Mostrando las entradas con la etiqueta Desempleo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Desempleo. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de junio de 2024

Recesión económica y desempleo

Luis Alfonso García Carmona

Uno de los fines que el Estado se propone alcanzar para la población es el del trabajo. Así lo asegura el Preámbulo de la Constitución: “El pueblo de Colombia, en ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, (…)”.

Y el artículo 25 ibídem expresa: “El trabajo es un derecho y una obligación social y goza, en todas sus modalidades, de la especial protección del Estado. Toda persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas.”

Lo complementa con el artículo 54 donde se lee: “El Estado debe propiciar la ubicación laboral de las personas en edad de trabajar y garantizar a los minusválidos el derecho a un trabajo acorde con sus condiciones de salud”.

La dañina política del presidente en materia económica y laboral incluye el cese de la explotación del petróleo y otras industrias extractivas (salvo la minería ilegal que explotan sus aliados de la guerrilla), la imposición de nuevas cargas a los patronos en la reforma laboral, la expropiación de tierras a empresas del sector agropecuario, y el freno a la inversión en proyectos de infraestructura actualmente desfinanciados, lo que ha arrojado la pérdida de miles de puestos de trabajo formales y ha obligado a los jóvenes en edad laboral a emigrar en busca de oportunidades, aceptar trabajos informales con menores ingresos o dedicarse a actividades ilegales[1].

Dispone al artículo 2 ibídem: “Son fines esenciales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; (…)”

Como es obvio, el errado manejo de la Economía y la búsqueda de implantar un Estado totalitario, de corte marxista-leninista, enemigo de la propiedad privada y de la libertad de empresa, como el que plantean Petro y su séquito, necesariamente afecta la generación de empleo, la prosperidad general y el bienestar de la población. Para comprobarlo, no es sino constatar el gran número de empresas que han cerrado sus plantas, abierto procesos de reactivación económica o liquidación, o reducido su nómina de personal. Todo ello, en abierta contradicción con los principios y fines esenciales del Estado enumerados en la Carta Constitucional[2].

lunes, 1 de abril de 2024

En pleno Viernes Santo

Por: José Leonardo Rincón, S.J.

José Leonardo Rincón Contreras

Celebrando como estamos la Semana Santa, no deja de impactarnos lo que le tocó vivir a Jesús de Nazaret. Después de un periodo exitoso que por poco culmina en asumir un liderazgo político que era lo que esperaban los judios del mesías, la decepción se exacerbó de modo que resultó ser incómodo para todos. Roma podría verlo como un zelote, pero Jerusalén lo veía también como un subversivo de sus preceptos y un blasfemo que se arrogaba palabras y obras que los desestabilizaba de su zona de confort en su apoltronado status-quo dogmático en el que estaban. Conocemos el trágico final producto de confabulaciones y complots, traiciones rastreras movidas por el dinero, negaciones y huidas, odios viscerales de quienes fueron sujeto de sus duras críticas y cuestionamientos directos.

Lo grave de hacer esta memoria es quedarse allí, en compunciones y lamentos, en lágrimas solidarias con la pobre víctima que ofrendó su vida por nosotros. Y resulta grave porque no se necesita esperar a esta semana mayor para decir que estamos en pleno viernes santo desde hace rato. Y si no que hablen los familiares de las víctimas de la violencia que ha azotado por más de 70 años nuestros campos y poblaciones. Que se pronuncien los que han tenido que huir como desplazados dejando atrás sus tierras y propiedades

El listado puede resultar interminable, cual tortura lacerante que agobia permanentemente. Amenazados de muerte que viven huyendo, adultos y mayores viviendo en la más desconsoladora soledad cuando no literalmente abandonados. Niños obligados a trabajar desde tierna edad, abusados y vulnerados; jóvenes carentes de afecto que buscan vías de escape en el alcoholismo y las drogas, sin sentido de la vida y con propensión al suicidio.

Viernes santo viven también los que padecen el desempleo, los que deambulan por las calles, duermen a la intemperie y escarban en la basura para comer de las sobras de los otros; los agobiados por las deudas y los que con un salario mínimo deben hacer milagros para sobrevivir. Mas esto acontece en medio nuestro y en todas las latitudes: Por los lados de Siria y Líbano padecen su viernes santo desde hace tiempos; Ucrania desde que Rusia la quiere suya; la franja de Gaza desde que, por culpa de terroristas de Hamas, Israel encontró el pretexto para eliminar a cuanto palestino existe, así sean mujeres y niños que poco o nada tienen por qué pagar por esta guerra de milenios. Dígase lo mismo de Sudán y de varios países en el África o de cualquier otra parte del mundo.

En tanto el egoísmo no nos permita salir de nosotros mismos, con la codicia y la voracidad de querer tenerlo todo, de ser dueños y señores absolutos navegando en dinero así alrededor mueran todos de hambre. En tanto el afán de poder exista se repetirá una y otra vez la historia trágica de la humanidad de querer avasallar y atropellar por doquier así sea a costa de pisotear la libertad y oprimir naciones enteras olvidando la sentencia evangélica: “de qué le sirve a uno ganar el mundo si se pierde a sí mismo?”

En este viernes santo no sé qué es más vergonzoso: si todo eso que sucede en este instante por esos afanes insaciables cargados de irracionalidad o si la estupidez humana reiteradamente certificada que demuestra que no se ha aprendido, ni se quiere aprender la lección.  Dicen que “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”. Lo que no se ha caído en cuenta es que los males han durado toda la vida, en tanto los cuerpos solo resisten máximo 100 años. Por eso la memoria es frágil y la amnesia es un mal colectivo. Seguiremos así en Viernes Santo.

miércoles, 3 de enero de 2024

Editorial: perdimos el año


Antonio Montoya H.
En su editorial de la semana Antonio Montoya H., además de ofrecerles un saludo de año nuevo, presenta un balance de los hechos que fueron noticia, empezando por las actuaciones de Gustavo Petro en contra de Antioquia y otras regiones del país. Por ejemplo no le prorrogó a Antioquia la licencia de ser autoridad minera; casó una pelea con Marbelle por un ataque en redes a su hija; la pelea del Éxito con la DIAN, la de MinTrabajo con Van Camps, además de su intromisión en el fútbol lo que puede representar problemas con la FIFA como en Brasil, sus constantes desapariciones sin causa justificada y su pelea en redes con Milei quien decidió no pagar estudios a extranjeros.

También comenta el cierre de la nefasta época que Medellín vivió en la administración de Quintero y la esperanza que brinda la nueva administración, los problemas de la paz total y las actuaciones violentas del ELN, el incremento del salario mínimo y la informalidad en el país, y concluye con los mejores deseos a las nuevas administraciones regionales, y su sentimiento de tristeza y rechazo a las guerras de Ucrania y el invasor ruso, y la de Israel contra Hammas. No dejes de verlo.

lunes, 5 de diciembre de 2022

Sucesos de la semana (Editorial)

Entre los tópicos presentados por Antonio Montoya H. en su nuevo editorial para esta semana, felicita el actuar de William Giraldo, ingeniero que asumió la dirección del proyecto de Hidroituango y que merece todos los aplausos; también nos habla de la baja en la cifra del desempleo a 9.7 %, lo cual es un buen indicador; de las mociones de censura a las ministras de Salud y de Minas y Energía; de la Corte Suprema de Justicia que revive la condena de Iván Márquez; la rebaja del SOAT; el que el presidente Petro vuelve a quedar mal con el cumplimiento de sus compromisos; las sorpresas del Mundial, y finalmente, un cálido saludo en estas fiestas decembrinas y la invitación para que se vivan con responsabilidad. No dejes de verlo.

viernes, 15 de julio de 2022

Vientos de recesión

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

No estamos en Egipto, pero pareciera que sus diez plagas han llegado a nosotros en nueva presentación:  

* La violencia bipartidista de los 50 que desangró nuestros pueblos y campos;

* la pobreza creciente en la mayoría de nuestra población que ha generado una brecha social infranqueable;

* un deteriorado sistema judicial golpeado por la ineficiencia y la impunidad;

* la salud que no llega a todos y que hay que demandarla judicialmente para que preste sus servicios;

* el muy bajo nivel académico de la educación básica y media tanto pública como privada y un acceso limitado a la educación superior;

* desempleo en tasa de dos dígitos o salarios bajos y no siempre cumpliendo con todas las obligaciones legales laborales;

* narcotráfico floreciente que permeó todas las instituciones lavando con su dinero fácil y doblegando con el poder de sus fuerzas a buena parte de la sociedad;

* corrupción generalizada en todos los ámbitos: hay que sacar tajada en todos los negocios y obtener el porcentaje ineludible del CVY (cómo voy yo);

* grupos guerrilleros diversos que inicialmente buscaron el cambio social y luego se convirtieron en lucrativos negocios con vacunas, extorsiones y secuestros para terminar como traficantes de droga;

* grupos paramilitares y de autodefensa que ante el vacío de autoridad del Estado buscaron defender a la inerme población civil y resultaron siendo delincuentes de baja estopa, asesinos masacradores, terror de las zonas por ellos influenciadas con la anuncia de las autoridades que los consideraron sus mejores socios.

* Politiquería descarada que se mimetiza acorde con el que tiene el poder de turno y vende sus principios a cambio de prebendas económicas, importándole un bledo la causa por la cual existen.

Y ahora, como si todo lo anterior no fuese suficiente: recesión económica. Es verdad, aún no declarada oficialmente y ojalá no llegásemos a ella, pero que muestra signos preocupantes agudizados por una pandemia cuyos efectos se prolongan en el tiempo. Materias primas escasas, escasez de contenedores para transportar productos; la nefasta guerra que Rusia le declaró a Ucrania, indudablemente con pretensiones económicas; devaluación de las monedas nacionales frente a un dólar que se dispara de manera inédita; niveles de inflación de más de 9 puntos en Estados Unidos que repercuten en todas las latitudes: por lo pronto aquí en Colombia es aterrador el efecto en la canasta familiar con incrementos del 50 %, 70 %, 100 % y que directamente golpea a los más pobres de nuestro país; tasas de interés altas que no lograron frenarla; rendimientos financieros negativos; incertidumbre generalizada aún dentro los expertos ante realidades impredecibles.

Grandes retos deberemos afrontar en los próximos días y meses, ojalá no años. Nos tocará mirar más allá de nuestras propias narices; nos tocará pensar en grande y sin egoísmos; nos tocará dejar a un lado las pasiones políticas si queremos salir adelante pensando en el bien común; nos tocará buscar estrategias de choque con medidas inicialmente duras pero cuyo positivo efecto pueda verse luego; nos tocará ser austeros y apretarnos el cinturón a quienes hemos tenido modo para ser solidarios con quienes ahora estarán en situaciones críticas. Vientos de recesión se ciernen sobre todos y hay que estar preparados.

lunes, 31 de agosto de 2020

Avancemos, no retrocedamos

Antonio Montoya H.

Por Antonio Montoya H.*

Por causa de la pandemia, el gobierno ha tomado muchas decisiones amparado en el estado de emergencia social, económica y ambiental, que han contribuido a minimizar los impactos en los trabajadores, familias, empresarios y en general en los ciudadanos colombianos. Algunos de esos decretos expedidos en la emergencia no pasaron la evaluación jurídica en la Honorable Corte, que los ha declarado inexequibles, otros han pasado, pero sin duda alguna el interés del gobierno y su equipo de trabajo ha sido proactivo y, aunque se dude, ha logrado que el desastre sea menor de lo esperado.

Si bien es cierto que las empresas colombianas están en dificultades y que cada día será peor a pesar del levantamiento de las medidas a partir del 1° de septiembre de 2020. Muchos buscarán regresar al puesto de trabajo y no lo lograrán, serán despedidos, otros ya lo fueron porque los negocios cerrados tanto tiempo no aguantan, los costos son altos y la liquidez empresarial poca. No soportaron más las cargas y otros están llegando al límite de sus posibilidades, por ello reiniciar labores es lo mejor, eso sí, cumpliendo protocolos de bioseguridad y con la conciencia individual de protegerse y no tomar riesgos innecesarios.

Pero aquí viene algo que me preocupa y es que el gobierno emitió un decreto en el que aquellos que devenguen menos de un salario mínimo no tienen que estar sujetos al sistema de seguridad social en Colombia, lo cual es gravísimo. Regresaremos a viejas épocas de inicios de siglo pasado, año 1915 y siguientes, cuando se dieron las primeras normas laborales en nuestro país. Es retroceder. Han pasado más de cien años y no podemos mirar hacia atrás, debemos pensar de manera diferente, buscando la protección, bienestar y seguridad del trabajador colombiano, que a la hora de la verdad casi todos lo somos.

Sé que es necesario generar empleo, incentivar el empresarismo, facilitar el ingreso de los industriales a créditos blandos para organizar las empresas, flexibilizar normas para que el empresario y las personas naturales se acojan a la ley de insolvencia, en fin, se busca normalizar la economía, pero no a costa del trabajo.

Para formalizar el trabajo, no es necesario que las nuevas generaciones pierdan beneficios adquiridos, o que le cambien las reglas a aquellos que tienen que recurrir nuevamente a emplearse después de la pandemia. Formalizar se debe entender en el sentido profundo de la palabra. Ya desde las reformas laborales del año 2002, se habla de un sistema laboral de seguridad social, entendiendo que quien se vincula laboralmente a una empresa tenga seguridad social (EPS, pensión, ARL); para él y su familia, el derecho a las cesantías, prima de servicio, vacaciones anuales, horas extras cuando se den, recargos nocturnos y dominicales cuando se den, y estos grandes avances se deben garantizar, proteger y propender por que ese cincuenta por ciento de trabajadores colombianos que están en la informalidad logren beneficiarse de la formalidad.

No a las ideas de generar trabajo sin protección social, no a las normas que retroceden los avances laborales, y esto no es para unos pocos es para todos. Avanzar en estos temas laborales es lo que nos hace verdaderos demócratas, protectores de los trabajadores.

Como siempre debo plantear propuestas para generar empleo verdadero, serio, que sea protector y que garantice el acceso a la salud, bienestar, recreación y a la posibilidad de recibir una pensión alta, mediana o baja, al final de la vida laboral, porque de lo contrario será el Estado benefactor el que tendría que proteger a los ancianos en sus últimos años.

La solución podrá ser temporal o definitiva dependiendo del análisis de los resultados que se obtengan y por lo tanto invito a que se piense en que todo nuevo trabajador en Colombia desde el momento de su vinculación tenga todos los beneficios laborales y sociales que del contrato se desprendan. Lo único es que no tendrían derecho a la indemnización los que se vinculen a partir de una fecha determinada, el derecho de los vinculados con anterioridad no se pierde. Como lo he expresado en otros artículos, a las empresas no les interesa despedir trabajadores, les interesa mantenerlos por experiencia, conocimiento y valor del trabajo, y si se perdiese el empleo, fácilmente serían contratados en otro lugar por que al empresario lo que le da temor es la indemnización.

Pensemos distinto, avancemos, protejamos los derechos laborales y creemos empleo. No nos dé miedo retirar la indemnización, todos los trabajadores formales e informales se beneficiarán.

lunes, 8 de junio de 2020

Una reforma laboral

Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Dentro de la emergencia sanitaria que vivimos, el presidente de la República, en compañía de sus ministros, ha trabajado intensamente. No se puede dudar ni desconocer, han buscado todas las formas posibles de colaborarle a cada sector de la economía para superar las dificultades en el tiempo de la pandemia y la cuarentena, y en los próximos meses, porque es aún incierto el día en que se encuentre una vacuna que ayude a superar la crisis.

Pero sin duda alguna en aspectos laborales casi que se ha presentado una reforma laboral vía decretos para tratar disminuir el impacto del desempleo y a pesar de estos, este flagelo sigue aumentando y creo que llegaremos, antes de que termine este mes de junio, a un desempleo nunca visto en nuestra historia, llegando a afectar la vida de más de 8 millones de colombianos.

Creo que han sido tantas las modificaciones al código del trabajo que este ya desapareció del todo, porque antes venía en desuso por cuanto ha sido la corte suprema de justicia la que ha venido constantemente con sus fallos modificando las normas laborales y su interpretación. Es cierto lo que digo porque en materia laboral ya se modificó la interpretación de los contratos a término fijo, el periodo de prueba, se ampliaron los fueros protectores, la generación del derecho al pago de vacaciones, primas desde el primer día de trabajo, los reglamentos de trabajo, higiene, en fin, todo lo correspondiente al derecho individual. Hoy el derecho laboral se entiende es con base en la jurisprudencia y las nuevas normas que se han expedido durante la emergencia.

Entonces entendamos que, si ya estaba modificado un gran porcentaje de las normas del código, hoy se acabaron de eliminar y es así como tenemos nuevas normas que hace estudiar e investigar a los abogados y a los empresarios el ámbito de sus normas, las cuales que se cruzan unas y otras, volviendo un verdadero galimatías saber cuál es la vigente.

Entre esos nuevos cambios tenemos: 1.- Debido al trabajo en casa, el antiguo auxilio de trasporte se cambia por el de auxilio de conectividad digital, para aquellos que devengan hasta dos salarios. 2.- Para el disfrute de vacaciones ya no es necesario prepararlas con tiempo, ni avisar al trabajador, ya se puede enviar a disfrutarlas de un día para otro sin consultar con él, es decir, el significado de la palabra vacaciones desapareció. 3.- La jornada de trabajo en labores, aun de oficina, se puede pactar para que se realice en cuatro días con jornadas de 12 horas de trabajo seguidas. 4.- Se podrán tener turnos de 8 horas de trabajo al día y 36 a la semana. 5.- El pago de la prima podrá ser concertado y pagado hasta en tres contados sin que pase el pago total del día 20 de diciembre del año en curso. 6.– podrán ser beneficiarios los empresarios, o empleadores, ya sean personas naturales, jurídicas, consorcio y uniones temporales del programa de apoyo para el pago de la prima de servicio denominado PAP. 7.- También se emitió un decreto que determina la cuantía del aporte estatal del programa de apoyo para el pago de la prima. 8.- Se autoriza retirar las cesantías del fondo por cualquier causa. 9. El plan de ayuda para el pago de nómina. En fin, hay muchos otros cambios establecidos por decretos, que posiblemente pueden ayudar a las empresas a ser menos onerosos los pagos laborales de los empleadores y que no es necesario enumerar aquí, pero, aun así, no logra contener la avalancha de despidos y pérdida de puestos de trabajo en el país. Obviamente no es por culpa del gobierno, ni por falta de trabajo de los funcionarios, es por causa del cierre total de la economía que conduce a la parálisis de las empresas y a la pérdida de miles de empleos. Lo dijo recientemente el director del DANE, estamos en el 19.5% y pronto a finales de junio estaremos rondando el 30% de desempleo.

Entonces, vemos claramente dos acciones que son claras y se están dando, una reforma al sistema laboral, y otra al beneficio del empleador para proteger el empleo. La primera es clara y contundente, la segunda es ambiciosa pero no para la pérdida de puestos de trabajo. Entonces tenemos que pensar desde ya cuáles serán las fórmulas o mecanismos que utilizará el gobierno para reactivar la economía, incentivar el empleo, promover el trabajo.

Como debemos ser reformistas para reconstruir la economía y para generar ideas y no quedarnos siempre en la queja, reitero lo que en otras ocasiones he expresado en la cátedra y conferencias: debemos continuar reformando la legislación laboral, si se quiere por un periodo de tiempo determinado, ya sean dos o tres años. Creo que se puede incentivar la vinculación laboral, sin que conlleve pérdida de puestos actuales de trabajo, contratando a término indefinido, por un 10% o 15% mayor del valor anual del salario mínimo o del salario que se pacte entre el trabajador y el empleador, pero sin pago de indemnización al momento de terminar ese contrato. Es decir, promover el empleo, pero sin limitante al momento de requerirse la desvinculación. También puede establecerse la condición de que los que a la fecha que se determine, si gozan del beneficio de la indemnización, no pierdan su derecho y esta nueva medida solo será aplicable a los nuevos trabajadores a quienes se les otorga un porcentaje de salario mayor.

Estoy seguro de que los nuevos empleados no saldrán de sus puestos de trabajo mientras las condiciones de la economía sean estables, por una simple razón y es que el empleador requiere al ser humano, que se sienta bien, que gane y su familia tenga bienestar; a él no le es rentable el retiro del trabajador.

Espero no se asusten y pensemos entre todos en alternativas que nos permitan generar empleo digno y estable.

domingo, 5 de abril de 2020

Lo bueno y lo malo


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Continuar hablando de la pandemia causada por el covid 19 y de la cuarentena en nuestra tierra es repetir historias ya conocidas, noticias y augurios positivos o negativos. Al pasar los días este asunto que nos tocó vivir, que nos llegó casi que de sorpresa permite reflexionar y tiene necesariamente que dejar enseñanzas a todos nosotros, en cuanto a la forma en que veíamos el planeta tierra, inmenso y dividido por territorios, y liderado por seres humanos de ideologías diferentes, que se creían y siguen creyendo que son mejores que los demás. Controlan unos a sus ciudadanos con fiereza y muerte, otros con respeto y dignidad por sus congéneres, pero a ambos les tocó entender que no hay poder absoluto, que ellos no son la salvación y que deben entender que con la naturaleza no se juega, que la vida da giros impredecibles y que de un día al otro los que están arriba pueden quedar abajo y no se requiere sino que un suceso extraño, poco corriente ocurra y haga cambiar las costumbres y pensamientos de los pueblos.

Nosotros hemos actuado con respeto por la norma, hemos acatado las decisiones de los gobernantes, inicialmente, en forma parcial, las ordenes de los alcaldes y luego en forma unificada las del gobierno central, entendiendo que se actuó a tiempo, con presteza y diligencia. Por eso la curva de la pandemia se va controlando y no se ha congestionado el sistema de salud.

Hemos acatado el pico y cédula para mercar, para utilizar el servicio público, y evitar congestiones.

Las empresas grandes han aportado dinero y equipos, y mantenido el empleo porque tienen caja para hacerlo.

El gobierno ha sido proactivo y ha ayudado a algunos sectores de la sociedad, pero ha sido negligente frente al llamado social de los artistas de Colombia que son muchos, muy importantes y valiosos para la convivencia, la cultura y el disfrute social.

Las pequeñas y medianas empresas también acataron la orden de cuarentena, unos han podido pagar sus nominas y otros no, porque el factor caja es vital para lograr que ellos cumplan con ese objetivo. Siguen manteniendo el empleo sin pago y con la esperanza de reintegrarlos al trabajo. Unos y otros recurren al malabarismo económico y se sostienen con el fiado, tarjetas de crédito si las tienen, y con la esperanza de la reactivación. Otros han tenido que recurrir a sacar a los trabajadores a vacaciones anticipadas ayudándose así para que cuando regresen ya puedan prestar el servicio constantemente.

Los 22 millones de trabajadores informales, están viviendo de los subsidios del Estado, de las ayudas de familiares y amigos, pero hasta cuándo podrán hacerlo; estos días para ellos han sido infernales acompañados del sufrimiento de sus hijos, esposas y parientes cercanos porque ellos sí tienen solidaridad entre ellos, se acompañan y comparten lo que tienen.

Todos por la razón o por la necesidad, entendemos que el abrazo, el beso, el saludo de manos, ya son cosas del pasado; que debemos lavarnos las manos muchas veces en el día y que la higiene general es necesaria en la cotidianidad si queremos evitar la propagación del virus. Esto cambia drástica y dramáticamente el comportamiento ciudadano.

Ahora bien, hemos aprendido de las dificultades y han surgido cosas buenas en el entorno familiar y en la solidaridad general, pero no podemos seguir en cuarentena, porque lo que ha sido bueno se convierte en un grave problema de subsistencia ciudadana, de caos y de violencia. Estamos teniendo brotes de robos, ataques a vehículos de alimentos, indisciplina en algunos sectores de las ciudades, falta de dinero para alimentación y entonces ello puede conllevar al efecto contrario, un despelote social con lo que se pierde la tarea que el gobierno y los ciudadanos estamos haciendo para mitigar los efectos de contagios múltiples que colapse el sistema de salud.

Es, además, necesario que el gobierno entienda que los estudiantes y mayores de 70 años, deben seguir en cuarentena por su vulnerabilidad, pero los otros debemos salir a trabajar con cuidado, con lo aprendido y continuar la vida.

El 85% de los municipios de Colombia no tienen casos de contagio, abramos esos municipios para que allá, la vida tenga normalidad. Deben mantenerse cerradas las fronteras y organizar el transporte de alimentos.

Las grandes ciudades, deben generar formas de ingreso, establecer días de trabajo por cédula y turnos en las empresas y negocios. Es necesario que reactivemos la economía, de lo contrario tendremos pandemia y crisis económica; todo tiene su límite para lograr el resultado, esa justa medida es la que tendrá que evaluar el gobierno para evitar el colapso.

viernes, 3 de abril de 2020

Entre la salud y la economía


José Leonardo Rincón, S. J.*


José Leonardo Rincón Contreras
Gústenos o no la cuarentena ha salvado miles de vidas. La ascendente curva que estadísticamente muestra la exponencial propagación del COVID19, en nuestro caso ha sido menor por las medidas tomadas. Que se prolongue hasta el 13 de abril, ayudará a evidenciar los casos latentes que no se habían manifestado y nos dará una idea más exacta del panorama que tendremos que afrontar en los próximos meses.

Para decirlo de una vez, vamos a tener que acostumbrarnos a convivir con el virus hasta que entre el 60 o 70 por cierto de la población se haya hecho inmune, lo cual implicará mantener una disciplina social si no queremos colapsar más allá de lo que ya estamos. Una cuarentena sanitaria férrea hubiera sido ideal, pero para garantizar las diversas cadenas de sobrevivencia en un país como el nuestro, tan complejo y sin infraestructuras sólidas en varios campos, no es realmente posible. El Estado (entiéndase a nivel nacional o regional), por más buena voluntad que tenga, no puede soportar por mucho más tiempo el encierro de su gente hasta mayo o junio. Ideal lo sería para evitar el contagio viral, fatal para la salud mental y para la economía en todos sus niveles. Correríamos el riesgo de una explosión social sin precedentes, porque todo aguante tiene su límite.

La economía global colapsada y en recesión se convierte también en un problema pandémico de salud pública. Para quienes manejan estos hilos de la macroeconomía no ha sido fácil ver desmoronarse sus portafolios de inversiones y los optimistas escenarios que preveían para sus capitales. El mal ya no es de muchos, ni el consuelo es de tontos, porque el fenómeno ha afectado a todo el mundo por igual. Se requiere ser cuerdos y ponderados para conservarse sanos mentalmente frente a la debacle.

La economía local y la doméstica no puede paralizarse del todo. De nada servirá tener supermercados, plazas de abastecimiento y tiendas de barrio abiertas si no hay plata para que un miembro por familia salga de compras. A nivel micro (que en realidad es macro por el volumen de gente) nuestra economía es informal y de rebusque en el día a día y no tiene un soporte contractual laboral estable que le permita sobrevivir el trimestre adicional de aislamiento al que se nos pretende someter. Ahí el problema se convierte en una olla de presión impredecible, porque el aislamiento, por no decir hacinamiento, con el correr de los días se hace insoportable y aunque es cierto que somos resilientes, que le hacemos chiste a todo y que aguantamos bastante, las autoridades no pueden jugar con el hambre de un pueblo que preferirá correr el riesgo de morirse infectado que de inanición por falta de comida. Ojo con esto. Por lo menos el 50% de la gente depende de unos ingresos que en este momento no se están teniendo.

El Papa Francisco acaba de decir que la salud de la población está por encima de los intereses económicos. Eso es cierto, como también es cierto el análisis que acabamos de hacer, pues la realidad no es la misma en todas las latitudes y lo que se desea es un justo balance entre estos dos asuntos que nunca antes habían estado tan estrechamente relacionados e interdependientes. Que hay que cuidar la salud: es un deber moral. Que la economía no puede colapsar: es un reto ético. El sabio equilibrio entre las dos es el desafío para los economistas, porque están aprendiendo que el dinero no lo es todo y que de nada sirve tener plata si no se tiene salud para disfrutarla y que uno puede estar sano, pero si no tiene poder adquisitivo, la economía no se mueve. Es hora de ser justos.

En tanto, desde el confinamiento que vivimos, seguimos aprendiendo todos los días. La naturaleza se ha hecho sentir enérgicamente para recordarnos a los seres humanos que esta casa común hay que cuidarla. Los pájaros han vuelto a cantar, leones marinos se toman Galápagos, jabalíes deambulan por calles italianas, un zorro sale a pasear por el norte bogotano y los perros desconcertados se preguntan qué hacemos los humanos con bozal y castigados en nuestro propio zoo casero. Muchas lecciones de vida estamos viviendo todos los días. Ojalá, como dice el meme que circula por redes sociales, no volvamos a la “normalidad” porque la “normalidad” era el problema.

domingo, 29 de marzo de 2020

El nuevo contrato social del equilibrio y la solidaridad


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Definitivamente el equilibrio y la solidaridad son la solución. Una sociedad, tan desequilibrada, tan insolidaria, no puede prosperar, ni subsistir, ni sobrevivir, ni soportar, y menos, hacerle frente al sin número de problemas que la aquejan a nivel mundial (pandemias, guerras, desastres naturales, hambre, desempleo, informalidad, drogas, alcohol y todo tipo de adicciones, etcétera).

Debemos partir de la satisfacción de las necesidades básicas insatisfechas, superemos el hambre y la salud, que hoy, con la pandemia, requieren de todos los recursos disponibles; de no poderlo hacer, la guerra por la comida saturará aún más los servicios insuficientes de salud y los muertos, los servicios funerarios.

Estados Unidos y Arabia Saudita, tienen que buscar un arreglo equilibrado, con Rusia y China, y a la inversa, ambos tienen que ceder, no pueden seguir destruyendo las economías y los empleos del mundo, tienen que compartir sus riquezas y ser más solidarios, de no ser así, esto se les va a devolver, ya está declarada la recesión mundial.

El mundo necesita urgente comida, pruebas que detecten con certeza y oportunidad los virus, servicios médicos y hospitalarios para manejar los aislamientos de los infectados, drogas y vacunas para su recuperación y mucha capacitación y elementos (tapabocas, desinfectantes, guantes, etcétera) que permitan comportamientos sociales que impidan el contagio, sin paralizar las actividades productivas de bienes y servicios, que eviten la quiebra, por parálisis, de las grandes, medianas y pequeñas empresas, públicas, privadas y mixtas.

El esfuerzo que tenemos que hacer todos para cambiar las costumbres de saludar, de toser, estornudar y escupir, de lavarnos las manos, de desinfectar y desinfectarnos, de hacer fila, de auto cuidarnos para cuidar a los demás, de respetar para que nos respeten, de ceder el turno, el puesto, la silla, en fin, de comportarnos como nuestro Señor Jesucristo nos enseñó, tiene que ser un compromiso solidario, donde con mucho equilibrio y tranquilidad, nos podamos exigir su cumplimiento, los unos a los otros y los otros a los unos.

Llegó el momento en que no deben existir salarios superiores a los $15.000.000 mensuales, ni en el sector público, ni en el privado; que arranquen con el ejemplo nuestros congresistas, para que en su primera sesión virtual se disminuyan el sueldo y en las grandes y medianas empresas en sus primeras asambleas y juntas virtuales, acuerden la disminución.

Las altas cortes, que siguen creciendo en número de cortes y magistrados, deben sin dilaciones ni disculpas, ajustar sus salarios al máximo permitido de $15.000.000.

Las cámaras de comercio, las entidades gremiales y las cajas de compensación familiar, también quedarían sujetas a este máximo salarial.

Ya nos están dando ejemplo los grandes talentos y clubes deportivos del mundo, donde sus deportistas y ejecutivos, ya se bajaron el sueldo, para garantizar el de los que ganan menos y la supervivencia propia y de sus clubes deportivos de las diferentes especialidades.

Todas las entidades públicas y privadas, que sobrevivan a la crisis y desde este preciso instante deben entrar en austeridad total y absoluta; se deben acabar los carros de representación, los esquemas de seguridad innecesarios, los viajes en primera clase, etcétera, con el dinero de los contribuyentes, de los accionistas y de sus clientes.

Hay que frenar el crecimiento desmesurado del Estado, en sectores no prioritarios, replantear los planes de inversión, de desarrollo, los flujos de caja y por ende los presupuestos.

Increíble que ya están producidos el alcohol, los ventiladores, las máscaras, etcétera, y las autoridades de salud del gobierno, no han sido capaces de priorizar las licencias correspondientes.

Queda demostrado que todas las reuniones se pueden hacer virtualmente y creo que los únicos que ni eso han podido son nuestros congresistas. Queda demostrado que son muchas las actividades que responsablemente se pueden realizar desde los hogares, virtualmente, hasta el estudio virtual.

Queda demostrado que las actividades de las cadenas alimentaria y de salud, entre otras, requieren de mucho personal expuesto en las calles, obligados a costumbres de auto cuidado extremo, para protegerse y proteger a los demás.

Lo anterior exige diferentes regímenes laborales, más justos y adecuados a la satisfacción de las necesidades básicas y al interés general.

Lo mejor, se acabó el espacio para los polarizadores de extrema derecha y extrema izquierda; afortunadamente, están entretenidos en estas vacaciones obligadas y pagadas.

Esperemos que nuestro comportamiento permita que el temporal pase pronto y llegue la calma, con todos los cambios que necesitamos, para que el equilibro y la solidaridad, se impongan.

Pongámonos en las manos de nuestro Señor Jesucristo.

viernes, 21 de junio de 2019

Los que patean la lonchera


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Muy sugestiva esa coloquial expresión que suele utilizarse en el medio laboral para señalar crítica, por no decir despectivamente, a quienes teniendo un trabajo cometen una serie de errores contra las personas o instituciones para las cuales prestan sus servicios.

De modo contrario a los “work-aholic”, como su extremo, me refiero, entonces, particularmente es a esos infelices personajes que abundan en el mundo de las empresas y organizaciones y que, gozando de la bendición de contar con un empleo, se dan el lujo de patear la lonchera. Esos que llegan tarde reiteradamente y siempre tienen las mismas excusas, pero que a la hora de salir curiosamente tienen el reloj adelantado y son rigurosos para cumplir con su horario. Quizás sean los mismos que se aprovechan de las así llamadas “pausas activas” para consultar varias veces al día las redes sociales en su celular, prolongar el cafecito con sus compañeros, alargar la hora del almuerzo e ir al baño más de la cuenta. La empresa que “para eso tiene plata” tiene que cumplirles sin falta, esa es su obligación, pero ellos no ponen de su parte.

Tantos años como llevo trabajando, a veces de jefe, a veces de subalterno, y me espanta ver lo que muchos hacen… como la secretaria aquella que el jefe le pidió por lo menos cinco veces lo mismo y nunca lo hizo por absoluta dejadez y pereza, pero la tan de malas se la pillaban leyendo revistas de modas y jugando cartas en su computador… claro, la sacaron, y no tuvo inconveniente en declararse víctima. O al profesor aquel, recién desempacado de las europas, henchido de prepotencia por su preclara inteligencia, que le llamaban la atención porque trataba mal a sus estudiantes a quienes hacía sentir brutos e ignorantes porque no leían en inglés, no estaban a la altura de sus exigencias, y cuando lo echan se va lanza en ristre contra la, a su juicio, mediocre institución. Casos podría contarles por docenas.

Esos funcionarios de rango intermedio que resultan nefastos porque saben que tienen el poder efectivo, filtran lo que les conviene: de la alta dirección hacia abajo, en efecto cascada, lo que consideran importante. Y hacia arriba, lo que les parece. Con “la sartén por el mango”, desinforman, manipulan, sesgan. Nunca dicen toda la verdad. De doble faz, suelen ser lambones y obsecuentes con el superior jerárquico y duros e implacables con sus dirigidos. Rara vez se dejan poner en evidencia, porque tienen esa sagacidad para acomodarse camaleónicamente a las conyunturas. Hacen mucho daño y cuando son descubiertos se transforman en enemigos de quienes eran sus más eximios cepilleros.

Patean la lonchera aquellos que debiendo servir al público con diligencia y eficiencia, se hacen sentir desde sus apoltronados puestos estatales. Son lentos y morrongos. Les encanta la tramitomanía, que las filas sean largas y que la gente se estrese, que falta una firma, que no le pusieron el sello, que los papeles están incompletos. Y cuando el paciente impaciente vuelve creyendo cumplidos los requisitos, siempre falta algo. ¿Por qué no lo dirán todo de una vez, claro y preciso? No. Hay que hacerse sentir. Hay que darse ínfulas de ser muy importantes.

Cuando una entidad decide prescindir de algún funcionario, muchas veces prefiere indemnizarlo que acudir al tedioso proceso de descargos, testigos, memorandos y cartas. Siempre habrá manera de apelar y sentirse desprotegido y no faltarán los proteccionistas y garantistas alcahuetes que se pongan del lado del mal trabajador. Es un desastre, pero nunca se reconocerá que la decisión fue justa y motivada. La empresa preferirá perder una plata a seguir con esos zánganos y mediocres que enrarecen el ambiente laboral. ¡Cuánto daño le hacen al país! Y lo que uno lamenta es que entre tantos desempleados hay gente muy buena, muy valiosa, que merecería estar donde otros no.

Las cifras sobre el incremento del desempleo son realmente preocupantes. Después de muchos años, hemos vuelto a los dos dígitos. No me voy a meter en análisis políticos, pero la forma como se maneje el tema, sabemos todos, tiene afectaciones económicas. Mantener el espejo retrovisor, incentivar la polarización, seguir atacando el proceso de paz, permitir el incremento de la violencia contra líderes sociales, no cumplir con lo prometido en torno al aumento de los impuestos, no haber sacado adelante los proyectos de ley anticorrupción, entre otras cosas, es como escupir para arriba o pegarse un tiro en los pies. La confianza inversionista se deteriora, los indicadores económicos, tan susceptibles a estas coyunturas, entran en caída. Es otra manera de patear la lonchera, la gran lonchera colombiana.