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viernes, 11 de agosto de 2023

La juventud del Papa

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

No estoy siendo irónico. Es el estremecedor grito que millón y medio de jóvenes, una vez más, a una sola voz, lanzaron en Portugal al paso del Pontífice; “¡Esta es la juventud del Papa!, ¡esta es la juventud del Papa!” Sencillamente impresionante.

¿Ha logrado alguna vez un político importante convocar durante varios días a una multitud de este tamaño? No tengo el dato. No lo creo. Y, sin embargo, estos Papas, envejecidos por los años, Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora Francisco, lo han conseguido.

Ya en 1979 los obispos reunidos en Puebla, lo habían afirmado sabiamente: “la juventud no es una edad cronológica, no es una etapa, es una actitud ante la vida”. Y yo creo que es lo que debe sentir nuestro Papa y lo que sentimos los que no hace mucho fuimos jóvenes de almanaque y ahora la cédula nos delata en los albores de adultos mayores: la juventud está en el corazón, no en la carrocería externa corporal. Es verdad de a puño: gente mayor con una vitalidad, un dinamismo, una alegría, desbordantes: son jóvenes atrapados en esqueletos viejos. Jóvenes en años apenas saliendo del cascarón, envejecidos, esclerotizados, retrógrados, sorprendentemente radicales en sus posturas: momias con disfraz juvenil. ¡Paradojas de la vida!

Consuela, por tanto, el espectáculo de la Jornada Mundial de la Juventud. Esa Iglesia nuestra, tan antigua como nueva, tan pecadora como santa, cuenta con unos jóvenes que siguen alentando su esperanza, su devenir por el mundo. El seguimiento de Jesucristo que bien podría ser un acto privado, estos muchachos saben muy bien y así lo han entendido, solo tiene razón y sentido, si se hace con otros, en comunidad, en Iglesia. Por eso son la juventud del Papa, un ejército militante de hombres y mujeres, promesa de mejores futuros. Eso a mí me anima, me entusiasma, me acrecienta la fe y la esperanza.

“Yo también tuve 20 años…” y era un líder juvenil en el Comité Arquidiocesano de laicos, en la Comisión de Juventud del Consejo Nacional de Laicos, en el Apostolado Juvenil de la Oración, con los líderes lasallistas, en las pascuas juveniles, en campamentos misión, en la creación del Curso taller nacional de formación integral… Si acaso, vieja será mi cédula, porque yo viejo no me siento.

Concluyendo. Es cierto: la juventud del Papa existe, está más viva y actuante que nunca y estará siempre presente, en cada joven generación, porque el Espíritu de Dios es joven, el Espíritu de Dios se mueve y se mueve dentro de su corazón. Siempre habrá tiempo para soñar, para emprender nuevas aventuras, asumir nuevos retos. Los que cavaban la sepultura de la Iglesia, quizás se mueran esperando su deceso. “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”, porque el Espíritu que la anima es joven, sano y fuerte. No se diga más.

viernes, 15 de abril de 2022

Crucificado resucitado

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Cuando terminé mi servicio como rector del colegio Javeriano en Pasto, el entonces obispo y siempre amigo, Monseñor Enrique Prado, me hizo un regalo que anhelaba yo tener: una imagen de Jesucristo en la cruz, pero resucitado, es decir, no un crucifijo tradicional que exhibe a Jesús clavado en cruz, sino un Jesús que, sobre la cruz, con los brazos abiertos, se eleva al cielo en actitud alegre y triunfante. En otras palabras, una preciosa síntesis teológica del misterio pascual, esto es, de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor.

Es una bella obra que no solo conservo cuidadosamente presidiendo la cabecera de mi cama, sino que, además, todos los días me recuerda ese misterio central de nuestra fe, esa realidad histórica y también teológica, ese devenir existencial e ineludible que nos toca a todos, no sólo como memoria de los días santos, sino como actualización cotidiana de una vida plena que pasa por el calvario. Porque, ¿qué simboliza esa imagen sino exactamente eso?

Nuestra vida está llena de agridulces. No todo es dulce, no todo es agrio. No todo es blanco, no todo es negro. No todo es triunfo, no todo es derrota. No todo es alegría, no todo es tristeza. No todo es vida, no todo es muerte. Nuestra existencia en una amalgama de todas esas realidades, por eso la vida toda hay que mirarla desde una perspectiva más amplia, más comprehensiva, para ser más realistas, más objetivos.

Jesús de Nazaret tuvo momentos exitosos como ese domingo de ramos en el que quisieron hacerlo rey. Su rating de popularidad estaba a tope, había sanado enfermos, había alimentado hambrientos, había resucitado muertos, había hablado y conmovido a muchos… pero ese mismo pueblo exaltado de alegría y emoción, a los pocos días, decepcionado porque Jesús no era el líder político que querían y cuando las cosas ya no salieron como antes, se transformó en un populacho enardecido que no tuvo reparo en gritar: ¡crucifícalo, crucifícalo! Y logró su cometido de llevarlo al cadalso de la cruz, un asesinato infame, después de un juicio ridículamente inicuo.

Es una lección de vida que debe ayudarnos a poner los pies sobre la tierra. Cuando estemos en los gloriosos, recordemos que hay dolorosos. Y viceversa. Al final, las cosas saldrán bien. No hay mal que por bien no venga. Es verdad que después del Domingo de Ramos viene el Viernes Santo, pero después de este, finalmente, llega el Domingo de Resurrección; esa es la alegría de la pascua.

El crucificado-resucitado que celebramos en estos días, es una actualización de ese misterio central de nuestra fe. No es una memoria nostálgica sino un constante llamado a darle sentido pleno a nuestra existencia. De este modo una vida plena es posible. ¡Felices Pascuas de resurrección!

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Creer en Dios


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Hoy 25 de diciembre de 2019, es el día preciso para revisar nuestra relación con Dios, con nuestras familias, con nuestros amigos y con todos nuestros semejantes.

Consultados los científicos y pensadores sobre la creación, en su gran mayoría coinciden en la existencia de un ser absolutamente superior, un solo Dios verdadero, que con toda perfección creó cielo y tierra, rematando con la creación a su imagen y semejanza, de nosotros los humanos, para que nos sirviéramos de su creación.

Y nos hemos servido tanto que ya nos hemos hecho daño individualmente y hemos afectado la tierra, porque abusamos de todo al no comportarnos en la forma como Jesucristo nos enseñó y consta en la Santa Biblia.

Afortunadamente Dios nunca nos abandona, siempre está para nosotros, así nosotros no estemos para Él, porque equivocadamente preferimos, confundidos, los mal llamados placeres de la vida, que en última instancia nos causan sufrimiento, dolor, arrepentimiento, cuando los verdaderos placeres de la vida son realmente los que nos causan paz, tranquilidad y fuerzas para seguir adelante.

Creemos que lo mejor es lo que nos causa bienestares o alegrías transitorias, los vicios, el dinero, el sexo, cuando lo verdaderamente importante es lo que nos causa bienestares y satisfacciones permanentes, vida sana, mente sana, cuerpo sano, solidaridad, paz, tranquilidad y fuerza para afrontar las dificultades.

Definitivamente las malas influencias, las malas tentaciones, si no somos capaces de vencerlas, solo nos traen problemas, dolor, insatisfacción y lo peor, rabia con nosotros mismos y con nuestros semejantes.

Aprovechemos la celebración del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo para retomar el sendero de una vida nueva, sana, al servicio de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestros semejantes; reafirmemos nuestro agradecimiento con Dios nuestro creador, reafirmemos con nuestro comportamiento, que nunca nos separaremos de él, que sus enseñanzas, por difícil que sea, serán nuestro código de comportamiento y los resultados serán de bienestar verdadero, individual y colectivo.

Para todos(as) mis lectores y sus familias, una feliz y verdadera Navidad, para un feliz y verdadero 2020.