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viernes, 6 de diciembre de 2024

Aceptar la realidad

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Ayer tuve un día de impactos emocionales que tuvieron como conclusión simple: ¡hay que aceptar la realidad! ¿Cuál realidad? Pues la propia realidad y que no es otra sino tener que aceptar que el tiempo pasa, que siendo los mismos no somos los mismos y que, aunque ganamos en años de experiencia y madurez, perdemos en otras habilidades al irnos haciendo viejos. Los años pasan factura, no hay duda, y aunque nos sintamos todavía jóvenes y entusiastas, tengamos sueños y muchas razones para vivir, la humana carrocería no está recién salida de fábrica, sino que padece el natural desgaste de las horas de vuelo.

En efecto, en cuestión de dos horas y para poder renovar la licencia de conducción, fue necesario superar cuatro exámenes distintos. Y aunque en todos ellos el resultado final fue apto y sin restricciones, uno sabe que no fue con cinco aclamado sino con cuatro ocho o cuatro cinco. Hay sutil pérdida de capacidad auditiva, la visión ha perdido la capacidad de lectura nítida de letras muy pequeñas, también hay pérdida de reflejos, en fin... ya no somos esbeltas gacelas sino trajeados tigres de colmillo ahumado.

Esa cruda realidad no es fácil de aceptar. Por supuesto que no se trata de deprimirse como para ir pensando en una eutanasia anticipada, pero si el tener que aceptar que los años no pasan de balde y que ellos pasan también sus cuentas de cobro. Quizás, todavía estemos a tiempo de mejorar el estilo de vida con dietas saludables, descanso adecuado, ejercicio cotidiano, mejor dicho, auto cuidado. Muy bonito eso de amar a Dios y a los otros, pero también el mandamiento ordena "como así mismo", lo que significa que, en el trabajo del autoconcepto, la autoestima es muy importante.

Mi generación fue educada y alentada a entregarse del todo, al darse sin medida, a irse quemando mientras alumbraba a otros... muy bonito. Fijarse en uno mismo podría ser considerado vanidad de vanidades, narcisismo, egolatría. Entonces fuimos estrenuos, exigentes, sacrificados, adictos al trabajo, muy lindo para la causa de beatificación, pero todo debe ser en su justa proporción y medida. Y ahora pienso si otros, no sé si avispados o mañosos, han sido relajados y nunca han pensado exigirse más allá del mínimo, no sé si para ahorrar energías o vivir sabroso. Como decía el otro "uno aquí matándose para ahorrar y ser austeros y los otros gastando y derrochando". Veremos en el balance final, cuando suenen las trompetas, quién tenía razón. Seguramente serán otros, los ponderados, los ecuánimes, los balanceados y equilibrados, los que ganen.

Estamos a tiempo, aunque no sea mucho el tiempo. Nunca es tarde. El sabio de Loyola, eximio pensador vasco, invitaba a "ordenar la vida". De hecho, él lo hizo ya madurito, lo que anima a caer en cuenta de que es el momento oportuno: estamos a tiempo. Hay que aceptar la realidad: nos vamos añejando como los buenos vinos y por eso sabemos mejor. Hay que saberse conservar, eso es de sabios. No lo olviden.

viernes, 18 de diciembre de 2020

Navidad rima con responsabilidad

 Por José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón
Muchos creen que con el descubrimiento de las vacunas la pandemia se acabó. No señores. El asunto continúa, y por ese relajamiento en los cuidados, podemos tener una segunda oleada de contagios masivos que pueden resultar letales. Es verdad que estas fiestas decembrinas son una ocasión feliz para escaparse del confinamiento prolongado, oxigenarse, distensionarse y prepararse para un año nuevo, que todos lo queremos mejor y distinto, pero esas  no son razones para abusar.  Está comprobado que hemos sido juiciosos con las normas básicas de bioseguridad cuando estamos en la calle o con extraños, pero, igualmente, que las hacemos a un lado cuando estamos en reuniones familiares y de amigos. Ha sido precisamente en esos espacios donde el virus hace de las suyas.

La normalidad que anhelamos debe ser vivida con responsabilidad. Es cierto que por salud mental debemos seguir adelante, pero esto implica auto cuidado en todos los aspectos: alimentación balanceada, ejercicio físico, una tarea que nos ocupe, necesario descanso, espiritualidad que ayude a dar sentido, afectos que conforten, esto es, una vida bien vivida. Los profesionales de las ciencias de la salud nos han hecho caer en cuenta que el virus hace mella, no solo en personas que poseen las famosas comorbilidades (diabetes, inmunodepresión, problemas cardiovasculares) sino también en aquellas con afecciones mentales, sin mayor calidad de vida y que no manifiestan razones o motivos para proseguir su existencia.

 

Navidad es un tiempo excepcional para estar más cerca de los seres queridos, para compartir nuestros ritos familiares de encuentro alrededor de las tradicionales novenas, gastronomías locales y celebraciones familiares, para alimentar la alegría y la esperanza de los niños que recién comienzan sus vidas; es decir, para expresarnos el afecto unos a otros de muy diversas maneras: una llamada, un regalo, una tarjeta de saludo, una visita. Por eso mismo, porque nos queremos tanto, tenemos que ser responsables y muy juiciosos. Con la mejor voluntad, sin malicia, podemos convertirnos en vectores propagadores del COVID. Casos dolorosos hemos visto como para volver a repetir la historia.

 

Personalmente quiero desearle a todos y cada uno de ustedes y a los suyos, una feliz Navidad. Quizás suene a manida frase de cajón, pero en realidad encierra profundos sentimientos de gratitud por estar siempre ahí, haciendo eco de mis reflexiones en voz alta o sencillamente sacando unos minutos para leerme y concordar o discordar en respetuoso silencio. Que el Dios de la vida, que quiso hacerse uno como nosotros y por ende frágil y vulnerable, nos de la fé y las fuerzas necesarias para seguir adelante. Hay muchas razones para seguir viviendo. Qué más que seguir anunciando su Buena Nueva en un mundo patas arriba, distraído en banalidades, desorientado y sin sentido, una humanidad más espiritual y menos consumista, como acaba de decir Francisco. Dios los bendiga y cuídense mucho, pues solo haciéndolo, colaboran a que el proyecto de Jesús pueda hacerse realidad. ¡Tenemos mucho por hacer! ¡Feliz Navidad con responsabilidad!

martes, 4 de agosto de 2020

De cara al porvenir: órdenes de magnitud

Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
El planeta tiene hoy unos 7.500 millones de habitantes. Colombia cerca de 50 millones. Antioquia se aproxima a los 6.5 millones y Medellín a los 2.5 millones.

En términos estadísticos se habla de crecimiento aritmético, geométrico o exponencial. El aritmético cuando la unidad de crecimiento marginal es 1. Es geométrico cuando la unidad de crecimiento está asociado a un multiplicador lineal fijo y es exponencial cuando la unidad de crecimiento está asociado a una base sobre la cual se aplica un multiplicador creciente no lineal.

En este orden de ideas y asumiendo que los datos son ciertos, a julio 12 Antioquia tiene 713 unidades de cuidados intensivos, con la expectativa de aumentar 350 en 2 semanas y otras 650 en un mes. Por su parte Medellín posee 571 unidades de cuidados intensivos con la expectativa de poder aumentarlas en el corto plazo. Este es un ejemplo de crecimiento aritmético y en el mejor de los casos, geométrico.

Paralelamente el crecimiento de infectados desborda cualquier pronóstico, y ante la indisciplina social planetaria, pues los picos se posponen en el tiempo, siempre con números en permanente expansión. Este es un ejemplo de crecimiento geométrico y en el peor de los casos, exponencial.

Imposible tener una UCI por habitante. Pero lo cierto es que no estaba preparado el planeta para una avalancha de demandas de estas unidades, como hoy lo estamos evidenciando.

Las cuentas francamente no dan y es claro que, de seguir el ritmo de contagios, los hospitales de muchos países colapsarán, lo cual quiere decir que la gente simplemente asumirá la evolución de la enfermedad virulenta por fuera de las unidades médicas, a la espera de su destino.

No es este el momento de ser rígidos con los procedimientos administrativos establecidos para épocas de normalidad. Es apenas ridículo lo que sucedió con la demora para otorgar la autorización por parte del gobierno nacional para aprobar el uso de ventiladores hechos en Medellín y las trabas para otorgar las licencias que autorizan a laboratorios de todo tipo, asociados a entidades de educación superior o privados, para que puedan ser habilitados para realizar pruebas de COVID-19.

Es un poco brusco emplear el término, pero estamos en época de guerra y ante la irresponsable desobediencia de los ciudadanos, queda la alternativa, como caso extremo, del uso o la implementación de la figura de la Ley Marcial.

No solo es deficitaria para esta coyuntura la infraestructura física y tecnológica, sino, además, la cantidad de personal médico capacitado para poner a funcionar las UCI.

Es una dura prueba para la humanidad como conglomerado. Es el momento de estar unidos, pero es muy baja la estatura de muchos de los gobernantes actuales para que dejen a un lado sus pequeñeces y actúen con grandeza.

No es que necesariamente nos vayamos a extinguir como especie, aun cuando es uno de los escenarios que se deben tener en cuenta al otear el panorama, pero la idea es que ya sea por acción o por omisión, no fomentemos la propagación y el tiempo de vigencia de este virus, hasta que se encuentre la tan anhelada vacuna.

Después buscaremos a los responsables del buen o mal manejo de la contingencia. Por ahora, trabajemos unidos con responsabilidad, disciplina y solidaridad.

Recordemos a Alejandro Magno cuando dice:

NOTA: Mi completa solidaridad con el señor gobernador Aníbal Gaviria Correa y su distinguida familia.