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viernes, 15 de mayo de 2026

Educadores de una nueva sociedad

José Leonardo Rincón, S. J.

Puede sonar manido, quizás demasiado obvio, pero por olvidarlo o por no ser suficientemente incisivos al hacerlo estamos como estamos. Sin exagerar.

Hoy es el día del educador: ¡felicitaciones a quienes ejercen tan noble vocación! Doy por descontado que si decidimos ser educadores no fue porque no había otro empleo, o porque no nos alcanzó el resultado de las pruebas de Estado para estudiar algo más rentable.

Ser maestro, que va mucho más allá de ser instructor, docente o profesor, implica el propósito de educar con pasión nuevas generaciones, formar hombres y mujeres que sean artífices constructores de una nueva sociedad. No nos podemos sustraer de tan tamaña responsabilidad. Claro, siempre existe el riesgo de indoctrinar movidos por ideologías y sesgos políticos. No gratuitamente quienes por turno ostentan el poder asumen el manejo de la escuela para mantener su establecimiento y una vez instalados en él sostener el status quo.

Un buen educador de ninguna manera podría prestarse para ser títere del poder político. Volverse un tonto útil, renunciar a su conciencia crítica y a la capacidad objetiva de tomar distancia sería intolerable. En cambio, buscar siempre la verdad, propiciar el diálogo constructivo, la convivencia en medio de la diversidad, el respeto a la diferencia y la formación integral de la persona ayudaría en mucho a esa búsqueda de una nueva sociedad. Descontada por supuesto la mediocridad que nos agobia, trabajar por la excelencia académica ayudaría también a reposicionar la escuela.

El educador desde la escuela es el mejor socio de la familia para formar esas personas que le han confiado. Mi experiencia positiva ha sido esa y los resultados son evidentes. Me sorprende encontrar colegas que preferirían que no existieran los padres de familia por considerárseles incómodos obstáculos, permisivos alcahuetas al extremo que no aceptan que se corrija a sus hijos; maltratadores que miran con desdén, como si fueran sus sirvientes, a quienes quieren colaborar en la formación de sus vástagos. Así no pueden ser las cosas. ¡Están trastocados los valores!

Con ocasión de esta celebración, mi invitación y mi llamado es a darle a la educación la importancia que se merece. No basta una asignación presupuestal amplia en el erario. Ha sido importante buscar mejorar las condiciones laborales de los educadores, también se ha invertido en el cuidado de la infraestructura física de escuelas y colegios. Ahora hay que cuidar la calidad y la excelencia de la educación pública en aras de elevar los resultados, no tanto para subir en los rankings de la OCDE, sino porque en una educación de calidad radica el futuro del país y no podemos seguir apoltronados en un rango medio bajo. Podrá seguir sonando a lugar común, pero conservo la esperanza de días mejores para todos porque nos hemos tomado la educación en serio y valoramos a los educadores como los artífices protagonistas de ese cambio.

Felicitaciones educadores por hacer realidad ese sueño.

jueves, 15 de mayo de 2025

Restauración de la ética o catástrofe

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

No podemos, queridos contertulios, seguir tapando el sol con las manos y negar que ya hemos tocado fondo.

El Estado colombiano ha abandonado sus prioritarias obligaciones. La protección de la vida e integridad personal de los asociados, así como la de sus bienes, ha dejado de estar entre sus primordiales tareas.

Tampoco se encarga ya del mantenimiento del orden público, el respeto por el Estado de Derecho, la defensa de los principios democráticos, la correcta e imparcial administración de justicia; todo ello pasó a un segundo plano.

Ni hablemos de la economía que está al garete, según señalan los indicadores. No hay exportaciones salvo la de cocaína, en el cual ocupamos el vergonzoso primer lugar del mundo. El derroche y la torpe gestión financiera del régimen narcoguerrillero nos tienen en la peor crisis fiscal y de tesorería de los últimos tiempos.

Se incumplieron todas las promesas de cambio que supuestamente traerían un paraíso de reivindicaciones sociales al pueblo colombiano. En lugar de eso, se ha destruido el sistema de salud. Cada vez se cierran más empresas generadoras de empleo. La carestía de los alimentos, los servicios públicos y el transporte agobian a las clases más vulnerables.

No habrá esperanza alguna mientras prevalezca la falta de ética en la dirigencia del país. En esta clase de coyunturas la única salida es barajar de nuevo y llevar a las posiciones claves del Estado a quienes estén comprometidos con la reinstauración de la ética y de los valores espirituales, con la defensa de los principios tutelares de nuestra nacionalidad.

Desafortunadamente, no se avizora en el horizonte quién pueda abanderar esta ciclópea tarea para la reconstrucción moral del país. No podemos entregar el poder a los continuadores del régimen actual ni a la acomodaticia clase política que por largos años ha cohonestado el proceso de descomposición moral que nos ha conducido a esta escabrosa situación.

Se necesita voluntad política para la restauración ética que proponemos. y esta sólo se puede encontrar en gentes buenas, honestas, sin “rabo de paja” con el turbio pasado de la “politiquería”.

La violencia, el desempleo y la corrupción son, según encuesta de Ipsos, las tres más graves preocupaciones del electorado en la actualidad, todas ellas consecuencia forzosa de la ausencia de ética en la gestión pública y de la “relativización moral” en que ha caído la dirigencia política. Solo nos queda volver los ojos al Señor, creador y amo del universo, para que, dentro de su misericordia, se apiade de nosotros y nos envíe el líder que nos conduzca a la reconstrucción nacional y al imperio del bien común sobre los egoístas intereses particulares de quienes nos vienen dirigiendo.

miércoles, 16 de octubre de 2024

¿Cuál es nuestra peor desgracia?

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Entre las múltiples plagas que el advenimiento de la extrema izquierda al poder nos ha dejado, resulta difícil señalar cuál de todas es la que más daño viene causando a nuestra sociedad y al futuro de los colombianos.

Entendemos que mucha gente mira con alarma cómo se desmorona el sistema de salud, catalogado como uno de los más eficientes del continente; la economía, manejada más con desuetos postulados ideológicos que con ánimo de contribuir al crecimiento del país, va en caída libre a pesar de los esfuerzos de los empresarios; el sistema pensional, ahora amenazado por la voracidad de los nuevos burócratas, caerá indudablemente en la insolvencia; la inseguridad tiene en vilo a empresarios, y trabajadores, completamente impotentes para defenderse de la acción depredadora de guerrillas, narcotraficantes, bandas criminales y milicianos protegidos por la impunidad oficial; como si lo anterior fuera poco, los escándalos protagonizados por los familiares, subalternos y amigos del guerrillero-presidente, alimentan cada vez más el rechazo a la camarilla gobernante.

Podríamos –a manera de ejemplo– registrar el inusitado aumento de la corrupción, como el más dañino de los males que nos agobian, no solamente por el deterioro fiscal que genera o porque entorpece la realización de obras que podrán beneficiar a la comunidad, sino también porque acarrea desconfianza de la población en la transparencia y rectitud de sus gobernantes. Constituye, además, un pésimo antecedente para las nuevas generaciones que toman nota de cómo sus dirigentes acceden impunemente al dinero fácil con la alcahuetería del régimen.

Ante el inveterado fracaso en el control y la reducción de esta plaga, nos corresponde como ciudadanos amantes de nuestro terruño, indagar sobre las causas de la corrupción y eliminarlas de tajo.

Y, ¿cuáles son esas causas?

1. La pérdida de la ética y de la moral. La moral no es otra cosa que un conjunto de normas, principios, valores y creencias que a través de la historia ha adoptado la humanidad como modelo para distinguir el bien del mal en la conducta del ser dentro de la sociedad. Es la relación entre la moral y la conducta del ser humano dentro de la sociedad. El funcionario público debe ajustar su gestión a la ética, con el cumplimiento de planteamientos básicos como la honestidad, la responsabilidad, la transparencia o la equidad. Son varias las razones que impiden a los funcionarios mantenerse dentro de los parámetros de la ética: la falta de formación en valores éticos desde la etapa de la educación (familia, escuela, universidad); el nombramiento de personas acostumbradas a hacer mal uso del poder en cargos públicos; la ambición de llegar y mantenerse en el poder a toda costa; el poder corruptor del dinero; la ausencia de moral y ética en quienes dirigen la gestión del Estado.

2. Falta de mecanismos eficientes para garantizar la ética estatal. No son suficientes las sanciones usuales (inhabilitación, suspensión, multas, destitución, cárcel por períodos relativamente cortos, beneficios penales). Hay que implementar una solución drástica para erradicar el mal, garantizando que accedan a la administración pública en todos los niveles y todas las ramas los ciudadanos más preparados académicamente, con una trayectoria impecable y un perfil adecuado al cargo que van a desempeñar.

3. Carencia de valores en la sociedad. No es serio querer acabar con esta inveterada plaga con soluciones a corto plazo. La corrupción no se acaba por decreto ni con base en las promesas electorales de los candidatos. Si de verdad queremos reconstruir a Colombia devolvámosle la moral mediante una batalla cultural en contra de las ideologías marxistas, materialistas y ajenas a nuestra tradición. Mientras nuestra sociedad no actúe conforme a los valores y principios de la moral que nos quiere robar el régimen, no habrá futuro para Colombia ni para nuestros hijos.

martes, 30 de mayo de 2023

Educación vs. mala educación

Santiago Cossio
Por Santiago Cossio

Así como existe la educación también existe la mala educación y lo peor es que no veo a nadie reconocerlo. Toda la información que entra por nuestros sentidos termina por afectar nuestros pensamientos. Si en la esquina de un barrio invitan a un joven a la drogadicción o a delinquir, eso es mala educación. Si un padre de familia dice a sus hijos "consiga plata como sea, pero consiga" eso es mala educación. La impunidad también es mala educación. En general veo más mala educación que educación y eso está afectando el comportamiento social.

La comunicación es la didáctica de la educación, pero también de la mala educación. También hay educación a través del ejemplo. Y peor es tener mala educación en los malos ejemplos. En Colombia le hacen telenovela a un sicario y no hay espacios para comunicar cosas positivas que mejoren la cultura. Hay una invasión de información en cosas negativas que las dan gratis, pero las cosas educativas y positivas hay que pagar por ello. Los fake news están a la orden del día desinformado todo el tiempo.

En la educación formal rajan a los estudiantes en las materias de matemáticas y cálculo, pero la cátedra de ética se la regalan abiertamente. ¿Y qué tenemos hoy? Buenos profesionales, pero personas con escasa formación moral que busquen un bienestar individual y colectivo. Eso atrasa la investigación y el desarrollo. La falta de ética traerá más pobreza y violencia.

Cómo investigador social encuentro que el atraso de Colombia proviene del atraso cultural. Y aquí es donde hay que hacer salvedades sobre la cultura. Esta debe ser el resultado de una educación para aprender a vivir la vida, de manera individual y colectiva. Es el uso de la inteligencia humana para mejorar todas las cosas. La cultura está por encima de la hoy desdibujada política. La inteligencia humana debe ser guiada por principios de bienestar y aquí es donde el arte entra como función disruptiva que apela a la cordura entre la estética y la filosofía permanente.

Llamamos educación a tener un título universitario pero realmente necesitamos también una educación para ser buenas personas (educación para la cultura). Esa disciplina social se forma con instrucción social permanente. Tópicos fundamentales como:

  • Identidad
  • Respeto
  • Responsabilidad
  • Confianza
  • Empatía social
  • Ética
  • Moral
  • Civismo
  • Urbanidad
  • Felicidad
  • Buenas costumbres

Es en lo que debemos formar a nuestra sociedad.

Todos tenemos 4 responsabilidades: la responsabilidad económica, la social, la cultural y la ambiental, pero me queda corto este escrito para hablar de cada tópico. Les queda el consejo sobre la importancia de la recuperación de la educación y la cultura.

P.D.: se viene una reforma a la cultura gestado por artistas y colectivos en todo el país. Nace de una preocupación sentida, viendo como los gobiernos de todos los tiempos siempre dejan de último a la cultura y a su Ministerio.

lunes, 13 de febrero de 2023

Editorial: ética

En la editorial de la semana para El Pensamiento al Aire, el doctor Antonio Montoya H, ha escogido como tema central la ética cuyos principios fundamentales hablan del bien y del mal, y de sus relaciones con la moral y el comportamiento humano. No dejes de escucharlo.

lunes, 26 de julio de 2021

Mantengamos la democracia

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Cualquier sistema de gobierno se soporta en valores, principios y normas jurídicas que le permiten funcionar, desarrollarse y construir una comunidad con identidad propia. La democracia es una de esas formas de gobernar, se nutre de lo anteriormente expuesto, y se mantendrá en el tiempo siempre y cuando sus ciudadanos compartan los valores y los principios que le dieron origen, por ello, la misma democracia labra su propia caída y llega a su destrucción, si no logra mantener en alto los ideales que enarbolan su bandera. Así evidenciamos con nuestros propios ojos cómo las democracias caen una a una en las garras de las dictaduras mentirosas y falsas de la izquierda.

Para lograr que un proceso democrático se consolide en el tiempo, debe regirse por principios estrictos, que ya son conocidos por todos pero que lamentablemente no se practican y por ello vamos en barrena. Vale recordar: honestidad, solidaridad, responsabilidad, pluralismo, libertad, justicia social, tolerancia, igualdad, respeto, bien común, legalidad, participación ciudadana, respeto por la vida, por el derecho del otro, respeto por la propiedad privada, límites a sus propias libertades, y otros más que hacen parte del ideal democrático.

Quisiera que cada uno de nosotros hiciera un autoanálisis a estas descripciones que acabó de hacer, y casi que podría concluir que en el momento en que concluyan la evaluación, llegaríamos a la misma conclusión, somos laxos, y no cumplimos con ninguno, no tenemos disciplina, ni respeto por la norma, somos un país lleno de leyes por todos lados y no acatamos ninguna, y por ende, vamos para el estanco como borregos sin reaccionar, y quienes nos deberían dar ejemplo  no lo dan y ellos son el sustento de la democracia las tres ramas del poder, ejecutivo, legislativo y judicial.

La justicia. La verdadera, seria y justa, como su nombre lo indica, no la que hoy aplican los jueces de la república, la de sus propias razones, porque cada uno hace lo que quiera en sus fallos, se emiten no con base en el ordenamiento jurídico, sino en su propia interpretación, no se respeta la norma, ni la jurisprudencia y menos la doctrina. Además, se entrometen en el ámbito de las otras ramas del poder y lo pruebo con un hecho sucedido el viernes anterior cuando el Consejo de Estado, suspendió el decreto del ejecutivo, sobre la asistencia militar en las zonas del país que se requiera su presencia. Esto hace pensar que estamos en manos de la rama judicial que se excede en sus funciones y administra el país, lo cual no se entiende y menos cuando se está impidiendo la protección y convivencia ciudadana, dejando a las ciudades al arbitrio de los vándalos, los desestabilizadores comunistas e izquierdistas, esos son pues los defensores de la juridicidad y del orden. Risa me da.

Otro ejemplo, es el que ha venido sucediendo con las revocatorias del mandato a los alcaldes de Colombia, que es torpedeada por todos los medios y los jueces aceptan tutelas y las fallan en contra de la realidad jurídica y probatoria, y se tiene que llegar a instancias superiores como tuvo que ocurrir en Medellín, donde el abogado Julio Enrique González Villa, apeló una decisión de un juez y el tribunal administrativo, en una decisión ponderada, revocó esa primera decisión que dilató el proceso. Y así, sucesivamente, observamos que los jueces paralizan desarrollos viales, con decisiones absurdas que después los superiores revocan, lo cual indica claramente que están actuando con criterios políticos y no jurídicos. Por supuesto que podría extenderme y poner ejemplos de decisiones judiciales que afectan a los ciudadanos a lo largo y ancho del país.

La legislativa. Qué pena decirlo, está integrada por asesinos, violadores, secuestradores y terroristas, por un lado, que obtuvieron su curul con un acuerdo de paz espurio; por otros que no dan ejemplo, atacan la democracia en su propio seno, incitan al odio y a la violencia, como Gustavo Bolívar y Petro, que han mantenido en paros al país en los dos últimos años generando con ello pobreza y malestar social; por otros que sí están preparados, formados académicamente, que participan en los debates, tanto en plenaria como en comisiones, y que, aunque tienen ideas contrarias, las debaten con altura y respeto. Y por último otros muchos que pasan por allí sin mancharla ni romperla, son inexistentes, calientan sillas y no aportan nada. Todos ellos, no han sido capaces de cumplirle al pueblo colombiano y realizar la reforma que tanto se pide: disminuir el número de senadores y representantes, poner control a los salarios, pagar por sesiones como en épocas anteriores, y, además, evitar la perpetuidad en el cargo. Por lo tanto, se puede concluir que allí, en el Congreso, no contamos con un verdadero soporte y aporte a la construcción de una democracia activa, renovadora y eficaz.

Ejecutivo. Puede tener la mejor de las intenciones, pero le toca luchar muy solo contra las adversidades que le ha correspondido asumir: pandemia, que además del inagotable problema de salud y muerte, llevo al país a la crisis económica, a los paros y a la desestabilización promovida por grupos de izquierda que pone en juego la democracia.

Como ven no está fácil prosperar con tantas dificultades que afrontar; la única forma es contando con personas preparadas, luchadoras, que enfrente sin miedo a los que desean destruir el sistema democrático, líderes que se unten de pueblo, que salgan a defender cuerpo a cuerpo la estabilidad de la nación, que hagan comprender a la juventud que han sido engañados miserablemente por quienes los han educado, que trastocaron sus principios y valores, y los llevan a enfrentar el único sistema que les puede dar prosperidad; que sean hombres con mística, que muevan las masas al norte del desarrollo, al crecimiento, a la solidaridad, disciplina y orden.

Le sugiero al Gobierno, que contando con las pocas normas constitucionales que se pueden utilizar, estudien, acepten y promuevan la discusión para fomentar las autonomías regionales como forma de darle mayor desarrollo al país, eso sí manteniendo la soberanía, las relaciones internacionales, y algunos impuestos nacionales, pero, de lograrse darle vía a las regiones, la democracia se fortalecería sin duda alguna y tendríamos más bienestar y desarrollo.

En conclusión, puedo expresar con contundencia que la democracia debe subsistir, trabajemos para ello, creemos empleo, demos seguridad y fortalezcamos la disciplina y el orden, con seguridad pasaremos este tramo de pesimismo y miedo por el que atravesamos.

Viva la democracia, la libertad y el orden.

lunes, 21 de septiembre de 2020

Destrucción

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Siempre he tenido claro que es más fácil destruir que construir, hablar mal de las personas que hablar bien de ellas, apoyar a los malos que dar ánimo a los buenos, destruir empresas que fortalecerlas y así sucesivamente podría continuar distinguiendo entre lo bueno y lo malo.

Lo que sí tengo claro, es que una sociedad sin valores construidos desde el hogar está perdida; si no respetamos a nuestros padres y hermanos, si no recordamos y sabemos de dónde venimos y quiénes son nuestros ancestros, cómo vivieron, cuál fue su lucha diaria para inculcarnos los principios que nos convirtieron en hombres de bien, y cómo sostuvo la familia en épocas más difíciles que las que vivimos hoy, ya que estas eran numerosas y los ingresos medianos, y sin embargo, aun con invitados, nunca faltó el pan en la mesa; era la época en la que había campo y comida para todos.

No se puede desconocer que había pobreza, ausencia de educación, analfabetismo, pocas industrias y la recreación era al interior de las casas o en las calles del barrio. Allí nos conocíamos todos, a nadie le importaba quién tenía más que el otro porque éramos bien recibidos en todas las casas, conocíamos a los padres, y si peleábamos a los pocos días estábamos juntos compartiendo de igual forma lo bueno y lo malo; reíamos, hablábamos de los amores, sueños, y tristezas, pero todos pensábamos en que tendríamos un buen futuro.

Recuerdo que nosotros estábamos en el colegio San Ignacio de Loyola, de Medellín, y allí estudiamos historia y geografía de Colombia, y sabíamos de todo el mundo, aunque no hubiéramos viajado: montañas, ríos, capitales, glaciales, en fin, conocimientos narrados por un profesor que seguramente estudiaba y leía las enciclopedias que en esa época se vendían. Todos nos preparábamos, podíamos dibujar nuestro mapa de Colombia, sabíamos con qué países lindábamos, en fin, teníamos un concepto claro de la historia, de lo bueno y lo malo de ella. Puedo añadir que seguramente nuestros primeros amores surgieron con las niñas de la cuadra, o aun con aquellas que compartimos ideas comunes y que hacían parte, como nosotros, del grupo scout del Colegio del Sagrado Corazón, con las que aun, pasados muchos años, tenemos lindos recuerdos y nos chateamos como si el tiempo no pasara… lástima que no nos veamos en directo.

En fin, todo este recuento que es historia para cada uno de nosotros, que se vivió de una manera diferente, no es viable destruirla como hoy se pretende realizar con todo lo representa y que tenemos. Por ello observo con preocupación que hoy no se respeta la historia porque no se conoce, no hay valores porque no se practicaron, no se respeta la autoridad porque no se acató en el hogar, no hay formación porque los educadores impregnaron a los estudiantes de una ideología comunista, no se cree en la democracia porque es amplia y generosa con todos los bandos; se destruyen los símbolos, se ataca a la policía y al ejército, y todos los jóvenes, sin distinción de clase, caen en el juego nefasto de la destrucción, impulsados por un hombre que es dañino para la sociedad como Gustavo Petro, exguerrillero amnistiado, populista a morir, exalcalde de Bogotá, promotor de la salida a las calles no en forma pacífica, llevando al caos para él vencer. Qué tristeza que todos le sigan el ritmo, la prensa lo publica, la televisión lo sigue, la radio lo entrevista y no ha construido nada bueno en toda su vida.

Por ello digo y me reitero, que destruir es muy fácil, hoy los marchantes atacan a la policía, al ejército, los indígenas vienen a las ciudades y tumban los símbolos de la historia y no pasa nada, todos queremos destruir la civilidad y eso no se puede permitir. La democracia, persiste si nuestros gobernantes, y ciudadanos la defendemos, no los políticos que siguen en lo mismo y no aportan nada, no ceden, no construyen, por ello y contra ellos la democracia debe subsistir.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Ya no sé ni qué decir

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Sí, la verdad, no sé qué decir. Estamos tan mal, pero tan mal, en este país que cualquier cosa que se diga será automáticamente juzgada por unos y otros, no con serena objetividad y con ánimo constructivo, sino movidos por pasiones viscerales, odios reprimidos, sed de venganza, sesgos ideológicos de derechas recalcitrantes y de izquierdas incendiarias que se acusarán mutuamente culpándose de las desgracias que vivimos.

Es increíble la falta de autoridad y de estatura moral en muchos de quienes tienen responsabilidades de diverso orden. Acostumbrados a ver correr la sangre de miles de compatriotas por décadas, la indolencia se ha instalado como indiferente actitud que ya no conmueve a nadie, pues es un negocio lucrativo, en tanto para unos es justificada, consecuencia de lo que constantemente se ha engendrado, para otros es la propicia ocasión de saldar cuentas pendientes. La mentira sistemática y abiertamente descarada se ha institucionalizado y nos la espetan por todos los medios y redes sociales como si todos fuésemos brutos idiotas. Y qué dolor decirlo, pero de lado y lado hay mayorías ciegas, sordas y completamente acríticas que se dejan manipular al antojo de esos oscuros intereses. Razón tenia Gandhi: el ojo por ojo nos dejará pronto ciegos a todos.

Es realmente increíble que pueda haber gente tan mala de verdad, tan perversa en sus intenciones, tan dañado su corazón. El afán de poder, buscado a como dé lugar, jamás ha sido para servir y construir país, sino para enriquecer las propias arcas con todo tipo de estrategias corruptas. Si en antaño Echandía se preguntaba ¿y el poder para qué?, los de ahora lo tienen claro: el poder es para poder… poder robar, poder controlar todo, poder hacer y deshacer, para someter las instituciones arrodillándolas servilmente a los intereses de unos y de otros. Lo han hecho y lo siguen haciendo todos los regímenes, izquierdistas y fascistas. Nos asustan alternadamente con los monstruos fachos o comunistas para repartirse la torta por turnos.  El pueblo, en realidad, no importa. Es la carne de cañón para poner los muertos… o ¿acaso los policías y sus víctimas eran de diferentes estratos sociales? O ¿los líderes sociales no han sido asesinados acaso por sicarios extraídos del lumpen ansioso de tener dinero?

Hay vacíos muy grandes como Estado, como nación, como pueblo. Hay vacío de mínimos éticos, hay vacío de liderazgo y de auténtica autoridad, hay vacío de valores básicos, hay vacío de Dios en nuestras vidas. Personalmente no me siento mejor o más bueno que nadie porque todos cargamos con nuestros lastres de limitación y pecado. Cuando digo que ya no sé ni qué decir es porque duele en el alma vivir lo que estamos viviendo: es inaudito, absurdo, intolerable. Es una desgracia muy grande. ¡Basta ya de violencia que engendra más violencia! Pero basta ya de tragar entero, de no querer ver lo evidente, de no oír los alaridos de dolor y el llanto de las víctimas. Basta ya de indiferencia. Seguir así es como escupir hacia arriba, es un boomerang que se nos devuelve indefectiblemente.

viernes, 21 de agosto de 2020

Maldita violencia

 

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Al darle el título a este artículo, recordé inmediatamente la vieja cumbia de Gabriel Romero: Oigo el llanto que atraviesa el espacio para llegar a Dios, es el llanto de los niños que sufren, que lloran de terror. Es el llanto de las madres que tiemblan con desesperación. Es el llanto, es el llanto de Dios. ¡Violencia!, ¡maldita violencia!… ¿por qué te empeñas en teñir de sangre la tierra de Dios?, ¿por qué no dejas que en campo nazca nueva floración? ¡Violencia!, ¿por qué no permites que reine la paz, que reine el amor?, que puedan los niños dormir en sus cunas sonriendo de amor…”

Dije vieja cumbia, porque la cantaba de niño, hace medio siglo, cuando ya para entonces llevábamos más de medio siglo de guerras civiles, fratricidas mortandades por causa de los odios políticos partidistas y de una injusticia social que fue el caldo de cultivo para nuevas violencias, las de las guerrillas, que años después, ante su creciente expansión y un vacío de Estado en casi todo el territorio patrio, alentó la justicia por propia mano de grupos paramilitares. Una dramática secuencia en la que unos y otros distorsionaron su causa por culpa del narcotráfico, que los corrompió a ellos y además permeó todas las instituciones, generando un caos enloquecedor de no viabilidad como país. El “país del Sagrado Corazón”, el más católico, fue diagnosticado por Juan Pablo II como “moralmente enfermo”, porque su cáncer ético, lejos de remediarse, se ha venido desmejorando hasta la metástasis, por culpa de la corrupción que ha podrido sus células y ha pervertido el corazón de la gente.

Aquí, excusen lo directo y por la generalización, pocos se salvan. Porque se necesita estar muy dañado en el alma, para no querer la reconciliación y el perdón, para preferir la guerra como negocio lucrativo, así sea, al cantar de Sosa, ese “monstruo grande” que “pisa fuerte la pobre inocencia de la gente”. Se necesita estar muy mal para solo querer muerte y venganza a los que nos han hecho daño. Para preferir volver a la violencia cuando se han hecho acuerdos de paz, para liquidar sistemáticamente los así llamados líderes sociales, para añorar las masacres y los asesinatos colectivos y no descansar hasta que la sangre del que siente y piensa distinto no haya sido derramada, para mirar indiferentes 33 matazones solo en este año y no hacer nada. Este es un país de bárbaros politiqueros de derecha y de izquierda que soliviantan a millones de ignorantes de lo político pues nunca nos enseñaron a pensar críticamente, a no tragar entero, a no comerles cuento. Literalmente, rebuznan unos y otros y la manada alienada y estúpida, corre feliz al despeñadero. Mienten todos. Nos engañan, nos manipulan, juegan con nuestros sentimientos, trastocan nuestros valores. Y nosotros, también llevados de la nariguera cual borregos, aplaudimos sus errores permanentes, cerramos los ojos ante verdades evidentes, negamos la realidad, tapamos con aserrín la caca del gato para que no huela y no se vea, pero ahí está el bollo hediondo y nauseabundo.

Qué tristeza ver que esta pandemia no sirvió para arreglar a nadie. Quizás se necesite algo todavía más fuerte para reaccionar, algo que nos sacuda y despierte de ese apendejamiento en el que estamos. ¡Despierta Colombia!

martes, 3 de marzo de 2020

De cara al porvenir: reflejos


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Cuando se habla de responsabilidad social empresarial, todos, de manera inmediata, tenemos nuestra propia aproximación al concepto.

Cuando se quiere hacer una reforma tributaria, que es a todas luces un tema poco amigable, ya que en Colombia reforma tributaria y subida de impuestos es lo mismo, uno de los argumentos para tratar de vender la idea es que se están proponiendo ciertos ajustes tributarios con el fin de motivar a los empresarios para generar nuevos empleos, lo cual fuera de ser un poco ingenuo, pone en evidencia que se parte de una premisa equivocada. Un empresario serio crea empleos cuando los necesita y cuando la vinculación de nuevas personas garantiza la viabilidad económica, los rendimientos económicos y el cumplimiento de los principios de productividad asociados a eficiencia y eficacia.

Mientras el índice de productividad se mire alrededor de la creación de riqueza, y la medición del Producto Interno Bruto (PIB) todavía siga vigente como parámetro internacional, la cosa no va a cambiar.

Otra alternativa es que determinemos a nivel planetario y local un nuevo indicador que refleje cierto nivel de “eficiencia solidaria”, donde los empresarios todos, se sientan motivados, antes que obligados, a generar unos escenarios de desarrollo económico acompañados de un alto impacto social alrededor de la generación de empleo, pasando por encima muchas veces de la posibilidad real de emplear la automatización, la robotización y los elementos asociados hoy a la inteligencia artificial, lo cual, con solo enunciarlo, genera gran reacción y por qué no gran preocupación.

Hablando de responsabilidad social empresarial, cómo entender que a la fecha Japón esté prohibiendo de manera definitiva el uso de hornos microondas con una medida que obliga a que a finales de 2020 no se podrán usar más en su territorio por la emisión de ondas radioactivas para los humanos. Por su parte Corea del Sur anuncia que dejará de producir estos electrodomésticos en el 2021 y China en el 2023.

¿Cómo así? ¿No se habían dado cuenta los distintos organismos de control sanitario del planeta de esta situación? ¿Tampoco se habían dado cuenta los centros de investigación de las grandes empresas multinacionales y transnacionales que producen estos aparatos de uso doméstico? Ante esta pasmosa realidad, es muy complicado hablar de una verdadera figura de responsabilidad social empresarial y de los manejos y comportamientos empresariales y políticos que dejan muy mal parado el concepto de la ética cuando uno enfrenta estas realidades que nos afectan, impactan y perjudican a todos, pues atentan contra nuestra salud. ¡Qué horror! ¡Qué sinvergüenzada!

Ni qué decir de la industria farmacéutica y productos con efectos colaterales negativos, o productos que son simples placebos o remedios ya encontrados para curar ciertas enfermedades, pero que económica y comercialmente no es oportuno popularizarlos ¿Cuál ética?

Dicen algunos que la noción nueva de inteligencia tiene que ver con la capacidad de no perder la claridad de los conceptos en medio de la creciente incertidumbre y complejidad que nos ofrece la realidad.

De igual manera se dice que una de las características de las nuevas generaciones tiene que ver con la gran sensibilidad y de pronto alguna debilidad de carácter, lo cual obviamente no abarca a todos los individuos.

Las realidades hoy son agobiantes. Es difícil encontrar una noticia positiva. Muertes, accidentes, guerras, epidemias, asesinatos, masacres, injusticias, pobreza extrema, problemas climáticos, entre otros tantos, atiborran el día a día.

Es por esto por lo que adquiere vigencia el ejercicio de aquello que conocimos en el Catecismo como las cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, virtudes que deberíamos comprender, entender, acoger, potenciar y aplicar.

Bajo otra perspectiva, esta vez literaria, recordemos al escritor Ricardo Güiraldes cuando en su obra “Don Segundo Sombra” pone en sus labios esta reflexión para Fabio, su interlocutor, para que sepa y pueda enfrentar la dura realidad: “Hay que aprender a endurecer el corazón”.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Hacia una ética mundial

Por José Leonardo Rincón,S.J.*

José Leonardo Rincón
Vengo reflexionando sobre el fenómeno global que estamos viviendo, en medio de este cambio epocal, cada vez más evidente, que nos sumerge en la posmodernidad. Más que estresarse ante los caos que se presentan históricamente en este tipo de coyunturas, habría que ver más bien las sensatas  estrategias para responder a sus retos.

Leyendo al teólogo Alemán Hans Küng en su obra “Ética mundial en América Latina” (Cfr. Editorial Trotta, Madrid, 2008) encuentro que se recogen los grandes elementos que hacen parte de lo que él llama la “Declaración de una ética mundial”. 

Parte Küng de la constatación de la crisis de alcance radical que experimenta el mundo, pues permea todas las situaciones de la vida del hombre haciéndola más compleja y difícil.  Se lamenta que en ese escenario las religiones inciten al fanatismo, los odios y también la violencia.  Por eso se postula un consenso básico en torno a valores vinculantes, criterios inalterables y actitudes morales fundamentales.

En este camino de adviento, como preparación para la navidad, sin dar el brazo a torcer en la conciencia crítica a la que no podemos renunciar, indignado por la actitud indolente e indiferente de muchos que no ven más allá de sus propias narices, pero también buscando ser propositivos y constructivos, identificado con la propuesta que nos hace Küng: 


  1. No es posible un nuevo orden mundial sin una ética mundial: y todos somos responsables de esa tarea, para ello contamos con un bagaje espiritual y religioso grande que puede hacer frente a las tensiones étnicas, nacionalistas, sociales, económicas y religiosas. Se necesita entonces una visión de la convivencia pacífica.
  2. La condición básica es que todo ser humano reciba un trato humano: se apela a los seres humanos de buena voluntad para encontrar lo que nos es común, partiendo de la conciencia de la dignidad inviolable que se posee y la necesidad de transformación del corazón con una renovación espiritual que invite a hacer el bien y evitar el mal. De ahí la regla de oro: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.
  3. Se presentan cuatro orientaciones inalterables: el compromiso a favor de una cultura de la no violencia y el respeto a la vida; el compromiso a favor de una cultura de la solidaridad y de un orden económico justo; el compromiso a favor de una cultura de la tolerancia y un estilo de vida honrada y veraz; el compromiso a favor de una cultura de la igualdad y de respeto y cercanía entre hombre y mujer.
  4. Ese cambio esperado a nivel mundial no es posible en tanto no haya un cambio de mentalidad y una conversión de corazón tanto en la persona como en la colectividad.  Es verdad que no es fácil un consenso en cuestiones éticas concretas cuando muchas de ellas están en discusión (bioética, ética sexual, ética en los medios de comunicación, la ciencia, la economía y la política).  Pero es verdad que muchas profesiones han ido elaborando exitosamente sus propios códigos de ética y de ello nos felicitamos.  Finalmente, las diversas religiones pueden contar con una ética más específica.  La invitación es a todos los seres humanos, religiosos o no, a apoyar esta causa.
Los mínimos éticos hoy más que nunca se hacen necesarios y eso se construye desde el hogar, desde la escuela, desde la sociedad, los tres. El mejor fruto de esta crisis estructural de la sociedad y de su sistema económico sería un replanteamiento de fondo para enlistar y poner en práctica los valores básicos esenciales que nos deben movilizar. El acuerdo sobre lo fundamental nos puede ayudar a repensarnos y re-crearnos, buscando un mejor futuro.  Es utopía pero también es posible acercarnos a ella. Solo se necesita buena voluntad y es a esos seres humanos a los que se dirige el mensaje de navidad: gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. 

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Recuperemos la ética


Por Santiago Cossio*
Santiago Cossio
En Colombia se caen las construcciones, no por falta de ingeniería, sino por falta de ética. Y pasa lo mismo en todas las profesiones. La falta de ética y valores tocó fondo y ha perjudicado el desarrollo del país en todos sus aspectos.

De nuestra educación superior salen buenos profesionales, pero personas con una débil formación humanística en ética y valores lo que genera un atraso cultural y por ende el consiguiente atraso económico y social.
La catedra de ética es para muchos estudiantes un relleno en el pensum donde le temen más a un parcial de calculo que al de ética y peor aun cuando algunas universidades ni siquiera le hacen exámenes y se gana solo con asistencia.
Esta cátedra es fundamental para recuperar la disciplina social que tanto le hace falta a nuestro país.  Debe existir un compromiso serio de la educación superior donde exista mayor rigurosidad académica, una evaluación rígida y constante y un mayor número de créditos. Normalmente se dicta en primer semestre y se debería complementar en último semestre. Hay que evolucionar a contenidos de ética práctica, cívica, urbanidad y de buena cultura.
La falta de iniciativa para emprender hace parte de la falta de educación en valores, donde tenemos un Pib jalonado a punta de servicios financieros, una precaria industria nacional, una deprimida bolsa de valores y una balanza comercial deficitaria. Colombia con todas las oportunidades de producción que tenemos, vive sin duda el colmo del desgano productivo. La falta de formación cultural y humanistica que complementen el esquema actual de educación han terminado por afectar el producto y el empleo.
La educación superior forma para el trabajo, pero no para que al estudiante le guste el trabajo.  Los  valores de legalidad, emprendimiento, respeto y responsabilidad deben estar en contenidos educativos prácticos más allá de filosofar entre el bien y el mal.
La educación para la cultura tiene pilares fundamentales como la identidad, el respeto, la responsabilidad y la felicidad. Además se debe incluir la educación en normas cívicas como el código de policía y convivencia ciudadana y todas las normas sociales que conlleven a una disciplina social y al buen vivir de manera individual y colectiva.
El cambio cultural implica un cambio de mentalidad colectiva basada en una educación en valores.

Debemos recuperar la ética en todos los aspectos de la vida diaria.

domingo, 27 de octubre de 2019

La confianza y la felicidad


Por Santiago Cossio*

Santiago Cossio
El pueblo está acostumbrado a pedir soluciones para sus principales carencias:  salud, educación, seguridad y empleo son problemas de nunca acabar. Hace décadas que en época de elecciones llegan los políticos a prometer las mismas soluciones y nada que resolvemos nuestros problemas colectivos. Posiblemente estamos buscando soluciones donde no es.

Proponer e innovar en políticas públicas ya de por sí es algo arriesgado y complejo. Quién pensaría que un Metrocable a una montaña podía ser una solución al transporte público. Así mismo deben existir soluciones impensadas que solo los científicos sociales y visionarios innovadores pueden ver. La felicidad es una propuesta innovadora que debe ser tenida en cuenta.

La inseguridad ha azotado al país y todos los días se ven ejemplos de atraso cultural. En investigaciones sociales se encuentra que la violencia nace de la infelicidad. Esa violencia termina generando atraso económico y social dándole rueda al círculo vicioso de la pobreza. (Pobreza que genera más violencia, violencia que genera más pobreza). Para salir de este gran problema de violencia que ha sumido al país en el atraso al desarrollo, debemos pensar en que la felicidad sería una gran solución. La felicidad es el camino que todos debemos elegir.

Las manifestaciones artísticas son educación para la felicidad. El humor, la danza, la música, el teatro etcétera, cuando se hacen con responsabilidad cultural se convierten en herramientas de educación social para la felicidad.

La confianza es construcción de tejido social, desde la interpersonal hasta la confianza en el gobierno público. La desconfianza ha sido uno de los generadores de disturbios e indisciplina social aumentando las marchas y protestas que llevan a más atraso económico y social. En el sector privado la desconfianza y falta de identidad en nuestros productos y empresas ha llevado al aumento de importaciones, falta de demanda agregada y al consecuente desempleo.

La confianza interpersonal es hoy una necesidad, donde el ego ha bloqueado el progreso. Si vemos las empresas que cotizan en la bolsa de valores de Colombia son sociedades anónimas con cantidades de accionistas que buscan además de un dividendo individual, la sostenibilidad para el progreso colectivo. Debemos fomentar nuevamente la conformación de sociedades, empresas B y el cooperativismo.

Hablando de otras soluciones en políticas públicas tenemos que para el problema de la educación puede ser más de investigación, formación de formadores y contenidos de la educación, que de infraestructura. La clave de la salud, podría estar en la prevención, nutrición y el deporte. Para el empleo, más que empleos temporales, debemos buscar soluciones estructurales. La inseguridad se debe atacar con cultura, empleo, confianza, educación y felicidad.

La justicia no se hace con castigos o multas. Se hace con educación en leyes y en valores sociales y culturales. Los valores humanos que se están proponiendo como la confianza y la felicidad son tema de debate, Pero debemos abrirnos a explorar estas propuestas sociales y apoyarlas. Otros valores como el respeto, la identidad y la responsabilidad deben ser tenidos en cuenta para la educación y formación social del ser humano.

En ninguna facultad de economía enseñan que el mayor determinante del desarrollo económico es el comportamiento individual y social. De nada sirve tener petróleo, tierras, agua, oro, o esmeraldas si no sabemos vivir y convivir de manera individual y colectiva.

Hoy de nuestra educación superior salen buenos profesionales, pero personas con una escasa formación humanística lo que agrava el comportamiento social generando falta de ética, moral, cívica y urbanidad, desconfianza e infelicidad; todo esto trayendo más atraso.

Valores culturales como la confianza, la felicidad, la identidad, el respeto y la responsabilidad son el camino que la sociedad debe conocer, reconocer y apoyar como innovación en las políticas públicas. Creo que el camino real del progreso, está en el desarrollo económico, la confianza y la felicidad.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

De cara al porvenir: pertinencia


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
La pertinencia es uno de los atributos que se exige a las instituciones de educación superior con respecto a los programas que ofrecen en los distintos niveles educativos. Esto quiere decir, palabra más, palabra menos, que lo ofrecido sea lo que se requiere para mejorar las condiciones de desarrollo en todos los ámbitos del saber.

Como postura axiológica, está bien, pero si contrastamos con respecto a los resultados que vemos en la realidad, pues nos falta mucho pelo para el moño.

Hablar de ética y de responsabilidad social empresarial en uno de los países reconocidos internacionalmente como de los más corruptos del mundo, con un aparato de justicia que es calificado también internacionalmente como de los más ineficientes del mundo, donde la impunidad galopa con tranquilidad por todos los rincones de la patria, con una ejecución de proyectos que en la alta mayoría de los casos no cumplen ni cronogramas ni presupuestos, es una quimera ¿Qué es entonces lo que sucede con los cursos de ética, los reconocimientos como empresas socialmente responsables, con los programas de diseño, o gerencia de proyectos, entre otros tantos casos y ejemplos?

¿Se ofrecen cursos de ética porque así lo exige la legislación de turno? ¿Y ese curso que usualmente se ve como relleno, sí sirve para alguna cosa? Dice Sor Juana Inés de la Cruz que hay que precisar “¿Quién peca más, si quien paga por la peca o el qué peca por pagar?”

Aparecerán las voces que dirán que no se puede generalizar, que los buenos somos más, que los malos no pasarán, y están en su pleno derecho. ¡Pamplinas!

Cuando se califica a un país no se habla de la empresa X o de la persona Y. Se habla de Colombia como un todo, de Colombia como sociedad, de Colombia como país, por eso no es suficiente que de manera aislada seamos unos seres o entidades maravillosas: aquí es al todo o nada.

Obviamente sin que este país tenga formulados unos objetivos nacionales, pues difícilmente aparecerá nuestra verdadera vocación económica y mucho menos los sectores estratégicos que han de impulsar nuestro anhelado desarrollo. De igual manera si no tenemos un proyecto claro para hacer crecer la clase media, con el asociado crecimiento del ahorro interno y la consolidación de un mercado interno, pues seguiremos descrestados con las modas, con las coyunturas y con los espejitos que nos acompañan desde la Conquista y la Colonia.

Si no tenemos claros nuestros sectores estratégicos, pues cualquier inversión con los escasos recursos que tenemos en investigación, ciencia, tecnología e innovación, se harán sin tener claro el foco y será como disparar con regadera. Si nos orientamos a las exportaciones sin consolidar un mercado interno, pues quedaremos cojos.

Hoy aparece un funcionario que habla de la Economía Naranja, mañana aparecerá otro hablando de la Economía Magenta y después otro hablando de la Economía Amarillo Pollito y no pasará nada.

Sería bueno conocer al menos un estimativo de los resultados obtenidos con los enormes aportes hechos desde lo público para el llamado “apoyo a los emprendimientos” en el último decenio.

¿Sí incubaron los huevos empresariales (ideas y proyectos) y se convirtieron, en su adecuada proporción, en pollos empresariales legales y formales (unidades productivas)?

Sumados todos los emprendimientos apoyados, aun cuando solo sea para el ejemplo, ¿en cuánto contribuyen hoy al PIB Nacional?

Lo que no se mide no existe. Seguimos improvisando, siguiendo como autómatas las distintas modas, dejando constancia, generando activismos enloquecedores, y lo que es peor, jugando con la expectativa de aquellos que ya no alcanzaron a aspirar a un empleo formal y digno y hoy ven, como única alternativa, la propia generación de oportunidades económicas y laborales.

¡Qué viva mi pueblo!

NOTA: Sería conveniente que una ciudad como Medellín, que quiere mostrarse ante el mundo, piense en ir reponiendo la modesta flotilla de taxis actuales, los llamados cucarrones, que no son los más adecuados para que un visitante o un ciudadano se sienta bien. Como mínimo, se debe exigir espacio para equipajes, aire acondicionado y de una vez, que sean eléctricos, como los primeros 200 taxis ya anunciados, junto con los 64 buses. Lo barato sale caro. En Israel, el Estado tomó la decisión de que la flota de taxis fuera de alta gama para mejorar los rendimientos, disminuir los efectos de contaminación y garantizar la comodidad de los usuarios. Cada quien tiene su propia dimensión del mundo.

viernes, 26 de abril de 2019

¿Y su escala de valores?


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Desde hace muchos años escucho la frase: “tenemos una crisis de valores”, o también, “se ha invertido nuestra escala de valores”. Estoy seguro de que ustedes no solo las han escuchado sino, también, que están de acuerdo con ellas. Algo está pasando en nosotros, en la familia, en las instituciones, en la sociedad, para haber llegado a donde hemos llegado. A la par, me he preguntado si en verdad tenemos claro lo que es un valor y, más aún, si alguna vez hemos hecho el ejercicio personal de ordenar nuestra escala de valores. Estoy seguro de que no.

Proveniente del gremio de la educación, habiendo trabajado en él por más de 35 años, me consta la preocupación al respecto. Se han introducido en los planes de estudios las cátedras de “ética y valores” que algunos, más sofisticados, las han denominado “axiología”. He visto a rectores y coordinadores académicos un tanto estresados, buscando en las editoriales unos buenos textos que eduquen en valores. Su angustia crece a la hora de encontrar buenos profesores que las asuman. Su decepción se hace evidente, cuando los padres de familia, los estudiantes y la sociedad misma consideran estas cátedras como rellenos improductivos y auténticas “costuras”, esto es, asignaturas sin importancia, al igual que la educación religiosa o las demás humanidades, que se han ido aniquilando sistemáticamente de los currículos porque las que son realmente importantes son las ciencias que denominan “duras”, además, porque son las que dan plata y estatus. Lo tragicómico es que después nos preguntamos por qué estamos como estamos.

Entonces, permítanme hoy, sin pretensión alguna de ofrecer la última palabra sobre tan importante como complejo asunto, compartir algunas reflexiones que nos puedan ayudar a pensar en el asunto y a construir la propia escala de valores.

En primera instancia, la noción de valor. En tanto el diccionario señala que se trata de “una propiedad o cualidad que se le atribuye a un objeto”, Bernard Lonergan, filósofo, teólogo y economista asegura que es “un bien, en cuanto objeto posible de elección racional” y Peter Hans Kolvenbach, filólogo y exgeneral de lo Jesuitas lo define como “lo que vale, algo que vale la pena para mí”. Los tres son ciertos y me gustan. Si algo vale para mí es porque es un bien, es algo bueno, que tiene unas cualidades o propiedades que para mí valen la pena, tienen sentido y yo lo he escogido racional y libremente entre otros y le doy la relevancia o importancia que yo quiera.

Relacionados con los valores están los principios. Un principio como “decir siempre la verdad” o “actuar con honestidad”, observen que se trata de “una regla o norma que orienta la accion o comportamiento del ser humano y encierra siempre un valor”, en el caso de los dos ejemplos: verdad, honestidad…. De manera que valores y principios van de la mano. El valor, per-se, está ahí, pero soy yo el que, al ponderarlo, le otorgo un estatus, le doy una jerarquía y, al vivirlo en mi actuar o proceder, lo encarno, le doy vida. Cuando yo tomo esa decisión libre e inteligente, decimos entonces que estos son mis principios. Y cuando ética y consecuentemente procedo, soy una persona de principios, una persona con valores.

Hasta ya entrado en años hice el ejercicio de establecer mi propia escala de valores. Había hablado siempre de valores y de escala de valores, pero caí en la cuenta de que no la tenía bien clara y definida. Fue una tarea que me tomó un buen tiempo y aproveché para hacerlo a propósito de que San Ignacio, al comenzar los Ejercicios Espirituales, propone en la meditación del Principio y Fundamento, que uno tiene que ser muy libre para tomar aquello que más le sirve y conduce al fin para el cual fue creado y ser feliz y tanto cuanto ha de dejar aquellas cosas que, aún siendo buenas (porque todo lo que hizo Dios es bueno) tengo que dejarlas porque me distraen o no me conducen al objetivo.

Lo primero que hay que hacer es un listado de los valores que mueven la propia vida. Es un listado largo, más de una docena, puede llegar a ser. Uno los ha escogido libremente y sabe que son “sus” valores. Ahora bien, al verlos, uno sabe que, siendo todos buenos, hay unos que pesan o son más importantes que otros. Este ordenamiento es propiamente la jerarquización o elaboración de la escala de valores. Cuando yo decido de 1 a 10, por ejemplo, cuál va primero y cuál va después, cuál se impone o se supedita a otro. Esto es una tarea eminente y exclusivamente personal. En cada quien es distinto. Además, esa que yo hice un día, hoy, pasados los años, puede cambiarse, reordenarse. El mundo cambia y uno también. Se supone que, para mejorar, como decía el ya citado maestro de Loyola, “para ir de bien en mejor, subiendo”. ¿Se animaría a hacer el ejercicio?, ¡Adelante!