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lunes, 10 de febrero de 2020

Verdades y mentiras

Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Los medios de comunicación sean escritos, radiales o televisivos y más aún, las redes sociales, día a día lanzan noticias, unas verdaderas, otras falsas, y unas y otras, se van multiplicando con el correr de los minutos, horas y días y al final nadie puede con certeza decir que es verdad y que es mentira.

Todo esto se percibe en casos concretos como:

* El del médico al que, en la noche, pasando un puente peatonal en la ciudad de Bogotá, tres sujetos encapuchados lo abordan para quitarle sus pertenencias, ante lo cual él reacciona y termina con el fallecimiento de los tres. Resulta al final de cuentas que la historia que él cuenta entra en dudas, con excepción de la alcaldesa que desde el principio lo defendió. Interpretan ese acto defensivo con dudas, porque no se dejó, defendió su vida y sus bienes. Se preguntan por qué llevaba pistola y la razón simple y llana, sin más interpretaciones, es porque en las noches de Bogotá y de cualquier ciudad hay riesgos de seguridad y las personas están optando por protegerse a sí mismas de los bandidos, generando el primer mensaje de alerta al país: si no nos defienden nos defendemos. Espero que el mencionado médico salga libre pronto de todo este embrollo y el conductor del vehículo que esperaba a los delincuentes no salga de la cárcel y sea condenado.

* Al final de la semana pasada, en la ciudad de Medellín, se presentaron bloqueos a vías en el sector de Robledo y el acceso a una urbanización quedó bloqueado. Se avisó a los funcionarios de la alcaldía y taparon o buscaron tapar lo sucedido. ¿Por qué no se debatió públicamente esta conducta, no se criticó? Solo se logró restablecer el orden a las tres o cuatro horas después, por lo tanto, en este caso, se buscó tapar la verdad que no era otra que el perjuicio que las familias estaban sufriendo por el actuar delictivo.

* Tema también preocupante es el de la señora Aida Merlano, que seguramente para quedar protegida por el régimen de Maduro, se va lanza en ristre contra el presidente Iván Duque a quien acusa de intentar matarla y de persecución, cuando la verdad es que ella fue la que se voló, protagonizando una fuga de película. Se refugió en otro país, falsificó documentos ¿y ahora aparece como la mártir?, eso no es así, no se puede aceptar. La prensa, radio y televisión, no pueden aplaudir ese comportamiento, el que pierde es la credibilidad de los informantes porque la verdad no puede ser sesgada. Ella cometió varios delitos en Colombia, plenamente demostrados en el juicio, fue condenada y debe cumplir su pena. Darle tanta vitrina es permitir que se burle de todos los colombianos.

* Gustavo Petro, político colombiano, exguerrillero, excandidato, senador de la República, con una fuerza política importante que se está diluyendo por su propia culpa, por estar con Dios y con el diablo. Juega a la democracia, pero la ataca, invita a continuar el paro nacional, incita a la presencia masiva en las calles y así y todo quiere ser presidente de Colombia. Eso no se hace, se llega allá trabajando con respeto, manteniendo los valores y principios democráticos y no utilizando la información de los medios, para luego, cuando tenga el poder. ir contra ellos, es decir no dicen las verdades, promueven las mentiras y luego al final de juego irán contra ellos.

* Valiente proceso de paz, que tuvo el apoyo de muchos colombianos incluido el mío, que pensé que estaban en serio, que decían la verdad, pero simplemente estaban cumpliendo el principio revolucionario de tomar todo lo que se les dé a cambio de nada. Nos llenaron de mentiras en el proceso y hoy vemos como continúan la lucha armada y violenta contra el pueblo colombiano, promoviendo la acción de los encapuchados y vándalos a través de las disidencias de las FARC y los medios han hecho el juego, no toman partido por la democracia.

Invito a que hagamos una reflexión, clara y seria de cuál es la verdad que queremos, la que está viciada de mentiras o nuestra verdad, la de juntar voluntades y acciones para que este país sea mejor y lo construyamos pensando en todos y no en los que nos engañan diciendo que son los salvadores y solo están buscando su propio beneficio, dañan y mienten por lograr un objetivo personal y no colectivo.

lunes, 27 de enero de 2020

Encapuchados


Por Antonio Montoya H.

Antonio Montoya H.
El país vive unos días difíciles por causa de los paros que convocan un grupo de ciudadanos que se creen sus dueños, que paralizan el comercio, la movilidad, la educación y en general todos los sectores de la economía, lo cual justifican en aras de la democracia, que les permite expresarse públicamente, de manifestarse y de esa forma aspiran a convertirse en un gran grupo con el cual se debe sentar el Presidente y sus asesores a negociar como lo dicen ellos mismos 104 puntos que inclusive son más que los que se negociaron con las FARC.

Es verdad que construir un país no es tarea fácil, que se debe gobernar con la oposición, los subversivos, las bandas criminales, los guerrilleros, en fin, todo el conjunto de seres humanos que hacen parte de nuestro territorio. Si sumáramos no llegan a cien mil, y ellos, esa minoría, pide y pide, pero qué aportan, pues daños, violencia, disturbios, poner en jaque a la ciudadanía y perjudicar a los trabajadores que tienen que desplazarse a pie o en bicicleta, por largas horas para llegar a sus hogares, atender la familia y luego volver al trabajo.

Yo no sé si los líderes o más bien los promotores del paro, fuera de la emotividad que tienen por poner en jaque al país trabajador, comprenden la magnitud de las peticiones y reconocen lo que se ha avanzado en aportes para la educación, ciencia, tecnología, incrementos salariales, protección laboral a los trabajadores, desarrollo de la infraestructura, en fin, múltiples gestiones que van conduciendo al país por la senda del desarrollo y de la inclusión. Dudo que ellos, los promotores, sepan a qué están jugando, los iniciales participantes se van saliendo y van quedando los vándalos liderados desde la oscuridad por un personaje que busca generar el caos y así lograr el poder a toda costa.

Los que sí están felices son los encapuchados, dañando bienes públicos y privados, tirando piedra a la policía indefensa que tiene que aguantar, no defenderse y sufrir la humillación de la fuerza que representan, que es la encargada de velar por la seguridad, protección al ciudadano y guarda de la democracia.

No entiendo, por qué el Estado, sigue actuando en forma pusilánime ante los acontecimientos, ante los vándalos y ataques a personas y bienes, desde hace rato y previendo la continuidad de los paros debió emitir un decreto en el que se ordene a la fuerza pública que quien esté encapuchado debe ser detenido, juzgado y condenado. Así no se apoya a los cobardes que se esconden bajo una capucha para atentar, violentar y afectar la ciudadanía. Esos personajes no tienen buenas intenciones, lo sabe cualquiera. El que se esconde bajo una máscara, trapo u otro elemento es porque no quiere que lo identifiquen al tirar piedras y palos, contra los bienes públicos y privados.

Si las manifestaciones deben ser pacíficas y en orden, entonces se debe proceder de conformidad, vigilando, actuando y no dando la impresión de fragilidad, miedo y sumisión frente al terror. La democracia subsiste cuando hay orden y disciplina social.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Vigía: A piedra andamos

Por John Marulanda*

John MarulandaEntre el miedo y la ira se ha movido la cotidianidad del país en las últimas semanas. La normalidad insiste tozudamente en imponerse ante una izquierda fracasada pero obstinada en su enfermiza pasión por el poder, vestida por estos días de juvenil zafarrancho callejero. Luego de la nanitanana, vendrá a comienzos del 2020 un nuevo envión para reavivar la cantinela quejosa de la protesta en donde se mezclan verdades inobjetables como la corrupción; verdades a medias como la de la fracasada educación fecodiana; mentiras descaradas como la de estar bajo un régimen tiránico; generalizaciones y simplezas como las de las pensiones y la salud; inculpaciones insidiosas como la de acusar  al neoliberalismo de todos los males mientras se  callan las miserias del comunismo. 

A lo anterior se agrega la irresponsabilidad y/o el manejo malicioso de las redes sociales y de algunos medios tradicionales, además de la participación de agentes cubanos, venezolanos y rusos detrás del telón. El narcotráfico, factor insoluble, impera en el fondo del escenario manteniendo al crimen organizado internacional como otro actor muy activo en esta fétida brisa dizque bolivariana, que amaina en Colombia. Hablando de narcotráfico, la tal Guardia Indígena, apéndice de las farc formalizado en los acuerdos de la Habana con puesto de mando atrasado en el Cauca, departamento con los mayores cultivos ilegales de coca, amenaza tomarse Bogotá con garrotes y escuadras indígenas del CRIC, mientras se impone taimadamente como la garante de la paz de los marchantes intentando suplantar a nuestra Policía Nacional. Es la fuerza blanda que avanza pasivamente mientras sus coequiperos secuestran, asesinan, extorsionan, asaltan vías, desplazan comunidades y atacan unidades de la FFPP. En el entretanto sus quintacolumnistas y simpatizantes desinforman y atizan la hoguera de la estupidez, del retroceso a la caverna:  la piedra en reemplazo del argumento 

Debilitado hoy el movimiento que se soñó multitudinario y contundente, émulo de convulsiones similares en Ecuador y Chile, sus angustiados cerebros tienen que realizar un acto que renueve la consternación, la confusión, para regresar al miedo y reavivar la ira que terminará por generar caos. Un atentado contra una figura representativa de cualquier sector, podría reiniciar la mecha a punto de apagarse. 

El asunto está en el campo político y el pulso se medirá en las mesas de conversación con vocación negociadora, en donde se buscará ganar con sofismas y chantajes, lo que no se ha podido lograr con capuchas y molotovs.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Vigía: de Chile a Colombia


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Según la doctrina comunista, la violencia es partera de las nuevas sociedades. Y esta ha convertido a Chile, paradigma del desarrollo neoliberal en Latinoamérica, en un lamento. Es la Paradoja de Tocqueville, sentencian académicos; complot narco Castro Chavista, dicen analistas; “éxito” del socialismo del siglo 21 gracias a la “brisita bolivariana”, cacarea Miraflores. Cerca de 30 muertos, más de 2.300 heridos y un montón de jóvenes tuertos que lucirán un parche por el resto de sus vidas; hospitales, comercios, iglesias, estaciones de policía, hoteles, edificios destruidos; unas élites político-económicas desacreditadas, un gobierno descalificado, los icónicos carabineros desprestigiados y el sistema democrático en grave riesgo. “Destruir para reconstruir” sentencian mamertos de esos que abundan en las esquinas de las universidades. Solo el ejército se yergue incólume y férvido, para rabia de sus detractores, planteando, de paso, serios interrogantes sobre el futuro político del país.

Chile llora, Perú se prepara, Bolivia se reorganiza, Ecuador contiene la respiración, Venezuela se desangra y el narcotráfico continúa como telón de fondo de todo este zafarrancho regional. El crimen organizado transnacional, aliado natural del comunismo, es uno de los grandes beneficiarios de la turbulencia.

En Colombia, buscar una perturbación que produzca algunos “mártires” por cuenta de la fuerza pública para obligar finalmente a un cambio constitucional, como en Ecuador y en Chile, es el sesentero e infame truco de los revolucionarios disfrazados de antifascista. Ahora proponen entregar funciones de la policía nacional a la guardia campesina, organización paramilitar enemiga de la institución, dizque para garantizar la paz. Sin embargo, los marxadictos y los leninviciosos promotores ocultos y evidentes del 21N no percibieron que, si bien hay fatiga con la ineficacia del modelo actual, nadie quiere volver atrás perdiendo lo poco o mucho que tiene. Aquí la dinámica va por otro camino. En Antioquia, Valle del Cauca, Atlántico, Bogotá y en otros lugares, la sociedad agobiada por la corruptela, ahíta de un muy desprestigiado congreso, huérfana de partidos políticos serios, poco a poco, espontáneamente, ha empezado a consolidar una contra marcha que plantea serios riesgos de seguridad pública interna: los comerciantes pueden ser los cavadores de los capuchos. Con un escaso 1% de la población protestando en la calle, el cacerolazo no es una percusión de triunfo, sino una advertencia de castigo. Los resultados del segundo tiempo del consabido soplo en Colombia indican el camino a seguir. O “contrabrisa” regional o resistencia nacional.

lunes, 2 de diciembre de 2019

EPA


Por Antonio Montoya H.

Antonio Montoya H.
Qué horrores los que estamos viendo en estos días caldeados de irascibilidad, de violencia, paros y malestar general. Afortunadamente, con el pasar de los días, vemos como una parte de la ciudadanía, en algunas ciudades y sectores, está tomando decisiones contrarias a las del paro, y la única razón es que están cansados, perjudicados y aburridos económica, emocional y socialmente, por ese actuar de unos pocos que buscan acabar y desestabilizar al país.

Dentro de todas estas historias lamentables de dolor, odio y malestar que se generan en el trascurrir del paro y de las diversas marchas por todo el territorio nacional, surgen unos comportamientos individuales, no colectivos, que sorprenden por el grado de violencia que expresan los manifestantes y que pone en evidencia la ausencia de educación, respeto y solidaridad por los ciudadanos colombianos.

Una youtuber llamada EPA Colombia, que realmente no sé de dónde surge y por qué utiliza un término que nos pertenece a los colombianos, que contaba con unos cuatrocientos mil seguidores y que a la hora de la verdad no sabemos porque la seguían, seguramente y por hacerse la importante, realizó un acto vandálico en la ciudad de Bogotá lamentable. No es un cuento porque ella misma subió a las redes el video, en el que muestra con saña, odio y maldad la rabia que profesa al presidente Duque y a los colombianos. Dañó bienes públicos, pagados por los ciudadanos con esfuerzo y que deben ser reparados por ella misma o por lo menos con su dinero.

Se escondió, lloro por las redes, mostro el miedo y el arrepentimiento, aunque esto último no lo creo de verdad por una razón que más adelante contaré.

Todos los colombianos, creo que, sin excepción, excepto los promotores del paro y los vándalos, no creíamos lo que estábamos viendo en el video: la misma señora envió por las redes insultos al señor presidente de la República y utilizó un martillo contra bienes de uso común. Esperábamos que la justicia obrara en consecuencia pronto y eficazmente, no obstante, y contra toda evidencia, la juez no la privó de su libertad, no procedió el auto de detención por razones tontas, sin asidero legal y salidas de todo razonamiento jurídico. No consideró que fuera peligrosa y por ello no actuó como se esperaba. En una segunda revisión del caso, otro juez sí encontró mérito y la obligó a cerrar sus redes, a no tener contacto con los medios de comunicación y a presentarse mensualmente ante la justicia.

La jueza, da pena decirlo, pero es un remedo de la justicia. Por su falta de criterio y de argumentación jurídica contra toda evidencia ‒la prueba reina es el video de la misma protagonista dañando los bienes públicos‒ no la envía a la cárcel y la devuelve al hogar. Qué pena, qué fallo tan absurdo… este y otros son los que desdicen de la justicia y hacen que la ciudadanía pierda confianza y credibilidad.

Esta historia muestra claramente que hoy en día, todo el sistema judicial está mal llevado, por caminos que no conducen a la satisfacción plena de la ley, sino que está sometida al libre albedrío de cada juez en su región o lugar de trabajo.

Si recordamos cuando hablamos de la justicia siempre nos dicen que, frente a la comisión del delito, se debe avisar prontamente y que se logra el objetivo de aplicar justicia rápida y eficazmente si este es cogido con “las manos en la masa” y que allí habría la consecuencia de aplicar justicia sin duda alguna.

Pues bien, la jueza no se dio el tiempo de analizar la evidencia, los videos y demás pruebas que tenía en su poder, o simplemente fue laxa, no estudió el expediente y no analizó la complejidad del comportamiento de esta ciudadana

Ya está en su casa, riéndose de la justicia y de sus argucias que le facilitaron su no estadía en la cárcel. Ese es un caso malísimo para la ciudadanía, que ha surgido por todo este asunto del paro que está afectando en grado sumo la convivencia pacífica de los colombianos.

Pero, en conclusión, las que quedaron mal fueron la llamada youtuber EPA y la justicia. Qué dolor, qué lamentable actuación la de esta juez de la Republica, que ante toda evidencia no la envía a la cárcel común, y considera que no es peligrosa por una serie de argumentos que producen solo risa. Así quién podrá ser condenado, si, como en este caso teniendo la prueba evidente, el reconocimiento de los acontecimientos se sale del cauce de la ley y haciendo caso omiso de las pruebas toma una decisión contraria al ordenamiento jurídico. Se perdieron los valores, la consecuencia sobre los actos realizados ya no existe por causa de la permisividad de los jueces que perdieron el norte, no de la ley. Dios y la patria, nos protejan.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Vigía: nuestro futuro: ¿entre Dylan y Daneidy?


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Colombia logró contener exitosamente las críticas 48 horas iniciales de esta guerra fría 2.0, suave, molecular, híbrida, social prolongada o como se quiera llamar. Tres elementos fueron claves: la recia actitud de algunos ciudadanos frente a los vándalos, el denodado esfuerzo y profesionalismo de nuestra policía y la aplicación inteligente de medidas restrictivas por parte de alcaldes y gobernadores.

La guerra contra el terrorismo ha endurecido a los colombianos, que llevan a cuestas el persistente acoso de quintacolumnistas estalinianos, habilidosos argumentadores de bienestar, libertad, justicia, paz y reconciliación.

Como en 1960, con mártir a bordo y acoso jurídico a la fuerza pública, se inicia una etapa de acuerdos políticos presionados por desinformación y miedo, propagados a través de medios convencionales, de redes y de comunicadores interesados, con la amenaza clara o velada de violencia callejera.

En el desarrollo de lo planeado en el documento base del XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo en Caracas, vendrán semanas de asedio líquido, con inesperados bloqueos a la movilización pública, sorpresivos brotes de bandidaje y posibles actos terroristas que las comunidades, organizadas, deberán prever, prevenir y neutralizar con responsabilidad, pero con contundencia.

Claro que urgen reformas, pero sin entreguismo ni cobardía habaneros, sin dejarse imponer la agenda socialista, ni el tiempo, ni el ritmo de la negociación. Apremia, eso sí, modernizar la educación de nuestros jóvenes a quienes, desde la reforma de 1976 a cargo de un ruso y un polaco, se les convirtió en parásitos intelectuales, zombis morales e idiotas útiles de marxistas leninistas angurrientos de poder, alienándolos con mentiras, fantasías garciamarquianas, verdades a medias y mitos urbanos repetidos machaconamente en aulas y corrillos por sesenteros, despistados fecodianos.

Nuestra Policía Nacional, debe mantener su salud y su músculo para lo que viene; nuestros militares deben adquirir una preparación superior en el uso de su fuerza contra jovenzuelos irresponsables; la inteligencia criminal debe neutralizar a los responsables de cadenas mentirosas y paniqueras, como las de los asaltos a predios particulares en Bogotá, el traslado de vándalos en vehículos de la policía, la patada del patrullero a la mujer y los ataques al comercio en Cali.

Entre un Dylan accidentalmente muerto y una Daneidy cínicamente impune, entre el drama y la burla, entre oportunistas de mala calaña, jueces veniales y policías sacrificados, se vislumbra el futuro del país. Nada que no se pueda digerir con un buen partido de fútbol, para completar la tragicomedia nacional.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Ahora sí, a ponernos serios y de acuerdo


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
Yo personalmente pensé que las marchas civilizadas, evitarían el desbordamiento de los violentos encapuchados, desadaptados y que la fuerza pública podría ponerlos a buen recaudo, deteniéndolos. Advertí en mi anterior escrito que los que marcharan tuvieran muy claro el motivo, porque al hacerlo se pondrían en riesgo ellos, a sus familias y a la sociedad, permitiendo golpear la frágil economía de nuestro país, agravando aún más la situación.

Desafortunadamente la prudencia, el poder de contención de nuestros gobernantes y de nuestra fuerza pública, sumado al factor sorpresa, a la violencia suicida de los encapuchados, camuflados en las marchas y los cacerolazos, nos están sumiendo en una especie de paro nacional, donde ya los ciudadanos tenemos que defendernos de las turbas que intentan violentarnos, poniéndose las cosas de otro color.

Es absolutamente necesario el uso de la fuerza del Estado para contener a los bandidos encapuchados que están destruyendo y violentando las propiedades públicas y privadas; es necesario que los que protestan pacíficamente, suspendan su accionar para no terminar como los protectores de los bandidos, entorpeciendo el trabajo de las autoridades en la contención de los violentos destructores, saqueadores, que están dejando heridos y muy pronto muertos, en su loco accionar.

Tenemos que rodear a nuestros gobernantes, a nuestra fuerza pública, en su actuar, para que el gobierno rápidamente se pueda concentrar en los diálogos propuestos por el presidente.

El congreso podría dar un buen ejemplo sacando rápidamente todos los puntos de la consulta anticorrupción votada ya no tan recientemente y que quedó como si nada hubiese pasado.

Rapidito tienen que legislar sobre el abuso de mujeres y menores, contra el reclutamiento forzado, en fin contra tantas situaciones y materias que están sobre diagnosticadas y que curiosamente en el congreso se paralizan.

La Corte Suprema de Justicia, tiene que llenar las vacantes y elegir al fiscal, pero rapidito.

En fin, queremos ver resultados, que todos nos pongamos serios a trabajar, no podemos perder más tiempo, hay que resolver los problemas que tienen al país al borde de la hecatombe.

De no ser así, sufriremos mucho, no quiero ni pensar, que le toque renunciar al presidente, a la vicepresidente y que ninguno de los ministros del Centro Democrático dé la talla para reemplazarlos y que tenga que ser el Congreso el que decida quién nos gobierne, todo bajo la presión de un paro cívico permanente con los encapuchados, violentos y suicidas, aprovechándose de las circunstancias.

Tenemos que tomar todas las medidas que permitan que el salario que reciben la mayoría de los colombianos alcance en la satisfacción de las necesidades de sus familias.

Yo pensé que lo que sucedería el 21 sería una protesta pacífica de una sociedad madura, nos colocaría en lugar preferencial en Latinoamérica, que la inversión extranjera se volcaría a Colombia, orientada al desarrollo del sector agropecuario, cuando el mundo está ávido de alimentos, que podríamos orientar nuestros esfuerzos a producir en institutos y universidades, campesinos profesionales que amen y se amañen en el campo.

Que había llegado la hora de que ese 50% de economía informal, importantísima para la economía del país y para las mediciones de empleo, pueda aportar a los sistemas de salud, riesgos y pensiones, bajo alguna fórmula que se inventen nuestros gobernantes.

Este gobierno ha demostrado su disposición al diálogo, pero también a enfrentar la delincuencia en todas sus manifestaciones, inclusive a los pillos que en la jornada del 21 se dedicaron a dañar lo público y lo privado, estoy seguro de que les pesará lo que hicieron, les caerá todo el peso de la ley, las pruebas que la tecnología permite, los llevará a la cárcel.

Me atrevo a pensar que, si dejamos el egoísmo, ponemos el interés general por delante, le perdemos el miedo a los corruptos delincuentes denunciándolos, vamos a cambiar el rumbo del país.

Colombia está cerca de convertirse en la primera potencia de América del Sur; tenemos que ser capaces de salir de esta situación. Con mucho trabajo, mucho optimismo, mucho positivismo y dedicación, lo vamos a lograr, todos como colombianos enamorados de nuestro país, podemos  llegar muy lejos, trabajando muy duro en lo social, no vamos a permitir pobreza, todos tenemos que generar empleo, permitir educación gratuita y por qué no obligatoria, vamos a ser inclusivos y tolerantes en la diferencia, mejor dicho a seguir el ejemplo de nuestro señor Jesucristo, comportándonos todos lo mejor posible para evitarnos y evitarle problemas a los demás.

Vamos para adelante, para atrás ni para coger impulso.