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martes, 13 de enero de 2026

¿Elecciones bajo el asedio terrorista?

Luis Guillermo Echeverri Vélez

Se avecina el 8 de marzo, día de elecciones al Congreso. El potencial de Colombia es infinito, pero como un mal padre de familia tahúr empedernido, todo indica que estamos emperrados en apostar la casa y todos los haberes en unas elecciones bajo claro asedio terrorista.

Ningún presidente democrático se ha elegido, ni ha conducido bien al país sin apoyo del Congreso. Si queremos evitar el caos, Uribe debe liderar el congreso y necesitamos una buena relación con los Estados Unidos que es nuestro principal socio comercial.

El Gobierno y su candidato, revolucionarios comunistas disfrazados de progresistas y humanistas, expertos en mentir y engañar, no tienen otra alternativa que llevar al país a una encerrona electoral que garantice su continuidad en el poder, y están respaldados por las armas y el cabildeo de quienes manejan los dineros ilegales del narcoterrorismo internacional.

Es necesario entender que la verdadera usurpación de la soberanía nacional es la ocupación territorial y las agresiones al pueblo de las organizaciones criminales subversivas narcoterroristas, que vienen actuando en complicidad con el gobierno y están acompañadas de la proliferación urbana de bandas milicianas de alquiler asociadas al microtráfico.

Los dirigentes empresariales y políticos no deben ignorar las declaraciones que hablan de unir las FARC-EP y el ELN para defender la “patria grande”, ni el anuncio de Cepeda de integrar las FARC-EP a las fuerzas armadas constitucionales.

Deben nuestros gremios y Uribe como líder de la oposición, buscar un diálogo inmediato con Trump y Rubio, pues corremos el riesgo de que el proyecto bolivariano Castro-Chavista se convierta en un nuevo Vietnam o de terminar en una guerra civil entre diversas organizaciones criminales respaldadas por el narcotráfico y la minería ilegal, dos negocios que no están en venta.

El país perdió la seguridad democrática y el crecimiento económico formal de dos dígitos logrado en el rebote del 2021 al quedar en manos de un gobierno irresponsable, cleptócrata e intencionalmente destructor que ya tomó las acciones necesarias para arruinar la hacienda pública, la salud, el ahorro pensional y consolidar un sistema de empobrecimiento colectivo mientras las actividades ilícitas y el crecimiento de la informalidad sobrepasan una decadente economía formal, y el Estado ya no controla las fronteras ni 2/3 del territorio nacional.

Nos tambaleamos en la cuerda floja sobre un foso de tiburones, esperanzados en el próximo paso del impredecible y audaz presidente Trump y sin saber qué va a pasar en Venezuela, y estamos distraídos con el furor de las apuestas electorales, mientras sufrimos los efectos de un dólar subvaluado, una alta tasa de intereses, un salario mínimo inflacionario cuatro veces más alto que el IPC, y la pérdida de competitividad del sector exportador y de todo el aparato productivo real.

Este país en términos políticos es: café con leche, monta en moto y se comunica por Facebook; pues la mayor concentración ciudadana está en zonas cafeteras y en la costa Atlántica, el 75 % de los votos está en los estratos 1, 2 y 3, y son 50 a 100 municipios de la zona Andina, sus valles y la costa, los que definen las elecciones; porque en todas las zonas suburbanas y rurales de este trópico infernal, cientos de miles de familias complementan sus ingresos de supervivencia ordeñando una vaquita o en la economía del rebusque que atienden la canasta familiar; porque hoy más de la mitad de la población se moviliza en moto, y porque hasta un ordeñador tiene un teléfono inteligente y está influenciado por la información populista que recibe continuamente.

El país se juega su libertad, su tradición democrática y su economía en un mercado electoral donde llega con más potencia la narrativa mentirosa y populista del aparato propagandístico del Estado que controla la conversación en redes, la pauta en medios e impulsa a fondo la campaña comunista de Cepeda, por si Petro no logra postergar su mandato.

Por lo tanto, la prioridad del país debe ser otorgar un mandato democrático claro y confundente a partir de las elecciones parlamentarias, pues si el Congreso y la justicia siguen comiendo nube y no se ocupan de destituir a un presidente promotor de la ilegalidad, asociado al Castro-Chavismo y totalmente indigno de su cargo, y si las fuerzas armadas y los gremios del sector productivo siguen obrando como “elegantes eunucos”, nos van a capar parados a todos los que damos empleo y pagamos los impuestos, y podemos terminar dominados por las FARC-EP, sin libertades y oprimidos por la miseria que sabemos que genera el narco-comunismo terrorista modelo SSXXI.

El 8 de marzo hay que votar bien para poder devolver el país al redil de la democracia.

miércoles, 27 de octubre de 2021

¿Será que caerá el telón detrás de los acuerdos de Cuba?

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por Luis Guillermo Echeverri Vélez*

¿Por qué tanto miedo en algunos medios afines y en las redes de los adalides del mal y sus encubridores mamertos a la extradición de Otoniel?

¿Qué quiere ocultar el malvado periodismo fariano - santista promotor de los acuerdos que multiplicaron exponencialmente la deforestación, la producción de cocaína, la minería ilegal, el narcotráfico y el narcoterrorismo?

¿Qué tanto hay de cercanía entre, las FARC -E P (que solo dejaron de existir en los sueños “nobelistiocos” de “Aguacate” (el gran estafador político madurado a punta de periódico que cambió en Cuba la Constitución de su patria en procura del Nobel con que engañó a toda la paz mundial), el ELN y los grupos paramilitares, hoy mal llamados bacrim, desde la era en que reinaron “Los Santos”, cuando la conveniencia que deforesta para sembrar muerte (coca y minería ilegal) es la que en materia de negocios, tanto los une?

¡Qué bonito! ¿Y ahora resulta que, por un anuncio de extradición, el gobierno Duque es el de la culpa?

¿Será que ahora sí hay miedo real a que se esclarezca y se sepa con nombres propios como es la “melé” entre la JEP y las prioridades en el concepto elástico de las víctimas que maneja esa fuerza bendecidora de impunidades e inquisidora del sistema de libertades: la justicia especial para las FARC - EP?

¿Será que ahora sí se puede saber sobre los roles reales tras la tramoya del doctor Cocoíta, de Leiva, el Rasputín colombiano, del arquitecto de la impunidad Enrique Santiago y del ideólogo de la Lumumba, Sergio Jaramillo, tras las naguas de los idiotas útiles que negociaron en nombre del cielo: el vice de Samper, el famoso canciller industrial alias el “Sargento García” y el iluso e imberbe hijo de papi recién llegado de Harvard?

Y ¿qué pasará si el hombre abre la boca y consigna en un expediente, en una corte de la justicia americana, delatando todo lo que puede haber escondido detrás del movimiento anual tanto local e internacional de 200 toneladas de cocaína?

¿Y por qué será tanto afán de encubrimiento a alias Otoniel?

¿Por qué le bajaron el volumen a lo que hay detrás de Memo “el Fantasma”, del azote del Choco alias “el Viejo”, de Guacho y de tantos otros, y a la reincidencia de Santrich, y a lo que hacen el ELN, el Paisa e Iván Márquez y la nueva Marquetalia desde Venezuela?

¿Y por qué le bajaron el gas a hablar de lo que ha representado la relación de Piedad Córdoba con el difunto Chávez y toda su pandilla de Maduro, Diosdado y el Cartel de los Soles?

¿Qué podrá el capo Otoniel contar de sus distribuidores en el país, en México, en el Caribe, en Venezuela, en Europa, en Brasil y en los propios Estados Unidos?

Después de manejar 200 toneladas de coca por año, ¿podrá contar algo de Gentil Duarte, de Pablo Catatumbo, de las mal llamadas disidencias, de Gustavo Bolívar, los bloqueos, la primera línea y la Colombia Humana, de los caciques mafiosos que vendían los niños de sus comunidades , del rol “justiciero y democrático” que pueda cumplir Iván Cepeda y los colectivos, de Granda, del niñero Pastor Alape, del santo Lozada, de Aida y del Gran Encomendero Juampa alias Santiago, y de Gustavo Francisco Petro Urrego, alias Andrés Aureliano y su nuevo M-19?

¿Podrá el país llegar a entender la filigrana del negocio entre el M-19, los cárteles de la droga, el objetivo de la quema del Palacio de Justicia, y luego con el parlamento, la constituyente y los gobiernos de la época dorada del narcotráfico?

Ayer sobraron los # del periodismo pro acuerdos con el narcoterrorismo fariano, tratando de armar controversia sobre tema Otoniel.

¿A quién le están haciendo la vuelta?

Qué flaco favor le hacen al derecho, a la justicia y a la legalidad, a los valores de la democracia y al Estado de derecho, abriendo un debate que tiende a tratar de justificar, el poder llevar a la JEP a un delincuente que maneja 200 toneladas año de clorhidrato de cocaína.

¿Tendrán miedo de que pueda contar algo sobre el falso proceso de paz y la agenda oculta del mismo?

¿Tendrán cutu-cutu de que un testimonio de un pez tan gordo desate el deber democrático pendiente del debate y la declaratoria ilegal de la Farc-política, igualmente grave o más que la Para-política?

¿Tendrán miedo acaso de que la juventud y las redes sociales descubran finalmente el mayor de los falsos positivos y que Uribe fue “el diablo” que combatió por igual el narcoterrorismo guerrillero y el “paraco” y extraditó los paramilitares a los Estados Unidos como lo ha venido haciendo la justicia colombiana y el presidente Iván Duque?

¿Pondrá ello en evidencia el lisonjero Nobel y el manto pacífico con que encubren los Santos su verdadera condición de mercaderes de la miseria humana?

Solo “El Tiempo” lo dirá.