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viernes, 24 de febrero de 2023

Cuaresma, cambio, conversión

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

De nuevo estamos en cuaresma, es decir, tiempo para entrar al taller de mantenimiento para una necesaria revisión que diagnostique cómo estamos y qué ajustes debemos realizar para quedar como nuevos.

Antes, cuando yo no entendía su significado, me parecía un tiempo lúgubre, cuasi tétrico, aburrido, donde tocaba dizque ayunar, dejar de comer carne y pasar a comer pescado todos los viernes. Esta hartera se extendía hasta Semana Santa que era para rezar, ir a ceremonias largas tres días seguidos, oír música clásica y también descansar un poco sin irse a los extremos de hoy día de total rumba ventiada.

Un compañero Jesuita con tono burlón decía: “¿te vas a convertir?, ¿convertir en qué?” Su ironía apuntaba a qué cambio puede haber, claro, pero no necesariamente todo cambio es para bien. Ahí está el quid del asunto. Porque se supone que el auténtico cambio es para mejorar, salir de la apoltronada zona de confort que nos vuelve mediocres y nos estanca. De hecho, la invitación que se hace es a vivir una “metanoia”, esto es, una transformación de la mente, diríamos también, del corazón, que repercuta en positivos cambios comportamentales.

Con razón, los antiguos sabios chinos decían, palabras más, palabras menos, ¿quieres cambiar el mundo? Entonces cambia primero tu país. ¿Quieres cambiar tu país? Entonces cambia primero tu ciudad. ¿Quieres cambiar tu ciudad? Entonces cambia primero tu barrio. ¿Quieres cambiar tu barrio? Entonces cambia primero tu cuadra. ¿Quieres cambiar tu cuadra? Entonces cambia primero tu familia. ¿Quieres cambiar tu familia? Entonces cambia primero tú. Si cambias tú, podrás llegar a cambiar el mundo. Genial.

Siempre reclamamos y exigimos con dureza que los otros cambien, pero qué laxos y permisivos somos con nosotros mismos a la hora de hacer mejoras. Dejémoslo para mañana, decimos con conchudez desfachatada, olvidando que el cambio verdadero comienza por casa, esto es, en nuestro interior.

Claro que hay que convertirse, ¿convertirse en qué? Pues en mejores personas, mejores seres humanos. Obvio, no es fácil, no se da de la noche a la mañana, es procesual, toma su tiempo. Pero hay que comenzar y hacerlo pronto. La vida es efímera y el tiempo se pasa volando. Sin dramas, pero la vida hay que tomársela en serio. Los que creen en la reencarnación se relajan porque tienen más vidas para ir evolucionando. Nosotros, los cristianos católicos, creemos en el aquí y el ahora. La cosa es pronto, es ya. “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”.

“El que quiere azul celeste, que le cueste”. No es fácil arrancar, se necesita fuerza de voluntad, convicción, esfuerzo, tenacidad. La recompensa es enormemente satisfactoria y quienes se lo han propuesto y lo han logrado son felices ahora. ¿Y usted, para cuándo lo va a dejar? Recuerde, la vida es corta y una vida bien vivida vale la pena vivirla.

viernes, 31 de diciembre de 2021

Uno más, uno menos

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Confieso que en la medida que han venido pasando los años, simultáneamente he ido perdiendo esa ansiedad contagiosa que se generaba alrededor del último día del año y primero del siguiente, con la típica canción de “faltan 5 pa’ las doce y el año va a terminar” y las pintorescas escenas de quienes se lo tomaban (¿siguen tomando?) muy a pecho el asunto, y se comen 12 uvas, se ponen cucos amarillos, salen con maletas a darle la vuelta a la cuadra, tiran papas debajo de la cama, beben champaña, cuentan los segundos acompañados de un locutor en éxtasis y cuando suena la sirena lloran a moco tendido, se abrazan, aúllan de emoción, felices de enterrar el año viejo y saludar el nuevo, en un verdadero show tragicómico que pareciera partir en dos el ayer y el mañana.

Lo dije el año pasado: ¿qué diferencia hay entre esta noche y cualquier otra noche?, cualitativamente hablando ¿hay alguna diferencia relevante, más allá de pasar el calendario y saberse uno más viejo? ¿Un nuevo año supone evolución y mejora continua, o es más de lo mismo?

En realidad, es un año más de vida y uno menos qué vivir. Por eso debería ser una buena ocasión para mirar atrás y evaluar, y, simultáneamente, mirar adelante y proyectar. Está bien cerrar ciclos y abrir nuevos, poner punto final a muchos asuntos y abrir nuevos caminos y horizontes. Y pareciera que un día propicio es el 31 diciembre, por eso el estrés, por eso el afán de hacer o concluir ciertas cosas porque si se deja para el otro año, que es al otro día, todo pareciera haber fallado. ¡Me parece una tontería!

El año nuevo no comienza mañana. El año nuevo comienza cualquier día del año cuando decides partir tu vida en dos, cuando comienzas un nuevo proyecto, cuando optas por cambiar la rutina y exploras nuevas maneras de hacer las cosas, cuando perdonas a alguien de corazón, cuando reorientas el camino en la dirección correcta, cuando dejas atrás vicios y defectos, cuando rompes una relación dañina, cuando celebras un acontecimiento inolvidable, empiezas un nuevo trabajo o emprendes una nueva empresa… El que mañana sea primero de enero no significa que haya un nuevo año, solo que ha comenzado otro mes, uno más de tu vida. Tú decides en verdad cuando es año nuevo. A veces no lo decides, sino que es la vida quien se encarga de determinarlo. Hay que estar alerta.

De todas maneras, para seguir con lo convencional, recibe mi saludo de año nuevo. Es hora y día de desearnos cosas buenas, de pedir la bendición de Dios para ti y los tuyos, de concluir una nueva etapa en la carrera de la vida y de retomar fuerzas para la siguiente. Que 2022 sea un año de muchos logros y realizaciones, que haya paz y felicidad, que los problemas no falten pero que tengas la sabiduría para saberlos sortear. Que sea un año de crecimiento y de muchos aprendizajes para que realmente valga la pena. Que el buen Dios anide en tu corazón y desde allí solo fluyan cosas buenas. Recibe un fuerte abrazo si es que no nos lo hemos podido dar por esta pandemia y espero que a ti sí te haya servido este tiempo adverso y difícil y a la vez también muy aleccionador.