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viernes, 27 de marzo de 2026

Nunca estamos preparados

José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón, S.J.

El pasado 6 de enero celebramos con un grupo muy reducido de familiares y amigos los 98 años de vida de mi mamá. Expresamente retrasé mis vacaciones con la comunidad para poder estar a su lado. Una corazonada me decía que podía ser su último cumpleaños. Meses antes ya ella venía advirtiendo, sin mucho ruido ni alharaca, que estaba en su recta final, que cada día era menos y que la muerte era una realidad inminente. Por supuesto que si, claro, a todos nos toca, le respondí yo siempre, pero eso es un asunto que está en las manos de Dios, el dueño de nuestras vidas y que el hecho que fuera mayor que yo no le garantizaba que moriría primero, que yo mismo podría morirme antes. 

Para el 7 de febrero, mis cumpleaños, ya débil y muy disminuida, tuvo fuerzas y ánimos para organizar un almuerzo y unas onces para celebrarme.  Me enteré por la señora Doris de su ilusión y entusiasmo en hacerlo. Por ese gesto suyo también decidí dejar de lado una reunión general de provincia. El corazón me decía que podría ser mi último cumpleaños con ella y quise estar a su lado y verla feliz celebrandome. La vida, aunque larga por su longevidad, finalmente es muy corta, es un soplo, se pasa ligera y volando. Por eso hay que vivirla intensamente, “carpe diem” es la sentencia.

Para iniciar esta cuaresma y antes de un viaje que tuve ese día, fui a su apartamento para imponerle la ceniza. Así se inició este camino hacia la pascua, un camino de 40 días, no sé ya si corto o largo, que hemos compartido, con mi corazón afectado, viendo cómo su vida se extingue, como se va consumiendo y apagando esa velita de su vida, que ha sido luz y que sigue alumbrando hasta el final. Porque esta mamá que yo he tenido, como seguramente son las suyas, ha sido referente, guía, una vida que agota dándose a los otros, con generosidad. Así está siendo ella, con sus ojitos que se abren solo por momentos para verme un momento y expresar su alegría porque estoy ahí. Todos los días, salvo que esté en viajes de trabajo, voy a verla: “muy importante tu presencia, que vengas a dar vuelta”, me repitió muchas veces. “¿Ya comiste?, no te vayas a mojar, tienes que descansar” ¡Ay, Dios! Estas mamás hasta el último minuto preocupadas por uno, con su umbilical wifi conectadas con uno, manifestando de manera desbordada ese rostro maternal generoso, amoroso, lmisericordioso de Dios.

Aquí estamos, hoy viernes de pasión, preparándome para la pascua, su pascua, su paso al Padre. Dizque preparándome, ¡qué va!, nunca se está preparado por más que uno se prepare. Uno no se acostumbra nunca a la realidad de la muerte, siempre sorprende, siempre desgarra, siempre duele. Es la realidad humana, existencial profunda, así en convencida teoría y con profunda fe, sepamos que hay una vida trascendente, más plena y feliz. Mamá es mamá, única, irrepetible, irremplazable, tesoro sin igual, pararrayos, fortaleza, refugio, consuelo. Nunca estamos preparados por más preparados que estemos.  Está en las manos de Dios, cuando tú digas, Señor. Su amiga María la espera, no tengo dudas. “¡Virgen Maria!” su permanente jaculatoria, su rosario permanente, su confidente, pasaba horas contemplando su imagen en diferentes advocaciones, aunque la del Carmen era su favorita. A Ella ahora tendré que acudir, en mi soledad, en mi orfandad.  Gracias a ustedes los que la conocieron, visitaron y quisieron, por ayudarme a darle gracias a Dios por esta mamá que me regaló. El mejor regalo de mi vida, a quien le debo todo lo que soy.  Aún con vida te digo en vida ¡Gracias, mamá!

viernes, 20 de marzo de 2026

Por la Hispaniola

José Leonardo Rincón, S. J.

José Leonardo Rincón, S.J.

A ustedes les gusta que yo les cuente de mis viajes y a mí me gusta también hacerlo. Lo que no saben todos, y por eso se los cuento, es que esos desplazamientos casi en un 100% no tienen nada de paseo, siempre son de trabajo. En estas reuniones a las que asisto siempre se saca un tiempo para pasear un poco pero como suele ser al final de las mismas, yo que soy un “workaholic”, pronto me pongo de regreso y no participo en esas excursiones.

Con todo, me gusta enterarme de su contexto, de su historia, de los hechos relevantes que son interesantes.  En nuestro capítulo de hoy La Hispaniola no es otra cosa que la gran isla donde Colón pisó por primera vez estas tierras de Indias en 1492 y que desde 1697 se partió en dos entre Francia que se quedó con Haití y España con lo que es hoy República Dominicana.  Esto, per-se, la hace encantadora.  De hecho, el arzobispo de Santo Domingo, por ejemplo, tiene la prebenda de ser el primado de América.   

Esta es la tierra del famoso dictador Rafael Leonidas Trujillo que se mantuvo en el poder durante 31 años hasta cuando los mismos que lo rodeaban se hartaron de sus abusos y decidieron emboscarlo y matarlo.  “Aquí los varones dominicanos no somos cobardes como los venezolanos o los cubanos que se han dejado dominar por sus dictadores, aquí dejamos una lección a los dictadores que nunca más volverán a atropellarnos”.

Pero esta es también la tierra del merengue y de la bachata y de cuanto género musical alegre el espíritu de sus habitantes, entre ellos Juan Luis Guerra, el mismísimo a quien se le subió la bilurribina, el de frio-frio, el que pedía que ojalá lloviera café en el campo, el de las burbujas de amor en la pecera… ¿cómo olvidar esos éxitos musicales?

Aquí los jesuitas llegamos (¿o volvimos?) en la primera mitad del siglo XX. Junto con Cuba y Miami conformaron la provincia de las Antillas. Hace poco se amplió a Jamaica y Guyana y se llama la provincia Caribe, bien diversa en culturas y lenguas, haciendo presencia en parroquias, colegios, centros de formación universitaria y técnica y dejando una huella que todo el mundo reconoce, como los helados Manresa, emprendimiento jesuítico que merece párrafo aparte.

Hubo un hermano jesuita que le dio por fabricar helados y venderlos. Se ve que los hacía tan buenos que la gente venía en romería a comprarlos a nuestra casa de Ejercicios Manresa. Y cobraron tanta fama que resultó ser un negocio rentable que daba para sostener la formación de los jesuitas, solo que el gobierno general no lo vio así y ordenó que no se siguiera con el asunto, lo que generó tristeza y decepción generalizadas.  De esto ya hace mas de 30 años.  Y como serán de conocidos que cuando pase por los controles de inmigración en el aeropuerto, me dice la oficial de servicio: ¿hospedaje en Santo Domingo?  Kilómetro 13 de la avenida Independencia, Manresa-Loyola.   Ahhh??¿Va para donde los helados Manresa?  Si, señora, contesté.   Bienvenido a República Dominicana!  Y de solo pensar en esos helados, se me subió la bilirrubina, así que dejemos por ahora aquí.

viernes, 13 de marzo de 2026

La alegría de la Cuaresma

José Leonardo Rincón, S. J.

José Leonardo Rincón,S.J.

Quizás el color morado de los ornamentos de este tiempo litúrgico era lo que me hacía pensar desde niño que la cuaresma era un tiempo lúgubre, asociado a silencio, ayuno de carne, abstinencias exigentes y otras prácticas que nos iban preparando para la Semana Santa cuyo culmen era el viernes santo.

Por cierto, los viernes se rompía la dieta ordinaria y se nos obligaba a consumir pescado. El panorama metereológico de estos meses de marzo y abril (aguas mil) contribuía a la escenografía: poco sol, frío, muchos nubarrones negros, lluvias pertinaces cuando no aguaceros con truenos y rayos, mejor dicho, todo dado para inducir al arrepentimiento y la penitencia. ¿Y qué decir de la semana mayor?  La programación en las emisoras se alteraba, la música festiva se cambiaba por clásica, hasta el cine relanzaba las tradicionales cintas taquilleras de siempre: el mártir del calvario, Ben-hur, los 10 mandamientos…

Para colmos, ya jesuita, los ejercicios espirituales de la tercera semana retomaban el tema de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. No había cabida para pensamientos alegres. Todo tenía una tonalidad grisácea y cuasi trágica.

 Esta manera de ver y de vivir la cuaresma tocó a su fin ya entrado en años. Cuando implementamos el sistema de gestión de calidad en nuestros colegios, ese andamiaje metodológico, sumado a la práctica pedagógica ignaciana, me ayudaron a hacer una analogía existencial: Dios nos quiere caminando en la senda de la mejora continua: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Y perfecto es reflejo de calidad. Claro, eso no se logra de la noche a la mañana, siempre nos encontramos con no conformidades mayores (pecados mortales), no conformidades menores (pecados veniales) y oportunidades de mejora.  El examen de conciencia no es otra cosa que un ejercicio de auditoría interna. La idea no es rajarse sino obtener la certificación, es decir, realizarse en la vida, alcanzando el propósito, ser felices. Los parámetros están dados y más que un cumplimiento (cumplo y miento) de requisitos de normas  hay que descubrir la razón y el sentido que lo inspira, es todo un espíritu, una manera de ser y de proceder.

 Después, cuando hice la tercera probacion, que es como un segundo noviciado, en la perezosa tercera semana que ya mencioné, nuestro instructor nos invitó a repetir no una sino hasta cuatro veces las oraciones que me sabían a cacho pero que, al final, me terminaron gustando. Si. Hubo un cambio de fondo en la mentalidad y comprensión del asunto. La cuaresma es otra cosa. La cuaresma es un tiempo privilegiado para entrar al taller y hacer una revisión (no ya tecno-mecánica) sino estructural y comprehensiva de la propia vida y el poder apretar tuercas, hacer ajustes, ordenar la casa interior, eso es motivo de alegría profunda y enorme satisfacción, porque ¿Quién no se alegra de poder crecer, evolucionar, madurar? Así las cosas, la cuaresma se transforma en antesala de la pascua, esto es, de ese paso triunfante de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz, de la tristeza a la alegría.

viernes, 4 de abril de 2025

Por la bella villa

José Leonardo Rincón, S. J.

Estar en Medellín resulta siempre grato y reconfortante. Lo he hecho a lo largo de mi vida muchas veces, pero también he de decir con orgullo que en tres ocasiones he vivido en la ciudad de la eterna primavera: recién nacido, durante mi noviciado en la Compañía de Jesús, y cuando estuve seis años como rector del Colegio San Ignacio. ¡Inolvidable!

Mucho podría decirse o escribirse sobre esta bella villa, instalada a lo largo y ancho del valle de Aburrá. Cuna de una cultura que ha logrado extraordinarias realizaciones, pero que también ha sufrido la desgracia de quienes dejaron de lado principios y valores ancestrales, y optaron por el camino corto del dinero fácil.

Ciudad de contrastes, se ha convertido en la capital de la montaña. El clima primaveral se ha tornado más cálido por la densidad de la población, el increíble aumento de la movilidad vehicular y la proliferación de torres de edificios, que la convierten en la ciudad donde más del 75 % de su gente vive en propiedad horizontal: toca hacia arriba porque ya no hay cabida hacia los lados.

Llegaba un caleño muy simpático a Medellín, y el paisa, siempre acogedor, le preguntó de dónde venía, a lo que respondió rápido y orgulloso: “¡De la sucursal del cielo!”. El del carriel, casi sin inmutarse, concluyó: “¡Pues bienvenido a la principal!”. Y es que por esta comarca, el amor por la tierra y por sus gentes hace que la autoestima se eleve y el orgullo regional sea manifiesto.

Cuando Bogotá apenas comienza a otear en el horizonte, después de siete décadas de necesitar un sistema masivo de transporte, Medellín hace treinta disfruta no solo de metro, sino de una "cultura metro", que implica no solo un sistema bien organizado de tren, tranvía, buses, cabinas de cable y hasta escaleras eléctricas, sino principalmente un modo de proceder, un cuidado de lo público y un sentido cívico que comenzó a trabajarse como propósito ciudadano desde 1979, y que cualquier ciudad cosmopolita del mundo ya quisiera tener: espacios impecables, vagones como nuevos.

Aquí la gente todavía saluda en la calle, respeta su turno, hace sentir bien al foráneo y trabaja arduamente por progresar. Claro, ya lo dijimos, no todo ha sido color de rosa. El narcotráfico hizo y sigue haciendo mucho daño, pues envenenó conciencias hasta cancerar la sociedad toda con un tumor que no resulta fácil de extirpar. Males consiguientes, como la corrupción, la trata de personas y otras desgracias donde se permite el “todo vale”, han ido apareciendo y deterioran la positiva imagen que se labró por generaciones enteras.

Con todo, Medellín sigue siendo un vividero muy agradable que bien vale la pena disfrutar. Los hinchas del rojo todavía miran con desconsuelo su dedo índice desgastado sobre la mesa, insistiendo que este año sí, mientras los verdolagas, para pesar de sus detractores, se ratifican como el Rey de Copas.

Hay que seguir viniendo, porque estos aires son saludables y porque grande es el listado de amigos que hay que saludar.

viernes, 28 de febrero de 2025

Cónclave... la película

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

La fuerza de la oración es poderosa y para muestra un botón: con la gracia de Dios Francisco está, poco a poco, saliendo adelante por la sumatoria de esa avalancha universal de plegarias que piden su recuperación para que no deje su obra inconclusa; por supuesto su propia tenacidad y ganas de vivir y, digámoslo directa y también respetuosamente, para dejar con los crespos hechos a sus detractores que ya se estaban postulando para sucederlo y hasta para aquellas perversas lenguas viperinas que decían, no sé si con sarcástico humor, o que lo pensaban de verdad, que el Papa se moría en pleno lanzamiento de la película Cónclave para hacerla un éxito taquillero porque tenía intereses económicos que lo beneficiaban. ¿Habrase visto?

Al margen de esa mediática morbosidad, el hecho es que Francisco mejora con la ayuda de Dios, por un lado y, por el otro, que la película dirigida por Edward Berger, basada en una novela publicada en 2016 por Robert Harris, que se viene estrenando en el mundo desde diciembre pasado y que a Macondo llegó por fin la semana pasada, efectivamente promete ser una de las mejores películas del año. No gratuitamente tiene ocho nominaciones a premios Óscar y ya ha ganado otros cuantos en festivales internacionales de cine.

No quiero "espoilear" Cónclave (excusas a los académicos de la lengua por conjugar verbalmente el anglicismo ya aceptado por ustedes), pero sí decirles que tuve la fortuna de verla a comienzos de enero en privada premier y el martes pasado en una de nuestras salas de cine, muy bien acompañado, por cierto, jejeje.

Hay que verla. Vale la pena. Está bien hecha, está bien actuada. El guion está bien logrado y bien documentado. Es verdad que tiene elementos de ficción, al fin y al cabo, novela y película que no tienen carácter histórico, pero que sí recogen realidades evidentes e indiscutibles, candentes temas éticos y morales de actualidad. Personalmente le puse especial cuidado a unos cuantos speech, bien dateados, bien escritos, que no pueden pasar desapercibidos para un buen cineasta, para un buen cristiano, que no se quedan en la representación, sino que van al trasfondo de lo expresado simbólicamente, analizan y sacan provechosas conclusiones.

Puede ser que no estemos lejos de un cónclave de verdad, no es nuestro interés ni nuestra decisión, pero lo que sí es interesante es ser consciente de que, como todo acto humano, conjuga realidades humanas que no se nos escapan, más aún, realidades espirituales que también hacen parte de la trama y vale la pena reflexionar, más allá del éxito cinematográfico. Buen provecho y que Francisco siga mejorando. Amén.

viernes, 13 de diciembre de 2024

La suerte del marrano

José Leonardo Rincón, S.J.
José Leonardo Rincón, S.J.

Por estos días de Navidad, el cerdo ocupa un primerísimo lugar en las apetencias gastronómicas. Llamado también chancho, lechón, cocho, puerco, marrano, cochino, entre otros, denigrado por unos, rechazado por otros, apreciado y saboreado por el resto, se ha movido entre el triste anonimato y el exitoso protagonismo.

Sé que los judíos lo tienen proscrito y por eso mismo yo no entendía qué infame gentil o extranjero los tenía por allí y por qué el expulsado mal espíritu del endemoniado va a parar a una piara cercana y los robustos y posesos personajes terminan tirándose por un acantilado. Auténtica hecatombe económica para el dueño.

Pero en España, de quienes heredamos tantos gustos culinarios, es otra su suerte: sabemos de su cotizado jamón de bellota, ese sin igual jamón serrano, las morcillas de Burgos, el chorizo y otros embutidos en diversas presentaciones. Y aquí en Colombia, ¡ni se diga! Su suerte es total, pues hace presencia triunfal en diversidad de platos que hacen alborotar los jugos gástricos: la recién premiada lechona, catalogada como el mejor plato de cerdo a nivel global, la rellena, las salchichas, butifarras, longanizas, tamales, crujientes chicharrones, en fin... sale muy bien librado porque se le come todo: desde la cabeza, orejas incluidas, hasta las pezuñas que dan un toque sin igual a los frijoles.

Con razón mi amigo Mario Mejía, un jesuita salamineño que presumía de su origen paisa, pues por sus venas no corría sangre sino aguadepanela, con solemne acento regional decía: "A mí no me den cerdo, que eso es muy fino, a mí sírvanme marrano, que eso sí sabe bueno". Murió cargado de colesterol, pero contento de saborear tamañas exquisiteces.

Sin embargo, en el vocabulario cotidiano, a veces se le trata despectivamente: "No sea cochino, no sea puerco", "ese es mucho cerdo"... y a lo que veníamos: la suerte que le espera: "A todo marrano le llega su hora", para sentenciar el final que siempre tendrá, trágico para sí, pero motivo de fiesta y celebración para quienes están a su alrededor.

Y aquí el salto lírico con tinte político, que sirve de colofón, a modo de cierre de nuestro escrito de hoy: el mal proceder de todos los líderes políticos que se han transformado en dictadores y tiranos termina mal para ellos y felizmente para el pueblo. Nerón, Hitler, Mussolini, Gadafi, Hussein, Al Assad esta semana... todos ellos... nos recuerdan la sentencia popular: "A todo marrano le llega su hora". Un cordial mensaje para Ortega, Maduro, entre otros, de los que les caiga el guante para que se los chante... y de todos aquellos que siguen sus equivocados pasos, ya saben cuál es su suerte. No se diga más.

 

viernes, 25 de octubre de 2024

Escoger carrera

José Leonardo Rincón, S. J.

Tema obligado por estos meses del año para las familias y particularmente para los jóvenes que terminan sus estudios secundarios es el de cuál carrera universitaria escoger. Tema de ayer, de hoy y de siempre. Dolor de cabeza cuando no ha habido un acompañamiento en orientación profesional y más cuando el mismo muchacho no sabe qué hacer, qué es lo que le gusta, qué lo apasiona, qué lo hace feliz, dónde está su realización como persona y profesional.

Entre los errores frecuentes que uno ve cometer están el presentarse a cualquier carrera, en cualquier universidad, a ver qué tal, cómo me va, de pronto es lo mío. Es decir, no tener claro el asunto. Otro error es el de darle gusto a los papás: en esta familia todos han sido médicos y tú también tienes que serlo. Puede ser que no le guste, quizás lo rechace en lo más profundo de su ser, pero toca, es tradición, es por el honor de la familia. Ambas situaciones desembocan en estruendosos fracasos. Alguna vez un taxista me dijo que era abogado de una prestigiosa universidad y que había estudiado eso por darle gusto al papá, pero no porque le gustara. De hecho, nunca ejerció como tal. El papá le había dicho que de no estudiar esa carrera no le pagaría los estudios universitarios. Tocó.

La deserción en los primeros semestres universitarios es un fenómeno importante que impacta tanto a las familias como a los mismos centros educativos. Perdieron todos la platica: las familias por los semestres que se pagaron y los centros por los semestres que se dejaron de recibir.

Un artículo reciente desmotivaba en su análisis profesiones del área de humanidades por no tener en el mercado laboral buenos salarios: trabajo social, comunicación, artes, música, letras, educación… no ofrecen vacantes y sus pagas son bajas. ¿Se estudia entonces para tener buena plata o se estudia porque eso es lo que le gusta a uno y lo hace feliz? Un contexto que pone la felicidad en el dinero abundante desincentiva formarse en estas disciplinas. Filosofía y teología ni siquiera aparecen sencillamente porque no lucran.

Contribuye al desconcierto la afirmación de que muchas de las profesiones actualmente existentes, en unos años simplemente no existirán y que las profesiones exitosas y que generarán altos ingresos aún no existen. ¿Para qué diablos estudiar entonces?

Ya estamos viendo en las jóvenes generaciones su apatía respecto del tener títulos universitarios. Pagar durante ocho o diez semestres una millonada para terminar desempleados o haciendo cualquier otra cosa menos ejerciendo su profesión. Mejor entonces ser un influencer que pagan sus post o videos en redes sociales de moda por los números de vistas o likes. Son millones de pesos que se reciben de una vez y sin mucho esfuerzo. Otros optan creativamente por emprender negocios rentables.

Burros con plata no puede ser. Hay que educarse, hay que formarse, hay que aprender a pensar y hacerlo de manera consciente y crítica para no tragar entero. El éxito económico no lo es todo en la vida. Los valores monetarios no son los principales o los únicos existentes, o ¿ustedes que dicen?

viernes, 12 de abril de 2024

El don de los amigos

José Leonardo Rincón
Por José Leonardo Rincón, S.J.

No estamos en San Valentín, no estamos en el día que llamamos del amor y la amistad. Este es un día cualquiera de abril en el que quisiera exaltar el valor de la amistad y hacerlo no propiamente como la primera etapa que se da cuando se está bebiendo algún licor y emotivamente se hace alharaca del asunto.

Precisamente, la verdadera amistad, no necesita hacer mucha bulla, ni aspaviento. Se da. Esta ahí. Es una realidad silenciosa pero efectiva. Contar con verdaderos amigos es un regalo de Dios. Con los amigos de verdad no necesita uno hablarse todos los días, ni decirles cada tanto que se les quiere. Simple y llanamente se cuenta con ellos.

Estoy seguro de que a todos nos ha pasado que nos perdemos por un tiempo de algunos amigos. Dejamos de hablarnos, no nos volvimos a ver, viajaron o se quedaron en otra ciudad. No hubo conflictos, no hubo rompimientos. Simplemente nos silenciamos, absortos en nuestros trabajos, ocupados a más no poder en nuestras cosas. Y pasa el tiempo, a veces meses, a veces años. De pronto, la ocasión feliz del reencuentro se da… y ahí está lo bello y lo maravilloso que solo pasa con los verdaderos amigos, al volverse a ver, el corazón palpita más rápido, un fuerte abrazo, un beso en la mejilla, reactivan las conexiones. No hay reclamos, no hay regaños. ¿Dónde ibamos? La conversación se reanuda como si apenas se hubiese interrumpido hace un momento, fluye fácil y espontáneamente, sin agendas, sin protocolos. Es una delicia.  Y al despedirse, no hay estrés, no hay problema. No es un adiós, es un hasta pronto. La certeza de que el otro está ahí, siempre, es plena, total.

Así las cosas, qué bueno tener estos amigos.  Alguien podrá diferir diciendo que la amistad hay que cultivarla, que es como una mata que se siembra algún día y hay que echarle agüita, abonarla, cuidarla. Claro, tienen toda la razón. Así debe ser en sus inicios, mientras crece, coge fuerza y se hace robusta. Sin embargo, hay algunos que piensan que es un acto recíproco de dar y recibir. Si tú me das, yo te doy. Si tú me llamas, yo te llamo. Si me escribes, te escribo. Si me invitas, te invito. Y no. Cuando la amistad es madura, no es una contraprestación, no es un trueque, no es transacción económica. Tampoco es recostarse, tampoco es abuso. Es un acto de gratuidad, generoso, porque no espera nada a cambio y sin embargo cuenta con todo.

Con razón, amigos pocos. Amigos de verdad. Son un don gratuito de Dios, son un regalo, son un tesoro.  Personalmente no puedo quejarme. En muchas latitudes, en muchos lugares, cuento con estos amigos. Sé que cuento con ellos y ellos conmigo. Lo sabemos. Se vive, se siente, están siempre presentes.  ¡A Dios le doy gracias por ellos!

viernes, 5 de abril de 2024

Ser Cura… con la gente

José Leonardo Rincón
Por: José Leonardo Rincón, S. J. 

En esta tribuna semanal les he contado entre finales del año pasado y lo que va corrido de este que he celebrado dos efemérides realmente significativas en mi vida: los 50 años de haber entrado en contacto con los jesuitas y los 30 de mi servicio ministerial como presbítero. Dos vocaciones que le han dado sentido a mi vida y que han contribuido indudablemente a mi felicidad y realización como persona y como profesional, si cabe este término.

Y es que aunque dos terceras partes de mi vida he estado trabajando en el mundo de la educación y de liderazgos de orden administrativo, misiones apostólicas donde también me he sentido muy contento y pleno y donde se han obtenido logros importantes, en realidad lo que me hace sentir muy jesuita y muy sacerdote son dos experiencias de estar con la gente: dar Ejercicios Espirituales y celebrar los sacramentos, porque no hay nada más bello que ver cómo el Espíritu Santo actúa en las personas y como la fe se celebra en comunidad.

De los primeros, razón tenia San Ignacio cuando alguna vez dijo, palabras más, palabras menos, que “todo lo mejor que yo puedo dar son los Ejercicios Espirituales” porque ah experiencia para maravillosa y fuera de serie, una vivencia profundamente existencial que uno quisiera viviera la gente. ¡Cuánto bien ha hecho, cuantas transformaciones, cuán positivos efectos!  Después puedo contarles más en detalle porqué la fascinación por ellos.

Y de mi trabajo pastoral me fascina, les decía, la celebración de los sacramentos que gracias a haber recibido el del orden sacerdotal puedo dispensar y en concreto:

El bautismo, cuando padres y padrinos saben a qué se comprometen con sus hijos e ideal cuando el niño, joven o adulto es consciente de lo que está haciendo.

-       La eucaristía como celebración de la común-unión en común-unidad, fiesta, memorial, Palabra de vida, banquete, oración en todas sus expresiones.

-       La reconciliación, porque en medio de la propia fragilidad ser puente para la misericordia es motivo de profundo consuelo.

-       El matrimonio, cuando no es mero protocolo de tradición, sino cuando es dejar que el Dios Amor permee y nutra el amor de pareja para siempre.

-       La extremaunción, como consuelo que tonifica y fortifica en horas difíciles, cuando todo pareciera el final pero que puede tornarse en remedio que sana y genera paz profunda.

No hablo del sacramento de la confirmación porque está reservado, como el del orden sacerdotal, para el obispo y nunca he sido delegado para ello, pero me encanta como sacramento de madurez cristiana porque al recibirlo, como nos decían de niños, nos hace soldados de Cristo, esto es, cristianos militantes

y no solo de carnet. Por lo pronto sólo decir que, si uno es cura, es con la gente y para la gente.

 

viernes, 7 de abril de 2023

La cruz, culmen de la entrega

Por: José Leonardo Rincón,S.J

José Leonardo Rincón,S.J

En su carta a los filipenses, San Pablo, refiriéndose a la vida de Jesús, nos dice que nunca hizo alarde de su condición divina y que, por el contrario, haciéndose uno como nosotros, se abajó, se humilló, en un gesto inédito difícilmente comprensible para nosotros.

Y Gustavo Baena, profesor de sagrada escritura, nos dijo alguna vez que Jesús no hizo otra cosa que despojarse de sí mismo toda su vida, desde Belén hasta Jerusalén, todo el tiempo, de manera que lo último que le quedaba, el último pedacito, lo colgó en la cruz.

Ese vaciamiento paulatino es lo que se conoce como kenosis, una palabra griega, que suena sofisticada, pero que expresa literalmente entrega, donde sí. Pues bien, el papa Francisco lo acaba de afirmar de otra manera: la Cruz es el mayor acto de amor, una expresión que suena paradójica si se tiene en cuenta que lo que significa hoy para nosotros, no era propiamente lo que significaba en aquel entonces, un instrumento ignominioso de tortura y muerte.

Y aunque la cruz es hoy día el signo que identifica el cristianismo, no deja de tener una connotación de sacrificio. El mismo Jesús lo pone como condición: “quien quiera seguirme, cargue su cruz y sígame “, de modo que hacerlo no es nada fácil, ni cómodo, porque implica asumir con gusto una actitud de entrega permanente. Se dice rápido, pero asumirlo es exigente.

Un trabajo cualquiera, o un estudio profesional, demandante, que pide hacer las cosas con los más altos estándares de calidad, que supone largas horas de labores, trasnochos, renuncia a momentos de descanso y placer, es una cruz. Atender un familiar mayor de edad, enfermo, limitado físicamente, caprichoso, necio, qué podría exasperar a cualquiera, es una cruz. Permanecer fiel a alguien que uno ama, pero que es seco, indiferente o no reconoce y valora lo que uno hace, que ignora deliberadamente los logros, es una cruz.  Son algunos casos a modo de ejemplo, pero hay múltiples formas de asumir la cruz.

Ahora bien, esa cruz ¿es para soportarla o para asumirla?, ¿para sufrirla o para disfrutarla?, ¿para cacarearla o para vivirla en paz? Ahí radica la diferencia: en el sentido que quiera dársele. De modo que, si es un acto de amor y de entrega, no es una tragedia, ni un trauma, sino una vivencia gozosa y plenificante, que satisface, alegra y realiza. “No hay mayor muestra de amor que dar la vida por los amigos” y dar la vida, darse de a poquitos, todos los días, con gusto, con cariño, sin refunfuñar, sin quejarse, sin victimizarse… es el quid del asunto.

Entonces, con otra mirada, si bien el viernes santo hace memoria de la trágica muerte de Jesús, por otro lado evidencia la mayor muestra de amor que haya podido darse, el testimonio más creíble y fehaciente de que vale la pena dar la vida por una causa noble, que hacerlo no es un acto estéril sino que, por el contrario, es semilla de mucha vida, de esperanza de un mundo más humano, de un amor maduro culmen de entregarse todos los días, siendo luz, consumiéndose cual vela hasta el final. Así de claro, así de simple, así de exigente.

viernes, 31 de marzo de 2023

Sin torre de control

Por: José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón, S.J.

Me pregunto ¿dónde estarán la Aerocivil, la superintendencia de transportes y el mismísimo ministerio del ramo?

Uno no entiende ¿cómo pueden permitir la proliferación de aerolíneas de bajo costo cuyos tiquetes tan baratos no dan siquiera para el punto de equilibrio de la empresa? Por morderle la torta a las grandes aerolíneas trabajan a pérdida hasta que se vuelven insostenibles y quiebran. La irresponsabilidad de quienes estuvieron al frente de ellas es proverbial, pero el colmo es de quienes debiendo vigilar y hacer seguimiento a tan locos emprendimientos, dejan hacer, dejan pasar, se hacen los de la vista gorda y permiten lo que han permitido: un descarado fraude a miles de pasajeros que por su condición humilde o por querer hacer ahorros en sus viajes, compran pasajes de bajo costo con estos bandidos y a la hora menos pensada los dejan literalmente tirados en el aeropuerto.

Pasó hace unas semanas con Viva Air, quien resultó ser muy viva y estafó a sus usuarios hasta último minuto: vendió tiquetes, cobró excesos de equipaje, y de pronto, “lo sentimos, hemos cerrado nuestras operaciones”.  Cientos de pasajeros literalmente en el aire y sin avión, mendigando a otras empresas ser regresados a casa. Ahora, en esta semana fue Ultra Air, quien igualmente resultó ultra irresponsable y de un momento a otro canceló operaciones, dejando tirados igualmente a cientos de pasajeros. Caparon al perro por segunda vez. Y la gente dizque no “echando a perder se aprende”, ¡qué va!

Y las poderosas aerolíneas, esas mismas que quieren absorber las moribundas, sueñan con su monopolio para poder cobrar lo que se les venga en gana. Y uno, malicioso, se pone a pensar si para presionar la fusión no armaron toda esta película, para poner contra la pared a autoridades y usuarios y obligarlos a hacer lo que ellas quieren. Tenaz. Ya no hay nada seguro, uno paga anticipadamente un servicio, pero nadie le garantiza que efectivamente se le va a prestar, peor aún, nadie garantiza que si no se presta el servicio el dinero le será reembolsado. Perdonen ustedes, pero eso se llama estafa y es un delito punible que pareciera amenazar impunidad ante la actitud silenciosa, que pareciera cómplice, de las autoridades.

Tres de nuestros colegios fueron seriamente afectados por la jugada perversa de Viva Air. En Barranquilla se tuvieron los juegos nacionales Jesuitas y delegaciones que contrataron vuelos chárter desde Manizales, Medellín y Bogotá, se quedaron con los crespos hechos. Tuvieron que comprar de urgencia y a última hora en otras aerolíneas sus tiquetes para no faltar a la justa deportiva. Estamos hablando de cientos de millones de afectación que ahora están en el limbo. ¿Quién responde?

Estamos en un contexto social donde difícilmente se puede confiar. Ni siquiera en empresas aparentemente serias. Gente viva y ultra avispada desfalcan de frente, descaradamente y sin control. Así no podemos seguir en este país.

viernes, 24 de marzo de 2023

¿Y cómo va esa cuaresma?

Por José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón, S.J.

A una semana de la semana mayor, como la han denominado tradicionalmente, ¿Cómo va esa cuaresma?

Me imagino las caras… “hola, de veras que estamos en cuaresma, mmmm ¡se me había olvidado! Yo aquí viendo para dónde me voy a pasear, los tiquetes están tan caros, ha subido tanto todo, la comida está por las nubes, no sé. De pronto me quedo en casa descansando”.

Las cosas han cambiado. A duras penas algo se alude en las iglesias y templos con el color morado de los ornamentos y con prédicas alusivas al tema. Hasta el año pasado todavía alguna cuña radial hablaba de comer pescado. Ya ni eso. El cuento del ayuno y la abstinencia quedó atrás. La secularización es un hecho, la indiferencia religiosa crece. Los escándalos de algunos clérigos en muchas partes han contribuido al desencanto. Desde la pandemia y como uno de sus efectos, la gente va menos a misa de modo presencial, más cómoda verla por televisión acostado en casa. De los famosos sermones de las siete palabras con oradores eximios ya no se habla; hay series en Netflix con mejor rating de sintonía. Adiós, pues, a procesiones y otras manifestaciones.  Algo queda por ahí a nivel popular.

Claro, el asunto no es tanto de cuestiones externas, expresiones y signos que no dejan de ser importantes sino, sobre todo, de un trabajo interior que puede estar pendiente, que se sabe es relevante, que apunta más al fondo que a la forma y que requerimos con urgencia si se anhela que las cosas sean mejores en nuestro entorno. Ahí está el quid del asunto. Y, qué pena, pero eso no ha pasado de moda, es un asunto necesario, pertinente, si se quiere, urgente.

No es hora pues de echar por la borda lo esencial e importante. Mejor, es hora de resignificar el sentido de este tiempo y de lo que celebramos. Creo que lo dijimos ya. Así como anualmente le hacemos mantenimiento a muchas cosas en casa y en el lugar de trabajo, con mayor razón deberíamos atender nuestra propia persona, hacer un diagnóstico de nuestro actual estado espiritual y meterle mano a esos puntos que requieren especial atención y cuidado. La vida no se nos puede pasar haciendo buenos propósitos. Creo que la gente busca ahora más trabajar su interioridad que solo cumplir con preceptos.

A esas búsquedas y a esa sed de espiritualidad que muchos experimentan y sienten, deberíamos ponerle atención. Vale la pena. La vida se pasa muy rápido y podría ser mejor de lo que es actualmente si en vez de pasárnosla durmiendo o pegados del televisor y el celular, en la próxima Semana Santa nos regalamos un tiempo para la reflexión y oración encontrándonos con Jesús, como lo hizo la samaritana, para calmar esa sed que tenemos y encontrar la felicidad auténtica. Muy invitados a hacerlo.


viernes, 17 de marzo de 2023

Ricuras gastronómicas

Por José Leonardo Rincón, S. J.

José Leonardo Rincón, S. J.

A raíz del escrito de la semana pasada en el que hablaba, entre otras cosas, de la variedad de presentaciones de la deliciosa comida de nuestras regiones, algunos me sugirieron que ampliara con detalle eso que me había gustado.  Pues bien, sin ninguna pretensión de conocimientos de alta cocina, sólo como un comensal de a pie, evocando los placeres de consentir el paladar, les comparto mis gustos culinarios a sabiendas que entre gustos no hay disgustos. Que quede claro.

Si uno va a la Costa Caribe cómo no disfrutar de una arepa de huevo, la variedad de bollos de yuca, ñame o mazorca; jugo de tamarindo, pescado asado en la playa con patacón o un coctel de camarones de esos que te ponen como un riel, je je je.

Ir por Antioquia y no disfrutar una bandeja paisa con todos sus ingredientes es pecado mortal, o no visitar Mondongos y saborear su plato estrella, imperdonable. La mejor morcilla, la de Envigado; los buñuelos gigantes de Sabaneta; arepas telas con mantequilla y quesito de Colanta para acompañar un buen chorizo, mmm.

Comida abundante y sabrosa, en Santander. La Puerta del Sol puede ser un buen lugar para comerse una buena porción de cabro, pepitoria, carne oreada, con yuca frita y arepa santandereana, acompañados de una Kola Hipinto. Súper un tamal con su particular forma, partido por mitad y un buen caldo típico…

Extraño el sancocho de gallina, preparado en horno de leña, el arroz atollao y los patacones gigantes en la casa del mono Núñez, atendido por sus hijas en Ginebra, Valle.  Realmente incomparable.

Por las sureñas tierras nariñenses los quimbolitos, el horneado de cerdo en la plaza de Bomboná, el cuy de Catambuco, y la trucha en las orillas de La Cocha con un buen hervido, uf, ¡delicioso!

En el altiplano cundiboyacense de lo mejor son las sopas: cuchuco de trigo con espinazo de marrano, por ejemplo.  O un cocido bien preparado con cubios y nabos. En Bogotá, el tamal con chocolate queso y pan fresco; la changua casera con todos los juguetes, el infaltable ajiaco con arroz blanco, aguacate, crema de leche y alcaparras.

No he mencionado la lechona tolimense, los chorizos de Villamaría en Caldas o de Santa Rosa de Cabal en Risaralda; la mamona o ternera a la llanera en el Meta; un buen Pollo asado al carbón; la fritanga popular de rellena, papas criollas, chicharrón y longaniza.

Dejé de lado la comida de origen foráneo, pero cómo no mencionar algunas preferencias: en pastas, inolvidable la carbonara de Pozetto; hamburguesa, no cambio la del Corral; en pizzas la mejor que me he comido en El Fuerte de Mompós; perro caliente como el de la 33, bajando el puente en Medellín no hay otro; en comida thai, Wok es excelente; Crepes & Waffles de lejos seguirá siendo de lo mejor.

No exageraba yo cuando dije que nuestra comida es exquisita. El menú es grande y variado. ¡Vale la pena disfrutarlo! 

viernes, 10 de marzo de 2023

Orgullo de país

José Leonardo Rincón, S. J.
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Por razón de mi oficio debo desplazarme con alguna frecuencia por el territorio nacional, pero a raíz de una visita de mis jefes en Roma, esa tarea se intensificó en estos últimos quince días. Obviamente no pudimos verlo todo, pero sí conocer algunas de nuestras comunidades y obras ubicadas en seis departamentos: Cundinamarca, Atlántico, Bolívar, Tolima, Caldas y Antioquia.

Estuvimos en plan de trabajo, no propiamente de turismo, y al desplazarnos por tierra y aire pudimos contemplar nuestra geografía y conocer sus gentes. Nada estaba dispuesto para atender extranjeros en visita, simplemente vivimos la cotidianidad con su genuina normalidad y espontánea rutina y, tengo que decirlo, me sentí muy orgulloso de lo nuestro.

Todas esas problemáticas que nos agobian sorprendentemente parecieron quedar eclipsadas con la belleza de nuestros paisajes, la variedad de climas, la abundancia de comida en presentaciones diversas, la creciente mejora de nuestra infraestructura que se observa en construcciones bien hechas, con acabados de buen gusto; carreteras bien trazadas y señalizadas. La verdad, sorprendido de lo que tenemos y orgulloso de mi país y de sus gentes.

Y es que tenemos gente maravillosa, acogedora con los foráneos haciéndolos sentir bien y en casa; emprendedores creativos que se rebuscan la manera de sobrevivir; trabajadores incansables de sol a sol que cumplen con sus tareas y las realizan con gusto y pasión. Increíble. Algunos dirán que tuve un sueño o que me imaginé como Alicia en el país de las maravillas. Y no. Todo esto fue aquí, en estas dos semanas, fue real. De pronto necesita uno mirar con otros ojos, desde otra perspectiva, para ver lo de siempre, diferente.

Con este panorama complejo que vivimos le va agarrando a uno cierto pesimismo, desencanto de tantos mentirosos y de otros tantos ciegos que no quieren ver lo evidente; escepticismo sobre nuestro futuro; incertidumbre en muchos frentes; gente que se va del país porque prevén debacles… pero no, este país de resiliencias, esta gente tenaz y que no se doblega, sigue ahí, firme, corajuda. Es tan admirable como estimulante.

La vida sigue y hay que continuar adelante. Cuando tengamos ganas de claudicar o tirar la toalla, recordemos que este país nuestro es un paraíso bello con gente extraordinaria. No todo es color de rosa, es verdad, pero no todo es maluco y desastroso. Lo que viví estos días fue una saludable experiencia de reconciliación con lo nuestro. Un necesario baño de colombianidad. Me sentí orgulloso de nuestro país.

viernes, 11 de febrero de 2022

¿Y hoy sobre qué escribo?

José Leonardo Rincón Contreras

José Leonardo Rincón, S. J.*

Me ha pasado más de una vez. Hay semanas en las que uno tiene como cuatro temas sobre los que le gustaría escribir y otras en la que no se le ocurre nada.

En algunas ocasiones el texto está listo el miércoles y otras apenas a las 5:55 a. m. del viernes. Hay días en los que uno está inspirado y la pluma fluye y otros en los que uno está seco y no se le ocurre nada. Artículos que uno creería gustarían mucho por lo sugestivos y bien pulidos no tienen tanta acogida y otros de los que se espera poco, resultan llenos de likes. El artículo “Al meollo del asunto”, increíblemente viralizado, fue escrito una hora antes de su publicación.

Con ocasión del cumpleaños, más de uno me hizo saber que leía mis escritos. Muchas gracias. En realidad, mantener los viernes esta “columna” privada y destinada a mis amigos y conocidos no es fácil por lo que acabo de decir, no siempre hay tema, no siempre fluyen las palabras. Pero es también verdad que me gusta hacerlo, agradezco sus reacciones y comentarios y me alegra saber que esas líneas pueden servir de algo. Soy consciente de que hay temas complejos, difíciles, donde no siempre podríamos estar de acuerdo, pero siempre he agradecido el disenso respetuoso e inteligente. Es cierto que uno escribe con un propósito y no necesariamente para un público determinado. Por eso se corre el riesgo de gustar o no gustar.

Mirando hacia atrás las centenas de escritos, los encuentro muy variados en sus temáticas. Todos son de opinión y sin rigurosas pretensiones académicas. Son un collage de temas personales, religiosos, deportivos, políticos, educativos. Muchos sobre la coyuntura del contexto y otros de asuntos no tan perecederos. Siempre expresando mis personales ideas. Algunos con cierto toque jocoso, otros más serios, en todos confluyen tanto ideas como sentimientos.

No sé si escribir es un arte o solo una buena práctica, pero lanzarme a hacerlo ha tenido motivaciones externas. Comencé a hacerlo desde mediados del bachillerato en pequeños boletines de grupos juveniles, más adelante en el Mensajero del Corazón de Jesús y en El Catolicismo. Cuando inicié mi rectorado en el colegio Javeriano de Pasto, el entonces director del Diario del Sur, me abrió un espacio en la página editorial todos los miércoles. Al volver a Bogotá y durante muchos años dejé de hacerlo. En Medellín, quizás dos veces escribí para El Colombiano y más recientemente fue mi amigo Antonio Montoya quien me insistió enviarle semanalmente mis escritos para su blog de El Pensamiento Libre que ahora se llama El Pensamiento al aire. He escrito periódicamente editoriales y artículos en las revistas de las instituciones que he dirigido y también para libros y revistas de corte más académico sobre asuntos de educación y espiritualidad.

Esa disciplina ha sido tan interesante como exigente. Uno no escribe para sí, uno escribe para los demás. Y debe hacerlo con autenticidad, expresando lo que realmente piensa y siente, de manera conversada, es decir, suelta, sin demasiadas artimañas o protocolos, sin acartonamientos. Creo que van mejor así. Y bueno, ya vieron que como hoy no sabía sobre qué escribir, por eso escribí sobre el escribir en mi vida.

viernes, 14 de enero de 2022

Servir entre cargos y cargas

José Leonardo Rincón Contreras

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Como si no tuviese ya bastante con la misión que se me encomendara hace cuatro años, asumo ahora la responsabilidad de ser el “superior” (así lo llamamos en la Compañía a quien lidera un grupo de jesuitas) de la comunidad San Pedro Canisio, donde funcionan las dependencias de nuestra curia provincial. Una adicional y nueva misión. Un nuevo “cargo”, es decir, una nueva carga.

No vayan a creer que llego aquí por excelsas virtudes pues no las tengo, sino por la escasez de gente en la que nos encontramos. Tampoco se trata de un ascenso, como ordinariamente cualquier mortal imaginaría. Menos aún es una cuota de poder en la repartición que del mismo hace mi jefe, el superior mayor. Aunque suene romántico, es una ocasión propicia para servir…

En su mensaje a los discípulos que se codeaban por los primeros puestos, Jesús les dice que observen cómo los grandes de las naciones las tiranizan y las oprimen. “No ha de ser así entre ustedes”, les ordena, para luego rematar con una propuesta decepcionante: el que quiera ser el primero debe ser el último, haciéndose el servidor de todos. No se está, pues, para ser servido sino para servir.

Garrafal desinfle para un contexto donde entendemos exactamente lo contrario. O ustedes creen, para meterle política al asunto, que, si se entendiera el poder como servicio, ¿habría tantos aspirantes a la presidencia y al congreso? ¡Ni locos que estuvieran! Lo que sí parecen, masoquistas, porque alguien con buen juicio y razón, no pelearía tanto por los dolores de cabeza generados por la cantidad de chicharrones que se va a ganar en estas lides.

Se aceptan estas responsabilidades con la plena conciencia de que son exigentes, demandantes. No todo será color de rosa, ni va a ir sobre ruedas. Los seres humanos somos bastante complejos y casi nada nos satisface. Por eso es más sabroso estar desde la barrera viendo la corrida y por eso es tan fácil criticar y dar palo porque bogas o porque no bogas. Nada más cómodo que no tener estas tareas, o no tener nada qué hacer, porque no hay que rendir cuentas, ni evaluar gestiones, ni presentar informes, ni atender retos, ni solucionar problemas.

La autoridad no se da por estos nombramientos, ni se gana automáticamente en elecciones. Quien manda es quien sirve, quien está presto a escuchar y atender los clamores y necesidades, quien es capaz de sobreponerse a sus personales intereses, dispuesto a darse, entregarse sin medida. Ojalá, teniendo claro el asunto pueda llevarlo a la práctica. Les agradezco me ayuden a que eso sea posible.

viernes, 15 de octubre de 2021

De corazón...

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

El famoso filósofo Platón, en su teoría del conocimiento, nos habla de la búsqueda de la luz y de los “niveles” o “estados” del ser humano: el bios, que, como su nombre lo dice, alude a la realidad corporal, biológica. El logos, la razón, el estado al que uno tendría que aspirar como Sumo Bien y, entre esos dos extremos, por decirlo de alguna manera, en el centro, como lugar de tensión y confrontación entre el uno y el otro, el thimós, el corazón. Mejor no pudo describirse. Es el corazón del ser humano ese céntrico lugar donde se debaten nuestras más complejas dudas y realidades, la satisfacción por gozar de las cosas materiales, pero también las alegrías inconmensurables que nos regala el Espíritu. En el corazón del ser humano se debate la realidad de nuestro ser con el utopos del deber ser. Eso que San Pablo, con particular vehemencia y crudo sentido de la realidad nos describe: un proceder que no entiende: hacer el mal que no se quiere y dejar de hacer el bien que se quiere. Dice Jesús también que es el origen de nuestros malos comportamientos y no la víctima de factores externos.

El corazón, definitivamente, es el centro de nuestra existencia. Es verdad que somos razón, pero también es verdad que somos co-razón. La humanidad lo ha usado como romántico e idílico símbolo del amor, también para ponderar su fuerza como la del rey Ricardo que tenía corazón de león o, con una motivación más religiosa, desde la misma iglesia, para mostrar la misericordia infinita de Dios en el corazón de Jesús. Si alguien es buena gente decimos que es de buen corazón, pero sí obró equívocamente aseguramos que se le dañó el corazón. Más todavía: si se muestra insensible, afirmamos que no tiene corazón, porque si lo tiene, le dolería el corazón.

Sobre estos y otros asuntos relacionados con tan importante y vital órgano he estado reflexionando estos meses desde que, en mayo, accidentalmente, descubrí que estoy con arritmia cardiaca. Muy escasos, por no decir ningún síntoma he tenido antes o desde entonces. El incidente comenzó a trastocar mi agenda para poder atender hospitalizaciones, múltiples electros y ecocardiogramas, incluidos dos trasesofágicos, medicación como nunca la tuve en la vida, holters, polisomnogramas, pruebas de esfuerzo, perfusión, oxígeno y hasta cardioversión, sin lograr controlarla. Dejó de ser el corazón un órgano que está ahí, oculto, sin siquiera sentirlo, para convertirse en un músculo estratégico del que mi vida pende cómo de un hilo. Y eso que soy consciente de que no ha habido tensión arterial alta, ni infarto, ni isquemia, ni taponamientos u otras lesiones severas que otras personas padecen. Podría sobrevivir con este asunto por un tiempo largo, pero, también, tener un desenlace fatal si no se intervenía.

Cuando se publique este articulo será prueba fehaciente de que el aislamiento de venas pulmonares o ablación se habrá realizado y estaré convaleciente. Les escribo desde la Clínica Cardiovid en Medellín a donde he venido a continuar el proceso iniciado en el Hospital de San Ignacio en Bogotá. En estos meses he aprendido mucho de cardiología, pero sobre todo del compromiso profesional de los médicos, de la amabilidad del personal de enfermería y administración, y de tantos que, de corazón, evidenciando que lo tienen bueno y grande, me han ayudado a sobrellevar esta experiencia, a ser realmente paciente y a saber ponerse en las manos de Dios sin dudar ni poder dudar. Me dicen que el procedimiento resultó exitoso, lo que es igual a qué tendrán que tenerme paciencia y soportarme todavía. Un deseo final: gracias al Corazón de Jesús a quien me consagré por allá en 1977, espero me ayude a tener un mejor corazón, ojalá semejante al suyo.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Hacia una ética mundial

Por José Leonardo Rincón,S.J.*

José Leonardo Rincón
Vengo reflexionando sobre el fenómeno global que estamos viviendo, en medio de este cambio epocal, cada vez más evidente, que nos sumerge en la posmodernidad. Más que estresarse ante los caos que se presentan históricamente en este tipo de coyunturas, habría que ver más bien las sensatas  estrategias para responder a sus retos.

Leyendo al teólogo Alemán Hans Küng en su obra “Ética mundial en América Latina” (Cfr. Editorial Trotta, Madrid, 2008) encuentro que se recogen los grandes elementos que hacen parte de lo que él llama la “Declaración de una ética mundial”. 

Parte Küng de la constatación de la crisis de alcance radical que experimenta el mundo, pues permea todas las situaciones de la vida del hombre haciéndola más compleja y difícil.  Se lamenta que en ese escenario las religiones inciten al fanatismo, los odios y también la violencia.  Por eso se postula un consenso básico en torno a valores vinculantes, criterios inalterables y actitudes morales fundamentales.

En este camino de adviento, como preparación para la navidad, sin dar el brazo a torcer en la conciencia crítica a la que no podemos renunciar, indignado por la actitud indolente e indiferente de muchos que no ven más allá de sus propias narices, pero también buscando ser propositivos y constructivos, identificado con la propuesta que nos hace Küng: 


  1. No es posible un nuevo orden mundial sin una ética mundial: y todos somos responsables de esa tarea, para ello contamos con un bagaje espiritual y religioso grande que puede hacer frente a las tensiones étnicas, nacionalistas, sociales, económicas y religiosas. Se necesita entonces una visión de la convivencia pacífica.
  2. La condición básica es que todo ser humano reciba un trato humano: se apela a los seres humanos de buena voluntad para encontrar lo que nos es común, partiendo de la conciencia de la dignidad inviolable que se posee y la necesidad de transformación del corazón con una renovación espiritual que invite a hacer el bien y evitar el mal. De ahí la regla de oro: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.
  3. Se presentan cuatro orientaciones inalterables: el compromiso a favor de una cultura de la no violencia y el respeto a la vida; el compromiso a favor de una cultura de la solidaridad y de un orden económico justo; el compromiso a favor de una cultura de la tolerancia y un estilo de vida honrada y veraz; el compromiso a favor de una cultura de la igualdad y de respeto y cercanía entre hombre y mujer.
  4. Ese cambio esperado a nivel mundial no es posible en tanto no haya un cambio de mentalidad y una conversión de corazón tanto en la persona como en la colectividad.  Es verdad que no es fácil un consenso en cuestiones éticas concretas cuando muchas de ellas están en discusión (bioética, ética sexual, ética en los medios de comunicación, la ciencia, la economía y la política).  Pero es verdad que muchas profesiones han ido elaborando exitosamente sus propios códigos de ética y de ello nos felicitamos.  Finalmente, las diversas religiones pueden contar con una ética más específica.  La invitación es a todos los seres humanos, religiosos o no, a apoyar esta causa.
Los mínimos éticos hoy más que nunca se hacen necesarios y eso se construye desde el hogar, desde la escuela, desde la sociedad, los tres. El mejor fruto de esta crisis estructural de la sociedad y de su sistema económico sería un replanteamiento de fondo para enlistar y poner en práctica los valores básicos esenciales que nos deben movilizar. El acuerdo sobre lo fundamental nos puede ayudar a repensarnos y re-crearnos, buscando un mejor futuro.  Es utopía pero también es posible acercarnos a ella. Solo se necesita buena voluntad y es a esos seres humanos a los que se dirige el mensaje de navidad: gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.