Uno de ellos con un cáncer avanzado sigue firme en su misión: “la actitud es la clave y esto es lo que me da vida” me asegura. No lo dudo.

Un compañero jesuita que me acompaña me señala en la pista atlética a un muchacho que está en undécimo y que se prepara para ir a nuestros juegos Intercolegiados en Cali. Es un joven muy serio y disciplinado, señala. Cuando concluye su ejercicio me le acerco para felicitarlo diciéndole que me han hablado muy bien de él y que le deseo suerte en su competencia. “Exageran”, me responde. Yo le insisto: pues me dicen que es cierto, no son flores. Y me remata mirando al cielo: “eso es gracias a Dios!” ¡plop!

Tan nostálgico como emocionante paseo concluye con broche de oro: la grata sorpresa de encontrarme a unos primos que tienen allí sus dos nietos en cuarto y quinto de primaria, ella está en la banda musical, él en la selección de fútbol. Bellos y radiantes los abrazo mientras nos tomamos una foto para el recuerdo. ¡Es verdad que el panorama global y local es aciago y complejo, pero con jóvenes generaciones así, la verdad, todavía hay esperanza!

viernes, 14 de julio de 2023

Cuando nos quedamos solos

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Hoy estoy existencialista. Un video, de esos que mandan por las redes, de una forma cruda y directa pero cierta, nos invita a caer en cuenta de que, dentro de un siglo, quienes actualmente estamos vivos, ya no lo estaremos. Lo que actualmente vemos y disfrutarnos será visto y disfrutado por otros. Y esos otros no sabrán de nosotros, ni les interesará saberlo. El olvido que seremos. Así de simple. Tanto afán por llenarnos de cosas, tanta preocupación por no pasar desapercibidos, tanto estrés por mantenernos jóvenes y bellos y nada de eso podremos llevarlo consigo. Vinimos desnudos y sin nada y nos iremos con las manos vacías. Tal vez nuestro legado, lo bueno que hicimos, permanezca por algún tiempo en la memoria de algunos.

La temprana y sorpresiva muerte del obispo de Santa Rosa Osos, a sus 54 años, me ha obligado a pensar de nuevo en lo efímeros que somos. Una amiga muy querida está en una UCI y lucha por sobrevivir. De pronto, mi mamá suspira profundo y exclama: me he quedado sola, todos mis hermanos y mis sobrinos mayores ya no están. Sus amigos de infancia, los de toda la vida, ya no están físicamente. Solo quedan los recuerdos, pero no hay con quién hablar, con quién recordar, con quién contar. La escena es dura y uno más impotente no se puede sentir. No hay nada qué hacer. No quiero ponerme dramático, pero es verdad que, si miro en derredor, muchos de mis amigos, también ya no están. Uno mismo sabe que su salud, su vitalidad, su lucidez, ya no son las de antes. Es un fenómeno natural e irreversible.

La expectativa de vida ha aumentado en los últimos años, sin embargo, nada nos garantiza que cumplamos o superemos el promedio. En realidad, la vida es corta y los años se pasan volando. Es muy duro que los amigos que uno quiere se nos mueran, pero es verdad que es mucho más duro quedarse íngrimo, solo.

Hay que prepararse para esto. Uno cree que va a ser eterno, que siempre tendrá salud, que estará en sus cabales, que podrá desplazarse por donde quiera y disfrutar los placeres de este mundo… y no. No es así. Sabemos que la muerte vendrá un día, pero la vemos distante.

Vuelve y juega. Con razón hay que mirar el pasado, lo que pasó y no vuelve, con gratitud pues nos dejó, si no satisfacciones, al menos enseñanzas. Del futuro poco o nada sabemos y hay que asumirlo con esperanza buscando que sea mejor para todos. Pero, sobre todo, hay que vivir plenamente el presente, el “hic et nunc” que dirían los latinos, el sabio consejo de Horacio “carpe diem”. Es de lo poco que tenemos entre manos y bajo control.

Concluyendo: la vida es corta, la vida es bella. Felices los que han entendido y viven su pasado con paz, su presente a plenitud y el futuro con esperanza. No nos quedaremos solos, algunos pasarán, otros nuevos vendrán. Y Dios, el Yo soy, siempre ahí, siempre presente, siempre Eterno, siempre a nuestro lado. No estamos solos, nunca quedaremos solos.

lunes, 10 de abril de 2023

Cómo reconstruir a Medellín 1

Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Me propongo una seguidilla de artículos de opinión, orientados a la reconstrucción y recuperación de nuestra ciudad. Espero que los precandidatos a la alcaldía, al concejo y a las JAL de Medellín, los lean y estudien, y les ayude a construir y definir sus intenciones y aspiraciones, y a que la actual administración optimice y priorice recursos y esfuerzos para en estos meses que les resta del 2023 corrijan su accionar.

Nuestra querida ciudad requiere de una responsable y rápida intervención.

1. Los niños y jóvenes, más que computadores sin wifi, necesitan: alimentación, instituciones educativas dignas y educación de calidad, en y con principios y valores, además, asistencia sicológica y la ayuda de sus familiares. La articulación entre los sectores público, privado, Iglesia Católica y academia, es fundamental.

2. Los habitantes de calle necesitan alimentación, aseo y vestido, con asistencia sicológica y educación y la ayuda de sus familiares. La articulación del sector público, Iglesia Católica y las fundaciones privadas, es fundamental.

3. Los ancianos necesitan alimentación, vestido, asistencia sicológica, techo y la ayuda de sus familiares. La articulación entre el sector público, Iglesia Católica y las fundaciones privadas es fundamental.

4. El centro de Medellín y varios parques, debe ser lavado por lo menos tres veces por semana. Emvarias sabe hacerlo; es una acción mínima de higiene y salud.

5. Hay que recuperar todos los árboles y jardines públicos de la ciudad, pulmones de “Medellín ciudad de las flores”. El Jardín Botánico sabe hacerlo.

6. Hay que disminuir la cantidad de basuras que llegan al relleno de La Pradera, estableciendo rutas para recolección del material vegetal orgánico y del material reciclable y los lugares para su aprovechamiento. La articulación entre sector público, privado y academia es fundamental.

7. Hay que aprovechar el verano que viene para hacerle limpieza y mantenimiento al río Medellín y a sus quebradas afluentes. La articulación entre sector público, privado y academia es fundamental.

8. Hay que intensificar la revisión técnico mecánica de los vehículos automotores más contaminadores, para mejorar la calidad del aire y por supuesto incrementar el transporte público no contaminante. La articulación entre el sector público, privado y academia es fundamental.

9. Hay que frenar las construcciones en zonas de alto riesgo. La articulación entre el sector público, privado y academia es fundamental.

10. Hay que hacer mantenimiento y pintura a las vías, los puentes, los semáforos, las señales de tránsito, de nomenclatura, paraderos de buses, bancas, parques, etcétera. La articulación entre el sector público, privado y academia es fundamental.

Estos objetivos enunciados implican muchísimas acciones a realizar, si logramos, optimizando los recursos, cumplirlos, la reconstrucción y recuperación de Medellín se habrá iniciado.

La parábola del buen administrador en la sagrada Biblia debe ser estudiada con cuidado por nuestros gobernantes; que nuestro Señor Jesucristo los ilumine.

Si considera útil este artículo de opinión, compártalo. Gracias.

martes, 21 de junio de 2022

Monseñor y sus hogares de acogida

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Nunca pensé contar con el honor de pertenecer a la junta directiva de algunos de los hogares de acogida de Monseñor Santa María; me candidatizaron, el arzobispo, previo análisis de las hojas de vida, me nombró y yo estoy feliz de encontrarme aprendiendo dentro del equipo que carga con tan inmensa responsabilidad. Cuando uno le pregunta a María Cristina, la directora, cuál es la necesidad más sentida, su respuesta, es: comida; ahí se queda uno paralizado, es que son más de 4.000 servicios diarios.

Son miles de niñas y jóvenes, que por diferentes circunstancias de la vida requieren calor de hogar, techo, comida, vestido, cariño, educación y dirección, que sus padres no les pueden dar por diferentes circunstancias, razón por la cual, sociedad y Estado deben actuar rápidamente, asumiendo con responsabilidad, dedicación y continuidad sus obligaciones, frente a estos niños y jóvenes, futuro de nuestro país.

Monseñor, con un equipo de lujo y con la contribución económica de pobres y ricos, con el trabajo del voluntariado, desde hace muchísimos años, se hace cargo de más de 1.200 personas en un todo y por todo.

No podría olvidar el hogar de acogida para los enfermos pobres que vienen a tratamiento e intervenciones en Medellín desde otros departamentos de Colombia, de los que también se hace cargo Monseñor con sus benefactores colaboradores y su equipo de empleados y voluntarios.

Qué bueno sería que el Estado y los municipios pongan a funcionar en forma eficiente y responsable los programas asistenciales de alimentación para las personas más urgidas, ayudando a las miles de fundaciones que vienen trabajando sin descanso por los más necesitados, con la ayuda de los empresarios del común, de los particulares que generosamente aportan a estas instituciones, que gracias a Dios permiten la manutención y la formación de miles de niños y jóvenes sin oportunidades, que los queremos como hermanos en Cristo, para integrar nuestra sociedad de colombianos de bien, que puedan cumplir sus propios sueños y los de sus familias.

Gracias a Monseñor y a su equipo por generar oportunidades y esperanza, por generar empleo, por generar voluntariado, por satisfacer las necesidades de los más necesitados; gracias a nuestra Iglesia Católica, integrada por humanos común y corrientes, con cualidades y defectos como todos, convencidos de la necesidad de mejorar siempre nuestros comportamientos, como nos lo enseña la Santa Biblia, de la que tenemos mucho que aprender y practicar, gracias a los benefactores actuales y futuros, se requieren muchos más benefactores para la sostenibilidad y crecimiento de los hogares de acogida.

Los bancos de alimentos de nuestra Iglesia Católica son ejemplo y requieren la activa participación y ayuda de nosotros los católicos.

La historia de Monseñor Santa María y de los hogares de acogida, debe ser escrita, es ejemplo para todos.

De nuestro buen comportamiento, de la capacidad de unirnos en torno a la satisfacción de las necesidades más sentidas de nuestra sociedad y de la austeridad en el gasto exagerado de nuestros gobernantes en las tres ramas del poder público y de los organismos de vigilancia y control, aplicando siempre el interés general sobre el interés particular, depende en muy buena parte el futuro de nuestro país.