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viernes, 2 de enero de 2026

Lo que nos depara el 2026

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Nos brinda este descanso de Año Nuevo la posibilidad de reflexionar con tranquilidad sobre la actualidad que vivimos y las perspectivas que nos aguardan para el año venidero.

No hay la menor duda de que el panorama político colombiano, tan confuso y mutante en el año que termina, se ha aclarado con base en las siguientes situaciones:

1. Los descalabros del régimen, nacidos de su propia torpeza, han generado un descontento generalizado que toca hasta su más elevada dirigencia. Ya no existe unanimidad en los partidos de la coalición de Gobierno, ni entre sus más connotados líderes, ni siquiera en el Consejo de ministros. Las ansias de continuar en el poder han develado toda la codicia y la falta de escrúpulos que han caracterizado a quienes ejercen el poder.

2. El entorno geopolítico se ha tornado en poderoso obstáculo para la continuidad de la extrema izquierda en el gobierno. Las recientes elecciones en América Latina evidencian una imparable tendencia contraria a los regímenes socialistas, progresistas o comunistas y un retorno a la democracia respetuosa del orden y del estado de derecho. No será fácil para Petro sustraerse a esa hecatombe de la extrema izquierda, teniendo en cuenta los profundos cambios en la política norteamericana bajo la administración Trump y el blindaje que el tirano ha proporcionado al sucio negocio de la coca y su estrecha conexión con el cabecilla del cartel de los soles, Nicolás Mauro.

3. Después de 3 años y medio de incumplimiento de las promesas esgrimidas por Petro para obtener el favor de sus electores, muchos de estos están viviendo la frustración de las esperanzas de cambio prometidas. No es una afirmación gratuita, pues se ha visto refrendada en las escuálidas marchas de apoyo al Gobierno o a sus proyectos, a pesar de los millones de pesos gastados en su promoción y en el pago a los asistentes. Por el contrario, el clamoroso grito “fuera, Petro” se ha escuchado en eventos deportivos, conciertos y reuniones masivas por todo el territorio nacional.

4. La multitud de aspirantes a la presidencia, como era de esperar, se redujo sustancialmente, pues no todos lograron el mínimo de firmas para registrar su aspiración y otros aceptaron sus escasas posibilidades.

5. Después de una larga e insistente convocatoria a los aspirantes autodenominados de “centro” o de “centro derecha” para que se unieran en una consulta para definir un solo candidato que se opusiera con posibilidades de éxito al escogido por la consulta de la extrema izquierda, Iván Cepeda, dicho llamado fracasó estruendosamente pues triunfaron las personales ambiciones de los aspirantes sobre los intereses superiores de la Patria. De paso, la elección de candidatos en representación de los partidos ha dejado consecuencias no deseadas. (Ejemplo: El zafarrancho que ha vivido el Centro Democrático). Otros partidos como Cambio Radical, Partido Liberal y Partido Conservador, se han abstenido de participar en esa consulta.

6. Mientras los precandidatos sobrevivientes se enzarzan en pequeñas batallas puramente electoreras y en las más bajas artimañas para alcanzar la categoría de verdaderas opciones a la hora de elegir, surgió el fenómeno político de Abelardo de la Espriella, candidato independiente de las viejas estructuras políticas y contundente opositor al régimen “narco-comunista” de Petro. Con un lenguaje claro y una apelación directa a las masas inconformes de todos los sectores opuestos al régimen, ha sido capaz de construir en tiempo récord una impresionante movilización de carácter popular que marcha con decisión y con inusitado fervor hacia la victoria. Su generosa propuesta de unirse, incondicionalmente y sin vetos para nadie, con los demás candidatos que se dicen de “oposición” fue ignorada por quienes pregonaban estar a favor de la “unión”. No faltaron quienes lo vetaron para participar en sus oscuros conciliábulos a los que sí han concurrido aspirantes sin fuerza en las encuestas, a quienes llaman “los unos”, pues no lograron pasar del 1 % en la favorabilidad de las gentes. Otros de los partícipes en este remedo de unión pretenden suplir la carencia del apoyo popular con mordaces críticas a Abelardo a las que este sólo ha respondido con altura manifestando que sólo reconoce como enemigos a Petro y sus secuaces.

Este es, en resumen, el escenario que se presenta en este final de año. Cuánto daría por poder desear a todos un feliz Año Nuevo, pero ello no será posible conseguirlo antes del segundo semestre, cuando hayamos erradicado del país la ponzoña del régimen narco-comunista y aplastado electoralmente a Petro y sus compinches tanto en las presidenciales como en la elección para Congreso.

Lo único que podemos augurar para el primer semestre es, como lo prometió Churchill en su gesta contra el nazismo: Sangre, sudor y lágrimas”.

Petro, en su caída, se tornará cada vez más peligroso permitiendo, como ya lo observamos, un incremento del terrorismo en todas las regiones del país y falta de garantías a los candidatos de la oposición para adelantar su campaña.

Junto con el caos de inseguridad, se propone el tirano generar un caos económico, es decir, la quiebra de la Nación, a través de la emergencia económica, el aumento exagerado del salario mínimo, la contratación irregular de un crédito por 23 billones de pesos y la continuidad del derroche en el gasto público para engordar la burocracia y comprar el triunfo electoral.

Tendremos que luchar contra la abstención de quienes todavía se niegan a creer que de estas elecciones dependen la permanencia del sistema democrático, la libertad y la viabilidad de Colombia como estado independiente. A todos nosotros corresponde trabajar contra esa peligrosa abstención. No pensemos que la vieja clase política lo va a hacer por nosotros.

Con patriotismo, con coraje, con fervor, como lo están demostrando los “defensores de la Patria” que se han impuesto voluntariamente la tarea de salvar a Colombia, tendremos que luchar, cada uno desde su lugar en la sociedad, desde su región, para que la candidatura del pueblo, la de Abelardo de la Espriella, se imponga sobradamente en la primera vuelta sobre el ignominioso régimen y sobre los tibios que ahora se presentan como “opositores” para captar el apoyo de los indecisos.

Más de 5 000 000 de firmas son un mandato que ha recibido Abelardo para salvar a Colombia. Unámonos a esta noble causa. No permitamos que nuestro voto o el de nuestros amigos se pierda en la abstención o vaya al tarro de la basura votando por quienes no tienen la talla, ni el coraje ni la capacidad política para erradicar de Colombia el Gobierno de la mentira y del crimen.

Invoquemos la ayuda de Dios Nuestro Señor, quien todo lo puede y acude en auxilio de quienes con fe y humildad pedimos su misericordia. Con la esperanza puesta en su divina presencia despedimos este período de sufrimiento y colocamos en sus manos nuestro destino y el de nuestra Nación.

jueves, 9 de enero de 2025

De cara al porvenir: el optimismo

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Ahora que se inicia un nuevo año, algunos ven el cambio de calendario como una feliz oportunidad de redespegue y un nuevo inicio que no tiene en cuenta las circunstancias o eventos que han tenido y tienen vigencia hasta terminar el año que finaliza, partiendo de una postura ingenua y optimista de que las cosas van a cambiar porque “año nuevo, vida nueva”, lo cual no necesariamente es así, al reconocer de manera objetiva la inercia de los acontecimientos que están vigentes y los que se han venido incubando.

Apoyados en Wikipedia, traemos a colación la precisión de algunos términos y conceptos que nos ayudarán a poner los pies sobre la tierra.

“El optimismo, al igual que la esperanza, es la doctrina y la disposición de espíritu que aguarda lo mejor y lo más positivo de todo en psicología, ética y filosofía. Se considera en estos ámbitos como corriente opuesta al pesimismo.

El término deriva del latín optimum, que significa "lo mejor". Ser optimista, en el sentido típico de la palabra, es esperar el mejor resultado posible de una situación determinada. En psicología se suele denominar optimismo disposicional. Refleja la creencia de que las condiciones futuras irán a mejor. Como rasgo, fomenta la resiliencia ante el estrés.

Las teorías del optimismo incluyen modelos disposicionales y modelos de estilo explicativo. Se han desarrollado métodos para medir el optimismo dentro de estos dos enfoques teóricos, como diversas formas de la Prueba de Orientación Vital para la definición disposicional original del optimismo y el Cuestionario de Estilo Atribucional diseñado para probar el optimismo en términos de estilo explicativo.

La variación en el optimismo entre las personas es algo heredable y refleja en cierto grado un rasgo biológico. El optimismo de una persona también está influido por factores ambientales, incluido el entorno familiar, y puede ser aprendible.

Historia

La palabra optimismo proviene del latín "optimum": "lo mejor". El término fue usado por primera vez para referirse a la doctrina sostenida por el filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz en su obra Ensayos de Teodicea sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal (Ámsterdam, 1710), según la cual el mundo en el que vivimos es el mejor de los mundos posibles. Una postura parecida es sostenida con distintos matices por los filósofos William Godwin, Ralph Waldo Emerson y Friedrich Nietzsche. Por otra parte, el espíritu de algunos movimientos espirituales, como el Renacimiento y la Ilustración, fue identificado como optimista y lleno de fe en el hombre y sus posibilidades, frente a épocas opuestas y pesimistas como la Edad Media y el Barroco.

Comúnmente se cree que Voltaire fue el primero en usar la palabra en 1759, como subtítulo a su cuento filosófico Cándido (en el que se burla en casi cada página de la idea de Leibniz). Ciertamente Voltaire fue el primer personaje famoso que usó aquella palabra en el siglo XVIII y quizá también el que la popularizó; no fue, sin embargo, su inventor. El término "optimismo" aparece por primera vez, en francés (“optimisme”), en una reseña de la Teodicea publicada en la revista de los jesuitas franceses Journal de Trévoux (núm. 37), en 1737. En ese mismo año, el filósofo y matemático suizo Jean-Pierre de Crousaz repitió la palabra en un examen crítico del Ensayo sobre el hombre de Alexander Pope. Aquellos primeros usos, como el posterior de Voltaire, fueron burlones. En 1752, el Dictionnaire universel de Trévoux aprueba el término; diez años después, la academia francesa lo incluye por primera vez en su Dictionnaire. El término es usado por primera vez en inglés ("optimismo") en 1743 por el británico William Warburton, en una respuesta al examen de Crousaz arriba mencionado. Por su parte, los primeros en usar el término en alemán ("Optimismus") fueron Gotthold Ephraim Lessing y Moses Mendelssohn, en su escrito Pope: ¡un metafísico! de 1755.

De manera contraria, el pesimismo es una actitud mental en la que se anticipa un resultado indeseable de una situación dada. Los pesimistas tienden a centrarse en los aspectos negativos de la vida en general.

Por su parte la ingenuidad es la condición o personalidad del ingenuo (del latín ingenuus, traducible por natural, indígena, libre de nacimiento, lo que se identificaba históricamente con la condición del hombre libre por contraposición al siervo, o en algunos casos con la condición de nobleza).

Indica ausencia o falta de malicia y de experiencia, una deficiente comprensión o inteligencia y la ausencia de sofisticación; así como presencia de sinceridad, inocencia, sencillez, candor, pureza o candidez (como reflejan los tipos literarios de Cándido, fijado por Voltaire, o de la ingenua).

De igual manera la candidez es un rasgo de ingenuidad, que se caracteriza por la ausencia de malicia, sofisticación, y por la presencia de sinceridad, inocencia, y sencillez.

La palabra "candidez" se define como: blancura, sencillez de ánimo, simpleza, poca advertencia”.

Ahora bien, ambos conceptos extremos están marcados por la disposición de ánimo y por la cantidad y la calidad de la información y de los datos que se tienen a la mano y que pueden ser o no valorados y evaluados convenientemente.

De este modo, algunos sostienen que un pesimista es un optimista bien informado.

Enfrentemos entonces con prudente optimismo el año que recién iniciamos.

viernes, 27 de diciembre de 2024

Año Nuevo, vida nueva

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

“Año Nuevo, vida nueva, más alegres los días serán… Año Nuevo, vida nueva, con salud y con prosperidad”, canta el éxito bailable de La Billo´s, que junto al de “faltan cinco pa’ las doce y el año va a terminar, me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá" o "yo no olvido el año viejo...", se constituyeron en los clásicos de la jornada de medianoche que suenan en todas las emisoras, exacerban la adrenalina y ponen a medio mundo a llorar emocionado como si se fuera a acabar el mundo y no el año.

Y es que el final del año suscita un síndrome apocalíptico que pone a correr contra reloj a todos, como si efectivamente se fuera a acabar el mundo el 31: hay que entregar, hay que cerrar, hay que hacer lo que no se hizo cuando se debía haber hecho. ¡Qué obsesión, qué nervios, qué estrés!

Entonces, como lo he criticado de un tiempo para acá: ¿qué diferencia hay entre la noche del 31 de diciembre y el 1 de enero con el 12 y 13 de abril o el paso de la medianoche del 21 y 22 agosto? Ninguna, y si se quiere, toda a la vez, porque el sentido y la significación no la tiene la fecha en sí, sino la que nosotros hemos querido darle. Un 7 de febrero a nadie le dice nada, pero para mí sí, es fiesta, es aniversario de celebración de la vida, así que la carga emocional que le da relevancia se la pongo yo o es la que ha decidido asignarle la sociedad, la cultura, la religión.

Eso es lo que pasa con el 31. Culmen de un ciclo, cierre de una temporada que comenzó 12 meses atrás y que puso límites, definió tiempos, puso plazos para cumplir metas y objetivos. Ha sido necesario hacerlo. Establecer esos parámetros, esos encuadres, esas cercas temporales, ayuda a medir, a planear y también a evaluar. Mentalmente es el corte de una etapa y también el darse la oportunidad de comenzar otra. Lo cotidiano y rutinario se transforma en algo especial, único, novedoso, extraordinario. Saber terminar y saber comenzar. Morir y nacer de nuevo.

Así las cosas, ciertamente, como lo dice el ritmo tropical, Año Nuevo puede significar vida nueva. Es cierre que abre, que diferencia y distingue, como del Adviento a la Navidad, o de la Cuaresma a la Pascua, de la bacanal entierro de Joselito a la austera y penitente ceniza. Son etapas, son ciclos necesarios que deben darse, vivirse, celebrarse. Ocasión de evolución, madurez y crecimiento. Somos los mismos, pero en realidad no somos los mismos, todo depende de nuestro libre albedrío y de lo que decidamos hacer de acuerdo con nuestras posibilidades.

Es costumbre por estos días augurarse un feliz año, desearse lo mejor, enviarse bendiciones, anhelar tiempos mejores. Hay que trabajarlo, hay que lucharlo hasta conseguirlo. No es suerte, no son agüeros de nuestro folclor (las 12 uvas, los calzones amarillos, la vuelta con la maleta, las papas debajo de la cama, entre otras). A Dios rogando y con el mazo dando, es decir, binomio ideal, llave efectiva, socio ideal, parcero inmejorable. Juntos vamos lejos, mejor, más eficientes y rápidos. Amigos todos: ¡feliz año 2025!

viernes, 12 de enero de 2024

Síndrome de Adán

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Año Nuevo, vida nueva. Hay pilas recargadas, renovado entusiasmo, creatividad a todo vapor, muchos ánimos, deseos de cambiar, afán de estrenar, listados de propósitos por cumplir… en fin. Como alguna vez dije por aquí, no hay mayor diferencia, estrictamente hablando, entre un primero de enero y un primero de abril o primero de octubre, pero culturalmente, psicológicamente, anímicamente, sí la hay. Es como si todo volviera a comenzar, como si efectivamente todo fuese nuevo.

En algunas instancias institucionales también hay renovaciones y cambios. Estamos estrenando alcaldes, gobernadores, concejales y diputados. Da consuelo y entusiasma ver cómo estos personajes llegan a sus nuevos retos, gracias a la elección popular, con ganas de cumplir lo prometido en campaña. Dicen: seremos austeros, no utilizaremos escoltas, no usaremos vehículos asignados, etc. En Argentina el presidente Milei recortó de tajo no sé cuántos ministerios dizque porque todo eso era burocracia innecesaria. Hay buenas intenciones.

Sin embargo, en algunos de estos casos, hay también una serie de signos o síntomas reveladores que agobian a algunos y que genialmente se han denominado como el síndrome de Adán que, dicho brevemente, se resume en esta sentencia: “Antes de mí no hubo nadie”.  Claro que Adán tuvo razón, pero nosotros no. En nuestros puestos, responsabilidades y cargos, antes de nosotros, siempre ha habido alguien. Un alguien que seguramente también tuvo buenas intenciones, sueños, proyectos. Un alguien que como humano que es, tan humano como nosotros, seguramente también se equivocó en algunas cosas, no en todo, o sea que hizo cosas buenas. Cosas que deberían conservarse, mantenerse.

Mas los afectados con el síndrome, que en medicina se define como enfermedad, con el cuento de que “escoba nueva barre bien”, llegan “tumbando y capando”, a acabar con todo, a arrasar con todo, a descalificar y despotricar, como si fueran genios que estuvieran recreando el mundo. Grave cosa porque no solo ignoran una historia, una trayectoria, sino que, al pretender partir de cero, fácilmente destruyen lo que tomó tiempo construir, hacen reprocesos y generan costos y sobrecostos enormes. En el ámbito nacional la cosa es dramática porque no hay políticas de Estado, sino caprichosas decisiones de gobiernos de turno. El ciclo se repite cada vez que hay relevos y cambios, en un eterno y escabroso “déjà vu”.

Sería más honesto y provechoso felicitar y reconocer todo lo bueno que se ha hecho por los predecesores, consolidar y fortalecer lo realizado y, por supuesto, corregir lo que ha estado mal o ha sido deficiente y avanzar, siempre construyendo. Ésta sería una actitud inteligente, positiva, constructiva. Es verdad que no “todo tiempo pasado fue mejor” pero también es verdad que no todo ha sido un desastre. No es profesional responsable, ni habla bien de la situación, ni es de confiar, que se pretenda hacer “borrón y cuenta nueva”. Adán solo fue uno. Por más que queramos ser tan originales, en realidad somos sucesores y continuadores. Así son las cosas.

viernes, 29 de diciembre de 2023

¿Y para el 2024 qué?

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

A pocas horas del cierre de este año 2023, sería más productivo, en vez de pensar en comprar las uvas verdes o en ponerse los cucos amarillos para la buena suerte, sacar unos minutos para sentarse a reflexionar y hacer una evaluación de lo vivido y un prospecto de programación para lo que viene.

La vida se nos esfuma. Pareciera que el tiempo pasa cada vez más rápido. Cuando uno es niño o joven da por descontado que vivirá muchos años, cuando uno se va volviendo viejo, se encuentra con que el tiempo se agota. Entonces, cómo diría el cachaco: dejémonos de vainas y aprovechemos el tiempo que nos queda. ¿Quién dijo que viviremos largamente?

La idea entonces es hacer un alto. Gústenos o no, es necesario acudir al retrovisor. Mirando el pasado con ojos del presente seguramente encontraremos muchas lecciones de vida. La conciencia nos dirá qué hicimos bien y nos sentiremos satisfechos por ello y, también, nos dirá si nos equivocamos y qué aprendimos de estas experiencias. Hay que tomar nota de ello. La vida no pasa impunemente y quien no es consciente de su historia está condenado a repetirla. De hecho, el ser humano es el único ser tonto que resulta reincidente en sus errores.

Y tendremos que ejercitarnos en planeación. A veces somos expertos en estos temas y lideramos estratégicamente las organizaciones, pero somos ingenuos y muy novatos frente a nuestra propia existencia. Hay que tener visión de futuro, hay que señalar claramente el derrotero. Es importante tener bien puesta la brújula marcando el norte de nuestra vida. Esa vida tiene sentido y si nosotros lo tenemos claro sabremos qué querremos a futuro: qué tendremos que hacer, qué tendremos que evitar. La mayoría de la gente no es feliz precisamente por ello, porque viven como entes a la deriva en el mar de la vida, zarandeados por las olas, sin rumbo claro y definido.

¿Qué será del 2024? Pues será en buena medida lo que nosotros queramos que sea. Si corregimos las equivocaciones, si nos proponemos ser mejores en todo sentido, pero sobre todo mejores seres humanos, si fortalecemos nuestras cualidades y todas aquellas cosas buenas que tenemos, si potenciamos nuestros valores, de seguro será un excelente año. Por supuesto que no todo será color de rosa, no todo irá sobre ruedas, no se darán todas las cosas que nos gustaría se dieran, pero eso es precisamente lo que le da condimento y sabor a la vida, porque esos retos nos empujarán a no estancarnos, a trabajar duro por nuestros propósitos, a luchar por conquistar nuestros ideales. No hay que dar el brazo a torcer, no hay que claudicar.

Bienvenido 2024. Hay mucho por hacer. Mejor dicho, está todo por hacer. El país, sus instituciones, la gente… hay muchas cosas patas arriba, trastocadas, desordenadas. Por eso hay que comenzar por organizar nuestra propia vida. Quizás con ello contribuyamos a que las cosas cambien y sean mejores para todos. Los invito a hacerlo y por eso les deseo un feliz 2024 cargado de bendiciones y muchas cosas buenas. ¡Felicidades!

viernes, 30 de diciembre de 2022

Nada de agüeros

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Nunca he creído en agüeros. Que si el gato negro, que si se le regó la sal, que si pasó debajo de la escalera, que si la escoba detrás de la puerta; que si el martes 13, que si San Antonio puesto de cabeza… Hay gente estresada con esos cuentos y vive atenta para evitarlos a toda costa o para prepararlos si es del caso. La sugestión es tal que le ponen todo el drama al asunto, se empeliculan con el cuento y hasta resultan siendo víctimas de sus propios rollos, atrayendo males y desgracias o convencidos ingenuamente de que sí funcionan.

Para la noche del 31 de diciembre hay agüeros propios de la temporada. Que los interiores amarillos y ojalá al revés para que económicamente nos vaya bien; que las 12 uvas con cada una de las campanadas, a las 12 de la noche; que echar unas papas a medio pelar debajo de la cama para que no falte la comida; que darle la vuelta a la manzana con las maletas para poder viajar, etcétera. De pronto a algunos les sale, pero la mayoría sigue ilusionada, año tras año, a ver qué pasa. Muchos no dejarán de vivirlo como algo lúdico y gracioso, afortunadamente.

Que nos vaya bien en el nuevo año, que obtengamos buenos logros, que progresemos en la vida y vayamos por la senda correcta no es cuestión de suerte, ni de agüeros, sino fruto de una juiciosa planeación y del trabajo cotidiano esforzado. Es verdad que no todo depende de uno, ni las cosas salen siempre como uno quisiera. Es verdad que hay situaciones imprevistas que nos desbordan y superan: ¿quién previó con suficiente antelación que tendríamos dos años devastadores con ocasión de la pandemia?, ¿alguno vaticinó los efectos del conflicto entre Rusia y Ucrania? Eso es cierto, pero también es cierto y mucho más razonable que es mejor discernir y organizarse que dejar las cosas a la deriva del azar y la suerte.

Que nos vaya mal no es porque se nos regó la sal o un gato negro se nos atravesó en el camino o pasamos por debajo de una escalera. Que nos saquen del llavero o perdamos el trabajo no fue porque pusieron una escoba detrás de la puerta. Que nos vaya bien en el amor no es porque pusimos patas arriba al pobre San Antonio. La prosperidad económica no está en los chillones calzoncillos amarillos. Ni que tengamos viajes porque hicimos el oso de sacar una maleta para correr como dementes por la calle.

Dado que ahora nos gobierna la objetividad basada en hechos y datos, quisiera ver las contundentes cifras, estudios estadísticos y rigurosas investigaciones que nos digan que los agüeros funcionan. Si los publican y me desmienten, aún así, seguiré afirmando que las buenas cosas en el nuevo año y siempre, no se darán por golpes de suerte o porque funcionaron los agüeros sino porque asumimos responsablemente nuestras obligaciones y labores. Eso sí está demostrado: que la constancia vence lo que la dicha no alcanza. Y las grandes realizaciones humanas han sido fruto de la tenacidad y la lucha por alcanzarlas, no por el cumplimiento de agüeros. ¡Feliz y bendecido año 2023!

viernes, 31 de diciembre de 2021

Uno más, uno menos

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Confieso que en la medida que han venido pasando los años, simultáneamente he ido perdiendo esa ansiedad contagiosa que se generaba alrededor del último día del año y primero del siguiente, con la típica canción de “faltan 5 pa’ las doce y el año va a terminar” y las pintorescas escenas de quienes se lo tomaban (¿siguen tomando?) muy a pecho el asunto, y se comen 12 uvas, se ponen cucos amarillos, salen con maletas a darle la vuelta a la cuadra, tiran papas debajo de la cama, beben champaña, cuentan los segundos acompañados de un locutor en éxtasis y cuando suena la sirena lloran a moco tendido, se abrazan, aúllan de emoción, felices de enterrar el año viejo y saludar el nuevo, en un verdadero show tragicómico que pareciera partir en dos el ayer y el mañana.

Lo dije el año pasado: ¿qué diferencia hay entre esta noche y cualquier otra noche?, cualitativamente hablando ¿hay alguna diferencia relevante, más allá de pasar el calendario y saberse uno más viejo? ¿Un nuevo año supone evolución y mejora continua, o es más de lo mismo?

En realidad, es un año más de vida y uno menos qué vivir. Por eso debería ser una buena ocasión para mirar atrás y evaluar, y, simultáneamente, mirar adelante y proyectar. Está bien cerrar ciclos y abrir nuevos, poner punto final a muchos asuntos y abrir nuevos caminos y horizontes. Y pareciera que un día propicio es el 31 diciembre, por eso el estrés, por eso el afán de hacer o concluir ciertas cosas porque si se deja para el otro año, que es al otro día, todo pareciera haber fallado. ¡Me parece una tontería!

El año nuevo no comienza mañana. El año nuevo comienza cualquier día del año cuando decides partir tu vida en dos, cuando comienzas un nuevo proyecto, cuando optas por cambiar la rutina y exploras nuevas maneras de hacer las cosas, cuando perdonas a alguien de corazón, cuando reorientas el camino en la dirección correcta, cuando dejas atrás vicios y defectos, cuando rompes una relación dañina, cuando celebras un acontecimiento inolvidable, empiezas un nuevo trabajo o emprendes una nueva empresa… El que mañana sea primero de enero no significa que haya un nuevo año, solo que ha comenzado otro mes, uno más de tu vida. Tú decides en verdad cuando es año nuevo. A veces no lo decides, sino que es la vida quien se encarga de determinarlo. Hay que estar alerta.

De todas maneras, para seguir con lo convencional, recibe mi saludo de año nuevo. Es hora y día de desearnos cosas buenas, de pedir la bendición de Dios para ti y los tuyos, de concluir una nueva etapa en la carrera de la vida y de retomar fuerzas para la siguiente. Que 2022 sea un año de muchos logros y realizaciones, que haya paz y felicidad, que los problemas no falten pero que tengas la sabiduría para saberlos sortear. Que sea un año de crecimiento y de muchos aprendizajes para que realmente valga la pena. Que el buen Dios anide en tu corazón y desde allí solo fluyan cosas buenas. Recibe un fuerte abrazo si es que no nos lo hemos podido dar por esta pandemia y espero que a ti sí te haya servido este tiempo adverso y difícil y a la vez también muy aleccionador.

viernes, 1 de enero de 2021

Volver a empezar

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
¡Ufff! Se acabó por fin el año. No recuerdo haber vivido un final de año tan agobiante e intenso. Ya lo he comentado en años anteriores: me parece exacerbado el frenesí que se suscita con el cierre del ciclo: qué ansiedad, qué afanes, qué estrés. Pareciera que se fuera a acabar el mundo y que hay que dejar todo listo, todo terminado, todo firmado. Es delirante y yo no sé si hasta enfermizo. Por supuesto que hay que concluir procesos, que hay que hacer balances, cumplir metas, pero ¡a qué costos! Hay una brecha abismal entre el 31 de diciembre y el primero de enero, como si cada año fuera un compartimento estancado e inconexo, como si no hubiera procesos, como si la vida no fuese un continuo.

Antes, había un receso colectivo entre el 16 de diciembre y el 7 de enero y la gente se dedicaba a descansar con su familia, a hacer un sano corte de la cotidianidad laboral. Igualmente había estrés, pero menos y adelantado. Hoy, no se puede. Lo acabo de decir: las facturas hay que pagarlas y no dan espera, los contratos hay que firmarlos, los requerimientos hay que cumplirlos, lo que no se deje concluido el 31 a mediodía no se hizo, fue un revés, un fracaso, una meta no cumplida.

A Dios gracias comienza el nuevo año y con él las expectativas de un mañana mejor, de nuevos horizontes que se abren, nuevos retos, nuevos proyectos, planes y programas… es como volver a nacer, es volver a comenzar, es darse una nueva oportunidad. “Año Nuevo, vida nueva…” dice la canción y no le falta razón. 2021 tiene que ser un mejor año para todos, no porque 2020 haya sido un fiasco, sino porque estamos convocados a la trascendencia, al ser más, ser mejores seres humanos, mejores profesionales, mejores en todo sentido.

Así las cosas, para todos ustedes y para los suyos, los mejores deseos para 2021: bendiciones abundantes del Señor, para ustedes creyentes que con esperanza construyen una sociedad mejor; paz para un país que nunca ha podido disfrutarla; prosperidad para un pueblo sumido en vergonzosa inequidad; salud para todos cuando la pandemia acecha y el sistema sanitario colapsa; trabajo para dos de cada diez que quisieran laborar y no pueden; justicia para quienes sabiendo que cojea, llegará un día a balancear las cosas; amor para los afligidos por el desafecto y la soledad del corazón… como ven, los mejores regalos para quienes no han podido disfrutar de ellos, pero que no esperan que estos dones caigan del cielo, sino que luchan todos los días por alcanzarlos.

2021 es la nueva oportunidad para volver a empezar los desafíos pendientes, es decir, continuar con los buenos propósitos, de modo que quienes aún no lo han hecho se pongan las pilas y se decidan de una vez por todas. 2020 nos enseñó que somos vulnerables, que la vida es corta y hay que vivirla bien y a plenitud. Como recitaba Facundo Cabral: “este es un nuevo día, para empezar de nuevo”. Así que feliz año y ¡manos a la obra!

viernes, 25 de diciembre de 2020

Para olvidar, para recordar

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Como en todo balance, al final de un período, hay que mirar no solo los ingresos y sus posibles utilidades y ganancias, sino también los egresos y gastos con sus posibles pérdidas y déficits. Sobre este 2020, seguramente, las opiniones estarán divididas. Muchos dirán que es un año para olvidar, pero muchos otros dirán que será para recordar. Cada “uno habla de la feria según le fue en ella” y la vida es en realidad una carta de colores variopintos. No todo es negro, no todo es blanco.

Para olvidar, dirán muchos, un año que frenó en seco el ritmo frenético de la humanidad obligándola a confinarse durante meses, aislándose, tomando distancia, insistiendo en la constante desinfección y lavado de manos con jabón, geles y alcohol, uso de tapabocas y mascarillas, en fin, una inédita dinámica aséptica que ayudó a la mayoría pero que por despreciarla otros significó su contagio.

Para olvidar, dirán capitalistas emergentes, un año que significó el cierre definitivo de sus emprendimientos y negocios, quebrar económicamente y quedar endeudados, mirando atónitos como las bolsas de valores, cual montaña rusa, subían y bajaban junto con sus ahorros e inversiones. A la par, un 21% de los trabajadores que perdieron su empleo quedando literalmente a la deriva, sin salud y seguridad social. Y qué decir de los más pobres entre los pobres, excluidos y vulnerados, que llegaron al tope de la miseria.

Para olvidar, la tragedia de quienes con impotencia vieron morir familiares y amigos víctimas de la pandemia no pudiendo despedirse de ellos, ni tener exequias, ni hacer el duelo. Algunos con su complejo de culpa por haberlos infectado, atormentados emocionalmente por la situación, psicológicamente afectados por un ritmo de vida que no fue vida, sin poder verse, sin poder darse un abrazo o siquiera un estrechón de manos, no tener espacios para la diversión y el encuentro.

Sin embargo, para otros, a pesar de lo padecido por todos, fue el año de las oportunidades, de los retos, la innovación y la creatividad. La situación los obligó a desinstalarse de sus zonas de confort y a abrir brechas en campos inexplorados, hacer experimentos genuinos y buscar alternativas de solución ante los nuevos retos. El mundo de la virtualidad, lo digital, lo tecnológico, tuvo un desarrollo exponencial. Las ciencias de la salud y la investigación científica aceleraron sus trabajos para detener en tiempo récord la expansión del covid-19 con vacunas que, simultáneamente salvando muchas vidas, harán multimillonarios a las farmacéuticas que las inventaron.

Muchos recordarán el año también porque pasaron cosas buenas en sus vidas: encontraron el amor de su vida, les nació un hijo con todo lo que significa de ilusión y esperanza; o finalizaron sus estudios y se hicieron profesionales; o sus negocios, paradójicamente tuvieron un auge inesperado. A través de encuentros, clases, reuniones y juntas virtuales, se implementaron nuevos métodos de trabajo, se ahorraron costos, se aprovechó mejor el tiempo y precisamente hubo más tiempo para estar en familia y dedicar más tiempo a los hijos. Se desarrollaron habilidades y destrezas obligados por las circunstancias y se puso en evidencia qué era esencial e importante y qué no tanto.  En fin… un año para pasar la página y olvidar en muchos aspectos, pero también para recordar porque fuimos protagonistas de un singular momento histórico que la humanidad nunca olvidará.

El año 2021, lo sabemos, traerá consigo nuevos retos, nuevos desafíos. Les deseo lo mejor: muchas felicidades, pero, sobre todo, muchas bendiciones del Señor para ustedes y los suyos. Siempre de la mano de Dios nos irá bien y como canta el salmo 22/23, así pasemos por cañadas oscuras, no hay que temer, porque Él va con nosotros y su vara y su cayado nos sosiega. ¡Feliz año!

viernes, 27 de diciembre de 2019

Del agüero al augurio


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Pasa todos los años. Ya próximos a acabar el año, se apodera de todos, una ansiedad particular. Lo digo por los lugares donde he trabajado y por las empresas que conozco. Hay un afán nervioso por hacer cierres, balances, inventarios, informes, dejar todo al día. Como si se fuera acabar el mundo. Como si al otro día las cosas fueran a ser completamente diferentes. Es un fenómeno muy particular. Es una noche como cualquiera y al otro día, una mañana común y corriente, otro día cualquiera, pero no. Es distinto: anoche era 2019, hoy es 2020. Adiós al año viejo y bienvenido el nuevo con todas sus sorpresas y retos. Es un ritual que se repite y que para muchos tiene su propia liturgIa. Es la cena especial con pavo a bordo, pero es también la noche para los agüeros y los buenos augurios.

A decir verdad, agüero y augurio parecieran tener la misma raíz etimológica porque en los diccionarios aparecen ambos como procedimiento para predecir o interpretar el futuro. Sin embargo, entre nosotros sí que muestran diferencias, pues eso de creer en agüeros tiene su connotación negativa, ya que colinda con lo exótico, esotérico, excéntrico, medio mágico. Los agüeros no son de la dimensión racional y menos trascendente, sino que son creencias que solemos tener y que al ponerlas en práctica, suerte y buenos resultados nos van a traer: Que si ponerse los calzones amarillos, o no ponérselos, nos dará suerte; que las papas debajo de la cama nos darán plata abundante;  que las velas  multicolores traen cada una su buena vibra; que correr con las maletas por el barrio será garantía de asegurados viajes; que comerse las 12 uvas al compás de las 12 campanadas, cada una con su respectivo deseo; que estrenar una prenda nos vaticina un ropero abundante; que quemar calendarios de un año maluco nos libera de esas perversas ondas; que barrer la casa es sacar las malas energías; que romper platos nos da suerte… ¡mejor dicho! Yo, para ser sincero, no creo en esas supersticiones.

En cambio, prefiero creer en los augurios, esas aspiraciones que inspiran, jalonan, movilizan, dinamizan, brotan del corazón para desear las mejores cosas a las personas que queremos y para quienes pedimos lo mejor de lo mejor: buenas ondas, bendiciones, salud, bienestar, que sea un año excepcional en el trabajo, que abunde el amor con los seres queridos, etc. Los augurios son siempre buenos y muy positivos deseos, pero se pueden quedar allí si no se aporta la propia cuota de esfuerzo y actitud constructiva, propositiva y proactiva para llevarlos a término y hacerlos realidad.

Los agüeros juegan al azar y con actitud pasiva nos ponen a esperar los golpes de la buena suerte. Los augurios hacen una apuesta que invita activamente a ser los artífices protagonistas de trabajar para alcanzar los nobles objetivos. Así que: ¡menos agüeros y más augurios para la noche de Año Nuevo! El Niño de Belén, que es La Luz que disipa las tinieblas, nos trajo los mejores augurios: paz, amor y felicidad. Así que ¡Feliz 2020 para todos!

jueves, 26 de diciembre de 2019

Definitiva resignación o enérgica recuperación


Por José Alvear Sanín*

“Cuando un peligro se aproxima, dos voces hablan en el alma del hombre con la misma fuerza: una, pide que reflexione sobre la calidad misma del peligro y la manera de evitarlo. La otra dice que es demasiado penoso, demasiado duro, pensar en los peligros cuando no es posible prevenirlos ni evitarlos, de manera que es mucho mejor volver la espalda a las cosas penosas y pensar en las agradables”.

—Lev Nikolaievich Tolstoi. Guerra y Paz. II parte. Cap. 17

José Alvear Sanín
La mayor parte de la población, en cualquier país, ignora los complejos detalles de la economía y la política. Las gentes viven, entonces, el día a día, distraídas por el fútbol y la farándula. Esa situación normal es saludable, porque no puede pedirse a la masa el análisis reservado a las élites. Mientras la economía asegure alguna prosperidad y sea esperable un crecimiento futuro, los países siguen su vida habitual.

En Colombia, por obra de la narcoindustria, conservamos un cierto equilibrio precario, que permite el funcionamiento del país. Sin embargo, ha llegado el momento de percatarnos de que esta aparente normalidad enmascara una profunda inquietud. Nos hemos resignado a vivir a la espera del batacazo, porque todo el mundo, de manera fatalista, mira hacia el horizonte 2020-22 sin optimismo.

La iniciativa política se ha convertido en monopolio de una extrema izquierda que no encuentra reacción en una sociedad desanimada y en un gobierno abúlico, por decir lo menos. En ese clima opera en condiciones ideales una fuerza revolucionaria incansable, que sigue un plan estratégico bien estructurado y mejor financiado.

Domina en las Cortes, el Congreso, los medios, la educación, y hasta en la Iglesia. Las gentes captan esta situación y por eso se resignan, esperando la inevitable caída del régimen dentro de dos años y siete meses.

Sin duda alguna, el de Petro habría sido el agresivo gobierno “de transición”, pero el de Duque ha resultado ser el de la indecisión y el acomodo, y hasta se puede pensar que, a pesar de la elocuencia oficial, el presidente adelanta un gobierno de transición suave y silencioso…

El único apoyo que le queda al gobierno es el de quienes aspiran a vivir hasta esa fecha aterradora como si nada estuviera pasando. Pero nada hay más perjudicial que negarnos a reconocer que el país va por el camino hacia la aniquilación económica y social.

Por eso es necesario detener esa carrera, con el gobierno, sin el gobierno o contra el gobierno.

Como la situación no da espera, el propósito de año nuevo es el de sacudirnos, porque a partir del 1° de enero hay que reunir las fuerzas familiares, patrióticas, productivas y morales del país, en un creciente movimiento de recuperación nacional. El país no puede esperar por más tiempo la aparición de un líder para esa inaplazable tarea colectiva.

¡Los tiempos de los diagnósticos han pasado y ha llegado el de la acción!

lunes, 23 de diciembre de 2019

Feliz Navidad y feliz 2020


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
El Pensamiento al Aire, sus columnistas, el grupo humano de marketing digital, prensa, dirección de programas, colaboradores y productor general, les deseamos una feliz Navidad y un buen 2020, y además, agradecemos la buena acogida que nos han venido dando desde hace varios años.

Somos conscientes de que las actividades y el desarrollo de ideas, si se hacen con pasión, con respeto por los demás, y como una afición, tarde que temprano van dando resultado y consolidando todo un proyecto de vida.

Hoy vale la pena recordar cómo un simple deseo expresado en el año 2013 permitió desarrollar un blog, en el cual inicialmente escribía solo yo, y al que fui invitando personajes de relevancia en la vida nacional. Así se fueron uniendo valiosos seres humanos a los cuales les tengo reconocimiento y agradecimiento por acompañarme con el único interés de expresar sus ideas, preocupaciones, angustias e ilusiones sobre Colombia y su viabilidad futura.

Los columnistas son de diferentes tendencias, unos de derecha, otros de centro, otros sin tendencia marcada; educadores, militares, empresarios, religiosos y sobre todo amigos que llevo en el alma, quienes, a pesar de las diferencias, nos respetamos, valoramos y tenemos la escritura como una forma de sacar a la luz pública mensajes, sueños y esperanzas.

También debo recordar en esta Navidad como esos mismos columnistas y colaboradores, que apoyan y me acompañan, sienten como una bendición el poder haber contribuido a que nosotros nos entendamos más, nos conozcamos con mayor profundidad y comprendamos que no tenemos otra ilusión que hacer mejor la convivencia ciudadana, construyendo un mejor país, desde nuestro pequeño mundo.

Con los años avanzamos y pasamos a tener el programa en televisión, gracias a una persona que creyó en mis posibilidades de conductor, insistió, persistió hasta que me convenció y así estuvimos en Tele Medellín, CNC, Eduvisión y luego, desde marzo de este 2019, iniciamos una aventura en el entorno digital… con canal propio enmarcamos un nuevo propósito y estamos felices de cumplir en diez meses objetivos que teníamos previstos cumplir en años posteriores. Todo ello, porque nos rodean bellas energías, sin egoísmo, sin envidia, todos caminando juntos por el sendero del humanismo, la alegría y el crecimiento individual y personal.

Por último, el espacio que nos faltaba copar fue la radio, al cual llegamos también por Próspero Posada, ese amigo persistente que creyó en estos proyectos. Llevamos dos programas que desarrollamos el mismo Próspero, Julio González Villa y yo. Hablamos de historia, de política y de temas sociales, pero sobre todo buscamos hablar de cómo mejorar las condiciones de vida de nuestra gente, cuarenta y seis millones de personas que requieren ayuda, que tienen también ilusiones y que debemos buscar la forma de satisfacerlas.

Gracias a todos los entrevistados que facilitan nuestro objetivo porque sin ellos no tendríamos programa; nos enseñan y nos hacen ver el mundo desde cada trabajo que realizan. A mí personalmente el conocerlos y conversar con ellos me ha dado una inmensa alegría. La forma en que muestran su actividad, cómo se expresan, el conocimiento que irradian nos permite apreciar sin duda alguna el amor que cada uno despliega en su diario vivir. A ellos un abrazo de parte del Pensamiento al Aire.

Esta Navidad es para mí no solo la celebración del nacimiento de Jesús, sino la oportunidad magnifica de dar gracias a Dios por las inmensas bendiciones que nos da, por entender que el verdadero camino es el amar y servir sin esperar reciprocidad. Por ello, hoy 23 de diciembre, agradezco a todos aquellos que me han acompañado, y a ustedes que nos leen, ven y escuchan, cada día. Valoro el que por un momento nos dediquen tiempo y que les sirva para tener una buena vida familiar, un agradable espacio en el trabajo y buenos amigos que le acompañen en sus ilusiones y tristezas.

Feliz Navidad y un próspero 2020.