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viernes, 26 de septiembre de 2025

En los 30 años de ACODESI

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

La Asociación de Colegios Jesuitas de Colombia fue la concreción jurídica de una dinámica de trabajo que para el momento de su fundación venía preparándose durante más de una década. Durante los años setenta y entrados los ochenta se cuestionó fuertemente el apostolado educativo pues se le reprochaba ser el mantenedor del statu quo de injusticias sociales. La idea era ir cerrando los colegios y focalizar el trabajo apostólico entre los pobres.

Sin ignorar tamaño cuestionamiento, afloraron reflexiones, personas que les hicieron eco y un grupo humano que se propuso darle un vuelco a la propuesta educativa. El padre Pedro Arrupe, con su conferencia "Nuestros colegios hoy y mañana", y años más tarde con la publicación de las “Características de la educación de la Compañía de Jesús y pedagogía Ignaciana, un planteamiento práctico”, inspiraron a fondo al que se convirtió en el adalid de la radical evolución y transformación de nuestras instituciones educativas: Carlos Vásquez Posada. Su gesta fue decisiva para volver a apostar por la educación. Freire, Piaget, Faure, Kohlberg, por citar algunos autores, contribuyeron a darle sustento académico. La espiritualidad ignaciana promovida a través de los Ejercicios Espirituales personalizados acompañados que magistralmente organizó Julio Jiménez, fueron claves para darle sentido al quehacer pedagógico. Las reuniones de homólogos de todos los niveles fueron la estrategia para armar colectivamente programas y proyectos.

Cuando me nombran su sucesor en la recién creada ACODESI podrán imaginar el reto tan grande por asumir. Había que continuar, consolidar y fortalecer lo realizado, pero también había que proseguir el camino. Durante los seis años que allí estuve, entre otras realizaciones compramos, adaptamos y dotamos la casa sede; publicamos una docena de libros para recoger conceptualizaciones y experiencias valiosas; con la participación de casi 200 educadores redactamos “La formación integral y sus dimensiones”, texto referente en adelante para la red; el currículo, entendido como todo lo que intencionalmente educa en razón de la propuesta educativa, nos llevó a articular sus elementos: principios, plan de estudios, programas, proyectos y, modelos de gestión; participamos en el Comité Técnico de ICONTEC que concibió la certificación en gestión de calidad aplicada a colegios; nos convertimos en ejemplo referencial por lo que recibimos visitas de educadores de USA, España, Italia, Portugal y de varios países de Suramérica y el Caribe, y asumimos como primer presidente de la FLACSI, la red de redes de nuestros 95 colegios que tenemos desde México y el Caribe hasta el Cono Sur.

De manera que al recibir en grado oro la condecoración que otorga ACODESI uno agradece al maestro Jesús por ser nuestra razón de ser y existir, por tantos jesuitas y laicos de todos los estamentos de la comunidad educativa sin cuyo concurso estos logros no hubieran sido posibles. Hoy la asociación sigue evolucionando y creciendo como expresión evidente de ese "magis" ignaciano que no nos deja apoltronarnos, nos interpela y nos ratifica en la convicción de que lo que nos puede ayudar a salir adelante como país es la educación, y los jesuitas, con más de 400 años de experiencia, mucho podemos contribuir para que esa experiencia sea posible.

viernes, 18 de julio de 2025

En las exequias del padre Jorge Eduardo Serrano, S. J.

José Leonardo Rincón Contreras, S. J.
José Leonardo Rincón Contreras, S. J.

Muchas gracias por estar aquí esta mañana. Nos convoca a todos el Señor Jesús muerto y resucitado, el mismo que con amor apasionado siguió Jorge Eduardo, nuestro gordito o exgordito. Hago un rápido paneo visual y encuentro aquí a su querida familia Serrano Ordóñez, compañeros jesuitas y exjesuitas, amigos de toda la vida, desde el colegio y quienes a lo largo de su fructífera existencia gozamos y compartimos en comunidades y obras apostólicas, aquí en Colombia y, sin exagerar, en medio mundo, su amistad y compañía.

Acabamos de escuchar el texto de Lucas que nos cuenta la parábola del buen samaritano y yo quiero que sea Jorge Eduardo quien nos ofrezca un minuto de homilía, la misma que preparó para el domingo de su pascua y que lo haga desde este que fue su púlpito del templo donde hoy hace exactamente un año asumió formalmente su misión apostólica: https://youtu.be/u9RuV7nH8mk

Así lo vimos, lo escuchamos y lo sentimos, con sencillez y cercanía, pero también con la fuerza profética del que no solo anuncia, sino que también denuncia y con su testimonio creíble nos evangeliza con hechos, no con discursos. No hay que ponderarlo: todos sabemos que su gran corazón y enorme sensibilidad por los débiles, los excluidos, los vulnerables, los más pobres, estuvieron en el foco de su existencia.

Como bien lo anotó alguno, se ha ido uno de los grandes de esta provincia, no sólo por su extraordinaria huella misional sino también por su singular personalidad, la de esos que desde que nacieron rompieron el molde y se convirtieron en personajes únicos, irrepetibles, verdaderamente auténticos.

Lo conocí siendo novicio, pero fue en el juniorado cuando me enviaron a Cúcuta a ayudarle en Semana Santa en la Parroquia de San Pío X, en Atalaya, donde retrasada su ordenación, primero ejerció como diácono y yo tuve la fortuna de estrenarlo como párroco, moviéndose por todos esos barrios, construyendo comunidades de fe y solidaridad. Todavía no se había inventado las ollas comunitarias y ya su liderazgo apostólico social era evidente. De ese viaje le debo, entre muchas enseñanzas prácticas que me dejó la tarea de aprender a manejar vehículos pues, precisamente, porque teniendo en la casa moto y vehículo no pude movilizarme a atender unos requerimientos que él me pedía. Entonces me insistió que los medios son para usarlos y para atender las necesidades de la misión.

Con esa pinta tropical multicolor que escandalizaba a criollos, porque al decir de algunos era más propia de conductor de camión, no lo fue menos en los ámbitos curiales romanos de estricto collar negro. Con todo, quizás a regañadientes, aprendió también a vestirse elegante y como sacerdote honesto de la región cuando la ocasión lo ameritaba o exigía.

Su lenguaje subido y reiterativo hacía sonrojar a adultos al principio porque casi simultáneamente les arrancaba risotadas y a los niños arrepentidos por el uso de su vocabulario los excusaba: ¡si el padre las dice...!

Esa creatividad siempre fue desbordante, inquieto, insatisfecho, desde las ya mencionadas ollas comunitarias, pasando por la configuración de la Fundación Amar y Servir como estrategia de fundraising, emprendimientos de respetable envergadura, hasta llegar a motivar al gobierno general a llevarlo a Roma por una década para desde allí replicar en la universal Compañía las que hoy se llaman oficinas de desarrollo que buscan recaudar fondos para nuestra misión apostólica. Lo era para tamañas empresas, pero también para toda suerte de estrategias: mensajes por diferentes redes sociales y el minuto de homilía donde congregó predicadores de todas las latitudes y que propagaba masivamente, el WhatsApp para comunicarse con los feligreses, códigos QR para evaluar las actividades litúrgicas, buzones de sugerencias para saber qué hacer en las celebraciones especiales, carteles, festones, grupos, reuniones, eventos. Aquí este templo, en poco tiempo, logró revivirlo y darle vida, litúrgicamente movilizó coros, grupos de laicos para organizar las principales fiestas: Semana Santa, Pentecostés, mayo para Nuestra Señora y junio para el Sagrado Corazón, Navidad para arreglar las imágenes del pesebre y cuando no había fiestas: entonces hagamos una rampa para mejorar el acceso de quienes tienen problemas de movilidad, ¡Por Dios! Un apóstol incansable que se gastó y desgastó dándose felizmente a los demás.

Algún día le dije: gordito todos los días te inventas cosas, cuando faltes ¿quién va a seguir tu ritmo?

Nuestro simpático Jorge se relacionaba con todos, poderosos y débiles, ricos y pobres. Pastor misericordioso y acogedor con abrazos sinceros y afectuosos y a la vez muy exigente y trancado, a veces sorprendentemente duro e implacable. Se entiende: santandereano de carácter recio por fuera y tierno por dentro. Frentero para decir las cosas sin anestesia, como veíamos en Isaías, llamando las cosas por su nombre. Honesto y humilde para reconocer sus equivocaciones cuando fraternalmente se le hacían caer en cuenta. De verdad, admirable en esto.

En un país cargado de violencia, dolor y muerte fue un defensor apasionado de la vida, compromiso que le iba pasando factura cuando fue amenazado de muerte y por orden del provincial tuvo que salir del país. Hombre abierto y plural que respetaba y amaba la diversidad. De mirada global, amplia y visionaria, de 73 años en su cédula, en realidad joven de espíritu al 100 %. Cuántos corazones se acercaron de nuevo a Dios gracias a sus prédicas, a sus tomaduras de pelo y constante buen humor. Hacía calar la palabra del Señor con sus mensajes. Sus eucaristías eran bien concurridas. Indiscutiblemente en muchos dejó huellas profundas.

Esa proverbial capacidad histriónica la tuvo siempre y con sus ocurrencias, historias y cuentos inventados por su mente brillante en tiempo real, narradas con tal seriedad y convicción, una y mil veces nos engañó lo que nos hacía reír a carcajadas. Su presencia en Canisio contribuyó a construir un ambiente comunitario alegre y grato.

Me ha llamado la atención que la gente tan pronto supo la noticia lloró su humana partida, pero casi que inmediatamente también dijo: pero hay fiesta en el cielo, no solo porque perseveró sino porque de seguro debe tener a la Trinidad echándole carreta, convenciéndolos de que con la corte hay que recoger fondos para mejorar las estancias celestiales. El mago para recaudar recursos me contó alguna vez que cuando lo invitaban a la boda preguntaba cuánto les había costado todo: tantos millones. Pues bien, yo solo les cobro el 3 % de esa cifra y les explicaba que era para atender las necesidades de otros. Hoy mismo se hubiera emocionado de ver esta multitud y ya estaría pasando la ponchera, así que no se hagan los locos…

Amigos, Jorge quería que la celebración de sus exequias se celebrara alegremente, como él celebró la eucaristía con esa alegría que solo puede venir de un hombre con el Espíritu de Dios rebosando su corazón. Sigamos dando gracias al Señor por esa vida suya que dejó huella en tantas vidas nuestras y hagámosle caso según su última recomendación: el asunto es más de hacer que de quedarse en el pensar, sentir, decir o escribir. En su juicio final el Señor lo ha reconocido: tuve hambre, tuve sed, estuve enfermo, en la cárcel… eso que hiciste por los otros lo hiciste conmigo… así que siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor.

viernes, 2 de agosto de 2024

Vamos caminando

José Leonardo Rincón Contreras, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Los jesuitas estamos de fiesta en este año 2024 porque celebramos los 100 años de eregirnos como provincia autónoma, después de la última expulsión que sufrimos a finales del siglo XIX.

Un hombre extraordinario, por ser visionario y de tenaz empuje, Jesús María Fernández, fue quien impulsó a dar tan singular paso. Y pasó a la historia, porque al hacernos provincia independiente, nos obligó a no depender de las Provincias españolas y a conseguir nuestras propias vocaciones para dirigir nuestras comunidades y obras y abrir otras nuevas. Chucho, como se le decía afectuosamente, fue el primer Provincial y también el artífice de otras gestas gloriosas para la honra de Dios: la restauración de la Universidad Javeriana y la fundación de Conaced y la CIEC, sendas confederaciones de educación católica tanto en el ámbito nacional como continental. Huellas imborrables de su legado que jamás olvidaremos.

Con la fiesta de San Ignacio, el pasado 31 de julio, hemos iniciado formalmente esas celebraciones. Lo hicimos con una solemne y a la vez sobria y devota concelebracion eucarística en nuestra colonial iglesia de San Ignacio, en el centro histórico de Bogotá, en la que nos hicimos presentes cerca de mil personas entre jesuitas y laicos de nuestras comunidades y obras apostólicas. Igualmente pudimos compartir un pequeño ágape en la plazoleta del icónico Colegio Mayor de San Bartolomé, en la esquina sur oriental de la Plaza de Bolívar. Concluimos con un acto artístico cultural, más exactamente, una suite llamada del centenario, que en realidad evoca, en tres movimientos, los relevantes hitos de nuestra historia:

* Vamos caminando, o la llegada de esos pioneros que, al mejor estilo ignaciano, cual peregrinos, siempre en marcha, siempre en camino, tipifican la esencia de nuestro carisma, el discernimiento, con su dinámica del superlativo, siempre más, siempre mejor, la mayor gloria de Dios, el magis, el bien universal…

* Que vuelvan los profetas, o la realidad desafiante que implica anunciar, denunciar, testimoniar y que cobra un precio alto en vocaciones auténticas, comprometidas, sacrificadas con su vida incluso por esa causa del evangelio…

* Señora del camino, o esa mediación de Nuestra Señora, madre y maestra, advocación propia de la Compañía, a quien pedimos ponernos con su Hijo, nos confíamos en su Luz, en su transparencia, en su compañía, para poder avanzar en la misión de Dios.

Los tres movimientos corresponden a tres composiciones del padre Luis Guillermo Sarasa, adaptadas en su partitura para que 180 jóvenes artistas desplegaran todo su talento, en un ensamble que combinó la Orquesta Sinfónica Javeriana, el Coro de la Carrera de Estudios Musicales, el Grupo Cultural Javeriano de Gaitas y Tambores, y una puesta en escena con estudiantes del Colegio Mayor de San Bartolomé que fueron alternando su actuación teatral con tan exquisita musicalizacion. Para decirlo brevemente: ¡emocionalmente sobrecogedor!

Bueno, les quise contar esto para decirles que aquí estamos, aquí seguimos, aquí vamos caminando de la mano de la Señora del camino, deseando que vuelvan los profetas para ser consecuentes con el evangelio y para buscar un mejor país. ¡Vamos caminando!

viernes, 29 de septiembre de 2023

35 años del Curso-Taller

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

El suscrito era un muchacho común y corriente que tuvo la fortuna de contar con una mamá que le buscó los mejores pedagogos y educadores para su formación, ya con laicos de auténtica vocación de maestros, ya con religiosos lasallistas y jesuitas. En el hogar, recordaba estos días, me aficionó al hábito de la lectura, a escuchar música clásica pero también ritmos y sones internacionales de todo tipo, algunos franceses, italianos o alemanes, con el ánimo de acostumbrar el oído a otras lenguas, don que nunca finalmente cultivé. Eso sí, escuchaba mucho radio y me gustaba el teatro, la oratoria y la escritura. Además de la formación religiosa que desde muy niño desembocó en vocación sacerdotal.

A lo que voy es a ponderar la formación que recibimos en el hogar. La que nos inculcaron con principios y valores y la que va en los genes, como mi afición por el derecho y la música, seguramente heredados de mi padre, abogado y tolimense. O los asuntos educativos, administrativos y religiosos, de mi madre. Finalmente, somos el producto de todo esto. Así nacemos, pero también así nos hacemos. Los líderes nacen y se hacen. Todas esas potencialidades están ahí, pero hay que cultivarlas y desarrollarlas.

El Curso-Taller de Formación Integral que nació hace 35 años, es la versión jesuita del Curso de Líderes Lasallistas que viví como estudiante en Villavicencio hace 45. Una experiencia fenomenal que cambió radicalmente mi vida pues ayudó a aflorar, a sacar, a expresar los talentos recibidos, así como la irresistible decisión de multiplicarla, pues un tiempo de intensa y cualificada formación no debería ser un privilegio de una élite sino una oportunidad a la que todos podrían acceder.

Ese anhelo de que otros pudiesen vivir lo que yo viví se cumplió en 1988 cuando hacía la etapa de magisterio en Bucaramanga. 40 jóvenes de todos nuestros colegios, junto con sus respectivos asesores, nos dimos cita en Villeta, Cundinamarca, para iniciar una gesta que hoy no solo se conserva nacionalmente, sino que se ha replicado en cada una de nuestras instituciones educativas. Se hace en varias experiencias a lo largo de la vida del colegio, se ha extendido al mundo universitario y se ha “exportado” a otros países.

La llamamos de formación integral porque mediante charlas y talleres prácticos buscamos fortalecer las dimensiones de esa educación holística: espiritual, cognitiva, afectiva, estética, ética, sociopolítica, entre otras… con el ánimo de formar líderes que no busquen su éxito individual, sino que logren trabajar en equipo con otros buscando la transformación de la sociedad. Desde el cultivar su sentido trascendente, aprender a hablar en público y hacerlo con diversos medios, desarrollar artes escénicas, sensibilizarse frente a la realidad del contexto, en jornadas de 14 horas diarias de trabajo intenso, durante una semana, es una vivencia que marca para siempre y que cual levadura en la masa, en el mediano y largo plazo ha ido dando bellos y relevantes frutos, eso sí, navegando en el mar de la vida, luchando contra la adversidad de una sociedad y una cultura de las cuales también hacen parte pero que contrastan fuertemente en principios y valores y no dejan de seducir con sus cánticos de sirena, atractivas propuestas que pueden llevar al colapso y naufragio social.

Hace 35 años nació esta experiencia y lo estamos celebrando.

viernes, 4 de febrero de 2022

Seis décadas

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Mi tío José murió de 59 años. Yo tenía 10 y lo veía bastante viejo. Ahora soy yo quien cumplo 60 y siento que fui injusto con él, porque en realidad no era viejo. Además, en lo que a mí respecta, todavía hay gasolina para otros 60.

El año pasado estuve en el taller y necesité revisión de motor por una falla eléctrica, pero hace dos días, en Medellín, el cardiólogo mecánico me dijo que estaba sincronizado y listo para un buen kilometraje adicional. Estoy un poco mal de llantas por el parqueo prolongado y me dice que debo salir de los pits y competir en pista. La latonería no está mal y no faltan interesados, pero no estoy a la venta. Espero cotizarme en la colección de coches antiguos. Que uno funcione después de seis décadas no es poco. Bien por los fabricantes. Les salió bueno el modelo 62.

No me puedo quejar de la vida. Como muchos de ustedes, he tenido una madre excepcional, amorosa y exigente a la vez, que a su prolongada edad sigue más preocupada por cuidarme que por cuidarse ella misma. Me contagió de principios y valores que no he terminado de asimilar. Respetuosa de mi opción de vida pudo haber sido posesiva y absorbente, y nunca lo fue, por eso a estas alturas me extraña que comience a llamar a todas partes para rastrear dónde estoy cuando me demoro diez minutos en llegar. No lo dice, pero se siente más segura conmigo cerca. De mi padre no hablo porque lo perdí a temprana edad y prácticamente no lo conocí. De seguro que mi carácter templado, disciplina y gusto por los asuntos jurídicos y políticos son su huella en mí.

Tuve una buena educación. Buenos colegios, buena formación. Eso es definitivo para ser uno quien es. Me gustó rodearme de gente mayor, para aprender de su experiencia como viejos lobos de mar. Sin ser amiguero, Dios me ha bendecido con excelentes amigos y familiares. Todos, ellas y ellos, saben que nos podemos dejar de hablar por años, pero cuando nos reencontramos retomamos la conversación como si hubiera sido ayer. No soy monedita de oro ni pretendo serlo, pues ante todo prima mi autenticidad, sin diplomacias ni expresiones políticamente correctas. Eso le fascina a muchos y otros lo detestan. Acuariano y tigre, sobresalen la lealtad y la sinceridad en la amistad, pero también la solitaria independencia. Afectuoso y consentido cuando lo acarician, el felino altivo ruge cuando le pisan la cola o lo molestan.

Nunca he buscado responsabilidades o reconocimientos. Han llegado solos y desde joven estudiante. Ha sido una escuela única para conocer la psicología humana con sus grandezas y mezquindades, primero como laico y luego como jesuita. La envidia, lamentablemente, se ha suscitado, nunca sentido. No hay ni ápice ni pizca de razón para ella.

Mi vocación de cura data desde los tempranos cinco años. Constante y firme, nunca he dudado que en esto he sido feliz contribuyendo a que otros también lo sean. Siempre quise ser religioso, pero nunca pensé en la Compañía de Jesús, una élite inalcanzable por su tradición, su palmarés, su inteligencia. Sin embargo, al conocerla me enamoré locamente de ella y cuando me aceptó me sentí el hombre más feliz del mundo. No puedo estar en mejor lugar, aunque me falte mucho pelo pal moño en dar la talla del perfil ignaciano. Aquí estoy, a punto de cumplir 60, con hijuemil tareas pendientes, con mucho que hacer todavía. Esperemos que carrocería y motor aguanten. Y como dice Pachito, mi jefe en Roma: ¡recen por mí!

viernes, 14 de enero de 2022

Servir entre cargos y cargas

José Leonardo Rincón Contreras

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Como si no tuviese ya bastante con la misión que se me encomendara hace cuatro años, asumo ahora la responsabilidad de ser el “superior” (así lo llamamos en la Compañía a quien lidera un grupo de jesuitas) de la comunidad San Pedro Canisio, donde funcionan las dependencias de nuestra curia provincial. Una adicional y nueva misión. Un nuevo “cargo”, es decir, una nueva carga.

No vayan a creer que llego aquí por excelsas virtudes pues no las tengo, sino por la escasez de gente en la que nos encontramos. Tampoco se trata de un ascenso, como ordinariamente cualquier mortal imaginaría. Menos aún es una cuota de poder en la repartición que del mismo hace mi jefe, el superior mayor. Aunque suene romántico, es una ocasión propicia para servir…

En su mensaje a los discípulos que se codeaban por los primeros puestos, Jesús les dice que observen cómo los grandes de las naciones las tiranizan y las oprimen. “No ha de ser así entre ustedes”, les ordena, para luego rematar con una propuesta decepcionante: el que quiera ser el primero debe ser el último, haciéndose el servidor de todos. No se está, pues, para ser servido sino para servir.

Garrafal desinfle para un contexto donde entendemos exactamente lo contrario. O ustedes creen, para meterle política al asunto, que, si se entendiera el poder como servicio, ¿habría tantos aspirantes a la presidencia y al congreso? ¡Ni locos que estuvieran! Lo que sí parecen, masoquistas, porque alguien con buen juicio y razón, no pelearía tanto por los dolores de cabeza generados por la cantidad de chicharrones que se va a ganar en estas lides.

Se aceptan estas responsabilidades con la plena conciencia de que son exigentes, demandantes. No todo será color de rosa, ni va a ir sobre ruedas. Los seres humanos somos bastante complejos y casi nada nos satisface. Por eso es más sabroso estar desde la barrera viendo la corrida y por eso es tan fácil criticar y dar palo porque bogas o porque no bogas. Nada más cómodo que no tener estas tareas, o no tener nada qué hacer, porque no hay que rendir cuentas, ni evaluar gestiones, ni presentar informes, ni atender retos, ni solucionar problemas.

La autoridad no se da por estos nombramientos, ni se gana automáticamente en elecciones. Quien manda es quien sirve, quien está presto a escuchar y atender los clamores y necesidades, quien es capaz de sobreponerse a sus personales intereses, dispuesto a darse, entregarse sin medida. Ojalá, teniendo claro el asunto pueda llevarlo a la práctica. Les agradezco me ayuden a que eso sea posible.

viernes, 10 de septiembre de 2021

Verdad que podemos

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Está concluyendo la 34ª Semana por la Paz, esa iniciativa que surgió como jornada bandera del Programa por la Paz de la Compañía de Jesús y que desde el comienzo contó con el apoyo de múltiples organizaciones de la sociedad civil. El dinero recaudado por la colonial joya de arte conocida como “la lechuga” se destinó enteramente a ese propósito y sus réditos le siguen apostando al deseo tan generalizado como desgastado de querer contar muy pronto y por fin con tan anhelado objetivo.

No es fácil. Como el pueblo del antiguo testamento, somos un pueblo de dura cerviz. No han sido suficientes los cientos de miles de muertos que han quedado tendidos en nuestros campos y ciudades y que han teñido de rojo nuestro suelo al punto de invertir simbólicamente el tricolor patrio para expresar qué tanto estamos patas arriba por el trastoque de valores.

Las heridas han sido muy profundas de lado y lado. Todas, producto de la inequidad y la injusticia en la que hemos estado sumidos por décadas y que ahora y de otro modo se manifiesta con la radical polarización política. El pueblo ha sido siempre el que pone los muertos. Los asesinos de rojo o azul, guerrilleros o paras, de izquierda o de derecha, sin excepción, menguan nuestra población y frustran nuestra esperanza.

De verdad que podemos. El asunto honestamente es si queremos. Porque querer es poder, pero pareciéramos no estar dispuestos a dar el brazo a torcer. Cada uno cree tener la verdad cuando en realidad posee una parte de LA verdad. Atrincherados en nuestras posiciones ideológicas, atornillados a nuestras convicciones, apoltronados en nuestros sentimientos más que en la razón, seguimos estancados y patinando en una guerra fratricida de nunca acabar.

La Comisión para el esclarecimiento de la verdad, se ha encontrado con esa cruda realidad. Cada expresidente, cada actor protagonista de ese conflicto, del bando que fuere, cuenta su verdad, pero ¿Cuál es LA verdad? Porque el asunto sería exponerla sin tapujos ni mentiras, con auténtica transparencia, pero parece que no, que sigue habiendo cartas debajo de la mesa, ases bajo la manga, oportunismos políticos electoreros, tajadas gananciosas por sacar, goles olímpicos por meter. Cualquiera que sea su conclusión será juzgada por sesgada, se dirá que está mediada por intereses oscuros porque, como bien dijo El Maestro de Nazaret, los hijos de la noche y de las tinieblas son más astutos y sagaces que los hijos de la luz y del día y hay muchos intereses creados para sostener indefinidamente el lucrativo negocio de la guerra.

Verdad que podemos. Seguramente moriremos anhelando un mejor mañana para todos, un mañana que no será mejor porque ganó el más fuerte de uno u otro lado, sino porque se impuso la verdad, la justicia inmaculada que no prostituida. ¿Y cuándo será eso? El día que se nos dé la gana, el día que queramos de verdad la paz. ¿Verdad que podemos?