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martes, 22 de octubre de 2024

¿Repetiremos el desastre de 2022?

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Si estuviéramos viviendo dentro de la vigencia de la Constitución y la Ley, sería una excelente noticia la apertura del abanico presidencial del Centro Democrático, formado por María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Paola Holguín, Andrés Guerra y Miguel Uribe, del cual debe salir el candidato único del uribismo. Pero en las circunstancias actuales, este no llegará a la Presidencia, sino que hará más fácil la continuidad del petrismo porque si cada partido democrático presenta su candidato, la división nos llevará inexorablemente a repetir el desastre de 2022.

Vamos por partes. Supongamos:

1. Que no hay autogolpe de Estado y Petro no se queda a la brava.

2. Que las elecciones serán libres; las autoridades electorales, imparciales; el escrutinio, correcto, y los resultados, respetados.

Nada en la ideología comunista ni en la conducta del actual gobierno permite pensar que esas elecciones vayan a ser limpias y conformes a la legislación electoral actual, que, incidentalmente, puede cambiar si la reforma política de Petro se convierte en otra ley embadurnada de mermelada.

Si además consideramos el creciente control territorial de las guerrillas petristas, las elecciones no serán un paseo triunfal; más bien, una confrontación de muy incierto resultado.

Frente a un panorama electoral especialmente arriesgado y bajo gobierno comunista, la unión de las fuerzas democráticas es imperativa, porque desde ahora requerimos:

1. Un programa completo de recuperación nacional

2. Una fusión generosa y sincera de todas las fuerzas democráticas

3. Una dirección política única, con candidato también único e indiscutible.

Lo anterior debe responder a una voluntad de poder que se exprese desde ahora. Este movimiento demanda:

1. Prevenir el fraude.

2. Preparar millares de testigos electorales.

3. Adecuada logística (finanzas – publicidad – lemas y consignas – organización – responsabilidades, etc.)

4. Apropiada información en el ámbito internacional, para defendernos de calumnias, consejas y tergiversaciones.

Si en marzo de 2026 se repite el sainete de la consulta popular para elegir candidato democrático, como en 2022, apenas habrá dos meses para improvisar en los millares de asuntos que exige una campaña presidencial, sobre todo si se tiene en cuenta que el contrincante dispondrá de las dos vertientes del petrismo —la “legal” y la subversiva—, todo el dinero de la única gran industria actual del país y el inmenso poder del Gobierno.

Por todo lo expuesto hasta aquí, tenemos la obligación de rechazar el abanico uribista. Si alguno de sus integrantes es escogido para representar las fuerzas democráticas, magnífico, pero si esa responsabilidad recae en un personaje de otra corriente, todos tendremos la obligación de apoyarlo.

Hay que empezar desde ahora, sin pérdida de tiempo, a encarar al enemigo como debe ser, y no seguir desgastándose en numerosas candidaturas condenadas al fracaso, hasta marzo de 2026, cuando ya sea tarde para salvar al país.

Desde luego, estamos analizando una hipótesis, pero no deben descartarse otras como que Petro cierre Cortes y Congreso, y se vaya con su Plan B, C, o D; o que, con 600 municipios en poder de la guerrilla, “gane las elecciones”.

En los últimos días, el expresidente Duque ha propuesto una Alianza Nacional Republicana, y el doctor Vargas Lleras, así como el general Zapateiro, han llamado la atención sobre la necesidad de la unión para conservar la democracia. Estas voces son muy acertadas y no merecen el silencio con el que han sido recibidas hasta ahora.

En resumen, el país no se rescatará de un despotismo sin límites éticos ni legales, como el imperante, con juegos políticos de azar ni con maniobras decimonónicas.

***

Uno de nuestros mejores lectores ha resumido la situación así: “¡Muchos candidatos de derecha eligen uno de izquierda!”.

miércoles, 2 de octubre de 2024

Entrevista con Paola Holguín

Antonio Montoya H.
En la entrevista de la semana nuestra invitada de honor es la senadora por el Centro Democrático, Paola Holguín. Hablamos de su vida, su preparación y superación profesional, sus nexos con Álvaro Uribe Vélez y su permanente compromiso con el país. No dejes de verla.

Paola Andrea Holguín Moreno, natal de Medellín, es una destacada política, senadora y experta en seguridad y defensa. Obtuvo el título de Comunicadora Social y Periodista, con maestrías en Estudios Políticos y en Seguridad y Defensa Nacional. Su carrera inició como asesora presidencial durante el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, y luego ocupó diversos cargos, entre ellos, encargada de Asuntos Políticos de la Embajada de Colombia en México y consultora de USAID en temas de seguridad. En 2014, fue elegida senadora por el partido Centro Democrático, cargo en el que ha sido reelegida. Autora de los libros "Uribe de carne y hueso" y "Desde el escritorio del presidente", Holguín ha sido una figura clave en la política colombiana, defendiendo firmemente la seguridad nacional y el legado de Uribe. Además, ha impartido clases en universidades como la Pontificia Bolivariana y EAFIT.

martes, 20 de junio de 2023

Cómo podemos participar en política

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

En estos difíciles momentos que vivimos en Colombia, con un gobierno dispuesto a llevarnos por un camino de no retorno, todos tenemos que participar en política, recordando en primer lugar, que la política es la ciencia que trata de la organización y administración del Estado y de la sociedad, donde el núcleo es la familia. Es una tarea, que no puede seguir en manos de este nefasto e irresponsable Gobierno, dedicado a: fomentar el odio y la desunión de los colombianos; a destruir las instituciones y a malgastar los dineros de los contribuyentes, llevando a la inacción total las entidades del Estado, para que todas acaben a pedazos. 

Primero, hoy, más que nunca, debemos tomar las riendas de nuestras familias, para recordar los principios y valores, la necesidad de nuestro buen comportamiento en todos nuestros actuares, conservando la unidad, la solidaridad, la tolerancia y la disciplina requeridas.

En segundo lugar, debemos fomentar la participación en los grupos sociales, académicos y culturales, como miembros activos de una sociedad en movimiento, dándole más importancia a la presencialidad que a la virtualidad.

En tercer lugar, debemos estudiar y trabajar, cada día con más intensidad y dedicación. Nuestro país necesita a los colombianos verracos, que generan valor, empleo, riqueza y posibilidades para sus compatriotas, no podemos abandonar el barco en estos momentos tan difíciles, que vamos a superar entre la mayoría que ya estamos aburridos del irresponsable estilo Petro.

En cuarto lugar, vamos a apoyar la consulta popular convocada por El Centro Democrático, para conseguir las firmas necesarias para oponernos a las partes consideradas negativas y atentatorias contra el desarrollo del país, de las pretendidas reformas a la salud, las pensiones y laboral.

En quinto lugar, vamos a participar masivamente en las marchas de rechazo a este Gobierno nacional y en el caso de Medellín, al Gobierno local, para demostrarles que somos la gran mayoría los que nos oponemos rotundamente a la forma como nos están gobernando que acaba con todo lo que por cientos de años hemos construido.

En sexto lugar, vamos a participar activamente en las elecciones regionales para nombrar a los mejores gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles, para que en un proceso rápido podamos reconstruir lo destruido, recuperando la dinámica que requiere nuestro desarrollo.

Nuestro señor Jesucristo nos va a ayudar y todos vamos a poner todo nuestro empeño, para lograr una organización y administración de Colombia como nos la merecemos, donde el interés general, esté por encima del interés particular.

lunes, 5 de junio de 2023

La consulta popular, único plan B

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Todos los que hacemos parte de ese 70% que estamos en desacuerdo con lo que está haciendo Petro, orientado desafortunadamente, a destruir este querido y hermoso país, estamos en la obligación de participar en la consulta popular convocada por el Centro Democrático, consulta, que, en sus preguntas impresas al anverso del formulario, con toda claridad, establecen los pros y los contras en los temas de salud, pensiones y trabajo, que pretende la Colombia Humana, con Petro a la cabeza.

Esta consulta es muy importante, habida consideración de la gran desconfianza que tenemos los colombianos frente a la posibilidad de que los congresistas puedan evitar todos los males que se le ocasionarían a la gran mayoría de compatriotas, si estas reformas pasaran.

La consulta popular convocada, si logramos entre todos conseguir las firmas necesarias, que son cerca de 2.000.000, de acuerdo con censo electoral de cerca de 40.000.000, teniendo en cuenta las dificultades que se ocasionan con los formularios y los obstáculos que pondrían, desde el gobierno de Petro y de sus cada día más pocos seguidores, obligaría a presentar mínimo 5.000.000 de firmas.

Por el momento, sólo tenemos este plan B, debemos trabajarlo duro participando en la consecución de las firmas, actividad que no nos convierte en miembros del Centro Democrático, solo estamos coadyuvando en la construcción del único plan B con que contamos para evitar la hecatombe a la que nos quiere llevar este nefasto y fracasado Gobierno, con las reformas pretendidas.

Lo mejor sería que en el Congreso de la República archiven estos y otros proyectos de ley que se tramitan, ante la Cámara y el Senado, pero repito, si nuestros congresistas, siguen errados en la apreciación de lo que es el interés general sobre el interés particular y permiten el proceso destructivo al que nos están llevando, ojalá podamos, con los 5.000.000 millones de firmas de la consulta popular, detener las reformas a la salud, pensiones y laboral.

Espíritu Santo, ilumina a nuestros congresistas, para que los proyectos propuestos se archiven y danos mucha fuerza a los que estamos decididos a conseguir las firmas, para que la consulta popular salga adelante.

lunes, 10 de octubre de 2022

Editorial de Antonio Montoya H.

La editorial de esta semana, para El Pensamiento al Aire, inicia con un llamado a la unión de la derecha, superando los egos. También llama la atención sobre lo sucedido en el Concejo de Medellín, con respecto a la venta de las acciones de TIGO, el acuerdo no firmado de la venta de las tierras de Fedegan al gobierno, sigue su tránsito en el Congreso la reforma tributaria, no se logran acuerdos en el Congreso y hay divisiones incluso entre los partidarios del Pacto Histórico, aplaude los diálogos de paz, votaciones en Brasil, nuestra prevención contra el invierno y los huracanes, y concluye con comentarios sobre la guerra de Rusia y Ucrania. No dejes de escucharlo.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Oposición constructiva vs. gobierno destructivo

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Pocas veces se hace tan difícil escribir como hoy, porque toca discrepar de un grande hombre, como es en todo sentido Álvaro Uribe Vélez.

Tan pronto se anunció la elección de Petro, el expresidente se apresuró a reconocer el título del exterrorista, dando crédito a una Registraduría muy poco confiable. Por desgracia no estaba solo, porque la gran mayoría del establecimiento político permitió que los creíbles indicios de masivo fraude electrónico fueran desestimados. Por consiguiente, un manto de presumible legalidad ha cubierto la elección menos transparente.

Pocos días después de la posesión, el doctor Uribe lo visitó en palacio para ofrecer una “oposición constructiva” a un gobierno destructivo.

Ese terrible error inicial conduce al Centro Democrático (CD) a un callejón sin salida, porque la inmensa mayoría de sus votantes tiene clara la imposibilidad que existe de un diálogo productivo entre concepciones radicalmente opuestas, irreductibles e irreconciliables, como son las que separan a los partidarios de la libertad individual y económica, de los adherentes al colectivismo y el estatismo marxistas.

Desconocer entonces la índole destructora de todas y cada una de las propuestas del gobierno de Petro en contra del modelo democrático, condena al partido del Dr. Uribe a moverse en un mundo ilusorio. Solo en sueños es posible un diálogo conducente entre corderos y lobos o entre palomas y buitres.

La “oposición constructiva” requiere un gobierno también constructivo. El de Petro, una y otra vez en el Congreso, que es el foro donde se contrastan pareceres, claramente manifiesta su voluntad de llevar al país por la senda de la extrema izquierda más perjudicial. En estos horribles 50 primeros días, Petro jamás ha ocultado que su propósito es el de poner por obra todos los disparates y desatinos de su programa, gracias a las mermeladas parlamentaria y mediática y a la complicidad descarada de partidos tradicionales, degradados por dirigentes indignos.

Muy superior a sus líderes políticos, el pueblo ha comprendido mucho mejor que ellos hacia dónde llevan al país para convertirlo en una segunda Venezuela. Las nutridas marchas del lunes 26 de septiembre fueron la expresión concreta de una oposición, esa sí popular y estructural, que quiere conservar la democracia y el estado de derecho, frente a la piqueta demoledora del gobierno.

Esa es la actitud que el país requiere para escapar al triste destino que nos espera, si dejamos que se consolide la dictadura castro-petrista.

En cambio el CD, o buena parte del mismo, le dio la espalda a la protesta la víspera de las marchas; y lo que es peor, tan pronto estas pasaron los doctores Álvaro y Miguel Uribe y Óscar Darío Pérez, acudieron a palacio para continuar un diálogo imposible con un gobierno inflexible. En lugar de llegar estimulados por los centenares de miles de colombianos, de todos los partidos, que marcharon contra el gobierno, los visitantes de la casa de Nariño manifestaron una actitud de la mayor amabilidad ante un gobierno que, en vez de oír sus razones, quiere únicamente aparecer en las fotos con ellos.

A la salida de la reunión, los dirigentes del CD ofrecieron una larguísima rueda de prensa para informar acerca de las inquietudes que le transmitieron a Petro, como si este no conociera los puntos de vista de la oposición constructiva, que él y sus ministros han rechazado mil veces.

En esa lamentable presentación el expresidente Uribe, fuera de guardar inexplicable silencio frente a la posición oficial con relación al narcoestado que se perfila, llegó a expresarse así:

Nosotros queremos contribuir para que se entienda el gobierno del presidente Petro como un gobierno de democracia social, no un gobierno que se pudiera catalogar de fracasado Socialismo del Siglo XXI (…) Nosotros no queremos que al gobierno del presidente Petro lo estigmaticen de neocomunismo.

La oposición a Petro exige verticalidad y coherencia, porque si no se estructura inmediatamente un movimiento nacional con voluntad de poder, capaz de recuperar las gobernaciones y alcaldías el próximo año, la dictadura comunista se consolidará por término indefinido...

La respuesta del gobierno a las “manifestaciones constructivas” del CD va desde el silencio hasta la tergiversación, en agudo contraste con la cordialidad de sus visitantes.

Si ese partido persiste en el diálogo de sordos con el petrismo, el electorado lo repudiará, pero a Colombia no le conviene su desaparición, inevitable si continúa por la senda del apaciguamiento, el diálogo y la debilidad frente al arrogante y ascendente demagogo que nos gobierna.

miércoles, 26 de enero de 2022

Óscar Iván: ¿desistir a tiempo?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Se van consolidando cuatro fuerzas electorales que se medirán el 13 de marzo en las parlamentarias.

Hasta ahora ocupa el primer lugar en las encuestas el dizque “Pacto Histórico”, de Gustavo Petro, comunista, estalinista y castro-chavista.

Viene luego el denominado “Equipo de la Esperanza”, que agrupa a varios viejos políticos, compañeros de ruta de obediencia santista. Ese equipo se acaba de reforzar con una loquita.

Hay también un “Equipo de la Experiencia”, que ahora se conoce como “Equipo por Colombia”, donde se encuentran, mal coordinados, los exitosos exalcaldes Federico Gutiérrez, de Medellín; Alex Char, de Barranquilla; y Enrique Peñalosa, de Bogotá, junto con el señor Barguil, del conservatismo. Los dos primeros exalcaldes tienen más carisma electoral que el tercero.

En la cola se encuentra el Centro Democrático, debilitado por once años de calumnias diarias contra su jefe, Álvaro Uribe Vélez, víctima además de persecución judicial y mediática. Este partido escogió finalmente un candidato excelente como persona y como exministro, pero —hay que decirlo— sin carisma electoral.

Las elecciones para Congreso nos dirán el orden de preferencia popular. Ese día también habrá tres consultas para escoger los candidatos presidenciales del petrismo, de los santistas y de los exalcaldes. A partir de esa fecha tendremos entonces cuatro nombres para disputar la primera vuelta presidencial. O cinco, si el pintoresco señor Rodolfo Hernández llega de candidato hasta ese momento.

Si en marzo la votación del grupo santista supera a la de los exalcaldes, este último grupo quedaría muy averiado y maltrecho…

Ahora bien, si en la primera vuelta presidencial Petro queda de primero y un santista queda de segundo, el país se pierde, porque así Petro gana en segunda vuelta.

En cambio, si en primera vuelta Petro llega de primero y un exalcalde de segundo, aún queda esperanza de salvar al país in extremis.

De ahí la importancia de fortalecer a los exalcaldes desde ahora, lo que lleva a la conclusión de que el Centro Democrático no puede seguir por fuera de esa combinación. Si persiste la división de las fuerzas democráticas, el desastre será inevitable.

El propósito inicial del doctor Óscar Iván Zuluaga era la unión de las fuerzas partidarias del estado de derecho y de un modelo económico eficaz, lo que parece frustrado por la salida en falso del señor Alex Char, vetando al exministro de Hacienda.

Pensemos lo que puede ocurrir si el Centro Democrático se pone la mano en el corazón y el doctor Óscar Iván desiste de la candidatura oportunamente. En ese caso, las fuerzas del orden podrían fortalecerse, e incluso podrían, de repente, superar a Petro en la primera vuelta, o quedar de placé en mayo, para ganar en junio. En cambio, si seguimos divididos, las perspectivas son aterradoras.

Bien sé que lo que estoy diciendo me ocasionará vetos y reproches. Considero que el CD y el doctor Zuluaga deben adherir sin demora, y sin cálculos, al Equipo Colombia, y que el sacrificio de su candidatura es un gesto tan necesario como magnánimo, porque personajes como Char y Fico tienen mucho más carisma electoral que el doctor Zuluaga. Ha llegado el momento del desinterés y el patriotismo sobre toda otra consideración política o personal.

A la necesaria coalición democrática se llega más fácilmente con el desprendimiento que con las negociaciones de última hora.

***

En segunda vuelta se perdió en Perú porque millones de ciudadanos obedecieron la consigna infame de “Primero cortarse la mano que votar por una Fujimori”. Aquí podría operar algo similar y desastroso: “Primero cortarse la mano que votar por un uribista”, porque esos extremos de odio y contumelia han contaminado la juventud. Y no exclusivamente a esta.

Óscar Iván Zuluaga es, sin duda alguna, the best President we never had, y así debe pasar a la historia, y no como el derrotado candidato que llegó de cuarto en la primera vuelta de 2022.

miércoles, 18 de agosto de 2021

¿Derrotismo o resolución?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Ominosa la semana que ha pasado:

1.     A medida que se conocen los antecedentes terroristas de los ministros del sombrerón, aumenta el pánico económico en el Perú.

2.     Impelida por Biden, la oposición tira la toalla en Venezuela.

3.     En México, las ceremonias indigenistas de tergiversación de la historia alcanzan un nuevo paroxismo, con Amlo a la cabeza.

4.     La encuesta Invamer-Gallup nos presenta un Petro invencible en segunda vuelta.

5.     La señora Pachón se coloca en pole position para colaborar con Petro

La actitud de la intrigante viuda indica la tónica de una clase política que responde siempre a la pregunta de ¿Quiénes vamos ganando?

El viento de la resignación se extiende por doquier. El partido del apoyo irrestricto oscila entre la conformidad y la murmuración, pero en esa agrupación ya predomina la aceptación, como un hecho incontrovertible, de que el Acuerdo Final y la JEP son componentes inmodificables y obligatorios de la “Constitución”. Resignados al status quo, postergan la escogencia del candidato presidencial hasta marzo 2022, cuando ya no sea posible cosa distinta de presencia simbólica en las elecciones de la primera vuelta en mayo de ese año.

Como el CD tiene excelentes precandidatos que prácticamente no registran en las encuestas, esa posición es, hasta cierto punto, políticamente correcta.

La segunda vuelta es un mecanismo razonable en cuanto hace posible la reflexión de último minuto del electorado, pero no es garantía de éxito para el candidato moderado frente al extremista. Salvó al Ecuador, pero no funcionó en Perú. El resultado es aleatorio y desde ahora no puede aceptarse la idea de que quien quede de segundo salvará inexorablemente al país, de Petro, en junio 2022.

Actualmente el poder está mayoritariamente en manos de la izquierda revolucionaria: la justicia, la educación, los medios masivos. Los jurados de votación los pone Fecode. El cómputo electoral lo hace una empresa santista… Y como si todo eso fuera poco, la JEP y la Comisión de la “Verdad” ya entraron, con sendos y bien publicitados espectáculos, a intervenir en la contienda. La primera da la sensación de imparcialidad cuando reconoce 18 000 niños secuestrados, para luego absolver a los plagiarios; y la segunda, prorrogará su mandato, para arrojar continuamente lodo, de aquí a las elecciones, contra las fuerzas democráticas.

Lo anterior explica el derrotismo y la componenda con Petro, pero los acomodaticios olvidan que pasados unos pocos meses les llegará el triste y fatal destino que experimentan todos los moderados, desde los girondinos, cuando las palomas colaboran con los halcones, cuervos y gallinazos.

El país no puede entregarse al socialismo del siglo xxi, así no más.

Colombia espera a quien se resuelva a dar el grito de independencia, resistencia y recuperación, que encontrará respuesta en millones de patriotas.

La lucha que nos espera es heroica, difícil, definitiva, y habrá que darla —aconsejaba Mariano Ospina Hernández en momentos decisivos— “con el gobierno, sin el gobierno o contra el gobierno”: o ¡con los partidos, sin ellos o contra ellos!

***

¡De aquí a marzo, nos quedan 178 días!


miércoles, 12 de agosto de 2020

¡Que no les paren la caña!

 

Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín

La detención del presidente Uribe —montaje políticamente motivado dentro de la agenda revolucionaria— ha prendido todas las alarmas entre los ciudadanos partidarios de la democracia y la legitimidad.

Los que antes han desoído las frecuentes advertencias sobre el hecho de que el poder judicial se haya transformado en herramienta al servicio de la subversión, súbitamente se han percatado de que el estado de derecho deja de funcionar cuando la justicia, en vez de obedecer la ley, la sustituye por interpretaciones caprichosas y por la usurpación descarada de funciones de los otros poderes.

Resumiendo: las “altas” cortes modifican, tergiversan y derogan las leyes, cuando no ordenan al Congreso la expedición de normas “progresistas”. Continuamente anulan o entorpecen las decisiones del ejecutivo. La extralimitación habitual de funciones les deja muy poco tiempo para concluir los procesos que les corresponden y que dormitan en los anaqueles, a menos que los asuntos requieran una decisión favorable a la subversión, en cuyo caso la resolución del expediente es expedita, fulminante, sorprendente y devastadora.

Como si esto fuera poco, los “altos” magistrados pasan buena parte del tiempo fuera de sus atrasados despachos, dictando clase en una o varias de las 96 pésimas facultades de derecho, de las que salen incontables rábulas, a cuál más ignorante, cuya conformidad ideológica será premiada con juzgados o con cargos en las ÍAS…, para que toda esa plebe intelectual disfrute de sueldos y prestaciones desproporcionadas.

El pueblo no es bobo. Ante ese desastre, adobado con el cartel de la toga, considera que, con excepción de las FARC, el ELN y el Congreso, el poder judicial es lo más desprestigiado y despreciable del país.

Sin embargo, nadie ha podido hacer nada a partir de la Constitución de 1991, que entregó la justicia al clientelismo, y del Acuerdo Final, que la puso al servicio de la subversión, porque todos y cada uno de los 19 tímidos e inocuos intentos para reformarla han fracasado, sea en el Congreso, sea en la Corte Constitucional.

Como si no bastara con lo anterior, hay cuatro órganos de cierre (CSJ, CC, C.de E. y JEP). Nadie sabe cuál es peor, porque todos ellos están coordinados para el logro de determinados resultados políticos.

Ante este atroz panorama, varios calificados congresistas del CD consideran urgente y necesaria la convocatoria de una asamblea constituyente, para realizar la inaplazable reforma judicial.

Esa es una inquietud explicable por la gravedad del asunto, pero olvidan:

1. Que la tal ANC sería un congresito paralelo. Si el Cd tiene ahora 20% del legislativo, difícilmente tendría mayor participación en esa asamblea.

2. Solo con mayoría absoluta y con propuestas concretas puede reformarse la justicia.

3. Sin mayoría en una constituyente, el CD solo sería testigo de más populismo judicial izquierdista y de más remiendos inocuos o, tal vez, aun más perjudiciales.

4. ¿Qué sentido tiene proponer un mecanismo tan costoso y lleno de riesgos, donde el CD sería rutinariamente aplastado?

Por su lado el presidente Duque ha señalado la dificultad y complejidad del procedimiento para decretar una constituyente, que luego debe ser plebiscitada. Eso le indica la urgencia de “buscar un mecanismo que sea más veloz y asertivo para materializar ese cambio”.

La herramienta existe y ya ha sido propuesta por el doctor Luis Alfonso García Carmona, dirigente de la Alianza para la Reconstrucción de Colombia (ARCO), fuerza política que ha presentado un programa con propuestas concretas para la completa reforma constitucional requerida en todos los órdenes, porque la Carta de 1991 y sus 54 reformas hacen prácticamente ingobernable al país.

Una constitución tiene que ser congruente, armónica y funcional, todo lo contrario de la colcha ideológica de retazos que padecemos.

En consecuencia, con realismo y pragmatismo, ARCO propone aterrizar en la realidad nacional, en vez de más propuestas vagas, aunque bien intencionadas. Lo que se requiere es la unión de todas las fuerzas democráticas del país en un movimiento que sea capaz, en 2022, de obtener amplia mayoría absoluta en el congreso, y la elección de un presidente, que con suficiente respaldo, pueda dirigir la reconstrucción del país, empezando por lo judicial.

Por tanto, lo mejor es que no les paren la caña a los bienintencionados parlamentarios del CD, que ni tienen preparada una reforma judicial coherente, ni la fuerza política requerida para sacarla adelante.

***

Muchos recordaremos estos 156 días —hasta hoy— de confinamiento, como los que nos obligaron a revisar papeles, botar recibos inútiles de largos años; sacudir el polvo de los anaqueles, ordenar los volúmenes y desenterrar libros olvidados, bien para leerlos, bien para volver a recorrer las hojas de textos amados.

Entre ellos me topo con Historias detrás de la Historia de Colombia (Bogotá: Planeta, 4ª ed., 1998), del incomparable historiador Eduardo Lemaitre Román (1914-1994).

Esta recopilación de sus crónicas en El Tiempo, ágiles, chispeantes y reveladoras, con algo de picardía, de los entresijos de la pétite histoire, más de una vez provoca la silenciosa sonrisa que se dibuja cuando leemos las obras maestras.

lunes, 18 de mayo de 2020

Políticamente qué somos


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.*

Después de vivir esta época diferente de la humanidad, de palparla  en forma directa y real, de sentir el dolor de la muerte aunque lejana aun para mí, sí cercana por ser los fallecidos de la ciudad, barrio, o afín a amigos y conocidos nuestros, y de leer, observar el acontecer diario de la vida pública y privada, me viene a la mente una inquietud ya desde el punto de vista político y social, que vale la pena plantearla porque de ahora en adelante las cosas cambiarán radicalmente; puede que sea lenta e imperceptiblemente, pero es seguro que no serán iguales al día antes de la pandemia. Hay una específica y quiero expresarla porque hace referencia al comportamiento de nuestros líderes, de los políticos que tienen el cuidado y bienestar de la comunidad.

Hoy no importa de qué partido político hacemos parte, o a qué líder preferimos, no vemos diferencia entre el centro, la derecha, la izquierda; no son mejores los malditos guerrilleros, ni son mejores los funcionarios públicos, hoy estamos todos dedicados a sobrevivir, a pasar un día detrás de otro, para no ser víctimas del virus, para no llevar la peste encima y no terminar la vida gracias a una enfermedad que no tiene preferencias, que simplemente llega y nos lleva.

La política debe ser considerada hoy de otra manera, debe ser más humana, más sensible, menos llena de odio, más tolerante, sin corrupción, proactiva, buscando la esencia de esta que es el bien y cuidado de la ciudad, pensando en el ciudadano y el mejoramiento de las condiciones de vida.

No es época de violencia verbal, que repugna; de debates insulsos, que no tienen ningún sentido; de conflictos por las reuniones virtuales del congreso, que si son validas o no, que si se puede votar o no, es una absoluta irrelevancia en las circunstancias de país que vivimos; nadie quiere ver ese comportamiento, agresiones, insultos, no se habla con propiedad, no se analizan los temas en profundidad, es un descuadre total y absoluto en donde debe primar el sentido común, la cordialidad y unificar un pensamiento en beneficio de todos los colombianos.

Hoy siguen en las mismas. Los extremos, por un lado, liderados por Petro, y sus seguidores, y el Centro con su grupo, y por otro lado una serie de periodistas que lo único que hacen es picar y picar para que las partes se respondan mutuamente y aumente la agresión; periodistas que no respetan al gobierno, hablan de la vicepresidenta, y no valoran el trabajo que están haciendo en beneficio de todos sin exclusión alguna.

Eso hace que los bandidos aprovechen la crisis de la salud, de la economía y continúen su carrera del mal, acabando en el Cauca con todo a su paso y sobre ello, lamentablemente no veo pronunciamiento de los partidos.

Quisiera que alguien me dijera si los políticos han actuado acordes con la crisis o están aprovechando para sacar partido de ella. En qué han contribuido a que la sociedad mejore, se sostenga o por lo menos mitigue sus angustias… yo la respondo diciendo que en nada.

Por ello, al final invito a los ciudadanos a que pensemos en construir una política social sin partidos, con personas que no pretendan robar el dinero público, que en las ciudades y municipios se valore el humanismo, ese respeto por el otro, que seamos solidarios con el desamparado, que valoremos lo mucho o poco que tengamos y no le quitemos nada al otro, que lo ha trabajado diariamente.

Menos politiqueros, más humanismo, menos egoísmo y más solidaridad. Esa es la política que necesitamos y queremos. No a la izquierda, el centro o la derecha si no aportan beneficio social.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Hacia el gobierno de transición


José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Nada puede haber ahora más perjudicial que la actuación políticamente correcta de negarnos a la realidad, describiendo los acontecimientos con eufemismos y expresiones edulcoradas o celebrando triunfos donde solo hay cenizas.

Las FARC nunca han sido ni serán una fuerza democrática. Aunque son el brazo armado del partido comunista clandestino, de obediencia cubana dentro del esquema del internacionalismo proletario que recibieron el país. Esa entrega imperdonable fue rechazada en dos ocasiones por el pueblo “soberano”: la primera, cuando el NO, contra todas las trampas, triunfó en el plebiscito. Pero esa providencial decisión fue desconocida; y en vez de exigir la renuncia del presidente, se le permitió continuar maniobrando hasta que, mediante una ratificación espuria, pudo entregar el poder al partido clandestino cuyo nombre es tabú.

Más tarde tuvimos una elección presidencial que elevó la ventaja de las fuerzas democráticas, de 50.000 a 2.5 millones de votos; y la volvimos a desperdiciar porque el nuevo gobierno decidió dar cumplimiento estricto al acuerdo con las FARC, en vez de reformarlo para hacer posible la supervivencia de nuestra democracia. Su única repulsa en 15 meses ha sido la de objetar tres artículos de una ley sobre la JEP, que solo tenía otros 63 artículos inconstitucionales.

Si Petro hubiera llegado a la casa de Nariño, a partir del día siguiente habría empezado a plena marcha el gobierno de transición previsto en el NAF. En cambio, el doctor Duque adoptó una lánguida actitud, más de Santos que de Uribe, especie de limbo político, que ha ocasionado crecientes inseguridad e ingobernabilidad, sin que las ingratas izquierdas se lo agradezcan…

La anterior indeterminación es la principal causa del desastre electoral del CD, sin que dejemos de reconocer la pésima preparación de las elecciones en Bogotá, y aun en Medellín.

La duplicación de votos en regiones marginales, sobre todo en territorios antes dominados por las FARC, no puede consolar al CD.

En cambio, la caída de Bogotá y de Medellín en manos de la extrema izquierda es ominosa. Los alcaldes de esas ciudades adquieren el control sobre unos 50 billones de pesos anuales, y sobre varios centenares de juntas de acción comunal. Hay allí dos elementos insuperables para organizar una eficiente maquinaria electoral que, unida a la incapacidad legislativa y al dominio de la judicatura y los medios masivos por parte de la izquierda, la ubica en pole position para ganar las elecciones de 2022, para no hablar de los dineros de la industria del narcotráfico, estrechamente vinculado con la izquierda castro-madurista.

No más eufemismos (= mentiras): ni Claudia López es una mujer de “centro - izquierda”, ni Daniel Quintero es “independiente”. Ambos son actores de primera fila dentro del elenco revolucionario.

Además, en Bogotá, tanto Claudia como Hollman y Carlos Fernando se presentaron como fervientes partidarios del NAF, lo que indica el grado de desinformación de un electorado capaz de votar por ellos, sin tener en cuenta ni la situación de Venezuela, ni el “huracán” que ufano anuncia Diosdado.

En estas aterradoras circunstancias, un gobierno maniatado por la camisa de fuerza del NAF puede verse tentado a pasar de “acatar” a pisar con fuerza el acelerador que lo convierta en un eficaz “gobierno de transición”, sin oposición en el Congreso ni en las Cortes, aceptado por los medios y elogiado por toda la progresía mundial, para dejar atrás el triste papel que hasta ahora ha asumido.

Ante el atroz escenario político hay dos posiciones: la primera, la resignación, la espera de un futuro ineluctable como el presente de Venezuela, en el cual ni siquiera podríamos emigrar caminando. La segunda, iniciar desde hoy la resistencia, con determinación, coraje, energía y convicción.

Como no tenemos ni el Churchill ni el De Gaulle, hay que encontrar al líder capaz de enderezar el rumbo, antes de que llegue el momento en que clamemos por un cabecilla militar cuando ya no sea posible encontrarlo.

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Claramente inspirado por las fundaciones de Soros, el proyecto de resolución para “regular el aborto” pone a Colombia como el país más “avanzado” en esa industria macabra. Sin restricción de tiempo para el feticidio, niega también la objeción de conciencia, obligando a los médicos a matar o perder su empleo; y a las instituciones sanitarias confesionales a colaborar en la masacre…, pero al “ministro de Salud” nadie le pide la renuncia. Al contrario, se lo apoya, desconociendo que de la Constitución solamente surgen facultades para la vida, jamás para la muerte.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Las decisiones de los pueblos son sagradas


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
En Colombia las mayorías decidimos nuestros gobernantes locales, quienes se convierten en los gobernantes de todos y los que no votamos por ellos tenemos la obligación de aceptarlos como nuestros gobernantes.

Yo personalmente no me voy a llenar de amargura, ni de negativismo, ni a perder tiempo pensando en que llegó el Castro - Chavismo, el comunismo, el socialismo del siglo 21, el pacto de São Paulo financiado por Soros. Yo no voy a acelerar los trámites ante las autoridades españolas para lograr su nacionalidad porque ni siquiera los inicié, teniendo la línea de sangre que me lo permitía.

Yo le creo al discurso de los nuevos gobernantes, me ha parecido de mano tendida, me ha parecido que se van a entender muy bien con el presidente Duque, me ha parecido que la juventud, la inclusión, la tolerancia, el sentido social, el emprendimiento, la ecología, el transporte público eléctrico, Hidroituango, la educación, la salud, el empleo, la ayuda a la satisfacción de las necesidades más apremiantes de los más pobres, la lucha contra la corrupción, la austeridad y transparencia en el manejo de los escasos recursos estatales, estarán en las agendas nacionales, departamentales y municipales.

Yo no me voy a poner a llorar y a morir de la rabia por que ganaron jóvenes, independientes, que surgieron desde abajo con mucho esfuerzo y hoy nos van a gobernar.

Yo, desde mi posición de abuelo jubilado, me pongo a disposición para servir en lo que pueda ser útil, pero tengan en cuenta que tengo compromisos como servidor de Emaus, caminante por las montañas de Antioquia del grupo de los Jubilosos, integrante de la tertulia del Sheraton, participante de todos los foros y conferencias a los que me inviten, cuidador y amigo de mi pequeño nieto, de mi esposa y mis amigos, visitante permanente de mi anciana y querida madre, mensajero y chofer de la familia, entre otras ocupaciones. Mejor dicho, no hay nadie tan ocupado como un jubilado en ejercicio.

Seguiré rezando todos los días para que nuestros gobernantes no pierdan el norte del interés general, para que mantengan autocontrolados sus egos, para que le den la importancia requerida a sus familias, como ejemplo de su importancia como núcleo de la sociedad, para que no caigan en el desafortunado juego excluyente y dañino de la polarización que quieren mantener algunos integrantes del Centro Democrático y de la Colombia Humana, polarización que ya pasó de moda, que ya no queremos las mayorías. Deseamos es que todos trabajemos en los temas importantes y urgentes del país, con el ingenio y la verraquera que nos distingue, un país que entre más lo recorro, a pie, en bicicleta, a caballo, en carro, más me enamoro de él, porque es absolutamente hermoso y su gente absolutamente querida y auténtica.

Estoy absolutamente convencido de que juntos podemos avanzar, no más delincuencia, no más corrupción, no más abusos a mujeres y niños, que nos distinga la unidad, la generosidad, la solidaridad, así mejoraremos la calidad de vida y encontráremos la felicidad.

Así leo yo el mensaje del pueblo en estas recientes elecciones. Ojalá todos estemos de acuerdo y ayudemos a nuestros gobernantes, que suponemos no van a ser inferiores a los retos que enfrentarán, con la valentía, honradez, austeridad y dedicación que ofrecieron en sus campañas.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Yo confieso


Yo confieso

Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Que voté a favor del acuerdo de paz, en el año 2016, por ser un convencido de que las diferencias que se presenten habitualmente en cualquier ámbito, sea social, empresarial, familiar o institucional, debe ser solucionado a través de la concertación, por ser tal vez el único medio en el que las heridas originadas en los desacuerdos pasen desapercibidas y se puedan reanudar las relaciones entre las partes, bajo nuevas reglas de convivencia.

Pero, lamentablemente la subversión, las FARC, realmente entendieron poco el mensaje de convivencia, tomaron todo y no dieron nada a cambio, con excepción de algunos líderes del grupo y muchos guerrilleros de base que se han comportado a la altura del acuerdo firmado. Es una lástima tener que aceptar que me equivoqué, porque el fin era noble, se buscaba un país que después de más de cincuenta años de conflicto diera un salto y cesaran los ataques, los muertos y la violencia que imperó en el territorio colombiano.

La realidad fue otra, algunos de los negociadores del acuerdo y firmantes de este, desestabilizaron su propio grupo, lo dividieron, no supieron vivir en paz y retornaron a la guerra, para producir terror, desazón en las personas y daño a la infraestructura, qué mal ejemplo el que dan, la palabra empeñada no sirvió para nada.

También, como consecuencia de ello, en el Congreso de la República vemos como las voces de apoyo de la izquierda, los ataques a la institucionalidad generan cada vez más división, fomentan el odio, utilizan todos los medios para desestabilizarla. Para ellos todo es malo, todo se ataca, nada es honesto, y nada sale bien.

Entiendo que estamos bajo un sistema democrático, representativo, en el que el respeto y la tolerancia deben imperar para lograr mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Por ello, si nos atacamos, nos demolemos entre nosotros mismos, ganan las fuerzas que por las armas no lograron la toma del poder y ahora que están gozando de las mieles del acuerdo, aprovechan para conquistar el objetivo final, el poder.

Confieso que he venido pensando seriamente en el futuro que le dejaremos a las nuevas generaciones al paso que llevamos. No ha sido tarea fácil, pero busco que, conociendo la historia y los acontecimientos de los últimos años, este devenir no sea tan nefasto como a primera vista da la impresión. No imagino peor futuro que quedar en manos de quienes se llaman socialistas, sin entender lo que ello implica, que es mejorar las condiciones de todos, garantizando trabajo, propiedad, justicia y equidad, por cuanto lo que ellos consideran es simplemente obtener el poder y arrasar con la economía, la estabilidad y el futuro.

Por todo ello, creo necesario tomar una decisión personal, y es la de afiliarme al Centro Democrático como un soldado más, sin buscar beneficio alguno, pero sí manteniendo unos postulados firmes que permitan que, a través del trabajo, unidad de mando y respeto por los demás, podamos contrarrestar los avances de la izquierda y darles opciones mejores a los ciudadanos ávidos de esperanza, bienestar y seguridad.

Confieso que he estado en desacuerdo con el señor expresidente Álvaro Uribe, en temas como el de la reelección, el de las decisiones que dejan a los candidatos en el aire como sucedió en Medellín hace cuatro años, o con el reciente de Bogotá. Pero al final son más las coincidencias, por ello, en estos momentos de ataque a su nombre y al legado, me inscribiré en el partido como nunca en mi vida lo había hecho y aunque considere una buena opción al doctor Germán Vargas Lleras, partido al que nunca me asocié.

Afiliarme ahora, es un acto de fe, en un partido organizado y en el que la disciplina, el orden y el trabajo en equipo dan resultados beneficiosos para el país.

miércoles, 24 de julio de 2019

Y si se pierde Bogotá


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
No es que Bogotá se haya ganado. La actual administración apenas se ha podido ocupar de la recuperación administrativa de la capital, después de tres alcaldías deplorables en todo sentido, pero el doctor Peñalosa —competente urbanista pero mediocre político— no pasa de ser un funcionario “neutral” en un país empujado al abismo.

Desde luego, es mejor esa neutralidad que la militancia revolucionaria de sus tres pésimos antecesores, el inepto, el ladrón y el gran tergiversador.

La importancia de Bogotá en la política nacional excede su tamaño económico y su enorme población, porque su peso electoral es decisivo, aun sin tener en cuenta maniobras comiciales masivas y fraudulentas, que pueden repetirse, si el Distrito retorna a la extrema izquierda en octubre.

La derrota de Óscar Iván Zuluaga en 2014 se debió a la combinación de: 1. La trapisonda del hacker. 2. Los dineros de Odebrecht, y 3. Las novecientas y pico de juntas de acción comunal puestas por la Alcaldía al servicio de la votación por Santos, abusiva intervención que Peñalosa no repitió a favor de Duque, a pesar de llevar sufriendo tres años de sistemática denigración y descalificación por parte de Petro, el bilioso.

Ignorar la amenaza que significa para la democracia una Alcaldía de Bogotá en manos de la subversión es culpable miopía. Por desgracia, ni el presidente ni el CD se ocuparon, desde agosto del año pasado —como algunos advertimos— de preparar para la elección de octubre de 2019 un programa adecuado y un candidato idóneo y capaz de ganar. Entretanto, las gentes se acostumbraban a considerar como inevitable la llegada al palacio Liévano de una candidata iracunda, desenfrenada y descobalada, para reanudar en Bogotá la peor guacherna populista, demagógica y desgreñada.

La más reciente medición demoscópica de Guarumo debe tenerse en cuenta. A 93 días de las elecciones para gobiernos locales, López ha descendido del 60% al 26.2% de favorabilidad, mientras Carlos Fernando Galán llega al 12.7% y Miguel Uribe, al 9.7%.

Como los dos últimos señores, sumados representan 22.4%, si se unen a tiempo pueden dar la pelea. De lo contrario, ambos tendrán que responder por una tragedia aterradora para la capital y por el pronóstico reservado para la supervivencia de la democracia colombiana, porque no existe aún —estamos en mora— segunda vuelta en la elección de alcaldes.

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La ambigua lavada de manos por parte de la Corte Constitucional en el asunto de la aspersión con glifosato, solo puede entenderse como una nueva demostración de que el país está sometido a una autoridad clandestina, que se manifiesta a través de cuatro cortes de raposas jurídicas. En consecuencia, la aspersión sigue excluida. Solo podrá usarse, y con mil precauciones, cuando según los parámetros bien elásticos del AF, interpretados por sus secuaces en ese “alto” pretorio, fracase —hacia el año de Upa— la erradicación voluntaria.

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¡Qué envidia del Perú, donde la amenaza de convocar un referéndum recupera la autoridad presidencial y donde la justicia llama a juicio a cuatro expresidentes indignos!