Mostrando las entradas con la etiqueta Congreso. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Congreso. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de abril de 2026

De cara al porvenir: cronología inicial de un nuevo período de corrupción

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

La imagen caricaturesca es presentada en el periódico El Tiempo del 11 de marzo de 2026 y refleja la desazón que produce el haber recorrido ya este camino durante varios períodos de gobierno ante los resultados de unas elecciones al Congreso de la República que no logran establecer mayorías.

En marzo 8 de 2026: se elige un nuevo Congreso sin llegar a consolidar mayorías claras por ningún partido político participante.

Entre los candidatos existen 20 con problemas judiciales y a los pocos días 2 candidatos electos son detenidos formalmente.

Antes de marzo 13 se eligen las fórmulas vicepresidenciales después de un juicioso cálculo político.

Entre marzo 08 y mayo 31 se da el denominado “juego de alianzas” (El Tiempo marzo 10 de 2026, página 1).

Período de componendas, negociaciones y alianzas para ir construyendo mayorías de cara a la primera vuelta presidencial.

De mayo 31 a junio 21 y a julio 20 (fecha de instalación del nuevo Congreso) y ya conocido el nombre del nuevo presidente en primera vuelta, o definidos los nombres de los 2 candidatos que van a segunda vuelta, ya es el nuevo mandatario quien busca el alineamiento de fuerzas para configurar su “coalición de Gobierno”.

Aquí es donde aparecen los nombres eufemísticos para decorar los conceptos de sobornar, corromper, cohechar, y comprar, entre otros, y nos encontramos entonces ante expresiones folclóricas comúnmente aceptadas y reconocidas para referirse al hecho de cómo dar o entregar: mermelada, mantequilla, jalea, sirope, miel, grasa, crema, aceite, brea, cera, goma, entre un sinfín de apelativos muy ocurrentes y creativos, a cambio del apoyo que requiere el Gobierno para sacar adelante sus iniciativas en el Congreso, es decir, lo que los expertos denominan como garantizar la gobernabilidad.

También se recurre a denominaciones más prosopopéyicas como “cupos indicativos”, “auxilios parlamentarios”, “convenios interadministrativos” y “proyectos de inversión regional”.

Es en este punto y hora cuando se desnuda la fatalidad de no manejar un concepto claro como el de gobierno - oposición, de enorme beneficio para una verdadera democracia. Usted no puede hacer oposición formal si está participando y disfrutando de las mieles de “la teta presupuestal” y de la posibilidad de buscar “puestos” para sus amigos, parientes o seguidores. Gobierna el ganador con los suyos, y los otros, los perdedores, se dedican a hacer una verdadera oposición a través del control político, la discusión profunda de los proyectos de ley que presenta el gobierno y/o la presentación de proyectos alternativos.

De junio 21 a julio 20 fecha de instalación del nuevo Congreso, se dan las negociaciones para elegir las mesas directivas de Senado y Cámara, así como la definición de las directivas de las distintas comisiones constitucionales.

Así mismo, desde mayo 31 o desde junio 21 (esto si hay primera y segunda vuelta) y hasta el 7 de agosto, fecha de posesión del nuevo presidente, se trabaja en la configuración del gabinete ministerial y la definición de las cabezas de los distintos altos cargos de la administración pública a través del poder ejecutivo en el ámbito nacional, donde se define la representación de los miembros de la coalición de gobierno en el Gobierno que se inicia.

A partir del 7 de agosto, ¡que comience el festín!

No nos demos por vencidos y esperemos que esta noria histórica, que nos ha llevado al estado de cosas actual, no se perpetúe generación tras generación.

¡Todo por Colombia, nada contra Colombia!

martes, 13 de enero de 2026

¿Elecciones bajo el asedio terrorista?

Luis Guillermo Echeverri Vélez

Se avecina el 8 de marzo, día de elecciones al Congreso. El potencial de Colombia es infinito, pero como un mal padre de familia tahúr empedernido, todo indica que estamos emperrados en apostar la casa y todos los haberes en unas elecciones bajo claro asedio terrorista.

Ningún presidente democrático se ha elegido, ni ha conducido bien al país sin apoyo del Congreso. Si queremos evitar el caos, Uribe debe liderar el congreso y necesitamos una buena relación con los Estados Unidos que es nuestro principal socio comercial.

El Gobierno y su candidato, revolucionarios comunistas disfrazados de progresistas y humanistas, expertos en mentir y engañar, no tienen otra alternativa que llevar al país a una encerrona electoral que garantice su continuidad en el poder, y están respaldados por las armas y el cabildeo de quienes manejan los dineros ilegales del narcoterrorismo internacional.

Es necesario entender que la verdadera usurpación de la soberanía nacional es la ocupación territorial y las agresiones al pueblo de las organizaciones criminales subversivas narcoterroristas, que vienen actuando en complicidad con el gobierno y están acompañadas de la proliferación urbana de bandas milicianas de alquiler asociadas al microtráfico.

Los dirigentes empresariales y políticos no deben ignorar las declaraciones que hablan de unir las FARC-EP y el ELN para defender la “patria grande”, ni el anuncio de Cepeda de integrar las FARC-EP a las fuerzas armadas constitucionales.

Deben nuestros gremios y Uribe como líder de la oposición, buscar un diálogo inmediato con Trump y Rubio, pues corremos el riesgo de que el proyecto bolivariano Castro-Chavista se convierta en un nuevo Vietnam o de terminar en una guerra civil entre diversas organizaciones criminales respaldadas por el narcotráfico y la minería ilegal, dos negocios que no están en venta.

El país perdió la seguridad democrática y el crecimiento económico formal de dos dígitos logrado en el rebote del 2021 al quedar en manos de un gobierno irresponsable, cleptócrata e intencionalmente destructor que ya tomó las acciones necesarias para arruinar la hacienda pública, la salud, el ahorro pensional y consolidar un sistema de empobrecimiento colectivo mientras las actividades ilícitas y el crecimiento de la informalidad sobrepasan una decadente economía formal, y el Estado ya no controla las fronteras ni 2/3 del territorio nacional.

Nos tambaleamos en la cuerda floja sobre un foso de tiburones, esperanzados en el próximo paso del impredecible y audaz presidente Trump y sin saber qué va a pasar en Venezuela, y estamos distraídos con el furor de las apuestas electorales, mientras sufrimos los efectos de un dólar subvaluado, una alta tasa de intereses, un salario mínimo inflacionario cuatro veces más alto que el IPC, y la pérdida de competitividad del sector exportador y de todo el aparato productivo real.

Este país en términos políticos es: café con leche, monta en moto y se comunica por Facebook; pues la mayor concentración ciudadana está en zonas cafeteras y en la costa Atlántica, el 75 % de los votos está en los estratos 1, 2 y 3, y son 50 a 100 municipios de la zona Andina, sus valles y la costa, los que definen las elecciones; porque en todas las zonas suburbanas y rurales de este trópico infernal, cientos de miles de familias complementan sus ingresos de supervivencia ordeñando una vaquita o en la economía del rebusque que atienden la canasta familiar; porque hoy más de la mitad de la población se moviliza en moto, y porque hasta un ordeñador tiene un teléfono inteligente y está influenciado por la información populista que recibe continuamente.

El país se juega su libertad, su tradición democrática y su economía en un mercado electoral donde llega con más potencia la narrativa mentirosa y populista del aparato propagandístico del Estado que controla la conversación en redes, la pauta en medios e impulsa a fondo la campaña comunista de Cepeda, por si Petro no logra postergar su mandato.

Por lo tanto, la prioridad del país debe ser otorgar un mandato democrático claro y confundente a partir de las elecciones parlamentarias, pues si el Congreso y la justicia siguen comiendo nube y no se ocupan de destituir a un presidente promotor de la ilegalidad, asociado al Castro-Chavismo y totalmente indigno de su cargo, y si las fuerzas armadas y los gremios del sector productivo siguen obrando como “elegantes eunucos”, nos van a capar parados a todos los que damos empleo y pagamos los impuestos, y podemos terminar dominados por las FARC-EP, sin libertades y oprimidos por la miseria que sabemos que genera el narco-comunismo terrorista modelo SSXXI.

El 8 de marzo hay que votar bien para poder devolver el país al redil de la democracia.

martes, 22 de octubre de 2024

¿Repetiremos el desastre de 2022?

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Si estuviéramos viviendo dentro de la vigencia de la Constitución y la Ley, sería una excelente noticia la apertura del abanico presidencial del Centro Democrático, formado por María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Paola Holguín, Andrés Guerra y Miguel Uribe, del cual debe salir el candidato único del uribismo. Pero en las circunstancias actuales, este no llegará a la Presidencia, sino que hará más fácil la continuidad del petrismo porque si cada partido democrático presenta su candidato, la división nos llevará inexorablemente a repetir el desastre de 2022.

Vamos por partes. Supongamos:

1. Que no hay autogolpe de Estado y Petro no se queda a la brava.

2. Que las elecciones serán libres; las autoridades electorales, imparciales; el escrutinio, correcto, y los resultados, respetados.

Nada en la ideología comunista ni en la conducta del actual gobierno permite pensar que esas elecciones vayan a ser limpias y conformes a la legislación electoral actual, que, incidentalmente, puede cambiar si la reforma política de Petro se convierte en otra ley embadurnada de mermelada.

Si además consideramos el creciente control territorial de las guerrillas petristas, las elecciones no serán un paseo triunfal; más bien, una confrontación de muy incierto resultado.

Frente a un panorama electoral especialmente arriesgado y bajo gobierno comunista, la unión de las fuerzas democráticas es imperativa, porque desde ahora requerimos:

1. Un programa completo de recuperación nacional

2. Una fusión generosa y sincera de todas las fuerzas democráticas

3. Una dirección política única, con candidato también único e indiscutible.

Lo anterior debe responder a una voluntad de poder que se exprese desde ahora. Este movimiento demanda:

1. Prevenir el fraude.

2. Preparar millares de testigos electorales.

3. Adecuada logística (finanzas – publicidad – lemas y consignas – organización – responsabilidades, etc.)

4. Apropiada información en el ámbito internacional, para defendernos de calumnias, consejas y tergiversaciones.

Si en marzo de 2026 se repite el sainete de la consulta popular para elegir candidato democrático, como en 2022, apenas habrá dos meses para improvisar en los millares de asuntos que exige una campaña presidencial, sobre todo si se tiene en cuenta que el contrincante dispondrá de las dos vertientes del petrismo —la “legal” y la subversiva—, todo el dinero de la única gran industria actual del país y el inmenso poder del Gobierno.

Por todo lo expuesto hasta aquí, tenemos la obligación de rechazar el abanico uribista. Si alguno de sus integrantes es escogido para representar las fuerzas democráticas, magnífico, pero si esa responsabilidad recae en un personaje de otra corriente, todos tendremos la obligación de apoyarlo.

Hay que empezar desde ahora, sin pérdida de tiempo, a encarar al enemigo como debe ser, y no seguir desgastándose en numerosas candidaturas condenadas al fracaso, hasta marzo de 2026, cuando ya sea tarde para salvar al país.

Desde luego, estamos analizando una hipótesis, pero no deben descartarse otras como que Petro cierre Cortes y Congreso, y se vaya con su Plan B, C, o D; o que, con 600 municipios en poder de la guerrilla, “gane las elecciones”.

En los últimos días, el expresidente Duque ha propuesto una Alianza Nacional Republicana, y el doctor Vargas Lleras, así como el general Zapateiro, han llamado la atención sobre la necesidad de la unión para conservar la democracia. Estas voces son muy acertadas y no merecen el silencio con el que han sido recibidas hasta ahora.

En resumen, el país no se rescatará de un despotismo sin límites éticos ni legales, como el imperante, con juegos políticos de azar ni con maniobras decimonónicas.

***

Uno de nuestros mejores lectores ha resumido la situación así: “¡Muchos candidatos de derecha eligen uno de izquierda!”.

lunes, 14 de febrero de 2022

Reforma integral a nuestro sistema de justicia

Gabriel Jaime Hurtado Restrepo
Por Gabriel Jaime Hurtado Restrepo*

“Hemos llegado a una situación escandalosamente paradójica en la que nuestro sistema de justicia parece estarse pasando al bando de los criminales”

Álvaro Gómez Hurtado (1919 – 1995)

Desafortunadamente la anterior afirmación hoy está más vigente que en su momento. Veamos por qué:

La vida en sociedad genera conflictos entre las personas, son inevitables. Una de las principales funciones del Estado, a través de su aparato judicial, es solucionarlos oportunamente.

Eso no lo estamos logrando, los colombianos nos sentimos totalmente desprotegidos, indefensos, ante la descarada impunidad que se pavonea en el país. Crímenes, desfalcos, torcidos, componendas, atracos, raponazos, robos, estafas, sobornos, extorsiones, secuestros, vandalismos, etc., se han generalizado en nuestra sociedad.

Y es que, duele decirlo, tenemos ineficiencias en la fiscalía, en las cárceles, en los juzgados, en las superintendencias, en los tribunales, en las cortes; además de otros complejos asuntos como episodios de corrupción, activismo político judicial y extralimitación de funciones.

En mi opinión la inoperancia de nuestro sistema de justicia es, sin duda, la causa de los principales males de Colombia: corrupción, narcotráfico, delincuencia, incumplimiento de la ley y de los contratos.

Dentro de ese estado de cosas preocupa de manera especial el rol que han asumido las Altas Cortes, particularmente la Constitucional.

Nuestra Carta Política en su artículo 113 establece que “Son ramas del poder público, la legislativa, la ejecutiva, y la judicial”. La rama legislativa reforma la constitución y hace las leyes, la rama ejecutiva gobierna y la rama judicial aplica las leyes de manera particular a cada caso concreto.

Las Altas Cortes en ciertos eventos se han salido de su cauce. En algunas reprochables decisiones judiciales, por la forzada vía de reglas de carácter general, han ejercido funciones ajenas, la legislativa que es del Congreso y la administrativa que es del ejecutivo. Cuando las aguas se salen de su cauce, anegan, hacen estragos.

Algo adicional que pareciera de menor importancia pero que genera un inmenso y nocivo impacto, es la absurda e inexplicable práctica de dar a conocer sus decisiones por medio de comunicados o ruedas de prensa, aún antes de tener listo el texto completo y definitivo de sus sentencias.

Esta descripción nos lleva a concluir que en nuestro sistema de justicia estamos en déficit. Tenemos que reformarlo para que funcione, opere, sea eficaz, resuelva pronta y acertadamente nuestros conflictos, y sea despolitizado.

Tengo el honor y la responsabilidad de ser candidato al Senado de Colombia por Salvación Nacional. Me propongo ayudar a impulsar una reforma integral a nuestro sistema de justicia, que realmente proteja la vida, honra y bienes de todos y garantice el acceso efectivo de toda persona. Pondré mi experiencia profesional de más de 30 años en el sector privado, como abogado, docente, conciliador, secretario y árbitro, para tratar de lograrlo.

Twitter:

https://twitter.com/GabrielJHurtado

LinkedIn:

https://co.linkedin.com/in/gabriel-jaime-hurtado-restrepo-023456a4

Facebook:

https://www.facebook.com/profile.php?id=100018326280078

Instagram:

https://www.instagram.com/gajahure/

domingo, 12 de septiembre de 2021

Fórmulas para la democracia

Santiago Cossio
Por Santiago Cossio*

El presidente es un conductor de un gran camión de 18 llantas. Son 18 ministerios y si alguno se desinfla termina varando todo un país. Él tiene todo el poder de elegir libremente a quién coloca, pero, también, corre el riesgo de equivocarse. Veamos los 18 ministerios que tiene hoy Colombia:

1.Ministerio del Interior

2.Ministerio de Relaciones Exteriores

3.Ministerio de Hacienda y Crédito Público

4.Ministerio de Justicia y del Derecho

5.Ministerio de Defensa Nacional

6.Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural

7.Ministerio de Salud y Protección Social

8.Ministerio de Trabajo

9.Ministerio de Minas y Energía

10.Ministerio de Comercio, Industria y Turismo

11.Ministerio de Educación Nacional

12.Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible

13.Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio

14.Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones

15.Ministerio de Transporte

16.Ministerio de Cultura

17.Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación

18.Ministerio del Deporte

Luego de ver las salidas de algunos ministros en el gobierno del presidente Duque me lleva a pensar que deberían existir mecanismos más claros a la hora de elegir los ministros.

Si el presidente pasara ternas al Congreso sobre 3 candidatos para ocupar cada ministerio, el Congreso en pleno podría elegir cada ministro y así se tendría mayor control, participación política, menos mociones de censura y mayor participación democrática en las estructuras de gobierno.

Entre las funciones del legislativo también está el hacer control político y eso incide directamente en la democracia. Con esta medida se evalúan perfiles donde las capacidades técnicas deben estar por encima de las capacidades políticas y se controla el amiguismo o corrupción que podría sufrir cualquier gobierno.

Un presidente recibe presiones de todas partes. otros partidos que apoyaron, desde las regiones, desde su propio partido, desde amigos y electores que ejercen influencia sobre la estructura de gobierno.

Aparentemente en el Congreso se perderían algunos días para legislar estudiando las hojas de vida, pero se ganaría en democracia y estabilidad del gobierno público. (Propuesta válida para gobernaciones y alcaldías).

P.D.: también puede ser cuartas de 2 hombres y 2 mujeres. Son propuestas para mejorar la democracia.

sábado, 10 de abril de 2021

Déficit de caja en Colombia

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Estamos a un poco más de 300 días para las elecciones parlamentarias y a algo más de 400 días de las presidenciales, tenemos caja para 6 semanas según el Ministro de Hacienda, estamos en un pico de pandemia muy bravo que requiere de muchísimos recursos económicos. ¿No será que es el momento de que los congresistas, todos, reduzcan sus salarios y prebendas a la mitad, para ayudar en algo a este déficit de caja próximo a llegar? ¿No será oportuno que los líderes de las misiones diplomáticas revisen sus plantas de cargos y las reduzcan a lo estrictamente necesario, independientemente de consideraciones personales, para ayudar en algo al déficit de caja?, ¿no será que todas las entidades estatales en el ámbito nacional, municipal y departamental deben revisar sus gastos y establecer un verdadero plan de austeridad?, ¿no será que las autoridades de vigilancia y control deben también ajustarse el cinturón?

El panorama económico que nos pintan: un déficit de caja en los próximos seis meses, una reforma tributaria; posibilidad de que caiga aún más la calificación crediticia de nuestro país, tanto que si  tratáramos  de financiarnos con bonos, estos serían considerados como bonos basura, y en consecuencia nuestras posibilidades de crédito implicarían costos muy altos; a su vez nos cuentan los medios de comunicación que Colombia calificó como el país más corrupto del mundo, que la justicia está tan congestionada que son muy pocos los casos que alcanza a resolver, que el sistema de salud está colapsado, que las vacunas están escaseando; que solo tres millones de los nueve millones de familias están recibiendo subsidios económicos, que a duras penas les permite medio subsistir; que no sabemos el número de desempleados derivados de la pandemia, ni el número de empresas que ya han desaparecido del mercado o están a punto de hacerlo.

Lo extraño de todo esto es que todas las entidades públicas siguen gastando a chorros, creando nuevas dependencias, invirtiendo en imagen, comprando camionetas blindadas, haciéndose incrementos superiores al porcentaje del mínimo legal vigente (caso congresistas), llenando nóminas diplomáticas costosísimas, etcétera.  Inclusive está  la Comisión de Sabios creada desde 2017 para recomendar el fortalecimiento de la austeridad del gasto del Estado; parece ser que esa comisión no ha presentado el informe oficialmente por lo poco que se conoce, o si lo ha hecho, o son paños de agua tibia o el gobierno no les está parando bolas, porque es mucha la mermelada la que hay que repartir, quedando solo el camino de la reforma tributaria, sin ni siquiera un compromiso de austeridad de todas las entidades de las tres ramas del poder público.

La reforma tributaria, con todo lo que nos han dicho, seguramente es necesaria, por lo visto muy apoyada en la clase media y ojalá haciendo justicia, cobrando más impuestos a los grandes asalariados y benefactores de prebendas en el Estado, como congresistas, magistrados, diplomáticos, etcétera.

La reforma tributaria para golpear lo menos posible a los colombianos, debe estar necesariamente acompañada de un compromiso, concreto y medible, de todas las entidades del Estado.

¿Porqué será que no han podido entender: que el interés general debe estar por encima del interés particular, que estamos en emergencia, que la plata de los colombianos ya no alcanza para todo lo que se le ocurra a la supervivencia política, que no están llenando las expectativas de los colombianos, que le han abierto de par en par las puertas a los representantes del  populismo, para que en un poco más de 400 días, el pueblo los escoja como gobernantes, y así se replique lo de Medellín en Colombia?.

El régimen salarial y prestacional de los congresistas riñe con el derecho a la igualdad, establece beneficios y prerrogativas desproporcionadas e inequitativos en relación con la realidad de la mayoría de los servidores públicos y empleados del país. Esta realidad es de conocimiento público, se la he oído a congresistas de los diferentes partidos y movimientos, pero no han sido capaces de ponerse de acuerdo para solucionar tan odiosa injusticia, a sabiendas de que son ellos los que hacen las leyes.

Hasta del impuesto solidario del 20% se salvaron los congresistas, mejor dicho, ni para la pandemia tuvieron que aportar.

Yo insisto, señores congresistas, es el momento de dar ejemplo, es el momento de ponerse de acuerdo en lo que se está de acuerdo, para que el país pueda hacerle frente a tan difícil situación y avanzar.

Que nuestro Señor Jesucristo los ilumine y los dote de valor, para acometer reformas que, aunque los afectare a ellos personalmente, hagan justicia con el resto de colombianos.

miércoles, 29 de abril de 2020

Hacia la "economía de guerra"


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Cuando algunos empiezan a agitar el tema de “la economía de guerra” conviene hacer algunas consideraciones.

Nadie puede ser enemigo de la tridivisión del poder público, de la soberanía judicial o de la representación popular a través del parlamento, mediante elecciones libres, etc. No obstante, hay que analizar hasta dónde se invalidan las más convenientes instituciones, por aquello de que “si la sal se corrompe…”

Salir del actual túnel se presenta como la encrucijada mayor en la historia nacional. Cuando pase esta emergencia, el país empobrecido (con un desempleo aterrador, urgido de un desarrollo que saque de la miseria a millones), se encontrará con una pavorosa crisis fiscal, endeudado hasta el cogote, sin exportaciones y dependiente de las narcodivisas.

Este sobrecogedor panorama exige el gobierno más eficaz, lo que solo puede lograrse con unidad de mando. Quienes comienzan a hablar de economía de guerra tienen buena parte de razón, porque en guerra solamente puede haber un supremo, un generalísimo, un jefe único. Cuando una gran democracia se ve ante el abismo, no tiene solución distinta de ponerse en manos de un dirigente indiscutible. Frente a Hitler, para no ir más lejos, Gran Bretaña, sin sacrificar las libertades civiles propias de la dignidad humana, aceptó una dirección sobre la economía aun mucho más enérgica e inflexible que la del III Reich; y mientras duró el conflicto Mr. Churchill no aceptó contradicciones internas.

Volviendo a Colombia, Alberto Lleras en 1946, amenazado por una huelga subversiva y paralizante, notificó al país que había un solo gobierno, el suyo, en Bogotá…, cortés notificación que acaba de hacerle finalmente el doctor Duque a la gárrula, estridente, alocada, subversiva y expectante alcalde de Bogotá…

Pero el problema no está solo en la usurpación de funciones por parte de alcaldes. Cuando las medidas para recuperar un país deshecho empiecen a ser entorpecidas por un poder legislativo clientelista y por las “altas cortes”, corruptas y al servicio de la subversión, en vez de tener la dirección unitaria necesaria para realizar una tarea titánica, tendremos de nuevo un ejecutivo debilitado y un país avanzando de tumbo en tumbo hacia el despeñadero electoral de 2022, cuando las absurdas promesas populistas podrán imponerse con la mayor facilidad.

Cuando impera el orden constitucional, los tres poderes funcionan dentro de un deber-ser armónico. Pero en Colombia lo que tenemos es un desorden institucional, que si no se supera nos llevará al abismo.

Toca entonces hablar primero del congreso. Bajo la Constitución anterior a la de 1991, el legislativo actuaba dentro de ese deber-ser. Todos sus integrantes eran partidarios de la democracia y los congresistas debían deliberar en conciencia, porque “los individuos de una y otra cámara representan a la nación entera, y deberán votar consultando únicamente la justicia y el bien común”, como rezaba el Artículo 105, concisa y admirable disposición que sintetiza lo que debe ser el parlamento en una democracia.

En cambio, ahora, con las tales “bancadas”, sus miembros tienen que votar como digan sus “partidos”. Han dejado de ser legisladores, para convertirse en peones de los cinco o siete caciques que son quienes ordenan cómo votar, y por tanto, son los que ejercen efectivamente el poder legislativo en una república clientelista.

Antaño, los congresistas percibían congruas aunque exiguas dietas. La mayor parte de ellos vivían y morían decorosamente. Para cualquier profesional bien preparado, asistir al Congreso era un sacrificio patriótico. Hogaño, el congresista, con honrosas excepciones, no tiene que preocuparse por inhabilidades éticas, ni debe acreditar ausencia de antecedentes penales, ni preparación universitaria o experiencia profesional. Si por excepción tiene un título, se aferra a la curul, porque jamás quiere volver al bufete o al consultorio. La verdad es que, en las cámaras, el puñado de congresistas idóneos siempre acaba apabullado por la chusma mayoritaria.

Como afortunadamente el doctor Duque no compra las votaciones con auxilios parlamentarios y cupos indicativos, ahora no vale la pena hablar del fantástico enriquecimiento de numerosos representantes del pueblo durante el gobierno anterior, pero la retribución que reciben por encima de la mesa causa escándalo: Tienen apenas $42´068.139= de ingreso mensual; prima en junio de $12´000.000=, y otra en diciembre, de $24´000.000=; camioneta blindada en Bogotá y otra en provincia; $37´000.000= mensuales para pagar su séquito de secretarias, mozas y asistentes, antes de que se reanuden sus viajes con viáticos vip por todo el mundo.

¿Necesita el país 268 individuos de más de cien millones mensuales, para ejecutar las órdenes de sus caciques y dictar leyes de muy pobre redacción e ínfima calidad jurídica?

Toda la razón asiste al iluso senador que ha propuesto reducir el congreso a la mitad, disminución insuficiente, porque mientras rija la ley de bancadas, el legislativo podría reducirse a seis o siete miembros. Pero esa iniciativa está, obviamente, condenada al fracaso.

¿Puede el país, con el actual modelo de congreso, salir adelante?

***

To do the best of the bad job, como dicen los ingleses. Por lo tanto, he disfrutado hasta donde es posible del cultivo del jardín, como aconseja el padre del ensayo. Nada mejor entonces que acudir a los libros. Aunque hay muchos “buenos”, la vida solo nos da tiempo para los “mejores” y no para todos, por desgracia. Así que por estos días me he enfrascado en “La diplomacia del ingenio. De Montaigne a La Fontaine” (Barcelona: Acantilado; 2011, 694 p.), obra tan tersa como erudita que nos cuenta cómo, para el siglo XVII, el francés ya se había zafado del latín renacentista y se iba consolidando como una de las lenguas más bellas y perfectas, emancipada de los cánones grecorromanos, hasta entonces inmodificables, lo que se logró con obras imperecederas como las de Montaigne, Vigènere, Descartes, Perrault, Boileau, Corneille, La Fontaine y Molière, de las cuales surgen historiografía, memorias, novelas y poemas que dan origen al esprit francés…

El autor de ese formidable libro, y de otros tan provocativos como “La república de las letras”, “Cuando Europa hablaba francés” y “El Estado cultural”, Marc Fumaroli, es además un gran especialista de Chateaubriand. Ubicaré entonces sus libros en el mismo rincón de la biblioteca reservado a las obras incomparables del memorioso vizconde.

***

En el universo de La Fontaine, los animales hablan, piensan y actúan como los hombres. Una fábula colombiana podría presentar a Claudia como un tigre, a Petro como una hiena y a Santos como un virus…