Mostrando las entradas con la etiqueta Ideología. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ideología. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de enero de 2024

FFMM: de la emasculación al control

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

Para Lenin, quien sostenía que el poder depende del fusil, la consolidación del Estado totalitario no es posible si al poder militar no se le suman los poderes político, económico y cultural.

Lo más importante no es el orden en que adquiere el control de esos poderes, sino ejercer el dominio absoluto sobre todos ellos.

En Colombia avanza ese proceso: tienen el ejecutivo, buena parte del judicial, se aprestan a ocupar la fiscalía, y un Congreso siempre sobornado les aprueba todo; y para transformar la cultura, actúan sobre tres frentes:

1. Ahora, en vez de suprimir la Iglesia —como hicieron en 1917 en Rusia y como hizo Castro en Cuba a partir de 1959—. esta, a través de la teología de la liberación, se pone al servicio de la revolución, mientras los templos se desocupan y la poca doctrina que queda se diluye.

2. Los medios masivos son tomados ideológicamente por “comunicadores” de izquierda, y los que son libres o contestatarios son marginados o eliminados.

3. El sistema educativo, desde la guardería hasta el posgrado, se ha convertido en un mecanismo de adoctrinamiento colectivo.

Como todo lo que se ha logrado hasta hora es endeble, si no se tiene el absoluto poder militar, hay que conquistarlo para hacer posible la revolución.

Si consideramos la actual correlación de fuerzas podemos pensar:

1. Que las fuerzas militares apenas están neutralizadas, y, por tanto, no son todavía plenamente confiables para el Gobierno.

2. Que las incipientes milicias campesinas aún no están entrenadas, y por tanto no son operacionales.

3. Que todavía falta reclutar y entrenar los 100.000 “jóvenes de paz”, para que se conviertan en algo comparable a los Colectivos Bolivarianos de Venezuela.

Entonces, como el Gobierno no dispone aún plenamente del monopolio de la fuerza, todavía tiene que simular que se mueve dentro de la Constitución y la Ley.

Pasemos ahora a considerar lo de las fuerzas armadas legítimas. Tan pronto se posesionó Petro, con la remoción de unos 80 generales fueron emasculadas, castradas o capadas. A esa calificación masiva de servicios —que las desorienta, por decir lo menos—, siguieron la reducción presupuestal, la deficiencia operativa y la inhibición en el cumplimiento de su misión, por el cese unilateral del fuego, decretado por el Gobierno.

En Perú, Chile y Argentina, las fuerzas militares no pudieron ser emasculadas. En consecuencia, Castillo está preso; Boric, maniatado; y Milei, elegido, mientras Petro, en medio de diarios e inconcebibles escándalos, sigue, sin pausa, ejecutando el plan estratégico para convertirnos en otra Venezuela.

El país va muy mal, pero Petro muy bien. Y para él ha llegado entonces el momento de intentar el control absoluto de las fuerzas militares. Los generales despachados son reemplazados por coroneles, y estos, por otros oficiales, y así sucesivamente ocurre en cada grado, de manera que a todos los peldaños solo pueden acceder los militares que estén dispuestos a aceptar la nueva orientación, es decir, una oficialidad obediente y leal al Gobierno.

Con unas fuerzas armadas depuradas de preocupaciones sobre la Constitución, la legitimidad, la democracia y el modelo económico-social de libertades individuales, la revolución no puede detenerse.

Por eso, Petro ha iniciado una ofensiva, hasta ahora asordinada, de seducción y amable acercamiento hacia el personal militar, cuyo bienestar ahora le interesa. A la Armada ya se le ha prometido el manejo portuario; el torcido mindefensa actual será cambiado por alguien simpático y accesible, mientras se prepara la adquisición de material procedente de los nuevos y generosos países “mejor-amigos”.

Entretanto, según se filtra, los seiscientos y punta de oficiales que se preparaban para ascenso en los distintos escalones, han sido cuidadosamente perfilados para que el Gobierno —que aprueba las promociones— pueda estar seguro de su lealtad. Hasta donde se sabe, cerca de 300 de esos aspirantes, que habían completado sus cursos, han sido retirados del servicio activo.

El gran Brusiloff no fue el único general zarista que se plegó a la revolución, y sobre los cimientos del Ejército Imperial se edificó el Ejército Rojo.

Vamos hacia unas fuerzas armadas donde la lealtad política, en lugar de la preparación profesional y el compromiso con la Constitución, sea lo determinante para el ascenso y la dirección de las operaciones.

El tiempo vuela: ¡Es hora de mirar lo que se está moviendo en las fuerzas militares!

***

¡Antes de su visita al Vaticano, para asegurar la colaboración eclesiástica en la paz total, nuestro piadoso gobernante se reúne con la Comunidad de San Egidio, tan católica como el ELN!

martes, 29 de agosto de 2023

Las nuevas dictaduras

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Tradicionalmente hemos asociado, en términos políticos, el concepto de dictadura como la contraparte evidente al concepto de democracia.

Sin embargo, hoy deberíamos hablar de algunas variantes, guiadas por vectores propios de los nuevos tiempos, partiendo de la premisa de que cada época trae su propio afán.

Sin que se asocie a un orden particular, considero que la primera es la dictadura de la tecnología, como escala superior de un proceso de culturización de consumismo extremo y de vigencias y obsolescencias programadas.

No termina de ser anunciado un nuevo equipo o una nueva versión de cualquier herramienta tecnológica, cuando ya se sabe que al poco tiempo será superada por otra, en un proceso continuo de obsolescencia programada que siempre nos pone a correr detrás del último lanzamiento.

Los tiempos de reacción se estrechan y eso de sincronizar los ritmos de las personas, las organizaciones y los desarrollos tecnológicos, cada vez evidencia más su condición de quimera.

La segunda dictadura es la dictadura de las formas, es decir, aquel condicionamiento casi obligatorio para lograr que la estandarización, la homogenización, la uniformización, entre otras características, permitan un mejor entendimiento, relacionamiento y acople entre los diferentes públicos de interés.

Muchas veces soportados en criterios como la “búsqueda de la calidad” o del “mejoramiento continuo”, nos vemos inmersos e inundados de métodos, de procedimientos, de procesos, de formatos o de plataformas, amparados por la expectativa de una acreditación o de una certificación que avalen que lo que decimos que hacemos de alguna manera, evidentemente sea así en la realidad.

Sacrificar un mundo por un verso suena bello en términos poéticos, pero anacrónico e ineficiente en un mundo organizacional competido al extremo. No podemos dejar que la forma se imponga al fondo.

Una tercera dictadura podría incorporar los extremismos o los fanatismos que llevan la defensa de las ideas y las posturas a niveles de conflicto, ya sea en temas económicos, políticos, religiosos o ambientales entre otros varios.

Por último, dentro de esta breve reflexión y con todo el respeto por la diversidad de cualquier tipo y en pleno ejercicio de la tolerancia, se está volviendo cada vez más complicado y complejo aquello de la dictadura de las minorías, que lamentablemente entra en contradicción con el respeto también de las mayorías o del interés general sobre el particular.

El pleno ejercicio de los derechos y los deberes individuales y colectivos, deben ser absolutamente para todos. Hoy estamos sobredimensionando y colocando por encima de cualquier consideración a los derechos y dejamos a un lado los deberes, lo cual a todas luces es una enorme equivocación.

El comportamiento individual merece respeto, pero el adecuado comportamiento social es una condición sin la cual no puede darse la convivencia civilizada.

La manida controversia alrededor del ejercicio de la libertad está hoy en pleno auge.

Hoy somos un planeta deteriorado ambientalmente, con un consumo desaforado que no necesariamente cobija a los casi ocho mil millones de personas que lo habitamos y que estamos envejeciendo a una tasa que está invirtiendo las pirámides demográficas de una gran cantidad de países y cuyas enormes implicaciones están por verse.

El agotamiento de los recursos básicos está poniendo en jaque la viabilidad del proyecto humano.

El agotamiento de la vigencia de los relatos de todo tipo que soportan la civilización y la sociedad tal como hoy la conocemos y la no aparición de alternativas, hacen posible pensar que estamos ante un momento histórico que nos puede conducir al colapso.

Requerimos de un “nuevo renacimiento”, donde el hombre, el humano, la humanidad y el humanismo sean los conceptos que guíen nuestros pasos.

Es el momento de actuar como especie inteligente.

viernes, 16 de diciembre de 2022

Las cosas por su nombre

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Lo dejo claro de entrada: soy respetuoso de la diversidad, de aceptarnos como diferentes, de la tolerancia… El ser católico precisamente significa eso: universal, plural, abierto, para todos, incluyente. Y eso vale para raza, lengua, género, religión, opción sexual, condición económica, ideología política. Soy así y pido que así lo seamos todos. Es la condición básica, elemental, para poder convivir como seres humanos y soñar que un mundo mejor es posible.

Por eso me sentí desconcertado, por no decir abrumado y descompuesto, con una solicitud que algunos dizque están haciendo y es pedir que los próximos días no se llamen Navidad, expresión que los ofende, sino alegres festividades. No. Qué pena, pero no. Navidad es Navidad y así debe llamarse, gústenos o no. Es una fiesta del cristianismo que celebra el nacimiento de su Dios hecho hombre y punto. Es como si yo me sintiera ofendido por el Ramadán Islámico y dijera que ahora debe llamarse jornadas de adelgazamiento y que me ofende que las llamen Ramadán. O si les dijera a los judíos que su jornada penitencial del Yom kippur me ofende y que deben cambiarle el nombre por día del amor. No. ¿Por qué tengo que irrespetar a otros para que se acomoden las cosas a mis caprichosos gustos? No señores, las cosas deben llamarse por su nombre.

Qué tal que cambiáramos el nombre del 7 de agosto, día de nuestra independencia nacional y que recuerda la batalla de Boyacá por el día de la cabalgata boyacense, porque hay unos que se ofenden con ese nombre. Absurdo. Como ridículo sería que el 11 de noviembre que celebra la liberación de la sufrida Cartagena de quienes fueron sus tiranos opresores, porque algunos les ofende esa memoria, tuviésemos que cambiarla por la fiesta del desfile de balleneras. No, no y no.

Los sinvergüenzas quieren quedarse con la fiesta, vacacionando a costa de la memoria de todo un pueblo, con la forma, pero sin el fondo. La significación de tamañas celebraciones quieren alterarla cambiando significante y significado. Ya la Semana Santa es pachanga santa, el puente más largo del año, vacaciones o receso intersemestral que se disfruta a costa de una memoria, pero que desde el punto de vista religioso ya no le dice nada a muchos. Simplemente son vacaciones. Si tanto los ofende, si no les dice nada, entonces suprímanse del calendario esos días y que sean días normales laborales, porque ya no habría motivo para celebrar. Eso sí que sería lo justo.

Cuando Pepita celebra su cumpleaños el 14 de abril o Juanito el suyo el 18 de septiembre, eso a mí no me dice nada y no tengo motivos para celebrar y hacer fiesta, pero para ellos sí y quieren hacerlo. Entonces, los respeto y que sean felices en su día, pero no tengo ninguna autoridad moral para prohibirles que lo hagan, que lo celebren con los suyos y que sean felices. Mucho menos tengo razones para sentirme ofendido porque ellos celebran. Hay que vivir y dejar vivir. Lo que faltaba es que unos cuantos vergajos que se escudan con el remoquete de defensores de la libertad y la pluralidad nos quieran obligar ahora a ser como ellos. ¡Ni más faltaba!

Si no les gusta que Navidad se llame Navidad, es su problema.  No se ofendan. Hagan sus oficios, trabajen, hagan lo que quieran, pero déjennos a los cristianos celebrar en la fe la fiesta del Dios con nosotros. Como yo no tengo por qué estar ofendido con Pepita y Juanito cuando ellos quieren celebrar sus cumpleaños, o con mis hermanos judíos o árabes cuando quieran ellos celebrar sus fiestas. Se les respeta y punto. Las cosas por su nombre. No se diga más.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Ya no sé ni qué decir

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Sí, la verdad, no sé qué decir. Estamos tan mal, pero tan mal, en este país que cualquier cosa que se diga será automáticamente juzgada por unos y otros, no con serena objetividad y con ánimo constructivo, sino movidos por pasiones viscerales, odios reprimidos, sed de venganza, sesgos ideológicos de derechas recalcitrantes y de izquierdas incendiarias que se acusarán mutuamente culpándose de las desgracias que vivimos.

Es increíble la falta de autoridad y de estatura moral en muchos de quienes tienen responsabilidades de diverso orden. Acostumbrados a ver correr la sangre de miles de compatriotas por décadas, la indolencia se ha instalado como indiferente actitud que ya no conmueve a nadie, pues es un negocio lucrativo, en tanto para unos es justificada, consecuencia de lo que constantemente se ha engendrado, para otros es la propicia ocasión de saldar cuentas pendientes. La mentira sistemática y abiertamente descarada se ha institucionalizado y nos la espetan por todos los medios y redes sociales como si todos fuésemos brutos idiotas. Y qué dolor decirlo, pero de lado y lado hay mayorías ciegas, sordas y completamente acríticas que se dejan manipular al antojo de esos oscuros intereses. Razón tenia Gandhi: el ojo por ojo nos dejará pronto ciegos a todos.

Es realmente increíble que pueda haber gente tan mala de verdad, tan perversa en sus intenciones, tan dañado su corazón. El afán de poder, buscado a como dé lugar, jamás ha sido para servir y construir país, sino para enriquecer las propias arcas con todo tipo de estrategias corruptas. Si en antaño Echandía se preguntaba ¿y el poder para qué?, los de ahora lo tienen claro: el poder es para poder… poder robar, poder controlar todo, poder hacer y deshacer, para someter las instituciones arrodillándolas servilmente a los intereses de unos y de otros. Lo han hecho y lo siguen haciendo todos los regímenes, izquierdistas y fascistas. Nos asustan alternadamente con los monstruos fachos o comunistas para repartirse la torta por turnos.  El pueblo, en realidad, no importa. Es la carne de cañón para poner los muertos… o ¿acaso los policías y sus víctimas eran de diferentes estratos sociales? O ¿los líderes sociales no han sido asesinados acaso por sicarios extraídos del lumpen ansioso de tener dinero?

Hay vacíos muy grandes como Estado, como nación, como pueblo. Hay vacío de mínimos éticos, hay vacío de liderazgo y de auténtica autoridad, hay vacío de valores básicos, hay vacío de Dios en nuestras vidas. Personalmente no me siento mejor o más bueno que nadie porque todos cargamos con nuestros lastres de limitación y pecado. Cuando digo que ya no sé ni qué decir es porque duele en el alma vivir lo que estamos viviendo: es inaudito, absurdo, intolerable. Es una desgracia muy grande. ¡Basta ya de violencia que engendra más violencia! Pero basta ya de tragar entero, de no querer ver lo evidente, de no oír los alaridos de dolor y el llanto de las víctimas. Basta ya de indiferencia. Seguir así es como escupir hacia arriba, es un boomerang que se nos devuelve indefectiblemente.