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viernes, 20 de diciembre de 2024

¡Feliz Navidad!

José Leonardo Rincón, S.J.

Las tarjetas de Navidad que en otro tiempo abundaban por estos días y recibíamos físicamente por correo, prácticamente han desaparecido. Las había de todo tipo y factura por motivos, colores y tamaños, algunas muy sobrias otras muy elegantes. Había que exponerlas junto al árbol de navidad y el hecho de que llegasen muchas, de personas, familias e instituciones era contundente señal de cuán conocido y apreciado se era.

Mi primera tarjeta de Navidad la recibí siendo niño de 10 u 11 años. Estaba de vacaciones en Cartagena con unos primos y era la primera vez que no estaría en tan especial velada de nochebuena con mi mamá. Fue precisamente ella quien me la envió. Todavía recuerdo la sorpresa que me produjo y la verdad, más que por el gesto, que me hizo sentir muy importante, lo que yo esperaba era un motivo tradicional de un pesebre de algún pintor famoso con un mensaje siempre muy espiritual, característico suyo, y mi mamá resultó escogiendo como motivo un dibujo rústico, pero muy moderno, de un cohete que se mofaba de la luna con un palmo de narices. Por supuesto iba acompañado del mensaje, pero con ese gesto, mi mamá no solo me dejó sin palabras, sino que me demostró que, a pesar de la diferencia de edades y mentalidades, era capaz de hacerme sentir niño con una tarjeta para niños y no para adultos. Emocionante. Inolvidable.

Hoy, la mayoría de las tarjetas, si las mandan, son virtuales. Por supuesto que pueden llegar a ser más elaboradas, con música y movimientos, pero creo que no son lo mismo, así sean personalizadas. Otrora uno apreciaba que tuvieran un mensaje y firma manuscritos del remitente. Eso le daba un toque personalizado, único, exclusivo. Confieso que guardo en mis haberes tarjetas suscritas por seres queridos que así también me hicieron sentir, gente sencilla y poco conocida, pero también personajes inolvidables como el padre Arrupe o Belisario Betancur, para no mencionar sino solo dos. Las virtuales se ven y pasan al olvido, las físicas que nos impactaron no.

Y bueno, resulté hablando de tarjetas, porque pensé que este mensaje sería mi tarjeta de Navidad para ustedes mis fieles amigos que con paciencia leen mis ocurrencias semanales. Soy consciente que hubiese querido un mensaje más personal, con un toque único para cada uno, pero me resulta casi que imposible, mejor dicho, tendría que haber comenzado por ahí en septiembre. Nada. Ustedes son comprensivos y pacientes y van a sentir como propio que les haga llegar a cada uno, allí donde están, mi afectuoso, cariñoso, saludo de Navidad. Jesús es nuestra Navidad y es el mejor regalo que todos hemos recibido: un Dios fuera de serie que se anonada para acampar en el modesto pesebre de nuestros corazones. Él los bendiga siempre, les conceda siempre lo mejor y más conveniente. Él es nuestra paz, nuestro consuelo reconfortante y reparador, quien da razón y sentido a nuestra existencia. ¡Feliz Navidad!

viernes, 22 de diciembre de 2023

Deseos navideños para Colombia

Luis Alfonso García Carmona
Por: Luis Alfonso García Carmona

No es un acontecimiento cualquiera el que conmemoramos los creyentes en el mensaje evangélico el Día de Navidad. Es la venida al mundo de Dios Todopoderoso como un inocente niño, para salvar a la humanidad del pecado y darnos ejemplo de perdón y servicio al prójimo.

Es, por consiguiente, la más propicia época para presentarle nuestras más apremiantes necesidades e implorar su Divina intervención para la solución de los angustiosos conflictos que nos afectan. Coloco –en consecuencia– a sus pies, las esperanzas del pueblo colombiano para que, a partir del próximo año nos conceda los siguientes beneficios:

1.- Que sean respetados los derechos individuales y la dignidad de la persona humana, la cual debe estar por encima de los intereses del Estado o de los detentadores del poder.

2.- Que la familia tradicional sea el eje de toda la sociedad con la protección del Estado frente a las doctrinas que pretenden destruirla o desnaturalizarla.

3.- Que la patria esté regida por una auténtica democracia, no meramente formal sino real, que respete la voluntad del pueblo, en la que sus representantes y gobernantes sean elegidos por sus méritos y sus ideas, no mediante la enajenación de las conciencias o los métodos corruptos y fraudulentos.

4.- Que se garantice la soberanía nacional y el orden social, sin tolerancia con las mafias internacionales y nacionales, ni con la indebida participación de otros países o de organismos internacionales en nuestros asuntos internos.

5.- Que se respete la propiedad privada y la libertad de empresa y se favorezca la multiplicación de propietarios y emprendedores que contribuyan al desarrollo del país. Que se proscriban la colectivización y la estatización de la propiedad y los sistemas que conducen al empobrecimiento general de la población.

6.- Que contemos los colombianos con una administración de justicia honesta, idónea e independiente de toda influencia política o económica.

7.- Un sistema educativo al alcance de todos que permita la formación de la juventud en principios espirituales que los convierta en buenos ciudadanos con una adecuada preparación para competir en el mercado laboral y empresarial.

8.- Que se garantice la seguridad en sus personas y en sus bienes a toda la población. Que se castigue con efectividad el terrorismo, el narcotráfico, la criminalidad y el desorden social.

9.- Que el Estado garantice un eficaz sistema de salud y un sólido sistema de ahorro para el pago de pensiones a los retirados de la vida laboral, que elimine la posibilidad del desvío de recursos al capricho de la burocracia oficial.

10.- Que se destierre de la gestión pública todo vestigio de corrupción, mediante el acceso por méritos a los cargos públicos, la actualización de los sistemas de auditoría de los recursos públicos y la severidad en el castigo del fraude al Estado.

11.- Que se cuente con un sistema de asistencia pública con cubrimiento para la población más vulnerable, que estimule la generación de empleo y el bienestar para toda la población.

12.- Que tengamos una sociedad respetuosa de la presencia de Dios, como fuente suprema de toda autoridad, inspirada en los mensajes cristianos de humildad, amor al prójimo y defensa de la verdad y la justicia.

viernes, 15 de diciembre de 2023

Diciembre destemplado

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Puede ser una falsa o incompleta percepción, pero no veo ni siento en estos días decembrinos el mismo entusiasmo y alegría de otros años. La Navidad es tiempo de paz, de prosperidad, de esperanza, tiempo de encuentro familiar, celebración, novenas, muchas luces, pesebres, regalos, fiestas y paseos. Temporada de vacaciones y relax, comidas ricas y subida inevitable de peso. No digo que no haya algo de esto que está inveterado en nuestra festiva cultura, pero el ambiente que se respira no me parece que sea el de siempre.

Y sin pretender ser aguafiestas trato de comprender el por qué del asunto. La inflación ha golpeado duramente los bolsillos. Las cifras oficiales sobre el índice de inflación no corresponden a la realidad. Todo ha subido exagerada, desproporcionadamente, de precio. Me doy cuenta al hacer el mercado de casa: con el dinero que llevaba hace un año podía traer el doble de productos. Para dar solo dos ejemplos: un garrafón de aceite que se conseguía en 23 mil pesos hoy cuesta 52 mil. Tres libras de chocolate que costaban 14 mil, hoy 25 mil. Por eso no me cuadran las cifras, porque podrán decir que el costo de vida ha aumentado el 13% qué se yo, pero en realidad ha sido del 40, 60 o 100%.

El constante ajuste del precio de la gasolina ha dado patente de corso para que automáticamente todo suba. No es exagerado, en realidad es abusivo.

Y si los que tienen modo se quejan, imaginemos cómo están nuestros pobres: ¡cada vez más pobres! Fedesarrollo acaba de decir que el índice de confianza del consumidor ha decrecido en un -20,9%.

Y si a este panorama se suma el desencanto con el Gobierno de turno, con bajo índice de popularidad; la frustración frente a querer hacer reformas radicales a todo y al tiempo, una paz total que se volvió negociar por igual con guerrilleros, mafiosos y delincuencia común como si todos estuviesen cortados con la misma tijera. La reaparición del secuestro y la inseguridad campeante en nuestras ciudades, acompañada de impunidad comprobada, cárceles hacinadas desde las que se monitorea el crimen organizado, en fin…

Si no estamos bien como país, si hay malestar social de fondo, es claro que la Navidad es un placebo y un distractor temporal de todos esos males. Pero en realidad la romántica y tierna Navidad en la que se ha convertido, fue un episodio revolucionario que echó al suelo muchos paradigmas: un Dios que se hace hombre y por ende se abaja; un Dios todopoderoso que se hace frágil y débil; un Dios que no nace en un palacio de la mayor potencia mundial sino en un rústico pesebre pueblerino de un país venido a menos; un Dios que se rodea de pobres e ignorantes para confundir inteligentes y entendidos; un Dios que no muere plácidamente en su mullida cama sino que es asesinado violentamente como si fuese el peor de los crimínales.

Creo que este diciembre destemplado nos obliga a la brava a aterrizar, a poner los pies sobre la tierra, a darle razón y sentido a la verdadera Navidad y sobre todo a caer en cuenta de que el Dios con nosotros, cuestiona e interpela, mueve y sacude con la propuesta que nos hace de un mundo mejor, más justo y humano, pero eso nos toca hacerlo a nosotros, así que será Navidad cuando lo logremos.

viernes, 23 de diciembre de 2022

¡Feliz cumpleaños Jesús!

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Querido Jesús:

Creo que hace mucho no te escribía una carta como tal. Nos acostumbramos a hablar directamente y sin protocolos de agendas, citas previas e intermediarios y palancas. Con muchos seres humanos toca así y eso resulta desgastante. Contigo hemos olvidado que se puede hacer a cualquier hora, desde cualquier lugar. Siempre estás disponible y no has querido cambiar el visto de tu WhatsApp para quedarnos sin saber si leíste o no los mensajes. No te mandas a negar so pretexto de que estás en reuniones muy ocupado. Te demoras a veces en responder porque no siempre nos conviene lo que pedimos, pero es verdad que nunca nos decepcionas.

Decidí escribirte esta vez porque me llegó un mensaje que pareciera ser de tu autoría (no creo que sea un fake) donde te lamentas diciendo que Navidad es tu cumpleaños y en muchas partes, en sus celebraciones y fiestas, ni te invitan ni mucho menos se acuerdan del motivo del encuentro. La gente ignora conscientemente que el protagonista de la noche eres tú y que deberías ser el centro de nuestra existencia. De pronto rezan la novena de aguinaldos como cotorras mecánicas pensando más en complacer los niños que no entienden nada de esos textos y más para comer natilla y buñuelos. Árboles cargados de luces y Noeles regordetes han desplazado los pesebres. Hay rumba, buena música, ricas comidas, muchos regalos y para ti… ¡nada! Así las cosas, yo, en nombre de todos los mortales, de esta humanidad agobiada y doliente, te presento excusas por tan tamaño olvido y por la mala educación que hemos recibido.

Quiero agradecerte el que seas “el Dios con nosotros”. Eso se dice muy fácilmente, pero comprende una realidad maravillosa. Nuestro Dios, o sea, tú, decidiste encarnarse, dejando de lado tu condición divina y comodidad celestial para armar un escándalo desconcertante: no quisiste palacios, ni corte, nada de riqueza ni ostentaciones. Te dio por nacer en una pesebrera perdido, de la más insignificante colonia romana. Te propusiste durante toda tu vida abajarte a tope y para colmos terminaste muy mal. Finalmente, resultaste triunfante, pero la lección dada no es de nuestro agrado. Eso de la pobreza, la humildad y la sencillez no es un plan atractivo. Nuestra sociedad de consumo nos ofrece irresistibles propuestas. Quizás por eso también te olvidamos deliberadamente, porque es mejor tener de ti un recuerdo cargado de romanticismo que una exigencia diaria que nos desinstala y reta.

De modo que no escribo esta carta para pedirte regalos porque tú ya eres el mejor regalo que nos hayan podido dar como seres humanos. Más bien debo preguntarte, ¿qué quieres de regalo? Tú que nos viniste a traer paz, justicia, amor, supongo que querrás algo de eso, pero sobre todo querrás que cada uno mire a ver qué te puede ofrecer como presente. Está a nuestra discreción. No hay que gastar un solo peso y por eso resulta más costoso aún. Vamos a pensarlo y a medianoche, cuando nos estén repartiendo regalos, desde mi corazón, en silencio, te estaré dando el mío. ¡Feliz cumpleaños querido Jesús!

viernes, 9 de diciembre de 2022

Cuando los pequeños se crecen

José Leonardo Rincón S.J
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Estamos acostumbrados a que los fuertes y poderosos tengan el sartén por el mango. Por eso la gente suele irse con el que va ganando, porque es muy cómodo estar con el ganador. Muy pocos se van con los débiles y perdedores. Pasa en el deporte, pasa en la política, pasa en la vida real.

¿Alguno imaginó que Goliat sería derrotado por ese muchachito hebreo llamado David?, ¿alguien le apostó a Arabia Saudí en su primer partido con Argentina?, ¿pensaron los expertos que no estarían en finales Alemania y España?, ¿los excluyentes y racistas sospecharon que una mujer negra y pobre fuera nuestra vicepresidenta?, ¿los pontífices del deporte calcularon que el Deportivo Pereira sería el campeón del fútbol colombiano?

Cuando ocurren estas cosas reina el desconcierto. Las caras largas resultan inocultables.  La pregunta que los desacomoda es ¿qué pasó?, ¿qué falló?, ¿dónde estuvo el error? Es inaudito que esto suceda, lo normal es que pase esto o aquello. El paradigma se ha roto.

Citábamos el caso de David, convertido de pronto en el rey más exitoso de Israel, pero en la historia de salvación, recurrentemente Dios inclina la balanza en favor de los pobres, los marginados sociales, los excluidos, los débiles, los avasallados.

La Navidad que ya se aproxima celebra precisamente eso: el triunfo de lo pequeño sobre la soberbia de lo grande. Dios no escoge como morada el palacio imperial romano, sino una pesebrera perdida en la más infeliz de sus colonias. Y por mamá escoge entre las princesas de todos los reinos y principados, a una jovencita anónima de una pobre vereda de Nazaret. El Todopoderoso, el Creador y Señor del universo, optando por la humildad, la pobreza, la kenosis y la cruz. Una paradoja, un contrasentido, un absurdo.

Me gusta que los perdedores de la historia ganen. Que los olvidados se conviertan en protagonistas. Que los excluidos sean tenidos en cuenta. Que los que siempre han sido los últimos sean los primeros.  Estas lecciones se suceden de vez en cuando como para recordarnos a los que nos gusta siempre ganar, ser competitivos y exitosos, que la lógica de Dios es otra y que aprender el camino de la humildad es todo un sendero que hay que recorrer no siempre sobre ruedas y fácilmente.

Cuando los pequeños se crecen es Navidad, o es la fiesta de las velitas que precede a la Inmaculada Concepción, o es el triunfo de Cartagena sobre armadas invencibles, o es la derrota del tirano invasor en un vetusto puente boyacense, o de la ignominiosa cruz convertida en signo de salvación, o de la vida que triunfó sobre la muerte.  Para que no lo olvidemos nunca.

viernes, 18 de noviembre de 2022

Llegó el estrés

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Amigos: llegó el estrés de fin de año. Todo el mundo a correr. Pareciera que el mundo se va a acabar y puede ser que sí. En tal caso, me imagino que ese corre, corre, sería para presentar un balance positivo al Padre Eterno, porque aquí quedaría muy poco o nada.

Hablando en serio, unido al encanto del tiempo de Navidad con sus fiestas, celebraciones y también vacaciones, nunca he podido entender por qué a la par se da un fenómeno generalizado de estrés: hay que rendir cuentas, presentar balances con números en negro, entregar informes de gestión, cerrar procesos, concluir tareas pendientes, mejor dicho, un acelere infinito. Y yo creo que sí, que es importante cerrar ciclos, que hay que hacer cortes, que es importante y necesario realizar evaluaciones periódicas, pero eso no es sinónimo de juicio final sino de la dinámica misma de la vida y que, por tanto, no es para infartarse y morir en el intento, sino que de lo que se trata es mirar cómo van las cosas, felicitarnos o exigirnos, pero, igualmente, continuar adelante.

Y yo me pregunto si en todas las latitudes de este mundo, esta época se asume de la misma manera, con ansiedad, angustia y desesperación, como canta el bolero, o si es parte del paisaje y la rutina ordinaria. Alguna vez lo dije: ¿qué diferencia hay entre la noche del 31 de diciembre y la mañana del primero de enero fuera de cambiar la hoja del almanaque?, ¿Será la misma que existe entre el 30 de junio y el primero de julio, o es una cuestión anímica, mental, psicológica?

Por supuesto que es un asunto mental y se me dirá que es necesario y hasta saludable hacer esos cortes, tener esos cierres. Entonces, si es saludable, si es necesario, ¿para qué estresarse? Si las cosas se hacen bien desde el comienzo, si hay un cotidiano y constante esfuerzo, ¿cuál es la razón para somatizar y enfermarse? Claro, si no lo haces así, si dejas todo para última hora, si eres mediocre, apoltronado y perezoso, si te relajas cuando no debías hacerlo entonces, ahí sí, ¡a correr! Pasa como al estudiante vago que hizo locha todo el año y en el último periodo académico quiere aprobar el curso, o el equipo de fútbol que jugó con desgano y cuando se acerca el minuto 90 anhela que le den unos minutos de tiempo extra a ver si se hace el milagro de hacer un gol para empatar y no perder.

Entonces, pareciera ser también un tema cultural, de entorno organizacional, de cómo nos lo han enseñado a vivir. Y así, después de ese estrés, de ese desfogue de cansancio, de unas merecidas vacaciones, llega el nuevo año y… hay que volver a prender motores, arrancar de nuevo, comenzar otra vez. Por eso los tiempos muertos, cierres obligados, recesos ineludibles, bajones en el rendimiento y la productividad, ¿por qué? La verdad, no le encuentro sentido al estrés de estas épocas. Al menos de estrés extraordinario que pareciera de verdad el del fin del mundo… y, bueno, pues no quisiera que se acabara todavía, pero hay que decírselo al hijo de Putin para que no lo haga antes de tiempo, baje el estrés y deje a Ucrania en paz.

viernes, 24 de diciembre de 2021

La Navidad rompe paradigmas

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

Este acontecimiento que la humanidad celebra anualmente desde hace más de dos milenios tiene la proverbial propiedad de ser siempre antiguo y siempre nuevo. La Navidad tiene el encanto de seducirnos cada año y sorprendernos con nuevas resignificaciones. Este año, por ejemplo, he estado pensando que la Navidad desde su mismísimo origen ha roto muchos paradigmas.

Los dioses y las deidades ordinariamente reposan en sus cielos y olimpos y desde allí observan o controlan el devenir humano, siempre inferior en capacidades y poderes, y siempre sometido a reconocer la superioridad de estos seres. En el cristianismo se rompe este paradigma: el único Dios, omnipotente creador, no se queda apoltronado en su cielo mirando con indiferencia la “pobre humanidad, agobiada y doliente”, sino que decide encarnarse, haciéndose uno como nosotros. Ese fenómeno kenótico de humillación y abajamiento es inédito, pues se trata de abajarse para suscitar lo contrario: dignificar al ser humano elevando su condición lábil y finita.

Pero sorprende aún más que ese Dios, busque insertarse en nuestra historia, en un país venido a menos, en una provincia poco importante (¿de Galilea puede salir algo bueno?), en una vereda insignificante, escogiendo como padres una pareja de humildes campesinos que a duras penas pueden vivir con lo que tienen. Y ni siquiera puede tranquilamente nacer allí pues la pareja debe migrar al sur, donde no hay posada para ellos. Una pesebrera será su cuna, rodeados de animales y gente humilde. No hay palacio, no hay corte, no hay servidumbre, no hay nada.  Eso rompe nuestros usuales paradigmas respecto de donde debe nacer un príncipe.

La humilde mujer, de forma valiente, ha aceptado ser la madre de Dios. ¿Ha presumido de algo al saberse elegida?, ¿se siente obligada a ser atendida con especiales cuidados y prebendas? Nada. Se levanta, se pone en camino, corre presurosa a servir a su prima mayor embarazada seis meses antes, a esa pobre vieja que con desprecio llamaban estéril. Y con ese gesto se adelanta a lo que su hijo dirá luego de sí: no he venido a que me sirvan, sino a servir. Otro paradigma que se rompe para quienes esperan instalarse para ser atendidos y recibir toda clase de cuidados. María nos enseña a salir de nuestro propio amor para darnos a los demás.

Finalmente, de José, el carpintero, a quien homenajeamos este año de modo especial, también podremos decir que rompe paradigmas. Porque es padre por adopción y acepta ese rol con dignidad indescriptible, tentado de repudiar a su mujer por eventual infidelidad, sujeto de dudas y burlas, sin embargo, acepta su condición con altura, sin complejos. Renunciar al ego y la buena fama, rompe paradigmas en un mundo estresado por los rankings y los ratings de popularidad.

Les deseo una feliz y bendecida Navidad. Qué bueno celebrar el nacimiento en nuestro corazón de un Dios que rompe paradigmas, nos descoloca, nos mueve el piso y nos invita a construir un mundo mejor para todos.  ¡Abrazos!

Vigía: entre encantamientos y engañifas

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda

La ciencia, entendida como un cuerpo organizado de conocimiento, con leyes fijas y con capacidad de predictibilidad, ha ayudado a desvirtuar algunos de los mitos propios de la evolución humana. Pero irónicamente la tecnología, hija directa de la ciencia aplicada, nos ha traído hasta las redes sociales que son ahora el instrumento preferencial de los mistificadores de siempre, que existen desde antes de los egipcios.

De Santa a micro drones

La Navidad es propicia para hablar de encantamientos, de fantasías. El pesebre, el niño Dios, el árbol de Navidad, Papá Noel, Santa Claus viajando desde el Polo Norte en un trineo aéreo tirado por renos, Rudolf entre ellos, y entrando por una chimenea, etc… son mitos de esperanza y de fe religiosos a los cuales la NASA, que le sigue el plan de vuelo a Santa desde su iglú, aún no logra erradicar de nuestra cultura occidental judeocristiana. Y si bien los adultos sonreímos con esas narrativas, las mismas formaron parte de nuestro mundo infantil.

La doctrina de la conspiración reina hoy más que antes. Ahora se llama posverdad y su cadena de trasmisión son las redes sociales. Un ejemplo del encantamiento que manejan las redes sociales es la web de un joven que en 2017 creó “Los pájaros no son reales”, teoría conspiranóica según la cual las aves son mini drones diseñados para espiarnos y su popó es tecnología de rastreo en forma coloidal. Unos 350 mil seguidores están registrados en la página de esta gran broma. Y no mencionaremos aquí el caso de la pandemia del serial covid y su correspondiente sistema de vacunas. Cualquier papanatas difunde una especie por las redes y más de uno le da credibilidad como si fuera un nuevo sol que ilumina la historia. Aprendices de brujos o magos auto preparados en las artes del sofisma, convierten la realidad en una colcha de dudas, de incertidumbres. La verdad, entonces, descienda a un nivel de improbabilidad o por lo menos de sospecha y empieza a perderse en la oscuridad de alguna secta secreta que chupa la sangre de los niños, como se decía de los cristianos en los años de las catacumbas. Así de atávico es el entramado cerebral que facilita el implante de la maquinación.

Navidad izquierda

Pero el hechizo propio de diciembre es permanente en el mundo de la política por cuenta del comunismo, socialismo, progresismo, transhumanismo o como se quiera llamar. La fabricación del encantamiento es sencilla, conocida y efectiva: uno o varios mentirosos propalan ciertas “realidades” y convierten la verdad en duda. De ahí en adelante el proceso se desenvuelve auto dinámicamente. La izquierda política ofrece una permanente “Navidad” de paz, amor, miel, leche y felicidad. Sus voceros repiten fantasías de gratuidad e igualdad. Estas campañas fantasiosas calan especialmente entre jóvenes en búsqueda de novedades o entre personas incapaces o perezosas para razonar y argumentar. Coros de caras felices estilo Mao, se publicitan aplaudiendo el arribo del paraíso.

La Navidad pasa. Los pastores y el árbol vuelven a sus cajas y al depósito. La cuesta de enero nos aterriza y la brega en el mundo real, reinicia. En el caso del socialismo, el asunto no es diferente, solo que, en medio de los renovados hambre, violencia y desplazamiento forzado, los magos oportunistas siguen resonando en las redes anunciando estrellas salvadoras, posverdades irrebatibles, mientras los imbéciles, los ingenuos y los perversos de siempre caen en la reciclada miseria humana. Duro es entrar en la realidad de la cuaresma, pero más duro es continuar en el engaño, con el amargor de la realidad golpeándonos. Y así ha sido desde antes de las pirámides, repito.

El mundo y la vida humana se mueven entre ciclos litúrgicos e hipnosis políticas masivas, como las de Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela. Aquellos nos permiten soñar por un rato; estas nos condenan a décadas de tinieblas, frustraciones y propaganda mentirosa. Feliz y larga Navidad para mis amigos en Chile. Ho, ho, ho.

Y feliz Navidad para mis lectores a ambos lados de la frontera.

lunes, 13 de diciembre de 2021

Alumbrados navideños

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Recordar lo que era Medellín, hace varios años en la época de diciembre, genera nostalgia, y nos llena de tristeza. La otrora pujante ciudad la recorrí la noche de las velitas en poco tiempo, contrario a lo que ocurría antes que era lento el paso de los carros, no porque fueran muchos, sino porque apreciábamos la belleza de los alumbrados en cada casa del poblado, y a lo largo de la avenida hasta llegar a Envigado, las sedes de las empresas iluminadas, veíamos a la familia afuera conversando y a los niños evitando que se apagaran las velas. Los que estábamos recorriendo el camino en familia o con los amigos, disfrutábamos el paisaje y lo bello de la noche, y así trascurría el largo recorrido lleno de alegría en el que se percibía un ambiente de pujanza y alegría.

Con el paso de los años fue transformándose la forma de iluminar la ciudad y el río se convirtió en su epicentro, con alumbrados que evocaban la Navidad, los Reyes Magos, el pesebre, la decoración de los postes a lado y lado del río, que permitían la iluminación de este, con cambio de color y vivaces destellos que descrestaban a todos aquellos turistas que por esa época venían a la ciudad desde los municipios vecinos u otras ciudades para disfrutarlos caminando, comiendo, jugando, en fin. Ese paseo que se a través del río, y luego, en lo que es hoy el Parque del Río, era maravilloso y evocaba sentimientos alegres, girando todo alrededor de la familia y la Navidad.

Esa noche conversando en el recorrido, mirando las palmas, el centro de la ciudad, el río desde la macarena hasta la 30, la Avenida El Poblado y las casas apagadas nos fue entrando esa desazón que generan los cambios abruptos, sin sentido, que en vez de avanzar muestra un gran retroceso de ciudad y eso es lo que se sintió.

Dicen que la inversión fue grande, y así será el pago que se vendrá en la cuenta de los servicios públicos en los próximos meses del año 2022, pero no hay relación entre el valor de los alumbrados y el resultado, este mayor costo, es horrible, frente a lo que se ve en la ciudad.

De manera pues, que, si nos ponemos a mirar lo que ha ocurrido desde enero 1 de 2020 y diciembre 31 de este año, en Medellín, es decir en dos años de gobierno del alcalde, llegamos a la inevitable conclusión de que no solo han sido dos años perdidos, sino que el retroceso en la ciudad es mayor al tiempo de gobierno. Vamos por mal camino, estamos desandando el tiempo, la ciudad no es la misma, el orgullo antioqueño esta mermado, la pujanza de capa caída, las calles sucias, no se corta el césped, no se podan los jardines, el Jardín Botánico dejado al olvido, Ruta N, sin rumbo, el centro de la ciudad se convirtió en la vivienda cotidiana de los indigentes, la inseguridad crece, el buen comienzo se ve mal, EPM destrozada, llena de burocracia y mal gobierno, la triada entre educación, empresa privada y gobierno inexistente, secretarios en pugna con los ciudadanos, conflictos serios en el Concejo de la ciudad, un gobierno de Medellín, conformado con personas de otras ciudades, sin vínculos reales y sin sentido de pertenencia, en fin, el caos, esperando que no sea el principio del fin.

Afortunadamente el presidente Iván Duque intervino decididamente y evito lo que hubiera sido el descalabro social más grande en EPM, al lograr el pago del seguro y el mantenimiento del contrato con los actuales contratistas para que el proyecto hidroituango logre poner en marcha las dos primeras turbinas en junio del año entrante.

Así que, en este mes de diciembre, estamos añorando épocas pasadas, esperando que se logre rápidamente la definición de fecha y día para la votación de la revocatoria y lograr así evitar el caos total en Medellín.

Una feliz Navidad.

viernes, 25 de diciembre de 2020

Para olvidar, para recordar

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Como en todo balance, al final de un período, hay que mirar no solo los ingresos y sus posibles utilidades y ganancias, sino también los egresos y gastos con sus posibles pérdidas y déficits. Sobre este 2020, seguramente, las opiniones estarán divididas. Muchos dirán que es un año para olvidar, pero muchos otros dirán que será para recordar. Cada “uno habla de la feria según le fue en ella” y la vida es en realidad una carta de colores variopintos. No todo es negro, no todo es blanco.

Para olvidar, dirán muchos, un año que frenó en seco el ritmo frenético de la humanidad obligándola a confinarse durante meses, aislándose, tomando distancia, insistiendo en la constante desinfección y lavado de manos con jabón, geles y alcohol, uso de tapabocas y mascarillas, en fin, una inédita dinámica aséptica que ayudó a la mayoría pero que por despreciarla otros significó su contagio.

Para olvidar, dirán capitalistas emergentes, un año que significó el cierre definitivo de sus emprendimientos y negocios, quebrar económicamente y quedar endeudados, mirando atónitos como las bolsas de valores, cual montaña rusa, subían y bajaban junto con sus ahorros e inversiones. A la par, un 21% de los trabajadores que perdieron su empleo quedando literalmente a la deriva, sin salud y seguridad social. Y qué decir de los más pobres entre los pobres, excluidos y vulnerados, que llegaron al tope de la miseria.

Para olvidar, la tragedia de quienes con impotencia vieron morir familiares y amigos víctimas de la pandemia no pudiendo despedirse de ellos, ni tener exequias, ni hacer el duelo. Algunos con su complejo de culpa por haberlos infectado, atormentados emocionalmente por la situación, psicológicamente afectados por un ritmo de vida que no fue vida, sin poder verse, sin poder darse un abrazo o siquiera un estrechón de manos, no tener espacios para la diversión y el encuentro.

Sin embargo, para otros, a pesar de lo padecido por todos, fue el año de las oportunidades, de los retos, la innovación y la creatividad. La situación los obligó a desinstalarse de sus zonas de confort y a abrir brechas en campos inexplorados, hacer experimentos genuinos y buscar alternativas de solución ante los nuevos retos. El mundo de la virtualidad, lo digital, lo tecnológico, tuvo un desarrollo exponencial. Las ciencias de la salud y la investigación científica aceleraron sus trabajos para detener en tiempo récord la expansión del covid-19 con vacunas que, simultáneamente salvando muchas vidas, harán multimillonarios a las farmacéuticas que las inventaron.

Muchos recordarán el año también porque pasaron cosas buenas en sus vidas: encontraron el amor de su vida, les nació un hijo con todo lo que significa de ilusión y esperanza; o finalizaron sus estudios y se hicieron profesionales; o sus negocios, paradójicamente tuvieron un auge inesperado. A través de encuentros, clases, reuniones y juntas virtuales, se implementaron nuevos métodos de trabajo, se ahorraron costos, se aprovechó mejor el tiempo y precisamente hubo más tiempo para estar en familia y dedicar más tiempo a los hijos. Se desarrollaron habilidades y destrezas obligados por las circunstancias y se puso en evidencia qué era esencial e importante y qué no tanto.  En fin… un año para pasar la página y olvidar en muchos aspectos, pero también para recordar porque fuimos protagonistas de un singular momento histórico que la humanidad nunca olvidará.

El año 2021, lo sabemos, traerá consigo nuevos retos, nuevos desafíos. Les deseo lo mejor: muchas felicidades, pero, sobre todo, muchas bendiciones del Señor para ustedes y los suyos. Siempre de la mano de Dios nos irá bien y como canta el salmo 22/23, así pasemos por cañadas oscuras, no hay que temer, porque Él va con nosotros y su vara y su cayado nos sosiega. ¡Feliz año!

viernes, 18 de diciembre de 2020

Navidad rima con responsabilidad

 Por José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón
Muchos creen que con el descubrimiento de las vacunas la pandemia se acabó. No señores. El asunto continúa, y por ese relajamiento en los cuidados, podemos tener una segunda oleada de contagios masivos que pueden resultar letales. Es verdad que estas fiestas decembrinas son una ocasión feliz para escaparse del confinamiento prolongado, oxigenarse, distensionarse y prepararse para un año nuevo, que todos lo queremos mejor y distinto, pero esas  no son razones para abusar.  Está comprobado que hemos sido juiciosos con las normas básicas de bioseguridad cuando estamos en la calle o con extraños, pero, igualmente, que las hacemos a un lado cuando estamos en reuniones familiares y de amigos. Ha sido precisamente en esos espacios donde el virus hace de las suyas.

La normalidad que anhelamos debe ser vivida con responsabilidad. Es cierto que por salud mental debemos seguir adelante, pero esto implica auto cuidado en todos los aspectos: alimentación balanceada, ejercicio físico, una tarea que nos ocupe, necesario descanso, espiritualidad que ayude a dar sentido, afectos que conforten, esto es, una vida bien vivida. Los profesionales de las ciencias de la salud nos han hecho caer en cuenta que el virus hace mella, no solo en personas que poseen las famosas comorbilidades (diabetes, inmunodepresión, problemas cardiovasculares) sino también en aquellas con afecciones mentales, sin mayor calidad de vida y que no manifiestan razones o motivos para proseguir su existencia.

 

Navidad es un tiempo excepcional para estar más cerca de los seres queridos, para compartir nuestros ritos familiares de encuentro alrededor de las tradicionales novenas, gastronomías locales y celebraciones familiares, para alimentar la alegría y la esperanza de los niños que recién comienzan sus vidas; es decir, para expresarnos el afecto unos a otros de muy diversas maneras: una llamada, un regalo, una tarjeta de saludo, una visita. Por eso mismo, porque nos queremos tanto, tenemos que ser responsables y muy juiciosos. Con la mejor voluntad, sin malicia, podemos convertirnos en vectores propagadores del COVID. Casos dolorosos hemos visto como para volver a repetir la historia.

 

Personalmente quiero desearle a todos y cada uno de ustedes y a los suyos, una feliz Navidad. Quizás suene a manida frase de cajón, pero en realidad encierra profundos sentimientos de gratitud por estar siempre ahí, haciendo eco de mis reflexiones en voz alta o sencillamente sacando unos minutos para leerme y concordar o discordar en respetuoso silencio. Que el Dios de la vida, que quiso hacerse uno como nosotros y por ende frágil y vulnerable, nos de la fé y las fuerzas necesarias para seguir adelante. Hay muchas razones para seguir viviendo. Qué más que seguir anunciando su Buena Nueva en un mundo patas arriba, distraído en banalidades, desorientado y sin sentido, una humanidad más espiritual y menos consumista, como acaba de decir Francisco. Dios los bendiga y cuídense mucho, pues solo haciéndolo, colaboran a que el proyecto de Jesús pueda hacerse realidad. ¡Tenemos mucho por hacer! ¡Feliz Navidad con responsabilidad!

lunes, 7 de diciembre de 2020

Navidad

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Cada año, por esta misma época, celebramos la Navidad, que no es otra cosa que una festividad religiosa, que se celebra el 25 de diciembre en conmemoración del nacimiento de Jesús, por tanto, es una festividad cristiana, acogida por los pueblos católicos del mundo y que conlleva alegría, bienaventuranza, alumbrados y toda una actividad relacionada con ella. Recordamos los villancicos que cantábamos todos desde el 16 de diciembre en las Novenas de Aguinaldo o desde antes cuando las mamás de esa época nos hacían escuchar toda esa música alegre, linda y que hoy se nos vuelve nostálgica.

El fervor religioso está latente en el corazón de nuestra sociedad, en las familias y aun en el comercio, que aprovecha estas festividades para mejorar, incrementar y compensar los días y meses del año, porque es una época donde se dan aguinaldos ‒aunque hoy menos que antes‒, donde estrenan los miembros de la familia ‒hoy quién sabe‒, y donde se disfrutan de vacaciones colectivas en las empresas ‒hoy no será así y continuará el trabajo en casa‒. Los hijos están fatigados de estar con limitaciones en su movilidad, los que se graduaron, tristes por no tener la ceremonia de grado; este de 2020, es un mes que tiene más tristeza y nostalgia que cualquier otro.

Por ello, considero necesario reflexionar un poco sobre lo que nos sucedió este año, que para ningún ser humano ha sido fácil. En eso estamos todos igualados, las dificultades no tienen preferencia y para el que tiene mucho o para el que tiene poco, guardando las proporciones, han sido iguales. Unos por mantener el empleo o la fuente de ingreso propia y los otros por mantener viva la empresa, pagar sueldos, endeudarse, en fin, seguir creyendo en el futuro. Hasta las Iglesias de todo tipo, vale decir de cualquier religión, han sufrido igual los rigores de la pandemia, con cierres y alejamiento de los fieles. En el deporte, los establecimientos abiertos al público, almacenes y restaurantes, se ha sentido el rigor de la ausencia de los compradores y comensales. Nadie, y lo reitero, se escapó de sufrir los rigores de este virus que nos quiere acabar.

Tristeza tengo, han fallecido más de 60 conocidos míos en el territorio nacional, es demasiado porque no alcanza uno a recuperarse de la de uno y llega la noticia del otro. Es día a día vivir la incertidumbre, pero queda el recuerdo, lo vivido y la esperanza.

Han cambiado bruscamente las formas habituales de la vida, ahora sin duda alguna regresamos a un pasado lejano que era el de regocijarnos con nuestras familias, conversar al lado de un buen café, recordar tiempos, almorzar y comer juntos, hablar de historia de los abuelos, anécdotas que me parece han enriquecido a nuestros hijos. Ellos ven hoy nuestra historia y la de los antepasados más cercana, se sienten arropados por la familia, les gusta llegar a la cama de los padres como hacíamos nosotros y conversar o ver series juntos, comentarlas y dormir tranquilos al lado de sus padres.

Hoy los trabajadores colombianos, agradecen, valoran y respetan la posibilidad de tener un trabajo digno, que permita llevar el sustento a la familia y tener algunos pequeños gustos y disfrutes de las cosas que desean y se requieren. Eso para mí ha sido magnífico vivirlo, escuchar a la gente dando gracias a Dios por el ingreso, por tener la posibilidad de no perderlo, y entregando de sí todo para que la empresa salga adelante. Es increíble, cambio total de actitud, obviamente no en todos porque siempre ha habido miles de personas que agradecen tener empleo y lo disfrutan. Me refiero a los que renegaban, hoy no lo hacen, ven el esfuerzo de sus empleadores, sorteando matojos sin bajar la guardia. Eso es un cambio total, que espero no se olvide y que cada día que pase lo recuerden, enseñen a sus hijos esa lección y continúen aportando su grano de arena.

Como ven, estamos en Navidad, disfrutando de ella, reflexionando sobre lo malo y lo bueno que nos ha sucedido este año. Lo recordaremos por el sufrimiento, la angustia y el sentirnos realmente como somos, y como diría el poeta “leves briznas al viento y al azar”.

En nombre del equipo de El Pensamiento al Aire les deseamos una feliz Navidad, que la disfruten y gocen como si fuese la última y agradecemos el habernos acogido en sus hogares con nuestro contenido.

Feliz Navidad.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Creer en Dios


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Hoy 25 de diciembre de 2019, es el día preciso para revisar nuestra relación con Dios, con nuestras familias, con nuestros amigos y con todos nuestros semejantes.

Consultados los científicos y pensadores sobre la creación, en su gran mayoría coinciden en la existencia de un ser absolutamente superior, un solo Dios verdadero, que con toda perfección creó cielo y tierra, rematando con la creación a su imagen y semejanza, de nosotros los humanos, para que nos sirviéramos de su creación.

Y nos hemos servido tanto que ya nos hemos hecho daño individualmente y hemos afectado la tierra, porque abusamos de todo al no comportarnos en la forma como Jesucristo nos enseñó y consta en la Santa Biblia.

Afortunadamente Dios nunca nos abandona, siempre está para nosotros, así nosotros no estemos para Él, porque equivocadamente preferimos, confundidos, los mal llamados placeres de la vida, que en última instancia nos causan sufrimiento, dolor, arrepentimiento, cuando los verdaderos placeres de la vida son realmente los que nos causan paz, tranquilidad y fuerzas para seguir adelante.

Creemos que lo mejor es lo que nos causa bienestares o alegrías transitorias, los vicios, el dinero, el sexo, cuando lo verdaderamente importante es lo que nos causa bienestares y satisfacciones permanentes, vida sana, mente sana, cuerpo sano, solidaridad, paz, tranquilidad y fuerza para afrontar las dificultades.

Definitivamente las malas influencias, las malas tentaciones, si no somos capaces de vencerlas, solo nos traen problemas, dolor, insatisfacción y lo peor, rabia con nosotros mismos y con nuestros semejantes.

Aprovechemos la celebración del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo para retomar el sendero de una vida nueva, sana, al servicio de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestros semejantes; reafirmemos nuestro agradecimiento con Dios nuestro creador, reafirmemos con nuestro comportamiento, que nunca nos separaremos de él, que sus enseñanzas, por difícil que sea, serán nuestro código de comportamiento y los resultados serán de bienestar verdadero, individual y colectivo.

Para todos(as) mis lectores y sus familias, una feliz y verdadera Navidad, para un feliz y verdadero 2020.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Feliz Navidad y feliz 2020


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
El Pensamiento al Aire, sus columnistas, el grupo humano de marketing digital, prensa, dirección de programas, colaboradores y productor general, les deseamos una feliz Navidad y un buen 2020, y además, agradecemos la buena acogida que nos han venido dando desde hace varios años.

Somos conscientes de que las actividades y el desarrollo de ideas, si se hacen con pasión, con respeto por los demás, y como una afición, tarde que temprano van dando resultado y consolidando todo un proyecto de vida.

Hoy vale la pena recordar cómo un simple deseo expresado en el año 2013 permitió desarrollar un blog, en el cual inicialmente escribía solo yo, y al que fui invitando personajes de relevancia en la vida nacional. Así se fueron uniendo valiosos seres humanos a los cuales les tengo reconocimiento y agradecimiento por acompañarme con el único interés de expresar sus ideas, preocupaciones, angustias e ilusiones sobre Colombia y su viabilidad futura.

Los columnistas son de diferentes tendencias, unos de derecha, otros de centro, otros sin tendencia marcada; educadores, militares, empresarios, religiosos y sobre todo amigos que llevo en el alma, quienes, a pesar de las diferencias, nos respetamos, valoramos y tenemos la escritura como una forma de sacar a la luz pública mensajes, sueños y esperanzas.

También debo recordar en esta Navidad como esos mismos columnistas y colaboradores, que apoyan y me acompañan, sienten como una bendición el poder haber contribuido a que nosotros nos entendamos más, nos conozcamos con mayor profundidad y comprendamos que no tenemos otra ilusión que hacer mejor la convivencia ciudadana, construyendo un mejor país, desde nuestro pequeño mundo.

Con los años avanzamos y pasamos a tener el programa en televisión, gracias a una persona que creyó en mis posibilidades de conductor, insistió, persistió hasta que me convenció y así estuvimos en Tele Medellín, CNC, Eduvisión y luego, desde marzo de este 2019, iniciamos una aventura en el entorno digital… con canal propio enmarcamos un nuevo propósito y estamos felices de cumplir en diez meses objetivos que teníamos previstos cumplir en años posteriores. Todo ello, porque nos rodean bellas energías, sin egoísmo, sin envidia, todos caminando juntos por el sendero del humanismo, la alegría y el crecimiento individual y personal.

Por último, el espacio que nos faltaba copar fue la radio, al cual llegamos también por Próspero Posada, ese amigo persistente que creyó en estos proyectos. Llevamos dos programas que desarrollamos el mismo Próspero, Julio González Villa y yo. Hablamos de historia, de política y de temas sociales, pero sobre todo buscamos hablar de cómo mejorar las condiciones de vida de nuestra gente, cuarenta y seis millones de personas que requieren ayuda, que tienen también ilusiones y que debemos buscar la forma de satisfacerlas.

Gracias a todos los entrevistados que facilitan nuestro objetivo porque sin ellos no tendríamos programa; nos enseñan y nos hacen ver el mundo desde cada trabajo que realizan. A mí personalmente el conocerlos y conversar con ellos me ha dado una inmensa alegría. La forma en que muestran su actividad, cómo se expresan, el conocimiento que irradian nos permite apreciar sin duda alguna el amor que cada uno despliega en su diario vivir. A ellos un abrazo de parte del Pensamiento al Aire.

Esta Navidad es para mí no solo la celebración del nacimiento de Jesús, sino la oportunidad magnifica de dar gracias a Dios por las inmensas bendiciones que nos da, por entender que el verdadero camino es el amar y servir sin esperar reciprocidad. Por ello, hoy 23 de diciembre, agradezco a todos aquellos que me han acompañado, y a ustedes que nos leen, ven y escuchan, cada día. Valoro el que por un momento nos dediquen tiempo y que les sirva para tener una buena vida familiar, un agradable espacio en el trabajo y buenos amigos que le acompañen en sus ilusiones y tristezas.

Feliz Navidad y un próspero 2020.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Lo que el dinero no puede comprar


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Conteras
Nos han metido en la cabeza que, si no tenemos dinero, no podemos ser felices, porque con dinero se hace lo que se quiere, se compra lo que sea, y como si fuera poco, se vuelve irresistiblemente seductor. El dinero es el “ábrete sésamo” que todo lo consigue. Sin dinero no somos nada. Sin embargo, y para decirlo de una vez, no hay nada más contrario al espíritu de este tiempo de Navidad que el dinero. Por supuesto que suena contradictorio, porque es precisamente en estos días cuanto más dinero se mueve y donde la sociedad de consumo muestra su máximo esplendor.

Eso lo sabemos todos, pero todos hacemos caso omiso de tan preciada sabiduría: el Creador, dueño y señor de todas las cosas, el todopoderoso, para hacerse uno como nosotros, renunció a todo ese poder y magnificencia y desde la miseria extrema de su nacimiento hasta su escandalosa muerte en cruz, nos decepcionó optando por ser pobre y humilde. Como quien dice, su absurda propuesta va en franca contravía a los más respetados paradigmas que nos hemos inventado, al más precioso becerro de oro que hemos construido.

Perdónenme desciendo de tan trascendentales reflexiones a los banales casos donde el dinero se muestra como un dios cada vez más popular e imprescindible. Imagínense mis queridos amigos que, si tenemos dinero, nos han dicho que ya no tendremos pico y placa. Con dinero pagamos el derecho a movilizarnos en nuestro auto todos los días por las congestionadas vías capitalinas. Lo que no podemos comprar es que se arregle la movilidad. Se pondrá peor, pero gozaremos de la vana ilusión de haber pagado el podernos mover en nuestra “limusina” privada sin tener que untarnos de pueblo en Transmilenio. Toda esa turba ahora aumentará el tiempo para llegar al trabajo o la casa, gracias a tan colosal, por no decir estúpida, iniciativa del gobierno local. En lugar de mejorar el transporte masivo, exacerba el caos vehicular. ¡Son unos genios!

No sufra, me dirán, coja taxi. Y va a ver uno y de las varias aplicaciones que había, hubo una que con plata logró comprar las otras y nos dejó sin opciones. Esa es la típica estrategia del mercado capitalista, el monopolio. Entonces, si quiero un servicio, pido el taxi, pero si lo pido normal es probable que me gaste mucho tiempo sin lograr que un chofer compadecido con esta humanidad agobiada y doliente venga a recogerme, pero si tengo dinero y ofrezco propina, qué curioso, resulta que en la zona abundan los taxis y todos están disponibles. Como quien dice, usted con la plata hace bailar el perro. Si tiene plata de más, tiene su taxi.

Y si quiere ir en avión, se han inventado las aerolíneas dizque a precios muy módicos con los que puede viajar en el último puesto, junto al baño trasero. Pero no se preocupe, si quiere ir en el penúltimo puesto puede pagar tan deseado beneficio por una suma adicional. Y si quiere agua, añada otro poquito, y si lleva otra maleta, pague de más. Al final, quedamos con las tarifas de antes, pero nos queda la hedónica satisfacción de haber hecho valer nuestro dinero.

Y bueno, no quería meterle política al asunto, pero no olvidemos que si usted tiene platica, usted podrá evitarse la merecida mazmorra y obtener a cambio su casa como cárcel. Pague platica y le dan libertad condicional. Pague platica y podrá tener un bufete de abogados especializados en asesorar delincuentes. Si tiene platica usted puede mover cielo y tierra y lograr que las leyes cambien para su beneficio. Con dinero usted lava fachadas y deja de ser un despreciable y vulgar delincuente para convertirse en todo un señor ladrón de cuello blanco. Por el dinero que todo lo corrompe, usted deja caer edificios y puentes, puede robarse vías u otras obras de infraestructura, comprar congresistas para que voten a su favor; ganar licitaciones, comprar árbitros y jueces y hubo un tiempo en que hasta el cielo mismo podría ganarse pagando indulgencias… ¡qué tal!

Sin embargo, y como dice la canción, “ni se compra, ni se vende… no hay en el mundo dinero para comprar los quereres…” usted podrá comprar muchas cosas, pero, finalmente, no lo esencial y más importante: el amor, la salud, la verdad, la honestidad, la amistad verdadera, la paz, la tranquilidad de conciencia… la felicidad.  Es entonces y sólo entonces, después de habernos desencantado de que el dinero no todo lo puede comprar, cuando recordamos que “lo esencial es invisible a los ojos” y caemos en la cuenta de que, si el mismísimo Dios despreció el estiércol del diablo, ése que se entra por el bolsillo, al decir de Francisco, razones tendría y por algo sería. Entonces y sólo entonces, podremos comprender el genuino espíritu de la Navidad, ese espíritu que nos ofrece la sincera alegría y la auténtica felicidad. Sólo entonces.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Hacia una ética mundial

Por José Leonardo Rincón,S.J.*

José Leonardo Rincón
Vengo reflexionando sobre el fenómeno global que estamos viviendo, en medio de este cambio epocal, cada vez más evidente, que nos sumerge en la posmodernidad. Más que estresarse ante los caos que se presentan históricamente en este tipo de coyunturas, habría que ver más bien las sensatas  estrategias para responder a sus retos.

Leyendo al teólogo Alemán Hans Küng en su obra “Ética mundial en América Latina” (Cfr. Editorial Trotta, Madrid, 2008) encuentro que se recogen los grandes elementos que hacen parte de lo que él llama la “Declaración de una ética mundial”. 

Parte Küng de la constatación de la crisis de alcance radical que experimenta el mundo, pues permea todas las situaciones de la vida del hombre haciéndola más compleja y difícil.  Se lamenta que en ese escenario las religiones inciten al fanatismo, los odios y también la violencia.  Por eso se postula un consenso básico en torno a valores vinculantes, criterios inalterables y actitudes morales fundamentales.

En este camino de adviento, como preparación para la navidad, sin dar el brazo a torcer en la conciencia crítica a la que no podemos renunciar, indignado por la actitud indolente e indiferente de muchos que no ven más allá de sus propias narices, pero también buscando ser propositivos y constructivos, identificado con la propuesta que nos hace Küng: 


  1. No es posible un nuevo orden mundial sin una ética mundial: y todos somos responsables de esa tarea, para ello contamos con un bagaje espiritual y religioso grande que puede hacer frente a las tensiones étnicas, nacionalistas, sociales, económicas y religiosas. Se necesita entonces una visión de la convivencia pacífica.
  2. La condición básica es que todo ser humano reciba un trato humano: se apela a los seres humanos de buena voluntad para encontrar lo que nos es común, partiendo de la conciencia de la dignidad inviolable que se posee y la necesidad de transformación del corazón con una renovación espiritual que invite a hacer el bien y evitar el mal. De ahí la regla de oro: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.
  3. Se presentan cuatro orientaciones inalterables: el compromiso a favor de una cultura de la no violencia y el respeto a la vida; el compromiso a favor de una cultura de la solidaridad y de un orden económico justo; el compromiso a favor de una cultura de la tolerancia y un estilo de vida honrada y veraz; el compromiso a favor de una cultura de la igualdad y de respeto y cercanía entre hombre y mujer.
  4. Ese cambio esperado a nivel mundial no es posible en tanto no haya un cambio de mentalidad y una conversión de corazón tanto en la persona como en la colectividad.  Es verdad que no es fácil un consenso en cuestiones éticas concretas cuando muchas de ellas están en discusión (bioética, ética sexual, ética en los medios de comunicación, la ciencia, la economía y la política).  Pero es verdad que muchas profesiones han ido elaborando exitosamente sus propios códigos de ética y de ello nos felicitamos.  Finalmente, las diversas religiones pueden contar con una ética más específica.  La invitación es a todos los seres humanos, religiosos o no, a apoyar esta causa.
Los mínimos éticos hoy más que nunca se hacen necesarios y eso se construye desde el hogar, desde la escuela, desde la sociedad, los tres. El mejor fruto de esta crisis estructural de la sociedad y de su sistema económico sería un replanteamiento de fondo para enlistar y poner en práctica los valores básicos esenciales que nos deben movilizar. El acuerdo sobre lo fundamental nos puede ayudar a repensarnos y re-crearnos, buscando un mejor futuro.  Es utopía pero también es posible acercarnos a ella. Solo se necesita buena voluntad y es a esos seres humanos a los que se dirige el mensaje de navidad: gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.