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viernes, 11 de diciembre de 2020

La vida sigue

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Quiero reiterar mi gratitud a todos ustedes por sus solidarios mensajes de amistad y cercanía espiritual con ocasión de la pascua de mis hermanos. Gracias, muchas gracias, por estar ahí y alentarnos a seguir adelante. El sobrio homenaje que hace una semana quise ofrecerles ha resultado “viral”, cosa que de haberlo sabido me habría exigido en contar un poco más de cada uno a pesar de su sorprendente número. Tan solo expuse algún detalle, pero faltaron esbozos de sus ricas personalidades. Seguramente en el próximo número de nuestra revista, otros hermanos nos los contarán.

El hecho es que la vida sigue su curso, con nosotros o sin nosotros. Este año ha sido particularmente atípico por lo traumático. No creo que haya habido en la historia otro tiempo tan exótico y singular. Personalmente no recuerdo haber tenido un año tan cargado de experiencias nuevas. Y les digo porqué.

Las multitudinarias marchas de protesta que en todos los rincones del globo se estaban dando para protestar contra el salvaje capitalismo, la pandemia las frenó en seco. No soy de teorías conspiracionistas, pero sí que me llamó la atención la coincidencia. El fenómeno sanitario resultó ser igualmente impactante en lo económico y en lo emocional psicológico. Lo sanitario parece estar resuelto a la vuelta de dos años con una vacuna que, aun a bajo costo, por su volumen, enriquecerá a uno de los tres poderes más grandes del mundo: las farmacéuticas. Lo económico ha abierto más la brecha social: ricos se están haciendo más ricos en esta coyuntura a costa de pobres cada vez más pobres, para usar la misma expresión de nuestros obispos en Puebla. En tres años o quizás antes volveremos a estar como a finales de 2019 (¿igual de bien o igual de mal?). Lo emocional psicológico tardará más tiempo o quizás dure para toda la vida y el “rayón” que se está produciendo en todos los grupos etarios que no han podido vivir normalmente su vida, es impredecible. La pérdida abrupta de seres queridos sin poder hacer el respectivo duelo deja cicatrices imborrables. Hay facetas cotidianas que no volverán o si vuelven no serán las mismas. Es verdad, el mundo no volverá a ser el mismo. La tecnología que venía creciendo vertiginosamente, ahora ha tenido un desarrollo exponencial.

La famosa resiliencia es un hecho. A pesar de todos estos dolorosos avatares hay que recuperarse, levantarse, la vida sigue. Los que ayer lloraban o sufrían los veo en estas fiestas de Navidad tratando de olvidar un año para olvidar. Los niños que nacen parecieran traer consigo la semilla de un mañana mejor. Son portadores de esa luz de esperanza. Siempre ha sido así, porque nuestra dignidad humana no nos deja claudicar, dar el brazo a torcer, ni darnos por vencidos. La vida sigue y trae consigo nuevos retos, nuevas oportunidades, pero no todos la asumen de la misma manera y es aquí cuando recuerdo a otro jesuita que quise mucho, muy genuino él y controvertido, Mario Mejía, a quien le escuché una vez decir esta frase que viene a ser el colofón de mi escrito de hoy y un llamado también a seguir adelante dejando huella: “hay quienes navegan en el río de la historia, pero no tienen agallas para cambiar el curso del río y hacer historia”. ¿Cómo están las suyas?

viernes, 27 de noviembre de 2020

Covid-19: no bajar la guardia

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Después de casi un año el coronavirus se está convirtiendo en paisaje. Se nos ha vuelto tan “familiar” que convivimos con él sin mayor temor. Como hemos visto que más del 90% de los que han sido afectados se recuperan, que muchos lo han padecido sin siquiera darse cuenta, que otros han tenido síntomas muy ligeros, que supuestamente no repite, que tres farmacéuticas parecen haber encontrado vacunas con altas dosis de efectividad y que pronto el virus será historia, sumado a muchos que afirman que todo esto fue puro cuento, entonces, se ha comenzado a bajar la guardia respecto de todas las normas de bioseguridad que nos han sugerido: ¡fatal!

Las rutinas protocolarías de prevención son elementalmente simples y por eso muchos no las cumplen: ponerse un tapabocas, lavarse las manos con frecuencia, no tocarse la cara, conservar el distanciamiento social, eludir aglomeraciones en espacios cerrados, aislarse en caso de experimentar síntomas y notificar a los otros de su entorno, etcétera. ¿Así de fácil? Sí, y también así de difícil que haya disciplina social. Cuando alguna de estas pautas falla, esa fisura resulta letal: por allí el covid-19 se introduce y hace de las suyas de manera sorprendente y desconcertante. Se decía que sus víctimas predilectas eran la población de la tercera edad y quienes padecían de morbilidades como la diabetes, hipertensión arterial o estaban inmunodeprimidos. Sí y no. Muchos pacientes con este perfil lo han superado y muchos jóvenes sanos están muertos. Como quien dice, con este asunto no se juega.

Cada vez más el cerco epidemiológico parece estrecharse. Recuerdo que en los primeros meses nadie amigo sabía de casos cercanos de infección. Los que aparecieron luego fueron vistos como realmente exóticos, posteriormente hemos sabido de conocidos y enseguida de amigos e incluso familiares. Hoy el virus nos ronda y toca a nuestras puertas. En mi caso, ya perdí a una prima muy querida, de la primera oleada de víctimas: nunca supimos cómo pudo contagiarse. Luego he sabido de gente conocida y amigos, algunos dijeron no haber sentido nada, otros algunos síntomas, todos con narrativas diferentes. Otros, sencillamente murieron, algunos en UCIs o en sus casas, asfixiados, o de sorpresa. Desde hace dos semanas, una racha azota a nuestra Enfermeria: de 20 pacientes, 10 se han contagiado, 5 son sospechosos y solo 5 no presentan síntomas. De los primeros, ya han muerto 5 y tenemos otros 4 delicados. La cosa va en serio.

Así las cosas, no podemos bajar la guardia. En  esa casa nuestra, supuestamente inexpugnable, los cuidábamos con riguroso celo precisamente por ser nuestros hermanos mayores. Pero, el virus se infiltró cual enemigo con caballo de Troya y ha pasado costosa factura. Repito con dolor, cuando los protocolos se incumplen o se relajan, cuando alguien experimenta síntomas y se calla, cuando sencillamente se es irresponsable, puede ser que uno no se muera, pero contagia a los suyos alrededor y los mata. Casos se siguen viendo y no aprendemos, ¡por Dios!  Tan fácil cuidarse, tan difícil perseverar en los cuidados. En tus manos está la solución, está tu vida y la vida de los tuyos.

martes, 4 de agosto de 2020

De cara al porvenir: órdenes de magnitud

Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
El planeta tiene hoy unos 7.500 millones de habitantes. Colombia cerca de 50 millones. Antioquia se aproxima a los 6.5 millones y Medellín a los 2.5 millones.

En términos estadísticos se habla de crecimiento aritmético, geométrico o exponencial. El aritmético cuando la unidad de crecimiento marginal es 1. Es geométrico cuando la unidad de crecimiento está asociado a un multiplicador lineal fijo y es exponencial cuando la unidad de crecimiento está asociado a una base sobre la cual se aplica un multiplicador creciente no lineal.

En este orden de ideas y asumiendo que los datos son ciertos, a julio 12 Antioquia tiene 713 unidades de cuidados intensivos, con la expectativa de aumentar 350 en 2 semanas y otras 650 en un mes. Por su parte Medellín posee 571 unidades de cuidados intensivos con la expectativa de poder aumentarlas en el corto plazo. Este es un ejemplo de crecimiento aritmético y en el mejor de los casos, geométrico.

Paralelamente el crecimiento de infectados desborda cualquier pronóstico, y ante la indisciplina social planetaria, pues los picos se posponen en el tiempo, siempre con números en permanente expansión. Este es un ejemplo de crecimiento geométrico y en el peor de los casos, exponencial.

Imposible tener una UCI por habitante. Pero lo cierto es que no estaba preparado el planeta para una avalancha de demandas de estas unidades, como hoy lo estamos evidenciando.

Las cuentas francamente no dan y es claro que, de seguir el ritmo de contagios, los hospitales de muchos países colapsarán, lo cual quiere decir que la gente simplemente asumirá la evolución de la enfermedad virulenta por fuera de las unidades médicas, a la espera de su destino.

No es este el momento de ser rígidos con los procedimientos administrativos establecidos para épocas de normalidad. Es apenas ridículo lo que sucedió con la demora para otorgar la autorización por parte del gobierno nacional para aprobar el uso de ventiladores hechos en Medellín y las trabas para otorgar las licencias que autorizan a laboratorios de todo tipo, asociados a entidades de educación superior o privados, para que puedan ser habilitados para realizar pruebas de COVID-19.

Es un poco brusco emplear el término, pero estamos en época de guerra y ante la irresponsable desobediencia de los ciudadanos, queda la alternativa, como caso extremo, del uso o la implementación de la figura de la Ley Marcial.

No solo es deficitaria para esta coyuntura la infraestructura física y tecnológica, sino, además, la cantidad de personal médico capacitado para poner a funcionar las UCI.

Es una dura prueba para la humanidad como conglomerado. Es el momento de estar unidos, pero es muy baja la estatura de muchos de los gobernantes actuales para que dejen a un lado sus pequeñeces y actúen con grandeza.

No es que necesariamente nos vayamos a extinguir como especie, aun cuando es uno de los escenarios que se deben tener en cuenta al otear el panorama, pero la idea es que ya sea por acción o por omisión, no fomentemos la propagación y el tiempo de vigencia de este virus, hasta que se encuentre la tan anhelada vacuna.

Después buscaremos a los responsables del buen o mal manejo de la contingencia. Por ahora, trabajemos unidos con responsabilidad, disciplina y solidaridad.

Recordemos a Alejandro Magno cuando dice:

NOTA: Mi completa solidaridad con el señor gobernador Aníbal Gaviria Correa y su distinguida familia.

lunes, 29 de junio de 2020

Las tres "ías"

Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
En meses pasados tuve la oportunidad de ver, en un programa de televisión nacional, a los señores que dirigen los tres grandes entes de control y de investigación de Colombia como son la Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía General, juntándose para anunciar con bombos y platillos la acción conjunta para luchar contra el delito. Contaron cómo cada una de ellas tiene funciones propias y determinadas, aunque con un objetivo común, claro y definido que no es otra cosa que buscar que los funcionarios públicos y las empresas privadas, desempeñen con rectitud y probidad sus gestiones, al igual que sus empleados en el cargo que desempeñan y que tengan un adecuado comportamiento como empresas contratistas. Con base en ese parámetro de trasparencia, se investiga, juzga y condena o absuelva cuando se pruebe o no que su accionar es contrario a derecho.

Existen hoy denuncias múltiples desde todos los lugares del país por sospechas de la existencia de firmas de contratos sin cumplimiento de requisitos legales, de otros otorgados a dedo y de muchos de ellos suscritos con empresas fachadas con sobre costos. Por ello espero que rápidamente concluyan esas investigaciones, que entre otras cosas son bastante fáciles de investigar y se concluya en condenas que ratifiquen la inequívoca vocación de las tres “ías”, combatir la corrupción y el detrimento en el patrimonio público.

Además solicito que de igual forma en que se juntaron para decirnos que abrían investigaciones, comuniquen esas decisiones y digan quiénes son los funcionarios corruptos y quiénes son las empresas que se prestaron para ganar dinero con la necesidad de los ciudadanos que en horas de dificultad añoran esas ayudas.

Nadie en Colombia, puede desconocer la entrega absoluta que ha tenido el presidente y sus ministros en la atención a la crisis que se nos vino por causa de la pandemia; trabajan con denuedo día y noche, nos informan el avance de las acciones que pretenden mitigar la crisis y con ello prorrogar las medidas o flexibilizarlas. Pero de ahí surgen demasiados decretos que pretenden beneficiar a miles de personas, a empresas y a vastos sectores de la economía nacional. Por ello la importancia de los entes de control, que deben estar prestos a garantizar que las ayudas prometidas lleguen al lugar donde se destinen, que no existan sobrecostos en los contratos de mercados, ayudas médicas y que se eviten tanta intermediación que hace que el dinero se diluya y se pierda en la maraña de la corrupción.

En días recientes se expidió un decreto para ayudar a los autores, artistas y gestores culturales en los diversos departamentos y municipios y aún, en muchos de ellos, no se entregan los auxilios, han surgido asociaciones que no existían antes de la pandemia para pegarse de esos beneficios y evitar que lleguen al destinatario real, se envían las certificaciones de las sociedades informando quienes son los artistas y muchas no las tienen en cuenta y se entrega a quienes no corresponde.

Otro decreto importante es el que se expidió para ayudar a mantener el empleo en las empresas. Debe tener seguimiento porque es una suma representativa y ayuda a enfrentar problemas a quienes pretenden contribuir con que la economía no colapse. Ese auxilio por trabajador facilita mantener su ingreso, pero aquí no se ha utilizado todo porque no se ha solicitado, entonces debe protegerse que esos funcionarios vean allí una fuente de enriquecimiento.

Son muchos los riesgos, por ello el presidente, y los colombianos de bien requieren la ayuda de las “ías”, para velar y proteger los dineros y recursos públicos. Así podrán vanagloriarse de que efectivamente colaboraron para evitar el crecimiento de la plaga de la corrupción en plena crisis económica y de pandemia.

sábado, 20 de junio de 2020

La vacuna y el chip

Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Yo creo que el cambio del mundo será a partir de la vacuna.

Se dice que todavía no la han inventado, que el éxito radica en poder vacunar a todos los humanos del planeta tierra.

Lo que no se sabe es si todos los humanos del planeta tierra tienen con qué pagar la vacuna, pero los que están trabajando en el tema saben que hay una forma de pagar la vacuna, permitiendo la inoculación de un chip, que nos convierte en una especie de computadoras biológicas a cada uno de los seres humanos.

Ese chip contendrá toda la información individual de cada uno de nosotros y la o las muy pocas personas que manejen esa información serán las que manden en el mundo, inclusive, serán las que manden sobre nosotros individualmente.

Todo parece indicar qué hay una alianza entre Bill Gates, la fundación Rockefeller y George Soros, en un proyecto ID. 2020, en el que se viene trabajando desde hace varios años, que inclusive se ha presentado en foros mundiales.

Ese proyecto como que no es de izquierda, ni de derecha, ni de centro, pero tiene aliados en todos los sectores y está sirviendo como discurso a muchos líderes que ya entendieron a quiénes hay que pegársele y obedecer, para continuar en su liderazgo.

El argumento está basado en la vacuna universal, que llegue a los países más pobres y necesitados, donde la pandemia causará los mayores estragos.

Se dice que Gates y Soros están comprando todos los laboratorios, inclusive ya hay varios países destinando grandes sumas para ayudar a estos magnates en sus propósitos.

Lo raro es que Trump como que se opone a este proyecto, ¿será que el ID2020 atenta contra el liderazgo de Estados Unidos?

Y quién sabe que estarán pensando China y Rusia.

Lo cierto es que como que ya hay varias criptomonedas circulando, no solo está el bitcoin, ya salió la de Facebook, ni más ni menos del conglomerado de las redes sociales de Estados Unidos y otras en China y otros países. Colombia se muestra como uno de los países más activos en esta inversión en criptomonedas.

El sector de la informática va es por todo, la información, los medios de pago, los laboratorios, las vacunas, la identidad de los humanos, etcétera. Dios nos proteja colocando personas muy buenas, ángeles buenos, en el manejo de ese sector que muy pronto dominará al mundo.

Yo no sabría decir si esto es bueno o es malo, si esto globalizaría al mundo acabando con las fronteras, si perderíamos las libertades individuales, pero rima por lógica con los temas del manejo de la información, de la big data, de la inteligencia artificial, del manejo de la inteligencia de las personas y de las cosas, etcétera.

Alguien me comentaba en estos días, que la información es un comomodity, o mejor, el commodity más importante, el que ya está prácticamente en poder de pocas corporaciones que manejarán al mundo.

Es lógico que los dueños de la información estarán por encima de presidentes, dictadores, príncipes y reyes, manejarán el mundo y a la humanidad, a su antojo.

Afortunadamente como que tenemos a un colombiano en la junta de la fundación Rockefeller.

Colombia tiene que moverse muy rápido en su proceso de digitalización, estamos muy quedados, el Ministerio de las TIC tiene que ponerse las pilas, debemos alcanzar rapidito a Argentina que ha logrado niveles de digitalización muy importantes.

Que nuestro Señor Jesucristo ilumine a los dueños de la información, para que siempre la utilicen pensando más en el interés general que en el particular, orientados por los valores y principios que Él nos enseñó.

martes, 16 de junio de 2020

De cara al porvenir: carroñeros

Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Coinciden algunos de los principales analistas y comentaristas del mundo contemporáneo, que el momento de crisis por el cual atravesamos no tiene antecedentes en la historia, y que lamentablemente, ha coincidido la aparición de la bendita pandemia, con el momento en que más escasos son los líderes mundiales (que entre otras cosas no se ven y no se identifican) y cuando más opacos son en su conjunto, los gobernantes en ejercicio a lo largo y ancho del planeta.

En la mayoría de los casos, los gobernantes de turno son los responsables directos de las polarizaciones que se agudizan al interior de sus países, de la fractura del necesario equilibrio de poderes y del desmembramiento de la tan anhelada y dispendiosamente construida, comunidad internacional.

Irrespeto por los pactos firmados, discontinuidad de políticas y programas, y engreimientos y soberbias propios de las monarquías, son las señales que hoy se ven, fuera de la falta de preparación y la falta de carácter de las cabezas de los sistemas republicanos en el ámbito ejecutivo, obviamente, con las naturales excepciones propias de cualquier actividad humana.

Que los presidentes y primeros ministros de muchas partes del planeta hubieran tenido que esperar a que apareciera una pandemia que distrajera a los ciudadanos y aplazara sus reclamos y descontentos, para comenzar a gobernar o para simular que gobiernan, los convierte en seres débiles, que con ganada razón, no cuentan con el mínimo de gobernabilidad y de aceptación que sirven como respaldo a la legitimidad de un mandato constitucional.

Se supone que para abajo de una cuesta las piedras ruedan, y en un momento de crisis, pues le corresponde al gobernante de turno ponerse los pantalones, remangarse la camisa y comenzar a actuar, a irradiar aliento, y sobre todo, a servir de inspiración y de ejemplo.

No es motivo de agradecimiento que un gobernante haga su trabajo. Para eso luchó hasta con las uñas para su elección y ahora le corresponde trabajar. El disponer de los recursos del erario no es cuestión de buena voluntad y de iniciativa personal, sino que es su responsabilidad la administración de los recursos públicos aportados por todos los contribuyentes, sin ninguna excepción. ¿Le da usted las gracias, amigo lector al cajero electrónico cuando le entrega el dinero que acaba de retirar? Pues claro que no, pues es su dinero y es obligación entregarlo si tiene saldo favorable o cupo de sobregiro aprobado. Hoy somos testigos de una especie de piñata donde todos los días se anuncian ayudas, subsidios, tratamientos especiales, incremento de la deuda pública, liberación parcial del encaje bancario, acompañados, eso sí, por un séquito de plañideras que con razón o sin ella se acercan como mendigos a la mesa del rico Epulón para suplicar sus favores o al menos recoger algo de las migajas que caen de su mesa.

Es la hora de la objetividad, de la racionalidad, pero también de la compasión y el respeto, así como de la solidaridad por parte de todos.

Es hoy cuando se evidencia la falta que nos hace tener una cultura de la previsión y del ahorro.

Hoy más que nunca se requiere de la grandeza de las almas y lo que menos se necesita es la grandilocuencia, o dicho en palabras del común, los discursos politiqueros y los cálculos políticos.

Finalmente, y ante la inoperancia de nuestro aparato de justicia, malditos, mil veces malditos sean los que aprovechan estas penosas circunstancias que estamos padeciendo y esta grave emergencia, y hacen negocios turbios con las ayudas, las donaciones o los recursos del Estado, haciendo de la tragedia humana un festín para alimentar la corrupción.

NOTA 1: Expresa el doctor José Gregorio Hernández G. con respecto a la presencia de tropas extranjeras en Colombia: “Al tenor de nuestra Carta Política, el solo tránsito -con mayor razón la permanencia- de tropas extranjeras en el territorio colombiano requiere permiso del Senado, que hoy no está en receso. Y, si lo estuviera, se requeriría concepto previo del Consejo de Estado”. En este asunto no opino pues no soy experto en el tema. Las que sí me parecen simpáticas son las voces patrioteristas de aquellos que inmediatamente salen a vociferar reclamando respeto por la soberanía nacional, siempre tan pisoteada. Es como si las prostitutas lideraran una campaña en pro de la virginidad.

NOTA 2: Pasaron de agache los gremios económicos y los defensores de la economía de mercado ante la desconcertante intervención del primer mandatario para vetar el nombramiento de quien había sido electo por su Junta Directiva como presidente de Asocaña. Muy mal mensaje por lado y lado.

NOTA 3: Mi completa solidaridad con el señor gobernador Aníbal Gaviria Correa y su distinguida familia.

martes, 26 de mayo de 2020

De cara al porvenir: vocabulario pandémico y el regreso de McGregor


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Uno de los efectos interesantes de los casi dos meses de cuarentena ha sido la consolidación de un nuevo lenguaje conformado por términos que, a fuerza de repetirse, se instalarán en nuestra cotidianidad, unos para bien y otros para mal.

Teletrabajo, trabajo en casa, virtualidad, plataforma, Zoom, Teams, curva pandémica, aplanar la curva, autocuidado, distanciamiento social, reapertura de la economía ‒de donde se deriva la terrible palabra “aperturar” que puso de moda un exfiscal y que utilizan mucho los banqueros cuando aperturan una nueva oficina‒ y un largo etcétera, hacen parte de ese nuevo diccionario.

Pero hay dos palabras que van comandando de lejos este nuevo léxico: reinventar y webinar que son utilizadas de manera abusiva. Si pudiera medirse el nivel de utilización, creo que jamás, a lo largo de la historia, una palabra se había utilizado más que reinventar. Hay que reinventar el sistema educativo, el sistema económico, las empresas, las formas de trabajar, la manera de relacionarnos, de alimentarnos, de vestirnos, nos tenemos que reinventar a nosotros mismos.

Más allá de ese desgastado término lo que se ha puesto de nuevo de presente es la premisa darwiniana: la especie que sobrevive no es la más fuerte ni la más inteligente sino la que mejor se adapta. A potencializar pues nuestra capacidad de adaptación para entender, enfrentar y finalmente controlar las nuevas circunstancias que se nos presentan.

La segunda palabra es un neologismo que une web y seminario para que resulte webinar. La idea es fantástica, aprovechar la tecnología y el aparente tiempo ocioso que tenemos para fomentar actividades académicas sobre diversos temas. Pero como todo en la vida, es tal la sobreoferta de webinar que ya cuando escucho la palabra su fonética me genera confusiones: a veces confundo webinar con ”huevoniar”.

Relacionado con los conceptos de teletrabajo y trabajo en casa, con todas las bondades que tienen y que nos demuestran que debería haberse utilizado intensamente desde hace mucho tiempo, como aporte, por ejemplo, a los problemas de movilidad de nuestras ciudades, hay que reconocer que en las actuales circunstancias está develando muchas realidades de la vida organizacional.

Desde cuando en los años veinte del siglo pasado, Elton Mayo publicó los resultados de sus estudios de Hawthorne sobre la relación entre las condiciones de trabajo y rendimiento de los trabajadores, se han planteado innumerables e interesantes teorías al respecto. Una de las más importantes tiene ya sesenta años y la planteó Douglas McGregor en “El lado humano de las organizaciones” al proponer sus conocidas Teoría X y Teoría Y como las dos visiones que un gerente puede tener sobre su equipo humano. La Teoría X es una visión negativa, en la que se parte de que el trabajador es perezoso, con aversión al trabajo y que necesita ser controlado, mientras que la Teoría Y parte de la visión positiva de un trabajador responsable, proactivo al que se puede dar autonomía por su capacidad de autodirección.

Pues bien, después de mucha tinta, literatura y teorías construidas en los últimos sesenta años como el empowerment, el coaching ontológico, hasta llegar al happiness en el cual el jefe no es jefe sino GEFE ‒gestor de felicidad‒ (entran risas, no pude encontrar el emoticón de carcajada), la realidad nos indica que estamos, con honrosas excepciones, bajo el imperio de la Teoría X.

El trabajo en casa conduce a un alto riesgo de exceso de control por parte de los jefes. Se ha conocido de casos en los que se exige al trabajador tomarse fotos frente al computador para que exista evidencia de que está trabajando, se programan tele reuniones a todas las horas para mantener al trabajador ocupado sobre la base de la desconfianza y se le somete a una jornada de 24/7 en la que se invade su esfera familiar y su intimidad.

Será necesario que se legisle sobre esta forma de trabajo como ya se ha hecho en otros países, pero lo más importante es que el curso obligado que estamos haciendo nos permita madurar para que sepamos utilizar adecuadamente estas nuevas formas y la tecnología que las soporta.

Y, para terminar, ¡ahí está mi Dios para que luego de tanta reinvención quedemos por lo menos como estábamos!

viernes, 22 de mayo de 2020

Bajo nuestra responsabilidad


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Durante estos días de cuarentena y aislamiento, primero obligatorios y después preventivos, realmente estuve muy juicioso. Idealmente hubiese querido no salir a la calle para no exponerme, pero debí hacerlo cada ocho días para buscar los alimentos y objetos de primera necesidad. Creo que les conté que, de la primera a la última salida en estas nueve semanas, de una impresionante soledad que me hacían sentir en un primero de enero a las 7 de la mañana, me llamó la atención cómo, cada vez más, había más gente hasta parecer hoy haber vuelto a la normalidad.

Entre el gobierno nacional y los gobiernos locales, con sus tires y aflojes, sus más y sus menos, creo que los responsables de estos destinos quisieron responder a la altura del desafío y creo, también, que lo hicieron bastante bien adoptando medidas de control sanitario, económico y social en un abanico muy amplio de temas complejos. Ya veremos luego como la historia juzgará esto que vivimos, por lo pronto, así lo hemos querido, la pelota está en nuestra cancha y nos toca ahora proceder de la mejor manera como ciudadanos, bajo nuestra responsabilidad.

Tengo la impresión de que la mayoría de la gente vivió esta inédita experiencia con seriedad y muchos a profundidad. Claro, no faltaron los inmaduros, los irresponsables y los payasos que creyeron que esto era un juego. Quizás por estas actitudes erráticas el virus de marras sigue haciendo su agosto y los casos aumentan día por día. Nunca pude tener claro si llegamos al tope de la curva y si esta logró aplanarse. El número de contagiados y muertos sube y no sé si se aproxime una crisis peor y el famoso “acordeón” ahora abierto, deba volver a cerrarse. Eso está bajo nuestra responsabilidad.

Creo igualmente que no tenemos un panorama tan trágico y desolador como el europeo, gringo, brasileño o ecuatoriano, por las medidas adoptadas oportunamente. Que el lavado de manos frecuente, que el tapabocas, que los guantes, que los geles y alcoholes, que la distancia, que esto y aquello, todo eso ha servido y nos corresponde por disciplina social seguir poniéndolo en práctica si no queremos irnos de narices a la debacle; eso queda bajo nuestra responsabilidad.

Y si volvemos a la “normalidad”, a lo mismo de antes, si no aprendimos la lección y tercos cual mulas procedemos igual o peor que el 20 de marzo y de poco o nada nos sirvió el asunto, eso está bajo nuestra responsabilidad. Como queda bajo nuestra responsabilidad ser mejores personas, más humanos, más responsables con el cuidado propio, del entorno y de los otros, más solidarios con los náufragos de este tsunami socioeconómico, más conscientes de nuestra limitación y fragilidad, más realistas respecto de lo que es realmente importante y lo que es relativo, más autocríticos y menos criticones, en fin… todo eso está bajo nuestra responsabilidad.

jueves, 21 de mayo de 2020

Militares bajo juego político


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda (RA)
¿Volverán los militares al poder en América Latina? es la pregunta que ronda por estos días entre analistas del más diverso pelambre, todos empeñados en proyectar rumbos políticos en la pospandemia. Coinciden en mencionar un descontento generalizado de las ciudadanías con la ineficiencia, ineficacia, corrupción e impunidad de los gobiernos tanto de izquierda como de derecha. Parecería que la democracia ahora no satisface a votantes cautivos de camarillas y clanes políticos electoreros. Esta situación abre la puerta, según algunos, para el regreso de estructuras militares, fuertes pero eficaces y menos corruptas. Además, la tropa por lo general pertenece a las clases pobres de los países latinoamericanos. Los de la izquierda totalitaria y represiva, salen al paso recabando las desgastadas historias de desafueros castrenses en Chile, Argentina, Brasil, Guatemala, mientras su bodrio informativo Telesur y otros medios de alquiler, insisten contraevidentemente en hablar maravillas de los regímenes cubano, nicaragüense y venezolano. Y difunden los “sabios” pronunciamientos de Morales y Mujica.

En el caso colombiano, un 86,7 % de simpatía de la opinión pública, es un piso político gigantesco que los militares no saben, no quieren o no pueden manejar, en tanto la refundida moral ciudadana colombiana se resiste a aceptar a asesinos, violadores, secuestradores y narcotraficantes, inmunes y discursivos desde una curul en el congreso ‒la voz del pueblo en democracia‒ con millonarias dietas que pagan campesinos, obreros, trabajadores y empleados. Ese Congreso, sus partidos políticos y la justicia, sufren de un mínimo de credibilidad, mostrando la anemia institucional del país, primer productor mundial de cocaína.

El Ejército Nacional de Colombia ha dado suficientes y duraderas pruebas de su lealtad a los principios republicanos de la democracia colombiana. Es la institución, no empresa como dicen algunos, más querida por los colombianos. Y a lo mejor todos los persistentes escándalos semanales contra ella, son un intento por degradar ese piso político que preocupa a élites corruptas. Ha cometido errores, sí. Algunos garrafales, como el de las ejecuciones extrajudiciales que manchan la historia de su bicentenarismo. Hay casos de corrupción, sí. Entre 320 mil hombres y mujeres, algún torcido habrá. Y la puja por llegar a la cúpula de esta organización altamente jerarquizada y piramidal no está exenta de maniobrerías: si hay codazos por el poder en la Iglesia, en donde se supone que todos sus miembros están en la brega por la santidad…

No son justificaciones, son explicaciones. Pero repetidamente en los últimos años, estamos oyendo a un puñado de personas con oscuros tintes políticos, hablando sobre lo que no conocen ni personal, ni histórica, ni técnicamente. Erosionan la moral de la tropa, esa que evitaron pues no pagaron su servicio militar, ni permitieron que sus hijos lo hicieran, faltaba más. Que arriesguen y entreguen su vida los pobres soldados pobres, para que ellos puedan seguir seguros, cómodos y hablando de oídas, de referencias. Aflojan los nudos para que la institución quede al garete, con armamento y todo, y vaya a parar quien sabe en qué orilla. Y esto se da en un contexto en donde, en el país y en la región, las comunidades permanecen interconectadas y (des) informadas; la rebelión eructa con creciente frecuencia; la pandemia ha sido un buen ejercicio de autoritarismo racional y las tecnologías de control social como las redes G5, tutorada además por expertos chinos, son una tentación mayor en Estados pospandémicos quebrados, con altas tasas de desempleo, pobreza generalizada y violencia incontrolable. Muy fácilmente se puede ceder el turno a gobiernos populistas o militaristas.

Como los militares bajo banderas son incondicionales a la autoridad civil, como tiene que ser, queda la opción política de la reserva activa que goza por reflejo, de la simpatía y credibilidad de los activos. Desafortunadamente los retirados siguen sin encontrar su rumbo, debido entre otras cosas, a que, en un entorno político tan complicado, insisten en actuar con criterios doctrinales de unidad, jerarquía y subordinación. Los llamamientos rígidos por mantenerse en los cánones comportamentales de la milicia deben ceder el paso a posiciones flexibles, sin negociar los principios. Rendir la vanidad de un mando ya inexistente a los azares políticos, es un requerimiento básico. Federalizar el entorno y los objetivos políticos, es una estrategia que se colige de la historia.

Muchas y variadas organizaciones de reservistas, enriquecen la discusión y atesoran conceptualmente las posibilidades políticas de la reserva activa. En fin, las opciones políticas están abiertas para quienes ayer portaron con orgullo el uniforme y hoy son ciudadanos con plenos derechos civiles, entre ellos el de hacer política partidista y electoral, controvertir, disentir, insubordinarse, elegir y ser elegido. Interesante perspectiva política en la pospandemia.

martes, 19 de mayo de 2020

De cara al porvenir: los días por venir


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Ahí, sin querer queriendo, van pasando los días, las semanas y los meses desde que iniciamos esta cuarentena con el fin de aportar, desde cada individuo y desde cada familia, de manera paciente y responsable, nuestro grano de arena para tratar de evitar la propagación de nuestro invitado inesperado: el COVID-19.

El ejercicio de convivir 24 horas completas con el círculo familiar es un gran reto. Todos tenemos muchos universos y todos ellos se complementan para que no nos abrume ni la monotonía ni el cansancio.

Paulatinamente se hacen pruebas para ir retomando algunas actividades con el fin de no dejar que la economía se paralice del todo, pues es indiscutible que ni los ahorros ni los subsidios pueden durar toda la vida. Es el gran riesgo que estamos comenzando a asumir, sabiendo que tenemos que estar alertas y atentos a lo que vaya sucediendo en otros países que, por pocos días de adelanto con respecto a nosotros, ya están viviendo esta experiencia.

Ojalá las cosas marchen bien y que de manera civilizada sepamos guardar, respetar y hacer respetar los protocolos necesarios para este reinicio del proceso de socialización.

Hay que entender que todos reaccionamos distinto ante las diferentes circunstancias que nos corresponde vivir y a las pruebas que no pone la vida.

Algunos han enfrentado esta situación como si nada hubiera pasado. Otros con angustia por el encierro. Otros siguen con sus responsabilidades laborales y académicas respaldados en la tecnología. Otros se angustian por el confinamiento, pues una cosa es no querer salir y otra muy distinta es no poder salir. Otros se afectan física o emocionalmente, entre otras tantas posibilidades. Lo importante es que esta nueva situación ha puesto a prueba nuestra responsabilidad, nuestro buen juicio, nuestro orden, nuestra tolerancia y además ha servido para corroborar quiénes verdaderamente hacen parte de nuestras vidas.

Ojalá los ejemplos que se han divulgado con respecto a algunos pequeños síntomas e imágenes de recuperación de ciertos espacios por parte de la naturaleza y de otros seres vivientes, nos ayude a entender el nefasto protagonismo que hemos desarrollado, afectando la vida de otros y de nosotros mismos.

Resulta inconcebible e inconsecuente que la especie dominante, el rey de la creación, quien se considera hijo de Dios, no entienda que cada uno de nosotros respiramos en promedio 13 veces por minuto. Y que, ante esta contundente realidad, que es condición para estar vivos, ensuciemos permanentemente y de manera creciente el aire que de todas maneras hemos de respirar sucio, contaminado y envenenado. A ratos la lógica se queda corta para explicar y entender que es lo que nosotros los humanos consideramos como significado de lo que es ser inteligente.

Considero que sin distingos de preferencias políticas debemos apoyar y respaldar a nuestros gobernantes. Les tocó duro y ojalá les vaya bien, pues ellos son los que tendrán que tomar las decisiones que nos han de impactar a todos.

Es posible que pretendamos y aspiremos a que todo vuelva a ser como antes y es uno de los escenarios. Sin embargo, debemos prepararnos a emprender un proceso de resocialización lento, que implicará paciencia, restricciones en las expresiones de afecto, filas, turnos, citas, cambios de rutinas, espacios, entre otras tantas cosas de nuestra cotidianidad.

De pronto hablábamos de manera anecdótica y lejana de la figura de “slowly”, del “slow life” que fue lanzado como movimiento hace algunos años en Roma ante la apertura de un establecimiento de comida rápida en una plaza tradicional. El Movimiento slow es una alternativa para enfrentar el ritmo de vida del mundo occidental, que aboga por tomarse tiempo para saborear y disfrutar cada instante de la vida y ha tenido éxito en muchos lugares del mundo. Parece que ha llegado el momento de hacernos a la idea y practicarlo.

lunes, 18 de mayo de 2020

Políticamente qué somos


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Después de vivir esta época diferente de la humanidad, de palparla  en forma directa y real, de sentir el dolor de la muerte aunque lejana aun para mí, sí cercana por ser los fallecidos de la ciudad, barrio, o afín a amigos y conocidos nuestros, y de leer, observar el acontecer diario de la vida pública y privada, me viene a la mente una inquietud ya desde el punto de vista político y social, que vale la pena plantearla porque de ahora en adelante las cosas cambiarán radicalmente; puede que sea lenta e imperceptiblemente, pero es seguro que no serán iguales al día antes de la pandemia. Hay una específica y quiero expresarla porque hace referencia al comportamiento de nuestros líderes, de los políticos que tienen el cuidado y bienestar de la comunidad.

Hoy no importa de qué partido político hacemos parte, o a qué líder preferimos, no vemos diferencia entre el centro, la derecha, la izquierda; no son mejores los malditos guerrilleros, ni son mejores los funcionarios públicos, hoy estamos todos dedicados a sobrevivir, a pasar un día detrás de otro, para no ser víctimas del virus, para no llevar la peste encima y no terminar la vida gracias a una enfermedad que no tiene preferencias, que simplemente llega y nos lleva.

La política debe ser considerada hoy de otra manera, debe ser más humana, más sensible, menos llena de odio, más tolerante, sin corrupción, proactiva, buscando la esencia de esta que es el bien y cuidado de la ciudad, pensando en el ciudadano y el mejoramiento de las condiciones de vida.

No es época de violencia verbal, que repugna; de debates insulsos, que no tienen ningún sentido; de conflictos por las reuniones virtuales del congreso, que si son validas o no, que si se puede votar o no, es una absoluta irrelevancia en las circunstancias de país que vivimos; nadie quiere ver ese comportamiento, agresiones, insultos, no se habla con propiedad, no se analizan los temas en profundidad, es un descuadre total y absoluto en donde debe primar el sentido común, la cordialidad y unificar un pensamiento en beneficio de todos los colombianos.

Hoy siguen en las mismas. Los extremos, por un lado, liderados por Petro, y sus seguidores, y el Centro con su grupo, y por otro lado una serie de periodistas que lo único que hacen es picar y picar para que las partes se respondan mutuamente y aumente la agresión; periodistas que no respetan al gobierno, hablan de la vicepresidenta, y no valoran el trabajo que están haciendo en beneficio de todos sin exclusión alguna.

Eso hace que los bandidos aprovechen la crisis de la salud, de la economía y continúen su carrera del mal, acabando en el Cauca con todo a su paso y sobre ello, lamentablemente no veo pronunciamiento de los partidos.

Quisiera que alguien me dijera si los políticos han actuado acordes con la crisis o están aprovechando para sacar partido de ella. En qué han contribuido a que la sociedad mejore, se sostenga o por lo menos mitigue sus angustias… yo la respondo diciendo que en nada.

Por ello, al final invito a los ciudadanos a que pensemos en construir una política social sin partidos, con personas que no pretendan robar el dinero público, que en las ciudades y municipios se valore el humanismo, ese respeto por el otro, que seamos solidarios con el desamparado, que valoremos lo mucho o poco que tengamos y no le quitemos nada al otro, que lo ha trabajado diariamente.

Menos politiqueros, más humanismo, menos egoísmo y más solidaridad. Esa es la política que necesitamos y queremos. No a la izquierda, el centro o la derecha si no aportan beneficio social.

domingo, 17 de mayo de 2020

La confianza


Por Andrés de Bedout Jaramillo*


Andrés de Bedout Jaramillo
En estos momentos de tantas dificultades en el mundo generadas por la pandemia y la desaceleración económica, la recuperación de la confianza es lo más importante.

Tenemos que recuperar la confianza en Dios, creyendo en sus mandatos y en su ejemplo, para poder contar con la fortaleza, la paciencia, la paz y la tranquilidad necesarias, para enfrentar esta y todas las dificultades que se nos presenten en la vida; ejercitarnos espiritualmente, todos los días, con la oración, las lecturas de la biblia y la simple conversación con nuestro señor Jesucristo, nos permitirán confiar en Dios, repito, el único que nos puede dotar de la fuerza, la paciencia, la paz y la tranquilidad requeridas.

Tenemos que recuperar la confianza en nosotros mismos practicando permanentemente valores como el de la honestidad, el respeto y el cariño, con nosotros mismos y con los demás; somos vulnerables, débiles e iguales, siempre ha sido y seguirá siendo así, pero hoy nos lo está recordando la pandemia. Ejercitemos el espíritu y el cuerpo, mucho ejercicio físico, hoy más que nunca tenemos que estar preparados física y mentalmente, para sortear esta crisis, donde tenemos que responder por nosotros, por nuestras familias, por nuestros congéneres y si confiamos en nosotros mismos vamos a cuidarnos para poder cuidar a los demás.

Tener más bienes materiales, más poder, no nos salva de la muerte, ni de la cuarentena, ni del COVID-19.

Tenemos que recuperar la confianza de nuestros congéneres, reconociendo que la tenemos perdida a todos los niveles, porque se nos confundieron las escalas de los valores.

Los que tienen poder y los que no tenemos poder, tenemos la mejor de las oportunidades para recuperar la confianza de los demás, honestidad, verdad, respeto, trabajo, estudio, paciencia, amor y agradecimiento a Dios por darnos la vida para luchar mirando siempre hacia abajo. Todos sabemos que la confianza en el sector de la política está totalmente minada, cuando la política con honestidad, austeridad, respeto y cariño es vital en el funcionamiento del Estado, porque la política es el arte de gobernar sirviéndole a los demás y no sirviéndose de los demás.

Si los políticos se sientan a reconstruir confianza, serán el ejemplo que seguir por los demás sectores de la sociedad, porque la política lo abarca todo.

Colombia cuenta con dos mil millones de dólares, que son como ocho trillones de pesos, para atender la pandemia y los efectos de la parálisis económica, estos recursos hay que cuidarlos para poder atravesar este desierto; no sabemos cuánto tiempo nos vamos a demorar, ni cuántas bajas vamos a tener en el camino, lo único cierto es que, si dilapidamos estos recursos, el camino va a ser más tortuoso.

Por favor, no malgasten este dinero en bienes y servicios que de nada servirán para atravesar el desierto, rindan cuentas exactas de cómo y en qué cuantías lo van utilizando para saber cuánto nos va quedando; no permitan que pícaros se apoderen del dinero, utilizando los miles de trucos para hacerlo desaparecer.

Parece ser mucho dinero y es mucho dinero. Cuánto tiempo se demoró el país para conseguirlo, con el esfuerzo y trabajo de todos, inclusive podría ser muchísimo más, si los ladrones llamados corruptos y los dilapidadores que también son corruptos y ladrones, no se hubieran llevado las inmensas cantidades que se llevaron y que hoy se quieren seguir llevando.

Si reconstruimos confianza, reconstruimos unidad y la unidad hace la fuerza.

martes, 12 de mayo de 2020

De cara el porvenir: pasa el tiempo


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Dice el aforismo popular que la mejor cura o remedio para cualquier mal o cualquier enfermedad, es el paso del tiempo.

En esta cuarentena preventiva que la gran mayoría de los ciudadanos del mundo estamos cumpliendo, la incertidumbre con respecto a lo que pueda pasar y cuándo, es la constante.

Obviamente los medios de comunicación giran todos los días alrededor de la principal noticia que es la pandemia, y dan datos y datos, y en vez de aclarar, más bien confunden. A estas alturas del partido hay cerca de 3.5 millones de contaminados en el mundo y cerca de medio millón de muertos. Y parece que el ejercicio es llevar la cuenta de cómo crecen este par de cifras cada día y cuáles países se llevan el pódium por aportar más fallecimientos.

Si comparamos los resultados actuales con lo que pasó hace un siglo con la llamada Gripa Española, pues uno tendría que aceptar que esto apenas está comenzando y que lo más grave y doloroso está aún por venir.

Otra postura igualmente válida, pero sin soporte histórico, es que esta catástrofe parará pronto, que el nivel de contagios se estancará y que paulatinamente podremos reiniciar nuestra vida normal.

Otra alternativa es que la ciencia aporte la vacuna o el inmunizante que se requiere y que sea accesible para todos los habitantes del planeta, o que nuestros organismos generen sus propias defensas. ¡Amanecerá y veremos!

Decía Pierre Teilhard de Chardin, el gran filósofo, científico y teólogo jesuita que la naturaleza requiere ser podada periódicamente y que las pestes, las guerras y las grandes catástrofes naturales, hacen su aporte en este sentido. Sigue siendo cuestionable la argumentación, pero la sensación general es que somos demasiados los habitantes humanos en el planeta y que de alguna manera el espacio y los recursos son insuficientes para albergarnos con dignidad. La huella demográfica nos muestra que, al iniciar el siglo anterior, en 1900, éramos 1.800 millones de personas, y hoy, al avanzar ya en la quinta parte del Siglo XXI, en el 2020, ya tenemos una cifra superior a los 7.500 millones, lo cual es un crecimiento exorbitante míresele por donde se le mire.

Es ingenuo pensar que este fuerte anuncio que nos hace la naturaleza nos servirá para ajustar las cargas y realizar una maniobra planetaria para ajustar el rumbo que traemos. ¡Ojalá fuera así!

El gran ganador en esta crisis mundial es el hasta hace poco agobiado y anacrónico modelo del Estado Moderno Occidental. Ante la evidencia, es incuestionable que en este momento histórico no existe ningún otro tipo de institución que sea capaz con legitimidad, legalidad o fuerza, de tomar las riendas del asunto y tomar las buenas o malas decisiones que se hayan de tomar, primero, para enfrentar el temporal, luego, para entenderlo y posteriormente para aplicar las estrategias que se requieren para minimizar sus impactos.

Debemos independizar el Estado, del gobierno de turno y claro está, del gobernante competente o incompetente que esté en ejercicio. En las buenas, cualquier imbécil sobreagua. Es en las malas donde se conoce de verdad el talante, la fuerza interior, el buen juicio, la voluntad, el arrojo, la capacidad de convocatoria y el verdadero liderazgo para tomar decisiones y formular estrategias en medio de la confusión generalizada.

Personalmente yo no veo por ninguna parte un mandatario que siquiera se le arrime a los tobillos a un Winston Churchill para enfrentar la crisis, así como tampoco veo por ninguna parte a un Konrad Adenauer que sea capaz de vislumbrar y dirigir la reconstrucción.

Pero es solo mi opinión subjetiva. Tendrán que asumir estos retos los hoy llamados líderes que hay, los presidentes y los primeros ministros de las democracias establecidas, que tendrán que sacar ideas y propuestas de donde no las hay, para evitar que la tentación de los totalitarismos, ante la debilidad de los gobernantes y los sistemas políticos, comenzando por los decaídos partidos políticos, salten y se apropien del escenario social, político y económico, con los ciclos y consecuencias que todos conocemos.

De todas maneras, no perdamos la razón y no olvidemos los aconteceres buenos y malos que nos rodeaban antes de la pandemia, cuyos actores deben ser finalmente exaltados o castigados. No puede servir esta pandemia para que la corrupción, la impunidad y la injusticia sigan galopando alegremente por nuestro país ni por el mundo.

De igual manera, debería haber un estado de excepción orientado a garantizar el manejo pulcro de los recursos que se recogen a través de la solidaridad ciudadana, ya sea en dinero o en especie o al uso transparente de los recursos del Estado, que finalmente son los recursos que todos hemos aportado.

No sé amigo lector a usted cuál tipo de castigo se le ocurre para aplicarle a los malnacidos que hacen mal uso de los recursos públicos para atender a los más vulnerables. A mí personalmente se me ocurren varias cosillas que, por simple pudor, me inhibo de compartir.

lunes, 11 de mayo de 2020

Reflexiones


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Meses y días de reflexión, en esas nos la hemos pasado durante la cuarentena que se inició el 18 de marzo en Medellín y que luego, el 23 de marzo, se aplicó para todo el territorio nacional. Desde allí todo cambio. Con el que converso, vía telefónica o virtualmente por las diversas plataformas, expresa lo mismo, la vida no será igual, pero el presente tampoco es el mismo.

La familia. Me  decía uno de mis tres hijos, que nunca habíamos estado tanto tiempo juntos y la respuesta es que es verdad, y ha permitido conocernos más, disfrutar los momentos del día y comprender el concepto de familia; con los dos mayores Santiago y Felipe, hablo casi diario, ellos también con su señora y novia, compartiendo la vida familiar, pero aun así los disfruto mucho porque hablamos y nos expresamos cosas que antes no eran habituales, en conclusión la vida familiar para el que la disfruta es y ha sido una gran bendición, los lazos de amor, y de amistad se están fortaleciendo.

En el trabajo hemos visto que la solidaridad está imperando. En empresas donde las dificultades están a flor de piel, han propuesto los mismos trabajadores que todos bajan el sueldo con la condición de no despedir a nadie y eso está bien, es un momento en el que todos aportamos para todos ganar un poco.

La disciplina social no existe en muchos lugares. En barrios y ciudades parece que la orden no tuviera efecto, siguen en la calle las personas, los negocios están abiertos con graves consecuencias para la salud pública. Si estos ciudadanos no aceptan las órdenes, qué pasará cuando se infecten… pues ellos serán los primeros y sus familias en recurrir a los hospitales y solicitar ingreso a las UCI, qué tristeza qué desorden, las consecuencias se verán.

Es increíble que, para la celebración de un día de madres, se decrete toque de queda y no consumo de licor. Estamos mal, no puede ser que, para compartir en familia, que no se puede, fuera de aceptar a los que conviven con la madre, que tengamos que tomar medidas extras de orden público, es un día de celebración y en Colombia se convirtió en un día de muerte.

Se tuvieron que abrir las comisarias de familia, porque la presión social llevó a que el Estado tomara decisiones para proteger al cónyuge indefenso, porque se incrementó la violencia intrafamiliar. Los golpes, el maltrato físico y la poca moral están a flor de piel. No hay excusa posible para que quienes comparten el hogar se agredan, es una consecuencia nefasta de la cuarentena, aunque sin ella, dentro del hogar se dan más muertes que en otros lugares, por lo que podemos afirmar que la seguridad no está en la propia casa.

La economía será otra, volver a la normalidad costará tiempo y dinero. Seguramente el gobierno está viendo lo que nosotros percibimos desde la primera semana, mantenernos en cuarentena, conllevará al crecimiento de la violencia, robos y hurtos, porque el que tiene hambre y necesidades no aguanta el día a día, es brutal.

¿Las ayudas del gobierno en buena hora se decretan y se espera recibir, pero si llegan a dónde es? Es una pregunta que nos hacemos todos y me da la impresión de que no, que los recursos se quedan en una serie de intermediarios, de instituciones que se crean de la nada y que tiene como único objetivo apropiarse del dinero público.

El presidente Iván Duque, lo ha hecho bien, presencia diaria, comunicación con la ciudadanía, ministros claros y precisos; no tengo sino reconocimiento a ellos.

Los políticos no están presentes. Fuera de criticar y hablar de lo que no saben, no han contribuido a mantener la cohesión ciudadana. Qué triste ejemplo el de estos señores, lamento profundamente que hablen y no sepan de que hablan, es triste observar que con ellos no contamos sino para hablar mal de quienes sí buscan el beneficio ciudadano.

En fin, continuaremos, con el pasar de los días, reflexionando sobre estos temas de interés ciudadano.