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martes, 7 de diciembre de 2021

De cara al porvenir: el Metaverso ya llegó

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Neo (en el universo real, Thomas A. Anderson) interpretado por Keanu Reeves, es el personaje protagónico de la secuencia cinematográfica Matrix. Hoy, lo anunciado en dicha saga está cerca de hacerse realidad con el llamado Metaverso o… mejor dicho, ya es realidad: vivimos en un universo paralelo, en un parauniverso, es decir, un Metaverso.

Basta con hacer un recorrido, ojalá rápido para no ahogarse en el estercolero, por las llamadas redes sociales para darse cuenta de que una cosa es la realidad-real y otra la realidad virtual, constituida por toda una estructura de fakes que son asumidos como ciertos. Las teorías conspirativas de toda especie, incluidas las relacionadas con la pandemia, las vacunas, los chips inoculados; el país de las maravillas que presenta el gobierno nacional luego de más de tres años de grisáceo mandato; el embeleco de las autoridades municipales por presentar a Medellín como la nueva meca tecnológica; las brillantes propuestas de los incontables candidatos presidenciales para solucionar por arte de magia problemas estructurales de más de doscientos años y, en fin, otro sinnúmero de aspectos propios de la realidad virtual.

Pero hay un fenómeno propio de estos tiempos de desbordamiento tecnológico, de inteligencia artificial y de estupidez real, la aparición de una nueva especie: los youtubers y sus descendientes directos, los influencers. Se define a un influencer como una persona que tiene una autoridad y relevancia, y que, por tanto, es capaz de persuadir y cambiar el comportamiento y las decisiones de una audiencia. Hasta ahí todo está bien. En el mundo del marketing es muy importante generar influencia sobre el mercado a través de mensajes de personas relevantes y con autoridad en ciertos temas. En ese buen sentido de la palabra, merecen destacarse personas como Tulio Zuloaga –Tulio recomienda– quien, con esfuerzo, persistencia, profesionalismo y conocimiento, se revistió de la autoridad y relevancia en el mundo de la gastronomía y ha generado un positivo movimiento en dicho sector.

Pero, también hay una pléyade de influencers de pacotilla y, lo más grave, es que tienden a convertirse en reconocidos, y por lo tanto muy influyentes, a través de la estrategia del escándalo, la chabacanería y el mal gusto. No deja de llamar la atención que, según recientes encuestas, una de las personas más influyentes del país sea Epa Colombia (Daneidy Barrera, en el universo real) con más de cuatro millones de seguidores… qué mezcla de risa y desasosiego. Discépolo se debe revolcar en su tumba al ver como de nuevo se hace realidad su Cambalache: “lo mismo un burro que un gran profesor…”

Ese es nuestro universo paralelo, ya vivimos en el Metaverso, Zuckerberg llegó tarde. Y ese Metauniverso es el hogar de Neo…y, además, de muchas Neas.

viernes, 20 de agosto de 2021

Cójanlo, cójanlo, suéltenlo, suéltenlo

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Somos un país desconcertante. Vivimos quejándonos del Estado ineficiente. Todos los gobiernos son malos. La justicia es inoperante y si funciona es para los de ruana. Palo porque bogas y palo porque no bogas. Criticar por criticar es nuestro lema, nada nos gusta, nada nos satisface. SI no hay vacunas ¿por qué no han llegado? Si llegaron, ¿por qué no de la marca que me gusta? El canibalismo en las relaciones sociales nos tiene con sobrepeso.

El tema de hoy no es exagerada caricatura. Cuando el raponero callejero corre con su botín, la gente le abre paso gritando “cójanlo, cójanlo” y cuando el policía de la esquina, obediente a su tarea por fin lo atrapa, le gritan “suéltenlo, suéltenlo”. Queda uno súpito. Al fin qué: ¿que se haga justicia, o que sigamos lo mismo? Incomprensible.

La tal Epa, esa misma que con un martilllo en mano destruyó una estación de Transmilenio, frente a millones de colombianos que mirábamos impotentes su desfachatada sonrisa mientras lo hacía. Esa que fue solo regañada dulcemente por la autoridad y que en segunda instancia es condenada a un tiempo de cárcel, ésa misma resulta ahora inspirar benevolencia, compasión y ternura. Pobrecilla ella, angelical criatura, víctima de una justicia que se ensaña con tan simpática jovencita. Hasta movilización nacional exigiendo su libertad. Los psicólogos sociales nos deben una explicación: cójanlo o ese anhelo implacable de disciplina y orden. Suéltenlo o la apoteosis de la anarquía y el desorden. Nos movemos esquizofrénicamente entre querer rigor, mano dura y, a la par, ser blandos, permisivos, laxos.

En el fondo alcanzo a vislumbrar un resentimiento generalizado contra la justicia desbalanceada, porque no es que la muchacha esa no se merezca una fuerte y merecida sanción. No. El problema es que estos ladronzuelos de calle y estos vándalos sociales se convierten en chivos expiatorios de una justicia radical y muy severa contra ellos y bastante ciega, ineficiente y complaciente con los ladrones de cuello blanco que se roban miles de millones, han ordenado masacres, roban a cuentagotas a todo el país y no les pasa nada, siguen ahí, impunes, toteados de la risa. Esa es la injusticia. Porque es bien sabido que en las cárceles hay muchos que por poca cosa pagan largas condenas en tanto siguen sueltos otros que deberían estarlo para siempre. Y como si fuera poco, el expresidente sale a proponer entonces amnistía general para todos. ¡Por Dios!

En mal momento o coyuntura se da esta confrontación, porque impávido el país entero mira cómo el carrusel de las contrataciones sigue robándose miles de millones sin que les pase nada, en tanto le meten cinco años de cárcel a esa pobre niña. De modo que, si no han cogido a tan protagónicos ladrones, dejen suelta a la muchacha, es la radical conclusión. Estamos mal, muy mal. Desde que la justicia se corrompió, “que entre el diablo y escoja”.

lunes, 2 de diciembre de 2019

EPA


Por Antonio Montoya H.

Antonio Montoya H.
Qué horrores los que estamos viendo en estos días caldeados de irascibilidad, de violencia, paros y malestar general. Afortunadamente, con el pasar de los días, vemos como una parte de la ciudadanía, en algunas ciudades y sectores, está tomando decisiones contrarias a las del paro, y la única razón es que están cansados, perjudicados y aburridos económica, emocional y socialmente, por ese actuar de unos pocos que buscan acabar y desestabilizar al país.

Dentro de todas estas historias lamentables de dolor, odio y malestar que se generan en el trascurrir del paro y de las diversas marchas por todo el territorio nacional, surgen unos comportamientos individuales, no colectivos, que sorprenden por el grado de violencia que expresan los manifestantes y que pone en evidencia la ausencia de educación, respeto y solidaridad por los ciudadanos colombianos.

Una youtuber llamada EPA Colombia, que realmente no sé de dónde surge y por qué utiliza un término que nos pertenece a los colombianos, que contaba con unos cuatrocientos mil seguidores y que a la hora de la verdad no sabemos porque la seguían, seguramente y por hacerse la importante, realizó un acto vandálico en la ciudad de Bogotá lamentable. No es un cuento porque ella misma subió a las redes el video, en el que muestra con saña, odio y maldad la rabia que profesa al presidente Duque y a los colombianos. Dañó bienes públicos, pagados por los ciudadanos con esfuerzo y que deben ser reparados por ella misma o por lo menos con su dinero.

Se escondió, lloro por las redes, mostro el miedo y el arrepentimiento, aunque esto último no lo creo de verdad por una razón que más adelante contaré.

Todos los colombianos, creo que, sin excepción, excepto los promotores del paro y los vándalos, no creíamos lo que estábamos viendo en el video: la misma señora envió por las redes insultos al señor presidente de la República y utilizó un martillo contra bienes de uso común. Esperábamos que la justicia obrara en consecuencia pronto y eficazmente, no obstante, y contra toda evidencia, la juez no la privó de su libertad, no procedió el auto de detención por razones tontas, sin asidero legal y salidas de todo razonamiento jurídico. No consideró que fuera peligrosa y por ello no actuó como se esperaba. En una segunda revisión del caso, otro juez sí encontró mérito y la obligó a cerrar sus redes, a no tener contacto con los medios de comunicación y a presentarse mensualmente ante la justicia.

La jueza, da pena decirlo, pero es un remedo de la justicia. Por su falta de criterio y de argumentación jurídica contra toda evidencia ‒la prueba reina es el video de la misma protagonista dañando los bienes públicos‒ no la envía a la cárcel y la devuelve al hogar. Qué pena, qué fallo tan absurdo… este y otros son los que desdicen de la justicia y hacen que la ciudadanía pierda confianza y credibilidad.

Esta historia muestra claramente que hoy en día, todo el sistema judicial está mal llevado, por caminos que no conducen a la satisfacción plena de la ley, sino que está sometida al libre albedrío de cada juez en su región o lugar de trabajo.

Si recordamos cuando hablamos de la justicia siempre nos dicen que, frente a la comisión del delito, se debe avisar prontamente y que se logra el objetivo de aplicar justicia rápida y eficazmente si este es cogido con “las manos en la masa” y que allí habría la consecuencia de aplicar justicia sin duda alguna.

Pues bien, la jueza no se dio el tiempo de analizar la evidencia, los videos y demás pruebas que tenía en su poder, o simplemente fue laxa, no estudió el expediente y no analizó la complejidad del comportamiento de esta ciudadana

Ya está en su casa, riéndose de la justicia y de sus argucias que le facilitaron su no estadía en la cárcel. Ese es un caso malísimo para la ciudadanía, que ha surgido por todo este asunto del paro que está afectando en grado sumo la convivencia pacífica de los colombianos.

Pero, en conclusión, las que quedaron mal fueron la llamada youtuber EPA y la justicia. Qué dolor, qué lamentable actuación la de esta juez de la Republica, que ante toda evidencia no la envía a la cárcel común, y considera que no es peligrosa por una serie de argumentos que producen solo risa. Así quién podrá ser condenado, si, como en este caso teniendo la prueba evidente, el reconocimiento de los acontecimientos se sale del cauce de la ley y haciendo caso omiso de las pruebas toma una decisión contraria al ordenamiento jurídico. Se perdieron los valores, la consecuencia sobre los actos realizados ya no existe por causa de la permisividad de los jueces que perdieron el norte, no de la ley. Dios y la patria, nos protejan.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Vigía: nuestro futuro: ¿entre Dylan y Daneidy?


Por John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Colombia logró contener exitosamente las críticas 48 horas iniciales de esta guerra fría 2.0, suave, molecular, híbrida, social prolongada o como se quiera llamar. Tres elementos fueron claves: la recia actitud de algunos ciudadanos frente a los vándalos, el denodado esfuerzo y profesionalismo de nuestra policía y la aplicación inteligente de medidas restrictivas por parte de alcaldes y gobernadores.

La guerra contra el terrorismo ha endurecido a los colombianos, que llevan a cuestas el persistente acoso de quintacolumnistas estalinianos, habilidosos argumentadores de bienestar, libertad, justicia, paz y reconciliación.

Como en 1960, con mártir a bordo y acoso jurídico a la fuerza pública, se inicia una etapa de acuerdos políticos presionados por desinformación y miedo, propagados a través de medios convencionales, de redes y de comunicadores interesados, con la amenaza clara o velada de violencia callejera.

En el desarrollo de lo planeado en el documento base del XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo en Caracas, vendrán semanas de asedio líquido, con inesperados bloqueos a la movilización pública, sorpresivos brotes de bandidaje y posibles actos terroristas que las comunidades, organizadas, deberán prever, prevenir y neutralizar con responsabilidad, pero con contundencia.

Claro que urgen reformas, pero sin entreguismo ni cobardía habaneros, sin dejarse imponer la agenda socialista, ni el tiempo, ni el ritmo de la negociación. Apremia, eso sí, modernizar la educación de nuestros jóvenes a quienes, desde la reforma de 1976 a cargo de un ruso y un polaco, se les convirtió en parásitos intelectuales, zombis morales e idiotas útiles de marxistas leninistas angurrientos de poder, alienándolos con mentiras, fantasías garciamarquianas, verdades a medias y mitos urbanos repetidos machaconamente en aulas y corrillos por sesenteros, despistados fecodianos.

Nuestra Policía Nacional, debe mantener su salud y su músculo para lo que viene; nuestros militares deben adquirir una preparación superior en el uso de su fuerza contra jovenzuelos irresponsables; la inteligencia criminal debe neutralizar a los responsables de cadenas mentirosas y paniqueras, como las de los asaltos a predios particulares en Bogotá, el traslado de vándalos en vehículos de la policía, la patada del patrullero a la mujer y los ataques al comercio en Cali.

Entre un Dylan accidentalmente muerto y una Daneidy cínicamente impune, entre el drama y la burla, entre oportunistas de mala calaña, jueces veniales y policías sacrificados, se vislumbra el futuro del país. Nada que no se pueda digerir con un buen partido de fútbol, para completar la tragicomedia nacional.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Vándalos


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
No pensé que los sucesos del 21 de noviembre me llevarían a afirmar que en Colombia somos unos aduladores de todo lo que sucede en el exterior. Algunos de los líderes del paro consideran muy valioso replicar en nuestra tierra lo que ha sucedido en los últimos años en el mundo como La Primavera Árabe, Los Chalecos Amarillos en Francia, en Hong Kong las manifestaciones constantes, Chile, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y ahora Colombia. Somos tontos que copiamos lo malo, sacamos a la palestra nuestro odio, resentimiento, envidia, ignorancia, lo cual todo es elevado a la potencia y en las manifestaciones hace que la masa se convierta en una marea incontrolable, destruyendo todo lo que esté a su alcance.

No puedo aceptar que personas que piden mejoras para la educación, sean las que destruyan la universidad, roben los cajeros electrónicos, pongan bombas, se cubran la cara, quiebren vidrios, tumben todo a su alrededor; es un contrasentido total. Piden y no saben que piden, destruyen y no construyen; pobres estudiantes, me avergüenzo de ellos y de su destino. Son motivados por la izquierda recalcitrante, que no entiende nada y que se vale del clamor mundial para incendiar el país. No lo lograrán.

Felicito a los estudiantes que, mostrando su rostro, enfrentaron a los vándalos, les impidieron los actos de terrorismo y defendieron su universidad; ellos sí son dignos de resaltar por su valor, por lo que hicieron por su institución y por el derecho que defendieron que no es otro que el de la dignidad y respeto por la propiedad pública.

No podemos entender que los líderes y promotores del paro, acepten personas encapuchadas, que se tapan para cometer sus actos vandálicos y no son capaces de hacerlo de frente. Si son tan guapos para atentar contra el orden público, deberían ser valientes para actuar sin máscara. Les aseguro que en su casa no dañan nada y que la defenderían si alguien intentara destruir algo. Valientes enmascarados, pobre de ellos, la conciencia espero los haga recapacitar y cambiar el rumbo.

Nadie ha dicho que no se marche o proteste, pero que, si se hace, sea sin violencia. Pagarán los platos rotos de este desastre nacional como lo dije en anterior artículo, los nuevos alcaldes y gobernadores, serán ellos quienes tendrán que buscar los recursos que les permitan reparar el daño.

Es necesario expresar que si bien es cierto hoy tenemos indicadores negativos en el empleo, el cual decrece; los promotores del paro que lo motivaron con especulaciones sobre proyectos no presentados como pensión y salarios, que ni se conocen y que de ser presentados se deben estudiar y aprobar por el Congreso de la República, le están haciendo un mal irreparable al país al mentirle.

El mal ejemplo cunde. Por ejemplo, el caso de la youtuber Epa Colombia que promueve con alto grado de desfachatez y de criminalidad el daño al Transmilenio en la ciudad de Bogotá y lo hace efectivamente. Debe ser judicializada y condenada, magro ejemplo para quienes la ven.

Las redes sociales siguen mostrando una polarización gravísima para el país, lo cual perjudica la convivencia y la civilidad, debemos entender que tenemos un objetivo común que es el bienestar general.

También creo que es triste, lamentable e inadmisible que la izquierda colombiana liderada por Petro, promuevan y azuce la continuidad del paro y la parálisis del país. Perdió en las urnas y quiere crear el caos buscando su propio beneficio.

Es necesario que la ciudadanía en los barrios, en los edificios se prepare y diseñe estrategias de defensa para contrarrestar a los vándalos que quieren robar los apartamentos y generar zozobra.

Por último, insisto en la responsabilidad que tiene el gobierno y el congreso de aprobar importantes proyectos que la ciudadanía requiere: por ejemplo, que no exista la casa por cárcel, legislar definitivamente contra los violadores; los congresistas deben rebajarse el sueldo o por lo menos no incrementarlo en varios años, no permanecer más de dos periodos, condenar a los ladrones del erario público, y otros más que son necesarios para generar credibilidad en la población. Si así lo hacen y entienden que le están fallando al país, rápidamente podremos convertir esta crisis en una oportunidad para mejorar las condiciones del país.