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miércoles, 16 de abril de 2025

Cómo unir a la oposición

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

La gran mayoría de colombianos opuestos al terrible gobierno de Petro estamos convencidos de la necesidad de llegar unidos a la primera vuelta para, ojalá, en esa etapa electoral, lograr derrotarlo.

Bajo la única condición de ser opositores reconocidos de este Gobierno y con el único objetivo de evitar la continuidad en el desastre, todos los precandidatos de oposición deben disponerse a participar en la consulta interpartidista del 3 de marzo de 2026, que se realizará de forma simultánea con las elecciones parlamentarias.

Los partidos y movimientos de oposición que tengan varios precandidatos, deben acelerar sus procesos de selección, procurando no utilizar el mecanismo de la consulta partidista en octubre de 2025, para economizarle dinero al Estado y evitar que esta elección pueda ser interpretada como una exclusión en la participación en la consulta interpartidista de marzo de 2026, restándole fuerzas a la unidad de oposición.

Los movimientos de oposición de los llamados *outsiders* tendrán que apresurar sus procesos de recolección de firmas o, en su defecto, avalarse en partidos de oposición que no tengan candidato a la presidencia para presentarse en la primera vuelta en mayo de 2026.

Los partidos y movimientos políticos de oposición, con sus candidatos presidenciales, solo estarían adelantando la elección de primera vuelta un par de meses, de marzo de 2026 a mayo de 2026, con una estrategia que disminuiría a su mínima expresión, el riesgo de llegar a la primera vuelta, en mayo de 2026, con varios candidatos de oposición enfrentados a un solo candidato del Pacto Histórico, donde las posibilidades de éxito de la oposición se verían muy afectadas.

En el proceso de oposición propuesto, es muy importante que nosotros, los ciudadanos opositores a este nefasto gobierno, nos definamos por el candidato de nuestras preferencias, luego de un análisis con la razón frente a la extensa gama de precandidatos existentes, buscando lo mejor para nuestra patria en el proceso de reconstrucción al que tendrá que ser sometida a partir del 7 de agosto de 2026.

Las encuestas jugarán un papel muy definitivo en las decisiones de los electores de oposición, tanto en las escogencias al interior de los partidos y movimientos opositores como en las votaciones de la consulta interpartidista de marzo de 2026.

Esta sencilla y modesta propuesta de unión de la oposición, solo depende de la grandeza de nuestros hombres y mujeres que se consideran presidenciables y están absolutamente convencidos de la necesidad de un nuevo gobierno que corrija el equivocado rumbo por el que vamos.

De no unirnos todos los opositores, perderemos la oportunidad de ganar en 2026 y quedaremos con una oposición destrozada, donde las culpas de los unos contra los otros nos dejarán en manos de un petrismo y/o Pacto Histórico robustecido, dispuesto a continuar el proceso de exterminación de las instituciones, copándolas para evitar la separación de poderes, que hasta hoy todavía medio funciona en Colombia. Nada más parecido a un Venezuela.

Aprovechemos esta Semana Santa para reflexionar y pedirle a nuestro Señor Jesucristo que nos ilumine y ayude para lograr la unión de la oposición, en pro de tener un solo candidato escogido en la consulta de marzo de 2026.

jueves, 9 de enero de 2025

Planeación política 4

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Estamos en el primer mes del 2025, ya va siendo hora de que los partidos y movimientos políticos, incluidos los independientes, que se consideren opositores de Petro y sus secuaces, alcen la mano, como partes interesadas en la escogencia de candidato único de oposición.

El Centro Democrático y Cambio Radical ya han dado señales inequívocas de querer participar de esa necesaria unión de fuerzas requeridas para derrotar al demonio que a pasos agigantados está destruyendo a Colombia y pretende, sin lugar a dudas, perpetuarse en el poder, a como dé lugar.

No podemos permitir que nos pase lo de Venezuela, enfrentada hoy a la tiranía y a la opresión, de la corrupta y violenta dictadura de Maduro.

Todos los analistas y opinadores políticos, incluidos los petristas arrepentidos, están de acuerdo en la necesidad de un frente unido de oposición, amplio, que nos lleve, en unas elecciones anticipadas, a la escogencia de un candidato o candidata único.

No tienen por qué temer ninguno de los participantes, es como adelantar un poco las elecciones presidenciales en primera vuelta, con miras a buscar resultados eficientes en esta e inclusive en la segunda, de darse.

Lo único cierto y verdadero, es que el fraccionamiento de la oposición, daría muchas ventajas a Petro y a sus secuaces, entregándoles cuatro años más de gobierno, donde ya, con toda la institucionalidad a su favor, o mejor, de su propiedad, darían al traste con lo poco que después de este nefasto y diabólico Gobierno, quede de sector privado, de inversión, de ahorro, de empleo, de salud, de seguridad, de pensiones, de servicios públicos, de Ecopetrol, de EPM, en fin, de país, donde los únicos verbos que saben conjugar a la perfección, son los de la destrucción y la corrupción.

Estamos en el momento más crítico de nuestra historia y solo unidos, todos los que estamos convencidos del daño que están ocasionando al país Petro y sus secuaces, podremos liberarnos del tirano, corrupto, que pretende instalarse como dictador en nuestra patria.

Pensar que alguien solito, pueda enfrentar con éxito, al corrupto destructor, es un error que pagaremos con sangre y lágrimas, al igual que lo están haciendo nuestros hermanos venezolanos.

Alzar la mano para participar de esta cruzada de unidad opositora por Colombia, requiere de grandeza, de despojarse de egos, de humildad, de inmenso sentido de lo que es el interés general.

Colombia respiraría un nuevo aire, si a febrero de 2025, contáramos con un grupo grande de precandidatos a la presidencia, unidos en el propósito de candidatura única de oposición para el 2026.

Esto serviría como factor disuasivo para frenar la carrera destructiva y corrupta del actual Gobierno, trayendo una voz de aliento y un espaldarazo al sector privado y público, que hoy atraviesan sus momentos más difíciles en materia de seguridad, energía, salud, pensiones, transporte, servicios públicos domiciliarios y todas las actividades requeridas para el buen funcionamiento de un país, donde sus gobernantes deben ocuparse en la búsqueda de la unidad y bienestar de sus gobernados.

Pidámosle a nuestro señor Jesucristo, iluminar a todos los líderes de oposición, en Colombia, para que tengan la grandeza de juntarse en el propósito de la candidatura única que permita un frente unido en la reconstrucción de nuestro país.

martes, 7 de enero de 2025

Planeación política 3

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Se nos acabó este 2024 y arrancó el 2025, el tiempo está pasando rápido, los partidos y movimientos políticos, dormidos en lo más importante, actualizar sus bases de datos con sus seguidores, que son en última instancia la razón de su existir, renovar su conexión con ellos, carnetizarlos, conectarse con ellos, hacerlos partícipes de sus decisiones.

Deberían imitar a las nuevas entidades financieras que están entregando tarjetas de crédito sin ningún costo, sin poner un solo peso, para capturar a sus clientes, tener sus datos y contar con la información que les permitirá interactuar con ellos y lograr los mejores objetivos, invitándolos a participar en promociones y a obtener buenos rendimientos económicos.

En mi sentir, la inversión más importante de los partidos y movimientos está en contar con los datos de sus seguidores, carnetizarlos y más, con la llegada de la virtualidad y la inteligencia artificial.

Los partidos y movimientos políticos desde que, hace rato se convirtieron en clubes de parlamentarios, monopolizadores de avales y de concentración de poder, en la búsqueda de su reelección, olvidan el grado de desprestigio en que se encuentran, perdiendo la capacidad de creatividad que los avances tecnológicos coloca en sus manos.

No podemos olvidar el viejo anhelo de los colombianos de disminuir el Congreso de la República, anhelo que se convierte en necesidad, habida consideración del creciente déficit fiscal y que debe ir acompañado de una importante disminución en gastos de representación, camionetas y escoltas, racionalizando, optimizando y profesionalizando las unidades de trabajo legislativo.

En un futuro próximo veremos la necesidad de establecer requisitos que nos permitan senadores y representantes con las competencias, experiencia y condiciones de vida, que sean ejemplo y redunden en beneficio de la sociedad y lo más importante, que sean escogidos en procesos democráticos limpios, al interior de los partidos y movimientos.

Si logramos en Colombia senadores y representantes probos y honestos, habremos dado el primer paso exitoso en la lucha contra la corrupción, que hoy ha invadido con mucha fuerza al Congreso de la República, además de ministerios y todo tipo de entidades gubernamentales nacionales, generando pérdidas económicas, que además del afán de derroche y malos e ineficientes manejos, nos tienen en una situación fiscal, que ha convertido al Gobierno nacional en el principal deudor moroso de Colombia, con las consecuencias desastrosas que ya empezamos a ver en muchos sectores de la economía, como lo son los de la salud, la educación, los servicios públicos, las concesiones y hasta el de los subsidios ofrecidos a las clases más desfavorecidas, sin dejar de mencionar las miles de promesas incumplidas a las regiones más pobres y atrasadas del país como lo son la Guajira, Chocó y Amazonas, y ni hablar de los incumplimientos con San Andrés.

En la historia quedará escrito para siempre, el altísimo nivel de corrupción, mal ejemplo, irresponsabilidad, derroche e ineficiencia, al que estuvo y está sometida Colombia durante este demoníaco período de Petro y la confianza en nuestros gobernantes y legisladores está por el piso. La reconstrucción de nuestro país tardará muchísimos años; afortunadamente el trabajo desde las regiones, de los gobernadores y alcaldes elegidos, ha logrado mitigar un poco la acción destructiva de Gustavo Petro que está empeñada obstaculizar el accionar de los gobernantes locales.

Los colombianos seguimos esperando el accionar de la Comisión de Acusaciones, que podría librarnos de las garras de Petro, el presidente loco y destructor.

Los analistas políticos cada día avanzan en la construcción de las tres fuerzas (derecha, izquierda, centro) que tienden a alinearse para la confrontación política, con miras a las próximas elecciones, poniéndole a cada una de las fuerzas los precandidatos correspondientes, ejercicio que puede ir dándole un orden al tema, pero cuando se miran variables se desorganiza lo estructurado, porque lo que unos consideran unión de fuerzas políticas correctas otros lo consideran fuerzas políticas incorrectas, dependiendo mucho de conveniencias y manejo de egos.

Yo sigo insistiendo en la necesidad de abrir el frente de oposición a Petro, que con su Colombia Humana y su Pacto Histórico, va a contar con una unidad de izquierda radical, para Senado, Cámara y Presidencia, y que solo podrá ser derrotada por una fuerza opositora que aglutine a la derecha y al centro, dispuestas a salvar el país de una hecatombe como la de Venezuela, Cuba o Nicaragua, que nos llevaría a una dictadura de izquierda. Me atrevo a decir, que el espectro de fuerzas políticas correctas opositoras del Gobierno actual, deben dar cabida hasta a los petristas arrepentidos, que se comprometan a participar, respetar y acompañar unas primarias para elegir al candidato o candidata único a la Presidencia; en este frente deben quedar también los independientes, que ya anuncian proceso de recolección de firmas.

Si esto logramos para Presidencia, Colombia se habrá salvado de la peor hecatombe. 

Los temas de Senado y Cámara, únicos, en esta gran cruzada de la derecha y el centro, seguramente no se podrían organizar y podrían dar al traste en su estructuración, con el objetivo principal de contar con un candidato único a la Presidencia de la República.

Para ganar todas las partes tendrán que ceder, que tragarse sapos, que ampliar, con mucha lógica, el concepto de “fuerzas políticas correctas”.

Nuestro señor Jesucristo nos da la fuerza para no perder la esperanza.

martes, 22 de octubre de 2024

¿Repetiremos el desastre de 2022?

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Si estuviéramos viviendo dentro de la vigencia de la Constitución y la Ley, sería una excelente noticia la apertura del abanico presidencial del Centro Democrático, formado por María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Paola Holguín, Andrés Guerra y Miguel Uribe, del cual debe salir el candidato único del uribismo. Pero en las circunstancias actuales, este no llegará a la Presidencia, sino que hará más fácil la continuidad del petrismo porque si cada partido democrático presenta su candidato, la división nos llevará inexorablemente a repetir el desastre de 2022.

Vamos por partes. Supongamos:

1. Que no hay autogolpe de Estado y Petro no se queda a la brava.

2. Que las elecciones serán libres; las autoridades electorales, imparciales; el escrutinio, correcto, y los resultados, respetados.

Nada en la ideología comunista ni en la conducta del actual gobierno permite pensar que esas elecciones vayan a ser limpias y conformes a la legislación electoral actual, que, incidentalmente, puede cambiar si la reforma política de Petro se convierte en otra ley embadurnada de mermelada.

Si además consideramos el creciente control territorial de las guerrillas petristas, las elecciones no serán un paseo triunfal; más bien, una confrontación de muy incierto resultado.

Frente a un panorama electoral especialmente arriesgado y bajo gobierno comunista, la unión de las fuerzas democráticas es imperativa, porque desde ahora requerimos:

1. Un programa completo de recuperación nacional

2. Una fusión generosa y sincera de todas las fuerzas democráticas

3. Una dirección política única, con candidato también único e indiscutible.

Lo anterior debe responder a una voluntad de poder que se exprese desde ahora. Este movimiento demanda:

1. Prevenir el fraude.

2. Preparar millares de testigos electorales.

3. Adecuada logística (finanzas – publicidad – lemas y consignas – organización – responsabilidades, etc.)

4. Apropiada información en el ámbito internacional, para defendernos de calumnias, consejas y tergiversaciones.

Si en marzo de 2026 se repite el sainete de la consulta popular para elegir candidato democrático, como en 2022, apenas habrá dos meses para improvisar en los millares de asuntos que exige una campaña presidencial, sobre todo si se tiene en cuenta que el contrincante dispondrá de las dos vertientes del petrismo —la “legal” y la subversiva—, todo el dinero de la única gran industria actual del país y el inmenso poder del Gobierno.

Por todo lo expuesto hasta aquí, tenemos la obligación de rechazar el abanico uribista. Si alguno de sus integrantes es escogido para representar las fuerzas democráticas, magnífico, pero si esa responsabilidad recae en un personaje de otra corriente, todos tendremos la obligación de apoyarlo.

Hay que empezar desde ahora, sin pérdida de tiempo, a encarar al enemigo como debe ser, y no seguir desgastándose en numerosas candidaturas condenadas al fracaso, hasta marzo de 2026, cuando ya sea tarde para salvar al país.

Desde luego, estamos analizando una hipótesis, pero no deben descartarse otras como que Petro cierre Cortes y Congreso, y se vaya con su Plan B, C, o D; o que, con 600 municipios en poder de la guerrilla, “gane las elecciones”.

En los últimos días, el expresidente Duque ha propuesto una Alianza Nacional Republicana, y el doctor Vargas Lleras, así como el general Zapateiro, han llamado la atención sobre la necesidad de la unión para conservar la democracia. Estas voces son muy acertadas y no merecen el silencio con el que han sido recibidas hasta ahora.

En resumen, el país no se rescatará de un despotismo sin límites éticos ni legales, como el imperante, con juegos políticos de azar ni con maniobras decimonónicas.

***

Uno de nuestros mejores lectores ha resumido la situación así: “¡Muchos candidatos de derecha eligen uno de izquierda!”.

miércoles, 28 de agosto de 2024

¡Corina o Corino, pero ya!

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Quienes esperan ilusionados las elecciones del 2026, con docenas de egos luchando para pasar a una segunda vuelta, están en Babia, porque Petro estará en la Presidencia y las guerrillas mandando en 600 municipios.

Después de 745 días, con igual o mayor número de graves violaciones deliberadas a la Constitución y de repugnantes escándalos, ya es hora de abandonar las risueñas expectativas de quienes tranquilamente dicen: ¡Ya faltan menos de dos años para que finalice la pesadilla!

Esta semana, Petro se ha superado con dos actuaciones increíbles: 1. La orden a Ecopetrol, para que la empresa no participe en un negocio, ya convenido con OXY, que se hubiera traducido en notorio incremento de utilidades y reservas de crudo, y 2. La prohibición de celebrar contratos futuros para exportar carbón a Israel.

En ambos casos, las pérdidas para la economía nacional serán de billones de pesos. Desde luego, ambas órdenes presidenciales caen dentro de la órbita del Código Penal, pero, ¡no pasa nada!

Para impedir en Colombia la repetición de la tragedia venezolana, todas las fuerzas democráticas deben unirse desde ahora mismo, con el fin de escoger un líder único, que sea el candidato indiscutible y viable para las elecciones de 2026. En ningún caso puede repetirse lo de 2022, cuando hubo varias docenas de candidatos y tuvimos que acabar votando por un payaso coludido con el enemigo.

Si por parte de los líderes políticos se tolera nuevamente el surgimiento de docenas de candidaturas tan endebles como inviables, Colombia no tendrá esperanza alguna.

Entretanto Petro —gran dispensador de la cada día más costosa mermelada—, estimulado por el aterrador ejemplo de Maduro, por la indolencia de la clase política y la inoperancia de los mecanismos constitucionales para deponerlo, organizará, parlamentaria o extraparlamentariamente, su “proceso constituyente”, para presentarse a la reelección, con mejor preparación, incluso, que la del venezolano, porque ¡para algo sirve el mal ejemplo!

En el hermano país, durante un cuarto de siglo se repitió la farsa político-electoral, hasta que se impuso una figura grandiosa, la de María Corina Machado, pero ya era tarde...

Si en 2026 triunfa nuevamente el tal Pacto Histórico, Colombia tendrá un destino peor que el de Venezuela.

Por eso, nuevamente imploramos —por orden alfabético—, a los señores Iván Duque, César Gaviria, Enrique Gómez, Andrés Pastrana, Germán Vargas y Álvaro Uribe, que se reúnan, depongan sus rencillas, discrepancias y ambiciones, para pensar con la grandeza que les permita escoger, desde ahora mismo, un líder —Corina o Corino— para salvar al país.

De estos seis ilustres personajes depende la suerte de 50 y más millones, hoy, y de innumerables colombianos en el futuro. No creo que sea mucho pedirles; de lo contrario, pasarían a la Historia como los auténticos culpables de la caída del país en un abismo tan terrible como duradero.

***

Y también desde ahora es inaplazable: 1. Reformar, mediante ley, la Registraduría, para asegurar su imparcialidad, y 2. Prepararnos para defender las urnas mediante mecanismos parecidos a los ideados por María Corina, para asegurar que el cómputo sea verídico y verificable.

lunes, 26 de agosto de 2024

Nos quedó grande el país

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Cuando observo la generalizada actitud de mis compatriotas ante la descomunal crisis que atravesamos en todos los órdenes de la vida nacional, no me queda otra opción que la de reconocer nuestra triste y desgraciada realidad.

Se ha vuelto un denominador común en las diarias conversaciones preguntarnos cómo llegamos a esta terrible coyuntura.

Quienes se aplican a buscar las causas del desastre se quedan desconcertados en medio del camino o van cayendo en un peligroso marasmo que se transfiere a la actividad productiva, y a la dinámica de la sociedad en general.

Es extraña esta relación en un país que mayoritariamente está de acuerdo en que las cosas van mal y en que es necesario un cambio en la conducción del Estado, en los responsables de esta y en la orientación general de la gestión pública. Y esto no es una ilusión, ni una fantasía: basta con leer las estadísticas que dan cuenta de la desfavorabilidad del Gobierno o con presenciar la reacción libre y espontánea de las masas en las marchas de protesta o en cualquier espectáculo de asistencia masiva.

Compartimos mayoritariamente nuestro rechazo al régimen que asaltó el poder fraudulentamente y ahora nos quiere imponer una ideología violenta y materialista utilizando instrumentos ilícitos como la corrupción, el narcotráfico, el terrorismo guerrillero, la expropiación, así como la destrucción de la economía, las exportaciones y la seguridad social.

Sin embargo, carecemos de una oposición que haga valer nuestros derechos, pues el dinero sucio ha comprado la conciencia de congresistas y jefes políticos hoy al servicio de los nuevos amos del poder.

En medio del desconcierto y la falta de una conducción firme y contundente, estamos dilapidando herramientas que el sistema democrático nos otorga en nuestra defensa, tales como la función primordial que por naturaleza ostentan las fuerzas militares y de policía para restablecer el orden constitucional, sin que requieran orden previa de ninguna autoridad, o la competencia de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes para adelantar un juicio por indignidad originado en la violación de los topes financieros de la campaña por parte del candidato Petro, la cual es ya de público conocimiento.

¿Qué nos falta para dar el vuelco que aspira la gente buena de Colombia?

Primero, tomemos conciencia de que no es esta una contienda electoral para cambiar al presidente. No. Aquí nos enfrentamos a una batalla cultural, donde están en juego nuestros principios, nuestra historia, nuestras conquistas democráticas, nuestro futuro y el de nuestros hijos.

Segundo, si ello es así, no podemos actuar como si de unas elecciones ordinarias se tratara. Debemos desterrar los egoísmos, el afán de protagonismo, las jugarretas politiqueras que se observan en algunos grupos que pretenden el apoyo para sus campañas.

Tercero, partamos de la base de que esta debe ser una batalla para restaurar nuestros principios y valores. No se trata de una lucha confesional pero sí creemos que sin fe en Dios y en la ley natural en la que fuimos formados, no hay futuro para nuestra sociedad.

Debemos tener como un solo propósito llegar al Gobierno para trabajar por el bien común para todos los asociados. El bien común comprende dos elementos fundamentales: el orden jurídico y el bienestar general de la población, lo que supone que exista un desarrollo adecuado para prestar a la comunidad los servicios que son indispensables y las facilidades para su crecimiento personal.

Pero, además del bien común temporal, el hombre, como ser con unos fines y necesidades espirituales, debe encontrar en la sociedad las facilidades para cumplir con esa causa última que es el propósito final de su existencia: la bienaventuranza después de su muerte.

Si seguimos inmersos en las iniquidades de la vieja y falsa política y no empezamos a actuar con fe en Dios y en su Ley, ¿cómo podemos esperar una victoria?

Tomemos como guía estas palabras de Jacques Maritain:

Lo que quiero significar es que el mismo orden de la naturaleza y de las leyes naturales en cuestiones morales, que es la justicia natural de Dios, determina que la justicia y la rectitud política obren con miras a producir frutos que a la larga, en lo que respecta a su propia ley de acción, asumen la forma de mejoras y perfeccionamientos en el verdadero bien común y en los valores reales de la civilización.”

Pero la victoria será fructífera únicamente a condición de abandonar las iniquidades del pasado y volvernos decididamente hacia la justicia y la rectitud política.

¿Y es posible vivir en la esperanza, sin vivir en la fe? ¿Es posible confiar en lo que no se ve, sin tener fe?”

jueves, 20 de junio de 2024

Precandidatos al tablero

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

En reciente reunión se plantearon los requisitos que deberían cumplir los posibles precandidatos a la Presidencia, Senado y Cámara, para las elecciones de 2026.

Se habló de la teoría del péndulo, que se mueve de la extrema izquierda a la extrema derecha, una forma nueva de mirar la polarización, como inconveniente para el país, recomendándose líderes de centro, con gran capacidad negociadora y conciliatoria, para juntar los quereres de los extremos, líderes que tengan la capacidad y el valor de llamar las cosas por su nombre, de no engañar con mentiras a sus electores, líderes que en su trayectoria pública hayan obtenido muy buenas calificaciones, que se distingan en el respeto por los dineros públicos y sean ejemplo de austeridad en sus formas de vida, líderes prudentes, con mucha experiencia, seriedad y determinación.

Líderes que valoren y respeten la libertad de empresa y la importancia de la empresa privada para el país.

Líderes trabajadores, responsables, de vida sana, cumplidores de sus compromisos, dispuestos a la difícil tarea de reconstrucción del país, que ya está lo suficientemente destruido por la pésima e irresponsable administración actual, sumido en la más profunda corrupción.

Líderes con gran capacidad de conformar equipos de trabajo de colombianos con experiencia, responsables, austeros, de vida sana, conciliadores.

Líderes dispuestos a someterse a un mecanismo que permita definir entre varios, a un candidato único, que enfrente al candidato de la extrema izquierda, que se va a moler para continuar en el poder, con sus políticas destructivas de la unidad y solidaridad entre colombianos y de la economía en todos sus sectores, permitiendo la gran corrupción que estamos viviendo.

Líderes que se distingan por sus buenas maneras en el trato con sus semejantes. A hoy, pueden haber más de 20 precandidatos, hombres y mujeres, que ya deben auto convocarse a una reunión, para iniciar conversaciones entre ellos con miras a llegar al candidato único, que enfrentará al candidato de la extrema izquierda, Petro.

El propósito común es el de llegar a un candidato único, respaldado y acompañado irrestrictamente por los otros precandidatos, durante y después del proceso, mejor dicho, formarían un equipo tan sólido, que del grupo podrían salir los miembros del equipo de gobierno.

En mi humilde opinión me atrevo a proponer a Sergio Fajardo, David Luna, Paloma Valencia, José Manuel Restrepo, Enrique Gómez y Mauricio Cardenas, a quienes, entre otros, considero cumplen con los requisitos, y si ellos lo consideran pertinente, podría hacer parte del grupo de precandidatos que por el bien del país enfrentarían a la izquierda de Petro, con miras a la reconstrucción.

Pidamos al Espíritu Santo, iluminar y dar valor a los posibles precandidatos, para sacar adelante este propósito.