Uno
no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Y la salud es un precioso tesoro que
hay que cuidar. Este año, para mí, inédito. Sufría de gripe y resfriados por
allá una vez al año. Ahora, la amenaza es permanente, tanto que a estas alturas
he padecido dos fuertes gripas y ahora una virosis de gastroenteritis.
No
sé de los efectos secundarios de la pandemia, pero sí creo que nos volvimos más
frágiles en todo, no solo física sino psicológicamente. Los educadores pudieron
observar efectos devastadores en sus estudiantes. El cambio climático ha pasado
ya su factura: con calores nunca vistos y con lluvias torrenciales que han desembocado
en tragedias.
Esos
malestares estomacales que han afectado y están afectando a miles de personas
provienen de aguas contaminadas. Los embalses casi secos que alimentan redes de
acueducto con intermitencia. El agua sale amarilla, terrosa. Hay gente que la
toma directamente de la llave o no la hierve para consumirla.
Las
medidas preventivas de la pandemia se han dejado de lado. El tapabocas ayudaría
mucho. Lavarse las manos, más. Como ya no estamos en emergencia, dejamos así,
no pasa nada.
Las
vacunas ayudaron en su momento, pero quién puede asegurar que no tienen efectos
colaterales. De hecho, acaba de salir de circulación la vacuna Astra Zeneca
porque hubo pacientes recurrentes con cuadros de trombosis. Recuerdo que por
aquellos días muchos se negaron a vacunarse pues montaban películas un tanto
exageradas, ¿Tenían razón?
Y
para colmos, un sistema de salud en crisis. EPS intervenidas, otras en cierre.
Ya hemos hecho nuestras consideraciones al respecto.
Bueno…
ya no doy más. La fiebre me tiene zurumbático y la deshidratación ha sido muy
fuerte. Quería contarles como estoy y que espero estar mejor en ocho días. Buen
fin semana y un saludo especial a nuestras madres queridas en su día.
Aunque la
motivación perversa de los actos siempre se oculta cuidadosamente, hay momentos
en los que trasluce. Reprimir por largos años la expresión de los peores
sentimientos profundos constituye un esfuerzo agobiador. Mantener la cara
risueña mientras el magín concibe incontables infamias representa un empeño
tremendo que se traduce en inevitable desequilibrio, incapacidad de reposar,
logorrea incontrolable, mitomanía incesante, ánimo pendenciero y compulsión
locomotiva, entre muchos otros síntomas de insufrible estrés, cuando se vive
desasido de la realidad, entre la alucinación y la fantasía.
Esa
descomposición moral, que impulsa a los gobernantes que la padecen desde la
depravación personal hasta los mayores desafueros públicos, se desahoga con el
permanente castigo a los inocentes ciudadanos, con despotismo y demagogia
permanentes.
Mientras
mayor sea el número de sus víctimas, mas grande será la satisfacción del ego...
Desde hace
diez meses circula un asqueante video que revela completamente la psique de
Petro. Con la mayor frialdad, en voz baja y con lenta gesticulación, ese
risueño personaje, apelando al símil de la caída en cascada de las fichas de dominó
(“Shu-shu-shu”), se regocija anticipadamente por la quiebra que va a inducir,
una a una, de las empresas prestadoras de salud.
En un país donde
el gobierno estimula el descomunal lucro criminal del narcotráfico, de la
extorsión y la subversión, se estigmatiza el lícito ánimo de lucro dentro del
ejercicio de la libertad económica; y por un prejuicio ideológico se produce
eficazmente la quiebra del sector salud, para convertirlo en un instrumento de
control social esclavizante y en generador de un monumental incremento de poder
del Estado sobre la economía.
La correcta
atención de los pacientes, la salud de los enfermos y la muerte de los mal
atendidos nada importan ante el gozo caprichoso, megalómano y vengativo del
déspota, cuyo poder se ha incrementado enormemente en la última quincena, con
la entrega de la Fiscalía —por cortesía de una
Corte-sana-- y por el golpe de Estado ejecutado de manera impune para
apoderarse del sector salud.
El
vociferante Petro se ha superado, pues, en materia de escándalo. Se ha quitado
completamente la careta y ya con absoluta desvergüenza celebra su siguiente
autogolpe de Estado a través de una constituyente de corte soviético, de
consuno con todos los grupos cómplices del tal “proceso de paz total”, para la
entrega del país a la revolución.
Por
desgracia, mientras el gobierno, cada vez más poderoso, avanza hacia sus fines
por la más torcida senda, más gente piensa bobaliconamente que, si Petro no se
cae por la acumulación de errores, escándalos, peculados y prevaricatos, o por
el próximo e inevitable desastre económico, llegará el momento en el que ya no
le sea posible seguir eludiendo el juicio político por violación de los topes
electorales.
¡Vana
ilusión! Petro nunca se detiene, rectifica, analiza, estudia, deja de violar la
ley, ni suspende el proceso de milicianización, con el que ya domina cerca de
400 municipios del país. Y ahora, como si esto fuera poco, a la ruina de
Ecopetrol se sumará la confiscación del Fondo Nacional del Café, como para
destruir las dos industrias principales del país y avanzar en el proceso de
depauperación del pueblo, factor inherente a toda revolución comunista.
Quien se
atreve ahora a confesar que las reformas se harán “de golpe” es el mismo que
anuncia la abolición de la Carta que juró cumplir. Él bien sabe para dónde va,
porque aquí, los establecimientos político y jurídico toleran diariamente los
delitos detrás de la gestión oficial.
¡En fin, a
mayor desvergüenza, mayor poder!
¡Bienvenidos,
colombianos, a la revolución!
***
Sin la
unión monolítica y total de las fuerzas legítimas para recuperar el Estado,
Colombia caerá en el abismo.
Una de las tantas
aproximaciones a la definición del concepto de felicidad se asocia al estado de
ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que
desea o por disfrutar de algo bueno.
Dice el estribillo de alguna canción española que la
felicidad está asociada a la obtención de tres condiciones: la salud, el dinero
y el amor.
Para Menandro, “La salud y la inteligencia son las
bendiciones de esta vida” y para Sófocles “El saber es la parte más
considerable de la felicidad”.
Black dirá que “Sin el trabajo es imposible la
felicidad”, Saavedra Fajardo sostendrá que “La felicidad nace, como la
rosa, de las espinas y trabajos”, Astron dirá que “Los que carecen de
felicidad buscan las fiestas” y Platón sentenciará que “No puede ser
nadie feliz sin que sea sabio y bueno”.
Para algunos otros, la felicidad podría estar asociada a la
satisfacción impúdica de sus pasiones, asociadas a algunos de los llamados pecados
capitales como la lujuria, la gula y la pereza, que devienen en vicios.
Así mismo, el desarrollo pleno de los sentidos alrededor de
la belleza, la estética, el arte, en cualquiera de sus expresiones, podría generar
situaciones de felicidad.
Podríamos seguir buscando aproximaciones y con seguridad
serían múltiples, de pronto tantas como humanos estemos en el planeta.
Sin embargo, en nuestro interior, consciente o
inconscientemente, es posible que guardemos deseos, anhelos, antojos o propósitos
que quisiéramos cumplir o que serían aquellas cosas que le pediríamos a Aladino
en caso de presentarse la ocasión.
En mi caso, ante Aladino, Merlín o un buen taumaturgo,
tengo claro que le pediría salud, pues como dicen las mamás, “Sin salud no hay
nada”. Le pediría ser políglota, pues como sostenía Francisco de Quevedo, “Por
tantos hombres vales, según las lenguas que hablares”. Y, por último, mi gran
antojo sería poder viajar en el tiempo, obviamente solo como observador.
El concepto de felicidad ha venido escalando visibilidad e
importancia en todos los ámbitos. Como derecho humano en la ONU, Bután o Brasil,
como estrategia gerencial desde lo académico –cátedra en Harvard–, como
reivindicación al tiempo libre y al ocio –al estilo romano imperial–.
Desde la filosofía, grandes interrogantes se siguen
planteando entre otros, la justificación de la existencia o la reflexión acerca
de qué es la vida.
¿Vivimos para qué? ¿Qué justifica la existencia?
El buen vivir, el vivir bien, es un propósito superior
desde lo individual y desde lo colectivo. Este hecho debe ser concientizado y
debe ser un vector directriz que encauce nuestra existencia.
Debemos dejar de mirar la felicidad como algo utópico, algo
que solo se habrá de alcanzar al final de la existencia. El día a día, cada
nuevo amanecer trae su propio afán y sus propias circunstancias, algo con lo
cual el individuo deberá interactuar de manera casi que espontánea.
Sobre los hechos más destacados de la semana, en esta oportunidad, en su editorial para El Pensamiento al Aire, el doctor Antonio Montoya H. nos habla del estado de la reforma de salud, sobre los conflictos del presidente de Colombia con los gobiernos del Salvador y Perú, del colapso de las aerolíneas de bajo costo en el país, de la decisión de suspender la firmas de contratos y la exploración de nuevos pozos petroleros y por último, un llamado de atención al presidente Gustavo Petro y el ministro Iván Velásquez en el actuar de los grupos armados al margen de la ley. No dejes de verlo.
En su editorial de la semana para El Pensamiento al Aire, el doctor Antonio Montoya H. nos habla de las diferentes reformas que se adelantan en el actual gobierno, el retiro de la reforma política, las dificultades de la reforma de la salud y su posible retiro en los próximos días, el estudio de la reforma pensional y los elementos de la reforma laboral que perjudican el desarrollo empresarial y el incremento de la informalidad. No dejes de verlo.
¿Por qué son necesarias para gobernar una ciudad o un país?
2. Generador
deconfianza
* Base fundamental para crear lazos estables y perdurables.
* Es la seguridad que tiene el ciudadano que su vida,
patrimonio y futuro están en buenas manos.
3. Lealtad
Que entre el gobernante y el ciudadano se creen vínculos
basados en la verdad, asertividad, dignidad, y respeto por el otro.
4. Planeación
* Trabajar desde el inicio con elementos claros de administración
y planeación por objetivos, en cada una de las áreas y uno general que incluya
todos.
* Evaluarlos en forma periódica, por lo menos tres veces al
año y corregir inmediatamente el rumbo, sin dudar.
5. Presencia cotidiana con los ciudadanos
Implica comunicación visual permanente y constante con la
ciudad, hacer presencia en las obras, en los problemas y en la búsqueda
constante de soluciones.
6. No es imprescindible
Ello conlleva el respeto por los demás. Es un simple
ejecutor de programas aprobados todos en beneficio de la comunidad y si fallece
o se retira, la ciudad debe tener claras las condiciones de perdurabilidad en
el tiempo de las acciones pendientes y continuar el rumbo, como si nada pasara.
No depende una ciudad o un país de un hombre, depende del equipo de trabajo que
acompaña con diligencia y cuidado los compromisos sociales adquiridos, para
ello la transferencia del conocimiento documentada es importante, así siempre
habrá una guía y norte que seguir.
7. Resiliencia
Es la capacidad de superar la adversidad que en el diario
vivir de una ciudad, región o país siempre sucede; acontecimientos no previstos
que llevan a que el gobernante se multiplique, se crezca y supere esa
dificultad convirtiéndola en algo positivo para la comunidad.
8. No improvisación
Cuando el gobernante improvisa, el resultado es negativo y
afecta a muchas personas, por ende, se debe tener claro el plan de gobierno,
con parámetros medibles y tiempos de resultados, así ocurrirá que pareciese que
todo fue fácil, además es la forma en que se reconoce la habilidad
administrativa, técnica, financiera y social de un gobernante. La improvisación
es fuente de fracasos. Nada se deja al azar, sin preparación, evaluación,
corrección y desarrollo. Y si así lo
pensare la gente, no importa, el éxito es así.
9. Prioridades sociales
Es claro que todo gobernante debe
tener fijado en su mente cuáles son las grandes necesidades de los ciudadanos y
de la ciudad. Enuncio, las que considero son en la actualidad:
* Empleo: el
mayor problema social, afecta al ser humano individualmente por cuanto el que
no tiene trabajo se siente aislado, sin ingreso, frustrado por cuanto se
preparó y cree que con los estudios que tiene técnicos, tecnológicos,
profesionales o de formación en artes u oficios, puede lograr una mejor
condición económica para él y aportar a la familia.
Aquí la búsqueda de alternativas no solo depende del Gobierno
nacional de turno, o de las grandes empresas que se asienten en la ciudad, porque
hay mucho por hacer para formalizar el trabajo y generar ingresos. Por ejemplo,
tenemos todo lo relacionado con el medio ambiente y su protección, por ello
todo lo que tiene que ver con las riberas de los ríos, quebradas, caños,
cuidado de los parques, puede generar trabajo diario formal y de calidad a los
bachilleres y mujeres cabeza de familia.
Capacitar en saberes que tengan pertinencia en la ciudad o
región, no llenarnos de personas con lo mismo y que no tenga mucha aplicación
en la región en la que se realiza. Por ello, sin duda, existe el SENA y debo
reconocer que está haciendo una gran labor en formación.
Universidades, instituciones técnicas y tecnológicas, deben
modificar sus pénsum de tal manera que sean más prácticos para que los
estudiantes adquieran herramientas para incorporarse fácil al trabajo.
El trabajo de aquel que emprende proyectos es muy
importante, pero, debe ser apoyado financieramente porque las ideas son muy
buenas, las posibilidades muchas, pero los tiempos de desarrollo y ejecución
son demorados y sin capital fácilmente se aborta el proyecto. Por ello debemos
motivar a los emprendedores, pero con la verdad, hacer empresa no es tarea
fácil, requiere además de trabajo, cumplimiento de muchas obligaciones con el Estado,
los trabajadores y proveedores, y sin adecuado financiamiento se complica la
vida de muchos otros sectores de la economía.
10. Servicios públicos
Los servicios públicos básicos de acueducto,
alcantarillado, luz, recolección de basuras, oportunos y constantes, son en
Antioquia, bien atendidos en la mayoría de los municipios y capital, pero en el
resto del país existen graves fallas o hay inexistencia de estos lo cual hace
difícil la vida de sus habitantes. Un gobernante debe gestionar, construir y
administrar esos servicios básicos que no son gratuitos.
Si se quiere avanzar en desarrollo de las ciudades se debe
sanear estos aspectos, no prometer para no cumplir, ejecutar sin corrupción.
11. Seguridad
Sin seguridad no habrá tranquilidad. Si el ciudadano se
siente seguro, es decir que ve la presencia protectora del Estado a través de
sus diferentes órganos de control y policivos, tendrá mejor ánimo, el miedo
desaparece y ello genera oportunidades de trabajo.
No he podido entender nunca porque se premia al
delincuente, se le envía a una cárcel y allí vive alimentado, con salud,
visitas conyugales, teléfonos, parrandas, en fin, es un ideal para muchos estar
allí y por eso delinquen tranquilos, allá estarán protegidos y si no los mismos
jueces los sueltan al día siguiente de un ataque a los ciudadanos por
hacinamiento o considerar que no es peligroso para la convivencia. Por ende,
como dije al inicio, sin disciplina y orden no tendremos un mejor país.
12. Salud
Hoy más que nunca está en boca del ciudadano los cambios
que se presentaran por el nuevo mandatario en lo referente a la salud. Habrá
que analizar en detenimiento su propuesta, pero un país sin salud es colapso
seguro. Hoy tenemos y gozamos de una cobertura del 96.5 %, de manera que el
cambio debe encaminarse a llegar al 100% de cobertura y a evitar la corrupción.
13. Recreación
Es vital para motivar a la
juventud a tener calidad de vida, a formarse mental y físicamente, y a los
adultos para a que tengan forma de caminar, hacer ejercicio más intenso de
acuerdo con su propia capacidad. Pero se debe encontrar el modo en que todos
los ciudadanos participen, gocen y disfruten de la recreación si es física.
Pero, la música, el arte, la
cultura, el cine, debe ser para todos con seguridad y disfrute. Los artistas deben
promover invitados por el municipio y los empresarios a mostrar el talento, la
alegría y la expresión musical de las diversas regiones colombianas… nuestros
artistas, en general, suenan hoy en todo el mundo.
Por último, digo que existen otros temas de igual
importancia para los gobernantes que deben ser tratados, estudiados con
seriedad y asertividad como movilidad, infraestructura, tecnología, alimentación
y sus centros de acopio en la ciudad, a los cuales me referiré en próxima
oportunidad.
También hablaremos de la política
y los políticos, que son parte vital en este entramado de la buena
gobernabilidad, que será exitosa sin corrupción y con personas que ejerzan el
cargo como aporte a la sociedad y en beneficio exclusiva de ella.
No
estamos en Egipto, pero pareciera que sus diez plagas han llegado a nosotros en
nueva presentación:
*
La violencia bipartidista de los 50 que desangró nuestros pueblos y campos;
*
la pobreza creciente en la mayoría de nuestra población que ha generado una
brecha social infranqueable;
*
un deteriorado sistema judicial golpeado por la ineficiencia y la impunidad;
*
la salud que no llega a todos y que hay que demandarla judicialmente para que preste
sus servicios;
*
el muy bajo nivel académico de la educación básica y media tanto pública como
privada y un acceso limitado a la educación superior;
*
desempleo en tasa de dos dígitos o salarios bajos y no siempre cumpliendo con
todas las obligaciones legales laborales;
*
narcotráfico floreciente que permeó todas las instituciones lavando con su
dinero fácil y doblegando con el poder de sus fuerzas a buena parte de la
sociedad;
*
corrupción generalizada en todos los ámbitos: hay que sacar tajada en todos los
negocios y obtener el porcentaje ineludible del CVY (cómo voy yo);
*
grupos guerrilleros diversos que inicialmente buscaron el cambio social y luego
se convirtieron en lucrativos negocios con vacunas, extorsiones y secuestros
para terminar como traficantes de droga;
*
grupos paramilitares y de autodefensa que ante el vacío de autoridad del Estado
buscaron defender a la inerme población civil y resultaron siendo delincuentes
de baja estopa, asesinos masacradores, terror de las zonas por ellos
influenciadas con la anuncia de las autoridades que los consideraron sus
mejores socios.
*
Politiquería descarada que se mimetiza acorde con el que tiene el poder de
turno y vende sus principios a cambio de prebendas económicas, importándole un
bledo la causa por la cual existen.
Y
ahora, como si todo lo anterior no fuese suficiente: recesión económica. Es
verdad, aún no declarada oficialmente y ojalá no llegásemos a ella, pero que
muestra signos preocupantes agudizados por una pandemia cuyos efectos se
prolongan en el tiempo. Materias primas escasas, escasez de contenedores para
transportar productos; la nefasta guerra que Rusia le declaró a Ucrania,
indudablemente con pretensiones económicas; devaluación de las monedas
nacionales frente a un dólar que se dispara de manera inédita; niveles de inflación
de más de 9 puntos en Estados Unidos que repercuten en todas las latitudes: por
lo pronto aquí en Colombia es aterrador el efecto en la canasta familiar con
incrementos del 50 %, 70 %, 100 % y que directamente golpea a los más pobres de
nuestro país; tasas de interés altas que no lograron frenarla; rendimientos
financieros negativos; incertidumbre generalizada aún dentro los expertos ante
realidades impredecibles.
Grandes
retos deberemos afrontar en los próximos días y meses, ojalá no años. Nos
tocará mirar más allá de nuestras propias narices; nos tocará pensar en grande
y sin egoísmos; nos tocará dejar a un lado las pasiones políticas si queremos
salir adelante pensando en el bien común; nos tocará buscar estrategias de
choque con medidas inicialmente duras pero cuyo positivo efecto pueda verse
luego; nos tocará ser austeros y apretarnos el cinturón a quienes hemos tenido
modo para ser solidarios con quienes ahora estarán en situaciones críticas. Vientos
de recesión se ciernen sobre todos y hay que estar preparados.
Tuve el inmenso privilegio y la enriquecedora
oportunidad de haber sido candidato al Senado en los comicios del pasado 13 de
marzo. Quizás las líneas que siguen, al mismo tiempo que dejan entrever una
reflexión personal alrededor de mis acciones y omisiones, también me sirven de
catarsis ante el desfavorable resultado que obtuve. Mi participación en la
campaña y en la contienda, me permitieron cambiar mi perspectiva.Trato de hilvanar estas palabras más desde la
no autorizada sugerencia que desde la crítica.
Ahora que estamos cerca de las elecciones del
próximo presidente de Colombia, mi percepción es de una casi total asincronía o
desconexión entre los asuntos que de verdad preocupan diariamente a la gente y
lo que los candidatos a la Presidencia creen que necesita el país. Esa
asincronía o desconexión es una de las causas, no la única, de la apatía y el
rechazo generalizados por la política.
De acuerdo con las últimas encuestas o sondeos
de opinión, lo que he escuchado en las calles y caminos, y mi percepción de la
realidad, los principales asuntos del país que preocupan a los colombianos son:
* Su situación económica (prioritariamente comida,
vestido, vivienda)
* La corrupción
* La inseguridad
* El desempleo y su pensión
* Su salud
* Su educación y la de sus hijos
* El medio ambiente
* Su transporte
* Los impuestos que tiene que pagar
* La justicia
Los candidatos debieran estar ocupándose prioritariamente
de todos estos asuntos.
Al examinar sus campañas, sus propuestas, sus
intervenciones, sus alocuciones, sus debates, pareciera concluirse que hubiera
dos países distintos, uno el país real, el de la gente, y otro el país
político, el de los candidatos.
Si bien el líder debe anticiparse, marcar el
rumbo, el camino, lo cierto es que la autoridad se consigue es a partir del
conocimiento de las necesidades de sus seguidores y de las soluciones que
implemente. Todos buscan poder, pocos ganan autoridad.
Cada una de estas preocupaciones bien merece y
requiere un análisis profundo.
Necesitamos propuestas concretas, claras,
sencillas y por sobre todo realizables, para abordar todas estas preocupaciones
reales, permanentes y angustiantes de nuestra gente.
En el mejor de los casos, las iniciativas de
los candidatos apuntan es hacia la construcción del modelo de Estado y gobierno
que ellos y/o sus asesores estiman que es el mejor para el país. No
necesariamente van dirigidas a subsanar las múltiples falencias que aquejan a
nuestra población. Y, lo que es peor, muchas veces llevan oculto o soterrado un
interés particular del candidato.
Además de esta muy desafortunada asincronía o
desconexión, considero que los candidatos tienen serios problemas con el lenguaje
que utilizan. Su discurso está dirigido a una élite profesional, académica,
social. No logran llegarle a la gente, ni hacerse entender.
A veces creen que ganan más adeptos mientras
más hablen y sus alocuciones se tornan en unas peroratas o retahílas
interminables, que ni se comprenden, ni se asimilan. Muchos sufren de
vanilocuencia, esa verbosidad inútil e insustancial (hablan mucho y no dicen
nada).
Son expertos en contestar evadiendo responder,
utilizan sofismas de distracción por doquier. No abordan los temas que les
preguntan y se refieren a otros diferentes.
Se extienden en auto alabarse, mejor dicho,
todo lo que han hecho ha sido una maravilla, y se desprestigian unos a otros,
olvidando que no se es buen candidato porque el otro sea malo.
Para mal de todos, existe el riesgo de que, en
ese forcejeo y malabarismo del lenguaje entre los diferentes candidatos, resulte
ganador aquel que misteriosamente le llega más a la gente, aunque ni le hayan
entendido ni recuerdan lo que dijo, y voten llevados por una falsa ilusión o un
pasajero beneficio.
Por favor señores candidatos, vamos a las cosas,
no nos embolaten. Los colombianos sin distingos de ninguna clase necesitamos que
los dirigentes se ocupen de nuestros problemas y nos planteen verdaderas
soluciones.
No nos hagan recordar aquel dicho popular: si
así son de novios, ¿cómo serán de esposos?
A las 12 del día se le veía espléndido, a las 16
estaba internado en el Policlinico Gemelli. El papa Francisco nos da una nueva
sorpresa. Su vigor característico a pesar de sus ochenta y tantos, de pronto, a
la brava, lo conmina a recluirse en obligado descanso. Nadie en la plaza de San
Pedro imaginó al sonriente pontífice que estaría horas más tarde en un quirófano.
Eso nos puede pasar a todos. Uno se levanta vivo y
saludable y nunca se le ocurre cómo podrá estar al final del día. Más dramática
es la escena cuando la persona goza de excelente salud, no sabe lo que es tomar
medicinas, se cree omnipotente y con larga vida por delante y resulta que un
accidente, una situación cualquiera, ipso-facto puede cambiar sus planes
de vida.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Y te
las da para que agaches el moco y con el rabo entre las piernas reconozcas que
no eres eterno, que no eres Dios, que también te enfermas y te puedes morir.
San Ignacio, en el “Principio y fundamento”,
primera meditación de sus “Ejercicios espirituales”, de entrada, pone en
su sitio al ejercitante invitándolo a ordenar su vida, esto es, poniendo los
valores en el lugar que les corresponde. Allí se explicita la indiferencia
frente a todo, llámese “salud o enfermedad, vida larga o corta”. Como quien
dice, puestos los pies sobre la tierra, convéncete de que hay cosas que
dependen de tu propio albedrío, pero hay otras muchas que no. ¿Quién podrá
garantizarle a uno buena salud o larga vida?
Estar con vida y gozar de buena salud es un tesoro
inestimable que se puede escapar de nuestras manos en cualquier momento. Una
persona débil y enfermiza, que consume cualquier cantidad de pepas, agradece al
Dios de la vida cualquier oasis de buena salud que tenga, en tanto una persona
saludable y muy vital, que no sabe lo que es un dolor de cabeza, que no toma
ninguna medicina, cuando se ve abocada a una enfermedad u hospitalización,
sufre un shock traumático muy grande.
Además, la salud pasa sus cuentas de cobro cuando por
gozarla siempre uno no se cuida lo suficiente o se desmide y abusa. Entiéndase,
trabajar más horas de la cuenta, trasnochar hasta tarde, comer a deshoras, no
dormir lo suficiente, no saber descansar, estresarse con altos volúmenes de
trabajo y múltiples responsabilidades. Esas facturas son costosas. Algunas son
reversibles y se pueden pagar, pero muchas otras son implacables e impagables.
Lo triste es que, en esta sociedad de desechables, las piezas malas se cambian cual
repuestos, se echan de menos un rato y después se olvidan.
Estas realidades nos ponen a pensar en serio sobre lo
que es es esencial e importante y lo que es relativo y secundario. La vida es
única, irrepetible, quizás demasiado corta. Hay que cuidarla entonces y por eso
hay que cuidar la salud. Si logras caer en cuenta de esto a tiempo habrás
alcanzado uno de los objetivos más importantes. No lo olvides.
Ahora
entendí lo que es la viralidad. Un modesto artículo semanal, sin más pretensión
que comunicar a mis amigos lo que pienso, de pronto resulta acogido por una
multitud que se identifica con esas ideas. Tamaña responsabilidad en la actual
coyuntura, porque se trata de aportar y construir, ofrecer luces y generar
esperanza, cuando todo parece perdido, oscuro y sin futuro.
Una
crítica constructiva que recibí fue esta: “muy bueno, muy claro, hace
pensar, pero no propone nada”. Me sentí retado entonces no solo a criticar,
sino también a ofrecer pistas sobre cómo llegar al meollo de la crisis
estructural que vivimos, sin buscar chivos expiatorios y más bien siendo proactivos.
Estamos sobrediagnosticados y se requiere menos discursos y más gestión. Es el
cuarto de hora para el liderazgo auténtico. Me quejaba de la ausencia de
liderazgo y no es verdad que no haya. Líderes sí hay, sí existen. El problema
es que se quiere ser políticamente correcto y muchos son esclavos de mantener
su rating de popularidad, evitando posturas que los comprometan pues corren el
riesgo de quemarse. Por eso esta es la hora de los grandes retos para gente
noble y con grandeza de espíritu. Líderes que afronten los problemas, llamen
las cosas por su nombre y se sienten a dialogar sin agendas ocultas, con
trasparencia y con vocación de servir a la patria.
He
visto propuestas concretas para ir a ese meollo. Me ha gustado que la gente piense
y se exprese propositivamente. Hay puntos donde convergemos todos. Eso es importante
porque hay que dejar de lado los intereses egoístas y mezquinos. Me preocupa sí
que el tiempo corra y los diálogos no avancen. Protestas sí, bloqueos no. Reitero
mi rechazo al saqueo, el vandalismo y la violencia, pues es como escupir hacia
arriba. Hay que construir, no destruir.
Me
he detenido en el listado de temas que el Comité de Paro y los rectores de las
universidades más importantes del país han planteado. Comparto sus propuestas:
*
Rescate ético: la vida es sagrada. Honestidad y transparencia como estrategia frontal
contra la corrupción en todas sus manifestaciones. Cumplir el mandato popular. Los
mejores líderes deben conducir y recuperar las instituciones.
*
Estado de derecho: reformar el Congreso en cuanto a composición, tiempos y costos;
recuperar la credibilidad en la justicia impoluta y eficiente, que impida la impunidad.
No más asesinatos de líderes sociales, derecho a la divergencia y la protesta,
fuerza pública no represiva.
*
Fortalecimiento de la democracia: equidad de género y respeto a la diversidad. Mayor
participación ciudadana: escuchar las voces de los estudiantes y cumplir los
compromisos pactados.
*
Economía. Presupuesto que invierta en los temas neurálgicos: menos para defensa
y más para salud, educación, justicia. Sistema pensional razonable. Reforma tributaria
justa, Recorte en el gasto público.
*
Acuerdos de paz: implementarlos, cumplirlos, no hacerlos trizas. Avanzar en
nuevos diálogos.
*
Educación de calidad y para todos, con currículos integrales, gratuita o de
bajo costo para estratos 1 al 3. Mantener al menos por una década la inversión
sistemática en ella.
*
Salud para todos, concebida como derecho, no como negocio.
*
Ecología: cuidado de la casa común, del agua que necesitamos, de especies
animales en extinción y de evitar acciones destructivas como deforestación,
explotación minera indiscriminada y contaminación.
*
Tema agrario: restitución de tierras, apoyo agrícola al campesino, precios
justos, incentivos que motiven invertir en el campo.
Si
el listado de problemas es enorme, otro tanto son las propuestas para darles
respuesta. Hay que hacerlo. No valen los paños de agua tibia, ni buscar ganarles
a los otros. Hay que ceder y conceder, pero nunca retroceder. Hay que pensar en
grande. La historia nos juzgará por haber hecho bien las cosas También en el
juicio final nos van a evaluar no tanto por lo que pensamos, sentimos, dijimos,
las buenas intenciones que tuvimos. Lo que cuenta fue lo que hicimos. Es
nuestra hora.
Mi finado amigo Julio solía decir que “pena compartida es media pena y alegría compartida
es doble alegría”, sabia verdad que he comprobado con ustedes mis lectores
y amigos, pues con su dolorosa partida me sentí muy acompañado y eso sirvió
para mitigar el natural luto que se experimenta cuando muere un ser querido. Y
recientemente con la celebración de mi cumpleaños que, aunque sobria en
celebraciones por obvias razones, de todas maneras, fue apoteósica por la
masiva presencia a través de mensajes y llamadas.
En las alegrías y en las tristezas, en los buenos y
malos momentos, siempre hay que darle gracias a Dios. Como cantaba Mercedes
Sosa, cómo no darle gracias a esa vida que nos ha dado tanto, comenzando por la
vida misma, es decir, poder estar vivos cuando a nuestro alrededor muchos se
nos van, incluso prematuramente. Agradecer, en mi caso, por mi madre anciana y
limitada pero que dio lo mejor de su vida para sacarme adelante. Darle gracias
por el gratuito don de la amistad que nos hace sentir reconocidos y queridos
por otros. Agradecer también por tantos educadores y maestros que a lo largo de
la existencia han dejado su impronta. Reconocer el regalo de esta vocación de
servicio a través del ministerio presbiteral. Poder contar en general con buena
salud. Tener un trabajo que agota, pero apasiona, en fin…
Este próximo domingo tendré, Dios mediante, otras dos
alegrías inmensas. Se trata de dos reencuentros con amigos con quienes he
compartido por décadas, en dos espacios muy diferentes, pero igualmente
saludables, uno para el cuerpo y otro para el espíritu. Me refiero, por un
lado, a mis compañeros de juego de baloncesto con quienes cada ocho días, en
las mañanas, nos encontramos en San Bartolomé para compartir dos horas intensas
de ejercicio físico. Y, por otro, a mi gente, con quienes celebro la fe,
durante una hora intensa de ejercicio espiritual en las noches dominicales en
el Templo de La Soledad.
Podrán ustedes imaginar lo oxigenantes que resultan
estos espacios, el reencauche periódico que representan y la falta que me han
hecho durante este año de pandemia. Hay encuentros en la vida que son
irreemplazables y estos dos son especialmente únicos. No me vengan con cuentos
de que se puede jugar básquet a través de Zoom u otra de estas herramientas, experimentar
la adrenalina de la competencia y sudar copiosamente. O que uno va a un
banquete a mirar por televisión como comen los otros, por más tiempo real,
satélites y virtualidad que existan. Lindas las comuniones espirituales, pero pretender
alimentarse remotamente es un exabrupto.
Bendito Dios que estamos en la recta final de la
pandemia, que en el horizonte se otean las vacunas y que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Así que
les comparto mis alegrías para que se alegren conmigo y todos juntos gocemos
más intensamente esta vida que el buen Dios nos ha regalado.
La
coyuntura actual nos puso a escoger entre la salud y el empleo, ganó la salud y
terminaremos migrando, lo que no sabemos es para dónde.
El grado
de contaminación del aire afecta directamente nuestra salud, causando
enfermedades respiratorias, se trata del aire que respiramos y sin aire para
respirar no es posible la vida.
Yo no sé
cuántos empleos se están destruyendo con las medidas extremas requeridas para
conservar la vida, protegiendo el aire que respiramos, lo cierto es que todos
los negocios del sector formal y del informal también están afectados, y como
no producen ni bienes ni servicios, les toca tomar medidas tristes y extremas,
despedir personal.
El
coronavirus, tiene en estado de semiparálisis las industrias más poderosas del
mundo, el sector de la producción de automotores, el sector turístico, el
transporte aéreo, en fin, todas las cadenas productivas se suspenden cuando
algunos de los suministros, elementos o componentes no pueden llegar a la
cadena productiva.
Hoy hay
gran preocupación con la producción de medicamentos, si algunos esenciales por
falta de un componente, no puede salir al mercado a satisfacer las necesidades
de quienes lo requieren para su vida, se puede agravar el tema de salud.
La
cantidad de empleos en el mundo que se han destruido por la llegada de este
virus, como que son impresionantes; prueba de todo esto la darán los resultados
de las empresas formales y no formales y la caída de las bolsas a nivel
nacional e internacional.
Escuché
que los negocios del hueco están desabastecidos, consecuencia de la semiparálisis
que vive China.
Definitivamente,
primero está la salud que el empleo; lo que pasa es que, si no hay empleo,
tampoco va a haber salud; ¿cómo vamos a satisfacer las necesidades elementales
para vivir? ¿Los Estados, estarán en la capacidad económica y logística para
alimentar, vestir, atender la salud de sus habitantes? No creo, el efecto será
el de más causales de desplazamiento en busca de oportunidades de vida; ya no
solo la gente migra por la violencia, por la sequía, por el invierno, ya
también va a migrar por los virus, por el aire, por el desabastecimiento, por
la falta de empleo.
La vaina
es que los emigrantes generan más problemas, más carencias, más virus, más
violencia, más contaminación, más gente para los Estados sostener y oír eso es
que nadie los quiere en sus territorios.
A lo
anterior tocaría agregarle, como si fuera poco, los problemas de corrupción,
drogas, alcohol, sexo, degeneramiento, egoísmo, falta de solidaridad y otros
males que azotan a nuestras sociedades.
Definitivamente,
todos los días se confirman más las frases de que el hombre es un lobo para el
hombre y sálvese quien pueda.
Yo creo
que todo lo que está sucediendo, obliga a repensar el mundo, vamos demasiado
rápido, olvidando que nuestros planes cambian en un segundo.
El
calentamiento global, la sociedad de consumo, la globalización, el crecimiento
económico, tendrán que regresar a un mundo para la gente, que defina
territorios auto sostenibles, autosuficientes, donde las personas se comporten
bien, se sientan satisfechas con lo necesario, se cuiden entre sí, cuiden el
aire, el agua, los bosques, sean felices con lo que tienen.
Como
vamos, vamos mal, no vamos a ser sostenibles, no vamos a ser autosuficientes,
no vamos a dejar la corrupción, ni el egoísmo, no vamos a cuidar el medio
ambiente, no vamos a dejar de deforestar, los fenómenos naturales, los virus y
las pestes nos van a seguir atacando, nuestra salud se va a seguir
deteriorando, los empleos se van a seguir destruyendo, por qué seguimos
pensando que somos seres superiores, carentes de humildad, de sencillez,
carentes de la que debe ser la principal ambición: la satisfacción del interés
general sobre el interés particular.
O nos
repensamos como personas, como familias, como sociedad, o seguimos trabajando
para auto desaparecernos, auto destruirnos.
Es que ni
sabemos si el coronavirus fue creado por el hombre o por la naturaleza.
Si lo creó
el hombre para enriquecerse, ahí si estamos jodidos.
Lo cierto
si es que la polución en Medellín y su área metropolitana la generamos nosotros
sus habitantes, imposible que no seamos capaces de aportar, todos, nuestro
granito de arena para mejorar el aire que respiramos.
Yo,
insisto, practiquemos las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo y oremos para
que nos proteja y nos ilumine o atengámonos a las consecuencias.
Entre el miedo y la ira se ha movido la cotidianidad del país en las últimas semanas. La normalidad insiste tozudamente en imponerse ante una izquierda fracasada pero obstinada en su enfermiza pasión por el poder, vestida por estos días de juvenil zafarrancho callejero. Luego de la nanitanana, vendrá a comienzos del 2020 un nuevo envión para reavivar la cantinela quejosa de la protesta en donde se mezclan verdades inobjetables como la corrupción; verdades a medias como la de la fracasada educación fecodiana; mentiras descaradas como la de estar bajo un régimen tiránico; generalizaciones y simplezas como las de las pensiones y la salud; inculpaciones insidiosas como la de acusar al neoliberalismo de todos los males mientras se callan las miserias del comunismo.
A lo anterior se agrega la irresponsabilidad y/o el manejo malicioso de las redes sociales y de algunos medios tradicionales, además de la participación de agentes cubanos, venezolanos y rusos detrás del telón. El narcotráfico, factor insoluble, impera en el fondo del escenario manteniendo al crimen organizado internacional como otro actor muy activo en esta fétida brisa dizque bolivariana, que amaina en Colombia. Hablando de narcotráfico, la tal Guardia Indígena, apéndice de las farc formalizado en los acuerdos de la Habana con puesto de mando atrasado en el Cauca, departamento con los mayores cultivos ilegales de coca, amenaza tomarse Bogotá con garrotes y escuadras indígenas del CRIC, mientras se impone taimadamente como la garante de la paz de los marchantes intentando suplantar a nuestra Policía Nacional. Es la fuerza blanda que avanza pasivamente mientras sus coequiperos secuestran, asesinan, extorsionan, asaltan vías, desplazan comunidades y atacan unidades de la FFPP. En el entretanto sus quintacolumnistas y simpatizantes desinforman y atizan la hoguera de la estupidez, del retroceso a la caverna: la piedra en reemplazo del argumento
Debilitado hoy el movimiento que se soñó multitudinario y contundente, émulo de convulsiones similares en Ecuador y Chile, sus angustiados cerebros tienen que realizar un acto que renueve la consternación, la confusión, para regresar al miedo y reavivar la ira que terminará por generar caos. Un atentado contra una figura representativa de cualquier sector, podría reiniciar la mecha a punto de apagarse.
El asunto está en el campo político y el pulso se medirá en las mesas de conversación con vocación negociadora, en donde se buscará ganar con sofismas y chantajes, lo que no se ha podido lograr con capuchas y molotovs.
Día esperado por todos los colombianos para
bien o para mal, cae jueves y será trascendental para la democracia, la
institucionalidad, la civilidad, la esperanza y el futuro.
Hay mucho que decir, pero solo me referiré a
varios puntos que considero deben ser sopesados por la opinión pública:
1. Los recientes elegidos gobernadores, alcaldes,
concejales, diputados y miembros de las juntas de acción comunal, deben
manifestarse públicamente en cada una de sus regiones para invitar a sus
electores a tener un comportamiento adecuado, evitando desmanes, atropellos,
quemas y pedreas por donde trascurran las manifestaciones. Ellostienen
liderazgo y lo acaban de demostrar en las urnas. Pues que se sientan el 21, y
desde antes, convocando a la civilidad, porque, además, serán ellos mismos los
que tendrán que iniciar el proceso de solución de los daños y perjuicios que se
generen desde el momento en que se posesionen.
2. Las fuerzas armadas y la policía deberán
estar atentos, no provocando a los manifestantes que bajo cualquier pretexto iniciarán
su actividad vandálica, argumentando la violencia del estado. Pero sin duda
alguna, tenemos un ministro de Defensa, el doctor Carlos Holmes Trujillo, que
desde el inicio mostró talante, conocimiento y sobre todo compromiso enérgico
con la legalidad; además, enunció diez pilares con los cuales dará cumplimiento
al encargo. Se ve desde la cabeza unas fuerzas armadas que recuperan su
dignidad y que enfrentarán a los enemigos de la democracia con coraje, voluntad
y energía.
3. Los partidos políticos en cabeza de sus
dirigentes deben salir a opinar, no deben estar callados, metidos en sus
trincheras de la sede del partido. Por medio de su palabra que den una voz de
apoyo al gobierno, a su propio partido y a sus propios intereses. No deben
actuar mañosamente y sí deben exigir a sus miembros activos que se abstengan de
cometer actos delictuosos porque ellos mismos serán los afectados.
4. Las organizaciones sindicales ya están citadas
a Palacio en los próximos días, con el fin de analizar temas de productividad,
salarios y otros tópicos de importancia como la eventual reforma pensional y una
reforma laboral sobre salarios diferenciales. Por esto no vemos necesidad de
que los sindicatos convoquen a la marcha y entren en conflicto con el Estado,
están en mesa de diálogo, concertación y por ende no es oportuna la salida
masiva a las calles. De todas maneras, si lo hacen que sea en forma respetuosa;
piensen que si agreden el comercio están atacando su propia fuente de trabajo.
5. Docentes y Fecode, nada que decir, se
mantienen en paro, la ilegalidad es su marca, deberían dedicarse a enseñar y a
dar ejemplo a la juventud; la sociedad merece el respeto de ellos. Si tienen
diferencias sobre temas específicos o sobre incumplimiento a los acuerdos, se
deben arreglar y solucionar en la mesa sin levantarse hasta lograr un pacto
definitivo que le dé tranquilidad al país por mucho tiempo.
6. Estudiantes, muchos tienen en vilo sus
semestres, pendientes de un hilo, lo cual afecta a sus padres, la economía y al
desarrollo; deberían estar dedicados a formarse y a capacitarse en diversos
saberes para aportar al crecimiento económico. Deben recordar que recientemente
les asignaron recursos importantes a la educación y a las universidades públicas.
7. Desempleados, si salen a marchar que sea con
respeto, de lo contrario quienes más se verán afectados serán ellos mismos, por
cuanto con los daños y perjuicios económicos a las empresas por causa del cese del
trabajo, se dificultará su nueva vinculación a prestar un servicio remunerado.
8. Los países que recientemente han tenido y aún
tienen problemas de gobernabilidad, que han sufrido los desmanes, cuyas hordas incontrolables
movidas por la izquierda, que han sumido a Chile, Bolivia, Ecuador y Venezuela
en zonas de conflicto social, son palpable ejemplo del estado al que podríamos
llegar sino estamos todos prestos a defender la institucionalidad.
En consecuencia, un paro nacional, que tiene su
fundamento en la valides de la protesta social, no puede conllevar al caos. Protestar
para hacer daño no tiene excusa; reflexionemos y pensemos en grande; matando
gente y dañando el bien común no da méritos. Salgan en silencio, caminen y
protesten donde se pueda medir el malestar, sin daño, así se puede dar una
muestra del sentimiento nacional, de la necesidad de cambiar, de cumplir las
promesas.
Ojo colombianos, es cierto también,y no se
puede negar, que debemos en este sistema democrático buscar con ahínco, con decisión,
derrotar los índices de pobreza extrema, mantener controlado el costo de vida,
proteger el trabajo, buscar la mayor eficiencia en la prestación del servicio
de salud, el acceso a la educación (aunque vale la pena decir que tenemos
educación gratuita hasta el último año de bachillerato), fortalecer las artes y
oficios que son los que nos permitirán crecer en las regiones, además de fortalecer
el agro, la recreación y el deporte. Es necesario que trabajemos en ello y que
digamos la verdad, que no es otra que, reconocer que nos han robado el país
unos pocos, que sabemos quiénes son, que no están en la cárcel sino en sus
casas, y que por ellos la credibilidad en las instituciones es poca. Debemos
terminar con la permisividad en el Congreso, tener leyes fuertes y sin protecciones
especiales para nadie, así estaremos generando confianza para avanzar.
Todos
los colombianos de buena voluntad le deseamos el mejor de los éxitos al
gobierno del doctor Duque. Soy de sus más entusiastas seguidores, pero siempre
dentro de la línea de la libertad crítica, tan bien expresada en el cabezote de
Le Figaro con la máxima de
Beaumarchais: “Sin la libertad de discrepar,
no existe elogio lisonjero”.
El
gobierno actual está constreñido por un acuerdo final inválido, pero
implementado por centenares de leyes, decretos y sentencias, que constituyen
una camisa de fuerza para el Ejecutivo que, hasta ahora, no se sabe cómo
romper.
Lo
primero que tuvo que hacer el nuevo gobierno fue presentar una reforma
tributaria para recoger 12 billones, necesarios para equilibrar el presupuesto
que le dejó la administración anterior. Este proyecto de reforma tributaria
ocasionó un grave y prematuro desgaste para la administración Duque, que
finalmente logró obtener del Congreso algo así como siete billones…
El
país no se ha percatado de que el presupuesto para 2019 tiene que contener algo
así como los nueve billones que cada año, durante diez, habrá que gastar para
“cumplirles” a las FARC, como se determinó en el AF. Con razón, el actual
gobierno no ha separado y consolidado esas partidas que, según el AF, deben
constituir un plan separado, autónomo y paralelo de “paz”, por encima del PND.
Cuando este se conozca serán el llanto y el crujir de dientes.
La
conveniencia de los programas acordados con las FARC es más que discutible,
salvo para los del Secretariado y el PCC, pero esas asignaciones astronómicas
pueden lograr torcer la racionalidad económica, que conduce a un desarrollo
superior al estatismo que ellos predican.
Así
las cosas, da la impresión de que la prioridad en el gasto público, heredada de
Santos, consiste en satisfacer los propósitos del Secretariado, vocero de
50.000 votantes… ¿Por qué las FARC no emplean sus recursos en los programas que
nos obligan a sufragar con sacrificio tributario y asistencial, mientras 45
millones padecemos la crisis del sistema de salud? Este está hasta bien
concebido, pero su operación no puede ser más deficiente. Si ya iba mal,
durante el segundo periodo de Santos empeoró considerablemente. De todos los
ministros de ese atroz lapso, Alejandro Gaviria se lleva la palma como el peor
y más inepto. Los resultados de su pésima gestión no permiten otra conclusión.
El colapso de la salud pública es una de las herencias más deplorables que
recibe el doctor Duque.
Para
prestar servicios sanitarios adecuados se necesitan, es verdad, billones
adicionales de pesos que no están contemplados, pero como las exigencias en esa
materia son inaplazables, el gobierno debe reconsiderar sus prioridades.
No
estoy proponiendo que se desconozcan todos los “compromisos” con las FARC: ¡Uno
que otro habrá que no perjudique al país! Por eso es necesario evaluarlos frente
a los verdaderos requerimientos sociales y económicos. Lo que propongo es que
sea la salud pública, en cambio, la gran prioridad. Si el sistema sanitario
alcanza niveles satisfactorios, la gratitud de la ciudadanía elevará a Iván Duque
a un liderazgo incomparable, en vez de considerarlo como un presidente maniatado
por pactos intolerables.
Dentro
de ese esquema habrá que mutilar infinidad de renglones, empezando por los de
las FARC, reducir la fronda diplomática, eliminar nóminas paralelas, congelar
la planta de personal; poner coto a la proliferación de institutos,
organizaciones, programas, altas consejerías y magistraturas auxiliares; ser
prudentes en endeudamiento, combatir el manirrotismo universitario… para
gobernar con austeridad, a ver si alcanza la plata para lo que es fundamental.
En
fin, la bandera de la salud, además de ser la más justa, electoralmente es la
mejor. A finales del siglo XIX parecía inevitable el ascenso de los movimientos
socialistas y revolucionarios al poder. El canciller Otto von Bismarck, gran
estadista, decidió “robarse” las banderas de la izquierda extrema,
estableciendo la más avanzada legislación de la época en salud, educación y
derechos laborales. Una positiva reacción se operó prontamente con la
consolidación institucional y el progreso económico y social de Alemania, que
se convirtió en ejemplo de desarrollo para Europa.
Aquí,
esas banderas no tienen dueño, porque la izquierda se limita a una cantaleta
chismosa y demagógica. Con mayor razón, entonces, hay que tomar a tiempo las
iniciativas más convenientes, de preferencia al gasto dictado, para varios
lustros, por Timochenko y Santos, en su afán de establecer la República
Bolivariana de Colombia.
***
Leo
que la Unión Europea exige “defender la
independencia de la JEP”, quizá porque esos señores ignoran que ese
organismo depende de las FARC, de un todo y por todo.
***
¡Felices
los venezolanos que pueden huir del hambre! Los ucranianos no pudieron hacerlo
y unos cuatro millones perecieron de inanición, ni tampoco los de Norcorea, ni
los de Cambodia… ¡Pero el Vaticano sigue esperando hacerse “mediador” y los
gobiernos proponiendo imbéciles “grupos de contacto” para el bien remunerado
bla bla bla internacional diplomático!