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lunes, 14 de febrero de 2022

Reforma integral a nuestro sistema de justicia

Gabriel Jaime Hurtado Restrepo
Por Gabriel Jaime Hurtado Restrepo*

“Hemos llegado a una situación escandalosamente paradójica en la que nuestro sistema de justicia parece estarse pasando al bando de los criminales”

Álvaro Gómez Hurtado (1919 – 1995)

Desafortunadamente la anterior afirmación hoy está más vigente que en su momento. Veamos por qué:

La vida en sociedad genera conflictos entre las personas, son inevitables. Una de las principales funciones del Estado, a través de su aparato judicial, es solucionarlos oportunamente.

Eso no lo estamos logrando, los colombianos nos sentimos totalmente desprotegidos, indefensos, ante la descarada impunidad que se pavonea en el país. Crímenes, desfalcos, torcidos, componendas, atracos, raponazos, robos, estafas, sobornos, extorsiones, secuestros, vandalismos, etc., se han generalizado en nuestra sociedad.

Y es que, duele decirlo, tenemos ineficiencias en la fiscalía, en las cárceles, en los juzgados, en las superintendencias, en los tribunales, en las cortes; además de otros complejos asuntos como episodios de corrupción, activismo político judicial y extralimitación de funciones.

En mi opinión la inoperancia de nuestro sistema de justicia es, sin duda, la causa de los principales males de Colombia: corrupción, narcotráfico, delincuencia, incumplimiento de la ley y de los contratos.

Dentro de ese estado de cosas preocupa de manera especial el rol que han asumido las Altas Cortes, particularmente la Constitucional.

Nuestra Carta Política en su artículo 113 establece que “Son ramas del poder público, la legislativa, la ejecutiva, y la judicial”. La rama legislativa reforma la constitución y hace las leyes, la rama ejecutiva gobierna y la rama judicial aplica las leyes de manera particular a cada caso concreto.

Las Altas Cortes en ciertos eventos se han salido de su cauce. En algunas reprochables decisiones judiciales, por la forzada vía de reglas de carácter general, han ejercido funciones ajenas, la legislativa que es del Congreso y la administrativa que es del ejecutivo. Cuando las aguas se salen de su cauce, anegan, hacen estragos.

Algo adicional que pareciera de menor importancia pero que genera un inmenso y nocivo impacto, es la absurda e inexplicable práctica de dar a conocer sus decisiones por medio de comunicados o ruedas de prensa, aún antes de tener listo el texto completo y definitivo de sus sentencias.

Esta descripción nos lleva a concluir que en nuestro sistema de justicia estamos en déficit. Tenemos que reformarlo para que funcione, opere, sea eficaz, resuelva pronta y acertadamente nuestros conflictos, y sea despolitizado.

Tengo el honor y la responsabilidad de ser candidato al Senado de Colombia por Salvación Nacional. Me propongo ayudar a impulsar una reforma integral a nuestro sistema de justicia, que realmente proteja la vida, honra y bienes de todos y garantice el acceso efectivo de toda persona. Pondré mi experiencia profesional de más de 30 años en el sector privado, como abogado, docente, conciliador, secretario y árbitro, para tratar de lograrlo.

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sábado, 17 de octubre de 2020

Aprendizajes de los casos Uribe y Cepeda

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Mientras Uribe renunció al Senado y durante su detención domiciliaria se dedicó más a generar propuestas concretas para el país, Cepeda sigue dedicando sus horas de trabajo a única y exclusivamente seguir buscando la forma de exterminar a Uribe. Ni una sola propuesta en sus años de senador siquiera le he leído. No pueden seguir siendo tan miopes sus electores y continuar llevando al Senado a una persona para sólo atacar a Uribe, cuando en esta institución requerimos generadores de ideas que permitan, acordes con los objetivos del desarrollo sostenible 2030, establecidos en el pacto global de la ONU, acometer los problemas del mundo, que son nuestros problemas: sociales, medio ambientales y económicos, los tres caminan juntos, son interdependientes, cada uno depende del otro y de cada uno se desprenden miles de tareas que no podemos dilatar, que nos obligan a construir, nunca a destruir y recordemos siempre que podemos pecar por acción o por omisión.

Eso es lo que está haciendo Uribe, moviendo temas concretos, objetivos para el desarrollo sostenible, y lo que no está haciendo Cepeda, quien debería renunciar a su curul en el Senado, para que, en señal de respeto a los colombianos, siga su guerra contra Uribe, que, al parecer, es lo único que sabe hacer, en igualdad de condiciones con su contrincante. Sin curul de senador; Cepeda liberará una curul y una UTL, costosa y de poca utilidad en la generación de ideas, para que de pronto quien lo remplace, pueda utilizar UTL y curul, en la generación, estudio y trámite de ideas propias y agenda que puedan servir al país, a los objetivos del desarrollo sostenible.

El Congreso y el país debemos tomar como derrotero, el planteado por Uribe en su última intervención, ahí está la agenda e inclusive sería muy útil que los otros sectores se manifiesten sobre las propuestas.

Por ejemplo, los temas sociales planteados, deben ser de urgente atención, acompañados de los laborales, económicos y ambientales, que son los posibilitadores de los apalancamientos al desarrollo sostenible de nosotros los colombianos en el ámbito mundial.

La paz, para realmente acercarse a ella, toca meterles duro a los programas que han funcionado y pueden hacerlo y con los reinsertados que con seriedad han venido aprovechando su nuevo estilo de vida en compañía de sus familias. Lo mismo no podemos predicar de los que no quisieron corregir su rumbo y siguen engañándose, engañándonos y enredándonos a todos, para evitar las acciones que permitan sacar al país adelante.

Es que el interés general es de lógica, es de acción, es de verdad, es de amor, es que, en el interés general con buena fe, no puede caber el odio, el desprecio, la exclusión, mínimo caben los debates y las discusiones, pero que sean productivas, medibles, realizables.

Definitivamente necesitamos que se sienten a reorganizar agendas, a revisar propuestas, a priorizar estudios y concertar definiciones. Este país va a salir adelante y el ejemplo que nos ha dado Uribe, renunciando al Senado para enfrentar el proceso penal y dedicando mucho más tiempo a ordenar agenda para el país, que el que ha dedicado a su defensa, nos muestra la calidad del líder y lo más importante, nos aclara el camino de la esperanza, pero eso sí, todos tenemos que ayudar convenciendo a los líderes con los que simpaticemos, a que se dediquen a estudiar los temas propuestos y otros que surgirán, que las rencillas personales las saquen de los escenarios de discusión, que produzcan para el país, que se comporten, que nos comportemos todos muy bien, todos fuimos creados libres y esa libertad es la que nos permite andar por el camino bueno o por el camino malo y si queremos amar y ser felices, no es sino que todos andemos por el camino bueno y todo cambiará para bien de todos, dándole cabida al interés general, donde la buena fe y la verdad van a reinar.

Yo soy práctico y no me da pena decir que he encontrado en las enseñanzas de nuestro señor Jesucristo, herramientas de comportamiento para la fuerza, la paz y la tranquilidad que requerimos para ser útiles a nuestras familias, a la sociedad y lo más importante, a nosotros mismos, sin necesidad de fanatismos ni comportamientos raros, que vayan más allá de evitar conductas esclavizantes que nos hacen mal como individuos y afectan nuestros entornos. Esas conductas son una lista muy larga, que en la medida en que las evitemos los beneficios serán muchísimos.

lunes, 24 de junio de 2019

Inoperancia total


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.Como una película de suspenso hemos visto los colombianos como los puntos que fueron objeto de consulta popular, que, aunque no lograron los votos suficientes, sí permitieron mostrar claramente un sentir importante del pueblo colombiano. Fueron 11,7 millones de votos, cifra respetable que hace entender a cualquiera, aunque no tenga un coeficiente de inteligencia igual al promedio, que se debían atender con urgencia los puntos que hacían parte de la consulta y por ello, al día siguiente todos los sectores políticos se comprometieron de cara al país, de tomar cartas en el asunto y por la vía legislativa presentaría los proyectos de ley requeridos para luchar contra la corrupción.

La verdad es que nada de esto se cumplió; todo proyecto presentado, por algún motivo no logró el objetivo de convertirse en ley de la república, conllevando esto a que al final de esta legislación, la opinión pública, sin excepción, alguna se sintiera engañada, por nuestros brillantes legisladores, que mancillan la dignidad que representan, actuando contrario a las reales y acertadas peticiones de los ciudadanos, lo cual no le hace bien a la democracia y mucho menos al poder  legislativo, el Congreso de la República.

Qué horror, la desidia, negligencia y lentitud, en que fue tratado el último proyecto de ley que pretendía acabar con los beneficios de casa por cárcel para los delincuentes “de cuello blanco”, que no se pudo convertir en ley de la República, rebosando la gota de confianza que cualquiera pudo haber tenido por los congresistas.

Esto lastima porque hay hombres y mujeres valiosos en el Senado como en la Cámara de Representantes, preparados y con un alto sentido de la responsabilidad, que como congresistas y líderes son consecuentes con los ciudadanos que los eligieron, pero no son muchos y una sola golondrina no hace verano.

Es increíble, lamentable, grotesco que ninguno de los siete puntos previstos en la consulta, sean hoy ley de la República. Se discutieron y no se aprobaron: reducción del salario de los congresistas, la ley antimermelada, el límite de máximo tres periodos para reelegirse, y el último y más doloroso, el de eliminar los beneficios de casa por cárcel para los delincuentes. Están en discusión otros tres y casi que aseguro que tendrán el mismo fin, no serán ley de la República.

¿Qué hacer? Pregunta que se hace hoy toda Colombia. Se tienen varias alternativas: la primera será intentar presentarlos nuevamente a partir del 20 de julio que se inicia la nueva legislatura, con directivas nuevas que puedan estar comprometidas con el cambio y con la aprobación de esos proyectos de ley que son requeridos por el país. Una segunda, más difícil de lograr, sería la de promover organizadamente, como acto ciudadano libre y voluntario en todo el territorio nacional, el que no se reelija a ninguno de los congresistas actuales. Sería una sanción por su floja e inoperante actitud legisladora, en contravía del mandato ciudadano. La última que no creo que se logre es la del cierre del Congreso, por su inoperancia.

Lo que sí deben tener claro los congresistas es que el pueblo colombiano no cree en ellos, no les tiene confianza y mucho menos los respeta, por su inoperancia, desidia y engaño al ciudadano. Deben dar un paso al costado y retirarse a sus cuarteles de invierno a dedicarse a otras actividades diferentes a la política y así acabar con este horror, por la dignidad de la nación.