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viernes, 18 de diciembre de 2020

Navidad rima con responsabilidad

 Por José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón
Muchos creen que con el descubrimiento de las vacunas la pandemia se acabó. No señores. El asunto continúa, y por ese relajamiento en los cuidados, podemos tener una segunda oleada de contagios masivos que pueden resultar letales. Es verdad que estas fiestas decembrinas son una ocasión feliz para escaparse del confinamiento prolongado, oxigenarse, distensionarse y prepararse para un año nuevo, que todos lo queremos mejor y distinto, pero esas  no son razones para abusar.  Está comprobado que hemos sido juiciosos con las normas básicas de bioseguridad cuando estamos en la calle o con extraños, pero, igualmente, que las hacemos a un lado cuando estamos en reuniones familiares y de amigos. Ha sido precisamente en esos espacios donde el virus hace de las suyas.

La normalidad que anhelamos debe ser vivida con responsabilidad. Es cierto que por salud mental debemos seguir adelante, pero esto implica auto cuidado en todos los aspectos: alimentación balanceada, ejercicio físico, una tarea que nos ocupe, necesario descanso, espiritualidad que ayude a dar sentido, afectos que conforten, esto es, una vida bien vivida. Los profesionales de las ciencias de la salud nos han hecho caer en cuenta que el virus hace mella, no solo en personas que poseen las famosas comorbilidades (diabetes, inmunodepresión, problemas cardiovasculares) sino también en aquellas con afecciones mentales, sin mayor calidad de vida y que no manifiestan razones o motivos para proseguir su existencia.

 

Navidad es un tiempo excepcional para estar más cerca de los seres queridos, para compartir nuestros ritos familiares de encuentro alrededor de las tradicionales novenas, gastronomías locales y celebraciones familiares, para alimentar la alegría y la esperanza de los niños que recién comienzan sus vidas; es decir, para expresarnos el afecto unos a otros de muy diversas maneras: una llamada, un regalo, una tarjeta de saludo, una visita. Por eso mismo, porque nos queremos tanto, tenemos que ser responsables y muy juiciosos. Con la mejor voluntad, sin malicia, podemos convertirnos en vectores propagadores del COVID. Casos dolorosos hemos visto como para volver a repetir la historia.

 

Personalmente quiero desearle a todos y cada uno de ustedes y a los suyos, una feliz Navidad. Quizás suene a manida frase de cajón, pero en realidad encierra profundos sentimientos de gratitud por estar siempre ahí, haciendo eco de mis reflexiones en voz alta o sencillamente sacando unos minutos para leerme y concordar o discordar en respetuoso silencio. Que el Dios de la vida, que quiso hacerse uno como nosotros y por ende frágil y vulnerable, nos de la fé y las fuerzas necesarias para seguir adelante. Hay muchas razones para seguir viviendo. Qué más que seguir anunciando su Buena Nueva en un mundo patas arriba, distraído en banalidades, desorientado y sin sentido, una humanidad más espiritual y menos consumista, como acaba de decir Francisco. Dios los bendiga y cuídense mucho, pues solo haciéndolo, colaboran a que el proyecto de Jesús pueda hacerse realidad. ¡Tenemos mucho por hacer! ¡Feliz Navidad con responsabilidad!

viernes, 24 de abril de 2020

Esto va para largo


Por José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
La verdad sea dicha, no oculté mi malestar con el alargue de esto que ahora llaman el aislamiento obligatorio. Tenía la manifiesta esperanza en que desde el 27 de este mes terminaríamos con la cuarentena y poco a poco volveríamos a la normalidad. Y mi fastidio no es por estar encerrados cuidándonos, sino por no hablar claro y directo. ¿Para qué nos generan ilusiones y expectativas que de antemano se sabe no se cumplirán? Primero que el 13, después que el 27, ahora dizque el 11 de mayo. Y ya me imagino al presidente con cara compungida diciéndonos que va hasta el 31, para luego extenderlo, en módicas cuotas, hasta agosto.

Claudia López de modo frentero ha dicho que “nos vemos hasta el año entrante” y aunque suena exagerada, creo que es crudamente realista. Posponer el aislamiento no solo es para salvar vidas, sino para evitar un colapso hospitalario. Mientras no se produzca la vacuna, cosa que puede tardar meses, y no haya un número amplio de pruebas diagnósticas diarias, estaremos condenados a contagiarnos en un porcentaje que algunos calculan entre el 60 y el 70%, volumen que ayudaría por otro lado a generar la inmunidad, dicen los expertos, para convivir sin temores y aspavientos con el COVID.

Es evidente que este problema nos tomó por sorpresa y por eso lo que está sucediendo. Nunca imaginamos el poder de este virus para someternos y lo que me preocupa es que están resultando ciertas las apocalípticas voces que nos han dicho que esto apenas está comenzando y que lo peor está por venir. Si en Europa y USA, después de todas estas semanas, no hay señales reales de mejora a pesar de las medidas asumidas y contando con infraestructuras hospitalarias mejores que las nuestras, la única forma que esto aquí no sea la debacle es estando encerrados, porque en realidad aún desconocemos la magnitud del contagio entre nosotros.

Pero ¿por qué después de las medidas adoptadas sigue creciendo el número de infectados? Porque fueron demasiado laxas y el número de excepciones muy alto, de manera que el riesgo de que esos potenciales vectores estuvieran sueltos deambulando todos los días por las calles, explica por qué en cárceles, hospitales y en sitios donde se supone no había enfermos, ahora aparezcan en bloque. Estamos en Macondo y la indisciplina social va creciendo. La prevención y la asepsia no son nuestra fortaleza y en cambio la parranda, el mamagallismo y el olimpismo para pasarse por la faja las normas, sí. Y la gente que se tomó en serio las órdenes, cada vez más, está saliendo a las calles no solo porque está desesperada psicológicamente con el confinamiento sino, principalmente, porque necesita sobrevivir.

Nuestra reflexión va evolucionando también. El problema es sanitario, pero lo es también económico y como no estamos en el hemisferio norte sino en el sur, a estas alturas uno no sabe si el remedio es peor que la enfermedad: o se cuida la salud y se muere de hambre porque la plata se va acabando y no hay Estado para sostenernos a todos largo tiempo o la economía se reactiva y la cuota de muertos se dispara. Hay tantos románticos sueltos como irresponsables y tanta gente honesta como ladrones oportunistas que están robando a sus anchas aprovechándose del caos. Y lo que me preocupa es estar en una olla de presión que está hirviendo y subiendo la temperatura. ¡Que mi Dios nos coja confesados! Necesitamos liderazgos basados no en el populismo oportunista sino en el discernimiento, la sensatez y la cordura, pero también la honestidad, la verdad y el rigor y la disciplina para caramelear menos y decidir con rectitud y sabiduría. ¡Te lo pedimos, Señor! (porque esto va para largo).

martes, 21 de abril de 2020

De cara al porvenir: ajustes a los calendarios


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Para la historia del mundo occidental, el primer calendario solar tuvo su origen en Egipto. El primer calendario romano hablaba de 10 meses que iban de marzo a diciembre. Posteriormente la propia Roma ajustó el calendario y se instauró el año de Numa con 12 meses y 355 días. Apareció Julio Cesar con su calendario Juliano de 365 días y 6 horas y finalmente el calendario Gregoriano, vigente hasta hoy.

Obviamente el mundo antiguo, en todas partes del planeta, estableció sus propios calendarios y es alrededor de estos ritmos asociados al movimiento de los objetos celestes, que se posibilitó la homogenización de los períodos de tiempo, de los ciclos productivos y de los ritmos de la civilización que han permitido el nivel de desarrollo que hoy evidenciamos.

En medio de la pandemia y de la estrategia inicial del recogimiento y aislamiento voluntario, es decir de la “cuarentena bruta”, pues ya existen algunos personajes que, atendiendo el sentido pragmático de lo económico, lo cual no deja de tener sus verdades, comienzan a vendernos la idea de la “cuarentena inteligente”, sobre lo cual yo personalmente le hago caso única y exclusivamente a los científicos, no a los gobernantes de turno. Les comparto algunas ideas.

Como este es el primer fenómeno verdaderamente global que hemos tenido que enfrentar como planeta, me atrevo a hacer algunas reflexiones en voz alta, que pudieran ser consideradas como risibles, pero me atengo a la sentencia de Margarite Yourcenar en sus “Memorias de Adriano”, cuando establece que, “Tener razón demasiado pronto, es lo mismo que equivocarse”. Recordábamos en alguna columna anterior que el concepto filosófico de la otredad lo comenzaríamos a hacer vívido cuando encontráramos vida en otra parte y ahí sí, ante la existencia del otro, tendríamos la posibilidad de asociarnos e identificarnos como terrícolas, dándole preeminencia a lo total, no a lo continental y mucho menos a lo nacional.

En este orden de ideas y ante las realidades que estamos enfrentando, es necesario al menos reflexionar en la posibilidad de tener un gobierno planetario, con ciudadanía planetaria, con derechos y deberes planetarios, con una moneda planetaria y con un ingreso básico planetario para todos los ciudadanos que les permitan vivir de manera digna.

Es decir, tenemos que volver a barajar.

Así como tenemos un calendario anual establecido y aceptando que varias culturas poseen los propios, ante las nuevas circunstancias y ante la evidencia de recuperación parcial pero significativa que nos presenta la naturaleza ante el encierro de los destructores, dañinos y ensuciadores humanos, con un aire más limpio, unas aguas más claras y cierto hálito de libertad de todas las demás criaturas, deberíamos pensar, ante un nuevo renacimiento, que la naturaleza y no el hombre debería ser el centro de la discusión. Que, de los 12 meses de nuestro actual calendario, 10 meses sean empleados para trabajar, estudiar y desarrollar todo tipo de actividades que permitan una vida amable y digna para todos, un mes para el descanso y el disfrute de los humanos y un mes de recogimiento voluntario para reposar los espíritus y para que descanse la tierra.

¿Ingenuo? ¿Bobo? ¿Simplista? Pues como respondería un muchachito malcriado, sí ¿y qué?

No quiero volver a ser testigo de cómo un fenómeno recurrente a través de la historia como lo son las pestes coge a este planeta mal parado, con algunos gobiernos irresponsables, otros gobiernos improvisadores y algunos otros tratando de hacer las cosas bien, en medio de las restricciones y exigencias de todo tipo que deben enfrentar. En la edad de oro de la ciencia y de la tecnología y coincidencialmente, en medio del agotamiento y decadencia de todos los relatos vigentes, es necesario repensar el asunto, pues seguir haciendo más de lo mismo, no parece ser lo razonable. No tenemos que imaginarnos la implementación de un millón de medidas para reforzar lo que estábamos haciendo, sino que debemos generar unas acciones de redespliegue que nos permitan volver a reiniciar, con algunos planteamientos y con algunas estrategias nuevas, que además nos permitan la creación de relatos nuevos.

Esperemos que la institucionalidad actual, exhausta y desprestigiada, nos ayude a salir adelante para que podamos repensarla entre todos.

La sensación que queda es de una enorme fragilidad de los sistemas de salud y de la debilidad de la mayoría de las empresas, que a lo largo y ancho del planeta ponen el grito en el cielo, con el argumento de proteger los empleos, pero evidenciando ante la realidad, de que solo tienen caja para sobrevivir uno o dos meses, lo cual las convierte en actividades económicas y en negocios, pero distando mucho de alcanzar la categoría de empresas. Estamos desnudando una economía global que es una bomba de jabón, por decirlo dulcemente, y no tener que denominarla como lo que es, una bomba de tiempo basada en la especulación y en el mercado de futuros.

Mi agradecimiento a los miembros de los sistemas de salud que han cumplido con el juramento de Hipócrates que hicieron al momento de graduarse como profesionales de la salud. Como pocos, estos profesionales tienen claro cómo deben comportarse, a la altura de las circunstancias, cuando la realidad así se los exija, como en el momento presente.

A todos los campesinos, que, en medio de su marginalidad consuetudinaria, permiten, junto a todas las personas que hacen parte del engranaje logístico, que tengamos con qué comer en medio de nuestro encierro.

A empleados públicos y privados y a los miembros de la fuerza pública que hoy están sirviendo a la sociedad, sacrificando su propia tranquilidad.

Por último, y para aquellos que todavía tenemos memoria, que falta nos está haciendo hoy, el tener una organización como el Instituto de Mercadeo Agropecuario -IDEMA-, cerrado por algunos gobernantes torpes hace algunos decenios, porque dizque era un foco de corrupción. Resolvieron el problema vendiendo el sofá. Me inclino ante la sabiduría de una de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Amén.

viernes, 17 de abril de 2020

Sorpresas en tiempos de Covid


José Leonardo Rincón, S. J.*

Pedro Juan González Carvajal
La primera sorpresa fue escuchar al director de la OMS diciendo que se trataba de una pandemia, una situación crítica de salud pública, pues es más grave que una epidemia, y que el problema ya no solo era de China sino del mundo entero. En ese sentido ahora entiendo las críticas que le han hecho a este organismo de la ONU por haberse tardado tanto en dar la noticia y con ello haber sido cómplice de la expansión exponencial de la enfermedad.

Lo que en principio para nosotros era chiste, de manera solapada estaba ya haciendo estragos. El Covid19 no llegó a Colombia en el avión que vino de Wuhan, cuando todos creíamos que el problema era de ellos y que había que salvar a los compatriotas tan perdidos en el lejano Oriente. Con razón aquel joven prefirió quedarse en el foco del problema, donde ya se avizoraba su control, antes de venir a enfermarse aquí, donde no hay control de nada. Tampoco el virus llegó con la jovencita que arribó de Europa y que fue declarada como el primer caso conocido en Colombia. El virus estaba ya aquí desde hace mucho rato, solo que no había sido detectado.

Sorpresa la que viví en carne propia con dos personas muy cercanas y corrobora lo que acabo de afirmar. La primera, un médico amigo. Cuando me enteré de que estaba en cuidados intensivos por una neumonía, en realidad lo que le le venían tratando desde tiempo atrás, más los días postcontagio, incubación y desarrollo, era en realidad un coronavirus que logró vencer y ya está bien. La pregunta es: ¿quién diablos y cuándo lo contagió? El segundo caso, una prima segunda, en cuidados intensivos desde hace más de dos semanas, más los días del postcontagio, incubación y desarrollo, que no llegó del extranjero, ni trabajaba en el aeropuerto; una ama de casa, y de pronto resulta infectada: ¿quién diablos y cuándo la contagió? Amanda, así se llamaba, no tuvo la suerte de mi amigo y murió el miércoles de esta semana.

Sorpresa resulta también saber que el virus tiene una configuración especial, que puede mutar, que es traicionero porque aparentemente es débil, pero cuando se instala es letal. Que no mata a personas mayores sino también jóvenes, que no solo a los del perfil de particulares patologías sino también a los sanos. Que no ataca a los animales, pero ahora ya están diciendo que sí. Que en algunos genera inmunidad, incluso los recuperados, pero parece que puede volverles a dar. Que su permanencia entre nosotros no va a ser cuestión de semanas sino de meses enteros. Que lo grave apenas comienza. ¡Sorpresa!

Y en medio de este panorama, un presidente que recupera su imagen hablando todos los días por televisión y sacando decretos por docenas, tantos, que uno no sabe ya cuál es cuál y cómo entenderlos, a quiénes beneficia y de qué manera. ¡Mejor dicho! Y más sorpresa, que las “ías” (Procuraduría, Contraloría, Fiscalía) estén full de trabajo porque la epidemia de corruptos (una virosis peor que el Covid) están haciendo fiestas con la plata del Estado que llueve cual cascada para atender la emergencia y que se la quieren robar a toda costa. Pero también la sorpresa de que, en este río revuelto, muchos quieran sacar tajada, aprovecharse de la ocasión y sacar adelante sus mezquinos proyectos. En medio del caos, unos cuantos vivos, muy vivos, quieren cuadrar caja y lucrarse. Bueno, esto no es sorpresa, a decir verdad. La verdadera sorpresa es la que todavía nos espera y de la cual aún no tenemos ni idea.

miércoles, 15 de abril de 2020

Salida "socialista" del túnel


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Al mal tiempo, buena cara. Por tanto, he tratado de enterarme apenas de lo esencial, evitando los infinitos, continuos, sabihondos, farragosos y contradictorios mensajes sobre esta peste. En realidad, lo mejor será seguir el consejo de Montaigne ante una situación totalmente ajena a nuestra capacidad de acción, para preocuparnos únicamente “del cultivo del jardín”, que en mi caso es apenas interior…

En general, el presidente Duque ha manejado correctamente una coyuntura inesperada, la peor y más difícil, cuya gestión exige firmeza y unidad. Por lo tanto, el país lo respalda, en vez de hacer caso de la logorrea de la López, cuya capacidad de estorbar es, por desgracia, muy grande. Dentro de un verdadero estado de excepción cabría la posibilidad de suspenderla y nombrar un agente del presidente para Bogotá mientras dure la crisis, y hacer lo mismo con el pueril y pintoresco alcalde de Medellín.

Como estamos enfrascados en el día a día de la pandemia, no hemos tenido tiempo de analizar hasta dónde se extenderá la crisis. Con ansiedad esperamos el próximo paso, la llegada de la “confinación inteligente”, para permitir el regreso al trabajo de millones de personas, con mascarilla y guardando distancia social, mientras sigue la reclusión de ancianos, niños y personas infectadas, al igual de Singapur, Corea del Sur, Taiwán y buena parte del Japón.

Ese necesario y urgente momento apenas marcará el comienzo de la salida de la crisis.

Una distraída mirada a dos fuentes, Deutsche Welle y Der Spiegel, indica esta mañana la magnitud de la crisis económica que se viene encima: en Francia el PIB ha rebajado un 6% en el trimestre, el peor resultado desde 1945 y más grave que la caída en mayo de 1968. En Alemania, esta se acerca al 9% del PIB en el trimestre y se calcula en 2.8% su reducción en este año. Cada mes la economía germana pierde unos € 280.000 millones y el Tesoro Federal asume nueva deuda por € 120.000 millones. El director de la OMC, Roberto Azevedo, dice que nos espera la recesión más profunda de nuestra existencia y que el comercio mundial puede caer en un 32%. En un mes han perdido su empleo más de 16 millones de personas en los Estados Unidos. Muchos economistas afirman que esta crisis duplica la de 2008…

Noticias diarias de este jaez nos indican que pasarán años antes de volver a la “normalidad”, si consideramos “normal” un mundo donde una parte muy considerable de la población sigue sufriendo carencias alimentarias, sanitarias, educativas, culturales y habitacionales, cuya mitigación ahora tardará muchos más.

Afortunadamente, en Colombia las voces que claman por “apagar la economía”, de personajes trastornados, exhibicionistas o promotores de una hambruna que acelere la ansiada toma revolucionaria del poder, han caído en el vacío; pero por otro lado, el paso al “confinamiento inteligente” no puede dilatarse mucho, porque a pesar de las medidas monetarias y de los auxilios del gobierno, necesarios pero insuficientes en cuantía y número, el hambre aumenta, y el estallido social, que ya está siendo promovido, puede dar al traste con todo.

Ante la gravedad y profundidad de esta crisis, con millones de desempleados, grandes industrias paralizadas, infinidad de empresas quebradas, desequilibrio fiscal sin precedentes, etc., la salida será cuestión de años en los “países ricos” y entre nosotros tardará más. Tanto en Gran Bretaña como en España se considera que el estado tendrá que hacerse cargo de centenares de millares de grandes, medianas y pequeñas empresas, lo que dará lugar a una estatización enorme, casi que de magnitud soviética. En Londres, esta perspectiva no entusiasma, pero en Madrid, un gobierno de extrema izquierda se regocija…

Ahora bien, en Colombia ni saldremos al otro lado de este túnel en pocos meses, ni podemos seguir en la anarquía institucional de la Carta del 91 y de la supraconstitución del AF. Volver a la legitimidad democrática, superar la crisis, recuperar el crecimiento, mejorar las condiciones de vida, fomentar una agricultura grande y productiva, y una industria moderna y generadora de empleo, no es posible con un limitado horizonte de 30 meses, con un gobierno entrabado por un congreso clientelista y monitoreado por las FARC, maniatado por millares de incisos truculentos e interpretados por cortes confabuladas con la subversión. Y además, obligado a convivir con mil y pico de autonomías locales, ineptas y/o corruptas.

El caos económico y social no puede superarse dentro de otro caos: el jurídico…
En circunstancias infinitamente menos graves, Núñez planteó aquel dilema de “Regeneración o catástrofe”. No nos engañemos: ha llegado el momento de enfrentar un dilema ineludible, apenas esbozado en estas líneas.

martes, 14 de abril de 2020

De cara al porvenir: los eternos ciclos


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
En 1348 ante una peste en Florencia, un grupo de amigos, 7 damas y 3 caballeros se fueron a resguardar al campo cerca de la ciudad y para entretenerse se propusieron contar 10 cuentos diarios durante su estancia que finalmente fue de 10 días, y nació entonces la magnífica obra El Decamerón o también llamada El Príncipe Galeoto, de Giovanni Boccaccio. 100 cuentos entre picarescos y eróticos que sirvieron para hacer más llevaderos los largos y pesados días del bucólico encierro.

En nuestra situación de cuarentena voluntaria, ¿Qué estaríamos haciendo sin energía eléctrica, sin televisión y sin Internet? No todos tenemos el hábito de la lectura o de la meditación o las alternativas de la conversación o las actividades manuales. Posiblemente se incrementaría, ahí sí, la violencia intrafamiliar y los datos de mortandad crecientes, serían por la falta de coexistencia pacífica, más que por el virus.

En épocas más o menos recientes hemos sabido que por allá en Londres, en 1655, los ciudadanos se tuvieron que resguardar ante la peste bubónica, entre ellos Newton quien aprovechó el tiempo e introdujo grandes avances en el cálculo diferencial, la teoría sobre la óptica, las leyes del movimiento y la ley de la gravedad. Que en 1720 se dio la llamada Peste de Marsella. Que en 1820 padecieron la pandemia de El Cólera. Que en 1920 apareció la terrible Gripa Española y que ahora en 2020 estamos en medio de la pandemia producida por el Coronavirus –COVID 19–, coincidencialmente cada 100 años.

Esta última durísima prueba nos ha dado el verdadero contexto de lo que es y de lo que implica el concepto de la globalización, relacionado hasta hace pocas semanas, solamente con procesos de carácter económico.

A la Peste de Florencia se le asocia como uno de los insumos de la aparición paulatina de lo que hoy conocemos como Renacimiento, con sus dos acepciones: la primera, el renacer del hombre, el contar con una segunda oportunidad, y la segunda, con el volver a colocar al hombre en el centro del universo, concepto perdido en Occidente ante la omnipotencia y omnipresencia del autoritario Imperio Romano. Si cabe la similitud, en este nuevo renacimiento, en esta nueva oportunidad que nos da la vida, debemos comenzar por colocar en el centro de cualquier discusión y cualquier actividad a la naturaleza y adquirir plena conciencia, de lo que le hemos hecho y de lo que no podemos continuar haciendo, ante la gravedad de esta advertencia.

Las señales de vida que nos muestra la naturaleza en este instante son por lo menos conmovedoras: cielos despejados. delfines, patos, peces y aguas limpias en los canales de Venecia. Aguas limpias y delfines en la Bahía de Cartagena. Animales semisalvajes que caminan libremente en algunas ciudades cercanas a los bosques. Aves como los tucanes que se atreven a salir y a volar sin temores ante la ausencia de humanos en Medellín, así como ciertos trayectos del Río Medellín que nos muestran aguas cristalinas.

Es el momento de sacar a flote nuestra casta individual y colectiva. En estos momentos coyunturales es cuando sobresalen la mediocridad o la grandeza. Debemos dejar salir a borbotones nuestros atributos humanos de la responsabilidad, la tolerancia, la templanza, la solidaridad, la paciencia y el respeto.

Aprovechemos el tiempo y con prudente optimismo y completo compromiso miremos el futuro como una nueva oportunidad que se nos está dando, y sinceramente considero que es la última.

lunes, 13 de abril de 2020

Tienen que cambiar


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
El mundo giró, no lenta e imperceptiblemente como lo hace habitualmente, lo hizo de una vez y nos dio un vuelco a nuestra forma de actuar. Los seres humanos, que creíamos que todo dependía de nosotros, tuvimos que someternos a la naturaleza que nos hizo regresar y tocar piso, recordándonos que estábamos perdiendo el norte y que requeríamos volver a las raíces, a la familia, a la espiritualidad y a la solidaridad. Con la cuarentena, que en realidad sí van a hacer los 40 días históricos, hemos, en casi todos los casos, reflexionado e iniciado un proceso de transformación personal en el que prima lo humano, la amistad y el apoyo, se deja a un lado el egoísmo, la ambición desmesurada y la rabia.

Aquí, en este proceso de cambio, estamos todos involucrados, los banqueros, los usureros, los padres, los hijos, los profesores, los amigos, los empresarios y, sobre todo, y a ellos me voy a referir específicamente, los políticos.

Estos señores no se dónde están hoy, no los he vuelto a ver en la prensa ni en la radio, no hay debates en el congreso, las asambleas y concejos. Supongo que todos ellos, como nosotros, están recluidos en sus casas, espero que reflexionando y mucho, sobre la forma en que han venido desarrollando su gestión pública y que no estén maquinando como van a seguir robando el erario, cuando salgan nuevamente a la calle y a sus deberes cotidianos.

Señores políticos, la política es para beneficio de la comunidad, para el progreso y desarrollo de los pueblos, lo cual deben tener presente en cada una de sus actuaciones. Hay que seguir el ejemplo de varios colombianos que han entregado su vida a la comunidad sin quitar, sin disminuir en un solo peso los ingresos destinados a los programas sociales, a la construcción social y al fortalecimiento de los pueblos.

Ya sabemos que, sin ellos, los políticos indecentes, que hacen quedar mal la política, podemos sobrevivir; que ese lastre que esta pendiente de ruñir un porcentaje en los contratos, no ha podido actuar en este mes y medio y por ello, posiblemente los dineros que envié el gobierno en ayuda van a llegar íntegros a su destino final.

Qué enseñanza la que nos da la vida, muchas personas a nuestro alrededor sufren y hoy se están dejando acompañar y ayudar porque entienden que lo que vino nos afecta a todos, no a unos pocos. Todos estamos en el mismo barco, surcando las olas al vaivén de los acontecimientos expuestos a la enfermedad, muerte y sufrimiento, es decir lloramos y nos angustiamos juntos, y esa solidaridad debe perdurar no solo desde nuestro corazón, sino invocando a Dios, para que estos señores que viven de la política (del cuidado del pueblo), que se ufanan de grandes riquezas, obtenidas en la ilicitud de su comportamiento y de su alma corrompida, cambien totalmente, no un poco, eso no sirve, tiene que ser un cambio radical de vida y se retiren dando un paso al costado, o modifiquen su costumbre de quitarle a quien lo necesita. Garantizo que nadie aceptará más la corrupción y si no nos ayudan ellos mismos, nos encargaremos de tener mecanismos sociales para que este cambio prospere. Hoy tenemos una ciudadanía ávida de cambio, de ánimo de lucha, con ganas combatir el mal, la corrupción y los ultrajes tradicionales, pretendiendo que nuestros pueblos y ciudades recobremos la dignidad y las buenas costumbres.

sábado, 11 de abril de 2020

Perder es ganar un poco


Por Santiago Cossio*

Santiago Cossio
Mientras escribo estas líneas millones de personas en los 5 continentes están confinadas al aislamiento a causa de la pandemia mundial por el covid-19. Algo sin precedentes en la historia económica del planeta. En esta época donde se “congela” el PIB mundial se prevé una innegable recesión y la reconfiguración de un nuevo orden mundial.

El primer orden que puede traer esta pandemia es a nivel personal. El ser humano estuvo cegado por la desinformación y dejamos que los pecados capitales controlaran nuestras vidas, hasta ahora, donde al reflexionar sobre nuestras existencias, se logran acuerdos sobre lo fundamental.

En la economía traerá enormes retos a sabiendas de que las prácticas desde hace años, en la política monetaria y fiscal del planeta, generaron grandes lesiones a las economías. La pandemia dejó ver la burbuja ambiental, social y económica que frenaba el desarrollo sostenible y la equidad internacional.

Poniendo las opciones sobre la mesa hay una gran posibilidad de que el virus hubiera sido creado en un laboratorio. Este virus posiblemente genere una ola de proteccionismos (más morales que formales) donde la población mundial cobraría a las superpotencias la ambición desbordada que hizo extender las actuales guerras frías y latentes. La carrera por lo económico, tecnológico, espacial, armamentista y de hegemonía internacional olvidó a los ciudadanos del mundo que quieren vivir feliz y en paz.

Colombia es un país con muchas posibilidades de crecimiento, con enormes ventajas comparativas y gente buena que puede llevarla por la senda del desarrollo. Para tomar la delantera en esta nueva baraja del reorden mundial se deben cumplir varias cosas. La reforma cultural donde la población sea educada en valores, donde la ética, la moral, la cívica y la urbanidad haga parte del ADN intrínseco de la amplia ciudadanía. La segunda son reformas políticas y jurídicas que mejoren las condiciones de la normatividad y la democracia. Una tercera reforma, económica, que encuentre los nichos de mercado internacional, mejore la productividad y busque consolidar la construcción de una sociedad de la abundancia y la riqueza colectiva.

En las cosas que tenemos que recomponer están las comunicaciones, donde se ha priorizado el maquiavélico y vil rating por encima de lo ético, prioritario y fundamental. Como ejemplo en el año 2019 se decretó la estrategia nacional de economía circular donde se le dan miserables segundos en televisión y normalmente se emitía media hora diaria a la telenovela de un sicario.

El país tiene un parque industrial y comercial con una capacidad subutilizada atribuible a que, en nuestra falta de identidad, las importaciones sustituían nuestra producción. Algunos ejemplos de nuestra baraja de productos agrícolas:  gulupa, copoazu, mangostino, arazá, naidi, chachafruto, granada, granadilla, pitaya, madroño, chirimoya y variedad de flores, con toda una agroindustria por desarrollar. Minerales como el neodimio, uranio y coltan con una gran oportunidad de expansión mundial.

Fomentar los contenidos creativos de la economía naranja, toda la industria de la salud y del turismo, gastronomía, servicios de educación, manufacturas y la exportación de los servicios financieros y de comercio. A su vez hay que enfocar los esfuerzos de embajadas y consulados del país para que sean oficinas de procolombia.

La crisis mundial inter covid-19 hará que en el nuevo orden se recompongan los países, las industrias, los productos y los valores. Lo que percibíamos como superpotencias pueden verse afectadas y aquí es donde el país debe buscar la salida a la crisis intentando también ganar en esta nueva partida de póker del nuevo orden mundial.

Vigía: pandemia y narcotráfico, el peor escenario


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Antes de la pandemia, los consumidores de cocaína en US y Europa la disfrutaban por placer, por recreación. Ahora la deben estar usando como alivio. Porque, a pesar de la crisis, el narcotráfico persiste en medio de sus actuales dificultades de transporte, distribución y entrega, esta última a través de tecnologías disponibles, redes y domicilios.

En Colombia, principal proveedor de cocaína en el mundo, no sobra recordarlo, la violencia y la corrupción, colateralidades fundamentales de este comercio, no paran. Mientras la cuarentena se promueve y en gran parte se cumple en las ciudades, en el campo los cultivos, cocinas, laboratorios y tránsito continúan imparables y persisten los asesinatos de personas vinculadas a las buenas o a las malas al negocio.

Y la adquisición sin mayor control de elementos urgentes y necesarios para lidiar con la peste, abre el apetito de la corrupción y la oportunidad para el lavado dinero. La violencia se vislumbra como una confluencia de urgencias alimentarias, sanitarias y de seguridad con las provisiones que facilitan el narco y microtráfico en barriadas, favelas, villas miseria, comunas y periferias citadinas pobres.

Un nuevo ejemplo lo vimos hace pocos días en el municipio de Bello en donde, contra todo sentido común, recomendación y orden, una multitud sin mascarillas, abigarrada y con disparos al aire, acompañó el féretro de alias “Oso” uno de los cabecillas de la banda “Niquía-Camacol”. Alias “Marcola”, encarcelado capo del Primer Comando Capital del Brasil, en una polémica entrevista de 2016, describe un futuro casi surrealista:

“Nosotros somos una empresa moderna, rica. (…) Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en “superstars” del crimen Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las comunas, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. (…) Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos ‘globales’. Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros ‘clientes’. Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos”.

El narcotráfico es una realidad socioeconómica y la agudización de la discusión sobre la legalización de la droga, el replanteamiento ético y político acerca del consumo y una revisión, oficial o no, a la historia del fenómeno, serán consecuencias pos virus. Cualquier Estado exhausto por la guerra contra el codiv-19, puede llegar a que las fronteras invisibles actuales se conviertan en intentonas de ciudades-regiones o ciudades-estados que reten a un gobierno centralista y alejado. Un retorno a una lucha neofederalista bajo la tutela del crimen organizado transnacional, que ya se observa en alguna regiones rurales y sectores urbanos de varios países de la región y en la que China y sus Triadas (mafia) tendría mucho que ver. Es solo uno de los posibles peores escenarios de la desglobalización pos pandemia, que abonaría el terreno para nuevas-viejas modalidades de gobierno. Ya se pueden imaginar a que me refiero.

viernes, 10 de abril de 2020

Después de la Cuaresma viene la Pascua


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Sí. Así como después de la oscura noche viene un resplandeciente día, después de las lágrimas, risas, de la enfermedad, la salud, de estar abajo, ir arriba, también, después de esta Cuaresma vendrá la Pascua. Es un ciclo existencial inexorable y es una realidad que alimenta nuestra esperanza.

Pascua, de hecho, significa paso. El paso que vivió el pueblo de Israel en su éxodo por Egipto y que le significó transitar de la esclavitud a la libertad, como nos lo narran los textos veterotestamentarios. Para los cristianos creyentes, es el paso triunfante de nuestro Señor Jesucristo de la muerte a la vida, del estruendoso fracaso de la cruz, a la inmarcesible gloria de la resurrección. De modo análogo para este mundo, sin distingos de razas, credos o condiciones humanas diversas, una cuarentena cuaresmal inédita, como nunca antes en su historia la había vivido, augura después de meses enteros de pasión y muerte, unos días distintos, mejores.

En efecto, ese microscópico virus ha puesto en jaque la humanidad entera, confinándola en aislamiento y colapsando su economía. De nada ha servido poseer grandes capitales y contar con las mejores armas nucleares pues el Covid19 ha resultado más efectivo y más letal que aquellos dos juntos. La lección de obligada humildad quizás nos sirva de algo, quizás nos deje enseñanzas y aprendizajes valiosos, quizás nos haga mejores seres humanos, quizás nos haga comprender que estábamos deambulando por el camino equivocado.

Para llegar a las alegrías pascuales habrá sido necesario recorrer el tortuoso y nada fácil camino de la cuarentena cuaresmal. Una senda que habíamos comenzado a recorrer casi sin darnos cuenta, porque andábamos tan distraídos en lo que no era esencial, tan inmersos en nuestro estrés cotidiano, tan absortos en nuestros, dizque, razonables afanes, que no nos habíamos percatado de lo que estaba por venirse.

Hubo señales evidentes, contundentes, pero no supimos interpretarlas, menos entenderlas: 1) las protestas sociales crecientes en todas las latitudes nos estaban reclamando a grito herido que el sistema económico global era injusto, inequitativo, porque traía consigo ostentación y derroche para un 7% de la humanidad, en tanto hambre, miseria y muerte para el 70% del resto, por la ofensivamente desigual distribución de la riqueza; 2) reiterados terremotos, tsunamis, avalanchas, calentamiento global imparable, aire irrespirable… también la naturaleza se hacía sentir y protestaba. No les paramos bolas. Y ahora la naturaleza pasa su factura y hace sentir su fuerza, doblegando nuestra prepotencia y crecida soberbia, para obligarnos a reaccionar, para hacernos pensar.

El Papa Francisco lo dijo recientemente, palabras más, palabras menos: estamos juntos en la misma barca, mirándonos unos a otros en medio de la tormenta que parece hacernos zozobrar, sintiendo la incertidumbre frente al futuro, cayendo en cuenta que somos de los mismos, que no hay unos más iguales que otros, que habíamos abusado de la naturaleza y que hay que respetarla y cuidarla. Parecemos naufragar. Y como suele suceder, sólo cuando estamos en situaciones límite, entonces y sólo entonces caemos en cuenta, armamos el rompecabezas y entendemos. No estamos solos. El Señor va con nosotros hacia puerto seguro.

Vendrán días mejores, un mejor mañana, mejores seres humanos. En tanto concluimos la cuarentena cuaresmal y acabamos de vivir este Viernes Santo con su pasión y muerte, preparémonos para dar el paso, para vivir la Pascua, hacia la resurrección y la vida. Entonces, ya sin restricciones, podremos abrazarnos y decirnos: ¡felices Pascuas!

domingo, 5 de abril de 2020

Lo bueno y lo malo


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Continuar hablando de la pandemia causada por el covid 19 y de la cuarentena en nuestra tierra es repetir historias ya conocidas, noticias y augurios positivos o negativos. Al pasar los días este asunto que nos tocó vivir, que nos llegó casi que de sorpresa permite reflexionar y tiene necesariamente que dejar enseñanzas a todos nosotros, en cuanto a la forma en que veíamos el planeta tierra, inmenso y dividido por territorios, y liderado por seres humanos de ideologías diferentes, que se creían y siguen creyendo que son mejores que los demás. Controlan unos a sus ciudadanos con fiereza y muerte, otros con respeto y dignidad por sus congéneres, pero a ambos les tocó entender que no hay poder absoluto, que ellos no son la salvación y que deben entender que con la naturaleza no se juega, que la vida da giros impredecibles y que de un día al otro los que están arriba pueden quedar abajo y no se requiere sino que un suceso extraño, poco corriente ocurra y haga cambiar las costumbres y pensamientos de los pueblos.

Nosotros hemos actuado con respeto por la norma, hemos acatado las decisiones de los gobernantes, inicialmente, en forma parcial, las ordenes de los alcaldes y luego en forma unificada las del gobierno central, entendiendo que se actuó a tiempo, con presteza y diligencia. Por eso la curva de la pandemia se va controlando y no se ha congestionado el sistema de salud.

Hemos acatado el pico y cédula para mercar, para utilizar el servicio público, y evitar congestiones.

Las empresas grandes han aportado dinero y equipos, y mantenido el empleo porque tienen caja para hacerlo.

El gobierno ha sido proactivo y ha ayudado a algunos sectores de la sociedad, pero ha sido negligente frente al llamado social de los artistas de Colombia que son muchos, muy importantes y valiosos para la convivencia, la cultura y el disfrute social.

Las pequeñas y medianas empresas también acataron la orden de cuarentena, unos han podido pagar sus nominas y otros no, porque el factor caja es vital para lograr que ellos cumplan con ese objetivo. Siguen manteniendo el empleo sin pago y con la esperanza de reintegrarlos al trabajo. Unos y otros recurren al malabarismo económico y se sostienen con el fiado, tarjetas de crédito si las tienen, y con la esperanza de la reactivación. Otros han tenido que recurrir a sacar a los trabajadores a vacaciones anticipadas ayudándose así para que cuando regresen ya puedan prestar el servicio constantemente.

Los 22 millones de trabajadores informales, están viviendo de los subsidios del Estado, de las ayudas de familiares y amigos, pero hasta cuándo podrán hacerlo; estos días para ellos han sido infernales acompañados del sufrimiento de sus hijos, esposas y parientes cercanos porque ellos sí tienen solidaridad entre ellos, se acompañan y comparten lo que tienen.

Todos por la razón o por la necesidad, entendemos que el abrazo, el beso, el saludo de manos, ya son cosas del pasado; que debemos lavarnos las manos muchas veces en el día y que la higiene general es necesaria en la cotidianidad si queremos evitar la propagación del virus. Esto cambia drástica y dramáticamente el comportamiento ciudadano.

Ahora bien, hemos aprendido de las dificultades y han surgido cosas buenas en el entorno familiar y en la solidaridad general, pero no podemos seguir en cuarentena, porque lo que ha sido bueno se convierte en un grave problema de subsistencia ciudadana, de caos y de violencia. Estamos teniendo brotes de robos, ataques a vehículos de alimentos, indisciplina en algunos sectores de las ciudades, falta de dinero para alimentación y entonces ello puede conllevar al efecto contrario, un despelote social con lo que se pierde la tarea que el gobierno y los ciudadanos estamos haciendo para mitigar los efectos de contagios múltiples que colapse el sistema de salud.

Es, además, necesario que el gobierno entienda que los estudiantes y mayores de 70 años, deben seguir en cuarentena por su vulnerabilidad, pero los otros debemos salir a trabajar con cuidado, con lo aprendido y continuar la vida.

El 85% de los municipios de Colombia no tienen casos de contagio, abramos esos municipios para que allá, la vida tenga normalidad. Deben mantenerse cerradas las fronteras y organizar el transporte de alimentos.

Las grandes ciudades, deben generar formas de ingreso, establecer días de trabajo por cédula y turnos en las empresas y negocios. Es necesario que reactivemos la economía, de lo contrario tendremos pandemia y crisis económica; todo tiene su límite para lograr el resultado, esa justa medida es la que tendrá que evaluar el gobierno para evitar el colapso.

jueves, 2 de abril de 2020

Vigía: ¿militares a la calle?


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda (RA)
Sacar a los militares a la calle en esta etapa de la pandemia, es inoportuno. Se pueden enfermar y agotar prematuramente un recurso decisivo para la estabilidad del país, cuando las cosas se pongan realmente complicadas, especialmente aquí en donde los grupos armados ilegales están creciendo y el tráfico de armas es asustador: antier no más, se decomisaron 26 fusiles de guerra en una vía pública. El empleo de los soldados en ambientes urbanos, una complicación para los planificadores militares requiere una legislación especial pues se trata del eventual empleo de armas letales para enfrentar asuntos de delincuencias organizada y común o de rebrotes de turbamulta, previsible durante las etapas que vienen en la evolución del Codiv-19.

La rebelión sistemática de más de una docena de centros penitenciarios importantes el pasado fin de semana, ejemplifica un muy serio problema de orden público que se añadirá a la calamidad viral en desarrollo. Ese conato de motín generalizado tiene detrás, sin duda, organizaciones criminales con capacidad para corromper carceleros, suministrar medios de comunicación, y sobre todo, suplir armas de fuego. Narco organizaciones como las FARC, por ejemplo. O el ELN en conjunto con algún cartel nacional o extranjero, todos buscando desestabilizar a un gobierno metido de lleno en el manejo de la crisis pandémica. Nuevos amotinamientos carcelarios pueden generar una espiral de violencia que enlace prisioneros, sectores populares, incluyendo venezolanos desplazados e intereses narco anarquistas.

Ante la inminente probabilidad del empleo de armas letales, siempre habrá el funcionario ingenuo o perverso, que pedirá que el ejército apoye, pero sin armamento para “evitar derramamiento inútil de sangre”, como reza el manual de la estupidez política latinoamericana. Si se compra esta tontería y mueren uniformados, no pasará nada. Los soldados no le duelen a ningún político especialmente si es de izquierda, o de la Comisión de la Verdad o de la JEP. Si cae algún ciudadano, el ejército será condenado indefectiblemente.

Históricamente, la violencia siempre ha estado a flor de piel en los desastres, especialmente cuando escasean los alimentos y aumentan los rumores, ahora amplificados por las redes sociales con fake news que incitan al desespero y que forman parte de la pólvora que se huele en el aire. Un permanente flujo de información seria y un empleo dosificado del instrumento militar, serán claves en estos momentos. Y la preocupación de los comandantes militares será la de preservar la integridad y salud de sus unidades.

martes, 31 de marzo de 2020

De cara al porvenir: días lúgubres


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Escribo esta columna en medio de nuestra “Cuarentena por la vida”, iniciativa del gobierno departamental para que aprovechemos el puente del 19 de marzo, día de San José, y nos quedemos en casa viernes en la noche, sábado, domingo, lunes y martes hasta el amanecer, con el fin de evitar y prevenir la exposición al contagio o a contagiar. Esta medida se ha de articular con la cuarentena nacional implementada por el Gobierno Nacional y que debemos acoger con beneplácito.

Debemos respaldar todo tipo de medidas que nos permitan impedir o al menos mitigar la propagación del virus que está ocasionando esta emergencia.

Por otro lado, y ante la contundente evidencia, es bueno que las autoridades locales no vuelvan a esgrimir la imposición del pico y placa como una medida para enfrentar la emergencia ambiental, pues ha quedado ampliamente demostrado en esta emergencia por el coronavirus, que no es el parque automotor el que más contamina. Claro que sí aporta a la contaminación, pero no es el factor preponderante. Cuando se quiera argumentar a favor del pico y placa, ojalá lo empleen como estrategia para mermar la avalancha de carros en circulación y mejorar en algo la movilidad, pero no para mezclarlo con la problemática y los temas ambientales. De no hacerlo, sería una postura imbécil e irresponsable.

No podemos olvidar, sin embargo, que las estadísticas nos muestran que, por cada carro nuevo, existen 20 carros viejos, lo cual es un exabrupto y que en muchos países ya han prohibido las motocicletas de 2 tiempos.

Está a prueba la templanza de la humanidad y la calidad de gobiernos que se tienen.

Para quienes somos mayores, no se nos había presentado una situación como esta, que fuera capaz de desnudar ampliamente la fragilidad de nuestra existencia. No por hablar de “un simple virus”, estamos descalificando su real capacidad de afectación a la especie humana, a la cual tiene hoy en jaque.

Alguien hablaba con ligereza en estas semanas de que a los ingenieros de sistemas se les podría pagar por unas pocas horas al día para que hicieran su trabajo. ¡Que supina estupidez! ¿Cómo estaría enfrentando el planeta entero esta situación si no fuera por las plataformas tecnológicas que soportan el teletrabajo, la tele educación, la virtualidad, los pagos remotos, las consultas médicas remotas, los call centers, entre otro sin fin de aplicaciones soportadas en el mundo computacional?

Cada época trae su afán y la humanidad, a través del tiempo, ha sobrevivido a experiencias exigentes sin computadores, pero el día de hoy, así lo exige.

Lo que es claro es que la tecnología sin cultura ciudadana también colapsa. Así como no debemos comprar cosas en exceso, de manera especulativa, pues estaríamos quitándoles oportunidades a los otros, tampoco podemos saturar los medios de comunicación, los anchos de banda, pues esto podría ocasionar un colapso de enormes implicaciones.

Está a prueba nuestra verdadera educación individual y colectiva, nuestra unidad como grupo social y nuestro comportamiento como verdaderos ciudadanos. El examen final es hoy, no es mañana, pues ese mañana es incierto.

Están a prueba todas las instituciones que en teoría se instituyeron para aglutinar esfuerzos, generar redes de colaboración, aprovechar mejores prácticas, compartir repositorios de contenidos, sacarles provecho a las economías de escala, sugerir las herramientas apropiadas para sacar adelante acciones, actividades y tareas que deben hacerse de otra manera o de manera alternativa y de preparar los planes B, C y D, que sean necesarios.

Cuando superemos la contingencia, las Instituciones que no aportaron en la realidad, las que no mostraron liderazgo, conocimiento y previsión, pues deben ser suprimidas y refundadas si es del caso.

Además, debemos ser conscientes de la gran problemática económica que se nos ha de venir encima.

Rescatemos, en medio de la desazón, el programa “Antioquia asombrosa”, presentado por Teleantioquia y donde se muestran importantes y remotos lugares turísticos de nuestro rico y variado departamento.

¡Buena suerte!